Integridad y Sabiduria
Sermones

Sardis, la iglesia muerta

Miguel Núñez 20 septiembre, 2015

La iglesia de Sardis tenía fama de estar viva, pero Cristo la declara muerta. Es una de las cartas más tristes del Apocalipsis: una congregación que en algún momento brilló, tuvo impacto y ganó reputación, pero que ahora solo vive de su pasado glorioso. Curiosamente, la historia de la iglesia reflejaba la de su ciudad: Sardis fue una capital próspera, rica en oro y comercio, que se creía invencible por su ubicación elevada, pero cayó dos veces porque sus guardias dejaron de vigilar las laderas que consideraban impenetrables. De la misma manera, la iglesia bajó la guardia y fue invadida por la muerte espiritual.

Una iglesia muere cuando la palabra deja de predicarse con autoridad y cuando hace las paces con el mundo para evitar la persecución. El pastor Núñez observa que nadie persigue a un muerto, y que el mundo estaría muy contento si la iglesia permaneciera callada dentro de sus cuatro paredes. Pero Cristo no abandona a Sardis. Le da cinco imperativos para revivir: ponte en vela, afirma lo que queda, acuérdate de lo que recibiste, guárdalo y arrepiéntete. No necesitan nueva instrucción, sino aplicar lo que ya saben.

Aun en esa iglesia moribunda, Cristo reconoce a unos pocos que no mancharon sus vestiduras. El vencedor será vestido de blanco y su nombre jamás será borrado del libro de la vida. Es tiempo de hacer las paces con el Señor ahora, no cuando sea demasiado tarde.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a meditar! ¡Vamos a ganar los maravillosos! Con eso entonces le invito a leer la Palabra de Dios conmigo, comenzando el versículo 1 hasta el versículo 6 del capítulo 3 del libro de Apocalipsis, para continuar nuestra serie sobre estos mensajes a las diferentes iglesias que aquí están representadas.

El texto dice de esta manera: "Y escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto. Ponte en vela y afirma las cosas que quedan, que estaban a punto de morir, porque no he hallado completas tus obras delante de mi Dios. Acuérdate pues de lo que has recibido y oído, guárdalo y arrepiéntete. Por tanto, si no velas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tiene oído, que oiga lo que el Espíritu de Dios dice a las iglesias."

Hasta ahora nosotros hemos visto cuatro de las cartas enviadas a estas siete iglesias que están representadas en estos dos capítulos del libro de Apocalipsis: el capítulo 2 y el capítulo 3. Nosotros comenzamos viendo la carta enviada a la iglesia de Éfeso, que había perdido su primer amor, había perdido el amor por Dios, había perdido el amor por el hermano en su valoración de la verdad. Éfeso perdió el amor, y como hemos enseñado en otras ocasiones, Dios nunca contrapone uno de sus atributos contra otro, de tal manera que Dios nunca tiene una primacía de uno de sus atributos sobre el otro. Por tanto, Éfeso olvidó parte de eso y perdió el amor por Dios y el amor por su hermano.

Cristo tuvo algo que decirle a esa iglesia. Esmirna fue una iglesia fiel en medio de la tribulación. Es una de las dos iglesias de las cuales, o a las cuales, Cristo no tiene nada malo que decirle, no tiene que disciplinarla. Nosotros luego vimos la iglesia de Pérgamo que comprometió la verdad. Está ahí solo, pues de esta iglesia el Señor dice que yo conozco tu amor, pero qué resulta que en medio del amor comprometió la verdad en medio de la persecución. Y Tiatira, que fue la última que vimos, fue una iglesia que al negociar la verdad también compró, abrazó la mundanalidad, y se dejó infiltrar por el mundo que estaba afuera de ella.

En el día de hoy nosotros acabamos de leer una de las cartas más tristes, sino la más triste, de estas cartas a una iglesia que en un momento dado aparentemente había estado caminando muy bien, y que ahora Cristo le dice: "Tú tienes un nombre, tú tienes una reputación de que estás viva, pero en realidad estás muerta." Este es otro texto que yo no sé cómo fue leído, yo no sé cómo fue recibido, yo no sé cuál fue la reacción de la iglesia cuando esto se le leyó, porque no es fácil de escuchar que tú perteneces a una iglesia muerta.

Imagínate por un momento que tú hubieses estado allí en dicha congregación, sobre todo cuando esa opinión viene de parte de Dios. Porque a veces los hombres dicen cosas de nosotros y nos molestan o nos hieren o nos sentimos mal, pero cuando las cosas vienen de parte de Dios, esa es otra historia. Y nosotros sabemos que vino de parte de Dios; lo sabemos por todo lo que hemos venido viendo a lo largo del camino. Vino a través de Juan, pero vino de parte del Señor Jesús.

Y aquí nosotros vemos cómo al principio dice que el mensaje va dirigido al ángel de la iglesia de Sardis. Ya nosotros explicamos en un mensaje anterior, y no me voy a detener en los detalles, que esta fraseología del ángel de la iglesia de Sardis implica, conforme a la gramática griega o acá de místicos, o un ángel especial que había sido dedicado para proteger, cuidar, guiar, hacer a la iglesia rendir cuentas de parte de Dios, cosa que nosotros no conocemos cómo ocurre, o quizás simplemente era una metáfora para referirse al pastor encargado, o los pastores encargados de aquella iglesia. Pero es básicamente una voz a dos personas que se está dirigiendo a un gran grupo. Piensa que es simplemente el pastor o el pastor de la iglesia que esta metáfora hace referencia, para que él pueda entonces poner atención a lo que estaba ocurriendo en su iglesia.

Y quien envía entonces el mensaje se identifica de una manera similar a como lo hizo cuando le habló y le escribió a la iglesia de Éfeso. Él dice en el versículo 1, segunda parte: "El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas dice esto." La frase ahí de siete espíritus probablemente habla de la omnisciencia de Dios, el número siete como el número de la perfección. Y otros piensan que quizás sea una referencia a la manera como el Espíritu de Dios es descrito de siete formas distintas en el libro de Isaías, capítulo 11, versículo 2.

Escucha lo que el texto dice cuando habla del Espíritu Santo que reposaría sobre el Señor Jesús en un futuro: "Y reposará sobre él el Espíritu del Señor," número uno; "Espíritu de sabiduría," dos; "de inteligencia," tres; "Espíritu de consejo," cuatro; "y de poder," cinco; "Espíritu de conocimiento," seis; "y de temor del Señor," siete. Siete formas distintas como el profeta Isaías hace referencia al Espíritu de Dios.

Y ahora el que habla, el que escribe, dice que él es el que tiene los siete espíritus de Dios, la plenitud del conocimiento de Dios, aquel que escudriña aún el mismo corazón de Dios Padre, como le dice Pablo a los corintios, aquel que conoce todas las cosas. En el libro de Zacarías, capítulo 4, se nos habla de un candelabro que tiene siete lámparas. Y de ese candelabro con siete lámparas se dice que son los ojos del Señor que recorren toda la tierra. De manera que la mayoría piensa que esto es una referencia, esta fraseología de los siete espíritus, al Espíritu Santo, que es quien tiene esa omnisciencia y que recorre toda la tierra como parte de la Trinidad, conociendo el rincón de cada persona, de cada mente, de cada corazón, de cada vida, de cada matrimonio, de cada familia, de cada iglesia.

De tal forma que él puede decir en todo momento, en cada ocasión: "Yo conozco tus obras." Él puede decir: "Yo conozco tus pensamientos, yo conozco tus intenciones, yo conozco tus motivaciones, yo conozco tus planes." Quien habla es alguien que tiene ese conocimiento absoluto de tu vida y la mía y de la vida de la iglesia.

Y él tiene las siete estrellas. Y estas estrellas ya fueron identificadas en el capítulo 1. Una vez más, o son los siete ángeles que están a cargo de estas siete iglesias, o son los siete pastores de estas iglesias a quienes ellos dirigían. Pero quien habla, sin lugar a duda por su identificación misma, no solamente tiene conocimiento absoluto de lo que ocurre en cada iglesia, sino que tiene poder y tiene autoridad. De manera que él tiene la autoridad para pasar revista a sus iglesias, él tiene el poder para hacer cumplir lo que él dice, y él tiene el conocimiento para saber por qué lo hace.

Y entonces él comienza a hablarle a la iglesia de Sardis. Le dice: "Yo conozco tus obras." Es una frase que aparece creo que en seis de las siete cartas: "Yo conozco tus obras." En ocasiones anteriores, cada vez que Cristo decía "yo conozco tus obras," le hablaba de obras específicas que ellos estaban haciendo o habían hecho, que él había aplaudido o continuaba aplaudiendo. Pero en este caso él no menciona ninguna obra en particular. Cuando menciona una obra, escucha lo que dice: "Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto."

Otra manera de traducir eso sería: "Tienes la reputación de que vives." Aparentemente esta iglesia en un momento dado creció, tuvo un impacto, tuvo una vida, y esa era su reputación. De tal forma que hoy en día, la iglesia de Sardis, aquel día en el primer siglo, la iglesia hacia el final del primer siglo, la iglesia de Sardis tenía esa reputación que le precedía, pero había llegado un momento en que esa vida había muerto.

Y resulta que de manera peculiar la condición de la iglesia, o la historia que la iglesia había seguido, era muy familiar a la historia que la ciudad de Sardis había seguido. La iglesia tenía un buen nombre, la ciudad también. La iglesia en el pasado aparentemente ganó esa reputación, y la ciudad también. En un momento dado, en la ciudad había muchas cosas pasando, y en la iglesia de Sardis también. En este momento en la ciudad nada estaba pasando, y en la iglesia de Sardis tampoco. Interesante que la ciudad y la iglesia siguieron como un mismo surco.

Sardis en el pasado fue una ciudad extraordinaria, fundada en el año 1200 a.C., fundada en el tope como de una meseta. Pero las paredes, las laderas de la meseta, eran prácticamente verticales, de tal manera que la ciudad se hizo impenetrable a las invasiones. Solamente había un solo lugar por donde tú podías entrar que no fueran esas laderas casi verticales como paredes, y aún ese lugar era bastante empinado. Dos mil quince pies de altura tenían esas laderas.

Y Sardis llegó a ser la capital de un imperio conocido como el imperio de Lidia en esa ocasión, que ocupó lo que hoy son las provincias de Esmirna y de Manisa en el país de Turquía. De manera que la ciudad se distinguió no solamente por su localización sino por su producción. Era una ciudad rica en la producción de lana. De hecho, se dice que en Sardis se desarrolla, se inventa, se descubre cómo teñir la lana por primera vez. Era una ciudad que tenía un río a su alrededor donde se extraía oro, y la ciudad se hizo rica en oro. Se piensa que las primeras monedas de oro y de plata se hicieron en Sardis. Era una ciudad que tenía cerca, o una ciudad que pasaba en la base de esa meseta, donde pasaba una carretera importante que le permitió desarrollar el comercio.

Y todo eso hizo que Sardis pensara que, dada su localización, era invencible. Sin embargo, el año 546 fue invadida. Yo voy a ahorrar los detalles, pero fue invadida, y fue invadida por las laderas que ellos pensaban que nadie podía ascender.

Fue invadida en un momento cuando nadie estaba vigilante de las laderas, justamente por lo imposible de ascenderlas. Y la misma historia ocurrió en el año 244 antes de Cristo. Los guardias estaban prestando atención al área frontal por donde la gente podía entrar a la ciudad y descuidaron, no velaron por el resto de lo que eran sus potenciales entradas, y por allí ascendieron soldados enemigos y conquistaron la ciudad.

Ahora, en el primer siglo, la ciudad no era gran cosa, pero vivía de su reputación, vivía de lo que había sido, vivía de la prosperidad que había disfrutado en el pasado, del nombre que la lana le dio, el nombre que el descubrir o el inventar cómo teñir la lana le había dado. Eventualmente, esa ciudad fue anexada al Imperio Romano, y eso es donde ella se encuentra ahora cuando esta carta es enviada. Es como parte de lo que es el Imperio Romano, el año 133 antes de Cristo. Eventualmente un gran terremoto prácticamente destruyó la ciudad en el año 17 de nuestra era. Pero lo que hizo a Sardis famosa como ciudad fue su pasado.

Y aparentemente, en un pasado también, la iglesia de Sardis pues había llegado a adquirir una reputación de ser una iglesia muy viva, pero ahora la iglesia más que nada estaba viviendo de su nombre anterior y no de su presente. Yo no sé cuántos de ustedes, lo que voy a decir no lo digo de manera jocosa porque no ha sido jocoso para mí cuando he estado en esa situación, no sé cuántos de ustedes han estado en una iglesia muerta. De visita. Porque la realidad es que la manera como se describe ocasiones en algunos de los libros y comentarios de cómo luce una iglesia muerta, mientras leía yo podía ver en mi mente lugares donde yo he estado que eran exactamente así, y me dio mucha tristeza.

Esas iglesias usualmente viven en el pasado. Te hablan de cuántos miembros tenían en el pasado. Te hablan del tamaño que el coro tenía en el pasado. Te hablan de las actividades grandiosas que tuvieron en un pasado. Te hablan de la adoración y de los himnos que cantaban en un pasado. Y todo se refiere al pasado. De hecho, yo he conversado ocasionalmente con cristianos así también, que están perseverando, pero cuando hablas con ellos básicamente viven en el pasado, en la gloria de su pasado.

Mientras yo pensaba en Sardis, pensaba ver a una iglesia que tenía un presente porque Cristo le está hablando, pero que más bien vive en el pasado. Y cómo una iglesia pasa de un estado a otro. Nosotros no tenemos los detalles de cómo Sardis pasó de un estado a otro. Nosotros tenemos los detalles de qué ha pasado en Occidente y cómo la iglesia pasó de ser una iglesia vibrante en la época de la Reforma a ser una iglesia, en una gran mayoría de Occidente, prácticamente muerta.

Una iglesia muere en primer lugar cuando la Palabra deja de ser predicada. Y eso ocurre porque, como bien dijo Cristo, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Si esas palabras no son predicadas, estas palabras no le pueden dar vida a la iglesia. Y en Occidente tú puedes seguir la historia y tú vas a descubrir que cuando la Palabra de Dios fue relegada a un segundo plano, la iglesia de Occidente comenzó a perder su vitalidad hasta prácticamente morir en muchos lugares.

Tú sigues la misma historia y tú puedes descubrir que cuando la iglesia de Occidente comenzó a hacer las paces con el mundo, de tal manera que ya no fuera tan condenada y perseguida por el mundo, y más bien aceptada y aplaudida por el mundo, entonces la iglesia comenzó a perder su vida. Cuando la iglesia ha hecho en Occidente su rol, el mundo que le rodea siempre le ha condenado, siempre le ha criticado, porque esa es la realidad. Nosotros vivimos en el terreno de la iglesia, ese es el reino de Dios. El mundo es el terreno enemigo, es el terreno de Satanás. Cuando el reino de Dios comienza a invadir el territorio enemigo, el enemigo comienza a perseguirla y a condenarla.

Pero ¿sabes? Había muerto. ¿Sabes que la persecución no fue un problema en Sardis? ¿Sabes por qué? Porque ¿quién va a perseguir a un muerto? ¿Para qué perseguir a alguien que no te está invadiendo territorio? El mundo que está allá fuera, el Congreso que está allá fuera, la gente que hace la ley allá fuera estaría muy contenta con la iglesia si la iglesia viviera metida dentro de las cuatro paredes y no dijera absolutamente nada de lo que está pasando allá afuera. Pero tan pronto la iglesia deja de hacer su papel de sal y luz, la iglesia comienza a ser contraatacada.

Las dos causas principales en la historia de la iglesia que mataron la iglesia en Occidente: una fue el liberalismo, donde la Palabra dejó de ser inerrante, infalible. La Palabra tenía la Palabra de Dios, pero no era la Palabra de Dios, en otras palabras. Lo que nosotros tenemos en la Biblia contiene la Palabra de Dios, pero contiene muchas cosas humanas y por tanto está llena y plagada de errores. Y tan pronto tú entras en ese terreno, la Palabra pierde la autoridad, y cuando la Palabra es predicada, el que escucha la predicación entiende que esa palabra predicada no tiene la autoridad para confrontar su pecado.

La razón número uno. Razón número dos: la comunidad de la iglesia comienza a ver como buenas y válidas los estilos de vida de allá afuera, que nosotros quisiéramos aceptar también, de tal forma que la gente que está allá afuera se sienta atraída hacia aquí adentro justamente porque nosotros no somos tan diferentes como ellos son allá afuera. Pero si nosotros no somos tan diferentes como ellos son allá afuera, ¿para qué me invitas a entrar si yo estoy bien afuera? Y hoy en día Occidente casi entero se ha muerto y el centro de gravedad se ha movido, de acuerdo a los mejores misiólogos e historiadores contemporáneos, hacia el sur global, África, hacia Latinoamérica.

A manera de contraste entonces, ¿cuál sería la característica de una iglesia viva? Ya vimos algunas de las características de una iglesia muerta: vive en el pasado, del presente no tiene gran cosa que contar, no tiene testimonios que transferir, la mayor parte de lo que tiene que contar tiene que ver con su gloria, con el brillo que ya pasó. Pero una iglesia viva no vive en el pasado, vive en el presente, mira hacia el futuro. Es una iglesia donde se predica la Palabra sin comprometer su contenido, porque como ya dijimos, es la Palabra que da vida.

Una iglesia viva es una iglesia donde sus miembros quieren aprender justamente de la Palabra. Los muertos no tienen hambre. La gente que está grave, enferma de alguna enfermedad, tampoco tiene hambre, pierde el hambre. Pero una iglesia viva, las personas tienen hambre por el aprendizaje. Es una iglesia donde la gente nace de nuevo. La gente nace de nuevo y el nacimiento de nuevos es evidencia de que el Espíritu que da vida está presente, porque no hay otra manera de nacer de nuevo. El texto de Juan 6:63, donde Cristo dijo las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida, comienza diciendo: el Espíritu es el que da vida.

En una iglesia viva la gente que se convierte quiere bautizarse, quiere dar testimonio, quiere expresar lo que Dios ha hecho en su vida y quiere dar testimonio público de fe. Es una iglesia donde creyentes continúan arrepintiéndose y responden al llamado de arrepentimiento porque el Espíritu está vivo, y el Espíritu que está en el interior del individuo, al escuchar esa persona la Palabra predicada, el Espíritu que está en su interior le da convicción de pecado y lo mueve a arrepentimiento. La marca de que hay un cristiano, como hemos dicho muchas veces, no es que un día hizo una profesión de fe y se arrepintió, sino que él continúa arrepintiéndose a lo largo de su vida.

Es una iglesia donde vidas y matrimonios continúan creciendo, siendo transformados y santificados. Es una iglesia donde la adoración corporativa no mira hacia atrás, sino que la disfruta en el presente. Es una iglesia cuyo ojo no está en el pasado, sino en el futuro, tratando de cumplir o hacer su parte en el desarrollo de la visión y misión que Dios le ha dado.

Cristo le dice a la iglesia: Yo conozco tus obras. Pero no cita ninguna, y le dice: tienes nombre de que vives y estás muerto. Aparentemente las obras de la iglesia de Sardis complacieron al Señor en un momento, pero no en el presente. Y Él completa la idea y le dice en el capítulo tres al final: porque no he hallado completas tus obras delante de mi Dios.

Ahora nota que, a pesar de la situación, de la condición crítica en que la iglesia de Sardis se encuentra, Cristo no abandona dicha iglesia. Escucha qué es lo que Cristo hace después de describir su situación. Versículo dos, segunda parte: Ponte en vela y afirma las cosas que quedan, que estaban a punto de morir. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído. Guárdalo y arrepiéntete. Por tanto, si no velas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

La situación de la iglesia de Sardis es crítica, pero no es sin esperanza. La misma persona que la ha confrontado, la misma persona le trae la medicina. Y le explica lo que necesita hacer para salir de la condición justamente que Él conoce. Y cuando se lo explica le da cinco imperativos, cinco cosas necesarias, mandatorias que ellos tienen que hacer, representadas por cinco verbos, cinco palabras: ponte, afirma, acuérdate, guárdalo, arrepiéntete. Sé lo que necesitas hacer. Cristo está haciendo el llamado, el Espíritu está presto para reavivar la iglesia, pero hay cosas que ellos tienen que hacer.

Y la primera de esas es: Ponte en vela. Es una forma de decir retoma tu estado de alerta. Presta atención, despierta, sal de tu haraganería espiritual, sal de tu mediocridad espiritual. Tienes que hacer algo, pero lo primero que tienes que hacer, no puedes hacer lo siguiente si no te pones en estado de alerta, si no despiertas a la realidad, si no entiendes el momento que estás viviendo.

La ciudad de Sardis, a manera de comparación, cayó dos veces porque los soldados no estuvieron alerta, no estuvieron pendientes de la condición o del lugar que necesitaban velar, y por ahí fueron invadidos. De esa misma manera, muchas veces el cristiano que ha dejado su estado de alerta, su mente, su corazón, su alma, su vida, son invadidas por corrientes externas, estilos de vida externos, cosas del mundo, porque él había bajado sus barreras y había apagado su radar. El radar que detecta cosas a nuestro alrededor que son peligrosas, el radar de la iglesia que detecta cosas que son peligrosas en el interior de la iglesia, el radar que detecta cuando dos aviones están a punto de chocar, a veces nosotros lo apagamos.

Nosotros no sabemos qué pasó en Sardis con detalle, pero nosotros tenemos una historia detallada de la iglesia de Occidente estudiada al dedillo. Y sabemos que la iglesia de Occidente apagó su radar cuando le dio un segundo plano a la predicación y la Palabra. La iglesia dejó de penetrar el mundo y el mundo comenzó a penetrar la iglesia.

El primer llamado es: ponte en vela, despierta, entiende el tiempo que estás viviendo, son tiempos difíciles. Segunda necesidad y obligación: afirma, afirma las cosas que quedan, que estaban a punto de morir. En Sardis no había muerto todo. Las cosas, no estamos hablando de personas ahora, estamos hablando de cosas. Todo no había muerto, perecido. Quizás la Palabra no tenía el lugar adecuado, pero tampoco la habían descartado, quizás. Quizás el estilo de vida había sido infiltrado por el mundo, pero no había sido completamente arropado por dicho mundo.

Y lo que Cristo le dice es: afirma las cosas que quedan. Hay cosas que se han ido, tenemos que hablar de eso, pero lo primero que tienes que hacer es afirmar lo que te queda. Es como cuando tú tienes un terremoto y tú sabes que en los terremotos significativos hay edificios que colapsan, que se desbaratan. Pero hay otros que se agrietan. Y entonces, antes de tú comenzar a embellecer ese edificio o esa casa, lo primero que tú tienes que hacer es arreglar aquellas cosas que quedan, que quedan de pie, que todavía tienen sostén. De esa misma manera, Cristo le está diciendo a la iglesia: tú has sufrido mucho en lo que es tu vida de iglesia, pero hay cosas que quedan, y lo primero que yo quiero que tú hagas es que afirmes esas cosas que todavía quedan. Primero, ponte en vela. Segundo lugar, revisa e inspecciona: ¿qué es lo que queda? Afirma eso, antes de seguir hacia adelante.

Lo tercero que necesitas hacer: acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído. La iglesia de Sardis había recibido instrucción, lo que ha recibido y oído. Probablemente había recibido cartas. De hecho, para el final del primer siglo, que es cuando esta situación se dio, algunas de las cartas ya del Nuevo Testamento estaban circulando. Nosotros sabemos que Pedro habla en su segunda carta, capítulo 3, a partir del versículo 15, de que Pablo en sus cartas, que obviamente estaban circulando, habla de cosas difíciles de entender. Y quizás esta iglesia había recibido alguna de esas cartas. Quizás esta iglesia había recibido la visita de maestros que habían sido educados por los apóstoles, y Cristo le dice: acuérdate de lo que has recibido.

Yo creo que muchas veces el cristiano no está en necesidad de más instrucción, él está en necesidad de más aplicación de lo que ya él sabe. ¿Cierto? Muchas veces no es que nos falta conocimiento. No es frecuente que tú hables con un cristiano, sobre todo después de un tiempo en la fe, y tengas que confrontar algún área de su vida, que él te diga: "Wow, pastor, la verdad que yo nunca había oído eso. Mire, si yo hubiese sabido eso, no lo hubiera hecho." La gran mayoría de las veces, el lenguaje corporal es esto: yo sé.

De manera que ahora lo que Cristo le está diciendo es: acuérdate. No necesitas más instrucción, yo no tengo que enviarte otro maestro, no tengo que enviarte otro predicador. Acuérdate de lo que has recibido y de lo que has oído. Tráelo a la memoria. Y a veces ese ha sido mi consejo para alguien que está en consejería: "Fulano, yo te voy a decir algunas cosas, pero escúchame, yo estoy seguro que no hay nada que yo te voy a decir que tú no sepas." Y al final tiene que decir: "Cierto, sí, es verdad."

Acuérdate. Yo recuerdo lidiando, creo que en alguna ocasión les conté esta historia, recuerdo lidiando con un pastor en Estados Unidos, varios de nosotros. Ese pastor había dejado su casa, y uno de los ancianos que estaba tratando de seguir detrás de este pastor, junto conmigo y otro, lo llamó a su casa. Él no estaba tomando el teléfono de nadie. Lo llamó al lugar donde él se estaba quedando, le dejó un mensaje en el contestador y le dice: "Fulano, lo único que yo quisiera que hicieras es que te acuerdes de las cosas que tú le has aconsejado a otras ovejas que han estado en la misma situación y han ido a tu oficina a verte." Se fue una noche y al otro día el pastor estaba en su casa. Él se acordó.

De manera que eso es exactamente lo que Cristo le está diciendo a la iglesia de Sardis: acuérdate de lo que has recibido y de lo que has oído. No tengo nada nuevo que enseñarte. Nosotros en medio del pecado olvidamos, no le encontramos la aplicación a lo que sabemos, olvidamos los consejos que hemos dado, olvidamos las predicaciones que hemos hecho, olvidamos las enseñanzas que hemos dado. Y Dios tiene que decir: acuérdate.

Número cuatro, cuarto imperativo: guárdalo. Eso es imperativo. Todos están en el tiempo presente, lo que implica una acción continua. No es algo que tú vas a hacer un día. Acuérdate y sigue acordándote. Guárdalo, en el lenguaje original tiene la connotación de obedecer. De manera que no es solo que lo recuerdes. Nada ganas con recordarlo y no lo aplicas. Recuérdalo y aplícalo, llévalo a la práctica, de manera que pueda tener su efecto para la cual la Palabra se dio. La Palabra no se dio para hacer exámenes de memorización, o para hacer, ¿cómo se llama eso?, concursos de memorización en las olimpiadas bíblicas y cosas similares. No, la Palabra se nos dio para que la apliquemos a nuestras vidas. Guarda, obedece lo que has oído y lo que has recibido. El evangelio que oíste, la palabra que oíste, recuérdala y aplícala.

El libro de Santiago, ¿no es el texto también conocido por nosotros?, nos dice perfectamente bien para qué sirve una palabra que no es aplicada. Escuchen, Santiago 1, versículo 22: "Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra," escuchen, si alguno está oyendo ahora lo que estamos diciendo, cuando salga no hace nada con eso y no es hacedor, "ese es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo, pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es." Es como que voy al espejo, estoy despeinado, tengo cosas pegadas en los ojos de cuando me levanté, me quito del espejo y me voy a trabajar y no me di cuenta. Ya habrá el video de cómo luzco. "Pero el que mira atentamente a la ley perfecta," esta es la ley de la libertad, noten cómo Santiago no la llama a esta ley restrictiva, sino la ley de la libertad, "y permanece en ella, no habiendo sido un oidor olvidadizo, sino un hacedor eficaz, ese será bienaventurado en lo que hace." Ese será bendecido en lo que hace. ¿Quién? El que aplica lo que conoce. Acuérdate y aplícalo.

Eso es exactamente la lucha de Santiago con aquellos que decían que tenían fe. Hoy pudiéramos decir que pudiera ser nuestra lucha con aquellos que dicen que conocen a Cristo, pero conocen a Cristo, conocen la verdad y no obedecen la verdad. Un oidor solamente está autoengañado, ¿cierto? Vive en negación de lo que conoce, vive en desobediencia, vive en rebelión, cosechará consecuencias. Porque la bienaventuranza no está en ir y escuchar un mensaje, sino que está en aplicar un mensaje que fue escuchado.

Quinto imperativo: arrepiéntete. Esta es una palabra frecuente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Arrepiéntete. La palabra arrepentimiento, en el hebreo, lo hemos dicho otras veces, implica un cierto dolor por tu pecado, por el pecado que has cometido, e implica devolverse. Tú vas en esa dirección y te devuelves en la otra. De manera que si Sardis estuvo aquí con cierta, una iglesia como vibrante y ha estado caminando en esta dirección, Cristo le está diciendo: devuélvete, Sardis, regresa.

¿Y qué pasa si no ocurre? Recuerda que la característica número uno del cristiano es que él vive una vida de arrepentimiento. Cada vez que el Espíritu Santo le recuerda o le señala una falta que ha cometido, justamente al señalarla, el mismo Espíritu le da el arrepentimiento para que eso pueda ser perdonado por la sangre ya derramada por Cristo. Pero ellos tienen que hacer estas cinco cosas. Termina con arrepentimiento, pero él tiene que comenzar por despertar, por velar. Tiene que acordarse, tiene que guardar, tiene que ir haciendo cada una de estas cosas que Cristo le fue a señalar.

Y si no, si no velas, versículo 3, segunda parte: "Vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti." La idea del ladrón es una metáfora. Cristo ya la usó en Mateo 24 cuando hablaba de la gran tribulación en los tiempos finales, hablando de su segunda venida. Aquí él no está hablando de su segunda venida. En ninguna de estas cartas del libro de Apocalipsis está hablando de su segunda venida. Le está hablando de una visitación en el tiempo para traer un juicio potencial si las cosas no cambian en la vida de esa iglesia, la que él está revisando. Uno de los comentaristas o de los comentarios revisados dice: como muchos han notado, esta no es la segunda venida aquí, sino una visitación histórica de juicio. La segunda venida se enseña en Apocalipsis 2:5; 3:11, 16, 15. Pero esta es una advertencia de que Cristo visitará la iglesia ahora si no se arrepiente.

Cristo hizo eso con cada iglesia. A la iglesia de Éfeso él le hace unas observaciones, le hace una advertencia y le dice: "Si no te arrepientes, te quito el candelabro." La eficacia del ministerio, la potencia, el poder, la predicación, la eficacia que la predicación tiene al llegar a los corazones y las mentes de las personas. Quizás la eficacia de la vida de oración, diferentes cosas que representan este candelabro.

A la iglesia de Pérgamo le dice que si no se arrepiente, él va a venir y va a hacer guerra contra ellos con la espada que sale de su boca. A la iglesia de Sardis le da una amonestación que él vuelve a usar en Apocalipsis 16 con referencia a su segunda venida, que él ya usó en Mateo 24 hablando de la gran tribulación. Le dice: "Yo vendré en un momento en el que tú no me esperas." Como que también eso ahí se parece a la historia de la ciudad de Sardis, porque los soldados que invadieron la ciudad de Sardis llegaron como si fuera un ladrón escondido a medianoche sin que ellos supieran, así que no pudieran haberlo previsto. De esa misma manera le dice: "Yo vendré como ladrón con acciones de justicia." Y eso es parte de lo que se supone que Cristo hace con su iglesia o ha hecho con su iglesia en la historia.

A nadie le gusta la disciplina. Yo no he conocido a un cristiano que me haya dicho: "Estoy loco porque el Señor me disciplina." Si usted es uno de esos, véame al final para que hablemos y orquestemos una consejería de varias horas. Pero el autor del libro de Hebreos dice que cuando tú pasas por la disciplina y miras para atrás, ¡qué hay cosa! Bueno, justamente él dice que ninguna disciplina es causa de gozo, pero él dice qué hay: fruto de justicia. Y la palabra ahí en griego es "dikaios", eso es rectitud moral, hay santidad, hay una santidad renovada, refrescada. Eso es lo que el autor de Hebreos nos está diciendo.

Y en el texto, cuando tú lo lees, tú descubres que aun en esa iglesia que Cristo dice: "Tú dices que estás viva, pero en realidad tú estás muerta", aun ahí Dios tenía hijos. Y Dios no se olvida de sus hijos. Lo que ellos necesitaban no era que les diera la espalda, sino que ellos se arrepintieran, y les dice: "Arrepiéntete. Vuelve a las obras anteriores."

Aquí en esta iglesia de Sardis probablemente había tres grupos: incrédulos, como en todas las iglesias; creyentes, y dentro de los creyentes dos grupos: creyentes viviendo en obediencia, de los cuales él habla, y creyentes viviendo en desobediencia. A esos creyentes viviendo en desobediencia es a los que les está diciendo: "Arrepiéntete." Unos sufrirán su disciplina y otros tendrán su aprobación, otros tendrán las bendiciones que la disciplina no trae. La disciplina trae un tipo de bendición, pero la trae después, no la trae de primero.

Pero aquel que camina con el Señor, y quizás todo está ahí, o quizás está ahí ahora mismo caminando con el Señor en obediencia. Yo no conozco la vida de cada cual, pero quizás tú estás ahí, o quizás tú puedes mirar hacia atrás y decir: "Sabes qué, yo estuve ahí, pero ya no estoy." Pero si hay cosas que nosotros sabemos es que cuando estás caminando en obediencia hay algunas cosas que damos por sentadas que representan parte de los frutos de andar en obediencia. Y uno de ellos es la paz que trasciende todo entendimiento. El otro es el gozo en medio de las dificultades. Un tercero es la ausencia de temor. Quizás no están todas presentes, pero son cosas que tú puedes identificar.

La claridad de su voluntad. Cuando yo estoy en desobediencia todo se ve tan confuso. El deseo de leer y guardar su Palabra. El deseo de orar. La habilidad para amar a tu hermano. La capacidad para perdonar al otro. A veces hay esposos que han estado en rencillas del uno con el otro y a uno se le dificulta perdonar al otro. Pero tan pronto el esposo o la esposa o ambos deciden obedecer y hacer las cosas que les toca hacer, ahí hay algo que nosotros experimentamos todo el tiempo, y es ver cómo ellos adquieren de nuevo la capacidad de poderse perdonar. La consolación de su Espíritu. El fortalecimiento del Espíritu. Cómo el Espíritu te sostiene en medio de todo eso y la dulzura de su compañía. Todas esas son frutos, bendiciones que resultan como consecuencia natural de vivir o caminar en obediencia.

Escucha cómo Cristo nos deja ver su fidelidad: "Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas." La iglesia de Sardis estaba casi enterrada, y allí dice Cristo: "Pero hay algunos que no he pasado por alto. Hay algunos que no han hecho lo que han hecho en vano. Yo lo he visto, y ellos van a andar conmigo y van a andar vestidos de blanco."

El vencedor será vestido. Andará vestido de blanco ahora porque está caminando procurando su santificación, agarrado de la mano del Señor. Pero en un futuro él adquirirá mi santidad perfecta cuando entre en gloria, y jamás habrá pecado en su vida. Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas.

Déjenme, quizás esto sea un buen momento para explicar algo que muchos conocen, pero quizá hay otros aquí, o algunos pocos, que no conocen. A diferencia de lo que la Iglesia de Roma enseñó y enseña, nosotros no nos vamos autosantificando de una manera que al final de mi vida, cuando ya yo muero, Dios me examina y dice: "¿Sabes qué? Este hombre vivió bastante moral. Salvo." No es así que yo obtengo mi salvación. Eso es como Roma entiende que ocurre la salvación: que tú vives una vida moral y que luego Dios pesa al final de tu vida tus obras y toda tu vida, y que entonces, cuando él te encuentra suficientemente justo, él te declara justo, y esa es la justificación.

Los reformadores lucharon contra eso y seguimos nosotros luchando contra eso, porque la Palabra enseña que cuando Dios examina tu obra, no importa si es ahora o al final de tu vida, tú siempre estás en falta. Y tú eres declarado justo el día que tú eres salvo sin serlo. Tú eres declarado justo sin serlo, y lo que ocurre es que Cristo ha pagado por tus pecados y la santidad de Cristo te es imputada, te es cargada, te es pasada a ti, de tal manera que esas son mis vestiduras. Sus vestiduras son mis vestiduras, vestiduras blancas, santidad absoluta, perfecta, completa para caminar en la eternidad. Donde tú puedas verte y decir: "Yo no puedo creer que yo estaba manchado, mira cómo yo luzco ahora."

Quizá va a haber alguna persona allí que tú conocías su vida de pecaminosidad y te va a asombrar: "¡Wow! Si tú vieras cómo tú luces hoy." Y la otra persona está diciendo: "¿Y tú? ¿Te acuerdas lo que tú hiciste?" No está, se ha ido. Es la gracia de Dios la que nos concede la salvación.

El vencedor será vestido de vestiduras blancas. Es la santidad, la santidad de Cristo. Una promesa más: "Y no borraré su nombre del libro de la vida." Escúchame, esto no es una amenaza de pérdida de la salvación. Es increíble cómo la gente toma un texto como este y le da el significado completamente opuesto. Oye lo que el texto dice: "No borraré su nombre del libro de la vida." Una vez yo te he dado mi santidad, tu nombre no será borrado. Tú permaneces.

He dicho libro, que no existe como tal. Es la mente de Dios representada como un libro, de tal forma que tú tienes garantía de lo que es tu vida. En la antigüedad, sobre todo en las ciudades de Grecia, si tú cometías un crimen muy grave, sabes lo que hacían: iban a lo que hoy nosotros conocemos como registro civil. Dice: "Miguel Núñez, nacido julio 5, 1958, ciudad Santo Domingo." Ya dije mi edad, ahí está. Y yo cometía un delito, ¿sabes lo que hacían? Iban a registro civil y me borraban si era un delito grave. Entonces Miguel Núñez no ha vivido. Era una forma de decirte: "Deseamos que no hubieses nacido. Tu delito es tan grave que te vamos a dar por descontado."

Cristo, en ese medio que ellos conocían esto, les está diciendo: "Eso que hace el mundo, yo no te lo voy a hacer. Tu nombre es imborrable en mi libro. No importa cuál haya sido tu pecado, una vez tú perdonado, tu nombre es imborrable, permanece para siempre."

Y la afirmación de eso al final del versículo 5: "Reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles." No te voy a borrar, y ahí en ese registro, entonces delante de mi Padre y delante de mis ángeles voy a llamar: "Miguel." No, Núñez no será. Miguel quizás, o el nombre que me haya dado. Presente, Padre, de los míos. Delante de mi Padre.

Escucha Mateo 10:32-33, tengo que hablar muy similar: "Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos." Aquí está, dice la misma verdad de dos maneras: positivo y negativo. El que me confiesa, lo confieso; el que me niega, lo niego.

Este es el tiempo de hacer las paces con el Señor. No es cuando llegues delante del trono y decir: "Señor, ahora yo quiero hacer las paces, porque ya vi para el lado izquierdo y de ahí salió un calor increíble, yo para allá no quiero ir." No es el tiempo, hermano. El tiempo de hacer las paces es ahora.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.