La Biblia no ofrece un solo modelo de paternidad ejemplar que podamos imitar. No hay un padre que haya modelado integridad y producido un hijo que también caminara fielmente con Dios. Los patriarcas fallaron, de Moisés y Daniel no conocemos su descendencia, y David y Salomón hablan por sí solos. Esta ausencia sugiere que quizás la capacidad más afectada cuando Adán cayó fue la habilidad del hombre para formar en la siguiente generación un carácter que agrade a Dios.
El caso de Elí ilustra esta realidad con peso. Sus hijos eran hombres indignos que profanaban las ofrendas y se acostaban con las mujeres que servían en el tabernáculo. Pero el problema que Dios señala no es principalmente el pecado de los hijos, sino la falta de reprensión del padre. "¿Por qué honras a tus hijos más que a mí?", le pregunta Dios. Cada vez que permitimos que nuestros hijos deshonren a Dios con nuestro consentimiento o nuestro silencio, estamos honrándolos a ellos por encima de Dios. El carácter débil de Elí dejó una huella digital en el carácter pecaminoso de sus hijos, y las consecuencias alcanzaron a toda la nación: treinta mil muertos en batalla, el arca capturada, y veinte años sin la gloria de Dios en Israel.
Lo más sobrio es que Samuel, criado por Elí, también falló con sus propios hijos. Los patrones de crianza se transmiten generacionalmente, no por herencia genética ni acoso demoníaco, sino porque el mal ejemplo se copia naturalmente mientras el buen ejemplo requiere enseñanza intencional. Padres para un mejor mañana requieren un mejor carácter hoy, porque la sombra que un padre proyecta sobre su hijo es directamente proporcional al tamaño de la imagen de Cristo formada en él.
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Padres para un mejor mañana es el título de este mensaje. Yo decía en el mensaje anterior, con el grupo anterior, que iba a ser un mensaje un tanto temático, una predicación un tanto temática, pero a la vez expositiva. Normalmente tomamos un texto y tratamos de exprimir el mayor contenido de cada versículo del texto, y el texto nos dice cuál es el tema. En este caso, la ocasión nos ha dado un tema que es la paternidad para un mejor mañana, y de esa forma, entonces, hemos buscado un texto que pueda apoyar lo que queremos decir, siendo fieles a las Escrituras, de tal forma que, encontrado el texto, trataremos de exponerlo. Y por eso decía que es un tanto temático y expositivo a la vez.
Si alguien me preguntara por qué no lo estamos haciendo de la manera que usualmente hacemos la predicación, la realidad es que la respuesta a esa pregunta sería que, lamentablemente, no hay un solo modelo bíblico en toda la historia redentora registrada en la Biblia que nosotros podamos usar y decir: "Aquí hay un padre que modeló una vida de integridad y produjo un impacto en este hijo que también vivió con integridad." Es una triste realidad; no podemos decir: "Aquí hay un padre extraordinario con un hijo extraordinario." De Adán y Abel no podemos decir eso por razones obvias. Abel murió asesinado por su hermano; de Caín sabemos el nombre de su padre, pero no sabemos nada más.
Los patriarcas —Abraham, Isaac y Jacob— no son buenos modelos de paternidad. De Job no sabemos quién fue su padre, y de sus hijos conocemos muy poco. De Moisés no sabemos nada en cuanto a quién lo engendró como padre, y de su hijo la Palabra no nos dice nada tampoco. De David y Salomón, ¿qué pudiéramos nosotros decir? De Daniel no sabemos quién fue su padre, y se piensa que no se casó, fue eunuco quizás. Y de Pablo tampoco tenemos información hacia arriba ni hacia abajo.
Reflexionando sobre esa realidad en esta semana, y sobre algunos de los pasajes que voy a revisar, pensé que quizás una de las capacidades más afectadas cuando Adán cayó fue la habilidad de la figura masculina de formar en su próxima generación un modelo que agrade a Dios. Si miramos a las madres en la historia bíblica, no podemos decir la misma cosa, porque nosotros tenemos varios ejemplos que pudiéramos citar rápidamente sin tener que pensarlo mucho.
Por un lado, sabemos que la madre de Moisés fue un instrumento que Dios usó para su salvación, y luego fue quien lo crió la corte de Faraón. Éxodo 2 nos da esa información. De esa mujer nosotros conocemos la clase de madre que fue. Ana, una mujer de oración día y noche delante de Dios, comprometida con su Dios, que le creyó a su Dios; que cuando estaba estéril le creyó a Dios, y Dios le dio un hijo —Samuel— y luego le dio muchos más. Una mujer que entregó a su hijo para la causa del Señor tan pronto pudo destetarlo, dice el texto, y esa historia está en 1 Samuel 1. Cuando llegamos al Nuevo Testamento, Pablo nos habla de Timoteo y la fe que en él habitó, y que Pablo atribuye directamente a la fe que primero habitó en Eunice, su madre, y en Loida, su abuela. De manera que nosotros tenemos algunos ejemplos de madres que supieron impactar la vida de sus hijos, pero no tenemos la misma cosa cuando queremos pensar en padres.
Esa realidad es dura. Y eso hace que nosotros reflexionemos hoy sobre ella, y espero que, al mismo tiempo, hacia el final, de una manera que nos motive a vivir de otra manera. Para comenzar, yo quiero hacer cuatro o cinco preguntas que quisiera responder a lo largo de mi exposición, no necesariamente en el mismo orden, pero yo creo que si usted recuerda las preguntas a lo largo de toda la exposición, de una u otra forma cada pregunta quedará respondida en el mensaje.
Con eso, entonces, yo quisiera comenzar con una primera pregunta: ¿Qué clase de padre quieres ser tú? ¿Qué clase de padre tú puedes imaginar que quisieras ser? Número dos: ¿Cuál es la influencia de un padre sobre la vida de sus hijos? ¿Hasta dónde llega el impacto de una mala paternidad? Número tres: ¿Qué se requiere para impactar el corazón de tu hijo? Y en quinto y último lugar: ¿Qué puedo hacer si no estoy haciendo hoy correctamente lo que me toca hacer?
Yo quiero pedirle a Dios —a mis ojos abiertos, pero es una petición que le hago a Dios— que en este momento agudice el entendimiento de cada uno de los padres que aquí están, para que puedan escuchar a Dios a través de Su Palabra. Si tomamos la primera pregunta —¿qué clase de padre yo quiero ser?—, yo quiero pensar que cada uno de nosotros quisiera ser un padre que se siente seguro en su rol. La realidad es que nadie va a la universidad para aprender a ser padre, y por eso el hecho de estar en esa posición, al inicio, crea mucha inseguridad.
En segundo lugar, yo quiero creer que cada padre quisiera ser capaz de criar hijos emocionalmente estables. Que cada padre quisiera enseñar a sus hijos a depender de Dios, por lo menos aquellos que tienen conocimiento de Él. Y no solamente a depender de Dios, sino que ese padre quisiera ser un padre sabio que enseña a su hijo a tomar decisiones sabias. Padres que sean capaces de criar hijos a quienes han afirmado de tal manera que no necesitan imitar la cultura alrededor de ellos para sentirse aprobados o aceptados. Padres con hijos obedientes. Y padres que, en último lugar, pudieran decirle a su hijo de una manera similar a como el apóstol Pablo dijo a sus discípulos: "Sígueme a mí, como yo sigo a Cristo."
Yo quiero creer que, aunque esas cualidades no estén formadas en cada uno de nosotros, cada padre aquí representado que tiene conocimiento de Dios —incluyendo aquellos cuyo conocimiento de Dios todavía no es salvífico para ellos— quisiera poder ser capaz de tener una relación y una generación futura de esa manera. Y la realidad es que cada una de esas características son loables, son aplaudibles y son alcanzables incluso. Pero hay algo que yo quisiera enfatizar desde el inicio del mensaje: yo no puedo plasmar hacia afuera lo que primero no ha sido plasmado en mi interior.
Cuando un artista crea algo, cuando un pintor pinta algo, primero lo ha visto en su interior, en su mente; él tiene una imagen interna que él se propone plasmar externamente. Y de esa forma, entonces, si nosotros vemos hijos obedientes, muchas veces —yo no quiero decir que es en todos los casos, pero muchas veces— es el resultado de ellos haber visto a un padre con un carácter manso y humilde. De esa misma manera y en contraposición, muchas veces padres orgullosos producen hijos orgullosos. Y la razón es una: el carácter de un padre produce una huella digital en el carácter de sus hijos.
El carácter de un padre produce una huella digital en el carácter de sus hijos. Si esa es la razón —todo esto que he estado conversando y revisando en esta semana—, es la razón por la que yo me estoy convenciendo de que, probablemente, la razón por la que Dios no nos da muchas instrucciones acerca de cómo criar es porque la clave está en la formación de la imagen de Cristo en ese padre, que podrá entonces impactar el corazón de ese hijo o de esa hija. El tamaño de la sombra que proyecta un árbol es proporcional al tamaño del árbol, y de esa misma manera, la sombra que un padre proyecta sobre su hijo es directamente proporcional al tamaño de la imagen de Cristo formada en él por Dios.
En resumen: la sombra que un padre proyecta sobre un hijo es directamente proporcional al tamaño de la imagen de Cristo formada en él por nuestro Dios. Y por tanto, padres para un mejor mañana, yo diría, requieren de un mejor carácter hoy. Padres para un mejor mañana requieren de un mejor carácter hoy.
Para comenzar a ver el tema, entonces, yo quiero abrir la Palabra de Dios en el primer libro de Samuel, capítulo 2, para ver el ejemplo de paternidad de Elí, la influencia sobre sus hijos, y seguir enseñando algunas cosas en el día de hoy. Como dijimos, vamos a estar haciendo uso de pasajes seleccionados, comenzando en el capítulo 2 de 1 Samuel, versículos 12 al 14:
"Los hijos de Elí eran hombres indignos, no conocían al Señor ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo. Cuando algún hombre ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote con un tenedor de tres dientes en sus manos; mientras se cocía la carne, lo introducía en la cazuela, la olla, la caldera o el caldero, y todo lo que el tenedor sacaba, lo tomaba el sacerdote para sí."
El texto que yo acabo de leer comienza calificando a los hijos de Elí como indignos, y sigue diciendo que no conocían al Señor, y de ahí su conducta. Alguien pudiera decir: "Pero, ¿no fue Elí el sacerdote, el mismo Elí a quien Ana entregó a su hijo Samuel cuando estaba pequeñito para que lo criara? ¿Cómo es que estos son los hijos que él tiene ahora?" Y la realidad es que eso es cierto. Pero crecer en un hogar cristiano, en un hogar de creyentes, no garantiza los resultados. Crecer en un hogar de creyentes no garantiza los resultados; hay algo más que tiene que ocurrir.
Hay algo que tiene que ser enseñado y algo que tiene que ser modelado, y Dios lo reveló. No basta con la enseñanza; yo necesito modelar lo que se enseña. Mira cómo Dios lo dice en Deuteronomio 6:1-2:
"Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los juicios que el Señor vuestro Dios me ha mandado que os enseñe" —ahí está la enseñanza—. "Estos son los estatutos, las ordenanzas, los mandamientos que Dios me ha mandado que os enseñe; ahora escucha: para que los pongáis por obra" —y ahí está el modelar— "en la tierra que vais a poseer, para que temas al Señor tu Dios guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados."
Tienes que enseñar, pero tienes que guardarlos, tienes que ponerlos por obras. La enseñanza y la memorización por sí solas no van a producir los resultados esperados, y necesitas hacerlo tú, y tus hijos, y tus nietos. ¿Cuánto tiempo, Señor? Todos los días de tu vida. ¿Y cuál es el beneficio? Para que se prolonguen tus días, y se prolonguen los días de tus hijos, y se prolonguen los días de tus nietos. Tú tienes un compromiso con esta generación, con la próxima y con la próxima. Dios así lo ha revelado: tienes que enseñar, tienes que modelar.
La enseñanza sin el modelo frecuentemente produce rebelión. Y la razón por la que produce rebelión es porque, en primer lugar, nuestros hijos lo ven, y al verlo ellos reconocen el doble estándar, y eso los aíra, les molesta. Y en segundo lugar, porque Dios lo ve, y cuando Dios ve la enseñanza de Su Palabra sin la práctica de Su Palabra, Él lo entiende como una hipocresía, y luego Él tiene, como todo padre que ama, que disciplinar a sus hijos. Sabemos, hermanos, que muchas veces hijos desobedientes no son más que el resultado de padres desobedientes a su Dios. Hijos desobedientes a sus padres terrenales frecuentemente no son más que el resultado de padres desobedientes a su Dios. De ahí la necesidad de que esos padres caminen con Dios.
Regresando al texto ahora. Sus hijos de manera egoísta se servían de las ofrendas, de la carne ofrecida en ofrenda. Los sacerdotes podían hacer eso hasta cierto punto, pero estos hijos aprendieron a hacerlo de manera egoísta: se servían de lo mejor y estaban profanando la ofrenda del Señor, debido a que no conocían al Señor y tampoco tenían un carácter santo. Lo peor de todo es que ellos ciertamente no estaban honrando a Dios de esa manera, pero tampoco lo estaba haciendo Elí con la permisividad hacia sus hijos. De manera que los hijos de Elí deshonraban a Dios al profanar la ofrenda, y Elí deshonraba a Dios al permitir la profanación de dicha ofrenda.
Mira cómo Dios lo dice en ese mismo capítulo 2, todavía en 1 Samuel, versículo 29. Dios habla ahora en el versículo 29: "¿Por qué pisoteáis mi sacrificio?" Le dice Dios a Elí. "¿Y mi ofrenda que ordené en mi morada? ¿Y honras a tus hijos más que a mí, engordándoos con lo mejor de cada ofrenda de mi pueblo Israel?" En este pasaje, Dios cuestiona a Elí antes que a sus hijos. Sus hijos no le conocen; Elí sí. Los hijos son los que están profanando el sacrificio, pero Dios le dice a Elí: "¿Por qué pisoteáis mi sacrificio? ¿Por qué tú lo haces conmigo?" Porque Dios está haciendo a Elí responsable de la conducta de su hijo, por su permisividad.
De hecho, cuando tú avanzas en la historia y llegas al capítulo 3, Dios lo afirma de una manera todavía aún más clara. Escucha cómo Dios lo dice en 1 Samuel 3:13: "Por qué he hecho saber que estoy a punto de juzgar su casa, la casa de Elí, para siempre, a causa de la iniquidad que él conocía, pues sus hijos trajeron sobre sí una maldición y él no los reprendió." Nota que el problema en el texto para Elí no es la desobediencia de sus hijos, porque los hijos siempre van a tender a desobedecer. El problema que Elí tiene con Dios es su falta de reprensión cuando la desobediencia se dio. "Estoy a punto de juzgar esa casa para siempre debido a que había una iniquidad en los hijos de Elí y él no los reprendió." Y Dios le dice: "¿Has honrado a tu hijo más que me has honrado a mí?"
La pregunta es: ¿cómo es que Elí, cómo es que nosotros, honramos a nuestros hijos más que a Dios? Yo creo que una aplicación fácil de ver en el texto es que cada vez que nosotros permitimos que nuestros hijos deshonren a Dios con nuestro consentimiento o en medio de nuestro silencio, eso es una manera como Dios entiende que yo he decidido honrar a mis hijos más que a Dios. Cada vez que nuestros hijos deshonran a Dios con nuestro consentimiento o en medio de nuestro silencio, yo estoy honrando a mis hijos más que a Dios. Sí, eso es exactamente la acusación de Dios contra Elí.
Hay otra manera de deshonrar a Dios y honrar a los hijos que parece más piadosa, y es cuando nosotros tomamos los mandamientos correctos y hacemos la corrección debida, pero de una forma pecaminosa. Cuando nosotros tomamos los mandamientos que pueden ser usados para una corrección que corresponde, pero lo hacemos de una manera pecaminosa, a la manera que lo hizo Moisés en un momento dado, donde confronta la incredulidad del pueblo —que ellos merecían ser confrontados—, pero a la hora de hacerlo lo hizo de manera airada, pecó contra Dios, no trató las cosas santas como tales en presencia de su pueblo, y eso le costó la tierra prometida. Moisés, en ese momento, deshonró a Dios. Y de esa forma nosotros podemos corregir de manera pecaminosa con los mandamientos apropiados y pecar delante de Dios y deshonrarlo.
Y una tercera manera de deshonrar a Dios es enseñando sin modelar. Enseñando sin modelar, y eso es más frecuente de lo que nos imaginamos. Dios trae este señalamiento de la transgresión de los hijos de Elí, a Elí, por permitir el mal comportamiento de parte de sus hijos. Yo quiero simplemente puntualizar aquí que nuestros hijos siempre van a desobedecer, como nosotros tendemos a desobedecer. La dificultad que se presenta para nosotros como padres no es que nuestros hijos quieran desobedecer, sino la falta de corrección a la hora de la desobediencia. Porque cuando eso ocurre, yo me convierto en cómplice del pecado de mis hijos, que es como Elí terminó luciendo al final.
Al final del camino, si hay algo que nosotros podemos decir con propiedad, es que el carácter pecaminoso de los hijos de Elí fue resultado del carácter débil en el padre. El padre no pecó de esa manera, pero tenía un carácter débil. El carácter débil en el padre dejó una huella digital en el carácter de los hijos, y mientras en el caso de Elí la deficiencia era debilidad, en el caso de los hijos su problema fue pecado. Aparentemente Elí no educó a sus hijos como debió, y eso los llevó a cosechar un carácter pecaminoso, y Dios terminó disciplinando a Elí, a sus hijos y a toda su familia.
Yo quisiera recordarle a los padres en este Día del Padre que, aparte de Dios, la influencia más poderosa sobre tu hijo es tu propio carácter. Aparte de Dios, la influencia más poderosa sobre tu hijo es tu carácter. Dios te ha dado autoridad sobre los hijos, te ha dado autoridad como líder. Te ha dado esa autoridad, te da el derecho de criarlos, pero esa autoridad por sí sola no crea un impacto ni una influencia sobre el carácter de tus hijos. Y aunque los hijos pudieran en un momento dado respetar la autoridad, es tu carácter el que ellos respetan en su interior. Es el carácter de los padres el que los hijos respetan. La influencia del carácter de un padre sobre sus hijos es monumental.
Lo vemos en la vida de Elí, lo vemos en la vida de padres de hoy. Déjame darte dos o tres datos simplemente del día de hoy. El Dr. Lauren Motion, del Instituto Nacional para la Salud Mental de los Estados Unidos, analizó los resultados de un censo y estudio hecho en dicho país, y encontró que la ausencia de la figura masculina en la familia era más responsable por la delincuencia juvenil que la pobreza. La ausencia, la mera ausencia de la figura masculina en una familia, más responsable de la delincuencia que la misma pobreza. Eso explica por qué el 85% de los adolescentes en prisiones vienen de hogares donde el padre no ha estado. Y otro estudio de hace unos años atrás reveló que, de 39 niñas con anorexia nerviosa, 36 de las 39 tenían un común denominador, y ese común denominador era la ausencia de una estrecha relación con su padre. La figura masculina.
Elí estuvo ahí, pero no estuvo. Estuvo ahí como figura masculina, pero no estuvo ahí para la corrección, para la reprensión, para hacer valer los principios y los valores de Dios en su familia, para modelar y no solamente enseñar, sino modelar y enseñar la Palabra de Dios para con ellos. El día en que los hijos crecieron, en esa misma medida creció su pecado, y eso es lo que ocurre en nuestras familias también. La niña de 12 años pudiera no querer venir a la iglesia, pero cuando llega a los 18 años ella frecuentemente blasfema contra Dios, niega a Dios, rechaza a Dios, porque cuando yo crezco, conmigo crece mi pecado, y no es simplemente que crece acompañándome, sino que crece en magnitud. Y eso no es distinto en los hijos de Elí.
Déjame seguirte leyendo, del versículo 22 al 24 del capítulo 2, donde está. "Elí era ya muy anciano, y oía todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión. Y les dijo: '¿Por qué hacéis estas cosas? Las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo. No, hijos míos, porque no es bueno el informe que oigo circular por el pueblo del Señor.'" Los hijos de Elí comenzaron comiendo de la ofrenda y profanaron la ofrenda, pero a la medida en que ellos crecieron creció su pecado, y ahora su problema no era comerse una ofrenda, sino acostarse con las mujeres que servían en la puerta de la tienda, nada más y nada menos que el tabernáculo. Ese pecado había sido diseminado en el pueblo, y es por eso que Elí les dice: "¿Por qué hacéis estas cosas? Las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo." El pueblo estaba comentando el pecado de los hijos de Elí; se había dispersado, era de común conocimiento.
Y la realidad, hermanos, es que nosotros no somos responsables de aquellas cosas que solamente Dios puede hacer con nuestros hijos, pero sí somos responsables de aquellas cosas que dependen de nosotros y que Dios nos ha dejado a nosotros como responsables. Escucha: ya escuchaste el nivel de violación y de transgresión de los hijos de Elí. Estaban fornicando con mujeres que servían en la tienda, en la puerta del templo. Ahora, escucha la corrección.
¿Por qué hacía estas cosas? ¿Las cosas malas de que hoy hablar a todo este pueblo? Esa corrección no está a la altura de la transgresión. No, eso no es suficiente decirle a un hijo. ¿Y por qué haces esto cuando la transgresión ha sido grave? Yo tengo que tener una corrección a la altura de la transgresión. Mientras el pueblo de Israel hablaba acerca de esto, a Elí no le parecía tan severo, de acuerdo a las palabras por lo menos reveladas, por la forma en que él corrigió.
Y muchas veces eso ocurre también en nuestras crianzas, que vemos violaciones y transgresiones en nuestros hijos, con las cuales crecemos y envejecemos con ellos. Y como han sido tan comunes a nosotros, no nos parecen tan severas, cuando en otras ocasiones aquellos que están fuera y vienen adentro están horrorizados por las mismas. Elí pasó por algo de eso.
Llega un momento entonces en que Dios estaba observando todo esto. No solamente el pueblo estaba viendo; Dios estaba viendo todavía de una mejor manera, y llega un momento entonces en que Dios decide disciplinar. Y ahora Elí, porque todo buen padre disciplina al hijo a quien él ama, ahora Elí tiene que enfrentarse con la disciplina de Dios. Y la manera como Dios lo hace, yo se lo voy a resumir, porque no tengo el tiempo para leer cada texto, ya que toda esta historia se encuentra en los primeros capítulos de este libro.
Lo que Dios hace es que, al igual que hizo con David, le envía un hombre de Dios, un Natán, aunque el nombre de este no está revelado. Este hombre va y le dice a Elí varias cosas. En primer lugar: tus dos hijos, Ofni y Finees, van a morir en batalla; van a morir el mismo día como parte de la disciplina que yo he decidido, o el juicio que yo he decidido traer sobre ti. Primera de Samuel, capítulo 4. Esa sería una señal de que el juicio sobre su casa había comenzado.
Elí recibe la noticia, y cuando la recibe ya estaba viejo. Él se estremece tanto que se cae hacia atrás, se desnuca y muere en ese instante. Ese mismo día, la nación de Israel, que estaba en batalla, pierde 30.000 hombres. El arca del pacto, el arca que significaba la bendición y la protección de Dios sobre la nación, es capturada por los filisteos y permanece con los filisteos por los próximos 20 años, de tal manera que por 20 años el pueblo judío ha de caminar sin la protección específica y especial de Dios, sin su presencia.
La esposa de uno de los hijos de Elí, la esposa de Finees, cuando escucha que su esposo ha muerto, entra en labor de parto y comienza a perecer en medio del alumbramiento. Da a luz un hijo, y antes de morir ella pide que le pongan el nombre de Icabod, que significa "la gloria de Dios se ha ido", reconociendo que, una vez que el arca del pacto había sido capturada por los filisteos, la gloria de Dios en medio de ellos había partido. Primera de Samuel 4:21-22.
Y yo no creo que haya habido en la historia del pueblo hebreo, ni pudiera haber en la historia de ningún pueblo de Dios, ningún momento más triste y más solemne que el momento en que Dios decide retirar su presencia manifiesta en medio de ellos. Creo que no hay una palabra más sobrecogedora en todo el hebreo que Icabod: la gloria de Dios se ha ido.
¿Pero tú recuerdas cómo comenzó todo esto? Esto comenzó cuando un padre fue muy permisivo con sus hijos. El pecado de ellos se hizo conocido en todo el pueblo, y yo especulo que posiblemente, al ser hijos de un líder, Elí, otros copiaron su ejemplo. Porque cuando Dios decide disciplinar, no disciplina solamente la familia de Elí; disciplina toda la nación, de tal manera que el pecado de Elí tuvo consecuencias nacionales: 30.000 muertos y 20 años sin la gloria de Dios en medio del pueblo hebreo. ¡Extraordinaria esta historia! Pero no termina ahí.
Porque tenemos que seguir viendo hasta dónde llegaban las consecuencias de una mala paternidad. Tú recuerdas quién se crió con Elí: Samuel. Lo dejaron bien temprano, y Samuel llegó a ser un gran hombre, un gran hombre de Dios, un gran profeta. Tan pronto Ana pudo destetar a Samuel, lo dejó con Elí, le entregó el hijo a Dios, y Samuel comenzó a crecer como un hombre de Dios. Parecería entonces que el modelo de paternidad y el carácter de Elí no tuvieron ningún efecto negativo en Samuel, por la manera como él creció.
Y sin embargo, cuando tú sigues leyendo, entiendes mejor por qué Dios habla de que necesitan modelar esto para ti, para tus hijos, para tus nietos. Porque muchas veces lo que no es visitado en la próxima generación es visitado en la siguiente, por cosas que hemos aprendido de generaciones anteriores.
Primera de Samuel 8. Déjame leer de la historia de los hijos de Samuel, ya no los hijos de Elí, pero sí los hijos de aquel que creció con Elí, para ver qué pasó con sus hijos, porque él creció con ese modelo de paternidad en Elí. Los primeros cinco versículos de Primera de Samuel 8:
"Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras la avaricia, aceptaron soborno y pervirtieron el derecho. Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos; ahora, pues, danos un rey para que nos juzgue como todas las naciones."
Los hijos de Samuel pasaron a juzgar a la nación de Israel, pero cuando ocuparon esa posición se desviaron, pervirtieron el derecho, aceptaron soborno. Y ahora el pueblo viene y le dice a Samuel: no los queremos, no los queremos como jueces sobre nosotros; queremos un rey, queremos ser como las demás naciones. Un problema que ha aquejado a la iglesia todo el tiempo es que el pueblo de Dios no ha tolerado, desde los tiempos de Israel, ser diferente a las demás naciones, ser diferente a las culturas de alrededor. Y aquí está el pueblo diciendo: no queremos ser como las demás naciones; danos un rey.
Pero tú recuerda cómo comienza esto: comienza en el momento en que los hijos de Samuel pervirtieron el derecho, se corrompieron, se desviaron, y ellos están dando ese modelo al pueblo de Israel. El pueblo de Israel viene y pide un rey.
Escucha ahora la respuesta de Dios para Samuel. Primera de Samuel 8:6-7: "Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo: Samuel, escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos."
Dios instruye a Samuel que escuche la voz pecaminosa del pueblo: dale lo que ellos quieren. Quieren un rey; yo quiero que se los dé. Y será un rey que dominará sobre ellos por 40 años, y ellos sufrirán entonces las consecuencias del mal carácter de este rey, cuyo nombre fue Saúl. Hay diferencias, pero hay similitudes entre la conducta de los hijos de Elí y la conducta de los hijos de Samuel, y Samuel se crió con Elí.
¿Tú has podido seguir lo que está ocurriendo? Elí pecó, sus hijos pecaron; posiblemente Samuel pecó en la crianza de sus hijos, sus hijos pecaron, y generaciones enteras pecaron. Dios decretó sobre la casa de Elí que ninguno de los varones llegaría a una edad avanzada, excepto por algunos pocos que Él dejaría para que sirvieran en el tabernáculo, para que cuando Dios los juzgara, Elí llorara por lo que estaba ocurriendo como parte de su juicio. El pecado de Elí sobre sus hijos fue conocido en la nación, y posiblemente el pecado de Samuel en la crianza de sus hijos estableció el patrón por múltiples generaciones.
Cuando escucho a Henry Blackaby comentando sobre este texto en particular, en su libro llamado *Ser profeta de Dios*, que es un libro sobre la vida de Samuel, él dice lo siguiente: cuando los hijos no son enseñados se desvían, se apartan de Dios y pecan contra Él; mientras más permanecen sin ser enseñados y corregidos, más pecan, y luego viene Dios, y ya está. Blackaby está haciendo un comentario acerca de los hijos que comienzan a pecar y no son enseñados: mientras más se prolonga ese patrón, más pecan; pero llega un momento en que Dios llega para disciplinar o para juzgar, y ya está.
¿A qué se está refiriendo Blackaby con ese comentario de "viene Dios y ya está"? Está haciendo un comentario directo a algo que aparece en el capítulo 2, versículo 25 de ese Primer libro de Samuel, donde Dios dice lo siguiente, escucha: "Pero ellos, los hijos de Elí, no escucharon la voz de su padre, porque el Señor quería que murieran." Los hijos de Elí pecan, Elí no los corrige apropiadamente; llega un momento en que Elí comienza a corregirlos, y en ese momento el texto revela, siendo Dios quien habla, que los hijos de Elí no se arrepintieron porque Dios ya había determinado que murieran. Dios ya había decretado su muerte, y por tanto nada lo iba a detener; el arrepentimiento lo da Dios. Pero como ya la muerte de ellos como juicio había sido decretada, ya nada podía detener la mano de Dios. De ahí el comentario: no escucharon la voz de su padre porque el Señor quería que murieran. Y de ahí el comentario de Blackaby: los hijos pecan, no se les corrige, esto aumenta, esto empeora, y luego viene Dios, y ya está el arrepentimiento.
Pero todo comenzó cuando un padre fue permisivo con sus hijos, y luego generaciones enteras pecaron. Esto establece pecados generacionales, pero no a la manera como se enseña hoy en algunos círculos; no porque se transmita genéticamente, y no porque haya un acoso demoníaco sobre el resto de las generaciones. No. Sino porque los patrones de crianza y los malos modelos son copiados de manera natural.
Padres, el buen ejemplo tiene que ser enseñado intencionalmente. El mal ejemplo, para ser copiado, no tiene que ser enseñado intencionalmente; simplemente ocurre de manera natural, su copia es natural. Por nuestra naturaleza pecadora, el buen ejemplo, aún después de enseñarse intencionalmente, da trabajo duplicarlo en la próxima generación. Y de ahí entonces los pecados generacionales, de ahí que el patrón de pecado de crianza tanto de Elí como de Samuel establecieron el patrón por múltiples generaciones en lo adelante.
Todo esto nos hace reflexionar de una manera sobria, y en la medida en que comienzo a traer este mensaje hacia un final, quiero recordar que ser el pueblo escogido de Dios, ser la iglesia de Dios, es un gran privilegio pero es una enorme responsabilidad. Si los que están ahí afuera no tienen un modelo aquí adentro que seguir, quizás nunca se encuentren con Dios. Y la razón por la que digo eso es porque, aunque ellos debieran estar mirando a Dios directamente, la realidad es que como no lo conocen, frecuentemente nos están mirando a nosotros para ver si hay Dios en nosotros. Y cuando ese modelo no está en nosotros, entonces muchas veces ellos no tienen ese encuentro con el Dios de aquellos que estamos dentro.
Dios demanda que los padres instruyan a sus hijos en los caminos del Señor. Dios no solamente lo sugiere, Dios no solamente lo ofrece como una alternativa, Dios lo demanda. Yo necesito recordar que los hijos frecuentemente modelan lo que han aprendido de sus padres, y sobre todo si estos son líderes. Y lo que ellos aprenden de sus padres no es simplemente lo que han escuchado de sus padres; ellos aprenden de sus padres lo que han escuchado y han visto modelado, lo que han escuchado y no han visto modelado, lo que a ellos les ha parecido una contradicción contra la cual se han rebelado, y todo eso nosotros tenemos que tomarlo en consideración.
Para citar a Blackaby una vez más: lo que hagas con tu familia determina si Dios realizará sus propósitos contigo; lo que hagas con tu familia determinará si Dios realizará sus propósitos contigo. Las personas y los padres... ayer en la mañana una niña —no sé de cuántos años, pero bien jovencita, yo estimaría entre 12 y 14 años— hablaba de cuando ella tenía siete años. Eso es escuchar la predicación de la Palabra, y que ella aprendiera a esa edad cuánto orgullo había en ella.
Padres, nuestros hijos pueden arrancar por darse de manera idolátrica tempranamente, pero si conoces a Dios, necesitas corregir la idolatría en ellos y necesitas ser más bíblico que emotivo. Queremos el amor, queremos el cariño, pero no haces nada siendo cariñoso si eres antibíblico. Necesitas ser bíblico y que Dios te dé el cariño para transmitir su Palabra.
Una iglesia, una persona, una familia, una denominación pudiera experimentar un momento o una historia de Icabod, donde la presencia manifiesta de Dios se va. Quizás no pierdo la salvación, pero sí su presencia manifiesta; y parte de mí llevar mi vida cristiana será un peso, criar a mis hijos de una manera que refleje el carácter de Dios será una gran dificultad. Y ahora no puedo disfrutar necesariamente de bendiciones especiales, porque Icabod es parte de mí.
Estamos viviendo, padres, momentos muy difíciles, momentos muy turbulentos, momentos muy pesados, pero no puedes flaquear, no te puedes dejar amedrentar, no te puedes dejar intimidar, no cedas a la presión ni de la mayoría ni de grupos minoritarios vociferantes. Ya Dios nos reveló que aquellos que están con nosotros son más que los que están contra nosotros. Si Dios está contigo, tú y Dios son mayoría; de hecho, Dios sin mí es mayoría. Si Dios está de tu parte no necesitas a nadie más, pero si Dios está en tu contra, no importa a quién tengas contigo, no tendrás a nadie contigo.
Elí trató de comunicar eso a sus hijos tardíamente. En el capítulo 2, versículo 25, él les dice: "Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él, pero si un hombre peca contra el Señor, ¿quién intercederá por él?" Lo que Elí está tratando de decirles a sus hijos es: si pecas contra Dios y ahora tienes a Dios en tu contra, no tienes a nadie contigo. Si pecas contra otro, quizás Dios pueda estar contigo, pero si la ofensa es directa contra Dios y Dios está en tu contra, no tienes a nadie contigo, no hay quien interceda por ti.
De manera que, padres, en el día de hoy, a pesar de que este mensaje ha tenido hasta cierto punto un peso sobrio, yo quiero terminar animándote en medio de una realidad que estamos viviendo de tiempos difíciles. Y quiero hacerlo recordando palabras que yo prediqué aquí el primer domingo que vinimos a este templo, cuando iniciamos ya formalmente nuestra permanencia aquí, donde yo también hablaba de que estamos viviendo tiempos difíciles y que estos eran tiempos de valor, de desafío, de entrega, de compromiso, tiempos de definición, tiempo para ser enfrentado por hombres y mujeres de valor que caminan con Dios.
Y que esos hombres y mujeres, en este caso padres, tenían o tienen que estar dispuestos entonces a echar la lucha, a batallar por este tiempo y por esta generación, por la próxima generación de sus hijos, por la próxima generación de sus nietos, aún después de que la amistad haya sido traicionada, el honor vendido, la verdad cambiada, la gloria de Dios trivializada o su Palabra comercializada. Aún después de eso, yo tengo, como padre, que estar dispuesto a echar la batalla, y de esa forma pagar el precio, de tal forma que yo pueda decir: primero herido que silenciado por temor; primero pobre por mi honradez que comprado por el dinero; primero rechazado por vivir su verdad antes que ser popular; primero quebrantado antes que permanecer en mi orgullo, y primero muerto antes que negar su nombre.
Necesitamos a esos padres, necesitamos esa generación, necesitamos esos hombres, de tal manera que esta generación impacte la próxima generación, que Dios forme su carácter en nosotros y que nuestro carácter pueda entonces impactar y dejar esa huella digital en el carácter de la próxima generación, para que ellos puedan dejarla en la generación siguiente. Antes muerto que negar el nombre de nuestro Dios. ¿Estamos dispuestos?
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