Integridad y Sabiduria
Sermones

La redención: de judíos a gentiles

Miguel Núñez 1 julio, 2018

El plan de salvación siempre tuvo un orden divino: primero a los judíos, luego a los gentiles. Pablo lo sabía, y por eso comenzó su predicación en Antioquía de Pisidia dirigiéndose a la sinagoga. Pero cuando los judíos rechazaron el mensaje y blasfemaron contra él, Pablo pronunció palabras que marcarían un punto de definición en la historia de la iglesia: "Ya que ustedes no se consideran dignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles". Y sacudiéndose el polvo de los pies, él y Bernabé partieron hacia nuevos territorios.

Lo extraordinario de aquel primer sermón fue el hambre espiritual que despertó. La gente no pudo esperar al siguiente día de reposo; siguieron a Pablo ese mismo día, rogándole que continuara hablando. Y cuando llegó el sábado siguiente, casi toda la ciudad se reunió para escuchar la palabra. Ese hambre es obra del Espíritu, el estado natural de quienes han nacido de nuevo. Pero con frecuencia los hijos de Dios pierden ese apetito porque se llenan de las ofertas del mundo, comida que llena pero no satisface.

El crecimiento trajo oposición. Los judíos, llenos de celos ante la multitud, instigaron a personas influyentes y expulsaron a los predicadores. Pero no pudieron expulsar la palabra ya sembrada. Y mientras tanto, "creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna", un texto que revela cómo Dios ha determinado la salvación desde la eternidad. Los discípulos, lejos de desanimarse, permanecieron llenos de gozo y del Espíritu Santo, porque hay una relación directa entre la llenura del Espíritu y la experiencia del gozo, incluso en medio de la tribulación.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Muy buenos días, amigos! Para mi vida es su palabra. Voy a invitarlos a que abran la Palabra de Dios en el libro de los Hechos, que estamos siguiendo en esta serie. En el capítulo 13 estamos hoy; vamos a estar leyendo eventualmente a partir del versículo 42 hasta el final. Pero quisiera, a manera de introducción, antes de resumir algunas cosas de los últimos dos mensajes, recordar un versículo que está relacionado a lo que yo tengo que compartir en esta mañana.

Es un versículo que algunos de ustedes lo conocen de memoria y tiene que ver con la carta de Romanos, en el capítulo 1, versículo 16, donde Pablo dice: "Yo no me avergüenzo del Evangelio, pues es poder de Dios para salvación, del judío primeramente y también del griego o gentil", dependiendo de la traducción que usted tenga. Esa última parte del versículo, "del judío primeramente y también del gentil", es algo que quizás tú puedas entender mejor en el día de hoy cuando nosotros pongamos el pasaje, y por eso comencé haciendo alusión a este texto tan conocido de Romanos 1:16.

Pero antes de entrar al texto propiamente, yo quisiera recordarte que en las últimas dos semanas habíamos estado exponiendo el sermón que Pablo predicara en Antioquía de Pisidia, el primer día de reposo que Pablo y Bernabé habían llegado a aquella localidad. Lo primero que Pablo hizo fue revisar la historia del pueblo hebreo, comenzando con los patriarcas y llegando hasta David, para entonces hacer un salto de mil años y llegar a la persona de Jesús, porque su interés primario era poder presentar a Cristo como descendiente de David y como el Mesías que había sido anunciado desde tiempos antiguos. Al final, entonces, Pablo hace una advertencia a aquellos burladores e incrédulos que estaban presentes, y con eso él como que cierra su mensaje y se dispone a salir de la sinagoga, y eso es exactamente donde nosotros lo vamos a tomar hoy.

A pesar de que voy a cubrir del versículo 42 al 52, yo voy a permitirme hacer lo mismo que he hecho en sermones anteriores, que es caminar contigo a lo largo del pasaje y exponerlo y aplicarlo, en vez de leer el texto completo de una sola vez. De tal forma que vamos a comenzar leyendo a partir del versículo 42 hasta el 44 de Hechos 13. Yo he titulado el mensaje "La salvación de judíos y gentiles", para que tú puedas ver en el texto por qué hemos seleccionado ese título y puedas ver por qué comencé citando Romanos 1:16.

"La salvación de judíos y gentiles." Leemos entonces del versículo 42 al 44 de este capítulo 13 del libro de los Hechos: "Al salir Pablo y Bernabé, la gente les rogaba que el siguiente día de reposo les hablara de estas cosas. Y terminada la reunión de la sinagoga, muchos de los judíos y los prosélitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles los instaban a perseverar en la gracia de Dios. El siguiente día de reposo, casi toda la ciudad se reunió para oír la Palabra del Señor." Y ahí nos detenemos un momento.

Tú lees este texto y casi inmediatamente te percatas de que algo especial debió haber ocurrido en esa predicación. Pablo debió haber estado bajo la unción del Espíritu de Dios para haber predicado de tal manera que, al final de esa predicación, algo que era completamente nuevo para aquellos que estaban allí oyendo, ellos pudieran pedirle que regresara al próximo día de reposo para escuchar la proclamación de la Palabra otra vez. Pablo y Bernabé salen de allí, pero nota que hay algo que el Espíritu está haciendo de tal manera que ellos ni siquiera pudieron esperar hasta el próximo día de reposo, porque el texto nos dice que ellos siguieron a Pablo, y vamos a ver un poquito de eso en un momento. Pero quiero enfatizar que tú no tienes una respuesta de esa manera sin que el Espíritu de Dios esté obrando activamente.

Esta gente quedó con hambre, quedó con el hambre de la Palabra en su mente, en su corazón. Y esa hambre de la Palabra que ellos experimentaron es el fruto del obrar del Espíritu de Dios. Es el estado natural de aquellos que han nacido de nuevo, es el estado natural de aquellos que son nueva criatura, es el estado natural de aquellos que han estado oyendo la voz de Dios en su Palabra, es la inclinación natural de aquellos que han estado caminando en el Espíritu y que por tanto han estado sintonizados al Espíritu de Dios.

Lo que ocurre con frecuencia es que ese hambre natural que el Espíritu produce en los hijos de Dios frecuentemente no está presente, por la misma razón por la que muchos niños y aún adultos, a la hora de las comidas principales, tampoco tienen hambre. Y es que entre una comida y otra han consumido chatarra, han consumido comida del mundo. De esa misma forma, espiritualmente hablando, creo que muchos de los hijos de Dios hemos estado satisfechos con las ofertas que el mundo nos hace, y nos comemos sus ofertas: ofertas que nos llenan pero que no nos satisfacen, ofertas que no están diseñadas para calmar el hambre del alma; sin embargo, tentativa o temporalmente, sí nos producen un cierto estado de llenura que entonces no nos permite disfrutar del hambre de su Palabra.

Yo quisiera exhortarte a que no te llenes de aquello que Dios desechó, a que no te llenes de aquello que quizás ha sido diseñado para llenar los deseos de aquellos que son cabritos, pero no los deseos de los hijos de Dios. No podemos olvidar que en el libro de Deuteronomio, capítulo 8, escrito un mes o dos antes de cruzar el río Jordán y antes de entrar a la Tierra Prometida, Dios le recuerda al pueblo hebreo algunas cosas. Él comienza diciéndole en ese capítulo 8: "Recuerda que te saqué al desierto para probarte, para humillarte, para saber lo que había en tu corazón. Y te dejé pasar hambre." El hambre que pasaste en algún momento no fue simplemente un accidente; yo te dejé pasar hambre para que aprendieras que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¿Cuál es la relación, pastor, entre el hambre física que Dios les dejó pasar y el hambre espiritual detrás de la cual Dios estaba? Es que el día que tengas hambre, como pasó en el desierto, me buscarás, me clamarás, yo responderé, yo te llenaré, y tú entonces me conocerás. Y cuando me conozcas me buscarás, y cuando me busques tendremos una relación, porque para eso yo te saqué al desierto en primer lugar. Y te dejé pasar hambre para que aprendieras que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

El versículo 43 de este texto nos deja ver que se produjo un hambre ese día. Mira cómo lo dice el texto: "Terminada la reunión de la sinagoga, muchos de los judíos y de los prosélitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles los instaban a perseverar en la gracia de Dios." Habían judíos y habían prosélitos; estos prosélitos eran gentiles que habían abrazado el judaísmo. Terminada la reunión, ya habían pedido que regresaran al próximo día de reposo, pero no esperaron a ese día para seguir escuchando, sino que siguieron a Pablo y a Bernabé y les rogaban que continuaran hablando, aun ese mismo día, de las mismas cosas que habían estado hablando en la sinagoga.

El texto entonces nos dice que Pablo y Bernabé los instaban a que perseveraran en la gracia de Dios, lo que para mí implica que ellos entendieron que ya algunos habían creído, porque Pablo no les dice que crean en el Evangelio o que crean en la gracia de Dios, sino que los instaba ahora a perseverar en la gracia. Y para yo perseverar en la gracia de Dios, eso presupone una creencia previa. De manera que tú puedes ver que Dios estaba activamente obrando: esta gente responde al Evangelio, pide que regresen el próximo día de reposo, otro grupo decide seguir a Pablo ese mismo día, y ese mismo grupo escucha de parte de Pablo y Bernabé que lo que les toca ahora es perseverar en la gracia de Dios.

En un solo sermón —yo lo decía en el grupo anterior— nunca subestimes lo que Dios puede hacer en un solo sermón. La expansión de la fe cristiana ha ocurrido un sermón a la vez; no una campaña a la vez, un sermón a la vez. Pedro predica un sermón en una ocasión y 3.000 personas creyeron, y esas 3.000 personas venían de diferentes localidades; luego se regresaron a sus localidades, y a donde ellas fueron, allí llevaron la Palabra de Dios.

Quizás una buena ilustración de lo que un solo sermón puede hacer en la expansión del Evangelio es la vida de Juan Wesley. Juan Wesley era un evangelista de Inglaterra que cruza el Atlántico y va hasta las colonias de Estados Unidos a predicar y evangelizar. A su regreso, el barco entra en medio de una tormenta terrible. Juan Wesley está lleno de temor, pero ve que hay otro grupo de cristianos, llamados los moravos —no estoy seguro de la traducción al español—, que están tranquilos y están en paz, están orando, y él se da cuenta de que hay algo diferente entre él y esos otros.

Posteriormente, de regreso ya en Inglaterra, en un día del año 1738, a Wesley lo invitan a escuchar las lecturas de los comentarios que Martín Lutero había escrito acerca del libro de Romanos. Martín Lutero no solamente había escrito un comentario acerca del libro de Romanos, sino que le había hecho un prefacio, un prólogo al libro. Y mientras leían ese prólogo, Wesley testifica que algo extraño le ocurrió: que él sintió como una sensación de calor interno, y posteriormente él testificó que entiende que se convirtió ese día, mientras leían el prefacio de los comentarios de Martín Lutero acerca del libro de Romanos.

¿Por qué te cuento toda esa historia? Porque Wesley es considerado como el líder del avivamiento más grande que Inglaterra haya tenido en un momento dado. Historiadores entienden que lo que detuvo a Inglaterra de pasar por una revolución como la Revolución Francesa fue el avivamiento encabezado por Juan Wesley.

En una ocasión leí el prólogo de un comentario acerca de un libro de la Biblia: "Nunca subestimes lo que Dios puede hacer con un solo sermón." Y eso es exactamente lo que tú estás viendo en este caso, donde Pablo predica un sermón el primer día de reposo que él está en Antioquía de Pisidia, y las cosas comienzan a ocurrir y la gente le está siguiendo hasta que llega el siguiente día de reposo. Pero el versículo 44 nos dice que casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra del Señor. Quizás sea un poco hiperbólico, quizás. Pero obviamente fue una gran muchedumbre, ya no podrían caber en la sinagoga, de manera que nos imaginamos que esto ocurrió en un espacio abierto, con miles de personas.

Y cuando tú sigues leyendo, es obvio que hay una expansión de la fe cristiana, pero junto con la expansión hay una oposición a la fe. Y para mí eso es uno de los grandes misterios de Dios: cómo es que un Dios soberano, omnipotente, que lo conoce todo, permite que el crecimiento y la expansión de la iglesia siempre ocurra en medio de la oposición, y con frecuencia a un costo tan alto como el que se ha pagado: gente quemada en la hoguera, gente fiel, hijos de Dios, gente crucificada, gente traspasada con espada, tirada a fieras salvajes. Parecería como que Dios no tiene el poder para parar esas cosas, o no tiene el deseo de hacerlo.

Y mientras meditaba, yo creo que comencé a ver algo de luz acerca de por qué Dios hace eso. Yo creo —y tendrá otras razones que revelarnos— pero yo creo que en parte la iglesia se forma como se forma el diamante: en las profundidades de la tierra, bajo grandes presiones y altas temperaturas. La iglesia surge en medio de grandes presiones, la iglesia verdadera, y bajo fuertes temperaturas, porque yo creo que el calor elimina nuestras impurezas y la presión nos da la firmeza como iglesia. Y eso es exactamente lo que tú ves a lo largo de dos mil años de historia.

Ahora nota que cuando el crecimiento ocurrió, cuando casi toda la ciudad vino el próximo día de reposo, también aparece el primer peligro de nuestro texto. Porque cuando los judíos vieron la mucha dumbre, se llenaron de celos y blasfemando contradecían lo que Pablo decía. Tan pronto la iglesia comenzó a crecer, y ya no es un puñadito sino una muchedumbre, eso produjo celos. Si hubiese permanecido un pequeño movimiento, quizás no hubiese sido un problema; quizás hubiese sido una buena cosa para los burlones de la fe poder decir: "ni crecen, son tres gatos." Pero tan pronto hubo crecimiento, ya es otra situación, ya ahora hay celos.

Yo creo que no hay nada que cause más celos en el otro que ver a ese otro tener éxito. No hay nada que cause más celos que ver al otro tener éxito. De hecho, pudiéramos decir, lamentablemente, que no hay nada que cause más celos muchas veces que ver a otro cristiano tener éxito, ya sea en tu propia iglesia o en otra iglesia. Como que los celos son esa reacción natural pecaminosa del hombre caído al éxito ajeno. Yo creo que nosotros no estamos listos para el reino de los cielos hasta que no estamos prestos a celebrar el éxito del otro. Tú nunca has visto a nadie experimentar celos por el fracaso del otro. No, son los celos por el éxito del otro, es ver que le va bien a ese otro, es ver que ese otro está siendo aplaudido, aprobado o promovido por encima de mí.

Y esa es la razón por la que tú y yo necesitamos aprender a celebrar el éxito del hermano, de la otra iglesia, del otro ministerio, porque así es como Dios crece su obra en diferentes lugares a través de diferentes personas. Esta gente comenzó a ver la muchedumbre, comenzó a ver el movimiento crecer, y eso produjo celos en ellos, hasta el punto que el texto dice que blasfemaron.

¿Cuándo nos condenan a nosotros? La reacción natural cuando yo me siento condenado, criticado, cuando me siento rechazado, la reacción humana natural es una de intimidación. Tú has estado ahí, yo he estado ahí. Es como si de repente ese otro se volviera gigante y Dios se volviera pequeño. Es como si de repente yo viera a ese otro en vez de ver a ese otro a través de Dios. Esa es nuestra reacción natural.

Pero cuando tú lees el texto, esa no fue la experiencia de Pablo y Bernabé. Pablo y Bernabé habían sido enviados por el Espíritu Santo desde Antioquía de Siria. Anterior a este envío nosotros habíamos leído que Pablo y Bernabé estaban llenos del Espíritu, y entonces esos dos hombres llenos del Espíritu, al ser blasfemados, al ser criticados, escucha ahora en el versículo 46 y siguientes cómo ellos reaccionaron. Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor, no con temor sino con valor, y dijeron:

"Era necesario que la palabra de Dios os fuera predicada primeramente a vosotros. Pero ya que la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Porque así nos lo ha mandado el Señor: te he puesto como luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra."

Ahí lo tienen. Esto tiene a Pablo y Bernabé siendo blasfemados, y en vez de reaccionar con intimidación, reaccionan con valor, e incluso continúan y les dicen: "Ya que ustedes no quieren esta palabra, ya que ustedes no se han considerado ni siquiera dignos de la vida eterna, entonces nosotros nos volvemos a los gentiles." Voy a explicar eso un poco más en un momento, pero quisiera recordarnos a todos que el temor es algo de la carne, es algo propio de la carne. El valor es un fruto del Espíritu. El temor es el fruto de ver las circunstancias; el valor es el fruto de ver al Dios que controla las circunstancias.

El temor en ocasiones es el fruto del cansancio. Yo he estado ahí: Elías cuando derrotó a los 450 profetas de Baal, terminó cansado, y luego se sintió intimidado por una sola mujer, como nosotros sabemos. Pero el valor es el fruto de ser renovado por el Espíritu de Dios. De manera que tú puedes ver el contraste entre el temor y el valor: el temor es el fruto de no sentirnos en control, y yo decía más temprano que no sé por qué nosotros en ocasiones nos sentimos fuera de control, porque nosotros nunca hemos estado en control. Pero el valor es el fruto de verte en las manos del Dios que controla cada una de nuestras vidas, que incluso controla cada átomo que se mueve en todo el universo. Cuando te ves en Sus manos, tú cobras valor.

Entonces Pablo comienza a explicar el diseño del plan de redención y les dice: era justo, era apropiado, adecuado, que nosotros trajéramos la predicación de la palabra a vosotros primero. Ustedes son los descendientes de Abraham, los descendientes directos de Abraham. Entonces era lo más apropiado que, con Abraham comenzó la promesa, que con su descendiente comenzara la predicación de la palabra. Pero ahora que ustedes la rechazan, ahora que ustedes no han considerado esta palabra como digna de su aprobación, entonces ahora nosotros nos volvemos a los gentiles.

Pablo no estaba diciendo que no iba a volver a predicarle a los judíos, porque él lo hace en el próximo capítulo, capítulo 14. Pablo no estaba diciendo que jamás pisaría una sinagoga, porque lo vamos a ver en el próximo capítulo donde Pablo también estuvo en la sinagoga. Pero en lo adelante, el énfasis de la gran comisión ya no estaría de parte de los judíos. La gran comisión abarca todo el mundo, pero tenía un orden que seguir: "Seréis testigos en Jerusalén, en Judea —eso es todavía el mundo hebreo—, Samaria —todavía era cercano a los hebreos— y hasta los confines de la tierra." A partir de ese momento, ya jamás el énfasis estaría —hasta el día de hoy— en lo que era el pueblo hebreo, sino en el pueblo gentil.

El pueblo hebreo, nosotros creemos, de acuerdo a Romanos 11:25-26, que tendrá su visitación futura de parte de Dios, pero en dos mil años de historia el énfasis no ha estado sobre ellos sino sobre el pueblo gentil. Y dentro del pueblo gentil, si tú sigues la historia, puedes ver el movimiento de la mano de Dios, porque el centro de gravedad del cristianismo ya no está en Europa ni en Norteamérica, como lo estuvo por muchos años en la historia reciente, sino que está en el sur.

Déjame leerte esta cita de Michael Goheen en uno de sus libros sobre misiones: "Durante el último siglo, el centro de gravedad ha cambiado hacia el sur y hacia el este: África, Asia y Sudamérica, refiriéndose a todo lo que es sur de Estados Unidos. A pesar de que la mayoría de los cristianos vivían en Occidente cuando comenzó el movimiento misionero moderno —Europa, Norteamérica—, hoy quizás dos tercios o tres cuartos de los cristianos en el mundo viven fuera de Occidente. Como Philip Jenkins sintetiza, la era del cristianismo occidental, la era del cristianismo europeo y norteamericano, ha pasado durante nuestra época, y la era del cristianismo del sur está amaneciendo."

Nosotros estamos ahí, en Latinoamérica. Es un privilegio poder estar vivo y ver lo que Dios está haciendo en nuestro tiempo, en nuestra región, como parte de Su mover en un área donde antes no había movido tanto como lo hizo en Europa y Norteamérica. El foco ha cambiado, el centro de gravedad se ha desplazado, y Dios ha hecho eso, pero no lo ha hecho mágicamente. Dios solo sabe qué hace, cuándo lo hace y cómo lo hace. Dios es quien decide el qué, el cómo y el cuándo.

Pero déjame decirte algo también: si bien es cierto que Dios es soberano, y si bien es cierto que Dios es quien dirige el movimiento de cada cosa, no es menos cierto que hay una participación humana en la ocurrencia de los hechos. Porque aquellos de nosotros que nos vemos como reformados, con frecuencia vemos a Dios tan encumbrado, tan soberano, que pensamos que al final no hay que hacer nada, porque Dios lo decide todo.

Y ciertamente es así, pero no sin que el ser humano tenga una participación. Permíteme ilustrártelo. Es cierto que Dios le dio a Israel el rey Saúl, pero ¿Dios sabe por qué? Porque el pueblo se rebeló y pidió a Saúl, y Dios en su rebelión le concedió el deseo de sus corazones. Está la participación del hombre. Es cierto que la travesía de la tierra de Egipto a la tierra prometida tomó 40 años, cuando debía haber tomado de 11 a 12 días. Pero esos 40 años se debieron a la rebelión del corazón humano contra Dios.

De esa misma manera, es cierto que el énfasis de la evangelización programada por Dios —es decir, los anteriores caminos— cambia a partir de este momento de los judíos a los gentiles, pero eso se debe, como claramente Pablo lo explica, a que los hebreos rechazaron la palabra que Dios les había enviado por medio de los profetas, por medio de Jesucristo y ahora por medio del mismo Pablo. Hay un factor humano en la ecuación de las ocurrencias de los hechos que nosotros vivimos. ¿Cómo es que este interactúa con la soberanía de Dios? Dios sabe, pero hay un factor humano.

Ahora, por otro lado, cuando los judíos en Antioquía de Pisidia rechazan el Evangelio, no es tampoco que ahora entonces la Trinidad tiene una reunión y el Padre pregunta: "¿Ahora qué es lo que vamos a hacer?", y el Hijo dice: "Bueno, pues manda a Pablo para los gentiles", y el Espíritu Santo dice: "Bueno, también pues yo lo conduzco y lo empodero." No es eso tampoco. Porque el apóstol Pablo fue salvado y elegido justamente para ese propósito.

Tú recuerda que Pablo iba caminando a Damasco persiguiendo cristianos, Dios lo intercepta, Cristo lo convierte. Y entonces Pablo queda ciego por tres días. Y Dios le habla a Ananías, un discípulo de la iglesia primitiva: "Hay un hombre de nombre Saulo que está en Damasco, que está ciego; ve e imponle las manos para que vuelva a ver." Y Ananías le dice: "Señor, pero yo he oído muchas cosas malas con relación a este hombre." Escucha lo que Dios le dice a Ananías en Hechos 9:15-16: "Pero el Señor le dijo: Ve, porque él es un instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre."

El día que Pablo se convierte, ese día Ananías escucha cuál fue la razón de la conversión de Pablo: "Él me será un instrumento, y él llevará el Evangelio ante gentiles, ante reyes y ante los hijos de Israel", pero de manera terciaria. Recuerda que tú y yo hablamos de propósito en la vida cuando vimos en la vida de David el versículo 36 de este texto, que dice que después que David cumplió su propósito en su generación, David durmió. ¿Recuerdas eso? Recuerda que hablamos de lo que era el propósito entonces, y dijimos que el propósito en tu vida es todo, porque el propósito es la razón por la cual algo o alguien es creado. La razón por la cual Pablo fue salvado, creado y luego usado fue justamente para que sirviera de instrumento de evangelización a los gentiles. Y dijimos que aquello para lo cual tú fuiste creado, cuando lo haces, es aquello que más gozo te produce, porque estás viviendo el propósito de Dios.

Ananías escucha que Pablo va a ser el instrumento de evangelización a los gentiles, y escucha también cuánto Pablo padecerá a causa de Su nombre, de manera que Pablo tiene ahora dos propósitos: anuncia mi Evangelio y padece por causa de mi Evangelio. ¿Te gustaría aplicar para un trabajo así? Y cuando Pablo comienza a predicar el Evangelio, Pablo comienza a sufrir por el Evangelio. La cuerda que yo te dije: que cuando vivieras el propósito de Dios la evidencia del propósito de Dios te da gozo. Pues tú encuentras a Pablo y él escribe a los filipenses desde la prisión, encadenado, y esto es lo que Pablo les dice. ¿Qué? ¿Le está dando gozo estar detrás de los barrotes? ¿Este hombre es masoquista o qué? Escucha lo que Pablo dice: "Porque a causa de mis cadenas, la causa de Cristo se ha dado a conocer entre toda la guardia pretoriana." De manera que aquí yo estoy haciendo las dos cosas que Ananías escuchó de parte de Dios para las cuales Dios me salvó: una, yo estoy anunciándole el Evangelio; y dos, me tienen preso padeciendo. Y para esas dos cosas Dios me llamó. De manera que bendito sea el Señor.

Tú puedes ver entonces que ciertamente vivir el propósito para el cual Dios te creó, te formó y te llamó, te llena de gozo. Y por eso Pablo dice que él, ¿qué cosa?, que él se gloriaba en las tribulaciones, que él se gloriaba en la debilidad, porque "cuando soy débil, entonces soy fuerte."

Y ese segundo día de reposo, el texto nos dice que casi toda la ciudad se reunió para escuchar a Pablo otra vez. Está predicando, está mostrando cómo Cristo es el cumplidor de las promesas. Escuchen el versículo 48 con atención: "Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna." ¿Qué fue lo que los gentiles oyeron? Bueno, que los judíos habían rechazado la palabra del Señor y que a partir de ese momento Pablo y Bernabé se volverían a los gentiles. Entonces ellos, oyendo esto, glorificaban a Dios, glorificaban la palabra del Señor.

Pero hay algo más que ese solo versículo me enseña. Escucha: porque hay un grupo que cree y un grupo que no cree, y la pregunta que tenemos que hacernos es quiénes creyeron, y la respuesta está en el texto. Escucha: "Y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna." ¿Quiénes no creyeron? Los que no estaban ordenados a vida eterna. La conversión de ese grupo no es atribuida a la gran oratoria de Pablo. La conversión de ese grupo no es atribuida a la brillantez de la apologética de Pablo, sino al poder de Dios que ha hecho una elección desde la eternidad pasada. El texto no dice que los que creyeron luego fueron ordenados a vida eterna, sino que creyeron los que previamente habían sido ordenados a vida eterna.

Es la explicación del texto de Romanos 8:28-30: que aquellos que Dios de antemano conoció, a esos Dios predestinó; y a los que predestinó, Dios llamó; y a los que llamó, Dios justificó; y a los que justificó, Dios glorificó. Si lo das al revés: Él glorifica a los que justifica, Él justifica a los que llama, Él llama a los que predestina, Él predestina a los que conocía. Ese es nuestro Dios desde la eternidad pasada. Y ahora te lo explica en vivo: en esta ciudad de Antioquía de Pisidia creyeron los que estaban ordenados para vida eterna. Yo se lo dije en Romanos; mírenlo ahora en Hechos. Es exactamente cómo ha ocurrido la gran comisión. Este es uno de los textos más claros y más contundentes que hablan de cómo Dios ha predestinado a aquellos que han de ser suyos.

Ahora, nosotros vimos en un versículo anterior, en el versículo 44, que casi toda la ciudad se juntó para escuchar a Pablo. Pero los judíos se llenaron de celo; ese es el primer perro del texto. Escuchen el segundo perro. Es como en buen dominicano: cuando las cosas van bien y algo va mal, tú sabes que nunca faltó un perro. La expresión es "nunca falta un pelo en un sancocho", pero yo quisiera hacer un juego de palabras: nunca falta un perro. Versículo 49: "Y la palabra del Señor se difundía por toda la región." Eso es bueno; ese es el sancocho. La palabra del Señor se difundía por toda la ciudad. "Pero los judíos instigaron a las mujeres piadosas y distinguidas y a los hombres más prominentes de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su comarca."

Es que no puede haber un avivamiento, una expansión de la palabra y un crecimiento de la iglesia sin oposición. Es que el diablo finalmente nunca va a permitir que la iglesia crezca sin que sea opuesta. Es que el diablo no va a poner su poder a favor de la iglesia para que eso jamás acontezca. Aquí tú lo ves en vivo: la área estaba siendo evangelizada, y con la evangelización hubo oposición. Y eso ha sido así por 20 siglos.

El texto dice que los judíos fueron donde gente de influencia: mujeres piadosas, que entendemos eran mujeres que vivían conforme a la ley, y distinguidas; y hombres prominentes, gente en posición de autoridad, gente que puede mover las cosas, gente que quizás puede hacer que la gente caiga presa. Esa es la gente. ¿Y qué fue lo que hicieron contra Pablo y Bernabé? Escucha: instigaron a hombres y mujeres, provocaron, persiguieron y expulsaron. Los instigaron, crearon chismes probablemente, quizás falsos testimonios; los provocaron, empujaron a ciertas condiciones, hasta el punto en que entonces se produjo una persecución, y finalmente, cuando eso no dio resultado, los expulsaron.

Y es que Dios no podía evitar eso. ¿No podía Dios evitar que pasara eso para que Pablo y Bernabé pudieran continuar en aquella localidad predicando? No fue eso. Claro que Dios tenía el poder para hacer eso, pero no lo hizo. La verdadera iglesia se forma bajo presión, persecución y hostigamiento. Yo creo que hay una razón para eso. Cuando la iglesia es perseguida, cuando la iglesia es opuesta, cuando las cosas están difíciles, realmente tú encuentras las iglesias más llenas de cristianos de verdad, los reales. Como que la iglesia es purificada por el proceso a través del cual Dios permite que ella crezca.

Imagínate que domingo tras domingo ahí afuera hubiera personas que a veces te tiran piedras, que a veces te vocean cosas obscenas cuando tú vienes con tus hijos, que a veces encuentras el carro rallado, que a veces tienen bocinas dirigidas hacia nosotros. ¿Cuántas personas estarían presentes el domingo fielmente en un lugar de oposición como ese? Yo creo que la iglesia de Occidente está mucho más contaminada por las facilidades que existen alrededor de ella.

Una iglesia no perseguida, una iglesia no oprimida, una iglesia suplida: cualquiera es parte de ese movimiento. El "cerebro angélico" se ha puesto de moda. Todos los cantantes de hoy en día quieren cerebros angélicos y dar luego su testimonio de que su vida ha cambiado poco. Cualquier parecido es pura coincidencia. Este no fue el caso. Ser parte de la iglesia primitiva era un riesgo. Ser parte de la iglesia primitiva tenía un costo, tenía un precio, un precio que se pagaba. Pablo y los suyos van a ser expulsados.

Ahora, ¿tú sabes qué ocurrió? Los expulsaron a los predicadores. Lo que no pudieron hacer fue expulsar la palabra predicada. Ya estaba sembrada, ya estaba ahí, ya había comenzado a germinar. Esta es la diferencia. Cuando ellos expulsan a Pablo de un lugar, ¿qué es lo que Dios hace? Me lo llevo a otro sitio, vuelve a predicar, vuelve a plantar, y lo dejo que sigan expulsándolo, porque así yo sigo evangelizando toda la región. Y no se acomoda mucho en un solo lugar.

Pero escucha lo que ocurrió. Este es un punto de definición en la historia de la iglesia. Porque escuchaste a Pablo decir: "Y ahora, en adelante, nos volvemos a los gentiles." Pero eso no fue lo único que Pablo dijo. En el versículo 51, escucha lo que Pablo dice. Entonces Pablo y Bernabé sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio. Eso no fue poca cosa. Sacudirse el polvo de los pies era algo que en el pueblo hebreo se conocía, para representar una especie de juicio o maldición que caería sobre ti, para representar un rechazo hacia ti por haber rechazado tú la palabra que Dios había traído. Pero fue una práctica que los apóstoles aprendieron de Jesús, en caso de que tú no lo recuerdes.

Jesús lo enseñó. Lo vemos en Marcos, lo vemos en Mateo, lo vemos en Lucas. Jesús en Marcos 6:11 dice: "Y en cualquier lugar que no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos." De manera que cuando Pablo y Bernabé dicen "a partir de ahora nos volvemos a los gentiles" y se sacuden los pies, ellos estaban pronunciando un testimonio y un juicio contra ellos. Y al mismo tiempo estaban expresando, y dejándoles saber, la razón del juicio: "No somos nosotros. Es que ustedes han rechazado la palabra predicada, y ustedes ni siquiera se han considerado dignos de recibir vida eterna, no de recibir la palabra. De manera que el juicio de Dios caiga sobre ustedes, y nosotros nos vamos." Un punto de definición en la historia de la iglesia primitiva.

Ahora, tú pensarías que con un rechazo y una exclusión de semejante naturaleza ellos se desanimarían. Pero estos primeros discípulos, cuando yo leo el libro de los Hechos, eran como indesanimables. Realmente ellos nos ponen en vergüenza, porque nosotros nos desanimamos con poca cosa. No sé qué te ha pasado a ti; a mí a veces me ha pasado. Y sin embargo, escucha lo que estos dicen. En el versículo 52, los acaban de expulsar, y dice: "Y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo." ¿Notaste esas palabras? Continuamente llenos, gozo y del Espíritu. Una gente rara.

Hay una relación directa entre la experiencia del gozo y la llenura del Espíritu. De hecho, en Gálatas 5:22-23, el fruto del Espíritu es definido por nueve características —perdón a la redundancia—. La primera es el amor, la segunda es el gozo. De manera que a mayor llenura, mayor gozo. Cuando me falta gozo, me falta llenura; cuando me falta llenura, me falta gozo.

Ahora, en el contexto de la Palabra, el gozo no es exactamente como la alegría, porque la alegría es algo que creyentes y no creyentes pueden experimentar. Una novia que se va a casar mañana, aunque sea fea, puede tener una alegría porque mañana se casa. Una novia puede ir a su trabajo el lunes llena de alegría, con la mano así, señalando el anillo de compromiso que le entregaron, y llegar llena de alegría. ¿Y por qué está tan contenta? "Me comprometí." Y no cree en Dios. De manera que la alegría es algo distinto a lo que la Palabra llama gozo, porque el gozo es un fruto del Espíritu.

El gozo no es tanto como que ya estoy saltando. Es una situación más interna, como de satisfacción, como de sentirte en paz, de saber que tus necesidades están más o menos suplidas, en medio de situaciones que pueden ser dolorosas, que pueden ser sufridas y largas, pero nunca infructíferas. Porque el mismo Espíritu que produce el gozo en medio de esa situación es el mismo Espíritu que produce el fruto después de la insatisfacción. ¿Me entendiste?

Pero el desánimo que tú y yo experimentamos intermitentemente es un arma que el enemigo usa: la usa para desenfocarnos, la usa para desviarnos, la usa para desalentarnos, para hacernos tropezar. Nota que la Palabra dice que el gozo del Señor es nuestra fortaleza. El gozo del Señor, en otras palabras, en medio de la debilidad que el vivir en este mundo produce con frecuencia en los hijos de Dios, se vuelve tu fortaleza para vivir dichas situaciones. Y lo puedes ver también en sentido contrario: la ausencia del gozo del Señor en nuestra debilidad. Si tú no puedes testificar en favor de eso, yo puedo testificar en favor de eso. La ausencia del gozo del Señor ha sido en ocasiones mi debilidad, y lo ha sido para ti también.

Pero estos hombres expulsados no lo experimentaron de esa forma, porque estaban llenos del Espíritu Santo. Y hay una relación entre la llenura del Espíritu y la llenura del gozo. Mira cómo Pablo se lo explica a los tesalonicenses en su primera carta, en 1 Ts 1:6: "Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra" —escucha, escucha— "en medio de mucha tribulación." Yo fui a predicarles, pero cuando yo fui a predicar la había mucha tribulación. "Y recibieron la palabra en medio de mucha tribulación con el gozo del Espíritu Santo." Tribulación, gozo, Espíritu. Tú puedes ver la relación. Entonces el Espíritu Santo produce el gozo que te permite recibir la Palabra de esa manera en medio de la tribulación. Cuando nos falta llenura nos falta gozo; cuando nos falta gozo nos falta llenura.

Yo mencionaba que el otro día en el pasado, el pastor Chacho hacía el devocional para el equipo ministerial de la oficina y les hablaba de la llenura del Espíritu, y hablaba de cómo en Efesios nos manda a ser llenos del Espíritu. Pero que la manera como esto está expresado en el griego, a pesar de ser un imperativo —"ser llenos del Espíritu"—, no es una cosa que yo hago. Es una cosa que Dios hace, y más bien lo que el texto está diciendo es: "Permite que el Espíritu te llene." Esta es tu participación. Es como si tú estuvieras sediento y abrieras la boca, y entonces alguien viene con un vaso de agua fría y va derramando agua en tu boca, y tú va tragando hasta saciarte, de esa misma manera. Entonces, cuando la Palabra dice "sed llenos del Espíritu", es: déjate llenar. Dios hace eso, pero tú te dejas llenar, y eso es lo que produce el gozo en nosotros.

Y con eso entonces cierra el capítulo 13 del libro de los Hechos, y así cierra la experiencia de la predicación de este mensaje en esta sinagoga. Nosotros cubrimos el capítulo 13 en cuatro sermones, pero el sermón y la reacción de la gente al sermón nos tomó tres mensajes para poderlo hacer. Déjame en un par de minutos resumirte entonces lo que hemos dicho en esos tres sermones.

En primer lugar, el plan de salvación no comenzó con Jesús. El plan de salvación fue anunciado en Génesis 3:15, pero comienza con Abraham, cuando Dios elige a un hombre para de él hacer una nación y de su descendiente traer al Mesías. Por eso Pablo comienza su mensaje con los patriarcas. En segundo lugar, la ley, de la cual Pablo habló en este mensaje, le fue dada al pueblo como buena, santa y justa, pero no para salvación. Nadie se salvó por la ley en el Antiguo Testamento, sino que la ley revelaba —y revela— el carácter de Dios. Cuando revela el carácter de Dios, revela mi carácter; cuando revela mi carácter, yo me veo imposibilitado de poder cumplirla, y eso hace que yo salga corriendo para donde Cristo, que sí la cumplió.

La evangelización, o el anuncio de los profetas del Antiguo Testamento, de una u otra manera apuntaba a Cristo que vendría, a un Mesías. Todos los profetas apuntaban a Él. El Mesías vino, cumplió la ley a cabalidad, y luego murió en un madero, derramando su sangre para el perdón de los pecados, para que aquellos que pusieran su fe en Él pudieran recibir salvación. Hablamos de eso la semana pasada cuando hablamos de la justificación que viene a aquellos que ponen su fe en Cristo Jesús. Terminada su misión en la cruz, todavía le quedaba algo más: resucitó al tercer día. Y después de resucitar, proclama la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Todo eso, de una u otra manera, está en ese sermón que Pablo predica ese primer día de reposo en Antioquía de Pisidia.

Y ahora tú entiendes mejor el versículo de Romanos 1:16 con el que comenzamos: que Pablo no se avergonzaba del Evangelio, que es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del gentil, en ese orden, como ya vimos. Y ese es el Evangelio que trae la redención al mundo. Esa redención, que es el proyecto de la Gran Comisión, no ha ocurrido ni ocurrirá nunca sin oposición, hasta que entremos en gloria. Y en medio de eso, Pablo pone de manifiesto cómo es que Dios ha ordenado la salvación del hombre: "Y creyeron todos los que habían sido ordenados para vida eterna." Dios elige, y en el tiempo el hombre tiene salvación, pero aquellos que habían sido previamente ordenados en la eternidad pasada. Ese es el resumen de lo que Pablo predicó.

Ese es el mensaje que produce esta hambre que quiere más, que sigue a Pablo, que sigue a Bernabé, que les pide que regresen el próximo día de reposo. Y con eso yo quiero cerrar en esta mañana para que te puedas ir reflexionando.

Este es uno de esos mensajes que no son como: "¡Gloria a Dios, ahora lo voy a digerir, vamos a ver todo, vamos a ver la gran comisión!" No, es un mensaje que me lleva a entender más los propósitos de Dios, a ver a Dios más grande, a ver la rebelión del hombre contra una salvación que Dios le ha ofrecido.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de Internet: www.integridadysabiduria.org

Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.