El perdón no es simplemente un acto de bondad hacia quien nos ofendió; es un arma poderosa en la guerra espiritual que desmonta las estrategias de Satanás. En 2 Corintios 2, el apóstol Pablo urge a la iglesia de Corinto a perdonar a un hermano que había sido disciplinado y que ahora mostraba arrepentimiento. La misma inmadurez que llevó a esta congregación a tolerar el pecado en un momento, ahora les impedía extender el perdón cuando era necesario. Pablo advierte que si no perdonan, la tristeza podría "tragarse" a ese hermano, y peor aún, Satanás ganaría ventaja sobre toda la comunidad.
La falta de perdón abre puertas destructivas: socava nuestra relación con Dios, destruye matrimonios, divide iglesias y roba la paz interior del creyente. Cristo ilustró esto con el siervo que, habiendo sido perdonado de una deuda impagable, se negó a perdonar una deuda menor. El resultado fue ser entregado a los "torturadores" —no al infierno, sino al resentimiento, la amargura y la ira que consumen desde adentro.
En la cruz, Cristo destruyó la enemistad entre Dios y nosotros mediante el perdón. Desarmó los poderes de las tinieblas perdonando nuestros pecados. Negar el perdón a otro es actuar como si la cruz no hubiera ocurrido, como si ciertos pecados quedaran fuera del alcance de la obra redentora de Cristo. La disciplina y el perdón no son opuestos; ambos son expresiones del mismo amor que busca restaurar al hermano caído.
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¡Vamos, hermanos, a ponerle vida a su Palabra! Los invito a abrir la Palabra de Dios, segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 2, versículos 5 hasta el 11. Continuamos hoy justamente donde nos habíamos quedado la semana anterior, del 5 al 11, capítulo 2, segunda carta de Pablo a los Corintios.
"Pero si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado a mí, sino hasta cierto punto, para no exagerar, a todos vosotros. Es suficiente para tal persona este castigo que le fue impuesto por la mayoría, así que, por el contrario, vosotros más bien deberíais perdonarlo y consolarlo, no sea que en alguna manera este sea abrumado por tanta tristeza. Por lo cual os ruego que reafirméis vuestro amor hacia él, pues también con este fin os escribí: para poneros a prueba y ver si sois obedientes en todo. Pero a quien perdonéis algo, yo también lo perdono, porque en verdad lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en presencia de Cristo, para que Satanás no tenga ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus ardides."
El apóstol Pablo ha estado tratando, decía yo esta mañana, con la congregación de Corinto, una congregación altamente problemática pero altamente amada por el apóstol Pablo. Y tú puedes preguntarte cómo es eso posible: una congregación que le dio mucha agua de beber al apóstol Pablo y que ese mismo hombre pudo haberle amado de la misma forma, una forma genuina como él realmente expresa en sus cartas.
Una de las cosas que le había hecho es que le había escrito. Le había escrito una carta primera que nosotros tenemos conocida como Primera Epístola a los Corintios. Les escribió una segunda carta que ya dijimos fue una carta considerada como severa, de confrontación, donde Pablo estaba corrigiendo el comportamiento de los corintios en ciertas áreas y posiblemente dando instrucciones, como vamos a ver hoy, acerca de alguien en la congregación que había causado también problemas. Y una tercera carta, que es la que estamos estudiando en esta serie, y donde él nos deja ver acerca de esa segunda carta que no tenemos hoy.
En el texto que yo leí hay en esencia tres personajes. Yo les estoy llamando personajes, aunque uno de los tres no es exactamente un personaje. Pero hay un pecador que evidentemente se arrepintió, alguien que había sido disciplinado, se arrepintió, y que Pablo entiende ahora que la congregación debe perdonarlo. Está Pablo, que es quien ofrece las instrucciones de qué hacer. Y está la congregación misma, que como dije no es un personaje, pero para fines de simplificar mi exposición yo le estoy llamando un tercer personaje, de manera que nosotros podamos ver cosas características importantes de cada uno de ellos por separado y al mismo tiempo ver cómo ellos interactúan el uno con el otro.
Lo primero que yo quisiera que viéramos es el pecador arrepentido, que como notaron no tiene nombre. El apóstol Pablo no le puso un nombre, y aunque no sabemos las razones, quizás la congregación de Corinto no necesitaba nombre. Ellos sabían de quién se trataba, sobre todo una congregación pequeña. Todas las congregaciones del primer siglo eran pequeñas, no había dónde reunirse. En la medida en que el imperio fue liberalizando las leyes, en esa misma medida los templos fueron creciendo y demás, pero al principio eran congregaciones muy pequeñas que se reunían en los hogares. De manera que para los corintios debió haber sido obvio de quién Pablo estaba hablando.
Por otro lado, quizás Pablo estaba tratando de proteger la identidad de este hombre para otras congregaciones, y yo creo que eso revelaría el corazón pastoral de Pablo. Una de las funciones del pastor es cuidar que cosas que realmente pertenecen a la familia de Dios no tienen por qué ir más allá de la familia de Dios, porque pudiera hacer daño no solamente al pecador, sino también a aquellos que no conocen al Señor o a otras congregaciones. Y quizás por eso Pablo está identificando a esta persona como "si alguno ha causado tristeza". Pero ese alguno es alguien en particular, como vamos a estar viendo. Es una persona, es un miembro de la congregación, y a lo largo de la historia han habido dos posibles interpretaciones de quién fue ese alguien.
La interpretación tradicional es que esa persona es la misma persona, o fue la misma persona, que Pablo menciona en la primera carta a los Corintios en el capítulo 5, que estaba viviendo de una manera inmoral con la mujer de su padre. Entonces tradicionalmente se ha pensado que esta fue la persona que cometió el problema, que causó el problema. Y yo voy a leer el texto al que me estoy refiriendo para ustedes que no están familiarizados con aquella situación, para luego decirles qué es lo que se piensa hoy en los círculos ortodoxos de parte de la mayoría de los académicos.
El texto de la primera carta a los Corintios, capítulo 5, del 1 al 5, dice lo siguiente: "En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros. Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si yo estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando vosotros estéis reunidos, y yo con vosotros en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entregar a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús."
Yo no voy a entrar en los detalles de esta historia, pero simplemente podemos ver de qué manera la congregación estaba siendo involucrada en este acto disciplinario. Pablo dice: "Yo, aunque esté ausente en el cuerpo, yo me considero presente en espíritu, porque ustedes me deben su misión apostólica a mí en su condición de apóstol, y por tanto yo entiendo que ustedes necesitan expulsar a esa persona de en medio de la congregación, de tal forma que los deseos de su carne puedan ser destruidos y que él pueda, por medio de la expulsión, quizás arrepentirse, volverse, y que su espíritu pueda ser salvo." Eso es exactamente lo que Pablo está diciendo, y por mucho tiempo se pensó que realmente Pablo se estaba refiriendo al arrepentimiento de esta persona en esta carta que ahora nosotros acabamos de leer.
Sin embargo, el contexto realmente de lo que está en el capítulo 1 y 2 de la segunda carta a los Corintios no sustenta tal posición, y la mayoría de los académicos hoy piensa que no. Que Pablo se está refiriendo a una persona que posiblemente fue la cabeza, o la persona que dirigió al grupo que se levantó contra él, que le cuestionó, que le dio una mala reputación a Pablo, o que quizás en algún momento dado, de una visita rápida que Pablo hizo a la iglesia de Corinto, lo confrontó personalmente y públicamente. Y que ahora Pablo estaba tratando de corregir esa situación, y que en la carta severa perdida que nosotros no tenemos, Pablo posiblemente dio instrucciones de cómo lidiar con la división que se había estado produciendo en la iglesia y cómo lidiar con esta persona hasta llevarlo al arrepentimiento. Entonces, esta sería la alusión a la que Pablo hace.
"Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado a mí." Es como si ellos hubiesen estado conversando y le han dicho: "Pablo, lo sentimos mucho por lo que esta persona te ha dicho, te ha hecho." Él está diciendo: "Bueno, en realidad no me la causó a mí, sino hasta cierto punto, para no exagerar, a todos vosotros. Ustedes están allá, yo no estoy, yo estoy escribiendo a la distancia. Ustedes han tenido que lidiar con el problema, y en realidad esto que ha surgido en medio de vosotros les ha producido tristeza más que a mí, realmente a ustedes."
Y tú puedes ver en eso el corazón pastoral de Pablo, que está tratando de, si pudiéramos decir, minimizar la ofensa. "A mí no me ha causado un problema, aun cuando esa persona habló contra mí, realmente la tristeza está sobre ustedes." Pablo no quiere atizar el fuego. ¿Quiere minimizar el pecado? No, porque no es un pecado que podía minimizarse. De hecho, se llamó a disciplina, la iglesia lo disciplinó como podemos ver y veremos en el texto de hoy. Y la persona ha respondido. Pablo ahora está tratando de ayudarles a digerir todo eso, y en vez de atizar el fuego le quita calor a la situación. Les dice: "Realmente a mí no es que me ha causado tristeza, más bien es a ustedes."
Y tú puedes ver un poco más adelante que parece ser que sí, que era un problema que esta persona le causó, estaba tratando de causar personalmente a Pablo, porque en el versículo 10 Pablo dice: "Pero a quien perdonéis algo, yo también lo perdono. Porque en verdad lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en presencia de Cristo." Pablo hace énfasis en ese versículo de "yo lo perdono" y dice algo más, dice: "Yo lo he perdonado", como si esto hubiese sido algo personal. Que él dice: "Ya yo lo perdoné, de mi parte no hay ningún problema. Yo creo que ustedes lo deben perdonar también." Y ahí tú puedes ver nuevamente la intención de Pablo de echarle agua al fuego y de poder bajar la intensidad del fuego.
Pablo dice también, o expresa en ese versículo 10, la intencionalidad con la que ha hecho esto. Les dice: "Yo lo he hecho por vosotros." Ustedes están lidiando con el problema, yo quisiera ver la iglesia tranquila, yo quisiera ver la iglesia en paz, en gozo. "Yo lo he hecho por vosotros, pero lo he hecho en presencia de Cristo." Cristo es el juez, Cristo quien juzga las intenciones del corazón, Cristo quien juzga las acciones. Cristo es mi motivación, la cruz de Cristo es lo que me lleva a actuar, a vivir, a pensar, a escribir, a predicar de esta manera. De manera que yo he hecho eso en presencia de Cristo. Una vez más Pablo deja ver su corazón pastoral, su sinceridad al hablar, y puede hablar luego, como lo hizo en más de una ocasión, de por qué él sentía que su conciencia estaba tranquila.
Hablamos del pecador, hablamos de Pablo, y será bueno que nosotros podamos ver un poco de la congregación. Evidentemente ellos disciplinaron a este individuo, y para eso es de notar que no solamente lo disciplinaron llamándole la atención, sino como una expulsión posiblemente, porque el versículo dice: "Es suficiente para tal persona este castigo." De manera que no fue algo simplemente de palabras; hubo como un castigo impuesto. "Es suficiente para tal persona este castigo que le fue impuesto por la mayoría." Si Pablo está hablando de que la mayoría le impuso algo, entonces es obvio que la congregación participó activamente de esa medida disciplinaria que se llevó a cabo.
Hubo una minoría que no estuvo presente. Quizás esta minoría era la que estaba en contra de Pablo, o quizás simplemente la minoría no estuvo presente por las razones que fuera, pero la mayoría de la congregación participó en esta acción disciplinaria. Que es como deben ocurrir las cosas según las instrucciones que el Señor nos dejó para la disciplina de la iglesia, y lo dejó en el capítulo 18 del libro de Mateo.
"Si tu hermano peca," dice el texto a partir del versículo 15, "si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas." Mantén su privacidad, cuida su reputación, cuida su nombre, y si él se arrepiente, sabes que ganaste a tu hermano; no hay más nada que hacer. Pero si no se arrepiente, entonces tú tienes que volver donde el hermano por amor al hermano. No lo dejes en su pecado y trae contigo dos o tres testigos. El hermano comienza a perder privacidad en el proceso, pero comienza a montarse un poco la presión, procurando justamente su arrepentimiento. Y si se arrepiente, pues has ganado a tu hermano; buena cosa has hecho, ya no hay que proceder, no hay que ir más allá.
Y si no se arrepiente, entonces dilo a la iglesia. Tú ves cómo la iglesia eventualmente termina entonces involucrada en el proceso. Y si no oye a la iglesia, lo que implica que hay personas de la iglesia que estaban llamando, buscando a este hermano para fines de arrepentimiento, y si no oye a la iglesia, entonces tenlo para ti como publicano o gentil. No es un hermano, no puede estar en tu medio en medio de su pecado; no lo consideres un hermano, considéralo como un publicano o gentil, un hombre pecador.
Con ese trasfondo, probablemente tú puedes entender mejor que cuando Pablo dice "es suficiente para tal persona este castigo que le fue impuesto por la mayoría," con toda probabilidad el hermano había sido expulsado por la mayoría de la congregación. Y ahora parece ser que la disciplina tuvo un efecto, porque Pablo está llamando al perdón de ese hermano.
Pablo está ayudando a la iglesia de Corinto a entender que no deben mantener la disciplina si al hermano más allá de lo necesario, porque hay una consecuencia negativa potencial sobre este hermano, y es que la tristeza que la disciplina le ha impuesto pudiera abrumarlo. La palabra traducida como "abrumado" pudiera ser también traducida como "tragado." La tristeza se lo puede tragar de tal forma que ahora el resultado final no sea el que se esperaba o el que se deseaba.
Y es increíble cómo muchas veces nosotros tenemos dificultad en expresar ese perdón, y cómo muchas veces, como pasó en esta iglesia, en un momento dado la iglesia se resistió a llevar a cabo la disciplina. La disciplina que debieron haber llevado a cabo con un hombre que estaba viviendo con su madrastra, y que estaban en silencio, que no están haciendo nada, que no están tratando con el pecado. Y Pablo dice: "¿Por qué ustedes incluso se sienten como orgullosos de eso? ¿Será posible?"
Pero la razón por la que esta iglesia no trató con el pecado como debió en un principio es la misma razón por la que esta iglesia está teniendo dificultad en perdonar. Y digo eso porque lo que es la madurez espiritual trata con el pecado. La iglesia de Corinto no dio evidencias de madurez espiritual; está en la primera carta mostrado de múltiples maneras. Esa inmadurez espiritual los llevó a tolerar el pecado en un momento dado, y la misma inmadurez espiritual los llevó a no querer perdonar en otro momento dado, y donde Pablo tiene que entonces decir: "Hermanos, ya perdonen a ese hermano."
Nosotros no podemos olvidar como pueblo de Dios que el perdón es un reflejo del amor de Dios hacia nosotros y hacia los demás. Si amas a tu hermano, perdonas a tu hermano. La disciplina no es el polo opuesto del perdón; la disciplina y el perdón cohabitan bajo la misma sombrilla del amor. La disciplina es un acto de amor para sacar al hermano del pecado. Dios, dice Hebreos 12, a quien ama lo disciplina, lo azota, y a quien Él no tiene por hijo, como quien dice, ilegítimo, él no está siendo disciplinado por Dios. Pero ese mismo amor que disciplina es el mismo amor que perdona. La disciplina es una expresión del amor de Cristo; el perdón es otra expresión del amor de Cristo.
Entonces escucha las instrucciones de Pablo. Estamos viendo al pecador, estamos viendo a Pablo, estamos viendo a la congregación. Escucha las instrucciones de Pablo, versículo 7: "Así que, por el contrario, vosotros," es la congregación, "más bien deberíais perdonarlo y consolarlo, no sea que en alguna manera éste sea abrumado por tanta tristeza. Por lo cual os ruego que reafirméis vuestro amor hacia él."
El hermano se ha arrepentido. Ha arrepentido el hermano. Pablo tiene tres instrucciones: deberías perdonarlo, deberías consolarlo. La palabra traducida como "consolarlo" ahí es "parakaleo" en el original, que implica venir al lado de alguien. De tal forma que Pablo está diciendo: tú lo perdonas, ven a su lado, y finalmente afirma tu amor hacia él. El llamado es al perdón.
Y yo creo que muchas veces nosotros tenemos poco entendimiento de lo que es el perdón. Con frecuencia pudiéramos tener un entendimiento mental, cerebral, intelectual de lo que es el perdón, pero a nivel práctico como que nosotros no sabemos manejar eso, ni sabemos cuál es la base, el fundamento para perdonar.
Entonces déjame darte algunas definiciones prácticas de lo que implica perdonar. Por un lado, el perdón es pasar por alto una ofensa. "Entonces, ¿vamos a pretender, pastor, que no nos ofendieron?" No, no, no es algo que estoy diciendo. Tú reconoces la ofensa, tú puedes reconocer incluso el dolor que la ofensa te produjo, pero tú decides pasarla por alto. De hecho, el autor de Proverbios en 19:11 dice que la discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa. Su gloria. La gloria del hombre es pasar por alto una ofensa.
Perdonar es liberar al otro del juicio. Otra manera de verlo: el juicio que tienes sobre él por su acción, tú lo liberas. Eso sería también el perdón. Perdonar es renunciar a la venganza. Hay sentimientos que muchas veces afloran, que vienen a nosotros cuando hemos sido heridos, que queremos entonces como vengar la herida, como que si estoy herido el otro debiera tener algún tipo de herida también como para parecernos en algo.
Otra manera de ver el perdón es que el perdón es dejar ir lo amargo que la experiencia produjo. El perdón no niega la experiencia, no niega el dolor de la experiencia, no niega lo amargo de la experiencia, pero tú puedes al perdonar dejar ir lo amargo que esa experiencia te produjo. Y perdonar es no demandar justicia por el daño hecho.
Cuando tú piensas ahora en el perdón de Dios, una forma ilustrativa de pensarlo es que el perdón de Dios es el bálsamo espiritual que Dios aplica para remover el ardor de nuestras heridas del corazón. El perdón de Dios es el bálsamo espiritual que Dios aplica para remover de nosotros ese ardor inicial que tú sientes cuando hay una herida fresca, para remover ese ardor de tu corazón y de tu memoria.
Entonces ahora, si piensas en la congregación de Corinto, este hermano se ha arrepentido. En esencia, Pablo le está diciendo: pasa por alto la ofensa, ya olvídala. O quizás estaba diciendo: libera a este hermano de la disciplina, ya le aplicaste el castigo, ya lo expulsaste, ya llevaste a cabo la acción que haya sido, ya termínala. Y quizás Pablo estaba diciendo: renuncia a la posibilidad de venganza. O quizá todas las anteriores.
De manera que el mismo Pablo que estaba llamando a los corintios a lidiar con el pecado de la división y la acusación que se habían levantado contra él, es el Pablo que ahora está diciendo: ya el hermano se arrepintió, ahora tú debes liberarlo, debes soltarlo, debes dejarlo ir en términos de su disciplina, y dejar tus sentimientos también.
Nosotros entendemos eso. La mayoría de nosotros va a salir de aquí quizás, o todos, con un buen entendimiento de lo que implica perdonar. Pero es posible que mañana alguien nos ofenda y tengamos dificultad en perdonar, ¿cierto? La pregunta es: ¿cuáles son esos obstáculos en nosotros que nos dificultan o impiden perdonar?
La realidad es que la mayoría de nosotros conocemos por lo menos alguno de esos obstáculos. ¿Cuál sería el obstáculo número uno? El primero que viene a su mente cuando hay dificultad para perdonar. Orgullo. A coro ustedes dijeron, ¿no? ¿Me hicieron el coro? De manera que nosotros sabemos las respuestas, pero cuando tenemos dificultad en perdonar, no tendemos a decir: "No, eso es mi orgullo," sino que tendemos a mirar y decir: "Lo que pasa es... lo que pasó fue... lo que me hicieron fue..."
En segundo lugar, ese orgullo nutre un sentimiento de autojusticia, y en esa autojusticia nosotros frecuentemente no consideramos al otro merecedor del perdón, aunque ya nosotros hemos recibido perdón de Dios. Y otras veces, como ya mencioné, es que nosotros nacemos, venimos a este mundo como con un chip que demanda justicia. Y nosotros quisiéramos que la justicia, la justicia que nosotros entendemos debiera ser aplicada al otro, pues se le aplique. Muchas veces usted ha oído, o quizás dicho: "Pero eso no es justo."
Y la verdad es que Dios me ha ido entrenando para cada vez que un sentimiento de ese tipo aflore a mi mente, poder decir: voltea la vista a la cruz y dime si eso fue justo, que el inocente pagara por el culpable. Dime a ver dónde, en qué ocasión, el pago del inocente por el culpable es justo. De tal manera que de hace un tiempo para acá Dios me ayudó a decirme: de este lado de la gloria, olvídate de lo que es justo o no justo en términos de los hombres; piensa en lo que es justo conforme a mi ley y trata de vivir por eso.
Está bien. En el pasado nosotros tuvimos un retiro con el equipo de la oficina, un retiro de un día, y estábamos tratando de diagnosticar nuestra salud espiritual. O sea, a veces uno va al médico, a veces va a donde hacen inclusiones y tú pides un chequeo general. Yo creo que usted debería ir de vez en cuando donde alguien a decirle: yo creo que yo necesito un chequeo no general del corazón, un chequeo específico del corazón, a ver dónde estoy yo. Entonces en esa evaluación quisimos todos, personal y de equipo, compartir varias cosas. Y en un momento dado llegamos a un punto donde estábamos hablando de cómo muchas veces juzgamos a los demás, o nos juzgamos nosotros mismos uno al otro.
Y entonces yo citaba a un autor de un pequeño libro que se llama "Note to Self", o una nota a ti mismo, o una nota al yo. Y yo se las voy a leer, esas dos citas. Una de ellas dice: la verdad es que usted no dejará de juzgar a los demás hasta que deje de verse a sí mismo como un estándar de justicia. La verdad es que usted no dejará de juzgar a los otros hasta que usted no se vea como el estándar o la vara a través de la cual los otros son medidos. Y la segunda cita es más bien una pregunta que dice: ¿es usted misericordioso, compasivo y clemente, o gravita hacia quererle dar a la gente lo que usted cree que ellos merecen?
¡Guau, qué pregunta! ¿Usted gravita hacia quererle dar a la gente lo que usted cree que ellos merecen? Imagínate que el Hijo gravitara hacia el Padre para decirle que nos dé lo que nosotros merecemos. Hubiésemos desaparecido hace mucho tiempo.
Entonces el orgullo es lo que impide muchas veces la actitud compasiva hacia el otro, pero lamentablemente cuando el orgullo no es tratado, el orgullo produce un endurecimiento del corazón tuyo y del corazón mío. Y como estábamos hablando de diagnosticar problemas espirituales, sería bueno preguntarnos —yo tiendo a pensar mucho como médico en síntomas, signos, problemas, cura— sería bueno preguntarnos cuáles son algunos de los síntomas de un corazón endurecido. Y ya que usted preguntó, yo se lo voy a decir.
Síntoma número uno: repite la injusticia recibida. No es que no haya un momento para hablarla, es la repetición de la misma frecuentemente; es un síntoma de ese corazón endurecido. Número dos: el corazón endurecido tiende a no volver a confiar en las motivaciones del otro. Y a veces hay razones para eso, pero otras veces simplemente es el corazón que está duro. El corazón endurecido no acepta las excusas, porque ninguna excusa es suficiente, ninguna excusa es completa, ninguna excusa es suficientemente buena para ese corazón. Cuando se ofrece una solución para salir del conflicto, el corazón endurecido la rechaza, porque ninguna oferta es tampoco suficiente para el dolor que ha sentido. El corazón endurecido determina que jamás será herido de nuevo, lo cual hace que se retire y evite contacto cercano con otros para siempre, porque eso jamás me va a ocurrir. El corazón endurecido se resiste a un mediador: no, no, gracias, para qué, él no va a cambiar. El corazón endurecido decide entonces que como esa persona no va a cambiar, pues no habrá intentos. El corazón endurecido busca venganza a veces, otras veces daña la reputación del otro, y otras veces no acepta responsabilidad por el hecho porque él no cree que tiene culpa. Esas son síntomas de un corazón endurecido.
Nosotros no sabemos dónde estaba el corazón de los corintios. Lo que sí sabemos es que por la evidencia de la carta parece que ellos ahora estaban luchando, teniendo dificultad con perdonar a este hermano. Y Pablo les está diciendo: perdónenlo, perdónenlo, porque de lo contrario van a permitir que la tristeza lo embargue y lo ahogue y se lo trague. La congregación de Corinto tenía que madurar y tenía que madurar en diferentes aspectos.
Entonces, como dijimos, verán, hablamos del pecador, hablamos de Pablo y hablamos de la congregación. Sigamos viendo en el tiempo que me queda y con los versos que me quedan la interacción, por así decirlo, de estos tres jugadores.
Escucha lo que Pablo dice en el versículo 9: "Pues también con este fin os escribí, para poneros a prueba y ver si sois obedientes en todo." Con este fin os escribí. ¿Cuándo lo escribiste? Esa carta que no tenemos, de la cual ya hablamos, a la cual hacen referencia otros versículos. Yo les escribí con más de un motivo. El motivo número uno fue justamente para confrontarlos, donde Pablo dice: si esta carta les produjo tristeza en un texto anterior, pues yo lo siento, pero esa no fue mi intención. Pero sí quería que la carta les produjera arrepentimiento; esa fue una motivación. Pero había otra motivación que él la declara en este versículo 9: "Pues también..." —por eso es que hay otra— "también con este fin os escribí." ¿Cuál fue tu fin, Pablo, ese otro fin? ¿Cuál fue? "Para poneros a prueba y ver si sois obedientes en todo."
No olviden que hay alguien en la congregación de Corinto que ha revoltado, por así decirlo, a algunos más, y la autoridad apostólica de Pablo estaba bajo cuestionamiento. Si estaba bajo cuestionamiento la autoridad apostólica de Pablo, estaba bajo cuestionamiento lo que Pablo enseñaba. Y si estaba bajo cuestionamiento la enseñanza de Pablo, el satisface estaba en juego. Y ahora Pablo está diciendo: esta carta también fue motivo de prueba para ustedes. Ustedes, que fueron fundados por mí como figura apostólica, me deben obediencia apostólica. Y a pesar de que yo les he servido como un siervo común y corriente, al mismo tiempo les recuerdo que las mismas ovejas a las que yo les he servido como siervo son las mismas ovejas que deben devolverme su sumisión y obediencia como figura apostólica.
Y eso es una gran paradoja que existe en todas las iglesias. El autor de Hebreos, por ejemplo, nos manda a nosotros los pastores a servir a la congregación sin ejercer señorío sobre ellas y a servirles desinteresadamente sin ningún interés de por medio. Y al mismo tiempo le habla a la congregación y le dice: pero congregación, ovejas, someteos a vuestros pastores, pues ellos darán cuenta de vuestras almas ante Dios. De tal forma que el liderazgo le sirve a las ovejas siendo ellos simplemente siervos para ellos, y a la vez a esas ovejas les dice: ahora, en retorno, sométanse a sus siervos pastores, no por lo que ellos son, sino por la posición que Dios les ha dado. Eso es lo que Pablo está haciendo. Y en este caso, Pablo le está pidiendo a la congregación que perdone a este hermano, y él quiere ver si lo van a hacer, él quiere ver si ellos van a obedecer, si ellos se van a someter, quería ver si van a ser obedientes. Y evidentemente ellos llegaron donde Pablo quería que llegaran.
En el versículo 10, que es el próximo, entonces Pablo dice: "Pero a quien perdonéis algo, yo también lo perdono." Miren la relación entre Pablo y la congregación aquí: a quien ustedes lo perdonen, yo también lo perdono. Pero Pablo parece que ya ha hecho eso antes, porque dice: "Porque en verdad, lo que yo he perdonado" —acción pasada— "lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en presencia de Cristo."
En este texto, la frase "si algo he perdonado" pudiera dar una falsa impresión. Pudiera pensarse que bueno, pues Pablo quizás no está seguro de este perdón, porque dice "si algo he perdonado". Pero obviamente el contexto no puede ser ese, porque él está animando a la congregación a que lleve a cabo el perdón. Lo que Pablo sí parece estar diciendo, si uno une todo, es que él vio la ofensa. La ofensa pudo haber sido personal, pero él no se ofendió. Y claro, si no hay ofensa, no tengo nada que perdonar. Entonces Pablo dice: si he perdonado algo, a quien ya ustedes le perdonaron, yo lo perdono, si hay que perdonar algo, porque si él no se ofendió, bueno, no tiene nada que perdonar.
Y yo decía esta mañana: al final del día, nosotros decidimos si nos ofendemos o no nos ofendemos. "No, pastor, son así las cosas, ¿no? Es que uno es humano y hay cosas que son hirientes, hay cosas que son pecaminosas." Sí, pero al final del día yo he decidido ofenderme o no ofenderme. "Pastor, pero yo recuerdo que una vez usted se ofendió." Sí, pero el que yo me ofenda no cambia la verdad de las cosas; el que yo viole la definición de algo no cambia la definición.
En la cruz, todo lo que se hizo contra Cristo fue altamente ofensivo, repugnante. No ha habido una acción más malévola, más inicua, que lo que se hizo contra el Hijo de Dios en la cruz. Y tú no lo ves ofendido; tú lo ves quizás triste diciendo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Si ellos supieran, si ellos supieran lo que esta acción va a significar para ellos, ellos no estarían haciendo esto. "Sí, pastor, pero usted me está comparando con Cristo, y Él es un gran Dios. Yo no soy Dios." Ok, está bien, no te voy a comparar con Dios encarnado; con Esteban. Esteban está siendo apedreado, y mientras lo matan, mientras lo asesinan a pedradas, Esteban dice: "Padre, no tomes en contra de ellos este pecado, no les tomes en cuenta este pecado." Ya eso no es Cristo. Esteban decidió, al final de su apedreamiento y muerte, no ofenderse, sino interceder ante Dios.
Escucha otra vez lo que dice Proverbios 19:11: "La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa." Pasa por alto. Esta es parte de tu gloria entre comillas. Y escucha cómo la Nueva Traducción Viviente lo tiene: "Las personas sensatas no pierden los estribos" —eso es lento para la ira— "se ganan el respeto" —esta es la gloria— "se ganan el respeto pasando por alto las ofensas."
Eso no quiere decir que no lidiamos con ellas, es que no retenemos las heridas de las ofensas; esa es la diferencia. Y la Palabra nos manda y nos da razón, nos da motivación, nos da explicaciones de por qué yo tengo que hacer eso.
No sé si cuando usted entró y tomó el boletín esta mañana, si usted lo abrió y leyó el título del sermón. Pero si usted lo leyó, dice "El poder del perdón". Todavía no hemos llegado ahí, eventualmente llegaremos. Pero usted ve el título y usted pudiera pensar: "Otra vez hablando del perdón". ¿Usted sabe por qué estoy hablando del perdón otra vez? Porque es que cada vez que pasas a una página de la Biblia está hablando del perdón otra vez. Y usted sabe por qué cada vez que usted pasa una página le está hablando del perdón: es porque nosotros no perdonamos. Y si perdonamos hoy, no lo hacemos mañana. Y si perdonamos las próximas tres semanas, el próximo mes decimos: "Es que el mes pasado me la pasé perdonando, ya este mes no lo voy a perdonar".
Déjame ver si te puedo convencer. Efesios 4:32: "Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos". Escucha: "Perdonándoos unos a otros". ¿Y cómo voy a hacer eso, pastor? "Así como también Dios os perdonó en Cristo". ¿Cómo lo va a hacer? Como Dios lo hizo en Cristo. ¿Cómo lo hizo Dios en Cristo? Lo hizo sin condiciones. Segundo de Corintios 5: Dios estaba en Cristo no contando las transgresiones de los hombres en su contra, no apilando los pecados, no contando sus faltas. De esa misma manera Dios nos manda en Efesios 4:32 a perdonar.
Lucas 17:3-4. Tengan cuidado, eso es Cristo hablando: "Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca contra ti siete veces al día y vuelve a ti siete veces diciendo 'me arrepiento'", ¿qué hago? Perdónalo. Pedro fue donde el Maestro, y los judíos pensaban en esa época que tú podías perdonar tres veces. ¿Más de tres veces? No. Entonces Pedro va donde el Señor Jesucristo y le dice —bueno, no sé si hizo la matemática, pero pensando en Pedro, vamos a ilustrarlo—: Pedro quizá dijo "tres veces es lo que nosotros decimos que perdonemos, lo voy a multiplicar por dos: seis, y le voy a agregar uno de ñapa", en buen dominicano son siete. "Maestro, ¿lo perdono hasta siete veces?" Como muy magnánimo pensando: "¡Wow, Pedro, te la comiste!" "No, siete veces no, Pedro. Setenta veces siete: cuatrocientas noventa". O sea que si llegó a cuatrocientas noventa, ¿ya terminé? No, Pedro, es una figura del habla para decirte: cada vez que te pida perdón. Bueno, pero es que tú oíste que hay que perdonar como Dios nos perdonó en Cristo. ¿Cuántas veces te ha perdonado Cristo? ¿Cuándo fue? ¿Cuándo llegaste tú a la vez número quinientos del perdón de Cristo? ¿Hace cuántos años?
Lucas 6:37: "No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados". Escucha: "Perdonad y seréis perdonados". Ahora tengo yo un interés en perdonar, y es que si no perdono, no me perdonan. Colosenses 3:13: "Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. Como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros". Como Cristo lo hizo.
Y si todavía no fuera suficiente, en Marcos 11:25: "Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos perdone vuestras transgresiones". ¿Escuchaste? "Cuando estéis orando". Si estás ahí orando: "Señor, yo te pido en el nombre de Jesús..." Ahí viene la figura de Pedro: ¿a quién tú no has perdonado? Pablo, José, Miguel, quien sea. Porque sabes que cuando no hemos perdonado, esa figura nos sale hasta en la sopa. Tú estás tomando una sopa de letras y se forma el nombre de esa persona en la sopa. Tú te vas de fin de semana y estás viendo el campo, y los árboles tienen el nombre de esa persona. Entonces cuando estéis orando, y te acuerdas del texto de Marcos, dice que tú debes perdonar si tienes algo contra alguien, para que vuestro Padre que está en los cielos perdone vuestras transgresiones. Si no perdono a mi hermano, no me perdonan a mí. ¿Tú estás convencido ahora de la obligatoriedad de perdonar?
Lo que muchos desconocen es que el perdón de mi hermano es parte de la estrategia de desmontar en la guerra espiritual las estrategias de Satanás. Te voy a decir eso otra vez, porque alguno está pensando: "¿Y de dónde sacó el pastor eso? ¿Dónde está el texto?" Pero voy a decirlo otra vez: el perdonar a mi hermano es parte de la estrategia de Dios en la guerra espiritual de desmontar las estrategias malévolas de Satanás. ¿Dónde está el texto? En el texto.
2 Corintios 2:10-11: "Pero a quien perdonéis algo, yo también lo perdono; porque en verdad lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en presencia de Cristo". Escucha ahora: "Lo hice por vosotros en presencia de Cristo". ¿Por qué tiene tanta preocupación por nosotros Pablo? "Lo hice por vosotros en presencia de Cristo, para que..." Es una frase que une los dos versículos, el diez y el once, pero me los une para darme un propósito, una razón: "Para que Satanás no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus ardides". Uno de los ardides de Satanás es provocar la disensión entre hermanos y la falta de perdón entre hermanos. Eso es un ardid, y un ardid es una maquinación malévola. Y cuando Satanás logra eso, el texto de aquí nos deja ver que él toma ventaja sobre nosotros, él gana terreno sobre nosotros los escogidos de Dios.
De manera que cuando Satanás entra a una congregación como la de Corinto, él comienza a pensar: "¿De qué manera divido yo a esta gente? ¿De qué manera yo causo rencillas y falta de perdón?" Porque eso abre una puerta significativa. La falta de perdón es parte de las artimañas, maquinaciones, estrategias, tácticas del enemigo.
La pregunta sería: si Pablo habla de que Satanás gana ventaja sobre nosotros cuando estimula la falta de perdón, yo tengo que preguntarme cómo pasa eso. ¿Cómo gana ventaja Satanás sobre mi vida, sobre una congregación, sobre una familia, sobre un matrimonio? ¿Cómo ocurre eso? Bueno, si tú tienes en mente cuál es el propósito número uno del archienemigo del pueblo de Dios, Satanás, entonces pudieras comenzar a entender un poco mejor de qué manera él gana ventaja o terreno en medio de los hijos de Dios.
Juan 10:10. Aprieto el versículo diez. Cristo nos deja ver en la segunda parte que Él vino para darnos vida y darnos esa vida en abundancia, pero la primera parte del versículo dice que el enemigo viene para robar, matar y destruir. El enemigo, mejor dicho "el ladrón", es la expresión que usa Juan diez. Pero el ladrón en el contexto puede significar un falso maestro, puede significar el sistema judaico corrupto del primer siglo. Este ladrón que viene por las ovejas, su intención es robar, matar y destruir. Pero el ladrón representa las maquinaciones de Satanás, de manera que nosotros podemos fácilmente concluir que la obra de Satanás es venir a robar, matar y destruir al pueblo de Dios. Y la falta de perdón entre hermanos es un instrumento poderoso para causar destrucción.
¿Cómo lo hace? Bueno, ya que preguntaste, vuelvo a responderte. En primer lugar, la falta de perdón lo primero que hace es que socava mi relación con Dios. Y llega un momento incluso en que mi resentimiento ni oro, ni tengo deseo de orar, ni creo que vale la pena orar, de tal manera que mi relación con Dios está destruida. No mi salvación, si soy creyente, pero mi relación con Él, porque ni siquiera tengo una ya. Y se me olvida que cuando Cristo enseñó el Padre Nuestro, nosotros en la oración Él nos enseñó a decir: "Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores". Pero cuando la oración termina dice: "Si no perdonáis a los hombres sus pecados, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados". Un condicionante. Entonces, la falta de perdón número uno destruye mi relación con Dios.
La falta de perdón ha destruido muchos matrimonios. Pero resulta que el matrimonio es la institución que simboliza la unión de Cristo con su Iglesia, y ese simbolismo real de la unión de Cristo con su Iglesia es destruido por una falta de perdón. La falta de perdón ha destruido muchas relaciones de amistades sinceras de muchos años. La falta de perdón destruye el amor mutuo que se supone debe caracterizar al cristiano: "Por esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros". Destruye el amor mutuo. La falta de perdón destruye el testimonio cristiano, porque los que están allá afuera, al ver la falta de perdón de los que estamos aquí adentro, ahora tienen una mala impresión, un mal testimonio de nosotros. Les estamos dando razones para ellos no querer entrar a este lugar y rechazar nuestra fe. La falta de perdón ha destruido iglesias, ha dividido iglesias. No hay un instrumento más divisivo que la falta de perdón. Y lo último que voy a mencionar —no lo último que la falta de perdón hace, pero lo último que voy a mencionar— es que la falta de perdón destruye la paz interior del creyente.
Y Cristo lo ilustró a través de una parábola sumamente beneficiosa para nosotros. Escucha, Mateo 18, en el mismo capítulo donde se habla de la disciplina de la iglesia: "Por eso el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Pero no teniendo él con qué pagar, su señor ordenó que lo vendieran junto con su mujer e hijos y todo cuanto poseía, y así pagar la deuda". Eso era como se hacía en el pasado: si tú no tenías con qué pagar, te vendo a ti como esclavo; si eso no me da, vendo a tu mujer como esclava; si eso no me da, vendo a los hijos como esclavos; si eso no me da, vendo todo lo demás que tú tienes.
Entonces el siervo cayó postrado ante él diciendo: "Ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré." Y el señor de aquel siervo tuvo compasión y lo soltó y le perdonó la deuda. Pero al salir, aquel siervo encontró a uno de los consiervos que le debía cien denarios, y echándole mano lo ahogaba diciendo: "Paga lo que debes." Entonces su consiervo, cayendo a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagaré." Sin embargo, él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Así que cuando vieron sus consiervos lo que había pasado, se entristecieron mucho y fueron y contaron a su señor todo lo que había sucedido.
Entonces llamándolo, su señor le dijo: "Siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?" Y enfurecido, su señor lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Yo soy el siervo, el Señor es Dios. A mí me han perdonado. Uno de ustedes es mi consiervo, mi consiervo me ofende, yo no le perdono. El resto es testigo de mi falta de perdón, el resto de ustedes. Y entonces Dios se le dice: "¿Todavía crees que eres Dios? Tú perdonaste a Miguel, pero sabes que ahora él tiene algo con Omar, no lo perdona." Y Dios dice: "Bueno, pues tomen a Miguel y pónganlo en la cárcel hasta que pague su último centavo."
Versículo 35 y último: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano." De la misma manera que la parábola habla, así mismo hará mi Padre. Eso no es al infierno que está hablando ahí. Los torturadores a los que me van a entregar es mi resentimiento, es mi ira, es mi amargura, es Omar. No creo, no puedo creerme lo que me hizo. Y entonces ahora, como decía, hasta la letra de sopa forma el nombre Omar, y voy a la tienda y hasta una tienda tiene su nombre, y una camisa tiene el nombre, y no lo puedo sacar de mi mente.
Y tú puedes ver cómo la falta de perdón es ciertamente destructiva, pero la falta de perdón abre una puerta tan grande a Satanás que mira las otras cosas que hace. La falta de perdón niega el evangelio, porque el evangelio es acerca del perdón de los pecados de los hombres, no importa el tamaño, la forma, el número. Niega el evangelio, niega la obra del evangelio en mí.
La falta de perdón me llena de amargura y me roba el gozo de mi salvación. De repente me ves amargado. "¿Qué te pasa?" "No, nada." Pero es Omar, que no me lo saco de la cabeza, que no me deja tranquilo.
La falta de perdón desmotiva al hijo de Dios para no creer en los hombres, no querer seguir haciendo ministerio y estar en el ministerio, no querer trabajar con otros porque no se puede confiar en nadie. El problema es que tú no puedes hacer ministerio sin gente. De hecho, no puedes vivir sin gente. La vida sería muy buena sin gente, pero no sería vida.
La falta de perdón me aleja de Cristo y del cuerpo de Cristo. Y si me aleja del cuerpo de Cristo, me aleja de las medidas de gracia o los medios de gracia que están ahí para proveerme la gracia necesaria para que yo pueda perdonar al hermano y disfrutar de nuevo del gozo del Señor.
La falta de perdón niega la obra de Cristo y niega que el Espíritu Santo vive en mí, vive en un corazón ya previamente perdonado. La falta de perdón me constituye a mí en juez, pensándome yo como merecedor, pero no el otro. La falta de perdón me lleva al resentimiento, el resentimiento me lleva a un corazón endurecido, el corazón endurecido no puede amar, y el corazón endurecido no puede ser amado. Y ahora eso va acrecentando mi problema.
De ahí entonces que Pablo dice: "Nosotros no ignoramos sus ardides." Por eso es que le estoy llamando en el versículo 11 a perdonar, en el 10, para que Satanás, versículo 11, ahora no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus ardides.
Cuando yo titulé este mensaje "El poder del perdón," no estaba hablando tanto en términos de las emociones que experimentamos y la destrucción emocional que causa, sino el poder del perdón para destruir los ardides de Satanás. El poder del perdón en la cruz, porque en la cruz Cristo destruyó la enemistad que había entre Dios Padre y nosotros, que hoy somos sus hijos. ¿Y cómo destruyó tal enemistad? Por medio del perdón.
En la cruz Cristo destruyó la condenación, la pena del pecado que pesaba sobre mí fue removida. ¿Y cómo lo hizo? Por medio del perdón. En la cruz el Señor Jesús destruyó el poder de la muerte que me tenía condenado, porque si Cristo no hubiese perdonado, yo todavía estuviera muerto en delitos y pecados. ¿Y cómo destruyó Él el poder de la muerte sobre mí? Lo hizo por medio del perdón.
En la cruz el Señor Jesús, según Colosenses, desarmó los poderes de las tinieblas. ¿Y cómo los desarmó? Por medio del perdón. Porque ahora las tinieblas no tienen nada que puedan usar contra mí, porque si me quitan la vida me voy a la gloria, y si me acusan de ser un hombre pecaminoso, estoy perdonado. Las tinieblas quedaron desarmadas contra mí. ¿Y cómo lo hizo? Por medio del perdón de mis pecados. El perdón tiene un poder extraordinario.
Cuando el cristiano niega el perdón a otro, es como si ese cristiano hubiese estado diciendo: "Cristo no murió." O: "Cristo por ti no murió; por mí murió, pero por ti no." O: "Cristo pudo haber muerto por todos los otros pecados, pero eso que tú cometiste contra mí, a ese no lo pagó."
Negar el perdón después que Cristo fue a la cruz es constituirnos en juez por encima de la cruz. Y nada de esto es poca cosa, pero yo creo que entiendas que, aparte de todas las cosas que dijimos y la base para el perdón que es la cruz, tu falta de perdón y la mía le abre una puerta enorme a Satanás, y él gana ventajas monumentales sobre ti y sobre mí. No lo permitas. Porque nuestras armas son poderosas en Cristo Jesús, pero una de las armas poderosas es el perdón. Y Pablo está hablando justamente de esto.