Integridad y Sabiduria
Sermones

Una nueva visión para una nueva misión (parte 2)

Miguel Núñez 15 abril, 2018

Jesús es señor de todos, y ese señorío tiene implicaciones profundas para cada área de la vida. El versículo central de Hechos 10 declara que Dios envió un mensaje de paz por medio de Jesucristo, quien es señor de todos. Este señorío significa que el Padre ha delegado en el Hijo todos los derechos de propiedad sobre la creación, todos los derechos de gobierno, autoridad ilimitada sobre ángeles, potestades y hombres, y autoridad para juzgar a vivos y muertos. Cada desobediencia, entonces, representa un desafío abierto a esa autoridad absoluta. Los pecados que persisten en la vida —celos, envidia, orgullo, lujuria, enemistades— pertenecen a áreas del corazón que permanecen en rebelión contra el señorío de Cristo.

Pedro desempaca el evangelio completo ante Cornelio y su casa: la vida de Cristo fue necesaria para cumplir toda la ley que nosotros no pudimos cumplir, y esa obediencia ahora puede ser cargada a nuestra cuenta. La muerte en la cruz pagó por nuestros pecados; Cristo terminó donde nosotros debíamos terminar, y nosotros terminamos donde él comenzó: en gloria. La resurrección fue el amén del Padre al sacrificio del Hijo, confirmando que Jesús es quien dijo ser. Sin resurrección, el evangelio no sería buenas nuevas.

Cornelio era piadoso y temeroso de Dios, pero al postrarse ante Pedro reveló que aún no conocía a Jesús como señor. Ese día, mientras Pedro aún hablaba, el Espíritu Santo cayó sobre todos los gentiles presentes. Lo que ocurrió en aquella casa abrió la puerta para que el mundo entero pudiera recibir el evangelio. Todo el que cree en Cristo —en su vida, muerte y resurrección— recibe perdón de pecados.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Bienvenidos, amados, para mirar en su Palabra!

"Una nueva visión para una nueva misión" fue el título del mensaje del domingo pasado, y es el mismo título este domingo, excepto que es la parte dos. Porque, como recordarán, nos quedamos a mitad del camino, a mitad de la historia. Lucas, quien escribió el libro de los Hechos, dedicó dos capítulos enteros a hablar de la visión de Cornelio y la visión de Pedro, de manera que esto debió haber sido una visión extraordinaria, y en efecto lo fue, porque dichas visiones llevaron probablemente al momento más decisivo narrado en el libro de los Hechos. Porque lo que ocurrió en aquella ocasión abrió la puerta para que el mundo entero, con la excepción de Israel, pudiera ser expuesto al evangelio.

Yo me imagino que todo lo que tú has vivido, todo lo que tú has podido leer y escuchar acerca de lo que está ocurriendo en el mundo, está directamente relacionado a este hecho de ese día. Yo creo que por eso es que Lucas, inspirado por el Espíritu de Dios, le ha dedicado tanta tinta a describir estas cosas aquí mencionadas.

Para aquellos que no estuvieron, o aquellos que olvidaron alguna de las cosas mencionadas y que pudieran conectar mejor con la historia que continúa hoy: hablamos de un hombre piadoso de nombre Cornelio que vivía en Cesarea, un centurión romano, un hombre también calificado como alguien que era temeroso de Dios, y por tanto parece ser que tenía respeto o reverencia por el Dios de los hebreos. Recibió una visitación de un ángel, de un hombre resplandeciente, que le dio ciertas instrucciones y le habló de que había un tal hombre llamado Pedro en una ciudad cercana de nombre Jope, y que él debía mandar a buscar a este hombre porque él tenía palabras que necesitaba escuchar.

Cornelio, temeroso de Dios, envió inmediatamente a dos de sus criados y a uno de sus soldados, calificado también de piadoso, y eso nos habla un poco de qué tipo de casa y de hogar era esta. Los envió a que fueran a buscar a ese hombre, y ellos llegaron al otro día. Pedro, a la vez, mientras ellos iban de camino —los tres enviados de Cornelio— tiene en ese ínterin otra visión, donde él ve un lienzo que descendía desde los cielos tomado por las cuatro puntas, y ahí había aves, reptiles y cuadrúpedos, animales considerados impuros e indignos hasta ese momento.

Pedro oyó una voz del cielo —no vio un ángel, sino que escuchó una voz— que le dice: "Mata y come." Y Pedro, en su típica forma de responder, dice: "No, Señor, yo nunca he comido nada impuro." Y dijimos cómo eso representa una contradicción, porque tú le puedes decir "no" y le puedes decir "Señor", pero no le puedes decir "No, Señor." No lo puedes decir.

La segunda vez que Pedro escuchó esto es como esto es lo que Pedro escucha: "No, ya me estuve impuro lo que ya Dios ha limpiar." Pedro tuvo que escuchar eso tres veces para ser convencido. Entonces terminó la visión y comenzó a meditar en el significado, porque en realidad no estaba seguro de qué significaba: ¿alimentos impuros que yo ahora debo comer? Y mientras meditaba, llegaron estos tres enviados de Cornelio.

Le dijeron a Pedro, que estaba en un segundo piso, y el Señor le habló otra vez y le dijo: "Desciende, yo soy quien los envió, pero soy yo quien te estoy enviando realmente. Desciende, habla con ellos." Ya era tarde ese día, entonces Pedro los invita a que se queden con él, lo cual ya representaba un comienzo del cambio en la mente de Pedro, porque un judío sin un gentil jamás hubiese sido hospedado en una misma casa. Entonces ellos pasan la noche ahí, y al día siguiente comienzan el proyecto de regreso a Cesarea, de donde ellos habían venido, y se fueron con Pedro y seis personas más, que no están descritas en el capítulo 10 pero sí están descritas en el capítulo 11. De manera que eran diez: seis más Pedro, siete, más los tres enviados de Cornelio, diez personas que se regresaron.

Ahora nosotros vamos a conectar con el versículo 24. "Al otro día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y amigos íntimos." Y sucedió que cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió a recibirlo, y postrándose a sus pies lo adoró. Algo que habla de la necesidad de Cornelio de su salvación. Más Pedro lo levantó diciendo: "Ponte de pie, yo también soy hombre." Y conversando con él, entró y halló mucha gente reunida. Les dijo: "Varones, sabéis que es ilícito para un judío asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que ningún hombre se debe llamar impuro o inmundo. Por eso yo, cuando fui llamado, vine sin poner ninguna objeción. Pregunto, pues: ¿por qué causa me habéis enviado a llamar?"

¿Te imaginas eso? Pedro está en Cesarea, en la casa de un gentil, a treinta millas, o cuarenta y ocho kilómetros de distancia, sin tener idea de por qué había sido llamado. Y entonces se puede preguntar: "¿Por qué causa me habéis enviado a llamar?" Y Cornelio dijo: "A esta misma hora, hace cuatro días, estaba orando en mi casa a la hora novena, y he aquí un hombre con vestiduras resplandecientes se puso delante de mí y dijo: 'Cornelio, tu oración ha sido oída y tus obras de caridad han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jope y llama a Simón, que también se llama Pedro. Él está hospedado en casa de Simón el curtidor, junto al mar.' Por tanto, envié por ti al instante, y has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí presentes delante de Dios para oír todo lo que el Señor te ha mandado."

Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: "Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo le es acepto. El mensaje que Él envió a los hijos de Israel, predicando la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos, vosotros mismos sabéis lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó. Pues vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él."

"Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Y también le dieron muerte colgándole en una cruz. A este, Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a todos nosotros que comimos y bebimos con Él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó a predicar al pueblo y a testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. De este dan testimonio todos los profetas: que por su nombre todo el que cree en Él recibe el perdón de pecados."

Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, es decir, los judíos que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo: "¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?" Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellos unos días.

Quisiera comenzar este mensaje haciendo mención de cuál es el centro de gravedad de esta lectura. La lectura que yo acabo de hacer es larga y tiene muchas verdades que uno pudiera usar para irse en una dirección u otra al exponer el texto, pero todo texto tiene un centro de gravedad, tiene un eje sobre el cual gira toda la historia. Y el centro de gravedad de este mensaje está en el versículo 36, hablando de Cristo: "El mensaje que Dios el Padre envió a los hijos de Israel, predicando la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos."

Como les mencioné, aquí hay múltiples ideas en esta narración; sin embargo, la clave o el centro de todo lo que se dice tiene que ver con esto: que Dios el Padre envió a su Hijo con un mensaje, un mensaje que, como dice el versículo que acabo de leer, es un mensaje de paz, y que ese mensaje vino a través de Jesús, que es Señor de todo. La razón por la que Pedro está delante de Cornelio es para que Cornelio pueda escuchar ese mensaje que Dios había enviado a los hombres por medio de Cristo. La razón por la que Cornelio, tan pronto ve a Pedro, se tira de rodillas a adorarle, es porque él no conoce a ese Jesús que es Señor de todos.

Pueden ir viendo, entonces, que ciertamente este versículo 36 es el eje de la historia, porque Cornelio tiene que llegar a conocer el mensaje que termina la enemistad del hombre con Dios, y ese es el mensaje de paz del que se habla en los versículos 36. Y Cornelio tiene que llegar a conocer a Jesucristo como Señor, para que jamás se arrodille delante de ninguna otra cosa que no sea Jesús mismo. Si Jesús es Señor de todos, como se menciona en ese versículo 36, eso le da autoridad a Jesús para llamar tanto a judíos como a gentiles por medio del Evangelio. Pero ese señorío de Jesús al mismo tiempo le da autoridad para juzgar a todos, tanto a judíos como a gentiles, como se menciona en el texto que leí, cuando habla de que Él es el Juez delante del cual todos estaremos.

Cornelio recibió una visitación muy especial de parte de Dios, porque quedó tan convencido de la necesidad de este mensaje que cuando Pedro llega, no solamente se encuentra con Cornelio solo. No solamente se encuentra con Cornelio y su familia inmediata; dice que Cornelio estaba con sus familiares y sus amigos íntimos, de manera que había un buen número de personas. No nos dicen cuántos, pero Pedro queda un poco sorprendido del número de personas que le estaban esperando. Y ese es el Cornelio que se postra ante Pedro, y ese es el Pedro que le dice: "No, levántate, yo soy simplemente un hombre como tú." Aquí está el apóstol, aquel que caminó con Cristo, que comió y bebió con Cristo, que caminó sobre las aguas, diciéndole a este hombre que le está dando una reverencia que él no merece: "Levántate, yo soy igual que tú." Me imagino eso pasando en el contexto del movimiento apostólico y cuántos recibirían lo que Cornelio le estaba ofreciendo con agrado.

Ahora bien, Cornelio ha sido descrito como un hombre piadoso, temeroso de Dios, y ciertamente Dios vio con agrado sus obras. Pero yo creo que queda más o menos claro en la misma narración, no solamente que Cornelio necesitaba salvación, sino que Cornelio, a pesar de ser piadoso, estaba atrapado en una idolatría que le impedía poder haber recibido salvación anteriormente. Porque de haber recibido salvación en Cristo Jesús antes, ya no se hubiera postrado ante Pedro. De manera que no quiero que se confundan en el relato pensando que cuando el texto dice que el Señor vio con agrado las obras de caridad de Cornelio, eso ya es simbólico o sinónimo de salvación. No, no, no, para nada.

Entonces Pedro llega y comienza a explicar. Dice: "Hermanos, ustedes saben lo extraño que es que yo esté aquí, porque a nosotros no nos es lícito juntarnos con gentiles ni aún visitarlos. Aquí yo estoy, pero estoy aquí porque Dios me ha convencido de que ya yo no puedo seguir llamando impuro aquello que Él limpia." El versículo 29 nos revela algo de esto. Escucha: "Por eso, cuando fui llamado, vine sin poner ninguna objeción." Él fue convencido, y fue tan convencido de que Dios estaba detrás de todo esto, que cuando llega no sabe por qué está ahí.

Imagínate: no solamente que Pedro venció la costumbre judía de no juntarse con gentiles, sino que lo hizo en un contexto donde él ni siquiera sabía por qué iba a donde iba. Y por eso pregunta en el versículo 29: "¿Por qué causa me habéis enviado a llamar?" Humanamente hablando, yo no creo que yo hubiera seguido si no me dicen algo primero. O sea, explícame qué es lo que Cornelio quiere. Pero obviamente la revelación de Dios conquistó la duda de Pedro, y ante la pregunta de por qué me llamaron, Cornelio comienza a explicar su visión.

Esta es la tercera vez que esto es narrado, por así decirlo, uno con más detalle que otro. La primera vez, cuando él recibe la visión; la segunda vez, cuando le explica a sus enviados que vayan a buscar a Pedro; y la tercera vez es ahora. Le dice: "A la hora novena, más o menos a las tres de la tarde, hace cuatro días, yo recibí una visión, una visitación, y esto fue lo que vi, esto fue lo que me dijo, que necesitaba mandar a buscarte. No estaba mandado a buscarte por gusto; yo necesitaba escuchar algo que tú tienes que decir."

Cornelio explica, Pedro explica. Ambos necesitaban escucharse mutuamente, pero ahora Pedro está escuchando la explicación de Cornelio. Yo creo que hay una aplicación para nosotros: nosotros necesitamos escucharnos mutuamente, porque muchas veces la falta de entender tu dilema, tu dolor, tus problemas, tu incapacidad, o cualquier otra cosa, o quizás la falta de mi entendimiento de lo que Dios está haciendo en tu vida, quizás de una forma que a mí no me parece como de Dios, quizás esa falta de entendimiento es porque no nos hemos detenido a escucharnos mutuamente. Se requiere de paciencia para escuchar y al mismo tiempo se requiere de humildad para entender lo que el otro está tratando de comunicar.

Y aquí está Pedro: "Explícame, Cornelio, qué es lo que está ocurriendo." Y entonces el texto dice: "Todos nosotros estamos aquí presentes delante de ti para oír todo lo que el Señor te ha mandado." Ahora Cornelio es el que dice: "Ok, ya yo hablé, ya yo expliqué, ya tú me escuchaste, y gracias por escucharme. Ahora nosotros nos vamos a quedar callados y tú ahora vas a hablar." El entendimiento de Pedro se sigue abriendo. Escucha lo que Pedro dice.

Recuerda que cuando estos hombres llegaron, Pedro todavía estaba meditando en cuál era el significado. Y Pedro dice: "Ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas." Ahora es que estoy entendiendo la visión. Yo creía que tenía que ver con alimentos, animales y cuadrúpedos, que Dios estaba cambiando nuestra dieta. Pero ahora me voy dando cuenta de que no, no tiene nada que ver con eso. Es verdad que ya los alimentos no serán puros o impuros, pero realmente el significado detrás es algo más, y es que Dios ha extendido el plan de salvación más allá de las fronteras judías.

Pero para que Pedro entendiera eso, Cornelio tuvo que tener una visión, se requirió de una visión de parte de Cornelio, una visión de parte de Pedro, y una explicación de Cornelio a Pedro acerca de qué era lo que había pasado. Y entonces esas dos visiones y la explicación permiten que Pedro pueda armar el rompecabezas y dice: "Ok, ahora yo entiendo que Dios no hace acepción de personas. Aquí estamos. Habla. Él nos mandó a buscarte y hemos venido gustosos. Comienza a hablar."

Y Pedro, en un mensaje que yo me imagino que Lucas resumió, le habla de seis verdades vitales de la fe cristiana, todas en torno al personaje Jesús. De acuerdo a lo que te dije, el centro de gravedad del texto es el versículo 36, que habla de un mensaje de paz y que habla de Jesús como Señor de todos. Y Pedro, en un mensaje corto, le habla. Escucha todo lo que Pedro desempaca en pocas palabras: el señorío de Cristo, el mensaje del Evangelio que termina la enemistad entre el hombre y Dios, la vida de Cristo, la muerte de Cristo, la resurrección de Cristo, Cristo como juez de los vivos y de los muertos. Me encantaría poder predicarles, a manera de cinco minutos, todo eso.

Lo primero que Pedro establece es el señorío de Cristo, el Señor de todos. En otras palabras, cuando nosotros hablamos del señorío de Cristo, no sé qué viene a tu mente, pero déjame decirte algunas cosas, algunas verdades teológicas detrás de eso, para que tú y yo podamos entender en términos prácticos lo que implica toda su obediencia. El señorío de Cristo implica que Dios Padre ha delegado en el Hijo, número uno, todos los derechos de propiedad sobre la creación; Él tiene el título. Número dos, Él tiene todos los derechos de gobierno de la creación entera, material y no material. Por tanto, como poseedor de la creación, Él tiene autoridad ilimitada sobre ángeles, potestades, dominios, poderes, los caídos y los no caídos, y sobre todos los hombres.

Y con esa autoridad que Él tiene, con ese título de propiedad, con los derechos de gobierno y con esa autoridad ilimitada, Él tiene autoridad igualmente ilimitada para juzgar a los vivos y a los muertos. Entonces, ¿qué implica eso, pastor, en cuanto a mi obediencia? Que cada vez que tú y yo desobedecemos, eso representa un desafío a la autoridad ilimitada de aquel que no solamente murió por ti para comprar tu libertad, sino que representa un desafío a la autoridad completa que Él tiene para juzgar mi desobediencia. Tenemos que traer el señorío de Cristo aquí a la tierra, a mi vida diaria.

Porque justamente Cornelio tenía un temor general de Dios, pero él no vivía bajo el señorío. Él no aceptaba el señorío de Cristo. Él estaba bajo el señorío, pero no lo aceptaba. Por eso quería adorar a Pedro. Pero tú y yo, ahora que se supone que aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, en buen dominicano, no nos luce desafiar su autoridad. Los pecados que persisten en tu vida, y cuando han persistido en la mía de manera recurrente sin poder ser controlados, pertenecen a un área de tu vida que se ha rebelado o permanece en rebelión contra el señorío de Cristo.

Doctor, ¿cómo dijo eso otra vez? Los pecados que permanecen en tu vida, que van desde celos, envidias, orgullo, lujuria, enemistad con otros, formas de hablar, todo eso representa, o está localizado en, un área de tu ser que es rebelde en contra de la autoridad absoluta e ilimitada de Cristo. Y eso no es poca cosa. La razón por la que Cornelio se arrodilló delante de Pedro, que yo ya mencioné, es justamente lo que es el señorío de Cristo. La desobediencia del cristiano es un desafío abierto a su autoridad.

Como ya he mencionado, ¿tú sabes por qué es necesaria la gran comisión, la evangelización del mundo? Es necesaria porque hay billones de personas en rebeldía en contra del señorío absoluto e ilimitado del Señor Jesús, cuyas vidas peligran eternamente por tal desafío. Esa es la razón de la gran comisión. Las guerras y las bombas, la gente que está sufriendo dichas calamidades, todo eso está en rebelión en contra del señorío de Cristo. Donde Cristo reina, no hay nada de estas cosas. Por eso el mundo entero todavía está bajo estos gemidos de dolor, hasta que todo llegue a su consumación, y el único mensaje que puede terminar dichos dolores y sufrimiento es el mensaje del Evangelio.

Y ese es el mensaje de Cristo. Va a llegar un momento en que Él someterá a todos sus enemigos, y eso implica a todos los que se oponen o lo han desafiado. Y en ese momento, al final de los tiempos, Él someterá todo lo que ha sometido, lo someterá todo al Padre, y Él mismo se someterá al Padre, de acuerdo a 1 Corintios 15:28. De manera que Jesús es el sometedor de una creación en rebelión. Esta es la razón por la que Pedro prácticamente comienza su mensaje estableciendo a Jesús como Señor de todos.

Hermanos, si Jesús no es Señor, Jesús no es Dios. De manera que mi desobediencia, en cierta manera, sí desafía su autoridad, desafía su señorío. Pero cuando desafía su señorío, mi desobediencia está diciendo, de hecho, que Él no es Dios, que realmente no tiene autoridad sobre esta área. Pero si Jesús es Señor, como en efecto lo es, tú y yo no tenemos ninguna razón bajo el cielo para resistir su voluntad.

En segundo lugar, Pedro les habla, en el mismo versículo 36, todavía sin haber salido de ahí, de que el mensaje que Dios Padre envió a los hijos de Israel era predicando paz por medio de Jesucristo. Dios Padre envió un embajador a la tierra. Ese embajador es Jesús, y el mensaje que envió en su primera venida no era de guerra, no era de juicio. Cristo dijo: "Yo no he venido a condenar al mundo." No, el mundo lo condenaron hace cientos, miles de años atrás. En Génesis tres: "Maldita sea la tierra por causa tuya." Yo vine a salvar el mundo. En su segunda venida Él viene a juzgar al mundo; ese es otro mensaje. Pero el mensaje que trajo en la primera venida, su mensaje de paz, vino predicando paz, a reconciliar al hombre con Dios.

Y luego de decir eso, dice que ese Jesús que trajo el mensaje es Señor de todos. Por eso quise comenzar con el señorío, porque es el señorío de Cristo el que le da la autoridad para traer ese mensaje. La Palabra de Dios establece, hemos hablado de esto en otras ocasiones, en Romanos 5 y otros pasajes, que el hombre que no ha aceptado a Cristo como Señor y Salvador es enemigo de Dios. No es que Dios es enemigo de él; no, es al revés. Dios se está tratando de alcanzar al hombre, está buscando al hombre; el hombre es enemigo de Él. Por eso muchas veces al hombre no le gusta, no quiere, le irrita que le hablen de Cristo, porque ni a ti ni a mí nos gustaría que nos hablen de un enemigo.

Y entonces ese Dios que envía un mensaje de paz por medio de Cristo, este es un mensaje que al mismo tiempo llama al hombre a arrepentirse de sus pecados para que Dios le pueda otorgar perdón y terminar con la enemistad. Y esa enemistad terminada requiere de un mensaje y un mensajero. El mensaje es el Evangelio. Cristo es el puente entre Dios y el hombre.

Job, con muy poco entendimiento de toda la revelación de Dios que nosotros tenemos hoy, pero quizás con mayor sensibilidad a las cosas de Dios, Job, en los tiempos de Abraham, probablemente existió. Eso es lo que se cree, que Job perteneció a la época de los patriarcas, en el libro del Génesis, aunque su libro aparece más adelante, colocado entre otros libros de sabiduría simplemente. Pero Job dice: "¡Ay, si hubiera alguien que pudiera mediar entre yo y Dios!" Sí, Job, hay alguien que puede mediar entre tú y Dios: Cristo Jesús, Señor nuestro. Él es el puente. Él es el árbitro. Eso es lo que pedía Job, literalmente: un árbitro, alguien que pueda arbitrar entre yo y Dios. "Yo no puedo. ¿Quién soy yo para ponerme delante de Dios? Pero si hubiera alguien..." Si Job conociera lo que tú y yo conocemos, hubiera estado tan contento de tener un árbitro entre nosotros y Dios.

Así que Pedro le habla del mensaje de paz, le habla del señorío de Cristo, y hablamos, número tres, de la vida de Cristo. Lo que Pedro va a hacer ahora es desempacar el Evangelio. Y si no tienes claro lo que el Evangelio es, este es el Evangelio. Se desempacaba la vida de Cristo: "Vosotros mismos sabéis…"

a este Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara no a todo el pueblo sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios. Eso fue un privilegio haber sido escogido para ver al Cristo resucitado, es un privilegio. Pero lo que Dios dice es que es mayor privilegio aquellos que han creído sin haber visto. ¿Te imaginas eso? Fue un privilegio ayudar a los que no tuvieron para ver a Cristo resucitado, y Dios dice: "Bueno, pero si tú has creído sin haber visto, tú eres un gran bienaventurado." Entonces está hablando ahora de la resurrección, y quiénes son esos, es decir, nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos. En otras palabras, no fue un fantasma ni un espíritu ambulante. No, él comió, vivió con nosotros, fue un ser humano otra vez.

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Comenzamos. No hemos terminado. Cuando yo termine, es decir, el evangelio completo, vosotros mismos sabéis. Versículo 37, pero no, recuerda que estamos en el 36 todavía. "A qué lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó." Vosotros sabéis. En otras palabras, Pedro entiende que esta noticia se regó, se dispersó por toda la región. Y vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Eran gentiles, pero saben que esto se había esparcido tanto. Ustedes saben cómo lo ungió con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo.

Pedro responsabiliza a Satanás de todo el mal en medio del cual se encuentra el planeta. Y así es, porque él comenzó el problema. Él comenzó la trifulca en el jardín del Edén y sigue incitando el mal. Primera de Juan dice que él vino para destruir las obras del diablo. ¿Quiere saber por qué estamos donde estamos? Él es el responsable. O sea, ¿que yo no soy responsable de mi pecado? No, no, no, no. Tampoco así, no vayan tan rápido. Él incita a pecar, pero tú eres responsable cuando pecas.

Sí. También dice que todo esto ocurrió. Él fue ungido por el Espíritu Santo con poder, haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. "Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén." Pedro comienza con el bautismo de Juan el Bautista, habla de que Dios lo ungió. Eso fue en el Jordán. ¿Tú puedes creer que todos los evangelios comienzan con el bautismo de Juan? No en el primer versículo, pero en el versículo uno, perdón, el capítulo uno. Marcos habla del bautismo de Jesús en el capítulo uno. Juan habla del bautismo de Jesús en los primeros capítulos. Lucas y Marcos hablan en los primeros capítulos del bautismo de Jesús, porque fue una parte de la introducción, el bautismo de Jesús.

¿Por qué? Porque quedó claro en el Jordán que Cristo era nuestro representante, y que como nuestro representante, él no iba a vivir su vida en el poder de la segunda persona de la Trinidad, sino que él había venido a representar al hombre, iba a vivir como hombre, endosado por el poder del Espíritu. Por eso los evangelios se enfocan en esto. Y ahí es donde Pedro comienza. Y si ustedes saben que él fue ungido, este es su Jesús de Nazaret, ungido con el Espíritu Santo y con poder. De manera que ahora Cristo —perdón— Pedro atribuye todo el bien que Cristo hizo a la unción del Espíritu de Dios sobre él. Está hablando de su vida. Estuvo haciendo el bien. La vida de Jesús es vital para tu salvación.

No es solamente la muerte de Jesús. No es solamente la resurrección de Jesús. Jesús no pudo haber venido el Jueves Santo, como se le llama hoy, morir el viernes y darte salvación. No ocurre así. Él vino en primer lugar a cumplir con toda la ley. Al octavo día estaba siendo circuncidado, y eso era parte de la ley. La ley había sido quebrantada, nadie la había cumplido a cabalidad. No puedes entrar al reino de los cielos si tú no cumples la ley de principio a fin. Y como tú y yo, ni nadie más, ha podido cumplirla, alguien tendría que cumplirla.

Para que ese cumplimiento, esa obediencia —lo que ha sido llamada la obediencia activa de Jesús, cuando él activamente se sometió al Padre—, para que esa obediencia, ese cumplimiento de la ley por completo, pudiera ser cargado a mi cuenta y yo poder entrar al reino de los cielos. De manera simbólica hablando ahora: hay alguien que hizo un depósito en mi cuenta, la obediencia de Cristo a mi favor. Yo no pude cumplir la ley. La obediencia de Cristo es vista como mi obediencia.

Escucha ahora, para que puedas entender lo serio de tu desobediencia y la mía. Mi desobediencia fue vista como la desobediencia de Cristo. Mira cómo es: la obediencia de Cristo es vista como mi obediencia, por eso yo puedo terminar en gloria. La desobediencia mía es vista como la desobediencia de Cristo, y por eso termina en la cruz, clavado. En otras palabras, Cristo termina donde yo debía haber terminado, y yo termino donde Cristo comenzó, en gloria. ¿Entendiste? Entiende hasta dónde llegó el amor de Dios por nosotros.

Y entiende hasta dónde yo debo honrar lo que Cristo hizo en la cruz, tratando de vivir una vida de obediencia. Por eso nuestra desobediencia no solamente representa un desafío a la autoridad de Cristo, al señorío de Cristo; es un irrespeto, una irreverencia y una ingratitud por lo que Cristo ya ha hecho. "Doctor, pero eso me hace sentir como pesado." Debiera hacerte sentir pesado, y a mí también, porque es eso lo que me va a llevar a someter mi voluntad cada vez mejor. No por un esfuerzo de la carne, no por una fuerza de la voluntad, sino impulsado por la gracia de Dios.

Si solo Pedro hubiese hablado de la vida de Cristo, te quedas en tu pecado y vas a la condenación. El Evangelio es completamente incompleto sin el resto de la historia. Pedro entonces pasa al versículo 39, de la cruz y la crucifixión de Cristo. Todavía estamos, Pedro está todavía desempacando el Evangelio. "Y también le dieron muerte, colgándole en una cruz." Cristo murió en una cruz. Voy a decir algo que te va a parecer una herejía, pero espera la explicación. Si no lo entiendes: Cristo termina en la cruz porque merecía morir en la cruz.

¿Cómo que merecía morir en la cruz? ¿Ya no era Dios? ¿No era sin pecado? Sí, pero cuando él decidió tomar mi lugar, él mereció lo que yo merecía. Y yo termino en gloria porque yo merezco no lo que yo me gané, sino lo que Cristo me regaló. Y lo merezco en él, no en mí. En Cristo. Múltiples veces me recuerda: en Cristo. Yo no lo merezco, pero como Cristo lo mereció, el canje se da de esa manera. También él termina colgado, crucificado, azotado. Yo termino libre. Él termina en la cruz para eventualmente subir, y yo termino en gloria.

¿Te imaginas eso? Yo muero y paso a la presencia de Dios. Cristo muere en una cruz, resucita tres días después. Por eso el versículo 39 también dice: "Y le dieron muerte, colgándole en una cruz." Tomó mi lugar cuando vivió la vida de obediencia. Tomó mi lugar cuando fue crucificado en un madero. Cuando Cristo obedeció al Padre, el Padre contó esa obediencia a mi favor. Por eso entramos en los cielos. De manera que Cristo ya sufrió por mis pecados, y yo no tengo que sufrir por los míos.

Hay una sola razón por la que la gente va a la condenación o al infierno, una sola: que el perdón de sus pecados en Cristo, en la cruz, no fue recibido. No hay otra razón. Tan pronto estos pecados son perdonados a través de la sangre de Cristo, yo termino en la presencia de Dios. Cada vez que yo pido perdón al Padre por mis pecados, yo no soy perdonado por lo bueno de mi arrepentimiento y lo profundo de mis lágrimas. No, no, no. Está bien que yo haga y sienta ese dolor. Yo soy perdonado por una sola razón: porque hay alguien que fue a la cruz y pagó por los pecados por los cuales estoy pidiendo perdón. No hay otra razón por la que me perdona. Y ese es mi Señor.

Y lo mismo pudiéramos decir cada vez que tú oras. Me imagino que muchos de nosotros, quizá todos nosotros, hemos tenido la experiencia de pedir algo a Dios y que Dios nos lo haya concedido. ¿Cierto? Hay una sola razón por la que tu oración ha sido respondida. Nosotros a veces pensamos: "Tengo un mes portándome bien, seis meses portándome bien; anoche le pedí a Dios esto. Mira, claro que me lo dio, mi obediencia del último semestre me la ganó." No. Eso es una herejía. Tú eres escuchado y tu oración respondida por una sola razón: por los méritos de Cristo a tu favor. Por eso tú eres escuchado. Él te ganó la audiencia, él te ganó la respuesta, la recompensa a tu oración.

Imagina cuán dependientes somos de Cristo y de todo lo que hizo. ¿Por qué tú piensas que Cristo dice "oren en mi nombre"? ¿Por qué crees que dice eso? Porque en tu nombre no te van a abrir. En tu obediencia, nadie va a prestar atención. Pero cuando tú oras en mi nombre, tú le estás diciendo al Padre: "Padre, yo soy un atrevido, pero yo me voy a atrever otra vez, porque tu Hijo dice que yo debiera acercarme con confianza. Entonces yo soy un confianzudo, pero soy un confianzudo pecador que sabe que Cristo pagó por mis pecados y me garantizó audiencia permanente contigo." Y el Padre dice: cuando tú inclinas tus rodillas, yo inclino mi oído. ¡Imagina eso! Es extraordinario. Tú dices: "Vamos a orar", y dice: "Ok, vamos a escucharte", por los méritos de nuestro Señor Jesucristo.

Ahí está con él, y escuchando esto debía impactarle de manera extraordinaria. Y él está escuchando una presentación completa pero resumida del Evangelio. Pero no me ha acabado, porque con él yo solamente he oído de la vida y de la cruz de Cristo, y Pedro se quedó incompleto, porque el Evangelio requiere más que eso.

Escucha ahora los versículos 40 y 41: "A este, Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios." Eso fue un privilegio, haber sido escogido para ver al Cristo resucitado es un privilegio. Pero lo que Dios dice es que es mayor privilegio el de aquellos que han creído sin haber visto. ¿Te imaginas eso? Fue un privilegio ayudar a los que no tuvieron oportunidad de ver a Cristo resucitado, y Dios dice: "Bueno, pero si tú has creído sin haber visto, tú eres un gran bienaventurado." Entonces está hablando ahora de la resurrección, y quiénes son esos, es decir, nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos. En otras palabras, no fue un fantasma ni un espíritu ambulante. No, él comió, vivió con nosotros, fue un ser humano otra vez.

De manera que la resurrección de Cristo es vital. De hecho, es tan vital que Pablo le dice a los corintios, en su primera carta, en el capítulo 15: "Si Cristo no resucitó, vosotros estáis todavía en vuestros pecados, y nosotros somos de todos los hombres en el planeta los más dignos de lástima, porque para este mundo solamente hemos vivido." Y es más, nosotros somos falsos. ¿Pero por qué, Pablo? Porque si Cristo se queda en la tumba y no resucita, está implícado que el sacrificio que él ofreció por nuestros pecados fue encontrado insuficiente ante el Padre, y…

Por tanto, no fue recompensado con la resucitación. Pero cuando Cristo resucita de entre los muertos —que dicho sea de paso, fue el Espíritu de Dios quien lo resucitó, de acuerdo a Romanos 8— cuando Cristo resucitó de entre los muertos, ese fue el amén del Padre al sacrificio de Cristo en la cruz. De manera que ahora todo lo que Él había hecho por nosotros fue aceptado, aplaudido, recibido en los cielos. Por eso es que tú y yo necesitamos la resurrección. Si Cristo quedó en la tumba, el Evangelio no es buenas nuevas, es malas nuevas. Pero Cristo resucitó de entre los muertos.

Cristo cumplió la ley, murió en santidad en cuanto a Él se refería, aunque tomó mis pecados, y el Padre dijo amén. La resurrección de Cristo confirmó que ciertamente Jesús era quien Él dijo que era. Un Cristo en la tumba deja sus propias profecías incumplidas; es más, lo hubiese convertido en un falso maestro. Un Cristo sin resurrección no puede representar a la humanidad para nada, deja la humanidad sin esperanza. Un Cristo sin resurrección hubiese representado una vida mal vivida, hubiese representado que en algún momento pecó. Un Cristo sin resurrección hubiese negado a todos los profetas que hablaron de que Cristo resucitaría al tercer día, o que resucitaría después de morir.

Un Cristo sin resurrección hubiese mostrado que la muerte lo venció. Quizás venció el pecado, pero finalmente hubo un poder en el universo que lo venció, ¿y cuál fue? El poder de la muerte. Un Cristo sin resurrección hubiese implicado que verdaderamente Él no es Señor, porque Señor implica que Él tiene autoridad y poder sobre todo. Y si no tenía poder sobre la muerte, entonces Él no es Señor de la muerte y de la vida, como en efecto la Palabra proclama. Por tanto, ese día Él demostró: "Yo soy quien dije que soy, el Señor del universo, el Señor sobre la muerte y sobre la vida." Un Cristo sin resurrección hubiese debilitado su mensaje y hubiese desacreditado toda su vida, porque Él dijo y afirmó que resucitaría al tercer día.

Ese es el Evangelio. ¿Cuál es el Evangelio? El mensaje de buenas nuevas que termina la enemistad de Dios con el hombre, debido, primero, a una vida vivida por Cristo en completa conformidad con la ley de Dios, y ahora puede ser cargada —esa obediencia puede ser cargada a mí—, la obediencia activa de Jesús. Dos, debido a una muerte que pagó por mis pecados, donde Cristo se dejó clavar pasivamente, y a eso llamamos la obediencia pasiva de Jesús. Y tres, debido a una resurrección con la cual Él mostró que venció el pecado en la cruz y venció la muerte al tercer día después de haber sido enterrado. Eso, y la aprobación del Padre, lo califica para lo que Pedro quiere ir cerrando en su mensaje.

Estamos en la sexta verdad acerca de Cristo: juez de los vivos y de los muertos. Versículo 42: "Y nos mandó a predicar al pueblo y testificar con toda su autoridad que este Jesús es el que Dios ha designado como juez de los vivos y de los muertos." Los corintios escucharon eso de parte de Pablo cuando lo escribió en su segunda carta, en el capítulo 5, y les dijo que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.

¿Sabes que el Padre no va a tener nada que hacer con el juicio? Nada, absolutamente nada. Y si tú piensas que eso es extraño, escucha lo que Jesús enseñó y que Juan registró en 5:22 y 23: "Porque ni aun el Padre juzga a nadie." ¿Escuchaste? Cristo hablando, y de sus labios salió: "Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió." Jesús dijo: "¿Tú quieres saber en mano de quién está tu eternidad?" Ni siquiera en la mano del Padre, aunque obviamente indirectamente sí, pero Cristo dijo que ni el Padre juzga a nadie, porque Él le dio todo juicio al Hijo para que todos honren a ese Hijo.

Si Cristo no fuera Señor de los vivos y de los muertos, habría áreas sobre las cuales Él no tendría autoridad, y entonces Él no sería Señor de todos. ¿Te das cuenta? ¿Te das cuenta de cuán extensa es su autoridad? Es que no puede haber nada, incluyendo el juicio, en lo que su autoridad no vaya a prevalecer.

Entonces Pedro concluye, en resumen su mensaje, prácticamente con una invitación indirecta, pero como una invitación a la salvación. Versículo 43: "De este dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados." Cuando Pedro habla de "todo el que cree en Él", está hablando de todo el que cree todo eso que he hablado. Todo el que cree que Cristo es Señor de todos. Todo el que cree el mensaje del Evangelio, el mensaje de paz que termina la enemistad del hombre con Dios. Todo el que cree que la vida de Cristo fue necesaria para cumplir la ley. Todo el que cree que Cristo murió por los pecados de los hombres, los pecados de aquellos que están siendo redimidos. Todo el que cree que la tumba no lo pudo retener. Él está diciendo: todo el que cree en Él, que cree todas esas cosas, recibe el perdón de pecados cuando se acerca en arrepentimiento, pide perdón, pide misericordia, y Dios le perdona en base a lo que Cristo hizo en la cruz.

El Espíritu estaba obrando grandemente ese día en los que escucharon el mensaje, poderosamente, porque Pedro incluso ni siquiera pudo terminar su mensaje. Imagínate que eso pasara aquí. Cuando pasó lo siguiente: "Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje." Y todos los que eran de la circuncisión —los judíos que habían venido con Pedro, eran seis más Pedro, siete— se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo: "¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?" Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara algunos días con ellos.

Esto lo que ha sido llamado el Pentecostés en Tilo. Hubo un Pentecostés con 3.000 nuevos creyentes, pero fue en Jerusalén y eran todos prácticamente judíos: algunos que habían venido de fuera y otros de Jerusalén, pero eran judíos. Luego ocurre algo en Samaria, y cuando Pedro y Juan van a Samaria se dan cuenta de que lo mismo ocurrió: hablaron en lenguas, la misma señal se les había dado a los samaritanos. Dios estaba usando la misma señal externa en un grupo y en otro para que quedara claro que aquí no va a haber acepción de personas y que el Evangelio ahora es inclusivo para todo.

Y ahora entonces hay unos gentiles piadosos, temerosos de Dios, a quienes todavía el Evangelio no les había llegado. Y cuando el Evangelio les llega y lo reciben, el Espíritu Santo se manifiesta: ellos comienzan a hablar en lenguas, porque esa es la señal externa de que lo que pasó en Samaria y lo que pasó en Pentecostés también está pasando entre gentiles, ya que los samaritanos eran medio judíos y medio gentiles.

Y quedaban grupos más, que están más adelante, varios capítulos más adelante: gentiles no temerosos de Dios, gentiles como de corriente, que no tenían ningún respeto por el Dios de Israel. Ese grupo hay que alcanzarlo también, hay que darle la misma señal. De manera que cuando ellos reciben salvación ese día, esos griegos que estaban ahí y que escucharon el mensaje de parte de Pedro, ellos también recibieron el don del Espíritu Santo con la manifestación de hablar en lenguas. Esa fue la señal en la iglesia primitiva que Dios usó para dejar ver externamente lo que estaba pasando internamente: todos recibirían el Evangelio. Samaritanos, judíos, gentiles temerosos de Dios y gentiles no temerosos de Dios.

En esta ocasión, esto es lo que pasa en la casa de Cornelio. Lo que pasó ese día tiene que ver contigo y conmigo. Si ese día no se da y el Evangelio se queda restringido a los judíos —y perdón, a los samaritanos—, tú y yo hubiéramos estado bajo condenación. Por ese día Dios abrió la puerta al mundo gentil usando a Pedro y el poder del Evangelio.

Por eso es que creemos que el Evangelio es la llave que abre la puerta. Y por eso es que creemos que cuando Cristo le dice a Pedro: "A ti te doy las llaves", eso era: "Te estoy dando el Evangelio que le está abriendo la puerta a judíos en Pentecostés, a los samaritanos, a los gentiles en la casa de Cornelio", todo esto siendo cumplimiento futuro, y eventualmente a gentiles griegos no temerosos de Dios, quienes también recibieron el Evangelio. Tú tienes la llave, y la llave del reino es la predicación del Evangelio.

Tú y yo estamos en el reino por las misericordias de Dios. Tú y yo estamos en el reino por lo que Cristo hizo en su vida, en su muerte, en su resurrección. Tú y yo no tenemos ninguna razón para no querer, para no desear vehementemente someternos a la voluntad de Dios, para no resistir su señorío jamás, para tratar de honrar su señorío en mi vida en todas las áreas: en mi mente, en mi casa, en mi hogar, en mi hablar, en mis relaciones, en cada una de las áreas donde Él es Señor, pero donde yo he resistido su señorío.

Y si el Señor te trae, y a través de la presentación del Evangelio el Señor mismo te reveló que no tienes salvación, que estás fuera del señorío de Cristo, y que te quiere dar una oportunidad, así es como lo vamos a hacer.

Vuelvo y te explico la necesidad que tienes, o la forma en que te acercas a Dios, si el Espíritu Santo ha obrado en tu mente y en tu corazón, porque no es automático. Recibes convicción de pecado cuando Dios ilumina tu mente, cuando Dios hace viva una mente que estaba muerta espiritualmente. Entiende ese Evangelio; el Evangelio ahora te da la convicción de pecado, porque el Espíritu que ha abierto la mente, y al abrir la mente, también trajo la convicción de pecado.

Ahora que entiendes el mensaje, entiendes la necesidad de arrepentimiento con la convicción que tiene el varón de Dios, porque ahora entiende que Él es Señor de todo. Ese Jesús que murió en la cruz es quien tiene el juicio en sus manos, y tú le pides perdón a Jesús. Ya he entendido el Evangelio con una mente que ya ha sido hecha viva; entonces Él te perdona en base a su propia obra, en su vida, muerte y resurrección, y tú le confías a Él como Señor.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.