Integridad y Sabiduria
Sermones

Padres controlados por el Espíritu

Héctor Salcedo 23 septiembre, 2018

La familia es una idea de Dios, el fundamento sobre el cual se construye tanto la sociedad como la iglesia. Él mismo se revela en términos familiares: es Padre, tiene un Hijo unigénito, y a quienes confían en Cristo los llama hijos. El matrimonio entre un hombre y una mujer representa la unión entre Cristo y su iglesia. Por eso, cuando la familia no funciona bien, las consecuencias se extienden a todo lo demás.

Efesios 6:4 ofrece la instrucción más específica de toda la Biblia sobre la crianza: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor." El texto se dirige a ambos padres, no solo al varón. Ambos deben involucrarse en todas las decisiones, grandes y pequeñas: desde qué iglesia asistir hasta qué contenido verán los hijos en una pantalla. El hombre, como cabeza del hogar, no cumple su rol simplemente proveyendo económicamente; debe participar activamente en la formación de sus hijos. Y el matrimonio mismo es la plataforma desde la cual se ejerce la paternidad: un matrimonio malo socava inevitablemente una crianza saludable.

La forma importa tanto como el contenido. Pablo advierte contra provocar a ira a los hijos mediante tratos arbitrarios, críticas constantes, promesas incumplidas o disciplinas desproporcionadas. El propósito es crear un ambiente donde los hijos se sientan motivados a obedecer, no desalentados. La tarea central de los padres es conducir a sus hijos a conocer y amar al Señor, instruyéndolos en su Palabra tanto en momentos formales como en la vida cotidiana. Pero esto solo es posible cuando los padres mismos viven bajo el control del Espíritu.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos, hermanos, para mi vida en su Palabra!

Pues bien, vamos a dispensar la Palabra de Dios. Uno de los énfasis de nuestra iglesia, y lo que han estado aquí por algunos años saben, es que, de hecho, es parte de nuestros valores no negociables: el fortalecimiento del núcleo familiar. Nosotros hemos enseñado mucho, instruido mucho, predicado mucho acerca de lo que es la familia y cómo debe funcionar la familia. Quizás el primer ministerio oficial de la iglesia fue el Ministerio de Parejas. Comenzó casi con la misma iglesia. Cuando empezó la iglesia, comenzó de manera paralela un grupo de parejas a ser instruidos en la verdad de Dios acerca de la relación matrimonial, del valor del matrimonio y de los padres a la luz de la Palabra.

Y nosotros seguiremos hablando de eso, porque la familia es de vital importancia para todo lo que acontece. De hecho, la familia es una idea de Dios; es algo que Dios creó en el principio, y es sobre la base de la familia que la sociedad es construida. Que la sociedad pueda florecer o no florecer depende de la calidad de las familias que la componen. De hecho, una iglesia es tan fuerte como la fortaleza de sus familias. Padre y madre funcionando como Dios quiere que funcionen, padres funcionando con sus hijos como Dios quiere que funcionen.

Es impresionante ver el énfasis que Dios le da a lo largo de su Palabra a lo que es la familia. Comenzando con el Dios trino: nuestro Dios se revela a sí mismo en términos de familia. Él se identifica como el Padre, Él tiene un Hijo unigénito; esos son los términos que Dios utiliza. Y aunque Él es Rey también, y nuestro Jesús es Señor, el primer término que nosotros conocemos en la Palabra, a raíz de la revelación de Dios, es que Dios es un Padre y tiene un Hijo unigénito. A nosotros, los que hemos puesto nuestra fe y nuestra confianza en Cristo y nos hemos sometido a su Palabra, se nos llama hijos, hijos de Dios en la Palabra, y Dios se identifica como nuestro Padre.

Y no cualquier padre. De hecho, en Romanos 8, Pablo dice que Dios es nuestro papá; es un término cercano, como "papi". "Abba, Padre" podemos decir, habiendo sido adoptados por Dios por medio del sacrificio de Jesús. Nosotros podemos acercarnos a Dios ahora y tratarlo de Abba, que significaba "papi" en el tiempo del primer siglo. En Efesios 5, de hecho, se nos informa que el matrimonio entre un hombre y una mujer es nada más y nada menos que la representación, un símbolo, de lo que es la unión entre Cristo y su iglesia. O sea, que la familia apunta a unas realidades espirituales mayores, que es la unión entre Cristo y la iglesia.

En Efesios 2, en 1 Timoteo 3 y en 1 Juan, se nos dice y se nos llama a nosotros como grupo "la familia de Dios". Y cuando nosotros vemos lo que los padres están llamados a ser con sus hijos —para que vean ustedes la importancia de la familia—, en esencia los padres lo que estamos llamados a hacer con nuestros hijos es pasar la fe a nuestros hijos. Es nuestra principal función, nuestra principal tarea a los ojos de Dios. Entonces, cuando uno ve todo eso, sin duda alguna la familia tiene un rol fundamental en la creación de Dios y en cómo se supone que el mundo funcione. Y a pesar de todos los ataques a los que la familia está sometida, sigue siendo vital, esencial en el orden divino para que el mundo funcione.

Ahora bien, dicho eso, lamentablemente las familias no funcionan bien, incluso familias cristianas. Hay esposas que luchan de manera recurrente con someterse a sus maridos como al Señor, como lo establece la Palabra, y en lugar de ser ayudas idóneas, introducen a la relación peso, cuestionamiento, crítica y manipulación. A los esposos se nos llama a amar a nuestras esposas como Cristo amó a la iglesia, pero a pesar de eso, se nota en nosotros un desdén para liderar nuestras familias, una negligencia a veces para involucrarnos en los asuntos emocionales de nuestras familias. Y cuando lo hacemos, con frecuencia lo hacemos de una manera atropellante. Es frecuente que un hombre piense que si él trae suficiente dinero a la casa, él es un hombre de familia responsable y ese es su aporte al hogar.

Y en ese ambiente, con esposas insubordinadas y hombres pasivos y negligentes, o entendiendo que sus roles son básicamente económicos, los hijos tampoco funcionan bien. ¿Por qué? Es difícil que la paternidad funcione cuando el matrimonio no camina bien, pues el matrimonio es la plataforma a partir de la cual se ejerce la paternidad, bíblicamente hablando.

Yo quisiera entonces hablar de eso en el día de hoy. Dada la importancia de la familia, dado que nosotros entendemos que la familia juega un rol fundamental en el orden divino de las cosas y de la iglesia, yo quisiera hablar hoy a padres y madres. Muchos de los que estamos aquí —nuestra iglesia es una iglesia relativamente joven— algunos tenemos hijos en edad de crianza, otros ya están más avanzados pero todavía pueden tener en el futuro una influencia sobre nietos, y hay muchos que están aquí que no tienen hijos todavía pero que van a tener en un futuro. Entonces, es un mensaje que nos toca de alguna manera a todos, directa o indirectamente.

Y yo me pregunto: papá y mamá, si Dios evaluara nuestra paternidad, si Dios nos hiciera una evaluación como una prueba nacional, ¿qué nota nos pondría del 1 al 10? ¿Saben ustedes cuáles son los criterios que Dios utiliza para evaluar nuestra paternidad? ¿Cuáles son las cosas que Dios observa y que Dios dice: "Bueno, esto aquí está bien, esto aquí está bien"? ¿Entendemos nosotros como padres cuál es el propósito de la crianza y cuál debe ser su funcionamiento a la luz de la Palabra?

Yo quisiera que fueran a Efesios 6:4, y de ahí nosotros vamos a exponer en el día de hoy lo que tenemos que decir. Efesios 6:4 —perdón, Efesios 6:4— nos dice así la Palabra:

"Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor."

Este es quizás el versículo de toda la Biblia más específico acerca del tema de la crianza. Hay muchos otros que hablan de ciertos aspectos de la crianza, pero este es, sin duda alguna, el más breve pero también el más profundo versículo acerca de la crianza. Yo quisiera que el día de hoy pudiéramos ir frase por frase, desempacando la instrucción —la gran cantidad de instrucción— que este versículo tiene para nosotros.

En primer lugar, yo quisiera ver el quién de la crianza: quién es el que está llamado a criar, de quién es esta responsabilidad. Fíjense lo que dice el versículo al comienzo: "Y vosotros, padres." En el original esa palabra está en masculino, lo que ha llevado a algunos a pensar que Pablo se está refiriendo a los padres, a los hombres. Pero si nosotros vemos el contexto inmediato del pasaje, dos versículos antes Pablo les acaba de decir a los hijos que se sometan a papá y mamá, y luego de decirle a los hijos que obedezcan a papá y mamá, les dice: "¿Y vosotros, padres?" Entonces, el contexto apoya que se está refiriendo a los dos padres y no solamente a papá, como indicaría el género de la palabra en el original.

De hecho, esa misma palabra es usada en Hebreos 11:23 para referirse a padre y madre cuando se trata el caso de Moisés, que Moisés fue colocado y escondido por papá y mamá, por sus padres, para que no fuera asesinado por Faraón. Por lo tanto, nosotros entendemos que Pablo está hablándole a papá y mamá en este caso. Ellos son los responsables de la tarea de criar a sus hijos.

En el libro de Proverbios —el libro de sabiduría por excelencia de la Biblia; toda la Biblia es un libro sabio, pero hay un tipo de literatura que llamamos de sabiduría, y Proverbios es uno de ellos—, en el capítulo 4:1, el sabio, diciéndole a su hijo y compartiendo con él su corazón y dándole consejos para la vida, le dice: "¡Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre, porque guirnalda de gracia son para tu cabeza y collares para tu cuello!" Aquí el sabio le dice al hijo que escuche la instrucción del padre y que atienda la enseñanza de la madre. Hay un papá y una mamá involucrados en la formación, en la crianza de los hijos.

La Biblia asume que la crianza recae en ambos padres involucrados en ella, valga la redundancia. Son los padres. No es la iglesia, no es el colegio, no son los terapeutas los responsables de guiar a nuestros hijos; somos nosotros, los padres. La mecánica específica de esto no nos es revelada en el texto, por lo menos en este pasaje, pero ciertamente hay cosas que podemos decir a la luz de las Escrituras para hablar un poquito de cómo funciona eso.

Según el diseño bíblico, en general la mujer va a pasar más tiempo con sus hijos. Eso no implica —como algunos han entendido— que la crianza es responsabilidad únicamente de la mujer. No. De hecho, en este mismo pasaje que habla de que los padres son los responsables de la crianza, apenas unos diez o doce versículos más arriba, Pablo viene hablando del funcionamiento del matrimonio y le dice en Efesios 5:22 a las mujeres: "Mujeres, estén sujetas a sus propios maridos como al Señor." Y de hecho les agrega en el versículo siguiente que deben estar sujetas a sus maridos en todo. El marido es llamado cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la iglesia. Por lo tanto, en la familia, los hijos están sometidos a los padres, y entre los padres hay una cabeza delante de Dios, que es el esposo, el más responsable delante de Dios de las cosas que pasan en el hogar.

Sorprende que cuando ocurrió la primera caída, la caída en pecado en Génesis, la primera pareja no tenía hijos todavía. Adán y Eva caen en pecado. Dios sabe que Eva fue la primera que pecó, pero cuando Dios llama al ser humano a dar cuentas, ¿a quién le pregunta primero? A Adán. Y le dice: "Adán, ¿dónde estás? Ven a dar la cara por lo que ha pasado en tu familia."

Entonces, el hecho de que la mujer posiblemente, por las mecánicas del funcionamiento de la familia, y de hecho el diseño de Dios apuntaría a que la mujer pase más tiempo con los hijos, el hombre no es menos responsable delante de Dios para involucrarse en las decisiones de la crianza. Ambos padres involucrados, y el hombre como cabeza: ese es el diseño bíblico. La mujer involucra al hombre en la crianza, le pregunta, le informa. El hombre debe querer participar; el hombre tiene que buscar participar en la crianza de sus hijos. Lo debe desear, se debe sentir responsable de qué está ocurriendo.

En todas las decisiones, en las grandes decisiones, en las pequeñas decisiones, el hombre puede delegar en su esposa algunas, pero hay decisiones que él tiene que tomar, y todas las decisiones deben tomarse de manera conjunta. Y como ustedes saben que yo quiero que entendamos las cosas bien, yo quiero bajar todavía más: ¿a qué tipo de decisiones me estoy refiriendo? ¿En qué tipo de decisiones es que el hombre y la mujer se involucran en la crianza?

Bueno, en todas. En las grandes: ¿a qué iglesia vamos? Hombre y mujer, padre y madre decidiéndolo. ¿Cuál es el modelo de disciplina que seguiremos cuando vamos a corregir? ¿Qué tipo de disciplinas impondremos? ¿Qué castigos, qué correcciones, qué señalamientos, cómo lo haremos? Papá y mamá involucrados en decidir el modelo de disciplina, según obviamente la Palabra de Dios. ¿En qué colegio los pondremos? Papá y mamá involucrados. ¿Qué estilo de vida le daremos a nuestros hijos? ¿Qué amistades les serán permitidas o no permitidas? Papá y mamá involucrados, hablando, conversando, discutiendo estas cosas para el beneficio de nuestros hijos.

Pero también decisiones pequeñas. ¿Cuál es el cronograma de la casa? ¿A qué hora se levantan? ¿A qué hora nos vamos para el colegio? ¿A qué hora se acuestan? ¿A qué hora se apaga la televisión? ¿Les permitimos o no les permitimos tener aparatos electrónicos? Si se lo permitimos, ¿con qué restricciones de tiempo? ¿Qué tipo de contenido va a haber en ese aparato electrónico? ¿Qué tipo de control van a tener el papá y la mamá, involucrados los dos, sobre el uso de esos aparatos electrónicos? ¿Cuál es el contenido que van a poder ver en la televisión? ¿En qué liga lo vamos a poner? ¿En esa liga se dicen muchas malas palabras? Papá y mamá involucrados, enterados de lo que está entrando a la mente de sus hijos constantemente. Decisiones grandes, decisiones pequeñas.

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; criadlos en la disciplina y la instrucción del Señor. En nuestra generación y cultura, yo creo que es algo casi mundial: usualmente vemos a una madre mucho más proactiva y mucho más involucrada en la formación moral y espiritual de los hijos que el padre. Como dije al principio, no sé en qué escuela ni de dónde sacamos los hombres la idea de que si yo aporto económicamente al hogar, ese es mi aporte, y yo de hecho me puedo considerar un hombre de familia responsable si traigo a la casa el pan. Eso no es bíblico y eso contradice de hecho el modelo bíblico.

Pero no solamente se trata del involucramiento de papá y mamá en todas las decisiones. El hombre debe sentirse responsable y debe desear involucrarse en la educación de sus hijos al igual que la mamá, en todos los aspectos de la educación y la formación. A esto se suma el funcionamiento del matrimonio. El matrimonio, como dije al principio, es la plataforma sobre la cual los hijos son criados. Es el primer aporte que el papá y la mamá hacen a la crianza de sus hijos. Un buen matrimonio es el primer aporte para la crianza de nuestros hijos.

No es casual que este versículo, Efesios 6:4, esté justamente después de cuando Pablo acaba de explayarse durante trece versículos hablando de las mujeres sometiéndose a sus maridos y de los maridos amando a sus esposas como Cristo amó a la iglesia; porque al que ama a su mujer a sí mismo se ama, que la cuida, la sustenta como Cristo a la iglesia y la santifica. Pablo se extiende en el funcionamiento del matrimonio en trece versículos y luego, en el 6:4, da una orden sobre la crianza. Esta es la plataforma para una buena crianza.

Es lamentable que hoy en día mucha gente entienda que yo puedo tener un hijo solo, que yo puedo ser un buen papá solo, que yo puedo ser un buen papá sin ser un esposo devoto y entregado también. Pudiera funcionar, porque Dios es misericordioso, Dios tiene gracia, Dios da a quien no se lo merece, Dios permite que cosas buenas ocurran a gente mala como nosotros; Él es así. Pero no es la norma. Dios creó la familia, y es el matrimonio la escena donde se produce la crianza. Un esposo amando de manera servicial e incondicional a su esposa, respetándola: en esa interacción, con la esposa sometida a su marido, es que los hijos aprenden qué es lo importante, qué es un valor, cómo se perdona, cómo se sirve, cómo se ama.

Yo puedo bajarle a mi hijo muchas instrucciones y escribirle un manual, pero si yo no le muestro en mi relación matrimonial cómo es que uno se relaciona con los demás, muchas veces ellos van a crecer con grandes deficiencias y disfuncionalidades. En otras palabras, un matrimonio malo va a corroer una crianza saludable. Lo que implica que cuando el matrimonio no va bien, quien usualmente busca ayuda es la mujer. Pero cuando el matrimonio no va bien, el papá, el esposo, que es cabeza del hogar y debe estar involucrado en la crianza, debe entender que eso tiene implicaciones en la salud de la familia, implicaciones en la crianza, y él debe de manera proactiva ser, ojalá, quien busque ayuda y pida asistencia, dirección y consejo. Eso no le resta nada a ningún hombre; solo suma al hombre.

Hay muchas cosas que nosotros ignoramos, hay muchas cosas que nosotros no sabemos, hay muchas cosas que nosotros dañamos por nuestro pecado, y muchas veces si alguien de afuera no nos señala, nosotros no crecemos y nos mantenemos siendo hombres duros, difíciles, autoritarios, esposos que no son tiernos y padres distantes. Si el hombre se da cuenta de eso, o se hace cuenta, pues él debe buscar ayuda; es parte de su labor. Ese es el "quién" de la crianza: tenemos que involucrar a ambos. Esto es una tarea de dos; así lo diseñó Dios. No que el hombre aporte económicamente, que muy bien, pero ahí no se termina mi compromiso y mi labor de padre.

Eso no implica que yo soy un padre responsable. De hecho, yo diría que es mucho más fácil proveer lo económico que proveer lo otro. Lo económico es nada más dinero; lo otro es interacción humana, que es complicada. Y como dice mi suegro a veces: el dinero está hecho, nada más hay que buscarlo.

El "quién" de la crianza. Yo le pido al Señor que los hombres aquí, las mujeres aquí, y sobre todo los hombres, entendamos el alto llamado y el gran privilegio que nosotros tenemos de poder formar un alma que ha sido colocada en nuestras manos por Dios, según el Salmo 127. Dios nos ha dado a nuestros hijos como bendición; es una gran responsabilidad, un alto llamado. Involucrémonos proactivamente, queramos hacerlo, busquemos hacerlo para el beneficio de nuestros hijos.

El segundo aspecto, luego de ver el "quién" de la crianza, es la forma de la crianza. Efesios 6:4 sigue diciendo: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos." En pocas palabras: cuiden la forma como ustedes crían, sean sensibles a lo que sus hijos sienten, consideren el efecto emocional de su crianza en sus hijos. Claramente Pablo dice: no provoquen a la ira, no les provoquen molestias innecesarias.

Y esto, en el momento en que Pablo lo dice, es algo mucho más contracultural que hoy en día, porque hoy en día nos hemos ido al otro extremo. Hoy en día hay padres que le tienen miedo a sus hijos y no quieren producir la más mínima molestia en ellos por nada, lo cual es imposible por una serie de razones que voy a explicar. En el momento en que Pablo escribe esto, la cultura imperante, por lo menos en esta ciudad de Éfeso, era la cultura romana y sus códigos legales. Los padres tenían lo que se conoce como la patria potestad romana, no la patria potestad de hoy en día, que es un derecho constitucional que establece que nosotros somos los responsables legales de nuestros hijos desde su formación. En esa época, la patria potestad era mucho más amplia que ahora.

El papá en ese momento, el papá de la casa, no la mamá, él podía vender a sus hijos como esclavos. Podía vender a su esposa, de hecho, pero te he hablado de la patria potestad sobre los hijos. No solamente eso: cuando un hijo nacía, era colocado a los pies del padre, literalmente. Esto lo estoy hablando de escritos históricos: era colocado a los pies del papá. Si el papá lo tomaba, el hijo se mantenía en la casa. Si el papá seguía de largo, se tomaba al niño o a la niña y era desechado; literalmente, a veces se le dejaba expuesto a los elementos, se le dejaba morir en algún basurero. Hay datos históricos de esta práctica, lo pueden buscar. Ese era el tipo de patria potestad que el papá romano tenía en la época en que Pablo escribe.

Y ahora viene Pablo y les dice: "Padres, no provoquen a ira a sus hijos." Al papá que se sentía allá arriba, que él podía ordenar, mandar y decidir el destino de sus hijos, ahora se le dice: tienes que considerar cómo tu hijo se siente. Esto es algo muy contracultural.

De hecho, es contracultural hoy en día, y sobre todo en nuestra cultura hispana latina, donde todavía nosotros tenemos, sobre todo los padres, una sensación de que nosotros no somos cabezas bíblicas de la casa sino el jefe de la casa. "Yo soy el jefe de la casa." Esa es la idea, la noción más prevalente, más generalizada de los hombres en la casa, en la cultura hispana. Yo no estoy generalizando; yo digo la mayoría, es más prevalente, es lo que he observado. Algunos no tenemos otras ideas, ya sea porque no hemos sido expuestos a la enseñanza bíblica o porque no hemos sido expuestos a enseñanzas liberales que dicen que, de hecho, el papá no tiene ningún rol diferente al que tienen el resto de los que mandan en la casa.

De hecho, ahora me enteré, estando en Perú, que hay una propuesta de ley donde se configura y se le da una connotación legal a lo que es la "familia democrática", donde todas las decisiones deben ser tomadas por consenso entre los papás y los hijos, y todas las decisiones deben ser consensuadas con los hijos, o sea, aquellas decisiones que no han sido consensuadas con los hijos no son válidas, como un Congreso. Imagínese usted: el niño de siete años dice, "Yo no apoyo esa moción." Parece extremadamente creativo, pero ¿quién opera una casa de esa manera? Y si son cinco hijos y dos papás, los hijos siempre son mayoría, y si hay un motín por cualquier cosa... En serio, así hablamos con los pastores; me decían: "¿Tú viste esa cosa absurda?" Este pensamiento liberal de que el derecho es el mismo, de que el voto y el peso es el mismo, cuando la Biblia claramente nos dice a nosotros: "Ustedes tienen la autoridad." Ahora bien, no la mal usen. Eso es lo que dice esta frase, lo que implica esta frase.

Padres, ustedes son la cabeza del hogar, los hijos están supuestos a someterse a ustedes, pero ojo, no provoquen a ira a vuestros hijos. O sea, la autoridad no puede ser mal usada; ustedes tienen que tener en cuenta al subordinado. Tiene que haber una sensibilidad para el que está abajo, que no tiene el mismo peso que usted en la casa, pero ojo, cuide su sentir. De hecho, este balance donde Pablo le dice a los hijos: "Hijos, obedeced a vuestros padres", y luego le dice a los padres: "Padres, consideren cómo se sienten sus hijos, no los provoquen a la ira", ese es un balance que debe estar presente en todas las relaciones cristianas. Yo debo considerar al otro; Filipenses dice que consideremos a los demás como más importantes que a nosotros mismos.

Pero en este mismo contexto, fíjense el balance. Voy a hacer un recorrido en este contexto. Esto está en Efesios 6:4, pero un poquito más atrás, en Efesios 5:22, Pablo le dice a las mujeres: "Mujeres, sométanse a sus maridos como al Señor." Eso parecería una licencia para que el marido haga lo que quiera en la casa, ¿correcto? Pero en Efesios 5:25, tres versículos más abajo, le dice: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella." ¡Espera! Es verdad: mujer sometida, pero hombre siervo, hombre amante; no es un hombre que se aprovecha de la autoridad. Mujer sometida, hombre amante.

En Efesios 6:1: "Hijos, obedeced a vuestros padres." Padres, no provoquen a ira a sus hijos. En Efesios 6:5, dos versículos más abajo, el versículo siguiente: "Siervos, obedeced a vuestros amos." Y en Efesios 6:9: "Amos, dejen las amenazas y traten a sus siervos de la misma manera, con consideración." ¡Qué balance hay en la Palabra de Dios! Cada relación de subordinación —en este caso, hombres y mujeres, padres e hijos, amos y siervos— en cada relación hay una responsabilidad del subordinado y hay una responsabilidad de la autoridad de considerar al subordinado y el sentir del subordinado. ¡Qué sabiduría hay en estas palabras!

Dios quiere que en nuestros tratos con los demás prime la humildad mutua, el sometimiento mutuo. Ese es el principio que Pablo está explicando, luego de decir en Efesios 5:21 que nos sometamos los unos a los otros en el temor del Señor, en el temor de Cristo. En el caso de los padres, se nos llama a tener un trato con nuestros hijos que no genere ira. ¿Y cuál es la razón? ¿Por qué habla Pablo de esta manera a los padres? Bueno, él en Colosenses 3, que es el versículo paralelo —cuando decimos que es un versículo paralelo, es que dice lo mismo con otras palabras—, en Colosenses 3:21 Pablo le dice a los padres lo siguiente: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos", y añade: "para que no se desalienten."

Eso es lo que Dios está tratando de evitar. Esto es un buen consejo. Dios no está colocándonos por debajo de nuestros hijos, no son los hijos los que van a gobernar la casa. Lo que Dios está tratando de evitar es que en nuestros hogares haya un ambiente de desaliento donde los hijos no se vean motivados a obedecer y a seguir la instrucción del padre. Dios está cuidando el ambiente del hogar para que los hijos respondan apropiadamente a mi dirección. Y quiero leer esta cita mía; quiero decirlo así como lo escribí.

La idea es que los padres puedan crear un ambiente... O sea, lo que Dios está tratando de evitar es que se cree un ambiente de tanta exigencia, tan demandante o tan crítico, que los hijos sientan que es imposible agradar a los padres, o que agradarlos no hace ninguna diferencia, o que de hecho disgustar a los padres es divertido. Yo he visto casas así, donde los hijos se ríen de molestar a los padres. O sea, no solamente no hay motivación para obedecer, sino que hay un gusto en desobedecer, porque hay una rebelión en la forma como el hijo es tratado que genera esta contienda con el papá o con la mamá.

Y obviamente Pablo nos está refiriendo también a la mamá. Y cuando habla de la ira, se refiere a la molestia típica, al malestar típico que un hijo o un ser humano siente cuando se le impide hacer algo. No se está refiriendo a eso. Es inevitable que cuando estemos instruyendo a nuestros hijos, poniéndoles normas y reglas y enseñándoles, ellos se van a resistir, porque hay un corazón pecaminoso en ellos. Pero no es ese tipo de molestia. Pablo se está refiriendo a una ira generada de manera innecesaria, donde el papá tuvo una manera alternativa de proceder y no la usó, sino que procedió de una manera que hirió al hijo de manera innecesaria.

Algunos ejemplos de cosas que pueden llevar a nuestros hijos a la ira: cuando el trato en la casa de papá a hijos es más caracterizado por ordenar que por persuadir. "Haz esto, haz esto, haz esto", sin explicar razones. "Esto es así porque sí." El papá se encarga de dar órdenes y no de persuadir. Un trato público que avergüenza a mi hijo también es algo que hiere. Promesas incumplidas de manera recurrente —no quiere decir que un día uno no incumpla una promesa; a veces no podemos cumplir lo que prometimos a nuestros hijos—, pero hay algunos que nos hemos dado la tarea de incumplir una promesa a nuestros hijos como si no fuera nada. A veces, disciplinas desproporcionadas a la magnitud de la falta; es como imponer una cadena perpetua porque mató un gato. Botó un vaso: un mes sin televisión. Botó un vaso con agua. Tiene que haber una proporcionalidad, un sentido de justicia en mis disciplinas.

A veces, el favoritismo entre los hijos. Lo vemos en el caso bíblico de la familia de Jacob, que tenía doce hijos, más uno, que era José. José era el preferido, y todos los demás se resintieron contra su papá y contra José por el favoritismo que había en la casa. A veces, mandatos sin explicación, arbitrariedad: "¿Por qué? Porque sí, porque yo soy el papá, porque yo lo dije y se acabó." Críticas frecuentes a los hijos o falta de estímulo, que es la otra cara de esa moneda: un ambiente donde el hijo siente que se le critica, se le critica, se le critica, y si sacó 94 se le pregunta en dónde perdió los seis puntos. Esto es serio; produce risa. De hecho, cuando nosotros vemos el pecado en perspectiva, fríamente, es ridículo; es casi cómico en las cosas en que nosotros caemos.

Se le critica al hijo, se le señalan sus faltas, y casualmente, extrañamente, casi nunca se le felicita, se le estimula, se le dice "bien hecho". Y eso va opacando y desmotivando al hijo. Exigencia de resultados sin considerar sus esfuerzos: "El niño tiene que sacar tal nota." Bueno, ojo: hay hijos de 100 y hay hijos de 80. Lo que nosotros tenemos que asegurarnos es que el hijo dio lo mejor que pudo. Si yo vi a mi hijo fajado en algo y sacó un 80, yo le voy a decir: "Bien hecho, hijo, te esforzaste." ¿O yo he sacado 100 toda mi vida? ¿O yo he sido de 100? No. Hay cosas que nos proponemos hacer y que no logramos.

A veces lo podemos ver eso claramente en el deporte: a veces nos esforzamos pero, a pesar de la destreza que tenemos, no nos sale. "No, es así: no llegué, no pude, no alcancé, pero me esforcé." Entonces, si me esforcé, yo debo estar tranquilo conmigo. "Bueno, di lo mejor de mí, pero perdí, no llegué, no alcancé." Académicamente también ocurre eso. Los hijos tienen que entender que ellos van a esforzarse, y el esfuerzo debe aplaudirse. Los resultados, bueno, vamos a ver cómo podemos mejorar, pero no es una falta habiendo hecho el mejor de los esfuerzos.

A veces, correcciones airadas ante sus faltas, correcciones que son fruto de nuestra exasperación o cansancio, o molestia, no con ellos sino con otras cosas, y nos desahogamos con ellos. Y como ellos no nos pueden hablar, no nos pueden llamar la atención, no nos pueden replicar, porque entonces los aplastamos, lo que se siembra en ellos es una molestia profunda, una rebelión profunda contra nosotros.

A veces el exceso de normas y reglas para todo, esa sobreprotección que le indica al hijo "yo no confío en ti", llega a un punto —yo lo he dicho así— donde no confío plenamente en ti ni tampoco en mí, porque somos pecadores: tú puedes fallar, yo también. Pero tiene que haber un grado de confianza en ellos, un grado de confianza en Dios para con nosotros, soltando las reglas en la medida en que los hijos crecen y en que ellos sientan que van adquiriendo más confianza de parte nuestra.

Y la tapa que se le pone al pomo, como se dice, la gota que derrama el vaso, es que hacemos todas estas cosas y muchas veces no pedimos perdón a nuestros hijos. Ellos no son restituidos cuando se sienten agraviados por nosotros, porque el papá —muchos papás, y yo he hablado con muchos papás— nunca le ha pedido perdón a sus hijos, nunca, por nada. No los tratan bien, les compran un regalo, los sacan a cenar, los ponen a jugar. ¿Y dónde está la emoción del hijo? ¿Dónde está el sentir del hijo, la restitución de la falta cometida?

Debo advertir algo: estas cosas las hacemos muchas veces —y yo me quiero incluir, porque yo he cometido algunas de estas faltas— pensando que estamos haciendo lo mejor por nuestros hijos. O sea, no lo hacemos para molestar al hijo, aunque hay gente que sí, sin embargo, hay gente que hace eso. Pero en general lo hacemos por el bien de nuestros hijos; sin embargo, nuestro corazón nos engaña y no es el bien, les estamos haciendo el mal.

Hermanos, cuando nuestros hijos no están bien, los vemos mal, caminando mal, actuando mal, tomando mal las decisiones, preguntémonos primero no qué está mal con ellos, sino qué está mal con nosotros. ¿Qué está mal con mi paternidad, con mi relación con él? ¿Qué es lo que está mal en mí, que yo he generado estas actitudes y formas en mis hijos? Si se han alejado de mí, veamos qué pasa con nosotros.

Visto entonces el quién de la crianza y la forma de la crianza, veamos el tercer y último punto: el qué hacer en la crianza. Dice: "Y vosotros, padres" —ese es el quién—, "no provoquéis a ira a vuestros hijos" —esa es la forma—, "sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor". Esto es lo que tenemos que hacer: criarlos en la disciplina y la instrucción. Hay una labor específica, bíblicamente hablando, que nosotros tenemos que hacer con nuestros hijos. La crianza no nos es dejada a nuestra creatividad.

Dios dice específicamente qué es lo que quiere que nosotros hagamos. En sentido general, hoy en día la crianza es lo siguiente: proveer económicamente, educar académicamente y divertirlos lo más que se pueda. En eso consiste la crianza moderna: provisión económica, formación académica, diversión. Eso es lo que yo veo que la mayoría de los padres están haciendo, y en los momentos de corrección lo que veo es más bien un desahogo del padre, exasperado por la actitud del hijo, más que una formación del carácter.

Entonces la gente está proveyendo, educando y divirtiendo a los hijos, y de hecho muchos padres cristianos esa es la manera como abordan la crianza de sus hijos. En muchos hogares cristianos hay muy poco contenido distintivamente bíblico en su crianza. Si tú comparas la crianza de un cristiano con la crianza de un no cristiano, a veces las diferencias son casi imperceptibles. Yo lo digo por lo que he visto, y no estoy señalando a nadie en particular, pero eso es lo que he visto.

Nosotros somos llevados por las corrientes, y la crianza bíblica va a requerir un tipo de contenido en el que tenemos que ser intencionales para traer ese contenido bíblico a la crianza. No es algo que se da de manera natural, no es algo que sale de manera espontánea de nosotros. Tenemos que tener la intención de traer estas cosas bíblicas, distintivamente cristianas, a nuestro hogar.

Fíjense en esta última frase. ¿Qué es lo que dice? Hablando de ese contenido cristiano distintivamente bíblico, dice la última frase: "sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor". Esta palabra "criar" significa "levantadlos". La palabra "disciplina" significa entrenamiento; la palabra "instrucción" significa enseñanza; y "del Señor" significa que proviene del Señor. Todo eso viene de la palabra original, pero no voy a ponerme a decir palabras originales que nadie entiende, ni yo tampoco; búsquenlo en un diccionario.

En otras palabras, oigan lo que esta frase dice: levantadlos, levanten a sus hijos, entrenándolos y enseñándoles según la instrucción que viene del Señor. Eso es lo que dice el texto: cuando críen a sus hijos, entrenándolos y enseñándolos según la instrucción que proviene del Señor.

Paul Tripp dice en cuanto a la crianza: "La crianza de los hijos es un trabajo de embajador de principio a fin." Y lo único que hace un embajador —siendo el padre el embajador—, si está interesado en mantener su trabajo, es representar fielmente el mensaje, los métodos y el carácter del líder que lo ha enviado. Esa es mi labor. Mi labor no es hacer la crianza a lo que a mí me parezca, proveer lo que hace la gente, que ellos se diviertan.

La crianza, a veces, se circunscribe a no querer sufrir. Nosotros queremos que nuestros hijos no sufran lo que nos dolió sufrir a nosotros, y toda nuestra tarea gira en torno a que ellos no pasen lo que nosotros pasamos. Ese es el único criterio de la crianza que tenemos. En pocas palabras, mi rol fundamental y principal como padre es conducir a mis hijos de tal forma que conozcan y amen al Señor.

Claro que los debo proveer económicamente. Claro que los debo formar académicamente. No me malentiendan. Claro que debemos pasar buenos momentos y promover el gozo y la alegría en la casa. Claro, pero no a expensas de lo otro, y no pensando que eso es suficiente. Eso es lo que quiero decir.

Este mismo pasaje, esta misma frase en la Biblia *The Message* —que es una Biblia en inglés que es una paráfrasis, una manera práctica de comunicar las cosas—, el autor de *The Message* traduce esta frase así: "Tómenlos de la mano y lidérenlos por el camino del Maestro." Eso es lo que significa: tómenlos de la mano y lidérenlos por el camino del Maestro.

Bueno, ¿y entonces cómo hago esto? ¿Cómo crío a mis hijos en la disciplina y la instrucción del Señor? Ya dijimos, primero, cuida la forma. Tú puedes tener una instrucción bíblica fiel, doctrinalmente sólida, pero si tus arranques de ira, tus disciplinas desproporcionadas, tus maltratos, tus arbitrariedades están presentes, el niño no va a oír el mensaje cristiano. De hecho, lo que ocurre típicamente es que cuando hay un buen contenido cristiano aparente de instrucción —hay un devocional familiar y se lleva a una buena iglesia—, pero el papá no vive de una manera piadosa frente a sus hijos, el niño se rebela contra la enseñanza cristiana.

Eso es lo que típicamente pasa. El niño o el joven considera al papá, a la mamá, o al papá, un hipócrita: "Claro, en la iglesia es eso, pero aquí en la casa, vengan a verlo." Y entonces no solamente no hacemos la labor de embajador, sino que hacemos la labor de contrario y lo alejamos del mensaje que se supone debemos traerle. Increíble.

Entonces, lo primero es cuidar la forma. Segundo, ten en cuenta que el enemigo de tu hijo es su propio corazón pecaminoso. Él debe saber eso. Él es responsable ante ti y ante Dios por su falta. Cuando comete una falta, una travesura, o se porta mal, esas son manifestaciones del pecado de su corazón. Entonces, cuando hay una corrección que hacer en nuestros hijos, cuando se presenta un momento de corrección, de llamar la atención, de reprensión, nosotros tenemos que hacer básicamente dos o tres cosas.

Primero, tenemos que corregir la falta, la conducta que estamos viendo que es incorrecta, inapropiada, improcedente, pecaminosa, digamos. Tenemos que corregir la falta, decirles: "Eso está mal, no puedes hacer eso." Pero ojo: detrás de cada falta, o debajo de cada falta, travesura o cosa que nuestros hijos hacen mal, hay un pecado que subyace, que generó la falta.

Cuando mi hijo no quiere compartir un juguete y yo le digo: "Comparte, comparte." Esa es una palabra muy usada, muy popular en los primeros años de la crianza: "Comparte, comparte." Y entonces los hijos siempre se la aprenden, pero cuando se trata de compartir con ellos y no les prestan las cosas, se van donde papá y dicen: "Papi, comparte, comparte conmigo." Bien, ahí está la falta: tú tienes que compartir.

Pero yo tengo que sentarme con mi hijo, a su edad, a su nivel, y decirle: "Papi, ¿por qué crees que no quieres compartir? Es porque hay un egoísmo en ti." "¿Egoísmo? ¿Y qué?" Él no va a entender del todo. "¿Qué es ese egoísmo? Egoísmo es que yo quiero que todo sea para mí, y no todo es para mí, de hecho. El amor, que podría ser casi lo contrario del egoísmo, es dadivoso, es generoso. Dios dio a Su Hijo por nosotros —así como dice Juan 3:16—, y Dios dio a Su Hijo en la cruz por mis pecados." Es ese egoísmo, y yo también soy así, le digo.

Vamos a pedirle perdón al Señor por eso, y lo conduzco al Evangelio, tomando una corrección, una falta, como un escalón para introducirlo al Evangelio y hacerle ver su falta y su condición de pecado. Entonces: primero, cuida la forma; segundo, conduce a tu hijo al Evangelio a través de cada falta que él cometa; y tercero, instrúyelo en la Palabra de Dios.

Tiene que haber instrucción sistemática y regular de la Palabra de Dios en tu casa. Tienes que procurar una iglesia que forme a tus hijos, que colabore. Quizás el colegio también puede ayudar. En tu casa debe haber un ambiente de meditación y reflexión, breve, hermanos, porque los hijos no pueden sentarse a escucharnos hablar por 35 minutos en una reunión de la Biblia en casa.

No es quizás un tiempo largo, pero sí breve, conciso y significativo. Nosotros tenemos un material aquí en la IBI, porque quizás algunos no lo saben, que es lo que se les da ahí el domingo. Hay un libro en librerías que ustedes pueden comprar, que tiene cinco lecciones para lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, y ustedes pueden, una lección por día, en base a lo que se enseña ahí, continuar con sus hijos meditando las verdades que ellos aprendieron. Es una manera práctica de hacerlo. Ese es el material que tenemos en la escuela dominical. Tenemos entonces que procurar eso.

Pero además de la instrucción formal de esa manera, en un devocional que se hace en la casa, tiene que haber también una instrucción que emane de mi día a día. Si yo voy a comprar con mi hijo, y mi hijo quiere una cosa y se la compro, y quiere otra y se la compro, y quiere otra y se la compro, ¿en qué momento yo le digo: "Mira, papi, ¿quiere algo? Uno compra porque uno necesita algo"? Eso es una enseñanza bíblica. Tiene que emanar de mi día a día. Si vemos a alguien en la calle pidiendo, le podemos dar, pero también hablémosle: "Tú sabes, papi, esa situación pasa también porque el mundo funciona mal; este es un mundo caído donde hay sufrimiento, pero Dios es soberano, Dios es bueno a pesar de esas cosas."

Y así, a la medida que nosotros caminamos con ellos, jugamos con ellos, cuando ellos pierden en un partido, tenemos que decirles que la vida se compone de derrotas también, que muchas veces de la derrota aprendemos más de lo que aprendemos de las victorias, y tenemos que gozarnos también cuando otros ganan. Además, ellos jugaron mejor que nosotros; tenemos que ser humildes y reconocer eso. ¿Se fijan cómo es? Es un vivir cotidiano, es una enseñanza cotidiana, en la medida en que ellos experimentan diversas situaciones. Nosotros tratando de transmitir la visión bíblica y cristiana de la vida, de todo lo que ellos experimentan.

¿Y cómo hago yo todo eso? Bueno, yo tengo que estar rendido al Señor. Yo tengo que estar lleno del Señor, lleno del Espíritu. De hecho, y esto lo dejé para el final, el título de mi mensaje era "Padres controlados por el Espíritu", porque esta instrucción de Efesios 6:4 emana de una instrucción que Pablo da en Efesios 5:18, donde Pablo les dice a los efesios: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu." Y dice: "Hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor, dando siempre gracias por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios el Padre, sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo."

Esa palabra, sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo, es clave. Luego viene: esposas, sométanse a sus maridos; maridos, a sus esposas; hijos, a sus padres; padres, a sus hijos; siervos, a sus amos; amos, a sus siervos. Todo eso emana de esta llenura del Espíritu. Cuando yo estoy lleno del Espíritu, voy a querer tener una relación donde yo te doy algo y tú me das algo, donde yo estoy sometido a ti. ¿Cuál es el sometimiento del papá hacia el hijo? Bueno, ellos me deben obediencia, pero yo les debo no provocarlos a ira, sino criarlos en la disciplina e instrucción del Señor. Esa es mi deuda con mis hijos, ese es mi sometimiento hacia mi hijo. Y eso yo lo puedo hacer si estoy lleno del Espíritu.

¿Y qué es eso de estar lleno del Espíritu? Lo hemos estado desarrollando y desarrollando, como una cebolla que vamos pelando y pelando. Esto no se trata de una experiencia esotérica, mística, que yo recibo en un ritual especial, que el miércoles que viene vamos a tener un tiempo de llenura del Espíritu. Bíblicamente no. Fíjense que es un mandato: Efesios 5:18, "sed llenos del Espíritu." La frase en el original significa literalmente: "déjense controlar permanentemente por el Espíritu." La llenura del Espíritu viene a mí; el Espíritu me controla. Fíjense que Pablo pone el ejemplo de que no os embriaguéis con vino. A veces nosotros decimos que esa persona estaba bajo la influencia del alcohol. La borrachera es cuando el alcohol te influye e influencia tu cerebro de tal manera que tú vas a hacer cosas que no harías en condiciones normales, ¿verdad? El tímido se pone simpático y extrovertido, y el que es discreto y reservado comienza a hablar como un loro; hace cosas que habitualmente no hace.

El Espíritu, cuando somos controlados por el Espíritu, vamos a hacer cosas que habitualmente no haríamos. Un papá lleno del Espíritu, cuando el niño se porta mal, va a ser controlado por la paciencia, que es parte del fruto del Espíritu, y va a darle a su hijo amor, y va a tener las cosas en paz, y va a sentir gozo de la paternidad, porque eso es parte del fruto del Espíritu. Va a ejercer esta tarea con dedicación y con afecto; eso es parte de la llenura del Espíritu.

Y ese, hermanos, en esencia, quiero decirles, es el principal obstáculo para una crianza saludable y bíblica: que nuestras vidas no están sometidas al control de Dios. ¿Y qué implica eso? Bueno, que su Palabra es buena, es importante para mí, pero yo a veces no la bajo a mi práctica diaria, yo no la vivo. A veces porque la ignoro, porque la consumo poco, o a veces sencillamente porque conociéndola, como que ya no es nueva para mí. Hay una pequeña rebelión en nosotros y no vivimos lo que escuchamos. Y ahí está la esencia: un padre transformado, un esposo transformado, una madre, una esposa transformada, generará una crianza distinta.

Pero eso es materia de otro mensaje. Que el Señor nos ayude en esta labor de criar a los hijos. Vimos claramente que hay una forma específica en la cual nosotros deberemos criar a nuestros hijos: instruirlos según la Palabra de Dios, para que ellos conozcan a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Pero tenemos que llenarnos nosotros primero; si nosotros queremos llenar a nuestros hijos de la instrucción del Señor, de otra manera no funciona.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduría.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.