La preocupación es una cosa pequeña con una sombra grande. Como la neblina que paraliza siete cuadras de una ciudad pero que, condensada, no llena ni un vaso de agua, la ansiedad distorsiona la realidad hasta paralizarnos. Es pesimista porque anticipa lo peor, futurista porque intenta controlar lo que no conoce, y al final resulta ilógica porque arreglar las cosas en la mente nunca garantiza los resultados.
Cristo prohíbe la preocupación usando una serie de argumentos contundentes. Si Dios dio la vida —que es más que el alimento— y dio el cuerpo —que es más que la ropa—, ¿no dará también lo necesario para sostenerlos? Las aves del cielo no siembran ni almacenan en graneros, pero el Padre celestial las alimenta. Los lirios del campo no trabajan ni hilan, pero ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Si Dios cuida con tal esmero a criaturas que no llevan su imagen, ¿cuánto más cuidará de sus hijos?
La preocupación, además de ilógica, es pecaminosa porque revela poca fe, y es pagana porque imita a quienes no tienen a Dios por padre ni acceso al trono de la gracia. Cuando un hijo de Dios vive ansioso, hace lucir a su Padre como alguien descuidado y carente de recursos, empañando las virtudes de Aquel que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable. El tratamiento que Cristo ofrece es claro: buscar primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que todas las demás cosas serán añadidas.
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Mateo 6:25. A partir de ahí comienza nuestro texto en el día de hoy hasta el final del capítulo. Es un texto relativamente largo comparado con los textos anteriores que hemos venido cubriendo, pero realmente no hay otra manera de ver todo este texto que no sea panorámicamente, porque una cosa nos lleva a la otra. Y ya veremos cómo Dios nos ayuda a exponerlo.
"Por eso os digo: no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os preocupéis diciendo: '¿Qué comeremos?' o '¿qué beberemos?' o '¿con qué nos vestiremos?' Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas, y vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas serán añadidas. Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástale a cada día sus propios problemas."
Padre, aquí estamos frente a tu Palabra con un tremendo recordatorio acerca de la manera como no debemos vivir. Te pedimos la iluminación de tu Espíritu para saber cómo debemos hacer. Según el predicador, Dios, en todas sus debilidades, guíalo, sostenlo, fortalécelo. No permitas que nada ni nadie pueda interferir en lo que es la proclamación de tu verdad. Sé con el que predica y sé con los que escuchan, para que tu Palabra predicada pueda ser el trabajo para el cual tú la estás enviando hoy. Lo pedimos en tu nombre, amén.
Bueno, el texto que yo acabo de leer representa en esencia una continuación del texto de la semana anterior, donde Cristo está tratando de dar, de pasar a sus discípulos una nueva cosmovisión acerca de las cosas materiales y de las circunstancias de esta vida. Como nosotros no somos ciudadanos de este mundo, sino que somos más bien extranjeros y peregrinos, por esa razón nosotros necesitamos una nueva visión, y Cristo está tratando de levantar los ojos de sus discípulos de este mundo para ponerlos en las cosas del mundo venidero. Alguien ha dicho, creo, que las personas que más han hecho por este mundo son aquellas que han puesto su mente en el próximo mundo. Yo creo que eso es una gran verdad.
En el texto anterior a este, en el que expusimos la semana anterior, el Señor estaba tratando de ayudarnos a entender por qué no debemos acumular tesoros en esta tierra, y por qué nosotros debiéramos pensar en acumular nuestros tesoros en el reino de los cielos. Y nos decía, entre otras cosas, que cuando nosotros acumulamos las cosas en el lugar equivocado, lamentablemente nuestro corazón se va tras esos tesoros: donde ellos están, ahí estará nuestro corazón. Vimos cómo la acumulación de esos tesoros aquí en la tierra nos hace poner nuestra vista en las cosas terrenales y temporales, cómo esa forma de vivir nos pone los ojos en las cosas que hoy están y que mañana ya no están, y que nos hacen desviar la mirada hacia las cosas que no tienen ni valor ni uso eterno.
En el texto anterior, Cristo estaba ayudándonos a entender cómo el dinero compite con el señorío de Dios, el señorío de Cristo. En este texto no es tanto que el dinero compite con el señorío de Cristo, pero sí compite en mi mente con el foco de atención de mi mente y de mi vida, llevándonos a la preocupación. De manera que nuevamente Él está tratando de ayudarnos areenfocar la vida. Y el texto de hoy es un texto muy rico en implicaciones para la vida diaria, es un texto muy conocido, poco entendido, poco aplicado. Y una de las cosas que Cristo va a hacer de una manera genial es que Él va a usar una serie de argumentos, una serie de preguntas, para llevarnos a una conclusión lógica. Y eso es exactamente lo que nosotros vemos aquí. Yo creo que si hay un texto de la Palabra… bueno, hay muchos, pero en este texto el genio de Jesús como maestro sale a relucir de una manera muy clara.
Con eso yo quiero entonces que veamos algunas cosas acerca del texto. Yo voy a seguir en esencia la misma estructura de mi sermón anterior, porque estos dos textos se complementan, son una continuación el uno del otro. De manera que, en primer lugar, yo voy a ver las características de la preocupación; en segundo lugar, la prohibición de esa preocupación; en tercer lugar, las razones de la prohibición; y en cuarto lugar, la alternativa a la preocupación.
Comenzamos con el punto número uno: las características de la preocupación. La preocupación es algo muy común entre nosotros, muy perturbador —dicho sea de paso— y algo que ha estado con el hombre desde la caída de Adán. El texto nos dice tres veces "por tanto, no os preocupéis", de manera que esa frase repetida varias veces nos deja ver desde el inicio cuál es el foco de la enseñanza de Jesús en este momento. La palabra "preocupar" o "preocupación" es la palabra *merimnaō* en el griego; implica exactamente eso: estar ansioso, estar distraído, tener una mente distraída, una mente que está dirigida en diferentes direcciones. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando nosotros estamos preocupados: nosotros estamos desenfocados, la visión está distorsionada, no podemos ver con claridad ni con objetividad lo que está ocurriendo. De hecho, vemos lo que está ocurriendo de una manera agrandada.
Yo creo que una forma de nosotros verlo es pensando en esta ilustración. Tú tomas tu dedo pulgar, lo pones frente al sol y lo dejas proyectar una sombra hacia la pared o hacia el piso, y te darás cuenta cuán grande es la sombra, mucho más grande que lo que es la realidad de tu dedo. Por eso alguien decía que la preocupación es una cosa pequeña con una sombra grande. Y esto es exactamente como es. Déjame ilustrártelo una vez más, y voy a estar usando varias ilustraciones, porque como esto es una enseñanza tan central a la vida cristiana y tan cotidiana como lo es, yo quiero que quede bien claro de qué estamos hablando en esta mañana.
Ha sido calculado que si tú te encuentras con una neblina que cubra siete cuadras de una ciudad, y que la neblina sea tan densa que tenga cien pies de profundidad, te das cuenta de que prácticamente no puedes ver nada. Pero si tú reúnes todo el agua que ha producido esa neblina, así de densa y de siete cuadras de tamaño, es menos de un vaso de agua dividido en sesenta mil millones de partículas microscópicas. Un vaso de agua capaz de paralizar siete cuadras de una ciudad donde prácticamente nadie puede ver. Eso es exactamente lo que la preocupación hace: es una cosa pequeña que causa una distorsión tal de las circunstancias y de la realidad que nos paraliza, nos distorsiona, nos desvía, nos roba la paz, nos roba el gozo. Y eso es exactamente lo que Cristo está tratando de decir.
Yo creo que la preocupación es una de las armas más efectivas y más frecuentemente usadas por el enemigo. Yo quiero darte algunas de esas características, que corresponden a nuestro punto número uno acerca de la preocupación, para que tú puedas entender por qué es tan usada y por qué es tan efectiva. En primer lugar, la preocupación es pesimista: se enfoca en lo peor y anticipa lo peor, y eso disminuye nuestra racionalidad y nos lleva entonces a reaccionar de maneras muy emocionales.
Se cuenta que en una ocasión un hombre entraba a una ciudad y se encontró con la muerte. Sorprendido, le preguntó a dónde iba, y la muerte le dijo: "Yo vine a llevarme diez mil personas de esta ciudad en el día de hoy." El hombre se molestó con la muerte, y la muerte le dice: "Déjame tranquilo, que ese es mi trabajo, y la gente cuando ya su tiempo se ha terminado…" El hombre entra a la ciudad y le advierte a todos cuantos pudo acerca de las intenciones de la muerte, de manera que pudieran vivir las próximas veinticuatro horas con sumo cuidado. Las veinticuatro horas pasan, el hombre está saliendo de la ciudad y vuelve a encontrarse con la muerte. Pero ahora el hombre está más furioso y le dice a la muerte: "¿Cómo dijiste que te ibas a llevar diez mil personas, pero setenta mil personas murieron?" Y la muerte le dice: "¡Quítate de mi camino! Yo solamente maté a diez mil; el resto murió de preocupación y ansiedad." Es una ilustración, pero nos deja ver lo que la preocupación hace. La ansiedad es como una muerte lenta; es algo que es capaz de quitarle, o de quitarte, la vida, o la esencia de la vida para este mundo: el gozo de la vida. Eso es como muchos hijos de Dios viven.
La preocupación, cuando no es pesimista, es futurista, y por eso siempre trata de controlar el futuro, un futuro que la preocupación no conoce y que no controla. Y otras veces la preocupación no vive en el futuro sino en el pasado: en cosas que ya ocurrieron, que yo no puedo cambiar, pero que son las que nos perturban, a pesar de que Dios ha prometido que a sus hijos todas las cosas —incluyendo su peor pasado— cooperarán para bien. De manera que la preocupación no conoce ese versículo bíblico. Cuando la preocupación no es pesimista, ni futurista, ni vive en el pasado, es especulativa, porque se basa en meras suposiciones que muchas veces ni siquiera ocurren. Y al final, la preocupación es ilógica, porque trata de arreglar las cosas en la mente, pero yo necesito recordar que arreglar las cosas en mi mente no garantiza los resultados.
Y es de eso que Cristo está tratando de hablarnos y de prohibirnos. Por eso es que nosotros leemos: "Por eso, no os preocupéis" (versículo 25), "Por tanto, no os preocupéis" (versículo 31), "Por tanto, no os preocupéis" (versículo 34). Una y otra vez Cristo repite esto, que es la forma de enfatizar algo en la cultura hebrea. Él repite esto tres veces para que tengamos claro lo importante de este mandato.
Sugerencia no es una alternativa que a los días. Él no está diciendo de manera categórica "no os preocupéis" como una recomendación; es una prohibición. Tenemos una idea ahora de algunas de las características de la preocupación. Yo quiero que veamos ahora no solamente sus características, sino también la prohibición misma.
Versículo 25: "Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis, ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis." El comer y el vestir son necesidades básicas, son necesidades que nos preocupan, pero todavía más cuando tenemos hijos. Nosotros pudiéramos legitimar la preocupación porque pudiéramos decir: "Bueno, es que yo no estoy pidiendo lujos, no me estoy preocupando por cosas extraordinarias, simplemente por lo básico." Y Cristo dice: "No, yo te estoy diciendo que no debieras preocuparte ni siquiera por lo básico, qué vas a comer, qué vas a vestir."
Él entonces, tratando de profundizar el pensamiento y de ampliar la cosmovisión de sus discípulos, les hace una pregunta: "¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?" Él no la responde. Esta es una pregunta retórica, es una pregunta que tiene la respuesta contenida en la misma pregunta. Claro que la vida es más que el alimento, y el cuerpo es más que la vestimenta. La próxima pregunta sería: ¿Y quién te dio la vida? ¿Y quién te dio el cuerpo? ¿Tú no crees que si Dios te dio la vida, y la vida es más que el alimento, Él te dará el alimento para la vida? ¿Tú no crees que si Dios te dio el cuerpo, y el cuerpo es más que la vestimenta, Dios te dará la vestimenta para el cuerpo? Ese es el argumento que Cristo está siguiendo.
Salomón, perdón, David, su padre, estaba muy consciente de quién le había dado la vida y quién le había dado el cuerpo. Por eso le escribe en el Salmo 139: "Porque tú formaste mis entrañas, me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo cuando en secreto fui formado y entretejido en las profundidades de la tierra." David está consciente de que Dios es el dador de su vida y el dador de su cuerpo. Y si eso fue así, y lo sigue siendo hoy, es lógico concluir que Él nos dará las cosas menores.
Cristo, lo que está haciendo con ellos, es usando —más de una vez, y esta es la primera ocasión— algo que en apologética, en defensa de la fe, se llama un argumento a fortiori. ¿Bueno, qué es eso, pastor? Bueno, no vaya tan rápido, yo lo voy a explicar. El argumento a fortiori razona de esta manera: si ya ocurrió lo mayor, lo menor ocurre obligatoriamente, ha ocurrido, ocurrirá. Déjeme ilustrarlo: si alguien te dice que esa persona de nombre José está muerta, tú puedes asumir con toda facilidad que su corazón se paró. Es un argumento a fortiori; no requiere ninguna inteligencia para concluirlo. Nosotros tenemos un perfecto ejemplo en la Biblia, en Romanos 8:32: "El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" Si Él nos dio lo mayor, lo máximo, lo que Él más valoraba, aquello que representaba a su unigénito, ¿cómo se te ocurre pensar ahora que Dios no te va a dar el resto de las cosas?
Bueno, esto es lo que Cristo está haciendo con ellos en el Sermón del Monte, en esta porción. Si Él te dio la vida y te dio el cuerpo, tú debieras concluir de manera a fortiori que Él te dará el alimento y te dará la vestimenta. De tal forma que la preocupación es ilógica; no opera en el ámbito de lo racional, opera en lo irracional, y por tanto es imposible que la preocupación se ponga de acuerdo con la mente de Dios. Cristo está ayudándolos a crear una nueva cosmovisión racional de cómo ellos deben analizar su relación con Dios. Nos da una prohibición: "No os preocupéis." Nos da un argumento, que lo acabamos de ver. Y ahora Él pasa a hacer una ilustración para afianzar lo que está enseñando.
Versículo 26: "Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?" La palabra clave aquí es: mirad, observad, detente, presta atención. ¿Por qué no se observa la obra de Dios en la naturaleza? Porque parte del problema está en la falta de observación. ¿No te has percatado de que las aves no tienen graneros, no guardan en graneros, y todos los días encuentran alimento? Las que encontraron alimento ayer están siendo alimentadas hoy y serán alimentadas mañana.
Las aves no tienen la imagen de Dios impresa; tú sí. Las aves no fueron colocadas como regentes de la creación; Adán y Eva sí fueron. El Hijo de Dios no se encarnó en un ave, sino en un ser humano, y tú eres uno de los seres humanos que hoy le pertenecen a Dios. Si las madres crían y cuidan de las crías en el reino de las aves, ¿tú no piensas que el Padre celestial cuidará de sus hijos en su propio reino? Mirad, contemplad, detente a observar. No vivas tan rápido que no puedas pararte un segundo y reflexionar acerca de la obra de Dios en la naturaleza, en tu propia vida, lo que hizo ayer. Si estuvieras de otra cosa, te percatarías.
Imagínate hoy, con los ritmos de vida que nosotros llevamos. Yo hablaba con mi esposa ayer y le decía: "Creo que la noche anterior, de una manera que no voy a detallar ahora, Dios me habló. Ya no hay una voz audible, pero Él me comunicó algo." Y me decía: "¿Por qué no disminuyes tu ritmo de vida?" Bueno, yo me comprometí con él; va a ocurrir por su gracia y su apoyo. Pero necesitamos disminuirlo para nosotros poder mirar y contemplar, en este caso, el mundo de las aves.
Eso nos trae ahora un segundo argumento a fortiori, refiriéndose a las aves: "Nosotros somos de mucho más valor que ellas." Pues claro. Bueno, pues si vosotros sois de más valor que ellas, y Dios ha puesto en las aves el instinto maternal para que ellas cuiden de sus crías y puedan ser alimentadas, ¿no piensas que Dios hará lo mismo contigo? Cuando Dios dice que las aves no guardan en graneros, esto no es un llamado a la irresponsabilidad. No; ellas salen todos los días a volar a buscar su comida; ellas están actuando responsablemente, pero la encuentran. Cuando es necesario, ellas se afanan y construyen su nido, ramita a ramita, lo entretejen. Ellas son responsables con su vida. Lo que ellas no hacen es levantarse en la mañana, abrir los ojos, cantar —o lo que sea aquello que cantan—, y luego decir: "¿Y habrá comida hoy?" No; ellas salen porque ya saben que habrá comida.
¿Quién hizo eso? Voy a decir quién lo hizo. Job estaba teniendo un problema con Dios porque no podía hablar con Él, no lo podía encontrar, no podía conversar con Dios. Quería una explicación: "¿Qué es lo que me está pasando? Estoy lleno de llagas, estoy lleno de problemas, y mis amigos me están acusando de que yo estoy en pecado, y yo sé que no estoy en ningún pecado." Pero finalmente Dios se aparece, y Dios comienza a cuestionar a Job acerca de su creación, a ver cuánto Job entiende de su creación, para luego, implícitamente, dejarle dicho: "Si tú no entiendes nada del mundo físico de lo creado, tú no puedes entender nada del mundo espiritual cuando tú hablas de otro problema." En esencia, eso es lo que Dios le estaba tratando de decir. Pero escucha lo que Dios le dice a Job en 38:41: "¿Quién prepara para el cuervo su alimento, cuando sus crías claman a Dios y vagan sin comida?"
¿Tú leíste lo que yo leí en ese texto? Que las crías de los cuervos, cuando tienen hambre, cuando gritan, no es a sus madres a quienes les están gritando: ellas claman a Dios. Dios las oye. Y cómo Dios ha respondido su clamor: ha puesto en las madres cuervos un instinto maternal para que cuando esas crías griten, ellas saben volar, buscar comida y regresar con comida en sus picos, y puedan alimentar a sus crías. "De eso, mirad, observad mi mundo, mi creación. Mi creación habla del Creador. ¿Por qué no te detienes?" Para que puedas ver que si los cuervos, que no llevan la imagen de Dios impresa, son cuidados con tanto esmero por sus madres, ¿qué piensas de tu Padre? ¿Qué piensas de Aquel que te creó? ¿Qué piensas de Aquel que pensó en ti cuando tú ni siquiera existías, y en la eternidad pasada hizo una elección tuya? "¿No sois vosotros mis elegidos, de más valor que ellas?" Ese es el segundo argumento a fortiori. ¿Te das cuenta de que la preocupación no es lógica, no es racional, y no puede ponerse de acuerdo con la mente de Dios?
Cristo trata de seguir profundizando la reflexión de sus discípulos y continúa, y les hace otra pregunta. Ese texto tiene ocho preguntas, tres argumentos —yo no voy a entrar en todos los detalles—, tres conclusiones, tres provisiones. Un texto rico en contenido. Mira una de estas preguntas: "¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?" Bueno, de nuevo, esto no es un llamado a la irresponsabilidad, a decir: "Bueno, pues si no le puedo añadir una hora al curso de mi vida, ¿para qué me voy a ocupar de mi salud? Voy a manejar a la velocidad que quiera y no me voy a detener en un semáforo, porque si no le puedo agregar una hora al curso de mi vida, esto tampoco lo va a cambiar." No. El texto no dice: "¿Quién de vosotros, por responsable o irresponsable que viva, puede añadir una hora al curso de su vida?" Eso no es lo que dice el texto.
Lo que el texto me está diciendo es que la preocupación, la actividad ansiosa de mi mente, la intranquilidad de mi mente, por intensa que sea, por frecuente que sea, nunca ha sido capaz de agregarle una hora al curso de mi vida. Es imposible. Alguien comparaba la preocupación con una caminadora: la caminadora te da algo que hacer, pero no te lleva a ningún lado. Te mueves, te mueves, te mueves, te mueves, pero no vas para ningún sitio. ¿Te das cuenta? Tú no controlas tu vida. El Señor, porque está la historia, el Señor la dirige, el Señor la determina. Oh, cuánto David conocía esto.
Tú no te llevas un sentido extraordinario de confianza cuando lees los Salmos y alguna de las demás lecturas de la Biblia. Tú no te llevas un sentido de que, "wow, esta gente conocía algo que a esta generación cristiana le hace mucha falta", porque David, primero, asevera que Dios entretejió su cuerpo en las profundidades de la tierra, en el vientre de su madre. Y luego entonces asevera —escuchen— al mismo salmista, el versículo 16: "Y en tu libro escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existían ni uno solo de ellos."
De manera que cuando yo nací —no, cuando Dios formó mi embrión, que yo no había nacido todavía— en su libro Dios escribió: "5 de julio de 1958, la mamá del que hoy es pastor va a entrar en labor de parto." Y yo nací. Y en el mismo libro había una raya con otra fecha que es desconocida para mí, que es el día en que yo voy a salir de este mundo. Y mi preocupación no le va a agregar una sola hora a esa estadística que Dios ya tiene escrita en su libro.
Dios me creó con un propósito. Los propósitos de Dios son irrevocables; por tanto, yo no voy a partir de este mundo hasta que mi propósito haya terminado. Si Dios me dijera al final del culto —me dijera— "tu propósito termina hoy", yo sabría cuándo me voy a morir. Si yo no me dijera más nada, yo sé automáticamente cuándo me voy a morir: hoy, cuando se acabe ese propósito. David sirvió su propósito en su propia generación, dice el texto de Hechos 13:36, y entonces David durmió. No antes, no después.
La razón por la que tú no naciste en otra generación es porque esa otra generación no necesitaba tu propósito. La razón por la que tú estás vivo en esta es porque Dios entiende que esta generación necesita el propósito para el cual Él te creó, y hasta que tú no lo termines, tú no vas a salir. Nadie puede agregar una hora a su vida con vivir ansiosamente. Y la razón es, como ya lo dijimos, solamente el dador de vida me puede quitar la vida. Dios es quien está a cargo de mi historia, y nadie me puede quitar esa vida hasta que yo no haya concluido su propósito.
Jesús sigue con ellos y sigue preguntando —forma muy hebrea de enseñar: pregunta tras pregunta sin necesariamente dar respuestas—. El versículo 28: "¿Y por qué os preocupáis por la ropa?" En la época de Cristo, la gente se preocupaba si tenía dos batas, porque tenía que lavarla de vez en cuando y pensaba: "¿Qué me voy a poner cuando esté mojada?" Y a esa población, Cristo dice: "¿Por qué te preocupas?" Imagínate lo que Cristo nos diría hoy en día, cuando nosotros vivimos preocupados si está de moda o no la ropa, si nosotros vivimos preocupados por si es de marca, si nosotros vivimos preocupados y decimos: "¡Ah, no, eso está muy barato!" Por eso yo decía que yo creo que en ocasiones, si oyéramos al Señor y Él fuera a usar un lenguaje muy de nuestro país, diría: "¡Tú estás relajando!" Pero a la vez estás preocupado porque ahora los zapatos tienen que tener ocho pulgadas, porque ya no pueden ser sandalias. ¿Por qué? ¿Pasó de moda? Cuando ya esta gente —Cristo lo estaba diciendo— y dice: "¿Y por qué os preocupáis por la ropa? ¿No pensáis que vuestro Padre sabe lo que os hace falta?"
Y entonces, ¿cuál es la respuesta a esa pregunta? Escucha la respuesta inmediatamente después: "Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan ni hilan, simplemente florecen." Otra vez: hace un rato, Cristo les dijo "mirad"; ahora les dice "observad". En el primer lugar les dice: "Presta atención a las aves"; ahora les dice: "Presta atención a los lirios." Yo no les había prestado atención a los lirios hasta esta semana. De hecho, hasta ayer, que me entró la curiosidad por conocer acerca de los lirios, porque yo creo que si la Biblia me dice que observe cómo crecen los lirios del campo, no lo está haciendo con una mera ilustración superficial, sino que la creación de los lirios debiera decirme algo del Creador. De manera que rápidamente me puse a investigar.
Entré a buscar algo sobre los lirios: representan 110 especies diferentes —una sola flor, 110 especies—; son generalmente hierbas, y hierbas les llaman. Esta cosa hermosa, y son hierbas. Tienen tallos frondosos que forman bulbos subterráneos, los cuales utilizan para sobrevivir al invierno. El Creador, cuando pensó en los lirios, dijo: "Mira, hay lirios que van a crecer en clima frío; yo como Creador no puedo permitir que simplemente se mueran." De manera que les hizo un bulbo subterráneo para que cuando venga la primavera vuelvan a salir. Las grandes flores exhalan una fuerte fragancia, sobre todo de noche; tienen seis pétalos en una variedad de colores que abarca el blanco, amarillo, naranja, rosa y púrpura.
Entré al internet —quería ver fotos de estos lirios— y es extraordinario. La gama de colores es como interminable; su combinación es extraordinaria. Los motivos incluyen manchas, pinceladas y puntillas. La floración se da en verano. Las semillas que maduran a finales de verano muestran diferentes y a menudo complejos patrones de germinación adaptados a los climas que habitan. Las semillas tienen diferente forma de germinar como una adaptación a las regiones y a las temperaturas donde ellas habitan. El Creador tomó el cuidado de hacer que los lirios sobrevivieran a temperaturas que para ellos resultan traumáticas. ¿Tú piensas que ese Creador no tiene cuidado de las circunstancias que rodean tu vida?
Por eso Cristo dice: "Observad los lirios. Presta atención a mi creación. Yo me he revelado en mi creación para que mi creación hable del Creador, y yo quiero que tú prestes atención a lo que yo he hecho. Mi creación habla de la abundancia de mi provisión, habla de mi benevolencia, habla de mi sabiduría, habla de mi cuidado. Mirad, observad, detente." El problema es que no miramos. No observamos, no reflexionamos ni sobre la obra de Dios en su creación ni acerca de la obra de Dios en mi vida, que me ha traído hasta el día de hoy. Y eso nos llena de preocupación.
Pero, ¿qué resulta? Que cuando yo me preocupo, eso hace lucir a mi Padre como una persona descuidada, mezquina e irresponsable, que carece de recursos y que no está pendiente de mí. Imagínate el niño que va al colegio, llega a las ocho menos quince, se sienta en su pupitre de esta forma, todo preocupado. "Niño, ¿qué te pasa?" "Profe, estoy preocupado." "¿Por qué tú estás preocupado?" "No sé si mi papá y mi mamá me van a dar comida cuando yo llegue a la casa." ¿Qué usted concluiría de esos padres? Si es en Estados Unidos, se hace un reporte y hay que investigar ese hogar, porque es considerado un trauma el que un niño llegue a un colegio preocupado porque si el papá y la mamá le van a dar de comer.
Próximo día: "Mi hijo, ¿encontraste comida?" "Sí." "¿Y por qué tú estás preocupado otra vez?" "Es que ahora no sé si mi papá y mi mamá me van a dar ropa." Otra llamada, ya investigando, que hay problema en el hogar. Imagina la impresión que los hijos de Dios les damos a los incrédulos cuando vivimos preocupados. Los incrédulos pudieran decir: "Investiguen esa fe, porque aquellos que siguen a ese Dios, yo los veo tan preocupados como nosotros." A ver, ¿igual? A ver. Dios luce como una persona descuidada, pero resulta que ese es el Dios que cuando le habla a Israel —y lo podemos aplicar a nosotros como creyentes— les dice: "Tú eres la niña de mis ojos." Tú sabes con cuánto cuidado cuidas tu ojo: que no se raye, que no se contamine, que no duela. Y Dios dice: "Si tú quieres entender el esmero que yo tengo con tu cuidado, lo mejor que te puedo decir es que te cuido como tú cuidas la niña de tus ojos." Pero el incrédulo no se lleva esa impresión de nosotros ni de nuestro Dios.
Dios le da agua al lirio, le da alimentos subterráneos todos los días, hace salir el sol. Dios creó el sol solamente para dar vida —un sol monumental— de manera que ustedes puedan tener vida. Si Él creó el sol, ¿tú no crees que te dará todas las demás cosas necesarias para la vida? Este es el argumento que Cristo viene desarrollando: la hermosura de mi creación, la armonía de mi creación, debe decirte con cuánto cuidado yo me tomo lo que he creado. Cosas inanimadas que no tienen un alma, que no tendrán una vida eterna, yo las cuido con esmero. Imagínate qué hago contigo.
Mira lo que Cristo dice: "Pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos" —uno de cuáles: de los lirios—. Tú tomas un lirio, lo observas con cuidado, y Cristo dice: "Yo te desafío, yo te reto a que compares el oro, la plata, la construcción, la decoración de Salomón con lo que es mi creación. Ni siquiera se acerca." Tres mil años han pasado del reinado de Salomón, y su esplendor fue tan extraordinario que todavía nosotros tenemos que seguir hablando del esplendor del rey Salomón, y Cristo dice: "Yo los reto a cada ser humano sobre la tierra a que compare el esplendor de Salomón en su ápex, en su punto cumbre, con la diversidad de mi creación —los colores, la armonía, la variedad— a ver si siquiera se acerca."
Y Cristo dice: "¿Quién viste a los lirios? ¿No es mi Padre?" Pues claro; podemos concluir que el mismo Padre te vestirá a ti. Los cielos cuentan su gloria, las aves cantan su gloria, las flores reflejan su gloria; pero hijos preocupados no pueden hacer eso. No pueden, es imposible. Hijos preocupados disminuyen su gloria, rebajan su gloria, empañan su gloria, ocultan su gloria. Y Dios dice: "Yo quiero hijos que me reflejen."
Vimos las características de la preocupación, vimos la preocupación misma, vimos la prohibición. Hemos estado hablando de las razones —o vamos a hablar ahora, perdón— de las razones por las cuales Cristo hizo la prohibición. De acuerdo a este texto, son dos, y son pesadas: las razones de la prohibición para que nosotros vivamos preocupados.
Número uno, la preocupación es pecaminosa, porque es el reflejo de algo mucho más profundo que existe en nosotros. Pastor, ¿de dónde saca usted esa conclusión del texto? El versículo 30 dice: "Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?" Romanos 14:23 me dice que todo lo que no procede de fe es pecado. La preocupación lleva a Cristo a concluir que nosotros somos hombres de poca fe, y por tanto la preocupación es pecaminosa. Vivimos en pecado. La preocupación pone en tela de juicio su fidelidad, su sabiduría, su paternidad, su omnisciencia, su poder, todo lo que Él es.
Y Cristo está tratando de eliminar eso. Él está diciendo: "Escucha, la hierba está aquí hoy, mañana la quemamos, no sirve para nada. Yo puse mi imagen en ti, ¿tú no crees que voy a tener más cuidado contigo que con la hierba?" Ahí está el tercer argumento a fortiori que Cristo hace: "¿No hará mucho más por vosotros?" Si eso hizo por la hierba, ¿no hará mucho más por vosotros?
La preocupación es común, natural, es humana, es normal, si por normal entendemos lo que la mayoría tiene. Eso es como se determina en medicina, por lo menos la normalidad. Si quieres saber cuál es el nivel de azúcar o glucemia normal, tú examinas a mil pacientes; resulta que la mayoría tenía la glucemia, en ayunas, de 70 a 100, y eso es lo normal. Si normal significa la mayoría de nosotros, entonces la preocupación es normal. Lo que no es bíblica, ni santa, ni edificante, ni digna de imitar, ni tampoco proclama las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Dios te hizo real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, para una sola cosa: para que proclames las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. La preocupación no hace eso. La preocupación niega cada virtud del Dios que me llamó de las tinieblas a su luz admirable: niega su fidelidad, niega su soberanía, niega su control, niega su poder, niega su paternidad, niega su cuidado, niega su benevolencia, niega su gracia, niega su amor por mí. La preocupación echa por tierra todas las virtudes del Dios que me llamó de las tinieblas a su luz admirable. Pero Dios me dice que Él me hizo todo eso solamente para que yo refleje sus virtudes. Por tanto, hoy tenemos que asesinar la preocupación; está haciendo lucir extraordinariamente mal a nuestro Dios, y esa no es la función que Dios me dio.
Eso es lo que se desprende de comparar la hierba del campo con nosotros. E inmediatamente después Él concluye: "Por tanto, no os preocupéis diciendo qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos." Hasta aquí Jesús nos ha dado tres argumentos a fortiori. Déjame repasarlos contigo rápidamente a medida que vamos cerrando. El primer argumento, número uno: "¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa?" Bueno, pues Dios te dio la vida y te dio el cuerpo; si se encargó de la ropa, te dará el alimento. El argumento número dos: "¿No sois vosotros de mucho más valor que las aves?" Si Dios cuida de las aves, tú debes asumir y concluir lógicamente que Él cuidará de ti también. Y el tercero: "Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, tú debes concluir entonces que Él hará mucho más por vosotros."
Entonces dijimos que la preocupación es pecaminosa: razón número uno por la que Cristo la prohíbe. Razón número dos, no es menos pesada: la preocupación es pagana. ¿De dónde saca eso, pastor? Del mismo texto: "Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas." Los paganos, esa es la referencia cuando habla de gentiles. "Vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas. No os preocupéis, porque los paganos son los que hacen eso."
Entonces la preocupación es pagana. Claro que el pagano debe preocuparse. Si yo tengo un amigo pagano y se está preocupando, yo le voy a decir: "Tú estás haciendo lo que debes hacer, tú estás siendo muy responsable", porque el pagano no tiene a Dios por Padre, y como huérfano al fin, él debe preocuparse. No tiene una paternidad que le proteja. El pagano no tiene acceso al trono de la gracia, por tanto él no puede contar con la provisión de Dios. Y en tercer lugar, el pagano no vive bajo su amparo y por tanto no puede vivir contando con la protección de Dios. Pero ese no es el caso de los hijos de Dios, que tienen a Dios por Padre, que tienen a Dios por Proveedor, y tienen a Dios por Protector. Por eso la preocupación es pagana.
En la antigüedad los paganos vivían siempre preocupados con sus dioses. Claro, eran dioses con ojos pero no veían, con oídos pero no oían, con boca pero no hablaban; caprichosos, que nunca habían hecho absolutamente nada. Claro que debían vivir preocupados con sus dioses, y por tanto ellos vivían preocupados con toda razón, porque esos dioses que creían ni eran soberanos, ni eran dadivosos, ni estaban llenos de amor y de gracia, ni los habían redimido, ni eran realmente un buen Padre, ni un buen Pastor.
Lamentablemente, el día que nosotros nos convertimos, la conversión no siempre levanta nuestros ojos de las cosas de este mundo a las cosas del mundo venidero. Nosotros venimos cargados de pecado a la presencia de Dios —se va hablando de la conversión genuina—: "Dios, perdóname, soy un hombre pecador; en base a lo que Cristo hizo en la cruz, yo te pido perdón, te entrego mi vida, recibo la tuya, perdóname, gracias por tu gracia, gracias por tu amor", etcétera, etcétera. Nací de nuevo. Este es el trono, y así yo me voy. Y vivo la vida con la vista puesta en las cosas de aquí abajo. Por tanto, yo nunca puedo adquirir la cosmovisión de los cielos, y eso es lo que Cristo está tratando de hacer en el Sermón del Monte, y sobre todo en los últimos dos mensajes que hemos estado revisando: tratar de levantar la vista de aquí abajo y elevarla al mundo venidero, de manera que jamás volvamos a vivir conforme a los valores, a las concepciones, a las ideas de este mundo pasajero.
"Mi ojo está enfermo, y si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad; y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!" Recuerda el pasaje del domingo pasado. Ese es el problema: mi ojo estaba enfermo con las cosas de este mundo. Yo soy convertido y mi ojo sigue mirando aquí abajo; sigue enfermo con las cosas todavía de este mundo, y esas son las cosas que me llaman la atención. Esas son las cosas que queremos imitar. El enemigo nos confunde, el enemigo nos distrae y nos hace creer que son las cosas de este mundo, las imitaciones de este mundo, lo que me van a ganar la atracción, la aprobación o el uso que Dios me puede dar hacia los otros. Pero Dios dice: "Estás errado; son las cosas eternas las que tienen poder de convicción, de atracción, de transformación."
Pero muchos de los hijos de Dios no viven libres de las preocupaciones; viven más bien sofocados. Y yo sé que la preocupación puede tener múltiples factores y causas, pero en torno a lo que es la dependencia de las cosas materiales de este mundo, la preocupación tiene una solución, y la encontramos aquí mismo. Cristo no solamente describe la enfermedad; Él describe el tratamiento: "Buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Baste a cada día su propio afán."
Entonces, el tratamiento. Bueno, pastor, ¿y cómo hago eso? ¿Qué significa buscar el reino de Dios primero y su justicia? ¿Se quieres saber? Venga el próximo domingo. Ya no te puedo decir en cinco minutos lo que eso significa, ni en diez, ni en quince. De manera que el próximo domingo vamos a hablar del tratamiento, o de la cura, de la preocupación: la búsqueda del reino de Dios primero y su justicia.
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