La resurrección de Cristo no es una sorpresa para ningún cristiano, pero recordarla cada año cumple un propósito espiritual profundo: ajustar los engranajes de nuestra vida espiritual que se han desalineado en el camino. A diferencia de nosotros, que vivimos sujetos a imprevistos y planes que cambian constantemente, Jesús no fue víctima de las circunstancias. Él empujó los acontecimientos hacia la cruz, anunciándolo repetidamente a sus discípulos y cumpliendo más de trescientas profecías escritas siglos antes. Su muerte y resurrección no fueron accidentes de la historia sino el plan perfecto de Dios ejecutado con precisión.
En la cruz, Jesús enfrentó tres presiones para descender. Primero, los transeúntes lo comparaban con el imponente templo de Jerusalén, sugiriendo que sus grandes piedras eran más duraderas que aquel hombre agonizante. Segundo, los religiosos de su tiempo lo reconocían como sanador, rey e Hijo de Dios, pero le pedían que bajara de la cruz para creer en él, prefigurando a quienes hoy predican un Jesús sin cruz. Tercero, los mismos ladrones crucificados junto a él lo injuriaban, como tantos que hoy, muertos en sus pecados, se burlan del evangelio.
Jesús no descendió ante ninguna de estas presiones. Permaneció en la cruz viendo a cada persona que le fallaría, que pecaría groseramente, que le negaría con su vida inconsistente. Y aun así, no se bajó. No dependía de nuestra fidelidad sino de su propia gloria y amor. Resucitó solo, sin que los discípulos lo esperaran con fe, y luego se presentó vivo ante ellos. Esta es la seguridad que sostiene nuestra vida: Cristo crucificado y resucitado, independiente de nuestras circunstancias y debilidades.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Esta afirmación de que Cristo ha resucitado no nos toma por sorpresa. Sería muy extraño que haya un cristiano a quien en esta mañana, domingo de resurrección, se afirme en lo cierto desde el púlpito que Cristo ha resucitado y diga: "¿No lo sabía? Esto para mí me toma por sorpresa." Sería imposible, ¿verdad?
Entonces, ¿cuál es el propósito de que nosotros recordemos año a año en esta época del año la resurrección de nuestro Señor? No solamente se trata de celebrarlo históricamente, sino que más bien se trata de un ejercicio espiritual mediante el cual nosotros, al recordar que hace dos mil años nuestro Señor fue a la cruz a pagar por nuestros pecados en un determinado momento de la historia, en cumplimiento a sus profecías, eso significa que nosotros en este momento podemos básicamente ajustar nuestros engranajes espirituales de tal forma que todo aquello que no esté completamente ajustado en nuestra vida espiritual pueda ser reafirmado, ajustado y engranado con el propósito de que nosotros sigamos viviendo vidas espirituales que le den gloria al Señor. Y ese es el propósito entonces de este día, y ese es el propósito de la adoración, y ese es el propósito también de esta breve reflexión que vamos a tener juntos.
Porque lamentablemente nosotros todos vivimos bajo nuestras propias circunstancias y bajo los imprevistos de nuestra vida. Nosotros queremos hacer las cosas de una manera, pero luego por alguna razón, por alguna circunstancia ajena, nosotros tenemos que hacerla de otra. Nos vivimos sujetando siempre al plan B, al plan C, al plan D, o si no, a renunciar a lo que planeamos hacer porque simplemente no se dieron las condiciones necesarias para que podamos hacer lo que soñábamos hacer. Somos finitos, somos imperfectos. No tenemos la capacidad de poder concretar todas las cosas que tenemos en mente. Esa es la realidad de nuestra vida.
Pero saben una cosa, pensando en esto en estos días de Semana Santa, con la familia, con Éric y con Adriano, pensábamos llevar las cosas con calma. ¿Qué significaba llevar las cosas con calma? Pues básicamente tenía que ver con el hecho de que vamos a tomar el día jueves. Nos dijimos en familia: "Vamos a tomar el día jueves, ya que no tenemos trabajo, vamos a limpiar la casa." Porque a veces ustedes saben, con el trajín, los ajetreos diarios, uno limpia no más, como dicen los peruanos, no sé si acá se dice "por donde pasa la mano la suegra," ¿verdad? Ustedes lo han escuchado eso: "Por donde pasa la mano la suegra." Entonces uno limpia por encimita no más. Pero a veces es necesario hacer una cosa más profunda, entonces a eso nos dedicamos el día jueves, tranquilos.
El día viernes dijimos: "Vamos a tomar también las cosas con calma." Unos amigos nuestros que se acaban de casar en Chile están viniendo a pasar su luna de miel aquí en República Dominicana, el paraíso de la luna de miel. Y ellos entran a su hotel el día lunes y decidieron pasar el fin de semana con nosotros. Así que el viernes en la tarde fuimos a recogerlos al aeropuerto. Bendito paseo, no había autos. La llegada al aeropuerto, una sedita, todo como estaba planificado. Así que llegamos, los recogimos, los llevamos a la casa, nada de ajetreos, quedamos unos tranquilos. Ellos ya venían de recorrer otros países en el camino hacia continuar la luna de miel, así que vamos a descansar, conversamos cómo va la vida, cómo van las cosas, cómo fue la ceremonia, etcétera, etcétera, etcétera, tranquilo. Nos acostamos nueve y media de la noche, todos durmiendo.
El día sábado dijimos: "Bueno, vamos a salir con los amigos, vamos a irnos a una casa en el campo a pasar el día tranquilos, nada de carreras, nada de cosas, todo bien, todo previsto." Las cositas compradas, no había supermercado, entonces se compró previamente todo listo. Nos fuimos, pasamos el día, día soleado, la piscina, no mucho, nada, para que luego uno no esté cansado. Comimos tranquilo. A las cinco de la tarde dijimos: "Bueno, antes de que baje el sol, no vamos a venir teniendo oscuridad, vengamos de día." Así que regresemos, todo tranquilo, todo previsto. Empezamos a regresar, la carretera limpia, vacía, todo bonito, hasta que llegamos a Boca Chica.
En Boca Chica, señores, el taponazo. ¡El taponazo! Todos decidieron regresar ayer en la tarde, nadie se ha quedado afuera, todos volvieron ayer a esa de la tarde, todos estaban ahí. Todos, uno podía llamar por nombre y respondían, todos estaban ahí. Horas de Boca Chica para adelante. Y todo lo que habíamos previsto y cómo estaban las cosas, todo estaba organizado, fríamente calculado, y las cosas no se dieron. Para el colmo del mal, ustedes conocen, o sea, la carretera tenía dos para andar de a dos, pero algunos amigos decidieron entrarse por el otero. Al meterse a la tierra, ¿no es cierto?, ir a toda velocidad por la tierra para luego, cincuenta metros más allá, tratar de entrar y empujarnos a todos y frenarnos a todos. Y todo lindo, etcétera, etcétera. Se acabó la previsión.
Eso nos sucede en la vida, ¿verdad? Nosotros tratamos de hacer las cosas de una manera y luego las cosas se cambian y no son de esa manera. Nosotros siempre actuamos en la vida reconociendo que tenemos que tener algunos ases bajo la manga, como decimos. Las circunstancias no se dan como quisiéramos y a veces nosotros simplemente tenemos que acomodarnos, como decimos, a las circunstancias.
Ahora, esa misma relación de caminar bajo las circunstancias a veces nos lleva a pensar que el plan de Dios también tiene que ver con las circunstancias, con las circunstancias de nuestra vida. Si nosotros volvemos a rememorar los acontecimientos de este fin de semana en la vida de nuestro Señor Jesucristo, nosotros podríamos pensar a simple vista que Jesús también fue llevado por las circunstancias.
En Mateo capítulo 27, por favor, abran sus Biblias en Mateo 27. En Mateo 27 nosotros encontramos que de una manera u otra, desde el capítulo 26, nosotros vemos cómo las circunstancias se fueron dando de tal manera que el Señor Jesús aparentemente quedó acorralado. Los hombres religiosos y tiranos de ese tiempo habían decidido apresar a Jesús y estaban buscando la oportunidad para hacerlo. Se encontraron en el vacío entre los discípulos cercanos de Jesús a un hombre sin convicciones que estuvo dispuesto a vender al Maestro por treinta piezas de plata. Se encontró una brecha y de madrugada nuestro Señor fue apresado. Y conocemos todos los sucesos que se dieron a partir de ese momento.
Mateo 27, el verso 1, dice: "Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte." Conocemos la historia y podríamos pensar que nosotros estamos encontrándonos en ese momento con un momento de imprevisión, algo fortuito que después se traería en bendición. Podríamos decirlo así, pero fue algo fortuito que trajo como consecuencia la caída de nuestro Señor Jesucristo en ese momento.
Sin embargo, si conocemos la historia, y como lo evidenciábamos el día miércoles en nuestra celebración de Semana Santa y nos lo hacía recordar nuestro pastor, nosotros sabemos muy bien que Jesús no llegó a este momento sin saberlo. Básicamente Jesús empujó este momento, se lo anunció a sus discípulos en más de una oportunidad. En más de una oportunidad les dijo: "Ustedes saben, yo voy a Jerusalén, voy a ser acusado, voy a ser dado a la cruz y voy a resucitar al tercer día." Pero los discípulos, que vivían bajo otras premisas, bajo una vida bajo el sol, no pudieron entender en ningún momento las palabras que Jesús les decía con tanta claridad.
No solamente lo encontramos allí, sino que también lo encontramos de manera muy hermosa y muy sentimental cuando nuestro Señor Jesús está orando en el Getsemaní y le pide al Padre: "Padre, aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Había algo que Jesús estaba realizando y que no tenía que ver con las circunstancias ni con los imprevistos, sino con el plan de Dios. Ese plan de Dios es el plan que el Señor vino a cumplir de manera perfecta. Desde la eternidad estaba planeado y en ese momento no había nada que hiciera que ese plan no se cumpla a cabalidad. Simplemente todo estaba orquestado para que se dé de esa manera, y aun el Señor Jesucristo conscientemente iba a esa realidad.
Ahora, cuando nosotros recordamos este evento, tenemos que pensarlo de la misma manera. Lo tenemos que pensar bajo la realidad de la premisa de un evento sustantivo, único, perfecto en la historia de la humanidad, en donde el Señor nuevamente hizo su voluntad, que es buena, agradable y perfecta, más allá de cualquier circunstancia, más allá de cualquier problema o presión humana. El Señor hizo su voluntad.
Dicen los estudiosos que Jesús cumplió más de trescientas profecías mientras él estuvo presente entre nosotros, que hablaban no solamente de su vida, sino también de su muerte y su resurrección. De esas trescientas profecías, muchas fueron escritas más de medio milenio antes de que Jesús pisara sus pies sobre la tierra. Por lo tanto, el Dios inconmovible nos garantiza el cumplimiento de su obra perfecta muy a pesar de todo lo que nosotros podamos estar viviendo o todo lo que el mundo pueda estar pasando. Esto es algo que nosotros tenemos que afirmar en nuestra vida.
Cuando en estos días nosotros recordamos la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, lo que nosotros debemos hacer es hacer un alto a nuestras circunstancias, a nuestro pasado, a nuestro momento, a lo que nosotros estamos viviendo, y descubrir que en un momento dado de la historia el Señor cumplió su Palabra completa y radicalmente. Allí radica nuestra seguridad. Sin embargo, ya que este no es un suceso que simplemente nosotros estamos develando todos los días, lo que básicamente está sucediendo es que el Señor espera que nosotros ajustemos este suceso a nuestra vida.
Nosotros utilizamos la palabra de Dios como una caja de herramientas, de la cual tomamos diferentes piezas que hemos perdido en nuestra vida durante nuestro caminar diario, cuando nos caemos en hoyos y cuando a veces torpemente rompemos algunas piezas de nuestra vida espiritual. Cada Semana Santa el Señor abre una caja de herramientas basada en su palabra y permite que nosotros saquemos piezas que nos hacen falta, que necesitan ser ajustadas en nuestra vida espiritual. Necesitamos engrasar ciertos aspectos de nuestra vida que nos permiten recordar quiénes somos, de dónde venimos, qué es lo que sustenta nuestra vida espiritual. Por eso es que básicamente yo quisiera que veamos algunos sucesos previos a la partida de nuestro Señor Jesucristo, simplemente para ejemplificarlos con respecto a la realidad de nuestro ser.
En Mateo capítulo 27, a partir del verso 23 hasta el verso 44, la historia bíblica nos cuenta lo siguiente. Acompáñeme por favor en la lectura: "Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa lugar de la calavera, le dieron a beber vino mezclado con hiel, pero después de probarlo no lo quiso beber. Y habiéndole crucificado, se repartieron sus vestidos echando suertes. Y sentados le custodiaban allí, y pusieron sobre su cabeza la acusación contra él, que decía: Este es Jesús, el Rey de los judíos. Entonces fueron crucificados con él dos ladrones, uno a la derecha y el otro a la izquierda. Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz. De igual manera también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de él decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es, que baje ahora de la cruz y creeremos en él. En Dios confía, que le libre ahora si él le quiere, porque ha dicho: Yo soy el Hijo de Dios. En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con él."
En esta breve lectura nosotros nos encontramos con los momentos finales y más gloriosos de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Yo quisiera rescatar con ustedes tres o cuatro aspectos que nosotros debemos considerar, en la medida en que este día nos estamos haciendo un tune-up en nuestra vida espiritual. Hoy día es el día anual en que nosotros vamos al garaje espiritual y vamos a hacernos un tune-up con respecto a aquello que es esencial en nuestra vida espiritual. Con aquello que es esencial entender con respecto a la cruz y el mundo, con respecto a la cruz y las religiones, con respecto a la cruz y las opiniones que el mundo pueda tener de aquello que el Señor ha hecho.
Nosotros vemos en este momento cómo nuestro Señor Jesucristo es llevado a la cruz. El verso 37, desde los versos anteriores, nos dice que él fue crucificado, sus vestiduras fueron repartidas, se le puso un letrero acusatorio que lo señalaba como un traidor al Imperio Romano diciendo: "Este es Jesús, el Rey de los judíos." Fue crucificado de manera ignominiosa en ese lugar, y no solamente fue puesto allí, sino que fue puesto allí junto con dos ladrones. Todo esto podría ser un símbolo de debilidad para el mundo, por supuesto. Sin embargo, para nosotros que estamos haciendo un ajuste espiritual, va a significar completamente lo opuesto.
¿Por qué? Porque lo radicalmente precioso de este momento es que Jesús, el Hijo de Dios, el Rey de reyes, el Señor de señores, aquel que sustenta el universo con la palabra de su poder, había decidido estar en esa posición por amor a nosotros. Y de esa posición él no iba a bajar, porque él lo había decidido así desde la eternidad. Este es un primer ajuste que nosotros tenemos que hacerle a nuestra vida espiritual: el Señor fue a la cruz porque así él lo decidió, y él fue sometido a diferentes presiones.
Dice el verso 39 y 40: "Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz." Sálvate a ti mismo si eres el Hijo de Dios y desciende de la cruz.
Ahora nos vamos a encontrar, hermanos, con tres o cuatro momentos en los cuales el Señor tuvo que someter a prueba la decisión que había tomado con respecto a la salvación y las circunstancias que había a su alrededor. Yo no sé si algunos de ustedes, cuando eran pequeños, cuando eran más muchachos, cuando eran adolescentes, fueron sometidos a la siguiente pregunta: "¿A qué no te atreves a...?" ¿Te vas a pasar o no? ¿A qué no te atreves? Yo me he metido en techos, he dado vueltas en bicicleta, porque siempre he caído yo. "¿A qué no te atreves a saltar del techo?" Yo, ¡guácatela! Para abajo al suelo. "¿A qué no te atreves a ir con la bicicleta y darte tres tumbos?" ¡Ayo, que no! ¡Vamos a ver! ¡Vamos a ver! ¡Sí, pa! Al suelo también de nuevo, ¿no?
Porque nosotros somos muy dados a esos atrevimientos cuando se nos levanta la van y se nos dice: "¿A qué no te atreves? ¿A qué tú no eres capaz de...?" Y eso sucede no solamente en el mundo infantil, sino que el mundo de la publicidad, el mundo de los negocios, el mundo laboral, es así. ¿A qué no te atreves? ¿A qué no te atreves a ganar tanto? ¿A qué no te atreves a hacer esto? Y nosotros vivimos sometidos a esos riesgos temporales y circunstanciales de nuestra vida sin pensarlo muchas veces. Y nuestro Señor Jesucristo fue sometido a esas mismas presiones.
El verso 40 dice que aquellos que pasaban, gente que pasaba por allí cerca de la cruz, le decían: "¿Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas? Sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruz." Malinterpretando las palabras que el Señor había dicho, ellos estaban comparando la aparente debilidad de Jesús en ese momento —completamente herido, completamente rodeado de sangre, completamente maltrecho, con los clavos en sus muñecas y en sus pies— que señalaban que él no descendería más de esa cruz con vida, aparentemente.
Los que pasaban allí lo acusaban, lo comparaban con algo que parecía inconmovible, demasiado grande. Jesús había hablado del templo de Jerusalén, ese templo glorioso que duró casi media centuria en construirse, un templo que hacía orgullosos a los judíos, que sentían que nuevamente la gloria pasada estaba devolviendo. Era algo que les hacía sentir eternos. Estaban comparando a Jesús con esa eternidad supuesta de piedras, con la aparente debilidad de Jesús en la cruz del Calvario. Y aparentemente Jesús tenía todas las de perder, porque parecía que Jesús simplemente estaba agonizando, viviendo sus últimos momentos.
Y esa es una realidad, hermanos, con la cual luchamos permanentemente. Cada vez que nosotros vamos a la cruz del Calvario y tratamos de entender su valor y significado, siempre el mundo nos hace comparar la cruz con aquellas cosas que aparentemente son eternas e inamovibles en el mundo. Esas grandes instituciones que nos hacen creer que el mundo es inconmovible y que no va a caer jamás. El mundo está rodeado de grandes templos de mármol que aparentemente van a durar para siempre y que empequeñecen la cruz de Jesucristo. "Mira todo lo que el hombre ha logrado, mira su progreso, mira todo lo que el hombre ha podido construir. El hombre llegó a la luna, ¿qué vamos a estar creyendo en la cruz del Calvario? Por favor, mi hermano." Porque aparentemente esas grandes glorias del hombre han hecho que la cruz quede oscurecida por aquello aparentemente precioso que el hombre está consiguiendo.
Sin embargo, nosotros vemos aquí muy claramente que Jesús no se sorprende con esta afirmación y tampoco dice una palabra. Le decían: "Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz." Definitivamente, hermanos, algo que nos debe ayudar a ajustar nuestra vida es que ningún progreso humano, ningún templo que el hombre haya construido para señalar su gloria, hará que Jesucristo baje de la cruz. No hay ningún cambio tecnológico, no hay ningún progreso que el hombre alcance que sea para siempre. Solo la obra de Jesús, perfecta en la cruz del Calvario, es para siempre.
Jesús no va a descender de la cruz. Jesús no va a cambiar su perspectiva de la humanidad. Nosotros seguimos siendo tan grandes pecadores como lo éramos hace dos mil años. Seguimos teniendo un corazón entenebrido que solo puede ser cambiado con la cruz de Jesucristo. Mi corazón puede usar ahora un iPad, pero sigue siendo negro y sucio y pecador, porque voy a usar el iPad para ver tonterías y para ensuciar mi alma. El corazón del hombre solo puede ser restaurado por la cruz de Jesucristo. Por eso es que Jesús no tiene que ser comparado con ninguna institución humana, y Jesús no se va a salvar a sí mismo ni va a descender de la cruz porque el templo sea tan precioso. Si conocemos la historia, no pasarían cuarenta años antes de que ese templo sea completamente destruido y no quedara piedra sobre piedra de él.
Así es la realidad humana, así es la realidad del hombre. Por eso, hermanos, no nos dejemos seducir por el mundo y sus progresos. Si hay algo que no cambia es el corazón del hombre. Si hay algo que solamente puede cambiar el corazón del hombre, es la cruz de Jesucristo y la sangre derramada en el Calvario. Dos mil años después, el hombre sigue necesitando fervientemente la cruz del Calvario y a Jesucristo derramando su sangre por cada uno de nosotros. Eso es lo primero que debemos recordar.
El verso 41, 42 y 43 dice: "De igual manera también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de él decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es, que baje ahora de la cruz y creeremos en él. En Dios confía, que le libre ahora si él le quiere, porque ha dicho: Yo soy el Hijo de Dios." La primera oposición a la cruz de Jesucristo es producto de los hombres y su interpretación del mundo.
La segunda presión para que Jesús baje de la cruz de una manera sorprendente es provista por los religiosos del tiempo de Jesús. Si ustedes se dan cuenta, en este pasaje son los principales sacerdotes junto con los escribas y con los ancianos quienes vinieron a burlarse de Jesús. Pero esta burla de Jesús no iba acompañada de meras palabras, sino que iba acompañada por el mal uso de la Palabra de Dios.
Y saben qué sucede en nuestro tiempo también, y eso es algo que nosotros tenemos que ajustar en nuestra vida, hermano. Cada año, en este tiempo en que recordamos la obra de nuestro Señor Jesús, su muerte y su resurrección, tenemos que recordar que a veces, y más que a veces, muchas veces las religiones humanas le hacen daño a la cruz de Cristo. Las religiones humanas le hacen daño a la cruz de Cristo, y hay hombres y mujeres en muchos lugares, muy populares, que están hablando supuestamente la Palabra de Dios y están hablando en el nombre de Jesús, pero lo único que quieren hacer es hacer que Jesús descienda de la cruz del Calvario y demostrarles a otros que la cruz del Calvario ya no tiene valor.
Dicen que los sacerdotes, los escribas y los ancianos le decían a Jesús: "A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es, que baje ahora de la cruz y creeremos en él." Hoy en día más que nunca se predica un evangelio en donde se habla de un Jesús sin cruz, en donde ya no se habla de redención y de perdón de pecados, ya no se habla que nosotros estamos destituidos de la gloria de Dios, ya no se habla de que nosotros estamos muertos en nuestra pecaminosidad y en nuestro deterioro personal. Se trata de hacer olvidar la cruz de Cristo y se trata de hacer pensar en un Jesucristo sin cruz para que todo el mundo pueda creer en él. Pero Jesús no bajó de la cruz.
Jesús fue, miren todas las cosas que Jesús fue declarado en este momento. Verso 42: "A otros salvó." O sea, se reconoció. La palabra salvación y sanidad es la misma en el griego. O sea, aparentemente las autoridades religiosas estaban reconociendo que a otros sanó, lo que ellos nunca quisieron reconocer. Frente a la cruz lo estaban reconociendo: a otros sanó, a otros salvó. Se le está reconociendo como Rey de Israel, se le está reconociendo como Hijo de Dios. Pero se le pedía que baje de la cruz para creer en él.
Hoy por hoy hay muchas iglesias que han bajado a Jesucristo de la cruz del Calvario y que quieren hacer que la gente crea en un Jesús que se mueve por nuestras circunstancias, que atiende nuestras vidas, que nos habla de tú a tú, que nos reconoce como maravillosos, como dignos de todo, que necesitamos nosotros ser glorificados juntamente con él, y para eso necesitamos el autoconocimiento de quiénes somos, porque un hijo de Dios se siente con un alto concepto de sí mismo.
Pero Jesús no respondió a los hombres religiosos de ese tiempo, que lo reconocieron como Rey, que lo reconocieron como Sanador y Salvador también, que lo reconocieron como Hijo de Dios, pero le estaban pidiendo que baje de la cruz. Jesús no bajó de la cruz ante las presiones de los religiosos de su tiempo. Jesús no lo hizo, porque Jesús sabe que toda nuestra vida espiritual depende de aquello que hizo en la cruz del Calvario. El apóstol Pablo decía: "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna, más que a Cristo, y a este crucificado." La cruz del Calvario es el símbolo de nuestra necesidad de él y es la prueba del amor de Dios. No podemos vivir sin cruz.
Y más adelante nosotros vemos en el verso 44: "De la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con él." Nosotros vemos que Jesús recibe presiones de los hombres del mundo, que están resaltando sus grandes edificios y mostrando la aparente debilidad de Jesús, pero Jesús no responde a sus llamados. Jesús escuchó las presiones de los hombres religiosos de su tiempo, que aunque le reconocían algunos aspectos de su realidad personal y divina, sin embargo negaban la eficacia y la realidad de la cruz de Cristo, y por lo tanto tampoco escuchó su voz.
Y en este tercer grupo nosotros vemos increíblemente a dos ladrones condenados por su propia culpa, dos delincuentes que están a su lado, e igual se burlaban de Jesús. Y saben, estas personas me hacen recordar a tanta gente que en la calle, a pesar de que está muerta en sus delitos y pecados, todavía habla palabras en contra de nuestro Señor. Vayamos a los medios, vayamos a las películas. ¿Ustedes se han dado cuenta que no hay película en donde aparece un pastor que no sea el peor de los hombres, que da el peor de los consejos, que es el más vicioso de todos? ¿Ustedes no se han dado cuenta que en la música, en los medios, en los periódicos, todo, todo es intento de los hombres de negar la persona y la obra de Jesús o cambiarle sus valores?
Ya se pensaran en estos dos ladrones, que sin darse cuenta de su condición de pecadores, estaban ahí burlándose de Jesús. Y así hay tanta gente en el mundo que se burla de Jesús mientras él está en la cruz del Calvario, sin saber que ellos mismos están siendo condenados por sus delitos y pecados. Pero Jesús no se bajó de la cruz. Jesús no se bajó de la cruz porque él venía a cumplir su plan perfecto a tu favor y a mi favor.
Jesús no se dejó llevar por las presiones del progreso humano. Jesús no se dejó llevar por las presiones de los falsos religiosos de su tiempo. Jesús no se dejó llevar por los insultos de hombres que estaban allí también perdiendo su propia vida, pero que insistían en negar la eficacia de la cruz de Jesucristo. Jesús permaneció en la cruz del Calvario en silencio porque estaba muriendo por ti y estaba muriendo por mí.
Y lo importante, hermanos, es que yo imagino a Jesús en la cruz del Calvario escuchando a un cuarto grupo de personas, a un cuarto grupo de personas que quizás, que definitivamente no estaban presentes en ese momento, pero eras tú y yo. Y Jesús estaba en la cruz del Calvario y estaba viendo cómo Pepe, a pesar de lo que el Señor iba a hacer por él, Pepe muchas veces le iba a negar. Pepe muchas veces iba a caer en pecados groseros. Pepe muchas veces le iba a faltar. Pepe muchas veces iba a vivir una vida espiritual débil e negativa. Muchas veces Pepe con su vida le iba a negar la gloria a su Salvador.
Pero con todo no dijo: "Me voy a bajar de la cruz porque en realidad Pepe no merece ser salvado." Él decidió permanecer en la cruz del Calvario porque él no depende de las circunstancias. Él no depende de mi debilidad para tomar una decisión. Él depende de sí mismo, de su gloria, de su honra, porque él lo iba a hacer por amor a mí y por amor a ti.
Es muy probable que el Señor estaba viéndote a ti en ese momento, recordando cada persona en medio de la humanidad a quien él iba a salvar, y estaba viendo que nosotros, a pesar del enorme precio que él estaba pagando en la cruz del Calvario, con todo, yo le iba a fallar, yo le iba a negar, yo me iba a burlar de él, y muchas veces le iba a pedir que descienda de la cruz como también se lo pedían en ese momento. Pero él no bajó de la cruz. Él no bajó de la cruz. Él se quedó en la cruz del Calvario porque esa obra dependía única y exclusivamente de él.
Y es por eso que, a pesar de que Jesús muere por nosotros, a pesar de todas las advertencias que el Señor había hecho, Jesús, nuestro Señor Jesucristo, es llevado a un sepulcro así de una manera rápida. Y el primer día de la semana dice que las mujeres fueron a la tumba no para ver al Cristo resucitado, sino para completar el rito mortuorio, porque lo habían enterrado a medias al Señor.
¿Y qué pasaba con los discípulos? Los discípulos estaban espantados y temerosos porque todo se había terminado. Pero Jesús no resucita porque los discípulos tenían fe. Jesús no se levanta de entre los muertos porque los discípulos estaban ahí a la puerta diciendo: "Vamos, vamos, domingo ya llegó, aquí ahora se mueve la piedra." Los discípulos no estaban allí esperando al Cristo resucitado. Jesús resucita solo, pero resucita por ti y por mí.
Él resucita solo, pero luego él se presenta vivo delante de sus discípulos y él les dice: "Aquí estoy, metan las manos en mis heridas porque yo soy el que ha resucitado de entre los muertos. Tengan confianza porque yo estoy aquí. Ustedes dudan, no se preocupen. Yo resucité. Yo no dependo de tus dudas. Yo dependo de mí y de mi gloria para hacer la obra perfecta en tu favor."
Hermano, este es el momento en que nosotros tenemos que ajustar nuestro motor espiritual y volver a ajustarlo de tal manera que anden las revoluciones correctas. Hoy, día domingo de resurrección, es el día en que nosotros debemos nuevamente revalorar la cruz del Calvario y volverla a poner en su lugar, y dejarnos de ver las grandes construcciones del mundo que hoy están y mañana dejan de ser, y volver a descubrir el sacrificio eterno de nuestro Señor a nuestro favor y volverlo a poner en su lugar.
Hoy nosotros tenemos que ajustar nuestro motor espiritual y nuevamente volver a ponernos de acuerdo y descubrir que, aunque se dicen barbaridad y media en el nombre del Señor, nosotros creemos en el evangelio de Jesucristo, y Jesucristo se quedó en la cruz del Calvario para morir en mi favor. Soy un pecador, eso es lo que soy. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
Esa es nuestra realidad. No importa lo que digan los religiosos de este mundo. No importa que esos grandes predicadores de la televisión, de las iglesias multitudinarias, estén diciendo y reconociendo a medias que Jesucristo sana, que Jesucristo es Rey o que Jesucristo es el Hijo de Dios. Lo importante es reconocer que él fue a la cruz del Calvario a morir por nuestros pecados y que al tercer día él resucitó de entre los muertos. No basta, hermanos, el ver que hay tanta gente popular en el mundo, tanta celebridad hablando mal de nuestro Señor.
Eso no importa, porque eso no hace a Jesucristo bajar de la cruz, eso no hace a nuestro Señor menospreciar la cruz del Calvario. Por el contrario, Jesucristo justamente se queda en la cruz del Calvario y muere por nuestros pecados, porque se dio cuenta y era evidente, es una demostración evidente de que no hay justo ni aun uno, no hay quien entienda, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Ahí radica la necesidad de la cruz.
Jesucristo se quedó en la cruz del Calvario a hacer su obra perfecta por ti y por mí, a pesar de todas nuestras inconsistencias, a pesar de todas nuestras debilidades, a pesar de todos nuestros temores, a pesar de las veces que le negamos, a pesar de las veces en que groseramente pecamos, a pesar de la manera en que somos infieles, porque aunque fuéremos infieles, Él permanece fiel.
Hoy es el día en que nosotros con gratitud debemos ajustar nuestro corazón a la realidad de la vida del Cristo resucitado. Por eso yo quiero invitarles a que nosotros ahora, que vamos a volver a alabanza al Señor, ajustemos nuestro corazón y volvamos a reconocer el amor del Señor manifestado en la cruz del Calvario, porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna. Esa es la realidad de nuestras vidas, en la vida de aquellos que hemos creído en Él.
Jesús hizo su obra perfecta, resucitó al tercer día. Y esto no es una información que yo tenga de lejos, sino que es la seguridad de mi vida, porque yo sé que Él está aquí en medio nuestro. Porque Él ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Esto no es teoría, esto es realidad. Es la realidad de saber que Cristo está presente con nosotros viviendo y reinando en medio nuestro.
Por eso es que vamos a cerrar nuestros ojos en este instante, vamos a cerrar nuestros ojos por un momento y vamos a ponernos de acuerdo con el Señor. Vamos a ponernos de acuerdo con el Señor en estos aspectos que nosotros hemos mencionado.
Yo quiero invitarte a que te pongas de acuerdo con el Señor en términos de tu relación con el mundo. Tal vez tú estás demasiado presionado por el mundo, por alcanzar estatus, por seguir tu carrera, por todos tus bienes, por dinero en la cuenta, o tal vez porque no lo tienes en la cuenta y estás demasiado presionado por todo eso. Y te estás olvidando que el Señor Jesús fue a la cruz del Calvario para darte una nueva vida y una vida en abundancia, una nueva vida espiritual, y tú te estás dejando sobrecoger por el mundo y sus presiones.
Quizás tú te sientes engañado y estás diciendo: ¿Y ahora qué voy a hacer? Hay tantas religiones, hay tantos pastores que hablan aquí y allá, que dicen tanta barbaridad, ¿qué debo creer yo? Cree que Jesucristo murió por ti en la cruz del Calvario y resucitó al tercer día. Esa es la seguridad del satisfactorio, eso es lo que los testigos, los primeros apóstoles testificaron una y otra vez: Jesucristo está vivo y tiene poder y está sentado a la diestra del Padre.
Vuelve a poner a Jesús en su lugar, pero no le quites las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies, porque esa es la manifestación de que tú eres un pecador, pero Él te ha salvado. No te dejes llevar tampoco por las celebridades y por los insultos del mundo a la religión y a la fe como si fuera algo pasado. Esos los que van a pasar son ellos y los que han pasado son ellos, pero Cristo Jesús vive y reina para siempre. El mundo puede hablar muchas cosas, pero el único que sostiene el mundo en sus propias manos es nuestro Señor Jesús. Creamos en nuestro Señor.
Y por último, si nosotros en algún momento sentimos que le hemos fallado al Señor con una vida inconstante, con una vida de pecado, con una vida de dificultades que no le ha dado la gloria a Dios, este es el momento para ponernos a cuentas con Él. Señor, Tú fuiste a la cruz del Calvario y yo reconozco, Señor, que si yo soy el resultado de la cruz del Calvario, yo dejo mucho que desear, porque yo peco groseramente, porque yo te falto insistentemente, que yo no te doy la gloria a Ti como Tú debieras, pero Señor, yo te fallo y te fallo y te fallo, pero con todo Tú no decidiste bajarte de la cruz. Tú no decidiste, Señor, eliminarme de tus planes y propósitos, por lo tanto ajusta mi vida y que mi vida sea digna del llamado que Tú me hiciste en la cruz del Calvario. No que Tú desciendas de la cruz, sino que yo vaya a la cruz y con Cristo esté juntamente crucificado, y yo no viva yo, sino que sea Cristo viviendo en mí.
Tomemos estas decisiones, hermanos, y mientras nos preparamos a cantar y a alabar a nuestro Señor, vayamos preparándonos y descubriendo aquello que el Señor tiene para con nosotros en este día de su resurrección. Salgamos de este lugar como que nos hicimos el ajuste de motor para que tengamos un año en donde nuestras vidas le glorifiquen a Él plenamente, en donde su nombre sea glorificado a través de lo que hacemos y en todo lo que nosotros nos movemos en nuestras propias vidas.
José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.