La palabra de Dios necesita correr, expandirse y ser glorificada, y eso no ocurre automáticamente: requiere la oración persistente del pueblo de Dios. En 2 Tesalonicenses 3, Pablo no pide oración por su comodidad personal ni por librarse de la cárcel, sino por algo mayor: que el evangelio avance rápidamente y sea honrado como lo fue entre los tesalonicenses. Esta oración por la expansión de la palabra tiene una conexión directa con la segunda venida de Cristo, pues Jesús enseñó que el fin no vendrá hasta que el evangelio sea predicado a todas las naciones.
Pablo también pide oración para ser librado de hombres perversos y malos, porque la oposición al evangelio ha existido siempre. En el primer siglo era violenta: apedreamientos, palizas, prisiones. Hoy puede ser más sofisticada —leyes que pervierten el diseño de Dios, currículos que confunden a los niños—, pero sigue siendo oposición espiritual. Sin embargo, Pablo no se detiene en el peligro; inmediatamente recuerda que el Señor es fiel, que fortalecerá y protegerá del maligno. Cuando Pablo estuvo solo en su primera defensa, abandonado por todos, el Señor estuvo con él y lo fortaleció.
La confianza de Pablo no descansaba en la fuerza de los tesalonicenses sino en el carácter de Dios. Por eso ora para que sus corazones sean dirigidos hacia el amor de Dios y la perseverancia de Cristo. Porque hay una relación directa entre cuánto amamos a Dios y cuán fieles somos en las pruebas. José resistió la tentación no por miedo al castigo, sino porque no podía pecar contra su Dios. En tiempos difíciles como estos, el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará.
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Nos reunimos admirados para mirar en su Palabra. Vamos a leer en la Palabra de Dios, en la Segunda Epístola de los Tesalonicenses, para continuar con nuestra serie. Capítulo 3, vamos a leer los primeros cinco versículos. Y aunque el texto no está directamente relacionado con el momento que estamos viviendo, por otro lado, cuando tiene que ver con la predicación de la Palabra y la expansión del ministerio de la Palabra, siempre hay una relación entre las cosas que están ocurriendo y la Palabra, porque es la Palabra la que tiene el poder de deshacer aquellas cosas que el hombre no puede deshacer.
De manera que voy a estar leyendo los versículos 1 hasta el 5, luego pasamos a orar otra vez por el ministerio de la Palabra en la mañana de hoy, y entonces exponemos el texto. "Finalmente, hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió también con vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos, porque no todos tienen fe. Pero fíjense, el Señor es quien os fortalecerá y protegerá del maligno. Y tenemos confianza en el Señor respecto de vosotros, de que hacéis y haréis lo que ordenamos. Que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y hacia la perseverancia de Cristo."
Padre, te alabamos una vez más por tu Palabra, por tu verdad, la que tú has entregado a apóstoles y profetas del pasado que sentaron las bases sobre la cual nosotros hoy podemos construir. Padre, en el texto de hoy, el apóstol Pablo nos recuerda la importancia de orar en contra de hombres perversos y malos, que han atentado contra tu reino y tu verdad a lo largo de toda la historia. Nosotros venimos delante de ti y te pedimos que tú ilumines nuestras mentes para entender aquello que tú quisiste decir en este texto cuando Pablo lo escribió, y luego que tú nos ayudes a entender lo que tú entiendes que debe ser aplicado de ese texto a nuestro contexto, en nuestro tiempo. Y gracias te damos que el mismo Espíritu que lo inspiró es el mismo Espíritu que lo aplica. Suplicamos por tu aplicación, Dios, luego de tu exposición, en Cristo Jesús, amén.
Bueno, como vimos, el apóstol Pablo comienza con una de esas palabras que es más o menos común en sus cartas, y es "finalmente". Y a veces el apóstol Pablo tiene más de un "finalmente" en sus cartas. Y la razón no es que él estaba pensando cerrar y de repente se acordó de algo más y siguió escribiendo, sino porque en realidad esa palabra en el original no significa exactamente "finalmente", sino más bien "por otra parte", "por lo demás", "en cuanto al resto". Y aunque la mayoría de las traducciones tienen un "finalmente", muchos entendidos en el lenguaje original dicen que realmente debió haberse traducido de esta otra manera que yo acabo de mencionar.
Es una frase —en nuestro caso, una palabra— que introduce un tema nuevo, que le da un giro a la temática anterior. Y Pablo venía en el capítulo 2 hablando acerca de la venida del Señor Jesucristo, y entonces de repente dice "por otra parte", "en cuanto al resto", "por lo demás", e introduce otro tema: un tema que tiene que ver con la oración y tiene que ver con la expansión de la Palabra. Por eso yo he titulado mi mensaje "Orando por el ministerio de la Palabra", porque el tema es ese. El tema tiene que ver con la oración, pero tiene que ver con una oración que está ligada a la expansión de la Palabra.
El cristiano en general no exhibe mucho entusiasmo acerca de la expansión de la Palabra. No es un tema frecuente en sus oraciones, no es algo que está a flor de labios. Y sin embargo, la Palabra tiene un testimonio completamente contrario. Hay un entusiasmo, hay una urgencia en los textos de la Palabra que tiene que ver con la expansión de la Palabra. Lucas, cuando escribía la historia de la iglesia en los primeros treinta años en el libro de los Hechos, él escribió en Hechos 6:7: "Y la Palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe." Interesante: muchos de los sacerdotes judíos —es como si muchos de los sacerdotes católicos comenzaran a creer en la fe. Lucas escribe en Hechos 12:24: "Pero la Palabra del Señor crecía y se multiplicaba." Hechos 19:20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la Palabra del Señor."
Es interesante ver cómo Lucas personifica la Palabra y habla de que esa Palabra crecía, de que esa Palabra se multiplicaba, de cómo esa Palabra prevalecía, como si la Palabra fuera un ejército que prevaleciera contra otro, y cómo se multiplicaba y se expandía. Tú puedes dividir el libro de los Hechos en cinco o seis períodos o porciones donde en cada una de ellas tú encuentras o esta palabra literalmente, como yo la acabo de leer, o alguna fraseología similar que hace alusión a la expansión de la Palabra en ese primer siglo.
Ahora, la Palabra no se expandió aislada del cuerpo de Cristo. En otras palabras, Pablo y su equipo plantador, cuando salieron a hacer la labor de expandir la Palabra, nunca estuvo divorciado de una iglesia local, porque no se supone que eso ocurra de esa manera. Y una de las formas como él nos deja ver la estrecha relación entre una cosa y otra no es solamente cuando fue ordenado con Bernabé por parte de la iglesia de Antioquía, sino también como él continuamente oraba y pedía oración por eso que estaba ocurriendo. Oraba por las congregaciones que ya habían sido plantadas y pedía a las congregaciones plantadas que oraran por él en la extensión del ministerio.
Y tú notas entonces cómo Pablo hace exactamente eso que yo acabo de mencionar con los tesalonicenses. No es la única congregación a la que Pablo pide intercesión por su ministerio o el ministerio de su equipo, porque lo hace de manera repetitiva en diferentes cartas a diferentes congregaciones. Pero en esta, que es la que estamos viendo, nota cómo comienza el versículo primero: "Finalmente, hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió también con vosotros." Pablo pide oración, pero esta vez nos deja ver de qué manera él quiere —o por qué razón él quiere— que oren por él y su equipo de plantación.
Esto es una costumbre en el apóstol Pablo. Y cuando él dice "orad por nosotros", el tiempo verbal es un imperativo presente, lo cual implica que Pablo no estaba solicitando oración por algo puntual o coyuntural, sino que Pablo estaba solicitando oración continua para su ministerio, también continuo, a lo largo de toda su vida. Y eso fue su costumbre: él escribía a las diferentes iglesias y solicitaba oración por cosas particulares. Cuando él escribe a los Romanos, por ejemplo, en el capítulo 15, versículos 31 y 32, él está pidiendo oración: primera razón, para que sea librado de los que son desobedientes en Judea; segunda razón, para que su servicio a Jerusalén sea aceptable a los santos; tercera razón, para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios; cuarta razón, y encuentre confortante reposo con vosotros. A una sola iglesia, en una breve sección de un capítulo, Pablo le da cuatro motivos de oración. Él es la escuela de los motivos de oración para con él y su ministerio.
En Filipenses 1:19, Pablo pidió oración por la liberación de la prisión —desde una prisión escribió la carta—. Y luego cuando escribe a los Corintios en su segunda carta, en 1:11, y cuando le escribía a Filemón, versículo 22, en ambos casos él solicita oración por su persona. Oraba por las congregaciones y les solicitaba a las congregaciones que oraran por él. Pablo tenía bien claro el rol de la oración, la importancia de la oración en la vida de la iglesia.
Y en este caso entonces él solicita oración —escucha— para que la Palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió también con vosotros. De manera puntual, él no está pidiendo por algo para su persona ahora; él está pidiendo por algo que tiene que ver con el ministerio de la Palabra, y es su expansión y su glorificación. Para que la Palabra se extienda rápidamente —no es que se extienda cuando pueda en el tiempo—; que corra, es el lenguaje original, que corra rápidamente. Y esa oración de Pablo, que debe estar también en la oración nuestra, es consistente con la Gran Comisión, porque la mayoría de nosotros no va a ir al campo misionero, pero todos nosotros debiéramos estar apoyando en oración a aquellos que sí están yendo.
Ahora, nosotros tenemos que entender que Dios no necesita la oración nuestra para obrar. Él no necesita de nada ni de nadie; Él creó el universo y no había nadie orando. Y esa aclaración es importante, porque nosotros tenemos hoy gente en el movimiento de la superfé y el movimiento de la confesión positiva y de la declaración —"conférsalo", "proclámalo y recíbelo"— diciendo que tú tienes que orar porque tú activas a Dios, y que tú activas la fuerza de la fe por medio de la cual Dios obra, o que tú activas a los ángeles cuando tú... Ahora bien, todo eso no son más que declaraciones sin base. Dios no necesita la oración, pero Dios ha decidido soberanamente ordenar la obra redentora de tal manera que ocurra como resultado de una interacción entre su voluntad soberana y las oraciones del pueblo.
Jesús, la segunda persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, se encarna —Dios se encarna— y a veces pasaba toda una noche orando: Dios orando. En otra ocasión se fue cuarenta días a ayunar y a orar. Cuarenta días ayunando y orando, cuarenta días orando y ayunando. Nosotros no conocemos ese tipo de oración. Pero de alguna manera el Hijo de Dios nos dejó claramente registrado que aun Dios encarnado entendía la importancia de orar por períodos extendidos.
El autor de Hebreos nos dice en el capítulo 5, versículo no sé cuál, que Cristo en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas —Dios encarnado oraba con gran clamor—, clamaba a su Padre con lágrimas al que podía librarle de la muerte. Fue oído a causa de su temor reverente. No dice que fue oído porque era el Mesías, aunque lo era. No dice que fue oído porque era el Hijo de Dios, aunque lo era. No dice que fue oído porque era Dios encarnado, aunque lo era. Dice que fue oído a causa de su temor reverente; otras traducciones dicen "a causa de su sumisión reverente."
De tal forma que tú y yo tenemos que aprender a orar, pero mucho de lo que Dios decide oír o no oír tiene que ver con la vida que yo vivo: de sumisión reverente o no a su voluntad. Y Él ofreció, aun en medio de su sumisión reverente, oraciones con clamor y lágrimas. Este martes tú y yo tenemos que clamar, mañana lunes tenemos que clamar, y esta noche tú y yo tenemos que clamar, y es necesario hacerlo con lágrimas; con lágrimas clamaremos.
Pablo copió ese modelo, él hizo su deber de orar sin cesar. Y ahora estaba pidiendo oración por la extensión de la palabra. Pablo entendía algo que tú y yo no entendemos ya, y es que indirectamente, cuando tú oras por la extensión de la palabra, tú estás orando por la segunda venida de Cristo. Yo te lo voy a mostrar ahora, antes de que me lo nieguen. Cuando tú oras por la expansión de la palabra, tú oras por la segunda venida de Cristo indirectamente, porque el Señor Jesús enseñó en Mateo 24:14: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones." Eso es la gran comisión. Este evangelio se va a predicar a todo el mundo como testimonio a las naciones, y entonces vendrá el fin.
De alguna manera, Dios determinó que el fin no vendrá hasta que su evangelio haya sido predicado a todas las naciones. Si nosotros queremos que Cristo venga, nosotros tenemos que predicar el evangelio a todas las naciones. Nosotros no determinamos cuándo Él viene, pero Él determinó que no viene hasta que el evangelio sea predicado a todas las naciones. Y si ahora oramos por la expansión de la palabra, estamos orando indirectamente por la segunda venida de Cristo. ¿Me lo creen ahora?
Pablo no solamente pide que la palabra corra, sino que corra rápidamente. Y no solamente pide que corra rápidamente, sino que sea glorificada —u honrada, dependiendo de la traducción—, porque Pablo sabe que la palabra puede ser predicada y no honrada, no glorificada, no recibida. Puede ser escuchada, pero puede ser burlada, como ocurrió en Atenas. O se pueden reír de la predicación de la palabra, como ocurrió cuando Pablo llegó a Corinto. Pero no siempre fue así.
Pablo llegó a otras comunidades y estas tuvieron una reacción distinta a la predicación de la palabra. De hecho, cuando tú estás leyendo el libro de los Hechos, te encuentras que Pablo y Juan están predicando la palabra, y en un momento dado terminan en la cárcel. Cuando salen, se les prohíbe seguir predicando la palabra y les dicen: "Ustedes han llenado a Jerusalén de vuestras enseñanzas." La palabra estaba creciendo en Jerusalén. Cuando la palabra llegó a Samaria, Samaria es descrita como llena de gozo. Cuando la palabra llegó a Éfeso, dice que en Éfeso había un alboroto —en buen dominicano: un lío—. La palabra fue recibida, aceptada, y causó una revolución en ciertas comunidades. Pablo está pidiendo que esa palabra se expanda y sea glorificada, que tenga un impacto que cause una revolución. Y tú y yo tenemos que hacer lo mismo, porque la única esperanza de esta nación y de cualquier nación es la palabra.
La próxima petición de Pablo entonces es para que seamos librados de hombres perversos y malos, porque no todos tienen fe —versículo 2—. La palabra es clara cuando tiene que ver con la descripción de aquellos que se ponen en contra de la agenda de Dios. Hubo oposición en aquel entonces; hay oposición el día de hoy. La oposición ha cambiado, quizás, por lo menos en ciertas regiones. Porque en el siglo I la oposición frecuentemente era violenta: la gente terminaba en la cárcel, terminaba apedreada, terminaba apaleada, o terminaba muerta. Todavía ocurre eso en los países musulmanes. Todavía ocurrió eso en Turquía hace varios años atrás, donde cinco cristianos en un solo año perdieron la vida violentamente.
Pero en otras regiones como la nuestra, la persecución y la oposición son un poco más sofisticadas. Se redactan leyes, se pasan escondidamente, se aprueban por comisiones: leyes que procuran pervertir la mente y el corazón de nuestros niños y jóvenes. Una ley que obligue a un colegio cristiano o no cristiano, o a una familia, a enseñar un currículo donde a una edad de ocho años al niño se le enseña que no hay diferencia de género, y luego se le enseña cómo tener relaciones sin diferencia de género, es un currículo perverso. Y es una ley perversa porque pervierte el camino de Dios y el diseño de Dios.
Pablo pide oración después de haber sido acusado falsamente, después de haber sido apedreado, apaleado o hecho prisionero —Pablo pasó por todos esos tormentos—. Y uno pudiera preguntarse si Dios no podía evitar dichas palizas. Ya para expandir el reino y expandir la palabra, ¿hay que ser apaleado? Bueno, la realidad es que sí. Porque nosotros necesitamos circunstancias extremas para aprender a orar de forma extrema. Y entonces, cuando nosotros oramos de forma extrema, cosas extremas pasan.
Pedro estaba en prisión y la iglesia estaba orando, porque ya habían matado a Jacobo; habían decapitado a Jacobo. Dios dejó a Jacobo en la cárcel y lo decapitaron. Pero luego la iglesia estaba orando, y un ángel enviado por Dios abre la puerta de la cárcel. Pedro sale. Entonces Pedro va a aparecer a la casa donde estaban orando por su liberación. Cuando él toca, viene la muchacha a abrirle, se da cuenta de que es Pedro, lo deja fuera y va a reportar que Pedro está allí. Y entonces no le creen. Estaban orando, y luego, cuando la respuesta vino, no creyeron la respuesta. Así somos nosotros.
Por medio de la oración, Dios hace que cosas extremas ocurran. Por medio de la oración, Dios nutre nuestra relación con Él. Por medio de la oración, Dios nos ayuda y nos enseña a depender de Él; nos enseña que dependemos de Él. No es que nos enseña a depender: nosotros dependemos de Él, lo único es que no lo sabemos. O nos hacemos que no lo sabemos, nos hacemos que no dependemos de Él y vamos y actuamos conforme a nuestra propia voluntad. Pero por medio de la oración, Dios nos enseña cómo se depende de Él.
Y la realidad es, muy hermanos, que muchas veces el dolor, el sufrimiento, las pérdidas, las heridas son el mejor amplificador del evangelio, y por mucho. Las heridas de Cristo convencieron a Tomás. Sin las heridas, sin haberlas visto, Tomás no hubiese creído, y creo que fueron las heridas las que hablaron. Jesús no predicó cuando se le apareció a Tomás; no le predicó. Pero lo más poderoso fue la herida que estaba allí, y Tomás creyó. La realidad es que nuestras experiencias de ese tipo, al igual que la muerte de los mártires, han amplificado el mensaje del evangelio a un volumen muy superior a lo que el mejor sistema de sonido pudiera amplificar. Por eso es necesario.
La vida de Job ha estimulado a muchas más personas que todas las victorias de Josué en el libro de Josué. La vida de Job ha inspirado a muchas más personas que todas las victorias de Josué. Usted conoce más de la vida de Job que lo que conoce de las victorias de Josué. Déjame decirte algo que quizás te choque: si tú supieras todo lo que Dios sabe, si tú fueras todo lo santo que Dios es, si tú fueras todo lo justo que Dios es, si tuvieras todo el poder que Dios tiene —sabiendo todo lo que Dios sabe—, tu vida sería exactamente igual a la que Dios diseñó hoy. Si piensas que no, solo hay una posibilidad: crees que sabes más que Dios, y por tanto tú arreglarías la mala administración de Dios. Lo digo porque, como no sabes todo lo que Dios sabe, ni eres todo lo justo que Dios es, ni eres todo lo santo que Dios es, ni tienes todo el poder que Dios tiene, claro que no puedes creer todo lo que Dios cree.
Así que ven, oremos para que Dios detenga a hombres perversos y malos. Para que Pablo crea que la oración puede detener a hombres perversos y malos, tiene que creerlo; si no lo creyera, no pediría oración. Esta es la razón por la que nosotros estamos pidiendo oración. Pablo estaba consciente de que estamos en medio de una lucha espiritual, y no pequeña. Que estamos contra la espada y la pared, por así decirlo, porque nuestra lucha es contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales, pero que libran su batalla a través de hombres aquí en la tierra que pasan leyes malvadas.
El versículo termina diciendo "porque no todos tienen fe." Que es como decir: claro, Pablo, ¿por qué agregas eso? Bueno, es una forma de Pablo decirles a los tesalonicenses: un grupo de ustedes ha creído, pero no todos han creído. Un grupo de ustedes ha recibido la palabra, pero no todos le han dado recepción a la palabra. Quizás hay un grupo que la oyó y no la recibió, pero tampoco me está haciendo la vida imposible; pero no todos son así. Pablo sabe que es posible escuchar y no recibir.
De hecho, entre Salónica y sus alrededores, la mejor receptividad de la palabra la tuvieron los gentiles. Los judíos no tuvieron esa receptividad. Pablo predicó la palabra tres días de reposo y lo expulsaron. Algunos piensan que Pablo salió ya de Tesalónica después de esa tercera semana; otros piensan que quizás Pablo tuvo algunos meses allí, pero tuvo que salir corriendo. Oren. Cuando Pablo salió de Tesalónica, se fue a Berea.
Cuando llegó a Berea, los judíos de Tesalónica se enteraron que Pablo estaba en Berea y bajaron a Berea y le hicieron la vida imposible allí. Pablo tuvo que salir corriendo para Atenas, y de Atenas se fue a Corinto, y de Corinto escribió esta carta a los tesalonicenses. Pablo entonces predicó la palabra entre los de Tesalónica, en medio de una iglesia donde los gentiles recibieron la palabra y los judíos rechazaron la palabra.
Dos grupos. En un grupo la palabra crecía y se expandía; en otro grupo la palabra era rechazada. Y eso es como ha ocurrido siempre. En Antioquía de Pisidia nosotros leemos en el capítulo 13 del libro de los Hechos, donde hubo un grupo de gentiles que recibió la palabra y entre ellos la palabra creció y se expandió. Y luego, inmediatamente después, en el próximo versículo —yo te lo voy a leer—, hubo un grupo de judíos que se opusieron a la palabra en el mismo contexto donde esa misma palabra había crecido.
Mira cómo dice el texto de Hechos 13:48-49: "Oyendo esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados a vida eterna. Y la palabra del Señor se difundía por toda la región." Ahí está. Hay dos versículos en Hechos 13 que me hablan de que la palabra estaba siendo glorificada. La palabra del Señor fue glorificada por los gentiles. ¿Cómo lo hicieron? La recibieron, la creyeron, la predicaron posteriormente y mostraron en sus vidas el poder de la palabra predicada, y con eso la palabra era glorificada.
Al mismo tiempo, el texto dice que la palabra del Señor se difundía por toda la región. Yo te dije que hay diferentes porciones en el libro de los Hechos donde se nos deja ver la palabra creciendo, creciendo, creciendo de una manera extraordinaria. Entonces, la palabra entre los gentiles en Antioquía de Pisidia creció, se fortaleció, se multiplicó. Pero a la vez, allí hubo hombres malvados de otro grupo de personas que, después que la palabra había sido glorificada y expandida entre los gentiles, se opusieron a lo que la palabra podía ser entre los judíos.
Escucha lo que dicen los versículos 50 y siguientes de Hechos 13: "Pero los judíos instigaron a las mujeres piadosas y distinguidas y a los hombres más prominentes de la ciudad." Siempre son hombres en posición de autoridad que se oponen a lo que Dios está haciendo. "Y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su comarca. Estos se sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio. Y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo." Los expulsaron y están llenos de gozo y del Espíritu Santo. ¿Qué significa eso? No había forma de callarlos, no había forma de apagarlos.
Pero antes de salir Pablo y Bernabé, este limpia el polvo de los pies. Eso era una costumbre judía, donde el judío acostumbraba a decir lo siguiente: cuando visitas una población gentil, antes de salir de la ciudad, límpiate el polvo para que te quites la contaminación que tus sandalias tomaron en aquella ciudad. Ahora Pablo toma eso y lo revierte hacia el grupo de judíos que rechazaron la palabra, pronunciando prácticamente una especie de maldición, de que cualquier consecuencia que cayera sobre ellos sería sabiendo que ellos eran responsables de haber rechazado el mensaje del Evangelio. Y él se limpia el polvo de los pies.
Ya nosotros vimos entonces en el versículo anterior la necesidad de orar para la expansión de la palabra. Porque si la palabra es predicada pero no es recibida ni honrada, pues no hay expansión de la misma. Y si la palabra es opuesta por hombres malvados y perversos, pues igualmente la palabra no podrá correr; de ahí la necesidad de orar.
Pero ahora nota cómo hay otra necesidad al orar, y es la necesidad de confiar en Dios mientras oramos. Versículo 3: "Pero fiel es el Señor, quien os fortalecerá y protegerá del maligno." Hay una tendencia en el cristiano a desanimarse, a acobardarse, a alcanzar el límite a mitad del camino cuando la oposición surge. Y Pablo les está recordando: no te desanimes, porque Dios es fiel. Dios te va a fortalecer cuando tú necesites ser fortalecido; Dios te va a proteger del maligno cuando tú necesites dicha protección.
Pablo no está tratando de animarlos con palabras bonitas o palabras poéticas, ni tampoco estaba simplemente animando a los tesalonicenses basándose en la fortaleza o en la experiencia que él tiene. Pablo está tratando de animarlos mediante la confianza en el carácter de Dios, que es fiel para protegerlos y para fortalecerlos.
La primera característica que Pablo menciona del carácter de Dios es su fidelidad. Dios es fiel a su pacto. Dios ha decretado que su iglesia va a prevalecer; las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Puede ser que ocurran cosas en el camino que detengan el trabajo en un lugar, pero eso Dios lo decide porque Él está trabajando en otro lugar. Tú sabes, por ejemplo, que en Turquía, lo que antes era Asia Menor, había varias iglesias que Cristo confronta en el libro de Apocalipsis, y a cada una de ellas le hace una advertencia. Él les dice que si no se arrepienten, va a quitar el candelabro de en medio de ellos. Y como no se arrepintieron, el candelabro fue quitado, y Turquía, lo que era antes Asia Menor, hoy tiene un 98% de musulmanes y menos de un 2% de cristianos.
Pero la Gran Comisión no se detuvo. La Gran Comisión continúa avanzando de tal forma que en regiones como la nuestra, donde la palabra llegó 1.500, 1.600, 1.700 años después que lo que había llegado a Turquía, hoy hay vitalidad, mientras que allá la región está muerta espiritualmente. Pero la Gran Comisión no se detuvo. Pablo está tratando de ayudarlos a confiar en la fidelidad de Dios.
La segunda cualidad del carácter de Dios que Pablo trae a colación es que Dios es un Dios protector. "Él os fortalecerá." Dios no necesariamente te evita la persecución, pero Dios te fortalece para que tú puedas soportar la persecución. Y Dios te da la fortaleza cuando la dificultad llega, no antes. Dios no nos da una fortaleza de antemano para que la usemos cuando la necesidad llegue. Es como el anestesiólogo, el paciente y el cirujano. El paciente puede estar el lunes en la clínica; el cirujano va a hacer la cirugía el miércoles, pero el anestesiólogo no le da la anestesia al paciente el lunes para decirle: "Te he preparado para cuando llegue la cirugía el miércoles." Él le da la anestesia justamente antes de la cirugía, cuando es necesario. Dios te da la gracia justamente a la hora de la prueba, no antes; cuando tú la necesitas, no cuando no la necesitas. De manera que Pablo está ayudándoles a entender cómo opera Dios: no te preocupes, Dios te va a fortalecer.
La tercera cualidad del carácter de Dios es su deseo y habilidad de proteger a los suyos. "Él os protegerá del maligno." El Señor enseñó a sus discípulos a orar y les enseñó incluso cómo orar en medio de la guerra espiritual. Cuando ellos le pidieron al Señor que les enseñara a orar, Cristo les enseñó reconociendo que la guerra espiritual es una realidad, que tiene una intensidad y que es continua. De todo eso estaba consciente. Pero a la hora de orar, su enseñanza fue sencilla: en cuanto a quién oramos, "Padre"; en cuanto a cómo comenzar, "santificado sea su nombre"; en cuanto a qué pedir, "que se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo"; en cuanto a tu necesidad, pide por pan —si Él quiere darte más, ya lo sabe—; "el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy"; en cuanto a tus relaciones personales, pide a Dios que te ayude a perdonar a los que te ofenden, como Él te ha perdonado a ti; y en cuanto a la guerra espiritual, sencillo: "líbranos del maligno." Amén. Esa fue su enseñanza.
En otra ocasión le enseñó a pelear diciendo: "Escrito está, escrito está, escrito está." En otra ocasión le recordó a Pedro: "Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo" —a todos ustedes, no a Pedro solamente, en plural—. "Pero yo, Simón, he rogado por ti para que tu fe no falle. Cuando tú te hayas vuelto, fortalece a tus hermanos."
Yo estoy convencido de que Satanás ha pedido permiso para zarandear a mucha gente, sobre todo a los líderes de la iglesia. Y los líderes de la iglesia necesitan saber que Cristo, que ahora está sentado a la diestra del Padre, está intercediendo por cada uno de nosotros para que nuestra fe no falle. Y eso es lo que Pablo está tratando de comunicarles a los tesalonicenses: "Él os fortalecerá y os protegerá del maligno."
Nota cómo dice: "Él nos protegerá del maligno." No dijo de la prisión. No dijo de los gobiernos de turno. No dijo de las Supremas Cortes. No dijo de los diputados y senadores. Del maligno. Tú no vas a caer de la gracia que te ha sido otorgada en la salvación. Ahora bien, nosotros necesitamos saber que en la vida temporal por la que transitamos van a haber algunas fricciones, porque Dios está interesado en demostrar que si yo voy detrás de los bajos propósitos del mundo, Él va a dejar claro que yo puedo hacer eso, pero que nadie puede poner su palabra detrás de esos propósitos. Y con eso Dios glorifica su poder, su sabiduría y su habilidad.
Ahora bien, no todos en la iglesia de Tesalónica, ni todos en ninguna iglesia, tienen la madurez y la confianza para permanecer tranquilos a la hora de la prueba.
Hoy domingo, muchos pudieran estar diciendo: "Amén, gloria a Dios". Aunque no he oído mucho de eso tampoco, hoy domingo pudiéramos decirlo. Y mañana estar viviendo la misma situación a la que dijimos "amén", y estar temblando en nuestros zapatos. Porque, como bien dice el refrán que no me gusta, pero que tiene una gran verdad: una cosa es llamar al diablo y otra cosa es verlo venir. Una cosa es decir "amén, aleluya, gloria a Dios" el domingo, y otra cosa es ir a vivir aquello a lo que tú le dijiste "amén, gloria a Dios".
Fácil decir "amén, Dios nos cuida", pero a la hora de la prueba no mostrar la serenidad de que Dios nos cuida. Cuando decimos "Dios nos cuida" y luego no mostramos esa serenidad, estamos mostrando que tenemos más conocimiento que fe. Que nuestro conocimiento cristiano supera nuestra fe cristiana. O estamos mostrando que nuestro conocimiento cristiano supera nuestro carácter cristiano.
Si hay algo que sale a relucir en la vida de Pablo, no es solamente cuánto él sabía acerca de Dios, sino cuánto él confiaba en ese Dios de quien él sabía. De manera que él pudo vivir lo que predicaba, lo que enseñaba, lo que escribía. Y él escribe a Timoteo, su segunda carta, a su discípulo más joven, capítulo 4, versículos 16 al 18, y le habla a Timoteo de una experiencia que ya él vivió de manera que ya él probó.
Él dice: "En mi primera defensa —tuvo más de una— nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. Que no se les tenga en cuenta". Es como Cristo: todos lo abandonaron. Timoteo no estaba, no sabemos por qué; Silas no estaba; Lucas no estaba; nadie estaba. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció. Cuando Pablo dice "el Señor me fortaleció", él sabe de qué está hablando. El Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran, y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá salvo a su reino celestial; a Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
"Me traerá salvo a su reino celestial." Esta era la garantía. Dios me va a proteger de toda obra mala que quiera evitar que yo llegue al reino celestial. Pero en el camino habrá obras malas temporales por las cuales yo voy a pasar, y Pablo pudiera decir en un lenguaje moderno: "Pero está bien conmigo. Está bien." Pablo experimentó el abandono de los hombres, pero no el abandono de Dios. Pablo experimentó la debilidad de la carne, pero no la debilidad de su Dios.
Dios me fortaleció, y a la hora de la primera ejecución —ya me iban a ejecutar aparentemente, la boca del león— me libró, me sacó de ahí. Y él está hablando con propiedad. Las vicisitudes y dificultades por las que Pablo pasó fueron suficientes para haber devuelto a cualquier hombre. A ver si lo habrían detenido, a ver si lo habrían hecho retroceder. Dios lo fortaleció, porque Dios lo protegió, porque Dios lo preservó. El Dios de quien habla Judas 24, que es poderoso para guardar sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría. Ese Dios es poderoso para guardarnos sin caída, sin caída de nuestra salvación.
Pero recuerda que nuestras experiencias de dificultad son el altoparlante del Evangelio de Dios, más que cualquier predicador. Y Pablo tenía una confianza inquebrantable, y eso es lo que está tratando de transmitir a sus seguidores. "Y tenemos confianza en el Señor respecto de vosotros, de que hacéis y haréis lo que os ordenamos." ¿Notaron lo que Pablo dice aquí? "Y tenemos confianza en el Señor."
¿Cuál es tu confianza, Pablo? Bueno, yo tengo una confianza respecto de los tesalonicenses. Pablo no dice: "Yo enseñé bien a los tesalonicenses". Ellos recibieron la palabra, y la recibieron como palabra de Dios, como lo que es, y no como palabras de los hombres, como dice el capítulo 2 de la primera carta. Pero él está diciendo: "Yo tengo confianza en ellos." Él está diciendo: "Yo sé que ese grupo de tesalonicenses a quienes yo le envío la carta son nacidos de nuevo. Y como son nacidos de nuevo, Dios está más interesado en ellos que yo. Por tanto, yo tengo confianza en el Señor de que vosotros estáis haciendo lo que les toca hacer y que van a hacer lo que les toca hacer."
¿Y por qué tienes esa confianza, Pablo? Porque Él es quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer para su beneplácito. ¿Y qué más, Pablo? Porque aquel que comenzó la buena obra será fiel hasta completarla. Por tanto, conclusión, por consiguiente, yo estoy seguro de que ustedes van a hacer lo que les toca hacer. Tengo confianza en el Señor. No en ustedes. Yo no pongo ninguna confianza en la carne, dijo Pablo. Ni en la mía ni en la de los tesalonicenses, ni yo tampoco, ni en la mía ni en la de ustedes. Porque en mi carne ni en la tuya nada bueno hay. Pero en nuestro interior, si eres nacido de nuevo, mora Dios, y en Él está mi confianza.
Finalmente, Pablo dice en el versículo 5 que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y hacia la perseverancia de Cristo. De acuerdo a los expertos en el griego, hay una ambigüedad aquí en el original, donde no está claro si Pablo está diciendo que Dios dirija sus corazones de tal forma que ellos puedan sentir el amor de Dios hacia ellos, o si lo que Pablo está diciendo es que esos corazones sean dirigidos de tal forma que ellos puedan sentir mayor amor hacia Dios. ¿Entendieron? Ambas cosas tienen beneficios.
Pero pensemos primero en donde está la mayoría, y en donde el contexto parece sugerir que Pablo está orando para que ellos puedan sentir el amor de Dios hacia ellos. ¿De qué forma ellos, como congregación que está en medio de persecución, como congregación que está sufriendo la opresión, pudieran beneficiarse de corazones que experimentan mejor el amor de Dios hacia ellos? Bueno, recuerda que si tú estás bajo dificultad, persecución u opresión, hay temor. Tenemos temor de esas cosas. Pero resulta que el texto de Juan nos dice que el amor de Dios, el perfecto amor de Dios, echa fuera todo temor. De manera que la experiencia del perfecto amor de Dios en nuestras vidas es vital para ir erradicando los temores de la naturaleza humana. Y nosotros podemos tener mayor o menor temor porque muchas veces experimentamos el amor de Dios en mayor o menor grado.
Reflexionando sobre esto en la semana, yo pensaba que nosotros pudiéramos conocer el amor de Dios de una manera cerebral, porque lo hemos estudiado en la Palabra. Y sabes que de cierta forma hay una manera en que yo necesito conocerlo así. Pudiéramos también conocer el amor de Dios de manera sentimental: hay como cuando pienso en Dios y que Él me ama, yo pudiera experimentar cierto sentimentalismo sano y una cierta dulzura, y en cierta manera yo tengo que sentirlo y conocerlo así también. También es posible que yo pueda conocer el amor de Dios de forma doctrinal. La doctrina me informa acerca del amor de Dios, y sabes que hay una cierta forma en que yo tengo que conocer el amor de Dios así también.
El amor de Dios yo pudiera conocerlo a manera de agradecimiento: pienso lo que era, pienso lo que soy, pienso en todo lo que falta y pienso en cuán fiel Dios es, y siento agradecimiento, y como que lo quiero, lo amo, con cierto sentido de gratitud. Y hay una manera en que yo tengo que amarlo así también. Pero hasta que yo no pueda experimentar el amor de Dios de la manera en que un padre ama a su hijo, yo no voy a poder tener la experiencia completa y la fuerza completa del versículo que dice que el perfecto amor de Dios echa fuera todo temor.
Y la única forma como yo puedo experimentar el amor de Dios como de padre a hijo es si me expongo a los riesgos de la vida, donde entonces el Padre viene, hace su presencia y me muestra que aquellas cosas que yo consideraba un riesgo para mí se han convertido en un privilegio y una oportunidad. Por ejemplo, yo he visto —y lo vimos el miércoles en la clase acerca del desierto— que las águilas forman sus nidos muy altos, y ellas están capacitadas por Dios en su diseño para que, una vez los polluelos salen de los huevos, a las varias semanas, ellas quieran entrenar a esos polluelos a volar. Y entonces, después de varias semanas, ella destruye el nido con su pico y empuja los polluelos. Pero los polluelos no van a volar de inmediato, y entonces vienen en caída libre.
Imagínate el polluelo si pudiera pensar: "¿Qué mamá es esta? ¡Mamma mia!", en caída libre y tratando de volar, hasta que la mamá águila emprende el vuelo, abre sus alas, se le mete por debajo, lo recoge sobre sus alas y se lo lleva de regreso al nido. Eso es exactamente la metáfora que Dios usa para hablar de Israel. Le dice: "Te saqué de Egipto como en alas de águila. Te puse en riesgo en el desierto, con faraón detrás, el mar cerrado delante, y luego te subí sobre mis alas. Te rescaté y te saqué al desierto." En esa forma Dios nos permite experimentar su amor de Padre a hijo. Pero si me escudo continuamente, no voy a poder experimentar lo que Dios quiere.
Por otro lado, Dios pudiera orientar nuestro corazón —y pudiera ser la otra forma como Pablo quiso significar esta oración, aunque algunos piensan que él lo dejó ambiguo a propósito porque está hablando de ambas cosas— de tal forma que mi corazón ame más a Dios. Y hay un beneficio: si mi corazón ama más a Dios, yo voy a ser más obediente, porque Cristo dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." En otras palabras, mi desobediencia no es un problema de obediencia, es un problema de amor. Si yo amo más a Cristo, voy a ser más obediente, y por tanto voy a vivir de una mejor manera.
Pablo sabía perfectamente que mi rebeldía es un problema de mayor amor por mis formas que por las formas de Dios. Perfectamente. Y que es un problema de amor a mi voluntad más que amor a la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.
Pablo está pidiendo, quizás, más amor hacia Dios porque él sabe perfectamente bien que hay una relación entre el amor a Dios y la fidelidad. Mientras más amor tengo a Dios, más fiel soy a Dios; mientras menos amor tengo a Dios, más infiel soy a Dios. Pablo también sabía que hay una relación directa entre mi amor por Dios y mi perseverancia en las pruebas. Cuando José fue sometido a prueba por la esposa de Potifar, José dice: "No, yo no puedo hacer eso." No porque la mano esté aquí o porque él esté de viaje dos o tres meses, sino: "Yo no le puedo hacer eso a Dios." Mientras mayor sea mi amor a Dios, mayor será mi fidelidad en las pruebas y mayor la perseverancia.
Pablo también sabía que había una relación directa entre el amor a Dios y la oración, de la misma forma que hay una relación directa entre el amor del novio por la novia y cuánto hablan entre ellos, y entre los esposos y cuánto hablan. Y Pablo también sabía que había una relación directa entre el amor a Dios y la Gran Comisión. Alguien pudiera decir, como dicen los norteamericanos: "¿Qué?" Sí, hay una relación directa entre el amor a Dios y la Gran Comisión, porque hay una relación directa entre el amor a Dios y el amor a los propósitos de Dios, y el propósito número uno de Dios es su obra redentora, y la obra redentora no se puede llevar a cabo sin la Gran Comisión.
"Me seréis testigos en Jerusalén, y hasta los confines de la tierra." "Por todo el mundo, hacer discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo cuanto yo os he enseñado." Pero no puedo obedecer sin amar. "Si me amáis, obedeced mis mandamientos." De manera que cuando Cristo dice "enseñándoles a obedecer todo lo que os he enseñado", le está diciendo: "Enséñales a amarme, para que puedan hacer todo lo demás." Eso es vital.
Pablo también dice en el versículo 5 que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y hacia la perseverancia de Cristo. Hay otra ambivalencia. Pablo está diciendo que Dios dirija sus corazones de una forma en que ellos puedan experimentar cuán perseverante es Cristo hacia ellos en medio de su infidelidad. Eso es vital e importante, porque si yo puedo experimentar la fidelidad y perseverancia de Cristo en medio de mi infidelidad, eso va a darme un sentido de agradecimiento verdaderamente extraordinario.
Pablo está diciendo que Dios pueda orientar sus corazones de tal manera que ellos puedan perseverar como Cristo perseveró hasta llegar a la cruz. Si Dios hace eso, eso también es extraordinario, porque ahora nosotros vamos a poder perseverar de la misma manera que Cristo perseveró. La realidad es que nosotros perseveramos porque Dios nos preserva. Cuando tú ves esa doctrina desde arriba, Dios dice: "Yo los preservo"; cuando la ves desde abajo, el hombre dice: "Yo perseveré." Pero yo perseveré porque Dios me preserva. Si Dios no me preserva, yo no persevero.
Entonces Pablo está pidiendo una de dos cosas: o que podamos experimentar la perseverancia de Cristo hacia nosotros —¡oh, Pablo, excelente!—, o que yo pueda perseverar como Cristo perseveró —¡oh, Pablo, excelente también!—. Esas cualidades, esa forma de orar, es vital en estos tiempos de apostasía, en estos tiempos de dificultad y de la peor inmoralidad en la que nosotros podamos vivir, en medio de hombres malvados.
Pero yo quiero animarte a que no desmayes. Quiero animarte a que no dejes de orar, a que no dejes de predicar la Palabra, de compartir la Palabra, a que ores por la expansión del ministerio de la Palabra, a que puedas orar en contra de las mentes reprobadas que ocupan posiciones de autoridad en nuestra nación, y a que puedas orar por la perseverancia del pueblo de Dios. Son tiempos difíciles.
Por tanto, como son tiempos difíciles, cierro con una cita del apóstol Pablo en Efesios 5:15-18: "Por tanto, tened cuidado cómo andáis, no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos —y ahora peores—. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu."
Nunca ha habido un tiempo en que nosotros necesitemos más la llenura del Espíritu que este tiempo, para que su llenura nos guíe, nos fortalezca, nos llene de valor y de coraje, para que podamos resistir y perseverar, para que oremos desde su llenura, para que ministremos desde su llenura. Que Dios bendiga su Palabra, que Dios anime a su pueblo, que el pueblo aquí y el pueblo en República Dominicana sea como el pueblo de Daniel 11:32: "El pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará." Muéstrate fuerte, muéstrate que actúas, porque tú conoces a tu Dios.
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