Durante cuarenta días, entre su resurrección y ascensión, Jesús se dedicó a hablar con sus discípulos sobre un solo tema: el reino de Dios. Ese dato, registrado en los primeros versículos de Hechos, revela cuán central era este concepto para todo lo que vendría después. El reino de Dios no es solo una realidad futura que esperamos, sino una realidad presente que ya opera en el corazón de cada creyente. Donde antes reinaba el pecado, ahora gobierna Cristo. El trono de ese reino, en su dimensión espiritual actual, está en el interior de quienes han nacido de nuevo.
Este reino avanza en medio de oposición constante. Desde los días de Juan el Bautista, sufre violencia. Satanás es llamado "el dios de este mundo", y sus valores chocan frontalmente con los del reino de la luz. En este nuevo reino, el primero es el último, el mayor sirve al menor, y las persecuciones por causa de Cristo son consideradas bendición. Vivir como ciudadanos del reino implica una transformación completa: en la forma de pensar, hablar, negociar, gastar y relacionarse.
La gran comisión —ir por todo el mundo haciendo discípulos— no es otra cosa que la extensión de ese reino, una persona a la vez. Cada vida transformada por el evangelio representa territorio ganado a las tinieblas. El pastor Núñez invita a examinar honestamente qué tan real es el señorío de Cristo en cada área de la vida, y qué estamos haciendo concretamente para que su reino se extienda en nosotros y a través de nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Continuamos la serie titulada "Hasta los confines de la tierra", y titulamos el mensaje, incluso el primer mensaje de apertura, de la misma manera, porque esa es la encomienda: tomar el Evangelio y llevarlo hasta los últimos rincones de nuestro planeta.
En el día de hoy vamos a comenzar a ver el inicio de la narración de Lucas, de una historia extraordinaria que fue narrada por un historiador también extraordinario, considerado aun por los historiadores seculares como un tremendo historiador. Se presume que él era griego, convertido al cristianismo, con amplio conocimiento del judaísmo. Hablamos un poco acerca de esto, y que era médico, porque esa profesión sí es claramente identificada por el apóstol Pablo en el caso de Lucas.
Cuando Pablo le escribe a la iglesia de los Colosenses, en el capítulo 4, él enlista una serie de personas que están con él de colaboradores. Y la primera lista él dice que son personas de la circuncisión, que es otra forma de decir judíos, y entre ellos estaba Aristarco, si usted quiere un nombre para uno de sus hijos, Bernabé el primo de Marcos, y un tal Jesús llamado Justo. Luego él pasa a mencionar otros colaboradores que él no identifica como que son de la circuncisión, y con nombres gentiles, y entre ellos está Epafras, otro buen nombre, Lucas el médico amado, y Demas, que lo abandonó y se fue al mundo.
Eso nos da una idea de que este hombre era médico, como ya le dijimos, en detalle, y obviamente él describe y acompaña a Pablo en todos estos viajes. Que tiene que haber sido convertido al cristianismo, y ese es el autor detrás de la narración.
Ahora, esta narración, a pesar de ser histórica, yo quiero animarlo a que no la vaya a leer, o a estudiar, o a escuchar la media clápsica. Vamos, como mera historia, como si fuera una letra muerta. Déjame decirte lo que estos autores opinan de este libro llamado "Misiones en Hechos", acerca de lo que tú y yo podríamos encontrar en el libro de los Hechos, o no podríamos, lo que vamos a encontrar en el libro de los Hechos.
Este es un libro que está lleno de aventuras misioneras, luchas de poder, persecución religiosa, encuentros de poder político, el poder del Espíritu Santo, resurrecciones de muertos, señales prodigiosas, visiones, el remoto de parte de Dios, conversiones dramáticas, encarcelamientos, escapes dramáticos de prisión, golpizas, martirios, asesinatos, violencia de multitudes, peligros y rescates increíbles. No hay película que te pueda mostrar todas esas cosas que tú vas a hacer leer. Este es un libro extraordinario. Es una historia dirigida por Dios. Esto es teología en acción.
Este doctor dice que el libro de los Hechos es fe, escucha esto, vivida en las trincheras de la vida real. Ninguno de nosotros hemos vivido en las trincheras. A nosotros nos cuentan de las trincheras. Si usted quiere saber cómo lucen las trincheras de la vida real, este es el libro.
Y este es un libro que Lucas dedica de una manera especial a alguien que él denomina como Teófilo; de eso vamos a hablar en un momento. De nuevo, esto no es historia muerta. Esto es el plan de Dios, el desarrollo del plan de Dios para su iglesia, una iglesia donde tú puedes ver la poca fortaleza humana de la iglesia, pero respaldada por un poder extraordinario que viene de lo alto y que le hace prevalecer en las peores circunstancias. Es la sabiduría de Dios desplegada en el registro histórico. Y como cantamos la semana pasada, si Dios está con su iglesia, nada la podrá detener. O si Dios está con nosotros, ¿quién podrá detener el avance de la iglesia? Y eso es exactamente lo que tú ves en este libro.
Michael Green escribió un libro titulado "Los 30 años que cambiaron el mundo". Y en ese libro él hace algunas preguntas y nos invita a descubrir las respuestas a estas preguntas, que a la vez nos ayudan a nosotros como a ponernos en atención y decir: yo necesito conocer este libro.
Entonces esto es lo que él te invita a descubrir: ¿Quiénes fueron estas personas que cambiaron el rostro de la sociedad? ¿Qué predicaron? ¿Por qué sufrieron oposición? ¿Cómo vivieron? ¿Qué nosotros podemos aprender acerca de cómo ellos plantaron iglesias? De su cuidado pastoral, de su preocupación social, de su vida de oración y de sus prioridades. ¿Qué es lo que la iglesia del siglo XXI pudiera aprender de todo eso? Sus prioridades, vida de oración, preocupación social, una preocupación social que la iglesia protestante hoy en día tiene muy poca. ¿Y qué acerca de su idea del discipulado y del liderazgo de la iglesia? ¿Qué acerca del Espíritu Santo, que era una realidad tan vibrante en su avance? ¿Y qué acerca de los dones espirituales que parecían ser tan comunes como parte de la vida diaria y cotidiana?
Las respuestas a esas preguntas están en este libro que tú y yo estamos embarcando hoy en día, del domingo pasado, a explorar.
Y con eso yo quiero entonces que tú y yo podamos leer los primeros tres versículos de este primer capítulo del libro de los Hechos. Esta es la Palabra de Dios: "El primer relato que escribí, Teófilo, trató de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día que fue recibido arriba, después de que por el Espíritu Santo había dado instrucciones a los apóstoles que había escogido. A estos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios". El reino de Dios en cuarenta días.
Hay múltiples cosas que Lucas nos enseña en apenas tres versículos. Lo primero que nos deja ver es que él escribió un relato anterior, él escribió un volumen que antecede a este relato del libro de los Hechos. La pregunta que alguien pudiera hacerse si no conoce la información es: ¿cuál es ese relato? Y la respuesta está en el comienzo del Evangelio de Lucas, que yo quiero leerte, versículo 1 al 4, para que veas similitudes entre estos dos relatos y conexiones entre los mismos.
Versículo 1, capítulo 1, Evangelio de Lucas: "Por cuanto muchos han tratado de compilar una historia de las cosas que entre nosotros son muy ciertas, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, también a mí me ha parecido conveniente, después de haberlo investigado todo con diligencia desde el principio, escribírtelas ordenadamente, excelentísimo Teófilo, para que sepas la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseñadas".
Nota cómo Lucas dedica su primer relato o volumen al excelentísimo Teófilo, y luego, cuando escribe el segundo volumen, le dice: "En mi primer relato, Teófilo..." Lo está dedicando, se está dirigiendo a él en primera persona otra vez, y asume que Teófilo conoce su primer relato.
La próxima pregunta podría ser: ¿quién es este excelentísimo Teófilo? Y muchas especulaciones se han hecho. De hecho, Teófilo significa "amado de Dios", pero probablemente no tenga mucho que ver con la dedicación. Pero el excelentísimo Teófilo, se ha postulado que quizás era un oficial romano de cierta categoría. Pablo se refiere al gobernador Félix como "excelentísimo" más adelante en el capítulo 23 y 24 de este libro. Pablo se refiere como "excelentísimo Festo" al gobernador también en Hechos 26, y de manera que algunos piensan que probablemente este fue un oficial del imperio romano. No lo sabemos con certidumbre, pero es una posibilidad.
Otros han especulado que quizás Teófilo pudo haber sido el patrón o patrocinador de Lucas. En la antigüedad no era infrecuente que autores escribieran y buscaran un patrón o patrocinador para que ellos pudieran costear el pago de las copias a mano. Se ve que el patrocinio no es nada nuevo; no hay nada nuevo debajo del sol. Había ya mercadología en esa época de otro tipo. Nosotros no tenemos evidencias de eso, pero es posible, porque ciertamente Lucas querría que esto fuera copiado y distribuido.
De lo que sí la enorme mayoría de los académicos están de acuerdo es que esto es una historia en dos volúmenes. Poca gente cuestiona eso. Entonces, una sola historia escrita en dos volúmenes. La pregunta sería: bueno, ¿por qué Lucas haría algo así? Y hay una respuesta que nos puede ayudar, y es que en la antigüedad los rollos de papiro, cuando tú escribías un libro en un rollo de papiro, lo recomendado era que tu rollo no pasara de 35 pies de largo, porque al enrollarlo se hacía muy pesado cargarlo. Y cuando tú revisas los manuscritos que nosotros tenemos del Evangelio de Lucas, tiene más o menos 35 pies. Termina esa historia. Y cuando tú revisas el rollo o los rollos de los manuscritos que tenemos del libro de los Hechos, tienen más o menos la misma longitud.
Tiene todo el sentido del mundo que esto fuera una historia en dos volúmenes, donde la segunda historia da continuación a la primera, y justamente eso es lo que tú ves: que el libro de los Hechos comienza donde el Evangelio de Lucas termina, literalmente.
Nosotros vamos a ver, ya lo leímos, pero lo vamos a realizar otra vez, que Lucas nos dice que su primer relato llega hasta que Jesús ascendió a los cielos, y en uno, dos o tres versículos más adelante vamos a ver a Jesús ascendiendo a los cielos, justamente donde el Evangelio había terminado, y el relato continúa en el libro de los Hechos.
De hecho, déjame, permíteme leértelo de nuevo, versículo 1 y principio del 2: "El primer relato que escribí, Teófilo, trató de todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba". Lucas nos dice no solamente que escribió un primer relato, nos dice incluso de qué le habló en el primer relato, y él habló de todo lo que Jesús había enseñado, de todo lo que había hecho, y hasta dónde cubrió: cubría hasta que Cristo fue recibido arriba en los cielos.
El primer relato tiene que ver con el ministerio de Jesús. En el segundo relato, ya Jesús no está, y tiene que ver con el ministerio de los apóstoles.
El ministerio de Jesús fue empoderado por el Espíritu Santo a partir del Jordán, cuando el Espíritu descendió sobre él. Y el ministerio de los apóstoles fue empoderado por el mismo Espíritu a partir del versículo 8, cuando se les anuncia —o un poco más adelante— que descendería poder de lo alto. De manera que esto es una historia, un solo ministerio, dos fases. Fase uno: el ministerio de Cristo empoderado por el Espíritu. Fase dos: el ministerio de los apóstoles empoderados por el mismo Espíritu. Jesús comienza la tarea, los apóstoles la terminan.
De manera que ahora nosotros sabemos, en apenas dos versículos, acerca de a quién se le dedicó este trabajo, quién pudo haber sido Teófilo, qué cubrió Lucas en el primer tomo, el primer volumen, y qué cubre en el segundo volumen. Pero hay algo más que nosotros aprendemos, y es que Lucas nos deja ver que antes de Jesús ascender a los cielos, él estuvo apareciéndoseles a los discípulos por cuarenta días. Nos deja ver incluso el propósito de las apariciones y nos deja ver el motivo o el tema de conversación durante las apariciones. Cristo no nos dejó en ignorancia como que hoy estuviéramos preguntando: "¿De qué habrá hablado él en sus cuarenta días? Yo daría lo que no tengo por saber". No, él dice aquí de qué hablaron.
Escucha: "A estos también, después de su padecimiento —su cruz, muerte— se presentó vivo con pruebas convincentes". Ahí está la razón. "Yo tengo que darle pruebas convincentes a mis discípulos", porque él sabía que ellos no habían creído la resurrección. Ellos fueron prácticamente forzados a creer que Cristo había resucitado. De hecho, recuerdan que los primeros reportes vinieron de parte de mujeres, y ellos estaban encerrados en una habitación y pensaban que ya estaban locas. Él tuvo que mostrarle a Tomás las huellas o las cicatrices de sus heridas. Tenía que dejarles pruebas convincentes.
Pero por otro lado, esas pruebas convincentes de que él había resucitado se venían para el resto de la historia de la iglesia. Probablemente lo prepararía para cuando él ya no estuviera más. Porque al principio, por esos primeros dos o tres años, Cristo estuvo siempre con ellos. Ahora que él se va a marchar por siempre hasta su segunda venida, él tenía que garantizar que habían quedado preparados. Y entonces se aparece y desaparece, se aparece y desaparece. Ellos quedaron tan profundamente convencidos de que este era el Cristo resucitado, que claramente ha sido establecido que la iglesia nació y se expandió bajo la predicación de la muerte y la resurrección de Cristo.
Y luego entonces él nos dice de qué hablaron, y de ahí el título de mi mensaje: "Apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios". Cuarenta días hablando de una cosa: del reino de Dios. El reino de Dios en cuarenta días, ese es el título de mi mensaje.
Los judíos tenían una idea errada del reino de Dios. Ellos estaban convencidos hasta este momento incluso, aun después de su resurrección, que el establecimiento de ese reino implicaría el devolverle a Israel el reino con Cristo a la cabeza. Y es por eso que un versículo más adelante le preguntan: "Señor, ¿tú vas a restaurar el reino de Israel ahora en este tiempo?" Y Cristo les informa que el día, la hora, el momento, la ocasión no les compete, que ellos tendrán que esperar hasta un día posterior para enterarse de esas cosas.
Ahora, mi pregunta es: si Cristo pasó cuarenta días hablando del reino de Dios, ¿tú no crees que nosotros pudiéramos pasar cuarenta minutos ahora hablando del reino de Dios? Como que sería un poco superficial que Cristo hablara por cuarenta días del reino de Dios y nosotros habláramos en cinco minutos del reino de Dios. Le vamos a dedicar un minuto a cada día. Y como el reino de Dios es algo de lo cual la Palabra habla extensamente, ese es el tópico del resto del tiempo que nos queda.
Lo primero que yo quiero que puedan ir asimilando es que la frase "reino de Dios", "reino de los cielos", "reino de Cristo", esas tres frases son usadas intercambiablemente; no hay diferencia a lo largo de las Escrituras. La frase que Lucas usa es "el reino de Dios", es una frase que aparece en Mateo cuatro veces, en Marcos catorce veces, en Juan dos veces, en Lucas treinta y dos veces —ese es el autor que nos interesa—, seis veces en el libro de los Hechos (treinta y dos más seis, treinta y ocho), ocho veces en las cartas de Pablo, y una vez en Apocalipsis.
Ahora, si tú tomas a Mateo solamente, Mateo usa la frase "el reino de los cielos" treinta y tres veces, y "el reino de Dios" solamente cuatro veces. Y aunque Mateo no nos explica la razón, con toda probabilidad tenía mucho que ver con el hecho de que Mateo escribió predominantemente para los judíos, y los judíos cada vez que podían evitar el nombre de Dios, lo evitaban hasta el día de hoy. Yo hablé con un rabino judío hace unos años atrás aquí, lo llamé por teléfono para preguntarle cuál era su concepto de la Trinidad, porque más bien trataba de algunas cosas. Y él me dice: "Hashem". Hashem es el nombre para no decir Dios. "Hashem es el Padre". Al día de hoy todavía ellos evitan usar el nombre de Dios. Mateo habla del reino de los cielos. Lucas escribió predominantemente para una audiencia gentil; él no tiene problema con la frase. Marcos escribió predominantemente para los romanos; él no tiene problema con la frase. Juan escribió predominantemente para una audiencia universal; él no tiene problema con la frase "el reino de Dios", y por eso tienden a usarla mucho más frecuentemente.
Ahora yo quiero unir conceptos e ideas. Cuarenta días hablando del reino de Dios. Pero nosotros podemos tener una idea tempranamente de que para Jesús el concepto del reino de Dios era vital. Porque cuando los discípulos se acercaron y le dijeron —los apóstoles en particular—: "Maestro, nosotros no sabemos cómo orar, enséñanos a orar", una de las primeras peticiones fue: "Venga a nosotros tu reino". Esa petición da la impresión, por sí sola, que el reino es algo completamente futuro: "Venga a nosotros tu reino". Pero cuando tú comienzas a examinar las Escrituras, tú descubres que el reino es una idea futura y es una idea presente. Es algo que ya está y es algo que ha de venir, al mismo tiempo.
Recuerda que Jesús en una ocasión estaba expulsando demonios y lo acusaron de que expulsaba por el poder de Beelzebú. Y él dice: "Entonces, si yo expulso los demonios por el poder de Beelzebú, que es la cabeza de los demonios, entonces esa casa no se podrá sostener, quedará dividida. Pero —Mateo 12:28— si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios", entonces —esa era la realidad— "el reino de los cielos ha llegado a vosotros". Ahí está la realidad presente. Si yo expulso los demonios por medio del Espíritu de Dios, entonces ya el reino de los cielos ha llegado a vosotros.
Entonces el reino de Dios, del cual ellos hablaron por cuarenta días, es una realidad presente hoy en día y es una realidad futura, y tenemos que definir ambas cosas. Pero si es una realidad presente, yo tengo que preguntarme: ¿dónde está su trono? Yo no lo veo. ¿Dónde existe y en qué consiste? Escucha lo que Lucas dice en 17:21, porque ahí Lucas registra que Cristo dijo: "He aquí, el reino de Dios entre vosotros está". No "estará": está. Y sin embargo, Cristo les enseñó a pedir: "Venga a nosotros tu reino".
Al momento actual, el gobierno de Dios es ejercido completamente en los cielos. "Hágase, Señor, tu voluntad en la tierra como en los cielos". De manera que en esa petición de la venida del reino hay un reconocimiento de que aquí en la tierra la voluntad de Dios no está siendo hecha, llevada a cabo, como se lleva en los cielos. Pero una vez que ese reino físico se haya instaurado en la tierra —que esa es la petición—, entonces la voluntad aquí será hecha de la misma manera que la voluntad es hecha en el reino de los cielos al momento presente.
Ahora escucha: la voluntad de Dios en la tierra, aun en los creyentes, está siendo opuesta todos los días. Eso explica en parte por qué nosotros estamos como estamos. Eso explica en parte por qué tú lees los periódicos y hay gente que nos dice: "Si Dios es soberano, ¿por qué las cosas siguen ocurriendo?" Es que la realidad física, futura del reino de Dios todavía no está aquí, pero la realidad espiritual, de la cual vamos a hablar en un momento, sí ya está entre nosotros.
En el corazón del creyente, en tu corazón, si eres creyente, antes reinaba el pecado, pero ahora tú eres libre en Cristo y ahora Cristo reina en su lugar. De tal forma que el reino de los cielos en su realidad espiritual presente está; su trono está en el corazón de cada creyente donde el pecado ya no reina, aunque está presente. Y nosotros luchamos contra el pecado del hombre. Es un reino, el reino de los cielos, es un reino que se abre paso en medio de una lucha contra el pecado, en medio de huestes espirituales de maldad que hacen guerra contra nosotros y que Pablo describe en Efesios 6.
Escucha cómo Cristo ayuda a los discípulos a entender. Yo creo —haciendo un paréntesis— yo creo que esos cuarenta días Cristo los pasó desempacando todo lo que estas frases y enseñanzas realmente significan. Porque nosotros no podemos olvidar que nosotros tenemos hoy una ventaja sobre ellos, en el sentido de que en este momento nosotros tenemos la revelación completa. En el momento en que Cristo está a punto de ascender, Pablo ni se había convertido, las trece cartas de Pablo no existían, las de Pedro no existían, las de Juan no existían, Apocalipsis no existía, el libro de los Hebreos no existía. De manera que nosotros tenemos una revelación mucho más completa. Yo creo que Cristo comenzó a explicarles pasaje por pasaje acerca de lo que este reino de los cielos implicaba para ellos y para la iglesia futura.
Y una de las cosas que ya Cristo había enseñado, y que quizás amplió —especulo yo— en Mateo 11:12, es lo siguiente: "Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia".
Desde que Juan el Bautista apareció anunciando mi venida, dice Cristo, el reino de los cielos sufre violencia. De hecho, Juan el Bautista fue decapitado. ¿Tú quieres saber qué implica la violencia? La Iglesia se ha estado abriendo paso desde que Juan apareció, como Iglesia, como pueblo de Dios, en medio de una oposición justamente por el reino de las tinieblas.
Al mismo tiempo, esto es una realidad futura. Escucha a Cristo en Marcos 14:25: "En verdad os digo que ya no beberé más del fruto de la vid". Yo no voy a tener la comunión, no voy a celebrar la comunión con ustedes hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios. Una realidad futura. Habrá un momento en que nos sentaremos y volveremos a tener comunión juntos, pero ahora ya yo no lo voy a volver a beber con ustedes. Es una realidad futura, física, y es una realidad espiritual en el presente.
Uno de los diccionarios teológicos consultados dice que el reino de Dios representa primordialmente, en primer plano, el gobierno de Dios y la autoridad monárquica divina. De ahí nosotros podemos decir que el reino de Dios o de los cielos consiste en el ejercicio de la autoridad soberana de Dios en el pasado, en el presente y en el futuro. El ejercicio de la autoridad soberana de Dios desde el interior del creyente es el reino de Dios. El ejercicio de la autoridad soberana de Dios en el reino de los cielos es el reino de Dios.
Y ahora tú tienes una mejor idea de qué es lo que la Palabra habla cuando menciona el reino de Dios, un reino que se está enfrentando a violencia. Te leímos de Michael Green el catálogo que tú esperas encontrar en el libro de los Hechos: ahí hay apedreamientos, ahí hay encarcelamientos, ahí hay liberación repentina de las cárceles, ahí hay terremotos de parte de Dios, ahí hay violencia de multitudes, ahí hay luchas de poder, ahí hay encuentro político. Todo eso es parte de esta lucha del reino de la luz en contra del reino de las tinieblas, y viceversa.
¿Tú quieres saber por qué este mundo anda tan mal? Bueno, solamente escucha el título que Cristo le da, que la Palabra le da a Satanás: el dios de este mundo. Satanás no se llama el dios de este mundo; a él le dicen el dios de este mundo porque Dios le dio ese nombre. A él es que este mundo sigue, a él es que este mundo representa. Este mundo tiene la forma satánica, si tú quieres. Y él le llama el príncipe del imperio del aire.
Cristo y Satanás representan dos reinos en conflicto todo el tiempo. Pero nosotros vemos eso como algo teológico, nosotros vemos eso como algo místico, como algo que yo no puedo poner la mano. Déjame decirte, ¿cómo se da esa oposición en el día a día? Satanás y Cristo representan dos reinos en continua oposición en valores, metas, características, estilos de vida. De manera que uno es el reino de las tinieblas y el otro es el reino de la luz.
Esos reinos son tan reales que tienen ciudadanos nombrados por Cristo, con nombre y apellido. De manera que es como que tenemos ciudadanos con cédula y pasaporte en cada reino. Cristo habla en Mateo 13 del reino de los cielos. Mateo 13 tiene siete parábolas; las siete son acerca del reino de Dios o el reino de los cielos. Yo te recomiendo que tú tomes el capítulo 13 de Mateo, consigas un comentario extenso, te pases una semana estudiando las siete parábolas porque todas tienen que ver con lo que el reino de Dios o de los cielos es. Yo creo que Cristo se pasó cuarenta días desempacando parábola por parábola, idea por idea, y quizás mucho más de lo que aquí pudiera estar, para que ellos pudieran continuar su labor.
Pero en la parábola del sembrador, que es una de las parábolas más conocidas, un hombre sale a sembrar. Dice que sale al campo y comienza a tirar semilla, y según las semillas fueron cayendo en diferentes terrenos, así fue el terreno produciendo. Y en uno produjo abrojos, y en otras creció la semilla temporariamente y luego se marchitó cuando salió el sol. Y luego los discípulos fueron donde Él: "Maestro, no entendemos". Ellos no eran necesariamente muy brillantes, pero espiritualmente hablando se parecen a nosotros.
Mira lo que Cristo les dice. Yo te dije que había ciudadanos de ambos reinos. Versículo 38, Mateo 13: "Y el campo es el mundo, y las buenas semillas son los hijos del reino" —hijos del reino se llaman un grupo— "y la cizaña son los hijos del maligno". Ahí están los ciudadanos. Esto es una parábola de agricultura porque era un pueblo agrícola. Y dice: bueno, hubo una buena semilla, esa semilla germinó y prevaleció; esos son los hijos del reino. ¿De cuál reino? Del que yo le estuve hablando cuarenta días. Y la cizaña son los hijos del maligno.
Ahora tú tienes que saber una cosa: hasta que yo regrese, esos dos hijos van a crecer juntos. Eso está en la parábola del trigo y la cizaña, ¿la recuerdas? Los discípulos preguntaron: "¿Y lo separamos?" Y Él dice: "No, no, no, no, déjalo". Es parte del propósito de Dios que lobos y ovejas estén juntos.
Ahora, los hijos del reino, que son cada uno de nosotros que ha entrado al reino de los cielos por un producto de haber nacido de nuevo, los hijos del reino tienen que aprender a pensar. Porque el día que tú naces de nuevo, al otro día tú no te levantas con una mente cristiana. Tú tienes un alma cristiana convertida, regenerada; el resto tuyo es completamente pagano igual que el día anterior. ¿Qué comenzará a cambiar eso? Tiene que comenzar a pensar cómo es que en este nuevo reino se piensa y se funciona.
Porque de repente ahora en este nuevo reino, el que quiera ser el primero tiene que ser el último. ¿Y qué es eso? En este nuevo reino el mayor le sirve al menor. Pero eso está al revés. En esta nueva vida, supuestamente, para yo ganar mi vida yo tengo que perderla. Pero eso es como contrario. Bueno, si tú quieres vivir en el nuevo reino, tienes que vivir por la regla del nuevo reino.
Y ahora escucha esto: en este nuevo reino, las maldiciones por causa de su nombre son una bendición. Yo no sé, ¿de cuándo es eso? Y que el dolor y el sufrimiento, en vez de ser algo a evitar, es un privilegio si sabemos sufrir bien. ¡Mira la cruz! El privilegio de haber sido seleccionado por Dios para una tarea tan dolorosa como la cruz, o haber sido seleccionado por Dios para un tiempo de vida tan doloroso como el de Job.
Y de ahí que Pablo les dice a los filipenses: "A vosotros Él ya ha concedido, no solamente el creer en Cristo, sino el sufrimiento por Él". Se te ha concedido el privilegio de sufrir por Cristo. Eso es parte de este nuevo reino que los hijos del reino tienen que aprender.
Pero este aspecto de esta lucha tiene que ver justamente con el avance progresivo y paulatino del reino de las tinieblas. Mira cómo Juan describe esto en su primera carta, en el capítulo 2, versículo 8: "Las tinieblas van pasando" —no han pasado— "y la luz verdadera ya está alumbrando". Eso es cómo pasa. La luz verdadera son los hijos del reino de la luz, que son sal y luz, luz del mundo, sal de la tierra. En la medida en que ese evangelio avanza y progresa, en esa misma medida las tinieblas van siendo replegadas. Y de esa forma entonces el reino de las tinieblas va perdiendo seguidores y el reino de la luz va ganando seguidores. Tú haces un censo todos los días: hay tres menos hoy, o cuatro, o cinco, o mil menos en el reino de las tinieblas porque los pasamos al reino de la luz.
Ahora tú comienzas a tener una idea de qué fue lo que Cristo estuvo hablando por cuarenta días. El plan era que el Hijo vendría y proclamaría la verdad, la verdad penetraría el corazón del hombre, y el corazón del hombre es el primer bastión de resistencia de la Palabra, del reino de los cielos. Escúchame otra vez: el reino de los cielos se está abriendo paso en medio de una resistencia y oposición. Desde los días de Juan sufre violencia. El primer bastión de resistencia del avance del reino de los cielos es tu corazón y el mío antes de convertirnos.
Una vez convertido el corazón, desde el corazón del hombre el reino de Dios comienza a extenderse a otros que están alrededor tuyo, transformando matrimonios, familias, comunidades, iglesias y aun naciones. Pero esa transformación, a diferencia de lo que los judíos creían que sería una transformación tipo revolución militar, no será con las armas del mundo, porque nuestras armas no son carnales, pero sí son poderosas en Cristo Jesús.
El peor ejército que tú puedes encontrar no es visible, porque es el pecado del hombre acumulado y son las huestes espirituales de maldad. Satanás se ha llamado el dios de este mundo. Este mundo tiene un dios, este mundo tiene un reino. Eso no va a permanecer así. Satanás poco a poco está siendo desplazado de su trono y este reino del mundo está siendo ganado poco a poco por Cristo, y el libro de Apocalipsis lo dice exactamente así. Lo único es que como Apocalipsis nos relata el final de la historia, nos dice qué pasó al final; nos dice quién gana.
Apocalipsis 11:15: "El séptimo ángel, en medio del juicio, o hacia el final del juicio más bien, tocó la trompeta, la última, y se levantaron grandes voces en el cielo que decían" —escucha— "el reino del mundo" —este era el reino de las tinieblas, el mundo del que estamos hablando— "el reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de Su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos". Este es el final de la historia, la culminación de la historia redentora, el establecimiento del reino. No más reino del mundo, solamente el reino de Dios. Pasó de este reino del mundo al reino de Cristo.
Nosotros vivimos en el reino del mundo, pero el reino del mundo ha sido invadido por el reino de la luz. Pero tú tienes que entender que tú estás ocupando un territorio enemigo. Tú has invadido, Dios ha invadido a través de ti territorio enemigo. De manera que en la medida en que tú caminas por el mundo, si me permites la ilustración, tú tienes bombas que pudieras pisar a cada paso, porque este es un territorio minado. Pero las bombas no son físicas, son tentaciones.
Con esa idea de lo que es este reino del mundo, que la Escritura opone al reino de las tinieblas, cuando Cristo le enseña ahora le dice: "Pide que venga tu reino." En el presente, eso implica el señorío de Cristo para el creyente en la vida de cada uno de nosotros. Cuando nosotros hablamos de la expansión del reino de Cristo, que ya definimos como el ejercicio de su autoridad monárquica, lo que implicaría para tu vida es que el señorío de Cristo ha ido aumentando en tu vida. De manera tal que ahora todo ha cambiado en tu vida: tu forma de pensar, de hablar, de exigir, de demandar, de cuestionar, de esperar, de actuar, de valorar, de desear, de juzgar. Todo eso fue cambiado, porque tú eres un nuevo ciudadano de un nuevo reino.
Y cuando la gente te ve, hay en ti menos evidencias del hombre viejo, menos evidencia del ciudadano del reino anterior y más evidencia del hombre nuevo o el ciudadano del nuevo reino. De manera que no haya duda en la mente de nadie que observe tu vida, que diga: "¿Y es verdad que fulano es cristiano?" Y por qué tú dices: "Bueno, él va a la iglesia, él pertenece a un grupo, él incluso se bautizó en mi iglesia y se casó en mi iglesia, pero él vive un estilo de vida en que no vive Cristo." Eso no debe ser, porque en la medida en que el señorío de Cristo crece en tu vida, el poder del pecado en ti debe ir debilitándose. Y en la medida en que el pecado en ti se va debilitando, entonces el señorío de Cristo va aumentando en nosotros de manera natural.
De tal forma que cuando tú pides "venga tu reino," bueno, tú estás pensando en la consumación final de este reino físico. Pero en lo que tarda y viene el buen día del Señor, hay algo que está relacionado al reino de Cristo en tu vida que también tiene que expandirse, y eso tiene que ver con el señorío de Cristo en cada una de las áreas de tu vida. No importa si tiene que ver con tu forma de pensar, de hablar, de negociar, de adquirir clientes, de salir de los clientes, tu forma de educar, tus finanzas, cómo ganas, cómo gastas. Todo esto tiene que ser permeado, invadido y gobernado por Cristo. No es simplemente invadido, gobernado por Cristo, de manera que la extensión de su reino aquí en la tierra ocurre una persona a la vez.
Tú ganas una persona a la vez en la historia redentora, y cada vez que el evangelio transforma una vida, esa vida transformada, verdaderamente moldeada por el evangelio, es una evidencia más de que el reino de la luz ha continuado expandiéndose en contra del reino del maligno. Y ese reino de Cristo continúa abriéndose paso en medio de la oposición del reino de las tinieblas, pero avanza inexorablemente hasta la consumación de los tiempos.
Ahora, antes de terminar con la explicación de lo que implica la frase "venga tu reino," yo quisiera sugerir que debe existir una conexión entre esta petición de esta oración modelo, "venga tu reino," y el último mandato del Señor Jesucristo, la Gran Comisión. Como que sería lógico pensar que si esta es la oración modelo, "venga tu reino" es una de esas peticiones, y hay un último mandato que Él da antes de ascender, como que esas dos cosas de alguna forma debieran estar conectadas.
Cuando Cristo dijo: "Id por todo el mundo y haced discípulos de todas las naciones," Él estaba diciendo en otras palabras: "Id por todo el mundo a extender mi reino." Eso es lo que les estaba diciendo. La Gran Comisión es el proyecto misionero más grande que se haya emprendido, y el comienzo de este proyecto misionero está aquí en el libro de los Hechos: comenzando en Jerusalén, toda Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra.
Ahora, para seguir estableciendo la relación entre esta petición "venga tu reino" y la Gran Comisión, que la Gran Comisión no es más que la extensión del reino, yo quisiera ver rápidamente varios pasajes para que tú puedas leer otra vez cómo Cristo llama al evangelio. Cuando Él comenzó a proclamar el evangelio para la expansión del reino de los cielos, Él le llama de una forma. Escucha, Mateo 4:23: "Y Jesús iba por toda Galilea enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo." Mateo 9:35: "Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia."
Mateo 24:14, aquí está la Gran Comisión enunciada claramente hasta el fin: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin." Claramente estableciendo que el juicio final vendrá cuando la Gran Comisión se complete, pero la Gran Comisión terminará cuando este evangelio del reino sea proclamado a todas las naciones.
Nosotros estamos viendo el reino de Cristo venir a cada persona cuando cada incrédulo le entrega su vida al Señor. La razón por la que el evangelio es llamado el evangelio del reino es porque ese reino tiene un Rey, y ese Rey es Cristo, y el evangelio es Cristo. El evangelio es su mensaje, pero el evangelio es una persona. En otras palabras, Cristo es el mensajero y Él es el mensaje, Él es la misma cosa. Él trae las buenas nuevas, pero resulta que Él es la buena nueva. En el Antiguo Testamento había un día llamado el día del Jubileo cada cincuenta años, pero luego resulta que más adelante Cristo es el Jubileo.
Quizás una buena ilustración puede ser esta: estás en tu casa y va un cartero, toca la puerta y tú abres y le dices: "¿Qué puedo ayudarle?" "Sí, yo tengo una carta para usted." Tú lo miras y ves que no tiene nada y le dices: "Bueno, ¿dónde está la carta?" Y dice: "No, yo soy la carta." Cristo es el mensaje y Él es el mensajero. "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre si no es a través de mí." Esas son las buenas nuevas, ese es el mensaje, pero el mensaje es una persona.
Martin Lloyd-Jones en su comentario sobre el libro de los Hechos dice: "El cristianismo no es una enseñanza, es una persona." El Señor Jesucristo fue el tema de la predicación de la iglesia primitiva, Él es el tema del evangelio de Lucas, Él es el tema del libro de los Hechos.
Ahora, el reino también es una realidad futura, y Cristo quiere que tú como hijo del reino de la luz puedas pedir por la consumación del reino al cual tú perteneces: venga tu reino. A manera de aplicación, yo quiero preguntarte pastoralmente, realmente entre tú y Dios ahora, sin maquillar la respuesta: ¿qué tan apasionadamente día a día tú vives esperando, anhelando que el reino venga? ¿Que hoy pudiera ser el día en el que Cristo llegara? ¿Cuán real es eso en tu mente?
Porque para muchos cristianos realmente no es una pasión, no es un deseo. De hecho, al contrario, yo he oído a veces jóvenes decir, y alguien puede decir: "Bueno, son jóvenes." Bueno, ahí comienza. "No, no, yo quiero, hasta que yo no me case, que el Señor no venga por ahora. Quiero tener esa experiencia." Y luego diez años después: "Muchacho, yo tengo que saber lo que es estar casado."
Cuando yo no deseo el retorno de Cristo, yo tengo que preguntarme: por un lado, ¿yo soy creyente? Porque supuestamente yo soy de un reino que yo no quiero que venga, no me interesa que venga. Si no soy creyente, nadie que es incrédulo puede desear el retorno de Cristo, porque el retorno tiene que ver con juicio y yo no quiero recibirlo.
Ahora, yo creo que la mayoría de las veces cuando nosotros no tenemos pasión por eso, no pensamos en eso, lo usual es que nosotros vivamos apegados a este mundo tanto que realmente no nos interesa. Mira cómo el diccionario de la Real Academia define la palabra "mundano," a ver si el sombrero no te sirve. El diccionario de la Real Academia, la última vez que yo chequeé, no es cristiano, es secular. Dice: "Alguien que atiende demasiado a las cosas de este mundo." Esa es la definición de mundano. Uno esperaría que dijera: "Alguien que vive de vicios." No, alguien que atiende demasiado las cosas de este mundo.
Piensa en una balanza: cuánto tú atiendes las cosas de este mundo, cuánto tú atiendes las cosas del reino de los cielos. Y si de este lado, la atención del mundo, está más pesado, los autores del diccionario, no el pastor Núñez, te llaman mundano. Porque su mirada está aquí abajo, no está allá arriba; sus intereses no son los del reino de los cielos; su estilo de vida demuestra que sus intereses no son los del reino de los cielos.
Cristo nos dice a los ciudadanos del reino de la luz: buscar el reino de Dios primero, porque ese es tu reino. Y el resto se dará por añadidura. Cuando haces lo inverso, eres ciudadano del reino, pero buscas el reino de las tinieblas primero. No hay un tercer reino, solo hay dos: el de la luz y el de las tinieblas. No hay un tercer tipo de ciudadanos: o eres del maligno o eres del reino. Y los ciudadanos del reino buscan el reino primero; eso implica valores, promesas, estilos de vida.
Y si Cristo inauguró ese reino en mi corazón, pero yo no tengo mayor deseo por ese reino, el señorío de Cristo no está siendo ejercido en mi vida, en mi matrimonio, en mi familia, en mi trabajo, en mis finanzas, en la iglesia, en mi vecindario, dondequiera que yo tengo que vivir. Entonces hay algo que está insubordinado con relación al gobierno absoluto monárquico del Señor Jesús. Y tú sabes qué pasó en el pasado cuando hubo insubordinación en el reino de los cielos: que Lucifer fue expulsado. Tú sabes qué pasó en el jardín del Edén cuando hubo insubordinación en contra del reino de los cielos: que ellos fueron expulsados.
Si yo no quiero el reino de Dios para mí siendo creyente, si yo no quiero la extensión de su señorío en mi vida, no lo voy a querer para otros, ni para el incrédulo siquiera, si no lo quiero para mí.
Hay una tercera posibilidad, y es que el reino quizá no lo desee porque pensar en el día final me causa temor. Entonces no conoces a tu Padre, porque tu Padre ha dicho que el perfecto amor de Dios echa fuera todo temor.
Es como el niño que tiene un padre abusador, abusivo, y entonces cuando el padre le dice "Pedrito", inmediatamente se llena de temor. Entonces el hijo de Dios es como eso, como que cada vez que le recuerdan que Cristo vendrá, se llena de temor para el día del juicio. Dios dice: "Pero es que no me conoces".
Ahora, si este es el reino de la luz, si este es el reino de las tinieblas, les recuerdo que cada uno de nosotros, aun si están en el reino de la luz hoy en día, estuvo en el reino de las tinieblas. Nadie nace en la luz, nacemos en el reino de la oscuridad. La pregunta que tengo que hacer es: ¿cómo yo paso de un reino a otro? Porque Cristo les habló por cuarenta días. Yo creo que él abordó todos estos temas quizás con más detalles, porque una vez más nosotros tenemos la epístola de Romanos, escrita por Pablo que ni convertido estaba, que dice qué cosa: que la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Eso había que explicárselo a los apóstoles, o sea, yo no tenía eso.
Entonces, ¿cómo tú pasas de un reino a otro? Ahí está: por la fe, por gracia solamente a través de la fe en la persona de Jesús, en su confianza, en su vida, muerte y resurrección. Su vida para que pueda tener sus méritos, su muerte para que pueda tener sus pecados perdonados, su resurrección como garantía de Dios de las promesas que él te hizo. Pero eso implica, hermano, que tienes que renunciar a tu lealtad al reino anterior, y muchos de nosotros hemos nacido de nuevo y todavía tenemos lealtades profundas al reino de las tinieblas.
Yo quiero decirte, pastoralmente, eso no es poca cosa. Eso es insubordinación al señorío de Cristo, en contra del señorío de Cristo en tu vida, a quien tú invitaste para que reinara. Y tú tienes que jurar lealtad al nuevo reino, lealtad lo cual implica muchas cosas, implica muchas renuncias. Cristo le habló a Nicodemo, le dice a Nicodemo: "Si puedes ser un maestro judío, pero en verdad te digo, si tú no naces del agua y del Espíritu, tú no puedes entrar ni ver el reino de Dios". ¿Por qué tengo que nacer? Pues yo estaba muerto en delitos y pecados y ningún muerto puede entrar a un reino de vivos. Eso es lo que Cristo explica en Mateo 22:32: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob". Él no es Dios de muertos sino de vivos.
Cuando después de nacer de nuevo y después de Cristo ser entronado en mi corazón, el señorío de Cristo es débil en mí, yo vivo en sublevación, yo vivo insubordinado, y ese levantamiento tendrá que ser sofocado sin lugar a dudas. Y Dios lo ha hecho. El pecado que reinaba en mí tiene que ser destronado y dado de su poder a través de la santificación. Y Cristo tiene que ser... él fue entronado el día que yo vine a sus caminos, pero todavía yo no reconozco completamente su señorío, su gobierno monárquico sobre mí.
Y nuestras desobediencias no significan tanto para nosotros porque vivimos en ellas. Por eso no nos sorprende, no nos asusta, por eso no nos llama la atención, no nos quita el sueño. Nos dormimos igual que el día anterior, igual que la semana pasada, igual que el mes pasado.
Escucha a Michael Green de nuevo en este libro "Treinta años que cambiaron el mundo". Son los treinta años que cubre el libro de los Hechos. Él dice: "Nuestra desobediencia no es marginal en nuestras vidas, es central". En otras palabras, ahí vivimos. No hacemos tiempo para pasar con Dios, pero se lo damos todo al trabajo y a nuestros placeres. Nosotros no damos nuestros afectos a las cosas de arriba ni encontramos tesoros en los cielos, sino que somos más materialistas que cualquier otra generación que haya existido anteriormente. Nosotros no obedecemos el último mandamiento del Señor de ir y hacer discípulos. En su lugar, nosotros tenemos dudas acerca del contenido de las buenas nuevas y somos reacios a hablar acerca de eso.
Este no fue el caso de estos primeros discípulos. Esta es la primera invitación. ¿Quiénes fueron estas gentes? ¿Escuchaste esas preguntas que hicimos? ¿Quiénes fueron estas gentes que no podían dejar de hablar de aquello que habían visto y oído? ¿Quiénes fueron estas gentes que cambiaron el rostro de la sociedad?
Y ahora, como cierre, quiero hacer algunas preguntas que en el nombre de Cristo yo quiero que te hagas y respondas honestamente. Y mi invitación es que no salgas de tu lugar sin responder esas preguntas. Si hoy oyes su voz, no endurezcas vuestros corazones como en las aguas de Meriba. ¿Está Cristo reinando en tu vida? Yo no pregunté si tú recibiste a Cristo en tu corazón; no es ni siquiera una frase adecuada para expresar mi salvación. En otras palabras, ¿estás viviendo verdaderamente el señorío de Cristo en cada una de las esferas donde tu vida tiene incidencia?
¿Qué estás haciendo para que su reino se extienda en tu vida, al crecimiento del señorío, y en la vida de otros, a lo largo de nuestra nación, de toda nuestra región? ¿Qué estás haciendo por la gran comisión? ¿Pequeño o poco? ¿Qué estás haciendo? Por lo menos ora para que venga tu reino.
En este quinientos aniversario de la Reforma Protestante, en un año vital para lo que es nuestro continente, ¿tú piensas unirte a la extensión de ese reino? Si tú eres creyente, si verdaderamente tú eres un ciudadano del reino de la luz, tú necesitas unirte a la revolución más grande que haya existido jamás en la historia del hombre, que es aquella que Cristo comenzó en la cruz y que continuó con el ministerio de los apóstoles. Y una manera fácil de unirte a la lucha es continuamente encontrando intencionalmente las formas de tú compartir el mensaje detrás de la vida, muerte y resurrección de Cristo, recordándole todo el tiempo cuando hagas eso que la tumba sigue vacía. No hay huesos en la tumba. Los de Buda están ahí, los de Mahoma están ahí, los de Jesús no están.
Cuarenta días hablando del reino; de eso hemos hablado hoy. Honra el reino al cual tú perteneces. Muestra tu lealtad al reino al cual tú fuiste transferido. Muestra en tu vida que tú tienes mucho menos evidencia del hombre viejo y mucho más evidencia del hombre nuevo. Muestra a los que están a tu alrededor que este año tú lo eres mucho más santificado que hace dos años. Muestra al mundo las buenas obras de Dios en tu vida para que ellos puedan arrepentirse en el día de la visitación. Y que entonces verdaderamente este reino, del cual Cristo le dedicó cuarenta días de conversación, múltiples apariciones, pueda ser una realidad por la cual tú puedas vivir.