La historia de Rut revela que la salvación comienza mucho antes de que podamos percibirla. En 1941, Harry Hopkins citó las palabras de Rut a Churchill para expresar el compromiso de Estados Unidos con Gran Bretaña, pero esas palabras nacieron en un contexto de oscuridad profunda: el tiempo de los jueces, cuando no había rey en Israel y cada cual hacía lo que le parecía bien. En medio de esa época, Elimelec abandonó Belén para buscar prosperidad en Moab, tierra de un pueblo que sacrificaba a sus propios hijos. La decisión trajo muerte: él murió, sus hijos murieron, y Noemí quedó viuda, sin descendencia y con dos nueras extranjeras.
Pero Dios estaba orquestando algo mayor. Rut, la moabita, había conocido al Dios verdadero y decidió seguir a Noemí con palabras que revelan conversión genuina: "Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios". Esa decisión implicó abandonar seguridad, familia y futuro conocido para caminar diez días bajo el sol hacia una tierra donde sería extranjera y despreciada. Su salvación requirió humillarse hasta postrarse en tierra, reconocerse indigna incluso de ser criada, y depender completamente de la gracia de otro.
Booz aparece como figura del Redentor: un hombre que no solo cumplió la ley dejando las esquinas de su campo para los pobres, sino que fue más allá protegiendo, alimentando y finalmente casándose con Rut. Él compartió todo lo que tenía con quien nada merecía. De esa unión nació Obed, padre de Isaí, padre de David, y en esa línea vendría el Hijo de David. La salvación de Rut no era solo para ella: Dios estaba escribiendo derecho en líneas torcidas, preparando un rey para Israel y un Salvador para nosotros.
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¡Fuimos llamados para vivir en su palabra! Los que van abriendo o encendiendo sus Biblias ahí, yo voy a contarles una pequeña historia real.
En 1941, dos años después de haber iniciado la Segunda Guerra Mundial, el pueblo estadounidense todavía no se había involucrado en la guerra. Y de hecho, la mayoría de los estadounidenses no quería involucrarse. Sin embargo, Franklin Roosevelt entendía que era importante observar lo que estaba pasando en Europa y ver si era necesario que Estados Unidos se involucrara. Y para eso, él envió a uno de sus asesores más cercanos, llamado Harry Hopkins. La misión de Hopkins era ir primero a Rusia, luego recorrer toda Europa, para ver qué tanta fuerza había tomado el Tercer Reich, qué tanta fuerza había tomado Hitler, y ver qué tan necesario y urgente era que Estados Unidos participara.
Hopkins entonces estuvo andando en misión por Rusia, pasó por Europa y luego terminó, por supuesto, en Inglaterra, en Gran Bretaña, mejor dicho, reuniéndose con Churchill por varios días. Churchill era el primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la última cena de su visita, Hopkins se encuentra reunido con Churchill y sus más altos ejecutivos. El señor Hopkins, de pie, dice lo siguiente: "Supongo que querrán saber qué le voy a decir al presidente Roosevelt una vez que regrese a Estados Unidos. Bueno, les voy a citar un versículo del libro de libros: 'Donde tú vayas, yo iré, y donde tú mueras, yo moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios'". Y luego añadió en voz baja: "Hasta la muerte".
El señor Hopkins estaba citando aquí el libro que vamos a estar viendo esta mañana: es el libro de Rut. Y Rut, como me enteré luego del primer servicio, es el libro favorito de muchos de ustedes aquí en la iglesia. A la vez, es uno de esos libros que no son tan conocidos; no es Primera de Corintios o Romanos, es uno de esos libros que la gente como que deja pasar por alto por ser corto y estar entre Jueces y Samuel, que tienen más peso.
Sin embargo, Rut es, primero, uno de los dos libros de toda la Escritura que tiene el nombre de una mujer y que tiene como personaje principal en su historia a una mujer. Eso no es poca cosa en la antigüedad. Hay muy pocos libros y muy pocas historias que tienen a mujeres como protagonistas. Y sin embargo, tenemos este libro en nuestra Escritura que sí tiene a esta mujer, Rut.
Este libro, además, es principalmente una historia idílica de amor. Y como es domingo, puedo usar la palabra "idílica", ¿verdad? Un idilio es una historia que se da en el campo y que es principalmente romántica. Imagínense como Orgullo y Prejuicio, tú sabes, como inglesa. Pues los idilios son historias románticas de amor donde el ambiente es tranquilo y lo que motiva la historia es la pasión de sus protagonistas.
Este es un libro, un idilio muy corto; solamente tiene 85 versículos. Y yo creo que vale la pena que podamos ver una panorámica, un vuelo a 30.000 pies de altura, de todo lo que el libro tiene que decirnos. Y la manera en que lo vamos a hacer es ver dos o tres aspectos del libro de Rut. El primero es el preludio de la salvación de Rut. Segundo, veremos el precio de la salvación de Rut. Y luego veremos el propósito de la salvación de Rut. El preludio, el precio y el propósito de la salvación de Rut. ¿Qué les parece?
Ahora vamos una vez más. Señor, es tu santa Palabra. Si es un libro corto, si son 85 versículos, pero Señor, es tu santa y vívida Palabra. Y para que algo salga de aquí que tenga valor, Señor, tú tienes que actuar. Tú tienes que obrar, tú tienes que hablar. Así que quita del medio al predicador, y que al exponer tu Escritura, al leer tu Escritura, al meditar en tu Escritura, Señor, sea tu voz la que podamos escuchar todos nosotros. Y Dios, rendimos esos corazones y te decimos: queremos que tú nos hables. En tu nombre, Jesús, amén.
Rut, capítulo 1, versículo 1. Empieza el libro y dice:
"Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en Israel en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab, con su mujer y sus dos hijos. El nombre del hombre era Elimelec, y el nombre de su mujer, Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión; eran efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos. Ellos se casaron con mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa y el nombre de la otra, Rut. Y vivieron allí unos diez años. Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó privada de sus dos hijos y de su marido."
Este libro comienza presentándonos cuándo está ocurriendo esta historia y dándonos una perspectiva un poquito amarga, un poquito triste. Lo primero que nos dice es que aconteció en los días en que gobernaban los jueces. Jueces es el libro, como lo señalé, inmediatamente anterior a Rut, el que le precede de manera inmediata. Y yo no sé qué tanto tú conoces ese libro, además de que Sansón está ahí, pero Jueces representa uno de los periodos, sino el periodo más oscuro de la historia de Israel.
De hecho, el versículo que precede inmediatamente a Rut, si tienes una Biblia abierta y puedes ver lo que dice, reza: "En esos días no había rey en Israel; cada cual hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos." Tú te puedes imaginar una nación sin gobierno, sin quien dirija, y donde cada persona hace lo que le dé la gana, donde no haya quien limite la maldad de las personas. De hecho, muchos han comentado que eso es lo que hace del infierno un lugar tan horrendo: no solamente es el juicio de Dios, sino el juicio de Dios manifestado en que tú tienes millones de pecadores pecando a diestro y siniestro, haciendo lo que les dé la gana pecar.
Entonces, el tiempo de los jueces en Israel era como el viejo oeste de Israel, donde cada cual hacía lo que le viniera en gana. Y si tú vas leyendo ese libro, lo ves como un espiral descendente donde cada vez las cosas van empeorando. Y los versículos siguientes nos muestran que, como cada cual hacía lo que quería, Elimelec hizo lo que quería. Este israelita decidió irse a Moab, y sus hijos decidieron casarse con moabitas.
No sé qué tanto tú conoces a los moabitas, pero estos no eran un pueblo agradable a Dios; de hecho, no eran agradables a nadie. El dios que ellos servían demandaba de ellos que sacrificaran a sus propios hijos, y dependiendo de si era varón o hembra, tenías que sacrificar al primero o al tercero de tus hijos. Imagínate qué tipo de dios era ese. Este pueblo era descendiente de los sodomitas. Tú sabes de dónde viene ese nombre, ¿cierto? Sodoma y Gomorra. De hecho, fue el rey de Moab el que contrató a Balaam, ¿recuerdas ese nombre? El profeta Balaam, del que una y otra vez se habla mal en la Escritura, principalmente en el Nuevo Testamento.
Es más, este pueblo era tan impío delante de Dios, que en Deuteronomio 23 Dios dice que por diez generaciones ningún hombre moabita podía estar en la presencia de Dios. Y luego añade en el versículo siguiente: "Nunca procurarás la paz ni la prosperidad de Moab en todos tus días." Cuando tú tienes que Dios le dice a su pueblo, "no traten de que a ellos les vaya bien", y luego te encuentras que un israelita decide ir a morar a Moab porque había hambre en Israel, Elimelec con esa actitud está desafiando al Señor. Y de hecho sus hijos, casándose con moabitas, también están desafiando al Señor.
Y la historia entonces nos presenta, en el versículo 5, algo que a Noemí la deja al final sin esposo, sin hijos y con dos nueras moabitas. Yo no quiero asustar a nadie, pero esa introducción tan sombría tiene algo que enseñarnos. Es algo que nuestro pastor nos ha dicho muchas veces: tú pecas a tu manera, pero las consecuencias las elige Dios. Tú pecas a tu manera, pero tú regresas a la manera de Dios. Cuando queremos resolver los problemas a nuestra manera, siempre va a haber consecuencias.
Y es triste que el nombre de Elimelec significa literalmente "Dios es mi rey", y sin embargo Elimelec hizo su propia voluntad. El nombre de Noemí significa "placentera" o "gozosa", y sin embargo Noemí quedó viuda y sin hijos.
Viendo esta terrible perspectiva, Noemí escucha en el versículo 6 que en Israel ha vuelto la comida, ha vuelto a llover. Y por iniciativa propia ella decide regresar. Pero tomen en cuenta esto: regresar de Moab a Israel era un viaje de diez días bajo el sol de Medio Oriente, una mujer entrada en edad caminando, por supuesto, diez días bajo el sol. Imagínate eso.
Pero hay algo que todavía es más pesado que el sol: las malas lenguas. Cuando Noemí regresara, tendría que regresar con el rabo entre las piernas, porque ella se fue a Moab con su esposo y con sus dos hijos a buscar una buena vida. Ella volvería de Moab sin esposo, sin hijos, sin dinero y con dos moabitas. Y Belén, no siendo muy grande ni muy pequeña, te aseguro que todo el mundo se sabía la historia de Noemí. Cuando ella regresara, todo el mundo iba a darse cuenta, y más si regresaba con dos paganas del brazo.
Por eso leemos en los versículos 12 y 13. Léanlo conmigo. Noemí dice: "¡Vuélvanse, hijas mías! Váyanse, porque soy demasiado vieja para tener marido. Si dijera que tengo esperanza, y si aún tuviera marido esta noche, y también diera a luz hijos, ¿esperarían ustedes hasta que fueran mayores? ¿Dejarían de casarse por eso? No, hijas mías, porque eso es más difícil para mí que para ustedes, pues la mano del Señor se ha levantado contra mí."
La vida de una viuda no es una vida fácil, y la vida de una viuda extranjera sería mucho más difícil todavía. Y Orfa, una de sus dos nueras, lo entendió muy bien. Desde que Noemí le dijo: "De verdad, yo vuelvo sola; ustedes no tienen que venir."
Orfa dijo: "¡Vuélvanse!" Yo intenté. Vaya con bien. Pero Rut. Rut habla por primera vez en el versículo 16. Esas son las primeras palabras de Rut: "No insistas en que te deje o que deje de seguirte, porque a donde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, yo moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aun peor, si algo excepto la muerte nos separa."
Y aquí, de inmediato, tú empiezas a conocer a Rut y a entender por qué el libro lleva su nombre. Esa es una mujer no como cualquier otra. Esas palabras, de hecho, han trascendido la historia por el peso que acarrean. Esa es una joven de valentía y de valor real. Y en estas palabras, ella muestra por lo menos tres cosas importantes.
La primera es que Rut había encontrado al Señor. En algún momento en su matrimonio, luego de la muerte de Mahlón, Rut conoció al Dios de la Biblia. Porque cuando dice "tu pueblo será mi pueblo", no es que el pueblo de Noemí sería su pueblo; ellas estaban abandonando a su dios también. Y cuando ella dice luego que el Dios de Noemí sería su Dios, ya está diciendo: "Yo no solo no creo en este dios falso, es que yo creo en el Dios que tú me has enseñado." Y este no era un Dios lejano para ella, porque en el versículo 17 ya dice: "Así haga el Señor conmigo." Es el nombre del Señor, es el nombre Jehová, es el nombre del pacto de Dios. Es un nombre que implicaba que ella ya conocía al Dios de la Escritura.
Lo segundo que muestran esas palabras de Rut es que ella tenía un amor real por Noemí. Mira, en una condición como esa... ¿Te ha pasado que alguien te pide un favor, por ejemplo, y tú le dices: "Sí, sí, yo te lo doy", pero tú vas poniendo condiciones, el nombre va cambiando, y tú dice: "No, yo te lo doy", pero estás por dentro deseando que ojalá alguien más se ofrezca? Cuando yo le digo que te ha pasado, no, no, mira: "Yo tengo Uber también, yo puedo yo..." Cuando Noemí le dice: "No, mira, quédate", y luego dice: "No, mira, quédate", Rut podía perfectamente decir: "Bueno, yo tengo familia, y yo soy joven, todavía puedo volver a casar. Y ya tú me has enseñado de Dios; quizá yo puedo seguir estudiando y orando. Dios, tú no me vas a dejar sola. Yo voy a quedar aquí de misionera en Moab."
Pero Rut sabe muy bien lo difícil que será la travesía y lo difícil que será vivir en Israel como una viuda. Y por amor a Noemí, Rut decide regresar a Israel. Lo tercero que nos muestra es que Rut sabía que la travesía y que la vida no serían fáciles, porque uno cree que es poesía cuando uno dice "hasta que la muerte nos separe", pero para Rut eso podía ser realidad. Tanto en la travesía, cualquier cosa podía pasar: diez días caminando, dos mujeres pobres, solas, una de ellas mayor en edad. Pero recuerden que estos eran los días en que gobernaban los jueces. Cuando esta moabita llegara a Israel, ¿tú pensabas que iba a irle bien? Sabiendo lo que leemos en Jueces, si observas las cosas que Israel se atrevía a hacerles a los mismos israelitas, imagínate a una extranjera. Y sin embargo, aquí vemos el carácter de esta joven que decide acompañar a Noemí.
Y es así como las dos parten a Israel. Como les había avisado, en el versículo 19 nos dice que toda la ciudad se conmovió. Todo el mundo se enteró de que había vuelto Noemí, y todo el mundo se enteró de cómo volvió, y más aún de que volvió con una moabita. Y entonces Noemí habla en el versículo 20, porque la gente la llamaba por su nombre: "No me llaméis Noemí, que significa placentera. Llamadme Mara, que significa amarga, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. Llena me fui, pero vacía me ha devuelto el Señor. ¿Por qué me llamáis Noemí, ya que el Señor ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?"
Aquí Noemí es culpable de un síndrome del cual yo también he caído. Yo me he enfermado de eso. Se llama el síndrome de los amigos de Job. Eso pasa cuando tú tienes la teología correcta pero la aplicación incorrecta. Como tú dices: "Ese Dios soberano no me quiere, por eso me va mal." Ella tenía, entonces, un entendimiento de la soberanía de Dios que estaba limitado, porque ya no podía ver más allá de sus propias narices. De hecho, yo te hago esta pregunta: ¿Acaso no volvió vacía? De verdad. ¿No volvió con Rut? Rut, que era una moabita, adoradora de dioses falsos. Rut, que podía quedarse allá y seguir pasándola muy bien ahí en Moab, quizás como buena misionera. Y sin embargo, Noemí volvió con una joven que lo dejó todo con tal de seguirla.
En este preludio de la salvación, de hecho, nosotros estamos viendo el gran amor que tenía Dios por Rut. Porque Dios no solo ama a la humanidad; Dios ama a los hombres. Dios ama a cada hombre por su nombre. Porque mucho antes de que Rut clamara al Dios de los cielos, el Dios de los cielos había escrito el nombre de Rut en el libro de la vida. Nota que Dios estuvo dispuesto a permitir la mudanza de Elimelec, la muerte de Elimelec y de Mahlón, el sufrimiento de Noemí, el retorno de Orfa, para que Rut la moabita pasara a ser Rut la hija de Dios.
Yo pensaba muchas veces en esto: aquí en un tráfico, en un tapón, tú encuentras un cristiano que está ahí orando y pidiendo: "Señor, quítate esto, por favor. Tú sabes que yo tengo que llegar. Ayúdame." Pero hay otro cristiano en la parte de adelante que va a toda velocidad y está diciendo: "Ah, Señor, gracias, que puedan avanzar rápido." Y a la vez, hay cinco personas más ahí que están orando por otra cosa.
y hay otro más allá, y hay otro más allá que estoy andando por otra cosa, y tú no sabes que hay una carga que tiene que llegar de tu sábado por la Duarte, tiene que pasar por la gente y tiene que llegar hasta allá. Y uno está pensando en uno mismo, y Dios está diciendo: si tú supieras la cantidad de miles de millones de personas que yo estoy ahora mismo observando, cuidando, pastoreando, juzgando. Nosotros somos culpables de ver nada más lo que pasa delante de nosotros, pero Dios está siempre orquestando absolutamente cada detalle de la vida. Pero no está allá arriba; Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, porque todo lo hace de manera tal que su plan majestuoso se ve bien y tu vida esté cercana a Él. Dios no solo ama a los hombres; Dios ama a cada hombre por nombre.
Pasamos entonces a ver el punto número dos: el precio de la salvación. De fruto vemos en el capítulo dos. El versículo uno dice: "No emí ni a un pariente de su marido, un hombre de mucha riqueza de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz." Y Rut le dijo a Noemí: "Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel en cuyos ojos halle gracia." Ella le respondió: "Ve, hija mía." Partió, pues, y espigó en el campo en pos de los segadores, y fue a dar a la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec.
Me encanta cómo este versículo sigue. En ese momento, hoy aquí vino Booz. Pero Dios había dado órdenes en la ley para proteger a las viudas, huérfanos, extranjeros, a las personas en necesidad. Y la orden era la siguiente: si tú tienes un campo —y todo el que salía tenía un campo—, en tu campo tú puedes espigar, tú puedes llevar todo el centro, pero las esquinitas, las esquinitas no las pides; déjale las esquinas al que no tiene, al que por cualquier razón se quedaba sin tierra, para que pueda ir. Es como —perdón la comparación— por eso tú te comes la pizza, pero déjale el borde para que el otro pueda comer también. En este caso un poquito más limpio, pero es la misma idea: déjale los bordes del campo para que los otros que no tienen, por cualquier razón, comida o alimento, puedan ir y encontrar. Eso es Dios cuidando al extranjero.
Pero tú sabes qué tiempo era este: entre el tiempo de Josué y los jueces. ¿Tú crees que había mucha gente que no estaba maximizando sus ganancias? ¿Tú crees que mucha persona de verdad iba a supervisar eso? No había nadie que dijera: "¡Ey, ey, déjale la esquina!" No había nadie supervisando eso; cada cual hacía lo que le venía en gana. De alguna manera Rut conocía esto, de que aparecían algunos campos que dejaban un poquito a los pobres. Pero ¿cuáles eran las posibilidades de que llegara a encontrar un campo de algún barón de Israel que dejara sus campos libres, que estuviera a suficiente distancia como para que ya pudiera caminar hacia allá, que estuviera dispuesto a dejar que los pobres se metieran ahí? Y una pobre moabita, viuda: ¿cuáles eran las posibilidades de que Rut iba a volver con comida? Eran significativamente pequeñitas; de hecho, eran casi imposibles. En ese tiempo, casi imposible.
Y sin embargo —de hecho, perdónenme, déjenme decir algo más antes de pasar—, no solamente era casi imposible, sino que era terriblemente peligroso. En el mismo libro nos dice que Booz mandó a sus criados al pasaje delante, que no tocaran a Rut. ¿Por qué tú crees que el señor tuvo que mandar a que no tocaran a Rut? Además, nos dice: "Mira, no te vayas a ningún otro campo, porque en otro campo te van a maltratar." O sea, que Rut tuvo que humillarse hasta lo sumo, tuvo que ir a pedir con poca probabilidad de encontrar quien le diera, y poniendo su vida en riesgo.
Pero Dios no solamente ama a los hombres; Dios ama a cada hombre. Dios amaba a Rut, y ahora por "chance", por azar, ella se encuentra en el lugar preciso, en el momento preciso. Ella cae en el campo de Booz. Y a mí —perdón— a mí esto me es como una película romántica. Yo me imagino el campo así, hermoso, bien bonito, y llega Rut y está en la esquina, y está aquí sacando cada semillita, todo lo que le sale, espigando todo lo que ella pudiera. Ya estaba toda cansada, medio agotada, medio sudada. Y entonces hay un corte de cámara y aparece ese hombre bien vestido que va caminando: "¿Cómo va la cosa? Va bien, todo bien, muy bien." Y de pronto mira hacia la izquierda y ponen la musicita.
Y mira hacia la izquierda, y el versículo 5 dice que él preguntó: "¿De quién es esta joven?" Algo le picó el ojo a Booz que hace esa pregunta. El siervo entonces le cuenta, le comenta quién es esta mujer. Y entonces tenemos ahí, sobre la música, el encuentro: los dos se ven de frente, baja la música y empieza el diálogo.
Versículo 8: Booz dijo a Rut: "Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. Fíjate en el campo donde ellas sieguen y síguelas, pues he ordenado a los criados que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los criados." Ella bajó su rostro. ¿Cuándo fue la última vez que tú hiciste algo así? Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: "¿Por qué he hallado gracia ante sus ojos para que se fije en mí, siendo yo extranjera?"
Y Booz le respondió: "Todo lo que has hecho por tu suegra..." Porque de Dios nadie se burla; todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. "Todo lo que has hecho por tu suegra, después de la muerte de tu esposo, me ha sido informado en detalle." —Ven, que era un pueblo chiquito; había un grupo de mujeres por ahí que sabían todo— "Me ha sido informado en detalle: cómo dejaste a tu padre —oigan, ella tenía cosas en Moab—, dejaste a tu madre y dejaste a tu tierra natal, y viniste a un pueblo que antes no conocías."
Pero Booz, como buen hombre, no solamente habla con ella: él ora por ella. "Que el Señor recompense tu obra, y que tu pago sea completo de parte del Señor Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte."
Entonces ella dijo: «Señor mío, he hallado gracia ante sus ojos, porque me ha consolado y en verdad ha hablado con bondad a su sierva, aunque yo no soy ni como una de sus criadas». Y aquí las cosas van mejorando; aquí se empieza a ver como un poquito de luz que va surgiendo. De hecho, en la misma historia te lo deja ver en ciertos detalles. Por ejemplo, es la primera vez que Ruth habla con alguien que no es Noemí, y le va bien. Es la primera vez también que hay una conversación entre un hombre y una mujer en el libro, y hay química.
Y más importante, quizás, es que Booz es el primer hombre en Ruth que tiene un par de versículos vivos. Hasta ahora, todos los hombres que salen en Ruth mueren, y sin embargo Booz llegó, pasó un par de versículos, y pues está vivo y está bien. Entonces la historia te está dejando ver que algo diferente está pasando, y te está dejando ver que Booz era alguien diferente. De hecho, Booz es uno de los muy, muy, muy pocos personajes —menos de diez en toda la Biblia— de los cuales solo sabemos cosas positivas.
Una y otra vez la Escritura hace el esfuerzo de mostrarte un personaje completo, y sin embargo en Booz, cada vez que vemos algo de él, solamente lo está haciendo bien. Fíjate que él no solo cumplió con la ley de dejar las esquinas; él va más allá. Él protege a Ruth, él le da comida, y luego le da de su propia comida. Él dice: «Siéntate conmigo», le da de su propia mesa, de su propia vida. Y todavía más allá, él le manda comida a Noemí. Ese hombre no se satisfacía con cumplir la ley; él cumplía y quería hacer más.
Y una vez más, como les mencionaba anteriormente, también vemos que para que Ruth sea salva, la salvación de Ruth requirió que Ruth se humillara. Porque ya no solo tuvo que pedir de manera general, sino a este hombre que le estaba mostrando favor y gracia. Ella tuvo que postrarse en tierra, ella se reconoce como extranjera, ella dice que ni siquiera es digna de ser una criada. Ella recibe esa ayuda que Dios le estaba mandando como lo que ya era: alguien en total necesidad, alguien que por sí misma no podía. Autosuficiencia cero, orgullo nulo; ella estaba totalmente rendida ante la provisión de Dios.
Quédate con eso solamente, porque hay algo de eso para ti y para mí. Digo, si tú luchas con el orgullo, pues no hay problema. Adelantando un poco las cosas, Ruth regresa donde Noemí y le cuenta todo. Noemí entonces le dice: «Quédate cerca de él, no te vayas a ningún otro lugar; este hombre es diferente».
Y luego encontramos el versículo 1 del capítulo 3, que dice: «Después su suegra Noemí le dijo: Hija mía, ¿no es de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? Mira, él va a aventar la parva en la era esta noche. Lávate pues, perfúmate y ponte tu mejor vestido, y baja a la era».
Versículo 8: «A medianoche, Booz se sorprendió, y al voltearse, he aquí que una mujer estaba acostada a sus pies. Booz le preguntó: ¿Quién eres? Ella respondió: Soy Ruth, tu sierva. Extiende pues tu manto sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano». Entonces él dijo: «Bendita seas del Señor, hija mía. Has hecho tu última bondad mejor que la primera, al no ir en pos de los jóvenes, ya sean pobres o ricos. Ahora, hija mía, no temas; haremos por ti todo lo que me pidas, pues todo mi pueblo en la ciudad sabe que tú eres una mujer virtuosa».
Si alguna vez tú oyes a alguien decir que la vida es machista, estudien juntos el libro de Ruth. Aquí nosotros tenemos un libro escrito hace tres mil años, con el nombre de una mujer, con una mujer protagonista. Aquí tenemos una mujer pidiendo matrimonio a un hombre, pero mira de qué manera lo hace. Ella no va a coquetear, ella no va a mostrar sus atributos, ella no arma una artimaña de «tú hablas con él, tú hablas con aquel» y hace un grupito. Nada de eso.
Ella, con la sabiduría de Noemí, primero cambia sus vestidos. Lo que esto significaba era que ella, seguramente, había perdido a su esposo y la norma natural era vestirse de duelo por largo tiempo. Pues Noemí le está diciendo: «Mira, ya es tiempo de que tú dejes el duelo y te presentes como alguien disponible». Y luego va y se presenta a Booz como una posible pareja, al acostarse a sus pies, al dormir a sus pies.
Y noten algo —el pastor Miguel aludió a esto en su oración también, cuando presentaba su reporte de cómo van las cosas—: Dios siempre actúa, pero Dios siempre actúa a través de la gente. Dios va actuando; Dios da paz, pero te trae a alguien que te trae una palabra de paz. Dios da provisión, pero te trae a alguien que te da provisión. Fíjense que Booz oró en el capítulo 2 que el Señor la guardara a ella, que ha venido a morar bajo las alas del Señor, ¿verdad? Y ahora Ruth se postra ante Booz y le dice: «Tú me puedes cubrir con tu manto». «El manto del Señor, tú estabas orando que me cubriera; ¿pudiera ser tú esa protección, esa provisión, ese redentor?»
Y nota cómo Booz —y esto es importante para nosotros los hombres— nota cómo Booz es un hombre honorable. Él tiene una mujer literalmente echada a sus pies, y su primera reacción es guardarla, apoyarla, protegerla, afirmarla. Él no juega con ella, él no se pone a vacilar, no se pone a darle vueltas al asunto. De inmediato cuida su corazón, muestra su aprobación, y de hecho la llama con el piropo más hermoso que se puede dar a alguien. ¿Cómo le dice? Mujer virtuosa. El mismo vocablo que se utiliza en Proverbios más adelante: mujer virtuosa.
Y eso es una hermosa muestra de cómo tu pasado no define tu futuro. Ruth pasó de ser Ruth la moabita a Ruth la virtuosa, y no solo ante los ojos de Booz —perdón— sino ante los ojos de todo el pueblo. El mismo pueblo que llegó cuchicheando con Ruth, ahora dice Booz que todo el mundo la conoce como una mujer virtuosa.
El resto del capítulo 3 y el capítulo 4 entonces nos muestran el último desafío que falta. El único detallito que quedaba por resolver. Y para eso tengo que hablarles del instituto conocido como el matrimonio de levirato. Se lo explico ahora, pero antes doy un ejemplo del Nuevo Testamento.
Un grupo de saduceos quieren hacer caer a Jesús; lo querían atrapar, se la pasaban en eso. ¡Qué ejercicio, tratar de hacer que el Dios perfecto peque! Pues este grupo de saduceos le tiraron un gancho de suelos. Señor, esta gente no creía en el cielo. «Señor, un hombre se murió y su esposa se casó con su hermano, y se murió el hermano, y se murió el otro» —parece que se casó con alguien de Moab—, «se murió su otro hermano, se murió su otro hermano. ¿De quién va a ser en el cielo?»
Esta práctica es lo que se llama el matrimonio de levirato. Básicamente, en Deuteronomio, Dios había puesto esto como una forma de salvaguardar la descendencia y la tierra de un israelita. Recuerden, o si no sabían ya saben, en Israel tú no perdías tu tierra; tú podías venderla, y a los cincuenta años volvía a ser tuya en el año del jubileo. Entonces la gente no perdía su tierra; era una forma en que Dios salvaguardaba que su pueblo siempre tuviera comida.
Pues la ley era esta: si el hombre se moría, el hermano que estuviera disponible se casaba con la viuda, para que la viuda tuviera un esposo y para que el nombre del hombre tuviera descendientes y su tierra tuviera dueño. Pues en este caso lo que había sucedido era que Elimelec había muerto, y alguien debía casarse con Noemí, pero Noemí estaba muy vieja para dar hijos. Entonces lo que tocaba era casarse con Ruth, que era Ruth quien podía darle descendencia a Elimelec.
Por eso es que Noemí aludió en el versículo 1 del capítulo 3 a Booz, siendo nuestro pariente, como dejando ver: «Mira, Booz puede resolver el asunto, Booz puede ayudarnos». Booz probablemente era primo de Elimelec, por lo que podía, tú sabes, funcionar. Sin embargo, Booz era un hombre que cumplía la ley, y quizás era primo segundo, porque había un primo más cercano de por medio. El asunto es que había otro pariente en el medio.
En el capítulo 4, Booz va a hablar con él. Va con el pariente más cercano y le dice: «Mira, hermano» —bueno, literalmente le dice «mira, fulano», ya tú sabes que esa persona es importante—. «Oye, fulano, la tierra de Elimelec hay que redimirla». Entonces el pariente dice: «Ok, muy bien, yo lo hago». Pero ojo, hay una moabita por ahí con quien casarse, hay que casarse con ella, tiene que casarte con Ruth.
Y yo me imagino a Booz, siendo un hombre íntegro, pero por dentro, pues ojalá que no quiera, ojalá que no quiera. Y entonces leemos el versículo 6 del capítulo 4: «Fulano respondió: No puedo redimirla para mí mismo». Oye esto: «No sea que perjudique mi heredad. Redímela tú para ti; usa tú mi derecho de redención, pues yo no puedo redimirla». Este pariente era el deudor que era quien le tocaba la bendición, y se la perdió porque no quería. ¿Tú escuchaste? Él no quería manchar o perjudicar su heredad; él no quería tener una moabita en su familia, básicamente.
Y yo me imagino a Booz, por afuera muy compuesto, tú sabes, pero por dentro: «¡Bien! ¡No hay freno, no!». «Mi hermano, tranquilo, yo resuelvo ese problema». De una manera digna lo diría, por supuesto: «Yo resuelvo, tranquilo, no se apure». Y de inmediato, el papeleo: «¡Vengan acá! ¡Los jueces vengan!».
Versículos 9 al 12, Booz lleno de gozo, puedo suponer, dice lo siguiente: «Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Ustedes son testigos hoy de que he comprado de la mano de Noemí todo lo que pertenecía a Elimelec, y todo lo que pertenecía a Quelión y a Mahlón. Además, he adquirido a Ruth la moabita, la viuda de Mahlón, para que sea mi mujer, a fin de preservar el nombre del difunto en su heredad, para que el nombre del difunto no sea cortado de entre sus hermanos ni de la puerta de su lugar de nacimiento. Ustedes son testigos hoy».
Y nota que es un pueblo chiquito. Entonces dice el texto que todo el pueblo que estaba en la puerta y los ancianos —la misma gente que hablaba de...
Noemí un par de meses antes dijeron: "Somos testigos". Y hoy, ahora, en vez de maldecir a Noemí y a Ruth, hoy creo que dicen: "Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel, y que tú adquieras riquezas en Efrata y seas célebre en Belén. Además, sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendencia que el Señor te dará de esta joven." Aquí la redención de Ruth ha sido completada. Ruth ya no es más Ruth la moabita; ahora Ruth es Ruth, la mujer virtuosa e israelita, casada con Booz, el hombre que ejemplifica en esta historia a nuestro mismo Señor.
Porque la salvación de Ruth tenía un precio que no era solo que ella suplicara; era que alguien se casara con ella. La salvación de Ruth implicó que alguien más, alguien más digno, más honorable, alguien que no había sufrido lo que ella estaba sufriendo, que no estaba pasando en ese momento por eso, pudiera casarse con ella. Y cuando yo leo esto, yo no puedo no ver a mi Señor Jesús y mi Salvador. Cuando yo veo el carácter de Booz, este hombre tan honorable que en el tiempo de los jueces, donde cada cual hacía lo que le parecía bien a sus ojos, Booz solamente buscaba hacer lo que pareciera bien a los ojos de Dios.
Yo no puedo ver a este hombre que decidió ver a esta joven indefensa, tener compasión de ella, protegerla, alimentarla y amarla, y no ver a mi amado Señor, que me vio desprotegido, enemigo de Él, y decidió protegerme, cuidarme, alimentarme, amarme, morir en mi lugar. Booz compartió todo lo que él tenía, todo lo que él era, porque al casarse con Ruth, todo lo que le pertenecía a Booz ahora era de Ruth también. Él le dijo: "No, yo te doy mi vida completa. Yo no voy a hacer solamente lo básico. Yo no solamente te voy a alimentar. Yo te doy todo lo que yo soy." Y yo puedo ver eso y digo: "Bendito sea Dios, que Él me dio todo lo que Él era, Él me dio su propia vida, por amor."
Y hay un detalle más de Booz que me recuerda a mi Redentor. ¿Me puedes acompañar a Mateo 1? Déjate el dedo en Ruth porque vamos a regresar, pero vamos a Mateo 1, el primer libro del Nuevo Testamento, al versículo 5. Son esos detalles que uno como que les pasa por arriba, pero cuando lo ves una vez, no puedes dejar de verlo. El capítulo 1 de Mateo es el que la gente pasa por arriba, por lo menos los primeros 16 versículos, que son genealogía: nombre, nombre, nombre, nombre, nombre. Pero mira el versículo 5: "Salmón engendró de Rahab a Booz, y Booz engendró de Ruth a Obed." ¿Tú notaste quién fue la madre de Booz? Rahab. Tú conoces a Rahab, ¿verdad? No le digas Rahab la ramera, porque ya hizo muchas otras cosas. Pero sí, Rahab, que antes era una ramera, quien decidió poner su vida en riesgo para proteger a los dos espías de Israel en Josué capítulo 2, que luego se fue a Israel, se casó con uno de los príncipes de Judá llamado Salmón, y Dios transformó a tal punto la vida de esta mujer que pasó de ser una ramera a criar al hombre más honorable de todo Belén.
Porque no es donde tú empiezas. Y yo veo eso y digo: claro que Booz estuvo dispuesto a casarse con una moabita, porque en su propia casa había visto a una que antes era una ramera y era una mujer bendita. Porque Booz sabía, había aprendido, que no es lo de afuera lo que cuenta; es lo que está adentro. No son las circunstancias de afuera, es quién vive dentro de ti. Booz sabía que Ruth era mucho más que Moab. Ruth era una hija de Jehová, y por eso estuvo dispuesto, contento, con gozo, de amarla, de mirarla, de apreciarla, al punto de casarse con ella.
Y esto nos trae al último punto. Hemos visto el preludio de la salvación de Ruth, vimos el precio de la salvación de Ruth; veamos ahora el propósito de la salvación de Ruth. Capítulo 4, versículo 13: "Booz tomó a Ruth y ella fue su mujer, y se llegó a ella, y el Señor —¡bendito sea Dios!— hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo."
"Entonces las mujeres dijeron a Noemí: '¡Bendito sea el Señor, que no te ha dejado hoy sin redentor! Que su nombre sea célebre en Israel. Que este niño sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez, porque tu nuera, que te ama y que vale más para ti que siete hijos, lo ha dado a luz.' Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. Las mujeres vecinas le dieron un nombre y dijeron: '¡Le ha nacido un hijo a Noemí!', y lo llamaron Obed. Él es el padre de Isaí, padre de David."
¿Cuál era el problema en el tiempo de los jueces? No había rey en Israel; cada cual hacía lo que bien le parecía. Y es Ruth quien resuelve esa situación. Dios resuelve esa situación. A veces tú le dices al Señor: "¿Por qué tú estás permitiendo esto? Yo no entiendo lo que tú estás haciendo." Y Dios te dice: "Espera en mí, porque en la medida en que yo voy trabajando contigo, yo estoy trabajando en cientos de miles de personas más. Y yo estoy permitiendo que tú pases por esto, porque tú no sabes a quién le vas a contar de eso después. Tú no sabes lo que yo voy a hacer con tu vida ahora que te estoy haciendo pasar por esto. Tú no sabes el testimonio que vas a poder dar después. Tú no sabes lo que tú también necesitas trabajar."
Cuando Dios salvó a Ruth, lo primero que hizo fue bendecirla a ella. La sacó de una adoración a dioses paganos, le dio un futuro de vida eterna versus el futuro de muerte eterna que ya tenía. La hizo parte de su pueblo, la hizo su hija, le dio un buen nombre, una buena descendencia y un futuro. Pero la salvación de Ruth no era solo para Ruth, porque Dios también quería ayudar a Noemí. A través de Ruth, Noemí ganó una hija, ganó un futuro, y algo quizás más importante todavía: le dio unas razones para su sufrimiento en Moab. Ya no va a mirar para atrás diciendo: "Señor, ¿por qué tú lo permitiste?" Ya va a mirar hacia atrás diciendo: "Señor, tú eres bueno."
Pero Dios también bendijo a Booz. Este hombre soltero, ya entrado en edad, se encontró ahora con una mujer virtuosa como esposa, que haría su nombre aún más grande en Belén, que cuidaría de él, que lo amaría por el resto de sus días, que le dio una descendencia y un futuro. Y con la salvación de Ruth, como ya mencioné, Dios también bendijo a Israel, porque en el tiempo de los jueces, a través de la unión de Ruth y Booz, Dios iba a dar un rey, el mejor rey de Israel, a través de Ruth la moabita. ¿Y tú sabes qué? Dios estaba actuando hace más de tres mil años pensando en ti y en mí hoy. Pensando en ti que estás aquí hoy. Pensando en mí que estoy aquí hoy, porque de la redención de Booz a Ruth salió Obed, de Obed salió David, y del Hijo de David vendría nuestro gran Salvador y Redentor, que vino como el pastor más grande de Belén, vino de estas líneas torcidas, Dios escribiendo derecho.
Y en la genealogía del Señor no solamente está Rahab, que fue una ramera, sino Ruth, que fue una moabita. Nuestro Señor permitió que Ruth, Noemí y Booz formaran parte de la historia más grande de todas las historias: que la historia de amor de Ruth y Booz fuera solo una sombra de la historia de amor más grande de todos los tiempos, que el matrimonio de Ruth y Booz no fuera más que una pequeña sombra del gran matrimonio del Señor Jesús con su iglesia. Escribiendo derecho en líneas torcidas.
Entonces, a manera de resumen, ¿qué hemos visto? Vimos el preludio de la salvación de Ruth: que la salvación de Ruth empezó mucho antes de que ella se diera cuenta, que Dios estaba orquestando todo tipo de situaciones mucho antes de que Ruth siquiera pudiera entenderlo, que ella tuvo que abandonar a su familia y exponerse al peligro de vivir como una viuda moabita en Israel, que ella tuvo que ser rescatada por alguien más. Y también vimos a Booz, que estuvo dispuesto a dejarlo todo para casarse con la moabita y dar su propia vida. Vimos el propósito de la salvación de Ruth: aunque Dios ciertamente amaba a Ruth, amaba a Booz, amaba a Noemí, Dios tenía un plan todavía mayor que ellos. Él estaba entretejiendo esas historias, entretejiendo esas vidas, para traer un rey a Israel, para traer un Rey a nosotros.
Amado, déjame decirte algo. La historia de tu salvación no es tan distinta. Mi historia de salvación no es tan distinta. Tal vez tú no eres moabita, pero tú también eras extranjero del pueblo de Dios. Tú también estabas adorando tus propios dioses, haciendo tu propia voluntad, perdido en tus delitos y pecados, extranjero de la ciudadanía del Israel celestial. Pero mucho antes de que tú nacieras, mucho antes de que tú pudieras hablar, mucho antes de que tú pudieras clamar a Dios, Él ya había escrito tu nombre en el libro de la vida.
Y cuando tú ves una circunstancia delante de ti que no entiendes bien y empiezas a correr en todas las direcciones, solamente entiende esto, amado hermano: en cualquier momento, sin importar a dónde tú corras, te volteas hacia atrás y Dios está ahí, esperando tu retorno, esperando tu regreso, esperando tu arrepentimiento, listo para decirte: "Ven, mi hijo amado."
Y tú sabes que tu salvación también tuvo un precio. Implica, en primer lugar, que tú te atrevas —salvación para ser cristiano y salvación para vivir como cristiano— a decir: "Señor, yo no puedo. Yo no soy el que se las sabe. No es mi sabiduría, no es mi fuerza, no es mi valentía. Señor, yo te necesito. Yo no puedo solo. Yo dependo de ti. Yo soy débil y necesitado." Tu salvación requiere que tú pidas, que te olvides de la vergüenza y del orgullo, que te pongas rostro en tierra y digas: "Dios, ayúdame." Y, más importante, tu salvación implicó que Dios quisiera responderte. Y Él lo hizo.
Tu salvación implicó que la persona más digna de todas estuvo dispuesta a humillarse hasta la muerte, y muerte de cruz. No hay un precio mayor; nunca se ha pagado un precio mayor por nada, y sin embargo Él lo hizo gozosamente. No lo hizo gozosamente solo por amor a su Padre, sino por amor a ti.
Porque a mí me sorprende pensar que Cristo estaba en la cruz viendo a Jaír. Cristo estaba en la cruz viendo a ti. Y Él decía: "Esto vale la pena, porque yo amo a ese dominicano, yo amo a ese venezolano, yo amo a ese eterno. Yo estoy dispuesto a dar mi vida completa porque yo lo amo." Es nuestro Dios, es nuestro Señor. El precio que, gozoso, estuvo dispuesto a pagar por ti y por mí. ¡Bendito sea su nombre!
Y tú sabes, amado hermano, tu salvación es más importante que tú. La vida cristiana no se trata de nosotros, se trata de Cristo. No son nuestros planes, no son nuestras fuerzas, no es nuestro gozo, no es lo que vamos a hacer nosotros. Todo se trata de Él. Él espera, Él anhela, Él ordena que tú rindas todo lo que tú eres a Él. No hay otra opción.
Sí, Él espera que tú anuncies sus bondades; Él espera que tú prediques su evangelio. Pero Él quiere que tú, en tu interior, te prediques su evangelio y digas: "Señor, yo soy completamente tuyo." Él quiere, Él demanda, Él espera que no haya un ápice de tu vida del que tú puedas decir: "Esto es mío." Todo: tu dinero, tu familia, tu sabiduría, tu todo. Todo lo que tú eres, tus mejores planes, tus mejores sueños, tu cuenta de ahorros, tu falta de ahorros, tu ansiedad y tu inseguridad. Todo. Él lo quiere todo, cada detalle de ti.
Él quiere que tú abandones Moab, que abandones a tu familia, que abandones tu orgullo, que abandones todo. Y me encanta cómo el pastor Tim lo dice: si tú estás dispuesto a dejar tu vida por Él, como lo hizo Rut, Él te dará una vida de vuelta, pero no la vida que tú tenías; Él te dará una vida infinitamente mejor.
Así que, amados hermanos, como Rut nos mostró, avancemos en fe, sin saber qué viene, pero avancemos. Yo no sé qué te toca hacer hoy, pero algo te va a tocar. Avanza, ríndete, entrégate, sin saber lo que venga. ¿Y tú sabes qué? Rut dijo que solo la muerte podía separarla de Noemí. De nuestro Amado, ni siquiera la muerte nos puede separar.
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Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.