Integridad y Sabiduria
Sermones

El nuevo nacimiento

Héctor Salcedo 1 septiembre, 2013

Nadie puede ver ni entrar al reino de Dios sin nacer de nuevo. Esta verdad, que Jesús declaró con urgencia a Nicodemo, resulta tan radical hoy como lo fue aquella noche en Jerusalén. Nicodemo no era un hombre cualquiera: fariseo devoto, miembro del Sanedrín, considerado justo por todos. Sin embargo, Jesús no le ofreció cumplidos ni atajos. Le dijo directamente que necesitaba nacer de nuevo, sin importar su devoción religiosa ni su conocimiento de la ley.

El nuevo nacimiento no es un cambio cosmético ni una intención de mejorar. Es un acto soberano de Dios que transforma la naturaleza humana desde adentro. Así como nadie decide cuándo nacer físicamente, tampoco puede producir por sí mismo este nacimiento espiritual. Es Dios quien purifica el corazón y deposita un nuevo deseo de obedecerle. Los efectos, sin embargo, se hacen visibles: como el viento que no vemos pero cuyo sonido escuchamos, el nuevo nacimiento se evidencia en una vida transformada.

Nicodemo preguntó desconcertado cómo podía suceder esto. Jesús le señaló que su problema no era falta de conocimiento, sino incredulidad. Y entonces trajo a memoria la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto: quienes habían sido mordidos mortalmente debían mirar al instrumento que Dios proveyó para vivir. De la misma manera, Cristo sería levantado para que todo el que crea en él tenga vida eterna. A nosotros nos toca mirar a Cristo, confiando en que solo él puede darnos esa vida nueva que tanto necesitamos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nicodemo se acerca a Jesús y aquí tenemos el relato de su conversación. Leamos los primeros 15 versículos de este capítulo 3 de Juan: "Había un hombre de los fariseos llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? Jesús respondió y le dijo: ¿Tú eres maestro de Israel y no entiendes estas cosas? En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de las cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree tenga en él vida eterna."

Es un relato, como les decía, muy conocido, y hay varias cosas en el texto que nos indican de qué trata. El término "nuevo nacimiento" o "nacer de nuevo" aparece en cinco ocasiones a lo largo de estos 15 versículos. Sin duda que el nuevo nacimiento es el tema, es la idea central que se discute en esta conversación. Y en tres ocasiones Jesús habla en términos de "en verdad, en verdad te digo, Nicodemo." Es una expresión que Jesús usaba, que era "amén, amén" en el original, que era una forma de Jesús decir: pon atención a lo que te voy a decir en lo próximo, lo que te voy a decir es cierto, puedes poner tu confianza en eso, es verdad. Por lo tanto, estamos hablando de nuevo nacimiento, y sin duda es algo sumamente importante por el uso recurrente de la expresión "en verdad, en verdad te digo."

A lo largo del diálogo que hay entre Nicodemo y Jesús, yo quisiera que buscáramos tres aspectos de lo que el nuevo nacimiento es, qué significa o qué implica. En primer lugar, vamos a ver la necesidad del nuevo nacimiento. ¿Por qué Jesús dice que es necesario nacer de nuevo? Y lo dice claramente en los primeros versículos del capítulo tres. Luego, en qué consiste, cómo se define el nuevo nacimiento, qué implica para el ser humano, para Nicodemo en ese caso y para nosotros en el día de hoy. Y número tres, ¿cómo se produce? Esas son las tres cosas que yo quisiera que viéramos, que están contenidas en estos quince versículos: en primer lugar, la necesidad de nacer de nuevo; en segundo lugar, su definición y en qué consiste; y en tercer lugar, cómo se produce el nuevo nacimiento.

Comencemos con lo primero: la necesidad de nacer de nuevo. Este hombre se acerca a Jesús. Dice el versículo uno que había un hombre entre los fariseos, de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente de los judíos o entre los judíos. Dos frases o dos palabras se usan para definir a Nicodemo: una, fariseo; dos, prominente. Y ambas están cargadas de significado en ese momento. La gente sabía perfectamente quién era un fariseo, y si era un prominente de la manera como Jesús se refiere a Nicodemo, quién era ese prominente.

En este caso, nosotros sabemos por la historia que el fariseo era una secta judía, quizás la más rigurosa de la época en cuanto al cumplimiento de la ley. Este es un hombre doctor en la ley, informado de lo que la ley decía. Es un hombre que conocía la ley de Dios, que en ese momento incluía todo lo que era el Antiguo Testamento. Eso era lo que Nicodemo conocía, y los fariseos eran los que controlaban la religión judía en ese momento. Por lo tanto, no estamos hablando de un hombre desconocedor de las cosas de Dios. Él conocía las cosas de la religión judía, era muy dotado en ese aspecto por ser fariseo.

Pero al ser prominente, y en el original cuando buscamos la palabra, implica que era miembro de este cuerpo especial de hombres que juzgaban a la nación judía en temas religiosos, que era el Sanedrín. Muchos de nosotros hemos escuchado esta palabra Sanedrín: eran 70 ancianos judíos que juzgaban a los judíos conforme a la ley de Moisés, y era una especie de senado de legisladores que tenía el pueblo judío. Este fue el grupo de gente que juzgó a Jesús cuando fue crucificado, los del Sanedrín, era ese grupo selecto de prominentes entre la cultura judía.

Por lo tanto, el hecho de que este hombre se acerca a Jesús es muy significativo, y es importante que lo tengamos en cuenta, porque precisamente a este hombre devoto de la ley, seguidor de la ley de Dios, un líder religioso de su época, considerado justo a la vista o a la mirada de muchos, al que Jesús le dice que es necesario nacer de nuevo. No ignoren eso.

Los fariseos... Nosotros tenemos la visión bíblica de los fariseos, y la visión bíblica de los fariseos es que la mayoría de ellos fueron juzgados por Jesús muy duramente, fueron reprendidos por Jesús muy duramente. Y Jesús, por así decirlo, desenmascaró la hipocresía de los fariseos: que ellos seguían a Dios de boca pero no de corazón. Jesús en un momento dado les dice a sus discípulos: hagan lo que ellos dicen pero no hagan lo que ellos hacen, porque era gente que vivía una vida hipócrita la mayoría de ellos. Pero en realidad, esa es la visión que nosotros tenemos del fariseo por la visión en el momento que se escribe el Nuevo Testamento. Y en el momento de Jesús, alrededor de Jesús, en realidad los fariseos eran los hombres más justos, más rectos, más íntegros de su sociedad. Y a ese grupo de gente, a este hombre prominente entre los fariseos, Jesús le dice: es necesario nacer de nuevo. Pero dejemos eso ahí porque no estamos entrando en otro tema.

Este hombre viene a Jesús de noche. No sabemos por qué vino de noche. Posiblemente viene por quizás no ser visto con Jesús y dándole aprobación a Jesús. Quizás se trataba sencillamente de que él estaba muy ocupado de día, Jesús estaba muy ocupado de día, y no había otro momento para hablar con Jesús que no fuera de noche. De hecho, hay otro grupo de gente que leemos en los evangelios que se acercaron a Jesús de noche, quizás buscando conversar con él más tranquilamente. Y a mí me sorprende de plano la disponibilidad de Jesús. Jesús se había pasado, si leemos los capítulos anteriores, días ministrando a la gente, enseñando entre el pueblo, y este hombre viene de noche. Y en lugar de Jesús decir: "Oye, pero no dejan a uno tranquilo," Jesús está disponible para hablar con él sobre las cosas de Dios.

Se acerca Jesús con mucho respeto. "Rabí," le dice, o "Maestro," o "mi Maestro" era la expresión, lo que significaba la palabra rabí. Se acerca con mucho respeto y le indica: "Sabemos que has venido de Dios como maestro." O sea, él reconoce que Jesús ha venido de Dios, y la razón por la que él reconoce eso es porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Nicodemo había sido persuadido por las señales que Jesús hacía entre el pueblo como una indicación de que Jesús era o venía de parte de Dios.

Pero fíjense que, a pesar de que Jesús había sido reconocido por Nicodemo como un maestro, como un rabí, como un hombre que viene de Dios, porque nadie puede hacer estas cosas si no viene de Dios, y se acerca con respeto, aun así Jesús le dice: "Pero Nicodemo, aun así tú necesitas nacer de nuevo." A veces nos acercamos a Jesús y pensamos que el mero acercamiento a Jesús y la mera aceptación de que Jesús es un maestro, es un buen hombre, es un hombre admirable... quizás pensamos que ya estamos bien delante de Dios por esas cosas. No es el caso de Nicodemo. Jesús le dice: "Tú necesitas nacer de nuevo, a pesar de todo el respeto que tú me profesas, a pesar de toda la deferencia que tú tienes conmigo y que tú reconoces que yo vengo de Dios. Necesitas nacer de nuevo."

Y Jesús entonces, en el versículo 3, le responde. Por lo visto Nicodemo le había hecho una pregunta. No sabemos si le hizo una pregunta porque el texto no lo dice, o sencillamente pensó en algo y Jesús, conociendo el corazón, pues le respondió. No es que Nicodemo comenzó a hablar: "Tú eres un maestro..." y ahí va a hablar. "Muchas gracias Nicodemo." ¡No, no, no, no! Él inmediatamente va al corazón del asunto. Nada puede ser más importante para Nicodemo, para un maestro de la ley, para un religioso judío, que saber cómo se llega, cómo se ve el reino de Dios. Nada puede ser más importante para un ser humano que saber cómo se entra al reino de Dios.

Y entonces Jesús le responde de manera abrupta: "En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios." Nicodemo, dejémonos de protocolos, dejémonos de deferencias, vayamos a lo más importante que hay que hablar entre nosotros dos. Yo sé que tú estás interesado en el reino de Dios, y yo te vengo a hablar del reino de Dios.

Nadie puede ver el reino de Dios si no nace de nuevo. Nadie. En verdad, en verdad te digo. Wow, fue abrupta su respuesta, fue directa, fue al meollo del asunto. Y lo que Jesús está planteando aquí es algo tan radical, tan difícil de entender, que Nicodemo entiende la respuesta de Jesús como algo literal y le dice en el versículo 4: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo?" Parecería como infantil. ¿Cómo puede Nicodemo estar pensando que Jesús está hablando de un nacimiento físico? Pero lo que Jesús está planteando es algo tan difícil de que pase, de que suceda, que en esos términos es que Nicodemo lo pone: "¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y nacer?"

En otras palabras, la forma de entrar o de ver el reino de Dios a Nicodemo le pareció absurda. Le pareció una imposibilidad entrar en el reino de Dios como Cristo lo está planteando. Si lo vemos en términos más generales, podemos decir que muchas veces al ser humano las cosas de Dios nos parecen absurdas. La cruz es un absurdo. A los judíos y a los griegos les era difícil entender el concepto de la cruz. ¿Cómo que Dios hecho carne viene a la tierra y se sacrifica por nosotros y muere por el ser humano? ¿Cómo es eso? Eso no le cuadraba a los judíos tradicionales, no le cuadraba a la cultura griega de la época. Era un absurdo.

Y Jesús le plantea a Nicodemo esta necesidad de nacer de nuevo. Nicodemo dice: "¿Cómo puede eso ocurrir? ¿Cómo puede un hombre siendo ya viejo entrar en el vientre de su madre y nacer?" Jesús entonces, en el versículo 5, no le amplía la idea. No le dice: "Nicodemo, yo sé que es difícil de entender, déjame abrirte un poquito." No, él sigue y le dice: "En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios."

¿Por qué, Señor? ¿Por qué? Versículo 6: "Porque lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es." Por esa razón, "no te asombres," versículo 7, "que yo te diga que es necesario nacer de nuevo."

Nosotros nacemos, todos nosotros hemos nacido en la carne, hemos nacido físicamente y vivimos en un mundo físico, material. No hemos nacido en el mundo espiritual. Por eso, para nosotros entender las cosas espirituales es necesario que nazcamos de nuevo. Por eso es que Jesús le dice: "Nicodemo, para que tú puedas entender las cosas espirituales y entrar... ver, primero dice ver el reino de Dios; en esta segunda ocasión le dice entrar al reino de Dios, tú necesitas nacer del Espíritu. Es una naturaleza con la que tú no naces. Tú naces físicamente, pero sigues muerto espiritualmente. Tú no puedes ver el reino de Dios, versículo 3, y no puedes entrar, versículo 5, en el reino de Dios, a menos que nazcas de nuevo, Nicodemo."

Esto es una absoluta necesidad para todo ser humano. Nadie, independientemente de su condición, de su religión, de su posición, de su devoción, de su aparente entrega a las cosas religiosas, nadie que procura por sus propios medios ver o entrar al reino de Dios lo puede hacer. Tienes que nacer de nuevo. Es una naturaleza totalmente diferente. No tiene que ver con la carne, es del Espíritu, y por tanto tú no lo puedes producir.

Y Nicodemo, perdido en esta expresión de Jesús de que es necesario que él nazca de nuevo... Para Nicodemo esto fue chocante, porque Nicodemo viene de una idea: él pertenece al pueblo judío, que es el pueblo escogido de Dios. Dentro del pueblo judío pertenece a la secta de los fariseos, que es la secta más rigurosa en el cumplimiento de la ley de Dios. Nicodemo, miembro del Sanedrín. Esta es gente que se cree salva. Esta es gente que entiende que está en el reino de Dios. "¿Ya cómo que tú me dices que yo no lo puedo ver ni puedo entrar en el reino de Dios a menos que nazca de nuevo? A mí no me ha ocurrido eso." Quizá Nicodemo está pensando: "Yo estoy en el reino de Dios." Y Jesús está desafiando esa idea y poniéndole la idea en la mente a Nicodemo de que realmente él piensa que está en el reino de Dios, pero él no está en el reino de Dios. Él no es parte del reino de Dios.

¿Cuánta gente está en esa condición? ¿Cuánta gente está en la condición de que piensa que está en el reino de Dios? ¿Cuántas veces yo he oído "todos somos hijos de Dios"? ¿Seguro que todos somos hijos de Dios? Porque para ser hijo de Dios tienes que haber nacido de nuevo, nacido de Dios, como dice Juan en 1:12-13, nacido de Dios. Por tanto, es posible que tú te creas o yo me crea en el reino de Dios, pero si yo o tú no has nacido de nuevo, no estás en el reino de Dios. Es la verdad fundamental que Jesús le plantea a Nicodemo desde el principio: es necesario que tú nazcas de nuevo. Es la condición, la única condición y la única forma de entrar al reino de Dios. No hay otra manera.

Obviamente todo esto dejó a Nicodemo fuera de equilibrio, porque ni siquiera sabe de qué se trata el nuevo nacimiento. Y eso es lo que vamos a tratar de responder ahora. Bueno, si es necesario, es absolutamente necesario según las palabras de Jesús, ¿qué es eso? ¿Qué es el nuevo nacimiento? ¿En qué consiste el nuevo nacimiento del cual Jesús está hablando? Y yo quisiera que del texto viéramos al menos cuatro cosas que caracterizan el nuevo nacimiento y que lo definen, en qué consiste el nuevo nacimiento.

Y lo primero que tengo que decir es que, sin duda, el nuevo nacimiento se trata de un cambio total y radical en la persona.

La idea de nacer de nuevo, pónganse a pensar. Nosotros, porque ya hemos oído esa expresión, porque hemos nacido en una cultura que abre la Biblia, que la leemos, hemos ido siempre a servicios, a misas donde se leen estas cosas, y para nosotros no resulta tan chocante. Pero en realidad el concepto de nacer de nuevo es bastante radical y comunica una serie de cosas: tú necesitas ser otra persona. Eso es lo que está diciendo: tú tienes que ser otro, tienes que nacer de nuevo, no puedes entrar en el reino de Dios siendo el mismo. Y obviamente, cuando yo nazco, yo tengo una naturaleza según el nacimiento. Si nazco según la carne, es según la carne, dijo Jesús. Y si es según el Espíritu, es espiritual.

Es decir, lo primero que comunica este concepto es que esto es algo dramático, radical y profundo que ocurre en la persona. Esto no es un cambio cosmético, esto no es un cambio temporal, esto no es una intención de ir a la iglesia los domingos, esto no es un asunto de abrir la Biblia de vez en cuando y convocar a Dios cuando vamos a comer. Esto se trata de un cambio en el interior de la persona que es como si hubiesen nacido de nuevo. Ha sido enfático el concepto en el original de nacer de nuevo; la palabra también se puede traducir como un nacer de arriba, nacer de arriba, nacer de Dios.

Y retrocedan un capítulo nada más. Miren lo que dice Juan en su capítulo uno, versículos 12 y 13, nacer de Dios. Dice: "A todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre." Y ahora, ¿y quién es eso? "Que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios." Nacieron de Dios.

O sea que lo primero que nosotros podemos deducir de este concepto de nuevo nacimiento es que es un cambio muy profundo, total, en la naturaleza humana. Calvino decía que este término, Juan Calvino hablando de esto, implica que este término no es la enmienda o corrección de cierto hábito, sino el cambio total de la naturaleza. Recientemente recibí una cita que me gustó mucho también, que es apropiada para esto. John Blanchard dice: un cristiano no es una persona que ha decidido comenzar de nuevo en la vida; un cristiano es una persona que ha recibido una vida nueva para comenzar. Totalmente diferente.

Lo segundo que nosotros tenemos que entender del nuevo nacimiento es un cambio total y profundo en nosotros, no cosmético, no temporal, es un cambio profundo en la naturaleza. Es que es algo que Dios hace en mí. El nuevo nacimiento es algo que me sucede, no algo que yo hago. Es algo que me pasa. Yo no intervengo, de la misma manera como yo no intervine en mi nacimiento físico. O no sé si hay algunos que piensan que intervinieron en su nacimiento físico y decidieron nacer. ¿Pero ustedes decidieron nacer? Yo decidí nacer en el año 1972 porque es un buen año para nacer. Ninguno de nosotros tuvimos ninguna contribución en el nacimiento físico.

Y para mantener, digamos, la implicación de este concepto de nuevo nacimiento, Jesús está queriendo decir, vamos a buscar otros textos para esto, esto no es algo que depende de ti. Y digo esto en un sentido, porque más adelante voy a hablar de esto más profundamente, en qué sentido no depende de mí. El nuevo nacimiento es algo que Dios hace en mí, es algo que ocurre en mi interior, hecho por Dios. Es un milagro del Espíritu el nacer de nuevo.

Y en este caso muchos discípulos, muchos apóstoles hablaron de esto. Yo quisiera citar varios. Voy a citar a Pablo, voy a citar a Pedro, voy a citar a Juan otra vez y voy a citar a Santiago. Cuatro apóstoles distintos con relación a este tema del nuevo nacimiento, hablando de cómo es algo que Dios hace en nosotros.

Miren cómo Pablo lo dice. Lo dice en otra forma, pero escogí este verso: "Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo." Es algo que Dios hizo en nosotros.

Primera de Pedro 1:3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo." Él nos ha hecho nacer de nuevo.

Santiago 1:18: "En el ejercicio de su voluntad." Cuando Él quiso. Así como cuando tus padres quisieron que tú nacieras. Aunque algunos hemos sido un accidente, pero en la mayoría de los casos hemos sido en el ejercicio de la voluntad de los padres que hemos nacido, correcto. Dice Santiago 1:18: "En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas."

Todos estos versos hablan en voz pasiva, o es algo que Dios hace en mí, no es algo que yo hago. El nuevo nacimiento es algo que Dios hace en mí. Aparte de que es algo profundo y total, es algo que Dios hace en mí.

Lo tercero es que el versículo 5, Jesús habla de que debemos nacer del agua y del Espíritu para nacer de nuevo. En el versículo 3 Jesús le dice a Nicodemo: debes nacer de nuevo. En el 5 le expande: nacer de agua y del Espíritu. ¿Qué significa esto? ¿Qué implica nacer de agua y del Espíritu?

En realidad a este verso se le han dado todo tipo de interpretaciones. Algunos entienden que nacer de agua y del Espíritu significa que yo debo bautizarme para ser salvo, que claramente el agua ahí es un símbolo del bautismo, y la iglesia católica lo cree de esa manera. Pero lo que pasa es que Nicodemo no conocía el bautismo de la iglesia, porque Nicodemo está siendo instruido antes de que la iglesia se formara. La iglesia aquí no existe; la iglesia existe a partir de Hechos 2, cuando viene Pentecostés. Aquí, si Jesús le estuviera hablando del bautismo, a Nicodemo eso le tenía sin cuidado y no lo entendía y no lo comprendía y no lo conocía.

Por tanto, probablemente Jesús le está hablando de algo que Nicodemo conoce, porque Nicodemo tiene que conocer esto. Porque en el versículo 10 Jesús le dice: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas?" O sea, son cosas que tú debes entender, deben estar en la ley de Dios, porque tú la deberías entender siendo maestro de Israel. Por lo tanto no se trata del agua del bautismo.

Pero nosotros encontramos un texto en Ezequiel 36 que habla de esto muy, muy claramente. Miren cómo lo dice Ezequiel 36, versículo 24 al 27. Miren cómo se parece este texto a lo que Jesús está hablando: "Porque os tomaré de las naciones, os recogeré de todas las tierras y os llevaré a vuestra propia tierra. Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Además os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas."

Habla de limpiar el pueblo, su pueblo, con agua simbólicamente hablando. Habla de poner el Espíritu dentro de nosotros, de escribir su ley en nuestros corazones. Nicodemo conocía ese texto, Nicodemo debía saber que Dios iba a hacer uso del Espíritu para purificarnos. Por lo tanto, este término de nacer de agua y del Espíritu no son dos cosas; es lo que ocurre cuando nacemos de nuevo. El Espíritu viene a nosotros y nos purifica, como el agua simbólicamente purificaba a los judíos. Nos purifica para Dios. Es un solo término, es la expansión de que debes nacer de nuevo como de agua y del Espíritu. ¿Y qué es eso? Dios te purifica, Dios hace algo en ti y te hace puro para Él. Y eso es lo que significa, lo que implica este término.

Por último, hablando de qué es el nuevo nacimiento: es algo radical, es algo que Dios hace en nosotros, implica una purificación de nuestras almas para Dios, y ahora una nueva capacidad para yo obedecerle. Fíjense lo que dice al final: "Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos." Hay una nueva capacidad para obedecer a Dios ahora, un deseo de obedecer a Dios.

Por último, el versículo 8 nos indica que el nuevo nacimiento es algo que yo no manejo, que yo no controlo, que yo no domino. El versículo 8 dice: "El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu."

Déjame explicarte algo más, Nicodemo. ¿Qué es esto del nuevo nacimiento? Mira, ¿tú has visto el viento? No, yo no lo he visto. Pero el viento, tú no sabes de dónde viene, tú no sabes a dónde va, pero tú oyes su sonido. Por lo tanto, el nuevo nacimiento no es una experiencia que yo puedo pronosticar, como yo puedo pronosticar un negocio o puedo pronosticar una respuesta de alguien. Es algo que Dios hace que me es desconocido, le es desconocido al hombre. Yo no sé cómo Dios trabaja en los corazones, yo no sé a quién Dios va a hacer nacer de nuevo. Yo sí sé cómo lo va a hacer: lo va a hacer a través de su Palabra, porque Santiago 1:18 dice que nos hizo nacer de nuevo por su Palabra. Pero yo no sé quién es, yo no lo controlo, yo no lo puedo predecir.

Ahora bien, yo sí puedo ver los efectos, como veo los efectos del viento. Veo los efectos del nuevo nacimiento, y el nuevo nacimiento siempre produce en nosotros un cambio de vida, un cambio en nuestra forma de vivir, de hacer las cosas, de sentir, un cambio en las cosas que queremos y deseamos. Y así como el viento, vemos los efectos del nuevo nacimiento.

Por lo tanto, si nosotros resumimos estos cuatro aspectos del nuevo nacimiento que están aquí contenidos, podemos decir lo siguiente: el nuevo nacimiento es un acto soberano de Dios que produce en nuestras vidas un cambio total y profundo, y que se evidencia en lo que yo hago y en lo que yo siento.

Es el nuevo nacimiento, es un acto soberano de Dios que produce en mí un cambio total y radical y que se evidencia en las cosas que yo hago y en las cosas que yo siento, en las cosas que se ven y en las cosas que no se ven de mi persona. Cuando uno pone el nuevo nacimiento en esos términos, la pregunta es: ¿tú has nacido de nuevo? ¿Has sentido un cambio hacia las cosas de Dios profundo y radical? ¿Has sentido un nuevo deseo de obedecer a Dios? ¿Has sentido una resistencia a hacer cosas que sabes que a Dios le desagradan, que no es tu conciencia, esto es algo adicional, tu impedimento, esto es una pesa de pecar, de ofender a Dios?

No importa la devoción que yo tenga, que tú tengas, no importa la entrega que podamos tener en nuestra vida religiosa como la tenía Nicodemo. Si nosotros no hemos nacido de nuevo, no podemos ver ni entrar al reino de Dios.

Lo tercero que yo quiero ver entonces es algo que Nicodemo hace. Nicodemo está hablando con Jesús y cuando Jesús le explica este tema del viento, inmediatamente después, miren el versículo 9: "Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto?" O sea, ¿qué tú me estás hablando, Jesús? Yo no entiendo que el viento, que yo no lo veo, que de dónde va, que de dónde viene. Yo lo que sé es que yo he tratado de entrar al reino de Dios por mis propias obras, por mis propios medios, esforzándome por agradar a Dios. ¿Cómo yo puedo hacer esto?

Y aquí entonces él está preguntando. Ya Jesús le respondió lo que es necesario hacer para entrar al reino. Ya Jesús más o menos le habló de qué consiste el nuevo nacimiento. Por ahora le dice: ¿Cómo yo puedo nacer de nuevo? ¿Cómo? ¿Cómo puede ser esto? Y Jesús extrañamente le dice: "Tú deberías saber esto." Tú eres maestro, versículo 10, de Israel, y tú no sabes que naciendo de nuevo es que se entra al reino de Dios.

Él no lo sabía, él no se había percatado de esta necesidad. Y ya como yo les leí en Ezequiel 36, hay otros pasajes que indican que si yo soy parte del reino de Dios, yo experimento esto que Ezequiel 36 habla: un nuevo deseo de obedecer a Dios, un nuevo deseo de servirle, una purificación de mi vida hacia Dios. Es algo que Dios ha hecho en mí. Nicodemo ignoraba estas cosas, pero aquí en Nicodemo hay un problema adicional que Jesús nos revela. Su problema no era que él no entendía el Viejo Testamento, su problema era incredulidad. Su problema no era que él no tenía la información, es que él no la quería aceptar.

¿Dónde yo veo eso? ¿Dónde vemos eso en el texto? Claramente, si leemos el versículo 11 y el versículo 12, Jesús le dice, después de decirle "tú no sabes estas cosas", ahora le dice: "De cierto, de cierto te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto." O sea, Nicodemo, yo estoy hablando de lo que yo sé, yo te estoy diciendo cómo es, Nicodemo. Yo te estoy diciendo qué se requiere para entrar al reino de Dios, yo hablo de lo que sé, de lo que he visto, pero vosotros no recibís nuestro testimonio.

Hay una incredulidad en el hombre. Nicodemo podía apreciar a Jesús en su bondad, en que era un maestro que enseñaba según Dios, pero él no lo había aceptado todavía como aquel que trae la verdad de Dios y al que yo voy a abrazar y a seguir completamente. Nicodemo, tú no estás aceptando mi testimonio. Nicodemo tenía un problema de incredulidad en su corazón.

Versículo 12: "Si yo te hablé de las cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?" Nicodemo, esto es lo más básico. Esto tiene que ver con cosas para entrar al reino de Dios. ¿Qué será si yo te comienzo a hablar de cosas más profundas del reino de Dios? Tú tienes un problema de incredulidad. Tú no crees que yo soy el vehículo de Dios para comunicarte las verdades del reino de Dios. Tú me consideras un maestro, pero no el Maestro.

Y Jesús le agrega el versículo 13: "Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo," hablando de sí mismo. Nicodemo, si hay alguien que sabe de este asunto, aquí soy yo. Nadie ha subido al cielo, solamente el Hijo del Hombre que bajó del cielo. Yo te puedo hablar categóricamente con autoridad de las cosas del cielo. Y yo te estoy diciendo que así es que se entra al reino de Dios, pero tú no recibes mi testimonio.

Nicodemo tenía un problema de incredulidad en su corazón. Una resistencia a doblegar su espíritu, a doblegar su ser, a doblegar su creencia a lo que Jesús estaba diciendo. En un momento dado, si retrocedemos un poquito al versículo 9, Nicodemo se siente como sin respuesta: "¿Cómo puede ser esto?" Es algo que yo no controlo, es como el viento. Y entonces Jesús, ¿cómo yo nazco de nuevo? Y es la mejor posición para un ser humano estar delante de Dios, dependiendo de Dios.

Y entonces, yo no sé cómo. Una serie de cosas que tú no sabes, Nicodemo. Tú no sabes, con esa actitud, cómo es. Dios es Dios, depende de Dios. Y tú tienes que ponerte en la posición donde verdaderamente tú digas: "Señor, yo no puedo crear un nuevo corazón en mí. Yo no puedo crear una nueva vida en mí. Yo no puedo crear un deseo de servirte y adorarte. Créalo tú en mí, no depende de mí."

Y entonces Jesús le habla a Nicodemo de esta incredulidad que él tiene. Y le dice: primero tú tienes que creer en mí. Creer que yo he bajado del cielo y tengo autoridad para hablarte de las cosas que te estoy hablando. Pero Jesús ahora trae un pasaje aparentemente extraño a la conversación, porque tiene mucho que decir, y agrega en el versículo 14: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree tenga en él vida eterna."

Esta conversación del nuevo nacimiento ha ido conduciendo a Nicodemo a preguntarle: "¿Cómo puede ser esto, Señor?" Y Jesús le responde: primero tú tienes que soltar tu incredulidad. Y segundo, tú tienes que abrazarme a mí como el único instrumento de salvación. Si Dios va a hacer nacer de nuevo a una persona, es a través de esa verdad. Nadie nace de nuevo si no abraza la verdad de que Cristo es el único instrumento de salvación para los hombres. Si alguna realidad nueva se va a dar en nosotros, tiene que ser a través de esa verdad.

Y por eso Jesús le trae este texto de Números 21, donde el pueblo de Israel experimentó algo dramático que fue un símbolo de lo que Jesús haría más adelante. Miren lo que Números 21 dice con relación a la conversación con Nicodemo. ¿Por qué Jesús trae este texto de la serpiente en el desierto? Miren lo que Números 21:4-9 dice: "Partieron del monte de Hor por el camino del Mar Rojo para rodear la tierra de Edom. Y el pueblo se impacientó por causa del viaje. Y el pueblo habló contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos habéis sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable," el alimento del maná que Dios proveía todos los días.

Pero el versículo 6: "Y el Señor envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado, porque hemos hablado contra el Señor y contra ti. Intercede con el Señor para que quite las serpientes de entre nosotros. Y Moisés intercedió por el pueblo. Y el Señor dijo a Moisés: Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta. Y acontecerá que cuando todo el que sea mordido la mire, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el asta. Y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguno y este miraba a la serpiente de bronce, vivía."

Un episodio extraño, porque Dios toma y le dice a Moisés que haga una imagen de bronce de una serpiente, de un animal maldito en esa época, y la ponga sobre un asta para que todo el que la mire pues sea sano. Y pudiéramos pensar que esto es una práctica idolátrica, que es una práctica detestable. Y sí, si yo lo hago por mí mismo es una práctica idolátrica, es una práctica detestable, pero esto es algo que Dios instruye. Dios estaba tratando de comunicar un mensaje.

El mensaje que Dios estaba tratando de comunicar es que el pueblo que está padeciendo de una herida mortal debe confiar en el instrumento que Dios provee para vivir. El pueblo que ha sido mordido mortalmente por la serpiente debía poner su confianza en ese instrumento que Dios proveyó, que era la serpiente en ese caso, como salvación para sus vidas.

En el caso de Jesús es exactamente lo mismo. Nosotros hemos sido mordidos por el pecado, todos nosotros, Nicodemo incluyendo. Y si nosotros vamos a nacer de nuevo, tiene que ser porque abrazamos con todo corazón y de todo corazón la verdad de que no nos vamos a salvar fuera de Cristo. Él es aquel que Dios levantó, como se levantó la serpiente. Dios lo ha levantado para que todo aquel que crea tenga vida eterna.

Entonces, yo no sé, hermanos, quién va a nacer de nuevo y quién no. Yo tengo un solo mensaje: tú tienes que nacer de nuevo. Y si tú vas a nacer de nuevo, tenemos que rendir nuestra incredulidad y venir a Jesucristo como el único instrumento de salvación. En la época israelita, lo que le pasó a los israelitas, ellos estaban muriendo físicamente. Cuando ellos miraban a la serpiente, ellos miraban, pero Dios sanaba. A mí me corresponde mirar a Cristo y Dios dará el nacimiento de nuevo. Eso es algo que Él solamente puede hacer.

A ti te toca, a mí me toca mirar confiado en que al mirarle a Él yo tendré vida eterna. Y lo hago entendiendo, absolutamente convencido, que de no hacerlo muero, de no hacerlo estoy perdido. Cristo es el único instrumento de salvación provisto por Dios para la salvación del pecador mío y tuyo. Pecador tú eres y pecador yo soy.

Y ese es el mensaje a Nicodemo. En primer lugar, es absolutamente necesario, Nicodemo, que tú nazcas de nuevo. ¿En qué consiste el nuevo nacimiento? Es este acto soberano de Dios en el corazón de los hombres que los hace cambiar totalmente y radicalmente. ¿Y cómo puede ser eso? Pon tu fe en mí, Nicodemo. Sígueme, Nicodemo.

Espera, que de mí viene la salvación. Yo he bajado del cielo para contar estas cosas. Si alguien tiene autoridad para decirles eso, soy yo. Y te estoy diciendo: así como Moisés levantó la serpiente, así Dios levantará al Hijo del Hombre. Todo aquel que en él crea no se pierde, sino que tiene vida eterna.

Y para nuestro gozo, si nosotros nos vamos a Juan 7:50, nosotros vemos a Nicodemo defendiendo a Jesús. Nosotros pensamos que Nicodemo no se convirtió ahí en Juan 3, pero más adelante hay una discusión acerca de Jesús, acerca de condenar a Jesús. Y Nicodemo dice, vamos a leer desde el 48, Juan 7:48: "¿Acaso ha creído en él, en Cristo, alguno de los gobernantes o de los fariseos? Pero esta multitud que no conoce la ley, maldita es". La multitud que cree en Jesús. Nicodemo, el que había venido a Jesús antes y que era uno de ellos, les dijo: "¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?" Respondieron y le dijeron: "¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga y verás que ningún profeta surge de Galilea".

Por primera vez vemos a Nicodemo defendiendo a Jesús, jugándosela por Jesús. Y nosotros sabemos que eso lo hacen los discípulos. Nicodemo nació de nuevo en algún momento. Nicodemo puso su fe en Cristo. Uno de los que recoge el cuerpo de Jesús, una vez que él muere en la cruz, es Nicodemo. Y lo depositó en la tumba, y él es testigo más adelante de la resurrección de Cristo.

Nicodemo nació de nuevo por la misericordia de Dios, pero tuvo que soltar su incredulidad y soltar el pensar que él podía hacerse salvo por cumplir la ley. Cristo es el único que al mirarlo nos da salvación, al mirar su sacrificio en la cruz por mis pecados. Es el único que puede decir: "Sano eres, salvo eres, bendito seas por haber puesto tu fe en Jesucristo".

Y ese es el llamado de este texto para cada uno de nosotros. ¿Tú has nacido de nuevo? ¿Tú estás seguro o estás en duda de que has nacido de nuevo? ¿Es necesario nacer de nuevo? Nadie puede entrar si no nace de nuevo. ¿Y cómo lo hago? Viniendo a Cristo.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.