Integridad y Sabiduria
Sermones

Os exhorto a madurar

Miguel Núñez 4 diciembre, 2016

La iglesia de Corinto era una comunidad profundamente disfuncional: dividida por rivalidades, herida por celos y envidia, agitada por difamaciones y chismes, marcada por la arrogancia y el desorden, con miembros viviendo en inmoralidad. Al cerrar su segunda carta a esta congregación problemática, Pablo no los abandona; los llama hermanos y les entrega cinco imperativos que condensan el camino hacia la madurez cristiana.

El primero es regocijarse, algo imposible para quienes viven en desobediencia. El gozo, enseñó Jesús, es fruto de guardar sus mandamientos. El segundo imperativo, ser maduros o restaurados, implica enmendar relaciones rotas tanto con Dios como con los hermanos. Es como reparar la zapata de un edificio: no se puede seguir construyendo sobre lo dañado sin que todo se derrumbe. El tercero, dejarse exhortar, requiere humildad para dar y recibir amonestación. El cuarto, ser de un mismo sentir, no significa pensar igual en todo, sino caminar unidos hacia un mismo propósito con la mente de Cristo. Y el quinto, vivir en paz, es consecuencia natural de lo anterior.

La mejor defensa de una iglesia contra el enemigo es la unidad. Satanás no necesita procurar la victoria; le basta dividir, porque una iglesia dividida se destruye sola. Pero el pueblo de Dios ya fue unido por el Espíritu Santo. Solo el orgullo, el egoísmo, el resentimiento y la falta de perdón pueden deshacer ese vínculo. Vestirse de amor, considerar al otro más importante que uno mismo, perdonar como Cristo perdonó: ese es el uniforme que debe cubrir la piel del creyente.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el día de hoy terminamos la segunda carta de Pablo a los Corintios, y por tanto era congruente que yo pudiera cerrar la serie y luego entonces tomara el sabático. Recuerde que el sabático no es un período de vacaciones, sino un período de trabajar en otras áreas, concentrarse en otras áreas y escribir algunas cosas que tengo que escribir, cumplir con algunos compromisos, ver un poco la visión de la iglesia hacia el futuro, ponerla por escrito, discutirla, hablarla con los pastores y presentarla. De manera que yo seguiré activo en la vida de la iglesia de otras formas, pero como se anunció, en lo que tiene que ver con consejería, enseñanza y predicación, junto con Ya y Pana, como soy parte de esa generación joven, yo me estoy yendo con ellos, y más o menos cuando ellos regresen, yo regreso. Ese es el compromiso.

"Una exhortación a madurar" es el mensaje que yo traigo a su iglesia para concluir esta segunda carta de Pablo a esta iglesia problemática. Hemos llegado al final de esta serie que iniciamos en octubre del año pasado, y es una serie basada en esta carta que Pablo envía a una iglesia a la cual llegó a amar intensamente a pesar de sus disfuncionalidades. Es una iglesia a la que Pablo corrigió, a la que Pablo amó, a la que Pablo exhortó, por la que Pablo oró y a la que Pablo advirtió. Pero ahora, al cierre de su carta, tiene que despedirse de esta iglesia. De manera que esta es la despedida del apóstol Pablo de esta iglesia; en esta carta ya no habrá más cartas de Pablo a los corintios. Por eso es que todos los finales de serie también le ponen a uno un poco nostálgico, porque yo como que me despido también.

El texto de hoy comienza de una manera congruente con "por lo demás, hermanos". Otras traducciones dicen "finalmente", aunque a veces, al comparar, hay que tener cuidado, porque a veces dice "finalmente" y quedan como tres capítulos todavía. Pero este no es el caso. Existe una alta probabilidad, según la opinión de muchos académicos, de que finalmente esta iglesia acató las instrucciones de Pablo y mejoró su condición. Nosotros no tenemos evidencias directas; las que existen son indirectas, y por tanto yo no voy a entrar en toda esa discusión para fines del mejor uso de mi tiempo, de manera que mejor pasamos a introducir de alguna forma esta última parte de la carta.

Recordemos que los corintios han tenido múltiples problemas de conductas pecaminosas. La realidad es que no es fácil cambiar las conductas, aún después de haber nacido de nuevo; no es fácil cambiar los patrones de conducta que tienen con nosotros un largo tiempo. Y por eso es que el proceso de santificación, como usted mismo lo ha estado experimentando si es hijo de Dios, es lento y es largo. Es como es. Y muchas veces nosotros, en ese proceso largo que hemos descrito, vamos experimentando una serie de experiencias que quebrantan una cosa pero que dejan otras intactas, y hay que volver a darle otra vuelta al monte para que se quebranten otras cosas. Y hay sinsabores y hay decepciones, y Dios va puliendo cada una de esas cosas. Y eso no ha sido diferente en el caso de la iglesia de Corinto.

La mejor manera de poder entender esto es entendiendo el trasfondo del que ellos venían, un trasfondo altamente pecaminoso. En el primer mensaje que entregamos de esta serie, en octubre del año pasado, describimos con cierto detalle las características de la ciudad donde los corintios estaban localizados, donde esta iglesia estaba localizada. Era una ciudad inmoral hasta el punto de que cuando alguien vivía inmoralmente, se hablaba de que estaba "corintianizando". Era una ciudad pecaminosa, por tanto una ciudad orgullosa, una ciudad caracterizada por las grencillas, y esas cosas afectan a la iglesia que allí se plantó.

Y esa iglesia fue afectada de diferentes maneras. Nosotros todavía tenemos una carne, y esa carne quiere empujarnos en una dirección de acuerdo a sus impulsos. Nosotros vivimos en un mundo que quiere vendernos una ideología que va cambiando de momento en momento; hoy en día es la ideología de género, tratando de hacernos entender que no hay diferencia entre hombres y mujeres, y que una cosa es el sexo y otra cosa es el género. Cuando en realidad, en toda la historia de la humanidad, nunca se había oído una cosa tan contradictoria como esa. La gente ve esas cosas como progresistas, pero eso es verlo con el lente del mundo; con el lente de Dios, estas cosas son destructivas. Y por otro lado, Satanás usa ese mundo y usa esa carne que forma parte de nosotros, avivando una cosa u otra de tal forma que nosotros podamos cometer una conducta pecaminosa de manera recurrente, porque cuando tú haces algo de forma repetitiva, eso forma un patrón de comportamiento que es difícil de deshacer. Y Dios tiene que venir a obrar en ti a través del Espíritu Santo y a través de su Palabra.

En inglés hay una frase que dice que no puedes enseñarle a un perro viejo un truco nuevo. Y nosotros tenemos nuestra propia frase: "Lo que crece torcido, nunca endereza su rama." Pero sabemos que cuando Dios comienza a obrar, eso no es cierto. Sin embargo, esa rama, aún después de haber nacido de nuevo, cuesta enderezarla, y por eso es que mientras más temprano se produce nuestra conversión, mucho mejores serán los frutos. Los corintios tenían hábitos viejos, pecaminosos, arraigados, que le dieron mucha agua a beber al apóstol Pablo.

Voy a leer dos versículos que ya leí en dos mensajes anteriores, pero la razón por la que lo voy a hacer otra vez es porque forman parte de esta introducción a la despedida. De hecho, la despedida de Pablo está íntimamente relacionada con esta lista de hábitos pecaminosos en los corintios. Escucha, 2 Corintios 12:20-21, que también está al final de la carta:

"Porque temo que quizás cuando yo vaya, halle entre vosotros contiendas, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancia, desórdenes. Temo que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado."

Sin lugar a dudas, este texto nos puede llevar a conclusiones bastante precisas. Tú lees esos dos versículos y sabes que esta era una iglesia dividida, porque el texto habla de rivalidades y contiendas. Tú puedes concluir inmediatamente que era una iglesia herida, porque el texto habla de celos y enojos. Sin lugar a dudas era una iglesia agitada, porque habla de difamaciones y chismes. ¿Quién puede estar tranquilo en medio de difamaciones y chismes? Era una iglesia orgullosa, como se evidencia en la arrogancia; falta de orden, como se evidencia en los desórdenes. No podía haber paz en medio de todo eso que nosotros venimos describiendo. Y sin lugar a duda había miembros viviendo en inmoralidad también.

Y eso es lo que hace que Pablo, cuando le escribe a los corintios en su primera carta, en el primer capítulo los llame niños, los llame inmaduros y los llame carnales, palabra que pudieron tomar de manera ofensiva, pero él tenía que confrontarlos. Esa lista de pecados es lo que Pablo tiene en mente cuando escribe esta despedida, y con ello los exhorta a vivir de otra forma. Y con eso entonces vamos a leer los versículos del 11 al 14:

"Por lo demás, hermanos, regocijaos, sed perfectos o maduros, confortados, sed de un mismo sentir, vivid en paz, y el Dios de amor y de paz será con vosotros. Saludaos los unos a los otros con beso santo. Todos los santos os saludan. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros."

Esta despedida es bien corta y sencilla, pero está llena de verdades. La despedida tiene cinco exhortaciones o amonestaciones en la primera parte del versículo 11. Tiene una promesa en la segunda parte del versículo 11. Tiene una instrucción de cómo debían los cristianos saludarse en la iglesia primitiva, en el versículo 12. Tiene un saludo de las iglesias a la iglesia de Corinto, en el versículo 13, y tiene una bendición final en el versículo 14.

Ahora nota cómo el pastor Pablo comienza la despedida cuando dice "finalmente" o "por lo demás", que es lo que sigue con "hermanos". Pablo está asumiendo que esta gente ha sido comprada a precio de sangre, que forman parte de la familia de Dios, que si pueden ser llamados hermanos es por la obra que Cristo hizo en su vida, muerte y resurrección. De manera que este es parte de esta familia disfuncional que Dios está santificando. Ellos ya eran hijos de Cristo; había gente que no lo era, pero en conjunto la iglesia está siendo considerada de esa manera porque Pablo les llama hermanos.

Ellos tenían que hacer ciertas cosas y realizar ciertos cambios, o muchos cambios, si van a reflejar lo que verdaderamente ya eran. Y esa es una de las cosas que el pueblo de Dios necesita entender: cuando Dios me aparta y me llama santo, ahora yo tengo que reflejar lo que yo soy. Cuando Dios me hace parte de su familia y me llama a ser una nación santa, ya yo soy eso. A mí me toca reflejar algo que ya soy, que está en mi interior pero que yo no estoy dejando salir. Esa es la diferencia. Yo no llego a ser una nación santa ni llego a ser un real santo; yo soy eso, está en mi interior, y yo tengo que dejarlo salir. Y los corintios no estaban haciendo eso.

Entonces Pablo, ayudándolos a entender cómo puede salir hacia afuera lo que ellos ya son, les da cinco imperativos: regocíjaos, sed perfectos, confortaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz. La mayor parte del tiempo que me queda lo vamos a emplear en esos cinco imperativos, porque cuando tú llevas a cabo esas cosas, eso es lo que va a permitir reflejar que esta gente verdaderamente eran hermanos en Cristo.

El verbo "regocijados", o su forma de nombre, es muy paulina; aparece 29 veces en las cartas de Pablo. El gozo debe ser —escucha, mi hermano— el gozo debe ser una característica del cristiano, debe ser algo que marca la vida cotidiana del cristiano, debe formar parte del carácter, dado el entendimiento que él debiera llegar a tener de todo lo que Dios hizo en Cristo y todo lo que continúa haciendo. Ya eso es motivo de gozo. Yo creo que el gozo es la experiencia del hijo de Dios que confía en Dios, que está caminando con Dios, cuyo caminar está siendo aprobado por Dios, que entiende que no importa la circunstancia en la que él se encuentra, Dios está haciendo algo en él y a través de él. Si tú entiendes ese paquete, por así decirlo, tú puedes tener gozo, tú debes tener gozo. Pero los corintios no podían tener gozo; en medio de lo que yo les describí, no podían vivir en gozo.

Y la falta de gozo —llegado a entender a través de los años de experiencia que tú vas acumulando— la falta de gozo en sí misma es una piedra de tropiezo, porque cuando ese gozo no está presente, nosotros comenzamos a imaginar cosas, usualmente de la carne y del mundo, de dónde y cómo yo pudiera obtener el gozo que la vida cristiana no me está proporcionando. De manera que una vida de gozo en sí misma es una protección para mi vida de santidad. Yo creo que cuando Dios nos trae a su familia, Él nos da el gozo de su salvación, y de ahí que mucha gente, cuando se convierte, expresa que está alegre, y alguno dice: "Porque este se volvió fanático, entonces se le perdió la cabeza." No; con el nuevo nacimiento hay un gozo nuevo que no existía. Pero luego hay personas, circunstancias y cosas que nosotros permitimos que nos roban el gozo que ya fue depositado.

Muchas veces ese gozo se va por nuestra forma de ver la vida; eso nos roba el gozo. Otras veces el gozo se va por la falta de visión de todo lo que ya Dios me ha dado, de todas sus bendiciones que están frente a mis ojos, pero yo no las veo. Otras veces el gozo se va por nuestra falta de aceptación de las circunstancias en las cuales Dios me ha puesto, y en vez de gozo tenemos ingratitud y quejas. La mejor manera de vivir en gozo, o con gozo, es viviendo una vida de obediencia, y eso no era la experiencia de los corintios. Es imposible vivir en gozo en desobediencia; no difícil, imposible.

Mira cómo el Señor Jesús trató de enseñar esto en Juan 15, en el aposento alto, horas antes de morir. El versículo dice: "Si guardáis mis mandamientos" —recuerda esa frase, "si guardáis mis mandamientos"— "permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado" —¿cuáles cosas? "Si guardáis mis mandamientos"— "para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea perfecto." Discípulos, yo les hablo de que guarden mis mandamientos, y estas cosas se las he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea perfecto. Los corintios no estaban viviendo en obediencia; por tanto no podían vivir en gozo, y por eso el primer imperativo de Pablo para los corintios es: regocíjaos. Tienen que salir de eso, tienen que escudriñar las Escrituras para ver cómo es que el gozo sale de vosotros, un gozo que ya fue depositado en ustedes el día que el Espíritu de Dios vino a morar en ustedes, pero se lo han dejado robar o lo han entregado.

Segundo imperativo: sed perfectos. Otras traducciones lo tienen como "sed maduros", lo cual sería apropiado cuando Pablo llama a los corintios en su primera carta inmaduros o carnales. Sin embargo, de acuerdo a varios académicos y lingüistas, expertos en el lenguaje original, una mejor traducción sería "sed restaurados." Y ahí había mucha tela que cortar. Los corintios tenían que ser restaurados en su relación con Dios, y tenían que restaurar sus relaciones horizontales, sus relaciones con los demás. De manera que es una buena frase, una buena exhortación, un buen imperativo: ser restaurados; restaurar primero tu relación vertical con Dios para que puedas restaurar tus relaciones horizontales.

Y eso tiene todo el sentido del mundo cuando tú recuerdas la lista de pecados del capítulo 12 que yo te leí, que te dije que no olvidaras, porque esa lista tiene pleitos y rivalidades. Nosotros no podemos estar peleando con el hermano y estar en gozo al mismo tiempo. Tenemos que enmendar esa relación. De hecho, la frase ahí traducida como "sed restaurados", algunos entienden que pudiera traducirse como "sed enmendados", como los discípulos que estaban remendando las redes porque estaban rotas. Esta sería la condición: los corintios tenían una relación vertical con Dios y una relación horizontal como hermanos, rotas; que enmendaran eso. El texto que leímos también del capítulo 12 habla de difamación; nosotros no podemos difamar al hermano y pensar que experimentaremos gozo al mismo tiempo. Yo necesito enmendar lo dañado, enmendar la reputación del hermano dañada y enmendar la relación, lo cual ellos no habían hecho con el apóstol Pablo, a quien aquí ellos habían dañado.

La lista habla de celos y de envidia. Nosotros no podemos experimentar celos y envidia porque Dios le ha dado a uno dones, talentos, oportunidades, inteligencia —lo que tú quieras—, una personalidad atractiva y encantadora, y a mí no. Porque fue Dios quien lo hizo. Yo diría que hay que celebrar lo que Dios hace en otros; yo no puedo tener celos y envidia y al mismo tiempo estar en gozo. No puedo guardar resentimiento y, guardando resentimiento, pensar que soy maduro emocional o espiritualmente, porque esas dos cosas son contrarias. Y Pablo está diciendo: enmienden sus vidas, enmienden sus relaciones. El camino de la restauración, o de enmendar, es el arrepentimiento. Los corintios habían dañado mucho y tenían mucho que enmendar, tenían mucho que restaurar.

Ahora piensa por un momento: si tú estás aquí y estás escuchando esto y dices: "Bueno, pero yo no soy de esa iglesia. Gracias, Dios." ¿Hay algo que enmendar en tu vida, algo en tu vida personal, ahí en el interior de tu corazón que solamente Dios sabe y que tú no has comunicado a nadie más? ¿Hay algo en tu vida de matrimonio que enmendar, que te está frenando para ir a consejería y enmendarte? Algo que tú no quieres que se sepa; hay una imagen que estás cuidando, hay una reputación que estás cuidando. ¿Hay algo que enmendar en tus relaciones con los hermanos en la fe, con el vecino, en el lugar donde vives? Hay algo que dejaste atrás, lo dejaste dañado y todavía duele.

Hay algo que yo he aprendido, y es que cuando nosotros dañamos algo y no lo reparamos, y no lo enmendamos, y seguimos adelante pretendiendo que no lo hemos dañado, eso es como dañar la zapata de un edificio, pretender que no la dañamos, seguir construyendo y esperar que el edificio no se derrumbe. Porque eso sería lo natural; no puedo seguir adelante sin enmendar lo que yo he dañado. Los corintios habían dañado su relación con Pablo, como yo mencioné; ellos tenían que enmendarla. Pablo está tratando de enmendarla; Pablo está diciendo incluso: "Hazme espacio en tu corazón", y eso no querían hacer, por un tiempo aparentemente. Si ellos verdaderamente querían contar con el favor de Dios, tendrían que enmendar su relación con Pablo, unos con otros —había pleitos y rivalidades, celos y envidia— y obviamente su relación con Dios.

Como dijimos, la frase en la versión de las Américas aparece como "sed maduros", tal como aparece en otras versiones, y "sed restaurados" es como los lingüistas entienden que probablemente debiera traducirse. Pero si tomamos "sed maduros", lo cual es perfectamente posible como traducción y congruente con la inmadurez de los corintios, entonces nosotros pudiéramos pensar: cuando Pablo dice "sed maduros", ¿qué pudiera él estar pensando de individuos que son maduros, o de iglesias que son maduras, o de los miembros de una iglesia? ¿Cómo visualizaría Pablo a hermanos maduros de una iglesia madura? Sabemos siempre que en la iglesia hay hermanos maduros y hermanos inmaduros, porque estamos en diferentes etapas de santificación; uno tiene un mes de haber nacido de nuevo y otro tiene 35 años. Si yo me acuerdo de aspirar a esas cosas a las que debo aspirar, se constituyen en motivo de oración para mí.

Y yo voy a permitirme, haciendo uso de otras cartas del mismo Pablo, poderle decir cómo yo entiendo que Pablo estaba pensando cuando les dice "sed maduros." Porque obviamente Pablo, Pedro, Juan, ninguno de ellos podía dar todos los detalles en cada versículo, porque darían una villa de volúmenes y volúmenes imposibles de llevar a ningún lugar. Entonces, frases cortas tienen grandes enseñanzas, y una de esas frases es "sed maduros." Yo te voy a decir, a partir de cartas del apóstol Pablo, cómo él entiende que miembros maduros de una iglesia madura se comportarían.

Amarse unos a otros —Romanos 12— parte de miembros maduros es hacer eso, pero los corintios no podían, porque había rivalidades. Vivir en armonía unos con otros —Romanos 12:16— era imposible porque vivían en conflictos. Amonestarse unos a otros —Romanos 15:14— era improbable que fuera a ocurrir, porque no había humildad, y para amonestarnos unos a otros hay que ser humilde para ir con humildad a amonestar y luego tener la humildad para recibirla. Aceptarse unos a otros —Romanos 15:7— muy difícil si no hay amor, y claro que no se amaban. Preocuparse unos por otros —1 Corintios 12:25— ¿cómo me voy a preocupar si no estamos unidos? Animarse unos a otros —2 Corintios 13:11— y como si no tuvieran con qué.

Se sirven unos a otros, Gálatas 5:3. En medio de difamaciones, ¿cómo tú les sirves? Son pacientes unos con otros, Efesios 4:2. Nunca. En medio de enojo, ¿tú has visto a alguien enojado y paciente? No creo. Se perdonan unos a otros. En medio de la arrogancia de Corinto, imposible; el orgullo no lo permite. Se someten unos a otros, Efesios 5:21. No, porque ese era el problema cuando decía que era de Pablo y otro de Pedro y otro de Cefas.

Se aconsejan unos a otros, Colosenses 3:16. Sin conocer la Palabra no se puede, y ya está. El problema con los de Éfeso era que conocían la Palabra mentalmente, pero no en su corazón. Se edifican unos a otros, 1 Tesalonicenses 5:11. En medio de chismes, ¿se van a edificar? Nunca. Viven en paz unos con otros, 1 Tesalonicenses 5:13, para vivir en paz y que vivieran en obediencia.

Se advierten unos a otros, Hebreos 3:13. No se podían advertir el uno al otro porque ahí no se sabía quién estaba peor y quién estaba mejor. Se motivan unos a otros, Hebreos 10:24. Eso requiere ausencia de celos y envidia. ¡Wow, hermano, qué bueno ese don que Dios ha puesto en ti! Qué bueno que tú tienes tanto amor, que tú tienes tanta misericordia. Yo quisiera tener lo que tú tienes. Ahora, por mí: wow, hermano, tú tienes el don; yo tengo la responsabilidad de dar, pero yo no tengo el don. ¿Tú quieres que ahora...? No, no, no, no. Cuando la responsabilidad está bien, no. Yo quiero que ahora es poder, y tú puedes reconocer evidencias de gracia en el otro, celebrarla y pedirla para ti.

Se cuidan unos a otros, Hebreos 12:15, y tienen compasión, 1 Pedro 3:8. Pero se requiere amor para eso. No hablan mal uno de otros, Santiago 4:11. Eso requiere madurez. No se quejan uno de otros, Santiago 5:9. Pero para eso se necesita gratitud. Se confiesan los pecados unos a otros, Santiago 5:16. Pero para eso se requiere ser personas piadosas. Y yo no lo vería en ellos, pero sí, para los que son maduros, esto es como una iglesia y miembros maduros lucen y se comportan. Ellos no podían hacer eso en medio de pleitos y vanidades, con las arrogancias de Corinto. No, imposible.

Tercer imperativo: confortados. Una mejor traducción quizás sea "exhortados" o, todavía mejor según los expertos, "permitan que se les exhorte." Es algo pasivo: permitan que se les exhorte. Una de las características de una iglesia o de miembros maduros es que ellos son capaces de exhortarse unos a otros. La exhortación es una palabra de ánimo con la intención de persuadir a alguien; pero esa es la misma palabra para amonestación. Si usted busca sinónimos de exhortación, encontrará amonestación. De manera que Pablo está diciendo: "Corintios, en medio de estos problemas que ustedes tienen, amonéstense unos a otros."

Eso es exactamente lo que Pablo le dice a la iglesia de los romanos en un momento: "Estoy persuadido de que vosotros mismos sois capaces de enseñaros y amonestarnos unos a otros." Eso es una iglesia madura. Pero a veces la exhortación no es bien recibida, no es deseada. Cuando yo sé que alguien me puede exhortar —el pastor Luis que está aquí me puede exhortar— yo tiendo a alejarme del pastor Luis. Y ahora cuando lo veo: "¡Hola, Luis! ¿Cómo está?" "Bien, bien." "Pero ven acá." "No, no, estoy ocupado, vengo después." A veces uno desarrolla barreras de manera que el otro siente que no me puede llegar. O desarrolla el síndrome del puercoespín. Me hace ¡wow! Entonces esa persona vive tranquila con su estilo de vida y su forma, y nadie se atreve a acercarse porque no quieres apoyarte contra las espinas del puercoespín.

Para ser exhortados y amonestados mutuamente, ¿qué se requiere? Humildad. Pero Pablo dice que en Corinto hay arrogancia. El poder exhortarnos unos a otros requiere confianza mutua. No puede haber confianza en una iglesia dividida, peleada, llena de celos. Esa palabra, traducida como "exhortados," como decía, puede implicar dar ánimo a alguien con la intención de persuadirlo a un curso de acción. También algunos la traducen como "confortados," porque hay veces que la traducción permite diferentes acepciones. Si la tomamos como "confortados," bueno, el confortarnos unos a otros nos ayuda porque nosotros podemos atravesar esas situaciones difíciles cuando contamos con el apoyo de mi hermano, el estímulo, el llanto mutuo por las circunstancias por las que yo estoy atravesando.

La mejor defensa de una iglesia —si te puedes llevar esto como la única enseñanza que recuerdas del sermón de hoy, yo estaría contento— la mejor defensa en contra del enemigo de una iglesia es la unidad. Porque la iglesia dividida es altamente vulnerable. Esa es la razón por la que Dios en su Palabra permite, por así decirlo, colocar una queja a todo grito en contra de la división. Más de una vez, a lo largo de toda la revelación bíblica, se deja claro que una iglesia dividida es presa fácil del enemigo. La unidad de la iglesia es la mejor defensa de dicha iglesia en contra del enemigo.

Cuarto imperativo, y se cae de la mata con razón a todo lo que hemos dicho: sed de un mismo sentido. Eso es exactamente lo que ellos no eran, no habían sido nunca. 1 Corintios 1:10, escucha: "Os ruego" —parakaleo es el lenguaje en el original; cierta intensidad existe detrás de esa palabra— "hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo." No lo eran antes ni lo estaban ahora. "Y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentido y en un mismo parecer."

La expresión "ser de un mismo sentido" viene de una frase que significa ser de una misma mente. Si nosotros tenemos la mente de Cristo revelada en su Palabra, si nosotros tenemos el Espíritu Santo morando en nosotros, que escudriña hasta los misterios de Dios, entonces nosotros debiéramos ser capaces de ponernos de acuerdo en lo que significa ser de un mismo sentido. Ahora, escúchame: eso no dice que siempre estamos o somos de la misma opinión. No. Quizás en estilos de vida, en cómo criar o disciplinar, quizá hay diferencias de opiniones. En otras áreas, quizá también. Pero nosotros podemos tener diferencias de opiniones y todavía ser de un mismo sentido, de un mismo propósito y de una misma mente.

Algunas cosas prácticas que se van a requerir, porque para lograrlo —dice Pablo: sed de un mismo sentido— el que no se detiene a reflexionar y no conoce el resto de la revelación de Dios quizá no tenga tan claro cómo llegar a ser de un mismo sentido. Si la unidad es la clave, la parte más importante, la defensa cardinal contra los ataques del enemigo en una iglesia, entonces, pastor, yo quisiera entender cómo hacemos eso. Bueno, en primer lugar, va a requerir que nosotros hagamos las cosas como Dios lo ha revelado, de manera que siempre trataremos de ver lo que Dios ha revelado. En segundo lugar, implica que vamos a hacer siempre mejores esfuerzos de orar y pedirle a Dios que nos ayude a entender lo que está sobre la mesa para las decisiones de nuestra vida de iglesia.

El ser de un mismo sentido es una de las características de todo cristiano maduro, de toda iglesia madura que ha llegado a entender estas cosas y, por tanto, no es egoísta y ha aprendido a ser humilde. El ser de un mismo sentido no es una cosa fácil. Una vez más, eso no implica que estaremos de acuerdo en todo. No. Implica que estamos caminando en una misma dirección, tenemos un mismo propósito y estamos uniendo las fuerzas en un mismo sentido. Eso es lo que se requiere: ser de un mismo sentido, de una misma mente, de un mismo propósito. Porque si somos de un mismo propósito, todos estaremos empujando la carreta —valga la ilustración— en la misma dirección y no en direcciones contrarias.

Pablo les estaba hablando a los corintios que estaban divididos, que no tenían humildad, y la humildad es una condición clave; está en la base de lo que implica ser de una misma mente, de un mismo sentido. Yo no puedo ser egoísta y ser de un mismo sentido. La mente egoísta con la que nosotros venimos al reino de los cielos tiene que ser reemplazada por la mente humilde del Espíritu. La persona que nos manda en su Palabra ser de un mismo sentido, de una misma mente, de un mismo propósito, es la misma persona que nos dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." Y escucha el resto, que es lo que siempre olvidamos: "y hallaréis descanso para vuestras almas." La falta de paz en mi interior frecuentemente es, en el fondo, la presencia de falta de humildad y falta de mansedumbre en nosotros. Cristo dice: "Yo tengo las claves. Sed como yo, manso y humilde, y la paz es el resultado."

La humildad es el resultado de habernos evaluado y ver que yo no soy tan bueno como yo pensaba, y volverme a evaluar y ver que yo soy peor de lo que yo creía. En segundo lugar, la humildad es el resultado de vivir pensando en el bien del otro. Eso es lo que Pablo instruye a los filipenses que debieran hacer. Dice en Filipenses 2:3 que con actitud humilde —noten cómo arranca— cada uno de nosotros considere al otro como más importante que a sí mismo. Si somos el pueblo de Dios, yo no llego a ser lo que soy por lo que yo soy. Si me llamaron a anunciar sus virtudes, no es que el Espíritu Santo no haya puesto las virtudes dentro de mí; es que yo no las dejo reflejar. Entonces Pablo dice: "Con actitud humilde, cada cual considere al otro como más importante."

Pastor, ¿cómo hago eso? Quiero hacer lo mismo que siento, y estoy entendiendo que para ser de un mismo sentido se requiere considerar al otro como más importante que a mí mismo. ¿Cómo hago eso? Bueno: tú consideras los gustos, preferencias, deseos, intereses y puntos de vista del otro antes que los tuyos, lo cual va a requerir que escuches.

Quizás un buen ejercicio cuando salga de aquí hoy es que comiences con tu esposa o tus hijos. Cuando uno quiere ir a comer comida mexicana y el otro comida china, dale la preferencia al otro, y que el otro te dé la preferencia a ti, y terminan comiendo comida criolla. Cuando pienses en tus decisiones, piensa primero en base a cómo esto puede afectar negativamente al otro, y luego piensa en ti, en vez de al revés. Porque frecuentemente, algo que yo he visto con mucha frecuencia, es que de manera muy natural nosotros tendemos a tomar decisiones, hacer recomendaciones y hacer sugerencias cuando ellas nos van a convenir a nosotros.

¿Dónde estás dispuesto a sacrificarte a favor del otro, a un costo que tú vas a pagar? Me voy a sacrificar, y también lo pago yo. Sí, porque si no, no es sacrificio. Si me voy a sacrificar y lo va a pagar el otro, entonces el otro es el que se está sacrificando.

Si nosotros logramos vivir de esa manera y hacer de esa manera el quinto imperativo —les dije que iba a pasar la mayor parte de mi mensaje en los imperativos—, como una consecuencia natural viene: "Vivid en paz." Cuando Pablo manda a los corintios vivir en paz, él sabía lo que se requería: tienes que practicar el amor ágape en aras de la unidad, y esa unidad es lo que te permite vivir en paz. La unidad es mucho más fácil, o es el resultado, cuando hay mansedumbre y humildad. "Aprended de mí, que soy manso y humilde, y encontraréis paz para vuestras almas." Bueno, es lo mismo que yo estoy diciendo aquí: la unidad te permite vivir en paz.

El cristiano maduro, que es adonde Pablo quiere que ellos lleguen —"sed maduros"—, va la milla extra por el hermano. ¿Por qué? Por amor. No porque se lo merece, no porque me hizo un favor anteriormente y ahora no me atrevo a decir que no, sino porque yo amo a mi hermano. El cristiano maduro no toma en cuenta el mal recibido; lo perdona de manera automática. No tiene ni siquiera que pasar días para eso, es que ya está perdonado. Tan pronto me ofendió, de hecho lo amo tanto que trato incluso de no ofenderme por cosas que sí son ofensivas. ¿Me entendieron ese trabalenguas? Tú puedes decir: "Sí, es un fuego ofensivo, pero yo no me ofendí."

El hermano que ama así perdona las faltas por amor y está dispuesto a comenzar de nuevo otra vez, a comenzar de nuevo la relación, lo que sea, porque lo hace por amor. Eso es lo que Pablo escribe a los colosenses. Escucha, Colosenses 3:12-15: "Revestidos de tierna compasión" —nosotros los hombres no hablamos así; "tierna compasión" nos suena muy suave, muy de mujer—, "bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, soportando unos a otros" —o sea, ¿tengo que soportarte encima de todo?—, "y perdonando unos a otros; si alguno tiene queja contra otro, como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros." Tienes una queja contra el hermano, perdónalo como Cristo te perdonó, y sopórtalo. Hay que perdonarlo y soportarlo al mismo tiempo, las dos cosas.

"Y sobre todo estas cosas" —todavía me van a pedir más—, "y sobre todo estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad." ¿Esta gente se ha dividido porque no se ama? ¿Tú te divides con el hermano porque no lo amas? "Vestíos de amor" —no hay que atrapar el uniforme simplemente, es que tu piel, tu uniforme sobre el esqueleto, tu yo, sea el amor—. "Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo, y sed agradecidos." Si no soy agradecido, no puedo estar unido, porque siempre encuentro falta en el hermano.

Es muy raro encontrar una carta de Pablo en la que de una u otra forma no llame a la unidad y a la humildad, muy raro, de alguna manera, porque él sabe dónde está el núcleo del asunto. Y la división es clara cuando es externa, cuando un grupo se va o algo así, pero la mayoría de las divisiones no son así. La mayoría de las divisiones son internas, como cuando hijos no quieren obedecer a sus padres o a sus figuras de autoridad y dicen que sí pero no lo hacen. O cuando una esposa no quiere someterse al liderazgo de su esposo y boicotea sus decisiones, pero de manera callada, de manera clandestina. Las divisiones muchas veces son más internas que externas, y entonces desarrollamos una actitud negativa.

El mundo tiene mucha sabiduría. Yo comencé con algunos refranes en inglés que traduje. Mira este otro refrán de la historia: el emperador que dividía decía "el que divide, vence." El que divide, vence. Satanás sabe: "Yo ni siquiera tengo que procurar la victoria; yo lo que tengo que procurar es la división, porque cuando tú divides, ellos se matan ellos mismos, y yo ni siquiera tengo que hacer absolutamente nada."

En el reino de los cielos nosotros tenemos que pensarlo de esta forma: el que ya fue vencido, que es Satanás, trata de dividir al pueblo de Dios que ya está unido. El vínculo de la paz en Efesios dice que hay que preservarlo, no que hay que formarlo. Nosotros fuimos unidos por el Espíritu Santo que vino a morar en nosotros; yo tengo que deshacer eso para no estar así. ¿Y cómo yo hago eso? ¿Cómo yo puedo permanecer, o mejor dicho, cómo Satanás puede dividir al pueblo que ya fue unido por el Espíritu Santo? Bueno, lo hace a través del orgullo, del egoísmo, del enojo, la falta de perdón, el resentimiento, los celos, la envidia, como ya hemos visto anteriormente.

Ahora, escucha, hacia el final, un comentario de William Barclay cuando escribe comentando acerca de la carta a los filipenses, que Pablo envió. Esto es importante: "El peligro que amenazaba a la iglesia de Filipos fue la desunión. Hay un sentido en que ese es el peligro de cada iglesia sana." El peligro mayor, dice Barclay —escucha—, es cuando la gente tiene pasión, y queremos tener pasión; cuando sus creencias son realmente importantes. En ese momento es cuando ellos están más propensos a pararse unos contra otros. Es contra ese peligro que Pablo quiere salvaguardar a sus amigos.

No queremos que nadie pierda su pasión por las cosas de Dios. No queremos que nadie pierda el sentido de importancia que verdaderamente tienen las cosas de Dios. No es eso lo que estamos haciendo. Lo que queremos es que, como esa cosa es tan importante y como esa cosa tiene tanta fuerza, la humildad, la mansedumbre y el amor ágape nos revista de tal manera que esas cosas no nos hagan levantarnos uno contra otro. ¿Me entendieron? A esto es a lo que Pablo está apuntando.

Déjame entonces, habiendo cubierto los imperativos, ver rápidamente en un par de minutos cómo Pablo cierra: "Y el Dios de amor y paz será con vosotros." Hay quienes pudieran decir: "Pastor, espera un momento, ahí dice Pablo que si ellos hacen esto, Dios será con vosotros. ¿Acaso no está Dios con nosotros siempre?" Sí, en un sentido. Dios no solamente está con nosotros; Dios está con el incrédulo todo el tiempo, porque Dios es omnipresente. En un sentido geográfico, Dios, que mora dentro de mí a través del Espíritu Santo, siempre está conmigo y siempre está íntimo conmigo. Pero en términos de la actividad de Dios en mi vida, Él no siempre está de la misma manera.

Eso es fácil de verlo. La actividad de Dios no es la misma en tiempos de avivamiento que en tiempos de apatía. Claro que no. De manera que Dios, siempre estando con su pueblo, en términos de actividad no está igual todo el tiempo con todo el mundo. Dios no está de la misma manera con el cristiano de mucha fe y de fe extraordinaria que con el creyente de poca fe. Hay un sentido en que él está en Cristo, permanentemente unido, salvo para siempre y que nada se lo puede quitar, y eso es digno de celebración. Pero en términos de la actividad de Dios en la vida, claro que hay cosas que determinan una cosa o la otra.

Dios no está en actividad de la misma manera con el cristiano que vive en obediencia que con el cristiano que vive en desobediencia. Dios no está de la misma manera con un cristiano que tiene una vida de oración intensa que con el cristiano que nunca ora. Ambos van a hacer sus vidas, pero ambos tienen una experiencia en su paso por este mundo muy distinta. Todo creyente es amado, ha sido amado y será amado por Dios todo el tiempo de la misma manera, y todo creyente tiene paz para con Dios en Cristo Jesús de la misma manera, todo el tiempo, inalterable, literalmente. Pero en términos de la actividad de Dios en cada creyente, varía conforme a cómo yo estoy caminando.

No todo creyente experimenta el amor de Dios de la misma manera. Ni todo creyente lo experimenta de tal forma que el amor de Dios lo desborde para dárselo a otro. No. Pero el que camina en obediencia, el que camina en humildad, el que camina en unidad de espíritu tiene una experiencia de ese amor de Dios de tal manera que el perfecto amor de Dios le echa fuera todo temor. Pero eso depende de una experiencia, porque no todo el mundo vive así. Todo cristiano tiene paz para con Dios por medio de Cristo Jesús, pero no todo creyente vive en paz. Esa es la realidad; eso depende de mi relación con Él. Aquellos cuyos corazones son íntegramente suyos, Él tiene sus ojos puestos en ellos. Dice este comentarista que cuando el cristiano vive en paz, él refleja el carácter del Padre, y ellos reciben la bendición de la presencia del Padre cuando viven en paz.

Finalmente, veamos el distintivo del saludo cristiano: "Saludaos unos a otros con un beso santo." Es una costumbre más o menos común en el Medio Oriente al día de hoy, pero usualmente era más típica entre familiares y gente que se conocía muy cercanamente. Pero para entonces, aparentemente, lo estaba haciendo la comunidad cristiana, porque como somos una familia, nos vamos a saludar de esa manera, con un beso. Pero recuerden, hermano, es un beso santo. De manera que ese calificativo, "santo," nos ayuda a entender la intencionalidad con la cual yo debo ir a besar a ese hermano o hermana. Ese saludo debe reflejar la santidad de Cristo que mora en nosotros.

Ahora mira la preocupación de hermanos de otras iglesias por esta iglesia inmadura. Todos los santos os saludan, aunque no saben muy específicamente a qué iglesias se estaba refiriendo. Lo más probable —prácticamente todo el mundo concuerda— es que Pablo estaba hablando de la iglesia de Macedonia, que era por donde él andaba antes de llegar a Corinto por tercera vez: Berea, Tesalónica, Filipos. Probablemente se está refiriendo a ellos. Estas iglesias están saludando; saben de su problema, pero les están saludando.

Y el sello final de la carta: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros." Una alusión clara a nuestro Dios trino: la gracia de Cristo que me salvó, el amor del Padre que me eligió, y la comunión del Espíritu que vino a morar en mí y me ha unido a otros hermanos. Que sea con cada uno de vosotros.

Hermanos, nosotros somos el pueblo de Dios. Como somos el pueblo de Dios, Dios nos ha dado una función, una misión: ¿cuál es? Anunciar sus virtudes. Fuimos sacados de las tinieblas a su luz admirable para anunciar sus virtudes. Él depositó el Espíritu Santo con todas sus virtudes en nosotros. Déjalo salir. Deja que el carácter de Cristo, representado por el Espíritu Santo que mora en ti, salga en el hombre nuevo.

De manera que nosotros podamos confortarnos unos a otros, exhortarnos y amonestar­nos unos a otros. Que nosotros podamos regocijarnos el uno con el otro. Que nosotros podamos ser de un mismo sentido, una misma mente y un mismo propósito. Que nosotros podamos celebrar y vivir en paz todo el tiempo. Que nosotros podamos ser una familia impenetrable por el enemigo, porque nos sentimos unidos en Cristo Jesús por encima de toda carnalidad, de toda mundanalidad, de todo propósito humano. Por encima de todo, tenemos un Señor al cual respondemos.

Vístete de humildad y de mansedumbre, para que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu sea con cada uno de nosotros en Cristo Jesús. ¿Eres el pueblo de Dios? ¡Sí! Amén. Ponte de pie. Vamos a proclamarlo: nosotros somos el pueblo de Dios, y vamos a anunciar a nuestro Dios en palabras y con nuestras vidas, hasta que Él regrese.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.