Integridad y Sabiduria
Sermones

El negocio de Pablo: cambiando lo terrenal por lo eterno

Enrique Crespo 6 marzo, 2016

Todo lo que el apóstol Pablo había acumulado —su linaje israelita puro, su formación a los pies de Gamaliel, su celo fariseo, su reputación intachable según la ley— lo consideró basura. No pérdida menor, sino estiércol. El intercambio que hizo Pablo se asemeja al que ocurrió cuando los españoles llegaron a la isla: los indios cambiaron oro por espejitos porque no entendían el valor real de lo que tenían. Pablo, en cambio, entendió perfectamente lo que hacía. Cambió todo lo terrenal por algo incomparablemente superior: conocer a Cristo en intimidad, experimentar el poder de su resurrección, participar en sus padecimientos y ser semejante a él en su muerte.

Conocer a Cristo no es simplemente leer la Biblia como un trámite devocional, sino tener tal cercanía con él que su presencia transforme nuestras decisiones cotidianas: los libros de contabilidad dobles, el gancho ilegal en el contador, los cheques injustos a los empleados. El poder de la resurrección no fue dado para alimentar un abanico de cuatro velocidades que solo pide "por mí y por los míos", sino para llevar el evangelio a todas partes. Y participar en los padecimientos de Cristo tiene fruto real: un miembro de ISIS se convirtió al ver la paz con que moría un cristiano que le regaló su Biblia antes de ser degollado.

El incentivo final es la resurrección de entre los muertos. Todo lo visible será quemado; las ropas quedarán en el clóset, los carros serán combustible. Solo lo eterno permanece. Por eso el creyente no vive para sí mismo: sigue adelante, olvida lo que queda atrás y trabaja en expandir el reino hasta que el Señor venga.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Buenos días tengan todos. En lo que ustedes van encendiendo sus Biblias, abriendo a Filipenses tres, nuestra propuesta para la mañana de hoy, quisiera hacerles una breve historia de nuestra historia, va a agarrar redundancia, parte del historial universal también, que va muy a tono con el título del mensaje: el negocio de Pablo, cambiando lo terrenal por lo eternal.

El hermano me preguntaba: "¿Qué es ese negocio?" Yo le voy a plantear una historia y no sé si ustedes recuerdan cuando estábamos en primaria, que se nos acordaba cuando Colón llegó a la isla. Cuando Colón llega a la isla, los españoles llegan acá, pues ellos notan que los indios aquí en esta isla tenían una serie de piedrecitas amarillas que rodaban y no les hacían mucho caso. Ellos ven esa piedrecita y resulta que era oro. Para los indios no tenía mucho valor. Sin embargo, para los españoles que venían de Europa y tenían una visión del universo un poco más comercial, vamos a llamarlo así, el oro ya era un instrumento de intercambio comercial. En pocas palabras, ellos estaban viendo que el dinero rodaba, una especie de la fábula o la leyenda que tienen sobre Nueva York, que el dinero rueda por la calle. Más o menos, ellos cuando llegaron aquí vieron una especie de Nueva York indígena, vieron oro por el piso.

Y les pareció interesante. Los indios a su vez vieron que los españoles tenían unas piedras muy interesantes con ellos, unas piedras que eran pulidas y cuando tú las mirabas de frente reflejaba tu rostro. Para más remate, si tú la ponías en cierto ángulo, reflejaba la luz del sol, y eso los españoles le llamaban espejitos. Para el español eso no tenía mucho valor porque era una cosa sencilla. Para el indígena, una piedra que reflejara el sol y les reflejara la imagen de uno era algo valioso, según su forma de ver el mundo. Se establece la transacción comercial, los españoles le cambian a los indios oro por espejitos y cada uno queda satisfecho.

Pasan los años y resulta que los españoles triunfan y su forma de ver la vida triunfa. Por lo tanto, el instrumento de intercambio comercial, el oro, toma valor y entonces hemos recibido la historia de la siguiente manera: que los españoles engañaron a los indios cambiándole oro por espejitos. Inclusive, eso está en parte de nuestro refrán popular. Hay veces que se lo dicen a uno cuando uno hace un negocio malo: "Te cogieron de indio" o "cambiaste oro por espejitos". Y la peor aún, la frase lapidaria, cuando lo miran a uno de las cejas bajas le dicen: "Todavía viene Colón y te encuentra." Es horrible, pero es parte ya inclusive de nuestro folklore. Yo pienso que si hubieran ganado los indígenas, quizás hoy diríamos: "Te cogieron de español," ¿verdad? Pero no es así, ganaron los españoles.

Es ese tipo de intercambio, de cambiar algo que nosotros consideramos valioso por algo que no tiene mucha importancia, de eso es que queremos hablar hoy. Pero lo vamos a hablar del punto de vista divino, como lo veía Pablo. Fíjense que Pablo hace ese intercambio en función de qué es valioso y qué no es valioso, cómo él ve el mundo, cómo él ve la vida, que era similar a la historia que yo les acabo de hacer.

Filipenses tres. Lo primero que nosotros vamos a ver es el currículum de Pablo. ¿Quién era Pablo? Dice a partir del versículo 4, si quiera leemos desde el versículo 3: "Porque nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne. Aunque yo mismo podría también confiar en la carne; si algún otro cree tener motivo para confiar en la carne, yo mucho más. Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos" —dice la Nueva Traducción Viviente: hebreo de pura cepa— "hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible."

Dice bueno, déjeme presentar mi credencial. Primeramente dice Pablo: si alguien quería decir que tiene algo de que confiar en la carne, yo más. Había cumplido con todos los rituales de la ley de Dios, por lo menos exteriormente. Circuncidado al octavo día, era del linaje de Israel, no venía de un sitio mezclado familiarmente, es decir, él tenía abolengo israelita. Era hebreo de pura cepa, de la tribu de Benjamín, de donde surgió el primer rey de Israel.

Para más remate, él dice: bueno, yo era fariseo. Al día de hoy, la palabra fariseo nos trae malos recuerdos. Fariseo es sinónimo de hipócrita, fariseo es sinónimo de un religioso falso, etcétera. Sin embargo, los orígenes de los fariseos son interesantes. Los orígenes vienen, esa palabra fariseo viene del término "faraz," que significa separado, y ellos deseaban ser separados del mundo y de su contaminación, y preservar y vivir según las ordenanzas de la ley de Dios. Era tanto así que donde fallaron fue que quisieron poner como una especie de vallado para proteger la ley de Dios e inventar una serie de normas de cómo esas normas cumplían preceptos de la Biblia. Y ahí fallaron, se dedicaron mucho a lo exterior y después ese movimiento fue degenerando hasta lo que vemos en la época de Jesucristo. Pero no era saduceo; los saduceos eran liberales, ni siquiera creían en la resurrección. Vamos a llamarlo así: que dentro de los judíos, él era de la secta más ortodoxa.

Pero no solamente eso, se nos dice en Hechos 9:1 y en Hechos 22:3-4 que él había sido criado a los pies de Gamaliel. Es como que dice al día de hoy: "Mira, yo he estudiado a los pies de MacArthur, o a los pies de Sproul, o a los pies de un gran hombre de Dios que usted le venga en mente." Y sí, fui educado a los pies de Gamaliel. En cuanto a celo, yo perseguía a la Iglesia. Yo tenía tanto celo por Dios, o por lo menos por las cosas que entendía que eran de Dios, que estuve dispuesto a perseguir a la misma Iglesia de Cristo, a castigar a personas que pensaran diferente a lo que yo entendía que debería hacer.

En esos pasajes que les cité se decía inclusive que Pablo, respirando aún amenazas y muerte... Era un estado fuerte, arrítmico, que él llevaba. Cuando él llegaba a las iglesias, eso era el azote. Dice que arrastraba a las personas, las sacaba y las llevaba a la cárcel, respirando amenazas y muerte. Nosotros diríamos hoy en día: un terrorista. Ese era Pablo: un hombre con erudición, un hombre preparado, un hombre ortodoxo según su religión y su cultura, un hombre versado. Sin embargo, él hizo un intercambio, él hizo un intercambio.

¿Cómo lo vemos? Versículo 7: "Pero todo lo que era para mí ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo." Ganancia y pérdida. Si hay alguno que es contador, quizá entienda bastante bien esto. Dice: "Mira, yo la verdad, todo lo que estimaba como beneficio, lo puse en vez de ponerlo en beneficio en la compañía, lo puse como pérdida. En vez de tener este balance en azul, estas cosas que vi lo puse en rojo." Todo lo que era, él lo puso en rojo, era una pérdida.

Pero no se conforma con esto, él sigue diciendo cómo fue su intercambio. Él dice: "Y aún más..." Él dice: "Déjeme explicarle algo, déjeme seguir ampliando. Yo estimo como pérdida todas las cosas, no solamente lo que yo había hecho en mi vida, sino todas las cosas. Yo las estimo como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús mi Señor, por quien lo he perdido todo y lo considero como basura, a fin de ganar a Cristo."

Esa palabra "basura" es más elegante que la que está en el original. El original dice estiércol. Todo eso, todo lo que yo era: mi abolengo, mi alcurnia, mi erudición, mis títulos, mi linaje, todos los logros religiosos, todo eso era estiércol, estiércol, basura, una pérdida total. Eso no servía para cosa alguna. Es fuerte lo que está diciendo Pablo: abolengo, cultura, religión, títulos, formación académica y religiosa de la mejor, todo eso es estiércol.

Bueno, aquí se pone algo serio, porque si todo eso era basura para Pablo, ¿por qué lo cambió? Si todo eso eran los espejitos de nuestra historia, ¿por qué lo cambió? Y antes de decirle por qué lo cambió, que lo vamos a seguir viendo, yo quiero decirle a todos los que están acá que si nosotros logramos descubrir el valor de las cosas por las cuales Pablo hizo intercambios, los que somos cristianos vamos a mantener una vitalidad en nuestra vida cristiana. Y si hay algunos sin Cristo aquí, le va a permitir tener vida, no solamente una existencia.

Yo les quiero proponer que las únicas personas que están vivas al día de hoy son los cristianos. Los demás solamente existen. Biológicamente andan, respiran y tienen un corazón que late, pero no tienen vida espiritual. Por eso es la agonía, por eso son los antidepresivos, por eso son las pastillas, por eso la gente anda aburrida y como loca en la calle, porque solamente existen pero no tienen vida. Si hay alguien aquí sin Cristo hoy, mire cuál fue el intercambio, porque mucha gente lucha por estas cosas que tenía Pablo: por erudición, por posición, por tener cierta posición en la sociedad o dentro de una organización ya sea económica o religiosa. Todo eso es basura.

¿Por qué lo cambió Pablo? Dice él, versículo 10, él lo cambió en primer lugar, dice: "y conocerle a Él." Se fue por una de las cosas que él conoció. Mire, yo encuentro más valioso conocer a Cristo, conocerlo a Él. Esa palabra "conocer" implica un conocer en intimidad. De hecho, en otras partes la Palabra nos señala, por ejemplo: "Y José no conoció a María hasta que dio a luz a Jesús." Es decir, que no tuvo intimidad marital con María hasta después del nacimiento del Señor. Después que nació, tuvieron una vida de pareja normal. Y así hay otros pasajes de la Escritura donde dice fulano no conoció a su mujer hasta que pasó esto o cuando se fueron a tal sitio. Es decir, que no tuvieron intimidad marital. Esa palabra "conocer" es algo muy cercano, miren hasta en lo que se usa, muy cercano.

¿Cómo yo conozco entonces sobre Cristo? Porque mi oración ha sido el día de hoy que usted no se vaya solamente de aquí con definiciones, sino que utilicemos un poco la imaginación que Dios nos ha dado para ayudarnos a aplicar estas cosas a nuestra vida diaria. Y confiando en que usted tiene imaginación por parte de Dios, que usted tiene la imagen de Dios, yo lo voy a invitar a que comencemos a imaginarnos un poquito más este texto y nos vayamos metiendo en él.

Conocer a Cristo, ¿cómo lo conocemos? Bueno, si yo tengo que tener contacto con Él, yo puedo conversar con Él en oración. Pero, ¿cómo Él te habla? Bueno, Él me habla a través de Su Palabra. Su Palabra es tan importante que Él la ha dejado por escrito para que no haya confusión. Entonces está fácil, lo que tengo que hacer es leer Su Palabra. Perfecto, va bien. ¿Cuántas veces hay que leerla? Bueno, a diario es bueno, y si le puede leer más de una vez al día, mejor.

Pero vamos a imaginarnos una cosa. Vamos a imaginarnos que usted desea tener intimidad con Él, no solamente hacer un cotejo, ¿verdad?, que leíste la Biblia rápidamente esa mañana, sino que tú deseaste tener intimidad con Él. Imagínate que este salón de repente, cuando tú estás leyendo un pasaje de la Escritura, tú te ves como si estuvieras transportado hacia allá. Puede hacer el ejercicio cuando leas tu Biblia. Es bueno cuando uno se transporta a una escenita aunque sea con la imaginación.

Imagínate que este salón de buenas a primeras el piso se transforma y ahora tú tienes un suelo árido, amarillo. El salón está así, tú no estás sentado en una butaca, tú estás sentado arriba de una piedra. Y de repente oyes que vienen grupos de gente por ahí, todos en batas y en chancletas. Y de repente tú te ves que tú también estás así, estás en los tiempos del Señor. Y tú lo ves caminando por el medio del pasillo encabezando a este grupo de personas que vienen con Él. Y viene un joven de aquí para allá, rico. Miren, lo ahí donde se va a postrar, vestido, y él se postra frente al Señor. Él dice: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Y estás ahí en la audiencia tú. Y el Señor le dice los mandamientos, le cita algunos mandamientos, y él dice de buenas a primeras: "Todo eso lo he guardado desde mi juventud."

No juzgues todavía al joven rico. Es posible que tú digas: "Mira qué bávaro, hasta chin se encontró los mandamientos." Pero no lo juzgues todavía tan rápido, mira el desarrollo. Como el joven rico y Él siguen conversando, al final el Señor le dice: "Una cosa te falta: vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme." Y tú ves que el joven rico se va. Fue la persona adecuada e hizo las preguntas adecuadas, pero se fue.

De repente tú vienes, trancas tu Biblia, concluiste tu devocional y vuelve todo a la normalidad. Este salón vuelve a llenarse de gente otra vez, estás tú nuevamente cómodamente sentado en tu sofá. Si fuera en la vida diaria, pues te pones tu saco, tu corbata y te vas a trabajar. Has leído, pero acuérdate que queremos conocerle, tener intimidad.

Cuando tú estás en el trabajo, ¿qué te ocurre? Que tú abres tu computadora y tienes ahí tus dos libros de contabilidad: uno que le presentas a la renta y otro con el cual tú tienes lugar de los beneficios. Y te acuerdas de lo que leíste en la mañana, del amor al dinero que estorba la relación con Dios. De repente tú vienes y recibes también los cheques que tienes que pagarle a tus vendedores. Pero dices: "Es demasiado dinero para yo pagarle a esta gente solamente por haber hablado." Pero te acuerdas de lo que dijo el Señor.

Te llaman por teléfono. Ya llegó el hombre que va a poner el gancho para que te sigas robando la luz en tu casa, que en Edesur o en la que tú quieras. Y ahí, cuando estás a punto de darle la instrucción a ese señor que llegó a instalar el gancho en tu contador, es como si sintieras una mano en el hombro. Cuando tú miras a los lados, ahí está el Señor. Y tú estás al teléfono. "Señor, ¿qué le digo?" Tú miras al Señor, miras al teléfono. "Don, que llegó, pero en un momento vuelve..." Y Él te está mirando. Te da vergüenza. Te dice: "Pídele la excusa, yo le voy a pagar su tiempo, y dile que yo hablo con él después."

Llamas a la secretaria y dices que pasen todos los cheques. Y después llamas a tu contador y a tu programador y le dices que quieres desactivar los dobles libros de contabilidad. ¿Por qué? Porque tú preferiste tener intimidad con el Señor antes que caerle atrás a los espejitos de este mundo. Ve que no es difícil. No es difícil tener intimidad con Él.

Pero no solamente eso. Él sigue diciendo: "Y conocer el poder de Su resurrección." Esto está mejor. El poder de Su resurrección. Quizás muchos han oído que la palabra "poder" ahí es "dunamis," de donde viene nuestra palabra dinamita y dínamo. El único inconveniente con eso, acuérdense que en aquella época eran básicamente ciudades donde dependían mucho de la agricultura. Es decir, no tenían ni la más remota idea de lo que era un dínamo ni lo que era la dinamita.

Entonces, ¿cómo usaban la palabra "dunamis" en aquella época? Bueno, "dunamis" era la capacidad dada para tú empezar una tarea y concluirla. Era la capacidad dada para tú empezar y concluir una tarea asignada. Eso era el "dunamis," eso era el poder.

Un ejemplo. Imagínate cuando había coches, porque hace mucho que no los veo, los coches por el malecón de nuestra ciudad. Cuando había coches halados por caballos muy raquíticos y como muy flaquitos, que venía una familia de norteamericanos bien grandes, siete pies, trescientas libras. Seis gentes se montan en el coche y ellos piden dar un paseo por todo el malecón. El cochero les dice: "¡Ah no, el caballito no puede! No puede el caballito, pero mira, es que no puede el caballito." ¿Qué es lo que le falta al caballito? Poder. No puede, por más que le pegue, en cuanto arranque se queda paradito el coche, porque no puede, no puede el caballito.

Sin embargo, si fuera un caballo de estos que llaman percherones, que son caballos robustos, fuertes, eso solamente sé de fuera, ese tipo de caballos. Pero ese tipo de caballo que parece más bien, son gigantescos, son monstruos de caballos. Cuando sube ese caballo, se monta todo el mundo, le pagan al cochero y arranca tranquilo, porque tiene un caballo con mucho poder.

El Señor nos ha dado poder, poder para empezar y concluir la tarea que Él nos ha asignado. ¿Cuánto poder nos ha dado? Dice: "El poder de Su resurrección." Es mucho. Es mucho poder. Es como si usted tuviera, pues todavía más grande, imagínese que usted tuviera en el patio de su casa un reactor termonuclear. Esto tiene mucho poder. Lo que pasa es que muchas veces nosotros mal usamos ese reactor termonuclear que nos han dado.

Hay veces que nosotros con mucho orgullo lo que decimos es: "Bueno, ¿y para qué te sirve el reactor?" "Bueno, cuando se va la luz, yo lo conecto y me prende un abanico. Y yo me refresco muchísimo. Y ese abanico tiene diferentes velocidades. Hay veces que yo le pido al Señor que me dé paz, lo pongo en uno. Hay veces que yo le puedo pedir al Señor que proteja a mis hijos y a mi familia, lo pongo en dos. Y hay veces que le puedo pedir: Señor, yo necesito un carrito nuevo, y lo pongo en tres." Y así voy poniendo el abanico. Sin embargo, para eso no es que se te ha dado ese poder.

Dios no nos ha dado un poder tan grande como el poder de su Espíritu, el poder de la resurrección, para que nosotros simple y llanamente vivamos para nosotros mismos, como si fuera un abanico de cuatro velocidades y los únicos que estén pidiendo el abanico sean: por mí, por mí mismo y por todos los míos. No es así. Tú tienes poder y ese generador tiene suficiente capacidad para darle luz al país entero. A ti, a Puerto Rico le puedes vender; después fuera de acá también.

Dios nos ha dado una tarea. Nosotros tenemos que llevar el Evangelio a todas partes del mundo. Cuando Él dijo a todas partes, Él quiso decir a todas partes. Si hay alguno que no entienda, nos podemos juntar después para explicarles dos palabras: todas partes. No solamente a tu vecino, sino a todo sitio. Obviamente, quien no predica aquí, no predica allá tampoco. Si vamos a empezar, predicándolo a nuestro vecino, abriendo nuestras puertas y dándonos por entero, vamos a predicarle a la secretaria, a los asistentes y a todos los que tenemos alrededor, y a nuestra familia. Porque quien es mudo aquí es mudo allá; esa no hay de otra.

Pero ya vimos que Pablo quería conocer a Cristo, quería conocer el poder de su resurrección. Está bien, adorado, pero él dice más. Él dice: "Yo quiero participar en sus padecimientos". Las otras estaban más o menos buenas, pero participar de sus padecimientos... Pablo parece, uno pudiera decir: "Ven acá, Pablo, ¿pero tú no te acuerdas que lo crucificaron?"

Y esa palabra "participación" es interesante, la palabra que muchos de ustedes conocen: koinonía. Él quiere tener, no solamente comerse un bizcochito, sino compartir de una manera significativa. Es como si a usted le tocaran la puerta y usted dejara pasar a los burladores, dejara pasar a los torturadores, y finalmente dejara pasar a la muerte misma a su casa. Y usted le brinda café, porque van a tener un momento de koinonía. Y si usted le pregunta a la muerte: "¿Su cafecito con cuántas cucharadas de azúcar?" Y ella le puede decir: "El mío sin azúcar, puro y sin leche". Tiene, o sea, compartir en la sala de su casa con estas cosas.

Pero, ¿qué beneficio trae el compartir los padecimientos de Cristo? Te voy a contar brevemente una historia real. Estas historias de misioneros son como medio detectivescas, porque hay que decir: en un lugar, en algún sitio, a un misionero le pasó lo siguiente, y dejarlo ahí. Bueno, en algún lugar, en algún sitio, a un misionero le pasa lo siguiente: va manejando, para, alguien se monta atrás en el carro de él. Era una persona que tenía fama y reputación de ser miembro de ISIS. Y dice: "Mira, fulano, yo sé que tú eres misionero y yo quiero conversar contigo en un lugar donde haya seguridad para ti y para mí. Yo me imagino que tus sospechas... tú sabes que yo soy miembro de ISIS, y es así".

Entonces, tener a un miembro de ISIS atrás y que le diga que él sabe que usted es misionero, no es buena noticia. Va a un sitio seguro y ahí él le cuenta la siguiente historia: "En un momento, cuando yo tomé algunos cristianos, uno de ellos se arrodilla. Y antes de degollarlo, el cristiano le dice: 'Mira, fulano, tú y yo no nos conocemos y tú me vas a matar. Yo sé que tú crees que estás haciendo lo correcto, pero antes de tú matarme, yo quiero regalarte mi Biblia. Léela. Porque tú me matas y yo voy lleno de gozo al cielo, pero tú te vas a quedar con un problema muy grande. Léela antes de que tú partas de este siglo, de esta vida, y te presentes delante de Dios'". Lo mata. Y este hombre, al ver la tranquilidad del cristiano dando su vida por el Señor, lo impacta, y va donde el misionero.

La cuestión es que ese miembro de ISIS se convirtió, y al día de hoy no se sabe dónde está. No porque lo atraparon, sino porque lo tienen escondido para que no se sepa dónde está. La muerte de ese hermano sirvió para que otro viniera al arrepentimiento y a conversión. De la única forma en que muchos de los que están afuera van a entender como poderoso el mensaje del Evangelio es a través de los padecimientos, tuyos y míos, identificándonos con Cristo.

Pero no se queda ahí. Hay una cuarta parte. Dice: "Llegando a ser como Él en su muerte". Dice que él quiere ser semejante a Cristo en su muerte. ¿Y cómo murió Cristo? Bueno, si ustedes recuerdan, en Mateo 16:24 dice lo siguiente: "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará".

Y si yo quiero ser semejante a Cristo en su muerte, Cristo me dice: "Si tú quieres ser como yo, toma tu cruz y sígueme". Tengo un detalle: tomar la cruz no es lo mismo que hacer un martirologio personal. Hay gente que hace una especie de procesión emocional y espiritual. Se arrancan, se ponen unos atuendos y comienzan a autocompadecerse: "Pobrecito yo, esta cruz que me ha tocado llevar. Yo soy un pecador perverso. Además de eso, yo no tengo voz, yo no tengo paz. La mujer o la esposa que tú me has dado, esta es una cruz grande. Mis hijos son pequeñas cruces". Y así tú andas con esa cruz y te andas dando golpes en el pecho, das la vuelta, llegas al mismo punto, te quitas el vestuario y sanseacabó. Eso es una procesión espiritual, pero no es llevar la cruz.

Fíjate que Cristo dice, no que lleves la cruz, sino que tomes tu cruz y le sigas. Es que le caigas atrás. No se pierdan la calle; es grueso. La calle es estrecha; chequea bien a dónde Él va. Caerle atrás. Él va al monte Calvario a morir. Usted lo que tiene que hacer es ir, clavar su yo en el monte Calvario y morirse juntamente con Cristo. No hay de otra. Y si usted cree que le queda algo de vivo, coja la lanza y clávesela. Pero no lo deje vivo. Morir. Dice: "El que gane su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará". Por eso fue que Pablo cambió todo. Por eso fue que Pablo cambió todo.

Óiganme, entonces el asunto es: conocerlo más a Él, experimentar el poder de su resurrección, participar, tener koinonía en sus padecimientos, y ser semejante a Él en su muerte. Y todo lo que nosotros somos, nuestros títulos, nuestras posiciones, nuestro abolengo, es estiércol.

Es fuerte, es fuerte, porque eso la verdad en esta vida no luce muy atractivo. Que lo maten a uno no luce muy atractivo, a menos que usted se meta en mi casa, algo así, ¿verdad? Pero si no es así, no luce muy atractivo. O sea, ¿a cambio de qué todo esto? Bueno, dice Pablo en el versículo 11, nos pone el incentivo: "A fin de llegar a la resurrección de entre los muertos". Ese es el incentivo. A fin de llegar a la resurrección de entre los muertos.

Yo no sé si usted se ha fijado en esto, pero ustedes y yo vamos a durar más tiempo muertos que vivos. Yo no sé si usted se ha puesto a pensar en eso. Es decir, que el negocio es interesante. Yo voy a cambiar algo que se me va a acabar por algo que es eterno, que es duradero.

Todo esto que usted ve aquí, este lindo templo, no va a quedar piedra sobre piedra en él si el Señor viene antes. No va a quedar cosa alguna. La linda ropita... si el Señor... si usted no se muere... si usted se muere, pues simplemente no se la van a poder poner en la caja, todas las ropas que tiene. Le pondrán solamente la necesaria para enterrarlo. Y a veces tan penosos que ni los zapatos le ponen. O sea que solamente se lleva ropita, pero el resto del clóset se queda. Pero si el Señor viene antes, toda esa ropita va a ser quemada.

Cuando usted ve el parqueo lleno de yipetas, de buenos carros, etcétera, o de carros más o menos, porque no todo el mundo tiene el mismo carro, todos esos carros no son más que material de combustible para el fuego. Todo va a ser carbón. Todo este mundo va a ser depurado por el fuego. Si tu vida, lo que te consume, es esto temporal, se va a acabar. Todas tus esperanzas, a la corta o a la larga. O tú las dejas aquí, o simplemente van a perecer por el fuego. Te vas a quedar sin nada. No importa si tus ahorros están en una cuenta de ahorro, en un certificado financiero, en lingotes de oro, en lo que sea, todo se queda aquí. Y simplemente, si no te vas, cuando Él venga es fuego. Quemado. Kaput. Se acabó. No queda cosa alguna.

Si es así, el negocio se ve bueno. Cuando nosotros tenemos esa confianza y esa esperanza, el negocio se ve bueno. Por eso es que la gente vive viviendo de pastillas y tan nerviosos, tensos. Andan donde psiquiatras y psicólogos, espiritistas y qué sé yo cuánta cosa sea para tratar de estar tranquilos. Porque no pueden hallar paz. Porque saben que dondequiera que pongan sus ahorros, el banco quiebra, o se roban el lingote de oro, o hay un atraco, o te quitan la yipeta doblando la esquina. Lo que sea. Sales en tus zapaticos, bueno, te ponen una pistola y te dejan a pie. No hay seguridad. Todo esto es temporal.

Por eso tienes un trabajo bueno y tienes miedo de que venga abajo, que te están serruchando el palo, te lo quiten. Ya tú estás medio viejo, viene un joven, le pueden pagar la mitad. No tienes tranquilidad. Todo esto es temporal. Sin embargo, si tú tienes una perspectiva eterna, tú puedes estar tranquilo. Dice el Señor: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, porque mi yugo es fácil y ligera es mi carga". Qué bueno es uno saber que si le llega el día, uno se va tranquilo. Se puede ir tranquilo.

Bueno, si es así, si nos vamos al cielo, si lo único que tenemos es poner nuestra mente en las cosas de arriba, ya lo hicimos. Hay muchas personas que han aceptado a Cristo como Salvador y que realmente pues ya le entregaron su vida. De hecho, aquí mismo, si usted mira a su alrededor, hay muchos que han entregado su vida al Señor y lo han aceptado como Señor de su vida. Pero mira a tu alrededor: estamos aquí, no nos hemos ido.

No nos hemos ido, ¿por qué? Si todo fuera algo personal y beneficioso para nosotros mismos, si lo único que fuera es un evangelio de prosperidad que lo único que tiene son cosas para nosotros, una vez concluido ya que nosotros somos salvos, ¿cuándo nos pueden llevar? Sin embargo, no es así, nos dejan acá. ¿Por qué nos dejan acá? Bueno, porque todavía no hemos acabado.

Dice el versículo 12, después que usted es salvo, mire para qué es que nos dejan acá: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús."

Pablo, cuando escribió estas palabras, estaba preso, y miren que la cárcel de aquella época era más fea que la de ahora. La Victoria es una especie de hotel cinco estrellas comparada con las cárceles de aquella época. Y aun ahí él decía: yo prosigo hacia la meta y me olvido de lo que está detrás. Yo sigo con mis ojos puestos en lo que viene en el futuro, para lo que el Señor me ha dejado aquí, para seguir trabajando en la expansión de su reino, no para vivir para mí mismo.

Cuando uno tiene esa confianza, la vida cristiana se revitaliza, porque ya uno no vive solamente para uno, sino que uno entiende que está vivo para servir a los demás, para proclamar el reino de Dios, para poder expandir las fronteras del reino de los cielos en esta tierra, si podemos decirlo de algún modo. Siempre hay algo que hacer, no hay aburrimiento en el reino de Dios, ni siquiera en esta vida. Hay muchas cosas por hacer. Aún nos falta mucho por hacer. Dijo un político en el pasado: tenías razón. En el sentido espiritual, nos queda mucho por hacer.

Sigo hacia adelante, me olvido de lo que está detrás. Alguien puede quizá decirte: "Pero yo te conozco, fulano. Yo conozco tu pecado, yo sé quién tú eras. Es muy fácil venir a hablar de Dios ahora, pero yo sé quién tú eras. Tú eras fulano y tú no te acuerdas que yo te veía a ti cuando hiciste tal cosa. Tú y yo lo conocemos, ¿cómo que tú me hablas ahora de Dios?"

Bueno, si alguien tiene alguna cuenta como esa con usted, usted tiene una especie como el juego de Monopolio, que hay una tarjeta que lo saca a usted de la cárcel. Bueno, pues el acta de los decretos fue pagada por Cristo. Te puedes salir cuando usted quiera. Lo que dice de todas las deudas suyas dice: consumado es, pagadas por la sangre de Cristo. Tú me conoces, yo me conozco, el Señor me conoce y no me lo toma en cuenta.

Quizás usted diga: "Bueno, ¿y los logros? Yo tengo muchos logros pasados, yo abrí diez iglesias, yo he..." Todo eso también quedó atrás. Hoy es el primer día del resto de nuestra existencia y tenemos muchas cosas que hacer para el Señor. Si usted abrió diez iglesias, mire a ver el tiempo que le queda vivo, a ver si abre veinticinco más. Si usted ha evangelizado mucho aquí, pues piense qué pueda hacer para ver si puede evangelizar más allá. Aún nos queda mucho por hacer en el Señor.

Nosotros, si nos fijamos en lo que Pablo tuvo, vamos a poder mantener una vida cristiana con vitalidad. Siempre hay algo que hacer para el Señor. Hay una oración que hacer. Hay alguien aquí a quien consolar. Hay alguien aquí a quien abrazar. Hay alguien aquí a quien presentar un texto de la Biblia. Siempre hay alguien a quien uno puede evangelizar y presentarle la buena nueva. Hay más hermanos con los cuales uno puede compartir las bendiciones que Dios nos ha dado.

Nosotros, Dios nos ha bendecido mucho, a ti y a mí, hermano, con la salvación, con dones, con talento, con poder de Dios. Y todo eso es para que lo utilicemos, para que lo expandamos, para que lo compartamos con los demás. Nosotros podemos convertirnos en represas espirituales, que estas aguas de bendición se acumulan para cuando abramos la compuerta generen bendición. No nos convirtamos en charcos. Los charcos no generan nada. Lo único que hacen es que les sale lama verde, mosquitos. Lo único que uno puede hacer ahí si uno se acerca es que le toque un zika espiritual.

No, nosotros hemos sido creados para bendecir a otros con lo que Dios nos ha dado, y Dios nos ha dado mucho. Nos ha dado el privilegio de conocerle a Él, de conocer el poder de su resurrección, de tener una participación en sus padecimientos y ser semejantes a Él en su muerte, con la finalidad de llegar a la resurrección de entre los muertos. Y no es que lo hayamos alcanzado; aún faltan cosas por hacer.

Por lo tanto, como dijo otro político: a partir de hoy, continúe haciendo lo que está bien, corrija lo que está mal y haga lo que nunca se ha hecho. Así estamos parejos y equilibrados, un político de cada lado.

Enrique Crespo

Enrique Crespo

Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.