La necedad es quizás el peor adjetivo que las Escrituras pueden aplicar a un ser humano. No se trata de ignorancia ni de falta de inteligencia, sino de una terquedad consciente: conocer lo que Dios ha establecido y negarse a vivirlo. El caso del ciclista Lance Armstrong ilustra esta realidad con crudeza: un hombre que engañó al mundo entero y que, al confesar públicamente su dopaje, admitió que nunca sintió culpa ni consideró que estaba haciendo trampa. Su corazón se había oscurecido hasta el punto de no percibir su propia maldad.
El libro de Proverbios dedica más espacio a describir al necio que al sabio, precisamente porque nuestra tendencia natural es hacia la necedad. El necio se tiene por sabio ante sus propios ojos, confía únicamente en su corazón, rechaza el consejo de otros y es incapaz de apartarse de aquello que le hace daño. Como perro que vuelve a su vómito, repite una y otra vez las mismas conductas destructivas. Y lo más doloroso: su necedad causa tristeza a quienes más lo aman.
La salida de este camino comienza por escuchar consejo y aceptar corrección, no solo pedirla para luego ignorarla. Implica reconocer que no podemos caminar solos, que necesitamos comunidad. Pero sobre todo, requiere confiar en el Señor con todo el corazón, reconocerlo en todos nuestros caminos, temerle y apartarnos del mal. Esta es la medicina que Dios ofrece: restauración en lo más profundo del ser para quienes se arrepienten de su necedad y deciden vivir en dependencia de Él.
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En esta semana que estuvimos de celebración hubo un acontecimiento periodístico que seguramente ustedes oyeron y conocieron a lo largo de estos días. Un famoso deportista, un ciclista americano, confesó públicamente ante una periodista en una cadena nacional de televisión que le dio la vuelta al mundo. Él reconoció, después de años de haberlo negado, que se había dopado durante toda su carrera deportiva. Por lo tanto, todos los laureles que él había ganado, todos los éxitos que él había recibido, todos los premios que él había ganado, los había ganado de manera equivocada; él había hecho trampa en el deporte.
Sin embargo, esto que era ya algo público, que había sido amonestado por los organismos deportivos internacionales, era algo que él no reconocía. Él por años no lo reconoció. Las personas que salieron a dar la cara y dar luz sobre la evidencia que ellos tenían de estos sucesos eran aplastadas por él; él no lo reconocía, él lo negaba. Sin embargo, en esta entrevista, de una manera muy cándida, él reconoce por primera vez de una manera pública lo que él había hecho.
Interesantemente, todos los periódicos del mundo se centraron en la entrevista en un solo aspecto, en tres preguntas que la periodista le hizo y que fueron quizás el centro de toda la conversación. A él le preguntaron: "¿Tú crees que doparse está mal?" Y él dijo: "No." Inmediatamente replicó: "Yo sé que esto que estoy diciendo es terrible." Luego, inmediatamente la siguiente pregunta fue: "¿Alguna vez te sentiste mal por haberte dopado?" Y él nuevamente dijo: "No, y yo sé que esto es más terrible todavía." La tercera pregunta fue si alguna vez sintió que él estaba haciendo trampa, que estaba engañando a la gente, y él nuevamente respondió: "No, y me doy cuenta que esto es lo peor de todo."
Él se defendió diciendo que él estaba dopándose en un lugar en donde todos lo hacían, por lo tanto él no tenía gran sentido de culpa, tanto así que él tuvo que buscar en el diccionario lo que significaba la palabra trampa porque para él no cabía en su propio momento. ¿Cómo es que un hombre que llega a competir, recibe laureles internacionales y que gana la aclamación de una nación donde él se convierte en un héroe nacional, puede llegar al punto de oscurecer su corazón de tal modo que es incapaz de percibir su propia maldad?
En la Escritura hay un solo término que se repite una y otra vez para dar cuenta de esa actitud. Es la palabra necedad. La palabra necedad quizás es una de las palabras, o quizás es el adjetivo negativo relacionado con un ser humano, que más se usa en la Escritura. Y quizás es el término que, en oposición a la sabiduría, muestra los dos extremos en donde una persona puede caer: o una persona puede adquirir absoluta sabiduría o puede estar en absoluta necedad.
Yo creo que nosotros en este tiempo tenemos que buscar del Señor sabiduría. Tenemos que pedirle al Señor poder alcanzar aquello que es la gracia de Dios para poder caminar de acuerdo a aquello que el Señor nos ha entregado. El Señor nos dio a su Hijo Jesucristo, quien murió en la cruz del Calvario para que nosotros vivamos en novedad de vida. Él viene a ser para nosotros sabiduría de Dios. Él viene a ser la respuesta a todos nuestros interrogantes.
Sin embargo, la intención de la sabiduría viene a ser vivir mi vida de acuerdo a los principios de Dios. Ser una vida plena, una vida dichosa, una vida que sea aquella que glorifica al Señor en todo lo que hace, pero que sea una vida basada en los principios de Dios. No podemos revestirnos de gracia y dicha si nosotros hacemos trampa en el camino. De tal manera que el Señor nos invita a actuar con sabiduría, con habilidad, con experiencia; esa es la idea de sabiduría en la Escritura.
Nosotros que vivimos mucho tiempo después de los tiempos bíblicos entendemos la sabiduría de una manera distinta. Para nosotros alguien sabio es alguien que especula racionalmente, alguien que puede pensar con mucha claridad y que puede mostrarse muy elocuente en su hablar. Sin embargo, esa no es la sabiduría bíblica. La sabiduría bíblica no se demuestra tan solamente con palabras, sino en la capacidad de poder aplicar la revelación de Dios en la vida, de tal manera que no son mis palabras sino mi vida lo que refleja lo que es la gloria de Dios.
La vida digna de ser vivida, una vida digna de ser imitada, es el significado de la sabiduría. Es el fruto de la experiencia de vivir y caminar con Dios. Es el fruto de ver cómo la palabra de Dios se cumple en mi vida de manera prioritaria, pero no como un milagro, sino con el sacrificio de vivir conforme a las ordenanzas de Dios en un mundo que no camina de esa manera. Es vivir una vida que remarque y exalte nuestro temor de Dios.
En el libro de Proverbios dice que el principio de la sabiduría es el temor de Dios. ¿Qué es el temor de Dios si no el reconocimiento reverente de quién es Él? Él es el Creador, Él es el Señor, Él es el soberano de nuestras vidas. Por lo tanto, este mundo ha sido constituido de acuerdo a sus ordenanzas y decretos, y nosotros que somos sus criaturas y que somos miembros del reino de los cielos debemos vivir de acuerdo a esa realidad: sujetos a sus ordenanzas, sujetos a sus mandatos, sujetos a sus principios. Es el requerimiento básico de la sabiduría.
Soy una persona sabia cuando de manera diligente y piadosa camino en mi vida de acuerdo a lo que el Señor ha establecido en su Palabra. Eso es ser sabio. Ser sabio es cada día preguntarme: "Señor, ¿cómo quieres que yo viva hoy tu Palabra? ¿Cómo quieres que hoy manifieste en mi vida que tu Palabra es significativa y que tú eres Señor de mi existencia?" Eso trae consigo entonces el beneficio de la sabiduría.
La necedad, en contraposición, es una —podríamos llamarlo así— abierta y consciente indisposición a lo que Dios ha establecido. Una persona necia no es una persona ignorante. Una persona necia es una persona insensata y terca que declara vivir conociendo lo que Dios ha establecido pero negándose a aplicarlo en su propia vida. No es una persona ignorante porque es una persona que puede conocer mucho de lo que Dios ha dicho, pero no está dispuesto, dispuesta, a ponerla en práctica. Esa es la idea de la necedad.
Por eso es que en el libro de Proverbios nosotros encontramos de una manera muy específica que quizás la palabra que más se repite en el libro que exhorta a la sabiduría es la palabra necedad, porque yo creo que nosotros podemos aprender por oposición, podemos aprender de aquello que quizás forma parte más de nuestra vida que nuestra búsqueda de sabiduría. Producto de la caída y producto de nuestra indisposición natural a buscar a Dios, nosotros de manera natural somos necios más que sabios. La corriente de este mundo nos guía a la necedad, mientras que buscar la sabiduría de Dios es nadar contra la corriente. Por eso es que esta necedad debe ser estudiada.
El libro de Proverbios, que es el libro de la búsqueda de la sabiduría, tiene una infinidad de pasajes que nos demuestran con claridad qué es lo que significa ser necio, justamente para que nosotros seamos advertidos y podamos ir en el terreno opuesto. ¿Y qué vemos entonces de la palabra necedad? El diccionario de la Real Academia lo define de la siguiente manera: es alguien que no hace lo que podía hacer y no sabe lo que debía saber; es alguien imprudente o falto de razón; es alguien terco o porfiado en lo que hace o en lo que dice; es dicho de una cosa que es ejecutada con imprudencia o con presunción.
Buscando esta misma palabra en el idioma inglés, es una persona que se comporta de una manera tonta y sin pensar, alguien que realiza acciones torpes y con falta de comprensión. De acuerdo a la Escritura, y de manera general, teológicamente la necedad es lo opuesto a la sabiduría divina. No es estupidez, no es locura, no es error; es testarudez, terquedad. "No quiero hacer lo que Dios me invita a hacer." Tiene que ver con un rechazo de los puntos de vista práctico en la naturaleza de las cosas que lleva al éxito o al fracaso de la vida. Esa es la necedad.
Yo creo que todos de una manera u otra estamos inoculados de necedad y tenemos que entenderla. Y en este día, justamente, yo quisiera que podamos repasar algunos puntos que nos ayuden a poder captar en nuestro corazón la necesidad de buscar al Señor de manera sabia, pero que de alguna manera u otra nosotros podamos vencer la necedad natural en nuestro propio corazón.
¿Cómo puedo saber si yo soy una persona necia? Bueno, lo primero que tenemos que saber es que producto del pecado y nuestra separación de Dios, básicamente y en esencia, somos necios. No hay quien busque a Dios, no hay ni siquiera uno, no hay quien entienda. Esa es la realidad de nuestro ser. Ese es nuestro punto de partida. No nos pongamos en ningún otro lugar. Esa es nuestra realidad. Mi realidad inicial, mi primera relación con Dios va a ser una relación de rechazo a lo que Dios quiere para mi propia vida. Eso es el pecado en mi corazón.
De igual manera, y si lo vemos de otra manera de acuerdo como el libro de Proverbios lo establece, la primera característica de una persona necia es alguien que dice que no tiene necesidad de nada ni de nadie. Es una persona que imagina que sabe lo que debe hacer sin consultarlo a ninguna otra persona.
Abramos nuestras Biblias, por favor, en el libro de Proverbios. Vamos a revisar algunos de ellos y vamos a tratar de poder hacer una radiografía de la necedad. Proverbios capítulo 26, el verso 12. Dice así: "¿Has visto un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él." ¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? ¿Quién es una persona que se tiene por sabio? En el original, en el hebreo, dice: "¿Has visto a un hombre que delante de sus propios ojos se tiene por sabio?" Una persona que se entiende sabia sin nunca haber sido confrontada con la realidad de otras personas.
Es una persona que considera su sabiduría blindada a sí misma. Es una persona que nunca ha confrontado su sabiduría, ni sus principios, ni los valores con los que vive la vida en relación a los demás, solamente ante sus propios ojos. Dice: "¿Has visto un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él."
El capítulo 28, el verso 26, señala con claridad otro aspecto de esta necedad: "El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado." El que confía en su propio corazón es un necio. ¿Qué significa confiar en mi propio corazón? ¿Es que acaso yo no puedo tener seguridad de mí mismo y de las cosas que yo voy a hacer? ¿Qué es lo que el maestro de sabiduría nos está diciendo?
El problema no radica en que yo tome decisiones por mí mismo. El problema radica en creer que yo puedo tomar decisiones por mí mismo sin considerar a los demás, sin considerar mi historia, sin considerar aquellos que son mayores que yo, que tienen mayor conocimiento que yo, sin considerar el consejo de aquellos que pueden ayudarme y que pueden caminar conmigo. Una persona necia es una persona solitaria, una persona que no camina con nadie más, una persona que cree que la única que tiene la verdad es ella misma.
Quizás esto puede sonar chocante porque esa es la definición de sabiduría de nuestro tiempo: confía en tu propio corazón, toma las decisiones por ti mismo, que nadie más hable por ti. Tú no tienes que escuchar a nadie, escucha la voz de tu corazón porque tú eres más sabio que todos los demás. Es un concepto completamente opuesto a lo que Dios ha establecido. Es una persona que se mantiene ajena a aprender, indispuesta a conocer la opinión de otras personas, indispuesta a sujetarse y sentarse para poder escuchar y aprender de los demás.
Vamos a cuidarnos de un espíritu de necedad, porque ese espíritu de necedad va acompañado de la imposibilidad de poder, aún teniéndolo, de poder comprar sabiduría. Yo puedo tener los medios para adquirir sabiduría, pero no estoy dispuesto a gastar de mis recursos para poder adquirirla. Proverbios 17:16 dice: "¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría cuando no tiene entendimiento?" ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría cuando no tiene entendimiento?
Yo no sé si a ustedes les ha pasado, pero seguramente cuando hicieron y manifestaron los deseos del año 2013, y seguramente fueron también los deseos del año 2012 y del 2011 y del 2010, muchos de ustedes se comprometieron a apartar tiempo para estudiar la Palabra de Dios. ¿Verdad? A partir de este año yo sí voy a leer la Biblia, no como los años anteriores. Este año yo me comprometo a continuar mis estudios en el Instituto Integridad y Sabiduría. Yo voy a venir los días miércoles a tomar mis estudios bíblicos. Yo voy a participar sin faltar en los grupos de jóvenes. Ahora sí no le voy a poner excusas a los grupos de matrimonios. Yo voy a aprender, voy a leer. Voy a hacer cosas que antes no he hecho, voy a adquirir sabiduría porque tengo en mi mano, como dice el verso 16, tengo el dinero en la mano para comprar sabiduría.
Pero dice el texto: "¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría cuando no tiene entendimiento?" La palabra entendimiento en el hebreo es una palabra muy interesante porque involucra la persona que sabe para hacer, por lo tanto no es solamente entendimiento para saber las cosas sino la voluntad para hacerlas. Porque cuando yo tengo entendimiento en hebreo, la lógica hebrea es: si yo sé algo lo voy a hacer, si no lo supiera no lo haría.
Yo creo que el hebreo no conocía las crisis existenciales del hombre del siglo XXI y del dominicano caribeño de nuestro tiempo. Yo lo sé, pero yo sé que debo hacerlo, no tengo ganas. Hay gente que me dice: "No lo siento, ¿qué hago? No lo siento." Pero sabes que tienes que hacerlo. "Lo entendí perfectamente, pero no lo siento." No, necio. Eso es necedad. Tengo el dinero en la mano para comprarlo, pero no tengo las ganas para hacerlo. Eso es necedad.
¿Por qué? Porque estoy blindado en mi propia sabiduría. Yo digo de labios para fuera que lo necesito, pero no estoy dispuesto a invertir en eso. Yo digo que la Palabra de Dios tiene un valor universal incalculable, pero no pago por ello. Eso es necedad. Eso es lo opuesto a la sabiduría. No puedo andar por el mundo en ignorancia, en una ignorancia velada cuando tengo la posibilidad de poder comprar sabiduría, pero no tengo la voluntad para hacerlo. Eso es necedad.
Eso es necedad, porque al mismo tiempo el necio manifiesta algo que es natural a la persona que va apartándose de la Palabra de Dios. Es la incapacidad de sentir en sí mismo aquello que él demanda en otras personas. Por ejemplo, en el capítulo 26 de Proverbios, en el verso 7, Proverbios 26:7 dice: "Como las piernas que penden del lisiado, así es el proverbio en la boca de los necios." Y el verso 9 de este mismo capítulo dice: "Como espina que se clava en la mano de un borracho, tal es el proverbio en la boca de los necios."
¿Alguna vez usted ha sentido insensibilidad ante aquello que comparte a los demás con mucha pasión, pero es incapaz de vivirlo en su propia vida? Como si tengo la fuerza para poder expresarlo y reclamárselo a los otros, pero en mi propia vida es como tener las piernas pero no sentirlas, como las piernas de un lisiado. Están allí, pero no puedo ejecutar sobre ellas, el hecho de que caminen en una dirección. O estoy tan intoxicado en mi vida como un borracho intoxicado con el alcohol, que aunque se clava una espina en la mano es incapaz de sentirla, producto de la intoxicación del alcohol en su sangre.
Eso es necedad. Es necedad cuando yo puedo verbalizar muchas cosas, proverbios de Dios, reclamos de Dios hacia fuera, pero soy incapaz de percibirlos como una necesidad hacia adentro. Eso es necedad, eso es lo opuesto a la sabiduría.
Y como consecuencia de eso, la necedad trae consigo la imposibilidad de poder salir de aquello que sé que no debo hacer y que me está causando daño. Proverbios capítulo 27, si nosotros vamos al capítulo siguiente, el verso 22, Proverbios 27:22 dice: "Aunque machaques al necio en un mortero entre el grano molido con el mazo, no se apartará de él su necedad." El capítulo 26, el verso 11, hay un pasaje que ustedes seguramente conocen porque es muy repetido: "Como perro que vuelve a su vómito, es el necio que repite su necedad."
Necedad es la incapacidad de ver el daño en mi propia vida con mi propia conducta, y ser incapaz de revertirla a pesar de saber lo que Dios espera que yo haga para poder cambiarlo. Y la figura es sumamente interesante: están moliendo harina con el trigo, mete un necio allá dentro y machácalo cuando haces harina, y la necedad no va a salir de él. La necedad hace que nosotros hagamos cosas tan inmundas como cuando el perro vuelve a su vómito, incapaz de poder renunciar aquello que sabe que debe renunciar en el nombre de Dios.
Finalmente, en el capítulo 14, en el verso 16, se señala justamente la diferencia entre un sabio y un necio. Dice: "El sabio teme y se aparta del mal, pero el necio es arrogante y descuidado." El necio es arrogante y descuidado. El sabio hace una sola cosa: el sabio teme y se aparta. El sabio reconoce que la situación es peligrosa y por lo tanto aleja sus pasos de esa situación peligrosa.
No sucede lo mismo con un necio. ¿Saben qué es un necio? Dice que el necio es arrogante y descuidado. La palabra arrogante en hebreo es simplemente una persona enojona. "¡Ay, qué rabia me da que esto me haya pasado! ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué justamente a mí? Esto no debería pasarme. Yo no quiero que me pase más." Y ya, pero sigo descuidado, sin prestarle valor a aquello que me está haciendo daño. Yo no me hago sabio porque me enojo ante aquellas cosas de las cuales hubiera debido, debía haber huido. Yo me hago sabio cuando me aparto, cuando temo y me aparto del mal.
Y lo más triste de la necedad es que nosotros le hacemos daño con nuestra necedad a los que más queremos. Salomón empieza sus proverbios porque los proverbios de Salomón empiezan en el capítulo 10. Imagínense ustedes al rey Salomón decidiendo cuál es el primer proverbio. El primer proverbio que va a representar la suma de todo aquello que yo voy a decir. Los proverbios son enseñanzas pequeñas. ¿Cuál es la primera que yo pondría que representa aquello que es la expresión máxima de sabiduría?
En Proverbios capítulo 10, él empieza con el primer proverbio: "El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre." Es el primer proverbio que el Señor pone en el corazón de Salomón para representar la suma de lo que es una persona sabia. Una persona sabia no es una persona que vive para sí simplemente una vida dichosa y egoísta. Es una vida dichosa que hace dichosos a los que están a su alrededor. El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre.
Hay otros pasajes, hay muchos pasajes que hablan de esto. El 17:25 dice: "El hijo necio es pesadumbre de su padre y amargura para la que le dio a luz." El 15:20 dice: "El hijo sabio alegra a su padre, pero el hombre necio desprecia a su madre."
Eso es necedad. Es necedad cuando nosotros estamos viviendo vidas que le causan tristeza a aquellos que están cerca nuestro, que no le causan dicha a aquellos que viven a nuestro lado. La referencia al padre y a la madre es porque es la esencia de la vida familiar, de la vida de respeto, de alguien a quien yo me debo porque debo la vida y porque le devuelvo sostén. El proverbio está hablando a jóvenes que todavía son dependientes de sus padres, y por eso la referencia a padre y a madre. Y Salomón lo entiende así.
El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre. Hermanos, saquemos una autoevaluación de nuestra propia necedad. ¿Todavía nosotros estamos creyendo que somos sabios solamente en nuestra propia opinión? ¿No tenemos la disposición de escuchar a los demás y de escuchar consejos y opiniones de los demás? ¿Tenemos mucho tiempo con el dinero para comprar sabiduría y lo invertimos en otras cosas? ¿Nos hemos propuesto este año nuevamente a invertir en sabiduría, pero todavía no estamos seguros y tendremos la fuerza para hacerlo porque en mi historia no lo hice el 2011, no lo hice el 2011 y tampoco lo hice el 2010? ¿Yo soy muy dado a poder hablarle a los demás de lo que deben hacer en el nombre de Dios, pero yo me siento como un lisiado para hacerlo en mi propia vida? ¿Me hago daño, pero me es imposible salir de aquello que el Señor me reclama que salga desde hace mucho tiempo, pero no lo he hecho? ¿Y finalmente estoy produciendo dolor a aquellos que están más cerca de mí con mi conducta y mi actitud? Eso nos hace necios. Y la necedad es el peor adjetivo que el Señor tiene en su Palabra para su pueblo.
¿Cómo podemos nosotros salir de la necedad? ¿Cómo podemos en este año buscar la sabiduría con todo nuestro corazón? Miremos el capítulo 12, el verso 15; hay un primer acercamiento a esa realidad. Proverbios 12, el verso 15: "El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio." El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio. Eso significa que el sabio entiende que no siempre sus caminos son rectos, o que sabe que por sí solo nunca va a poder trazar un camino derecho para su propia vida.
Nosotros somos un pueblo, hermanos, una comunidad, una comunidad cristiana donde estamos para apoyarnos unos a otros. ¡Ay del solo, que cuando cae no hay quien lo levante! Nosotros tenemos aquí el privilegio de poder buscar consejo y sabiduría entre todos nosotros, reconociendo que es muy difícil caminar rectamente, mas el que escucha consejos es sabio.
En el capítulo 15, el verso 31, y vamos a leer del 31 al 33, dice: "El oído que escucha las reprensiones de la vida morará entre los sabios. El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento. El temor del Señor es instrucción de sabiduría, y antes de la gloria está la humildad." El oído que escucha las reprensiones de la vida morará entre los sabios.
Hermanos, nosotros tenemos la posibilidad de poder ayudarnos mutuamente, y es una primera tarea para poder vencer la necedad, porque el que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento. Si nosotros escuchamos el sentir de otras personas con respecto a nuestra realidad, nosotros vamos a ser capaces de conseguir justamente eso que queremos: disposición y voluntad, sentimiento para saber aquello que nosotros debemos hacer. El temor del Señor es instrucción de sabiduría a través del consejo, y antes de la gloria está la humildad. ¿Queremos gloria? Antes de la gloria está la humildad del reconocimiento de que nos necesitamos unos a otros. El camino del necio es recto ante sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio.
Por eso es que el capítulo 19 de Proverbios, el verso 20 y 21, nos invita a dar un paso más. No solamente se trata de escuchar el consejo. Yo siempre digo: un consejo, aunque sea de un conejo. Un consejero no va a importunar tu vida forzándote a hacer algo; va a generar sobre ti una visión de tu vida que tú no puedes ver por ti mismo, pero tú tomarás las decisiones. Y en Proverbios 19, los versos 20 y 21, dice: "Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días. Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del Señor permanecerá."
Escucha el consejo y acepta la corrección. Nosotros los pastores a veces conocemos personas que les gusta hacer algo, van donde un pastor, escuchan el consejo, no aceptan la corrección, entonces van donde el otro pastor para ver si la corrección va a ser distinta, va a ser como la que yo quiero. Y a veces nosotros en la reunión pastoral hablamos: "Esta persona..." "No, si ya habló conmigo." "No, también conmigo hace dos meses, yo también le dije." La Biblia no dice escucha el consejo; dice escucha el consejo y acepta la corrección. La necedad se vence aceptando la corrección, porque dice: escucha el consejo y acepta la corrección para que seas sabio el resto de tus días.
O sea, el resto de mis días para ser sabio no es algo que yo conseguiré en un momento de mi vida y yo podría definirme y decirme: "Me gradué en sabiduría." Por el resto de mis días yo voy a tener que escuchar el consejo y voy a tener que aceptar la corrección para poder ser sabio por el resto de mis días. Porque en este mismo capítulo, en el verso 27, al final de la página, dice: "Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción, y te desviarás de las palabras de sabiduría."
Se trata entonces de un proceso continuo de escuchar y ser corregido, de reconocerme incapaz de caminar solo en la vida, sabiendo que básicamente nosotros nos hacemos sabios en comunidad. Este es el espíritu de esta asamblea: el poder buscarnos unos a otros, el poder prepararnos frente a la Palabra y el consejo de Dios que nos invita a vivir de una manera distinta. Porque también dice otro proverbio: "El que anda con sabios será sabio, mas el compañero de los necios sufrirá daño." El que anda con sabios será sabio.
Hermanos, nosotros queremos alcanzar la sabiduría. Empecemos por escuchar con ambos oídos, pero también aceptemos la corrección. Moldemos nuestra voluntad hacia la obediencia a aquello que el Señor ha establecido.
Finalmente, Proverbios capítulo 3 nos habla de algo que nosotros debemos adquirir en nuestra vida, que está en directa relación con nuestro Dios. La necedad es un pecado y la necedad es la esencia de la contaminación del pecado en nuestra propia vida. De tal forma que nosotros tenemos que lidiar con la necedad delante de Dios en arrepentimiento, porque es la manifestación máxima de nuestra rebeldía contra nuestro Señor.
En Proverbios capítulo 3, los versos 5 al 8, nos dice el Señor en su Palabra: "Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal. Será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos."
Confía en el Señor con todo tu corazón y no seas necio, porque la segunda parte es justamente lo que hemos definido como necedad: no te apoyes en tu propio entendimiento. Confianza total en el Señor, deposita tu confianza en el Señor. Pero no es algo mágico ni tampoco es algo subjetivo. La única manera en que yo puedo confiar totalmente en el Señor es confiando en lo que Él ha declarado en su Palabra. El Señor no va a violar su Palabra cuando yo digo que confío en Él con todo mi corazón. Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Que tu propio entendimiento no sea el sostén sobre el cual tu vida está protegida, que sea la confianza en el Señor, en aquello que Él ha establecido.
En segundo lugar dice: "Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas." Nosotros tenemos que reconocer su presencia en todas las áreas de mi vida. Tengo que reconocer que el Señor es Señor y soberano de mi vida, de mi vida espiritual, de mi vida laboral, de mi vida familiar, de mi vida afectiva, de mi vida interior, de mi tiempo de recreación. El Señor es Señor de toda mi existencia. Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas. Él pondrá tu vida en orden, Él hará de ti una persona sabia.
En tercer lugar dice: "No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal." No seas sabio a tus propios ojos, no te creas tú ser sabio delante de ti, no te blindes. Por el contrario, teme al Señor. Reconócete como su criatura, reconócete dependiente de Él, reconócele a Él como el dueño de tu vida, reconócele a Él como el Señor de tu existencia, y toma la decisión de apartarte del mal. No solamente como una linda declaración delante de Dios, sino como una manifestación de que esta vida, por más insignificante que es, no me pertenece a mí, le pertenece al Señor. Por lo tanto, yo voy a vivir mi vida para el Señor y no para mí.
Esto será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos. Medicina, eso es lo que necesitamos: medicina de Dios para poder sanar mi alma. Y es interesante que la palabra medicina en el hebreo... ustedes saben que la ciencia no estaba muy avanzada, por lo tanto, ¿cuál es la idea de medicina? La idea de medicina es la idea de coser una herida, de cerrar una herida. Y dice: será medicina, ¿para qué? Para tu cuerpo. La palabra cuerpo en realidad no aparece en el hebreo original, sino que aparece la palabra ombligo. Será como coser una herida en tu ombligo, eso es lo que dice literalmente el pasaje.
Pero, ¿qué es lo que quiere decir este pasaje? El ombligo era el centro de la fuerza humana, esa es la idea en hebreo de la idea del ombligo, donde se centra la fuerza humana. Por lo tanto, lo que el Señor está diciendo es: si tú confías en Él con todo tu corazón, si tú lo reconoces en todos tus caminos, si tú le temes y te apartas del mal, el Señor va a coser tu fuerza y te va a hacer el hombre, la mujer que debes ser. En tu fuerza el Señor lo hará.
Y será refrigerio para tus huesos. ¿Por qué un refresco para mis huesos? Porque los huesos representan la esencia de mi ser, donde yo necesito más. El refrigerio de Dios es en lo más profundo de mi ser. El Señor quiere sanarme de tal manera que yo pueda vivir mi vida con su fuerza y que yo pueda tener refrigerio desde el interior. El Señor me hará entonces una persona dependiente de Él, que pueda vivir la vida caminando esa sabiduría sin que yo requiera nada de lo que el mundo puede ofrecer, solo lo que Él me pueda brindar.
Hermanos, caminemos con esa sabiduría. Despojémonos de la necedad. Y si en esta mañana en alguno de los puntos nosotros hemos reconocido que debemos arrepentirnos, pues hagámoslo en este momento. Y empecemos este año en este precioso templo con las oportunidades que el Señor nos va a dar. Caminemos confiando plenamente en Él, porque Él está dispuesto a darnos todo aquello que necesitamos, si es que escuchamos su voz y si es que nos arrepentimos de nuestra necedad.
Vamos a cerrar nuestros ojos un instante y vamos a ponernos a cuentas con el Señor. Vamos a preguntarnos en el corazón: quizás yo he estado sintiendo que no tengo necesidad de nada ni de nadie, que yo solo sé lo que tengo que hacer, y he sido quizás de una manera indirecta muy poco preocupado por escuchar la voz de Dios. Yo le pido a Dios por aquello que yo sé que tengo que hacer: "Señor, bendice mis decisiones, bendice mi plan de trabajo, bendice a la familia que yo he decidido constituir o a la novia que yo quiero tener." Pero yo nunca le he preguntado al Señor si hay sabiduría en mis decisiones. Yo nunca he hablado con nadie, nunca he buscado un consejo, nunca he aceptado corrección. Aunque yo me he propuesto muchas veces sin hacer un reconocimiento, pero muchas veces teniendo el tiempo en mi mano, poder dedicarlo al Señor, yo no lo he dedicado, yo no he usado ese tiempo para el Señor.
Arrepiéntete. Pídele perdón al Señor. Pídele perdón al Señor de tu necedad. Quizás tú eres insensible con las situaciones de tu vida. Quizás eres tú capaz de hablarle mucho a los demás acerca de lo que deben hacer, sin ser capaz de hacerlo en tu propia vida. Eso es necedad. Pídele al Señor que te devuelva el poder de caminar. Pídele al Señor que te quite la intoxicación de la necedad y te permita sentir el dolor de una realidad que tú sabes que no deberías estar viviendo, de un pecado que no deberías estar practicando, de una realidad en tu vida que no deberías estar haciendo.
Pídele al Señor que te devuelva el vigor a tu cuerpo, a tu corazón, a tu alma. Y lo más terrible: si es que tu necedad le ha estado produciendo dolor a aquellos que están más cerca de ti, arrepiéntete en esta mañana y pídele al Señor que te dé una nueva oportunidad. La oportunidad de poder alegrar a aquellos que están cerca de ti, que no cause tristeza pues tu estilo de vida y la forma en que tú te manejas a aquellos que más te quieren y aquellos que realmente quieren convivir contigo.
Es una oportunidad para que nosotros aprendamos a escuchar el consejo, aceptar la corrección, a que nos dispongamos a andar con sabios y dejar a los necios. Pero por sobre todas las cosas, es una oportunidad para confiar en el Señor con todo nuestro corazón y no apoyar nuestra vida en nuestra propia prudencia.
José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.