El ministerio de Jesús no fue un ministerio de liberación, sino un ministerio de predicación. Esta distinción resulta crucial porque en el contexto de la predicación de la palabra, las liberaciones tuvieron lugar, pero nunca al revés. Nadie ha sido ordenado a un ministerio exclusivo de expulsar demonios; la encomienda que Cristo dejó fue clara: ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar. Cuando Jesús mismo responde a Pedro, quien lo buscaba porque "todos te buscan", su respuesta es reveladora: "Vamos a otro lugar a los pueblos vecinos para que predique también allí, porque para eso he salido." Y el texto de Marcos añade que fue por toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando demonios —predicando primero, y en ese contexto, la expulsión.
El pasaje muestra a Jesús en un día de reposo que se extiende más allá de lo imaginable: enseña en la sinagoga, expulsa un demonio, sana a la suegra de Pedro de una fiebre que la tenía postrada —y ella inmediatamente se levanta a servir, evidencia de un milagro completo—, y al caer el sol, cuando el día de reposo termina, toda la ciudad se agolpa frente a la puerta esperando sanidad. Sus horas de descanso son interrumpidas, pero él no protesta ni despide a nadie.
Lo que distingue a Jesús es también su tiempo privado con el Padre. Al día siguiente, muy de mañana, cuando todavía está oscuro, se retira solo a orar. La calidad de lo que ocurría en público dependía de la calidad de ese tiempo en privado. La agenda de Jesús no la manejaban las multitudes ni Pedro; la manejaba su Padre. Esa disciplina, ese enfoque en la palabra y la oración, es lo que la iglesia ha perdido cuando ha desviado su atención de la predicación hacia el sensacionalismo.
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Marcos 1:29-39. Es un pasaje un poco más largo que lo que hemos estado cubriendo, pero creemos que ciertamente es el texto que deberíamos estar cubriendo a todo lo largo de la exposición.
Marcos 1:29-39: "E inmediatamente después de haber salido de la sinagoga, fueron a casa de Simón y Andrés con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón yacía enferma con fiebre, y enseguida le hablaron de ella. Jesús se le acercó y tomándola de la mano, la levantó, y la fiebre la dejó, y ella les servía. A la caída de la tarde, después de la puesta del sol, le trajeron todos los que estaban enfermos y los endemoniados. Y toda la ciudad se había amontonado a la puerta, y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios, y no dejaba hablar a los demonios porque ellos sabían quién era él. Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Y Simón y sus compañeros salieron a buscarle, le encontraron y le dijeron: 'Todos te buscan'. Y él les dijo: 'Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique también allí, porque para eso he venido'. Y fue por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando demonios".
Para los que no estuvieron con nosotros el domingo anterior, en el pasaje que precede a lo que yo acabo de leer, nos habíamos encontrado a Jesús en la sinagoga en un día de reposo, la sinagoga de Capernaúm, predicando la palabra. Y esa predicación de la palabra produjo reacciones en medio de aquellos que estaban allí. La primera reacción que Marcos registra aparece en el versículo 22, que dice: "Se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas".
Mientras Jesús predicaba la palabra, mientras la gente se maravillaba de lo que oía, una persona endemoniada que visitaba ese día la sinagoga —el demonio que estaba dentro de él habla e identifica a Jesús como Jesús de Nazaret, como el Santo de Dios— Jesús lo manda a callar y lo expulsa. Jesús rehusó el testimonio del demonio con relación a su persona, y eso produjo otra reacción de parte de aquellos que estaban escuchando y observando. Esta es la reacción registrada por Marcos en el versículo 27: "Y todos se asombraban de tal manera que discutían entre sí diciendo: '¿Qué es esto? Una enseñanza nueva con autoridad. Él manda aun a los espíritus inmundos y le obedecen'".
Había gran consternación ese día al ver y oír cosas que ellos jamás habían escuchado, al ver a alguien que quizás supo decir en la sinagoga otra vez: "Yo os digo", "Habéis oído, pero yo os digo". Alguien que hablaba con autoridad propia, que no dependía de los escribas del presente o los maestros del pasado, alguien que no citaba a nadie que no fuera él mismo. Y la gente se maravilló de lo que escuchó y de lo que vio.
Cuando ocurre esta expulsión del demonio, ciertamente su milagro es una obra sobrenatural que el hombre no puede hacer. Y ese es el primer milagro que Marcos registra en su Evangelio, pero no sería el último, como ya vimos en el texto que acabamos de leer, donde Jesús continuó enseñando, ministrando, sanando, liberando. Y eso fue algo que caracterizó su ministerio.
En aquella época, cuando uno lee los evangelios, uno se queda con la impresión de que ciertamente abundaban los endemoniados, y hablaremos mucho más acerca de eso en lo adelante. Pero por ahora tratemos de situarnos en el tiempo, en el día que todo esto ha estado ocurriendo. Es un día de reposo. Ya ha estado en la sinagoga, ya ha enseñado, ya ha expulsado por lo menos a un demonio. Y al final del tiempo en la sinagoga, entonces ellos deciden ir a la casa de Simón y Andrés, que eran hermanos. Juan y Jacobo, que eran hermanos, se van con ellos. Ciertamente entendemos que era la casa de Simón y Andrés, y Juan y Jacobo le acompañaron.
Era la costumbre en aquel momento que después de la sinagoga las familias iban a comer a la casa, la casa propia o a la casa de alguien que le invitara. De manera que Jesús simplemente está cumpliendo con una tradición donde él ha sido invitado a pasar por la casa, probablemente a almorzar. Y él se lleva con ellos a los primeros cuatro discípulos o apóstoles, que eventualmente serían denominados posteriormente. Aquellos hombres que él encontró a la orilla del lago de Galilea, quienes había llamado y a quienes les había hecho la promesa de que los haría pescadores de hombres. Él está con ellos ahora.
Cuando él entra a la casa, le hablan de que la suegra de Pedro estaba con fiebre. La fiebre era considerada en aquella ocasión como una enfermedad en sí misma. Recuerden que no teníamos la medicina, los avances de la medicina del día de hoy, y muchas de estas enfermedades no se conocían su causa. De manera que cuando alguien tenía fiebre, se consideraba que eso era una enfermedad por sí sola, no la manifestación de una enfermedad subyacente. Ellos dividían la fiebre en fiebre alta y fiebre baja, pero en esencia era esa la enfermedad.
Ellos le hablan a Jesús probablemente con esperanza de que él pueda hacer algo, porque Jesús ya ha actuado sobrenaturalmente. En más de una ocasión ya él tiene una cierta reputación. Lo que pasó en la boda de Caná probablemente ya se conocía, de manera que él tiene una reputación de poder hacer cosas que otros quizás no podían hacer.
Jesús se acerca a la suegra de Pedro. Esto nos deja ver claramente que Pedro estaba casado. No se nos da el nombre de la suegra, no se nos da el nombre de la esposa, pero usted no puede tener suegra si no está casado. Los demás apóstoles, nosotros no tenemos idea si estaban casados o no estaban casados. Algunos piensan que los demás eran muy jóvenes, que probablemente estaban solteros. No tenemos esa evidencia, pero de Pedro sabemos que sí estaba casado. Su suegra está enferma, le hablan de la suegra, Cristo se acerca, la toma de la mano, la levanta y la fiebre la deja.
Cuando tú lees a Mateo y a Lucas, nosotros encontramos alguna otra cosa que ellos dicen acerca de este pasaje. Lucas, por lo pronto, habla de que él reprendió la fiebre, y la palabra que él usa allí en el original es exactamente la misma palabra que es usada cuando un demonio es reprendido. De manera que algunos han pensado que esta fiebre, este malestar, estaba siendo causado por un demonio. Yo no creo que hay suficiente evidencia en esa sola frase para afirmarlo categóricamente, pero yo creo que nosotros podemos, a la luz de la Palabra, decir que ciertamente el poder de las tinieblas puede afectar la condición física de una persona. Y nuestro mejor ejemplo y evidencia es nuestro amigo Job. De manera que es posible, pero todo lo que sabemos en este caso es que Jesús hizo un milagro y la fiebre desapareció.
La fiebre desapareció y lo hizo de una forma tan milagrosa que el texto nos dice que la suegra de Pedro se levantó y diaconizó, les sirvió. Esa es la palabra que ahí aparece: les sirvió de diácono, de siervo, a los que estaban allí, probablemente sirviéndoles la comida del almuerzo. Y eso nos da a hablar nosotros ciertamente de que lo que ha ocurrido verdaderamente fue un milagro.
Jesús lo hizo tocándola, no porque él necesitaba tocar a nadie para hacer un milagro, pero frecuentemente, a la hora de Jesús hacer un milagro, Jesús tocaba físicamente a la persona que lo iba a recibir. Jesús ni siquiera tenía que estar presente para hacer un milagro. Recordemos el incidente con el centurión que tenía un siervo que estaba enfermo, y cómo va donde Jesús. Y Jesús le promete que va a ir a la casa, y el centurión le dice: "No, tú no tienes que venir. Solamente di una sola palabra y mi siervo será sano". Y efectivamente, Cristo pronuncia la palabra y le dice: "Vete, que se haga conforme a tu fe". Y él se va confiado, y antes de llegar a la casa lo encuentran los demás siervos y le hablan del que estaba enfermo y le dicen que él había sanado. Él pregunta acerca de a qué hora sanó, y cuando le dan la hora, coincide exactamente con la hora cuando Jesús le había dicho: "Que se haga conforme a tu fe".
Jesús no tiene que estar presente para hacer un milagro. Jesús no tiene que tocar a una persona para hacer un milagro. Pero Jesús frecuentemente tocó al que lo iba a recibir. Y yo creo que parte de eso es porque Jesús entendía mejor que nosotros que el toque físico tiene algo que comunicar. No es lo mismo ver a una persona y decirle "hola", que ver a una persona y darle la mano, y quizá tomarle la otra mano y hacer un verdadero intercambio de toque, o extender un brazo y darle un abrazo.
El toque comunica un cierto cuidado, una cierta ternura, un cierto amor y cariño por la otra persona. Y quizás, aunque el texto no lo dice, en parte Jesús está tratando de comunicar cercanía, hasta el punto de que mi toque físico es como una invitación a la otra persona de que invada mi mundo. Y a la vez, el otro me está permitiendo invadir su mundo, su privacidad o su espacio, al podernos acercar tanto que podemos tocarnos. Quizás es parte de lo que Jesús quiere hacer. Por lo menos me gusta pensarlo de esa manera.
Aquí está la suegra de Pedro: sana, tocada, levantada. La fiebre le deja, reprendida por el Señor, e inmediatamente ella comienza a servir. Yo creo que en la época en que estamos es importante puntualizar lo completo del milagro, lo inmediato que fue su condición renovada. Cuando tú revisas los evangelios, cuando tú revisas la Palabra, cada milagro que nosotros encontramos escrito describió una condición donde el milagro ha sido hecho por completo y donde hay evidencias inmediatas de lo que ha ocurrido.
Y la razón por la que menciono eso es porque estamos en medio de una época donde muchos hablan de milagros a medias: "El Señor hizo una parte, ahora la otra parte la tiene que hacer él". Eso es un sinsentido a la luz de la Palabra.
Yo recuerdo años atrás, estaba en una conferencia para dentistas. Ya no era dentista, pero me invitaron como médico. Yo estaba sentado donde pacientes dentales iban a venir al micrófono, iban a dar testimonio de milagros que Dios había hecho. Y la primera persona que sube dice que ella tenía un problema con un molar, que tenían que arreglárselo o extraérselo, y que ella le tiene pavor a los dentistas. Pues ella oró para que el Señor la sanara, y que entonces un día se levantó, fue al espejo, se vio la boca y tenía un nuevo empaste. Dios, que hizo el universo, él puede hacer un nuevo empaste, pero él tampoco necesita empaste para sanar una muela. Pero, ¿qué? Dice ella, o sea, la primera parte no era lo peor, aunque me llamó la atención. Pero dice ella que cuando se vio la muela, ella tenía un nuevo empaste que el Señor lo había hecho, pero que el dolor estaba igual, y que eso era Satanás tratando de que ella no creyera el milagro. Yo decía: ¿Y ustedes quieren que dentistas crean esto?
No hay una sola instancia en la Palabra de Dios donde Dios haya hecho un milagro que haya sido interferido por el poder de las tinieblas. ¿Qué casa de Dios sería esa? Que él pueda ejecutar un milagro y luego dejarse interrumpir el milagro para que la persona que recibió la obra de Dios termine no creyendo en Dios sino en su duda. ¿Será posible? Y es la única razón por la que yo quiero puntualizar que cuando tú tienes fiebre y estás postrado en cama, cuando la fiebre se te quita, usualmente tú pasas un día, dos, tres, medio débil. Tú no estás para servir. En este caso, la persona es sanada e inmediatamente se para y comienza a servirle, porque esto ha sido una obra de Dios, no del hombre.
Presumiblemente ellos almorzaron, como era costumbre, a la hora sexta, la hora del mediodía. Los judíos contaban las horas a partir de las seis de la mañana y solían almorzar a las doce. E inmediatamente después de la sinagoga, en el día de reposo, probablemente se quedaron en la casa hablando, reposando, descansando. Pero escucha lo que el texto dice en el versículo 32: que a la caída de la tarde, después de la puesta del sol, le trajeron a todos los que estaban enfermos y endemoniados. Nota la separación: enfermos y endemoniados. Hay enfermos y hay demonios. Las enfermedades no son demonios o posesiones, es que hay dos grupos. Y toda la ciudad se había amontonado a la puerta.
Esto le había resultado un día largo. Estoy en la sinagoga enseñando, expulsé un demonio. Este es Jesús. Llegó a la casa de Pedro, la suegra está enferma, la sano, nos quedamos hablando. Y al caer la tarde, cuando el sol se ponía, ahora hay una multitud de gente ahí afuera, frente a la puerta de la casa, que está esperando que yo les ministre. La pregunta sería: ¿por qué esta gente espera la caída del sol, probablemente seis de la tarde, para venir a ser ministrada, cuando pudimos haber hecho esto más temprano y ahora la gente pudo haber estado yéndose a la casa?
Bueno, la respuesta es que tú no puedes olvidar qué día es. Es día de reposo. El día de reposo comienza el viernes cuando el sol se pone y termina el sábado cuando el sol se pone. De manera que esta gente no pudo haber venido antes porque no lo podían hacer, y tenían que esperar hasta que el sol se pusiera para ellos poder entonces llegar hasta Jesús y poder movilizarse. Eso no ha cambiado. Nosotros estuvimos en Israel en un par de ocasiones y, literalmente, el viernes a las tres, cuatro, cinco de la tarde comienzan a salir los carros regresando a sus hogares, porque una vez el sol se pone, nadie debe estar en su lugar de trabajo ni debe estar viajando hacia la casa. Debe estar ya en su casa hasta el sábado cuando el sol se vuelve a poner. Y esa es la hora que la multitud escoge para ir donde el Maestro. Al final del día, largo día, largas horas, y ahora comenzar a trabajar.
La razón por la que menciono eso es porque una vez más tú encuentras a Jesús siendo interrumpido, normalmente al final de un día de reposo. Imagínate el domingo en tu casa, seis, siete de la noche, ¿qué estás haciendo? Tú estás usualmente tranquilo en la casa con amigos, con familiares quizás, o solo descansándote, preparándote para el próximo día. Esas son las horas de descanso, y sin embargo estas son las horas cuando Jesús tiene que comenzar a trabajar, al final del día. Y una vez más tú encuentras el descanso de Jesús, el espacio de Jesús, el tiempo de Jesús siendo interrumpido por las multitudes, y él dejándolos interrumpir y ministrando.
No hay dudas de que nosotros todos necesitamos un tiempo para nosotros de descanso y un espacio para nosotros de descanso. Pero igualmente estoy convencido de que el tiempo y el espacio que nosotros reclamamos como propio es mucho más grande de lo que realmente se nos está permitido. Es mi convicción; yo puedo estar equivocado. Pero yo veo a Jesús al final de otro día de ministración, donde literalmente el texto dice que estaban cansados, y donde Jesús, por el cansancio que experimentaban, tomó a sus discípulos y se los comenzó a llevar a descansar. Y camino al descanso, Jesús se voltea y ve las multitudes, y tuvo compasión de ellas, y le dice a los discípulos: "No hay descanso, vamos a ministrar otra vez". "Maestro, pero ya está. Diles que se vayan a comprar comida porque aquí no hay nada que darles". "No, ustedes los van a recostar y nosotros les vamos a ministrar y les vamos a alimentar". Y Jesús multiplica los panes y les ministra física y espiritualmente. Siendo interrumpido por la multitud, sin nunca protestar, sin nunca quejarse, sin nunca despedirlos y sin nunca sentirse incómodo.
Si hubo alguien que tuvo mentalidad del reino, que tuvo perspectiva eterna, que tenía conciencia de la urgencia del momento y de los tiempos, es este hombre: el Hijo del Hombre, Jesús, el Maestro, el Mesías, siempre enfocado en su misión. Y la gente que vino no fueron dos o tres. El versículo 33 dice que toda la ciudad se había amontonado a la puerta. ¿A cuál puerta? La puerta de la casa de Pedro. Toda la ciudad. Que sea un poco hiperbólico, pero nos da una idea de que fue mucha gente. De manera que si la gente comenzó a llegar a las seis de la tarde, yo imagino que toda la ciudad estaría ahí hasta no sé, diez u once, medianoche, no lo sé. Podía ser. Pablo estuvo hablando en una ocasión y duró hasta la mañana, hasta que salió el sol otra vez hablando, y alguien hasta se cayó de una ventana. Se durmió a medianoche. De manera que Jesús probablemente estuvo ahí ministrando, final del día, largas horas, siendo interrumpido, pero no le molestaba.
Y sanó a muchos, dice el versículo 34, que estaban enfermos, un grupo de diversas enfermedades, y otro grupo, y expulsó muchos demonios. Aquí están de nuevo los dos grupos claramente delineados: unos sanados de enfermedades y otros expulsados de demonio, o liberados. Y luego el texto agrega: y no dejaba hablar a los demonios porque ellos sabían quién era él. Parece ser que estas posesiones en aquella época, en ese lugar, eran más o menos comunes. Y nosotros no podemos olvidar que mucha de esta gente eran seguidores de dioses paganos, devotos del mundo de lo oculto, devotos del mundo idolátrico. Y tampoco podemos olvidar que Cristo, hace dos mil años, cuando entró a esta tierra y se encarnó, su encarnación representó una declaración de guerra en contra del mundo de las tinieblas.
Y Satanás ha tratado de impedir el avance del reino de los cielos. Ha tratado de impedir el ministerio de Jesús en más de una ocasión. Ha tratado de impedir que Jesús llegara al Calvario porque sabía que si Jesús llegaba a la cruz, su tiempo estaba contado. Y eso literalmente es la razón por la que tú te encuentras a Herodes organizando toda una matanza de todos los niños menores de dos años en toda esa comarca, justamente tratando de que entre ellos estuviera Jesús, el Rey de los judíos, a quien él no quería ver en pintura. Pero detrás de todo eso no pudo haber estado otra persona que no fuera Satanás mismo. Todo ese plan de Herodes olió a azufre de principio a fin.
Satanás sabe que Cristo vino a recobrar lo que se había perdido, lo que se había perdido en sus manos. La guerra ha sido declarada, los territorios que cedió van a ser retomados, las almas van a ser reclamadas. Y Jesús continúa su avance, y en la medida en que Jesús continúa su avance hacia el Calvario, en la medida en que el tiempo va pasando, en un momento dado, cuando Jesús les anuncia a los discípulos que él tiene que ir a la cruz, y allí tiene que sufrir en manos de los escribas y de los sacerdotes, Pedro se levanta y lo reprende y le dice: "Que no te suceda eso". Y Cristo, reconociendo la obra de Satanás en Pedro el apóstol, le dice: "Te reprendo, Satanás, porque tú no tienes en cuenta las cosas de Dios sino las cosas de los hombres". Y ahí estaba Satanás otra vez, usando nada más y nada menos que a un apóstol para interferir con el plan de redención en la cruz.
Satanás sabía lo que posteriormente se nos declara. Cristo va a la cruz, Cristo muere, Cristo resucita. Escucha lo que Pablo escribe posteriormente acerca de qué pasó el día que Cristo es clavado en la cruz, qué pasó ese día a nivel del poder de las tinieblas. Colosenses 2:14-15: "Habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio clavándolo en la cruz". Escucha ahora: "Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de él".
En la cruz, Cristo desarma por completo el poder de las tinieblas, avergonzándolos y haciendo un espectáculo público de ellos, no habiendo podido detener la obra de redención. Y a partir de ahí, Satanás pierde el poder sobre la muerte, el poder del pecado sobre nosotros, porque Cristo tomó el documento que pesaba, el documento de deuda, como literalmente se hacía en la antigüedad. Si tú debías algo, había un documento firmado y ese documento tenía poder sobre ti. Cristo tomó ese documento y lo clavó en la cruz, de tal manera que ya yo no tengo condenación si estoy en Cristo Jesús.
La muerte no tiene poder sobre mí, porque cuando yo muera, entro a la vida eterna. Mi muerte es mi verdadera vida. Cuando yo muera estaré más vivo que nunca. No sé usted, pero yo estaré.
Este es el jardín de Edén. Satanás ha tratado de detener los planes de Dios. Cristo entra al mundo y Él representa la declaración de guerra en contra del reino de las tinieblas. Por tanto, Él se va a encontrar a mucha gente endemoniada, territorio que Él va a reclamar, almas que Él va a retomar. Y tenemos dos mil años, Dios tiene dos mil años haciendo exactamente la misma cosa.
Ahora escucha, esto es vital. El ministerio de Jesús no fue un ministerio de liberación. El ministerio de Jesús fue un ministerio de predicación, y en el contexto de la prédica, la liberación tuvo lugar. Nadie ha sido ordenado a un ministerio de liberación. No hay ninguna evidencia de tal cosa. La gente es ordenada a un ministerio de predicación de la Palabra. La consigna es la Gran Comisión. Las últimas instrucciones del Señor no fueron ir por todo el mundo y liberar de demonios. Fue: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles" —esa es predicación y enseñanza— "a guardar todo lo que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."
La predicación es el ministerio. Es la encomienda. Es la obligación. Es el mandato. Y bajo la sombrilla de la predicación y enseñanza, el reino de los cielos avanza. La luz hace replegar las tinieblas, y en ese proceso entonces la liberación toma lugar. Tener ministerios enteros dedicados exclusivamente a la liberación no tiene ningún aval bíblico. Han proliferado porque son espectaculares. Han proliferado porque es una demostración de poder, y el hombre está muy ansioso de poder, con hambre de poder.
Pero en todo momento tú encuentras —lo vamos a ver otra vez en el texto de hoy— tú encuentras a Jesús liberando de demonios en el contexto de la predicación de la Palabra. Lo vas a ver en este texto. Lo hizo en la sinagoga ya ese día y lo vas a ver aquí según avancemos. Y eso es importante que nosotros lo leamos, porque hoy en día es muy común encontrar ministerios exclusivos de liberación. Eso no tiene su soporte bíblico.
Y muchas veces las personas detrás de estos ministerios se han engrandecido tanto que tú los escuchas decir: "No, porque yo voy a pisotear a Satanás." Y yo me pregunto si ellos han leído lo que la Palabra dice con exactitud, lo que Pedro escribió acerca de esa actitud, de aquellos que tienen esa actitud. Y me pregunto si han leído el libro de Judas, donde el arcángel Miguel, cuando luchó con Satanás por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar juicio sobre él, sino que simplemente dijo: "Que el Señor te reprenda." Yo me pregunto si han leído.
Me pregunto si han leído a Pedro, su segunda carta, capítulo dos, a partir del versículo 10, que describe claramente lo que Dios piensa acerca de ese tipo de actitud. Escucha, te lo voy a leer: "Especialmente a los que andan tras la carne en sus deseos corrompidos y desprecian la autoridad. Atrevidos y obstinados, no tiemblan cuando blasfeman de las majestades angélicas, cuando los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio injurioso contra ellos delante del Señor. Pero estos, como animales irracionales, nacidos como criaturas de instinto para ser capturados y destruidos, blasfemando de lo que ignoran, serán también destruidos con la destrucción de esas criaturas, sufriendo el mal como pago de su iniquidad."
Dios nos está diciendo: tú no tienes esa autoridad, tú no tienes ese poder, y Yo no te lo he delegado. Y nos dice: los ángeles, que son mayores en fuerza y en poder que tú, no se atreven a hacer lo que tú haces. Y ahí está Judas para testificar acerca del arcángel Miguel, que no se atrevió.
En fin, la guerra espiritual es real, pero nuestra encomienda es la Gran Comisión. A mí me dirás otra vez: la guerra espiritual es real. Tú y yo estamos involucrados en una guerra que no entendemos, que escapa a nuestra comprensión, a nuestro alcance. Pero la manera como Dios se propone que nosotros libremos la guerra es predicación de la Palabra, el avance de la verdad, el avance de la luz en medio de las tinieblas, que obliga a las tinieblas a replegarse, porque el satisfacción es el poder de Dios para salvación. La encomienda es la predicación de la Palabra, no la expulsión de demonios.
Como eso no lo hemos tenido claro, Satanás ha diseñado una estrategia —para usar una frase de uno de los maestros— altamente poderosa, una estrategia casi dualmente eficaz, que ha desviado la atención de la iglesia. Y eso tiene treinta, treinta y cinco años en la historia de la iglesia; no tiene más. Este afán con la guerra espiritual, en dos mil años de historia, tiene treinta y cinco. Sí, tenemos que saber cómo nos vamos a pelear, pero mi encomienda es la predicación de la Palabra.
¿Qué ha ocurrido? Como eso no ha estado claro, Satanás ha logrado que la iglesia tome sus ojos y desvíe la atención: de Cristo a Satanás, de la predicación del satisfacción a ministerios de liberación, de la predicación de la verdad a la guerra espiritual, de ser siervo a ser apóstol. Siervo, no apóstol. De la vida de renuncia a la vida próspera. Nadie quiere ser siervo. Siervo, no apóstol. Siervo, no profeta.
Aquí mismo yo me he encontrado con personas. Yo bajo del púlpito a veces y alguien viene: "Pastor, yo soy de fulano y tal. Yo quería simplemente decirle que yo me muevo en el ámbito de la profecía. Yo me muevo en profecía." Yo lo miro, solamente es más grande que yo. Yo lo miro así: "Yo me muevo aquí en la ibi y me muevo en profecía." ¿Qué es eso? Si fuéramos astros celestiales que nos movemos.
La iglesia desviada, hermanos. En la Palabra de Dios, en esta Palabra, no existe una cosa que sea ministerio de liberación. Existen liberaciones en el contexto de hacer ministerio, como lo hizo Cristo, como lo hizo Pablo, como lo hizo Pedro. Pero nadie ha sido ordenado a ese ministerio. Eso tiene de nuevo treinta, treinta y cinco años en la historia de la iglesia. Nosotros somos ordenados a la Gran Comisión, al ministerio de la predicación de la Palabra, enseñanza de la Palabra. Y cuando nos encontremos con el poder de las tinieblas, entonces el poder es enfrentado con la misma Palabra.
Tú pasas los Evangelios, tú esperas veinticinco años, veintisiete años, el apóstol Pablo escribe la carta a los Romanos, y Pablo nos dice otra vez, nos recuerda cuál es nuestra gran encomienda. Escucha, versículo 14 de Romanos 10: "¿Cómo pues invocarán a aquel en quien no han creído? Y ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído? Y ¿cómo oirán sin haber quien les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que...!" ¿Liberan demonios? No. "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el satisfacción del bien!" Esa es la encomienda: el anuncio del satisfacción, de la luz, y las tinieblas quedarán debilitadas en el camino.
Cristo nos dio la estrategia de cómo pelear esto. La Palabra es el arma ofensiva de la armadura de Dios, y es con esa arma que yo tengo que ir a la guerra.
Jesucristo es identificado en la sinagoga y posteriormente por los demonios. Y ellos querían confesar su autoridad, confesar su nombre, y el texto de hoy en el versículo 34 nos dice que Él no dejaba hablar a los demonios porque ellos sabían quién era. Hablamos un poco de esto la semana anterior. Cristo no quería el testimonio de los demonios. Él no quería la alabanza de los demonios. Él no quería el reconocimiento de los demonios. ¿Cuántos de ustedes quisieran, si fueran ingeniero o economista, que el testimonio suyo lo diera un criminal en serie? Es el que hace tus relaciones públicas. No.
Pero Cristo tuvo un ministerio un tanto extraño, tanto misterioso, porque Cristo vino a revelar y a esconder. Y tú ves eso de diferentes maneras. Yo me voy a limitar al Evangelio de Marcos; pudiera expandirlo todavía más y ver los otros tres Evangelios. Pero en Marcos tú encuentras que en tres ocasiones diferentes Cristo le prohibió a los demonios hablar acerca de Él. Los silenciaba y los expulsaba. Tú ves eso en Marcos 1:25, en 1:34 y en 3:11.
En Marcos todavía tú encuentras cuatro ocasiones donde Cristo hace milagros, y en cada caso Él prohibió al que recibió el milagro que fuera a contar lo que había sucedido con él. Lamentablemente ninguno le obedeció y todos contaron lo que había pasado, porque no podían dejar de hablar lo que habían visto y oído. Y tú sigues leyendo y te das cuenta como en una ocasión quien recibe el milagro es un leproso, en Marcos 1:44. En otra ocasión resucita una niña, en 5:43. En 7:36 sana un sordomudo. En 8:26 sana un hombre ciego. A cada uno de ellos le dijo: "Shh, no quiero que digas nada. Nada de fanfarronería, nada de hablar, nada de despliegue de poder." Muy distinto a lo que vemos hoy en los televangelistas, donde todo es lo opuesto a lo que Cristo trató de hacer.
Tú encuentras a Jesús en el Evangelio de Marcos, en 8:30, diciendo a los discípulos en dos ocasiones: "No digan nada a nadie de quién Yo soy." Teniendo que revelar, sí, pero ahora es tiempo de esconder. En 7:24 y 9:30 Marcos dice que se alejó de la multitud; en esa ocasión escapó de las multitudes, se fue solo.
Cristo quería un ministerio sano, basado en la verdad y sin sensacionalismo. Todo lo opuesto a lo que se quiere hoy. Eso es lo que Él estaba tratando de construir. Y tú tienes verdad como Marcos nos dice que Él no permitía que los demonios hablaran acerca de Él. Se lo impidió, teniendo potestad sobre ellos, y enfatizando una vez más que tú y yo no tenemos nada que conversar con un demonio. Todo lo que ellos digan es mentira. Ellos representan la mentira. Satanás es el padre de la mentira, y cuando habla, siempre miente, dice el texto. Yo no creo que sus sirvientes darán nada menos.
Esos términos en el día de reposo, no dice a qué hora, no dice cómo terminó, pero es interesante que, como me imagino, fue un largo día de administración, enseñanza de la Palabra, expulsión de demonios, curación de enfermedades, probablemente más predicación o enseñanza de la Palabra después que esta multitud estaba ahí. Al otro día, escucha, versículo 35, yo diría domingo, que el día de reposo judío acaba el sábado: "Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba."
Hay dos ocasiones que tú puedes claramente distinguir en la vida de Jesús: tiempo público con las multitudes y tiempo privado con el Padre. La calidad de lo que pasa en público siempre está determinada por la calidad de lo que pasa en privado con el Padre. Y ese es un tiempo que Él nunca negoció, y ese es un tiempo que yo decía esta mañana: nosotros todos tenemos que cuidar, pero nosotros los predicadores y pastores tenemos que mandatoriamente presupuestar. Y hacía un compromiso con el grupo esta mañana, he vuelto a un segundo grupo, que ese es un tiempo que yo necesito presupuestar y no negociarlo bajo ninguna circunstancia. El predicador no puede arañar su tiempo con Dios, eso es no negociable.
¿Y Cristo lo hizo? Si Cristo supo pasar, como en una ocasión, toda la noche orando, para luego ir a tomar una decisión de quiénes serían los apóstoles, ¿cuánto tiempo debiéramos nosotros orar? Si fuéramos a hacer la ecuación, trabajaríamos nada más que orando, porque si la segunda persona de la Trinidad necesita pasar tanto tiempo, largo tiempo orando, imagínate nosotros.
Los evangelios hablan de los tiempos de oración de Jesús. Marcos por lo menos menciona tres tiempos, no son los únicos, simplemente tres ocasiones. Cada una de esas ocasiones estaba a oscuras. No hay nada sagrado en la oscuridad ni en las primeras horas de la mañana, lo que sí hay es privacidad y no interrupción de ese tiempo. La razón de hacerlo temprano no es porque Dios habla temprano y no habla el resto del día, es porque temprano, antes de que mi tiempo se comprometa y antes de que mi mente se preocupe con los afanes del día, yo tengo más probabilidad de tener un tiempo de calidad con Dios, de lectura de la Palabra, de reflexión. Los pastores y nosotros tenemos que aprender esa disciplina, eso es una disciplina igual que cualquier otra.
Yo no creo que Pedro, Simón, como todavía se le está llamando en este momento, yo no creo que Simón estaba muy consciente de esa necesidad. Y la razón por la que pienso eso es que el texto nos dice que Jesús se levantó muy temprano, a oscuras, de manera que nadie estaba despierto, y se fue solo. Yo creo que Simón debió haber concluido: si Él se fue solo, Él sabe cómo regresar, esperémoslo aquí. Pero no, él fue a buscarlo.
Versículo 36: "Simón y sus compañeros salieron a buscarlo." Pero déjalo, si se fue solo, ahora déjalo tranquilo. De hecho, los lingüistas nos dicen que la expresión que ahí se usa, "salieron a buscarle", es muy débil, es muy anémica, que realmente el texto original dice que salieron como a perseguirlo, que la fuerza de la expresión es como alguien que sale a cazar una presa. Y yo creo que lo que sigue nos da una idea de que probablemente es así, porque el texto dice que Simón y sus compañeros, ¿quiénes son estos compañeros?, probablemente Andrés, Juan, Jacobo, salieron a buscarle, le encontraron y le dijeron: "Todos te buscan", como recriminándolo. ¿Qué tú haces aquí solo? Si todo el mundo te está buscando, ¡regresa!
Simón y sus compañeros no habían entendido que la agenda de Jesús no la manejaba Pedro, ni la manejaban las multitudes, la manejaba su Padre. Y no habían aprendido eso, y no habían aprendido algo que Cash Luna tiene que aprender todavía, porque Luna dice que la agenda del cielo se maneja desde la tierra. Dios tenga misericordia, porque eso merecía un rayo ahí mismo. ¿Cómo te atreves a blasfemar de esa manera? ¿La agenda de Dios la maneja el hombre?
"Todos te buscan." No esperaría que Jesús dijera: "¿No me digas? Perdóname, Pedro, no sabía. Excúseme que me haya ausentado." Pero yo no creo que estaba esperando la respuesta que Cristo le da. Y creo que Pedro ignoró el tiempo de comunión de Jesús con Dios, y de esa misma manera, Jesús ignoró la recomendación de Pedro. "Todos te buscan." Jesús amaba las multitudes, no te quepa la menor duda, Jesús se movía con pasión por las multitudes, pero quien dirigía su agenda todavía era el Reino de los Cielos. Jesús tenía muy consciente, muy claro, que la calidad de lo que hacía con las multitudes y en las multitudes dependía de la calidad del tiempo que Él pasaba con su Padre en privado.
Tú ni lugar a dudas, en Capernaúm lo querían retener. Si tú estás en la presencia de Dios y Dios está hablando y Dios está haciendo milagros, yo no creo que nadie se va a ir. De manera que lo más lógico era que Capernaúm quisiera retenerlo. Cualquier tiempo que pasaran con Jesús, yo creo que no sería suficiente.
Su misión, la misión de Jesús, tenía que ver con el Reino. Escucha la respuesta. Pedro dice: "Todos te buscan." Eso es lo que mira, lo ignora, le dice: "Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique." ¿Ves cuál es el énfasis? ¿Ves cuál es el centro? ¿Ves cuál es la encomienda? "Para que predique también allí, porque para eso he salido." Ese es el propósito para lo que yo he venido: a predicar el plan de redención. ¿Te das cuenta que este es el énfasis? Por eso te estoy diciendo que vamos a ver una vez más que las liberaciones se producían en el contexto de la predicación de la Palabra. "Para que predique también allí, porque para eso he salido."
Escucha ahora: "Y fue por toda Galilea haciendo qué: predicando en sus sinagogas y expulsando demonios." Predicando. En el contexto de la predicación, la expulsión. Esa es la encomienda. Nosotros tenemos que desarrollar el ministerio de la misma manera. La encomienda es la predicación de la Palabra.
Cuando la iglesia no tiene eso, claro, la iglesia toma la predicación, le da un segundo lugar, toma la Palabra y la coloca en un segundo, un tercer lugar. Tan terciario es ese lugar que muchos hoy hablan de que ya, "¿tú todavía estás en la Palabra? No, lo mío es la rhema, la rhema, sí, la comunicación fresca de Dios que está por encima de la Palabra." Dios tenga misericordia, esta gente no ha entendido.
Hoy en día la iglesia ha abandonado la centralidad de la Palabra, y si tú abandonas la centralidad de la Palabra, tú pierdes tu norte. La razón por la que pierdes tu norte es porque esta es tu brújula, y cuando tú no tienes una brújula, tú no sabes dónde está el norte. Y la iglesia entonces se va a dirigir en cualquier dirección, como literalmente está ocurriendo. Unas viven expulsando demonios, la otra viven pisoteando demonios, la otra viven pisoteando bendiciones, reclamando bendiciones, el movimiento de la prosperidad pidiendo dinero, porque la Palabra dejó de ser el centro del cuerpo de Cristo. El cuerpo de Cristo no sabe para dónde va ni de dónde viene.
Decía alguien que la nueva ortodoxia tiene que ver más con estilo, con lo que está de moda y con metodologías en medio del síndrome del éxito. Ciertamente las cosas en el Reino de los Cielos hoy son como de modas. Yo recuerdo perfectamente, por años se vino una moda de sanaciones de caries y nuevos empastes, en serio se lo digo. Cuando eso pasó, eran pies planos, a todo el mundo le curaban el pie plano. Filas con un sanador adelante curando pie plano. Todo es una moda. Hoy en día es reclamando bendiciones, y tú pisas las cosas y las reclamas y te van a llegar.
Es decir, este autor, que la nueva ortodoxia, cuando la comparas con la ortodoxia anterior, te das cuenta que esa ortodoxia anterior se preocupaba con practicar la Palabra y no con el progreso o el crecimiento. Era una ortodoxia que le daba la bienvenida a las dificultades, a las pruebas y aun a las persecuciones. Y en círculos grandes hoy, cuando tú hablas de dificultades como provenientes de Dios para nuestro beneficio, y las pruebas, dicen: "No, no, no, no lo recibo, aquí no me lo pronuncies." Si quieres no te lo pronuncio, pero te van a llegar.
La iglesia comenzó a enfatizar la experiencia del creyente sobre la Palabra. "Tuve una experiencia ayer." Puede ser, pero si contradice la Palabra, tu experiencia estuvo mal interpretada, porque no puede contradecir la Palabra. Y hoy nosotros vemos eso continuamente: la gente con nuevas experiencias. La iglesia ha perdido en los últimos años un gran terreno que había sido ganado a la luz de la predicación de la Palabra, y lo ha perdido a todas estas herejías que han venido en todas las direcciones y en todos los campos.
Satanás ha tomado la mentira e infiltró la demonología bíblica, infiltró la adoración, infiltró el entendimiento de las ofrendas y el dar, infiltró liderazgo con hambre de poder y apóstoles y profetas, infiltró el Evangelio y lo distorsionó. No hay un área del Reino de los Cielos que la mentira no haya infiltrado. Y un gran sector entonces de la iglesia evangélica fue enseñado a que cuando llegara a la iglesia tomara su cerebro, lo dejara afuera, y entrara a sentir.
Yo siento. Las emociones a mí no me las dieron para razonar, ni tomar decisiones, ni para entender la Palabra. Dios me dio la mente. La renovación de mi mente, dice Romanos 12:2, para yo entender su Palabra. Y me dio las emociones para que yo sienta lo que mi mente aprende de su revelación, para que le ame con todo mi corazón. Pero tengo que amarle con toda mi mente. No puedo amarle con mi corazón sin mente, descerebrado. No puedo. Voy a terminar abandonado y adorando un ídolo.
El texto dice: "Ama al Señor tu Dios con toda tu mente." Tú tienes que entender la Palabra, lo que Dios comunica, y producto del entendimiento, eso levanta al corazón y sus emociones, y tú le amas ahora con todo tu corazón y lo obedeces con toda tu voluntad. Pero la iglesia ha sido infiltrada y ha sido enseñada a no pensar, por tanto el cristiano fue engañado, seducido, desviado. "No, que me contaron que uno fue al infierno, que el otro fue al cielo." Y si todo eso fuera cierto, entonces tenemos que editar la Biblia todos los años y agregarle: "Lo que a Cristo, lo que usted siempre quiso saber pero nunca preguntó acerca del cielo o del infierno, ahí está." Y una revelación de esas contradice la otra. Las herejías proliferan cuando la Palabra es escasa. Las herejías proliferan cuando la Palabra es escasa.
"Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique también allí, porque para eso he salido." Ahora, cuando Jesús iba a predicar, obviamente Él tenía características que nadie ha tenido como predicador, y debió haber sido una experiencia, como hemos hablado otras veces, extraordinaria. Porque ciertamente Él predicaba la Palabra, pero resulta que Él mismo era la Palabra. Era el Verbo de Dios. Tú tienes la Palabra predicando la Palabra; la Palabra viva predicando la Palabra escrita, y la Palabra que ha de ser escrita también.
Cuando Cristo predicaba, Él predicaba un mensaje de redención, pero resulta que Él era el mensajero y a la vez el mensaje. Cuando yo predico, yo no soy ni el mensajero ni el mensaje; yo llego a ser el micrófono de Dios. Él es el mensaje y Él es el mensajero. Cuando Cristo predicaba, Él era... Pablo, cuando escribe a los corintios, le dice que uno siembra, otro irriga y otro cosecha, pero cuando Cristo sembró, Él irrigó y Él cosechó. Es un sembrador extraño: Él siembra y cosecha Él mismo. Es como un partido de pelota donde una sola persona fuera el bateador, el pitcher, el catcher y todas las bases.
Jesús solía leer la Palabra en las sinagogas, pero resulta que la Palabra que Él leía... Él era el autor de esa Palabra. Ningún predicador ha podido hacer eso. Nosotros no somos los autores de la Palabra, o el autor de la Palabra. Finalmente, Jesús, en ocasiones, era... Para explicarlo mejor: usted me ha oído orar diciendo, "Señor, permíteme ser el mesero que puede servir la comida que Tú has preparado," pero resulta que cuando Jesús daba, Él era el chef y Él era el mesero. Él preparó la comida y Él sirvió la comida. De manera que su predicación debió haber sido algo fuera de serie, como dirían en inglés: "one of a kind," una de su clase.
¿Te imaginas estar ahí escuchando al autor de la Palabra predicar la Palabra? ¿Te imaginas el poder de esa predicación? ¿Te imaginas cómo esto sofocaría el poder de las tinieblas, en su presencia, que tan pronto llegaba, ellos mismos identificaban?
Esta es nuestra encomienda: predicar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo. Y esta Palabra será buena para instruir, para redargüir o reprender, para toda buena obra. En el camino de la predicación de la Palabra aparecerá gente herida emocionalmente, aparecerá gente desesperanzada, aparecerá gente abusada físicamente, emocionalmente. Hoy en día, múltiples abusados espiritualmente por líderes, abusados en la predicación de la Palabra. Nosotros nos encontraremos con todo tipo de pecado. Y entonces nos encontraremos de vez en cuando con personas endemoniadas.
Bajo la misma sombrilla del compartir la Palabra, ya sea predicación, enseñanza, discipulado uno a uno, consejería, bajo esa misma sombrilla, Dios nos ha encomendado usar la Palabra para restaurar a todos aquellos con corazones abatidos en todas esas circunstancias, y producir libertad de aquellos que han estado cautivos del pecado, cautivos de Satanás, o ambas cosas. Pero la liberación no es un ministerio particular; es un ministerio donde la Palabra ocupa la centralidad. Es el ministerio. El resto son bendiciones de poder manejar la Palabra.