La resurrección de Cristo ha sido piedra de tropiezo desde el principio. No solo la cruz escandalizó a judíos y gentiles; cuando Pablo predicó en Atenas y llegó al momento de anunciar que Dios había levantado a Jesús de entre los muertos, algunos se burlaron y otros simplemente dijeron: "Ya es suficiente, te escucharemos en otra ocasión". La misma reacción tuvieron las autoridades que inventaron la historia del cuerpo robado, el gobernador Festo que acusó a Pablo de locura, y —sorprendentemente— los propios discípulos, quienes habían escuchado a Jesús anunciar tres veces que resucitaría al tercer día y aun así consideraron "disparates" el testimonio de las mujeres que vieron la tumba vacía.
La incredulidad de los apóstoles es, paradójicamente, una de las mejores evidencias de que la resurrección ocurrió: creyeron en contra de su voluntad, convencidos por las pruebas. Tomás exigió meter el dedo en las heridas; cuando Cristo se le apareció, cayó de rodillas diciendo "mi Señor y mi Dios". Las evidencias lo rindieron.
Pablo construyó su mensaje en Atenas sobre cuatro etapas que resumen toda la Biblia: creación, caída, redención y glorificación. Si Dios está devolviendo su creación a su estado original —incluso mejor, donde el pecado jamás podrá entrar—, entonces la resurrección no solo es lógica, es necesaria. Cristo resucitado es "el primer fruto de una gran cosecha"; su cuerpo glorificado inaugura y garantiza la nuestra. Lo que el viernes lucía como derrota, el domingo se reveló como victoria. La tumba sigue vacía dos mil años después: puedes matar al que cree en la resurrección, pero no puedes matar al Resucitado.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Fuimos, hermanos, para vivir en Su palabra! ¿Quién tiene ahí la Palabra? ¿Ábrela? ¿Enciéndela? El libro de los Hechos, pero no en el capítulo 10 como nos tocaba, porque yo quisiera usar el mismo libro de los Hechos, pero para hablar de la resurrección de Cristo y la nuestra, en cierta manera. Lo quiero hacer a partir de un capítulo más adelante, donde el apóstol Pablo está hablando acerca de lo que nuestro Dios es, de lo que ha hecho, y cuando llega entonces a hablar de la resurrección, hay una reacción de parte de los atenienses donde él estaba predicando el Evangelio. Yo quisiera ver esa reacción y que nosotros podamos reflexionar un poquito acerca de la resurrección como piedra de tropiezo.
Nosotros estamos más familiarizados con la idea de la Cruz como piedra de tropiezo, o roca de escándalo, como Pedro la llama en su primera carta en 2:8, como el mismo Pablo atestiguó cuando les escribió a los corintios, cuando él dice que predicamos a Cristo, y a este crucificado, y entonces dice que eso era piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles, y ciertamente así es. Por otro lado, la encarnación sirvió de piedra de tropiezo para los griegos. Yo no voy a entrar ahí, pero ciertamente en gran medida por eso es que Juan escribe en contra de los gnósticos en su primera carta, y habla de que el que niega que Cristo vino en la carne —ahí está la encarnación— no era de Dios. Pero la resurrección también ha sido piedra de tropiezo, y muchos son los que se han accidentado, por así decirlo, pensando en la resurrección de Cristo y negándola.
Entonces, yo quiero ir al capítulo 17 del libro de los Hechos. Es como un fast forward a la historia que estamos viendo, para que nosotros podamos ver ahora a Pablo, que ya había hecho su primer viaje misionero y lo terminó. Ahora salió en su segundo viaje misionero: salió de Antioquía en el primero, regresó a Antioquía, y volvió a salir de Antioquía en el segundo. En ese viaje misionero él había llegado a Tesalónica; allí estuvo predicando tres días de reposo, la gente no quiso seguirlo oyendo, los judíos lo persiguieron, tuvo que salir corriendo, llegó a Berea, y allí los judíos de Tesalónica se enteraron de que estaba en Berea predicando las mismas cosas. Salieron para Berea, lo encontraron allí, lo persiguieron en Berea, y salió corriendo entonces para Grecia, para Atenas.
Precisamente, lo llevaron a un puerto en la ciudad de Atenas, lo pusieron en la barca, y dejaron a Silas y a Timoteo detrás en Berea. Pablo se fue a Atenas y decidió que los esperaría allá. Cuando él llegó a Atenas, comenzó a caminar por las calles de la ciudad, y el texto nos dice en la primera parte del capítulo 17 que su espíritu se enardecía, estaba siendo provocado por la gran idolatría que él veía en medio de la nación. Pablo había comenzado entonces a predicar en las sinagogas —había sinagogas en Atenas, imagínate hasta dónde los judíos habían extendido— y predicaba también en las plazas. Se encontró con los epicúreos como filósofos, y también con los estoicos, y discutió con ellos. Hablaremos de eso un poco más adelante.
En medio de eso, después que la gente lo escuchó, decidieron que debían llevar a Pablo al Areópago. El Areópago era ese lugar donde por muchos años se reunió la junta de gobierno, el tipo de gobierno que ellos tenían, para escuchar asuntos de interés nacional. Decidieron llevar a Pablo a escucharlo allá, y quizás estaban pensando tomar alguna decisión respecto a él. Lo llevaron, él comenzó a predicar, y ese es el texto que yo quiero leer. Quiero leerlo para que podamos ver y reflexionar un poco en la reacción que esta gente tuvo a la resurrección, y podamos ver la reacción de otros personajes de la historia bíblica a esa misma resurrección, para que quede claro por qué este mensaje ha sido titulado "La resurrección como piedra de tropiezo."
Escucha en el versículo 22 del capítulo 17 del libro de los Hechos:
"Entonces Pablo, poniéndose en pie en medio del Areópago, dijo: 'Varones atenienses, percibo que sois muy religiosos en todo sentido, porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación, para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallaran, aunque no está lejos de ninguno de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y existimos. Así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: "Porque también nosotros somos linaje suyo." Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano. Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres en todas partes que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio de un hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos.'"
Escucha: acabó de hablar de Cristo, que fue resucitado de entre los muertos. Y cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, pero otros dijeron: "Te escucharemos otra vez acerca de esto." Entonces Pablo salió de en medio de ellos, pero algunos se unieron a él y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
Tú viste la reacción de los atenienses a la resurrección. Algunos se burlaron; otros dijeron: "Pablo, ya está bueno. Las cosas iban bien mientras tú hablabas de este Dios creador, sustentador y todo lo demás, pero cuando comenzaste a hablar de la resurrección, ya nosotros no tenemos más paciencia para seguirte oyendo." Es como ese sentido con el que uno se queda, y ciertamente la resurrección ha sido una piedra de tropiezo desde el principio para todo el mundo.
Piensa por un momento en las autoridades de sus días, que vendieron la idea de que el cuerpo había sido robado. Le pagaron a los soldados para que dijeran tal cosa, mientras la tumba estaba allí vacía, con soldados que estuvieron ahí toda la noche. Pero no fueron los únicos que tuvieron dificultad en aceptar la tumba vacía. Sus discípulos, entrenados por Jesús mismo, tuvieron una gran dificultad en creer esto. Y posteriormente las cosas no cambiaron: en Corinto había gente que había estado abrazando la fe cristiana, pero que de repente comenzó a creer que no había resurrección de entre los muertos, y Pablo tuvo que escribirles acerca de la realidad de la resurrección y decirles: "Si no hay resurrección de los muertos, pues vuestra fe es vana."
Vieron aquí en Atenas cómo Pablo estaba hablando, y le escucharon más o menos con atención hasta que él llegó a la resurrección, y entonces comenzó la burla. Pero todos ellos —yo creo que los que más llaman la atención en cuanto a la dificultad de aceptar que había una tumba vacía— fueron sus propios discípulos. Ellos caminaron con Él, oyeron sus enseñanzas, más de una vez, de que era necesario que el Cristo padeciera, muriera, fuera sepultado y resucitara. Y ellos son los que más dificultad tuvieron en aceptar la resurrección de Cristo.
Yo creo que una de las mejores evidencias de que la resurrección ocurrió es que los apóstoles —aquellos que se sentaron con Él en la última cena, aquellos que estuvieron con Él hasta el último momento— creyeron en la resurrección en contra de su propia voluntad; las evidencias los convencieron. A pesar de los repetidos anuncios de parte de Cristo de que esto ocurriría, escucha el primero de estos anuncios en Mateo 16:21: "Desde entonces, Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día." Anuncio número uno.
Próximo capítulo, Mateo 17:22-23: "Mientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: 'El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y le matarán, y al tercer día resucitará.'" Y ellos se entristecieron mucho. En otras palabras, como que esta vez algo hizo clic y creyeron que esto iba a pasar.
Tercer anuncio, Mateo 20:17-19: "Cuando Jesucristo iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, solo a ese grupo, y por el camino les dijo: 'He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.'"
Uno pensaría que con esos anuncios, cuando llegó el viernes, los discípulos debieron haber comenzado a contar: "Él dijo que al tercer día iba a resucitar. Día 1, día 2, día 3..." y después, si no ocurría, comenzar a dudar. Pero no: el viernes en la noche toda esperanza se disipó, hasta el punto de que cuando las primeras mujeres llegaron al sepulcro y, conforme a las instrucciones de Jesús, se devolvieron para ir a decir a sus hermanos, a los discípulos, que Él había resucitado, el texto de Lucas 24:11 dice que sus palabras les parecieron como disparates y no las creyeron.
Estos son los hombres que mejor conocían lo que Cristo había anunciado. Y cuando escucharon a las mujeres traer el testimonio de que habían visto al Maestro, pensaron que hablaban disparates.
Escucha lo que Marcos dice de ese relato en 16:11, porque es un poco más enfático. Cuando ellos oyeron que Él estaba vivo de parte de las mujeres, y que ella le había visto —María Magdalena, que fue la primera—, se negaron a creerlo. No fue simplemente que dijeran: "Es un disparate", sino que ellos se negaron; aquí hay como una intencionalidad: "No vamos a creer, es que esto es imposible." Porque para ellos, el viernes en la noche derrumbó toda esperanza, porque el Mesías que ellos habían concebido, el Mesías anunciado que libertaría a Israel, era imposible en su concepción que pudiera terminar clavado en un madero maldecido, como decía la ley, y que pudiera ser el Mesías. Mucho menos ahora vamos a creer en la resurrección de alguien que no pudo haber sido el Mesías. Quizás Judas fue el único que tuvo razón, porque la ley decía: "Maldito es todo aquel que muere en un madero", y así murió el que nosotros creíamos nuestro Mesías.
Marcos nos dice en 16:12 algo más que nos permite ver que ciertamente la resurrección fue como una piedra de tropiezo. Escucha lo que Marcos dice en el versículo 12 del capítulo 16: "Y después de esto se apareció en forma distinta a dos de ellos cuando iban de camino al campo." Esa era los dos discípulos que iban de camino a Emaús. Se acuerdan que con estos dos discípulos Él les abrió las Escrituras y les mostró desde la ley, los salmos y los profetas cómo todas las Escrituras hablaban de Él y habían anunciado que esto ocurriría. Y estos dos fueron y se lo comunicaron a los demás, es decir, a los demás apóstoles y discípulos, pero ellos tampoco les creyeron.
No creyeron a las mujeres, no creyeron a estos dos discípulos que iban camino a Emaús —gente que escuchó a Jesús enseñarles las Escrituras, con quienes Jesús se sentó a la mesa a comer y partió el pan, momento en que desapareció de delante de ellos—, y todo ese relato, estoy seguro, lo comunicaron a los demás, y los demás rehusaron creer. Jesús se aparece en otro momento a diez de los doce; Judas ya había obviamente muerto y Tomás estaba ausente. Y Tomás dice, Juan 20:25: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, eso no va a ser suficiente." Yo tengo que ver en sus manos la señal de los clavos, y meter el dedo en el lugar de los clavos —no es la marca lo que quiero ver, sino comprobar que eso es una perforación—, y eso tampoco es suficiente: "Y ponga mi mano en su costado; no creeré." ¿Y cómo es la incredulidad de esta gente? Es como la incredulidad de nosotros. La resurrección fue una piedra de tropiezo.
Cristo se le apareció a Tomás. "Tomás, ven." Y Tomás cayó de rodillas y le dijo: "¡Mi Señor y mi Dios!", y ya no fue necesario poner el dedo en la llaga.
En tercer lugar, ese Cristo resucitado se le aparece a Pablo, y Pablo entonces tiene varias oportunidades de contar su testimonio de aparición y de encuentro con Cristo. La última vez es frente al rey Agripa, con el gobernador Festo presente. El texto del capítulo 26 del libro de los Hechos, si mi memoria no me falla, dice lo siguiente: Pablo está hablándole a Agripa y a Festo acerca de su encuentro con Cristo, y cómo Cristo murió y Dios le resucitó de entre los muertos. En ese momento, dice el texto, el versículo 24, Festo dijo a gran voz: "Pablo, estás loco. Tus muchas letras te están haciendo perder la cabeza." Mas Pablo dijo: "No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura."
Hasta ese momento, Festo estaba ahí oyendo junto con el rey Agripa —no sé si con cierto interés o pareciéndole quizás interesante el relato de Pablo—, pero cuando Pablo mencionó la muerte de Cristo y su resurrección, el texto dice que Festo a gran voz le dijo: "Pablo, estás loco." Y Pablo dice: "No, yo no estoy loco. Yo hablo palabras de verdad y de cordura." En resumidas cuentas, creer en la resurrección requiere una obra del Espíritu de Dios en la mente y el corazón del ser humano para que lo pueda creer. Eso es verdad de ti y de mí.
Pero algo que nos puede ayudar es lo siguiente: si tú entiendes las cuatro etapas —las cuatro sombrillas, si tú quieres— bajo las cuales puedes resumir toda la historia de la Biblia, cuando llegas a la última etapa, la resurrección no es solamente lógica, sino una necesidad. Déjame resumirte en dos minutos toda la Biblia en cuatro etapas, para que tú puedas ver; si lo conocías, lo repasas, y si no lo conocías, pues lo puedes ver con más claridad.
De principio a fin: hubo una creación —etapa número uno—. En ese momento todo era bueno en gran manera; no había muerte, no había dolor, no había sufrimiento. La intimidad con Dios era máxima: Adán y Eva caminando con su Dios. Etapa número dos, hubo una caída. El pecado entró, la muerte entró, el dolor entró, el sufrimiento entró; el planeta quedó maldito. Etapa tres, redención. Dios se percató de la caída del hombre y proveyó una salida a través de la cual el hombre podía llegar a ser salvo otra vez, para que el hombre que se perdió pudiera encontrarse con Él nuevamente; esa es la etapa de la redención. Y una cuarta etapa, hacia la que la resurrección apunta, es la glorificación: donde Dios pretende tomar su creación caída —habiendo comenzado su proceso de redención—, terminarlo y entrar al proceso de glorificación, donde Él piensa devolver toda la caída del hombre y retornar su creación a su estado original; de hecho, mejor que su estado original, donde no solamente no habría pecado, sino donde el pecado jamás podría entrar. Esa es la cuarta etapa: la glorificación.
Entonces, si eso ha de ocurrir, si Dios va a devolver su creación a su estado original, tiene lógica y es incluso necesario que los muertos en Cristo resuciten de manera glorificada, de manera que eso pueda también ser llevado a cabo. La muerte puede ser echada para atrás, conquistada, y retornada la creación —en este caso nosotros— a su estado original. Bajo esa lente, la resurrección de los muertos no es solamente lógica, sino necesaria.
Quiero entonces usar el mensaje de Pablo para que tú puedas ver cómo él construye su mensaje para una audiencia que no conocía nada del Antiguo Testamento. No tenía idea de la ley de Moisés, nunca había oído de un profeta judío, nunca había oído de Cristo, de su vida, de su muerte ni de su resurrección. Por tanto, Pablo tiene que encontrar otro punto de contacto, distinto al que él usó con los judíos; con los judíos simplemente les hablaba porque esto fue lo que las Escrituras y los profetas anunciaron. No puede hacer eso con los atenienses.
Pablo encuentra un punto de contacto, y ese punto de contacto es el hecho de que él se ha percatado de que ellos son muy religiosos. Si tú me dices a mí "tú lo que eres es un religioso", eso sería ofensivo, porque la religiosidad no salva a nadie; pero si tú les dices a los atenienses "ustedes son muy religiosos", eso es como un halago, eso implica: "Ustedes tienen dioses, ustedes adoran, ustedes reconocen que hay algo más allá de lo que ustedes son." Y Pablo les dice: ¿cómo llegó a la conclusión de que ellos eran muy religiosos? "Es que yo vi un altar caminando por la ciudad, yo vi un altar al dios no conocido."
Múltiples altares han sido descubiertos de la antigüedad que tienen justamente esa inscripción: "Al dios no conocido." Eso como que no tiene lógica hasta que tú entiendes que en la antigüedad la gente tenía miedo de deshonrar a los dioses. Entonces cada altar era para honrar a cada dios que ellos conocían, pero se decían: "Pero si existe un dios que nosotros no conocemos y él se aíra con nosotros por no tenerle un altar, pongámosle uno: al dios no conocido." Pablo entonces encuentra ese punto de contacto y comienza a hablarles de ese Dios. El versículo 23 dice: "Lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio yo." Yo creo que eso probablemente creó interés en ellos: si no lo conocemos y él dice que va a hablar de Él, escuchemos.
Y Pablo comienza en la etapa 1 que les mencioné, que es la etapa de la creación. El versículo 24: "El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es el Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas." Etapa 1: la creación. Pero de esa creación Pablo comienza a ser bien específico y les dice: "Ese Dios que yo proclamo es el Dios creador del cielo y de la tierra." Como Dios creador es Dios soberano; por eso Pablo lo llama Señor del cielo y de la tierra: gobierna soberanamente, Él creó todas las cosas. Es un Dios autosostenible, autoexistente; Él no es servido por manos humanas. Es un Dios que da vida a otros; en Él existe el poder de la vida, Él es el que da aliento a todo el mundo y Él es quien provee todas las cosas a todo el mundo. Esto no es un dios cualquiera, esto no es un dios como las deidades que ustedes conocen; este es un Dios muy singular en ese sentido. Este es un Dios que no puede ser contenido por un templo porque Él es infinito, Él llena toda la eternidad.
Ellos van bien: "Suena interesante, Pablo." Y Pablo dice: "Pero este Dios no es servido por manos humanas." Eso lo dice porque en la antigüedad, y aun hoy día, en un número de religiones a los dioses se les lleva comida; se les lleva usualmente frutas —parece que para que no les suba el colesterol, pero se les llevan frutas y vegetales y flores—. Y si tú piensas que eso es muy arcaico, déjame decirte que estando yo más joven tuve la curiosidad de iniciar —y prontamente parar— un curso de meditación trascendental. Sesión número 1: instrucciones. Sesión número 2: "Tú trae un plato de frutas y ofréceselo a los dioses para que coman." Y en mi cordura —por lo menos en torno a eso—, yo fui, y cuando salí de esa segunda sesión obviamente no volví más, porque ¿en qué cabeza cabe que a los dioses se les alimenta? Pablo dice: "Este Dios no es servido por manos humanas. Él tiene el poder en sí mismo, Él da vida a todos y nadie le sirve."
La existencia del universo entero depende de este Dios. Hebreos 1:3: Él sostiene el universo por la palabra de su poder. Pero Pablo le dice algo más, le dice: "Tú sabes una cosa de este Dios: este Dios es tan extraordinario, está tan fuera de serie, que en Él nosotros nos movemos, vivimos y existimos. En Él vivimos, comenzamos ahí, nos movemos y existimos." En otras palabras, si no fuera por este Dios de quien yo le estoy hablando, tú y los demás atenienses no existirían, porque el poder de existencia está en Él.
Y Pablo termina de hablarle de esta primera etapa de la creación, ayudándoles a entender que la humanidad fue creada por Dios, no solamente el mundo como material, sino los hombres, la raza humana fue creada por Dios, según lo que vemos en el versículo 26. Es más, les ayuda a entender que no solamente la humanidad fue creada por Dios, sino que las naciones, sus límites, sus fronteras, cuándo existirían como naciones o llegarían a ser naciones, todo eso fue determinado por este Dios. Versículo 26: "Y de uno hizo todas las naciones del mundo, de uno solo, un hombre, Adán, para que habitaran sobre toda la faz de la tierra."
¿Y qué más? Pablo, habiendo determinado sus tiempos señalados —en otras palabras, una nación no llega a ser nación hasta que Dios haya determinado el tiempo para llegar a hacerlo— y los límites de su habitación. En otras palabras, las fronteras de las naciones existen en el devenir de la historia como que se fueron creando aparentemente conforme a como los hombres decidieron, pero todo el tiempo siendo dirigido por la providencia de Dios. Cada frontera que existe —piensa en alguna que tengas cerca— existe porque Dios así lo ha determinado. Y las emigraciones de los hombres están bajo el cuidado providencial de nuestro Dios, comenzando en Ur de los caldeos hasta Canaán con Abraham, y siguiendo con todo el pueblo judío sacado de Egipto. El texto no dice sus emigraciones, pero si crees en la providencia de Dios, tú sabes que eso no puede darse sin la mano de Dios.
Habiéndole hablado de esa primera etapa de la creación, Pablo pasa a hablarle indirectamente de la segunda etapa: la caída. Obviamente no le podía hablar de Adán y Eva, no le podía hablar de la serpiente, porque ellos no tenían ni idea de lo que ese relato era. Pero Pablo tangencialmente les deja saber que hubo una caída. ¿Y cómo lo hace? En el versículo 27: "para que buscaran a Dios." Adán y Eva no tenían que hacer eso; si de alguna manera palpando, Adán y Eva no tenían que estar palpando para encontrarse con Dios. "Si de alguna manera palpando le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros."
Pablo ahí les deja ver algo de la creación que no salió bien. Dios creó la humanidad y la organizó para que de alguna manera, aunque sea palpando, la buscara, porque el hombre quedó en oscuridad y no ve como Adán y Eva vieron. Y si van a buscar de Dios, es como palpando, como tanteando a ver dónde está. Pero al mismo tiempo les dice que Él no está muy lejos, porque Dios se le reveló al hombre en su conciencia, en su interior —dice Romanos 1— y se le reveló en la creación. Solamente tiene que ver a su alrededor para percatarte de que esto no pudo haber salido de la nada.
Imagínate que salgamos de este lugar, saquemos todo lo que aquí adentro existe, volviéramos dentro de un millón de años y encontráramos todo esto así de organizado como está. Que alguien te dijera que este salón estaba vacío y que un millón de años después se llenó de sillas y de luces, y que todo está en orden como hoy aparece. No está muy lejos de ninguno de nosotros; eso es lo que la Palabra revela.
Lamentablemente, el hombre que niega a Dios niega lo que él sabe que existe. Y tú podrás decir: "¿Pero cómo es eso posible?" Mira cómo ocurre, porque yo lo veo en medicina con cierta regularidad. El otro día yo estaba en un centro médico, me encontré con una doctora y ella me dice, un poco molesta y con cierta razón: "Doctor, ¿usted puede creer que esta paciente que yo estoy admitiendo ahora con el azúcar por las nubes ya se ha admitido como cinco veces con su diabetes descontrolada, e insiste en que no tiene diabetes?" Ella sabe lo que tiene. Ella tiene la evidencia, tiene el laboratorio, tiene la admisión de su propia persona, admitida con ese diagnóstico que ella entiende que no tiene.
Lo que pasa con el hombre es que él quiere construir su propio camino de regreso a Dios, y por eso no acaba de encontrarlo. Por eso esta señora no se sana, porque ella quiere construir su propio tratamiento para un problema que ella no cree que tiene. Y no solamente el hombre quiere construir su propio camino de regreso a Dios, sino que quiere un Dios conforme a su propio entendimiento. Recuerdo otra ocasión, estando en la emergencia en Estados Unidos, le pregunté a uno de los cardiólogos, que era de origen judío y que no creía siquiera en su propia religión, por qué no creía, y me dijo: "Para serle honesto, porque no es conveniente." El hombre quiere un camino que él construya y quiere un Dios a su conveniencia.
Pablo le está hablando a una audiencia que no conoce nada del Antiguo Testamento. Comienza con el Dios creador y luego tangencialmente les dice que el hombre se perdió y por eso Dios organizó la humanidad para que le buscara, "si de alguna manera palpando le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros." Esa habla trae luz acerca de esa segunda etapa que yo te mencioné.
Y ahora Pablo pasa a la tercera etapa: la etapa de la redención. Versículo 30: "Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres en todas partes que se arrepientan. Porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia." Ahí está claramente definida la tercera etapa de Dios. Pasó por alto, en cierta medida, los tiempos de ignorancia. Pero ahora dice el texto que algo pasó, algo ocurrió: Cristo vino, Cristo murió, Cristo resucitó. No está hablando de eso todavía, pero simplemente señala que ahora, en este tiempo, Dios ha declarado a todos los hombres que se arrepientan.
Eso es cómo la redención se da, y la razón por la que Pablo está hablando de que todos los hombres se tienen que arrepentir es que hay un juicio inminente que va a venir, donde todo el mundo tendrá que dar cuenta: de cada palabra ociosa que haya pronunciado, de cada hecho, cada evento, cada pensamiento, cada motivación. Todos los libros van a ser abiertos. Y si tú no te arrepientes y no recibes perdón de este lado de la eternidad, cuando pases al otro lado los libros estarán en tu contra, y son tus propios libros, tus propias palabras y tus propias acciones.
Los tiempos de ignorancia del versículo 30 forman parte del tiempo de la caída. La necesidad del arrepentimiento en todas partes, en todas las naciones, porque hay un juicio venidero, forma parte del tiempo de redención, donde Dios está haciendo eso a través de la cruz de Cristo y su resurrección. Ahora nota que, si bien es cierto que Pablo encontró un punto de contacto con el cual comenzar, no es menos cierto que Pablo no diluyó el mensaje, sino que los confrontó. Los confrontó en primer lugar con su ignorancia: "Ustedes adoran a un Dios que no conocen; es el Dios que yo les proclamo, el Dios creador, sustentador, el Dios dueño y soberano del cielo y la tierra, creador de toda la humanidad."
En segundo lugar, Pablo los confrontó y les declaró que de ese Dios que ellos no conocían, ese que él proclamaba, de ese Dios ellos dependían, porque en Él tú vives, te mueves y existes. Atenas en sí misma: en Dios nosotros vivimos, nos movemos y existimos. Él los está confrontando. En tercer lugar, Pablo habló de que ellos estaban perdidos y necesitaban buscar a Dios, aunque sea tanteando, a ver si lo encuentran. Al otro es el hablarles de su perdición. En cuarto lugar, el versículo 30 le habla de la redención, porque ese Dios ha declarado —no sugerido, sino declarado y demandado— que todos los hombres se arrepientan en todos los lugares, porque hay un juicio. Y ese juicio va a ser hecho a través de un Hombre —con H mayúscula—, refiriéndose a Cristo.
Miren lo cuidadoso que Pablo está siendo al presentarles a Cristo, porque ellos no conocen nada de la encarnación. Pero les habló de ese Hombre, que era Cristo, Dios encarnado, de nombre Jesús. Y les dice que por un tiempo Dios pasó por alto la ignorancia, pero que ya ese tiempo ha llegado a su fin. Pablo entonces entra, por lo menos a puntualizar, hacia la etapa de la glorificación, la cuarta etapa: creación, caída, redención. Y aunque esa cuarta etapa no está claramente definida —bueno, no lo podía hacer, pues ellos no conocían nada de esto— está señalada.
Escucha, versículo 31: "Porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia por medio de un Hombre que ha designado." Escucha ahora: "Habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos." La resurrección de Cristo, su cuerpo glorificado, iniciaba, inauguraba y apuntaba hacia la glorificación, o la cuarta etapa. Y una forma en que tú puedes verlo claramente es en la carta de Pablo a los Corintios, donde Pablo en el capítulo 15 tiene una amplia disertación acerca de la resurrección, acerca de cómo será el cuerpo resucitado, cómo se entierra un cuerpo en deshonra y se resucita un cuerpo en gloria, en poder, y así sucesivamente.
En esa carta, en ese capítulo 15, en el versículo 20, te lo voy a leer primero de la Biblia de las Américas y luego en la Nueva Traducción Viviente para que puedas ver con más claridad. Escucha el texto: 1 Corintios 15:20: "Más ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron." Para todo lo que significa eso, "primicias de los que durmieron." Escucha ahora la Nueva Traducción Viviente: "Lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron."
En otras palabras, Cristo al resucitar es simplemente el primero de muchos resucitados futuros. Por eso te decía que en este mensaje Pablo apuntó hacia la cuarta etapa, la etapa de la glorificación, porque al hablar de Cristo ahí está la glorificación nuestra. Nosotros viviremos porque Él vive hoy. Nosotros resucitaremos porque Él resucitó. Él es el principio de la cosecha y tú y yo somos el resto de los frutos.
Pablo, ya te pasaste. Versículo 32: "Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos..." Algunos de ustedes han dicho cosas así como... y cuando alguien dijo eso, mira, a mí me subió y me bajó. ¿Sí o no? O cuando esa persona dijo tal cosa. Eso es lo que tú le hiciste. "Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos", en otras palabras, está ahí como que Pablo suena interesante. Pero cuando oyeron de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban. Pero otros dijeron: "Te escucharemos otra vez acerca de esto." Ya, paren, ya no sigan. Quizás pensaron como Festo: "Te volviste loco." Yo creía que estaba cuerdo, ahora sí es verdad.
Entonces Pablo salió de entre ellos, pero algunos se unieron a él y creyeron. Entre los cuales estaban Dionisio y una mujer llamada Damaris, y otros con ellos. Atenas, la única ciudad que Pablo visitó donde no se fundó una iglesia. De Atenas, Pablo se va a Corinto. Cuando llega a Corinto, les dice: "Entre ustedes me propuse predicar a Cristo y a este crucificado."
Pablo predicó el mensaje que le permitieron predicar, hasta donde le permitieron predicar, en el Areópago. Conociendo a Pablo, nos imaginamos que esto es simplemente un resumen de lo que él predicó, y que probablemente, de alguna forma, la cruz ya había sido presentada ahí. Pero si tú lees la primera parte del capítulo 17, es ahí donde te encuentras que Pablo estaba predicando en las sinagogas. Ahí sí podía citar las Escrituras. También estaba predicando en las plazas.
Y el versículo 18 de ese capítulo 17 dice que algunos pensaron que él era un predicador de divinidades extrañas. ¿Por qué? Escucha, ¿por qué? O sea, le escucharon, pero había algo en la predicación que les hizo pensar: "No, estas son divinidades extrañas, esto no es para nosotros." Porque les predicaba a Jesús y la resurrección. ¿Ves que es una piedra de tropiezo? Desde el principio: para las autoridades judías, para los discípulos, para la gente en Corinto, para Festo, para los hombres de ciencia hoy en día. Escucharon a Pablo con cierto interés, pero eventualmente se burlaron y algunos no quisieron seguirlo oyendo.
Los filósofos griegos no creían en la vida después de la muerte. Los epicúreos que se mencionaban creían que ni el alma ni el cuerpo vivía después que moría. Y los estoicos pensaban que el alma podía vivir por un tiempo más, pero no continuamente después que el cuerpo moría. De manera que esta resurrección fue lo más extraño que pudieron escuchar.
Pero otra vez, si Dios está redimiendo su creación y regresándola a su estado original, es lógico y necesario, incluso, que aquellos que morimos en Él seamos resucitados, y que seamos resucitados para vida nueva, renovada, con cuerpos glorificados como fue el cuerpo de Jesús. Y esto es lo que Pablo está tratando de explicar a los tesalonicenses. Todo el mundo tiene, o tuvo, o ha tenido, o sigue teniendo un problema con la resurrección. Y Pablo les dice a los tesalonicenses: "Estén tranquilos. Así es como va a ocurrir."
¿Pero cómo es eso de que vamos a resucitar? ¿Estén tranquilos? Primera carta a la iglesia tesalónica, capítulo 4, versículos 13 al 18: "No queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen", para hablar de los que murieron, "para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza." En otras palabras, si tú tienes un hermano, un familiar, un amigo, un ser querido que murió en Cristo, no te entristezcas como nosotros nos entristecemos. Porque él tiene vida después de la muerte.
Escucha, esta es la razón por la que no debo entristecerme: "Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús." Su resurrección apunta a mi resurrección, y eso es la cuarta etapa: glorificación. "Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor." Yo no tomé un sueño ni una visión, no me fue dada por palabra del Señor de esa manera; yo lo he leído. "Que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor no precederemos a los que durmieron." Nosotros no vamos primero que los que ya están muertos. No, no, no, no.
"Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces, nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras." Alégrense, celebren: el Señor regresa, el Señor vuelve, nos encontraremos con Él.
Ya sea que salgas de un sepulcro o te juntes con alguien que salió de un sepulcro. ¿Te lo imaginas eso? Yo salgo de un sepulcro o me junto con alguien que salió del sepulcro. Wow, increíble. Imagínate esa experiencia. Si vivías cerca de un cementerio y de repente ves a esa gente saliendo... Si tú como que tienes que esperar un ratico porque tú vas después de ellos, pensando si te alcanza o no.
Ninguna otra fe cree como nosotros en la resurrección. En el hinduismo, reencarna el alma para ir a encarnarse en otro cuerpo, que puede ser desde una cucaracha hasta un ratón, y quién sabe, a purificar el karma. El cristiano dice: "No, no, no, no. ¿Qué karma ni karma? Yo soy nueva criatura en Cristo Jesús. Yo he sido purificado por medio de su Espíritu. Yo tengo garantía de qué es lo que sigue después de esto."
En el budismo no reencarna ni el cuerpo ni el alma, sino los deseos. El cristiano dice: "Eso no tiene sentido. Los deseos no son ninguna entidad para reencarnar; lo tiene el cuerpo, lo tiene el alma." Otros dicen que todo esto es una ilusión. En otras palabras, tú crees que yo estoy predicando, pero yo estoy predicando. Yo creo que tengo una audiencia en frente, pero aquí no hay ninguna audiencia, eso es una ilusión. Y el cristiano dice: "Bueno, pues si eso es una ilusión, ¿por qué cuando cruzas la calle miras para la derecha y para la izquierda antes de cruzar? No importa el carro que viene, te pasan por arriba. ¿No te están pasando? ¿Es una ilusión que te están pasando por encima?" Y el cirujano que te vaya a operar que no te dé anestesia, porque no te duele. Eso es una ilusión; tú crees que te duele, pero no te duele.
Para muchos hombres de ciencia tampoco hay resurrección. Stephen Hawking, uno de las grandes mentes brillantes del siglo XXI, murió hace pocos días, un par de semanas atrás, murió creyendo que no había una próxima vida, que no había resurrección. Tú sabes lo que es lo doloroso de eso: que se requiere el infierno y la condenación para convencer a mucha gente de que hay otra vida. Que la gente va a morir sin creer, y cuando se encuentre en la condenación, va a decir: "Ahora creo", pero ya será tarde.
La resurrección de Cristo es un hecho incontrovertible, históricamente hablando. No hay mejor hecho histórico mejor documentado que la resurrección de Cristo. El problema del hombre no es de evidencia, es moral: no le conviene creer. La resurrección de Cristo y la nuestra es mencionada en los cuatro Evangelios, en el libro de los Hechos recurrentemente, en cada una de las cartas de Pablo a las iglesias —¡qué tan importante es esta resurrección!— y en el libro de Apocalipsis.
Pedro escribe en su primera carta, capítulo 1, versículos 3 y 4: "Según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva mediante la resurrección de Cristo de entre los muertos." Dios nos hizo nacer a una esperanza viva mediante la resurrección. En otras palabras, la cruz sola no nos hubiera ayudado a nacer de nuevo. "Para obtener una herencia incorruptible e inmaculada y que no se marchitará, reservada en el cielo para vosotros." Como Pablo, como Pedro: eso fue mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Y Pablo escribe a los corintios, que no querían creer algunos que había resurrección de muertos. Pablo les dice —lo voy a leer en la Nueva Traducción Viviente para que quede más claro—, 1 Corintios 15:17-19: "Y si Cristo no ha resucitado..." Pero Pablo, primero les dice: "Si no ha resucitado, tampoco Cristo ha resucitado." Y luego dice: "¿Y si Cristo no ha resucitado? Entonces, la fe de ustedes es inútil y todavía son culpables de sus pecados." En otras palabras, la cruz sin resurrección me deja en mis pecados. "En ese caso, todos los que murieron creyendo en Cristo están perdidos. Y si nuestra esperanza en Cristo es solo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo."
Porque si Cristo no resucitó, eso implica que ese sacrificio fue insuficiente. Y por tanto, el Padre no quedó satisfecho y por tanto no lo resucitó. Y por consiguiente, cada uno de vosotros está en sus pecados. Y ustedes están pensando que van a resucitar, ustedes están pensando que tienen salvación y se están sacrificando para una vida de santidad. Ustedes son dignos de lástima, a menos que Cristo haya resucitado. Despierta, Corinto.
Los corintios estaban como el viernes por la noche todavía, por lo menos aquellos que no creían en la resurrección. Y a veces nosotros como que vivimos, tenemos como ese aura de viernes por la noche todavía, por la manera no victoriosa que caracteriza nuestra vida. Lo que el viernes era un fracaso, el domingo pasó a ser un triunfo. Lo que el viernes eran lágrimas, el domingo pasó a ser gozo. Lo que el viernes era oscuridad, el domingo pasó a ser luz. Lo que el viernes era pesimismo, pasó a ser un gran optimismo, una gran esperanza verdadera. Y lo que el viernes lucía como una derrota, pasó a ser una victoria.
Ahora, ¿qué cambió entre el viernes y el domingo? Nada cambió, en términos de hechos históricos, nada, nada había cambiado; la cruz seguía siendo la cruz. Lo único que ocurrió el domingo es que la historia estaba completa. Y eso nos ayuda a nosotros a entender que tú no puedes concluir, no puedes llegar a una conclusión hasta que no conozcas la historia completa.
Cuando tú y yo estamos pensando: "¿Y dónde está Dios? Dios como que no me oye, Dios como que no me escucha. Yo no sé si Dios está pendiente de mí... Yo no sé cómo esto puede ayudar en nada." Escucha: lo único que tú conoces es una porción muy pequeña de tu historia. Tú conoces la historia si se ha relatado, y parcialmente, incluso lo que conoces no lo entiendes completamente; conoces una parte pequeña del presente y no conoces nada del futuro.
Dios, que ve todo —pasado, presente y futuro—, que vio la encarnación, la muerte, la crucifixión y la resurrección de Cristo, todo como en un solo tiempo, sabe el sábado lo que está haciendo, sabe el sábado de donde tú vienes, el sábado donde tú estás y el sábado para donde te lleva. Tú tienes que confiar hasta que entres en gloria y mires para atrás y digas: "¡Ah! Ahora entiendo." Y mientras tanto, tú confías. Eso es lo que Dios te pide: que estés dispuesto a confiar en la resurrección de Cristo.
La historia del primer domingo, la resurrección, cambió la interpretación del viernes. ¿Tú puedes creer eso? El domingo no cambió nada excepto la interpretación, y cómo cambió cuando completó la historia. Mataron a Cristo, pero no pudieron matar su verdad. Mataron a Cristo, pero no pudieron matarlo definitivamente: resucitó.
Escucha esta ilustración. En una ocasión, el conde de Morton —que era el regente de Escocia durante la época de la Reforma— se encontró con Andrew Melville. Melville era uno de los reformadores. El conde le dice a Melville: "Aquí no habrá paz hasta que ahorquemos o desterremos a alguno de ustedes, los cristianos." Y el reformador Melville le responde: "Me da lo mismo pudrirme en el aire si me ahorcan, o en la tierra si muero de muerte natural y me entierran. Pero lo que no puedes hacer es ahorcar o desterrar la verdad. Eso sí no lo puedes hacer."
La tumba sigue vacía. Dos mil años después de la resurrección de Cristo, su tumba sigue vacía. Tú puedes matar o eliminar a aquel que cree en la resurrección, a ti, a mí. Lo que no puedes matar es al Resucitado, a Cristo, que vive por los siglos de los siglos, y Él garantiza nuestra resurrección. Él está vivo.
Por eso el ángel les dice a las mujeres: "¿Por qué buscáis al que vive entre los muertos? ¿Qué hacéis entre los sepulcros?" Es como que tú y yo fuéramos al cementerio y nos encontráramos con un ángel que nos preguntara: "¿Por qué buscan al que vive entre los muertos?" Y ese mismo ángel pudiera decírnoslo hoy a nosotros de otra manera, a aquellos que temen, a aquellos que desconfían, a aquellos que todavía no han creído, o que han creído y han alcanzado salvación, pero no han creído como deben creer. Ese ángel puede recordarnos las palabras de Jesús.
En el aposento alto, junto a sus discípulos, Jesús dijo: "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho, porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros. Y sabéis el camino a donde voy." Aquí viene Tomás. Tomás le dice: "Señor, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo es que conocemos el camino?" Jesús le dijo: "Tomás, yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino es por mí."
Y como le dijo a María y a Marta: "Yo soy la resurrección y la vida." ¿Tú quieres saber si vas a resucitar? Mira a mí, porque tú estás en mí y yo conquisté la muerte. Yo dejé la tumba vacía. Y cuando el Padre quitó los lienzos en la tumba, descubrió el regalo para los hombres. Yo soy el regalo para los hombres, desenvolvido por el Padre; he salido de la tumba para que puedas ver el regalo que se te ha hecho para vida eterna. Yo soy la vida eterna. Yo soy tu esperanza. Yo soy en quien tienes que confiar. Todo lo demás no vale la pena; no concluyas todavía. Yo soy tu conclusión. Espera.
---
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En dicha página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.