Integridad y Sabiduria
Sermones

Preocupaciones de un verdadero ministro del Señor

Miguel Núñez 6 noviembre, 2016

Un ministro auténtico del evangelio carga temores que pocas veces salen a la luz. El apóstol Pablo, escribiendo a los corintios, revela un corazón que anhelaba profundamente el amor de una congregación que lo malinterpretaba una y otra vez. Les explicaba sus acciones y ellos concluían que se estaba defendiendo por orgullo. Les enviaba colaboradores de confianza y sospechaban que buscaba aprovecharse económicamente. Mientras más los amaba, menos lo amaban de vuelta. Pablo les dice con dolor: "Todo este tiempo habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros", cuando en realidad hablaba delante de Dios, en Cristo, buscando únicamente su edificación.

El problema no estaba en Pablo sino en el corazón enfermo de quienes lo acusaban. Para los puros todo es puro, pero para los corrompidos nada lo es. Cuando deseamos algo y alguien interfiere, comenzamos a sospechar de esa persona para justificar nuestro propio deseo. Es el mismo patrón del Edén: el deseo de la fruta hizo que Adán y Eva dudaran de la bondad de Dios. Así operamos todos.

Pablo temía llegar a Corinto y encontrar la misma inmadurez: pleitos, celos, envidias, chismes, arrogancia. Temía tener que llorar por quienes no se habían arrepentido. Ninguna vocación tiene el potencial de traer tanto gozo como el pastorado, pero tampoco ninguna tiene el potencial de traer tanto dolor. Cristo mismo fue traicionado, negado y crucificado por aquellos a quienes sirvió perfectamente. La cura para nuestro corazón enfermo no está fuera de nosotros: está en Cristo y en renovar nuestra manera de pensar con su verdad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quisiera invitarlos a abrir la Palabra de Dios en la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios. Es la carta que hemos venido estudiando y nos estamos aproximando a su final. De hecho, después de este mensaje, creo que apenas nos quedan dos mensajes y cerramos la serie, y con eso cerramos el mes de noviembre. En esta ocasión estamos cubriendo una porción extensa del capítulo 12 de esta carta, y la razón por la que hemos tomado toda esta porción en conjunto es justamente porque el tema es exactamente el mismo. Dividirlo en dos mensajes, que era una posibilidad, pudiera dejar a un grupo tanto en el aire en cuanto a hacia dónde iba Pablo con estas palabras que él estaba escribiendo en el capítulo 12 y el capítulo 13, que son como el cierre o la conclusión de la carta.

En mi último mensaje yo había aludido al hecho de que el tema principal de esta carta es la autenticidad del ministerio, y en particular del ministerio del apóstol Pablo, quien se vio bajo acusación y ataque de parte de los corintios. Entonces Pablo se vio en la necesidad de explicar su ministerio entre ellos. Yo menciono eso otra vez porque lo cierto es que, en las múltiples ocasiones que hemos estado predicando a lo largo de esta carta, es muy posible que ya nos hayamos quedado con que esto pudiera sonar a un poco de repetición en cuanto a la temática.

Pero la realidad es que mencioné en mi último mensaje que una carta tiene lo que es llamado la línea melódica. En música, la línea melódica es ese conjunto de notas que el oyente percibe como una sola unidad. Bueno, una carta tiene una multitud de pasajes, pero si la carta es bien estudiada, la realidad es que todos esos pasajes tienen una línea melódica, todos esos pasajes tienen en común como un tema que los une. En este caso es la autenticidad del ministerio cristiano y en particular la autenticidad del ministerio del apóstol Pablo, y es la razón por la que con frecuencia, al leer ciertos textos, pudiéramos pensar: quizá hemos hablado de esto, pero esto es más de aquello que hemos hablado.

A lo largo de la relación de Pablo con los corintios surgieron conflictos, y esos conflictos dieron lugar a acusaciones. Dijimos en algún mensaje pasado que ese ha sido el patrón a lo largo de toda la historia del pueblo de Dios: que no importa si pensamos en Moisés acusado por su hermano y por su hermana, no importa si pensamos en Jesús acusado por los fariseos, o si pensamos en el apóstol Pablo acusado por los corintios, la historia se repite; lo que cambia son los actores. Y eso se debe justamente a la pecaminosidad del corazón humano. La pecaminosidad en tu corazón y en el mío origina percepciones erradas de las acciones de los demás, y esas percepciones erradas nos llevan a conclusiones también erradas, y esas conclusiones erradas nos llevan a accionar también de manera errada. Eso es justamente lo que ha ocurrido con el apóstol Pablo y los corintios.

Yo creo que si nosotros pensamos un poco, podemos ver que vivencias del pasado, para ir a cosas del presente, pueden contribuir a que nosotros podamos percibir la realidad en mayor o menor grado correctamente. La inmadurez de los corintios y la manera como ellos habían percibido —o no apreciado— la cruz llevaron justamente a estas acusaciones que le hicieron a Pablo. Pablo está tratando ahora, en estos últimos capítulos —el capítulo 12 y el 13—, de cerrar revisando algunas cosas ya dichas y trayendo a colación algunas cosas nuevas ante ellos, como una forma de ver si podía sanar la relación, pero sobre todo sanarlos a ellos. Porque de lo contrario, ese corazón enfermo que ha originado acusaciones contra Pablo va a originar acusaciones contra otros también.

Pablo está tratando de pavimentar el camino de regreso. Él está planificando una tercera visita a la iglesia de Corinto, y esta carta es como el pavimento de ese camino que él emprende, o está tratando de emprender. Él les había visitado una vez cuando plantó la iglesia, les había visitado una segunda vez —a la cual él alude en el capítulo 12 de esta carta—, y fue una visita dolorosa porque justamente ahí es que él se entera de lo que está ocurriendo en la iglesia en su contra. Ahora está planificando una tercera visita, a la cual él alude en esta porción de las Escrituras.

Yo titulé mi mensaje "Las preocupaciones de un verdadero ministro del Evangelio", o del Señor, pero se ha pensado que yo pudiera también titular este mensaje "Los temores de un ministro del Evangelio". Y usted que está sentado hoy como oveja pudiera pensar: "Bueno, pero si eso es temores de un ministro del Evangelio, yo no soy uno, pues este mensaje no es para mí." Bueno, es para ti, porque de cierta forma nosotros somos una comunidad, y en la comunidad yo necesito entender las ovejas y las ovejas necesitan entender a sus pastores. El apóstol Pablo no tenía una naturaleza humana muy distinta, o nada distinta, a la naturaleza humana de cualquiera de sus pastores, de manera que si el apóstol Pablo tenía algo, tú puedes garantizar que en algún momento de la historia, uno de tus pastores ha tenido exactamente la misma cosa.

A manera de introducción: hace cuatro meses, cinco, quizás seis meses de hecho, hice un video para The Gospel Coalition. En este video se nos preguntó a varios de nosotros —estábamos por separado, cada quien grabó cinco minutos— cuál era tu mayor temor como pastor, de manera que otros pudieran escuchar a pastores diversos compartir parte de su corazón. Yo escuché uno o dos de esos testimonios y luego llegó mi entrevista, y yo decía que, por alguna razón, mi mayor temor ha sido ser malentendido y, como consecuencia, ser juzgado. Esto es justamente lo que nosotros vemos a través de toda la segunda carta a los corintios: un apóstol en verdad enviado por Dios que ha sido mal interpretado y ha sido juzgado, y él expresa esos temores.

De manera que yo pudiera decir, junto con Pablo —no porque me considere a su altura, creo que me falta mucho para llegar hasta donde Pablo pudo llegar en su caminar con Dios—, pero puedo decir junto con él que ciertamente lo que él expresa como carga en esta carta ha sido parte de mis temores a lo largo de mi pastorado y de mis relaciones en general. Los corintios malentendieron a Pablo, acusaron a Pablo, Pablo se ve en la necesidad de explicarse, y cuando se explica, cuando los corintios escuchan la explicación de Pablo, vuelven y lo mal interpretan.

Escucha a Pablo ahora escribiendo en el capítulo 12. El versículo 11 dice: "Me he vuelto insensato; vosotros me obligasteis a ello, pues yo debiera haber sido encomendado por vosotros, porque en ningún sentido fui inferior a los más eminentes apóstoles, aunque nada soy." "Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios y milagros. Pues, ¿en qué fuisteis tratados como inferiores a las demás iglesias, excepto en que yo mismo no fui una carga para vosotros? ¡Perdonadme este agravio!"

"Y he aquí, esta es la tercera vez que estoy preparado para ir a vosotros, y no seré una carga, pues no busco lo que es vuestro sino a vosotros; porque los hijos no tienen la responsabilidad de atesorar para sus padres, sino los padres para sus hijos. Y yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos? Pero en todo caso, yo no os fui carga. No obstante, siendo astuto, os sorprendí con engaño." Así piensan algunos. "¿Acaso se ha tomado ventaja de vosotros por medio de alguno de los que os he enviado? A Tito le rogué que fuera, y con él envié al hermano. ¿Acaso obtuvo Tito ventaja de vosotros? ¿No nos hemos conducido nosotros en el mismo espíritu y seguido las mismas pisadas?"

"Todo este tiempo habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros. En realidad, es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo, y todo, amados, para vuestra edificación. Porque temo que quizás cuando yo vaya, halle que no sois lo que deseo, y que yo sea hallado por vosotros como lo que no deseáis; que quizás haya pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancias, desórdenes. Temo que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros, y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado."

Ahí está el latir del corazón del apóstol Pablo. Una iglesia que puso a prueba la paciencia del apóstol y puso en entredicho la autenticidad de su ministerio, lo cual hizo que Pablo se viera en la necesidad de traer a colación algunas de sus credenciales. Pero para un hombre humilde como este, traer sobre el tapete las credenciales de su persona es una insensatez, y Pablo dice justamente eso en el versículo 11 al comienzo: "Me he vuelto insensato." Es insensato tocar tu propia trompeta. De hecho, el libro de Proverbios nos instruye a no hacer eso.

Pero Pablo explica inmediatamente después la razón por la que él se vio en la obligación de hacerlo: "Vosotros me obligasteis a ello, pues yo debiera haber sido encomendado por vosotros." Corintios, ustedes, como él dice en una porción anterior, son mis cartas de recomendación, porque al llegar a creer por medio del evangelio que yo prediqué, ustedes forman el fruto. Ustedes debieron haberse levantado en mi defensa, y no lo hicieron. Al no defender mi mensaje, que quedó en entredicho —como ya explicamos en otra ocasión—, el mensaje del evangelio, yo no podía dejar eso de esa forma. Por tanto, yo tuve que levantarme y traer mis credenciales al tapete para defender, no mi persona, sino el mensaje que yo traía.

Y entre estas credenciales está lo que menciona: "Porque en ningún sentido fui inferior a los más eminentes apóstoles, aunque nada soy; y entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios y milagros." Con estas palabras, Pablo no está insinuando que él es superior a ningún otro apóstol, enviado, pastor o maestro. Eso no está en su mente. Lo que él quiere que ellos entiendan es que, ya que ellos tienen una forma caída de evaluar las cosas, no le consideren por debajo de los demás, porque no lo era, de tal forma que pudieran considerar el mensaje de Pablo también por debajo de los demás y no recibir ni escuchar la Palabra de Dios.

Y Pablo dice: "Entre vosotros se operaron señales, prodigios y milagros." Estas palabras no necesariamente implican tres tipos de cosas sobrenaturales distintas, pero los milagros que Dios hace —que son cosas sobrenaturales— llaman la atención de la gente de manera que son prodigios. ¡Wow! Pero al mismo tiempo, eso que Dios hace para autentificar el mensaje o al mensajero —en el caso de Pablo— son señales, hasta el punto de que Juan, cuando escribe su evangelio, no usa la palabra "milagro" ni una sola vez para referirse a Cristo y las cosas sobrenaturales que hizo, sino que habla de señales. La conversión del agua en vino fue "el principio de señales", dijo Juan, porque eran cosas que señalaban a Cristo como un verdadero enviado de parte de Dios.

Una vez más, Pablo está consciente de que él no es superior a nadie. Cuando él dice "en ningún sentido fui inferior a los demás apóstoles", ¿notaste inmediatamente después la frase que sigue? "Aunque nada soy." Yo no soy nada, yo no soy nadie, yo no me creo la gran cosa, yo no me creo un superapóstol. Yo no soy nada ni nadie. Lo que quiero es que ustedes corrijan la manera de evaluar a sus maestros y a sus enviados, porque si ustedes han sido bendecidos con señales, prodigios y milagros, entre vosotros se operaron dichas cosas.

Ahora nota otra vez la humildad de Pablo. Pablo no dice: "Cuando estuve entre vosotros, yo hice señales, prodigios y milagros." Lo dice de manera pasiva, que se ve un poco mejor en el lenguaje original: "Se operaron." ¿Quién las operó? Otro. ¿Y ese otro quién es? Dios. ¿Y cómo lo hizo? A través de mí. Pero yo no soy nada. El falso maestro llega a una comunidad y quiere dar la impresión de que "yo hago señales, milagros, prodigios", como lo hacen los falsos maestros de nuestro día. Pablo no hace eso. Pablo primero dice "yo no soy nada", y luego dice que estas cosas que se hicieron a través de mí fueron operadas por alguien, y ese alguien es Dios.

Y una de las marcas distintivas de un ministro genuino del Evangelio es justamente la humildad que Dios ha ido formando en él. Y tú ves eso en el apóstol Pablo. Lo ves en más de una ocasión. Lo ves formado en otros discípulos de Dios. Pero lo ves al hablar, lo ves al escribir, lo ves al vivir, al relacionarse con otros. Eso no es como los falsos maestros operan. Pablo dice: "Me he vuelto insensato; vosotros me obligasteis a ello."

Y sin embargo, cuando Pablo comienza a explicar estas cosas, cuando Pablo comienza a decir: "Corintios, yo quiero que me entiendan correctamente", de nada valió la explicación, porque los corintios trastornaron otra vez la razón por la que Pablo estaba dando las explicaciones. Si tú haces un salto hacia adelante en el texto y llegas al versículo 19, escucha lo que Pablo dice: "Todo este tiempo habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros." Todo este tiempo, donde yo estaba tratando de explicarles mi ministerio, donde yo había enviado a Tito, había enviado a otro para que explicaran por qué estoy haciendo las cosas como las estoy haciendo, la conclusión a la que ustedes llegaron era que nos estábamos defendiendo.

En realidad, dice Pablo, es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo. No es defendiéndonos; es presentando nuestra conciencia delante de Dios, es presentando nuestros hechos, es diciéndole a Dios que evalúe la intención de nuestro corazón. Y todo, amados, por vuestra edificación. En estas palabras tú puedes ver básicamente uno de los temores de muchos de los ministros de Dios, y es justamente el ser malinterpretado, no solamente al actuar, sino al explicar sus acciones.

Y este versículo expresa el pesar, la tristeza, el dolor de Pablo, de cuando él comenzó a hacer las cosas para edificación de los corintios y, en vez de que ellos dijeran: "Pablo, gracias por la explicación, gracias por edificarnos, gracias por dejarnos ver tu corazón", Pablo dice: "Todo este tiempo habíais estado pensando que nos defendíamos ante vosotros." En otras palabras:

Ustedes, más bien, quizás pensaron que yo era un orgulloso, y en vez de recibir los señalamientos y observaciones de ustedes, lo que yo hice fue proceder a defenderme, cuando en realidad eso no eran los hechos. Eso es como Pablo habla acerca de estas cosas: los hechos. Y esto es importante para nosotros de manera práctica, porque recuerda: la naturaleza caída de los corintios y la naturaleza caída de nosotros hacen que los hechos sean percibidos por una mente caída, y frecuentemente son percibidos de manera caída también. Esa percepción caída de los hechos genera en nosotros, en nuestro corazón, sentimientos también caídos, y esos sentimientos caídos generan acciones también caídas.

Si para los corintios lo único que Pablo estaba haciendo era defenderse, entonces la conclusión hubiera sido que Pablo era un hombre orgulloso, y por tanto en él no se podía confiar, para yo recibir bien lo que el otro hace. Tú y yo no somos distintos: tenemos que confiar, y para confiar yo tengo que amar. La confianza se traduce en amor, y el amor se traduce en confianza.

Mientras los corintios pensaban que Pablo se defendía, escucha otra vez cómo Pablo entendía la situación. Es interesante que Pablo va a explicar algo ahora y comienza la explicación con la palabra "en realidad", porque ustedes no tienen la percepción de la realidad. Ustedes creen que la tienen, ustedes creen que la conocen, ustedes no me creen, ustedes creen que esto es una defensa. "En realidad, es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo, y todo, amados, por vuestra edificación." La explicación que he traído no es porque yo me sienta acusado, es porque quiero sanarlos, porque la conclusión a la que ustedes han llegado revela que el corazón está enfermo, y si yo puedo contribuir a la sanación de vosotros, puedo edificarlos y ayudarlos a proseguir en su carrera de santificación.

Yo no he estado tratando de obtener ventajas. Eso está claramente expresado, lo vamos a ver en un momento: cómo Pablo estaba siendo acusado de tratar de obtener ventajas de parte de ellos. Y Pablo dice: "No, hermanos, lo único que yo he hecho es presentar mi conciencia y mis acciones delante de Dios en Cristo para vuestra edificación." Esa frase "delante de Dios" es muy repetitiva en las cartas de Pablo. Es algo que él trae a colación conociendo la pecaminosidad del corazón humano, conociendo que muchas veces el otro no confía en tus intenciones, y como una forma de decir: "Mira, yo estoy tomando esto muy en serio. Déjame decirte que estoy consciente ahora mismo de que es delante de Dios que yo estoy hablando."

En este caso, en Cristo, Pablo les escribe a los gálatas cuando los corrige por haberse desviado del evangelio, y les dice: "Lo que os escribo, os aseguro delante de Dios que no miento." Ahí están los gálatas otra vez pensando que eso no es verdad, y Pablo dice: "Os aseguro delante de Dios que no estoy mintiendo." Pablo, de su propio testimonio, Lucas lo registra en el capítulo 23 del libro de los Hechos. Escucha a Pablo en este momento dando su testimonio: "Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio que le estaba juzgando, dijo: Hermanos, hasta este día yo he vivido delante de Dios con una conciencia —escucha ahora— perfectamente limpia."

¡Wow! Yo no sé cuántos de nosotros pudiéramos decir eso. Pablo ni siquiera está diciendo "yo he vivido delante de Dios con hechos limpios". No. Dice: "Mi conciencia." En otras palabras: "Dios, que escudriña lo interior, aquello que nadie ve, Él sabe que mi conciencia está limpia." Eso no dice que está libre de pecado, sino que no ha obrado con maldad, que no ha querido hacerte daño, que no ha querido tomar ventaja. "Yo me puedo equivocar en el accionar, pero la intencionalidad nunca ha sido hacerte mal."

Pablo escribe en esta misma carta, la segunda carta, en 2 Corintios 12:17, ya lo vimos hace muchos meses atrás. Dice: "Pues no somos como muchos que comercian con la palabra." Tú estás viendo que desde el capítulo dos claramente se ve que es la misma línea melódica: la autenticidad del ministerio del apóstol Pablo. "Pues no somos como muchos que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo." Una vez más Pablo trae a colación y dice: "Dios es mi testigo. Yo quiero que tú entiendas que sinceramente yo tomo el ministerio que Dios me ha encomendado." Pero Pablo estaba consciente de la maldad de los hombres, y continuamente invocaba a Dios como su testigo de mayor autoridad.

Yo decía que podía titular este mensaje "Los temores de un ministro del evangelio". Temor número uno: al ser mal interpretado, y lo abordamos. Temor número dos: que los corintios pensaran que él los trató de manera distinta y, sobre todo, de manera inferior a las demás iglesias. Versículo tres: "¿Pues en qué fuisteis tratados como inferiores a las demás iglesias?" Si esa es la acusación, si eso es lo que están pensando, si esa es la mala interpretación, dime: ¿en qué fue que los traté como inferiores a las demás iglesias? "Excepto en que yo mismo no fui una carga para vosotros." Lo único que hice diferente fue que, si verdaderamente tomé ayuda de las iglesias de Macedonia, no quise tomar ayuda económica de ustedes, justamente porque las iglesias de Macedonia me tenían como bueno y válido, y ustedes no, y para evitar que yo pudiera ser acusado de aprovecharme de vuestra ayuda, no lo quise hacer.

Y hoy, cómo Pablo tan sensiblemente les escribe: "Si eso fue un problema para vosotros..." Final del versículo 13: "Perdonadme este agravio." Si les ofendí al no tomar su ayuda, su ofrenda, su apoyo económico, hermano, perdóname. Pero entiéndeme; no me acuses, escúchame primero. Es el apóstol Pablo.

Temor número dos: dijimos que los corintios pensaran que él estaba obteniendo algún provecho y que los había tratado de manera inferior a las demás iglesias. Temor número tres: que los corintios pensaran que Pablo se estaba aprovechando de ellos económicamente. El versículo 14: "He aquí, la tercera vez que estoy preparado para ir a vosotros, y no os seré una carga." No lo fui anteriormente, no lo fui en mi primer viaje, no lo fui en el segundo viaje; me estoy preparando para un tercero. No voy a pedirles que me ayuden a llegar hasta allá, y cuando llegue tampoco lo voy a hacer. "Si eso les ofende, perdonadme este agravio."

Y estaría pensando, a manera de ilustración, es como que yo vea un paciente en el consultorio, decida no cobrarle, y que luego que él salga se vaya ofendido porque yo no le cobré, y que entonces yo le diga: "Bueno, déjame explicarte por qué no te cobré. Entendí que por esta y esta y aquella razón había el peligro de que pensaras que el dinero para mí era tan importante que yo preferí no cobrarte." Y que luego él me diga: "Bueno, eso me ofendió." Y que yo entonces le diga: "Pues perdóname ese agravio si eso fue lo que te hice."

Entonces Pablo explica por qué sería una imposibilidad de parte suya el poder hacerle daño económicamente a los corintios o engañarlos. "Pues no busco lo que es vuestro" —su dinero no lo busco—, "¿entonces qué buscas, Pablo?", "sino a vosotros". Un verdadero ministro del evangelio no anda buscando el bolsillo de las ovejas, como hacen los evangelistas de la prosperidad; él anda buscando el corazón de las ovejas. E incluso no lo anda buscando para él; lo anda buscando para el Señor del cielo y la tierra. "No busco lo que es vuestro; yo busco vuestro corazón."

Pablo quería ayudar a los corintios, los quería ayudar a crecer, los quería ayudar a madurar. ¿Acaso no somos así nosotros también? ¿Qué hace que nosotros seamos así? Piensa esto: porque cada cosa que Dios dejó en Su Palabra, no importa si se trata la vida de un apóstol o del ministerio de un apóstol, si está ahí es porque yo lo necesito, y yo tengo que ver de qué manera esto se aplica a mi vida.

¿Qué hace que nosotros juzguemos como los corintios? Bueno, recuerda que los refranes populares tienen su sabiduría general, lo que llamamos gracia común de Dios, y uno de esos refranes dice que el ladrón juzga según su condición. Nosotros pensamos así porque, tal como él piensa, así es él. ¿Te das cuenta que el refrán tiene esa verdad? De acuerdo a la salud de mi corazón, así yo pienso.

Mira cómo Pablo explica esto. Lo extraordinario de la Palabra es que raramente, si alguna vez, tú vas a encontrar algo de la conducta humana que la Palabra no tenga algo que decir. Yo acabo de decir que nosotros pensamos como los corintios pensaban porque nuestro corazón está enfermo, y que el ladrón juzga según su condición. La Palabra tiene algo que decir sobre eso. Escucha cómo Pablo le explica eso mismo a Tito en Tito 1:15: "Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro." Ni el ministerio del apóstol Pablo.

Y la cura de eso, una vez más, la Palabra. A mí me sorprende toda la semana porque te revela un problema y te da la cura. La Palabra me acaba de revelar que para los puros todo es puro, y para los corrompidos, los que tienen el pecado de su naturaleza en su corazón, pues nada es puro. Y la Palabra me da la cura de eso. ¿Conoces el texto? Filipenses 4:8: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable; si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad."

¿Para qué me paso el día meditando en la mala intención de mi hermano? Eso no es una virtud, eso no es amable, eso no es justo, eso no es verdadero, eso no es honorable, eso no es digno de ningún elogio. Bueno, ¿entonces en qué pienso, pastor? En todo lo verdadero. Bueno, ¿porque qué? Ese ser humano es así, y así eres tú, o por lo menos eras tú, y Dios te amó. Y lo que te trajo a Dios, si te llevó al arrepentimiento, no fue las acusaciones de Dios, sino la benevolencia y la bondad de Dios —capítulo dos del libro de Romanos—. ¿Qué te trajo al arrepentimiento? ¿Por qué no le muestras a tu hermano parte de esa benevolencia y de esa bondad? Y quizás eso lo traiga al arrepentimiento también. Y Dios me manda a meditar esas cosas como cura de mi corazón enfermo.

En ocasiones, leyendo esta carta, lágrimas han venido a mis ojos, porque yo puedo ver cómo el apóstol Pablo anhelaba el corazón de los corintios, cómo anhelaba su bien.

Amor es, pudiéramos decir, como ese inglés que fue creyendo por su amor y estaba hambriento por el amor de los corintios. Y les dice: "Pues no busco lo que es vuestro, sino a vosotros. No me interesa nada de lo de ustedes." Luego les explica en términos ilustrativos y humanos cómo es que él piensa acerca de ellos: "Si es porque no busco nada de vosotros, porque los hijos no tienen responsabilidad de atesorar para sus padres, sino los padres para sus hijos. Y yo me veo como un padre y los veo como hijos." Por eso es que le es imposible verlo así. Sin embargo, ustedes no me ven como yo quisiera que me vieran.

Pero está tratando ahora, en su explicación, no en defensa. Ya él dijo que no se está defendiendo. Él está tratando de que ellos puedan ver y que le puedan creer hasta dónde está dispuesto a llegar para que cambien de parecer. Versículo 15: "Y yo muy gustosamente gastaré, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas." En otras palabras: yo he trabajado día y noche haciendo tiendas. Yo voy a gastar, y aun yo mismo me gastaré. Si eso es lo que hay que hacer, si lo que hay que hacer es trabajar arduamente para que los corintios no tengan que apoyarme, yo lo voy a hacer. Si lo que tengo que hacer es gastarme en esfuerzo, en sacrificio, en escribir cartas, en explicarme, pues yo lo voy a hacer. Dime qué es lo que necesitas para yo hacerlo.

En cierta manera, no quiero sonar mal, pero en cierta manera expresaba como cierta inocencia de parte del apóstol Pablo. Porque yo pudiera decir: ¿cuál fue el error de Cristo para que Judas lo vendiera? ¿Qué fue lo malo que hizo? ¿Qué pudo haber hecho Cristo distinto para que Judas no fuera un traidor? Nada. ¿Qué fue lo malo que Jesús hizo para que Pedro lo negara? Dime, Pedro, ¿qué fue lo que hice para que la próxima vez no me niegues? Nada. Es que el problema no está en Dios; está en mi corazón.

Y para ello le está diciendo: "Pero dime, yo estoy dispuesto a gastar de lo mío." Esto es como opera. Para que nosotros podamos ver de qué manera estas cosas se aplican a mí, lo que nos resulta imposible es poder ver las buenas intenciones en el otro cuando tenemos malos deseos. Ya hemos venido aludiendo a esas cosas. Cuando yo deseo algo, cuando yo deseo alguna cosa, cuando algo o alguien interfiere con eso que yo deseo, yo inmediatamente comienzo a sospechar de esa persona. A mí no se me ocurre que es Dios usándola para impedirme tener eso que yo deseo. Y al sospechar del corazón del otro, yo puedo justificar el deseo de mi corazón. Eso es cómo va operando.

La mejor ilustración bíblica de eso que yo acabo de decir es que Satanás tiene una conversación con Adán y Eva, y les vende la idea de lo bueno que está esa fruta. El deseo surgió en el corazón de Adán y de Eva. Una vez que el deseo se originó, ellos dudaron de la bondad de Dios: "Lo que pasa es que Dios sabe que si te comes la fruta, tú vas a ser como Él. No creo que Dios sea tan bueno como tú crees. Yo te hizo a su imagen y semejanza, pero no quiere que seas como Él. Eso es que seas más o menos a su semejanza, pero si tú te comes eso, ahí está el deseo: tú puedes ser como Él." Sospecho de Dios. Eso es exactamente cómo opera nuestro corazón. El deseo de algo que yo quiero levanta en mí el cómo obtenerlo, y eso hace que yo sospeche de quien me lo está impidiendo.

Entonces yo tengo que preguntarme, el pastor tiene que preguntar, si todos tenemos que preguntarnos: ¿qué deseas? ¿Qué buscas? ¿Qué quieres alcanzar? ¿Deseas algo, deseas a alguien, deseas reconocimiento, deseas una posición, deseas control, deseas aprobación? Todas estas cosas son parte de la naturaleza caída y enferman mi corazón. Y al enfermar mi corazón, distorsiono la realidad de los hechos de los demás.

Pablo, en su intención de hacer que los corintios reaccionaran, usa un poquito de sarcasmo. Como si yo hubiera estado tratando de sacudirlos, y les dice, versículo 15, segunda parte: "Si os amo más, ¿seré amado menos?" En otras palabras: mientras más los amo, menos me aman. Pero esa es la forma, es como un cuestionamiento: ¿cómo es eso, Corinto? Explíqueme. ¿Cómo es que yo he llegado hasta donde he llegado? Les he estado amando, les he estado amando, y mientras más les amo, menos me aman, más me acusan, más sospechan, más me cuestionan. No entiendo.

No hay nada, quizá usted está en esa situación, no hay nada más doloroso que anhelar —craving— anhelar el amor de alguien que no te lo quiere dar. Los niños han pasado por esa experiencia múltiples veces cuando el padre, la madre, o ambos realmente no han estado ahí. Y tú ves a esos niños que tienen una ausencia del padre o de la madre, y en ausencia de uno de los dos, se mueren por ellos. Y tú dices: ¿qué es lo que habrán hecho para que ellos tengan ese gran anhelo? Es que esto es una condición del corazón que anhela algo y no lo puede tener. Y esos niños sufren, porque no hay nada más doloroso que anhelar el amor de alguien que no te lo quiere dar.

Y Pablo anhelaba el amor de esos corintios. Y en su interés en que los corintios revisaran todo lo que él había hecho, pasa a revisar incluso las acciones de algunas de las personas que había enviado. Perdón por esto: alguna de las personas que los había visitado para decirles. Versículo 17: "¿Acaso ha sido tomado ventaja de vosotros por medio de alguno de los que os he enviado?" Dime, a ver, si no fui yo, y ese a quien he enviado tomó ventaja, ¿cuándo hice algo así? "A Tito le rogué que fuera." En otra palabra, a Tito ni siquiera quería ir. "Y con él envié al hermano", alguien que no menciona por su nombre, pero evidentemente lo conocían. "Dime ahora: ¿obtuvo Tito ventaja de vosotros? ¿No nos hemos conducido nosotros en el mismo espíritu y seguido las mismas pisadas?" En otras palabras: ¿no fue Tito allá con el mismo espíritu que yo fui? ¿No fue Tito tratando de imitarme, siguiendo mis pisadas? Pues si no fue así, dime, para yo enmendar eso. Nos conducimos en el mismo espíritu, yo y los que envié, éramos del mismo sentir.

Eso no es fácil, hermano. Yo no sé si usted ha estado ahí. Qué difícil es encontrar, a veces aun en el matrimonio, a alguien que sea de tu mismo sentir. Para lo que escribió a los filipenses, escúchenlo, que para ello va a dar a ver lo difícil que es encontrar a un Tito como el que envió a los corintios. Y ahora a un Timoteo: cuando él le escribe a los filipenses, capítulo dos, versículo 20 al 23: "Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, a fin de que yo también sea alentado al saber de vuestra condición." Porque los amaba, a sus ovejas. Yo quiero ser alentado; está preocupado por los filipenses. Cuando él regrese, quizá ya sea alentado al saber de vuestra condición. "Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar." Pablo, ¿estás relajando? Timoteo es el único. Sí, no tengo nadie más de mi mismo sentir y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar.

¿Pero cómo va a ser el versículo veintidós? "Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jesús. Pero vosotros conocéis sus probados méritos, los de Timoteo, que sirvió conmigo en la propagación del Evangelio como un hijo sirve a su padre." ¿Ves lo raro que es eso? "Por tanto, a este espero enviarlo inmediatamente tan pronto vea cómo van las cosas conmigo." No se lo pueden enviar todavía porque me está ayudando; está como mi hijo. Pero no tengo nadie más. Pablo, si es alguien a quien enviar a cualquier persona, no le envió a un Tito cualquiera; le envió alguien que fuera del mismo sentir, del mismo espíritu, que pudiera seguir sus mismas pisadas.

La generación está en cambio. Hay algo que a mí me deleita: es estudiar las generaciones, estudiar lo que se valoraba en 1800 y hoy no se valora, cómo se definía una palabra cien años atrás y cómo se define hoy. Y en ese estudio yo he descubierto que hoy en día el valor más alto es la independencia. No la fidelidad. Tú puedes ver, dime un par de información: tú puedes ver quien en el pasado, aunque una persona nunca se lo estén reconociendo, trabajó para la Secretaría de Educación 32 años. Eso es una rareza bienvenida: 32 años en una misma organización. No, porque cada cual busca lo suyo. Entonces, ¿cuál es el promedio de un pastor en una iglesia en los Estados Unidos? De dos a cuatro años. Y el año más peligroso de esos es el tercero, definido por estudios, porque se acabó la luna de miel, la del pastor y la de la congregación. Porque la independencia es el valor más alto.

Por eso Timoteo era como un hijo que le servía, y Tito caminaba sobre sus pisadas. "¿Acaso obtuvo Tito ventaja de vosotros? ¿No nos hemos conducido nosotros en el mismo espíritu y seguido las mismas pisadas?"

A pesar de todo ese mismo, llámale cuidado extremo, versículo 19 —que ya te lo leí pero lo voy a leer nuevamente—: "¿A propósito? Todo este tiempo, a pesar de ese cuidado, ¿habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros?" A pesar de todo eso, al final de todo eso, ¿todavía tú piensas que yo lo que estoy haciendo es defenderme? En realidad, es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo, y todo ello por vuestra edificación.

Número cuatro: el no llenar las expectativas de su congregación. En Pablo, y en muchos pastores, las ovejas los juzgarán por tal cosa. ¿Dónde está esto? Versículo 20: "Porque temo —aquí el uso de la palabra literalmente— que quizás cuando yo vaya halle que no soy lo que deseo, y que vosotros seáis hallados por mí tales como no deseáis. Que quizá haya pleitos, celos, enojo, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancias, desórdenes." Pablo, de miedo de desalentar a los corintios: "Yo voy a llegar allá y quizá ustedes se decepcionen conmigo." Yo tengo ese temor, porque entonces la visita va a ser otra vez dolorosa como la segunda visita. Yo no quiero pasar por eso otra vez. Es lo que Pablo está tratando de decir. Pero al mismo tiempo: si yo me los encuentro en medio de todos estos pecados, yo voy a tener que disciplinarlos. Entonces ustedes no van a encontrar.

Que yo soy lo que ustedes desean, entonces ahora yo voy a estar recepcionado porque ustedes están todavía en medio de todas esas inmadurezas, y ustedes van a estar recepcionados conmigo. Yo tengo que ir al caso número cinco: tenemos que avanzar, el tiempo se ha ido.

La falta de crecimiento de las ovejas, a pesar de la instrucción y de la amonestación de su pastor, implicaría un trabajo infructuoso para un pastor que está enseñando, que está predicando, que está aconsejando, y no ver el crecimiento. Eso es un temor, porque la traducción de eso es que mi trabajo ha sido infructuoso. Y Pablo dice que él teme que al llegar allá se encuentre con que hay pleitos, celos, envidias, rivalidades, inflamaciones, chismes, arrogancias y difamaciones. Tú recuerda la primera carta a los corintios, capítulo uno: había divisiones, celos y envidia. Pablo dice: yo temo que cuando yo vaya me encuentre con que ustedes están en el mismo lugar, no solamente cuando yo fui, sino cuando yo les escribí después de haber ido la primera vez. Yo temo eso, porque entonces yo he trabajado en vano.

Si tú tomas estas cosas que él mencionó por separado: los celos son el temor a perder lo que se tiene, y ¿qué origina eso? El deseo de controlar al otro. Pero resulta que Pablo decidió no recibir ofrenda de parte de ellos, y bueno, parte del control se le fue. Porque hoy en día, no sé si tanto en nuestro contexto, pero en Norteamérica hoy en día, cuando una oveja se molesta con el pastor, una de las primeras acciones es dejar de diezmar, como si el diezmo fuera para el pastor y no para Dios. Aquí ocurre también, porque lo hemos —no estoy siendo ingenuo, no sé si ocurra aquí— pero yo sé que es sabido en otras iglesias que eso ocurre. Ese es el corazón normal.

Pablo menciona las envidias: ese original deseo de tener cosas que otros tienen y que yo no tengo. Y eso origina rivalidades. Una de las cosas que Pablo teme es que pueda encontrar arrogancia, el lugar a creer que son superiores, y al creerse superiores, dar lugar a acusaciones mutuas que originan condenación. Y Pablo decía: bueno, vamos a estar igual que al principio. Y todo eso origina chismes y difamaciones. Dice Pablo: aquí yo tengo miedo de que encuentre eso. Bueno, todo eso es parte del mismo tema.

Y finalmente, el temor número seis: el ver las consecuencias del pecado del cual las ovejas no se arrepienten. Si verdaderamente tienes un corazón de pastor, si verdaderamente tu corazón late por las ovejas, cuando ves las consecuencias del pecado no arrepentido, te duele. Lo que el versículo 21 dice —temo, para estar en la palabra otra vez—: "que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros, y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado." Yo temo llegar y ser humillado por Dios en el sentido de que quizás estoy hablando a la congregación, estoy hablando aquí ahora, y de repente yo irrumpa en llanto al ver a esta persona, o a aquella persona, que no se ha arrepentido de su pecado. Y Pablo dice: yo temo que eso me ocurra.

Yo creo que ninguna profesión tiene el potencial de traer el gozo que el pastorado tiene, y de la misma manera, yo creo que ninguna profesión o vocación tiene el potencial de traer el dolor que el pastorado tiene. Yo creo que cuando Cristo vio la negación de Pedro, debió haberle dolido sumamente que un cercano amigo fuera el que lo traicionara de esa manera. Yo creo que cuando Cristo vio la venta de parte de Judas —aunque el texto dice que Judas fue un incrédulo todo el tiempo— debió haberle dolido profundamente que Judas estuvo tan cerca de la verdad, tan cerca del reino de los cielos, tan cerca de Dios, y terminó completamente condenado. El joven rico que vino, Cristo le enseña cómo obtener la vida eterna, y dice el texto que Cristo le amó, y él le dio la espalda y se fue. Cristo debió haberle dolido de qué manera ese hombre perdió su vida eterna. A Pablo debió haberle dolido la manera como los corintios lo interpretaron y lo trataron.

Yo creo que el ejemplo supremo de todo esto que estamos hablando es Cristo. Dios no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse. Se despoja de su gloria, se encarna, le sirve a los hombres, vive a la perfección, nunca pecó, nunca ofendió a nadie, nunca hirió a nadie. Guió a once hombres: uno lo vende, otro lo niega, otro quiere la mano derecha, el otro quiere la mano izquierda, al final del camino otro no cree que resucitó. Y después de servir de esa manera, la comunidad a la que Él vino se burló, lo flagelaron, lo escupieron y finalmente lo clavaron. ¿Qué pudo Él haber hecho diferente? No. El problema no está fuera de mí, dice el refrán popular; la fiebre no está en la sábana. Hay sabiduría común entre los hombres: el problema está en mí todo el tiempo.

No quiero aligerar el momento, porque es un momento de reflexión, pero esta historia —que algunos conocen— es un tanto jocosa, pero ilustra lo que estamos tratando de decir: que el problema está fuera de mí. Se dice de un hombre que naufragó y lo encontraron veinte años después. La historia menciona unas denominaciones, pero la voy a dejar fuera a propósito. El punto es que cuando lo encuentran, tiene tres casas, y hay una sola persona en la isla, que es él. Y le dijeron: "¿Pero tú estás seguro de que vives solo aquí?" "Sí, así es." "¿Y por qué hay tres casas?" "La primera es mi casa. La segunda es la iglesia donde yo solía ir. Y la tercera es la iglesia a la que yo dejé de ir." Se dividió solo, porque el problema no está fuera del hombre; está dentro del corazón humano.

Y con eso es que Pablo está luchando en la iglesia de los corintios, y con eso lucha cada ser humano caído, y con eso lucha cada pastor sobre la faz de la tierra: a veces en su propio corazón, a veces en la multitud de los corazones. Que Dios nos ayude a entender que la cura de nuestra enfermedad está en Cristo Jesús. Por eso fue la cruz: fue por mi pecado. Habiendo sido pagado mi pecado, no puedo seguir acariciándolo; necesito reemplazar mis formas de pensar con la verdad de Dios, de manera que en todo lo verdadero, en eso voy a pensar.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.