Integridad y Sabiduria
Sermones

Perseverando en la verdad

Miguel Núñez 4 julio, 2010

La verdad que Dios deposita en sus hijos produce amor genuino hacia otros creyentes y se traduce en una vida de obediencia. Esta es la conexión que el apóstol Juan establece en su segunda carta, donde expresa profunda alegría al saber que algunos de los destinatarios están "caminando en la verdad". Caminar en la verdad no es simplemente creerla, predicarla o defenderla, sino vivir controlado por ella, donde ya los sentimientos, las emociones o las agendas personales no determinan las acciones, sino Dios y su Palabra.

Juan define el amor de manera sorprendente: no en términos emotivos ni de atracción, sino como obediencia a los mandamientos de Dios. "Este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos". Cristo amó al Padre perfectamente y por eso obedeció perfectamente. El grado de obediencia habla del grado de madurez en el amor. Como ilustra 1 Corintios 13, el amor se define en acciones concretas: ser paciente, no buscar lo propio, no portarse indecorosa­mente.

La carta también advierte contra los engañadores que niegan la encarnación de Cristo. Juan es severo: quien no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios. Cada generación enfrenta su propio espíritu de error; en el primer siglo fueron los gnósticos, hoy es el relativismo posmoderno. El pastor Núñez ilustra cómo lo que toma mucho tiempo edificar puede derrumbarse en momentos: una casa que tardó meses en construirse puede demolerse en diez horas. Así ocurre con la verdad y la vida moral. Por eso la advertencia: "Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado".

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a la segunda carta de Juan! Para darle continuación a la primera carta que terminamos la semana pasada, vamos a leer todo el texto.

"El anciano a la señora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no solo yo, sino también todos los que conocen la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros y que estará con nosotros para siempre. Gracia, misericordia y paz serán con nosotros de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me alegré al encontrar a alguno de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiendo un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio: que nos amemos unos a otros. Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento, tal como lo habéis oído desde el principio, para que andéis en él. Muchos engañadores han salido al mundo, los que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis una abundante recompensa. Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis, pues el que lo saluda participa en sus malas obras. Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no quiero hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que vuestro gozo sea completo. Te saludan los hijos de tu hermana escogida."

Bueno, terminamos la semana anterior la primera carta de Juan, y habíamos dicho que vamos a tratar de continuar esa teología de Juan los próximos domingos. Yo creo que posiblemente hoy y el próximo serán los únicos necesarios para cubrir estas dos cartas, porque en gran manera los temas tratados ya han sido tratados por Juan en su primera epístola. Juan está resumiendo, revisando y ampliando algunas cosas que ya él dijo, de manera que los detalles quizás podemos economizar, en vista de que nos pasamos veinticinco sermones en su primera carta.

Eso quizás lleve a algunos a preguntarse: "Bueno, pero si ya revisamos esa primera carta, y Juan sabía que ya lo había dicho todo en una anterior, ¿para qué escribir dos más?" Y aunque no nos dice la razón, yo creo que es más o menos obvio que él está escribiendo a audiencias y destinatarios diferentes. Por tanto, él simplemente está resumiendo para estos otros destinatarios algo que ya había dicho en la primera, y quizás enfocando algunas cosas desde otro ángulo.

El destinatario de esta carta es lo que ha causado mayor controversia, porque se habla de una señora de la que nadie está seguro de quién es. Antes de hablar de eso, yo quiero dividir la carta en tres secciones: la salutación, el mensaje y la conclusión.

En la salutación, él comienza identificándose como el anciano, siendo realmente el último de los apóstoles sobrevivientes. Pero eso no nos debe llamar la atención, porque en el primer siglo los apóstoles verdaderos no tenían tanto interés en que se les reconociera como apóstoles; todo el mundo sabía quiénes eran. Pedro, por ejemplo, en su primera carta —1 Pedro 5:1— se identifica también como anciano. La palabra "anciano" pudiera significar alguien de cabello cano, alguien avanzado en edad, pero no necesariamente. El hecho de que Juan use el artículo definido "el anciano" probablemente hace referencia a su condición de liderazgo sobre la iglesia. Algunos han ido incluso un poco más allá y han dicho que el hecho de que Juan hable de "el anciano" y no "uno de los ancianos" probablemente refleja el hecho de ser la cabeza de los ancianos de esa iglesia.

Esos detalles no están así dichos; son interpretaciones de lo que aparece aquí en la carta. Pero el título de anciano no es lo que ha causado discusiones, controversias y especulaciones, sino la frase "a la señora elegida." Aquí hay varias posiciones que han sido consideradas. Yo creo que de este lado de la gloria no vamos a saber cuál de ellas es la correcta, pero quiero mencionarlas a manera de introducción.

Algunos piensan que Juan escribió esta carta literalmente a una señora y a sus hijos, como dice. Otros dicen que la palabra "elegida" —porque habla de la señora elegida; en el griego es Eklektē— quizás era el nombre de esa señora, de manera que Juan le estaría escribiendo a la señora Eklektē y a sus hijos, y la carta habría ido a una familia en particular. Pero otros dicen: "No, no creemos que el lenguaje que Juan usa en algunos de los versículos de esta carta sería apropiado para una familia. Creemos que esto es más apropiado para una iglesia o un grupo de discípulos pertenecientes a una iglesia, de manera que esto pudiera ser un seudónimo usado por Juan para esconder o no identificar una iglesia en particular a la que él está escribiendo." Debido a la persecución de sus días, quizás eso es lo que Juan estaba tratando de hacer.

Y lo dicen porque algunas de las frases, algunas de las fraseologías en los versículos que les voy a leer, son más típicas de una carta escrita a una congregación en particular. Por ejemplo, el versículo 6 nos dice: "Andemos conforme a sus mandamientos", en plural; eso es más común oírlo cuando los apóstoles le estaban escribiendo a discípulos en general, que nos sirve incluso para nosotros hoy en día: "Andemos conforme a sus mandamientos." El versículo 8 dice: "Para que no perdáis lo que hemos logrado." Bueno, ¿cuánto había logrado esta familia en favor de la causa para escribirle una carta tan personal? Entonces otros dicen: "Es que no fue escrito a una familia, sino a la iglesia, y es que nosotros, la iglesia, hemos logrado tanto que podemos perderlo tan rápidamente." Y luego en el versículo 10 leemos que Juan dice: "Si alguno viene a vosotros", y más adelante dice: "Quiero ir a vosotros", que eran formas de hablarles a discípulos e iglesias locales usualmente. No tiene que ser así, pero usualmente.

Entonces eso ha llevado a algunos a pensar: "No, esto es una iglesia, una congregación local. Juan está usando un seudónimo como se usaba en ocasiones para esconder su identidad y protegerla debido a la persecución de sus días." Algunos dicen entonces: "¿Pero por qué referirse a la iglesia como una señora, en términos femeninos?" Pero eso no nos debe sorprender, porque por un lado, ¿quién es la novia de Cristo? La iglesia. Por otro lado, cuando Dios se refería a Israel en el Antiguo Testamento, en Isaías en particular, usó varias terminologías femeninas. En Isaías 47:1, Dios le llama a Israel "una virgen." En Isaías 52:2 le llama "hija de Sion." En Isaías 54:1 le llama "madre." En Isaías 54:4 le llama "viuda."

De manera que si ponemos todo eso junto, no sería tan descabellado pensar que Juan pudiera referirse a una iglesia a través de un seudónimo, y que ese seudónimo sea "la señora escogida." Otros han dicho: "Bueno, la palabra 'escogida', si es una señora en particular, tampoco sería fuera de lo común, porque en el primer siglo la gente no tenía tantos problemas con referirse a los hijos de Dios como elegidos." De manera que Juan estaría haciendo uso de algo que era común en esa época para decirle: "Yo sé, señora, que usted es una de las elegidas de Dios."

Ahí están las dos posiciones: la carta fue enviada a una señora y a sus hijos, o la carta fue enviada a una iglesia y a sus discípulos. Pero no importa a quién fue enviada; yo creo que hay cosas que podemos aprender de la carta independientemente de quién haya sido su destinatario.

Lo primero que Juan dice, cuando se refiere a la señora escogida y a sus hijos, es: "A quienes amo en verdad, y no solo yo, sino también todos los que conocen la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros." ¿Escuchaste cuál es la razón que Juan da en esta carta para amar a esta gente a quienes él escribió? A diferencia de Pablo, por ejemplo, que en ocasiones se refería a personas que arriesgaron su vida por él, Juan no está diciendo que esa es la causa del amor que tiene por ellos. Sino que él dice que ama a esta gente profundamente en verdad, y a causa de la verdad que está en nosotros. En otras palabras: "La verdad que Dios ha puesto en mí ha causado algo en mí que me ha hecho amarlos a ustedes, que también recibieron la verdad y en cuya vida la verdad también hizo un trabajo."

Y eso es consistente con algo que el propio Juan nos había dicho en su primera carta, en 1 Juan 4:7, donde él dice: "Todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios." En otras palabras, la verdad que los hizo nacer de nuevo a ustedes es la verdad que me hizo nacer de nuevo a mí, y todo el que nace de nuevo ama. Eso es lo que Juan nos dice en su carta anterior, y quizás es la relación que está tratando de establecer entre el amor y la verdad.

Hay una relación que la Palabra de Dios establece en la fe cristiana con múltiples conceptos, y aquí viene el primero: la relación entre amor y verdad. Algunos, lamentablemente, han comprometido la verdad porque dan un énfasis primario al amor por encima de la verdad. Y tú no puedes hacer eso; tú no puedes amar a expensas de la verdad, no la puedes diluir, no la puedes debilitar. Pero tampoco la puedes divorciar del amor. Porque lo que la Palabra de Dios nos ha mandado a hacer es amar al hermano a través de la verdad, de tal forma que ese amor a través de la verdad a veces resulta en consolación y otras veces resulta en confrontación, exactamente como Dios lo hace con nosotros.

De manera que Juan nos está diciendo que él ama a esta gente por la verdad que Dios ha puesto en él, estableciendo una relación entre amor y verdad. Más adelante veremos otras relaciones. Y él continúa diciendo: "Gracia, misericordia y paz sean con nosotros de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor."

Gracias, misericordia y paz. Por gracia yo recibo el cielo; por misericordia yo no voy al infierno. Son dos conceptos hermanados, pero no iguales. Yo creo que les ilustré una vez de esta manera: si yo estoy en la cárcel y soy indultado por el presidente, yo acabo de recibir misericordia, me han perdonado. Si el presidente luego me llama a trabajar para él, yo acabo de recibir gracia encima de misericordia. De manera que la misericordia me evita algo que yo merezco, como el infierno; la gracia me da algo que yo no merecía, como el cielo.

Los ángeles que no han caído han experimentado la gracia de Dios, pero no han experimentado la misericordia, porque ellos no han caído para ser perdonados. Nosotros hemos sido receptores tanto de gracia como de misericordia. Y eso nos da una idea de que estos dos conceptos —perdón, gracia y misericordia— son los que han resultado en paz en nosotros. Y ahí están los tres términos que Juan relaciona e interrelaza: misericordia, gracia y paz. Algo que Pablo hace también cuando le escribe a Timoteo. Usualmente las cartas de Pablo comenzaban con un "gracia y paz a vosotros", pero cuando le escribe a Timoteo le habla de gracia, misericordia y paz, igual que Juan hace en esta ocasión, de manera que era un saludo más o menos conocido entre ellos a la hora de escribir cartas.

Y luego él continúa. Todo eso era mi comentario acerca de la salutación, pero ¿qué es lo que Juan quiere decirle a esta gente en esta carta? Comienza diciendo lo siguiente: "Mucho me alegré al encontrar a algunos de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre." Nótese cómo Juan dice "mucho me alegré al saber que algunos de tus hijos" —no todos, pero algunos— estaban caminando, andando en la verdad.

Yo quería aprovechar la ocasión para decirles que no hay nada que alegre más el corazón de un pastor que ama a sus ovejas que ver a sus ovejas caminar en la verdad. Y de la misma manera, no hay nada que haga doler y llorar más el corazón de un pastor que ver ovejas que él ama desviarse y cosechar consecuencias producto de pecados en los que han incurrido. Antes de que Dios me hiciera pastor, más de una vez yo resistía la idea de que el pastorado es muy solitario, a pesar de que el pastor vive siempre rodeado de personas. Pero esa idea se confirmó cuando Dios me hizo pastor, porque solamente Dios es testigo de las lágrimas derramadas en su presencia por múltiples situaciones de la vida pastoral. Solamente Dios es testigo, en ocasiones, de la congoja que quizás solamente Él tiene el interés de ver.

Pero las gracias que Juan en esta ocasión está dejándonos ver revelan un lado pastoral de su corazón, y es: "¿Sabes qué? El hecho de saber que algunos de tus hijos están caminando en la verdad es un refrigerio para mi corazón. Es como agua fría en medio del desierto." Y de esa manera tú puedes ver el corazón de Juan. Él habla entonces de qué es lo que lo alegra. No dice que lo que le alegra es que están creyendo la verdad, predicándola o defendiéndola. Andar en la verdad no es lo mismo que creer, predicarla y defenderla; tú puedes creer, predicarla y defenderla y no andar en ella. Lo hemos visto múltiples veces.

De manera que la idea de Juan es que esta gente, estos hijos a los que se está refiriendo, están practicando algo que ellos conocen, que ellos quizás predican, que ellos quizás profesan, pero que no se queda en la creencia, sino que ha llegado a ser parte de su vida. Entonces la pregunta sería: ¿qué es caminar en la verdad? Bueno, pudiéramos decir diferentes cosas, pero yo creo que la manera más fácil de resumirlo es: vivir controlado por la verdad. Donde ya mis sentimientos no determinan lo que yo hago, mis emociones no determinan lo que yo hago, mi agenda no determina lo que yo hago, el mundo alrededor mío no determina lo que yo hago; Dios y su Palabra controlan lo que yo hago. Y eso sería caminar en la verdad.

La Palabra de Dios nos manda continuamente a caminar con ciertas características. Nos habla de caminar por fe y no por vista, en 2 Corintios 5:7. De manera que hay un elemento de confianza que yo tengo que depositar en Dios; yo no necesito todos los datos alrededor continuamente para tomar decisiones, porque entonces no es una vida de fe. La Palabra de Dios nos manda a caminar por el Espíritu, Gálatas 5:16, y no por la carne, lo que implica que ahora la verdad controla mi caminar, mis acciones, mis sentimientos, mis emociones, mis relaciones y mis reacciones. Eso es caminar en el Espíritu o por el Espíritu.

La Palabra de Dios nos manda a caminar como es digno del Señor, en Colosenses 1:10; a andar como hijos de la luz, en Efesios 5:8, de manera que quede claramente distinguida la diferencia entre quienes son hijos de la luz e hijos de las tinieblas. Y finalmente, a andar sabiamente, en Efesios 5:15, lo que implica conocer esta verdad e interiorizarla hasta el punto de que ahora esta verdad encuentra su aplicación en mi vida, dentro del contexto de la iglesia local donde Dios me ha puesto y de la comunidad donde Dios me ha llamado a vivir. Entonces yo camino sabiamente conforme al llamado hecho por Dios, en ese momento, en ese lugar, para esa persona. Y Juan dice: "¿Cuánto me alegra saber que algunos de tus hijos están caminando en la verdad?"

Versículo 5: "Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio: que nos amemos unos a otros. Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento, tal como lo habéis oído desde el principio, para que andéis en él." Juan vuelve otra vez a enfatizar la necesidad de que tenemos que amarnos unos a otros, algo que repitió más de una vez en la carta anterior y a lo cual le dedicó múltiples versículos. Pero él vuelve a recalcar, si se quiere, esta gran verdad, y le dice a esta señora o a esta iglesia: "Sabes que, después de todo, este mandamiento no es nuevo; esto es algo de lo cual hemos hablado en otras ocasiones. Desde el Antiguo Testamento se venía hablando la necesidad de amar."

Pero hay algo en este texto que sí llama la atención, y es la definición que Juan da de lo que es amar. Escucha lo que dice el versículo 6: "Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos." Juan no define el amor en términos emotivos, en términos emocionales, en términos de atracción. Porque Dios nos ha amado, y yo no sé qué vio Dios en nosotros cuando nos amó. No sé si usted se ha visto últimamente en el espejo espiritual por dentro, pero ahí no hay nada que a Dios le diga "¡qué gente más atractiva!", y mucho menos cuando vivíamos en el mundo; y sin embargo Dios nos amó.

Juan está estableciendo una relación similar entre amar y obediencia. Cuando Dios estableció una relación con su pueblo en el Antiguo Testamento le dio una ley, le llamó los Diez Mandamientos. Pero resulta que esa ley que estableció un vínculo con el pueblo comienza con un mandamiento de amor: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu fuerza." Y como bien dice J. B.

Festo, en su libro acerca de los diez mandamientos, cuando nosotros desobedecemos simplemente hemos roto el vínculo de amor que Dios ha establecido con su pueblo. De manera que el grado de obediencia a Dios habla del grado de madurez del amor hacia Dios; el grado de desobediencia hacia Dios habla del grado de inmadurez de mi obediencia a Dios y de la calidad de ese amor. Como Cristo, el Hijo, amó al Padre perfectamente, Cristo, el Hijo, obedeció al Padre perfectamente. El amor perfecto obedece perfectamente. Nosotros no lo tenemos, ninguno de nosotros, y eso es exactamente lo que Cristo también mostró: la relación entre amar y obedecer.

Lo hablamos la semana pasada: "Si me amas, pues obedece mi mandamiento." Y yo creo que eso nos da a nosotros otra dimensión de lo que es realmente amar y, sobre todo, amar a nuestro Dios. Los hijos, con relación a sus padres, le pueden decir: "Yo te amo, yo te quiero", pero si sus acciones hacia ellos no lo muestran, ellos no les van a creer, porque el amor se traduce en acciones.

No hay nada tan mal entendido como lo que es el amor o la definición de amar. Aun cuando hablamos de Dios, cuando tú llegas a 1 Corintios 13, te encuentras que en el original el amor está definido en términos de acciones, no de emoción ni de sentimiento. No de cuánto me atrajo algo, sino de acciones. La palabra de Dios en 1 Corintios 13 me dice que el amor es paciente: eso es una acción, yo tengo que esperar. La palabra de Dios me dice que el amor no es jactancioso, no es arrogante: eso es otra acción, yo tengo que humillarme. La palabra de Dios dice que el amor no se porta indecorosa­mente: portarse bien o mal es una acción. El amor no busca lo suyo: buscar es una acción. No busca lo suyo porque no se trata de mí; si yo quiero amarte a ti, no tiene nada que ver conmigo, tiene que ver contigo. Por tanto, yo tengo que buscar lo tuyo y no lo mío.

Y eso es lo que Dios dice: "Sabes que tu amor por Mí tiene que ver con Mí; tú tienes que amarme a Mí, por tanto tú no debes buscar lo tuyo sino lo Mío." Y entonces nosotros comenzamos a tener un mejor entendimiento de lo que verdaderamente es amar: es accionar en dirección de la verdad, en dirección de Dios, en dirección de sus propósitos y conforme a los mandatos de Dios.

Ahora bien, una vez Juan pasa de describir brevemente lo que implica amar —la relación entre amor y obediencia—, comienza entonces a volver a la carga otra vez con relación a lo que es su verdad y la defensa de su verdad. Y eso es lo que nosotros vemos a partir del versículo 7. Mira cómo le dice: "Pues muchos engañadores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa. Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda participa en sus malas obras."

Juan vuelve a traer a la memoria el grupo de personas llamadas gnósticos, que mencionamos múltiples veces en su primera carta, quienes negaban que Cristo había venido en la carne. Cada generación tiene su propio anticristo con que luchar; eso ha sido así desde el primer siglo. En aquella ocasión eran los gnósticos. En el día de hoy, el espíritu con el que estamos luchando es el espíritu relativista del posmodernismo, y eso no va a terminar hasta que Cristo regrese, porque Satanás, conforme a las maquinaciones de cada siglo, de cada momento, inventa sus engaños y sus mentiras.

En el siglo XIX la historia fue otra. En el siglo XIX la ortodoxia se mezcló con la intelectualidad, y lo que eso produjo fue una teología liberal. Algo que comenzó con un puñado de personas terminó en una teología liberal donde nadie creía ya en las cosas sobrenaturales de la Palabra ni en los milagros de Cristo, sino que simplemente, llamándose cristianos, se quedaban con la enseñanza moral y social de Cristo. Lo increíble es que donde eso comienza es en la cuna de la Reforma, en Europa, donde por trescientos años el continente tuvo la fe cristiana y experimentó grandes avances, y en cuestión de muy pocos años se erosionó la fe. Eso produjo todo el bastión liberal de Europa que la ha sumergido en un cementerio espiritual y eventualmente arrastró a Estados Unidos y Canadá consigo.

Déjenme darles algunas informaciones recientes. Yo quiero ser sensible con aquellos de ustedes que pudieran ser norteamericanos en esta congregación; mi esposa lo es, y por naturalización yo también lo soy, de manera que no tengo nada en contra del país. Pero en el año 1952, Harry Truman aprobó el Día Nacional de Oración. En junio 28 del año 2006, mientras Barack Obama era candidato presidencial para los Estados Unidos, él declaró que la nación norteamericana ya no era simplemente una nación cristiana, y lo dijo de una manera muy diplomática: "Ya nosotros no somos lo que antes éramos; nosotros somos una nación judía, una nación musulmana, una nación de no creyentes." Y aunque eso pudiera parecer una afirmación relativamente benigna, la realidad es que los pasos se han venido dando, demostrando que ciertamente hay un nuevo movimiento de esa nación, liderado desde la oficialía, para alejarse cada vez más de los valores cristianos.

En septiembre 25 del año pasado, 2009, justo al lado de la Casa Blanca, el presidente Barack Obama se reunía con líderes musulmanes para honrar a su dios, y hay fotos incluso del presidente quitándose los zapatos para arrodillarse junto con este grupo de personas. Mientras tanto, este año el presidente Barack Obama sacó de la Casa Blanca la celebración oficial del Día Nacional de Oración, de manera que tuvo que celebrarse en otro lugar, mientras que al lado de esa Casa Blanca él se había reunido con líderes musulmanes apenas unos meses atrás. El presidente tampoco asistió a esta celebración. De manera que nosotros hemos comenzado a ver el distanciamiento de Dios y el deterioro de esa nación.

Y eso es lo que ha llevado a algunos líderes, como el pastor John MacArthur —pastor de una de las iglesias más conocidas en California, pastor por cuarenta años— a predicar dos mensajes distintos hablando de cómo él entendía que la nación norteamericana había sido abandonada por Dios. Uno de sus mensajes, conocido en inglés como *When God Abandons a Nation* —o "Cuando Dios abandona una nación"—, y el otro mensaje predicado con el nombre de *A Nation Abandoned by God* —o "Una nación abandonada por Dios"—. Posteriormente publicó un librito con el nombre de *Can God Bless America?* —"¿Puede Dios bendecir a América?"—, en el que concluía también que para que Dios bendijera a una persona o a una nación, la nación tendría que arrepentirse, y no veía a la nación norteamericana en actitud de arrepentimiento.

Hace apenas unas tres semanas, hablando con el pastor John Piper —muy conocido también en los Estados Unidos—, me comentaba con mucha tristeza cómo él entendía, al igual que John MacArthur, que Dios había terminado con los Estados Unidos. Esas no son mis palabras. Eso no implica que no haya iglesias haciendo un buen trabajo en Estados Unidos; no implica que no haya líderes predicando la verdad allá. Lo que eso implica es que, si eso es cierto, se debe a que la población ha dejado de escuchar las voces de los líderes que están ahí, del pueblo que está ahí viviendo correctamente y que no ha querido escuchar su mensaje. Y la conclusión de estos líderes y de otros es: "Cristianos, América perdió el derecho de guiar a las naciones moralmente; nuestra cultura no puede guiar a las naciones ya."

Y como yo les explicaba a un misionero norteamericano al final del culto anterior, Dios nunca ha trabajado con una nación o con un área permanentemente; esa es la historia de la evangelización. Los judíos en ese momento, luego los gentiles; a partir de ahí, prácticamente nada con los judíos. Europa estaba siendo evangelizada; América Latina y África estaban muertas espiritualmente y nada de Dios se estaba moviendo ahí. Estados Unidos y Canadá vivieron y experimentaron grandes avances; América Latina y África estaban muertas, Europa se muere —menos del uno por ciento de los españoles son cristianos—, Estados Unidos está agonizando, y América Latina y África han comenzado a despertar. Esa es la historia de la ola de Dios. La pregunta es: ¿quién va a liderar a quién, y qué vamos a copiar?

La razón por la que mencioné eso es la siguiente: yo quiero establecer esta relación. Juan dice: "Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado." ¿Tú sabes cuánto había logrado Estados Unidos, y cuánto está perdiendo o ha perdido? Estados Unidos ha sido la nación responsable por el noventa y cinco por ciento de los misioneros globalmente, y ver la nación derrumbándose es impactante.

Siempre ha habido voces alertadoras. Antes de que ocurriera el derrumbe económico de los dos que han ocurrido en los últimos diez años, todo el mundo estaba sorprendido y en choque. En el año 1991, Larry Burkett, antes de morirse, publicó un libro llamado *El terremoto económico que se avecina*, en medio de una bonanza económica, porque la economía norteamericana creció por diez años corridos en los años noventa. Y en medio de eso, al comienzo de esa década, él predice un colapso y le dice: "Hay un terremoto económico que se avecina." Este libro lo pueden encontrar en Amazon si lo quieren buscar. ¿Por qué? Porque las condiciones morales nos van a llevar a eso, no importa lo que la balanza diga, no importa lo que los reportes digan. Solamente pocos visionarios pueden ver lo que se avecina y las consecuencias de las acciones en un momento dado.

"Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado." ¿Tú quieres saber qué tan rápido se pierde lo que has logrado? Dios invirtió por seis días full.

Dios, la Trinidad entera, encarnó un universo de millones de galaxias y tardó en arruinarlo en segundos, como una mordida. Tú puedes creer que Dios crea en seis días, a tiempo completo, toda una creación, y en unos segundos Adán y Eva arruinan lo que Dios había logrado en seis días completos. Esa es la naturaleza del error: la mentira y el pecado erosionan las bases de aquello que se ha construido, y todo entonces se derrumba.

Por eso se llama a la iglesia columna y baluarte de la verdad. La columna hace alusión a un sostén, un soporte; baluarte hace alusión a una protección. De manera que la iglesia necesita sostener la verdad y proteger la verdad. Es la razón por la que miles, millones de personas han dado su vida para defender esta verdad. Es la razón por la que Judas nos dice que debemos contender ardientemente por la verdad. Nota las palabras: contender ardientemente por la verdad, porque si no lo hacemos, como otras generaciones anteriores lo han hecho, entonces todo se ha terminado. Se ha tenido un ataque campal en contra de la Palabra de Dios, y llevan mucho tiempo haciendo eso.

Mira cómo Juan continúa. Ahora dice: "Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo." Cristo sigue siendo la piedra angular. El que no tiene al Hijo no tiene nada. Tú puedes tener al Padre en tu enseñanza, tú puedes tener al Espíritu en tu enseñanza, puedes tener la vida en tu enseñanza, puedes tener la comunión, tú puedes tener la Palabra, pero si tú no tienes al Hijo bien colocado como el único camino, como el único intercesor entre Dios y el hombre, si tú no tienes a Cristo como el único camino de salvación, tú no tienes al Padre ni al Hijo ni al Espíritu ni la Palabra tampoco. No tienes la verdad. No tienes nada. Eso es lo que Juan está diciendo: si tú no tienes al Hijo correctamente, entonces no tienes nada.

Lamentablemente, Satanás ha tratado de derrumbar, de rocar, de destruir a Cristo y sus enseñanzas desde el primer día. Desde Génesis 3:15, desde que Satanás oyó a Dios decir que la descendencia de la mujer heriría en la cabeza, desde ese momento Satanás ha trabajado para destruir los planes de Dios. Cuando Cristo nace, trató de matarlo con una matanza de todos los niños menores de dos años de edad. No lo logró. Cuando Cristo iba a iniciar su ministerio, se fue al desierto, y antes de irse a predicar, Satanás lo enfrenta cara a cara y le ofrece todos los reinos de este mundo, porque necesitaba destruirlo. Tú estás supuesto a herirme en la cabeza; yo tengo que evitar eso. Pero no lo logró. Cuando ya Cristo se avecinaba a la cruz, trató de pararlo usando a Pedro, pero no lo logró.

Pero ya Cristo murió, murió por nuestros pecados, nos ha perdonado, resucitó y está a la diestra del Padre. Ya no puede hacer nada con Cristo, pero sí puede hacer algo con sus enseñanzas, y eso es lo que ha tratado de hacer. De tal manera que en el tiempo de Juan, en el primer siglo, lo que se estaba atacando era que Cristo no se encarnó. Bueno, si Cristo no se encarnó, Cristo no murió; si Cristo no murió, no me ha perdonado los pecados; yo estoy en condenación, yo estoy camino al infierno. Tú derrumbas la fe cristiana si le quitas la encarnación de Cristo. Otros vinieron después y dijeron: "El problema no es que se encarnó; sí, él vino en carne, pero no era Dios." Ahí es donde enrolan a los Testigos de Jehová, a los mormones y a muchos otros. Y otros han venido y han dicho: "No, Cristo sí es un camino, pero no es el único camino." De manera que la idea es destruir, debilitar, hasta hacer derrumbar las enseñanzas de Cristo, y de hecho lo ha intentado.

Juan está consciente de cuán letales y mortales son las malas enseñanzas para la fe cristiana y para la vida del pueblo de Dios. Y es la razón para que puedas entender mejor los versículos 10 y 11: "Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa ni le saludéis, pues el que le saluda participa en sus malas obras." Parecería como que Juan está diciendo que no nos juntemos con incrédulos, pero eso no es lo que Juan está diciendo. Parecería que Juan está diciendo que no nos juntemos con cristianos que están confundidos en su verdad; eso tampoco es lo que Juan está diciendo. Entonces, ¿qué es lo que Juan está diciendo? Es importante entenderlo, porque si no lo entiendo así, esto me parece sumamente severo: que yo ni siquiera lo voy a recibir en la casa ni le voy a saludar.

Por eso tenemos que poner las cosas en su contexto. Tienes que recordar que, en primer lugar, Juan se está refiriendo, no a un grupo de incrédulos comunes y corrientes, ni se está refiriendo a un grupo de hermanos confundidos; para nada. Se está refiriendo a lobos vestidos de ovejas, a quienes él llama engañadores. La palabra "engañador" en el griego es *planos*, de donde viene la palabra "planeta", e implica ir errante, como los planetas que van errantes por el espacio, por así decirlo. Esta gente iba errante por el camino, iba y se hospedaba en casas y causaba graves daños.

Número dos: Juan está teniendo una diferencia con personas que están rechazando lo que es la columna vertebral de la fe cristiana, que es la encarnación de Cristo. No está teniendo una diferencia con personas que creen cosas distintas que son periféricas. Le quitas la encarnación a Cristo y derrumbas todo. Eso es lo difícil que Juan está diciendo: no lo recibas. En tercer lugar, tenemos que recordar que en esa época, y algunos estudiosos han tratado de ayudarnos a entender esto un poco mejor, la gente, los cristianos que viajaban, llevaban cartas de recomendación para poderse hospedar con otros cristianos, porque los famosos hoteles o moteles de hoy en día, primero, no eran seguros, eran muy inseguros; número dos, estaban muy sucios; y número tres, estaban infectados con pulgas y piojos. Entonces la idea era ir a la casa de un hermano con cartas de recomendación. Pero esta gente errante se iba a meter en esas casas, iba a pedir hospedaje, y cuando pasaran un día, o dos, o tres hospedados ahí, iban a carcomer el cerebro, la mente y la fe de esos hermanos. Y Juan les dice: no, no, no, no lo hospedes; es más, ni por el saludo comiences; déjalo ir.

En cuarto lugar, no podemos olvidar que Juan se está refiriendo a un grupo de hermanos que estuvieron con nosotros pero que salieron de nosotros, y la razón por la que salieron de nosotros fue para poner en evidencia que nunca eran de nosotros. Y está diciendo: no los recibas; no eran de nosotros entonces, y no son de nosotros todavía. Ese es el contexto en el que esta carta está ocurriendo.

Pero ¿por qué Juan está siendo tan severo? Él sabe que las malas enseñanzas son altamente destructivas. Les dice: "El que le saluda participa en sus malas obras." Quizás es un poco hiperbólico, pero les está advirtiendo: sabes que todo comienza por un saludo, una bienvenida. Tú le das la bienvenida a esta enseñanza, a esta persona que la trae, y como tú ves, tú crees la enseñanza y te has dejado influenciar.

Y la conclusión: "Aunque tengo mucha cosa que escribiros, no quiero hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que vuestro gozo sea completo." Cuando está diciendo esto, sabes que está pesado al respecto. Yo tengo muchas cosas más que decir, pero el papel y la tinta no es el mejor mecanismo para hacer esto. Algunos de ustedes han recibido mensajes míos diciendo: "Sabes que después hablamos", porque el mensaje no es la mejor manera de hablar estas cosas, y realmente no lo es. Es mejor que el papel y la tinta de esa época, porque por lo menos el otro te puede responder rápidamente, pero no es el ideal. Entonces, ¿cuál es la forma ideal? Cara a cara, como Juan dice. La expresión aquí en el griego es "boca a boca", la misma expresión que fue usada cuando Moisés hablaba con Dios cara a cara. El texto dice "boca a boca", así la forma como yo lo decía. Entonces les dice: preferiría hacer eso para que vuestro gozo sea completo; yo quiero hablar de estas verdades cara a cara para que vuestro gozo pueda ser más de lo que tiene ahora, para que sea completo.

De manera que Juan ha establecido una relación más entre verdad y gozo: yo quiero compartir estas verdades para que vuestro gozo sea completo. Claro, mientras más yo conozco la verdad de Dios, más gozo se supone que yo debo tener. Mi ausencia de gozo implica, usualmente —no quiero ser simplista, pero usualmente— una de dos cosas: o yo no conozco suficiente de la verdad de Dios, que es productora de gozo, o la verdad que conozco no la entiendo lo suficiente. Pero algo que nosotros sabemos es que la verdad de Dios, entendida correctamente, debe producir gozo en nosotros.

Y ese es el testimonio de Jeremías cuando escribe en 15:16: "Cuando se presentaban tus palabras, yo las comía; tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón, porque se me llamaba por tu nombre, oh Señor Dios de los ejércitos." Cuando Dios le daba su Palabra, él se la comía, y ellas eran el gozo de su alma. El salmista dice: "Tu palabra es más dulce que la miel." La Palabra de Dios es productora de gozo si la conozco, si la vivo y si la entiendo. Y eso es algo que tú y yo necesitamos recordar, porque quizás no la conocemos, o no la vivimos, o no la hemos entendido.

"Os saludan los hijos de tu hermana escogida." Bueno, no sabemos ahora si estos son los sobrinos de aquella señora, los hijos de tu hermana escogida, o si es una iglesia local también referida como una hermana. Te saludan los hijos, los discípulos de esta otra iglesia local que yo también estoy tratando de proteger.

Pero la realidad es que Juan, aquí y esta vez, establece algunas relaciones que yo quiero enfatizar al final de este mensaje como una conclusión. Hay una relación entre verdad y amor: no lo puedes divorciar; tú amas a tu hermano a través de la verdad. Hay una relación también entre amor y obediencia: mientras más amas, mejor obedeces. Hay una relación también entre verdad y gozo: mientras más verdad conozco de Dios…

Mejor la entiendo, mejor la vivo, más gozo tengo. Y Juan establece esas tres relaciones en esta carta. ¿Te has dado cuenta de lo preciado que es para Dios caminar en la verdad, vivir en la verdad, permanecer en la verdad? Lo cuidadoso que Dios es, o lo severo que es con el error que destruye su Palabra y el caminar de sus hijos.

"Tened cuidado, no sea que perdáis lo que habéis logrado", o lo que hemos logrado. El énfasis ahí está, entonces, en que muchas veces aquello que nos toma mucho tiempo edificar se cae en momentos. ¿Cuánto tiempo usualmente toma edificar una casa? Seis meses, lo que sea. Un ingeniero —yo no sé— usualmente seis meses, ocho meses. Parece que no tenemos ingeniero aquí, pero seis, ocho meses, ok.

Yo vi una casa frente a la mía: la derrumbaron y se la llevaron entera en camiones en diez horas. Comenzaron a las siete de la mañana y para las cinco de la tarde —busquen— no había nada; a las siete de la noche tampoco. Tú edificas lentamente; tú derrumbas extraordinariamente rápido. Y así ocurre con la verdad, así ocurre con lo que es tu vida moral, así ocurre con lo que son tus creencias. Tener cuidado de que no perdáis lo que habéis logrado.

Integridad y Sabiduría es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos con Integridad y Sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.