La persecución que se desató contra la iglesia en Jerusalén tras la muerte de Esteban plantea una pregunta desconcertante: si Dios es omnipotente y desea que el evangelio llegue a todas las naciones, ¿por qué permite que sus mejores siervos sufran las peores cosas? La respuesta escapa nuestro entendimiento completo, pero la Escritura revela un patrón consistente: Dios ha usado el dolor y la persecución como instrumentos para expandir su reino. La sangre de los mártires, como decía Tertuliano, es la semilla de la iglesia.
Lo que parecía una tragedia fue en realidad una siembra divina. La palabra griega para "esparcidos" es la misma que se usa para esparcir semillas. Los creyentes que huyeron de Jerusalén no eran los apóstoles ni los líderes más preparados, sino gente común que, al llegar a nuevos territorios, comenzó a predicar. La persecución logró lo que la comodidad no había conseguido: multiplicar evangelistas y llevar el mensaje a regiones como Samaria, donde los judíos jamás habrían ido voluntariamente.
Felipe, uno de los siete diáconos, llegó a Samaria predicando a Cristo. El resultado fue asombroso: multitudes que por siglos habían sido enemigas de los judíos prestaron atención, hubo liberación de demonios, sanidades, y gran gozo llenó la ciudad. El sufrimiento de Jerusalén produjo vida en Samaria. El pastor Núñez ilustra esta paradoja con la historia de una misionera cuyo ayudante murió accidentalmente, destruyendo años de trabajo. Solo entonces ella descubrió que había estado sirviendo al Dios de sus planes, no al Dios verdadero. El sufrimiento la liberó para confiar en un Dios cuya sabiduría sobrepasa nuestros esquemas.
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Y nos vemos en manos para mi vida en su palabra. Quiero invitarlos aquí a la palabra de Dios en el capítulo 8 del libro de los Hechos, para continuar con nuestra serie que habíamos interrumpido por un par de domingos en vista de la primera venida de Cristo y la segunda venida de Cristo en este domingo. Ahora nos toca regresar, y vamos a estar leyendo un poco más adelante al texto que nos concierne hoy, a partir del versículo 1 hasta el versículo 8.
Pero para sintonizarlos a aquellos de ustedes que ya se han olvidado un poco de dónde estamos, y para poder sintonizar a aquellos que no estuvieron: habíamos cubierto —perdón— el capítulo 7 en tres sermones diferentes, donde estuvimos hablando de cómo la finalidad de Dios obra a través de su providencia, estuvimos hablando también de cómo la providencia de Dios obra a través del pecado, y estuvimos viendo en esencia la providencia de Dios en acción a lo largo de ese mensaje que Esteban predicó, y que le costó la vida al final. Es un mensaje muy largo; yo le recomiendo que usted vuelva a leerlo, es prácticamente todo el capítulo 7.
Pero hay otra cosa que yo quisiera recordar de ese capítulo para poder irnos al capítulo 8. Es, número uno, que mientras Esteban debatía inicialmente con los miembros del Sanedrín, ellos contemplaron su rostro y parecía como el rostro de un ángel, en lo que Dios estaba ahí en medio del debate. Y luego, en medio del apedreamiento de Esteban, no fue que Esteban fue muerto porque Dios lo abandonó; Dios estuvo ahí con él. Mientras él predicaba, estos hombres crujieron los dientes de tanta furia que experimentaron por la confrontación de Esteban. Y también, que Esteban al morir dijo: «Señor, no les tome en cuenta su pecado». Y hay una cuarta que es vital, que estaba dejando fuera momentáneamente, y es que mientras Esteban ya llegaba a sus últimos momentos, miró hacia arriba y contempló los cielos abiertos, y había uno como el Hijo del Hombre que estaba parado allí en el trono. Hablamos de cómo eso era representación de que Cristo estaba listo para recibirlo, de que Cristo era su abogado defensor ante el trono universal.
En el texto que nosotros vamos a leer en un momento, vamos a ver cómo ese texto representa el inicio de la persecución masiva de la iglesia, que no ha cesado en veinte siglos. Comenzó en ese momento y continúa activamente todos los días hasta el día de hoy. Muchos son los que han dado su vida en aras del Evangelio. Y cuando tú te pausas, preguntas y piensas que Dios es omnipotente, que Dios quiere que el Evangelio se predique a todas las naciones, y que les tiene vía a esos hombres, y que Dios tiene el poder de protegerlos, tú pensarías que Dios ordenaría los eventos de tal forma que ellos predicaran el Evangelio sin ninguna oposición, sin ningún peligro, sin que nada les ocurriera, y que construiría la historia similar a la que se deshace en las películas y en las novelas, donde el protagonista siempre sale triunfante. Pero parece como que a los mejores de Dios con frecuencia les ocurren las peores cosas.
A lo largo de los siglos, Dios ha usado la persecución grandemente, y ha usado la persecución para aumentar el tamaño de su iglesia y la fortaleza de su iglesia. Eso ha sido cierto todavía hoy en los regímenes totalitarios como China, donde la iglesia sigue creciendo, y Cuba mismo. Y uno tendría que preguntarse: ¿pero realmente no hay otra forma de expandir el Evangelio? Como dicen los jóvenes hoy en día: o sea, ¿es que no hay otra? Si el mundo es un mundo de maldad, lo es; pero Dios controla el mundo y controla incluso la maldad de los hombres; nosotros creemos eso.
Entonces, ¿por qué Dios permite la maldad de esta manera, incluso en contra de sus planes? Esa pregunta ha desconcertado a mucha gente por mucho tiempo. ¿Por qué las bendiciones —pudiéramos preguntar— no son iguales para uno y para el otro? ¿Por qué Dios se le aparece a Pablo y le habla, y resulta que los que andaban con él no oyeron lo que le habló, solamente vieron la luz? ¿Por qué es como que las bendiciones parecen ser no igualitarias? ¿Por qué prosperan los malvados? Hasta Salomón se preguntaba eso. ¿Y si Dios es bueno y todopoderoso, por qué no ha arreglado las cosas para minimizar el sufrimiento y maximizar el gozo?
Algunas de esas preguntas aparecen en el libro de Paul Helm, conocido como *The Providence of God*, o La Providencia de Dios. Las respuestas a esas preguntas escapan nuestro entendimiento, sin lugar a duda. Pero nosotros vemos la Biblia y nos percatamos de que Dios ha usado el mal y la persecución como instrumentos para llevar a cabo su propósito, y parecería como que el instrumento preferido de Dios es el dolor y el sufrimiento. Parecería; si tú miras la vida de Job, parece de esa manera; si tú miras la cruz, como que parece de esa manera; si tú miras a Pablo, como que parece que es así; si tú miras la vida de José, vendido por sus hermanos, esa es su historia; si tú le das historia a los profetas, que con frecuencia fueron apedreados y muertos, esa es su historia. Miramos la vida de Esteban hace poco, y así terminó; la vida de Pablo, que ya mencioné, y solamente mencioné algunos pocos.
Pero parecería como que esta es una materia en el currículo de Dios que no termina, como que hay Sufrimiento 101, 102, 103, hasta graduarse, hasta entrar en gloria. Y eso es lo que vamos a ver hoy: es a través, otra vez, del dolor y el sufrimiento que el Evangelio comienza a salir de Jerusalén. Había estado ahí como encapsulado; ya algunos años han pasado, la iglesia todavía está en Jerusalén. Pero no se suponía que fuera así, porque la encomienda de Cristo al principio del libro de los Hechos es que no salgan de Jerusalén hasta que descienda poder, y entonces: «Me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra». Pero van pasando los años y ustedes todavía están en Jerusalén. Entonces Esteban es apedreado como parte de la providencia de Dios, y este es el texto que sigue.
En el capítulo 8, versículo 1: «Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muerte». Sí, Pablo. «En aquel día se desató una gran persecución» —subraya la palabra *gran*— «en contra de la iglesia de Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. Y algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban y lloraron en gran manera por él. Pero Saulo hacía estragos» —subraya la palabra *estragos*— «en la iglesia, entrando de casa en casa, y arrastrando hombres y mujeres, los echaba en la cárcel. Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la palabra. Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y al ver las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, estos salían de ellos gritando a gran voz; y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanados. Y había gran regocijo en aquella ciudad».
Ahí está. Esteban ha sido muerto a pedradas. Saulo estaba ahí, Saulo estaba ahí dando su aprobación. De hecho, en el capítulo 22, si mi memoria no me falla del libro de los Hechos, Pablo está dando su testimonio de vida otra vez y habla de eso justamente: que dio aprobación para la muerte de Esteban. Él mismo se confiesa culpable. Por eso es que Pablo piensa que no es digno de ser llamado apóstol, porque él persiguió la iglesia y estuvo en casos como este.
Y ese día hubo gente que estaba ahí que probablemente no apedreó a Esteban; gente posiblemente, ahora sí, posiblemente judía. El texto dice que había algunos hombres piadosos —no dice algunos creyentes, sino algunos hombres piadosos— que sepultaron a Esteban y que lloraron en gran voz por él. De manera que había gente con sensibilidad humana que se percató de que esto fue una gran crueldad. Y quién sabe si esta gente, como Cornelio, terminó creyendo como fruto de haber presenciado la muerte de uno de los hijos de Dios de la manera en que ocurrió. Nosotros no sabemos exactamente quiénes fueron ellos, pero es posible que hayan sido judíos, probablemente, que dentro de su judaísmo vivían una vida de cierta piedad conforme a la revelación que hasta entonces habían tenido y habían entendido.
Entonces, ahora —como introducción, esa era mi introducción, ahora comienza mi mensaje; era, tengan paciencia— yo quiero que veamos el inicio de la persecución. Ese es mi punto número uno: veamos el inicio de la persecución. Se dice: «Se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén». ¿Qué tan amplia fue esa persecución? Hasta el punto en que todos fueron esparcidos. Subraya la palabra *todos*; así es como tienes que leer la Biblia: tienes la palabra, tiene que llamar tu atención, ponerle círculos y darle colores. «Todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto» —subraya eso— «los apóstoles».
Es mucho decir. Los apóstoles habían sido perseguidos hasta este momento, hasta el punto de haber sido azotados; pero ahora no son los apóstoles los que estaban siendo perseguidos principalmente. Ellos se quedaron en Jerusalén. Probablemente era la comunidad que les estaba siguiendo. Algunos postulan que estos eran judíos helenistas, judíos que habían venido de afuera, contra los cuales había cierto prejuicio, que hablaban en griego; quizás esos nuevos conversos, contra los cuales había cierto prejuicio, fueron los primeros en ser blanco de la persecución. Pero evidentemente una gran parte de la comunidad creyente en Jerusalén tuvo que salir corriendo, de manera que la persecución fue amplia.
Y no solamente fue amplia, fue severa, porque el texto nos dice que Saulo hacía estragos en la iglesia, y Lucas se encarga de decirnos cómo: entrando de casa en casa y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel.
Si tú lees otras versiones, la Reina Valera del 60 dice que Saulo asolaba la iglesia, la Nueva Traducción Viviente dice que Saulo acababa con la iglesia. De manera que los traductores se están ayudándonos a entender que realmente esto no fue cualquier persecución. De hecho, la palabra en el original implica una destrucción cruel y sádica. ¡Wow! Ese día se desató de esa manera.
Y yo tengo que pausar otra vez y volver a preguntar: ¿es esa la mejor manera de evangelizar el mundo y llevar a cabo la gran comisión? Bueno, quizás la persecución no sea el método preferido de evangelizar el mundo, pero siempre ha sido efectivo. Lo fue en la iglesia primitiva, lo fue en el tiempo de la Reforma, y lo está haciendo hoy.
En los tiempos modernos, quizás el mejor ejemplo de eso es cuando años atrás la persecución se desató —que todavía continúa hoy— en Corea del Norte, hoy está peor quizás. Los cristianos que estaban en Corea del Norte bajaron a Corea del Sur. Y cuando llegaron a Corea del Sur, ¿qué usted piensa que hicieron? Establecieron pequeñas iglesias. La iglesia comenzó a crecer y a crecer, y la transformación de Corea del Sur, de acuerdo a los análisis misiológicos, hoy en día es atribuida a la contribución y al impacto de los valores cristianos, de la misma manera que la iglesia fue transformada en el mundo primitivo. Y eso fue el fruto de una persecución en su hermana del norte, Corea del Norte.
Sé parte de la respuesta a la existencia del mal en sus diferentes formas. Nosotros tenemos que verla desde este punto. Recordemos que nosotros estamos en medio de una guerra espiritual de la cual la Palabra habla e ilustra perfectamente para nosotros. Nosotros no somos de aquellos que viven reprendiendo un demonio continuamente, pero sí somos de aquellos que creen continuamente que muchos de los eventos y muchas de las actividades humanas tienen detrás fuerzas espirituales de maldad, porque la Biblia dice cosas como eso.
El apóstol Pablo nos recuerda en Efesios 6, tratando de tranquilizarnos y diciéndonos: mira, tu lucha no es contra sangre y carne, no es contra seres humanos. Y tú quieres saber dónde está el meollo del asunto: no mires a los seres humanos, nuestra lucha es contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Pastor, como no las vemos, como no las sentimos, ¿entonces cómo yo llevo a cabo esa lucha? A través de seres humanos, no poseyéndolos necesariamente. La Biblia ilustra eso, yo te lo voy a ir mostrando, pero es a través de seres humanos que las huestes espirituales de maldad tratan de oponerse a los propósitos de Dios, y en ocasiones luce como que van ganando.
Tú abres la Biblia y te encuentras con la serpiente, con Adán y Eva, y los hace fracasar. El plan de Dios es que crecieran, se multiplicaran, llenaran la tierra y la dominaran, y ahí está la serpiente, no luchando con Dios sino con los primeros seres humanos. Tú sigues leyendo en la Biblia y cuando tú llegas al final de la Biblia, es interesante que frecuentemente tú encuentras cosas al principio y al final de la Biblia como si Dios tuviera un par de libros. Anoche hacíamos una boda aquí y hablábamos de que la Biblia abre con una boda, la de Adán y Eva, y cierra con una boda, la boda del Cordero.
Y ahora tú puedes comenzar a ver la lucha de la serpiente contra seres humanos a lo largo de la Biblia. Escucha ahora en el libro de Apocalipsis lo que la Palabra dice. Cristo hablándole a los miembros de la iglesia de Esmirna, una iglesia contra la cual no tenía nada malo de qué acusar, le dice: no temas lo que estás por sufrir, la persecución te viene. He aquí el diablo, claramente identificado. ¿Qué va a hacer? Echará algunos de vosotros en la cárcel. ¿Cómo que el diablo va a echar a algunos? O sea, ¿él va a bajar y me va a llevar a la cárcel? No, él va a usar seres humanos, pero es él. El diablo echará algunos de vosotros a la cárcel, pero ¿por qué tú permites eso, Dios? ¿No son tus hijos? Para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Los diez días probablemente es algo figurativo, un corto tiempo. Por lo tanto, no nos desanimemos. La fe es probada por el fuego, la fe es modificada, mejorada, enriquecida por la tribulación.
Satanás no solamente fue detrás del primer Adán, Satanás fue detrás del segundo Adán. Satanás no se atreve a ir en contra de la Trinidad, no es lo que no tiene ni una chance, pero cuando uno de los miembros de la Trinidad se encarnó y se hizo humano en la tierra, de manera que tenía un blanco de un ser humano... Porque Cristo no iba a hacer uso de sus poderes, ¿sabía? Satanás conoce más teología que nosotros. Nosotros pudiéramos tener PhDs obtenidos en seminarios terrenales; Satanás tiene todos los PhDs del seminario de los cielos. Cuando la segunda persona se encarnó, él sabía que no iba a usar su poder de Dios. Yo lo voy a tentar para que haga eso, pero si él hace eso, fracasa. De manera que: convierte estas piedras en pan, este sería tu poder, tu actividad como Dios. Pero Él no lo hizo. ¿Por qué no lo hizo? Porque no estaba representando primariamente a la Trinidad sino al hombre. Él iba a actuar en su función de hombre.
Entonces él fue tras el Hijo de Dios, del primer hijo de Dios y del único verdaderamente Hijo de Dios, el Unigénito. En el Nuevo Testamento, usted encuentra a Pedro oponiéndose a los planes de Cristo de llegar a Jerusalén, y Cristo se olvida de Pedro y le dice: apártate de mí, Satanás. Cristo estaba viendo algo detrás de lo que estaba ocurriendo; Satanás estaba usando a un ser humano. Yo no puedo ver eso, tú no puedes ver eso, pero tienes que entender que es así, porque la Palabra lo va revelando.
Y ahora, para finalizar esa explicación de que las huestes espirituales de maldad actúan a través de seres humanos, escucha claramente cómo el apóstol Pablo se lo explica a Timoteo en su segunda carta, 2:25-26. Es un versículo que yo he citado múltiples veces en diferentes contextos; en este contexto no lo había hecho. Corrige tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad. Frecuentemente ese es mi contexto: el arrepentimiento, ¿quién lo da? Por escuchar. Y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo que los tiene cautivos, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.
¿Escuchaste? El incrédulo es cautivo, y es cautivo del diablo para hacer su voluntad, sin estar poseído, porque el incrédulo tiene una naturaleza carnal con impulsos malvados que Satanás sabe cómo disparar. Y él no tiene que poseerlo para disparar sus impulsos y sus deseos, en lo más mínimo; él solamente tiene que proveer la gasolina y el fósforo, y los impulsos se queman solos.
De manera que nosotros tenemos que recordar que estamos en medio de una batalla espiritual, y por eso es que Dios nos dice que nuestras armas no son carnales. ¿Por qué no puedo usar las armas carnales? Porque tu contienda no es contra la carne, es contra huestes espirituales, y por tanto Pablo nos habla de que nuestras armas son poderosas en Cristo Jesús. De manera que Pablo entiende que el incrédulo está bajo el dominio de los poderes de las tinieblas, y a juzgar por lo que a Pedro le pasa, el creyente está por lo menos bajo la influencia del poder de las tinieblas.
Entonces nosotros no tenemos todas las respuestas a por qué Dios permite el dolor y el sufrimiento, en este caso la persecución. Pero quizás Dios permite el dolor y el sufrimiento en la vida de sus hijos para demostrar a las fuerzas de tinieblas, a las fuerzas de maldad, que aun en la condición más débil que sus hijos puedan llegar, Satanás es incapaz de derrotar a sus hijos y de oponerse a sus propósitos, porque la debilidad de Dios es mucho más fuerte que los hombres. La debilidad de Dios expresada incluso cuando su Hijo es puramente un ser humano, como un Esteban. En esa debilidad, el testimonio final de Esteban y lo que Dios iba a hacer con lo que fue presenciado ese día es más poderoso que los poderes de las tinieblas. Quizás esa es una razón por la que Dios permita la persecución.
Y lo interesante es que parece ser que mientras mayor es la persecución, mayor es la expansión; es como que es proporcional. De hecho, el padre de la iglesia Tertuliano se percató de todo eso y dice: mientras más nos cortan, en buen dominicano, mientras más nos chapean, más crecemos. La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia. De hecho, el texto que nosotros leímos dice que todos fueron esparcidos por la región de Judea y Samaria. La palabra "esparcidos" ahí es la misma palabra usada para esparcir semillas, como cuando un sembrador sale a esparcir semillas y va tirando. Así mismo salieron ellos corriendo de un lado para otro, pero lo que Dios estaba haciendo era sembrando su iglesia. Te das cuenta de la sabiduría de nuestro Dios.
Entonces vimos ahora el inicio de la persecución, tratando de usar la Biblia para entender por qué Dios permite la persecución. Ahora yo quiero que veamos el inicio de la expansión de la gran comisión. La comisión le fue dada en Mateo 28:16-20, antes de Cristo ascender a los cielos, y fue ratificada en Hechos 1:8: permaneceréis en Jerusalén hasta que recibiréis poder, entonces seréis testigos en Jerusalén, en Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. Entonces el texto dice que aquellos que fueron esparcidos fueron por la región de Judea y Samaria, y dice que al llegar allí predicaban la Palabra.
Felipe descendió a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. Es interesante que Lucas no nos dice qué de Cristo le dijo, pero asumimos que él predicó el Evangelio porque el Evangelio es Cristo: su vida, su muerte, su resurrección. Dice que Felipe le predicó a Cristo. Felipe tenía claro cómo es que la gente se convierte: no es con estrategia, no es con programas, no es diluyendo las cosas, no es necesariamente contextualizando el texto, es predicando a Cristo, aunque algunas de esas cosas necesiten cierta contextualización.
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Realmente, la palabra en el original, traducida como "predicaban", está más relacionada a evangelizar, de manera que es como que los que llegaban allí llegaron evangelizando. Lo interesante es que estas nuevas regiones y territorios no estaban siendo evangelizadas por los líderes de la iglesia. Los apóstoles se quedaron en Jerusalén, sino que estos nuevos territorios estaban siendo evangelizados por gente común y corriente. Es como que algo ocurriera en Santo Domingo y ustedes salen corriendo, y los pastores de la iglesia se quedan en esta ciudad, y que ustedes, al llegar a diferentes provincias o quizás países, incluso comenzaran a evangelizar y a contar las buenas nuevas.
De manera que la evangelización no solo creció en cuanto a las áreas evangelizadas, sino que creció en cuanto al número de evangelistas. Mira, quizás Dios usó la persecución porque hay muy poca gente que quiere salir. "Vamos a tener que hacerlos salir. No van a ir a Judea, no van a ir a Samaria; el prejuicio contra los samaritanos está ahí, ustedes no piensan, ustedes son como Jonás, que no creen que los samaritanos son merecedores de salvación." Pues, Dios arregló eso también, y comenzó la persecución, y de repente ahora hay cientos de evangelistas y no doce. Es como que voy entendiendo la persecución: es una manera de madurar a los evangelistas, con carburo, diríamos.
Los que habían sido esparcidos —y de paso no perdamos la palabra— Lucas reconoce que el Evangelio ya no es posesión de una sola persona aquí, una sola persona allí. Así fue que comenzó, sino que el mismo Evangelio había dado a luz a una nueva entidad llamada la iglesia, de manera que la iglesia es la encargada de la gran comisión. Dios tiene sus formas, Dios tiene sus maneras; sus caminos son inescrutables, sus juicios insondables. Y luego Pablo, después de decir eso, en Romanos 11:35, pregunta: "¿Quién ha conocido la mente del Señor? ¿Y quién penetra eso?"
¿Quién puede entender que la mejor forma de evangelizar el mundo quizás sea a través de la persecución? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿Cuál de nosotros, que piensa que eso es mala idea, le ha dado consejo al Señor por encima de su sabiduría con una mejor idea? Recordemos que Jesús le había dicho antes de ascender: "Me seréis testigos." ¿Se ve cuál es la palabra en el original para testigo? *Martys*. Y de ahí viene la palabra mártir. "Me seréis mis mártires." Y los mártires son buenos testigos, porque los mártires no solamente viven bien cuando están en vida, sino que mueren bien, mueren dando testimonio del Evangelio.
Tú recuerda cuando Cristo murió como mártir en la cruz, que el centurión al pie de la cruz dice al final, contemplando la forma como murió: "Verdaderamente este hombre era hijo de Dios." Recuerda al ladrón en la cruz que le dice al otro ladrón, le manda a callar y le dice: "Este nada malo ha hecho." Porque la manera como nosotros morimos, como mártires o como no mártires, también es importante para Dios, de la misma manera que lo es la manera como nosotros vivimos.
Quizás los discípulos de Cristo estaban en la cruz leyendo un poco cómodo. Las cosas estaban bien: tres mil nuevos convertidos de un solo movimiento, un boom; tres mil nuevos convertidos, y un par de capítulos más adelante, cinco mil hombres, de manera que la iglesia tenía como diez mil personas. ¡Wow! Es especial lo que Derek Thomas dice en su comentario sobre el libro de los Hechos: "Los tiempos de relativa paz pueden significar tiempos de terrible inercia en la expansión. La iglesia crece gorda y perezosa, gastando tiempo en analizar cómo relacionarse con Hollywood y la cultura, mientras la gente muere sin el Evangelio."
Pasamos tiempo tratando de ver cómo vamos a contextualizar el mensaje, cómo es que le vamos a llegar a la gente que piensa así, a la gente de clase media, a la gente de clase media alta, a la gente de clase alta, a los profesionales, y en tanto, ellos se siguen muriendo. Quizás estaban muy cómodos; quizás no habían entendido la gran comisión; quizás no habían entendido el compromiso. O quizás ni siquiera pensaban en los samaritanos. Los samaritanos eran gente con la que no se relacionaban, ni ellos con los judíos, ni los judíos con ellos, y eso es frecuentemente la manera como nosotros pensamos hoy, la manera como Jonás pensó de los ninivitas.
A decir verdad, no está claro qué estaba pasando por la mente de ellos, pero independientemente de lo que estuviera pasando, es posible que no estuvieran pensando en Samaria. Y Dios permitió la persecución para empujarlos hacia Samaria, donde tuvieron que ir a buscar refugio. Te imaginas: los judíos que no se trataban con los samaritanos, que si iban de un lugar a otro y tenían que pasar por Samaria, preferían irse al este del río Jordán o irse por la vía marítima, extremadamente mucho más lejos, para llegar hasta Galilea, por ejemplo, en el norte, para evitar a Samaria.
Fíjate que cuando Cristo sale de Judea para ir a Galilea, el texto dice en Juan 4 que Él tenía que pasar por Samaria. Él no tenía que pasar por Samaria realmente, porque los judíos no pasaban por Samaria, pero Él tenía una cita en Samaria con la mujer samaritana. Entonces, algo tenía que suceder para que esto pudiera ocurrir, y Dios usó la persecución para llevar a los discípulos hasta allá. Nuevamente, la persecución ha sido un método doloroso pero efectivo para expandir el reino de los cielos.
La persecución hace dos cosas —hace múltiples cosas, pero hay dos que podemos sacar de este texto—. Número uno: obliga a los creyentes a ir a regiones a las que nunca hubiesen ido. Y luego, obliga a personas poco usuales a hacer lo que deberían hacer de manera natural. En otras palabras, los apóstoles se quedan, y los que van a Judea y a Samaria no son los apóstoles, sino gente común y corriente. Los más dotados y preparados se quedaron atrás, y la persecución fuerza entonces a gente poco preparada a hacer lo que debieran hacer de manera natural, que es compartir el Evangelio.
Los apóstoles están en Jerusalén, no fueron; pero ahora había quizás cientos de potenciales evangelistas que estaban en esta nueva dispersión. Yo creo que cuando un judío se aparecía en Samaria, la pregunta natural era: "¿Y qué haces tú aquí?" Y él iba a tener que contar: "Yo estoy aquí, soy judío, pero resulta que llegué a entender el rol del Antiguo Testamento; ha llegado una nueva fase; yo he abrazado la fe cristiana, y por eso yo estoy aquí." Y comenzaron a predicar la Palabra, dice el texto. Si la iglesia no iba a salir a estos territorios, Dios iba a hacer algo drástico, y así lo hizo.
Entonces, vimos el inicio de la persecución, vimos el inicio de la expansión de la gran comisión. Mi tercer y último punto es ver el inicio de la evangelización de Samaria, ahora en un área en particular; no simplemente Samaria como región, sino Samaria como ciudad. Ya habían ido algunos; detrás de ellos se fue un líder de la iglesia, pero no uno de los apóstoles: uno de los primeros posibles diáconos de la iglesia, Felipe, uno de los siete hombres que fueron escogidos como hombres llenos de sabiduría y del Espíritu Santo. Y el texto dice en el versículo 5 que Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria —un área en particular, la ciudad de Samaria—, les predicaba a Cristo.
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Ahora bien, algunos preguntarán: ¿qué era Samaria? ¿Por qué era que los judíos no tenían trato con los samaritanos? Bueno, rápidamente, un par de minutos para aquellos que no conocen la historia, los voy a situar. Mil años antes de Cristo, David muere, Salomón sube; cuarenta años después Salomón muere, y a la muerte de Salomón, el reino se dividió en dos. Diez tribus se rebelaron contra el hijo de Salomón, que les aumentó los impuestos y no escuchó el consejo de los ancianos con más experiencia, sino que escuchó el consejo de consejeros jóvenes. Dos tribus permanecieron leales a la corona.
Las diez tribus del norte formaron el reino del norte; las dos tribus del sur formaron el reino del sur, leal a David y su descendencia. Entonces, el reino del norte estableció a Samaria como su capital. En el año 722 antes de Cristo, los asirios invaden el reino del norte. El reino del sur fue leal; al reino del norte se lo llevaron como esclavo, y con el tiempo, gentiles comenzaron a llegar a la región del norte y comenzaron a mezclarse con los judíos, y eso produjo una raza —si tú quieres— mixta de gentiles y judíos, y ellos fueron llamados los samaritanos.
Hay toda una historia detrás de esa pugna que va empeorando las cosas, porque Israel entendía que había un solo templo, un solo lugar de adoración. Los samaritanos dijeron: "No, nosotros vamos a construir nuestro propio templo," y erigieron un templo en el monte Guerizim, y ahí adoraban ellos. Esa es la pregunta de la mujer samaritana a Cristo en Juan 4, cuando dice: "Los judíos adoran en el templo en Jerusalén, y nosotros adoramos aquí. ¿Dónde hay que adorar? ¿Cuál es el lugar correcto?" Y Cristo le dice: "Mujer, no entiendes que llega el tiempo cuando no adorarás ni en este lugar ni en aquel otro, porque los verdaderos adoradores, en espíritu y en verdad, son los que Dios busca."
Entonces, esta es la región adonde ellos llegan, esta es la región a la que los judíos no querían ir, a donde no querían, y Felipe ahora es el instrumento: un hombre lleno de sabiduría, lleno del Espíritu Santo. Él entendió cuál era el centro de la predicación. Felipe comienza a predicar, y su predicación tiene tres efectos que tú puedes ver en el texto, que los voy a ir ilustrando uno por uno. Primero: las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, tal como lo vemos en el versículo 6.
Lograr la atención de una audiencia que por años, cientos de años, ha sido tu enemiga porque le eras judío, eso no es cosa fácil. ¿Qué tú piensas que ocurrió para que la audiencia tuviera la atención que le prestó a Felipe? Por eso es que cuando, con frecuencia, yo escucho el estudio minucioso de la cultura para poder captar la atención de la gente del lugar, yo digo: el contexto no le da la vivencia. Los samaritanos no tuvieron nada de esa programación, pero cuando el Espíritu de Dios se desborda sobre una congregación, sobre una población, la gente presta atención, porque la gran comisión es un fenómeno sobrenatural, no algo programático del hombre.
Entonces, eso fue lo primero que tú puedes ver que la predicación de Felipe produjo. Lo segundo, el versículo 7, mucha gente fue liberada de demonios y fue sanada. Escúchalo: espíritus inmundos salían de ellos gritando a grandes voces, y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanados. Este es el segundo efecto: Felipe está predicando y Dios confirma, por medio de estos milagros, su mensaje y su mensajero. Esa es la función de los milagros: confirmar el mensaje y el mensajero. No es asombrar a la gente, no es tumbar a la gente para que se vea cuánto poder yo tengo; es confirmar el mensaje de Cristo y al mensajero también de Cristo.
La tercera respuesta, o resultado de la predicación de Felipe, es que había gran regocijo en aquella ciudad. El versículo 6 tiene un resultado, el versículo 7 tiene otro resultado, y el versículo 8 tiene otro resultado: que había gran gozo. Ya esto no era evangelismo uno a uno; esto era evangelismo a grandes multitudes que estaban ahí prestando atención. Nota que tampoco dice que los que estaban siendo evangelizados tenían gran gozo. No. Evidentemente había tanta gente siendo evangelizada que la ciudad —Lucas dice— la ciudad tenía gran gozo en la ciudad de Samaria.
Escucha otra vez este comentario de Derek Thomas: hay un contraste deliberado establecido en este pasaje. La iglesia de Jerusalén está siendo perseguida, esa iglesia de Dios, y la ciudad de Samaria experimentaba gran gozo. ¿Cómo no ver el contraste? El gozo de esta ciudad es a expensas del sufrimiento de esta otra ciudad. El catalizador, dice Thomas, que había posibilitado este gozo fue el terrible sufrimiento de hombres y mujeres en una ciudad rival. Las pruebas que sufría una comunidad trajeron bendición a otra. Es la sabiduría de Dios en sus caminos.
El gozo es evidencia de que la ciudad está siendo afectada. La llegada del gozo afectó la ciudad. Esa es mi queja continuamente: si los cristianos siguen creciendo, ¿dónde está el efecto sobre las ciudades? El Evangelio es el instrumento que trae gozo a una persona, a una familia, a una comunidad o a una ciudad. Cuando los ángeles se les aparecieron a los pastores en las afueras, cuando Jesús nació, lo primero que les dicen es: "No temáis, porque aquí os traigo buenas nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo." La buena nueva de gran gozo son buenas nuevas de perdón, de liberación, de esperanza, de vida eterna. Eso llegó a Samaria.
Hermanos, yo no sé si tú te has percatado, pero Dios no solamente está interesado en individuos. Dios está interesado en naciones desde el principio, literalmente. Dios llamó a Abraham y le dice: "En ti, en tu descendencia, serán benditas todas las naciones de la tierra." A Dios le interesó Abraham, pero de Abraham hizo una nación y le llamó mi pueblo escogido, y le dice a Abraham: "En tu descendencia, Cristo, serán bendecidas todas las naciones de la tierra." Tú puedes ver que a Dios le interesan las naciones. Él eligió a Moisés, le dio una ley, pero se la dio para todo un pueblo, y se ha relacionado con ese pueblo en el Antiguo Testamento.
Los judíos no tenían nada especial que no fuera que habían sido elegidos por Dios, de la misma manera que la gente es elegida por Dios hoy en día; eso era lo que los hacía especiales. Los samaritanos no tenían nada por debajo de los judíos. Ellos pensaban: "Esta es una raza mixta, por tanto están por debajo." ¿Sabes que cuando llegues al reino de los cielos te vas a encontrar con una raza mixta? Gente de todo pueblo, tribu y nación; gente que nació de un país con otro país. En el reino de los cielos no hay judíos, no hay ecuménicos, no hay americanos, no hay colombianos, no hay argentinos, no hay chilenos, no hay chinos, no hay absolutamente nada. ¿Sabes qué hay? Hijos de Dios. Eso es lo que somos.
La evangelización de Samaria se lleva a cabo a través de la persecución de los creyentes. El gozo de Samaria es el resultado de la persecución y el sufrimiento en Jerusalén. El tiempo se ha estado yendo; déjame comenzar a cerrar. Pero una de las cosas que necesitamos considerar al meditar sobre la persecución es simplemente conocer la historia, que es importante. La historia nos nutre de cosas y nos enseña, pero también, como siempre hemos dicho, todo evento en la vida tiene dos lecturas: la lectura que el hombre le da, que sería conocer esta historia llana y sencilla, y la lectura que Dios le da, que es tratar de penetrar detrás de las letras para ver qué estaba Dios enseñando cuando esto fue permitido.
Voy a hacer esto a través de esta historia, que es posible que en algún momento la haya compartido con ustedes, pero hace tanto tiempo que yo mismo apenas la recordaba. En el año 1966 —te voy a leer la historia— Elisabeth Elliot, reconocida escritora y oradora cristiana, escribió una novela titulada en inglés *No Graven Image*, o *No imágenes grabadas*, que cuenta la historia de una joven norteamericana de nombre Margaret, que había sido llamada al campo misionero para trabajar en las montañas de los Andes en Ecuador con una tribu indígena conocida como los quechua. El deseo de esta joven era traducir la Biblia a la lengua de esta tribu, pero ella no sabía cómo lo lograría, ya que el dialecto de dicha tribu no estaba registrado aún de forma escrita. De manera que ella oraba para que Dios enviara a alguien que pudiera ayudarla en este proyecto.
Más tarde, a través de diferentes circunstancias, esta misionera entra en contacto con un joven de nombre Pedro, a quien ella ve como la respuesta de Dios a sus oraciones. Como que tiene sentido: es el conocedor del dialecto que ella necesitaba aprender para traducir la Biblia. Entonces juntos comenzaron a trabajar en su traducción. Este es como el dúo dinámico: una misionera quiere alcanzar a los quechua, está orando a Dios que le dé un instrumento, y de repente aparece alguien de allá que habla el idioma. ¿Qué puede ser mejor que eso? Es obvio que Dios está respondiendo mis oraciones.
Luego de algunos años, un día Margaret llega a la casa de Pedro para continuar los trabajos de traducción y se encuentra con la noticia de que él tenía mucho dolor a causa de una herida en su pierna que estaba seriamente infectada. Ya que ella había sido entrenada para proporcionar atención médica, procedió a inyectarle penicilina. Sin embargo, resultó ser alérgico a la penicilina, comenzó a convulsionar debido a una reacción anafiláctica severa y, lamentablemente, murió. Y ella dice en el libro: "¿Qué? Señor, yo quiero alcanzar a esta gente. Yo te oré por un instrumento, Tú me envías a Pedro, yo lo estoy preparando para que sea el traductor de esta lengua, y ahora Tú lo matas. Yo lo quería ayudar y terminé matándolo."
La novela relata cómo a Margaret se le dificultó entender por qué Dios había permitido que esta tragedia sucediera, como a cualquiera de nosotros. Pero ella no solamente había perdido un amigo, sino que años de trabajo habían resultado en vano —eso duele—, ya que entendía que su labor de traducción no podía continuar sin la ayuda de Pedro. Finalmente, la novela termina sin un aparente final feliz para Margaret, quien se consuela con la siguiente idea: "Dios, si Él era simplemente mi cómplice, me había traicionado. Si, por el contrario, era Dios mi cómplice el que me estaba ayudando, Él me había liberado."
El pastor Timothy Keller cuenta esta historia en su libro *Walking with God through Pain and Suffering* (*Caminando con Dios a través del dolor y el sufrimiento*), y cuenta que su autora, Elisabeth Elliot, impartió una charla en el seminario donde él estaba estudiando. Timothy Keller oyó esta historia de los labios de Elisabeth Elliot, años atrás, poco tiempo después de la publicación de su obra. Ella relata cómo Elisabeth Elliot explicó a los presentes que la protagonista de su novela tenía un Dios que siempre actúa de la manera que pensamos que debería actuar. Para esa protagonista, Dios siempre actúa como nosotros pensamos: ¿cómo nosotros pensamos que Pedro no se puede morir? Yo pienso que debía haber dicho que, cuando le dio el choque anafiláctico, ella oró, el Señor le escuchó y Pedro se sanó milagrosamente, pero no se murió. Entonces ella pensaba que Dios siempre actúa como nosotros queremos. O mejor dicho, que era un Dios que apoya nuestros planes, que apoya la forma en que pensamos que el mundo y la historia deben venir. Este es un Dios de nuestra propia creación, un Dios falso.
Bajo esta concepción, Dios es nuestro cómplice, el que nos ayuda, alguien con quien nos relacionamos siempre y cuando Él esté haciendo lo que queremos. Pero al final, Margaret recata y cuenta que el fracaso de sus planes había destrozado su Dios falso, y ahora ella era libre por primera vez para adorar al único Dios verdadero. Mientras servía al Dios de sus planes —ese es el Dios de muchos de nosotros, hay que confesarlo—, Margaret había estado extraordinariamente ansiosa; ella nunca había estado segura de que Dios saldría en su defensa para hacer las cosas bien.
Ella siempre estaba tratando de encontrar la manera de llevar a Dios a hacer lo que ella había planeado, pero ella realmente no había estado tratando con el Dios omnisciente, benevolente y todopoderoso. Ahora ella había sido liberada para poner su esperanza, no en sus planes y agenda, sino en Dios mismo. En pocas palabras, el sufrimiento la dirigió a un Dios glorioso y le enseñó a tratarlo como tal, como Dios es.
Yo menciono todo eso porque el lenguaje del dolor y el sufrimiento, del cual está motivado vía la persecución, es un lenguaje que todo el mundo entiende. Tú puedes tener dificultad en relacionarte con alguien que tiene un estilo de música que a ti no te gusta. Tú puedes tener dificultad en relación a alguien que tiene una cultura y modales y forma de criar a sus hijos con la que tú no estás de acuerdo. Tú puedes tener dificultad en relacionarte con alguien que pertenece a una congregación que tiene una liturgia un poco desorganizada y es estrambotica, y tú tampoco puedes hacer eso.
Pero cuando el dolor y el sufrimiento, en este caso la persecución, afloran, tú notas que los samaritanos son capaces de recibir a los judíos que están huyendo de Jerusalén, e incluso capaces de escuchar a Felipe cuando les predica la Palabra y de escucharlo atentamente. Porque si hay algo con lo que el ser humano se identifica, es ese lenguaje del dolor y el sufrimiento. Y quizás esa sea una de muchas de las razones por las cuales Dios permite la dificultad entre nosotros. Porque como no nos entendemos muchas veces de otra manera, esta es una forma de entendernos, de crear intimidad, de crear lazos entre nosotros, de acercarnos a Dios, de apoyarnos, de afianzar la fe, porque ese es un lenguaje que todo el mundo entiende.
Pero en medio de todo eso, yo quiero animarte, porque el Dios que nos mete en el fuego todo el tiempo tiene sus miradas sobre nosotros y su mano sobre el termostato para bajarnos el calor cuando está en un punto de quebrarnos. Porque es un Dios de benevolencia, es un Dios de gracia, es un Dios de misericordia, y es un Dios que solamente permite el calor en sus hijos cuando Él entiende que ese calor nos va a hacer bien. Como comidas que si tú te las comes crudas te harían daño, pero si las cocinas te hacen bien, Dios hace eso.
Por eso es que el apóstol Pablo —ya con esto cierro— el apóstol Pablo habla y piensa y escribe acerca del dolor y el sufrimiento de una manera tan gloriosa y tan gozosa, que cada vez que yo estoy en dificultad dejo de dejarme hablar con Pablo y voy a buscar a Pablo, porque él me levanta el ánimo. Pablo escribe a los corintios en su segunda carta, y esto es lo que él les dice en el capítulo 4, a partir del versículo 7. Escucha:
"Tenemos este tesoro en vasos de barro." Somos nosotros los vasos de barro. ¿Cuál es el tesoro? El Evangelio. "Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros." En otras palabras, Dios nos deja débiles y frágiles para que cuando las cosas ocurran en grande, pueda quedar claro que no tiene nada que ver con el vaso de barro, sino con el poder de Dios que está dentro del vaso.
"Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados." Escucha el tono de Pablo al hablar del dolor y el sufrimiento. "Perseguidos" —ahí está la persecución—, "pero no abandonados." También a mí me persiguen, pero Cristo está siendo perseguido conmigo. Cuando yo perseguía a la iglesia y Cristo se me apareció, saben lo que me dijo: "Pablo, ¿por qué me persigues?" No dijo: "¿Por qué los persigues a ellos?" Ya tú lo sabes: lo que pasa es que Yo estoy con mi iglesia todos los días, hasta el fin del mundo. Si la persigues a ella, me persigues a mí. Por eso es que el apóstol Pablo dice: "Perseguidos, pero no abandonados." No, no; es con Cristo como están perseguidos. "Derribados, pero no destruidos."
"Llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros que vivimos constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús." Dos mil años atrás ya esto se dijo, y así ha seguido siendo, "para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal."
Escucha ahora: "Así que en nosotros obra la muerte, y en vosotros la vida." Así que en Jerusalén está obrando la muerte, y en Samaria está obrando la vida: gente que estaba muerta en delitos y pecados está llegando a creer. Y nosotros, que estábamos vivos de ambas maneras, en carne y sangre, estamos vivos también en Espíritu; estamos muriendo para que nuestra muerte resulte en la vida de los otros. ¿Entienden a Pablo?
"Así que en nosotros obra la muerte, y en vosotros la vida. Pero teniendo el mismo Espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: 'Creí, por lo cual también hablé', nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús y nos presentará juntamente con vosotros." Ahí está la esperanza: que si te quitan la vida, lo único que hace es cambiar la dirección de donde vives temporalmente a donde vivirás eternamente. Imagina que eso es lo peor que nos puede ocurrir: pasar de la presencia de los hombres a la presencia de Dios.
Por eso el apóstol Pablo vivía tan gozoso en medio del dolor. No importaba si estaba en el desierto, perseguido o en la ciudad; él sabía que Dios refrescaría su ser, le visitaría, le acompañaría. Y de esa misma forma yo quiero animarte: no importa cuánto malos se pongan los tiempos, no importa cuán seco sea el desierto, no importa cuán difíciles pudieran resultar los regímenes políticos que vengan en el futuro, tú tienes una esperanza en Cristo Jesús. Y en medio del desierto tú puedes cantar su canción todavía, porque Él reina, Él gobierna, y Él te está esperando el día de tu entrada.
Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.