Setecientos años antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías habló a un pueblo en tinieblas. El rey Acaz, temeroso de una invasión, recibió una oferta extraordinaria: Dios mismo le invitaba a pedir una señal tan profunda como el Seol o tan alta como el cielo. Pero Acaz rechazó la oferta con falsa piedad porque no quería confiar en Dios; prefirió buscar ayuda en el rey de Asiria. Aun así, Dios prometió dar una señal: una virgen concebiría y daría a luz a Emanuel, Dios con nosotros.
El cumplimiento llegó de manera inesperada. El Creador del universo entró al mundo como un bebé llorando, haciendo sus necesidades, cargado en brazos humanos, rodeado de animales en un pesebre de Belén. La luz del mundo vino en medio de la noche porque vino a vencer las tinieblas. Su propia genealogía incluía reyes malvados, adúlteros y prostitutas; este niño tendría que salvar incluso a sus propios familiares.
Los nombres que Isaías le asignó revelan su naturaleza: Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Como consejero, posee sabiduría, inteligencia, conocimiento absoluto y poder para socorrer a los tentados. Como Príncipe de Paz, gobierna conforme a su carácter de gracia y verdad.
Dios entregó lo mejor de sí sabiendo que los hombres devolverían lo peor: burla, traición, crucifixión. Y aun así lo entregó, precisamente para pagar por esos pecados. La misma fidelidad que cumplió la primera venida garantiza la segunda, cuando establecerá un reino de derecho y justicia donde ya no habrá muerte ni dolor.
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¡Venimos, hermanos, para vivir en su Palabra!
En disiones, y para aquellos que no he visto después de un par de semanas, es bueno estar en casa. Habíamos estado, creo que como muchos sabían, en la tierra del Señor, en la tierra de Israel, y ya habrá tiempo para contar muchas de las cosas. Pero ciertamente Dios está obrando en aquella tierra hoy, como su Palabra lo ha anunciado, y así lo hemos visto en una hora que damos gracias a Dios por eso.
En el día de hoy quiero invitarte a que abran la Palabra de Dios para que podamos revisar otra vez, en un sentido, porque sé que es un texto conocido, algo que el profeta Isaías anunció y que aparece en el capítulo 9 del libro que lleva su nombre. Y básicamente son dos versículos que yo quisiera que leyéramos y que luego pudiéramos exponer. Isaías 9, versículos 6 al 7, escribiendo unos 700 años antes de la venida del Mesías, en medio de un tiempo de mucha tribulación para el pueblo de Israel, y esto es lo que Dios dice:
"Porque un niño nos ha nacido" —está profetizando y sin embargo los verbos están en tiempo pasado, como si ya hubiese ocurrido— "un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros. Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto."
Yo creo que la mayoría de nosotros estamos más o menos familiarizados con las palabras que acabamos de leer, porque es un texto que se lee en tiempos como estos, y aún fuera de estos tiempos, para recordarnos que el Mesías que nos fue dado no vino como algo accidental, sino como algo que había sido planificado por Dios. Lo que yo dudo es que la mayoría de nosotros estemos familiarizados con el contexto en el cual esta profecía se dio. De hecho, es posible que ninguno de nosotros estemos familiarizados con el contexto en que esta profecía se dio. Y a veces cuando tú revisas el contexto, las cosas que siguen cobran riquezas, y yo voy brevemente a dar una idea de bajo qué condiciones Isaías profetizó de esta manera.
Para el tiempo del rey Isaías, el reino de Israel se había dividido en dos: el reino del norte y el reino del sur. En el reino del norte estaba gobernando en este momento el rey Peka, y en el reino del sur estaba reinando el rey Acaz, con zsatisfacción al final para no confundirlo con Acab, el esposo de Jezabel. Si Peka está en el norte, Acaz está en el sur, y Acaz se entera de que el rey en el norte, Peka, había hecho un acuerdo con el rey de Aram para venir e invadirlo y venir en su contra, el rey Rezín. Naturalmente Acaz se llena de temor, pero Dios, que es quien escribe la historia y conoce lo que está ocurriendo, se mueve en el corazón de Isaías y lo envía al rey Acaz, el reino del sur, el reino de Judá, de donde vendría el Mesías.
Y Dios le dice al rey Acaz en el sur, de parte de Dios, a través de Isaías: "No temas, no desmayes. Yo te voy a librar, yo voy a deshacer estos planes que estos dos reyes han tramado contra ti." Pero Dios sabía que Acaz era un rey incrédulo, y en su bondad, en su benevolencia, Dios quiere ayudar la incredulidad de Acaz. Y Dios le dice a través de Isaías al rey: "Oye, esta es la promesa: yo te voy a librar, yo voy a destruir esos planes. Pero como tú no crees, pide para ti" —y sabías que te dijo— "una señal del Señor tu Dios, que sea tan profunda como el Seol o tan alta como el cielo."
Entonces estás escuchando, estás viendo la benevolencia de Dios: "Te hice una promesa, pero yo sé que tú eres un incrédulo. Yo quiero ayudar tu fe, de manera que pide una señal, y pide una señal grande, una señal que tú pienses que sea casi imposible de cumplir, tan profunda como el Seol, tan alta como el cielo. Yo lo voy a hacer para que tú puedas llegar a creer esto que estoy diciendo."
Acaz responde de una manera que suena piadosa, pero que no lo era. Escucha la respuesta de Acaz en el próximo versículo, versículo 12: "Pero Acaz respondió: No pediré ni tentaré al Señor." Suena como que Acaz es tan piadoso que se da cuenta que es imposible pedirle a Dios que se pruebe a sí mismo, a pesar de que Dios lo ha invitado: "Pruébame." "Es irreverente, yo no te voy a tentar, imposible, de manera que no, yo no quiero señal." La realidad era que Acaz no quería señal porque Acaz no quería seguir y confiar en la promesa de Dios. Entonces: "No me des señal porque yo no quiero confiar en ella."
Y lo que Acaz hace entonces es que va donde el rey de Asiria, que era el imperio poderoso, y hace un arreglo con él para que el rey de Asiria lo ayude a derrotar a estos dos reinos. ¿Se pueden imaginar eso? Él cambia a Dios por el rey de Asiria. Lo que Acaz no sabe es que el rechazo de la señal que Dios le ha ofrecido ha hecho que el rey de Asiria voltee la torta, como decimos aquí, y venga en su propia contra y cause una desolación en Israel.
Es el contexto. Dios se ha alejado de Israel, termina retirando su gloria, le ha ofrecido una señal, Acaz no quiere señal, y entonces Dios le dice, viendo el futuro: "Por tanto, el Señor mismo os dará una señal. Tú no la quieres, pero yo te la voy a dar. El Señor mismo os dará una señal. He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel," que hoy sabemos significa "Dios con nosotros."
"Pídeme una señal tan alta como los cielos." Eso es exactamente lo que Dios le está dando ahora: "Te estoy dando, te voy a dar una señal para el futuro de Dios hecho hombre, Emanuel, Dios con nosotros, y una virgen va a concebir. Esa es la señal que tú has rechazado. Yo te la voy a dar, pero te la voy a dar en un futuro cuando ya tú no vas a estar, simplemente para que el pueblo pueda entender que si bien es cierto he decidido alejarme de ti, no es menos cierto que no lo haré permanentemente. Y ahora me voy a regresar: Emanuel."
Las invasiones que llegaron a Israel, primero de Asiria, después de Babilonia, pusieron fin al reinado de Israel. 700 años pasaron y la promesa es cumplida. En este contexto, enfatizando lo que ya había revelado en el capítulo 7, entonces ahora él vuelve a hablar de este niño en el capítulo 9:
"Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros. Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto."
El texto que yo acabo de leer por segunda vez nos habla de que esa señal, ese Dios, vendría en forma como un ser humano, porque nacería como un niño. Que tendría, sin embargo, características divinas, y hay varias mencionadas. Y que vendría con una misión especial, y era la de restablecer el orden aquí abajo cuando él estableciera su reino. De manera que yo quiero ver esas tres cosas.
En primer lugar, el nacimiento de este Rey como un niño. "Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado." Y su nacimiento fue peculiar, fue peculiar en todo el sentido de la palabra. Para comenzar, vino de parte de una virgen. En segundo lugar, es Dios hecho hombre. Pero al mismo tiempo era un nacimiento como otros nacimientos, y por tanto tuvo una genealogía que Mateo describe en el capítulo 1.
Sin embargo, la mayoría de nosotros no conocemos lo que se esconde en esta genealogía. Recuerda que Cristo, al final del camino, iba a ser, sería Rey, de manera que en su genealogía hay muchos reyes. Él viene de una línea real, por así decirlo. Pero uno pensaría que si él va a venir de una línea real, de realeza, en este caso real, bueno, el linaje, los reyes anteriores serían todos piadosos. Sin embargo, de esos quince reyes enlistados en su genealogía, la mitad de ellos fueron hombres extremadamente malvados.
De ahí viene el Mesías. Y uno de ellos fue Acab, el esposo de Jezabel. Acab fue un hombre tan malo, y no solamente ofreció sacrificio a dioses paganos, sino que sacrificó seres humanos, niños, a dioses paganos, y llegó a matar a sus propios hijos. Pero Acab no fue el peor de los reyes. Manasés fue todavía peor. El texto de 2 Crónicas 33:9 dice que Manasés hizo pecar a Judá más que las naciones que el Señor había destruido delante de los hijos de Israel. Las naciones que estaban ocupando la tierra prometida y que Dios hizo destruir justamente por la maldad que había llegado a su punto cumbre, Manasés solo hizo pecar a Judá más que todas ellas.
Y aun en la otra mitad de los reyes, entre los reyes buenos, tú te encuentras a David, un adúltero que cometió adulterio con Betsabé y luego ordenó la matanza de su esposo. Y te encuentras a Uzías, un buen rey hasta el final, cuando él decidió ofrecer sacrificio en el templo que no le estaba autorizado, y Dios lo llenó de lepra. En la genealogía que Mateo nos presenta hay cuatro mujeres, gentiles. Tres de ellas —son cuatro nada más— tres de ellas eran prostitutas o adúlteras. De manera que este niño que viene nacido de una virgen tendría que venir a salvar a sus propios familiares.
Su propia madre, cuando le es dado el anuncio, dice: "Mi alma glorifica a Dios mi Salvador." Su propia madre confesó su necesidad de salvación. Es increíble, pensando en esta última canción, que un Dios viniera como un bebé, llorando como cualquier otro niño. Al mismo tiempo, haciendo sus necesidades como cualquier otro niño. En ocasiones con excreciones malolientes como cualquier otro niño. Y siendo cargado en los brazos de múltiples adultos que estuvieron pasando de una persona a otra. ¿Quién pudo soñar? ¿Siquiera pensar que esa es la manera como un Dios, o como Dios, va a venir? Y venir a Belén. Belén ya se ha ido a dormir, y decía la canción, en la noche.
El Dios debiera venir como a Roma, a Atenas, a Jerusalén, las grandes capitales del momento, y pero aun así, a un pesebre en Belén, no rodeado de siervos como los reyes usualmente están, sino rodeado de animales. La luz del mundo viene en medio de la noche. Sí, porque vino a vencer las tinieblas. El sustentador del universo sostenido en los brazos.
Recuerda que el día que lo trajeron a presentar en el templo había dos ancianos. Simeón esperando ver la redención de Israel, y Simeón es movido por el Espíritu Santo y sale corriendo por el templo y se encuentra a Jesús, con María y José que lo han traído a presentarlo en el día octavo de su nacimiento. Y Simeón le dice a María: "He aquí, este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel y para ser señal de contradicción". Yo me imagino a María oyendo esto. Este es un niño de ocho días de nacido, este niño va a tumbar a muchos. Y él ha sido dado, es un niño que nos ha sido dado, pero nos ha sido dado como señal de contradicción, de manera que su entrada en la tierra es una señal de que él venía a voltear el mundo con la cabeza para abajo. Él venía a establecer un sistema de valores y eventualmente un reino que opera completamente opuesto a como el mundo de hoy opera.
Escucha cómo Martyn Lloyd-Jones comenta sobre esta idea: "Dios volteando todo con la cabeza hacia abajo, revirtiendo todo lo que nosotros hemos pensado, cada cosa en la que nosotros hemos sentido orgullo. A los poderosos Dios los derribará de sus asientos". Él lo estaba haciendo eso, él todavía está haciendo eso. Deja que cualquier hombre se eleve y diga que él va a gobernar para hacerse el dios de todo el mundo. Tú no necesitas temer, Dios lo derribará. Cada dictador ha sido derribado, todos lo son. Finalmente el diablo y todo lo que le pertenece será echado al lago de fuego y será destruido permanentemente. El Hijo de Dios ha venido al mundo para hacer esto. Un niño cargado en los brazos terminará haciendo todo esto.
Lloyd-Jones agrega: "Cada cosa en la que el hombre se gloría, su intelecto, su entendimiento, su poder, su estatus social, su influencia, su justicia, su moralidad, su ética, su código. Cada una de ellas es completamente demolida por el Hijo de Dios". Esto está siendo hecho por el niño que nos fue dado. Y si nos fue dado, eso implica que nos fue dado como un regalo. Y si nos fue dado como un regalo, alguien lo regaló. Si es un regalo que me fue dado, no lo puedo comprar. No lo puedo comprar por internet, no lo puedo ordenar de Amazon, no lo puedo comprar en una tienda. No puedo ganarlo con el sudor de mi frente. No puedo encontrarlo porque nadie lo estaba buscando. Él sale a buscar, ¿no? Es un regalo que se me da, que yo no buscaba. No era de oro, no era de plata, sino un regalo de redención.
En el libro de Mateo, en el Evangelio de Mateo, él es la esperanza de Israel. Literalmente, eso es como Mateo lo presenta. Y por eso Mateo nos trae su genealogía hasta Abraham, porque ahí comienza el reino de Israel. En el Evangelio de Lucas, él es la esperanza de toda la humanidad. Y entonces Lucas me habla de esa genealogía hasta el primer hombre. En el Evangelio de Juan no hay genealogías, porque Juan me lo presenta como Dios. Juan es el que me dice que en el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios. Es más, el Verbo era Dios. Y como Dios no tiene genealogía, Juan no habla de genealogía. Porque a Juan no le interesa la parte humana de Jesús, sino la naturaleza divina de Jesús. El Verbo que estaba desde el principio y que era Dios, es el regalo del Padre para ti y para mí.
Escucha cómo Juan 3:16 lo dice: "Porque de tal manera amó Dios Padre al mundo, que nos dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, mas tenga vida eterna". El Padre entregando al Hijo. Era un regalo sagrado, pero que los hombres profanarían. Era un regalo muy especial, pero un regalo que entregado a los hombres, el hombre lo compararía con otras cosas que ni siquiera regalos eran, sino cosas que él tenía que adquirir. Y el hombre ha preferido por dos mil años las cosas que él puede adquirir al regalo que Dios le puede dar.
Durante dos mil años, esa ha sido la historia de los hombres. Los hombres han preferido las luces de las calles y de las vitrinas y de los arbolitos de Navidad antes que la luz resplandezca en sus corazones. Por dos mil años el hombre ha preferido las divisiones antes que la reconciliación o la paz con Dios. Por dos mil años el hombre ha preferido la fama, el nombre, las finanzas, el poder, la posición, la promoción, antes que la humillación de tener que entregar su vida a Dios.
Pero Dios amó al mundo. Él no amó las obras del mundo, pero él amó a los hombres que hacen las obras malas del mundo, y nos dio a su Hijo del cual Isaías nos habla. Dios amó a este hombre caído de tal manera, de tal forma, que nos dio el evangelio en una persona. El evangelio es una persona, el evangelio es la vida, la muerte y la resurrección de Jesús a favor nuestro. Esto es el evangelio. Nunca antes y nunca después nadie ha recibido un regalo como aquel que fue encontrado en un pesebre aquel día. Un regalo tan extraordinario y tan ordinario en su envoltura. Porque su envoltura fue básicamente la naturaleza humana, eso lo envolvió.
Esta noche, mañana, muchos de ustedes, muchos de sus hijos estarán abriendo regalos, estarán quitando el papel de regalo a muchas cosas regaladas. Dios nos dio un regalo y Dios lo envolvió, y en algún momento lo desenvolvió para nosotros. Y cuando Dios lo desenvolvió, le quitaron los lienzos con los que habían cubierto el regalo, el viernes en la tarde y noche. Y lo sacó de una caja que tenía forma de tumba. Y cuando María Magdalena ve el regalo de Dios descubierto, lo primero que le dice es "Raboni", en hebreo, que significa "Maestro". Dios sacó su regalo de la tumba y se lo presentó al mundo, y el mundo ha preferido sus adquisiciones.
Dios nos dio lo mejor de sí, sabiendo que los hombres le devolverían lo peor de ellos. Lo mejor de Dios por lo peor de los hombres. Lo mejor de Dios a cambio de la traición de Judas, de la negación de Pedro. Dios nos dio lo mejor de él, sabiendo que el hombre no creería en él. No creería en su regalo, sabiendo que se burlarían de su regalo. No sé si alguna vez alguien te ha regalado algo y que tus amigos lo hayan visto y se burlen de lo que te han dado, y cómo tú te has sentido. Bueno, Dios sabía que él iba a dar lo mejor de él y se burlarían de su regalo, traicionarían su regalo, lo venderían incluso. No le gustó el regalo, lo vendieron por treinta piezas de plata. Lo negarían hasta crucificarlo. Y aun así Dios lo entregó.
De hecho, lo entregó para pagar el pecado de la burla, de la negación, de la entrega, del desdén, de la incredulidad, incluso el pecado de haber sido crucificado. Imagina eso: Dios entrega un regalo que es tratado de esa manera y lo entrega para que el pecado de aquellos que lo trataron así pueda ser perdonado. ¿Tú has contemplado la misericordia, la benevolencia y la bondad de Dios últimamente? No que si has pensado, no que si las leíste, es que si te has detenido por tiempo extenso y de manera recurrente a pensar cuán bondadoso, generoso, benevolente ha sido Dios con nosotros. Un niño nos ha sido dado.
Bajo qué circunstancia. Bueno, Isaías 9:2 nos dice: "El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos". El pueblo andaba en tinieblas, andaba en tinieblas por más de una razón. Físicamente el pueblo había sido llevado al exilio por el imperio de Asiria, llevado al exilio por el imperio de Babilonia. No tenía gloria, se había ido, todo había ido, era un pueblo esclavizado. Y desde el punto de vista espiritual era un pueblo en tinieblas porque tenía un velo que permanece sobre muchos de ellos todavía. Y por tanto estaba en oscuridad. El pueblo andaba en tinieblas.
El niño de quien nos habló el profeta vino a dar testimonio de la verdad. Cristo mismo lo dijo: "Para esto yo he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad". La verdad que él trajo es la luz del mundo, la verdad que él trae es la luz que ilumina el corazón en tinieblas. Pero ese pueblo no solamente andaba en tinieblas, sino que habitaba en tierra de sombra de muerte. Ellos tenían eso bien fresco en su memoria, era un pueblo que había habitado en lugar de sombra de muerte. De hecho, la ciudad de Jerusalén ha sido invadida y capturada no menos de cuarenta veces, como ninguna otra ciudad. Ha sido sitiada no menos de veintitrés veces. Ellos estaban muy familiarizados con esta imagen de sombra de muerte. Ellos recordaban lo que pasó con el rey Acab. Ellos recordaban lo que pasó con otros reyes también. Bajo estas circunstancias les resplandeció una gran luz, Isaías.
El día que Cristo nació había mucho alboroto, había mucha conmoción, la gente se estaba movilizando porque César Augusto había determinado hacer un censo. Y para censarte tú tenías que ir a tu lugar de origen, y María y José iban hacia su lugar de origen, pero no llegaron. María entró en labor de parto y tuvieron que pararse en una aldea desconocida en Belén. Y entonces trataron de encontrar un lugar donde quedarse, pero sabes que no había lugar en Belén, de ahí el establo. Eso ocurría en ocasiones cuando la gente pedía posada y no había lugar en la casa, lo dejaban: "Si usted quiere, se puede recostar ahí en el establo. Este es un espacio que te puedo dar". Probablemente eso fue lo que ocurrió.
Rodeado de animales, el Creador del mundo viene al mundo, y cuando llega al mundo que creó, el mundo no tiene espacio para él. Imaginas eso. Dios lleno de gracia viene a este mundo creado por él y se encuentra con un mundo ingrato que no ha reconocido a Dios como Dios ni tampoco le ha dado gracias. Este día Jesús ha entrado al mundo, y vino a los suyos, pero los suyos no le reconocieron, no le recibieron.
Ahora la pregunta es: ¿por qué no le recibieron y por qué no le reciben hoy? Bueno, no le recibieron porque vino de una manera inesperada. Nadie estaba esperando que un Salvador, un Mesías, el ungido de Dios, el Cristo, naciera en un pesebre, mucho menos en Belén. Como decía: Roma, Atenas, Jerusalén quizás, pero él no vino a Roma porque él no vino como un líder político. Él no vino a Atenas porque él no vino como filósofo. Él no vino a Jerusalén porque él no iba a continuar con el judaísmo bajo la ley.
Y hoy en día él no vendría a París tampoco, porque él no viene como diseñador de modas. Él no vendría a New York tampoco, en Manhattan a la bolsa de valores, porque él no viene como economista. Él no vendría a New York a la gran manzana porque esa manzana se ha comido el primer Adán, pero no el segundo. Él no vendría a Tokio porque él no vendría como un técnico o un especialista en tecnología.
Muchos esperaban a un líder político que los liberara del yugo político corrupto de la ocasión, no sabiendo que su yugo mayor no era político sino espiritual. Y todavía los habitantes de la tierra, y con frecuencia el cristiano, continúan viendo a los gobiernos como la esperanza y la próxima elección como la esperanza que nos va a cambiar las condiciones. No hemos leído la Biblia. Eso no va a cambiar hasta que el reino de los cielos sea instaurado. Esta es una era de injusticia y de corrupción y de malas obras y de oscuridad y de tinieblas.
Ahora, es posible que nosotros estemos tan entretenidos como la gente en el primer siglo, entretenidos en nuestras profesiones, en nuestros trabajos, en el desarrollo de nuestros proyectos, en alcanzar el éxito, quizás incluso disfrutando el éxito que estamos teniendo, y que esta vida nos esté gustando tanto que en realidad la próxima venida, eso a mí no me pasa mucho por la mente tampoco. ¿Es posible? Porque así era que estaba la gente en el primer siglo. La gente estaba, y Cristo dice que estarán bebiendo y danzando y casándose y dándose en casamiento como los días de Noé. La cosa no va a cambiar cuando él venga. En otras palabras, nadie me está esperando, nadie está con ansias esperando mi segunda venida.
Es posible que los creyentes también estemos tan involucrados y gozosos con lo bueno que nos está pasando, de tal modo que su segunda venida no pasa por mi mente. Que estemos tan llenos de actividades como lo estuvieron aquellos hombres, tanto así que quizás en esta navidad como que Dios no ha tenido mucho espacio en mi agenda, como no hubo espacio en Belén para María y José.
Bueno, esas fueron las condiciones en la cabina. Y a quiénes vino: vino primero, primeramente para los judíos y luego para el gentil. Eso está dicho de diferentes maneras, en diferentes lugares de la Palabra de Dios. Pero el judío no entendía para quién había venido. Definitivamente no creían que había venido para los gentiles. Entendían que había venido solamente para ellos, pero no entendían la razón de su venida. Y no entendían que había venido para los gentiles, a pesar de que Simeón reveló el día de su presentación en el templo que era luz de revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Venía para los dos.
Los rabinos nunca pensaron, nunca entendieron para qué fue dado este niño. Nunca entendieron a Isaías, porque el pueblo judío nunca concibió que era pecador. Los pecadores eran los gentiles. De hecho, ellos enseñaban que en el interior del hombre había dos impulsos, uno bueno y otro malo, que Dios había creado ambos, pero ya no tenían idea del pecado original. Israel no creía en el pecado original, la herencia del primer pecado de Adán que nos fue dado a nosotros.
De manera que este es un niño que le fue dado a una nación que no entendió, pero hoy en día múltiples naciones tampoco entienden. Se burlan de la primera venida, se burlan de la segunda venida. Los hijos de Dios se olvidan de que él prometió que volvería, y volvería como ladrón en la noche, en un abrir y cerrar de ojos.
Y ahí nos habla entonces de su nacimiento humano, pero nos habla también de su naturaleza divina. Escucha, él será llamado Admirable, Consejero —dos palabras por separado, aunque la traducción en español no lo tiene de esa manera, pero muchos expertos entienden, expertos en el idioma, que esto debería separarse—: Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Definitivamente él es admirable.
Él es admirable en su entrega: dejó su gloria. Él es admirable en su carácter como hombre: manso y humilde, hasta el punto que cuando el soldado que lo clavó en la cruz lo vio morir, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Su carácter salió a relucir aún en su muerte. Él es admirable en su carácter como Dios, pero cuando vino como Dios, vino lleno de gracia y de verdad.
Él es admirable cuando tú ves hasta dónde llegó para causar la redención del hombre. Él es admirable en su humillación: se hizo siervo, y cuando sirvió, sirvió sin excepción. Le sirvió a las prostitutas, le sirvió a los recolectores de impuestos, le sirvió a los pobres, pero le sirvió a los ricos como Zaqueo. Le sirvió a Pedro sin condenarlo después de Pedro negarlo. Sirvió sin un título, sirvió sin cobrar, sirvió cuando otros no querían ser servidos, sirvió cuando otros no estaban motivados a servir. Le dio de comer cuando sus discípulos querían que despacharan a la gente, a la multitud que estaba frente a ellos. Sirvió cuando otros se cansaron, y cuando lo rechazaron siguió sirviendo. El hombre que solamente le sirve a los que le sirven no sirve. No sirve para hacer discípulos de Jesús.
Él es admirable. Como consejero él no tiene igual. De hecho, él mismo, Isaías más adelante en Isaías 11, nos describe cualidades que son extraordinarias, que ojalá todo consejero pudiera tener. Escucha cómo Isaías describe ese niño en el desempeño de su función: "Y reposará sobre él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor".
Este consejero tiene sabiduría, tiene habilidad para discernir y poder aplicar lo discernido a la vida diaria. Yo necesito eso como consejero, como discípulo de Cristo para vivir, vivir la vida en mi matrimonio. Yo no sé si tú lo necesitas; yo lo necesito.
Pero él viene también con el espíritu de inteligencia, la habilidad de poder entender para aplicar luego. Se parece pero no es exactamente lo mismo. La inteligencia puede no ser sabia, porque yo necesito la inteligencia para entender, pero luego yo necesito la sabiduría para saber cómo aplicarlo. Como consejero no tiene igual.
Viene con espíritu de consejo y de poder. El consejo, dice Isaías, es una habilidad especial para aconsejarme. Claro, el autor de Hebreos dice que él fue tentado en todo. Él sabe. Él sabe cómo yo puedo ser tentado, él sabe cómo yo puedo ser liberado de la tentación, él sabe lo que yo necesito para no caer en la trampa del enemigo. Ese es un consejero ideal.
El espíritu de consejo viene con espíritu de poder, la habilidad de poder hacer aquello que necesito hacer. Yo necesito eso. Yo no sé si tú lo necesitas, pero yo lo necesito.
Y con espíritu de conocimiento, la habilidad de tener información sobre todas las cosas. Cristo conoce todas las cosas de tu vida desde el día en que él te formó en el vientre de tu madre hasta el día de hoy. De hecho, él sabe las cosas que no te acontecieron porque él las evitó, y que tú ni siquiera conoces. Él sabe las cosas que tú pensaste y que se te olvidaron. Él sabe las cosas que tú has soñado a lo largo de tu vida, sueños que ya tú ni recuerdas. Al otro día en la mañana a veces nos despertamos: "Yo soñé algo, no me recuerdo". Dios lo sabe. Él sabe todo lo que te va a acontecer desde este momento hasta el momento en que tú partas de este mundo. Él sabe incluso las cosas que te podrían acontecer pero que él va a evitar. Él tiene conocimiento absoluto.
Y como consejero él es una persona confiable. Si hay algo que yo aprecio de Dios es que cuando yo voy y le confieso mis cosas, no se las cuenta a nadie. Esa confidencialidad todo consejero la necesita. Él debe ser una persona veraz; él es la verdad. Él debe ser una persona tan llena de verdad que me confronta en mi pecado, pero tan llena de gracia que me perdona en mi pecado. ¿Tú te has detenido a contemplar el carácter del Dios que nos ha sido dado en Cristo Jesús?
El texto dice que el Espíritu del Señor, en el original dice "Yahvé", el Espíritu, el aliento del Señor, está sobre mí. Eso es exactamente lo que Cristo confiesa cuando él se para en la sinagoga que Lucas describe en el capítulo 4, cuando le dieron el rollo a leer y el Señor abre el rollo y dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, pues me ha ungido para predicar el evangelio a los pobres", y ahí él continúa. De ese texto estaba leyendo Cristo.
El tercer nombre es Dios Poderoso. "El Guibor". Guibor en el original es héroe, poder. "El" en Isaías siempre se refiere a Dios, de manera que está hablando de un Dios sumamente poderoso. Yo necesito un Dios poderoso, porque si me hace promesas que luego no me puede cumplir, no puedo confiar en él. De manera que yo necesito un Dios con poder, que me puede decir como le dijo en un momento dado a Acaz: "Pídeme una señal que tú quieras, tan profunda como el Seol, tan alta como los cielos. Dime qué es lo que tú quieres para probarte y sacarte tu incredulidad". Es un Dios de poder.
Yo necesito un Dios de poder. Como Hebreos 2:18 dice, que es poderoso para socorrer a los que son tentados. Yo no sé si tú alguna vez has sido tentado, pero yo he sido tentado, y si tú no has sido tentado, no hablas mentira. Tú necesitas un Dios de poder para sacarte de tu tentación, porque tu poder no te puede sacar de la tentación.
Hebreos 7:25 me dice que él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Me salva para siempre, y luego me dice: "Pero te cuento una cosa: yo sigo con vida para interceder por ti por siempre".
Yo necesito un Dios así. Es un consejero admirable y necesario. Yo necesito alguien como lo que Judas me dice en el versículo 24: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, para presentaros sin mancha en presencia de su gloria y con gran alegría." ¡Wow! Yo necesito alguien que me va a decir: "Ven, vamos a hablar con el Padre, yo te voy a presentar." "Señor, pero mira estos pecados de mi vida, mira esto, mira que..." "De por culpa, te voy a presentar sin mancha y sin arruga." Y Él es poderoso para hacer eso. ¿Un niño con tanto poder? No, no. ¿Qué no hace un niño? Olvídate de eso. La idea de cómo vino es buena para que podamos pensar en su humillación y en todo lo demás, pero hoy tú tienes que pensarlo como Señor de señores y Rey de reyes. Eso es lo que Él es: Señor del universo, sustentador de todo lo que existe.
Padre Eterno. Algunos ven este nombre como una alusión al Padre, Dios Padre, pero como el Padre y el Hijo son uno, pues no importa si le llamamos al Hijo "Padre Eterno." Otros lo ven más como que Jesús se iba a relacionar con nosotros con la ternura y el cuidado y el esmero con el que un padre se relaciona con sus hijos. De hecho, el Salmo 103:13 dice: "Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen." De manera que la idea pudiera ser que Cristo, el niño que nos fue dado, vendría con el corazón paternal de cuidar a aquellos que serían hijos de Dios.
Y finalmente le es llamado Príncipe de Paz. El rey, el príncipe. Entonces, ¿qué pasa con los príncipes? Ellos heredan el reino del padre. Ese es exactamente lo que ha pasado con Cristo: Dios le dio el reino, o los reinos, a su Hijo para que lo gobernara, para que los rija, para que los juzgue. Por eso Él está sentado a su diestra. Ahora escucha: los reyes y los príncipes, los gobernantes del mundo, gobiernan conforme a su carácter. Tú lo puedes leer en la Biblia, tú lees de estos reyes malvados e hicieron lo que su carácter era. Pero si tú quieres venir más cerca, tú abres los periódicos y tú lees los periódicos de nuestros días. Los gobernantes gobiernan conforme a su carácter.
Eso es buena noticia para mí, porque este Rey poderoso, Padre Eterno, Consejero, es Príncipe de Paz, y Él va a gobernar de acuerdo a su carácter. Pero yo sé cuál es su carácter. La Palabra me revela cuán benevolente, generoso, lleno de gracia, lleno de verdad, perdonador, fiel es este Dios. Ese es el reino que Él va a instaurar; hasta entonces yo tengo que esperar.
Él vino para lograr la paz mundial, pero para lograr la paz mundial, tú sabes lo que hay que hacer. Bueno, Él podría hacerlo ahora mismo en un momento, lo cual implicaría eliminar a mucha gente, o Él podría paulatinamente comenzar a eliminar la maldad del mundo, lo cual Él comenzó a hacer en la cruz, derrotando los poderes de las tinieblas. Para poder establecer un reino de paz universal, Él tiene que derrotar la muerte, lo cual Él hizo el domingo de resurrección. Para establecer un reino de paz, Él tendría que destruir la enemistad entre Dios y el hombre, lo cual Él hizo construyendo un puente. Para ser el Príncipe de Paz universal, Él tendría que destruir la irreconciliación entre los hombres, lo cual Él está haciendo.
No olvides, estos son sus nombres que hemos mencionado. He mencionado cinco de ellos, de esos nombres que el profeta Isaías menciona: Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Pero ahora yo tengo que recordar que el mismo Isaías me dijo en Isaías 7:14 que Él tenía otro nombre. Y sus nombres, un nombre no elimina el otro; es simplemente que Él es tan extraordinario que hay que darle muchos nombres para describirlo. Y 7:14 me dice: "Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel." Dios con nosotros.
Entonces, ¿sabes qué? Él se fue y Él está tan con nosotros que ahora tenemos que llamarle "Dios en nosotros," porque ya no es afuera como Él estuvo con sus discípulos; es adentro. En buen dominicano: a entro. Dios en nosotros. ¿Imaginas eso? Dios. Eso es... ¿Quién pudo pensar? ¿Quién pudo soñar? Si yo no puedo pensar ni soñar a Dios siendo cargado como un bebé, mucho menos puedo pensar a Dios viviendo dentro de mí. Pero yo lo creo, porque la Palabra lo revela.
Recuerda que Cristo entra al mundo y le llaman Emanuel. ¿Y qué es lo que Dios quiere decirme cuando me dice que su Hijo se va a llamar Emanuel? Que Dios estará con nosotros. Esa es la entrada. Entonces, ¿qué les dijo a los discípulos cuando iba a salir? Él les dio la Gran Comisión y cerró la Gran Comisión diciendo esto: "Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo." Te lo digo al entrar y te lo digo al salir. Ese es el gran Consejero que Dios nos ha dado. Tú puedes contar conmigo, que lo digo de entrada y de salida. No seas como Acaz, que no me creyó. Entró al mundo diciendo "Dios con nosotros," Emanuel; salió de este mundo diciendo "Estaré con vosotros hasta el fin del mundo." No temáis.
Por esta razón, por todo esto que me está doblando, esa es la razón por la que los ángeles se les aparecen a los pastores ahí en medio, verdad, de la hierba y de las vacas y de las ovejas, y les dicen lo siguiente: "No temáis, porque os traigo buenas nuevas de gran gozo." ¿Tú sabías que la palabra "gozo" aparece en el Antiguo Testamento? Pero, ¿tú sabías que la palabra "gran gozo" no aparece hasta Lucas 2, en relación al nacimiento de Jesús? Porque la única manera de tener gran gozo es si Jesús hace por ti, por mí, todo lo que ha hecho, y te promete todo lo que ha prometido. Por eso los ángeles dijeron: "No temáis. Tú no sabes lo que te traigo: buenas nuevas de gran gozo."
Y todavía nosotros no sabemos lo que eso es. Cuando tú entres en el cielo y comiencen a saltar y a brincar, y alguien te pregunte que si quieres volver para acá, ahí tú vas a saber lo que gran gozo es. Tú lo vas a decir: "¿Cómo? No te entiendo, no hablo tu idioma. Nadie me va a sacar de aquí." "Pastor, pero eso no estaba ocurriendo." No, no, no, no estaba ocurriendo, pero Isaías me dijo eso.
Escucha cómo Isaías comienza. Dios es tan extraordinario que me revela las cosas. Primero me dice en el versículo 6 que "la soberanía reposará sobre sus hombros," en Isaías 9:6. La soberanía reposará sobre sus hombros. De manera que su reino es exclusivo y va a ser liderado soberanamente. O sea que en el futuro, nada de cuestionamiento, nada de rebelión, nada de morder una fruta otra vez.
Pero Isaías me dice en el versículo 7: "Ten paciencia." ¿Por qué? Esto va a ocurrir paulatinamente. ¿Y cómo Él me dice eso? Escucha, versículo 7: "El aumento de su soberanía..." El aumento. O sea que esto va a ir en aumento. "Y de la paz no tendrán fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia, desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto."
Es una soberanía que ha comenzado a ser ejercida en el corazón de aquellos que han creído, pero irá en aumento hasta la consumación de los tiempos, cuando Él venga e instaure su reino en la tierra. En cuyo caso, entonces habrá derecho y justicia. No ahora. ¿Entiendes? El aumento de su soberanía. Y será entonces un reino de derecho y justicia.
Nosotros leemos los periódicos y nos irritamos porque entendemos que no hay justicia, que no hay derecho, que me pisotean los derechos. Sí, es verdad, en todas las naciones de la tierra. Fue verdad en el reino de Babilonia, fue verdad en Jerusalén en el momento, es verdad en Jerusalén hoy en día, es verdad en todas las naciones de la tierra. Pero ese Dios con nosotros, ese Dios Poderoso, ese Consejero, ese Admirable Consejero, ese Príncipe de Paz, de la misma manera que me anunció su primera venida, me ha anunciado su segunda venida. De manera que yo puedo aguardar en esperanza y en gran gozo por su segunda venida, reflexionando en cosas como esta.
Escucha cómo el libro de Apocalipsis me lo cuenta en el capítulo 21, comenzando en el versículo 1. Este es el reino que irá en aumento y que finalmente será establecido, y entonces habrá derecho y justicia: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe." Pero no te irrites tanto porque no va a haber mar eventualmente. Pisa bien el piso donde tú estás, porque esa primera tierra no estará. "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo."
"Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres." Dios de en medio nuestro. "Y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos." Estaremos: Dios en nosotros y Dios con nosotros. "Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado."
"Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, Juan, porque estas palabras son fieles y verdaderas." No hagas como Acaz, que no me creyó. Estas palabras son fieles y verdaderas. "También me dijo: Hecho está." Esto es futuro, pero está hecho. "Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin." Juan, yo soy todo lo que está en el medio entre el principio y el fin, el Alfa y la Omega. "Al que tiene sed" —tiene sed espiritual, emocional, insatisfacciones— "yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi..." No, "mi siervo," no: "mi hijo, y él será mi hijo." Ese es el Padre Eterno que te ha adoptado.
Y escúchame, necesitas levantarte todos los días pensando: "¿Eh, será hoy? ¿Será hoy?" Porque estas son las palabras, las últimas palabras que Él escribió en la Biblia: "Y he aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados..." Makarios es la palabra en el original.
Bienaventurados, felices, contentos, bendecidos, los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad. Bienaventurados hoy cuando sus ropas han sido lavadas por la sangre del Cordero.
Mis palabras son fieles y verdaderas, lo fueron en la primera venida, lo serán en la segunda venida. Yo te prometo una nueva tierra, un nuevo cielo, un nuevo lugar de habitación. Yo te prometo que no solamente estaré en vosotros, sino que estaré entre vosotros; por eso el tabernáculo estará en medio de vosotros.
Te imaginas en aquel momento, te imaginas en aquel lugar, con aquel Consejero descrito a lo largo de la Biblia, con aquel carácter que Él ha mostrado en Su Palabra: de benevolencia, de gracia, de misericordia, de perdón, de amor por los suyos. Eso es motivo de gran gozo, eso es parte del evangelio, y eso es lo que tú y yo tenemos que celebrar hoy.
No solamente estamos celebrando hoy la primera venida; es que la primera venida es la primera evidencia de la segunda venida. Él vino la primera vez como lo prometió, Él vendrá la segunda vez como también lo prometió. De manera que a Dios la gloria, al mundo paz. Ahora nosotros podemos comenzar a disfrutar la paz del mundo en el interior, y luego eventualmente también en el exterior. Al mundo paz.