La conversión de Pablo no tiene rival en la historia de la iglesia. Un fariseo que se jactaba de ser irreprensible en cuanto a la ley, que perseguía sin misericordia a hombres y mujeres por seguir "el camino", que aprobó la muerte de Esteban y viajaba hasta Damasco para arrastrar cristianos a Jerusalén y castigarlos. Este mismo hombre pasó de perseguidor a perseguido, y su transformación revela algo crucial: creer en el Dios verdadero no basta. Pablo creía en el Dios del Antiguo Testamento, cumplía la ley al dedillo, pero iba camino al infierno. La salvación no es por obras, sino por obediencia perfecta, y como nadie puede lograrla, Dios envió a su Hijo para que su obediencia fuera cargada a nuestra cuenta cuando depositamos la fe completamente en él.
Cuando Cristo derriba a Pablo camino a Damasco, no le dice "¿por qué persigues a los cristianos?", sino "¿por qué me persigues a mí?". La iglesia es posesión de Cristo; tocarla es tocarlo a él. La respuesta de Pablo —"¿Qué debo hacer, Señor?"— revela sumisión inmediata, sin peros ni condiciones. Cristo debe ser señor de la mente, las emociones y la voluntad; cada pensamiento contrario a su palabra debe ser traído cautivo a sus pies.
La encomienda fue clara: ser testigo de lo que vio y oyó. Esa misma tarea nos alcanza hoy. No se trata de preocuparnos por el indio de la jungla mientras ignoramos al compañero de trabajo. Fuimos hechos linaje escogido y real sacerdocio para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz. El mundo está cansado de buenas charlas; espera ver hombres y mujeres transformados por lo que dicen creer.
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¡Fuimos amigos para vivir en su satisfacción!
Te invito a que abras la Palabra de Dios en el libro de los Hechos, capítulo 22, para continuar nuestra serie. Hemos predicado casi 60 mensajes sobre esta serie y nos quedan unos cuantos. Yo quiero leerles el texto en un momento, pero necesito introducirlo de manera significativa.
A lo largo de la historia de la iglesia, ha habido una serie de conversiones importantes en la historia lejana y en la historia reciente. Pero yo creo que la mayoría, si no todos, estaríamos dispuestos a admitir que no ha habido ninguna conversión más grande, más estratégica que la conversión del apóstol Pablo. Un hombre que estaba airado contra la iglesia cristiana, un hombre que perseguía de forma acérrima a la iglesia de Cristo, un fariseo que se enorgullecía de ser irreprensible en cuanto a la ley. Un hombre que con frecuencia buscaba cristianos, hombres y mujeres, para traerlos a Jerusalén, juzgarlos y castigarlos. Un hombre que llegó a aprobar la muerte de Esteban, llegó a cuidar los mantos de aquellos que apedrearon hasta matarle a Esteban.
Este es el hombre que posteriormente a su conversión pasa de ser un perseguidor a un perseguido, y ese es el título de mi mensaje. Este es el hombre que luego tiene que contar sus vicisitudes de esta manera cuando les escribe a los corintios en su segunda carta, al capítulo 11, a partir del versículo 23: "¿Son servidores de Cristo? Hablo como si hubiera perdido el juicio. Yo más: en muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, a menudo en peligro de muerte. Cinco veces he recibido de los judíos 39 azotes, tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué y he pasado una noche y un día en lo profundo. Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en frío y desnudez."
Este es el hombre que pasó de perseguidor a perseguido. No hay duda de que la conversión de Pablo fue dramática, no hay duda de que su transformación fue extraordinaria. Tampoco hay duda de que su influencia no tiene rival, no tiene comparación. Su influencia como evangelista o como predicador no tiene ningún otro paralelo en la historia. Y eso es sin contar el entendimiento teológico que este hombre llegó a entender para instruir no solamente la historia de antaño, pero la historia de hoy en día.
Y en el capítulo 22, que vamos a estar exponiendo en un rato, nosotros vamos a encontrar la narración de la conversión del apóstol Pablo por segunda vez. La vimos en el capítulo 9, aparece en el capítulo 22, aparece de nuevo en el capítulo 26. Y cuando uno comienza a preguntarse por qué Dios toma un evento y lo repite tres veces en un mismo libro, sabiendo nosotros que Dios es inerrante, infalible, todo omnisciente, alguna razón Él tiene por la cual Él quiso inspirar el testimonio de Pablo tres veces en el mismo libro.
Algunos creo que recordarán que Pablo venía afanado por llegar a Jerusalén. Pablo quería llegar a Jerusalén antes de Pentecostés, quería presentar una ofrenda. En el camino fue advertido varias veces de que no fuera a Jerusalén; el Espíritu Santo le había revelado que en Jerusalén le esperaban cadenas y aflicciones. Y en el camino se encuentra con un profeta de nombre Agabo, y Agabo tomó el cinto de Pablo y lo amarró y dice: "Así van a hacer a este hombre cuando llegue a Jerusalén." En el mismo contexto aparecen cuatro hijas de Felipe el evangelista, eran profetisas, y ellas confirman en esencia lo mismo. Y otros hermanos también le rogaban a Pablo que no continuara hacia Jerusalén por lo que le esperaba, pero no hubo manera de disuadirlo.
Pero una de las características de un verdadero líder es que él es capaz, y con frecuencia tiene que escuchar múltiples voces contrarias a su propia persuasión, y continuar todavía en la dirección de aquello que él entiende es una convicción que Dios ha puesto en él. Eso fue el caso de Jesucristo cuando Pedro quiso detenerlo para que no fuera a Jerusalén porque allá pasaría dificultades a manos de las autoridades. Fue el caso de Martín Lutero cuando no querían que fuera a Roma suponiendo que allá en Roma lo matarían, y Martín Lutero dice: "Aunque haya tantos demonios como hay tejas en los techos, yo voy a Roma." Los líderes por definición son personas, como dicen en inglés, driven; son personas de empuje, son personas que tienen una autoenergía interna que yo entiendo es puesta por Dios para moverlos en una dirección.
Pablo sigue a Jerusalén, llega a Jerusalén. Allá alguien que lo está esperando es un hermano de nombre Nasón, nativo de Chipre; allí se hospedan. Pero cuando llega a Jerusalén, al otro día hizo lo protocolar: fue donde Jacobo, que también llamamos Santiago, el autor del libro de Santiago, el medio hermano de Jesús. Era la cabeza de la iglesia en Jerusalén; siempre la iglesia ha tenido sus cabezas. Era la cabeza en Jerusalén en ese momento, y fue y comenzó a hablar con los hermanos acerca de todo lo que Dios había hecho entre los gentiles y de cómo Dios había incluido a los gentiles dentro del plan de salvación.
Y entonces, como había crítica de que Pablo estaba en contra de la ley, Pablo comienza a explicar: "No, con los gentiles las cosas son diferentes. Lo único que les pedimos fue que se abstuvieran de sangre, de lo estrangulado, de las cosas sacrificadas a los ídolos," lo que en sí misma no eran pecaminosas, pero por sensibilidad a los judíos, porque la iglesia comenzaba a desarrollarse como una iglesia mixta, por sensibilidad a sus hermanos para que no sea piedra de tropiezo. "Y también les dijimos que se abstuvieran de fornicación," que obviamente sí es un pecado serio delante de Dios.
Habiendo pagado su visita protocolar, por así decirlo, Pablo se dirige al templo. Pablo iba a una sinagoga; en el caso de Jerusalén iba al templo, porque Pablo quería una audiencia. Había una audiencia cautiva que lo pudiera escuchar donde él pudiera presentar el evangelio, donde él pudiera evangelizar a algunos y que ellos pudieran encontrar salvación.
Cuando él entra al templo, esto es lo que ocurre. Todo esto es mi introducción, porque hay una porción del capítulo 21 que yo no te he leído, pero que yo necesito situarte allí para que sepas dónde estamos cuando entramos al capítulo 22. Sin él, esto es lo que ocurre cuando él entra al templo: hay unos judíos de Asia, que es lo que hoy es Turquía, y probablemente estos judíos eran de la ciudad de Éfeso porque era la capital, y Pablo había pasado como tres años allá y probablemente lo reconocieron.
Y entonces estos judíos dicen: "¡Este es el hombre que enseña a todos por todas partes contra nuestro pueblo, la ley y este lugar! Además, incluso ha traído griegos al templo y ha profanado este lugar santo." Pues anteriormente habían visto a Trófimo el efesio con él en la ciudad, y pensaban que Pablo lo había traído al templo. El templo tenía un lugar, un atrio para los gentiles, y una pared que tenía letreros que decía que cualquier gentil que pasara a ese lugar ponía en riesgo su vida y sería condenado a muerte.
Se alborotó toda la ciudad y llegó el pueblo corriendo de todas partes. Apoderándose de Pablo, lo arrastraron fuera del templo y al instante cerraron las puertas. Mientras procuraban matarlo, el gentío estaba jugando. El gentío quería simplemente oír lo que Pablo tenía que decir. Ni querían que Pablo saliera con vida, no querían... querían matarlo. Llegó aviso al comandante de la compañía romana que toda Jerusalén estaba en confusión. ¡Toda Jerusalén por un hombre! Inmediatamente tomó consigo algunos soldados y centuriones y corrió hacia ellos, y cuando vieron al comandante y a los soldados dejaron de golpear a Pablo. En buen dominicano, ya lo habían abombado.
Entonces el comandante llegó y lo prendió, y ordenó que lo ataran con dos cadenas, y preguntaba quién era y qué había hecho. Los soldados llegaron a defender a Pablo, pero mientras tanto ya él estaba todo golpeado. Eso aparece en el capítulo 21.
Ahora lo que vamos a ver es en el capítulo 22, porque justo antes el comandante ya tiene a Pablo prendido, lo tiene con dos cadenas, lo va a llevar al destacamento, por así decirlo. Y cuando lo va a llevar al destacamento, Pablo levanta la mano respetuosamente y le pregunta al comandante si le permite hablar. Y él le preguntó al comandante en griego, dice el texto. El comandante estaba como impresionado que él hablaba en griego, y él dice: "¿Tú no eres entonces el egipcio aquel que había escapado y que estábamos buscando?" "No, no, yo no soy ese hombre."
Y Pablo se dirige entonces a la congregación, y dice el texto que Pablo se dirigió a ellos en hebreo, pero los académicos están de acuerdo que probablemente fue en arameo, que era la lengua vernácula, como derivado de lo hebreo, pero no era hebreo. Y eso ocurre justo antes de que Pablo fuera entrado al destacamento. Pablo levanta la mano, la multitud comienza como a acallarse, y Pablo presenta su testimonio.
Y en esencia lo dividí como en cuatro secciones, y voy a seguir ese mismo orden. Número uno: yo quiero que veamos a Pablo como perseguidor del Señor, o el Pablo antes de su conversión. Número dos: el encuentro extraordinario de Pablo con el Señor. De primero, el Pablo como perseguidor del Señor; segundo, el encuentro extraordinario de ese Pablo con su Señor. Número tres: la encomienda de parte del Señor. Y número cuatro: la protección del Señor sobre la vida de Pablo.
Hoy obviamente tenemos que ver la primera parte: Pablo como perseguidor del Señor, o su vida antes de que Cristo lo interceptara. Versículo 1 al 5, escucha: "Hermanos y padres, escuchad mi defensa que ahora presento ante vosotros."
Cuando oyeron que se dirigía a ellos en el idioma hebreo, observaron aún más silencio. Y él dijo: "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, educado bajo Gamaliel en estricta conformidad a la ley de nuestros padres, siendo tan celoso de Dios como todos vosotros lo sois hoy. Y perseguía este satisfacer camino hasta la muerte, encadenando y echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres, de lo cual pueden testificar el sumo sacerdote y todo el concilio de los ancianos. También de ellos recibí cartas para los hermanos y me puse en marcha para Damasco con el fin de traer presos a Jerusalén, también a los que estaban allá, para que fueran castigados."
Pablo en esencia estaba diciendo: "Ustedes no tienen razones para acusarme de anti-judío porque yo tengo un currículo, yo tengo un pedigrí, por así decirlo, yo tengo un pasado y este es mi pasado que se lo estoy presentando." Hermanos y padres, él se dirige a ellos con respeto, les llama hermanos, o sea compatriotas, y padres porque quizá eran de mayor edad que él. Se dirige a ellos en hebreo, que ya dijimos que probablemente era el arameo. Al comandante le habló en griego, al pueblo le habla en arameo.
Y luego Pablo comienza a decir: "Yo nací en la ciudad de Tarso de Cilicia", que más adelante dice que no es una pequeña ciudad, una ciudad de cierta importancia. "Y yo me eduqué bajo Gamaliel." Gamaliel era de la escuela de Hilel. Hilel era uno de los rabinos, ya había muerto, uno de los rabinos más respetados en toda la historia de Israel. Y Gamaliel en ese momento era probablemente el rabino más respetado. Y Pablo dice: "A mí no me educó cualquier rabino, a mí me educó nada más y nada menos que Gamaliel", un hombre considerado moderado, conservador, ecuánime, no dado a los impulsos. Pero lo dice: "Yo fui criado bajo estricta conformidad a la ley de Dios y celoso de las cosas de Dios más que cualquiera de vosotros, o al igual que cualquiera de ustedes."
De hecho, cuando les escribe a los filipenses, él agranda, alarga su currículum y él dice: "Yo fui circuncidado al octavo día, yo soy de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, fariseo en cuanto a la ley, irreprensible. Si tú quieres hablar de alguien que era judío, judío, ese soy yo, ese fui yo." Y es más, yo era tan judío, tan religioso, que yo fui perseguidor del Camino, el nombre con que se les llamaba a los cristianos por considerarse una secta, quizá derivado de la frase de Cristo: "Yo soy el camino."
Y yo buscaba la gente y los encadenaba y los echaba en cárcel, tanto a hombres como a mujeres. Pablo no tenía misericordia, no importa si eran hombres o si eran mujeres. Y Pablo no solamente quería erradicar a los cristianos de Jerusalén, Pablo quería erradicar a los cristianos de la faz de la tierra. Por eso es que él pide cartas, pide permiso, se va a Damasco a ciento sesenta kilómetros de distancia a buscar cristianos que él pudiera traer y que fueran castigados, y que pudieran algunos quizá hasta perder la vida. Un hombre sin misericordia. Y Pablo dice: "Esto no hace tanto tiempo, relativamente; el sumo sacerdote y el concilio pueden dar testimonio de lo que yo estoy hablando."
Lo paradójico es, para que nosotros podamos comenzar a aplicar esto a nuestros días, que Pablo creía en el Dios verdadero, el Dios que el Antiguo Testamento revela. Pablo creía en la ley que el Dios verdadero había dado a Moisés. Pablo hizo el mejor esfuerzo posible para cumplir con la ley que Dios había dado al hombre. Y habiendo tenido todos esos requisitos, iba camino al infierno. Porque no basta con creer en el Dios verdadero. Tú tienes que creer en el Dios verdadero, pero tienes que creer en lo que el Dios verdadero ha revelado acerca de Él, y tienes que rechazar todo aquello que este mismo Dios verdadero no ha revelado acerca de Él. Porque hoy en día hay mucha gente que cree en el Dios verdadero, pero se sirve selectivamente de ese buffet.
Hermano, ser cristiano no salva. Hay cristianos liberales, hay cristianos nominales, hay cristianos culturales, hay cristianos que viven en inmoralidad sexual y están en la iglesia cada domingo. Al final, quien salva es Cristo. No solamente cuando tú crees lo que Cristo ha dicho, sino cuando tú vives lo que Cristo ha dicho, que es la evidencia de que verdaderamente has creído.
Tú puedes tener un mapa de cómo llegar a Santiago, que es una de nuestras provincias, pero si yo nunca abro el mapa, quizá yo termine en La Romana. O quizás yo tengo un mapa pero lo abrí al revés, y en vez de terminar en el norte termino en el este. Y de esa misma manera, mucha gente tiene la Biblia, que es un mapa, pero no la abre, no la consulta. Y otras veces la abre, pero como que la lee al revés y entiende todo lo opuesto de lo que la Biblia está diciendo.
Eso le estaba, o le había pasado, al apóstol Pablo con la ley. Pablo siguió la ley al dedillo, cumplió con sus mandamientos, pero iba camino a la condenación eterna. Porque la salvación no es por obras. Pero déjame decirte algo, escúchame con detenimiento hasta el final para que no me catalogues de hereje antes de yo llegar a término. La salvación no es por obras, la salvación es por obediencia. Y usted podría decir: "Pastor, pero acaba de decir que no es por obras, y la obediencia son como obras." No, yo te lo voy a llevar un poco más allá. La salvación no solamente es por obediencia, pero es por obediencia perfecta. "Pero pastor, ¿y entonces cómo es que nos vamos a salvar?" Como Dios sabía que ni tú ni yo podíamos lograr obediencia perfecta, Dios envió a su Hijo en la carne, quien Él cumplió la ley a la perfección, de tal manera que su obediencia perfecta pudiera ser cargada a mi cuenta el día que yo depositara mi fe completamente en Él y solo en Él. Eso es como es la salvación.
Y Pablo entonces expone de manera clara cómo era antes de su encuentro con Cristo. Segundo punto: Pablo describe su encuentro extraordinario con el Señor. Versículos 6 al 11: "Y aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi alrededor. Caí al suelo y oí una voz que me decía: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?' Y respondí: '¿Quién eres, Señor?' Y Él me dijo: 'Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues.' Y los que estaban conmigo vieron la luz ciertamente, pero no comprendieron la voz del que me hablaba. Yo dije: '¿Qué debo hacer, Señor?' Y el Señor me dijo: 'Levántate y entra en Damasco, y allí se te dirá todo lo que se te ha ordenado que hagas.' Pero como yo no veía por causa del resplandor de aquella luz, los que estaban conmigo me llevaron de la mano y entré a Damasco."
En esta porción llama la atención que cuando Jesús se le aparece a Saulo, no le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a mis ovejas?" No le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a los cristianos?" Sino le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues a mí?" "Señor, pero yo no te estoy persiguiendo a ti, yo estoy persiguiendo a cristianos, ¿no?" No, no. Es que esos cristianos son personas a quienes yo compré a precio de sangre y hoy son posesión mía, de manera que cuando tú persigues mi iglesia, me persigues a mí.
Es como que alguien esté persiguiendo a tu esposa y tú hablas con él, y que él te diga: "Bueno, pero yo no te estoy persiguiendo a ti, yo no tengo ningún problema contigo, mi problema es con tu esposa, yo estoy persiguiendo a tu esposa." ¿Qué tú le vas a decir? "El que persigue a mi esposa..." Digo, si tú eres un hombre, hombre, porque hay hombres y hombres. Si tú eres un hombre, hombre, me dices que el que persigue a mi esposa me persigue a mí, ¿o no? ¿O no? Ok, me faltaba un amén todavía.
Ahora escucha, cuando Pablo tiene este encuentro, esta luz a medio del día, fue como en el momento en que el sol más brillaba, para que quedara claro el resplandor de esta luz. Pablo sabía... Pablo no conocía quién era, pero Pablo sabía que no estaba delante de un cualquiera. Y la pregunta de Pablo es: "¿Quién eres, Señor?" Él no dice: "¿Quién eres tú?" "¿Quién eres, Señor?" Y Él me dijo: "Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues."
Pablo descubre por primera vez que Jesús no está muerto, que la tumba verdaderamente estaba vacía, que Jesús ha resucitado y que aquí lo tiene de frente hablando con él. Ponte en esas sandalias, en esos zapatos en ese momento. Cristo le está diciendo claramente: "Persigues mi iglesia, me persigues a mí, y tú tienes que rendir cuentas conmigo cuando haces lo que estás haciendo. Esa iglesia es posesión mía y no posesión de ningún hombre."
Llama la atención en ese texto también que los que estaban con Pablo, el texto dice, vieron la luz. Ellos vieron algo extraño, algo estaba pasando, oían incluso una voz, pero el texto dice: "Pero no comprendieron la voz." Y ese solo texto nos enseña que hay una elección y una predestinación de parte de Dios, porque los otros pudieron haber entendido la voz que Pablo escuchó y entendió, pero no la entendieron. Solamente Pablo tuvo la experiencia de ver la luz y entender el mensaje de salvación. Lucas no nos da los detalles de qué Pablo oyó, pero ciertamente debió haber oído el evangelio que lo convirtió en un solo día.
Ahora, eso no es lo único que llama la atención en el texto. No es solamente la gente que vio la luz pero que no entendió; no es solamente que Cristo le dice "el que persigue a mí me persigue"; no es solamente que Pablo no sabe quién es, pero sabe que es alguien especial y dice "¿quién eres, Señor?". Hay algo más que llama la atención, y es que Pablo inmediatamente hace una pregunta: "¿Qué debo hacer, Señor?"
A mí me evoca la memoria, me trae a la memoria, el encuentro de Isaías en el Antiguo Testamento, en el capítulo 6 del libro que lleva su nombre, donde Isaías tiene este encuentro con el Dios alto y sublime, cuyas orlas llenaban el templo. Y cuando él escuchó a estos serafines cantar de manera antifonal "Santo, santo, santo", Isaías tiene este sentido de que él es un hombre de labios impuros y habita en medio de un pueblo de labios impuros. Y de repente entonces Dios habla, porque hasta hace un momento Dios no había hablado. Finalmente Dios habla, y cuando Dios habla él hace una pregunta y dice: "¿Quién irá por nosotros?" E Isaías inmediatamente responde en obediencia, sin saber a qué lo van a mandar, a qué misión, a qué lugar, con qué mensaje. Dice: "Heme aquí, envíame a mí".
Esta respuesta de Pablo me recuerda a esa respuesta de Isaías: "¿Qué debo hacer, Señor?" Aquí no hay peros como los de Moisés. Aquí no hay "hice esto, hice aquello, y si no funciona, y si no me reciben, y si me persiguen, y si no me creen". No. ¿Por qué? Porque de alguna manera ya Pablo entendió: este es un Señor, lo que implica que él ejerce señorío sobre mi vida.
Cuando Cristo ejerce señorío sobre tu vida, él tiene que ser el Señor de tu mente. ¿Tú sabes qué implica eso? Que cada pensamiento que tú y yo tenemos que es contrario a la Palabra de Dios tiene que ser traído cautivo a los pies de Cristo, sometido y rechazado. Pensamientos que vienen muchas veces de la carne, pero pensamientos que vienen muchas veces del mundo de las tinieblas, que son atractivos, que nosotros les damos forma, lo moldeamos, le pasamos la mano, lo embellecemos.
Cristo no solamente tiene que ser el Señor de tu mente; Cristo tiene que ser el Señor de tus emociones, de tus impulsos. Cada emoción, hermanos... Nosotros somos todos personas quebrantadas; nosotros somos todos personas, dicho de esta manera, rotas, fracturadas, con emociones caídas, pecaminosas, que vienen y surgen y se levantan. De repente yo necesito permitir que el señorío de Cristo reine y aplastar dichas emociones para hacerlas corresponder a la verdad. Porque si yo no mato la emoción, la emoción me matará a mí.
Cristo tiene que ser el Señor en nuestras voluntades, de manera que cuando yo no quiero hacer algo que la Palabra me manda, tengo que sobreponerme y hacer lo que la Palabra me manda a obedecer. Y cuando yo quiero hacer algo que la Palabra me prohíbe, yo tengo que sobreponerme y no hacer aquello que yo quiero hacer, pero que la Palabra me prohíbe que yo pueda hacer. Y si no, entonces Cristo no es Señor de mi mente, de mi corazón, de mi fuerza de voluntad. Por algo me dice que tengo que amar al Señor con toda mi mente, todo mi corazón, toda mi alma y toda mi fuerza. No hay nada que deba quedar fuera del señorío de Cristo.
Y Pablo dice: "¿Qué debo hacer, Señor? Ordena, habla". Pablo nunca oiría palabras como estas: "¿Y por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" Esa es la pregunta de Cristo en Lucas 6 en un momento dado, que les está enseñando a sus discípulos. Está enseñando y está diciendo: "Oye, ustedes viven en desobediencia. ¿Por qué me llamas Señor?" —igual me dice el Señor, enfatizando como que "yo soy el Señor de tu vida"— "¿Por qué me honras y luego no haces lo que te digo? Mejor no me honres. Mejor no me llames Señor".
Pablo presenta su encuentro extraordinario y transformador con Cristo. Número tres: la encomienda del Señor para Pablo, versículos 12 al 16. "Y uno llamado Ananías, hombre piadoso según las normas de la ley, y de quien daban buen testimonio todos los judíos que vivían allí, vino a mí, y poniéndose a mi lado me dijo: 'Hermano Saulo'" —ya lo llamó hermano, ya lo reconoció, este es un convertido, ¿verdad?— "'recibe la vista'". En ese mismo instante alzó los ojos y lo mira; las escamas se cayeron.
"Y él dijo: 'El Dios de nuestros padres'" —escucha— "'te ha designado'" —subraya esa palabra: designado— "'para que conozcas su voluntad'" —subraya esa frase— "'y para que veas al Justo'" —subraya esa frase— "'y oigas palabras de su boca'" —subraya esa frase— "'porque testigo suyo serás a todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre'".
Dios envía a un hombre piadoso a Pablo, de nombre Ananías, piadoso conforme a las estipulaciones de la ley. Y él va a donde Pablo y le dice: "Pablo, el Dios de nuestros padres te ha designado". En otras palabras: "Pablo, tú no te ofreciste de voluntario para esto. Lo sabe Dios y lo sé yo. Pablo, tú no llenaste una aplicación tampoco para este puesto, pero Dios te ha designado". Y como es Dios quien lo ha hecho, eso es un privilegio para ti. Pero escucha para qué Dios te ha designado.
Número uno: para que conozcas su voluntad. ¿Tú no quisieras como oír la voz de Dios hoy, que te diga "esta es mi voluntad para contigo"? ¿No quisieras tú oír eso? Dios te ha designado para que conozcas su voluntad. Y para que veas al Justo. ¿Tú no quisieras como que se abrieran los cielos hoy y tú pudieras ver a Cristo desde aquí abajo? ¿No quisieras eso? Dios te ha designado para que oigas palabras de su boca. Cristo te va a enseñar personalmente, porque testigo suyo serás a todos los hombres de lo que has visto y oído.
A mí me llama la atención lo específico de la encomienda del Señor: "Tú vas a ser mi testigo, pero vas a ser mi testigo de todo lo que hayas visto y oído. Tú me estás viendo, tú me estás oyendo, te voy a seguir revelando, te voy a revelar mi voluntad, y tú serás testigo de lo que has visto y oído".
Solamente personas que hayan sido testigos oculares de los hechos pueden ser buenos testigos. Solamente personas que hayan sido testigos oculares de los hechos y que hayan sido afectados y transformados por la experiencia vivida pueden ser mejores testigos. No es lo mismo, hermano, hablar de algo que te han contado que hablar de algo que tú has presenciado. Claro que no es lo mismo. No es lo mismo hablar de algo que tú has leído que hablar de algo que tú has vivido. Yo leí que en Jerusalén hay un muro de las lamentaciones, y hay algo que me dice: "No, yo no lo leí; yo fui allá, yo lo toqué, yo oré ahí, yo metí un papelito ahí entre la roca como hace la gente".
No es lo mismo hablar acerca de lo que tú has conocido en tu mente que de aquello que te ha cambiado. Cuando hay algo que te ha cambiado, como fue el encuentro de Pablo con Cristo, esto que te ha cambiado produce una convicción que no te deja estar callado jamás.
Y la pregunta podría ser: ¿Qué fue lo que transformó entonces al apóstol Pablo de ese perseguidor a perseguido de una forma tan radical? Y si tú lees todo lo que el Nuevo Testamento tiene que decir, cuando tú llegas a 2 Corintios capítulo 5, tú entiendes gran parte de lo que Pablo está tratando de comunicar. Cuando Pablo dice "el amor de Cristo me constriñe, el amor de Cristo me apremia", el amor de Cristo, la realidad de que él un día fue a la cruz y derramó su sangre por mis pecados... Yo sé que Dios, la segunda Persona de la eternidad, se encarnó, se humilló, fue a la cruz, fue desnudado y fue traspasado, y que todo eso lo hizo por mis pecados. Ahora yo quiero honrar con mi vida, en cuanto yo pueda, en ausencia de pecado —aunque no lo haga perfectamente— aquello que él hizo por mí cuando me lavó de esos pecados que lo llevaron a la cruz, y no me ha dejado con otra opción que no sea servirle.
Cuando un testigo es traído a la corte, usualmente el juez quiere saber tres cosas: ¿Qué viste? Cuéntame, ¿qué oíste? Y dime algo: ¿qué tú sentiste cuando tú viste lo que viste y oíste lo que oíste? Cuando tú viste, por ejemplo, a este hombre golpear a una mujer, lo viste, pero también oíste palabras. ¿Qué tú sentiste? ¿Cuál fue tu sensación? Y todo eso es tomado en cuenta a la hora de juzgar el caso.
Yo creo que Pablo estaba tratando de hacer lo mismo. Pablo estaba tratando de poner en palabras, de la mejor forma posible, la experiencia de lo que él vio, la experiencia de lo que él oyó, de una forma apasionada, para que el otro pudiera entender lo extraordinario de este encuentro.
Tú necesitas hacer eso. Yo a veces me pongo en los zapatos... Lo hice con Pablo y me puse: ¡Wow! ¿Tú te imaginas que yo hubiese ido en un caballo y boom, de repente el Señor me tumba, y de mi espalda hacia arriba hay una luz, una luz fulgurante, y hay una voz celestial, divina, que me imagino como un tono profundo? Y él: "Miguel..." Ya es suficiente para yo estar temblando. "¿Por qué me persigues?"
¿Te suena familiar la frase de que tú vas a ser testigo de todo lo que tú has visto y oído? Sí, claro que es familiar. En Hechos 4:20, cuando Pedro y Juan estaban predicando la Palabra y terminaron en el calabozo por una noche, al otro día los liberaron y les dijeron una sola cosa: "Ustedes no pueden volver a predicar del mismo que están predicando", por eso es que fueron presos. ¿Y qué fue lo que Pedro y Juan les dijeron? "Está muy bien, pero hay un pequeño problemita que tenemos: es que no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído".
Cuando tú has visto y oído en la Palabra de Dios, no las historias, sino el carácter de Dios detrás de la historia que tú estás leyendo...
Eso comienza a impresionarte, eso comienza a cambiarte, eso comienza a hacer de ti un hombre de fe, eso comienza a hacerte ver a un Dios grande en el que tú puedes depositar toda confianza. Al final se me acercó un joven y me decía: "¿Cómo usted sabe, cuando está leyendo la Biblia, si realmente está viendo las cosas que tiene que ver?" Y yo dije: "Eso no es tan complejo. No solamente cuando leo la Biblia, sino cuando leo cualquier literatura cristiana, yo quiero que al leer yo pueda percibir detrás de lo que leo el carácter de Dios, porque las historias son simplemente historias para Dios revelar quién es".
Cuando Pablo está derribado del caballo, cuando Pablo está derribado al piso, tú puedes ver la soberanía de Dios, tú puedes ver la elección soberana de Dios, la elección por gracia de un perseguidor que pasa a ser perseguido y a ser un hombre en la lista de búsqueda de todo el mundo. Cuando tú ves a Daniel en el foso de los leones, los leones al otro día lo dejaron tranquilo y no le hicieron nada, tú ves un Dios que es Señor sobre tierra y mar, sobre el reino animal, sobre la flora, la fauna y sobre todo. Y tú dices: "¡Wow, es el Dios a quien yo sirvo!" Y por eso es que Pedro y Juan están diciendo que no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.
Pablo, al ver lo que vio, al oír lo que oyó, se llenó de una convicción que más nunca pudo callarse. Y de hecho, eso que nosotros leímos acerca de Pablo, de que iba a ser testigo ante todos los hombres, eso no es exclusivo de Pablo. El libro de los Hechos, que es para todos nosotros, abre prácticamente con esa encomienda: "Me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra". ¿Tú sabes quiénes viven en los confines de la tierra? Tú y yo. Nosotros no vivimos en Jerusalén, si no te habías dado cuenta, ni en Judea, ni en Samaria. Nosotros formamos parte de los confines de la tierra y Dios dice: "Allá donde tú vivas, me seréis testigos. Para eso yo te he salvado, para eso yo te he dejado, para eso yo te he puesto".
Y luego entonces, cuando estamos hablando de estas cosas, surge la pregunta como la que surgió la semana pasada cuando estaba aquí Abdu Murray y McCordy del ministerio de Ravi Zacharias, que alguien levantó la mano y preguntó: "¿Y qué del indio de la jungla que nunca ha oído de Cristo?" Y yo siempre como que me río por dentro y digo: "Oye, todo el mundo está preocupado por el indio de la jungla adonde yo no tengo que ir, pero a nadie le preocupa el amigo mío que trabaja al lado, en el escritorio al lado mío, con quien yo nunca he hablado, nunca le he dicho que soy cristiano, nunca le he presentado el evangelio". Ese a mí no me preocupa, porque como es en mi trabajo yo no quiero hablar de ese. De lo otro es que yo quiero hablar, del que está lejos, que le toca a otro, que no me toca a mí. No, nosotros somos testigos de Cristo, de su causa.
El ser testigo de la causa de Cristo es central a la historia del Nuevo Testamento. Tan central es, que la palabra "testigo" viene de una palabra en griego que es "martus", de donde viene la palabra "mártires". Esa palabra aparece 175 veces en el Nuevo Testamento. ¿Tú quieres saber qué tan central nuestra labor de testigo es a la causa de Cristo? Ahí tú tienes una evidencia, no la única evidencia.
Ahora, para ser un buen testigo yo necesito ser un buen observador. Y como yo no estoy teniendo ni esperando tener una revelación especial de Cristo y tengo que ser un buen observador, yo tengo que ser un buen observador a la hora de leer el texto, de manera que yo pueda descubrir el carácter de Dios detrás de los hechos. Porque es el carácter de Dios que impresiona a mi mente, mi corazón, mis emociones y me transforma. Pero tienes que detenerte a oír, a oír la historia de la gente y ver a Dios, o preguntarte: "¿Y dónde estaba Dios detrás de todo esto?"
Algunos de ustedes saben que durante nuestra estadía en Estados Unidos tuvimos un grupo para pacientes con sida por tres años y medio, nuestra propia fisicina, que te digo, era bastante grande. 18, 20 personas venían todos los jueves, todos los jueves. Y cuando tuve a ese Carlos, que ya murió —obviamente murió antes de yo, en su otro regresar—, con la cara más dura que yo he visto en toda mi vida, que tiene medio brazo cortado de un balazo que le dieron mientras él corría y vendía drogas. Y tú comienzas a compartir el evangelio y tú comienzas a ver el rostro de Carlos suavizarse y suavizarse y suavizarse, y venía todas las semanas con su esposa. Y Carlos comienza a sonreír, y Carlos comienza a mostrar gozo en su rostro, y Carlos recibe al Señor Jesucristo. Eso que tú viste y oíste y observaste con contemplación, jamás te lo olvidas; te transforma para toda la vida. Y si esa es el rostro de Carlos, imagínate el rostro de Cristo revelado en la Palabra.
O aquel joven adicto con sida que yo entrevisté en una ocasión, y le pregunté: "¿Cuántos años tenías cuando comenzaste a usar drogas?" Y me dice que tenía seis años. "¿Dieciséis?" "No, seis". "¿Cómo seis? Tú a los seis años no sabes ni lo que son drogas". "No, pero mi padre era drogadicto y me las inyectaba". Él fue hecho adicto antes de saber lo que era una droga. Y ese día yo recuerdo a Dios hablarme a mi interior y decirme: "Para que no sigas hablando de lo que tú no sabes ni conoces".
Si tú solamente lees la historia de los personajes de la Biblia y no te pones en sus sandalias, no tratas de vivir la experiencia como ellos la vivieron y no tratas de ver a Dios detrás de eso, eso no te va a transformar. Nosotros vamos a la Biblia para descubrir las profundidades del carácter de Dios, porque cuando yo descubro la profundidad del carácter de Dios, descubro las superficialidades del mío. ¿Me entendieron? Cuando yo descubro las profundidades del carácter de Dios, yo descubro cuán superficial el mío es.
Nosotros tenemos que ir a la Biblia para descubrir a Dios. Nosotros tenemos que dejar de ir a la Biblia a buscar fórmulas para cómo criar mis hijos, para cómo tener un noviazgo, para cómo regular mi matrimonio, para cómo calmar la ansiedad. Todo eso se puede dar, pero ¿tú sabes cuándo se da? Cuando tú vas a la Biblia a buscar a Dios, a encontrar a Dios, a descubrir a Dios, y tú ves a Dios, y ese Dios que tú ves te transforma de gloria en gloria, contemplando como en un espejo su gloria, y tú comienzas a parecerte a Él. Entonces de repente tú sabes cómo criar tus hijos, cómo tener un mejor matrimonio, tú sabes cómo calmar la ansiedad, porque ahora tú te estás pareciendo más a Él y menos a lo que tú eras. La Biblia no es un libro de fórmulas, es un libro de revelación del carácter de Dios. Tenemos que ir ahí a descubrir quién Dios es, y entonces podremos ser testigos de lo que hemos visto y oído.
Si acaso tú tienes alguna duda de que nosotros fuimos dejados aquí para ser testigos de su gloria o testigos de su causa, escucha 1 Pedro 2:9. Tú lo conoces tan bien como yo: "Pero vosotros sois linaje escogido". ¿Te imaginas eso? Tú eres una raza escogida. Tú ni siquiera pertenecías a la familia de Dios, tú eras extraño a los pactos, tú estabas fuera del jardín. Yo te había expulsado junto con tus progenitores y sus descendientes. Y te hice real sacerdocio. Entonces algo muy real es ser sacerdocio, es ser sacerdocio porque tú puedes interceder ante Dios, y eres real porque tiene que ver con el Rey. Tú eres un real sacerdocio y eres una nación santa. Te han purificado, te han santificado. No es para que ahora quieras regresar a vivir en los mismos pecados de donde yo te saqué y para el cual yo te limpié. Pueblo adquirido para posesión de Dios. ¿Te imaginas un pueblo que Dios adquiera para su posesión y luego entonces quiera ensuciarse otra vez, después que Dios lo limpió?
Y entonces escucha lo que Dios dice para qué, porque claramente Dios revela: "A fin de que..." Este es el propósito. ¿Para qué fue que te hice nación santa? ¿Para qué fue que te hice linaje escogido? ¿Para qué fue que te hice real sacerdocio? "A fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". Para que lo anuncies, para que reflejes las virtudes, no los vicios de la carne, no los vicios del enemigo, las virtudes de aquel que te sacó del fango y te llevó a la luz y te limpió. Hermanos, todos nosotros tenemos que convertirnos en mejores testigos de sus virtudes.
Si usted sabe, hay un sentido en que el mundo está cansado de buenos sermones. Usted sabe cómo es: alguien te manda un link y te dice: "Fue un excelente sermón que yo oí", y para cuando tengo tiempo, tú nunca abres el link. El mundo está cansado de buenas charlas. "¿Cómo fue la conferencia?" "Muy buena". "¿De verdad?" "Sí, estuvo buena, pero no hubo nada nuevo, pero fue bueno". Está cansado de las citas bíblicas que nos mandamos, de los devocionales que nos mandamos, que a veces lo enviamos hasta sin leerlos. Está cansado de las citas de grandes hombres de Dios. Sobre todo si dice "Spurgeon dijo..." Lo que el mundo está esperando es ver hombres y mujeres que son cambiados por los sermones que nos enviamos, por las citas bíblicas que nos enviamos, por las citas de los grandes hombres de Dios que nos enviamos, por los devocionales que nos enviamos. Es lo que el mundo necesita ver para que podamos ser testigos de lo que hemos visto y oído.
Henry Varley fue un evangelista británico usado por Dios en avivamiento, y él decía: "El mundo aún espera ver lo que Dios puede hacer con y a través de un hombre totalmente rendido a sus pies". Se cita frecuentemente esa frase atribuida a D. L. Moody. No es de D. L. Moody; D. L. Moody le escuchó de Varley en una conversación privada y se le ha atribuido a Moody. Pero el mundo está esperando ver lo que Dios puede hacer con un hombre, como Pablo, rendido completamente a sus pies. Cuando tú abres el libro de los Hechos, es lo que te encuentras: hombres rendidos a sus pies que transformaron el mundo con la cabeza para abajo, en buen dominicano, con las patas para arriba.
Y finalmente, punto número cuatro: la protección del Señor sobre la vida de Pablo, el versículo 17 al 21.
Y aconteció que cuando regresé a Jerusalén y me hallaba orando en el templo, caí en un éxtasis. Y vi al Señor que me decía: "Presúrate y sal pronto de Jerusalén, porque no aceptarán tu testimonio acerca de mí." Y yo dije —es Pablo ahora—: "Señor, ellos saben bien que en una sinagoga tras otra yo encarcelaba y azotaba a los que creían en ti. Y cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, ahí estaba yo dando mi aprobación y cuidando los mantos de los que lo estaban matando." Pero Él me dijo: "Ve, porque te voy a enviar lejos, a los gentiles."
Esto es lo que yo les estoy diciendo. Pablo, vete de Jerusalén, vámonos, se acabó tu tiempo, no van a escuchar tu testimonio. Y esto es lo que Pablo está diciendo: "Señor, yo creo que sí, yo creo que lo pueden escuchar, porque ellos saben que yo iba de sinagoga en sinagoga buscando cristianos, aquellos que creían en ti, para castigarlos, para apresarlos. Claro que van a creer, claro que van a creer en mi testimonio." Y Él le dice: "No, no, no, Pablo, tienes que salir, no van a creer, vámonos. Te van a encarcelar, yo te voy a enviar lejos, te voy a enviar a los gentiles. Pero en cuanto a esta gente, no puedes prestar atención a lo que ellos digan, no puedes tener esperanza de que ellos van a creer en lo que tú tengas que compartir con ellos."
¿Y sabes por qué? Porque yo puedo tener la evidencia de que tú eres esa persona y la evidencia de que tú fuiste transformado de una forma extraordinaria, pero sabes que el hombre no cree por falta de evidencia. El hombre no cree por falta de sumisión a un Dios a quien él tiene que rendirle cuentas. Ahí está la revolución sexual de nuestros días, que cada cual quiere poder ejercer su hegemonía sobre su vida. El hombre quiere hacer lo que quiere hacer, aunque en el camino, escúchame, se lleve medio mundo y destruya el suyo. Ahí está el registro público. Voy a decir eso otra vez porque es triste: el hombre quiere hacer lo que quiere hacer, aunque en el camino se lleve medio mundo y destruya el suyo.
Esaú cambió su primogenitura por un plato de lentejas, por una sopita, ni siquiera por un cocido o un sancocho, un plato de lentejas. Saúl perdió su reino porque en su impaciencia ofreció un sacrificio que no le estaba permitido, y el texto dice que tan pronto él terminó de ofrecer el sacrificio se apareció Samuel. ¿Sabes lo que Dios hizo? Dios retuvo a Samuel unos minutos, solamente para poner en evidencia la rebelión de Saúl. Y hermano, lo peor que te puede pasar a ti y a mí es que Dios nos use de escarmiento para su pueblo. Lo peor que te puede pasar a ti y a mí es que mi desobediencia sea usada por Dios para hacer a su pueblo escarmentar en un área.
David perdió su familia completa en un acto de placer corto. La familia entera, jamás volvió a tener paz. Porque el hombre hace lo que quiere hacer aunque en el camino se lleve medio mundo y destruya el suyo. Para el hombre es más importante llenar sus deseos que hacer la voluntad de Dios. Para el hombre es más importante llenar sus deseos que hacer la voluntad de Dios, a sabiendas —y les hablo incluso de cristianos— a sabiendas de que la voluntad de Dios siempre le traerá bendición y la desobediencia a la voluntad de Dios siempre le traerá destrucción tarde o temprano.
Porque como estaba tuiteando en el día de ayer, era mi devocional de la mañana con respecto a la ideología de género y la revolución sexual, pero es lo mismo. La razón por la que la desobediencia a la voluntad de Dios siempre trae destrucción es porque Dios ha jurado que nadie se burla de Él. Te puedes esconder, te puedes ocultar, puedes mentir, como está ocurriendo con la ideología de género, puedes tramar cosas detrás de bastidores, puedes sentir textitos, pero mis ojos penetran la oscuridad —desde el Salmo 139— como si fuera el día. Para Él no hay diferencia entre el día y la noche. Mis ojos ven todo lo que ocurre en el reino de los hombres. Y es la razón por la que Dios concluye y dice: el que siembra para la carne, de la carne cosechará; el que siembra para el Espíritu, con el ánima y escuela del Espíritu cosechará.
Pero testigos de Jesús, verdaderos testigos de Jesús someten su mente, su corazón, su voluntad a los propósitos de Dios aunque les cueste lo que les cueste, aunque pierdan lo más preciado. Y esa es la razón por la que el pastor Pablo, cuando le escribe a los filipenses, les dice: "Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo." Todo lo que pudiera tener valor, absolutamente todo, lo perdí con el fin de ganar a Cristo. Y comparado con Cristo es pura basura.
Amados, nosotros no somos Pablo, pero somos testigos. Nosotros no estamos viviendo en cualquier tiempo. Quizás el mensaje de cierre de "Por Su satisfacción" te da una idea de dónde estamos viviendo. Nosotros estamos viviendo en uno de los tiempos más difíciles de la civilización. Esto no es tiempo para jugar a ser cristiano. Esto no es tiempo para jugar a ser medio santos. Este es tiempo para ser hombres y mujeres completamente sometidos a la dirección de Dios, a la voluntad de Dios, al más alto costo posible.
Y si no lo quieres hacer por ti, yo te ruego en el nombre de Cristo que lo hagas por tu familia, por tu esposa, por tu esposo, por tus hijos, por tus nietos. Esta posiblemente pudiera ser la hora final de la iglesia. No estoy hablando de cinco años necesariamente, pero esta pudiera ser la hora final de la iglesia de Cristo. Que Dios nos lleve a que pensemos en la responsabilidad de ser testigos enviados para reflejar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz, y nunca más considerar repetir las obras de las tinieblas.