El apóstol Pablo, autor de la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento, atravesó momentos de profunda tribulación emocional. En 2 Corintios 7, él mismo confiesa estar "atribulado por todos lados: por fuera conflictos, por dentro temores". No encontraba a Tito, su compañero de ministerio, y desconocía cómo habían reaccionado los corintios a una carta severa que les había enviado para confrontar su inmadurez espiritual. Esa incertidumbre lo tenía sin reposo, deprimido. Charles Spurgeon, el gran predicador del siglo XIX, confesó algo similar: "Soy víctima de depresión de espíritu tan intimidante que espero que ninguno de ustedes tenga que pasar por un estado tan miserable". Los pastores no son de hierro ni de goma; son seres humanos sujetos a las mismas debilidades que todos.
Pero Dios, que consuela a los deprimidos, envió alivio a Pablo de dos maneras: primero, con la llegada de Tito sano y salvo; segundo, con el reporte de que los corintios se habían arrepentido genuinamente. Tito le informó de su llanto, su indignación consigo mismos, su celo renovado y su profundo deseo de reconciliación. La tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce arrepentimiento que conduce a restauración, no a muerte como la tristeza del mundo. El verdadero arrepentimiento no calcula cuánto revelar para "pasar la prueba", sino que busca sanidad completa, como el hijo pródigo que regresó sin condiciones.
Al final, Pablo se regocija: la carta severa surtió efecto, la relación fue restaurada, y tanto él como Tito terminaron amando más a aquellos corintios que habían obedecido. Dios es el responsable último de nuestra historia, y su gracia nos sostiene incluso cuando no la sentimos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Es bueno estar en las manos de nuestro Dios. Quiero pedirle que abra la palabra de Dios, la segunda epístola del apóstol Pablo a los corintios. El día de hoy vamos a continuar con nuestra serie. Yo tengo una larga introducción a mi texto y un largo texto. En esencia la introducción es de esa manera porque usted va a poder apreciar posteriormente la importancia de la misma, lo perdido que quizás hubiese podido estar sin parte de esa introducción.
Acá yo a usted que tienen el boletín y a usted que ya leyeron el boletín, probablemente se percataron de cuál es el título de mi mensaje en esta mañana: Un pastor en necesidad de consolación. Y este es un título un tanto inesperado porque de alguna forma las ovejas nunca esperan que su pastor pudiera estar en necesidad de consolación, a menos que quizás le haya muerto algún familiar, algún ser querido.
Pero antes de continuar, yo quisiera decir que es posible que en la medida que usted leyó el título o quizás que me escuchó mencionarlo, que usted pudo haber pensado que en el día de hoy, dado el título y dado que yo soy pastor, que algo de esto tiene que ver directamente conmigo. Yo quiero decirle que yo estoy bien, yo no estoy en necesidad de consolación hoy. No es que no lo esté donde necesité en el pasado, no es que no voy a estar en el mañana, probablemente eso ocurra múltiples veces y ha ocurrido también de igual manera viendo hacia atrás, pero en el presente yo estoy bien.
Pero el título tiene que ver con otro pastor que no soy yo y que está en este texto de hoy, y es el apóstol Pablo, como él mismo va a dejarnos saber por sus propias palabras. Estoy usando el título porque en la medida en que yo leí el texto y traté de colocarme la sandalia del apóstol, yo me sentí un tanto triste al poder identificarme no solamente como ser humano, pero también como líder del pueblo de Dios, porque la realidad es que las circunstancias por las que él atravesó son comunes a nosotros los mortales, son comunes a nosotros los pastores del rebaño de Dios.
Y a mí no me ha tocado vivir cada circunstancia que Pablo vivió, pero a lo largo de mis años de una u otra manera, ya sea porque lo haya vivido en persona o porque Dios me haya permitido vivirlo en otros a quienes tuve la oportunidad de aconsejar, pues yo puedo ver muchas cosas que Pablo está tratando de comunicarnos a lo largo de sus diferentes epístolas.
Yo recuerdo que hace quizás 25, 28 años atrás tuve la primera experiencia, haciendo yo medicina, de sentarme con un misionero que venía de Taiwán y quien quería hablarme de algunos síntomas que él estaba experimentando. Y él mismo me invitó a desayunar, no estaba viniendo a la consulta directamente, quería conversar conmigo primero. Y él me hablaba, y mientras me conversaba de algunas de las cosas por las que él había atravesado, yo podía ver su lucha interna y en su rostro porque las lágrimas no salieran y corrieran por sus mejillas, lo cual él no pudo evitar. Entonces me hablaba de muchas cosas que en esencia eran secundarias a su estado de depresión y me decía en una parte de la conversación: "Lo peor de todo es que yo tengo casi 30 años en el campo misionero. Si yo estoy supuesto a ser un misionero veterano, y nadie piensa que yo pudiera estar en algo como lo que estoy pasando."
Para la mayoría de las ovejas es como extraño pensar que su pastor pudiera estar en necesidad de consolación en algún momento. Yo no sé cómo y de qué manera ni quién, pero como que las ovejas han aprendido que sus pastores son de hierro, son indestructibles, o que son de goma de manera que tú los puedes tirar contra la pared, puedes pisarlo, puedes pasarle por encima, ellos van a rebotarse siempre porque ellos son como supermanes. Y la realidad es que nada está más lejos de la verdad que eso que yo acabo de decir.
Los pastores somos seres humanos comunes y corrientes, mortales, sujetos a debilidades, como dice el texto de Santiago, que Elías era un hombre igual que nosotros sujeto a las mismas debilidades. Cuando esos pastores se deprimen o se decepcionan, los que lo observan se sorprenden porque no debe ser. En otros casos, los pastores oyen expresiones en contra de su carácter o de su ministerio, como fue el caso del pastor que vamos a estudiar hoy. Él oyó cosas de parte de estos corintios, pero las escuchan y se piensa de alguna manera que no hay razón, motivo, forma de que él pudiera sentirse ofendido o herido.
Aún más, los pastores a veces se enferman como se enferman todos los mortales, pero de muchas maneras y en muchos lugares él no tiene la oportunidad ni siquiera de ser ministrado en el momento de la debilidad, porque no importa cuál sea su enfermedad, siempre el problema es que él trabaja demasiado, pero los otros mortales se enferman de igual manera de la misma cosa. Y yo no estoy mencionando eso como un pastor en necesidad de consolación, porque yo puedo decirle que yo me he sentido ampliamente consolado por ustedes. Yo estoy pasando la experiencia para que nosotros podamos ver a un pastor en necesidad de consolación como él mismo lo informa en el texto que vamos a estar examinando hoy.
Escucha estas palabras de un pastor en el siglo XIX: "Yo soy víctima de depresión de espíritu tan intimidante que yo espero que ninguno de ustedes tenga que pasar por un estado tan miserable o tan difícil." Su nombre, el pastor que sacudió a Inglaterra, conocido como la lengua de oro: Charles Spurgeon. ¿Te imaginas?
Una vez más, yo quiero decir que en el momento actual, por la gracia de Dios, yo estoy bien, pero el pastor Pablo no estaba bien en estos momentos que escribió estas palabras. De forma que el título de mi mensaje refleja la condición del apóstol en un momento dado. Nadie esperaría que el autor de la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento diga algunas de las cosas que yo voy a leer en un momento y que tú vas a leer conmigo, pero él las dijo, él las escribió.
Entonces tú podrás entender mejor esta necesidad de consolación en medio de una dificultad que Pablo estaba teniendo con las iglesias, pero en particular con esta iglesia, la iglesia de Corinto que él plantó. Pablo se sintió profundamente triste por la situación que se había producido entre él y los corintios. Y en este momento en que estamos ahora, que vamos a leer, o del cual vamos a leer, él se había estado sintiendo triste porque no podía encontrar a Tito, su compañero de ministerio. Pablo amó a sus ovejas, amó a sus compañeros de ministerio. En este caso en particular él no podía encontrar a Tito, algo de lo cual ya yo hablé cuando expusimos el capítulo 2, y entonces Pablo mencionó algunas de estas cosas en el versículo 12 y 13.
Como yo voy a leer, Pablo hace algo tanto extraño: es que él llega al capítulo 2 en el versículo 13, ahí abre un paréntesis, y por los próximos cinco capítulos prácticamente —2, 3, 4, 5, 6 y hasta llegar al 7— él emprende una defensa de su ministerio y de estas falsas acusaciones que se habían levantado en contra de él. Y ahora, cinco capítulos después, él retoma la discusión exactamente donde había dejado en 2:13 con relación a Tito y el hecho de que no había podido encontrarlo. Y voy a conectar esos pasajes en un momento para que usted lo pueda ver.
Pero para que se pueda situar en tiempo y espacio, esta es más o menos la cronología de los eventos. En su segundo viaje misionero, Pablo envió a Timoteo a la ciudad de Corinto. Timoteo va a Corinto, encuentra, en buen lenguaje cotidiano, un desastre. ¿Qué es lo que hace? Donde Pablo le reporta lo carnal que la iglesia había estado viviendo. Eso hace entonces que Pablo —yo hablé de todo esto en el capítulo 2— eso hace que Pablo regrese a Corinto en una visita corta, rápida, que fue sumamente dolorosa. Y evidentemente durante esa visita, alguien en la congregación se levanta contra Pablo, lo acusa —al hablar de eso en el capítulo 2, versículo 5-6— lo acusa. Aparentemente hay una confrontación pública y Pablo regresa dolido a Éfeso. Y desde Éfeso entonces Pablo escribe una carta severa, dolorosa, confrontadora a la iglesia de Corinto, justamente para confrontar, valga la redundancia, sus inmadurezas, sus inmadurezas emocionales y espirituales, sus carnalidades —es la palabra que estaba buscando primeramente.
En el interín, de Éfeso él había acordado... Perdón, él envió esta carta, Timoteo... Esta carta severa, digo, a Corinto, esta carta severa la envió con Tito. Había acordado con Tito que se iba a encontrar en algún lugar de Macedonia. Algunos especulan y piensan que quizás Filipos, que él había fundado seis años antes. Y entonces él anda esperando encontrarse con Tito en Troas o en Macedonia en algún lugar, y no puede encontrar a Tito, y eso lo tiene triste. Y eso es donde nosotros lo vamos a tomar.
Lo vamos a tomar en el capítulo 2, versículo 12 y 13 solamente, donde puedes leer parte de lo que acabo de decir, y lo vamos a conectar con el capítulo 7, versículo 5, porque esas cosas van juntas. Escuche, versículo 12, capítulo 2: "Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo y se me abrió una puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu al no encontrar a Tito mi hermano. Despidiéndome pues de ellos, salí para Macedonia." Capítulo 7, versículo 5: "Después, cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera conflictos, por dentro temores." Pablo, con temores.
Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló con la llegada de Tito. Y no solo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto y vuestro celo por mí, de manera que me regocijé aún más. Porque si bien os causé tristeza con mi carta —la carta severa— no me pesa, aun cuando me pesó, pues veo que esa carta os causó tristeza, aunque solo por poco tiempo. Pero ahora me regocijo, no de que fuisteis entristecidos, sino de que fuisteis entristecidos para arrepentimiento, porque fuisteis entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrierais pérdida alguna de parte nuestra.
Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque mirad qué solicitud ha producido en vosotros esto, esta tristeza piadosa: qué vindicación de vosotros mismos, qué indignación, qué temor, qué gran afecto, qué celo, qué castigo del mal. En todo habéis demostrado ser inocentes en el asunto. Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que ofendió ni por causa del ofendido, sino para que vuestra solicitud por nosotros se manifestara a vosotros delante de Dios. Explicaremos todo eso.
Por esta razón hemos sido consolados. Y aparte de nuestro consuelo, mucho más nos regocijamos por el gozo de Tito, pues su espíritu ha sido consolado, ha sido confortado por vosotros. Porque si en algo me he jactado con él acerca de vosotros, no fui avergonzado, sino que así como os hemos dicho todo con verdad, así también nuestra jactancia ante Tito resultó ser la verdad. Y su amor hacia vosotros abunda aún más al acordarse de la obediencia de todos vosotros y de cómo lo recibisteis con temor y temblor. Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.
Padre, gracias por la oportunidad de exponer tu satisfacciones humanas en apóstoles que nos enseñan cuán comunes son a todos nosotros la dificultad, la tribulación, el dolor, la ofensa, la herida. Ayuda a cada uno de nosotros a aprender lo que tú tienes aquí revelado para la satisfacción hoy, en Cristo Jesús. Amén.
En introducción un tanto larga, el texto un tanto largo también, pero yo voy a tratar de simplificar esto. Quiero dividir el estudio de esta mañana en esencia en cuatro puntos. La primera, que vemos la tristeza, la decepción o depresión del apóstol Pablo, versículo 5. Número dos, la consolación de Dios, versículos 6 y 7. En tercer lugar, el arrepentimiento de los corintios, versículo 8 a la primera parte del versículo 13. Y finalmente, el gozo de la reconciliación, segunda parte del versículo 13 al 16. Eso es en esencia cómo pudiéramos dividir este texto.
Recuerda, Pablo llega a Troas, se le abre en Troas una puerta grande para el evangelio, capítulo 2, versículo 12. No encuentra a Tito, no puede aprovechar la gran oportunidad que se le ha abierto justamente porque la ausencia de Tito lo inquieta. Sigue para Macedonia, llega a Macedonia y en principio tampoco encuentra a Tito. Él tiene cierta inquietud e incluso tristeza, porque le ha enviado a Tito a Corinto con una carta severa. Él no sabe cómo los corintios han respondido a la carta, él no sabe el estado emocional y espiritual ni de Tito ni de los corintios, y él está también siendo presionado.
Él expresa esto de esta manera en el versículo 5 que leí: "Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo." Imagínate: no tengo reposo, no tengo sosiego, estoy fuera de sitio, sino que nos vimos atribulados por todos lados. ¿Cómo así, Pablo? Por fuera, conflictos; por dentro, temores. La palabra traducida ahí como "atribulados," tapeinós en el original, implica deprimido, abatido, desalentado. Llegamos a Macedonia, no encontramos a Tito, no tenemos información de la iglesia. La iglesia me pesa, me pesa la problemática de no haber encontrado a mi amigo del alma. Yo tengo conflicto por fuera con Corinto, tengo temores por dentro, y eso me tiene en una condición que no me da reposo. Eso es en esencia lo que el gran apóstol Pablo está manifestando.
Él nos deja ver, no nos dice, no nos especifica cuáles son las cosas que le causan temor, pero sí nos dice que él tiene temores. Nosotros hablamos del temor al hombre y decimos que no hay que tenerle temor al hombre. La realidad es que todos nosotros le tenemos temor al hombre en algún grado: uno más, otros menos, pero tenemos temor al hombre. Elías se enfrenta a 450 profetas de Baal y luego le tiene temor, no a un hombre, no, a una mujer. Y ahora el apóstol Pablo dice: "Por dentro, temores." Eso está agobiando mi alma. No sé de Tito, quizás temía por su paradero. No sé de los corintios, quizás temía si estas acusaciones que se habían levantado contra él iban a permanecer así, o si finalmente ellos iban a reconocer que esto era una falsedad. Quizás tenía temor de que esto se fuera a quedar así permanentemente y la irreconciliación permaneciera en el tiempo. No tenemos los detalles, pero sí sabemos que él estaba pasando por experiencias que lo llegaron a atemorizar y que tenía necesidad de ser consolado, como vamos a ver en el próximo versículo.
Cuando tú haces un fast forward de la carta, llegas al capítulo 11 —lo hicimos una vez ya— y tú tienes allí una larga lista de todas las vicisitudes externas por las que Pablo pasó: sufrimiento, naufragios, azotes, cárceles. Como dicen en inglés: you name it, él lo tuvo. Él agrega al final de la lista, escucha, en 2 Corintios 11:28: "Además de tales cosas externas, todo eso que me pasó, está sobre mí la presión cotidiana, todos los días, de la preocupación por todas las iglesias." Fin de la cita. Pero especialmente la de Corinto. Esta es la iglesia que más problemas le dio a Pablo, la iglesia que él plantó. Esta es quizás la cosa que más lo agobiaba: la relación con sus iglesias.
De manera que tú tienes ahí a Pablo atribulado por conflictos externos y por temores internos, y en necesidad de consolación. ¿Cómo lo sabemos? En primer lugar, él dice que está atribulado o deprimido. En segundo lugar, cuando pasamos ahora a ver el segundo punto, la consolación de Dios, nos queda claro que este era un hombre en necesidad de consolación en ese momento.
Escucha: en el versículo 5 él plantea el problema: estoy atribulado, por fuera y por dentro. Versículo 6, la solución: "Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló con la llegada de Tito. Y no solo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto y vuestro celo por mí, de manera que me regocijé aún más."
Pablo admite estar deprimido. En este versículo dice que Dios consuela a los deprimidos, que es un texto interesante, porque en el capítulo 1 él introduce a Dios como el Dios de toda consolación. Y nos dice que ese Dios de toda consolación muchas veces permite que nosotros pasemos por dificultades para ser consolados y que nosotros aprendamos a consolar a otros con el mismo consuelo con que hemos sido consolados. ¿Se recuerdan de eso?
Y ahora Pablo dice: "Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló de dos maneras." Primero, nos envió a Tito: finalmente encontré a Tito. Segundo lugar, por el reporte que Tito trajo acerca de los corintios. Pablo amaba a las ovejas, como mencioné, pero amaba también a sus compañeros de ministerio. No sabía si Tito estaba sano y salvo, no sabía la reacción de los corintios. Cuando Tito llega, primero Pablo puede ver que él está bien, y en segundo lugar puede escuchar un reporte favorable.
Porque resulta que esta carta severa ha resultado en algo que Tito viene a traerle a Pablo y le dice: "Pablo, yo quiero decirte tres cosas. Yo quiero informarte de su gran afecto de los corintios por ti, de su llanto —esta gente ha llegado hasta llorar— y de su celo por ti, Pablo."
La frase traducida como "su gran afecto" en realidad en el original implica su gran anhelo o profundo deseo. Y muchos piensan que, aunque Pablo no especifica cuál es el anhelo, cuál es el profundo deseo, con toda probabilidad el anhelo y el deseo profundo es reconciliarse con su plantador, con su pastor, finalmente. Y parte de lo que ayuda a entenderlo así es que el texto dice que Tito lo informa a Pablo de su llanto. Los corintios lloraron por lo que había ocurrido, lloraron por lo que habían hecho, lloraron por lo que habían permitido, que estas acusaciones se levantaran. Y como Pablo dice en un momento dado: "Nadie salió a mi defensa." Lloraron. Y como eso produjo un dolor y una cierta herida y un distanciamiento entre ellos.
Y finalmente Tito le dice: "Pablo, yo también quiero informarte de su gran celo por ti," que es una manera de traducir su gran lealtad. Aquellos que se habían distanciado de ti, Pablo, ahora que estuve allá, yo te puedo decir y te traigo reporte: ellos recobraron la lealtad hacia ti.
¿Cuál fue el resultado de ese reporte? "De manera que me regocijé aún más." Me regocijé primero cuando vi a Tito, y después cuando él me contó de su llanto, de su celo por mí, de su gran afecto o su gran deseo profundo, anhelo, probablemente de reconciliarse. Ahora sí es verdad que yo me siento mucho más regocijado.
Pablo usa esa palabra "regocijar" múltiples veces, 29 veces en sus epístolas. En esencia implica un sentido de alegría y una disposición que deberíamos tener todos nosotros, los que sabemos que en medio de las peores circunstancias Dios está obrando. Hay una tristeza por un lado, nuestra humanidad, y en medio de esa misma tristeza decimos: "Pero yo también sé que todo esto está cooperando para bien," de tal manera que mi disposición es a experimentar del otro lado de la moneda el gozo del Señor.
Ya vimos la depresión de Pablo y ahora vimos el consuelo del Señor, cómo lo hizo. Yo quiero que veamos en tercer lugar el arrepentimiento de los corintios, que es donde probablemente pasaremos la mayor parte del tiempo.
Pablo ahora hace referencia, como lo vamos a ver, a la famosa carta que ya se perdió, la carta de confrontación. Y él comienza a decir: "Cuando yo envié esa carta, a mí me pesó tener que escribirla como la escribí. Pero ahora que Tito ha regresado y me ha dado el reporte del resultado de la carta, ya no me pesa." Y no me pesa por el resultado que produjo en ustedes.
Si nosotros vemos eso claramente explicado en los versículos ocho y nueve: "Porque si bien os causé tristeza con mi carta..." Ahí está la carta que no tenemos, la carta severa. "No me pesa. Aun cuando me pesó..." Me pesó al principio, me preocupé, me cargó, pero ya no me pesa, porque pues veo que esa carta os causó tristeza, aunque solo por poco tiempo. Yo veo que la carta les trajo, les produjo tristeza, pero la tristeza desapareció. "Pero ahora me regocijo, no de que fuisteis entristecidos" —esa no fue mi intención— "sino de que fuisteis entristecidos para arrepentimiento." Ahí está mi regocijo, en el arrepentimiento experimentado. "Porque fuisteis entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrierais pérdida de alguna de parte nuestra."
En otras palabras, Pablo dice: "Me pesó, pero ahora que yo oí el reporte, ya no me pesa. Y yo he podido percatarme de que ustedes fueron entristecidos conforme a la voluntad de Dios, y la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce arrepentimiento. Y como el arrepentimiento es un fruto de bendición, yo ahora me regocijo en dicha condición." Eso es lo que Pablo está diciendo.
En ocasiones nosotros nos metemos, y voy a usar la palabra, nos introducimos nosotros mismos en problemas y nos causamos nosotros mismos las tristezas. Pero en otras ocasiones, Dios, en el orquestamiento de su voluntad santa y soberana, Él mismo orquesta esa tristeza para llevarnos al arrepentimiento. Y el mismo Dios, en su bondad, cuando nosotros somos los responsables de habernos introducido en medio de la tristeza, en su bondad Él mismo nos saca de la misma tristeza que yo produje, precisamente para atraerme de todas formas al camino de arrepentimiento.
Y entonces Pablo, sabiendo que este dolor que ellos han experimentado ha producido un buen resultado, él se está regocijando junto con Tito. Y lo que hace es brevemente contrastar la tristeza que viene del mundo con la tristeza que viene de Dios. Pablo hace brevemente... yo voy a tratar de aplicarlo para que nosotros podamos identificar cómo se ve eso en nuestro día a día.
Escuchen el versículo 10, cómo Pablo dice: "Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios..." Esa es la clave: la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios. Y esto inicia con un "porque": "Porque esa tristeza produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar. Pero la tristeza del mundo produce muerte."
De acuerdo a Pablo, la tristeza que viene de Dios al final no produce pesar. Lo puede hacer al principio, pero no al final. La tristeza que viene de Dios nos deja limpios, nos trae tiempos de refrigerio, nos trae tiempos de reverdecer, nos trae tiempos de avivamiento, nos trae tiempo donde nosotros volvemos a cobrar vida, cobrar el gozo que teníamos, a cobrar la vitalidad que habíamos perdido.
Cuando esa tristeza que viene de Dios me lleva al arrepentimiento y yo era un incrédulo, me lleva a la salvación, que es lo que Pablo dice en el versículo 10. Pero cuando ya yo era una persona salva, no me lleva a la salvación, pero puede llevarme a la salvación de otras cosas. Quizás es de mi matrimonio, o quizás es de relaciones, quizás es esta relación. O vea, pastor, me lleva a poder renacer y ver vida otra vez en aquello que parecía morir.
Entonces, ¿cómo se diferencia en el día a día la tristeza que es producida por nuestra naturaleza carnal o que viene del mundo, de la tristeza que viene de Dios? Bueno, en términos prácticos, la tristeza que viene del mundo produce unas lágrimas que inicialmente cuestan un poco, pero que al final producen muerte. Muerte para aquellos que son incrédulos sería la condenación eterna. Para aquellos que ya somos creyentes, produce muerte, pero no sería mi condenación eterna porque yo tenía vida eterna o tengo vida eterna. Pero produce muerte de nuevo de relaciones: mi relación matrimonial, mi relación con mis hijos, la relación con mi iglesia, la relación con mi pastor o pastores.
De manera que nosotros podemos ver el elemento destructivo de la tristeza que viene del mundo y el elemento constructivo de la tristeza que viene de Dios. El verdadero arrepentimiento, como fruto de la tristeza que viene de Dios, al principio cuesta mucho, es cierto, pero al final el fruto es salvación. O salvación literal, porque me ha evitado la condenación, o la salvación de aquellas cosas que habíamos mencionado de forma aplicativa.
De manera que esa tristeza que viene del mundo siempre va a estar comportándose de una manera distinta a la tristeza o al arrepentimiento que viene de Dios. La tristeza que viene del mundo siempre está midiendo hasta dónde yo llego sin tener que humillarme mucho, o sin tener que hablar mucho, o revelar mucho. El arrepentimiento verdadero no quiere dejar nada oculto que sea necesario revelar, porque lo que ella quiere es sanar. No está midiendo hasta dónde llego.
De hecho, quizás un buen ejemplo de cómo se manifiesta esa tristeza y ese arrepentimiento que vienen de Dios es lo que encuentran en la parábola del hijo pródigo. Porque esto es Dios que está tratando de ilustrarnos a nosotros cómo Dios recibe al pecador que viene al arrepentimiento, y cómo luce el arrepentimiento verdadero, pudiéramos decir.
Este hijo ha pedido su herencia, lo cual era una ofensa en el contexto de Dios enorme. Ha pedido la parte de su herencia estando el padre en vida, y se va a ir hasta la herencia. Después, al tiempo, malgastando lo que el padre le había dado, lo que el padre le dio y que él vendió, él vuelve en sí, porque se había desconectado completamente de la realidad, y decide regresar.
Pero cuando tú lees la historia, tú te percatas que este hijo pródigo no regresa y le dice: "Padre, perdóname, tú sabes que yo era inmaduro, yo era un muchacho joven sin experiencia, solamente tenía 19 años, ahora tengo 26, 28, 32. Seguro tú pasaste por eso también con el abuelo, ¿verdad que sí, padre?" No, tú no escuchas nada de eso. Él viene donde el padre y dice: "Padre, yo he pecado contra el cielo y contra ti. De hecho, yo ni siquiera merezco ser llamado hijo. Hazme un jornalero, el último de tus trabajadores. Está bien, yo no me merezco absolutamente nada."
Ese es el arrepentimiento. "Yo no tengo condiciones para regresar a ti, padre. Yo sé lo que hice, yo sé hasta dónde yo he llegado." Es la tristeza que viene de Dios. No calcula el precio, sino que calcula la necesidad que tiene de ser sanado por completo.
El remordimiento es distinto. El remordimiento dice: "Déjame ver hasta dónde tengo que exponer mis sentimientos. Déjame ver y asegurarme. Voy a decir lo mínimo que yo tengo que decir, a ver con cuánto yo puedo pasar la prueba." El arrepentimiento verdadero no es así.
Y Pablo entonces está básicamente diciendo aquí: "Sí, se arrepintieron. Primero, Tito me habló de su llanto. Segundo, Tito me habló del deseo profundo que ustedes tienen de reconciliarse." Y ahora, en el versículo 11, Pablo menciona siete evidencias de su arrepentimiento. Que quizás no luzcan iguales en nosotros porque esto es una situación particular, pero cada una de estas evidencias de arrepentimiento en ellos va precedida por la palabra que le da intensidad a la expresión.
Yo te la voy a leer como está en La Biblia de las Américas, voy a hacer una explicación, y luego te la voy a leer de la Nueva Traducción Viviente para que la puedas entender mejor. Escucha, lo primero de La Biblia de las Américas: "Porque mirad..." Miren lo que ha pasado, es lo que va a estar haciendo. "Mirad, qué solicitud ha producido en vosotros..." Voy a explicar esto. Esta tristeza piadosa, mira la solicitud que ha producido. "Qué vindicación de vosotros mismos, qué indignación, qué temor, qué gran afecto, qué celo, qué castigo del mal. En todo habéis demostrado ser inocentes en el asunto."
Todo eso fue el producto de haber llorado su pecado, de haberlo visto, de haberse arrepentido. Las cosas han cambiado, y según el reporte de Tito a Pablo, Pablo dice: "Esto es increíble."
"Mira la solicitud que esto ha producido," que es una forma de decir qué diligencia, qué prontitud, qué preocupación. Ustedes diligentemente han procurado arreglar las cosas. Ustedes han tenido una preocupación que los ha llevado a una cierta prontitud para arreglar este asunto. Mira qué solicitud ha venido a producir en vosotros.
"Qué vindicación." La palabra viene de la palabra apología o defensa. "Qué vindicación de vosotros mismos." La idea no está tanto en que los corintios comenzaron a defenderse, ¿ven ustedes la idea en el contexto de lo que está ocurriendo aquí? Sino que ustedes hicieron la investigación, ustedes se han explicado, ustedes han llegado a entender qué los llevó a hacer lo que hicieron, y esto ha producido una vindicación, una explicación de los hechos.
Pero no sin antes haberles causado una indignación. "Qué indignación." Ustedes se indignaron consigo mismos, de lo que habían hecho, de su pecado. Yo no sé si alguna vez tú hiciste algo que luego tú lo revisas y te indignas de haber pecado contra Dios de esa manera. Pablo dice que el arrepentimiento aquí está tan profundo que ha producido una indignación en ustedes. ¡Qué indignación!
"Qué temor." Qué respeto reverente hacia Dios, hacia nuestra relación, pastor y ovejas. Por ahí ahora un nuevo temor reverente, respeto que se ha producido como fruto del arrepentimiento.
Oye, ¿qué gran afecto es el número cinco? El afecto de ustedes hacia mí quizás se ha aumentado en relación a lo que tenían antes. ¡Qué gran afecto ha producido esta quebradura, esta fractura y esta reconciliación entre nosotros! ¿Qué celo o lealtad hacia Pablo? Aquella confianza que ustedes no tenían, ahora Tito me dice que ustedes tienen un gran celo, una gran lealtad hacia mí. Y qué castigo del mal se ha producido. Se hizo justicia finalmente, eso es lo que el texto dice.
Luego la traducción de la Biblia de las Américas termina diciendo: "En todo habéis demostrado ser inocentes en el asunto." ¿Qué está Pablo queriendo decir con eso? Porque no fue que ellos no tuvieron culpa; ellos tuvieron que arrepentirse, ellos lloraron, se indignaron, de manera que esa no es la idea. Déjame leerte la Nueva Traducción Viviente y lo podrás entender mejor: "Solo miren lo que produjo en ustedes esa tristeza que proviene de Dios. Miren lo que ha ocurrido, miren lo que ha pasado: tal fervor, tal ansiedad por limpiar su nombre." Limpiar el nombre de los corintios, no en el sentido de autojustificarse, sino aclarar las cosas para que no quede nada que tenga que limpiarse posteriormente. "Tal ansiedad por limpiar su nombre" —esta es la prontitud de que hablamos— "tal indignación, tal preocupación, tal deseo de verme, tal celo y tal disposición para castigar lo malo." Ahí está. Ahora viene la frase: "Ustedes demostraron haber hecho todo lo necesario para corregir la situación."
Cuando Pablo dice "ustedes demostraron ser inocentes en todo," él no está diciendo "ustedes no tuvieron culpa," no. Lo que la traducción viviente dice es: "Demostraron haber hecho todo lo necesario para corregir la situación." Ese parece ser el sentido, de tal manera que ahora nosotros podemos restituir nuestra relación bajo mejores parámetros.
Te imaginas: Pablo está deprimido, está atribulado, no sabe cuál va a ser la reacción de la carta. De repente, en algún lugar de Macedonia, quizás en Filipos, se encuentra con Tito. Tito le dice: "Pablo, escucha, yo llevé la carta. Yo estoy sorprendido. Esta gente se arrepintió. Ellos oran por ti. Esta gente tiene celo por ti. Esta gente tiene un gran afecto por ti. Esta gente mostró ser diligente en resolver todo esto. La verdad que yo estoy sorprendido positivamente." Y Pablo dice: "¡Wow! Dios me consoló. Me consoló con Tito y me consoló porque me trajo información de que los corintios restauraron su relación con Dios y, por tanto, conmigo."
Versículo doce. Pablo explica la razón de la carta: "Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que ofendió." En otras palabras: "No piensen que yo envié esta carta porque yo quería martillar al que me ofendió. Yo no quería herir más al que me ofendió. Acusar, esa no era mi intención." Esa es la razón primera por la que no envié la carta. "Os escribí no fue por causa del que me ofendió, ni por causa del ofendido" —yo, Pablo— "ni por causa mía." Yo no estoy tratando de reivindicarme. A pesar de que tuve que defender mi ministerio, lo defendí porque mi ministerio tiene que ver con la causa de Cristo y no lo podía dejar en el suelo ante sus ojos, porque ustedes sufrirían daño, porque no creerían en las cartas, en las enseñanzas, en los mensajes que Dios les envió a ustedes en mi primera y segunda carta. Entonces no tiene que ver por causa del ofendido ni del que ofendió.
¿Sino cuál es la razón, Pablo? Escucha: "Sino para que vuestra solicitud por nosotros se manifestara a vosotros delante de Dios." ¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Bueno, para comenzar, entiende que las irreconciliaciones cargaron a Pablo todo el tiempo. Pablo no podía ver cómo eso podía traer honra a Dios. Pablo no podía ver de qué manera la irreconciliación pudiera exaltar, glorificar el nombre de Cristo. Pablo se vio cargado cuando Sintique y Evodia estaban irreconciliadas; le pidió a un hermano en la congregación que mediara y tratara de hacer algo. Pablo se vio preocupado cuando la irreconciliación entre Onésimo y Filemón, y le escribió a Filemón. Pablo se vio cargado hasta el punto de estar atribulado, deprimido, con la irreconciliación entre él y los corintios.
Y entonces ahora él explica que la razón por la que les envió la carta es justamente para terminar la irreconciliación. Escucha de qué forma lo dice: "Sino para que vuestra solicitud, diligencia, prontitud por nosotros se manifestara a vosotros delante de Dios." En otras palabras, no es para que salieran a buscarme delante de los hombres y a arreglar las cosas por apariencia. No, no, no. Para que delante de Dios su solicitud, su reconciliación, su búsqueda diligente por nosotros fuera manifestada a vosotros, entre vosotros, pero delante de Dios. Para eso fue que yo envié la carta. Ahora que yo recibo la carta y escucho que la carta surtió el efecto por la cual yo la envié, ahora yo estoy regocijándome a un más. Beatísimo Tito, gozo. Beatísimo, perdón, a Tito. Beatísimo gozo, beatísimo mayor gozo. ¿Ok?
Entonces, ¿cuál es el resultado del reporte de Tito? Versículo trece: "Por esta razón hemos sido consolados." ¿Por qué? Porque Tito me dijo que ustedes se arrepintieron y nos vamos a reconciliar. "Y aparte de nuestro consuelo, mucho más nos regocijamos por el gozo de Tito, pues su espíritu ha sido confortado por todos vosotros." En otras palabras, yo tengo más de una razón para sentirme consolado. Razón número uno: Tito vino. Razón número dos: el arrepentimiento de ustedes y la ya posible reconciliación conmigo, hasta el punto que me quieren ver, tienen deseo de verme, me tienen profundo afecto y anhelo. Razón número tres: el gozo de Tito. Tito vino. Tito no vino diciendo: "Pablo, tú no sabes, esa gente es increíble, no hay nada, esa gente no le entran ni los tiros." No. Tito vino con gozo, el gozo de Tito. "Y porque su espíritu ha sido confortado por todos vosotros." Tito vino y dijo: "Pablo, yo fui allá con una carta confrontadora y esta gente se arrepintió tanto que me confortaron a mí. Es como si yo hubiese sido tú, Pablo. Me trataron tan bien que ahora yo tengo que comunicártelo, qué bien que me trataron." Y Pablo hizo: "¡Wow, Tito! Yo me siento gozoso de saber incluso cómo te trataron. Eso aumentó mi gozo aún más."
Tú puedes ver, si tú tratas de ponerte en las sandalias de Tito, de Pablo, de los corintios: la situación entre esa congregación y Pablo llegó a un momento dado que era, como dirían en inglés, un "mess," un desastre, un lío. Y ahora, con una carta confrontadora, Dios abrió sus ojos. Y ahora Pablo está regocijado. Y ahora resulta que Pablo le dice a Tito en el versículo catorce —lo vamos a leer en un momento—: "Tú sabes qué, Tito, cuando yo te hablé de los corintios, yo tenía un cierto orgullo acerca de ellos." Yo no sé cómo, pero Pablo dice que estaba como orgulloso de los corintios. Y tú ves cómo lo dice: "Pero ahora que tú viniste con la carta, ahora yo me doy cuenta de que eso que yo te dije era cierto."
Escucha el versículo catorce: "Porque si en algo me he jactado con él, con Tito, acerca de vosotros los corintios, no fui avergonzado; sino que así como os hemos dicho todo con verdad, así también nuestra jactancia ante Tito resultó ser verdad." ¿Cómo es la jactancia, Pablo? Bueno, en el contexto judío, y en especial en el contexto de la Septuaginta, la palabra orgullo o jactancia tenía dos connotaciones. Una es el orgullo necio del hombre que tú y yo conocemos y del cual nosotros tenemos. Y la otra manera es el celebrar el carácter y la obra de Dios.
Entonces parece ser que cuando Pablo se jactó ante Tito de los corintios, parece ser que lo que Pablo estaba diciendo a Tito era: "Tito, esta gente, a pesar de eso, yo les prediqué el Evangelio, yo les prediqué a Cristo y este crucificado. Esta gente son hijos de Dios. Y como son hijos de Dios, yo sé que ellos van a responder. Mira la carta, llévala, espera el reporte, tráeme el reporte. Pero yo sé que ellos van a responder, porque esta gente no está bien ahora, pueden ser inmaduros, pero son hijos de Dios. Ellos van a reaccionar." Y ahora que Tito viene y le dice: "Pablo, esta gente se arrepintió, lloró, se indignaron consigo mismos, quieren verte," ahora resultó que es verdad lo que yo le dije a Tito.
Escúchalo otra vez: "Porque si en algo me he jactado con él acerca de vosotros, no fui avergonzado." En otras palabras, lo que yo le dije a Tito fue verdad. "Sino que así como os hemos dicho todo con verdad, así también nuestra jactancia ante Tito resultó ser la verdad." ¿Y qué fue lo que resultó ser? Que se arrepintieron. Es como que Pablo dijo: "Esta gente, yo sabía." Imagínate que Tito hubiese venido y dijera: "Pablo, esta gente está igualito." Habría que pensar que no eran ni creyentes. Y Pablo pasó dieciocho meses en Corinto. ¿Cómo que yo pasé dieciocho meses de mi vida y esta gente ni creyeron? Pero eso parece ser que no fue lo que Pablo le dijo. Parece que Pablo le dijo: "Ellos se van a arrepentir, por eso es que se está jactando. Dios está obrando, no te preocupes. Dios está obrando. Esto fue necesario. Dios está obrando en ellos."
Versículo quince: "Y su amor" —el de Tito ahora— "hacia vosotros abunda aún más al acordarse de la obediencia de todos vosotros, los corintios, y de cómo lo recibisteis con temor y temblor." Cuando Tito vio la obediencia de ellos, cómo obedecieron, se arrepintieron, le enviaron a decir cosas a Pablo: "Dile a Pablo que hemos llorado, que nos indignamos, que tenemos gran celo por él, gran afecto por él, mejor que antes." Cuando Tito vio esa gran obediencia y lo recordó, Tito les ama más a ustedes.
¡Wow! Mira lo que Dios está haciendo. Está madurando a los corintios. Los corintios aman más a Pablo. Está formando en Tito un mejor corazón pastoral, porque Tito ama más a esta gente ahora, después que vio la obediencia. Y cuando Tito vio que lo recibisteis con temor y temblor —no sabemos exactamente lo que eso implica, pero parece ser que Tito llegó con la carta y ellos no recibieron a Tito diciendo: "Tito, ¿te vienes con la carta de Pablo? Olvídalo, no queremos tener nada que ver."
Quizás Tito vio que esta carta se leía en la congregación, y pensó: "Yo tengo una carta que leerles, una carta severa, vamos a ver cómo reaccionan." Y quizás eso es, y los recibieron con temor y temblor. Quizás parte del temor y temblor tenía que ver justamente con el hecho de que quizás esta carta nos va a hablar de consecuencias que van a venir sobre nosotros, o quizás que ya Pablo no va a querer saber nunca jamás de nosotros, ya nos vamos a distanciar, perdimos la relación con el apóstol que nos plantó. Cuando Tito vio eso, su amor por los corintios aumentó.
Y Pablo cierra diciendo en el versículo 16: "Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros." Claro que tiene confianza en todo ahora y se goza en eso, porque en el peor momento ellos pasaron el charco, cruzaron al otro lado. Si en el peor momento cruzamos, y ahora tenemos mejor afecto el uno por el otro, estamos más maduros, pues me gozo que en todo yo tengo confianza en vosotros. La tuve en cuanto a que si se van a arrepentir, se arrepintieron, pues sigo con confianza.
Ahora, para nosotros, viéndolo e irlo aplicando en algunas áreas de nuestras vidas, que podamos ver la importancia de entender todo esto. Yo tengo que recordar, tú tienes que recordar: es posible que tú y yo no pasemos por las circunstancias que el apóstol Pablo pasó, pero por algunas pasaremos. Quizás no son las mismas, pero pueden ser parecidas. Tú y yo tenemos que recordar que independientemente de cuáles sean estas circunstancias, fueron permitidas por Dios, porque los momentos difíciles de nuestras vidas destruyen en nosotros múltiples cosas que no lucen como Cristo. Tú y yo tenemos demasiadas cosas que son anti la imagen de Cristo, que Dios está empeñado en destruir.
Entonces, en el interín, Dios nos llama a esperar en Él, y en esencia, Dios nos dice —interpretando pasajes de la Biblia, son interpretaciones de pasajes, pero ustedes lo van a entender perfectamente— en el interín nos dice número uno: "Yo no soy ignorante de tu situación. No hay nada en el universo entero que ocurra que yo no esté al tanto antes de que ocurra, mientras ocurre y después que ocurre."
Número dos, tu dolor, nos dice Dios, es mi esfuerzo de llamar tu atención sobre áreas que no están bien en tu vida. Corintios, ustedes tienen problemas de celos, de envidia, de inmadurez, de carnalidades, aquí hay cosas que no están bien. Su dolor es el esfuerzo de Dios de llamar tu atención de áreas que no están bien en tu vida o en la vida.
Tu tristeza es la mejor manera de Dios destruir fortalezas pecaminosas en nosotros. De eso yo te puedo hablar, porque yo he estado ahí más de una vez. Tu tristeza, a veces depresión, es la manera de Dios destruir fortalezas pecaminosas en nosotros. Lo pesado de la situación y lo prolongado de la situación muchas veces es la manera de Dios de destruir mi ira, mi resentimiento, mi falta de gratitud, mi amargura. Ese peso enorme que me quiebra es el diseño de Dios muchas veces para destruir mi ira, mi resentimiento, falta de perdón, mi amargura.
Mis decepciones frecuentemente son la forma de Dios decirme: "Te sientes así porque no has agradecido todo lo que tienes en tu matrimonio, en tus hijos, en tu hogar, en tu empresa, en tu profesión, en tu iglesia, en tu pastor o pastores, en tus hermanos. Y por el contrario, has condenado todo eso que sí yo te he dado."
En el interín de eso pesado que estás experimentando, déjame decirte: no estás peor, porque aunque no me veas y no lo creas, aunque no me sientas, es mi gracia que te ha sostenido, es mi gracia que te sostiene, es mi gracia que te está formando, es mi gracia que te está sosteniendo para que el trabajo sea completo, bueno, perfecto, y tú lo verás y tú me darás las gracias posteriormente.
Y finalmente, nunca, nunca, nunca, nunca olvides que al final de la historia hay una sola persona responsable de todo cuanto te ha ocurrido, y soy yo. Dos pajarillos no se caen al suelo sin el consentimiento de nuestro Dios. La persona última responsable soy yo. Si no lo crees, espera llegar a la gloria y te voy a dar una entrevista con José, que lo vendieron, y él te va a explicar cómo sus hermanos quisieron hacerle mal, pero cómo él entendió que realmente no fueron sus hermanos sino yo que lo permití para bien. José lo entendió de este lado de la gloria; tú y yo también podemos entenderlo.
Dios es el responsable último y final de nuestra historia, y cuando no soy yo, el próximo responsable eres tú. Si hay una cierta responsabilidad secundaria, mira cómo Dios lo dice a través de Jeremías 10:23: "Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino." Jeremías escribió eso por inspiración de Dios: que no depende del hombre su camino, ni de quien anda el dirigir sus pasos. "Yo sé, Señor, que mi espacio no lo dirijo yo; parece que soy yo, pero no depende de mí. Yo sé que tú diriges mis pasos." Y si tú conoces a Dios, tú eres el primero que le va a decir a Dios: "No permitas que yo jamás dirija mis pasos, porque yo me voy a dañar, voy a perder mil veces. Dirige tú mis pasos, del primero hasta el último, hasta entrar en gloria."
Porque ese es el Dios de toda bondad, el Dios que te sostendrá, el Dios que te ha sostenido, el Dios que te sostiene hoy, el Dios que te guía, que te formó en el vientre de tu madre y no te suelta hasta que entras en gloria. ¿Te imaginas esa clase de Dios? Dios es tu consolador, Dios es tu fortaleza, Dios es tu arquitecto. Él escribe tu historia y Él camina contigo a lo largo de la historia. Tú nunca estás solo, tú nunca estás sin su gracia, tú nunca estás sin su compañía. "Yo estaré con vosotros hasta el final de los días, hasta el fin del mundo." Dios es tu compañía todo el tiempo. De manera que dale gracias a Dios por tu historia, porque Él la está usando, Él la seguirá usando, y a través de ella forma su imagen en ti.