La Biblia está llena de reversiones sorprendentes: José exaltado después de la esclavitud, los israelitas liberados cuando parecían atrapados, David coronado tras ser perseguido, y sobre todo, Cristo resucitado después de la cruz. La parábola del rico y Lázaro en Lucas 16 presenta una de estas inversiones más impactantes. Un hombre vestido de púrpura y lino fino, que banqueteaba cada día con esplendidez, muere y es enviado al tormento. Mientras tanto, Lázaro —un mendigo cubierto de llagas que los perros lamían mientras esperaba migajas— es llevado por ángeles al seno de Abraham. Lo que los ojos naturales veían como bendición resultó ser juicio, y lo que parecía abandono divino era en realidad preparación para la gloria eterna.
El problema del rico no era su riqueza sino su idolatría: adoraba el dinero, no a Dios. Tenía a Lázaro literalmente en su puerta y vivía indiferente a su sufrimiento. Esta parábola advierte que un corazón endurecido ante el prójimo también está endurecido contra Dios y su Palabra. Cuando el rico pide que envíen a Lázaro resucitado para advertir a sus hermanos, Abraham responde con una verdad penetrante: si no escuchan a Moisés y los profetas, tampoco creerán aunque alguien se levante de entre los muertos.
Las Escrituras son suficientes para dar vida a los muertos espirituales. No necesitamos milagros adicionales para convencer a quienes amamos; tenemos la Palabra de Dios, y el Espíritu obra a través de ella. Para quienes sufren confiando en Cristo, hay consuelo: un día Dios enjugará toda lágrima. Para quienes viven indiferentes, hay advertencia urgente: la muerte fija nuestro destino eterno.
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Bueno, ahora para lo más importante, vamos a dar nuestra atención, nuestro enfoque a la palabra inspirada e infalible de Dios. Entonces, abren sus biblias al Evangelio de Lucas, el capítulo 16. Voy a estar leyendo comenzando en el versículo 19. Son Lucas, el capítulo 16, el versículo 19. Y escuchen con atención cuando leo la palabra de Dios, por favor. Aquí, así esto es lo que Cristo nos dice por su palabra.
Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino, celebrando cada día fiestas con esplendidez. Y un pobre llamado Lázaro, que se tiraba en el suelo a su puerta cubierto de llagas, ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Además, hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, y murió también el rico y fue sepultado.
En el Hades, el rico alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno. Y gritando dijo: "Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua. Pues estoy en agonía en esta llama". Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes y Lázaro igualmente males. Pero ahora él es consolado aquí y tú estás en agonía. Además de todo esto, hay un gran abismo puesto entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí a ustedes no pueden, y tampoco nadie puede cruzar de allá a nosotros".
Entonces él dijo: "Te ruego pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre. Pues tengo cinco hermanos, de modo que él los prevenga para que ellos no vengan también a este lugar de tormento". Pero Abraham dijo: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas, que los oigan a ellos". Y el rico contestó: "No, padre Abraham, sino que si alguien va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán". Pero Abraham le contestó: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguien se levanta de entre los muertos". Gracias a Dios por su palabra.
¿Han notado que la Biblia continuamente nos presenta historias de reversiones sorprendentes? Está llena de estas, desde Génesis a Apocalipsis. Unos ejemplos.
Consideramos a José en Egipto, tratado horriblemente por sus hermanos. Como saben, vendido como esclavo y luego, cuando llega a Egipto, falsamente acusado de un crimen y encarcelado. Las cosas se ven muy mal para José. Pero finalmente, Dios le exalta a José a ser el hombre segundo más poderoso del país, solamente después de Faraón. Y José es utilizado por Dios para proveer para su pueblo. Es un reverso tremendo.
O consideramos a los israelitas, huyendo a través del Mar Rojo, siguiendo a Moisés, saliendo de Egipto, de la bondad. Son una nación de esclavos. No tienen mucha riqueza, no tienen mucho poder, son esclavos. Y pasan a través del Mar Rojo. ¿Y qué pasa al mismo tiempo? Los ejércitos de Faraón están atrás. En los ejércitos más poderosos del mundo de ese tiempo. El gobernante más poderoso del planeta, y ese ejército está listo, está preparado a descender sobre los israelitas, a matarlos a todos, un masacre del pueblo del Señor. Pero ¿qué sucede? Las cosas se ven muy mal, ¿no? Aquí viene Faraón con su ejército. Pero en un instante Dios libera o baja los muros, las paredes del mar, que había levantado el Señor, y el ejército de Faraón es aniquilado, en un instante destruido. Es un reverso sorprendente. Y el pueblo de Dios, ¿qué pasa? Cruzan de en tierra a tierra firme, y en un momento ellos ahora, los israelitas, son la nación conquistadora, protegidos por el Señor.
O consideramos a David, un joven, un pastor y el hijo menor de Isaí de la tribu de Judá. Pero ¿qué pasa? David es ungido como rey y después luego perseguido por Saúl. Pero sin embargo, ¿qué pasa? Dios establece a David en el trono, aun cuando parecía incierto y Saúl le perseguía y le atacaba. Pero Dios da a David el reino. De hecho, que a él, a David, se le prometió que su descendencia reinará para siempre.
O pensamos del pueblo de Israel enviado a una tierra extranjera y extraña en el exilio, hasta que un día un rey pagano, no creyente, un rey pagano, comisiona y comanda a los israelitas a volver a la tierra y reconstruir el templo.
Y por supuesto, tengamos en cuenta la cruz de Jesucristo. Aquí encontramos un hombre, pero no cualquier hombre, claro, el Hijo de Dios encarnado. Pero sin embargo las cosas se ven muy miserables en el Calvario. Aquí hay un hombre inocente, perfectamente inocente, puramente inocente, ahora castigado como un criminal. Aquí es el Buen Pastor, pero sus ovejas se han dispersado y le han abandonado. Aquí es el Justo, sin embargo, él está colgado en la cruz bajo la maldición de Dios en juicio, cargando nuestros pecados. Y entonces, ¿qué pasa? La gran reversión. Tres días pasan, tres días después, Dios lo levanta de entre los muertos, y su justicia, su autoridad, su rectitud son vindicados en la resurrección. El Rey del universo, una vez condenado y crucificado, ahora se demuestra como glorioso y sin igual. Es un reverso instantáneo y sorprendente.
Una de las cosas que se destacan en los Evangelios es que Jesús era un maestro sin igual. Cuando leemos los cuatro Evangelios, es muy evidente. El Señor Jesucristo tenía una habilidad para enseñar sin igual. Y esta palabra, en Lucas el capítulo 16, es una de estas palabras, una de estas historias.
Consideramos la forma en que Jesús establece los detalles de los personajes centrales aquí en la historia. En primer lugar, ¿qué encontramos? Encontramos un hombre rico. Y Jesús nos da alguna información para describir este hombre. No le da un nombre. Es interesante. Este hombre es anónimo. No tiene nombre. Pero ¿cómo Jesús enfatiza su riqueza?
Primero, Jesús señala que este hombre estaba vestido de púrpura. Ahora, eso significa más que un color favorito. Púrpura no es mi color favorito y no creo que necesariamente era el color favorito de Cristo. No vamos a concluir así algo, un detalle que no es necesario. Pero ¿qué está diciendo Jesucristo cuando menciona el color púrpura? Bueno, telas de color púrpura en el mundo antiguo eran extremadamente raras. Fueron producidas a partir de tinte que se sacaba de caracoles. Entonces duraba, demandaba mucho tiempo y esfuerzo para fabricar ropa de púrpura. Y se nos dice que este hombre llevaba ropa de exterior de este tipo. Entonces era muy visible, una demostración de su riqueza muy pública. Su riqueza sería evidente a todos en la comunidad.
En segundo lugar, también nos dice Cristo que este hombre estaba vestido de lino fino, y parece que se refiere especialmente a la ropa interior, o como decíamos de niños en España, los calzoncillos. No sé si se dice igual aquí, en Santo, o qué se dice igual. Bueno, pero el punto es este hombre tenía evidencia de sus riquezas al exterior y al interior, incluyendo los calzones. No le faltaba para nada. Tenía lo mejor de todo. En otras palabras, este hombre tiene tanta riqueza que todo esto es de cosa rica.
En tercer lugar, cada vez más nos dice Cristo para que entendamos muy bien el nivel de riqueza de este hombre. Dice que este hombre se dio como un festín de banquete cada día, cada día con esplendidez. Entonces festejar no fue la excepción en la vida de este hombre. Era la norma, era cosa típica para él tener un banquete de ese tipo cada día, cada día, cada día.
Y al mismo tiempo mira el otro hombre. ¡Qué contraste! Es un contraste discordante. El hombre pobre tiene un nombre, el rico no tiene en la historia, pero el hombre pobre tiene un nombre, se llama Lázaro. Y este hombre está —la palabra que tenemos aquí en las Escrituras— tirado en la puerta del hombre rico. O sea, parece que a él le carecía la energía misma, no tenía la misma energía en sí mismo para asentarse, tenía que ser tirado a la puerta del hombre rico. No se podía colocar a sí mismo, tenía que ser tirado. Y él está en una miseria física, que está cubierto de llagas y hambriento. Este hombre está ansioso para obtener solo algunas de las migajas, y se encuentra en una condición tan patética que los perros vienen y empiezan a lamer sus llagas.
Entonces, está muriendo de hambre, quiere solo unas migas de la mesa del hombre rico, y aquí vienen los perros. Esto no son perros como los que tenemos en casa, amigos. Estos no son yorkies. Los perros en el mundo antiguo eran más como buitres, animales carroñeros en busca de otras criaturas cerca de la muerte. Estos perros, entonces, están preparándose para alimentarse de este pobre hombre. Seguramente los perros pensaban: "Lázaro, este tipo está casi muerto, mírenlo". Mientras está literalmente muriéndose de hambre, estos animales se están preparando para darse un festín, un banquete de él cuando llegue el momento. Es una imagen espantosa, horrible.
Curiosamente, también adicionalmente, los perros le lamen las llagas, y esto no va a ayudar nada, no va a ayudar médicamente para la infección seguro, pero también hay otra cosa aquí que tenemos que mirar. De acuerdo con las restricciones del Antiguo Testamento, a causa de esto, este hombre habría sido rendido impuro. ¿Lo ven? Entonces es una imagen terrible de sufrimiento.
Sobre la base de todo esto, de todas las apariencias, podríamos pensar, seríamos tentados a pensar que Lázaro estaba bajo el juicio de Dios. Seguramente, un hombre o una mujer que sufre de esta manera, seguramente hay, debe haber algún pecado, algo que han hecho, porque el Señor va a dar este nivel de sufrimiento a una de sus criaturas. Podríamos ser tentados a pensar así. Y podríamos ser tentados a pensar que las bendiciones del hombre rico eran evidencia de su justicia, de su rectitud.
Lo que pensamos naturalmente, sin duda, es que el hombre en la condición miserable no puede ser precioso en los ojos de Dios, que está siendo castigado, sufriendo. Pero a medida que descubrimos en esta parábola, las cosas no son como parecen. Lo que los ojos naturales ven no nos dice la verdad. No es poca cosa que Jesús menciona que Lázaro está tirado en la puerta del rico. Entonces la imagen es de un discordante sufrimiento y pobreza a un lado, en los escalones de la puerta de una mansión.
Tenemos que entender también que la imagen que tenemos aquí en la parábola no es de una casa pequeñita, es de una mansión. No sería típico que una persona en el primer siglo tendría una puerta de este tamaño, la palabra que se utiliza aquí en las Escrituras. Es una imagen de riqueza tremenda. A un lado de esa puerta tenemos a este hombre, el rico, y solamente al otro lado, no es una gran distancia, solamente al otro lado de una puerta, encontramos al hombre pobre. Un hombre en medio de fiesta y viviendo lujosamente, mientras que al otro lado de la puerta hay un hombre pobre, lisiado, que está en agonía, muriéndose de hambre, y el hombre rico parece totalmente indiferente. No piensa en el sufrimiento que está a su puerta principal. Ni siquiera se detiene a considerar cómo él podría ser buen mayordomo de la riqueza que Dios le había confiado, a cuidar, a ministrar a las necesidades de este Lázaro, este hombre sufriendo, este compañero israelita también.
Pero ¿qué pasa? Llega la muerte para los dos hombres y la situación se invierte en un instante. El pobre Lázaro, dice el pasaje, murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, dice versículo 22. En el lenguaje bíblico, esto del seno de Abraham se refiere a un lugar de bendición, un lugar que habla de la bienvenida del patriarca Abraham a los fieles en el cielo. Entonces el hombre que una vez sufrió en agonía, en dolor y en soledad, en la puerta del hombre rico, ahora está bienvenido, aceptado, bendecido como un santo al lado de Abraham. Es un giro impresionante, un cambio sorprendente.
Y igual de impactante, el hombre rico murió y ¿qué pasó con él? Fue enterrado. ¿Han notado eso? Este hombre es enterrado propiamente, ¿no? Lázaro, ahora sabemos qué pasó con Lázaro: esos perros tuvieron su comida. El hombre rico es enterrado y es enviado al Hades, donde es atormentado en el juicio. Y ¿cómo sabemos que esto es un tormento real? Es de tal agonía que el hombre rico suplica por solo una gota de agua para calmarlo. Es de un nivel de agonía tremendo.
Quizás puede ser que estamos demasiado familiarizados con este pasaje, como con muchas de las Escrituras. Los leemos y los vemos muchas veces y nos son familiares, pero esto nos debe sorprender, y sospecho que sorprendía a los oyentes originales de Jesús. Es importante tener en cuenta a quién Jesús está hablando aquí, en el contexto original. Sabemos del versículo 14 que Jesús está dirigiéndose aquí a los fariseos en particular, aquellos que dice el pasaje se burlaban de Jesús por su advertencia de que es imposible servir a las riquezas y a Dios. Así que Jesús está presentando en esta parábola un ejemplo de esa enseñanza, una imagen de esa enseñanza, una imagen de un hombre que se había hecho un dios de su riqueza. Y como la Palabra va a dejar en claro, este hombre será juzgado por su idolatría.
Nuestros ojos naturales nos van a engañar. Podríamos estar tentados a concluir, observando a los dos hombres, que el uno, el hombre rico, era justo delante de Dios y por lo tanto premiado o bendecido en esta vida con la riqueza. Y del mismo modo, podríamos estar tentados a concluir que el sufrimiento de Lázaro era evidencia segura de que era malvado, seguramente, o había hecho algo para merecer su aflicción de Dios. Pero si se nos escapa esto, nos va a escapar el punto principal del pasaje. Esta inversión, ¡qué sorpresa sería para los oyentes originales, los fariseos!
Entonces, ¿qué nos está diciendo Jesús ahora a nosotros en este pasaje, en esta parábola? Primero nos dice que la riqueza no es ninguna cierta evidencia de la rectitud. La riqueza no es ninguna cierta evidencia de la rectitud. Si bien esto no es el punto principal del pasaje, lo que voy a decir ahora, pero hay una clara palabra de aliento también en este pasaje.
¿Es usted un cristiano aquí esta mañana y sufriendo en esta vida? Me aseguro que no es del mismo nivel que Lázaro, me imagino que no. No es al mismo nivel, pero este pasaje nos recuerda que un día va a venir para el pueblo de Dios cuando el sufrimiento y el dolor llegarán a su fin. Si usted está confiando en Cristo y sufriendo penurias, incluso la pobreza, el hambre, el desempleo quizá, en esta vida, no se desánime. Habrá de llegar un día para el pueblo de Dios cuando vamos a entrar en nuestro descanso eterno. Cuando, igual como dice el apóstol Juan en su visión en Apocalipsis, Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. Y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor.
Amén. El nombre Lázaro significa "Dios ayuda." No te pierdas esto: si no existiera la realidad de la bendición eterna, este nombre, el nombre propio de Lázaro, sería como una broma cruel, porque las personas miran y dicen: "¿Cómo es que este hombre se llama Lázaro? Dios no le está ayudando para nada, mírenlo, los perros se lo van a comer." Eso es lo que los ojos naturales ven. Si no hubiera nada más que la vida terrenal, no tenemos entendimiento ni de su nombre; parece que Dios lo ha abandonado. Pero cuando tomamos en cuenta la eternidad, vemos que este hombre miserable es, en efecto, bendecido por Dios.
Si ustedes son cristianos, deben ser alentados por esto. Jesucristo no promete facilidad y prosperidad en esta vida. Voy a repetir eso: Jesucristo no promete facilidad y prosperidad en esta vida. Y si usted piensa que eso es lo que garantiza Cristo a sus discípulos, tiene que encontrar otro Salvador. El llamado evangelio de la prosperidad no es ningún evangelio, no hay buenas noticias ahí, hermanos. Se aleja uno de Cristo y de sus buenas noticias y solamente nos lleva a la ruina. Dios no va a permitir que sus criaturas le utilicen como un esquema para satisfacer sus propios apetitos y sus amores idólatras.
Lo que sí nos promete Dios, lo que nos promete, es su presencia en esta vida. Incluso si nos falta para la alimentación, si nos falta para el refugio y hogar, y si nos falta para la comodidad, nosotros, si somos creyentes, somos ricos si tenemos a Cristo. Y para los que son de Cristo, tenemos la firme confianza de que Él está siempre con nosotros, siempre. Y más allá de su presencia en esta vida, Jesús promete a todos sus seguidores, todos sus discípulos, los que confían en Él, que ellos serán consolados y bendecidos por toda la eternidad.
Esto es exactamente a lo que Pablo se refiere cuando afirma en 2 Corintios capítulo 4, versículos 17 y 18. Esto es lo que dice Pablo: "Pues esta aflicción leve y pasajera..." No nos siente leve, no nos siente pasajera. Pero Pablo dice: "Esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."
Y mientras que los cristianos debemos tomar aliento en esto, lo que vemos en el ejemplo de Lázaro, seguro que sí, el énfasis en el pasaje es principalmente una de advertencia. El hombre rico es el personaje principal, y al parecer aquellos a quienes Jesús estaba hablando eran los fariseos, como hemos visto, los que dice Lucas que eran amantes del dinero. Entonces una inversión va a venir para aquellos que se entregan a los placeres terrenales y que tienen un desprecio total por el daño y el sufrimiento de los demás.
Y aquí está la ironía: mientras que el hombre rico parecía indiferente, ni siquiera consciente en esta vida de Lázaro, miren la ironía en la vida que viene. Ahora, después de morir, él está buscando ayuda de Lázaro, y parece que lo reconoce, lo llama por nombre. Dice: "¡Ay, padre Abraham, manda a Lázaro a mí!" Ahora el hombre rico sabe su nombre y le está buscando a Lázaro para ayuda. Parece entonces que el hombre rico supo de Lázaro todo el tiempo, lo que lo hace aún más culpable por su negligencia del hombre pobre. Así como Lázaro no podría recibir incluso una migaja de restos de este hombre en la vida terrena, ahora este hombre rico no va a recibir ni siquiera una gota de agua. Creo que esto también se relaciona con lo que Jesús dice antes en el Evangelio de Lucas cuando advirtió que con la medida con que midan se les volverá a medir.
Jesús no está sugiriendo que la riqueza terrenal en sí misma trae juicio. No está sugiriendo tampoco que el sufrimiento en esta vida es evidencia de juicio en la vida que viene. El problema fundamental del hombre rico no es que era rico. Lo que hace esta historia tan discordante es la abundancia de los recursos de este hombre comparada con la proximidad de la necesidad de Lázaro y su absoluto desprecio por su sufrimiento. Este tipo de respuesta revela el problema fundamental de verdad: el hombre rico adoraba el dinero, no a Dios. La raíz del problema no es el dinero, es la idolatría.
Este hombre se considera a sí mismo como parte de la familia de Dios. Es evidente también en el pasaje: un hijo de Abraham, dice. Nota que dice en voz alta: "¡Padre Abraham!" Entonces este hombre, el rico, habría sabido lo que Dios manda a su pueblo en las Escrituras. Debemos tener cuidado el uno por el otro. Pero su amor por el dinero y el deseo de satisfacer cada uno de sus apetitos anulaba todo lo demás en su vida. Y esto es precisamente de lo que Jesús estaba hablando solamente unos versículos antes cuando advirtió que no podemos servir a Dios y a las riquezas simultáneamente, a los dos.
El apóstol Pablo también habla de esto en detalle y reitera que la libertad de Cristo y la idolatría. Esto es lo que dice Pablo en Primera Timoteo, capítulo 6, versículos 6 al 10: "Pero la piedad en efecto es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento, porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores."
Entonces, ¿qué debemos hacer nosotros si Dios nos ha confiado en nuestras manos recursos significativos? Jesús no dice, ni dice Pablo, que la riqueza en sí misma es el problema. Puede ser que Dios le ha entregado a usted, le ha confiado gran riqueza. Entonces, ¿cómo deberíamos los cristianos manejar las riquezas, las posesiones?
Bueno, Pablo se dirige a esto también, gracias a Dios. Y esto es también en Primera Timoteo, capítulo 6, ahora en versículos 17 al 19, esto es lo que dice: "A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida."
Entonces, ¿qué podemos hacer tú y yo? ¿Qué podemos hacer? Usted, como una familia, ¿tiene un plan para ser generoso cuando se presentan oportunidades para ser generosos, financieramente generosos, para apoyar el ministerio del evangelio, incluyendo en esta iglesia, en cualquier otra manera? ¿Estamos planeando, trabajando para ser generosos? No nos va a venir naturalmente, hermanos. Esto requiere planeando, organizando, esfuerzo. Y la verdad es que si nosotros estamos planeando con regularidad ser generosos, es mucho más probable que vamos a ser generosos.
Al hacerlo también, a medida que perseguimos la generosidad, esto va a tener un efecto poderoso y santificante para mantener nuestros corazones lejos del amor del dinero. Queremos combatir este pecado; la manera que Dios nos ha dado para combatir este pecado es ser generoso. ¿Somos nosotros abiertos, sensibles, orantes acerca de situaciones particulares que el Señor presenta en nuestras vidas? ¿Cómo estamos utilizando el tiempo, la energía y las finanzas que el Señor nos ha entregado? ¿Estamos buscando, activamente buscando estas oportunidades, reconociendo las oportunidades para generosidad como dones del Señor en nuestra vida?
Verdaderamente, y ahí estoy ahora mismo, incluso en esto, soy advertido por este pasaje. Yo fallo regularmente en esta manera. Vamos a pedir a Dios que nos dé a todos, incluyendo a mi familia, la sabiduría necesaria para ser buenos mayordomos, administradores de nuestras riquezas, y aprovechar por el avance del reino de Cristo.
Pero tenemos que también saber de este pasaje que un corazón que está tan endurecido a ser indiferente al sufrimiento, indiferente al daño de otro humano creado en la imagen del Señor, ese corazón también es endurecido contra Dios y su Palabra.
Vamos a echar un vistazo al resto de la Palabra. Este es el segundo punto: que aquellos que rechazan la Palabra escrita de Dios rechazarán al Cristo. Aquellos que rechazan la Palabra escrita de Dios rechazarán al Cristo.
¿Te has dado cuenta de esta verdad cuando la leemos, que la muerte fija nuestra situación para la eternidad? Es evidente en el pasaje. No hay una segunda oportunidad después de la muerte para el hombre rico. Su situación para la eternidad está fijada en la muerte. No hay otra oportunidad para el arrepentimiento.
Este hombre rico hace un llamamiento a Abraham, pero miren la respuesta de Abraham: "Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes, y Lázaro igualmente males, pero ahora él es consolado aquí y tú estás en agonía. Además de todo esto, hay un gran abismo puesto entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes no pueden, y tampoco nadie puede cruzar de ahí a nosotros."
Ahora mira, no creo que esta parábola tiene la intención de sugerir que hay comunicación entre las personas en el cielo y en el infierno, la vida que viene. No es sabio presionar los detalles en parábolas literalmente, pero sí parece claro que hay una verdad aquí que Cristo nos enseña: que hay un carácter irreversible en nuestra condición después de la muerte. Recordémonos de qué dice en Hebreos, capítulo 9:27. Esto es lo que dice: "Así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto el juicio."
Así que si usted está aquí esta mañana y no es un cristiano, se le ha avisado: no habrá una segunda oportunidad después de morir. Confía en Cristo, confía en Cristo hoy. A usted no se le ha garantizado la mañana.
El punto de esta parábola no es simplemente trabaja, esfuérzate más a ser santo, o dé más dinero. Esto no es el punto de la parábola. El evangelio es una llamada a la fe. Arrepiéntanse de sus pecados, de la culpa que cargamos en nosotros mismos, y ponga su confianza en Cristo. Descansa, descansa en la promesa que Cristo da para todos los que creen en él: que no se pierden y que tendrán vida eterna.
Pero también hay otra verdad vital en este pasaje y nos extrañaría mucho si no la consideramos. Miren la última petición de este hombre rico. ¿Qué hace? Este hombre intercede en nombre de sus hermanos. Aparentemente tenía cinco hermanos, muy como él, muy similares, y ellos están vivos. No están muertos, pero ellos están vivos, están en la casa de la familia, ahí en el hogar. Quizá tienen su fiesta también, se están disfrutando de mucho. Y el hermano mayor, el rico, piensa: "Necesitan ser advertidos, si no van a llegar en la misma condición que yo."
Y piensa que si Abraham solo pudiera enviar a Lázaro como un mensajero para advertirles, seguramente sus hermanos iban a aprender del ejemplo de su hermano mayor y se arrepentirían. Tal vez sería un sueño, una visión o incluso resucitado. Pero el hombre rico parece pensar que si hay alguna aparición milagrosa, sin duda esto garantizará que sus hermanos se arrepientan y podrán disfrutar de un destino eterno diferente de él.
Y de hecho, es la cuenta de ironía: mientras que este hombre en la vida terrenal era indiferente a la condición de Lázaro, ahora en la vida que viene él está cargado por el cuidado por sus hermanos. Y cuando él en esta vida habría tenido oportunidad para cuidar a las necesidades de Lázaro y era indiferente, ahora que tiene interés por sus hermanos no puede hacer nada por ellos. Hay una ironía aquí.
Observa la respuesta de Abraham a la petición del hombre rico. Es clave e interesante. ¿Qué dice? Versículo 29: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas; que los oigan a ellos." ¿Qué está diciendo Abraham? En esencia, cuando dice Moisés y los profetas, esto es una forma de resumen, una manera para referirse al Antiguo Testamento en su enteridad. Así que lo que Abraham está diciendo a este hombre rico es: "Tus hermanos tienen las Escrituras. Si solamente las lean, recibirán toda la advertencia requerida. Tienen la Biblia."
Ahora nota cómo el rico responde. ¿Qué dice? Versículo 30: "No, padre Abraham, sino que si alguien va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán." En esencia, el hombre rico está diciendo: "Abraham, no, eso no es suficiente." Es probable, me imagino, que este hombre rico en su vida tenía amplio acceso a las Escrituras. Me imagino que era como muchos de nosotros, que quizá tenía seis Biblias ahí en la oficina con polvo encima. Pero este hombre seguramente iba a tener acceso a las Escrituras, y él sabía: "Yo tenía las Escrituras para darme advertencia, y mira cómo he terminado yo. Y mis hermanos son muy similares a mí. Necesitan algo más que las Escrituras."
Y mira qué pasa. Esto es una protesta común en nuestra vida ahora, en el mundo ahora, en 2014. ¿Cuántas veces hemos escuchado una persona que dice: "Ah, mira, si Dios solamente me enviara una señal, algo milagroso, entonces yo creería"? Y no solamente son los ateos y los agnósticos; esto es toda la humanidad. Somos tentados a pensar de esta manera, ¿no? "Si Dios me mandara una señal milagrosa, entonces yo creería." Y esto es precisamente lo que el hombre rico está solicitando. Puede que sea, como he dicho, a través de un sueño, una visión o una resurrección real de Lázaro, pero él está pidiendo algo extraordinario: "Envía un hombre de entre los muertos para advertir a mis hermanos."
Y Jesús nos da una advertencia necesaria; tenemos que escucharlo muy claramente: si los corazones de las personas no están dispuestos y si están endurecidos contra recibir la verdad de la Palabra de Dios, ninguna señal milagrosa o maravilla cambiará sus corazones. Nadie, en última instancia, de pie ante Dios en el juicio eterno, va a tener una razón o capacidad para decirle a Dios: "No tenía suficiente verdad, no tenía revelación suficiente de ti, Señor." No, tenemos todo en las Escrituras.
Y mira lo que Abraham dice al hombre rico. Le dijo: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levantare de los muertos." Sintamos el peso de esa declaración de Abraham. Lo que Jesús estaba advirtiendo a los fariseos, y nos advierte a nosotros esta mañana, es que la obra sobrenatural de la fe y el arrepentimiento se hace no en última instancia a través de signos y prodigios, milagros. El milagro de la fe se hace a través de la mano de un Dios soberano y misericordioso que trabaja a través de su Palabra. Y por sí solo, un corazón de piedra no responderá por la fe en Dios, incluso si un hombre muerto aparece y camina entre nosotros para avisarles.
Y Jesús muestra esto literalmente en su propio ministerio. ¿Se recuerdan? Recordamos que cuando llegó a la tumba de su amigo, ¿y cómo se llamaba su amigo? Lázaro. También su amigo Lázaro que se había muerto. Jesús llega y llora por su amigo. Y entonces, ¿qué hizo Jesús a través del poder de su palabra? Se pone afuera, al exterior de la tumba, y a través de su palabra llama a Lázaro a salir de la tumba, y un hombre que en un momento estaba muerto, frío, muerto como muerto, en un momento, a través de la palabra del Señor que da vida, la palabra de Cristo, este hombre se levanta y sale de la tumba. Es un milagro, ¿no? Esto es lo que estamos mirando aquí.
Un hombre levantado de entre los muertos, y podríamos imaginar que tal acto seguramente se ha seguido, o sea, cumplido con la fe y un arrepentimiento masivo por toda Galilea, un gran avivamiento como si fuera. Seguro, ¿no? Si esto ocurriría aquí en Santo Domingo, nos imaginamos, bueno, todos van a creer, seguro que sí, ¿no? Un hombre que se ha levantado de entre los muertos. Pero, ¿qué nos dice el evangelista? Encontramos esto en Juan capítulo 11. ¿Qué pasó? ¿Se acuerdan?
Leemos sobre esto en el Evangelio de Juan y nos dice Juan que muchos sí creyeron, pero los sumos sacerdotes y los fariseos, los líderes de Israel, se reunieron y empezaron a conspirar para arrestar y matar a Jesús, y media también, después de este milagro. ¡Hay qué ironía! ¿No? Incluso las noticias de que un muerto había resucitado a la vida, confirmando el poder y el verdadero Rey de Israel, el Hijo de David, los líderes de Israel no estaban dispuestos a reconocer su autoridad y su poder. Sus corazones estaban tan duros y eran por sí mismos tan muertos en sus pecados que rechazaron el testimonio de las Escrituras a la identidad de Jesús.
Y por lo tanto, tal como Jesús lo había advertido en esta parábola, también tenemos, sabemos nosotros, que no somos tan diferentes que esos hombres. Esa es la condición natural del hombre en el pecado.
Hermanos y hermanas, no teman esto. Si es verdad que Dios ha hablado con claridad y se ha revelado en las Escrituras, si la Biblia es realmente suficiente para dar vida a los muertos, entonces usted y yo podemos descansar en Dios. No tenemos que esperar algún milagro para convencer a aquellos que amamos con la realidad del satisfacción.
Me imagino que algunos de nosotros en esta sala, ahora mismo, entendemos algo de la carga que llevaba el hombre rico por sus hermanos. Como cristianos es una experiencia diferente porque ustedes creen en la fe, pero sabemos algo de ese cuidado que tenemos por los que amamos, que no conocen al Señor. Es una carga que pesa mucho. ¿Cómo hacemos esto? Y alabado sea Dios que hemos sido liberados del destino que merecimos en el pecado, pero usted sabe cómo se siente esta carga por los que amamos, que no conocen a Cristo.
Y si usted tiene familiares que se han apartado o que no quieren nada ver con Dios, la Palabra de Dios debe ser un consuelo y un aliento a nosotros. Denles la Biblia, preséntelos con la verdad de Dios, y luego descansen y miren a Dios para hacer la obra de nuevo nacimiento por el poder, a través del poder de su Espíritu Santo. Tú y yo podemos confiarnos en el poder de la Palabra siempre. Se trata de dar la vida, y cuando el Espíritu Santo, el Espíritu obra a través de la Palabra, en efecto tiene el poder de resucitar a los muertos a la vida.
Y esto es precisamente lo que Pablo se refiere cuando dice en Romanos capítulo 10: "Así que la fe viene del oír, y el oír por la palabra de Cristo."
Entonces hermanos, sigan leyendo la Biblia, sigan estudiando la Biblia, mantengan memorizar la Biblia. Es la Palabra de Dios que da vida.
Y si puedo, permítanme decir una palabra de elogio y aliento a ustedes como la IBI, como mi familia IBI. Gracias a Dios por el ministerio fiel de la Palabra en este púlpito. En su bondad Dios les ha dado a ustedes pastores que hacen que la predicación expositiva sea central en su ministerio para ustedes. Y es la bendición de Dios a ustedes que tienen la oportunidad de sentarse bajo la predicación fiel de la Palabra cada semana cuando se reúnen en este lugar. Gracias a Dios. No subestimen el poder de Dios para hacer una obra asombrosa en su vida, en la vida de sus familias, y en esta ciudad a través de la predicación fiel de las Escrituras.
Que Dios les bendiga y les guarde. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran satisfactor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.