Integridad y Sabiduria
Sermones

El testimonio de una limpia conciencia

Miguel Núñez 29 noviembre, 2015

La conciencia puede convertirse en el testigo más poderoso de una vida íntegra. En 2 Corintios 1:12-18, el apóstol Pablo enfrenta acusaciones dolorosas: los corintios lo juzgan de vacilante, de decir sí cuando quiere decir no, de cambiar sus planes por motivos egoístas. Algunos incluso atribuyen sus sufrimientos al juicio divino por pecados ocultos. Frente a estas acusaciones, Pablo no presenta argumentos elaborados; apela al testimonio de su propia conciencia: ha vivido entre ellos en santidad y sinceridad, no con sabiduría carnal, sino en la gracia de Dios.

Lo notable es que Pablo reconoce tanto el valor como los límites de la conciencia. Aunque la suya está limpia, sabe que solo Dios puede juzgar las motivaciones del corazón. Por eso invita a los corintios a esperar hasta que el Señor venga y saque a la luz lo oculto. Mientras tanto, les recuerda que lo que él escribió es exactamente lo que ellos leyeron y entendieron, sin dobles sentidos ni mensajes cifrados. Una mano pura no necesita guante para cubrirse.

El problema de los corintios fue juzgar motivaciones en lugar de acciones, especular en lugar de atenerse a los hechos. Filipenses 4:8 ofrece el antídoto: meditar en todo lo verdadero, lo digno, lo justo. Una conciencia limpia nace de una mente saturada por la Palabra, un corazón transformado por la verdad y una voluntad sometida a Dios. Y lo que sostuvo a Pablo frente a estas acusaciones sin perder el afecto por sus acusadores fue el amor incondicional, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hemos titulado el mensaje de hoy "El testimonio de una conciencia limpia". Segunda carta a los Corintios, capítulo uno, versículos del 12 al 18:

"Porque nuestra satisfacción es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios —no en sabiduría carnal, sino en la gracia de Dios— nos hemos conducido en el mundo, y especialmente hacia vosotros. Porque ninguna otra cosa os escribimos, sino lo que leéis y entendéis, y espero que entenderéis hasta el fin. Así como también nos habéis entendido en parte, que nosotros somos el motivo de vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra en el día de nuestro Señor Jesús. Y con esta confianza me propuse ir primero a vosotros, para que dos veces recibierais bendición. Es decir, quería visitaros de paso a Macedonia, y de Macedonia ir de nuevo a vosotros, y ser encaminado por vosotros en mi viaje a Judea. Por tanto, cuando me propuse esto, ¿acaso obré precipitadamente? O lo que me propongo, ¿me lo propongo conforme a la carne, para que haya al mismo tiempo el sí, sí, y el no, no? Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es sí y no."

Si escuchas eso, como lo acabamos de hacer, y no conoces nada del trasfondo, quizás pueda parecerte un tanto poco claro lo que acabamos de escuchar. Sin embargo, yo voy a tomarme unos minutos para ayudarte a entender a qué es que Pablo está respondiendo de esta manera.

Pero primero, te voy a recordar —para aquellos de ustedes que no estuvieron, que no tienen fresca la memoria— que en la primera parte del capítulo uno de esta carta, Pablo relata parte de su experiencia con el dolor y el sufrimiento. Y en ese contexto nos habla de tres razones por las cuales se entiende que Dios permite la aflicción en la vida de los creyentes. Una de ellas es para que nosotros aprendamos a consolar con el mismo consuelo que hemos sido consolados de parte de Dios. Y eso es una experiencia, un aprendizaje importante, porque muchos de nosotros no sabemos consolar. A veces el corazón todavía está endurecido o ha sido endurecido en el camino, y eso nos impide poder consolar a otro. Y en otras ocasiones, simplemente yo no he pasado por suficiente aflicción para haber sido consolado por Dios, para saber cómo consolar a otros.

Pablo también revela en el texto, en la primera parte del capítulo uno, que en ocasiones Dios permite que nosotros entremos en dificultades extremas para Él consolarnos, de tal manera que aprendamos a no confiar en nosotros, sino en Dios. Y en algún momento dado llegó hasta perder la esperanza, dice Pablo, de que iba a salir con vida. Finalmente, para que nosotros aprendamos en la aflicción a orar, a dar gracias por la intervención de Dios en medio de la dificultad.

De manera que ese es el trasfondo inicial de este capítulo, pero Pablo cambia de dirección y comienza a presentar una defensa de su ministerio a partir del versículo 12, algo que él va a retomar en diferentes momentos de la carta. Ahora yo quiero que tú entiendas que Pablo no está haciendo esto de una manera polémica. Pablo tiene una preocupación, y es el hecho de que los corintios han tergiversado la motivación de su ministerio, se han alejado de él, han creado una distancia que él, con un corazón pastoral como el que tenía, está tratando de cerrar. Y si hay algo que sale a relucir justamente en todas las cartas de Pablo, es ese corazón forjado por Dios, y que una vez más nosotros vamos a ver en esta carta.

¿Qué es exactamente lo que estaba pasando con la iglesia de Corinto, que Pablo tiene que presentar esta defensa? Bueno, en primer lugar, recuerda que Pablo había enviado una primera carta que nosotros tenemos y es conocida como la Primera carta a los Corintios. Pero luego Pablo pensaba regresar a la iglesia. Sin embargo, él se enteró de algunas dificultades —bueno, sabía que había dificultades porque justamente en la primera carta él habla de todas ellas— y entonces él pensó que iba a hacer una visita, ¿verdad?, como acabo de mencionar. Pero parece ser que las circunstancias eran tales que él pensó primero enviar una carta, una carta que no tenemos hoy, pero a la cual él alude en esta Segunda carta a los Corintios que sí tenemos. Una carta que ha sido denominada "la carta severa", que es la carta donde él confronta estos problemas con la intencionalidad de que cuando él llegue, las cosas estén mejor y no se produzca una confrontación, y él no tuviera que disciplinar a algunos.

Pablo explica a partir del 1:23 al 24 que él prefirió enviar esa carta por consideración a ellos. Esta es la primera cosa que yo tengo que recordar, porque es esta motivación que ha generado cuestionamiento en la mente de los corintios, que llegaron a conclusiones erradas al juzgar sus motivaciones. Él decidió no haber ido y prefirió enviar una carta para no tener que disciplinarlos en persona, y es por consideración a vosotros. Sin embargo, Pablo explica también que aun esa carta, que a ellos les produjo tristeza, él la escribió también con gran tristeza, con lágrimas en sus ojos. De manera que, aunque fue una carta confrontadora, fue una carta que le dolió tener que escribir.

Pero como Pablo envía una carta y no va personalmente, algunos tomaron esa ausencia de su visita —que él había dicho que iba a ir— como algo que revelaba a un Pablo vacilante, un Pablo sin convicciones, un Pablo que cambió sus planes por motivos egoístas. Y él no volvió a Corinto como pensaba inicialmente, aunque sí lo hizo posteriormente, pero no por una ausencia de convicciones, sino justamente por consideración a ellos. Y él hace una defensa cuidadosa de su ministerio y de su motivación.

Por otra parte, había algunos que habían pensado que el hecho de que Pablo hubiese rehusado ganar salario —cobrar, quizás salario sería la mejor palabra— para predicar el evangelio, para ser evangelista, que eso era una medida estratégica o una forma astuta de Pablo conseguir algo. Y eso es otro juicio a sus motivaciones, cuando en realidad eso estaba muy lejos de la verdad.

Y finalmente, como buen judío del primer siglo, o gente de la sociedad aún del primer siglo, muchos habían concluido que las vicisitudes por las que Pablo había atravesado, que fueron muchas —nosotros las conocemos—, no eran más que la evidencia del juicio de Dios sobre él. El primer siglo, y todavía en el siglo XXI, nosotros aún los cristianos de hoy en día no se han podido liberar de la teología retributiva, donde cada vez que vemos a alguien en problema, ese es el juicio de Dios. Los tres amigos de Job… no hay nada nuevo debajo del sol. Job ha pecado, mira lo que le pasa. Hoy pensamos igual. Y de esa forma entonces algunos estaban pensando que Pablo estaba pasando por las dificultades que pasó porque Pablo vivía en pecado. Y esas conjeturas erradas y especulaciones llevaron a los corintios a conclusiones que produjeron esta situación.

Lo que a Pablo más le dolió es que esto comenzó a ser levantado entre falsos maestros, pero luego aquellos que habían escuchado el evangelio de parte de él también terminaron siendo afectados por el mal testimonio que estos hombres levantaron.

Lo que Pablo hace entonces, dado todo este trasfondo, es que él comienza a escribir esta defensa pastoral de su ministerio. Y lo primero que él trae a colación es su conciencia. Él apela al testimonio de su conciencia de que él ha caminado en santidad y en sinceridad con ellos. Y él dice —en la Biblia de las Américas dice—: "Nuestra satisfacción es esta: el testimonio de nuestra conciencia." En el original es mucho más enfático que esa traducción, porque el original dice: "Estamos orgullosos de esto, y lo decimos con una conciencia limpia."

Él está hablando en plural —estamos orgullosos, en el caso de la Biblia de las Américas: nuestra satisfacción—. Eventualmente él va a cambiar al singular, pero aparentemente él se estaba refiriendo a su equipo ministerial, a su equipo de plantación, a Timoteo, a Silvano. Y esto nos puede chocar, porque como nosotros tenemos esta aversión a la palabra orgullo, y por buena razón. Pero tenemos que entender que en las Escrituras hay dos maneras de nosotros estar orgullosos. Una de ellas es como el mundo, el orgullo, y es de nuestros logros, es de una forma carnal, es una forma condenada por las mismas Escrituras. Pero hay otra manera de estar orgulloso conforme a lo que la misma Palabra lo revela de otra forma, y es cuando nosotros nos sentimos así de los logros de Dios, ya sea en nuestras vidas o a través de nuestras vidas.

De hecho, el texto que yo leí en algunas traducciones dice que nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia. Hay una forma de gloriarnos que es aparentemente bíblica. Y lo decimos no solamente porque está aquí, sino porque Dios dice algo similar cuando habla a través del profeta Jeremías, diciendo que no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza. Pero el que se vaya a gloriar, que se gloríe de esto: de que me conoce y me entiende. Si te vas a gloriar de algo, que eso de lo que te vayas a gloriar tenga que ver conmigo, esté relacionado a mí.

Y eso es justamente lo que tú vas a ver más adelante, a medida que avancemos, que Pablo está haciendo. Él se siente orgulloso, él se está gloriando, él se siente satisfecho del testimonio de su conciencia, pero no tiene nada que ver con él. Tenemos que esperar para llegar ahí, pero vamos a llegar.

Pero hablemos un poquito de ese testimonio de la conciencia al que está apelando. ¿Qué es esa conciencia? Es una facultad de la personalidad humana que decide el valor de las acciones. Eso dice la Enciclopedia del Cristianismo. Es una capacidad que Dios le ha dado al ser humano al momento de la creación, que le permite a un incrédulo, hasta cierto punto, diferenciar entre lo bueno y lo malo.

La Escritura le habla de eso a los humanos en su capítulo dos. Se dice que los incrédulos, que no tienen la ley, aún ellos tienen una conciencia que a veces esa conciencia los defiende y los justifica, pero en otras ocasiones la conciencia los acusa. De tal manera que tú puedes ver que Dios ciertamente atestigua que le ha dado al ser humano una cierta capacidad en su hombre interior para poder discernir, hasta cierto punto, de nuevo a través de su conciencia, la diferencia entre lo bueno y lo malo.

La Palabra tiene mucho que decir acerca de la conciencia. La Palabra habla de una conciencia mala en el libro de Hebreos, y es esa conciencia que nosotros teníamos antes de venir a los pies de Cristo, en Hebreos 10:22. Pero habla también de una conciencia corrompida en Tito 1:15; la conciencia ha sido penetrada por el pecado significativamente y ahora está corrompida. Habla de una conciencia incluso cauterizada en 1 Timoteo 4:1-2, que es la conciencia de aquellos que han sido arrastrados, en el contexto de Timoteo, por enseñanzas de demonios, doctrinas de demonios, pero que es la que caracteriza a gente que ha estado caminando en extremos de perversidad e iniquidad. Sin embargo, también Pablo habla en Hechos 23:1 de que él ha caminado con Dios, ha vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia, dice Pablo.

De manera tal que la conciencia aparece jugar un rol importante en la vida del individuo y en la vida del creyente. Es como que Pablo entrara a una corte, presentara su caso, y que luego entonces hubiera un tiempo para él presentar sus testigos, y que el primer testigo que él llamara es su conciencia. Sienta la defensa, sienta mi conciencia en el banquillo de los testigos, porque él apela al testimonio de esa conciencia y dice que ese testimonio es que él ha caminado en santidad y en sinceridad. Escucha ahora lo que viene: de Dios, no en sabiduría carnal, sino en la gracia de Dios.

Pablo está haciendo quizás esta afirmación de que él vivió en santidad y sinceridad para rebatir las acusaciones de algunos de que las vicisitudes de Pablo tenían que ver con su vida de pecado. Y él está haciendo los correctivos: pero yo no, yo viví entre ustedes, si ustedes saben, mi conciencia me atestigua que cuando yo vivía allá, yo viví en santidad. Algunos textos dicen en sencillez, pero si tú no prestas atención a lo próximo que él dice, tú puedes pensar que Pablo es un orgulloso. Pero inmediatamente después Pablo nos deja ver que eso es algo que viene de Dios. Esta santidad y esta sinceridad es algo que viene de Dios, que no es algo conforme a la sabiduría carnal y que es algo que él tiene en la gracia de Dios. Esas tres frases aparecen en el mismo versículo 12 en la segunda parte: es algo que viene de Dios, esta santidad que yo tengo es algo que viene del Señor. Número dos, esto no es conforme a sabiduría humana; en otras palabras, esto no es un moralismo de lo que yo estoy hablando, no es un moralismo. Y en tercer lugar, eso que yo he logrado vivir es en la gracia de Dios.

Si hubo algo que Pablo tuvo claro todo el tiempo es que todo lo que él había podido lograr, lo había podido lograr justamente por la gracia de su Dios. Y él le escribe a los corintios en su primera carta, justamente a esta iglesia, y le deja ver eso en 1 Corintios 15:10: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana, antes he trabajado mucho más que todos ellos." Escucha: "Aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí." Por la gracia de Dios soy lo que soy. Ahora le dice a los mismos corintios en la segunda carta: he caminado en santidad y en sinceridad. Reconecta lo que yo le dije: por la gracia de Dios yo he trabajado más que todos, aunque yo entiendo, no yo, sino la gracia de Dios en mí.

¿Qué es lo que ha permitido entonces que Pablo pueda sentirse tan seguro de caminar de esa manera? Bueno, Pablo ha llenado su mente con la Palabra de Dios, la ha saturado completamente. Pablo ha permitido que esa verdad que penetró y saturó su mente, no se quede ahí, ha bajado al corazón y ha dado forma al corazón. Es como si la verdad hubiese moldeado el corazón de Pablo hasta llevarlo a ser una persona altamente sensible a la voz de Dios y altamente sensible a las necesidades de los demás. Y luego entonces esa mente saturada y ese corazón así forjado han doblegado, por así decirlo, la voluntad. O mejor dicho, una voluntad que depende de una mente saturada por la Palabra y de un corazón transformado por la misma verdad es una voluntad que fácilmente puede obedecer los dictámenes de Dios y entonces vivir de una manera consistente con el carácter de Dios y con los caminos de Dios. Ese es Pablo.

Ahora, ¿qué es lo que permite que ese Pablo, saturado en su mente, transformado en su corazón, sometido en su voluntad, qué es lo que permite que ese Pablo pueda estar tan seguro como él habla acerca del testimonio de su conciencia? Porque en Hechos 23:1 él dice que está seguro de que él ha caminado con Dios con una conciencia completamente limpia. Y a los corintios se les dice: ustedes me acusan y yo apelo en primer lugar... Él va a apelar a Dios en segundo lugar, y vamos a hablar más de eso la próxima semana, pero mi primer testigo es mi propia conciencia. La pregunta es: ¿cómo puede vivir alguien con una conciencia tan limpia? ¿Cómo yo puedo, pastor, en el día de mañana decir yo apelo a mi conciencia?

Bueno, yo creo que indirectamente Pablo nos da la respuesta de cómo se puede construir ese estilo de vida, pero no la da aquí en este texto. Nos la da cuando les escribe a los filipenses en 4:8 cuando él dice: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad."

Nosotros vivimos en este mundo y delante de nosotros está la realidad, y esa realidad es percibida con un corazón caído, con sentimientos que batallan, luchas que batallan en nuestros corazones como dice Santiago, ambiciones. Pero al mismo tiempo esa realidad vista a través de una mente que está teñida por el pecado, y frecuentemente nuestra percepción de la realidad está errada, no es verdadera. Lo ilustraba, yo lo he hecho otras veces en otro contexto, pero lo voy a hacer esta mañana otra vez. Es como un lápiz que pones dentro de una vasija de vidrio, verdad, transparente con agua, y tú lo ves y tú ves que el lápiz está torcido. Y si tú no supieras nada de física y nada de lo que es la refracción de la luz, tú concluirías, irías incluso hasta la horca diciendo este lápiz está torcido, hasta que alguien lo saca y se ve que está derecho. ¿Es una magia? Vuélvelo a meter. Otra vez, vuélvelo a sacar, derecho. Porque hay cosas que tú no conoces de la realidad que está viendo, que está frente a tus ojos.

De esa misma manera los corintios vieron la realidad de Pablo mal, juzgaron las intenciones de su corazón, se convencieron a ellos mismos de que así era y emitieron un juicio. Y Pablo le dice a los filipenses, nos dice a nosotros hoy: si tú quieres caminar con una limpia conciencia, procura comenzar con la manera en que piensas en todo lo verdadero. Porque nosotros pensamos primero y luego actuamos. Nuestros pensamientos nos convencen. Si pensamos en lo verdadero, viviremos en la verdad. Si nosotros pensamos en lo digno, ¿cómo piensas que caminaremos? Con dignidad. Si nosotros pensamos en lo justo, no responderemos en injusticia. Si nosotros caminamos o pensamos en aquello que es digno de virtud, pues actuaremos virtuosamente. Si pensamos en aquello que es puro, pues no viviremos en impureza. Todo comienza con un pensamiento, y ese pensamiento tiene que ser verdad. Yo no puedo tener en el día de mañana una conciencia limpia si no permito que mi pensamiento comience con lo que es verdadero. Y lo que es verdadero es lo que diría en inglés un fact, un hecho, no algo que yo he especulado de los hechos.

Pablo no ha querido ir para evitar mayor dolor. ¿Tú te imaginas? La motivación por la que Pablo no ha venido somos nosotros, que su visita no nos sea dolorosa. Porque si él viene, él va a tener que juzgarnos en persona. Nos mandó una carta, que es un poco más impersonal, pero él va a venir y fue. Y eso fue juzgado como un Pablo vacilante que hoy dice sí, mañana dice no, como alguien inconsistente, quizás alguien que le faltaba integridad o algo un poco cobarde, porque la percepción de la realidad estaba errada acerca de motivaciones que son del corazón y que nadie puede ver.

Todos nuestros problemas comienzan con la percepción de la realidad. Desde el jardín de Edén, la realidad es que hay una fruta que es prohibida, que si la comes, te mueres. La serpiente viene y dice: no, no, no, no, déjame ver si te cambio esa percepción de la realidad. Eso es una fruta, sí ciertamente es prohibida, pero si tú supieras que si te la comes tú llegas a ser como Dios... Ahora ya yo percibí la realidad como otra cosa. Mordí la fruta, comenzaron los problemas hasta el día de hoy.

Y eso es lo que ha pasado con el apóstol Pablo. Los corintios no juzgaron sus acciones, sino sus motivaciones. Pablo está diciendo: yo viví en santidad, juzguen eso; yo viví con sinceridad, juzguen eso. Eso es lo que se ve. Juzguen lo que se ve: mis acciones.

Ahora, Pablo está consciente de la importancia de la conciencia y de la limitación de la conciencia. Y lo sabemos porque él le escribe a esta misma iglesia en su primera carta y le dice en el capítulo 4, versículos 4 y 5, cómo él entiende la limitación de la conciencia. Escucha: "Porque no estoy consciente" —ahí está la conciencia— "de nada en contra mía." Lo dice: "En mi conciencia yo me he revisado; yo no estoy consciente de nada en contra mía. Mas no por eso estoy sin culpa." El hecho de que yo no esté consciente de nada en contra mía no me exonera completamente de culpa. ¿Cómo, pues? "El que me juzga es el Señor. Por tanto, no juzguéis antes de tiempo, sino esperad hasta que el Señor venga, el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y también pondrá de manifiesto los designios de los corazones, y entonces cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios."

Pablo no está diciendo que no le importa lo que los demás piensen, absolutamente que no. Múltiples veces él dice que debiéramos estar preocupados con la opinión de los hombres también, y por eso debiéramos observar cierto comportamiento ante los hombres. Lo que le está diciendo es que, en último caso, el único que nos puede juzgar a nivel de las motivaciones será el Señor. El que juzgue es el Señor, y entonces él dice: "Pues no juzguéis antes de tiempo." Bueno, Pablo, ¿y cuándo lo vamos a hacer? Bueno, para saber eso, mira, tú vas a tener que esperar que el Señor venga, porque cuando Él venga, yo te garantizo que Él va a sacar a la luz las motivaciones del corazón, y es ahí donde se va a saber quién es quién. Pero en el ínterin, cuidado con condenar a uno como Pablo antes de tiempo y de forma pecaminosa.

Pablo está convencido por el testimonio de su conciencia: que nos hemos conducido en el mundo, y especialmente hacia vosotros, en santidad y en sinceridad.

Para lo dice hay dos áreas de la vida donde yo puedo dar testimonio de que he caminado consistentemente. Una es en el mundo; cuando yo hago tiendas ahí, eso es como yo he hecho tiendas. Pero cuando yo vengo a la iglesia, hacia vosotros —no pase por alto— y especialmente hacia vosotros. La primera es el mundo. El mismo Pablo le escribió a Timoteo que para hacer pastores hay que tener una buena reputación con el mundo, con los de afuera. Si no tengo una reputación con los de afuera, pues no puedo pastorear lo que tenga dentro.

Pero luego él dice "especialmente". El testimonio de mi conciencia de que han dado en santidad y sinceridad es especialmente evidente a vosotros. Y yo viví con ustedes dieciocho meses. Si hay un grupo que debiera estar dando testimonio de cómo me comporté, son ustedes. Si hay un grupo que ha visto mi estilo de vida, son ustedes. Si hay un grupo que debiera levantarse en la corte en mi defensa, son ustedes, porque nos hemos conducido en el mundo y especialmente entre ustedes. Hacia vosotros: cómo los traté todo el tiempo, hacia vosotros, y no simplemente cómo viví entre vosotros.

El texto continúa, versículo 13: "Porque ninguna otra cosa os escribimos sino la que leéis y entendéis, y espero que entenderéis hasta el fin". Con esas palabras Pablo nos deja ver cómo otra de las acusaciones era que Pablo escribía una cosa pero había que leer entre líneas. Escucha lo que le dice: "Ninguna otra cosa os escribimos sino lo que leéis y entendéis". Yo no estoy escribiendo una cosa y significando otra; yo estoy escribiendo con claridad. No tienes que especular acerca de lo que yo te escribí. No tienes que leer entre líneas. No tienes que leer los, como en inglés lo llaman, fine prints, la letra chiquita. Lo que tú lees es lo que entiendes. No tienes que especular.

Mi esposa es testigo de que de hace un tiempo para acá —mucho tiempo ya— continuamente yo le recuerdo, y ahora nos recordamos: "Eso es especulación". Porque lo que es especulación no es verdad; es especulación. Verdad es lo que es un hecho concreto, comprobado. "En todo lo verdadero, en esto meditad". Y entonces, tan pronto tú te recuerdas a ti mismo que estás especulando, tú comienzas a quitarle peso a lo que tú mismo estás diciendo. La especulación distorsiona la realidad. La distorsión de la realidad me lleva a un pensamiento contrario a lo que Filipenses 4:8 me está pidiendo que nosotros hagamos. Y eso es exactamente lo que Pablo está diciendo: os escribimos simplemente lo que lees, lo que entiendes. No más, no menos. No tengo nada que probar, nada que ocultar, nada que temer. En inglés dirían: what you see is what you get. ¿Qué es lo que tú ves? Es lo que es. No hay más.

Una buena ilustración de este principio la vemos en la novela famosa La letra escarlata, escrita en el año 1850 en la Inglaterra puritana por Nathaniel Hawthorne. Hay una frase famosa en esa novela que dice: "Una mano pura no necesita guante para cubrirla". Y estaba pensando, sabes, que eso es como los cirujanos. Los cirujanos se ponen guantes, pero tienen que ponerse guantes porque sus manos están contaminadas. Pero si las manos estuvieran puras, pudieran operar sin guantes. Y es como que Pablo está quitándose el guante en esta carta y está diciendo: "Aquí están mis manos desenguantadas. Así viví con sinceridad entre vosotros. No entre vosotros, hacia vosotros, en la manera como les ministré, como los traté. Sin máscara, sin nada cubierto".

Yo no sé de hablar en parábolas. El Señor lo hizo porque tenía un propósito, pero yo no hablo en parábolas. Yo no uso figuras del habla rebuscadas. Yo les hablo de una forma sumamente llana. De hecho, el hecho de que Pablo les habló de forma llana fue otro motivo de acusación: de que Pablo no tenía oratoria. ¡Qué cosa! En 1 Corintios 2:1: "Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamándoos el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría". Pablo tenía suficiente preparación para haber hablado y escrito con superioridad de palabra, y él dice: "Cuando yo fui donde ustedes, yo no fui a propósito, intencionalmente no fui con superioridad de palabra. Yo quería hablar de una forma entendible. En lo que yo escribí, lo que tú leíste, lo que tú entendiste, eso es, hermano. No hay nada más".

Y así también lo acusaron en otra ocasión de falso maestro. Y en cierta medida Pablo está diciendo: "¿Cómo tú vas a pensar que soy un falso maestro, que enseño falsa doctrina? ¿De quién oíste el evangelio? ¿Quién te discipuló? ¿Quién te guió? ¿Quién te aconsejó?". Y es por eso quizá que le está diciendo en el versículo 14: "Así como también nos habéis entendido en parte, que nosotros somos el motivo de vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, en el día de nuestro Señor Jesús".

¿Qué es lo que Pablo está tratando de decir? Pablo sabía que entre los corintios había gente cristiana, convertida quizá por él, que estaba ahora engañada con respecto a su ministerio. Pero él sabía que eran creyentes. Entonces ahora hay algunos que piensan que Pablo es un falso maestro, y él está diciendo: "En el día del juicio, en el día del Señor Jesús, cuando todo se haya dicho y hecho, tú entenderás que, como oíste el evangelio de mí, como fuiste discipulado por mí, fuiste ministrado por mí, tú entenderás que yo soy parte de tu gloria, como tú eres parte de mi gloria".

Escucha otra vez como lo dice de manera más clara en el versículo 14 una vez más: "Así como también nos habéis entendido en parte, que nosotros somos el motivo de vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, en el día de nuestro Señor Jesús". En ese día, cuando Dios va a poner todo a la luz, cuando todo se va a saber, tú abrirás los ojos: "¡Oh, Pablo, tú eres genuino, original!". Y tú te vas a gloriar en mí, y yo te voy a ver y voy a decir: "Sí, tú también eras creyente. Yo lo sabía. Por eso te escribí amorosamente". Y tú serás parte de mi gloria.

Parece que Pablo está dispuesto a esperar hasta que Jesucristo venga. Si hay que esperar hasta que Jesucristo venga para que se conozcan las intenciones y motivaciones cuáles fueron, pues esperamos. Eso es lo que les dice a los corintios en la primera carta, capítulo cuatro, versículos cuatro y cinco, lo que parece estar insinuando ahora.

Pablo estaba en Éfeso. Pablo escribió esta primera carta a los corintios desde Éfeso, y este era su plan original: desde Éfeso pensaba ir a Macedonia, y de Macedonia entonces ir a pasar el invierno en Corinto. Él habla de eso al final de la primera carta a los corintios, capítulo dieciséis. Es decir, le habla de que él quiere ir a pasar el invierno allá. Ese era su plan original. Pero luego él pensó que era mejor ir a Corinto —visita número uno— de Corinto a Macedonia, y de Macedonia regresar a Corinto, con lo cual él estaría pagando dos visitas y bendiciéndolos dos veces.

Escucha cómo él le dice en el versículo 15: "Y con esta confianza me propuse ir primero a vosotros, para que dos veces recibierais bendición". ¿Cómo dos veces? Pablo, en el versículo 16, va más al detalle. Es decir: "Quería visitaros de paso a Macedonia, y de Macedonia de nuevo a vosotros, y ser encaminado por vosotros en mi viaje a Judea".

Solo que Pablo quería hacer: en principio él iba a hacer una sola visita. Después él decide: "No, voy a ir a Corinto primero. En vez de ir a Macedonia y de Macedonia a Corinto, yo voy a ir a Corinto primero, de Corinto a Macedonia, de Macedonia me devuelvo a Corinto, y los bendigo dos veces". Esta es la iglesia, esta es la congregación que está acusando a Pablo falsamente, y Pablo quiere bendecirlos dos veces. ¿Te imaginas el corazón pastoral de este hombre? Pablo no dice: "Quiero ir para que todo quede claro". Él dice: "No, yo quiero bendecirlos dos veces, para que recibierais bendición dos veces".

Pablo al final cambia sus planes. No fue el plan A, no fue el plan B, fue el plan C. Y Pablo va a Corinto y se pasa dieciocho meses con ellos, como bien dice al final de la primera carta, 16:7: "Yo no quería ir solamente de paso; yo quería ir un buen tiempo". Y aunque me iba a pasar todo el invierno, ahora resulta que no fue ni siquiera todo el invierno: fui por año y medio y pasé todo ese tiempo.

Y es a ellos a quienes Pablo les dice: "Corintios, pero yo estoy consciente, mi conciencia lo tiene claro, que yo viví en santidad y sinceridad entre ustedes. ¿Cómo es que me acusan ahora de inestable, de no confiable, de alguien sin convicciones suficientes, de angry, del que hoy dice una cosa y mañana dice otra, que a uno le dice una cosa y a otro le dice otra cosa?".

Escucha cómo Pablo expresa todo esto en el versículo 17: "Por tanto, cuando me propuse esto" —es decir, el cambio de plan— "¿acaso obré precipitadamente? ¿O lo que me propongo me lo propongo conforme a la carne, para que haya al mismo tiempo el sí, sí y el no, no?". Si lo quieres oír más claro y lo quieres oír otra vez, te lo voy a leer en la Nueva Traducción Viviente. Es exactamente el mismo lenguaje, todavía mucho más claro. Versículos 17 y 18: "Tal vez se pregunten por qué cambié de planes. ¿Acaso piensan que hago mis planes a la ligera? ¿Piensan que soy como la gente del mundo que dice sí cuando en realidad quiere decir no? Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el sí y el no".

Pablo les hace dos preguntas retóricas. Primero: "¿Obré precipitadamente o a la ligera? Mi cambio de planes, ¿ustedes piensan que eso fue algo que yo no pensé, no consideré? ¿Ustedes no piensan que yo me dejé guiar por el Espíritu? ¿Ustedes no piensan que yo oré? ¿Ustedes piensan que ustedes siguieron la voz de Dios pero yo no oí como la voz de Dios? ¿Es eso lo que piensan? ¿Que esto no es algo pensado? ¿Piensan que así es que vivo, ligeramente? ¿Piensan que no tengo reflexión?".

Luego dice: "¿O lo que me propongo me lo propongo conforme a la carne?". ¿Qué es eso, conforme a la carne? Bueno, ¿ustedes piensan que yo me propongo las cosas como la gente del mundo se propone las cosas? ¿Para mis propios intereses, de forma egoísta? ¿Que yo no tengo un carácter confiable? ¿Piensan que obro según la carne? Esa es una frase muy paulina; aparece más de veinte veces en sus escritos, el obrar según la carne. Eso nos da una idea de cómo Pablo la usa. Una de las ocasiones del obrar según la carne es querer ser lo que en inglés llaman un people pleaser: alguien que hace las cosas porque quiere estar bien con todo el mundo. Pablo está...

Diciendo: "Eso es lo que ustedes piensan, que así es que yo obro". Cuando ya le ha escrito a los gálatas, le ha dicho en una de ellas: "Si yo fuera complaciente de los hombres y yo quisiera complacer a los hombres, ya yo no fuera siervo de Cristo". ¿Te das cuenta que esta acusación de que Pablo era un complaciente lo persiguió toda la vida? A los gálatas es lo que dice: "¿Ustedes piensan que eso es lo que yo soy, un complaciente de los hombres? Yo viví bien, ustedes saben que yo confronté el pecado. Yo confronté el pecado entre creyentes, entre incrédulos, yo confronté autoridades. ¿Tú no ves cómo es que me llamas un complaciente de los hombres? ¿Que quiero estar bien con todo el mundo, cuando mi función primera era confrontar muchas veces el pecado?". Por eso le envía una carta severa confrontándolos. "¿Y me van a acusar que quiero complacer a los hombres?"

"También lo que me propongo, ¿me lo propongo conforme a la carne para que haya al mismo tiempo el sí sí y el no no?". Que algunos estaban diciendo: "Es que Pablo a veces decía que sí, pero realmente quería decir que no". O algunos piensan que Pablo venía con este grupo, le presentaba una cosa, le decía así; iba con este grupo, le presentaba otra cosa, decía no, y entonces estaba bien con estos y estaba bien con aquellos. Pablo dice: "¿Ustedes piensan que así fue que yo viví, así fue que yo los traté, cuando yo me comporté hacia vosotros?". El uso de esa frase dice: "No, corintios".

Entonces Pablo termina convocando a Dios como su testigo. Versículo 18: "Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es sí y no". Nosotros vamos a desarrollar eso mejor la semana que viene, pero Pablo básicamente está diciendo: "Como Dios es también mi testigo, y Dios es fiel, Dios sabe, Él me es jurado, que mi palabra no es sí y no al mismo tiempo. Mi palabra no es sí y no con respecto a la misma situación".

Ahora, yo les dije al principio que la motivación de Pablo en esta defensa no es tanto probar que él tiene razón; es que a él le duele el distanciamiento con los corintios, y él está tratando de cerrar la brecha. Está tratando de explicar: "Esta es la motivación real de mi corazón. Yo no fui por consideración a vosotros". Esta conclusión está errada, corintios.

La pregunta es, de manera de conclusión y aplicación: ¿Cómo se mantuvo Pablo en medio de todas estas acusaciones sin perder los afectos por los corintios? Por quienes él oró: "Doy gracias a Dios por vosotros". Por quien él lloró, por quien él sufrió, y por quien él esperó. Se hay que esperar hasta que el Señor no se nos venga para que quede claro la motivación. Pues paremos. ¿Pero cómo Pablo lidió con estos sin perder los afectos por los corintios?

Y la respuesta es: aplicando el amor incondicional de Dios a sus vidas. Mientras más años pasan, mientras más canas me van saliendo, más convencido yo estoy que el amor incondicional es la mayor fuerza de sustentación del creyente. Hay una canción de un compositor norteamericano que la mayoría de ustedes no conocen; su nombre es Michael Card. Cuando vivíamos en Estados Unidos lo oíamos continuamente, compone muy dulce. Y él tiene una canción acerca de Judas que traiciona al Señor Jesús, y una de las estrofas o un par de líneas dice —traduzco del inglés corto, inmediatamente después en español—: "¿Y por qué clavaron sus pies y sus manos cuando su amor lo hubiese sostenido allí?".

En otras palabras, ustedes no crean que fueron los clavos que sostuvieron el cuerpo de Jesús. Él pudo haberse bajado de allí en cualquier momento. Lo que lo sostuvo allí fue su amor. Tú le hubieses podido quitar los clavos y hubiese permanecido allí, sostenido por el amor de Dios para con sus acusadores. De manera que es el amor incondicional de Dios en el corazón de Jesús, y luego en el corazón de Pablo, lo que hace que Pablo no pierda el afecto por los corintios, a pesar de las conclusiones erradas a las que ellos llegaron. Y siempre está dispuesto a estar ahí para ellos.

La pregunta es cómo. Bueno, Pablo se mantuvo fiel a ellos. ¿Sabes por qué? Porque el amor incondicional, el amor ágape, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Esa es la razón, es la razón por la que Pablo está tratando de cerrar la brecha que se ha producido entre ellos. Pablo, a pesar de estas acusaciones, no está resentido. ¿Por qué no está resentido? Porque el amor no toma en cuenta el mal recibido, y Pablo amaba a esta gente.

Pablo no solamente no está resentido; Pablo no estaba presentando una defensa para probar que él tenía la razón, porque el amor no busca lo suyo. Él tiene que hablar de esto, pero no para probar su punto, porque el amor no busca lo suyo. Pablo no solamente que no está resentido; Pablo no estaba irado con ellos, porque el amor es paciente. Y en esta carta severa que él escribe, aunque no la tenemos, dado lo que nosotros sabemos por las otras cartas de Pablo, estamos seguros que no había palabras crueles. ¿Sabes por qué? Porque el amor es bondadoso, y por tanto incapaz de comportarse indecorosamente, y mucho menos con palabras crueles.

El corazón pastoral de Pablo está reluciendo de una manera extraordinaria aun en su defensa. Un corazón forjado por Dios. Pablo dio su salario, Pablo dio sus derechos, Pablo dio su sudor, Pablo dio sus lágrimas, Pablo dio su corazón, y últimamente, en el último caso, Pablo dio su vida. Porque Pablo tenía claro que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo. No pidió, no demandó, no exigió, no reclamó. Amó y después dio.

Imitemos al Padre, imitemos el ejemplo de nuestro Dios que amó tanto que dio. El texto no dice: "Tanto juzgó Dios al mundo que le pidió una excusa". El texto no dice: "Tanto condenó Dios al mundo que le dio su justicia". El texto no dice: "Tanto odió Dios el pecado que nos envió un torturador". Sino que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito.

Es esa realidad que ha formado el corazón de Pablo, que vio el testimonio de Cristo también juzgado, tergiversado, para eventualmente terminar clavado. Y Pablo decir: "Si le pasó a Cristo, me va a pasar a mí".

Pero al final de este tiempo, hermano, yo quiero decirte que Dios nos definió la vida en términos de dos relaciones: amarás al Señor tu Dios, y luego al prójimo como a ti mismo. Y que si amas a tu prójimo, cuando pienses en él, tienes que comenzar con todo lo verdadero, no todo lo potencial, no todo lo especulativo. Todo lo verdadero, todo lo que es un factum, todo lo que es un hecho, en todo lo que es digno, todo lo que es justo, todo lo que es amable, en todo lo que es digno de virtud. Y eso es donde tú y yo tenemos que comenzar, porque todo lo demás es arena. Nuestra mente nos va a engañar, y nuestro corazón ya está engañado, y eso no va a permitir que yo ame a mi prójimo como a mí mismo. Y si voy a amar a mi prójimo, tengo que amar a Dios primero.

Es el corazón de los corintios que ha producido esta situación hacia el corazón de Pablo. Y ahora tú puedes ver la importancia que tiene el testimonio de una limpia conciencia, cuando esa conciencia depende de una mente saturada por la Palabra, un corazón transformado por la verdad, y una voluntad sujeta a la voluntad de Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.