Integridad y Sabiduria
Sermones

El propósito del matrimonio

Héctor Salcedo 22 abril, 2018

El matrimonio es mucho más grande y sublime de lo que solemos pensar. No existe principalmente para nuestra felicidad o comodidad, sino para reflejar una realidad divina: la unión de Cristo con su iglesia. Como una fotografía que debe capturar algo majestuoso, cada matrimonio está llamado a mostrar con nitidez esa relación sagrada, aunque siempre nos quedaremos cortos ante la grandeza de lo que representa.

Para que un matrimonio refleje lo que debe reflejar, necesita cumplir cuatro condiciones que emergen de Génesis 2. Primero, debe ser una relación complementaria donde el hombre ejerce su rol de cabeza-siervo y la mujer su rol de ayuda idónea, no como rivales sino como colaboradores. Segundo, debe ser una relación autónoma y prioritaria: el hombre deja padre y madre porque ahora su cónyuge es, después de Dios, la persona más importante en su vida. Los padres deben soltar a sus hijos casados y permitirles establecer sus propias dinámicas, aunque cometan errores.

Tercero, debe ser una relación de unidad total. Los dos se funden en una sola carne, pegados de tal manera que separarse deja marcas. Esto va más allá de lo físico: implica compartir proyectos, finanzas, intereses. No hay espacio para vidas paralelas ni para escudos de privacidad que generen desconfianza. Cuarto, debe ser una relación segura y transparente, como Adán y Eva desnudos sin avergonzarse. Esto requiere que ambos sean misericordiosos, creando un ambiente donde el otro pueda mostrarse sin miedo a ser rechazado o humillado.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Hermanos amados, para mi vida en su palabra! Yo quisiera traer un mensaje que es caso los mensajes que se dan desde el púlpito el domingo de matrimonio. Pero en la medida que lo exponga, se darán cuenta las razones por las que quiero traerlo, y creo que es importante para muchos de nosotros que estamos casados, pero también para otros que piensan casarse, y aún para aquellos que no están casados por alguna razón pero están rodeados de gente casada. Y nosotros se supone que debemos ser luz en medio del camino y sal de esta tierra. Así que el Señor aplique estas verdades a nuestras vidas.

Según nuestras estadísticas de iglesia, más o menos el 65% de nuestra membresía está casada. O sea, que es un alto porcentaje de la gente que pertenece formalmente a la iglesia. Y aquellos que no pertenecen formalmente a la iglesia porque no han completado su proceso de membresía, quizás ese porcentaje se mantiene. Pero la idea es que más del 50%, 60% quizás, de los que estamos aquí hoy estamos casados, y hay un porcentaje, el 40%, que no lo está, pues que también lo estará en algún momento.

Y hay un tema que genera interés en las iglesias, y eso lo hablamos los pastores a veces: es el tema del matrimonio. Hay tres temas que generan mucho interés y que cuando uno convoca a un grupo para alguna actividad de ese tema, pues mucha gente viene. Una tiene que ver con la crianza de los hijos; uno habla de crianza de hijos e inmediatamente los padres activan y llenan el salón, porque queremos ver qué nos van a decir, cómo que vamos a resolver el problema. La otra es el tema de finanzas familiares; cuando uno habla de finanzas familiares, la gente inmediatamente asiste y atiende, porque también queremos ver cómo que vamos a resolver la situación. Y el tercer punto es el matrimonio. Yo diría que el matrimonio usualmente también tiende a llenar muchos salones.

Muchos de nosotros sabemos que algo no anda bien, algo pasa, pero a veces ignoramos qué es lo que pasa. Con frecuencia la mujer en su mente tiene: "Bueno, el problema es él". Evidentemente, para ella es evidente que el problema es él. Pero cuando le preguntamos a él, no, evidentemente, claro está, el problema es ella. Y a esas actividades la mujer viene usualmente trayendo al hombre para que le digan lo que él tiene que hacer: "Por favor, díganle algo, pastor. Dígale o léale para que le entienda". Y el hombre viene usualmente y con frecuencia: "Déjame yo ir para que esta mujer se tranquilice y me deje tranquilo".

El asunto es que eso no resuelve la situación. Sigue y persiste en la relación la incompatibilidad, la insatisfacción. Como ya dije, la tensión continúa, las discusiones continúan y los desacuerdos son cada vez más frecuentes. Y cuando eso ocurre, en muchos casos matrimonios cristianos se resignan y aceptan un matrimonio miserable que no refleja lo que está supuesto y llamado a reflejar el matrimonio. Y en el peor de los casos, uno u otro, o los dos, llegan a la conclusión de que lo mejor es que tomemos caminos separados. Y estoy hablando de matrimonios incluso cristianos. Y ese estado de cosas es lamentable en un pueblo, en un grupo de personas como nosotros, que estamos supuestos a reflejar en el matrimonio una gran realidad, como veremos más adelante.

Hermanos, el matrimonio es mucho más grande. Y cuando digo más grande me refiero a que es más significativo, es más elevado, más sublime, más importante de lo que muchos de nosotros suponemos. Es una relación pensada en el cielo. Piensen en la siguiente definición que he construido a partir de diferentes pasajes: el matrimonio es una institución que nace en la mente de Dios, en Génesis 2:18, con el objetivo de crear de dos seres humanos una unidad relacional que refleja la imagen misma del Dios trino, Génesis 1:27; que le permite al ser humano completar los propósitos para los cuales Dios lo creó, Génesis 2:18; y que sea el hermoso reflejo de la relación que existe entre Cristo y la iglesia, Efesios 5:32.

El matrimonio es pensado en la mente de Dios con el objetivo de crear una unidad de dos seres humanos para cumplir sus propósitos y que sea el reflejo de la relación entre Cristo y su iglesia. Eso es el matrimonio. Cuando lo vemos a través de ese lente bíblico, nos damos cuenta, como yo decía, que el matrimonio es más grande, más elevado, más significativo, más sublime de lo que muchos de nosotros suponemos.

Es la razón, la grandeza de la relación, la cercanía de esta relación, es la razón por la que Cristo dice, Dios dice en Efesios 5:32: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne". La grandeza de esta relación, la cercanía con la que Dios quiere que opere, es la razón por la que dejará el hombre a su padre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. El matrimonio está supuesto a reflejar una realidad divina, una realidad que es mucho mayor que nosotros, que nos trasciende. Y deberíamos preguntarnos entonces: ¿qué tan claramente yo reflejo esa realidad?

Veámoslo de la siguiente manera: el matrimonio es como una foto, entonces, que está supuesta a manifestar, a reflejar, la unión de Cristo con su iglesia. ¿Qué tan bien, qué tan nítida es mi foto? ¿Qué tan nítido es el reflejo que yo manifiesto en mi relación matrimonial?

Hoy en día todo el mundo es un fotógrafo, ¿verdad? Y con las fotos tenemos diversos problemas. Un problema con las fotos es que a veces en la foto no se ve o no sale lo que debe salir. A veces hay alguien, cuatro personas que están tratando de tomar una foto, pero se supone que fulano debió salir, pero salió cortado, pero no salió en la foto. Ahí no salió lo que debió salir. Y hay relaciones en las que no se ven cosas que deben verse y que deben estar presentes en la relación matrimonial.

Pero entonces, ese es uno de los problemas de las fotos. En otra ocasión tiramos una foto y lo que entonces ocurre es que sale algo o alguien que no debió salir. Y entonces nos damos cuenta que hay algo presente: "Nos vamos a tirar otra vez porque el señor de atrás me dañó la foto, no debió estar ahí". En el matrimonio también entonces hay cosas que no se supone que estén presentes, pero están en mi relación matrimonial. Y sé por qué esto no debe ser así, ahí no debe estar presente eso.

Otro problema de las fotos es el enfoque. Los elementos están presentes, pero no están nítidos, no se ven bien. Y así ocurre también con muchas relaciones de matrimonio. Uno ve, sí, hay respeto, sí, hay ternura, sí, hay amor, pero falta. Hay tosquedad, hay resentimientos, hay ruido en la relación, de tal manera que la foto no se ve bien. Y cuando la van a ver bien, la foto no refleja con nitidez lo que está supuesto a reflejar.

Y el último problema con las fotos es que a veces una foto no captura todo lo que debe capturar. Frente al Gran Cañón, tú quieres tomar una foto del Gran Cañón de Colorado. El que no conoce lo que es el Gran Cañón: es una especie de hendidura en la tierra, en el estado de Colorado, Arizona, en Estados Unidos. Y todo el que va se sorprende, pero no hay ninguna foto que capture la grandeza y la majestuosidad del Gran Cañón de Colorado. Los que hemos tenido la oportunidad de visitarlo, venimos de allá y siempre contamos que sí, no, pero hay que verlo para uno capturar la majestuosidad del Gran Cañón.

De la misma manera, el matrimonio, por bien que esté, por afinado que esté en los principios bíblicos que se supone deben ser una realidad en el matrimonio, aun así nos quedaremos cortos ante la majestuosidad de lo que el matrimonio debe reflejar. Porque es mucho más grande que nosotros y nos trasciende. Pero eso no nos debe quitar el ímpetu de querer y aspirar a una relación, un lazo matrimonial que refleje de manera precisa, clara, nítida, lo que es la relación de Cristo con su iglesia.

Y entonces, a partir de la Palabra, yo quisiera que vayamos a la Palabra y respondamos algunas cosas de cómo el matrimonio se supone debe funcionar para poder reflejar precisamente la imagen que está supuesto a reflejar. El matrimonio no existe únicamente para mi felicidad, para mi tranquilidad, para mi comodidad. Cuando yo quiero que el matrimonio supla eso y creo que ese es el propósito del matrimonio, lo desvirtúo y lo daño y le pido cosas que no está supuesto a producir.

Entonces, ¿cómo hacemos eso? ¿Cómo hacemos que el matrimonio funcione de tal manera que refleje lo que está supuesto a reflejar y, de paso, produzca gozo y plenitud en mi corazón? Porque eso es parte de lo que Dios produce cuando el matrimonio funciona como debe funcionar.

Y para eso yo quisiera que fuéramos a Génesis 2, y vamos a leer ahí un pasaje. Y la razón por la que voy a ese pasaje es la siguiente: en un momento dado, a Jesús le preguntan algo del matrimonio en Mateo 19. Le dicen: "Señor, ¿es lícito que un hombre se divorcie de su mujer por cualquier motivo, por cualquier razón?" Y Jesús hace referencia para responder la pregunta: "Ustedes escucharon que se dijo en el principio", dice Jesús, Génesis 2:24: "Dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre", Mateo 19:3-6.

En otro momento, Pablo está hablando de manera extensa del matrimonio en Efesios 5, y cuando llega al punto culmen, la culminación de su argumento acerca de lo que es el matrimonio y la relación matrimonial, precisamente hace uso de Génesis 2:24, el mismo pasaje que Jesús citó para hablar de la relación matrimonial.

Por lo tanto, si tenemos que hablar del matrimonio, yo creo que el pasaje por excelencia, uno de los mejores pasajes para hacer eso, es precisamente Génesis 2:24. Yo lo voy a leer en su contexto, y quisiera leer desde Génesis 2:18 hasta Génesis 2:25, y ahí vamos a pausar para entonces ver algunos aspectos.

Génesis 2, versículo 18, dice: "Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea". Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría; y como el hombre llamó a cada ser viviente, ese fue su nombre. Y el hombre puso nombre a todo ganado, a las aves del cielo y a toda bestia del campo; mas para Adán no se encontró una ayuda que fuera idónea para él.

Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este durmió; y Dios tomó una de sus costillas y cerró la carne en ese lugar. Y de la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. Y el hombre dijo: "Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada". Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.

Este es el contexto del pasaje del versículo que será la base de toda mi exposición, que es Génesis 2:24. Y aquí hay algunas condiciones que vamos a ver más adelante; hay al menos cuatro condiciones que se supone deben darse en una relación matrimonial para que el matrimonio refleje lo que está supuesto a reflejar, que es la unión de Cristo con su satisface. Pero antes de eso, yo quisiera hacer algunas observaciones importantes acerca del contexto en el que nos encontramos.

Fíjense que Dios dice en Génesis 2:18: "No es bueno que el hombre esté solo". Y eso es significativo. Hay que ver el contexto desde Génesis capítulo 1, porque Dios ha dicho en múltiples ocasiones, cuando estaba creando: "Y vio Dios que era bueno". Y luego, al final, cuando Dios concluye de crear todo, dice que era bueno en gran manera. Pero sucede que cuando llega al estado del hombre y ve al hombre solo, dice: "No es bueno que el hombre esté solo".

Eso nos da una idea de la apreciación que Dios tiene de la relación matrimonial, de la grandeza de la relación matrimonial. De todo lo que Dios ha creado, lo único que tiene el sello de "no es bueno" es que el hombre permanezca solitario, que permanezca solo, y por múltiples razones es eso. Obviamente Dios no está diciendo que su creación era imperfecta, pero estaba incompleta en ese momento de la creación. Faltaba algo; a Adán le faltaba algo, pero a la creación le faltaba algo para ser completamente buena, terminada, completa como digo. Y eso era una mujer; faltaba la compañera idónea, adecuada, que correspondía al hombre.

Fíjense que cuando Adán está nombrando los animales, literalmente en este contexto de la creación de la mujer se dice: "Pero Adán no encontró a nadie que era conforme a él, según lo que él necesitaba". Y entonces Dios viene en el versículo 22 y dice que Dios formó una mujer. En el 22 dice: "De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre". La palabra ahí es "construyó", "diseñó" una mujer para el hombre.

Él usa un procedimiento distinto para crear a la mujer. Dios había creado al hombre y a todos los seres vivientes de la tierra, pero la mujer fue el único ser viviente que fue creado a partir de otro ser viviente, de un tejido humano, de un tejido viviente. Y Dios lo hace de manera distinta con propósito; Dios no hace las cosas de manera arbitraria, sino que Él tiene propósitos cuando hace las cosas. Y en este caso en particular, Dios estaba apuntando a que la relación matrimonial tiene un grado de profundidad; que el hombre debe entender que la mujer es parte de sí mismo. Dios estaba apuntando a esa realidad.

¿Y cómo nosotros vemos eso? Porque Adán en el versículo 23, cuando la ve, dice: "Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne". Adán entendió el mensaje: "Oye, ese ser es parte de ti". Y de hecho, cuando Pablo habla en Efesios 5, mucho más adelante en el Nuevo Testamento, y Pablo está exhortando a los hombres a que amen a sus mujeres como Cristo amó a la satisface, luego dice: "Porque la mujer es parte de ustedes; el que cuida a su mujer se cuida a sí mismo, porque la mujer es parte de tu cuerpo". Es una realidad que Dios ilustró creando a la mujer a partir del hombre, y a eso Dios estaba precisamente apuntando.

Es la razón entonces por la que en el versículo 24, luego de que Dios dice que la saca del hombre, y el hombre ve a la mujer y dice: "Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne", dice: "Por tanto..." En vista de que esto es así, en vista de que la mujer es parte tuya y ustedes son ahora una sola unidad, por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre. En vista de lo cercano, de lo profundo, de lo significativo de esta unión, ahora esta unión toma prevalencia, es prioritaria. Incluso la relación materna y paterna que veníamos trayendo hasta ahora; ya deja a tu padre y a tu madre, porque este ser que ahora está contigo está más unido a ti que tus propios padres. Por tanto, dejará el hombre a su padre y se unirá a su mujer.

Y entonces fíjense también en este hermoso pasaje cómo al final del versículo 22 se dice: "Y la trajo al hombre". Literalmente Dios escoltó, trajo e introdujo a Eva a Adán. Entonces imaginen que Dios te presente a tu novia, a tu prometida, a tu esposa: "Adán, ven acá por favor, mira: Eva". Dios introduciendo dos personas; literalmente Dios introdujo a la primera novia al primer novio. Y de hecho, Dios ofició el primer matrimonio. Dios como oficial y único testigo de esta hermosa y significativa unión que reflejaría precisamente la unión de su Hijo con su novia, la satisface. Qué hermosa escena vemos en este pasaje.

Y entonces, visto eso del contexto para que entendamos dónde se inserta este pasaje del versículo 24 y del 18 en adelante también, yo quisiera que viéramos cuatro condiciones que se supone el matrimonio debe llenar para que refleje lo que debe reflejar, para que tenga las características que Dios quiso que tuviera en el principio, de tal forma que el matrimonio sea todo lo glorioso y todo lo sublime que se supone debe ser.

Y yo quisiera que viéramos primero, y aquí voy a hacer uso del versículo 18, la primera condición. En el 18 dice: "Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea". Le haré una ayuda idónea, una ayuda para el hombre. El hombre está llamado a hacer ciertas cosas, pero él necesita una ayuda. Evidentemente, el hecho de que Dios llamara "ayuda" a la mujer inmediatamente crea una estructura de funciones. Él no le trajo otro hombre que lo ayudara a trabajar; Él le trajo una ayuda, y el nombre para la mujer es distinto a lo que el hombre está supuesto a hacer. Una "ezer", ayuda del hombre, una ayuda que sea conforme a lo que él necesita para lo que yo lo he llamado en la creación. Yo lo he llamado a multiplicarse, y obviamente el hombre no puede tener hijos si no tiene una mujer al lado. Pero yo lo he llamado también a cultivar, a trabajar, y a que mi gloria se vea en la tierra. El hombre para eso necesita una ayuda, y eso les digo que implica una estructura de funciones.

Entonces la primera condición que un matrimonio debe cumplir, si es que va a vivir lo que Dios quiere que viva y reflejar lo que Dios quiere que refleje, es que ambos deben entender que esto es una relación complementaria. El hombre tiene un llamado dentro del matrimonio y la mujer tiene otro llamado dentro del matrimonio. No pueden haber dos hombres ni dos mujeres en la relación matrimonial; es un hombre como cabeza y líder, siervo de su esposa, y una mujer sometida y siendo ayuda idónea del hombre. La mujer fue llamada precisamente a ayudar al hombre a hacer lo que Dios quiere que él haga.

Y de hecho Pablo, mucho más adelante en el Nuevo Testamento, hablando del liderazgo dentro de las iglesias, el argumento que Pablo utiliza para decir que es el hombre el que debe estar en el liderazgo de la satisface y no la mujer, es precisamente que el hombre fue creado primero y luego la mujer. Haciendo una lectura del hecho de que, como Dios creó primero al hombre, eso tiene un significado, dice Pablo. Eso tiene un significado: que el hombre fue creado primero y luego la mujer para el hombre. Eso tiene un significado, y por tanto él concluye en 1 Corintios 11:9 que el hombre debe tener ese liderazgo dentro de la satisface.

Entonces la mujer, creada a partir del ADN humano, del tejido del hombre, a imagen de Dios, de igual valía, de igual peso a los ojos de Dios, que el hombre, se supone que por diseño de Dios se coloca bajo el liderazgo del hombre. Es una ayuda del hombre. Y cuando esa relación complementaria no es entendida, vienen los problemas. Cuando el hombre no entiende su rol de cabeza o no lo ejerce con fidelidad, vienen problemas en la relación. Y cuando la mujer no entiende o no vive esas realidades de ser ayuda idónea, vienen los problemas en la relación matrimonial.

De hecho, este es un punto de controversia dentro del mundo cristiano. Hay personas y hermanos que entienden que no, que la mujer y el hombre son iguales y pueden estar llamados a ser lo mismo, y están llamados a ser lo mismo en la relación matrimonial. Y yo rápidamente —porque no es el tema de mi mensaje, pero simplemente quiero arrojar algunos argumentos bíblicos— que indican claramente que el hombre es cabeza y la mujer ayuda idónea.

Primero, Pablo usa este argumento: el hecho de que Adán fue creado primero y luego la mujer. Pablo usa este argumento para defender el liderazgo masculino dentro de la satisface. Por otro lado, en 1 Corintios 15:22 nos dice que Adán representa a la raza humana. Adán representa a la raza humana, y por eso cuando Adán cayó, cayó todo el ser humano. Adán, de hecho, es quien nombra a la mujer. Fíjense que en el contexto que leí, Adán nombra los animales, y el nombrar los animales es una indicación de su autoridad, la autoridad del hombre sobre el mundo animal. Pero sucede que ahora también Adán es quien le pone nombre —no Dios— es quien le pone nombre a la mujer.

Hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por tanto, será llamada mujer. En el idioma original, el hombre se autodenominó "ish" y ella es "ishá". En algunas traducciones, como la Reina Valera, dice: ella será llamada varona porque del varón fue tomada. En la Biblia de las Américas perdemos ese detalle de que se parece mucho el nombre que Adán le pone a Eva a partir de su propio nombre. Adán nombra a la mujer.

Pero además de eso, en Génesis 5:2, Dios se refiere a la raza humana como Adán. Él es el representante de la raza humana. Increíblemente, cuando la primera pareja peca, Adán y Eva pecan, en Génesis 3:9 Dios viene donde Adán primero, aunque Eva fue la primera en pecar. Pero Dios viene donde Adán y le dice: Adán, ¿dónde estás? En otras palabras: Adán, ¿qué pasa con tu familia? ¿Quién es el responsable primario delante de Dios de lo que pasa en el hogar, de lo que pasa en la casa? Adán.

El propósito: Eva fue creada para Adán. Primera de Corintios 11:9 también lo dice. Y además de eso, lo que el matrimonio representa es la unión de Cristo con su Iglesia, la Iglesia sometida, Cristo cabeza de la Iglesia. Pero si todo eso pareciera poco, Efesios 5:22, Pablo dice claramente, y en Colosenses también lo dice: las mujeres estén sometidas a sus maridos como al Señor.

¿De qué otra manera se nos puede decir en la Biblia que Dios creó en el principio, en Génesis 2:18, una ayuda idónea para el hombre? Una estructura de función donde el hombre es cabeza y la mujer se supone debe ser ayuda del hombre, no su competencia, no su rival, sino su ayuda. Y es posible que esto sea chocante para la mujer en nuestros días. Es chocante, y no tengo que explicar por qué es chocante, por el entendimiento que hoy se tiene de la mujer y del rol de la mujer. Esto es un planteamiento retrógrado para el mundo de hoy, porque no se entiende. Y yo diría, yo entiendo por qué no se entiende, porque cuando vemos cómo el hombre ha estado actuando y cómo el hombre ha estado ejerciendo su rol, ninguna mujer en promedio quisiera someterse al tipo de liderazgo que vemos en los hombres hoy en día. Ninguna.

En el caso del hombre, de hecho he hablado de esto, eso infla nuestro orgullo y nos da como una licencia para el autoritarismo dentro de la casa. El hombre como que escucha "cabeza" y dice: yo tengo más derechos, es que yo soy el jefe de la casa. Eso no es lo que significa e implica el rol de cabeza y líder. Lejos está de eso.

En primer lugar, nos fue dada una ayuda. Escucha: porque tú no puedes solo. Yo no puedo solo. No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea. No es para que me acompañe, es para que me ayude, porque yo no puedo, soy incapaz solo de llenar los propósitos de Dios. Por lo tanto, mi mujer, mi esposa, es necesaria. Yo la necesito. Yo sé que nosotros a veces pensamos que no necesitamos a la mujer, que sus opiniones siempre como que... ¿para qué yo le pregunté? Pero yo les recuerdo, por muy chocante que resulte a las mujeres este rol, por muy chocante que resulte, recuerda: el matrimonio es más grande que tú. El matrimonio está supuesto a reflejar la imagen de Cristo con su Iglesia, una Iglesia sometida, reverente a lo que el Señor diga a la Iglesia.

Y entonces el hombre, como decía, a veces se le infla el orgullo y parece que se le da la licencia para actuar de manera autoritaria o déspota dentro de la casa, lo cual está muy lejos de lo que se supone debe ocurrir. Oigan lo que se le dice al hombre, entonces, aquellos que nos creemos que se nos ha dado licencia para hacer lo que se nos plazca porque nosotros somos cabezas. Maridos, Efesios 5:25: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella. Si tu amor por tu esposa, tu rol de cabeza en tu casa, no se ve en algún tipo de sacrificio de tus derechos y prerrogativas y opciones como hombre, tú no estás amando a la mujer como Cristo amó a la Iglesia.

Si hay algo que resalta en todo lo que Cristo hizo, fue precisamente, como dice Filipenses 2, que Él dejó su gloria, se despojó a sí mismo y se hizo hombre. Una vez entonces que amemos a nuestra mujer como Cristo amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella, es que tiene que haber un sacrificio. Es que tiene que entenderse que el amor no es un sentimiento. No es que yo me siento, no. Es que yo he decidido amar, como Cristo ha decidido amar a la Iglesia a pesar de lo que somos. Así yo he decidido amar a mi esposa a pesar de lo que ella es. Y Cristo lo hizo para santificarla y purificarla. De la misma manera, yo también tengo que hacer ese sacrificio para que ella mejore, para que ella fructifique, para que ella florezca bajo mi liderazgo.

Entonces, un poquito más adelante, en Efesios 5 precisamente, 28 y 29, Pablo sigue hablando. Oigan lo que dice: Así también deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Pues nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así también como Cristo a la Iglesia, lo sustenta y lo cuida.

La palabra "sustenta", que se supone yo debo hacer hacia mi esposa, sustentarla y cuidarla, la palabra "sustenta" ahí en Efesios 5:29 es la misma palabra que utiliza Pablo en Efesios 6 con relación a los hijos: criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor. Criarlos. Esa es la misma palabra en el original que "sustenta". Es el esfuerzo que yo hago en todos los sentidos para que una persona madure. Eso es criar una persona, un hijo. Eso es criarlo. Eso es yo invertirme en él en todos los sentidos: nutrirlo físicamente, nutrirlo emocionalmente, guiarlo espiritualmente para que él madure. Es la misma palabra que se utiliza con relación a nuestras esposas. Yo estoy supuesto a dar todo de mí, invertirme en ella para que ella madure y florezca debajo de mi liderazgo.

Y agrega: y lo cuida. Lo sustenta y lo cuida. Y esa palabra significa literalmente "mantener caliente". Es una atenta ternura. Todo este trabajo de inversión en ella para que ella florezca, para que ella crezca y madure, yo lo hago con atenta ternura. De ahí que Pedro, en Primera de Pedro 3, te dice que tratemos a nuestras mujeres como vaso más frágil, como coherederas de la gracia de la vida, con atento cuidado para no maltratarlas. Y Pablo dice en otro momento, en Colosenses, que no seamos ásperos con ellas.

Yo sé que cuando uno dice estas cosas, quizás el esposo dice: bueno, pero usted no conoce a mi esposa, es difícil ser tierno con ella. Sí, es difícil. Pero, ¿usted ha preguntado qué tan difícil es someterse a ti? O sea, ¿tú realmente inspiras a tu mujer como Cristo inspira a la Iglesia, como Cristo motiva a la Iglesia? ¿Cuántos problemas, hermanos, se presentan precisamente cuando el hombre no es cabeza como debe ser y la mujer no es ayuda idónea como debe ser?

Evaluémonos, evaluémonos y veamos dónde estamos. Y pidamos perdón y arrepintámonos cuando no hemos hecho lo que se ha debido hacer para que el matrimonio refleje esta sublime realidad. Y digamos a nuestras esposas: yo te quiero pedir perdón porque yo no he sido la cabeza que yo estoy llamado a ser, yo no he llenado el rol que yo debí llenar. Y la esposa pida perdón también: yo no he sido la ayuda idónea que tú has necesitado, yo he sido tu contrincante, yo he socavado tu confianza. Y arrepintámonos y pidamos perdón.

Esa es la primera condición que en un matrimonio debe cumplirse si va a reflejar a Cristo y su Iglesia. Tiene que entenderse esa estructura de funciones: el hombre debe llenar su rol como cabeza, siervo y líder, y la mujer debe llenar su rol como ayuda idónea, para que eso refleje la unión de Cristo con su Iglesia.

Pero hay una segunda condición que está en Génesis 2:24. Comenzando el versículo que yo decía que es el versículo clave, Génesis 2:24 dice: Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre. Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre. Y esta condición es que la relación matrimonial debe ser una relación autónoma, autónoma y prioritaria.

Dejará el hombre a su padre y a su madre. Esa palabra "dejará" es una palabra que se utiliza mucho en la Biblia para indicar, sobre todo Jeremías la usa, cuando Israel rechazaba el pacto con Dios y se alejaba del pacto con Dios. Esa es la fuerza de esa palabra. Es que esta relación paternal, no es que yo la maltrato ahora, pero debe ser casi como que ya yo rechazo esa autoridad en un sentido y me someto a la otra autoridad de la otra relación. Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer.

Esto es un tema que deben entender muy bien tanto los que se casan, los que están casados, como aquellos que son padres de los que están casados. A menos que la pareja, una pareja, no deje padre y madre, no hay forma de que la nueva estructura familiar funcione adecuadamente. No hay forma de que eso ocurra. El nuevo esposo debe ser la autoridad, la nueva esposa debe ser ayuda idónea. En cuanto al nuevo esposo, el papá de la mujer o del hombre no pueden seguir siendo la autoridad de la nueva casa. No pueden. Eso va a socavar el rol de autoridad del nuevo esposo.

Y nosotros que tenemos hijos, digo, mi hijo está lejos de casarse todavía. Todavía él dice que él no se va a casar nunca, pero sabemos que eso va a cambiar prontamente.

Nosotros tenemos que dejar ir, dejar que los muchachos y los hijos se equivoquen, cometan sus errores, que establezcan sus propias dinámicas. Aunque obviamente si hay pecado en sus vidas y en su relación, tenemos el deber de corregir, de instruirles todavía, como lo hacemos con un hermano en Cristo. Pero querer que las cosas se hagan en esa nueva relación como yo quiero que se hagan, es un error. Si no dejamos a los hijos irse, estamos boicoteando el rol del nuevo esposo, o estamos boicoteando... Hay madres que continúan siendo las ayudas idóneas de sus nueros, siguen siendo las ayudas idóneas de sus nueros, y eso va a coger el rol de la nueva esposa. ¡Cuántos problemas nosotros recibimos en consejería precisamente cuando los padres no respetan esa independencia que tiene que ocurrir y pasar en una relación de matrimonio para que funcione! Para que el hombre sienta que él tiene el deber de echar para adelante esta familia y la mujer sienta que ya tiene el deber de someterse a su marido y echar para adelante la familia.

No hay forma, y esto es especialmente importante en nuestro contexto dominicano, latinoamericano, donde las familias continúan su influencia sobre los hijos que se casan. Que se casan y se casan y siguen siendo observados, vigilados, criticados por los padres que no los dejan ir, no los dejan ir. Recuerden que si el matrimonio está supuesto a reflejar la unión de Cristo con su Iglesia, si hay algo que Cristo dejó claro es que Él dejó su gloria, Él dejó su gloria y se unió a su esposa. Y Él salió, por así decirlo, de la falda de su Padre. Sabemos que esa es una unión de Cristo con su Padre que supera las realidades humanas, pero Cristo dejó su gloria de la misma manera que el hombre está supuesto a dejar su casa, y se unió a su esposa. Y ahora es una sola unidad independiente con su esposa; el hombre está supuesto a hacerlo.

Y esa relación implica, entonces esa independencia implica, que tiene que haber independencia en todos los sentidos. Física, o sea, tiene que salir del hogar. Tiene que haber una independencia económica, la nueva pareja tiene que resolver su vida con lo que produce. Y si eso implica que ahora ellos no pueden mantener el mismo nivel de vida que mantenían en la casa de papá y mamá, pues esa es su realidad. Hay que dejarlos, de otra manera estaríamos distorsionando la imagen que se supone debe reflejarse en el matrimonio.

Y no solamente debe ser una relación autónoma, debe ser una relación independiente, sino que debe ser prioritaria. Dejará el hombre a su padre y a su madre, pero es este dejar... Otra indicación evidentemente de este pasaje, otra implicación evidentemente de este pasaje, es que si antes la relación materna, paterna era tan importante, era la relación más importante que nosotros teníamos, y ahora el matrimonio es prioritario —dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer— eso significa que ahora mi esposa, mi esposo, es la relación, después de Dios, más importante que yo tengo aquí en la tierra.

Y eso mi esposa tiene que sentirlo, que ella es la persona más importante para mí, y el esposo tiene que sentir que yo soy el más importante para ella. Si el esposo o la esposa no se sienten así, vienen los problemas. Incluso cuando nacen los hijos y los hijos se convierten en las personas más importantes de la relación, hay problemas. Nosotros hemos tenido consejería donde hay hombres que dicen: "Pastor, es que ella se olvidó de ser esposa, llena mamá ahora, ella se olvidó de mí". Y yo he oído incluso personas decir que sus hijos, como son de ellos, como que son su carne y su sangre, como que eso es un vínculo superior al vínculo matrimonial. Cuando Dios dice que con la única persona que tú eres una sola carne es con tu esposo y esposa. Tú no eres una sola carne ni con tus padres ni con tus hijos; de hecho, ellos se van a ir.

¿Qué cosa? A veces yo lo veo, a los hijos míos que comen comida tres veces al día, que le tengo que comprar las ropas y los tenis, y ahí están viviendo mira sus anchas bajo mi cuidado. Y no sé qué, yo le digo a mi esposa: "Tú sabes lo que es esto, que este se va ahorita, me va a virar la cara". Digo yo, solo le digo a ella: "Mira, mira, de la cara, él se va ahorita". Es bromeando obviamente, pero también nos aflige, ¿es igual y pensar que se van? Pero hay que mentalizarse eso desde el principio, desde temprano, porque se van. Y tú sabes, ¿quién te queda? Te quedas con la persona que tú eres una sola carne, te quedas con ella, ahí está, hasta que te mueras.

Entonces comienza a apreciar a la persona que Dios te regaló. Comienza a apreciarla, comienza a pedirle a Dios que cambie tu corazón, que refresque tu amor, que refresque tu fidelidad, que refresque tu deseo por servirle, por amarlo, por amarla. Que te dé un amor longánimo y que aguante, que te dé un amor perdonador, que te dé un amor incondicional por tu pareja. Esa es la persona que va a estar contigo hasta que el Señor venga o tú vayas a Él. Esa es la relación prioritaria por encima de cualquier otra relación: de mis padres, de mis hijos, de mis amigos, de mis relacionados y de mi iglesia.

De ahí que la primera condición, la primera condición para ser pastor o diácono de la iglesia en Primera de Timoteo 3, es que la casa esté en orden, que sea un hombre de una sola mujer y que la casa esté en orden. Si eso no funciona, el cristianismo no está funcionando. Esa es la segunda condición: la primera es entender la estructura de funciones, un hombre cabeza siervo, una mujer sometida a su esposo como ayuda idónea; lo segundo es una relación independiente y prioritaria.

Hay una tercera condición en el 2:24, en el 2:24 que está ahí claramente: "Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne". Esta es una expresión única para la relación matrimonial, única. No hay ninguna otra relación indicada humana que produzca de dos seres, de tres seres, de cuatro... Dos personas se convierten en una sola persona delante de Dios. Y esa palabra "unirá" literalmente significa "se pegará a su mujer", unido.

Yo pensé en el Coky, cuando el Coky era un pegamento. Para los más jóvenes, había hace unos años que se vendía un pegamento que tú... ¿Todavía existe? Bueno, yo no lo encuentro en ningún lado, así que déjenme explicar lo que Dios nos ha dado. Entonces uno usaba el Coky para pegar un vidrio, un plástico y demás. Entonces el problema era que pegaba tanto, que tú pegabas lo que querías pegar y entonces te quedaban los dedos pegados. Entonces no había forma de uno despegarse los dedos y le quedaba siempre una marca, una marca. O sea, el hombre y la mujer se unirán de tal manera que queden... La mejor palabra que encontré, y que de hecho apunta a eso, es "se fundirá", se fundirá en un solo ente a su mujer, y serán una sola carne. Y Cristo que lo aclara más adelante en Mateo 19:4: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Así de unidos deben quedar el hombre y la mujer.

Eso no se produce en condiciones como las nuestras, en condiciones caídas y pecadoras como nosotros. Nosotros somos pecadores, eso no se produce de manera natural. Ese pegarse, eso hay que trabajarlo. Eso no es un asunto de que surge, de que "yo no me siento unido a mi esposa". Tú tienes que trabajar eso, eso hay que cultivarlo, eso hay que buscarlo, eso hay que hacer generarse, esa unidad que se supone debe ocurrir entre el hombre y la mujer. Y va mucho más allá de la parte físico-sexual.

Esa es la primera de las manifestaciones, y los hijos son el mejor reflejo de que somos una sola carne. Cuando nace un hijo que se parece a ella, se parece a mí, y uno dice: "¡Wow, tiene de los dos!". Ese es el mejor reflejo físico de que nosotros somos una sola carne. Pero hay una realidad que antecede al hijo, y es que yo soy uno con mi esposa. Yo soy uno, pegado, fundido con mi esposa a los ojos de Dios.

Entonces hay gente que se casa pero no se une. Hay una boda, no ve la boda, así esté la boda, pero no hay un matrimonio. Entonces hay una celebración pero no hay un real matrimonio. Hay hombres que se casan y quieren seguir actuando como solteros, y mujeres que se casan y quieren tener su vida independiente de su marido. Casados que se casan y sus finanzas siguen siendo distintas, sus relaciones sociales siguen siendo distintas. Y cuando uno le reclama al otro: "Dame mi espacio". Como que es un... No sé si alguien tiene una definición técnica de lo que es el espacio personal, pero es una especie de escudo magnético que uno tiene alrededor aparentemente. Como que si alguien lo transgrede, hay un problema electromagnético. Es algo raro porque la gente habla mucho del espacio y del espacio. No me pasa, no me pasa. Yo me siento así cuando me monto en un ascensor, verdad, yo siento como que hay una gente que uno no conoce como arriba de uno. Será como eso que significa.

Lo que pasa es que tú no puedes alegar que tu esposa está muy arriba de ti, porque eso no se puede. Ahí se supone que ya se acerca pegada, fundida a ti. Y claro, obviamente tenemos personalidades distintas, hay unas personalidades que se mantienen, pero mi esposa es parte de mí en todos mis proyectos, en todas mis ideas, en todos mis intereses, en todo lo que yo hago. Y el esposo, y la esposa tiene que verlo así también.

Pero si Dios dice que... O sea, primero Dios saca un pedazo de Adán y le crea a la mujer, y Adán dice: "¡Wow, eso es hueso de mis huesos, carne de mi carne!". Y luego Pablo viene y dice: "Tu esposa es tuya, es tu cuerpo, cuídala porque tú te estás cuidando a ti mismo". ¿Se requiere un lenguaje más gráfico y específico de que ellas son parte de nosotros? Yo sé que estas son verdades que como que me quedan grande a la forma como yo vivo habitualmente en mi relación matrimonial, pero ahí es que debo aspirar: a sentirme tan unido que yo siento que ella es mía y es parte de mí. Y entonces es la tercera condición: que tiene que ocurrir una relación de unidad total en todos los sentidos.

Tiene que ser complementaria, respetando las funciones. Tiene que ser una relación autónoma, independiente y prioritaria. Y tiene que ser una relación de unidad total: se unirá a su mujer y serán una sola carne.

Pero el versículo 25 agrega una realidad más. El versículo de Génesis 2:25 dice: "Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban." Es una hermosa expresión del estado emocional que había en la primera pareja antes del pecado. Total transparencia, ningún miedo, ninguna vergüenza, nada que esconder, nada de lo cual avergonzarse. Este es el estado previo a la caída, el estado al que yo debo aspirar. ¿O ustedes no creen que entre Cristo y su iglesia hay una transparencia? ¿O Cristo no nos conoce a nosotros profundamente y a pesar de eso nos ama?

Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban. Algunos han llegado incluso —esto es una realidad tan extraña— que algunos han llegado a suponer, han dicho de hecho, leí comentarios al respecto que dicen: "Bueno, eso se debía a que tenían cuerpos perfectos y entonces no había vergüenza de sus cuerpos." ¿Tú de verdad crees que Dios está hablando de la perfección física que había? Aunque sí eran cuerpos perfectos en ese momento. Imagínense antes de la caída, cuando Adán ve a Eva, literalmente es un poema en el hebreo original. Y se quedó: "¡Guau! Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne." Adán se sorprendió, a Adán le cayó la quijada. Adán dijo: "¡Qué mujer! ¡Qué ser!" Le salió un poema. Ahí los poetas tienen ya su asidero bíblico para seguir componiendo poemas, porque fue así literalmente, eso fue lo que ocurrió.

Pero obviamente no se apunta a una realidad física, una perfección física, sino a un estado de mutuo respeto, mutuo cuidado, mutua transparencia, que generaba un ambiente seguro. Que yo no tengo que esconderte nada, no tengo vergüenza delante de ti en absolutamente nada.

John Piper, comentando acerca de ese pasaje, dice: "No estar avergonzado en una relación matrimonial requiere más que ser físicamente perfecto. El que te está mirando debe ser moralmente recto y misericordioso; de lo contrario, él o ella pueden encontrar una manera de avergonzarte." Si tú tienes una relación con una persona poco amorosa, poco cordial, poco misericordiosa, tú puedes ser perfecto físicamente y esa persona, cuando te ve, te avergüenza, te hace sentir mal, te hace sentir incapaz, inseguro en ti mismo.

Por eso, para yo tener una relación de transparencia —que es hacia lo que este pasaje apunta—, una relación de transparencia donde yo sea capaz de exponerle a mi pareja y ella a mí lo que somos, lo que pensamos, eso debe procurarse en un ambiente de santificación personal, de pureza personal. Y ahí entonces, en una relación de ese tipo, hay seguridad mutua. Yo sé que si yo te cuento, tú no me vas a dejar, tú no me vas a dejar de amar. Yo te puedo contar, yo no tengo nada de qué avergonzarme contigo. Yo estoy seguro de que estamos unidos como una sola carne.

Y obviamente hay aspectos en la Palabra cuando los matrimonios se deterioran y se fracturan, que yo no voy a entrar en ellos hoy, porque yo no he hablado de la realidad de cuando estas cosas no se viven, no se cumplen, y llega incluso una relación matrimonial a fracturarse, incluso bajo el amparo bíblico en algunas ocasiones. Sino que les estoy hablando de lo que estamos viviendo y lo que tenemos que hacer para que nuestra relación refleje lo que está supuesto a reflejar el matrimonio: la realidad de que Cristo y su iglesia son uno, y nosotros estamos llamados a ser uno como Cristo y su iglesia.

Entonces, hermanos, las cuatro condiciones son precisamente esas. Primero, complementariedad en la relación: un hombre cabeza, siervo líder, y una mujer ayuda idónea, que entiendan esos roles y vivan esos roles. En segundo lugar, una relación autónoma y prioritaria: esta es la relación más importante que tengo de ahora en adelante y la tengo independiente del resto; nosotros tenemos que resolver la vida. Número tres, una relación de unidad total, de fusión de dos personas en una sola, en todos los aspectos, para darle el frente a la vida unidos. Y en tercer lugar, debe ser una relación segura, transparente, de veracidad.

Y ahí agrego: hay muchas formas hoy en día de mantener nuestra confidencialidad como persona, y no son pocos los problemas que hay cuando un esposo o una esposa no comparte con su pareja simplemente una clave. Ni la clave del celular, ni la clave de las redes sociales, ni la clave del banco. Uno puede alegar: "Ese es mi espacio." ¿Cuál espacio? ¿Qué escondes? ¿Qué tú no quieres que tu pareja vea? El problema no es la clave, no es información. El problema es que el otro desconfía de por qué tú estás haciendo eso. Y cuando entonces la semilla de la desconfianza se presenta en la relación, se afecta todo lo demás, todo lo demás.

La seguridad que se supone debe haber entre dos personas desnudas que no tienen nada de qué avergonzarse se destruye completamente cuando yo simplemente quiero mantener mi espacio. Pero por alguna razón, yo tengo una motivación muy probablemente —y yo diría pecaminosa— de mantener esa confidencialidad, de mantener a mi pareja fuera de ese espacio de mi vida. Eso no es una relación transparente. Si yo he hecho eso, lo menos que yo le debo a mi esposa o a mi esposo es: "Perdóname, porque yo te he mantenido fuera de un área de mi vida importante, que son mis cosas."

Ahora, hay aspectos que nosotros tratamos a nivel individual con otras personas, que no hay que tener que contarle todo a nuestra pareja porque son cosas que la gente nos cuenta a nosotros. Yo lo vivo mucho como pastor. Pero todo lo que tiene que ver conmigo, conmigo, ella debe estar al tanto, ella debe conocerlo, ella está ahí para protegerme y cuidarme. De ahí entonces, en ese ambiente, se cultiva la transparencia y la seguridad de una relación.

Oremos, hermanos. Oremos que estas cosas sean una realidad en nosotros, que esto no se quede en "qué interesante, qué bonito." Yo creo que este mensaje —obviamente no porque lo traigo yo, eso es absurdo, sino porque está en la Palabra de Dios claramente— produzca conversaciones hoy, mañana, pasado, esta semana, en los hogares de la IBI. Hablemos de estas cosas, hablemos de lo que ha estado pasando. Digámonos: "¿Ha estado viviendo o no hemos estado viviendo estas realidades en nosotros?" Y evaluemos qué está pasando y pidámosle al Señor entonces.

¿Ustedes no creen que Dios quiere que los matrimonios reflejen esto? ¿Que los matrimonios...? ¿Ustedes no pueden orar en esa dirección? "Señor, hazme vivir estos principios de tu Palabra en mi relación matrimonial, y que el matrimonio que yo tengo finalmente refleje con cierta nitidez —aunque no en toda su majestuosidad— la imagen de Cristo con su iglesia." Afinemos la cámara, afinemos el foco, el lente, para que se vea la unión de Cristo con su iglesia en nuestras vidas.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.