La conversión de Saulo de Tarso representa el cambio más extraordinario en dos mil años de historia cristiana. Un hombre enfurecido que respiraba amenazas y muerte contra los seguidores de Jesús, que daba su voto para condenarlos, que los perseguía hasta ciudades extranjeras convencido de estar sirviendo a Dios, fue interceptado por ese mismo Dios en el camino a Damasco. Mientras Saulo salía a perseguir cristianos con su corazón endurecido, el corazón misericordioso de Dios salía a perseguir a Saulo.
La rebelión es la inclinación natural del corazón humano; la misericordia es la inclinación natural del corazón de Dios. Saulo perseguía a los cristianos para darles muerte; Jesús perseguía a Saulo para darle vida. Cuando aquella luz más brillante que el sol del mediodía lo derribó al suelo, Jesús le preguntó: "¿Por qué me persigues?" No dijo "por qué persigues a mis discípulos", sino "a mí", revelando cuán identificado está Cristo con cada uno de los suyos.
La providencia divina orquestó cada detalle: Saulo ciego en Damasco, Ananías recibiendo instrucciones de ir a la calle Derecha, venciendo su temor para llamar "hermano" al perseguidor. Junto con el llamado glorioso de llevar el evangelio ante reyes y gentiles, vino también el anuncio del sufrimiento. En un solo día, Saulo pasó de rebelde a predicador, de cazador de hombres a hombre cazado por Dios, demostrando que donde el pecado es grande, el amor de Cristo es mayor.
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En su palabra, Hechos nueve, el siglo I al XX, quizás el... sin el quizás. El relato de la conversión más extraordinaria en dos mil años.
Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote, le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, así eran conocidos los cristianos, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén. Y sucedió que mientras viajaba y se acercaba a Damasco, de repente resplandeció en su derredor una luz del cielo, y al caer a tierra oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" "Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer." Los hombres que iban con él se detuvieron atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Saulo se levantó del suelo y aunque sus ojos estaban abiertos, no veía nada, y llevándolo por la mano lo trajeron a Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
Había en Damasco cierto discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: "Ananías." Y él dijo: "Heme aquí, Señor." El Señor le dijo: "Levántate, ve a la calle que se llama Derecha y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo, porque he aquí, está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista." Pero Ananías respondió: "Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuánto mal ha hecho a tus santos en Jerusalén, y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre." Pero el Señor le dijo: "Ve, porque él me es un instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre."
Ananías fue y entró en la casa, y después de poner las manos sobre él, dijo: "Hermano Saulo," ya le llama hermano, "el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo." Y al instante cayeron de sus ojos como unas escamas, y recobró la vista, y se levantó y fue bautizado. Tomó alimentos y cobró fuerzas, y por varios días estuvo con los discípulos que estaban en Damasco, y enseguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: "Él es el Hijo de Dios."
Como yo dije al principio, el texto que acabamos de leer cuenta la historia de la conversión más extraordinaria en dos mil años, en los últimos dos mil años. Y obviamente nos estamos refiriendo a la conversión de Saulo de Tarso, posteriormente conocido para nosotros como Pablo, pero ese fue el nombre con que el Señor le interceptó.
El fundador del Seminario Teológico de Westminster, Gresham Machen, escribió acerca de la conversión de Pablo lo siguiente: "Para el año 35 de nuestra era, el movimiento cristiano parecía más bien como una secta del judaísmo. Treinta años después se convirtió en una religión mundial. Su establecimiento como religión mundial puede ser atribuido al trabajo de un solo hombre: el apóstol Pablo."
Yo creo que sin lugar a dudas, como dijimos recientemente en un mensaje anterior, Dios ha cambiado el mundo un hombre a la vez. La conversión de Pablo produjo cambios monumentales en la historia del cristianismo que todavía dos mil años después se siguen sintiendo de manera extraordinaria. Lo mismo podemos decir de la conversión de Agustín en el siglo IV. Agustín es considerado como el teólogo quizás más influyente de toda la historia de la iglesia, porque todos los grandes teólogos ortodoxos han sido grandemente impactados, influenciados por Agustín. Y lo mismo pudiéramos decir de Martín Lutero hace 500 años, cómo Dios cambió la dirección que la historia llevaba a partir de un solo hombre.
Pablo pasó de perseguidor de los cristianos a perseguido por el Señor. El Señor le cayó atrás. Agustín pasó de ser un hombre promiscuo a ser un teólogo de la Palabra. Y Martín Lutero pasó de ser un hombre atormentado por su pecado a ser libertado por su gracia. Definitivamente que esas son, en mi opinión, creo que probablemente en la opinión de muchos otros, las tres más grandes conversiones de los últimos dos mil años, pero entre ellas hay una que tiene un sitio por excelencia, que es la conversión del apóstol Pablo.
Ahora, yo sé lo que pudiera estar en la mente de algunos, ya sea aquí o que nos esté viendo por el internet: "Pero esos cambios a los que ustedes se refieren, los hizo realmente Dios." Y yo no voy a debatir eso, obviamente esto fue como ocurrió. Yo no estoy hablando de quién logró los cambios, estoy hablando de cómo Dios logró los cambios. Y sin lugar a dudas lo hizo a través de estos hombres, en particular del apóstol Pablo, la figura más usada por Dios en veinte siglos de historia que la iglesia cristiana tiene. Sin el apóstol Pablo nosotros no tuviéramos quizás la mayor parte del Nuevo Testamento, porque incluso el libro de los Hechos, que es bastante extenso, tiene mucho que ver con su figura y lo que Dios hizo a través de él.
Lo que voy a hacer esta mañana es algo que ya hicimos en un par de mensajes atrás: tomar los tres nombres protagonistas de la historia, ver lo que conocemos acerca de ellos y ver cómo Dios usa a uno y al otro. Y no hay duda de que hay tres personajes: está Saulo, está Jesús, el principal, y está Ananías.
Vamos a comenzar con Saulo, porque eso es como el texto comienza en el versículo 1: "Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén."
La primera vez que nosotros escuchamos de este joven Saulo fue en relación al martirio de Esteban. El capítulo 7 nos narra cómo Esteban fue muerto a pedradas, pero se nos dice que aquellos que fueron testigos del martirio de Esteban vinieron donde alguien de nombre Saulo. Se dice que es un joven Saulo, de manera que estimamos que para esa época Saulo no podía tener más de 30 años, probablemente menos, y que ellos pusieron sus mantos a sus pies, y eso nos da una idea del liderazgo que Saulo ya estaba llevando a cabo. Pero posteriormente, cuando el capítulo 8 abre, se nos dice que Saulo estuvo en completo acuerdo con lo que acababa de ocurrir. Y ahora al abrir el capítulo 9 se nos dice que Saulo continuaba respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, que en ese momento eran conocidos como el Camino.
Ese es un nombre que se repite varias veces en el libro de los Hechos. Todavía no se les conocía como cristianos; la primera vez que fueron llamados cristianos fue en la iglesia de Antioquía, y eso aparece unos siete u ocho capítulos más adelante. Saulo amenazaba a los cristianos, pero no solamente amenazaba a los cristianos, dice que respiraba muerte. En otras palabras, Saulo procuraba apresar a estos hombres, llevarlos a Jerusalén, que fueran juzgados, e incluso, como él mismo testifica posteriormente ante el rey Agripa, procurar su muerte. Ese era Saulo, este es el hombre que está detrás de la historia.
Este hombre se había enfurecido tanto en contra del movimiento cristiano que él de manera personal había buscado permiso para llevar la persecución mucho más allá de Jerusalén. Damasco estaba como a 200 kilómetros de Jerusalén. Estaba de hecho ya fuera de la jurisdicción del Sanedrín, pero Saulo no estaba contento con erradicar a los cristianos de Jerusalén, él quería erradicarlos de toda el área alrededor. De manera que él fue donde el Sanedrín, consiguió cartas de aprobación, y ahora emprende el camino hacia Damasco, porque hasta allí él iba a perseguir a estos hombres y mujeres.
Lo increíble de la historia redentora, y a mí me sigue llamando la atención, a pesar de que lo he visto, lo he enseñado, lo he predicado, pero otra vez al revisar esto, a mí me sigue llamando poderosamente la atención que los hijos de Dios han sido continuamente perseguidos desde el principio y cruelmente eliminados. Algunos decapitados, otros crucificados, otros quemados en la hoguera, otros cortados en dos, aserrados en dos, como parece ser el caso de Isaías, de quien nos habla el libro de Hebreos, aunque no lo identifica, pero la tradición sí parece afirmar eso. Otros fueron tirados a las fieras, a veces para ser devorados como motivo de diversión de los que observaban.
Esta gente que ha muerto de esa manera no han sido los hombres crueles o asesinos del mundo. No, los hijos de Dios. Y da la impresión como si los mejores de Dios pasaran o tuvieran la peor suerte, comenzando con Cristo en la cruz. Es como la impresión que uno se queda cuando revisa la historia redentora. Y uno pensaría que ahora, de aquel lado de la resurrección, y Cristo estando de nuestro lado, como que aquellos que le seguimos debiéramos ser los triunfantes, los que prosperamos, como hablan los del evangelio de la prosperidad. Pero no es de esa manera, es todo lo opuesto.
Yo comentaba con alguien antes de irme a Cuba, que le escribía y le decía: "¿Sabes? Aquellos que hemos sometido la voluntad a nuestro Dios, frecuentemente terminamos como perdedores de este lado de la gloria." Y si hay algo que nos ayuda a entender por qué es eso, es algo que tú has oído más de una vez, que quizás has leído, pero como que nosotros no nos detenemos a meditarlo. Hermanos, nosotros estamos habitando en territorio enemigo. Esta no es nuestra patria. Este no es nuestro suelo. Y en este territorio enemigo, este territorio enemigo tiene un príncipe del aire que sabe cómo instigar al hombre para hacer la guerra contra aquellos que son hijos de Dios. Y lo increíble es que con frecuencia aquellos que han perseguido a los cristianos, a los hijos de Dios, han estado muchas veces convencidos de que sirven al mismo Dios.
El Sanedrín, los fariseos, los escribas, cuando llevaron a Jesús al juicio y lo crucificaron, lo hicieron convencidos de que estaban sirviendo no a un dios pagano, no a Moloc, el dios de aquella época que tanta gente adoraba, dios de los cananeos. No, no, no. Ellos creían que estaban sirviendo a Yahvé. Y eso no solamente pasó con Cristo, eso pasó con la Iglesia de Roma durante la época de la Reforma. Ellos estaban convencidos de que estaban eliminando a gente que eran hijos de Dios, sirviéndole a Dios. Esto no fue diferente del apóstol Pablo. Eso no ha sido diferente en muchos de estos casos.
Saulo era un hombre extremadamente religioso, sumamente religioso. Era como Saulo se describe a sí mismo cuando le escribió a los filipenses haciendo memoria de lo que él era antes de su conversión: "Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, en cuanto a la ley irreprensible. Fariseo, en cuanto al celo perseguidor de la iglesia, en cuanto a la justicia de la ley hallado irreprensible."
¿Qué es lo que Pablo está tratando de traer a colación en este versículo que él pone en evidencia en esta carta? Bueno, yo comencé bien, a mí me circuncidaron el octavo día. No venga a decirme que yo soy medio ilegítimo porque pasó un año después que me circuncidaron. No, no, el octavo día. Además de eso, yo soy de la tribu de Benjamín, yo soy un hebreo de hebreos. En otras palabras, le puedo dar para atrás a mi genealogía, ahí no hay mezcla por ningún sitio. Yo soy hebreo, hijo de hebreo, hijo de hebreo, hijo de hebreo, hasta que tú llegues a Benjamín, el hijo de Jacob. Fariseo, en otras palabras, yo formo parte de la cúpula religiosa, o formaba parte de la cúpula religiosa del pueblo, celoso con las cosas de la ley.
Si quieres saber cuán celoso yo era, yo perseguía a la iglesia de Cristo, de la cual ahora, cuando le escribí a los filipenses, yo formo parte. En cuanto a la ley irreprensible, en otras palabras, yo era quisquilloso en el cumplimiento de la ley. Si tú escudriñabas la ley, nadie podía encontrarme falto. Si hubiese sido posible ser salvo por la ley, Saulo hubiese sido tal persona. De hecho, Martín Lutero llegó a decir la misma cosa: si hubo alguien que hubiese podido ser salvo por las obras, yo hubiese sido esa persona.
Y Saulo da su testimonio en dos otras ocasiones fuera de este capítulo 9 del libro de los Hechos, porque ahora es Lucas que está relatando la conversión, pero luego Pablo tiene que ir a Damasco a encontrarse con Ananías, al cual el Señor le anunció el día que lo llamó. Y en el capítulo 26 da testimonio de quién él era delante del rey Agripa; ya lo había dado en el capítulo 22, pero no voy a entrar ahí.
Escucha lo que él le dice al rey Agripa, hablando de sí mismo: "Yo, ciertamente, había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. Y esto es precisamente lo que hice en Jerusalén. No sólo encerré en cárceles" —mira cómo dice, yo encerré, o sea que él era la persona responsable— "no sólo encerré en cárceles a muchos de los santos con la autoridad recibida de los principales sacerdotes, sino que también cuando eran condenados a muerte yo daba mi voto contra ellos." Se les está hablando en plural, no fue una sola gente, Esteban solamente. "A muchos condenados a muerte yo daba mi voto contra ellos, y castigándolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar, y enfurecido en gran manera contra ellos" —subrayen esa palabra porque este es Pablo hablando, yo enfurecido en gran manera contra ellos— "seguía persiguiéndolos aun hasta las ciudades extranjeras."
Ese es Pablo: enfurecido, perseguía a los cristianos, procuraba encarcelarlos, daba su voto en contra de ellos para que los mataran. Pero Saulo no está haciendo esto porque él sirve a un dios pagano. Saulo está haciendo esto, en su entendimiento, porque le está sirviendo a Jehová, el Dios creador, en quien él tenía depositada su confianza. Pero él tenía depositada su confianza más que en Jehová, en las obras que él podía hacer para poder cumplir con la justicia de Jehová y ser encontrado irreprensible y por tanto salvo.
Cuando Pablo despierta a la atrocidad que él había hecho y que había llegado a creer, él dice cuando escribe a los Romanos en 7:11 que el pecado que estaba en él lo mató, porque él lo engañó. Habla del pecado: "Me engañó y me mató." ¿Cómo es que el pecado me engañó y me mató? Bueno, porque el pecado me llevó a creer que yo podía cumplir con la ley, y al cumplir con la ley, ser salvo de la maldición de la ley, que yo podía hacer eso. Y por eso yo terminé muerto espiritualmente por mi pecado, por medio de la ley.
Lo que nosotros vemos en Pablo es la expresión extrema de lo que es la rebelión de cada ser humano. El ser humano de forma natural nace con una rebelión en su corazón y esa rebelión tiene grados. Y lo que tú ves en Pablo es la expresión extrema de dicha rebelión. Se cuenta que Stalin, el famoso dictador ruso, justo antes de morir estaba ya delirando, y en un momento dado, cuenta su hija, él se levantó en la cama, miró hacia el cielo —negó a Dios todo el tiempo— e hizo este gesto y cayó para atrás. Él levantó el puño a alguien que, según él, no existía. La rebelión extrema es una rebelión que existe en tu corazón y en el mío.
Hasta el punto que Dios dice a través de Pablo en Romanos 5:10 que la mente del hombre que no conoce a Dios, que no ha entregado su vida a Dios, es enemiga de Dios. Dios dice: "Mira, como hemos dicho, todas las cosas tienen dos lecturas. Si tú quieres saber cómo luce el hombre que no cree en mí, desde abajo luce simplemente como lo he creado. Desde arriba yo quiero decirte cómo luce: él es enemigo mío."
Lo extraordinario de esta historia es que la enemistad contra Dios, cuando tú entregas tu vida al Señor, termina. La rebelión de tu corazón y del mío no termina, va siendo conquistada poco a poco en la medida en que la imagen de Cristo se va formando, pero la tendencia a la rebelión continúa. Y las razones básicamente son unas: el hombre quiere ser autónomo, quiere su independencia al precio que sea, a él no le gusta rendir cuentas, aun si hay que rendirle cuentas a Dios. Si Dios dijera: "Que cada cual puede creer o no creer en mí, pero yo no lo voy a hacer rendir cuentas a nadie," hubiera más creyentes en Él. La mayoría de la gente no quiere creer en Dios porque sabe que tiene que rendir cuentas a ese Dios, y el hombre desea construir su camino todo el tiempo.
Esa es la razón por la que Frank Sinatra compuso su famosa canción "A mi manera," que siempre decimos que es el himno del infierno: "Lo hice a mi manera." Los mandamientos de Dios dice Dios no son gravosos, sin embargo nosotros nos parecen gravosos con frecuencia. Y nos parecen gravosos solamente por una razón: porque mi corazón frecuentemente quiere ir en contra de la bendición del mandamiento y entonces se le resulta gravoso.
La inclinación natural del corazón humano es la rebelión. O decirlo al revés: la rebelión es la inclinación natural del corazón humano. Es la tendencia del corazón humano a desechar los caminos de Dios porque de alguna manera entiende que el camino que Dios ha dispuesto no puede ser el mejor camino. "Es que no puede ser, Pastor. ¿Esto es lo mejor que Dios podía diseñar?" Bueno, yo no lo pensaba así, pero lo ha sentido. Y de ahí la tendencia entonces del hombre a dejar el camino real por veredas.
Eso quiso Satanás que Cristo hiciera en el desierto: que Él dejara el camino real, el camino que Dios Padre había construido, y que se fuera por una vereda, y que simplemente lo adorara ese día, y ese día iba a tener todos los reinos del mundo.
Bueno, Saulo es un hombre como ese: endurecido, convencido de que el camino que él seguía era el camino real, no la vereda, el camino real. Endurecido por su propia religión, perseguidor de los cristianos a causa justamente de su endurecimiento. Y Pablo es que de repente deja de ser perseguidor y él pasa a ser perseguido por Jesús. Perseguido por Jesús, el hombre que está matando a los discípulos de Jesús.
Piensen por un momento cómo, cómo en la misericordia de Dios, cómo es que Dios mira a Saulo desde los cielos, que tiene un corazón duro, que persigue a los cristianos, que los lleva a las cortes, que va a las sinagogas, que va a Damasco, que va a ciudades extranjeras, que los acusa, que da su voto en contra de ellos, y le extiende su misericordia. Hay una sola razón por la que eso ocurre de esa manera, de la misma manera que hay una sola razón por la que Pablo, tú y yo y el resto de los seres humanos nos desviamos del camino.
Déjame repetir la razón humana para luego abrir la razón divina. La inclinación natural del corazón humano es la rebelión; esa es la razón. Y la inclinación natural del corazón de Dios es la misericordia; esa es la razón. No hay otra. Nosotros disfrutamos hacer lo que nos place. Dios disfruta perdonar al pecador. Su corazón se rebosa cuando Él logra perdonar y hacer que un hombre que iba camino a la destrucción, o una mujer, se devuelva y encuentre esa salvación en Él.
Mientras el corazón endurecido de Pablo salió a perseguir a los cristianos, el corazón misericordioso de Dios salió a perseguir a Pablo. Aquí hay una doble persecución: tú persigues a mis hijos con tu corazón pecaminoso, y yo persigo al perseguidor de mis hijos con mi corazón misericordioso. Adivina tú quién ganó.
Y sucedió en el versículo 3: que mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente resplandeció en su derredor un luz del cielo. Y al caer a tierra, oyó una voz que le decía: "¡Saulo! ¡Saulo! ¿Por qué me persigues?" Y él dijo: "¿Quién eres, Señor?" Y respondió: "¡Yo soy Jesús, a quien tú persigues! Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer." Los hombres que iban con él se detuvieron atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Pablo se levantó del suelo y aunque sus ojos estaban abiertos, no veía nada. Y llevándolo por la mano, lo trajeron a Damasco y estuvo tres días sin ver y no comió nada.
Esta es la introducción a nuestro próximo personaje y el más importante: Jesús. La rebelión de Saulo era grande, el amor de Jesús fue mayor. Así dice la canción en inglés; en la traducción se pierde cuando habla de "precioso nombre" por "the powerful name": si mi pecado era grande, su amor era mayor. Mi pecado fue grande, su amor fue mayor. Y eso es lo que tú estás viendo en la vida de Pablo. Y por eso esta mañana yo te voy a decir: nosotros hemos pecado grandemente y gravemente, pero Jesús nos ha amado infinitamente e incondicionalmente. Como decir: nosotros hemos pecado gravemente y severamente, pero Jesús nos ha amado infinitamente e incondicionalmente.
Jesús interceptó a Pablo en el camino de la rebelión cuando él no quería saber ni de Dios, ni de Jesús, ni de sus hijos. En el relato que le hace a Agripa en Hechos 26, él dice que era el mediodía. Eso nos da una idea. De manera que el sol estaba resplandeciente, la luz que le salió al camino era más fuerte que la luz del sol. Y él dice que lo oyó en hebreo, no en ningún otro idioma, no en arameo que era el lenguaje del pueblo, en el lenguaje religioso del pueblo, en hebreo. Lo oyó en hebreo. Dice que vio una luz como que le rodeaba. Yo no sé exactamente cómo lucía, pero yo me imagino que para dondequiera que él vio había luz. Es como si Dios le estuviera diciendo: de esta no te me escapas. Y oyó una voz: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Él dijo: "¿Quién eres, Señor?" Y le respondió: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues."
No creo que Pablo tenía idea de que al perseguir a los seguidores de Jesús, perseguía personalmente a Jesús. Eso nos da una idea y es una enseñanza de cuánta es la identificación de Jesús con su iglesia y con cada redimido por su sangre. Que perseguir a un redimido es perseguirlo a Él. Nosotros estamos permanentemente o eternamente unidos a Cristo de tal manera que Jesús no tiene por qué preguntarle a Saulo: "¿Por qué persigues a mis discípulos?" No, no, no. "Tú me persigues. Yo soy Jesús, a quien tú persigues."
En el relato que le hace a Agripa, Hechos 26, dice que la voz le dijo: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón." Es una expresión que se usaba en la antigüedad para hablar de algo como esto: los bueyes, a veces los caballos, los burros o asnos, eran arreados adelante con una especie de fuete, le llamamos nosotros un látigo. Pero había otro instrumento que era puntiagudo, con el cual a veces se pinchaba en ellos para hacerlos ir más rápido, o si querían detenerse en algún lugar o a comer. Y entonces cuando esa punta, ya me entiende, la punta era muy aguda y le dolía. Pues el buey como que pateaba, pero muchas veces al patear lo que hacía era que se daba con la misma punta otra vez y ahora le dolía más. Y esa era una expresión para decir: te es inútil luchar contra Dios, en este caso. "Dura cosa te es, Pablo, querer seguir guerreando contra mí. Me persigues."
Yo creo que aquí hay otra enseñanza práctica, es que nosotros podamos entender que cuando nosotros hablamos de la iglesia de Cristo, como a veces hablamos de la iglesia de Cristo, yo tengo extremo cuidado en lo que digo y lo que no digo porque es una afrenta personal a la persona de Cristo. Por eso es que Jesús habla a través de Pablo, cuando en sus epístolas trata tan severamente en contra de la división de la iglesia, porque es algo personal contra su persona. Yo creo que tú y yo necesitamos seguir creciendo en una mejor idea, una idea mucho más sublime de lo que la iglesia representa para Dios.
Por eso es que la iglesia de Corinto pudo haber sido una iglesia carnal, pudo haber sido una iglesia en pecado, abusó de los dones. Pero cuando Pablo les habla, se refiere a los santos en Corinto y les dice que les ama continuamente. En un momento dado, mientras ellos le rechazaban, él decía: "Por favor, ábranme el corazón, ábranme espacio en su corazón." Pablo sabía que esta iglesia era una iglesia que Jesús había comprado.
Y Jesús intercepta a Pablo en el momento en que Pablo está tratando de detener el avance de la iglesia hacia el norte. Es interesante porque Dios está haciendo algo, como vimos la vez anterior, en Samaria. Y entonces ahora Dios saca a Felipe de Samaria y se lo lleva hacia el sur, en el momento en que Pablo está tratando de detener el avance de la iglesia hacia el norte. Pablo quiso detener el avance de la iglesia cristiana, pero Jesús lo detuvo a él. Dice: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón." Dos mil años de historia muestran que nuestro Dios es indetenible. El hombre se deleita en rebelarse contra Dios porque la rebelión es su inclinación natural. Dios se deleita en salvar rebeldes porque la misericordia es su inclinación natural.
Como fruto de ese encuentro con esa luz más brillante que la luz del sol, Pablo queda ciego por tres días. Y hay algo que tú puedes ver: cuando Dios le cae atrás a un hombre, lo puedes ver en la historia de la Biblia, lo puedes ver en la historia de la iglesia. Que si Dios tiene que tumbarte al suelo para salvarte, te va a tumbar. Si Dios tiene que dejarte ciego temporalmente para librarte de tu propia destrucción, Él te va a dejar ciego. Si Dios tiene que quebrantarte hasta el punto cuando tú entiendes que ya no puedes seguir más, para librarte justamente del camino a la destrucción hacia donde tú ibas, Él lo va a hacer.
Y ciertamente esto es algo que se me ocurrió y lo quise poner en estas palabras: la misericordia de Dios es severa, pero es severamente amorosa. La misericordia de Dios es severa, pero es severamente amorosa. Es una misericordia que tumba a un Pablo al suelo para rescatarlo de su perdición. Es una misericordia que es capaz de dejar ciego a aquellos que no quieren saber de Él. Es una misericordia que es capaz de dejar a los hombres débiles con la intención de hacerlos volver en sí. Es una misericordia con una fuerza de atracción invencible. ¿Tú no quieres despertar a la misericordia?
Saulo perseguía a los cristianos para darles muerte. Jesús perseguía a Saulo para darle vida. ¿Puedes ver el contraste? Saulo para darles muerte, Jesús para darle vida. La misericordia de Dios es inagotable.
No sé si recuerdan esta historia, la conté hace un tiempo atrás, pero muchos probablemente no la escucharon, otros la olvidaron, yo casi la olvidé, por eso se la cuento. Robert Ingersoll, un abogado, veterano de la guerra civil en Estados Unidos, ateo, en contra de la Biblia, estaba dando una charla en contra de la Biblia y en contra de Jesús. Y en su arrogancia típica del corazón humano, él saca su reloj y lo muestra. Dice: "Voy a darle a Dios cinco minutos para que muestre que Él existe, y yo voy a demostrar en esos cinco minutos que Él no existe." Sus cinco minutos pasaron y Dios no hizo nada. Y entonces él dice: "Acabo de mostrar que Dios no existe." Una persona, un caballero que estaba presente durante la reunión, cuando va saliendo se encuentra con una señora y le dice: "Ingersoll probó algo esta noche." Y la señora respondió: "Sí, claro, él probó que Dios no recibe órdenes de ateos." Ese es nuestro Dios.
J. I. Packer, el teólogo todavía con nosotros en sus noventa años, ha oído la historia y él comentó lo siguiente. Dice: "Ese caballero pensó que podía agotar la paciencia y la misericordia de Dios en cinco minutos." La misericordia de nuestro Dios es infinita. Que cuando nosotros lo probamos y lo probamos y lo probamos, cuando hemos hecho todo para que Él nos deje a un lado y nos deseche, Él decide extendernos misericordia. ¿Qué es la paciencia y la misericordia de Dios que te lleva al arrepentimiento? Romanos 2. ¿Escuchaste? Es la paciencia y la misericordia de Dios que te lleva al arrepentimiento. Tú y yo nos vamos a alinear, nos queremos encontrar la justicia, pero la que te lleva al arrepentimiento es su paciencia, su misericordia.
Ananías es el tercer personaje. "Había en Damasco cierto discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo: Ananías. Él dijo: Heme aquí, Señor. El Señor le dijo: Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo, porque he aquí, está orando. Y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías que entra y pone las manos sobre él para que reciba la vista."
Hasta ahora nosotros hemos visto que la inclinación natural del corazón humano es la rebelión, la inclinación natural del corazón de Dios es la misericordia. Y ahora yo quiero decir que la providencia es la forma natural de Dios obrar. Recuerda que la providencia, cuando hablamos de la providencia, es la orquestación de parte de Dios de todos los eventos de la historia del hombre para que coincidan en la realización de los propósitos de Cristo.
Entonces, esto es lo que Cristo está haciendo vía su providencia. Él intercepta a Pablo camino a Damasco. Aquí está Damasco, aquí está Pablo. Intercepta a Pablo, trata con Pablo, le dice: "Vete a Damasco." Pero en Damasco Él tiene un discípulo que se llama Ananías. Y como Dios orquesta providencialmente todo lo que está organizando para que los propósitos de Él se cumplan en Cristo Jesús, Él no solamente está tratando con Pablo, Él está tratando con Ananías. Y va y se le aparece a Ananías, le habla a Ananías. Esto es lo único que sabemos de Ananías. No habíamos oído de Ananías anterior a este pasaje y jamás lo vamos a volver a escuchar.
En la historia redentora hay muchos hombres y mujeres cuyos nombres desconocemos. En el reino de los cielos conoceremos sus galardones, que trabajaron detrás del telón, que trabajaron detrás del escenario. Y cuando Dios levanta el telón en el reino de los cielos, quizás muchos de los que estábamos delante no tendremos la estatura de algunos de ellos que estuvieron detrás. Y Dios obró providencialmente en Saulo, obró providencialmente en Ananías.
Y eso fue exactamente lo que hizo con Moisés. Moisés es llamado por Dios y Dios le dice: "Vete a Egipto, voy a rescatar esa tierra, el lamento, el clamor de ellos ha llegado hasta mí." Moisés comienza a regatear con Dios, dice: "Dios, es que yo no soy muy verbal, cuenta en palabras." Y Dios le dice: "Mira, hay una cosa: vete ya. ¿No está allá tu hermano?" Aarón estaba allá en Egipto, y cuando él te vea se va a alegrar; es más, él viene de camino a encontrarse contigo. Dios obró y le habló a Moisés, y providencialmente estaba hablando a Aarón y le dice a Aarón: "Tú vete al desierto para que se encuentren." ¡Wow! Tenía 40 años en el desierto, 40 años sin ver a su hermano, y Dios providencialmente estaba logrando su unión con un propósito, porque la providencia es la forma natural de Dios obrar sus propósitos.
Ananías recibe esta voz de parte de Dios. Él tiene dudas, obviamente tiene razones para tener dudas. ¿Y si este Pablo es un infiltrado? ¿Si este Pablo quiere infiltrarse, entrar en la iglesia como otro Judas? Él tiene dudas, él tiene temor. Lo que yo he oído de Pablo es que él es un hombre duro, cruel, perseguidor de la iglesia. "Señor, ¿Tú estás seguro que es a donde él que Tú me estás enviando?"
"He oído de muchos acerca de este hombre," en el versículo 13, "cuánto mal ha hecho a tus santos en Jerusalén. Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre."
Quizás Ananías no estaba tanto cuestionando a Dios como dudoso, y realmente él estaba entendiendo bien lo que se le estaba diciendo. Y él está como vacilando, y Dios responde a la vacilación de Ananías, le dice: "Ve. ¿Por qué? Él me es un instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre."
¡Wow! "Ananías, yo sé, ese reporte que tú me das sí es verdad, es así, pero yo acabo de interceptarlo cuando él venía para Damasco, quizás a prenderte a ti mismo, quizás con cartas buscándote a ti. Y ahora él es otra cosa. Ve, porque él me es un instrumento escogido."
La selección soberana de sus instrumentos siempre ha sido la manera natural de Dios llevar a cabo la evangelización del mundo. Saulo sería de aquí en adelante el instrumento número uno para comenzar a extender lo que parecía en el año 35 como una secta del judaísmo y convertirlo en una religión mundial 30 años después. Este hombre va a llevar mi Evangelio delante de reyes, delante de gentiles y de los hijos de Israel.
Saulo no llenó una aplicación para este trabajo. Saulo tampoco dijo: "Yo me ofrezco como voluntario." No, no, no. "Saulo, yo te he elegido y te he dado el trabajo que tú vas a realizar, porque esa es mi forma natural de yo obrar de manera soberana."
Y junto con el llamado fabuloso de llevar el Evangelio a príncipes, reyes y gentiles, uno esperaría como que Dios lo transportara por el aire de un lugar a otro, porque aquí viene tu siervo el hijo del rey y tiene que ser un príncipe. No, no, no, no, no. "Saulo, escucha. Yo te voy a mostrar también cuánto vas a padecer por mi nombre." O sea que tengo que trabajar para ti, también tengo que sufrir para ti.
¿Cómo es posible que Dios llame a un hombre a trabajar para Él y junto con el llamado le diga: "Mira, aquí está tu responsabilidad: proclamar el Evangelio, y aquí está tu privilegio: sufrir por mí"? A nosotros nos ha sido concedido no solamente creer en Cristo, sino también sufrir por Él. Pero es una de las cosas que hemos visto en la vida de José, de Moisés, de Daniel, de Isaías, de Jeremías, de Pablo. Todos los que hemos sido llamados a trabajar por Él en aras del Evangelio tenemos que recordar que estamos ocupando territorio enemigo y, como consecuencia, seremos perseguidos de una y otra manera.
Cuando tú y yo sufrimos por su causa y sufrimos bien, nuestro sufrimiento se convierte en el amplificador más poderoso de la verdad del Evangelio y de la gracia de Dios. El ladrón en la cruz tiene a Cristo a un lado y el otro ladrón del otro lado, Cristo en el medio. Y este ladrón está oyendo al otro cómo está muriendo maldiciendo, y está viendo y oyendo a Cristo cómo está muriendo perdonando. Y él reprende al otro y le dice que nosotros estamos aquí porque nos merecemos esto, pero este es un hombre justo que nada malo ha hecho. Y terminó creyendo y siendo salvo. Él terminó siendo convencido por la manera como Cristo sufrió en la cruz.
El centurión, al pie de la cruz, al final terminó diciendo: "Verdaderamente este es el Hijo de Dios." ¿Qué fue lo que viste? "Yo vi a un hombre clavado en dolor perdonando a quienes le clavaron. Este era el Hijo de Dios."
Inclinación natural de Dios, el corazón de Dios: este es el enemigo y su misericordia aun contra los peores que han comprometido su nombre o pisoteado su nombre. El llamado que Dios nos ha hecho no es simplemente a sufrir, es a sufrir bien, a sufrir gloriosamente, a sufrir poderosamente, gloriosamente, con propósito. Perdón, a sufrir manteniendo, poniendo de manifiesto el poder de la gracia que es capaz de sostener a un hombre clavado en una cruz bendiciendo a los clavadores, si pudiéramos llamarlos así.
Quinta de una historia, quizás es simplemente una historia, pero de este hombre que ha seguido a Dios fielmente. Y un día viene un amigo, de los que no creían en el Señor, se sienta en una silla frente a él y le dice: "Yo no puedo creer que tú sigas a este Dios. Mira dónde te tiene, mira lo que estás sufriendo. Tu salud no está bien, tu finanza tampoco. Mira la precariedad de tu vida, mira las dificultades y vicisitudes por las que tú estás atravesando. ¿Por qué no te olvidas de ese Dios? Ese Dios no existe."
Y el amigo le dice: "Mira, de vez en cuando Satanás viene y se sienta en esa misma silla donde tú estás sentado y me dice las mismas cosas. Yo lo tomo por la mano y lo llevo a la cruz y le enseño su corona de espinas, y le enseño sus clavos, y le enseño su herida en el costado. Y entonces le pregunto: '¿Tú me vas a decir que Él no me ama?' Puede irse de regreso al infierno."
Nuestro Dios no solamente elige soberanamente sus instrumentos, sino que Él elige soberanamente los sufrimientos a través de los cuales yo debo atravesar. Nuestro Dios no solamente elige sus instrumentos, sino también los sufrimientos. Mas cuando estamos en medio de esas circunstancias, Dios no nos da explicaciones. Para eso no fuiste a un seminario o a una universidad en la educación secular, sino que tú has venido al corazón de Dios, y Él te dice: "Confía, confía en mí, en mis propósitos, en mi gracia, en mi providencia, en mi sabiduría, en mi poder y en mi amor. ¿Qué me cuestionas cuando he dado a mi Hijo por ti? Cuando eras mi enemigo, cuando no querías saber de mí, cuando hablabas mal de otros que ya eran mis hijos, ¿y me cuestionas?"
Ananías fue instruido para que fuera a la calle llamada Derecha, entrar a una casa de un hombre llamado Judas, y se iba a encontrar ahí con Saulo. Y Saulo estaba orando, dice el texto. Ananías fue y entró en la casa. Después de poner las manos sobre él, le dijo: "Hermano Saulo." Ananías pasó de la vacilación a la confirmación: "Este es mi hermano. Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo."
No solamente recobres la vista física que has perdido, Saulo, para que recobres la vista espiritual que no tenías. La ceguera que tú tenías, que te llevaba a perseguir a los hombres, en este fin de semana, o en este tiempo, en estos tres días, tú la vas a perder también, de manera que vas a ver físicamente y vas a ver espiritualmente, porque serás lleno del Espíritu.
Al instante cayeron unas escamas de sus ojos. No sabemos qué fueron, pero algo que le sirvió de símbolo a Ananías de que había algo que estaba impidiendo su vista. Y él recobró la vista, y se levantó, y fue bautizado. El texto no dice quién lo bautizó; yo asumo que Ananías. Imaginas el privilegio de haber bautizado a Saulo. Tomó alimentos y cobró fuerzas, y por varios días estuvo con los discípulos que estaban en Damasco. Y enseguida se puso a predicar a Jesús en la sinagoga, diciendo: "Él es el Hijo de Dios."
Recobró la vista, fue lleno del Espíritu, comió, cobró fuerza, fue bautizado, fue lleno del Espíritu. En un solo día, Saulo pasa de ser rebelde a predicador, de ser un hombre que odiaba a los que seguían a Cristo para pasar a ser un hombre odiado por otros. Pasó de ser un hombre perdido a un hombre salvo, de un hombre resentido contra Dios a un hombre con sentimientos por Dios, de un hombre que cazaba a hombres a un hombre cazado por Dios. Dios lo capturó como si fuera una presa.
Es el final de esta historia, el comienzo de la vida de Pablo, el apóstol. Como un cierre, yo quiero recordarte cuatro o cinco cosas que ya dijimos. Si este es mi cierre, para que te las lleves como reflexión y puedas comenzar a aplicarlas a tu vida, a tu corazón, en la medida que tú rumias esto y piensas de qué forma esto se aplica a mí.
Número uno: la rebelión es la inclinación natural de tu corazón y del mío, del corazón humano. Número dos: la misericordia es la inclinación natural del corazón de Dios. Número tres: la providencia es la forma natural de Dios obrar. Número cuatro: la elección soberana de sus instrumentos siempre ha sido la manera natural de Dios llevar a cabo la evangelización del mundo.
Número cinco: Dios no solamente elige de manera soberana sus instrumentos, sino que elige también de forma soberana los sufrimientos a través de los cuales tenemos que ir.