Integridad y Sabiduria
Sermones

Predicación bajo oposición

Miguel Núñez 18 junio, 2017

Cuando la iglesia hace fielmente su trabajo, el mundo reacciona con oposición. Hechos 4 marca el inicio de una persecución que escalaría durante treinta años y continuaría a través de los siglos. Cristo mismo lo advirtió en el aposento alto: si el mundo lo odió a él, odiaría también a sus seguidores. La única iglesia que nunca ha sido perseguida es la iglesia mundanalizada. Y hay algo que los perseguidores no logran entender: cuando atacan a la iglesia, atacan a Cristo personalmente. Saulo lo descubrió en el camino a Damasco cuando escuchó: "¿Por qué me persigues a mí?"

Pedro y Juan fueron encarcelados por predicar la resurrección en el nombre de Jesús. Al día siguiente, un tribunal intimidante los interrogó: sacerdotes, saduceos, el sumo sacerdote Anás, Caifás y toda su parentela. Querían saber con qué autoridad habían sanado al paralítico. Pero hicieron la pregunta equivocada, porque Pedro, lleno del Espíritu Santo, aprovechó para proclamar sin temor que el milagro ocurrió en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ellos crucificaron y Dios resucitó. Este Jesús, les dijo, es la piedra que ustedes los constructores rechazaron, pero que ha llegado a ser la piedra angular. Y remató con palabras que siguen siendo las más irritantes para nuestra generación pluralista: en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.

El reino de las tinieblas usa el poder, la intimidación, el dinero y la política. Pero sus armas no pueden detener el avance del evangelio. Metieron a los apóstoles en la cárcel, pero la palabra ya había sido predicada: cinco mil hombres creyeron. Cuando el mundo silencia a los hijos de Dios, Dios sube el volumen de su voz.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el día de hoy, como el pastor Luis bien mencionó, nosotros estamos continuando el libro de los Hechos, la serie que iniciamos. Vamos a ver el comienzo de la oposición contra la iglesia en este texto de hoy, una oposición que va a escalar a lo largo del libro de los Hechos durante los próximos treinta años que el libro cubre, y que va a continuar incluso en la historia de la iglesia a través de los siglos hasta nuestros propios días. Yo no sé qué tan conscientes estaban los primeros discípulos de Jesús de que ciertamente ese sería el futuro que les esperaba, un futuro de persecución, pero Jesús lo advirtió.

Cuando tú revisas la historia de la iglesia, la única iglesia que no ha sido perseguida, amenazada, criticada o condenada en diferente momento es la iglesia mundializada. La iglesia, cuando ha hecho su trabajo, siempre le ha costado hacer su trabajo. Tampoco sé hasta dónde —pienso que no— aquellos que han criticado, condenado y perseguido a la iglesia verdadera entienden, entendían o podían entender que cuando tú persigues, condenas y criticas a la iglesia de Cristo, es a Cristo personalmente contra quien tú haces todas y cada una de esas cosas.

Un solo texto en la Palabra es suficiente para convencernos de esa realidad. Cuando el apóstol Pablo estaba persiguiendo a su iglesia —bueno, en ese momento no era el apóstol Pablo, era simplemente Saulo— estaba persiguiendo la iglesia de Cristo, y él tiene una aparición de Cristo, del Cristo ya resucitado, y estas fueron sus palabras: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" La pregunta no fue: "Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a mis cristianos, a mis hijos?" Sino: "¿Por qué me persigues a mí de manera personal?" Cristo entiende, por la unión inseparable que Él tiene con su iglesia, que perseguir su iglesia es perseguirlo a Él. Es como si un esposo dijera: "Si persigues a mi esposa, me persigues a mí."

Esta es la manera como Cristo lo ve. Es imposible, en la mente de Cristo, que tú puedas amarle a Él sin amar su iglesia. Es como que alguien me dijera: "Miguel, yo te amo mucho, pero a tu esposa no la tolero ni la paso." Imagínate qué pasaría en tu caso. Y a partir de este momento lo que nosotros vamos a ver es justamente el comienzo de dicha oposición, la oposición del mundo en contra de la novia de Cristo.

Cristo comenzó a prepararlos desde el mismo momento del aposento alto. Cristo comenzó a transferirles las enseñanzas que Él entendía que ellos debían conocer de antemano, para que cuando ocurrieran esas cosas no se fueran a desanimar. Una de las cosas que Cristo quiso que ellos entendieran —y se lo recordó, no se los dijo por primera vez, se lo recordó horas antes de su crucifixión, estando en el aposento alto en la última cena— es la realidad de la persecución.

Escucha lo que Cristo les dice en Juan 15, a partir del versículo 18: "Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría a los suyos; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os dije: un siervo no es mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros. Si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra." Cristo establece una relación estrecha entre la persecución a su iglesia y la persecución a Él. Y la manera como Él lo dice, en este pasaje y en otros, parecería como que la remuneración por ser fiel a Cristo es la persecución.

Eso es algo que el apóstol Pablo aprendió. Pablo le comunicó a su discípulo más joven, Timoteo, en su segunda carta, 3:12, y dice lo siguiente: "En verdad, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos." Dirían en inglés: "What's the deal?" ¿Cuál es el asunto? Si la promesa de vivir piadosamente es persecución, esa es la remuneración. Jesús, eso es una gran paradoja. Pero si Jesús fue el Señor y un discípulo no es mayor que su señor, y persiguieron al Señor, pues es obvio que si vas a vivir como Cristo vivió, serás perseguido.

Esta persecución no ha terminado. Yo comentaba esta mañana en el primer servicio acerca de alguien de nombre Helen Roseveare, una doctora misionera que apenas murió el año pasado. Ella se fue a trabajar al Congo Belga con una organización llamada WEC, que estuvo aquí el año pasado con nosotros dando algunos cursos de entrenamiento misionero. En el año 1964 ella ya estaba trabajando como médico con una tribu allá en el Congo, cuando fue invadida la región. Ella fue apresada y atada a un poste, y por tres días fue violada múltiples veces en esa condición.

Ella dice que mientras la experiencia tuvo lugar —y esto lo ha relatado en su biografía— escuchó una voz interior, no audible pero sí algo interior, de parte de Dios, que le hacía esta pregunta: "Helen, ¿podrías darme las gracias por esto, aunque yo no te diga por qué?" Y otra vez: "Helen, ¿podrías darme las gracias por esto, aunque yo no te diga por qué?" No si podría tolerarlo, sino si podría darle las gracias por eso. Y dice ella en su biografía que su respuesta fue: "Sí, Señor, si esto sirve a tus propósitos."

Tú y yo podemos decir que hemos sido probados porque hemos vivido un número de años en la fe cristiana, pero nosotros no hemos sido probados. Esta gente que ha pasado por esta experiencia puede decir algo así. O quizás después de entrar en gloria nosotros pudiéramos decir algo de esta manera. Tú puedes ver, comenzando en el día de hoy en el libro de los Hechos, que lo que Jesús prometió para su iglesia se cumplió.

Recuerda que en el capítulo 3, para que podamos entender el contexto, nosotros vimos la sanación de un paralítico que había sido ciego, tenía más de 40 años paralizado. Como veremos en el capítulo 2, pero no en el día de hoy, este hombre le pidió una limosna a Pedro y a Juan, y Pedro le dice: "Oro ni plata no tengo, pero lo que tengo esto te doy: en el nombre de Jesús, levántate y anda." Y él comienza a andar, a caminar, a cantar, a alabar a Dios. Hay toda una conmoción en el pueblo; el pueblo viene al templo a ver a este hombre que tenía 40 años paralizado y ahora está caminando, y quiso ver a estos hombres por medio de quienes este milagro había sido hecho.

Entonces Pedro aprovecha y predica su segundo sermón apostólico, y comienza a recordarles a ellos que la persona que ellos crucificaron es la persona que Dios le había hecho Señor y Cristo, y cómo eran responsables de dicha crucifixión, y cómo este hombre había sido profetizado por todos los profetas, desde Samuel en adelante y todos sus sucesores. En medio de esa predicación esto es lo que ocurre. Recuerda que el capítulo 3 y el 4 están separados en nuestras Biblias; en el lenguaje original es una continuación, de manera que Pedro todavía está hablando y continúa el capítulo 4.

"Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos, indignados porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección entre los muertos. Les echaron mano y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil. Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas. Estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes. Y habiéndoles puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder o en qué nombre habéis hecho esto?"

"Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo, si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este ha sido sanado, saber todos vosotros y todo el pueblo de Israel que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él este hombre se halla aquí sano delante de vosotros. Este Jesús es la piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos."

¡Guau! Imagínate la audiencia que estaba ahí y que acaba de escuchar esto. En el texto que nosotros acabamos de leer, yo quisiera dividirlo para poder ver: el comienzo de la oposición, versículos 1 al 3; el poder de Dios en medio de la oposición, versículo 4; el interrogatorio de la oposición, versículos 5 al 7; el valor de Pedro frente a la oposición, versículos 8 al 12; y el asombro de la oposición, versículo 13, que no lo vamos a ver hoy por falta de tiempo, pero todo eso está ahí.

Nota cómo comienza la oposición. Pedro está predicando y, mientras hablaba, dice el versículo 1, al pueblo se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos. Versículo 2: indignados porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. Le echaron mano y le pusieron en la cárcel hasta el siguiente día, pues ya era tarde. Ni siquiera dejaron que Pedro terminara el mensaje; cuando bruscamente, repentinamente, lo prendieron, se le echaron encima, dice el texto. Ahí hay algo extremadamente enfático en el lenguaje original.

El texto en esa primera parte nos identifica a algunos de los que al día siguiente iban a formar parte del tribunal que interrogaría a estos hombres. El texto inicial nos menciona a los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos. El versículo 5 nos dice que al día siguiente también estaban los gobernantes, ancianos y escribas. El versículo 6 nos dice que también estaba el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes. Como once grupos de personas o personas identificadas que al día siguiente iban a estar interrogando a esta gente.

Los sacerdotes, no sabemos exactamente cuántos serían, pero Israel tenía en ese momento unos veinticuatro mil sacerdotes organizados como en unidades o por tribus, la tribu de Benjamín, y ellos servían una vez al año o dos. De manera que posiblemente los sacerdotes que participaron eran aquellos que estaban sirviendo en el templo en esa ocasión. El capitán de la guardia del templo no era de la guardia romana; era una guardia judía. Roma les había permitido eso, que ellos pudieran guardar su propio templo, y era la persona de mayor poder inmediatamente después del sumo sacerdote.

Estaban los saduceos, que eran un grupo relativamente pequeño, aristocrático, gente de poder, de influencia, muy conectados al poder romano, políticamente conectados con Roma. Se habían puesto de acuerdo con Roma precisamente para que Roma los tratara bien si ellos controlaban al pueblo, y eran la gente de mayor influencia. Las cosas no han cambiado mucho hasta nuestros días. Estaban los gobernantes, presumiblemente un grupo de personas en posiciones de autoridad en diferentes comunidades o cargos. Estaban los ancianos; la palabra "anciano", *presbíteros*, implica canas, persona de cierta edad con cierta sabiduría. Estaban los escribas, que eran como los académicos, aquellos que enseñaban la ley, aquellos que reproducían los manuscritos o las copias del Antiguo Testamento.

Estaba el sumo sacerdote Anás, que ya no era sumo sacerdote en realidad; el sumo sacerdote de turno era Caifás, su yerno, que también estaba. Pero Anás tenía tanto poder político que las Escrituras lo seguían identificando como el sumo sacerdote, aunque en realidad Roma lo había removido y había puesto a Caifás en su lugar. Anás seguía con el poder. Había dos individuos de nombre Juan y Alejandro; nosotros no sabemos quiénes son, pero aparentemente aquella comunidad sí lo hubiera sabido. Y finalmente estaban todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes, familiares. Todo ese grupo se reúne y forma parte del tribunal que al otro día va a interrogar a esta gente.

El texto en el versículo 2 nos dice que estas autoridades estaban indignadas; esa es la palabra. Estaban muy molestos, estaban irritados, y nos dan dos razones de la irritación. Una: porque ellos estaban enseñando al pueblo. Y dos: porque estaban hablando de la resurrección de los muertos en Cristo Jesús. Pedro y Juan no habían ido a ninguna escuela rabínica, de manera que ellos no podían decir, como Pablo, que había estado con Gamaliel. No. De hecho, la única persona con quien nosotros sabemos que esta gente se relacionó fue con Jesús. De manera que: ¿con qué autoridad ustedes están enseñando al pueblo, en vez de ser los escribas y los fariseos? Dicho sea de paso, muchos escribas eran fariseos; pertenecían a ese grupo también.

La segunda razón de su irritación es que ellos están enseñando acerca de la resurrección, y los saduceos no creían en la resurrección. No creían en los ángeles; creían básicamente en los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, que era la ley, la Torá. De milagro creían en ellos mismos. Era un grupo difícil, político, de poder. Y eso es lo que ellos están enseñando. Entonces, ante esa irritación y haciéndose tarde en el día, los pusieron en la cárcel hasta el otro día.

Tú encuentras aquí, y nosotros lo vemos también en los evangelios, pero aquí en el libro de los Hechos lo ves por primera vez: hay un encuentro, hay un choque entre el reino de la luz y el reino de las tinieblas. Nosotros nos hemos acostumbrado, sobre todo en Latinoamérica, a pensar en el reino de las tinieblas primordialmente en términos de demonios, posesiones y cosas que son reales. Pero la mayor parte de la influencia del reino de las tinieblas no viene a través de demonios y personas poseídas; viene a través de entes humanos usados por el enemigo, con ideas y corrientes perversas que distorsionan el pensamiento y la mente de otros seres humanos. Cada reino tiene sus propias armas: el reino de las tinieblas corresponde al reino del mundo, que usa la gente del mundo; el reino de la luz corresponde a los hijos de Dios.

Hablando entonces de que estos reinos tienen armas diferentes, tú puedes ver aquí cuáles son las armas de uno y cuáles son las armas del otro, por lo menos algunas de ellas. El poder es una de las armas del reino de las tinieblas: Pedro está predicando, lo interrumpen, no puede continuar y Pedro y Juan están en la cárcel. Eso es poder; eso es un arma que el mundo usa. La intimidación: van a pasar la noche en la cárcel, mañana hablamos; quizá mañana estén más sumisos cuando vean lo que es una noche en la cárcel o lo que les puede pasar en el futuro. La influencia de amistades: aquí toda esta gente está relacionada; incluso al final vimos cómo estaban todos los que eran del grupo de los sumos sacerdotes. El amiguismo, la influencia: "yo conozco a fulano, no te preocupes, yo lo llamo, mañana yo te resuelvo." Ese es el mundo.

El dinero: están los saduceos; esa gente era terrateniente, eran gente de poder económico y poder financiero. La política: están los saduceos conectados al poder político. Ese es el reino del mundo, ese es el reino de las tinieblas. Ninguna de esas armas le funciona a los hijos de Dios; cuando un hijo de Dios se quiere poner una de esas armas, le queda muy mal y deshonra al reino de la luz. El reino de la luz tiene otras armas, de las cuales hablaremos un poco más adelante. Pero eso es lo primero que yo quería que viéramos: el inicio de la oposición al avance del evangelio.

En segundo lugar, yo quiero que veamos el poder de Dios en medio de la

Oposición. Versículo 4. Pero eso, pero contrastan lo que acabamos de decir: están en la cárcel. Pero no pierdas eso, porque cuando pierdes el contraste pierdes la fuerza de lo que el Espíritu de Dios está tratando de contrastar. Entonces, ¿cuál es el contraste? Pedro y Juan en la cárcel, pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a 5.000. En otras palabras, los metieron en la cárcel, pero ya está predicado, ya la palabra se soltó. Y sabes que la gente respondió. Tú puedes encarcelar a los hijos de Dios; lo que no puedes encarcelar es la palabra que le dio nacimiento a los hijos de Dios.

3.000 personas, 11 apóstoles —porque a Judas nunca lo contamos—, 11 apóstoles. Pasan a 120, pasan a 3.000, y ahora 5.000 hombres. La palabra utilizada en el original es "hombres varones", de manera que no están contando ni niños ni mujeres, de tal forma que esa iglesia pudo haber llegado a tener como 10.000 personas. ¿Sabes cuánto tiempo hace que Cristo murió para este tiempo? Más o menos como dos meses, 60 días, y la iglesia tiene como 10.000 personas. Tú puedes ver el poder de Dios en medio de la oposición. Tú puedes mandar a callar a mis discípulos, pero cuando callas a mis discípulos, Dios dice: "Yo subo el volumen de mi voz." Y eso es lo que tú estás viendo en este pasaje.

A la iglesia siempre le ha ido mejor cuando está oprimida. Pasó en el primer siglo, pasó en el tiempo de la Reforma, está pasando en los países en vías de desarrollo. Los países desarrollados como Europa —la iglesia se murió, no que se está muriendo, se murió— y en Estados Unidos la iglesia está muy enferma. En el próximo año, los próximos 12 meses, de siete a 10.000 iglesias cerrarán sus puertas en Estados Unidos, y eso ocurre todos los años. Esa última estadística la escuché la semana pasada de una fuente altamente confiable. Siete a 10.000 iglesias cerrarán sus puertas.

Cuando la iglesia no está oprimida, la iglesia se acomoda. Cuando la iglesia se acomoda, la iglesia baja sus barreras. Cuando la iglesia baja sus barreras, la iglesia compromete la enseñanza de Cristo. Una de las armas del reino de las tinieblas es callar al opositor. Por eso mataron a Cristo, por eso cuando Lázaro resucitó querían matar a Lázaro también, y por eso encarcelaron a Pedro y a Juan. Pero una vez más, yo quiero recordarles que cuando el reino de las tinieblas silencia a los hijos de Dios, Dios sube su volumen, y en medio de eso la iglesia está creciendo. No puedes parar el crecimiento de la iglesia; la iglesia prevalecerá. Esa es una promesa que Cristo hizo, porque está construida sobre la roca, y las puertas del Hades no prevalecerán contra su iglesia.

Número 3. Yo quiero que veamos el interrogatorio de la oposición, versículos 5 al 7. "Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas. Estaban allí el sumo sacerdote Anás y Caifás, Juan, Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes." Está todo el amiguismo reunido. "Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: '¿Con qué poder o en qué nombre habéis hecho esto?'"

Habían tenido una noche en la cárcel. Quizás parte de la estrategia era intimidarlos ahí; quizás al día siguiente se les iba a haber bajado un poco la euforia. Y ahora entonces se reúnen, los ponen en el medio —posiblemente estaban sentados alrededor de ellos en una especie de semicírculo— y aquí está la gente que estaba irritada el día anterior cuando interrumpieron a Pedro en su predicación, y le hacen una pregunta. Yo creo que probablemente hubo más de una pregunta, pero esta es la que Lucas registra: "¿Con qué poder o en qué nombre habéis hecho esto?"

En realidad el texto dice que los saduceos estaban irritados porque estaban enseñando al pueblo, pero no les preguntaron eso —no está registrado, por lo menos—, y que estaban irritados porque estaban enseñando acerca de la resurrección, pero no les preguntaron eso. La pregunta es: "¿Con qué poder o en qué nombre ustedes realizaron eso?" Quizás los saduceos, que tenían poder político, estaban un poco intimidados o amenazados, pensando que si esta gente tenía poder sobrenatural para hacer cosas tan grandes como esta, pues dinos en quiénes radica el poder, en qué nombre. Pero lamentablemente hicieron la pregunta equivocada, porque al preguntar "¿en qué nombre habéis hecho esto?", eso le abrió la puerta a Pedro para decir una retahíla —en buen dominicano— de cosas acerca de ese nombre. "Si quieres saber en qué nombre, yo te voy a hablar de ese nombre. Te voy a contestar la pregunta."

Entonces lo que quiero que veamos ahora, como punto número cuatro, es el valor de Pedro frente a la oposición, versículo 8 en adelante. No pase por alto ni los "peros" ni los "entonces", porque el "entonces" está como concluyendo y uniendo ideas. Hay una pregunta, y ahora la palabra "entonces" me conecta las dos ideas. Pedro lleno del Espíritu Santo. Tienes que pararte ahí, porque todo lo que va a ocurrir después de eso es el resultado de la llenura del Espíritu Santo. Recuerda: nosotros estamos viviendo la era del Espíritu para la gloria de Cristo; esa es nuestra era. Es la era del Espíritu Santo, pero es para la gloria de Cristo, y esto es justamente lo que Pedro está poniendo en evidencia.

Pedro lleno del Espíritu Santo. Nota que no dice "y Pedro lleno de temor dijo: 'Bueno, hermanos, con toda humildad yo quiero hablar del nombre de Cristo que ustedes me preguntaron, pero yo no quiero ofenderles.'" Este no es el Pedro que negó a Cristo; ese es otro Pedro. Les dijo: "Gobernantes y ancianos del pueblo, pero pongan atención: si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este ha sido sanado..." El problema es el milagro. Ustedes lo que quieren saber es en el nombre de quién lo hicimos. "Sabed esto —es enfático— a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel: que en el nombre de Jesucristo..." Ya, Pedro, ya. Eso fue lo que te preguntamos. No, porque para algo me han llenado del Espíritu, de manera que yo no me voy a parar mientras el Espíritu me esté hablando. "En el nombre de Jesucristo el Nazareno." Pero no te preguntamos eso. "A quien vosotros crucificasteis." Ya, para, te pasaste, Pedro. "Y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él este hombre se halla aquí sano delante de vosotros." Ya, pero cuando te estaban preguntando... No, no, no. "Este Jesús es la piedra desechada por vosotros los constructores."

Oye lo que Pedro hace. Él se recuerda del Salmo 118, que dice que Cristo sería la piedra que los constructores rechazaron. Pero en el Salmo 118 está de manera impersonal: dice que Él sería —impersonalmente— la piedra rechazada por los constructores. Oye cómo Pedro lo cita, porque dice: "Este Jesús es la piedra que vosotros, los constructores, habéis rechazado, la piedra desechada, pero que ha venido a ser la piedra angular." Ya, Pedro, ya, ya, ya. He respondido. Hasta entonces, no. "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos." ¡Wow!

Lo primero que el texto hace es identificarme la fuente de poder y de autoridad para que Pedro hable. Entonces, ¿cómo Pedro? Lleno del Espíritu Santo. ¿Cómo decimos muchas veces? La llenura del temor de nosotros es falta de llenura del Espíritu de Dios. Una de las cosas que la llenura del Espíritu de Dios hace es vencer el temor humano. A nosotros no nos quedan bien ninguna de las armas del mundo —como mencionamos: el poder, el dinero, la influencia, la intimidación, el amiguismo, la política, la mentira—; todas esas son armas carnales. Nuestras armas no son carnales, pero son poderosas en Cristo Jesús.

Tuvimos a Pedro predicando la palabra y la iglesia llegó a diez mil personas; esa es una de nuestras armas más poderosas: la Palabra de Dios predicada. Tuvimos a Pedro ahora lleno del Espíritu Santo; esa es otra de nuestras armas poderosas. La llenura del Espíritu nos da sabiduría. El bautismo del Espíritu, que vimos en Pentecostés, es una experiencia única en la vida que le ocurre al individuo el día que pone su fe en Cristo Jesús. Pero la llenura es una experiencia recurrente en la vida del cristiano, por medio de la cual Dios capacita al individuo para hacer una tarea específica que le ha sido asignada, y mientras esa tarea no haya terminado, la llenura continúa. Entonces, este Pedro que responde aquí, de nuevo y sin ningún temor, no es el Pedro que vimos atemorizado; es otro Pedro, pero lleno del Espíritu.

Y el Señor les había advertido justamente que una de las funciones del Espíritu Santo sería capacitarlos para hablar en medio de la oposición. Escucha este texto de Marcos 13:9-13, porque este texto que Cristo les habló y les enseñó —este día se cumplieron todas y cada una de esas palabras. Se cumplieron otros días también, pero estas condiciones se dieron este día. Escucha lo que leemos en Marcos 13: "Pero estad alerta, porque os entregarán a los tribunales y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis delante de gobernadores y reyes por mi causa, para testimonio a ellos. Pero primero el evangelio debe ser predicado a todas las naciones. Y cuando os lleven y os entreguen, no os preocupéis de antemano por lo que vais a decir, sino que lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo."

En Hechos 4 tuvimos gran parte de ese texto cumplido. Y Cristo les dice en Marcos 13: "Os entregarán a los tribunales." Sí, ellos estaban ahí frente al tribunal del Sanedrín —bien intimidante ese tribunal—. Ese es el tribunal que concluyó que Cristo era culpable de blasfemia, y es el tribunal que lo entregó a los romanos para que lo crucificaran. Delante de ese tribunal es que Pedro y Juan están otra vez.

Marcos 13 habla de Cristo diciéndoles que compareceréis ante gobernantes y reyes. Ellos estaban delante de personas en autoridad en diferentes posiciones en la comunidad, posiblemente, y para luego estarían delante de reyes, incluso. Jesús les dice en Marcos 13 que estas cosas ocurrirían por su causa. Sí, ellos pasaron una noche en la cárcel por causa del Evangelio, no fue por otra causa. Y Cristo les dice que eso iba a ocurrir para testimonio a ellos.

Eso es exactamente lo que Pedro hace. Pedro le dice que este hombre fue sano por el poder de Jesús. Le dice que ese Jesús, la piedra que los constructores rechazaron, fue a quien ellos crucificaron y que ellos son culpables de eso. Le dice que ese Jesús ha llegado a ser la piedra angular, y le dice que en ese Jesús no hay ningún otro nombre dado bajo el cielo por el cual los hombres puedan ser salvos. Él le testificó todo lo que Cristo le dijo, y lo que Cristo le dijo en Marcos 13 se cumple, y aún más.

Cristo les dice: "No te preocupes por lo que vayas a hablar, porque no son ustedes los que van a hablar; es el Espíritu de Dios, es el Espíritu Santo el que estará hablando." Eso es lo que el texto de Hechos 4:8 nos dice, que Pedro, lleno del Espíritu, dijo: "Saber todos vosotros y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él este hombre se halla aquí sano delante de vosotros."

Ese apellido de "Jesús el Nazareno" en este contexto es significativo, porque Nazaret era una región, una comunidad que causaba mala reputación. El título de "el Nazareno" no era bien visto, no solamente entre los saduceos, que eran aristócratas, sino que incluso Natanael, uno de los discípulos, cuando le dijeron: "Mira, hemos encontrado al Mesías, es de Nazaret," respondió: "¿De dónde? ¿Puede algo bueno salir de Nazaret?" De manera que identificar a Jesús como el Nazareno era, para el mundo, la cosa menos impresionante. Pero ya sabemos que de Nazaret salió el hombre más poderoso que la humanidad jamás haya conocido: Cristo Jesús.

Al reino del mundo le encantan los nombres. Hubiese sido preferible para el mundo que dijera Jesús de Atenas, Jesús de Roma, Jesús de Alejandría; y en nuestro día, de Manhattan, de París, de Ginebra, de Tokio, comoquiera que se quiera pronunciar. Los grandes nombres llenan los ojos del mundo. A Dios le gustan los nombres como Belén, ¿dónde queda eso? ¿Capernaum? Nazareno. Al mundo le encantan los nombres con brillo; a Dios le cantan los nombres pequeños.

A ese Jesús de Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios resucitó de entre los muertos, Pedro es interrumpido. Pero la pregunta que le hicieron a Pedro fue en nombre de quién fue que sanó a ese hombre, y Pedro les dice: "Jesús, pero déjenme calificarlo: ustedes lo crucificaron." La vida de Jesús fue tan escandalosa para ellos que entendieron que era un blasfemo y, por tanto, digno o reo de muerte. Se lo entregaron a los romanos para obtener el permiso de crucificarlo.

Ese Jesús se convirtió en roca de escándalo, porque ¿quién ha pensado en un mesías en un madero, cuando el Antiguo Testamento decía maldito todo aquel que muere en un madero? Pues ciertamente eso fue lo que recibió: la maldición de todos nosotros. Pedro les dice: "Ese Jesús a quien ustedes crucificaron fue la piedra que los constructores rechazaron, y al rechazarla se convirtió en piedra de tropiezo." Es un calificativo que Pedro le da a Jesús en su primera carta, capítulo dos: piedra de tropiezo. Claro que piedra de tropiezo, porque cuando lo rechazas te pierdes; rechazas a Jesús y te condenas.

Ese Jesús es la piedra angular. Pedro les dice eso: la piedra que ustedes rechazaron se convirtió en piedra angular. La piedra angular ha sido vista de dos maneras en la antigüedad. Los canteros examinaban las piedras con detenimiento para encontrar la piedra perfecta que colocarían como primera piedra, y que determinaría la colocación del resto de las piedras; algunos consideraban eso la piedra angular. En ese sentido, Jesús fue la piedra angular que iba a determinar dónde encajaría todo lo demás.

Para otros, quizá la mayoría de los estudiosos, la piedra angular era otra piedra, pero también de suma importancia. Si tú has ido alguna vez al interior de una catedral u otro edificio de esa época aquí en Santo Domingo, habrás notado los arcos que son de piedra de roca. Tú encuentras las rocas de un lado y del otro, y finalmente una roca en el centro que las une, y te preguntas: ¿cómo es que esas piedras se sostienen en su lugar? El arco fue construido de manera simétrica de lado a lado, y finalmente había una roca que iba en el medio, que la forzaban a entrar en esa posición, porque esa era la roca que iba a apretar el arco entero hacia abajo y lo mantendría en posición. Esa era la roca angular.

Bueno, pues si esa era la roca angular, Cristo es esa roca final, la última pieza que encajó, porque faltaba todavía la pieza principal. Y cuando Él encajó en ese lugar, apretó el resto del edificio que Dios venía construyendo. Esa es la piedra angular de la iglesia sobre la cual nosotros estamos parados.

Pedro les dijo eso: la piedra que los constructores rechazaron se convirtió en piedra angular. Y luego escucha lo que Pedro añade, sin dejar el nombre así sin más: "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos." No hay Abraham, no hay Moisés, no hay Elías. Como dirían en inglés: this is it. Este es. No hay ningún otro nombre.

Yo creo que esas palabras que acabo de pronunciar no solamente fueron odiadas en su momento; son probablemente las palabras más irritantes en esta generación en la que nosotros vivimos: pluralista, relativista, anticristiana, posmoderna, poscristiana para algunos, y antiautoridad. De hecho, posiblemente muchos de nosotros no nos atreveríamos a pronunciar esto en nuestros lugares de trabajo.

En una sociedad pluralista, todos debemos ser capaces de coexistir con gente que no piensa como nosotros. No estamos hablando de que se tolere solamente a los cristianos; eso no sería bíblico. Lo que estamos diciendo es que en esa sociedad pluralista y de múltiples ideas, la verdad sigue siendo exclusiva, y esa verdad exclusiva la tiene la persona de Jesús. Pero la gente no tiene aprecio por la verdad. Pilato, dos mil años atrás, no tuvo aprecio por la verdad. Él le preguntó a Cristo: "¿Y qué es la verdad?" Y saben lo que hizo: se dio media vuelta y se fue, sin esperar la respuesta, teniendo la verdad personificada frente a él. Y si tú no tienes aprecio por la verdad, tampoco tendrás aprecio por Cristo, porque Él dijo: "Yo soy la verdad."

No sé cuánto ustedes conocen el nombre de Deepak Chopra. Es un médico indio que cree mucho en la medicina alternativa y es uno de los líderes espirituales más seguidos hoy en día; tiene un amplio abanico de ideas espirituales. Él dice que cuando Jesús dijo "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí," eso no es nada más que Jesús llegando al nivel de la God consciousness, que en esencia, en español, quiere decir que Jesús estaba llegando a integrar el yo a la conciencia del universo. Eso es un nonsense, un sinsentido. Nosotros sabemos lo que Cristo dijo y lo que Cristo era: la segunda persona de la Trinidad encarnada para salvar al mundo y mostrar el camino a Dios.

El Jesús que salva no es un Jesús que es superior a otros en algunos aspectos; no es un Jesús que simplemente no tiene igual. Él está en una categoría por sí solo, por encima de todos los hombres. Y de vez en cuando, o más bien con frecuencia, porque creo que la mayoría de las encuestas lo han revelado, la mayoría de la población, incluyendo a muchos cristianos, afirman que al final todos los caminos llevan a Dios.

Y yo quisiera estar frente a esa persona para decirle: "Eso sí es verdad, pero no por la razón que tú crees." ¿Saben por qué todos los caminos llevan a Dios? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo. Todos los caminos van al tribunal de Dios; de manera que ahí tienes razón. Pero hay uno solo que sigue para la gloria, y los demás siguen para la condenación eterna. Esa es la pregunta: ¿en qué camino estoy yo, y sobre qué base voy a pararme ante el tribunal de Cristo para justificar mi salvación? Y si tú no te paras delante del tribunal de Cristo por la fe exclusivamente en la vida, muerte y resurrección de Cristo, no tienes posibilidad de salvación.

Así que sí, todos los caminos llevan a Dios, a su tribunal: el hinduista, el moralista, el budista, el cristiano, todos van a parar al mismo sitio, ante el tribunal. Y esa es la pregunta. La mayoría de las personas creen que se puede alcanzar incluso la salvación a través de otros mediadores. Miren lo que la Iglesia de Roma cree desde el año 1960 y tantos, con el Segundo Concilio Vaticano. El Concilio Vaticano II establece que aquellos que no conocen el Evangelio de Cristo o su iglesia, por razones ajenas a su voluntad, si buscan a Dios con un corazón sincero y son movidos por la gracia a hacer la voluntad de Dios hasta donde ellos la conocen, y a través de los dictámenes de su conciencia, estos pueden llegar a alcanzar la salvación eterna.

"Si ellos buscan a Dios con corazón sincero," ¿dónde están esos seres humanos? Romanos 3:10-11 dice: "No hay justo, no hay ni uno; no hay quien haga lo bueno; nadie busca a Dios." Si apareciera ese individuo descrito ahí, quizá yo pensaría que hay algún progreso hacia la salvación. El problema es que ese individuo no existe.

Es Dios que sale a buscar al hombre. Si el hombre puede alcanzar salvación a través de otros mediadores y otras religiones, entonces la muerte de Cristo fue una insensatez. Morir de esa manera para al final poder salvarme a través de otros que nunca murieron de esa forma.

La realidad es, hermanos, lo que Pedro comunicó aquí: no hay otro nombre debajo del cielo por medio del cual podáis ser salvos, que no sea Cristo Jesús. Tú necesitas el perdón de tus pecados por parte de Cristo, pero tú necesitas su vida. Tú necesitas la vida que cumplió a cabalidad la ley de Dios; sin su vida no tienes salvación. Tú necesitas la cruz de Cristo, pero tú necesitas su resurrección, porque sin la resurrección tú y yo todavía estamos en pecados, dice Pablo en Primera de Corintios 15.

Lo increíble de la vida de este hombre es que cuando Él muere, su muerte da vida. ¿Tú te imaginas eso? Es la única persona que muere y entonces su muerte le da vida a otros. Tú no puedes nacer de nuevo espiritualmente sin la muerte de Jesús, y la vida que Él comparte con el Padre es la vida que Él comparte contigo y conmigo. De eso habló Juan en el capítulo 1, versículos 1 al 4, cuando hablaba de que en el principio era el Verbo, y en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Por eso es que Pedro aprovecha la pregunta: "Yo te voy a decir en nombre de quién nosotros sanamos, pero tienes que escuchar quién es ese hombre." Jesús es el camino que el hombre tiene que seguir. Jesús es la verdad que el hombre tiene que creer. Jesús es la vida que el hombre tiene que vivir. Y escucha: fuera de Él no hay salvación. Fuera del camino que Jesús vino a mostrar, y que te lleva al Padre, no hay perdón de pecado, no hay resurrección de los muertos, no hay paso de muerte a vida verdadera. El costo fue alto porque la bendición es extraordinaria: vida eterna delante del Padre.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.