¿Puede la vida ofrecer satisfacción verdadera si buscamos llenar el alma con cosas temporales? El libro de Eclesiastés presenta a Salomón experimentando con todo lo que el mundo puede dar —risa, vino, propiedades monumentales, treinta mil empleados, riquezas exorbitantes, arte, entretenimiento y mil mujeres— solo para concluir que todo es vanidad, como intentar agarrar el viento con las manos. Su testimonio resulta confiable precisamente porque probó los extremos: casas de catorce metros de altura con piedras preciosas en los cimientos, 660 talentos de oro anuales, banquetes diarios de treinta bueyes y cien ovejas. Y aun así, vacío.
Tres razones explican por qué este mundo no puede llenar el corazón humano. Primero, todo lo que ofrece es frívolo y efímero —como el náufrago que bebe agua de mar pensando que saciará su sed, pero solo aumenta su desesperación. Segundo, la vida resulta incomprensible y dolorosa: el justo muere joven mientras el perverso vive largo, hay opresión donde debería haber justicia, y quien más conoce el mundo más le duele habitarlo. Tercero, la muerte succiona el significado de todo esfuerzo, pues al final otro heredará lo acumulado sin garantía de que sea sabio o necio.
Sin embargo, en Cristo esta conclusión se invierte completamente. Pablo declara que nuestro trabajo en el Señor no es en vano, porque la muerte fue devorada en victoria. Lo que hacemos para la gloria de Dios cobra peso eterno, y las preguntas trascendentes del alma encuentran respuesta en Aquel que es espíritu, no en lo material que este mundo ofrece.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Buenas tardes, hermanos. Que el Señor les bendiga y haga que Su palabra sirva, nutra y supla lo que nuestra alma necesita.
Como ya la mayoría de ustedes saben, la semana pasada nosotros iniciamos una serie de tres mensajes basados en el libro de Eclesiastés. Yo quisiera que fueran ubicándolo: está inmediatamente después de Proverbios, es un libro de 12 capítulos. Les pido que lo ubiquen los que tienen Biblia, porque vamos a hacer un recorrido a lo largo de diferentes pasajes que el libro tiene. Lo ideal, para que no se pierdan, es que lo puedan leer conmigo e ir conmigo a esos pasajes para poder mantener el hilo.
Esta serie la hemos titulado "Sabiduría para la vida", porque de eso es precisamente de lo que habla el libro de Eclesiastés. Es un libro autobiográfico, un libro donde el rey Salomón, el hijo de David, el que le siguió en el trono a David, escribió posiblemente al final de su vida, al final de sus días, y donde él reporta una serie de hallazgos sobre la vida debajo del sol, o sea, sobre la vida del ser humano aquí en la tierra. Él nos reporta qué encontró en la vida y cuáles fueron las cosas que aprendió en ella.
Esa expresión "debajo del sol" precisamente nos indica que Salomón está haciendo su reflexión como un ser humano sin tomar en cuenta los principios de Dios, sin tomar en cuenta a Dios en su reflexión. Todo el libro de Eclesiastés es precisamente una búsqueda de parte de Salomón: él está buscando significado, está buscando propósito, está buscando plenitud en esta vida debajo del sol, en esta vida humana, sin contar con Dios. No es que él sea ateo; de hecho, el nombre de Dios es mencionado unas 40 veces en apenas 12 capítulos. Pero él realmente quiere experimentar lo que el mundo tiene que ofrecer; quiere ver si en esta tierra el ser humano puede, por cualquier medio, obtener y lograr satisfacción en su vida, haciendo uso de lo que acumula, de lo que experimenta, de cualquier cosa.
De hecho, en el capítulo 1, versículo 3, la pregunta que abre el libro es la siguiente, y la vimos la semana pasada: "¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?" ¿Qué provecho? ¿Cuál es el beneficio? ¿Cuál es la ganancia que el hombre tiene de todo el trabajo, no de la profesión, sino de toda la actividad humana? O sea, ¿cuál es el beneficio, la ganancia última de todo el afán de la vida humana debajo del sol, aquí en la tierra? ¿Con qué se queda el hombre?
Dicho de otra manera: ¿ha valido la pena todo el afán, toda la entrega, todo el esfuerzo, toda la inversión que el hombre hace aquí en la tierra para obtener las cosas que el mundo ofrece? Esa es su búsqueda, esa es su pregunta. Él la hace dos veces a lo largo del libro y comienza a responderse de diferentes maneras: ¿cuál es el beneficio de la vida?, ¿cuál es la satisfacción que podemos encontrar en esta vida?
Nosotros veíamos la semana pasada que esa búsqueda en la vida de Salomón fue muy intensa y muy extensa. Él experimentó con todo lo que la vida humana puede ofrecerle a un ser humano, con todo, tratando de buscar plenitud y satisfacción. Decíamos que esto es una búsqueda obligada para todos nosotros: todo ser humano debería preguntarse en su vida, en algún momento, si realmente le está dedicando su vida a las causas correctas, a los propósitos correctos. Al final de sus días, cuando sus días terminen, ¿habrá logrado la satisfacción y la plenitud que todos nosotros deseamos? Esa es una pregunta trascendente, una pregunta existencial, básica y obligatoria para todos nosotros.
Pero en el caso de Salomón, así como su búsqueda fue intensa y extensa porque probó con todo, es también una búsqueda obligatoria para todo ser humano, porque cada uno de nosotros, de alguna manera, tiene que saber si le está dedicando la vida a las cosas apropiadas y correctas. Y es también una búsqueda dolorosa y confusa debajo del sol, porque realmente, como nos vamos a dar cuenta —y eso es algo que Salomón reporta—, este mundo no nos satisface. Nos entretiene, nos absorbe en algunas ocasiones, pero no nos satisface.
Y hay dolor y confusión en esa búsqueda, porque es que la sed que nosotros tenemos no es del agua que el mundo ofrece. Nos pasa como el náufrago que está en medio del mar, del océano, esperando ser rescatado, pero él comienza a sentir sed porque está deshidratado y, obviamente, él tiene todo un océano al rededor. Como les ha pasado a muchos náufragos, piensan que el agua de sal les va a satisfacer la sed que tienen, pero se percatan de que el agua de sal, por la sal que contiene y los minerales que contiene, lo que les da es más sed. Y al darles más sed siguen bebiendo, y al seguir bebiendo les da más sed, y genera una especie de sed insaciable que al final termina intoxicando a la persona con sal y minerales, y termina muriendo, porque pensó que el agua del mar podía satisfacer la sed que tenía.
Eso mismo le pasa al ser humano cuando trato de satisfacer el tipo de sed que mi alma tiene por cosas trascendentes con cosas temporales y vanas. Las consumo, las consumo, las consumo, las consumo, generando en algunos casos adicciones, pero las consumo, las consumo, y no satisfacen el tipo de sed que el alma tiene. Ese tipo de resultado es lo que Salomón encontró en el libro de Eclesiastés. Decíamos entonces que es una búsqueda dolorosa y confusa por ese motivo, y también que puede ser una búsqueda redentora. Todo esto lo vimos la semana pasada; yo solamente estoy repasando para poder conectar con hoy.
Puede ser una búsqueda redentora porque, obviamente, esa sed está ahí y me puede conducir a aquel que puede satisfacer la sed, que es Dios en la persona de Cristo. Entonces, en esta búsqueda a la que él se dedicó, ¿qué fue lo que encontró? Más o menos dije algo, pero yo quisiera detallarlo un poco más hoy. El mensaje de él es claro desde el versículo 2 del capítulo 1. Él comienza el libro diciendo: "Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad." Y en 12:8 cierra el libro, por así decirlo, diciendo: "Vanidad de vanidades, dice el Predicador, todo es vanidad." Al inicio y al final del libro, como dos partes de un sándwich, se nos indica que todo lo que está en el medio, todo el experimento de la vida humana, todo lo que él probó, se ha dado cuenta de que todo es vacío, es vano, es fútil, es efímero, es temporal, es humo.
De hecho, la palabra "vanidad", *hebel* en el hebreo, se usaba muchas veces para indicar humo. Es humo, es algo que se va, que se esfuma, que no queda. ¿Cuál es el provecho entonces del hombre con todo el trabajo en que se afana bajo el sol? Ninguno, prácticamente ninguno. Ninguna de esas cosas pueden llenar el corazón humano. Y más específicamente, él dice que tratar de encontrar propósito y significado para nuestra vida en esta tierra, debajo del sol, es como correr tras el viento.
Es la expresión que él usa nueve veces a lo largo del libro. Miren en 1:14 cómo él dice lo siguiente: "He visto todas las obras que se han hecho bajo el sol, y aquí todo es vanidad y correr tras el viento." Es una analogía que usa con este tema del viento. De hecho, otra traducción dice: "tratar de agarrar el viento." Es como tratar de agarrar el viento. Tratar de encontrar propósito y significado aquí en la tierra con las cosas que el mundo ofrece es como tratar de agarrar el viento. No sé si usted se ha puesto a pensar lo que esa analogía implica, pero ¿usted ha tratado de agarrar el viento en algún momento de su vida? Si no lo ha hecho, yo le exhorto a que cuando salga trate de agarrar el viento, y vaya a ver si agarra un puño de brisa. Cuando salga, vaya a ver si eso es posible. No es posible. Eso es lo que él está tratando de decir.
No es posible encontrar satisfacción y plenitud; es como tratar de agarrar el viento en nuestras manos. Se nos va, se nos esfuma. Cuando pensamos que lo tenemos, se fue. Así es tratar de encontrar propósito y significado. Pero, ¿por qué es eso? Hay tres razones por las que él dice que eso es así.
La primera razón es que no es posible encontrar satisfacción y plenitud debajo del sol, por el carácter fútil, vacío y sin propósito de las cosas que este mundo ofrece. Todo lo que este mundo puede ofrecer es vacío, es inútil, es sin propósito. Y Salomón se dio a la tarea de investigar esto, de investigar todo lo que el mundo puede ofrecer, y llegó a esa conclusión. De hecho, el capítulo 2 lo comienza diciendo lo siguiente: "Entonces me dije..." Él se dijo a su propia alma, él mismo: "Me dije: ven ahora, te probaré con el placer; diviértete." Y aquí también esto era vanidad.
En todo ese capítulo 2, él nos describe su búsqueda del placer, o más bien su búsqueda de satisfacción y plenitud experimentando todo tipo de placer que el ser humano pueda experimentar. "Te probaré", se dice a sí mismo. Es un experimento que se está haciendo. La palabra en el original indica que es como un intento de probar algo con fines instructivos. "Déjame ver si hay algo que buscar", es lo que está preguntando. La idea era probar todo lo que pudiera estimular sus sentidos.
Yo quiero adelantar que las cosas que presenta aquí no son malas ni pecaminosas en sí mismas. El problema es cuando hacemos de estas cosas las metas de nuestra vida, cuando pensamos que en ellas encontraremos satisfacción y plenitud. Es el error del náufrago, de pensar que en el agua de sal está su satisfacción. Es el error del ser humano pensar que en lo material, lo temporal y lo efímero está la satisfacción para sus preguntas trascendentes. No se da, no satisface. Eso es lo que él dice.
Yo quisiera recorrer con ustedes algunas de estas cosas que él probó, porque su resultado es que en este mundo no encontraremos plenitud, no encontraremos satisfacción, porque todo esto es efímero, temporal, vacío y sin sentido. Miren el capítulo 2, versículo 2, que dice: "Dije de la risa: es locura." Él probó con la risa primero. ¿Y en qué sentido? Probó con la comedia, con la filosofía de vida de que estamos aquí para pasarla lo mejor que podamos, para hacerla bien, suave, ligero, *light*. "No me vengan con nada muy profundo, con nada muy intenso, no te preocupes tanto." Él se tomó en serio tomar la vida a la ligera, que para nada es profundo, por un tiempo.
Y mucha gente usa la risa y la frivolidad como una filosofía de vida. A veces se sienten inseguros y hacen un chiste. Hay algo doloroso presente y relajan con eso. Se sienten deprimidos y se burlan sarcásticamente de los demás. Están aburridos y lo que buscan es algo con lo cual reírse. Pero a veces la risa lo que oculta es la necesidad del alma de cosas más trascendentes y profundas. Estamos tratando de saciar esa sed en agua de sal, pero no se satisface.
Y le pasa como a este individuo que Billy Graham relata en uno de sus libros, *El secreto de la felicidad*. Comenta que este individuo fue donde un psiquiatra a buscar ayuda, porque se sentía deprimido y triste. Sufría de una profunda depresión y nada de lo que había probado le podía ayudar. Despertaba deprimido y triste, y su condición empeoraba a lo largo del día. Ya estaba desesperado y no podía seguir adelante. Va donde el psiquiatra, pide una cita y tiene la consulta con él. Cuando va a salir de la oficina, el psiquiatra le dice: "Mira, recuerdo que hay un espectáculo muy bueno de comedia que están presentando aquí en el teatro local. Me han dicho que a la gente le duelen hasta las costillas de reírse. Cuando vayas, sería bueno, sería terapéutico, que te fueras un par de horas a reírte y que puedas descansar un poco." Y luego le indica: "Mira, tú tan solo ve a ver al payaso ese, un italiano, que me dicen que es excelente." Lo grande es que el individuo, cuando recibe esta recomendación, piensa dentro de sí: "Si él supiera que ese payaso soy yo."
Y ciertamente el manejo frívolo, gracioso y cómico de la vida no puede ser mi filosofía de vida. Yo puedo reír, yo puedo disfrutar, pero no puedo pensar que para tener plenitud en esta vida lo que hay que hacer es cogerlo suave, porque eso no responde las preguntas trascendentes que mi alma tiene. Pero peor aún, mucha de nuestra risa es perversa, es pecaminosa. A veces nosotros nos reímos por las razones equivocadas: por crueldad, por sarcasmo y por cosas frívolas y pecaminosas. Entonces no solamente nos reímos, sino que pecamos al reírnos por cosas de las que no deberíamos reírnos. Ese fue el primer experimento que Salomón presenta, y dice que es vanidad, que no le llenó.
El versículo 3 nos habla del alcohol: "Consideré en mi mente cómo estimular mi cuerpo con el vino, mientras mi mente me guiaba con sabiduría" (2:3). Se piensa que esto no fue que él se entregó a la bebida de una manera desenfrenada y alcohólica adictiva; probablemente se está refiriendo aquí a una búsqueda de las exquisiteces del paladar: probar con los vinos, con las bebidas, con las cosas finas de la vida. De hecho, un poquito más adelante, fíjense que en el versículo 5 él dice que se hizo jardines y huertos y plantó en ellos toda clase de frutales. La historia reporta que Salomón producía las frutas y las uvas que usaba para producir vinos y bebidas exóticas para sus diferentes bodegas o lugares donde almacenaba estas bebidas. Y eso tampoco le dio satisfacción, tampoco le dio plenitud.
Obviamente, cuando uno piensa que un individuo razona que la bebida le va a dar satisfacción, uno lo encuentra un poco absurdo. Porque quizás muchos de los que estamos aquí, si yo les pregunto si creen que la bebida puede satisfacer el corazón humano, creo que la respuesta unánime va a ser que no. Pero sencillamente lo que estamos viendo es la búsqueda de Salomón en orden. Posiblemente él hizo esto de manera conjunta: él se reía, bebía vino y hacía...
Uso de otros placeres. La idea es el placer en la vida de manera combinada, pero lo estoy viendo de manera separada para ver los componentes. Todo el mensaje que nos está transmitiendo Salomón es que él se dio a la buena vida como una forma de ver si de eso se trataba la vida aquí en la tierra. Él lo alcanzó, no le satisfizo, y él siguió buscando satisfacción.
El versículo 4 al 6 dice, como una tercera búsqueda, en grandes obras: "Me edifiqué casas, me planté viñedos, me hice jardines y huertos y planté en ellos toda clase de árboles frutales, me hice estanques de agua para regar el bosque con árboles en pleno crecimiento." Me hice, me construí, me fabriqué... como el evangelio del egoísmo: una vida centrada en mí. Ese es el mundo: centrada en mis intereses, en mis propósitos, en mi comodidad. Ese es el tipo de vida que Salomón está persiguiendo, y en este caso en particular nos habla de sus obras, un hombre que comenzó a construir para él, para su comodidad, para su disfrute, para su orgullo.
No sé cuántos de ustedes a veces sienten que mostrar una casa bonita que uno tiene lo llena a uno como el Lego, o el vehículo, las cosas que yo dispongo. Y claro, la gente lo ve: "¡Wow, qué bonita, qué elegante se ve!" Esto no es indigno de Dios, pero a veces es una búsqueda de aplauso y de aprobación basada en esta acumulación de cosas materiales.
Para darles una idea nada más de este tema de las obras de Salomón, fíjense que todo lo que él comenta está en plural: se hizo casas, viñedos, huertos; eran múltiples. Una de las casas de Salomón, de la cual tenemos el detalle en 1 Reyes 7, se nos dice que duró 13 años en terminarse. Una de sus casas tenía unos 1.200 metros de construcción aproximadamente y unos 14 metros de altura. Toda la casa tenía 14 metros de altura. Hoy en día decimos que una casa, un departamento, tiene doble altura cuando tiene 3 metros y medio, y decimos: "¡Wow, qué bien se ve, qué elegante se ve!" 3 metros y medio. La de Salomón tenía 14. Este salón tiene 9 metros de altura, y la casa de Salomón tenía 1.200 metros a 14 metros de altura.
Increíblemente, nos dice 1 Reyes 7 que en los cimientos le puso piedras preciosas: enterrado, perlas, rubíes, oro, enterrado. Hasta el techo, literalmente, eran las decoraciones de piedras preciosas. Era una cosa exorbitante, era una cosa llamativa. Y él se hizo varias de estas casas. Se construyó una que le decían "la casa del Líbano", posiblemente porque todas sus columnas y vigas estaban hechas en cedros importados del Líbano, para las cuales contrató nada más y nada menos que 30.000 personas para construir esa y otras propiedades. 30.000 empleados tuvo en un momento dado para construir sus propiedades.
Y obviamente estas son las cosas que, como decía el autor, hacen difícil a un hombre morir, porque uno se apega a ellas. Son tan fastuosas, tan majestuosas, tan encantadoras, que uno piensa que ahí hay que estar, que el corazón o la satisfacción y la plenitud en la vida están en esas cosas. Y estas son cosas que, como yo dije al principio, no son pecaminosas en sí mismas, y si Dios las da, hay que disfrutarlas con gratitud. Pero no pensemos ni por un minuto que mi falta de gozo en la vida se debe a que yo carezco de alguna de esas cosas, y que yo tan solo necesito tal cosa para sentirme pleno. No es así. No funciona así. El corazón humano no se llena con ninguna de estas cosas. Ese es el mensaje contundente de Salomón.
En el versículo 7 nos reporta entonces que él compró esclavos y esclavas, y tuvo esclavos nacidos en casa, la servidumbre, el confort. Ya les reporté que en un momento dado él tenía más de 30.000 empleados a su servicio. Y siguió entonces con la acumulación de riqueza: "Tuve también ganados, vacas y ovejas, más que todos los que me precedieron en Jerusalén. Reuní también para mí plata y oro y el tesoro de los reyes y de las provincias." Acumulación, materialismo, poder económico.
Y aquí sí hay que sacarle su plato aparte a Salomón. 1 Reyes 10 nos reporta que todos los vasos del rey de la casa del rey eran de oro puro. Las vasijas donde se servía la comida eran de oro puro. De hecho, la plata no valía nada porque era todo de oro, todo de oro. Anualmente él recibía 660 talentos de oro, que son 35.000 libras de oro, solamente de oro. Si ustedes lo valoran —yo hice el ejercicio, ustedes saben que yo más o menos soy economista ahí— equivalen a 700 millones de dólares hoy, anualmente, solo de oro. Y el oro en esa época valía más relativamente que lo que vale hoy, porque en esa época no existían las técnicas de extracción de oro que existen hoy.
Es un individuo que no era simplemente rico. No, no. Rico soy yo. Es un individuo que estaba podrido en cuanto a riqueza, ¿entienden? Era una cosa más fastuosa, fastuosa. Diariamente, su casa, él y su servidumbre, consumían de comida 30 bueyes y 100 ovejas diario. Búsquenlo en 1 Reyes 4:23: 30 bueyes, 100 ovejas, y dice literalmente "sin contar ciervos, gacelas, corzo y aves", sin lo que es el pollo, la guinea, las aves. En la dedicación del templo, en un momento dado, Salomón dedica el templo de Jerusalén, y ese día se sacrificaron 22.000 bueyes y 120.000 ovejas. A peso, es mucho. O sea, es una riqueza exorbitante, extraordinaria.
Es un hombre que no tenía ningún tipo de restricción. De hecho, fíjense que él dice en el versículo 10: "Y de todo cuanto mis ojos deseaban, nada les negué, ni privé mi corazón de ningún placer." Salomón disfrutó mucho de todo lo que este mundo puede ofrecer. Su testimonio es confiable. Que Salomón me diga hoy que nada de lo que el mundo provee puede llenar el corazón humano es un testimonio absolutamente confiable para mí.
Y como si todo eso fuera poco, el versículo 8 al final dice: "Me proveí de cantores y cantoras", artistas que le cantaban a él, que él los contrataba en espectáculos privados. Arte, entretenimiento, también tuvo eso, por mucho. "Y de los placeres de los hombres, de muchas concubinas." Y aquí sí es verdad que este individuo perdió la cabeza. 1 Reyes 11:3 dice: "Y tuvo 700 mujeres que eran princesas y 300 concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón." 1.000 mujeres a su disposición.
Y claro, la Biblia no está aprobando esta práctica. Salomón estaba claramente en oposición al mandato de Dios, a la instrucción de Dios, claramente. Y de hecho, al punto que dice que sus mujeres desviaron su corazón, Salomón terminó siendo un idólatra, trayendo dioses paganos, en un momento de su vida, producto del desvío de su corazón por la sensualidad con la que vivió. 1.000 mujeres, increíblemente. En el libro de Eclesiastés, en el capítulo 7, versículo 28, él dice que no confiaba en ninguna. Imagínense: 1.000 mujeres atentas a lo que un hombre disponga, diga y quiera. ¿Te imaginas el chisme y los celos y los problemas que había en ese grupito?
Y nosotros pensemos y experimentemos con esto. No nos enfoquemos, hombres, jóvenes, y no nos quedemos ahí. Enfoquémonos en que él dice categóricamente: "Esto me dejó vacío. No encontré plenitud, no encontré satisfacción, aun en este exceso y abundancia."
Su conclusión del capítulo 2, luego de probar con la risa, con el vino, con las propiedades, con la servidumbre, con la acumulación material hasta más no poder, con el entretenimiento y el arte, y con la sensualidad, su conclusión es que la vida está llena de cosas sin sustancia. Mucha espuma y poco sabor. Mucho entretenimiento y poco gozo. Mucho ruido y poco contenido. Mucha actividad, pero poco propósito. Mucha gente, pero poca intimidad genuina. Es la triste realidad de la vida bajo el sol, según Salomón en el capítulo 2. Y ese fue su experimento.
Lo increíble es que este hombre que experimentó con todo lo mejor que el mundo puede ofrecer no reporta el gozo en Dios. Sabemos que al final él concluye que, después de haber hecho todo este experimento y análisis, lo más importante es temerle a Dios y hacer sus mandamientos. Pero la vida así nos reporta que, a pesar de que el mundo no puede proveer satisfacción y plenitud, el salmista en el Salmo 16 le dice a su Dios: "Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias para siempre." Un testimonio totalmente contrario a la experiencia de Salomón en el libro de Eclesiastés.
Y esa es la primera razón por la que Salomón dice que no es posible encontrar satisfacción y plenitud en este mundo: porque todo lo que hay aquí tiene un carácter frívolo, insustancial, sin contenido, corto, y por lo tanto me deja vacío. Después de que me reí, ¿qué más? Después de que acumulé, ¿qué más? Después de esa intimidad sexual, ¿qué más? ¿Qué sigue? Como el agua de sal, que siempre demanda que consumamos más. Y si nosotros pensamos que alguna de estas cosas puede proveer satisfacción y plenitud, corrijamos eso, porque no es así. No desperdiciemos la vida y no desperdiciemos la única oportunidad que tenemos de encontrar plenitud y satisfacción, para que al final no nos demos cuenta de que le dedicamos la vida a cosas que no llenan, porque este hombre ya lo reportó y nos lo dice de manera contundente.
La segunda razón por la que este mundo debajo del sol no puede traer satisfacción y plenitud verdadera al alma humana es por el carácter incomprensible y doloroso que este mundo tiene. Y yo creo que todos los que estamos aquí vamos a estar de acuerdo en esto: si yo estoy vivo y tú estás vivo, y tú estás relativamente atento a cómo este mundo funciona, tú vas a estar de acuerdo conmigo en que aquí hay muchas cosas que nosotros no entendemos, y hay muchas cosas que duelen. Diariamente nos exponemos a eso, y esa es otra razón por la que este autor, Salomón, dice: "Este mundo no llena." Aquí siempre hay un amusgue en el sancocho, siempre hay algo que opaca la bendición o la gracia. Lo bueno que el mundo ofrece siempre es entenebrecido por algo negativo, doloroso o incomprensible. Y él dice una y otra vez: "Me siento confundido, me siento afligido, no encuentro plenitud en este mundo." Y esa es la
La palabra que usa "vanidad" tiene tres aspectos. Uno es el aspecto vacío y frívolo, que ya vimos. El segundo es este aspecto incomprensible y doloroso. Hay cosas dolorosas e incomprensibles que uno dice: "Yo no entiendo, esto no me llena, porque no lo entiendo."
Algunos ejemplos de esto: fíjense el versículo 15 del capítulo uno, que dice: "Lo torcido no puede enderezarse y lo que falta no se puede contar." Hay cosas mal en este mundo que no hay forma de arreglarlas, y lo desconocido no se puede contar. O sea, uno ni siquiera sabe lo que está mal, eso es lo que está diciendo. "Lo que falta no se puede contar, no se puede evaluar." Yo no sé qué es lo que falta. Hay un problema: esta familia no funciona bien, esta sociedad no funciona bien, este país no funciona bien. Cualquier cosa en el mundo hecha por el hombre no funciona bien. Hay veces que uno ni sabe lo que falta, ni sabe lo que pasa. Hay un hoyo, un problema, y eso produce una frustración, un deseo de responder: ¿qué es lo que pasa, qué es lo que está mal con el mundo?
Y ese es un momento, un versículo donde él nos lo reporta. En 3:11 él nos dice también —hablando de Dios— que ha puesto la eternidad en sus corazones, hablando de que Dios ha puesto un sentido de trascendencia en nuestros corazones. Y dice: "Sin embargo, el hombre no descubre la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin." Nosotros, a pesar de que somos seres que podemos entender la trascendencia, pensamos en el más allá y tenemos interés en qué va a ocurrir cuando muramos, tenemos todas esas preguntas sin que nos dejen. A pesar de eso, dice que nosotros no podemos entender la obra de Dios desde el principio hasta el fin. Hay cosas de Dios, hay propósitos de Dios, hay obras de Dios que nosotros no podemos comprender; son confusas.
En el 7:14, miren cómo reporta esta confusión también: "En el día de la prosperidad alégrate, y en el día de la adversidad considera. Dios ha hecho tanto lo uno como lo otro." Dios ha hecho la prosperidad y la adversidad. Dios es soberano, Dios lo ha hecho. Si pasó, es porque Dios lo ha permitido o lo ha hecho Él mismo. Pero bien, ¿por qué Dios permite que haya prosperidad, que haya adversidad, que haya un zigzag de circunstancias en la vida del hombre? Para que el hombre no descubra nada de lo que suceda después de él. O sea, a veces las cosas suceden de manera zigzagueante para que el hombre no crea que tiene control de su vida. Hoy pasa lo bueno y mañana se dañó todo, y uno dice: "¿Qué es esto, Señor?" No, para que no te acostumbres, para que no creas que tú tienes control. Dios no lo hace despectivamente, pero es que para nosotros es conveniente para el alma saber que yo no tengo control. Porque si yo pensara que tengo control, me llevo el mundo por delante: ¿buscar a Dios, para qué? En su gracia misericordiosa y cordial, Dios ha hecho este mundo impredecible para que le busquemos, porque Él tiene control de lo impredecible.
Entonces, él no entiende esta vida. En 8:16-17, miren lo que reporta también: "Cuando apliqué mi corazón a conocer la sabiduría y a ver la tarea que había sido hecha sobre la tierra, aunque uno no durmiera ni de día ni de noche..." Este hombre estaba ansioso por encontrar respuesta para la vida. Y lo que él dice es: "Vi toda la obra de Dios. Decidí que el hombre no puede descubrir la obra que se ha hecho bajo el sol. Aunque el hombre busque con afán no la descubrirá, y aunque el sabio diga que la conoce, no puede descubrirla." Hermano, tú no vas a conocer lo que Dios ha hecho completamente. Tú nunca vas a tener respuestas completas a todas tus interrogantes. Lo único que te queda es someterte a Dios, confiar en Dios. Pero si buscas respuesta completa, no la vas a tener. Este mundo no las tiene, no las provee. Y por ese motivo nunca vamos a encontrar satisfacción y plenitud aquí.
Pero él sigue hablando de muchas cosas que no entiende. Miren el 4:7-8, él dice lo siguiente: "Entonces yo me volví y observé la vanidad bajo el sol." Esta vanidad, miren cuál es: "Había un hombre solo sin sucesor, que no tenía ni hijo ni hermano. Sin embargo, no había fin a todo su trabajo. En verdad sus ojos no se saciaban de las riquezas, y nunca se preguntó: ¿para quién trabajo yo y privo mi vida del placer? También esto es vanidad y tarea penosa." Yo no entiendo que haya gente que trabaja, no tiene hijo ni hermano ni familia, y trabaja como un burro, ¿para quién, para qué? Yo no entiendo eso. Entregado completamente a trabajar, a trabajar, a trabajar, y no disfruta de las cosas buenas que la vida tiene. No se detiene y dice: "¿Por qué estoy trabajando si yo estoy solo?" Esas son cosas que lo desconcertaban a él y eran cuestionantes.
Por ahí en el 5:11 hay otra vanidad que él menciona: "El que ama el dinero no se sacia de dinero, y el que ama la abundancia no se sacia de ganancia. También esto es vanidad." Esto yo no lo entiendo. Si tú amas el dinero y ganas mucho dinero, no te deberías sentir insatisfecho. Si te están dando lo que tú amas, eso debería llenarte el corazón. Pero lo que Salomón encontró es que, paradójicamente, el que ama el dinero no se sacia de dinero. El que quiere abundancia y la recibe no se sacia de ganancias. Yo no entiendo: el que tiene quiere más, y el que más tiene más quiere. Esto es algo que yo no entiendo. Y cuántos de nosotros incurrimos en sufrimiento para obtener más, empeñados para obtener más. Como dice Pablo a Timoteo, que los que quieren enriquecerse caen en trampa y en deseos engañosos, porque si tu objetivo en la vida es enriquecerte, eso te va a llevar por un sendero de incumplimiento y falta, y a llevar a la gente por delante. Pero esas son las cosas que él no entendía.
Pero hay también un carácter doloroso de la vida. No solamente incierto, que él no entienda; hay un carácter doloroso. Hay muchas cosas que pasan en esta vida que sencillamente duelen, afligen el corazón. En 1:18 él dice: "Porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia, y quien aumenta el conocimiento aumenta el dolor." En otras palabras, mientras más sé y más conozco este mundo, más dolor experimento. Y yo les puedo decir personalmente que mientras más situaciones veo en el pastorado, más me duele estar en este mundo. Y los que son más experimentados en este salón pueden testificar que mientras más viven, más cosas dolorosas ven y experimentan. Mientras más uno sabe, más le duele.
En 3:16 él reporta lo siguiente: "Aún he visto esto bajo el sol: que en lugar del derecho está la impiedad, y en el lugar de la justicia está la iniquidad." Las cosas no funcionan como debieran. Hay gente en el poder que debería estar presa, y hay gente presa que debería tener el poder. Eso es lo que él dice: las cosas están invertidas. Y él sigue hablando. En 4:4 dice: "Y he visto que todo trabajo y toda obra hábil que se hace es el resultado de la rivalidad del hombre con su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el viento." El hombre que trabaja y que se afana muchas veces lo hace por competir con el otro, por ganarle al otro, por superar al otro, por competencia. Eso duele. Se cuenta que en una ocasión Rafael y Miguel Ángel, los dos artistas plásticos de hace unos trescientos o cuatrocientos años, fueron llamados a decorar el Vaticano. A uno se le dio una obra y al otro se le dio otra, separadas en lugares distintos, pero había tanta competencia entre ellos que al final de la obra terminaron enemigos el uno del otro. No se podían ver, no se hablaban. Pero ambas obras eran totalmente diferentes. Así vive el hombre.
En 5:8, Salomón nos reporta: "Si ves la opresión del pobre y la negación del derecho, no te sorprendas." Cuando uno ve lo mal hecho aquí, cuando ve que el gobierno no hace lo que tiene que hacer, que el fiscal no hace lo que tiene que hacer, la opresión del pobre, la negación del derecho, no te sorprendas: este mundo es así. Y él era el rey, él podía hacer mucho, pero no podía cambiar la realidad de este mundo caído. Y si yo sigo, hermanos, hay muchas cosas más reportadas en las que Salomón dice: este es un mundo doloroso. En 5:14 se dice que un hombre trabaja toda su vida, se afana, se afana, se afana, y viene un mal negocio y le lleva todo. ¡Qué injusto!
En 7:15 nos dice —oigan esto— : "He visto todo durante mi vida de vanidad. Hay justo que perece en su justicia y hay impío que alarga su vida en su perversidad." El justo muere temprano y el perverso vive mucho. Ayer vi la celebración del nonagésimo aniversario de Hugh Hefner, presidente de Playboy, noventa años. Y vemos a justos morir temprano. Decimos: "A destiempo, no se lo lleve." Pero se fue en el tiempo de Dios. Porque a veces Dios deja que el injusto viva como juicio a las naciones y a las generaciones.
Entonces, esta es la segunda razón por la que Salomón dice: este mundo, aquí he experimentado con todo y todo es temporal, frívolo, vacío, sin sustancia. El segundo problema es que este mundo es incomprensible y doloroso.
Y la tercera razón por la que él dice que en este mundo no encontraremos satisfacción y plenitud es la muerte. Esa es la vanidad más mencionada a lo largo del libro de Eclesiastés. La vanidad le succiona el sentido aun a las cosas buenas de la vida, porque al final nos morimos. Y entonces la pregunta de 1:3: "¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?" si se muere. ¿Para qué me fatigué, para qué hice lo que hice? La muerte hace que todo esfuerzo hecho aquí, y solo para aquí, sea vano, fútil, inservible, porque aquí se queda.
Y en Lucas 12:20, Jesús lee una parábola que expone para que la gente no ponga su fe y confianza en las riquezas.
Un rico que había acumulado mucho le dice a su alma: "Descansa, diviértete, tienes bienes para muchos años." Y Jesús le dice: "Necio, esta noche reclamarán tu alma, ¿y para quién será lo que tú has trabajado?"
Entonces en el capítulo 2, yo quiero que me sigan en una secuencia de cosas que Salomón reporta con relación a la muerte. Es una de las citas sobre la muerte en todo el libro, pues hay múltiples citas de la muerte a lo largo de él. Dice en el versículo 13: "Y yo vi que la sabiduría sobrepasa a la insensatez como la luz a las tinieblas." Es bueno ser sabio porque uno sobrepasa al necio, uno sobrepasa al que vive según sus instintos; el sabio tiene luz en su cabeza, dice el versículo 14, mas el necio anda en tinieblas. Pero aquí viene: "Pero yo sé que ambos corren la misma suerte." Entonces me dije: "Como la suerte del necio, así será la mía. ¿Para qué me aprovecha haber sido tan sabio?"
Versículo 16: "Porque no hay memoria duradera ni del sabio ni del necio, ya que todos serán olvidados en los días venideros." Yo estoy haciendo aquí un reino, un palacio, un nombre —el hombre más sabio—, y al final, así como el necio, yo voy a morir igualito. No hay memoria. Y entonces ese pensamiento, versículo 17, lo llevó a la frustración: "Y aborrecí la vida, porque me era penosa la obra que se hace bajo el sol." Era penosa porque todo pierde sentido: que yo me esté esforzando tanto para nada, para que al final otro se lo lleve.
Mire lo que dice el versículo 18: "Asimismo, aborrecí todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sol, el cual tendré que dejar al hombre que viene después de mí." O sea, todo este esfuerzo para dejárselo a otro. Entonces el versículo 19 dice: "¿Y quién sabe si será sabio o necio? Sin embargo, él se adueñará de todo el fruto de mi trabajo con que me afané." O sea, va a venir alguien aquí a despilfarrar y malgastar todo aquello por lo que yo me he esforzado. Y efectivamente así pasó: el hijo siguiente, el hijo de Salomón, dividió el reino, disipó su riqueza y perdió su trono prontamente. Increíble.
Entonces dice: "¿Para qué me esfuerzo?" Hablando de la muerte, dice que la muerte es el gusano en la raíz del árbol del placer; echa a perder el placer y enfría el disfrute, porque corta al hombre justo cuando este se va a sentar a disfrutar de los beneficios de años de trabajo. Increíble. Y miren cómo, por último, en el versículo 2:20, él dice: "Por tanto me desesperé en gran manera por todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sol." ¿Por qué es que esto no me hace sentido, lo que yo estoy haciendo?
La muerte succiona el significado de la vida y del esfuerzo humano aquí en la tierra. Si nuestra vida no tiene un impacto en el más allá, vivamos como queramos. Pero la realidad es que nuestra vida sí tiene un impacto en el más allá. De hecho, en Cristo, según Juan 14, si yo creo en Él y pongo mi fe en ese fiel Redentor, aunque muera, viviré. Dios hace válidas mis obras aquí en la tierra para el más allá; mis obras me siguen, porque cuando yo hago algo para la gloria de Dios —como nos dice 1 Corintios 10:31, que ya sea que comamos, bebamos o hagamos cualquier otra cosa, lo hagamos para la gloria de Dios— no lo hago para mí, no me hice edificios y casas para mí solo, sino que, aunque lo disfruté, al final lo hice para la gloria de Dios. Cuando eso se hace de esa manera, esas cosas serán recompensadas en el reino de Dios. Cobra sentido todo, y hasta el temor a la muerte se va.
Y como Pablo en 1 Corintios 15, hablando de la muerte y de la resurrección, dice lo siguiente: "Pero cuando esto corruptible —este cuerpo corruptible— se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: 'Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón?' El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo."
Y oigan esto: "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." Increíble.
Y entonces toda la conclusión de Salomón sobre la vida humana bajo el sol —que no hay propósito, que no hay significado, por lo vacío que es, por lo frívolo que es, por lo doloroso que es, por lo confuso que es, y porque la muerte misma desprovee a la obra de su significado eterno— todo eso cobra sentido, y de hecho resulta ser lo contrario en Cristo, absolutamente lo contrario. Porque todo ahora tiene sentido si lo hacemos para Él; todo tiene propósito y peso si lo hacemos para Él. El gozo que conocemos en el Señor no puede ser provisto por ninguna otra cosa, pues el mundo no puede proveerlo. Dios es espíritu, no es material como las cosas de este mundo, y Él responde a nuestras preguntas trascendentes.
Y al final, la muerte —la mayor de las vanidades del Eclesiastés— sucede que Cristo la mató en la cruz y en su resurrección. Él mató la muerte y ya no tiene poder sobre nosotros. Iremos eventualmente a la tumba, nuestro cuerpo a la tumba, y nuestro espíritu a Dios, esperando la resurrección gloriosa de los hijos de Dios.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.