Jesús acaba de decir algo que lo llevará a la cruz: "Tus pecados te son perdonados". Para el pueblo judío, solo Dios podía perdonar pecados, y el perdón requería ir al templo en Jerusalén con un sacrificio y un sacerdote. Pero aquí hay un maestro en una casa de Capernaúm pronunciando perdón sin ninguno de esos elementos. Lo que los escribas no entienden es que en ese lugar hay un sacerdote —el Sumo Sacerdote— y hay un sacrificio: el Cordero de Dios que se ofrecerá a sí mismo. Los pecados de aquel paralítico están siendo perdonados en base a lo que Cristo hará en el Calvario.
La escena es interrumpida de manera dramática: cuatro hombres abren un hueco en el techo para bajar a su amigo paralítico hasta Jesús, porque la multitud bloqueaba la entrada. Mientras cualquiera se habría molestado por el daño a la propiedad ajena, Jesús ve algo distinto: la fe de ellos. Para demostrar que tiene autoridad para perdonar lo invisible —el pecado—, Jesús sana lo visible: la parálisis. "Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados", dice, y el hombre se levanta.
El pastor Núñez invita a identificarse con alguno de los personajes: ¿con Jesús, que no se irrita ante la interrupción? ¿Con la multitud que bloquea el acceso? ¿Con el paralítico que necesita ayuda? ¿Con los cuatro amigos que viven centrados en otro? ¿O con los escribas, que tienen opiniones terminadas sobre todo y por eso no pueden ver a Dios obrando? Al final de la historia, los humildes fueron sanados y salvados; los expertos, condenados por su propio conocimiento.
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¡Vamos a ser satisfechos para nuestra vida en Su Palabra! Ya lo tienen, Marcos 2, el versículo 1. Que decía ahí, un momento en lo que yo lo introduzco. No sé cuánto recordarán lo que nosotros vimos al final del capítulo 1. Pero al final del capítulo 1 nosotros vimos un versículo que yo quiero leer, que es importante en la introducción del tema de hoy, o para que usted pueda entender la cronología de los eventos, y es el versículo 38 de ese capítulo 1: "Y él les dijo: Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique también allí, porque para eso he salido."
Jesús había salido a orar, estaba orando temprano en la mañana. Sus discípulos se enteran, Pedro y los demás que le acompañaron, vienen a buscarlo, lo encuentran, y le dicen: "Maestro, todos te buscan." Y la respuesta que el Maestro le da es que él necesita, o ellos necesitan acompañarle a los pueblos vecinos, a predicar, porque para eso él había venido, para eso él había salido, venido al mundo. Jesús sale en un tour o una campaña evangelística por toda Galilea y pasa días, semanas, meses. El tiempo no está calculado, pero al final de ese período él regresa a Capernaúm, y entonces al regresar es que este evento tiene lugar otra vez en el lugar de operaciones que fue Capernaúm para el Señor Jesús.
De manera que el texto que yo lea hoy es lo que Marcos relata que ocurre cuando Jesús regresa de su tour evangelístico, campaña evangelística, a lo largo de toda Galilea. Y ahora estamos de regreso en Capernaúm, y con eso yo quisiera entonces leer el versículo 1 en adelante de Marcos 2:
"Habiendo entrado de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. Y se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta, y él les exponía la palabra. Entonces vinieron a traerle un paralítico llevado entre cuatro. Y como no pudieron acercarse a él a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde él estaba, y cuando habían hecho una apertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y al instante Jesús, conociendo en su espíritu que pensaban de esa manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos estaban asombrados y glorificaban a Dios diciendo: ¡Jamás hemos visto cosa semejante!"
Jesús está frente a este grupo de personas y él está a punto de hacer algo que llamaría la atención de todos. Él está enseñando en una casa de Capernaúm otra vez. No sé cuánto recordarán que su primer milagro en Capernaúm fue en la sinagoga de dicha ciudad y fue la expulsión de un demonio. Y algo que le ocurre en la sinagoga le ocurre en esta casa, y es que en medio de su enseñanza él fue interrumpido. En la sinagoga, en aquella ocasión, por una persona endemoniada, pero en esta otra ocasión él es interrumpido por alguien que está tratando de abrir un hueco en un techo para bajarle a un paralítico que tiene tiempo en una camilla.
El texto nos dice que Jesús estaba en casa. Es una frase peculiar en el original que da la impresión de que es una casa muy conocida, muy familiar para Jesús. Algunos especulan que quizás era la casa de Pedro o algo parecido. Probablemente no su casa, porque si el Hijo del Hombre no tenía ni siquiera donde recostar su cabeza, mucho menos nos imaginamos que tuviera su propia casa. Pero ciertamente un lugar familiar que ha sido prestado y está siendo usado para la enseñanza, y en medio de la enseñanza entonces él es interrumpido.
La gente se ha enterado que él está en casa de regreso, está en Capernaúm otra vez. Después de aquel leproso a quien Jesús le dijo que no dijera nada, pero que fue por todas partes comentando acerca de su limpieza, más gente ha venido a verle. Y ahora resulta que hay tanta gente que no caben adentro, no caben afuera, no caben ni en la puerta, lo que implicaría que la multitud está bloqueando el acceso a Jesús.
Si hay algo que es típico en el Evangelio de Marcos es que Jesús siempre está rodeado de multitudes. De hecho, la palabra "multitud" o "multitudes" aparece en Marcos no menos de 40 veces antes de llegar al capítulo 10. De manera que Cristo siempre está rodeado de personas, y otra vez nosotros vemos a Jesús rodeado de personas que el texto de Marcos les llama multitudes, que él mismo, Marcos mismo, caracteriza frecuentemente como con falta de compromiso, no confiables. Y sin embargo, a esas multitudes que no tienen compromiso, que no son confiables, es a las que Jesús se detiene, les tiene compasión, les predica, y en medio de las cuales él acostumbra a hacer milagros.
Y me ha llamado la atención enormemente al estudiar a Marcos otra vez de qué manera Jesús es tan cuidadoso con las multitudes a pesar de su falta de confiabilidad. Es en las multitudes donde él encuentra individuos, donde él encuentra vidas particulares. Y de esa misma manera entonces nosotros necesitamos ser sensibles a ellas.
Escucha lo que Marcos dice que él hizo con las multitudes en este caso, y lo hizo siempre que estuvo con ellas. "Se reunieron muchos," versículo 2, "tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta, y él les exponía la palabra." Jesús tenía claro que las multitudes no eran confiables, pero él sabía que necesitaba predicarles la palabra, porque ellas no podían ser de otra manera, no podían comportarse como creyentes hasta que no creyeran, y no podían creer hasta que no escucharan. De manera que él estaba siempre dispuesto a exponer la palabra a ellas.
Marcos no nos da detalles de las enseñanzas de Jesús como sí lo hace Mateo, lo hace Juan, lo hace Lucas. Pero Marcos prefiere un término general para referirse a las enseñanzas de Jesús, y él habla de la exposición de la palabra, con toda probabilidad refiriendo a la predicación del evangelio, la necesidad del arrepentimiento y de creer en él como requisito para entrar al reino de los cielos. Y aquí está Jesús, una vez más, exponiendo la palabra.
Ahora, tienes que tratar de colocarte en la situación de lo que está ocurriendo aquel día. Y yo quisiera que en la medida en que tú hagas eso, tú pudieras tratar de identificarte con algunos de los personajes de la historia. Los vamos a ir viendo uno por uno, porque al final, vamos a regresar hacia el final de mi exposición, vamos a regresar a estos personajes. Y yo quisiera preguntarte con cuál de ellos tú te identificas. Pero trata de colocarte en la historia.
Tú estás adentro en una casa que no es tuya, tú estás enseñando. De repente quizás hay un alboroto afuera y tú preguntas qué es, y te dicen que hay unas personas que están tratando de hacer llegar a un paralítico que está en una camilla, pero la multitud no lo deja. Y de repente como que se calma ese tumulto, y un poco después le da paso como a un ruido arriba del lugar donde tú estás enseñando. Y resulta que poco a poco tú te percatas que ahora hay tierra que está cayendo sobre ti, y ramas y pajas, porque de eso estaban constituidos los techos en aquella ocasión.
Los techos eran relativamente bajitos, fácil de poder acceder a ellos. De hecho algunos tenían una escalera exterior, y algunos especulan que quizás esa escalera exterior sirvió para subir a este hombre. Pero al mismo tiempo las casas estaban muy cerca unas de otras, de manera que ellos pudieron quizás haber accesado el techo de la casa de al lado y desde el lado entonces haberlo pasado para el lugar donde Jesús estaba enseñando.
Usualmente los techos estaban hechos así: tenían las paredes laterales, y luego vigas que descansaban sobre las paredes laterales, y ramas secas y pajas, y una gran cantidad de lodo grueso que las cubría. Algunas tenían un poco más de resistencia que otras, pero sería relativamente fácil abrir un hueco, abrir un hoyo en un techo construido de esa manera. No era que la dificultad fuera tanto en abrir ese hueco; la dificultad sería quizás en cómo tomar a una persona paralítica sobre una camilla y subirla hasta allá, y luego entonces abrir el hueco y hacerla descender hasta el lugar donde Jesús estaba enseñando.
Pero imagínate que tú estás ahí abajo, tú estás enseñando, tú estás entretenido con la gente que está alrededor, y de repente tú tienes tierra y pajas y hojas y ramas secas cayéndote encima, y tú te das cuenta que hay alguien que está tratando de entrar una camilla por arriba. ¿Qué tú pensarías si tú estuvieras en ese lugar? Ponte a pensar por un momento, ¿qué sería lo primero que asaltaría tu mente? Esta gente es egocéntrica. Es increíble. Me destruyen la casa. Al vecino, destruyen una casa ajena. ¡Qué inconsiderados!
Pero Jesús no piensa nada de eso, y escucha lo que le impresiona a Jesús: "Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados." La fe de ellos. Yo estoy viendo el hueco que está allá arriba, y sin embargo Jesús no condena a estos cuatro hombres y al paralítico, sino que los aplaude por su fe. Cuántos de nosotros hubiésemos podido haber apreciado la fe de estos cinco en ese momento.
Realmente requiere fe para que tú pienses que ciertamente estás tan seguro de que Jesús va a hacer la diferencia, que no te importa pasarle por encima a la multitud, llegar hasta el techo, abrir un hueco, dañar la propiedad ajena y bajarlo hasta Jesús. Porque tú estás convencido de que Jesús va a hacer algo. Y la razón por la que estoy convencido de que esa era la fe de ellos es porque Jesús lo dice. Jesús está impresionado con su fe hasta el punto de que quiere actuar. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados."
Jesús no se molesta por la falta de sensibilidad de la multitud que no le permitió llegar por los caminos normales. Pudo haberlo hecho. No se molesta con la falta de tacto y sensibilidad y respeto a la propiedad privada, porque esta gente hizo lo que hizo, que ya ustedes escucharon cuando yo leí. Jesús no comienza a preguntarle: "¿Cómo te subieron al techo? ¡Increíble! ¿Cómo te bajaron?" Él no está impresionado con la habilidad de lo que ellos pudieron hacer para hacerlo llegar. Él está impresionado con algo que tiene que ver con el interior de su corazón, y es la fe de esta gente para llegar hasta Jesús. Y Jesús entonces, al ver ese grado de fe, al ver la calidad de su fe, le dice: "Tus pecados te son perdonados."
Jesús acaba de decir algo que literalmente es lo que lo va a llevar a la cruz, porque el pueblo judío sabía con toda certidumbre que solamente Dios puede perdonar pecados. Y ahora tú tienes a alguien que, a lo más que pudiera llegar, es a un maestro, y él dice tener la capacidad de perdonar pecados. Para los judíos, el Mesías incluso, que es quien está enseñando allá dentro para ellos, el Mesías tenía la capacidad de establecer un gobierno de justicia, la capacidad de restaurar a Israel a un lugar de preponderancia, tenía la capacidad de devolver la paz a Israel, de libertar a Israel. Tú puedes leer acerca de esto en el Salmo 17 y 18 de los Salmos de Salomón, acerca de cualidades del Mesías. De hecho, para el judío pudiera ser incluso que el Mesías viniera sin pecado, pero perdonar pecados, jamás. El Mesías no era Dios para ellos, no sería Dios. Y ahora él está aquí en medio de ellos perdonando pecados.
Todavía peor, ellos están en la época de la ley de Moisés, de manera que en esta época, para tú tener tus pecados perdonados, tú vas al templo en Jerusalén, no a Capernaúm. Tú vas al templo en Jerusalén, y tú vas con corazón arrepentido, y tú llevas un sacrificio, y tú te buscas un sacerdote, y tú ofreces el sacrificio por medio del sacerdote, y entonces tus pecados te eran perdonados. Pero resulta que no estamos en el templo, ni estamos en Jerusalén, ni hay sacerdote, ni hay sacrificio, y aquí hay un hombre diciendo que está perdonando pecados. ¡Blasfemia! Culpable, digno de muerte.
Pero la realidad es que quien está aquí es el dador de la ley en primer lugar. De la misma manera que él mostró que el Hijo del Hombre estaba por encima del día de reposo, de esa misma manera el dador de la ley es el Señor de la ley. En segundo lugar, en realidad él no estaba violando la ley porque en ese lugar había un sacerdote, y no cualquier sacerdote, había un sumo sacerdote. Y había una ofrenda de sacrificio que no sería un cordero, sino el Cordero de Dios que estaba enseñando. Los pecados de este hombre están siendo perdonados en base a un sacrificio que Cristo mismo haría de su persona, y sería él mismo el sacerdote que lo ofrecería. De tal manera que él está cumpliendo con los requisitos para el perdón de pecados.
Nadie ha tenido sus pecados perdonados si no es a través de la sangre de Cristo, incluyendo aquellos que tuvieron sus pecados perdonados en el Antiguo Testamento. La sangre de los corderos nunca limpió la conciencia ni la culpa del pecado, nunca. El libro de Hebreos es claro en eso. Lo que hizo fue cubrir el pecado. ¿Y de qué manera pudiera yo visualizar que eso ocurrió? Yo lo ilustraba esta mañana de esta forma: imagínate que yo tengo una deuda con el banco, no tengo con qué pagarla, pero yo voy al banco y yo hago un arreglo con el banco de tal manera que yo pueda pagar los intereses de la deuda, pero nunca el capital. Veinte años han pasado, me han dejado libre, pero yo debo lo mismo que hace veinte años atrás porque mi deuda no ha sido tocada. Yo simplemente he pagado los intereses, perdón. Bueno, pues de una manera simbólica e ilustrativa pudiéramos imaginarnos los corderos como pagando los intereses de la deuda, pero la deuda siguiendo, estando presente, hasta que Cristo viniera y se sacrificara y finalmente aboliera la deuda. Pero al fin de cuentas, todo pecado fue perdonado a través de la persona de Jesús.
De manera que cuando Jesús dice "tus pecados te son perdonados," él lo está haciendo en base a lo que él va a hacer en el Calvario tiempo después, cuando estaría ofreciendo su vida por los pecados de este hombre.
Ahora, escucha. En medio de la enseñanza, en medio de todo lo que ha ocurrido, en medio de este hueco que se ha abierto y que probablemente hizo caer tierra sobre los escribas que estaban ahí, en medio de todo esto, hay algo más que está ocurriendo. Está ocurriendo en el interior del corazón de otro grupo de personas que está observando y que ha escuchado a Jesús. Una vez Jesús dice "Hijo, tus pecados te son perdonados," escucha lo que Marcos dice: "Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?"
Nota cómo Marcos introduce la presencia de los escribas con un "pero." De manera que: "Pero estaban allí sentados algunos de los escribas." La actitud de los escribas era algo conocido. Ellos no estaban allí para averiguar un poco más de Jesús, para conocer a Jesús, para entender la misión de Jesús. No, no, no. Ellos llegaron allí con un veredicto dado, con ya su opinión asentada, y estaban simplemente escuchando para acusar. Es la actitud de los escribas: escuchando para condenar. Pero el veredicto de blasfemo, de condenado, de culpable, era algo que venía en sus corazones cocinándose de hace tiempo.
Ahora, lo interesante es que dice que conociendo Jesús en su espíritu que pensaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: "¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?" Jesús muestra su omnisciencia al conocer la murmuración del corazón del ser humano. ¿Te imaginas eso? Que Jesús escucha en el mismo volumen la murmuración de mis labios que la murmuración de mi corazón. Que para él no hay diferencia de volumen o de claridad. Y esto lo muestra claramente este pasaje.
Jesús estaba predicando, él estaba enseñando, y mientras estaba haciendo eso, y estaba de hecho perdonando pecados, había un mensaje o un sermón paralelo que estaba ocurriendo en la mente y en el corazón de los escribas. Y algo que a nosotros los predicadores se nos ha enseñado es exactamente eso: que cada vez que tú predicas hay dos mensajes. Hay uno audible y hay otro que no se escucha, que es un mensaje paralelo que ocurre en el interior de los que escuchan, donde cada cual va diciendo: "No, yo no estoy de acuerdo con eso. Eso dice él. Eso no es así. No, él se está desviando últimamente. No, no, porque la gracia, ¿dónde está la gracia? Lo triunfa. No, porque tampoco todo es gracia." Y lo que entra es la verdad. Y hay un mensaje paralelo que hace altamente inefectivo el mensaje audible que se está predicando, porque hay una activación o desactivación de la verdad bíblica que está siendo proclamada y que está siendo desactivada mientras va entrando.
Los escribas tenían ese mensaje paralelo: "¿Por qué habla así? Solamente Dios puede perdonar pecados." Pregunta: ¿Por qué no le preguntas a Jesús? ¿Por qué? ¿Con qué autoridad perdonas pecados? Yo quiero saber si solamente Dios perdona pecados. Quizás hubiera obtenido una respuesta saludable. Pero no, porque el orgullo de los escribas era tal que preferían llegar a sus conclusiones, a las que ya habían llegado, mantenerlas, y simplemente tener que justificarlas. La humildad hace todo lo opuesto. La humildad escucha en silencio y frecuentemente guarda el silencio aun si está en desacuerdo. El orgullo es distinto. El orgullo nuestro, el orgullo del ser humano, de cada uno de nosotros, tiende a hablarse a sí mismo, a responderse a sí mismo. Eso es lo que está ocurriendo con los escribas.
Jesús escucha el murmullo de su corazón tan claramente como el murmullo de mis labios. Y eso es algo pesado. Imagínate el murmullo de ayer, de antes de ayer, de hace una semana, de hace un mes, que yo nunca pronuncié pero que Jesús escuchó con claridad.
Y conociendo eso, entonces, habiendo escuchado en el espíritu lo que estaba en el corazón de los escribas, Jesús entonces los confronta por medio de una pregunta y les dice: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico 'tus pecados te son perdonados,' o decirle 'levántate, toma tu camilla y anda'?"
Escucha ahora. ¿Por qué Jesús va a sanar a este hombre? Lo perdonó, su problema espiritual está resuelto, su problema primario ya no es. Pero ahora, que es un problema físico, Jesús lo va a resolver. Escuchen la razón: "Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados," dijo al paralítico: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."
Claramente, Jesús decidió sanar al paralítico de tal manera que el perdón de pecados, que nadie podía ver porque es algo interior, pudiera quedar evidenciado por la sanación de la parálisis, que es algo que todo el mundo puede ver. Y con esto le estaba diciendo: "Yo tengo autoridad para sanar a este paralítico, y con eso les dejo ver que también tengo la misma autoridad para perdonar el pecado que acabo de pronunciar, que no habéis creído. Pero yo soy el Hijo del Hombre, y para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."
¡Wow! Es la razón de la sanación. Marcos usa por primera vez el título de Hijo del Hombre.
Marcos lo usa unas 14 veces. Ese título en los Evangelios aparece 80 y tantas veces, y casi en el 100% de las veces, con una o dos excepciones, es Cristo que lo usa para referirse a sí mismo. En Marcos, el Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados, el Hijo del Hombre está por encima del día de reposo, el Hijo del Hombre es quien viene en sus ocasiones diferentes. Marcos menciona cómo el Hijo del Hombre es quien va a gobernar y a juzgar a los hombres, y en las otras nueve veces de Marcos, el Hijo del Hombre tiene que ir y sufrir en mano de las autoridades judías. Esto es cómo Marcos divide el uso del título Hijo del Hombre que Jesús hace de sí mismo.
Y ahora Jesús, este día en Capernaúm, él prueba que tiene autoridad para perdonar pecados, él tiene autoridad para sanar las enfermedades, y él tiene una omnisciencia de tal manera que él conoce el pensamiento y la interioridad del corazón de cada ser humano.
Ahora piensa en la diferencia entre Jesús y los escribas. Porque si hay algo que nosotros sabemos es que la manera como Jesús pensó de las personas no es la manera como los escribas pensaron de las personas. Y reflexionando sobre esto, me preguntaba qué hace la diferencia, y un refrán mexicano me dio la respuesta. Es un refrán que yo estoy seguro que no fue construido sobre una base bíblica, pero es bíblico: el ladrón juzga por su condición. ¿De qué pasaje usted ancla ese refrán? Según él piensa en su corazón, así es él. De manera que los escribas estaban ahí sentados pasando un juicio conforme al estado de su corazón. Jesús estaba frente a las multitudes no pasando un juicio, a pesar del estado del corazón de las multitudes. Y la única diferencia es el estado interior del uno y del otro.
La pregunta que yo quiero hacerte, y quiero comenzar a aplicar este mensaje, porque tenemos el texto expuesto y explicado, pero si nosotros no aplicamos el texto, el texto no va a cambiar nada, porque teología sin aplicación me deja exactamente igual, es puro conocimiento. Yo necesito saber de qué forma este pasaje tiene aplicación a mi vida en el día de hoy, cuál es su relevancia.
Yo te había dicho que quería sugerirte, animarte a que trataras de identificarte con uno de los personajes en la historia, y no sé si los identificaste todos, pero lo vamos a ir viendo uno por uno para ver si te has identificado, o con cuál pudieras identificarte. Pero aquí, llega primero Jesús, que es quien entra a esta casa familiar, que comienza a enseñar eventualmente. Una vez él está en la casa, las multitudes —la segunda persona es un grupo de personas, pero digamos— hay multitudes que han venido y se han rodeado la casa. En tercer lugar hay un paralítico, en cuarto lugar hay un grupo de cuatro amigos que han traído al paralítico, y en quinto lugar están los escribas. Y mi pregunta es: ¿dónde tú te ves identificado con estos personajes?
Cualquiera de nosotros quisiera identificarse con Jesús. Vamos a ver si lo podemos hacer. Jesús entraba a la casa, él está enseñando, abren un hueco arriba del techo de una casa ajena, Jesús permanece inmutable, Jesús no los acusa de egocéntricos, Jesús no se molesta, no se molesta con ellos, no les llama la atención. Hay una multitud que no le ha dado paso a este paralítico para entrar de la forma natural, tampoco se molesta, no los fustiga, no los estigmatiza. La multitud en Marcos frecuentemente aparece como no comprometida, no los tilda de tal, no los llama insensibles, no los condena, sino que más bien los ve espiritualmente hambrientos aunque no lo supieran, y les expuso la palabra. Eso es lo que Marcos 2:2 dice: Jesús les exponía la palabra.
Imagínate que tú hubieses sido el maestro ese día enseñando y esto estaba ocurriendo y la tierra te está cayendo encima. Te hubieses molestado. Probablemente dicen algunos: te molesta cuando tú vas manejando y alguien te corta en el camino. Pues si eso te molesta, imagínate lo que te va a molestar un hueco en el techo. Ahora imagínate, tú eres el dueño de la casa y resulta que tú invitaste a Jesús, y Jesús ni se molesta ni los corrige ni los reprende. Yo creo que nosotros por lo menos hubiéramos seguido este procedimiento: primero los reprendemos, los acusamos de egocéntricos, los condenamos, los sacamos afuera, los ponemos en fila, les digo que hasta que llegue su turno no te sanamos, o algo parecido. Pero Jesús no hace eso. No estamos listos para identificarnos con Jesús.
Con la multitud, frecuentemente las multitudes y las personas en las multitudes lucen intimidadas, temerosas, distantes, periféricas. Pero Jesús nunca las envió por una razón: es que en una de esas multitudes está Zaqueo, en una de esas multitudes está una mujer sangrando por 12 años, en otra de ellas está Jairo con una hija de 12 años que está a punto de morirse, o está una mujer que había tenido siete demonios anteriormente. Jesús conoce y sabe que los Nicodemos que vienen solos son muy escasos. Nosotros nos escondemos en las multitudes y él tiene que encontrarnos de manera particular. Ahora, Nicodemo vino él solo mismo, entonces escondido en la oscuridad de la noche. Los demás de nosotros nos escondemos en medio de la multitud. ¿Nos identificamos con Jesús? ¿Te identificas con el maestro que puede ver este hueco siendo abierto y no irritarse?
¿Cuántos de nosotros, sentados ahí, al ver el hueco y este paralítico bajar, hubiésemos pensado en primer lugar: "Wow, la fe de esta gente"? Cuéntame, dime la verdad ahora. ¿Cuántos de nosotros hubiéramos dicho: "Esto es increíble, pero ciertamente esta gente tuvo que tener fe para pensar que Jesús definitivamente va a hacer la diferencia, y por eso vale la pena llegar hasta allá"? Bueno, para esto creo que con Jesús no me identifico, porque yo no estoy ahí todavía.
Con la multitud, quizás no involucrado todavía en la vida de la iglesia, quizás distante, quizás periférico, quizás no comprometido, quizás un tanto crítico. O quizás de esta manera pudieras identificarte con la multitud. Recuerda, uno de los primeros comentarios de Marcos en este texto es que la multitud estaba bloqueando el acceso a la casa, estaba bloqueando el acceso a Jesús. De hecho, en el capítulo 1 cerramos viendo cómo el leproso, cuando sale a decirle a todo el mundo que Jesús lo había limpiado, a partir de ese momento ya Jesús no podía entrar en la ciudad de tanta gente que venía. Hay quienes le impedían incluso entrar, y Jesús tuvo que ir a lugares solitarios para poder permitir que la gente pudiera venir. Pero ahora la multitud está bloqueando el acceso a Jesús.
¿Te identificas con la multitud de manera que quizás tu forma de vida está bloqueando el acceso a alguien que te está observando? ¿Que quizás tu forma de ser está bloqueando el acceso de tu esposo que no puede creer esto? ¿O el acceso de tu esposa que no puede creer el comportamiento de su esposo? ¿O de personas de tu trabajo? Nosotros podemos ser facilitadores a la persona de Jesús o bloqueadores de la persona de Jesús. Yo no creo que hay punto medio, porque Jesús mismo dice: el que conmigo no recoge, desparrama. La pregunta es si al identificarme con la multitud mi identificación está en esa área, en un área de bloqueo de acceso a la persona de Jesús. No porque yo ocupe tanto espacio, sino porque mi testimonio ocupa tanto espacio que está bloqueando la llegada de alguien que me conoce, o de mi ser querido, a la persona de Jesús.
O quizás me identifico, quizá no es Jesús, quizá no es la multitud, quizá me identifico con el paralítico. A pesar de que no tengo una parálisis física, pero quizá me siento paralizado emocionalmente o paralizado espiritualmente en una situación. Y al igual que el paralítico, yo necesito que algunos amigos en el Señor vengan y me levanten y me recojan e intercedan por mí y me lleven al trono de la gracia. Pero quizás, en vez de tener la humildad de este paralítico que pidió ayuda, quizá yo me quedo estancado porque mi orgullo no me permite pedir ayuda. Y esa es una de las realidades del orgullo humano: es que frecuentemente prefiero hacer las cosas por él mismo, porque en su forma de ser y pensar es autosuficiente. Pero la realidad es que, si estás como el paralítico emocionalmente hablando, espiritualmente hablando, tú necesitas de amigos de la fe que te levanten, que te lleven, que intercedan, y tienes que dejarte ayudar. Amigos que te puedan ir a buscar y puedan hacer algo por ti.
Pastor, bueno, todavía no estoy identificado: ni Jesús, ni la multitud, ni el paralítico. Bueno, quedan los cuatro amigos. Esta gente no iba a sacar ningún provecho de esto. Ellos van a llevar a este amigo, quizá era un familiar, no lo sabemos, pero lo van a llevar, y quizás él iba a ser beneficiado, pero en nada ellos serían beneficiados. De manera que ellos están haciendo un esfuerzo, un sacrificio, están haciendo el ridículo, están pasando, se están humillando si tú quieres, pasando por encima de la multitud, subiendo a una casa, abriendo un hoyo, tomando hasta el riesgo de la condenación, de la acusación, del sarcasmo. Pero lo hicieron por este otro hombre. Porque estos cuatro hombres no estaban pensando en ellos, estaban pensando en su amigo paralítico.
¿Nos podemos muy bien identificar con estos cuatro hombres, que estamos realmente viviendo una vida centrada en el otro y sus necesidades? ¿O nos parecemos más a Pedro, que viene en un momento dado donde Jesús? Y Mateo 19:27 nos habla de esa ocasión, y escucha lo que Pedro le dice a Jesús: "He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué pues recibiremos?" Es como que Pedro vino donde Jesús y dijo: "Jesús, nosotros lo dejamos todo, y lo mío, ¿dónde está lo mío? Búscame lo mío." En buen inglés: "¿Qué es lo que tú tienes para mí?" Qué bueno que Pedro está en el registro histórico, porque por lo menos nos ayuda a sentirnos un poco mejor. ¿Y sabes qué le dijo Jesús a Pedro? "Pedro, yo te garantizo que no hay nadie que haya dejado padre, madre, casa, que no reciba cien veces más en esta vida y en la venidera." Eso no es el evangelio de la prosperidad. Sus riquezas son riquezas en gloria. Pero estos cuatro hombres estaban pensando en otro.
Eso es como vivimos. Frecuentemente no lo veas. ¿Por qué? Más cómodo para ti y para mí en nuestra humanidad caída vivir centrados en nosotros mismos. Preferimos, como hemos analizado otra vez, lo que es cómodo, lo que no nos intimida, lo que sabemos hacer. Claro, porque me siento que lo puedo dominar, esto me conforta, lo conocido. Una y otra vez los estudios revelan que la gente usualmente permanece en la condición en que está hasta que el dolor de donde está es peor que el dolor de tratar de moverse hacia una nueva condición. Y la razón para que permanezca ahí es porque sí estoy en un dolor, pero lo conozco, sí es un dolor conocido, pero le tengo miedo al dolor desconocido. Y hasta que el dolor de lo conocido no se vuelva mayor que el dolor de lo desconocido, mucha gente no trata de salir.
Preferimos lo que aprobamos. Nosotros los dominicanos tenemos formas de ser y de vivir culturalmente. Preferimos esas formas, eso es lo que nosotros aprobamos. Y lo que no, tendemos a condenarlo. Usualmente preferimos las cosas que están de acuerdo con mis ideas, las cosas que mantienen el estatus quo, las cosas que hacen brillar la luz sobre nosotros.
Pero resulta que cuando Dios comienza a moverse, cuando Dios se mueve de repente, yo me encuentro incómodo. Moisés, dile al pueblo que vamos para el desierto. ¡Al desierto! Pero no hay facilidades sanitarias en el desierto. No hay agua en el desierto. No hay comida en el desierto. Sí, pero Yo me estoy moviendo. Entonces, cuando Dios se mueve, frecuentemente no solamente nos encontramos incómodos, nos encontramos intimidados.
Claro, yo para Egipto. ¿Y qué Tú quieres que yo haga? Que liberes a mi pueblo. ¿Y Tu pueblo cuántos son ahora? Como dos millones. ¿Y con qué Tú me vas a mandar? Con un bastón. ¿Con un bastón a enfrentar el ejército de Egipto, el ejército egipcio? Moisés intimidado. Ahora siente que esto está fuera de control. Moisés ahora se siente incapaz. Cuando Dios se mueve, tú te sientes incapaz. Yo no puedo manejar esto. Nos sentimos en medio de algo desconocido, en algo no manejable. Y el estatus quo ha sido removido. Es como que me han quitado la alfombra de bajo de los pies.
Y de esa manera, Dios me dice: Ok, ahora estamos en el lugar donde tú puedes dejar de pensar en ti mismo y pensar en Mí. Puedes dejar de ser egocéntrico y empezar a pensar de una manera teocéntrica, porque Yo soy el único que puede manejar el lugar donde tú te encuentras.
Que si tú estás aquí pensando: Pastor, tengo un problema, no me he identificado ni con Jesús, ni con la multitud, ni con el paralítico, ni con los cuatro amigos. Bueno, me ha quedado un grupo y son los escribas. ¿Qué piensas? Es decir, nosotros en la ley, expertos en teología, con una opinión de cada enseñanza. Una opinión terminada, acabada, completa de cada enseñanza. De cada cosa que Jesús decía, los fariseos, los escribas, pero sobre todos los escribas que eran expertos en la ley escrita y expertos en la ley oral.
Esta gente no solamente dominaba la ley escrita que Dios le había dado a Moisés, ellos habían construido sus propias tradiciones y la habían constituido como la ley oral que pocos conocían, que solamente ellos dominaban, pero que pretendían que la gente se sometiera a la ley oral igual que a la ley escrita. Y alguien pudiera decir: Pero, ¿cómo es posible? Yo decía esta mañana que eso es perfectamente visible hoy porque la denominación de Roma insiste hoy que la tradición de la iglesia tiene el mismo peso que la enseñanza de la Palabra. Es lo mismo: la ley oral tiene el mismo peso que la ley escrita. Estos eran los escribas que estaban ahí esa mañana, y resulta que como Jesús estaba haciendo cosas que no se conformaban a la manera como ellos pensaban, por tanto Dios no puede estar haciendo eso.
Nosotros los dominicanos somos muy así. Sabemos de política, nunca hemos leído un libro de política, pero tenemos todas las opiniones políticas posibles. Sabemos de economía y podemos incluso sacar el país a flote sin ninguna reforma fiscal, sin ningún trabajo, solamente que me dejen el país a mí. Sabemos de deportes, sabemos cada jugada que cada mánager de cada equipo de pelota debió haber hecho en cada lugar, en cada momento. Ese me ha ganado el juego. Nunca hemos leído de un tema, pero tenemos una opinión acerca del tema. Nunca hemos estudiado un tema, nunca hemos reflexionado sobre un tema, nunca hemos discutido un tema, pero tenemos una opinión acerca del tema. Esta es la actitud escriba. Y ellos están ahí y resulta que todo ha salido de otra manera.
En realidad Dios quiere discípulos de Cristo más humildes, más reflexivos, más dispuestos a decir: Yo no he estudiado ese tema, no lo sé, no he leído sobre ese tema o he leído muy poco, no lo conozco, cuando lo investigue hablamos otra vez. Y lo que está ocurriendo es que Dios está obrando, y como no está obrando conforme a como los escribas entienden que Dios debió obrar, ellos no lo están viendo.
Nosotros podemos ver claramente eso en el último versículo que yo leí. Cuando tú comparas la actitud de los escribas con la actitud de la multitud que vio a este hombre caminar, tú puedes ver la diferencia del corazón de uno y del corazón del otro. Y así somos nosotros. Nosotros tenemos ideas prefiguradas de cómo Dios debe hacer las cosas, y cuando no se conforman a estas formas o maneras, nosotros pensamos que Dios no lo está haciendo. Los escribas no vieron el trabajo de Dios.
Sin embargo, el versículo 12 me deja ver otro grupo de personas que sí vio claramente lo que Dios hizo. Escucha: "Y él se levantó" —el paralítico— "y tomando al instante la camilla, salió a vista de todos, de manera que todos estaban asombrados y glorificaban a Dios diciendo: Jamás hemos visto cosas semejantes." Que así el resto glorificaban a Dios, y los escribas condenaban a Dios, a Cristo.
El hombre se va sano físicamente y se va sano espiritualmente, que de hecho en el contexto hebreo, sanación implicaba ambas cosas frecuentemente. Tú puedes ver en los Salmos: cuando mi pecado es perdonado, el texto de los Salmos muchas veces habla de que fui sanado. Y en otras ocasiones, cuando mi enfermedad física es sanada, también dice que fui sanado, porque en el contexto hebreo la sanación es un concepto más holístico, más completo. Y este hombre se va sano espiritualmente y físicamente. Jesús lo sanó espiritualmente primero.
Y ciertamente nosotros no tenemos la teología de la retribución, que es una mala teología, que piensa que cada dificultad, perdón, cada tribulación, cada problema está directamente relacionado a un pecado. Pero hay ocasiones en que sí es cierto, hay una relación entre el mundo físico y el mundo espiritual. De hecho, en Primera de Corintios se nos dice que al tomar la Cena del Señor algunos lo tomaron indignamente, y algunos hasta murieron.
Y no sabemos en este caso, pero algunos han especulado, otros lo han pensado, que se hace una buena especulación: que es posible que en el caso de este paralítico hubo una relación entre su pecado y su parálisis. Porque el hombre viene buscando la sanación de su parálisis, y Cristo, cuando vio su fe, le dice: Tus pecados te son perdonados. ¿Por qué comenzar con el perdón de pecados para terminar con la sanación física y no al revés? Bueno, no sabemos con claridad, pero quizás había tal cosa. Lo que sí queda claro en ese orden es que lo más importante para el individuo es la condición espiritual de su corazón, en cualquier momento, en cualquier lugar donde él se encuentra.
Y ahora nosotros podemos pensar en estos cinco personajes —y pudiéramos llamar a los grupos y a las multitudes personajes— y ver al final del mensaje con quién yo me identifico más: ¿con Jesús, con las multitudes, con el paralítico, con sus cuatro amigos, o con los escribas? Porque al final de la historia, los cojos y los ciegos y los sordos fueron sanados y muchos salvados, y los escribas condenados. Su conocimiento los condenó. En el otro caso, su ignorancia y su fe ingenua les salvó. ¿Dónde estoy, dónde me encuentro hoy?
Al final del culto anterior alguien me encontró al final y me dijo: Pastor, mi diagnóstico es múltiples personalidades. Me identifiqué con los cinco. Bueno, por lo menos había algo de Jesús ahí, porque es uno de los cinco. Pero piensa un momento. No te vayas sin reflexionar. No te quedes esta tarde o mañana sin reflexionar acerca de alguna cosa que hemos dicho hoy. Porque una vez más, frecuentemente reflexionamos mientras dura el sermón y luego lo olvidamos. Y esa reflexión es poco duradera, es poco cambiante y transformadora. Pero yo creo que vale la pena hacer el ejercicio. Yo lo hice para mí; no puedo pedirte que hagas algo que yo no he hecho primero.
Yo creo que en la medida en que tú has ido encontrando la condición de tu corazón, ahí tú puedes ir también conociendo que Jesús, que oye y siente, conoce lo que tú murmuras en tu interior y que nadie más escucha. Y eso es pesado. No sé si para ti, pero para mí es pesado. Conocer que no hay nada oculto ni nada que Él no haya escuchado, no importa si yo lo verbalicé.