Integridad y Sabiduria
Sermones

El Señor en defensa de Pablo

Miguel Núñez 2 julio, 2019

Dios defiende a sus hijos con una precisión que desafía toda lógica humana. En Hechos 23, Pablo enfrenta una cadena de amenazas mortales: primero una multitud judía que gritaba "quítenlo de la tierra, no merece vivir"; luego soldados romanos a punto de azotarlo; después el Sanedrín tan enfurecido que el comandante temió que lo despedazaran. En cada momento crítico, Dios intervino usando instrumentos improbables: un comandante romano incrédulo que rescató a Pablo sin saber por qué, una ciudadanía romana adquirida al nacer que detuvo el látigo justo antes de caer, y una división teológica entre fariseos y saduceos que convirtió a algunos acusadores en defensores inesperados.

La lectura terrenal diría que el comandante salvó a Pablo. La lectura celestial revela que Dios usó al comandante para proteger a su siervo. Esta doble perspectiva recorre todo el pasaje: lo que parece coincidencia es providencia; lo que parece suerte es soberanía. Pablo lo entendía tan bien que nunca se identificó como prisionero de Roma, sino como prisionero del Señor. Sabía que si estaba tras las rejas, era porque Dios tenía propósitos que cumplir desde la cárcel mientras la Palabra circulaba libre afuera.

La noche siguiente, Cristo mismo se apareció a Pablo —no una voz, no una visión, sino una aparición personal— y le dijo: "Ten ánimo, porque como has testificado en Jerusalén, así testificarás en Roma". Esas palabras sellan una verdad que el pastor Núñez subraya: somos inmortales hasta que el propósito de Dios se cumpla. Si Dios está con nosotros, ¿qué puede hacernos el hombre?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos, amados, para vivir en su verdad!

Hace apenas una semana, iba a decir unas semanas, pero una semana, que nosotros terminamos Por Su Causa 2019, y el tema, como ustedes saben, es el que se encuentra la ideología de género. Y ciertamente, como ustedes conocen, nosotros como cristianos en diferentes latitudes hemos hecho oposición a una imposición de una ideología que es completamente contraria al diseño de nuestro Dios. Pero de esa misma forma, toda acción se opone una contra reacción. Bueno, ha ocurrido que gobiernos, instituciones educativas y otras, pues también han hecho oposición a lo que ha sido conocido, o se verá, como los valores judeocristianos, y aun valores que son anteriores a los judeocristianos, en el sentido de que la familia como tal no es una invención nueva, no es una invención que nació ni siquiera con el judaísmo, es una creación de Dios que nace en el jardín del Edén, en el mismo momento en que Dios comienza a crear.

Y hablamos al final de ese Por Su Causa para cerrar, porque yo estoy tratando como de conectar ese momento que vivimos con la continuación. Nosotros hablamos de que esos tiempos últimos serían difíciles, duros, difíciles de soportar. Y cuando vimos el texto en la segunda carta de Pablo a Timoteo, capítulo 3, será como un poco intimidante inicialmente ver de qué manera los hombres serían durante todo ese período que comenzó con Cristo. La ascensión de Cristo comenzaron los últimos días, pero que continúa hasta el día de hoy, como el apóstol Pablo decía a Timoteo: "A mi Timoteo, no pierdas el ánimo, no pierdas tu valentía, porque la realidad es que las cosas irán de mal en peor."

Pero al final nosotros cerramos diciendo, y es por eso que yo quiero conectarlo con el texto de hoy, al final terminamos diciendo que nosotros somos llamados a confiar en nuestro Dios: aunque la higuera no eche brotes ni haya fruto en las viñas, aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falten las ovejas del aprisco o las ovejas en las iglesias, no importa, y no haya vacas en los establos, con todo, yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. De manera que nosotros terminamos confiados, afianzados, creyendo en el Dios que vela por nosotros.

Y mencioné eso porque en el día de hoy yo he titulado mi mensaje: "El Señor defiende a Pablo." Y defiende a Pablo, y defendió a Pablo de circunstancias similares, circunstancias manejadas, manipuladas por hombres malvados en su época. Y eso comenzó, por lo menos en esta última parte, al principio del capítulo 22, cuando Pablo ya cerrando su tercer viaje misionero llega a Jerusalén. Y allí en Jerusalén entra al templo y es acusado falsamente de que había entrado un gentil al templo, y eso causa una algarabía, un alboroto, una acusación. Y el alboroto fue tal, el altercado fue tal, que Lisias el comandante de la guardia escuchó lo que estaba pasando y tuvo que enviar a la guardia para rescatar a este hombre de quien él realmente no sabía nada, ni conocía el motivo de la acusación que estos judíos religiosos fanáticos tenían contra Pablo. Y Pablo es rescatado y llevado al cuartel.

Y como hemos dicho múltiples veces, todo el evento tiene dos lecturas: una lectura terrenal y una lectura celestial. Desde el punto de vista humano, la lectura horizontal terrenal, el comandante salvó la vida de Pablo. Desde el punto de vista celestial, Dios usó al comandante, y él no se creía para salvar a su hijo. Y eso comienza a darnos a nosotros una idea de cuánto Dios observa de manera individual a cada uno de sus hijos en las circunstancias que se encuentra, y de esa manera Dios es capaz de rescatarnos de las peores circunstancias. Y eso es donde Pablo se encuentra.

Ahora están en el cuartel, pero en la medida que retiraban a Pablo, unos gritaban una cosa, otros gritaban otra, y el comandante no entiende qué es lo que está ocurriendo. Y entonces él da orden de que amarrar a Pablo, lo estiraran, que era la costumbre, para entonces comenzar los latigazos. Y justo cuando ya estaban a punto de comenzar este proceso, ya lo estaban amarrado con cadenas ahí estirado, ya justo cuando el látigo, pudiéramos decir, iba casi como a caer, es la sensación con la que tú te quedas, Pablo hace una pregunta como el que no quiere las cosas. Y Pablo pregunta: "¿Es lícito golpear, azotar, a un ciudadano romano sin haber hecho juicio?" Y el centurión se llenó de miedo.

Pero tú tienes que imaginarte, tienes que ponerte en los zapatos de Pablo para poder entender algunas cosas un poco más adelante. Es un momento de tensión, porque lo acaban de rescatar de en medio de una multitud que estaba tan airada contra él, que gritaba: "¡Quita de la tierra a este individuo! ¡No se le debe permitir que viva!" Ponte tú en esa situación, tu persona, dos mil años atrás, en medio de una multitud que te odia tanto que sus palabras son: "Sácalo del planeta. No lo queremos ni en la prisión, no se le debe permitir que viva." Yo me imagino, no te imagino un Pablo sobrenatural que no tiene miedo que estaba ahí, como dicen los jóvenes, cool, tranquilo. No, él debió haber estado sudoroso, taquicárdico y perventilando, con cierto temor. Y ahora el comandante lo lleva y lo apresa, llevan al cuartel.

A partir de este momento, capítulo 22 hasta el 28, donde el libro de los Hechos termina la historia, y hasta el final de sus días, Pablo pasó la mayor parte de ese tiempo en prisión. Estuvo ahí en Jerusalén un tiempo en prisión, de ahí lo llevan a Cesarea. Ahí tuvo, lo veremos más adelante, un par de entrevistas con Félix y Festo, los gobernadores, en diferentes momentos. Dos años en Cesarea en prisión. En la apelación al César, lo envían a Roma, en Roma pasa dos años más, llevan cuatro y tantos meses. Y luego entonces él es liberado por un corto tiempo, y se entiende por la historia, la tradición, que Pablo fue apresado una segunda vez, y luego entonces decapitado. A partir de aquí, la mayor parte de su vida, él es un prisionero del Imperio Romano.

Sin embargo, en ningún momento Pablo se ve como prisionero del Imperio Romano. Pablo se identifica en varias de sus cartas: "Yo Pablo, prisionero del Señor." Pablo está consciente de la realidad, como dijimos, que si él está detrás de los barrotes, no es por la fuerza del Imperio Romano, no es por la habilidad del Imperio Romano, no es ni siquiera por la crueldad de sus emperadores. Pablo está detrás de los barrotes simple y llanamente porque el Dios de los cielos ha determinado que él, por razones de propósito, esté en la cárcel, esté recluido, porque hay cosas que Dios tiene que hacer a través de su instrumento encarcelado, mientras la palabra está fuera libremente circulando.

Y Dios intervino de esa manera en la vida de Pablo, en el cielo y en la tierra. Mano, si hay algo que a mí me ayuda cada vez que me desenfoco, es recordar: en el cielo y en la tierra las cosas suceden cuando Dios dispone que sucedan. Aun si tiene que ver con dos pajarillos que caen al suelo, no pueden llegar al suelo sin que su Creador haya otorgado el permiso. Y todavía mejor, y es que aquellas cosas que Dios permite para aquellos que han sido llamados conforme a su propósito y que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien. No la mayoría, como hemos dicho, todas las cosas: las buenas y las malas tienen un propósito en la mente de Dios, en la historia de Dios.

Y es por eso que continuamente nosotros somos estimulados a permanecer fieles en el sufrimiento. Y mira cómo Pedro de manera particular en su primera carta, en 3:17, dice: "Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios" —nota esa frase: si así es la voluntad de Dios— "que por hacer el mal." De manera que, en el caso de la predicación del evangelio, es preferible padecer por hacer ese bien que otros reciban algo, que por hacer el mal. Pero en otras ocasiones lo que Dios nos está llamando es: sufre tú el mal para el bien del otro, y eso sería un bien que tú estás haciendo, y es preferible pasar por esa experiencia que por la otra.

A ver, están en el cuartel, está ahí estirado, están a punto de azotarlo, él dice: "¿Es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber hecho juicio?" El centurión sabe que eso es contra la ley romana, se llena de miedo, va al comandante, dice al comandante, el comandante regresa donde Pablo y le pregunta que si es verdad que es ciudadano romano. Y le dice a Pablo, como que le deja ver, como que él tiene cierta duda, y mira por qué dice: "Yo adquirí esta ciudadanía por una gran cantidad de dinero." Es como diciendo a Pablo: "Y tú, ¿de dónde sacas el dinero?" Escucha a Pablo ahora: Y Pablo dijo: "Pero yo soy ciudadano de nacimiento." Tú crees que como que hay una diferencia entre tú y yo: tú la compraste, yo nací con ella.

Pero nosotros no sabemos cómo Pablo tuvo la ciudadanía. Quizás su padre había comprado la ciudadanía, quizás se le había otorgado por un servicio especial que había hecho a Roma, que era una de las formas de obtenerla. Pero tan pronto el comandante escuchó eso, soltó a Pablo.

La intención inicial del comandante, el texto con el que yo estoy tratando de conectar mi mensaje de hoy, o mi texto de hoy, nos informa que el comandante no tenía claro por qué la causa de la acusación, y pensó azotarlo y sacar de Pablo vía la tortura, por así decirlo, la causa real de la acusación de él, pero no pudo. Cuando Pablo estuvo en medio de la multitud de los judíos y querían hacerlo desaparecer del planeta, Dios se intervino y lo libró. Ahora que están a punto de azotarlo, Pablo apela a su ciudadanía romana, adquirida en el momento del nacimiento, y Dios usa eso y lo libera. En ambos casos Dios libera a Pablo de la muerte, de la tortura, porque Él es quien gobierna la historia de los hombres.

Ahora recuerda, en el caso de su Hijo, Dios no lo libró de la cruz, y no lo hizo porque su Hijo vino con un propósito muy específico: a dar su vida en rescate por muchos. Pero en ambos casos fue Dios quien controló la historia de uno y del otro.

Es la razón por la que Cristo le dice a Pilato: "¿Tú no crees que yo tengo legiones de ángeles que estuvieran listos, que están listos para liberarme si esa fuera la voluntad de mi Padre?" Él está tranquilo, confiado en el Dios del cielo y de la tierra. Entonces Pablo está ahí en el cuartel.

Aquí comienza mi texto, en el versículo 30, que es el último versículo del capítulo 22, y entonces vamos al 23 hasta el versículo 11. "Al día siguiente, queriendo saber con certeza la causa por la cual los judíos lo acusaban, el comandante lo soltó, lo liberó, y ordenó a los principales sacerdotes y a todo el concilio" —es el sanedrín— "que se reunieran, y llevando a Pablo lo puso ante ellos."

El comandante todavía no tiene idea de lo que está pasando. Por tanto, como no lo pudo azotar y obtener la respuesta según lo que él pensaba vía la tortura, bueno, vamos llevándolo ante el sanedrín, y probablemente él se quedó ahí para escuchar.

Escucha a Pablo ahora, del capítulo 23, versículo 1: "Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio" —es un hombre que no es tan fácilmente de intimidar, él mira al concilio fijamente— "y le dijo: Hermanos, hasta este día yo he vivido delante de Dios con una conciencia" —escucha— "perfectamente limpia." Levanta la mano aquel de ustedes o aquella que pudiera decir eso en el día de hoy. Mira mis manos, ahora levanta. Eso es increíble.

"Y el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que estaban junto a él que lo golpearan en la boca." Ananías se molesta con que Pablo dijera una cosa semejante. "Entonces Pablo le dijo: Dios te golpeará a ti, pared blanqueada. ¿Te sientas tú para juzgarme conforme a la ley y violas la ley ordenando que me golpeen? Y los que estaban allí observando dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que él era el sumo sacerdote, porque escrito está" —Pablo conoce la ley— "no hablarás mal de una de las autoridades de tu pueblo."

"Entonces Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y otra fariseos, alzó la voz en el concilio" —y ahora Pablo como que saca una carta debajo de la manga— "dice: Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo. Se me juzga a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos." No solamente eso, vocalizándolo: "Cuando dijo esto, se produjo un altercado entre los fariseos y los saduceos" —se olvidaron de Pablo— "porque los saduceos dicen que no hay resurrección ni ángel ni espíritu, mas los fariseos creen en todo esto. Se produjo entonces un gran alboroto, y levantándose algunos de los escribas del grupo de los fariseos discutían acaloradamente diciendo: No encontramos nada malo en este hombre." Ahora, de repente, dentro de ellos mismos le levantan abogados. "No encontramos nada malo en este hombre, pero ¿y si un espíritu o un ángel le ha hablado?" Ahora se ponen a dar un místico favor de Pablo.

"Y al surgir un gran altercado" —¿qué tan grande? Escucha— "el comandante tuvo temor de que Pablo fuera despedazado por ellos." Eso no es un pleito chiquito. "Y ordenó que las tropas descendieran, lo sacaran de entre ellos a la fuerza y lo llevaran al cuartel. A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma."

Ante la autoridad romana, inicialmente, él apeló a su ciudadanía. Ante la autoridad judía, el sanedrín, él apela a su conciencia perfectamente limpia. Él no puede apelar a la ciudadanía romana ante la autoridad judía, pero sí puede apelar a otra cosa, y dice que él ha vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia.

Pablo sabe que él fue el perseguidor de la iglesia, pero es posible que sea de una de estas dos maneras. Por un lado, si yo perseguí a la iglesia, pero cuando perseguí a la iglesia lo hice pensando que estaba sirviendo a Jehová, el Dios de los cielos, en ese sentido mis acciones eran consistentes con mi conciencia. O quizás Pablo está pensando: No, cuando yo me convertí, borrón y cuenta nueva, y a partir de ahí yo he caminado con una conciencia limpia.

El apelar a la conciencia es una costumbre muy paulina. Pablo dice exactamente lo mismo en Romanos 9:1, en 2 Corintios 1:12, en 2 Corintios 4:2, en 1 Timoteo 1:5, en 2 Timoteo 1:3, y hay varios otros pasajes donde él no usa la palabra conciencia pero está diciendo exactamente la misma cosa.

En virtud de las veces que Pablo hace uso de este vocabulario, y en virtud del hecho —como conversaba entre cultos— de que hemos enseñado acerca del rol de la conciencia en el Instituto de Formación nuestro, pero que como que desde el púlpito no nos hemos detenido a hablar un poquito de eso, yo creo que vale la pena detenernos un poco.

La palabra conciencia viene del latín "conscientia" y significa estar apercibido del bien y del mal. Tú vas a ver en un momento la importancia de esto. En griego la palabra conciencia se pronuncia algo como "syneidesis", cuyo significado literal implica conocimiento conectado, aquello que está conectando lo moral con lo espiritual. Entonces podemos decir que la conciencia es aquello que en nuestro interior juzga lo bueno, lo malo de una idea, de una acción, de una creencia, de un pensamiento o de una actitud.

Algunos definen la conciencia como un testigo interno, y tú lo vas a ver prontamente cómo se da un testigo interno, como si fuera otra persona. Un testigo interno que Dios ha puesto en el interior del hombre que le da el sentido de la responsabilidad moral. En otras palabras, cuando yo hago algo bueno o malo, ese testigo interno está ahí hablando, aprobando o desaprobando lo que estoy pensando, haciendo o habiendo hecho.

Escucha cómo Dios definió esto para los judíos en Romanos 2, diciéndoles a los judíos: Ustedes tienen una ley, no la siguen; sin embargo, hay gentiles que no tienen ley y de alguna manera siguen una ley en su interior, y ellos lo hacen mejor que ustedes. Romanos 2:14-15: "Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndoles."

Esa es la conciencia de la que Pablo habló en Romanos 2, que Dios ha puesto y que nos diferencia de los animales, que no tienen conciencia porque los animales no son morales. Nos diferencia de los animales, tiene que ver con la imagen de Dios en nosotros, y nos ayuda a caminar en la vida juzgando las cosas que nosotros hacemos o que otros hacen.

Ahora, ¿cómo se da ese testigo interno? Nosotros en nuestro caminar tenemos diálogos internos cuando vamos manejando, cuando estamos solos, estamos caminando, estamos corriendo. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido como diálogos con nosotros mismos? ¿Y ahora hay una persona aquí que no haya tenido un diálogo con nosotros mismos? A veces nosotros usamos nuestras palabras y decimos, vamos ahí manejando: "No debiste haber dicho eso." ¿Hoy con quién tú te hablas? Otras veces ese testigo interno juzga nuestros pensamientos y nos decimos que no debiera pensar así, eso es celo, eso es orgullo. Otras veces nos decimos nosotros mismos: "No deberías sentirte así, porque eso es como inmadurez." Entonces ahí estamos juzgando nuestras propias actitudes. Otras veces decimos: "Bueno, pero yo no lo estoy haciendo por ningún interés en particular."

Y esos diálogos son... No es que nos estamos poniendo locos, es que hay un testigo interno, como si fuera otra persona, con quien tú y yo conversamos. Es una bendición de Dios porque está ahí para ayudarnos. Y muchas veces estamos más bien como batallando con nuestra propia conciencia que nos está dando testimonio. Un mecanismo extraordinario que solamente los hombres disfrutan porque somos parte de la imagen de Dios.

Esa conciencia ha estado ahí desde el principio. Escucha el principio de la historia en Génesis 3. Es una historia que tú conoces bien, pero en este contexto nos ayuda a ver esto de lo que estamos hablando: "Entonces fueron abiertos los ojos de ambos y conocieron que estaban desnudos, y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día, y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. Y el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? Y él respondió: Te oí en el huerto y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí." ¿Cuánta gente había ahí? Adán, Eva. "Y Dios les dijo: ¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?" ¿No más eran dos? "¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?" Adán y Eva no tenían ningún otro compañero en el huerto, pero eso que Dios puso en nosotros les dijo: "Estás desnudo ahora," o "están desnudos." Y tan pronto ellos vieron eso, ellos se escondieron.

En el ámbito de la filosofía, escucha esta historia porque yo creo que para mí es interesante, que vas a encontrar algo así. Immanuel Kant fue uno de los grandes escépticos de la historia, un filósofo no ateo exactamente, pero escéptico. Y él quería realmente negar la existencia de Dios, y él escribió un libro que se llama "Crítica de la razón práctica" en el año 1788. Véanme aparte lo que él dijo, y lo que yo te voy a explicar un poquito más llano, lo que él estaba tratando, con qué él estaba batallando. Él dice: "Dos cosas llenan la mente con una nueva y creciente admiración y asombro." Dos cosas tienen la mente en admiración y asombro. "La reflexión más a menudo y de manera constante está ocupada con ellas." Cuando la mente reflexiona con frecuencia está ocupada, por lo menos la de Immanuel Kant, con estas dos cosas. Él dice: "Lo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí."

¿De qué está hablando Kant? Él está hablando de que él sabe, él quiere negar a Dios, él no cree en Dios, pero él se maravilla cada vez que él piensa: "Mira, eres de un universo, mira esa estrella y estos astros, ¿de dónde salieron? ¿Quién los hizo?" Y lo otro que lo maravillaba es: ¿por qué si el hombre nació, evolucionó de la materia, cómo es que él tiene una conciencia, una ley moral en su corazón? Lo que él llamó los categóricos, los imperativos categóricos. Cosas que le dicen de manera categórica: "Está bien, está mal, está bien, está mal." ¿De dónde vino eso? Entonces eso no le permitía acabar de negar a Dios. La conciencia.

Ahora, mi conciencia no es suficiente para saber el bien y el mal. ¿Cómo lo sabemos? Pues es que es un hombre caído y la conciencia es limitada. La conciencia necesita ser informada por la Palabra de Dios. Aquí yo sé con certidumbre lo que está bien, lo que está mal, y la Palabra de Dios no solamente informa la conciencia, sino que ya necesito la iluminación del Espíritu para yo poder obtener con precisión qué es lo que la Palabra permite, no permite, y de esa forma. Entonces el Espíritu Santo iluminando la Palabra informa mi conciencia. Y ahora mi conciencia informada por la Palabra me permite hacer mejores decisiones. Eso es lo que Pablo está refiriendo cada vez que él dice: "Yo viví con una conciencia completamente limpia," algo que no creo que tú y yo podemos decir la enorme mayoría de las veces.

El sumo sacerdote Ananías escucha esto y como que se irrita con una afirmación tan absoluta de parte de Pablo, y el versículo 2 nos dice que él ordenó a los que estaban junto a él que lo golpearan en la boca. Es como que la boca, lo que acabas de decir, es lo que me ha irritado. Primero, imagínate Pablo: primero la multitud quería lincharlo, luego los romanos querían azotarlo. Ahora está frente al sumo sacerdote, él lo abofetea, lo manda a abofetear. Y quizás Pablo debió haber permanecido callado como el Señor Jesús cuando lo acusaron, no habló. Pero tienes que imaginar a un hombre tenso, la adrenalina alta, que está indignado con la injusticia y esta acusación falsa que han traído contra él. Y Pablo responde con cierta indignación y le dice: "Dios te golpeará a ti, pared blanqueada." Es como: "Tú eres el sumo sacerdote e irónicamente tú ni a Dios conoces. Tú lo que eres es una pared blanqueada. Te sientas tú para juzgarme conforme a la ley y violas la ley ordenando que me golpeen."

La ley no permitía que se golpeara a un hombre que todavía no había sido juzgado. La ley no permitía que se condenara a un hombre que no había llevado a juicio y no habían probado su culpabilidad. Y Pablo dice: "Eso es lo que tú estás haciendo. Tú estás usando la ley para juzgarme y estás violando la ley mientras me juzgas." Quizás Pablo estaba pensando en Levítico 19:15, porque no hay un versículo en la Biblia que literalmente diga eso, pero eso es algo ampliamente aceptado. Por eso lo mismo que se hizo con Jesús, que lo golpearon, fue considerado ilícito. Pero Levítico 19:15 dice: "No harás injusticia mientras juzgas." Y golpear a alguien, casi como forzarlo a que tome un curso de acción, no es justo. De hecho, un refrán popular de la época decía: "El que golpea el rostro de un israelita es como golpear la gloria de Dios." Porque ahí está su imagen.

Escucha cómo continúa esto. Los que estaban allí observando dijeron: "¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?" Pablo inmediatamente comienza a recoger sus palabras. Pablo conoce la ley, él quiere actuar conforme a la ley, y él inmediatamente comienza como a excusarse. Dice: "No sabía, hermanos" —le llama hermanos, no enemigos ni opositores— "que él era el sumo sacerdote, porque escrito está: No hablarás mal de una de las autoridades de tu pueblo." Pablo inmediatamente dice: "Perdóneme," en otras palabras, "no sabía que era el sumo sacerdote."

Ahora, ¿por qué Pablo no conocía a Ananías? Bueno, Pablo tenía como veinte años fuera de Jerusalén, por un lado. Por otro lado, algunos especulan que quizá Pablo tenía problemas de visión. Gálatas 6:11, cuando él está cerrando esa epístola, dice: "Mira qué grandes letras escribo." Y algunos han especulado siempre que Pablo dijo eso porque ya tenía problemas de visión y no podía escribir con letras más pequeñas. Y Pablo está excusándose, dice: "Yo conozco la ley, la ley dice: No hablarás mal de una de las autoridades de tu pueblo."

Dios siempre ha protegido a las autoridades de lo que sería la condenación, por así decirlo, hasta el punto que en Romanos 13 se nos manda: "Sométanse a las autoridades de turno," aun a las seculares. Pablo nunca pensó en un golpe de Estado de los emperadores, ni ninguno de los mártires, ni ninguno de los profetas, ni ninguno de los apóstoles, porque no hablarás mal de una de las autoridades de tu pueblo. Y ahora todavía más cuando esa autoridad es del pueblo de Dios. Yo sé que cuando no hay respeto a la autoridad, en último caso, el que más sufre es el pueblo mismo, porque en Cristo murió.

Pablo sabe que está frente a un Sanedrín opositor, enemigo. Sabe que no tiene chance de que lo puedan dejar libre, y él se percata que hay fariseos, que hay saduceos. "Yo conozco lo que unos creen y lo que no creen." Y él comienza en el versículo 6 diciendo: "Yo soy fariseo, hijo de fariseo. Se me busca a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos." Realmente, en cierta manera, así para ir a aquello iba, a ir a hablar la resurrección de Jesucristo. Y él dice: "Se me está buscando porque yo creo que ese hombre que se me apareció en camino de Damasco es real."

Y cuando él mencionó la resurrección, ahora los fariseos y los saduceos comenzaron a discutir entre ellos, porque los saduceos no creían en ángeles, ni en espíritu, ni en resurrección, ni nada de eso. Simplemente creían los primeros cinco libros de la Biblia, el Pentateuco que Moisés escribió. Entonces comenzaron a pelear entre ellos, pero aparentemente el altercado adquirió una magnitud, un calor tal, que el comandante se llenó de temor de que a Pablo, si o da un romano, lo fueran a despedazar. Y otra vez Dios usa al comandante incrédulo para salvar la vida de Pablo, y él manda a sus guardias para sacarlo de en medio de ellos. Dice el texto: "A la fuerza." Es como que lo tenían agarrado, como que no lo querían dejar ir, y los guardias tuvieron que sacarlo de en medio de ellos a la fuerza y llevarlo al cuartel otra vez.

¿Notaste cómo el Señor libra a Pablo la primera vez de la multitud judía cuando el comandante manda a buscarlo y lo lleva al cuartel? El Señor libra a Pablo de las autoridades romanas cuando Pablo apela a su ciudadanía que Dios orquestó para que él la tuviera. El Señor libra a Pablo ahora del Sanedrín, cuando estaban a punto de despedazarlo, a través del mismo comandante. Y entonces ahora Pablo, que ya había apelado a su ciudadanía y había apelado a su conciencia, tiene como un último chance, por así decirlo. Pero nota la intervención de Dios en la vida de este solo hombre.

Por eso es que cuando Pablo escribió a los romanos —no ha llegado a Roma todavía—, pero cuando él escribió a los romanos, les recuerda a los romanos que Dios está por nosotros y no contra nosotros. Y si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Por eso la parte más importante de la vida del hombre no es quién está contra nosotros, es si Dios está conmigo. Lo más importante no es si yo tengo a Goliat adelante, sino si yo tengo a Dios a mi lado cuando Goliat está adelante. Y eso es lo que tú y yo necesitamos procurar todo el tiempo.

Ahora, a Pablo solamente le queda qué cosa: ojalá es lo que pensamos que él hizo, porque el texto nos dice que al día siguiente —o sea, Pablo lo sacan del Sanedrín y lo llevan al cuartel, y al día siguiente al caer la noche— de manera que Pablo tuvo probablemente alrededor de veinticuatro horas entre su liberación del Sanedrín y lo próximo que ocurre. Nosotros pensamos que Pablo con toda probabilidad debió haber estado orando durante todo ese tiempo con frecuencia, porque él es que nos insta a orar sin cesar. Pensamos que cuando él oró —es especulativo, pero yo creo que tiene base— cuando él oró, probablemente apeló al Señor.

Y esto es lo que ocurre, el versículo 11, que es el último versículo del texto: "A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: Ten ánimo." ¿Porque te voy a soltar? ¿Ten ánimo porque te quedan dos o tres días aquí en la cárcel, no te apures, Pablo? ¡No! "Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma." En otras palabras: "Pablo, yo tengo un propósito. Mis propósitos son inalterables. Cuando yo te llamé, yo te dije —vía Ananías— que tú ibas a hacer testigo ante reyes, ante gobernantes y ante la nación de Israel. Todavía te queda gente por quien testificarle, de manera que tú eres inmortal hasta que el propósito se cumpla, porque yo estoy contigo. ¡Ten ánimo, Pablo! No te decaigas, no te deprimas, no te atemorices. Yo estoy aquí para recordarte mi propósito para contigo."

Ahora, escucha, el texto dice que se le apareció el Señor. En otras palabras, esto no es una voz como la que él escuchó camino a Damasco. Esto no es una visión como la de ese varón macedonio que él vio en una ocasión. Esto no es un éxtasis, como aquel que él dice que tuvo cuando él fue convertido y entró al templo unos días después y que ahí como que tuvo un éxtasis, el Señor le reveló algunas cosas. Esto es una aparición personal del Cristo resucitado en un momento difícil después de años de sufrimiento.

A mí me parece que Cristo probablemente entendía: "Ya Pablo oyó una voz, ya Pablo vio una visión, ya Pablo tuvo un sueño. Pablo tiene años sufriendo, Pablo está todo en todas las cárceles; las cárceles eran los hoteles donde él se quedaba cuando viajaba. Pablo necesita una aparición personal de mi persona." "Ten ánimo." Estas son dos palabras; en el griego es una sola. Aparece seis veces en el Nuevo Testamento. ¿Tú sabes quién la pronunció en estas seis ocasiones, la palabra "ten ánimo"? Una sola persona: Jesucristo.

Esa es la palabra que él está usando con Pablo. Pablo, tú tienes un propósito y nadie va a interrumpir mi propósito. Yo te llamé para que testificaras de mí como Salvador, yo te llamé para que testificaras de mí como testigo, como testificaras de mi Evangelio, y hasta que eso se cumpla, nadie te va a quitar la vida.

Literalmente esto es lo que Dios le dice a Ananías. Cuando Ananías no quería ir donde Pablo, cuando Pablo fue convertido y quedó ciego, estaba ahí esperando en un lugar por Ananías. Y Dios le dice a Ananías: "¿Vas a ir ahora por Pablo?" Y Ananías no quiere ir. Dios le dice: "Ve, porque él me es un instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto debe sufrir por mi nombre."

Yo no sé cuánto usted recuerda el día y la hora, el momento, la ocasión cuando se convirtieron. Yo no me acuerdo, pero muchos de ustedes se acuerdan. Imagínate que ese día después de que tú te conviertes, Dios te dice: "María, bienvenida al Reino de los cielos. Ahora eres mi hija. Yo soy tu Padre, buen buen Padre. Me puedes llamar Padre, yo te llamaré mi hija. De aquí en adelante yo te voy a mostrar cuánto tú debes sufrir por mi nombre." Probablemente tú le dirías: "Señor, dese a ser hija, me devuelvo para atrás. Yo no estaba sufriendo tanto cuando yo no era hija tuya. ¿Cuál es el negocio aquí? ¿Qué uno pasa a ser hija tuya para entonces sufrir por tu nombre?"

Pablo estaba consciente del propósito, y tu parte del llamado de Dios implica el sufrir por su causa, implica el testificar ante hombres y mujeres que tú probablemente nunca hubieses pensado que valía la pena predicarles la Palabra. Pablo estaba consciente del valor del Evangelio, y por eso es que él dice cuando escribe a los romanos en uno de dieciséis: "No me avergüenzo del Evangelio." Cuando él escribe a los corintios, en Primera Corintios 1:17, Pablo dice: "Cristo me ha enviado a predicar el Evangelio." Cuando él escribe a esos mismos corintios en 9:16, él dice: "¡Ay de mí si no predico el Evangelio!" ¿Cómo es que el Evangelio me salvó, y ahora yo siendo salvo no voy a predicar de ese mismo Evangelio?

Pablo está consciente de que el Evangelio es el poder de Dios en acción para todo aquel que cree, al judío primeramente y al griego también, o al gentil. Ese es el poder, el poder creador, el mismo poder que transfiere al incrédulo del mundo de las tinieblas al mundo de la luz. Nosotros los que predicamos el Evangelio, ustedes que a veces comparten el Evangelio, necesitamos cobrar ánimo al recordar la vida de este gran evangelista que fue Pablo y no avergonzarnos del Evangelio.

Digo eso porque a veces el Evangelio es diluido, a veces el Evangelio es callado, a veces el Evangelio es distorsionado, a veces el Evangelio es ocultado, y cada vez que nosotros hacemos eso debilitamos la causa de Cristo o el Evangelio en términos del efecto que puede tener, y nos estamos avergonzando del Evangelio.

Pablo sabe lo que es el Evangelio. Pablo sabe lo que costó escribir lo que hoy tú y yo tenemos en tinta, escribir con sangre las buenas nuevas del Evangelio. Pablo sabe la magnitud de la bondad de Dios en ese mensaje, y esa es la razón por la que dice: "Yo no me avergüenzo del Evangelio." Es la historia de Jesús escrita con su propia sangre. Es buenas nuevas de salvación. Es el único camino de salvación de Dios para el hombre. Es la oferta de Dios para un hombre que iba camino a la perdición. Es ese poder de Dios, es la benevolencia de Dios, es la justicia de Dios otorgada al hombre para su salvación. Es el Evangelio. Por tanto, yo no me avergüenzo del Evangelio.

En ocasiones nosotros no hablamos más del Evangelio o no somos más atrevidos porque tenemos cierto temor de predicar el Evangelio porque otros se pudieran ofender, y cuando nosotros hacemos eso nos estamos avergonzando del Evangelio. Cada vez que un creyente no se atreve a testificar en público o hablar del mensaje de Cristo públicamente, se avergüenza del Evangelio. Cada vez que un predicador de manera intencional deja fuera la cruz y la condenación que implicaría para aquellos que no abrazan la cruz, él se está avergonzando del Evangelio. Cada vez que alguien no se atreve a hablar de su fe en el lugar de trabajo, se avergüenza del Evangelio.

Y si me avergüenzo del Evangelio, si nos da vergüenza hablar del Evangelio, no es verdad que vamos a dar la vida por el Evangelio. Si nos da vergüenza hablar del Evangelio, no vamos a dar la vida por el Evangelio. Nosotros no nos podemos dar el lujo de avergonzarnos del Evangelio cuando tú contemplas la cruz en tu mente y ves a un Cristo traspasado, ensangrentado, sufrido, lacerado, con una corona de espinas clavado. ¿Cómo te vas a avergonzar del Evangelio? Ese día Cristo derramó su sangre para escribir en un madero cruzado la historia del Evangelio. Lo que tú y yo tenemos en tinta.

Pablo no solamente está consciente del valor del Evangelio, sino que está consciente de qué manera ese Cristo redentor, que dio su vida cuando él era su enemigo, ahora ha cuidado de él de una manera tan particular que en los momentos cruciales de su vida él se ha aparecido y le ha dicho: "Yo estoy contigo, no temas, ten ánimo. Las cosas no van a ocurrir a menos que yo decida que ocurran. Y yo soy tan personal, Pablo, y yo tengo tanto propósito en mis hijos, que déjame decirte, Pablo: lo peor que tú puedes hacer, lo peor que te puede ocurrir, yo te garantizo que va a cooperar para bien."

Y déjame decirte: en el peor momento de tu vida cuando tú peques, abogado tienes delante del Padre. No, no, Señor, yo tengo abogado cuando yo me porto bien. No, no, no, escúchame: si pecamos, dice Primera de Juan, abogado tenemos frente al Padre. Tú tienes a un Redentor que va a hablar con su Padre, porque él dio su vida por ti, a favor tuyo, de manera que él no se avergüenza de llamarte hermano. Y tú no deberías avergonzarte de su Evangelio que te salvó. De manera que vive el Evangelio, deja tu vida en las manos de Dios. Él está por ti, él está a favor tuyo, y si él está contigo, ¿quién contra ti? Descansa en él.

Pablo está terminando su vida. Él sabe que está terminando su vida. Él está preocupado por Timoteo. Timoteo era un poco más tímido. Tuvo que decirle en una ocasión: "Mira, aviva el fuego del don que se depositó en ti el día que yo puse mis manos sobre ti." Y él tiene que animar a Timoteo de que, como que Timoteo, prende el fuego del Evangelio, la pasión. Cuidado si te avergüenzas del Evangelio, que Dios se avergüence de ti, Timoteo.

Y en esa segunda carta que era la última carta, la carta final, ya no hay Tercera de Timoteo, una carta personal, intensa, Pablo le dice en 1:8: "Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, prisionero suyo." ¿Notaste? Prisionero del Señor. "No te avergüences del testimonio del Señor" —ese es el Evangelio— "ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el Evangelio según el poder de Dios." Participa conmigo, Timoteo, sufre conmigo por causa del Evangelio. No te avergüences.

Cuatro versículos más adelante, 1:12, Segunda de Timoteo: "Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo, porque yo sé en quién he creído y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día." Timoteo, tú sabes por qué no me avergüenzo: yo tengo bien claro en quién yo he creído. Y no solamente tengo claro en quién yo he creído, sino que yo también sé qué fue lo que le entregué. Yo le entregué mi alma el día que yo creí, y él es fiel para guardar eso, ese tesoro que yo le entregué ese día, hasta el día que yo entre en gloria y lo vea cara a cara. De manera, Timoteo, que no te avergüences como yo no me avergüenzo de este Evangelio. Vívelo, disfrútalo, proclámalo, muéstralo al mundo, Timoteo.

Ten ánimo. Tú eres un testigo de Cristo y Cristo ha prometido: "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo," o hasta el fin de los días. Si hubo alguien que testificó de que Cristo estuvo con él de manera particular hasta el fin del mundo, fue Pablo. De manera que la preocupación de Pablo todo el tiempo no era quién era su opositor, sino si Dios está de mi lado, porque si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?

El salmista conocía esa verdad y la proclamó mil años antes, cuando dijo: "¿Qué me puede hacer el hombre?" Cuatro veces lo leí yo en el Salmo 56, dos veces en un solo salmo. Él hace la pregunta: ¿qué me puede hacer el hombre? Respuesta: nada que Dios no disponga. No solamente nada que Dios no disponga, nada que Dios no disponga con un buen propósito al final, porque para aquellos que son llamados conforme a su propósito y que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien.

¡Wow! ¿Qué clase de Dios es este? Dio a su Hijo en una cruz. Su muerte fue para tu vida. Y cuando él asciende, te manda a decir: "Ahora que estoy aquí arriba, tienes tu abogado delante de mi Padre." ¡Wow! Todo el mundo quisiera tener un abogado con PhD cuando va a la corte. Tú tienes un abogado, no con un PhD, sino con tres orificios: uno en cada mano y uno en sus pies. Y él reina sobre los reinos de los hombres. ¡Ey! Y él te dice: "Tú eres mi hermano y no me avergüenzo. Yo soy tu abogado, no te avergüences." ¿Cuándo es tu abogado? Cuando pecas. ¿Y cuándo pecas? ¡Casi todo el tiempo!

Eso es lo que debe darnos a nosotros confianza, no licencia para pecar, pero confianza al pecar, que puedo acercarme al trono de la gracia. Esta vida tiene desiertos. Si tú no has pasado por uno, probablemente comienza a visualizar el oasis porque viene por ahí. Esta vida tiene tiempos secos, tiempos áridos, pero Dios nos da canciones para que cuando mi mente, mi cuerpo, mi ser se sienta cansado, se sienta sediento, en medio del desierto yo pueda cantar y considerar como sumo gozo la tribulación.

Por eso es que Dios en el desierto, muchas veces, como dice la ilustración, tú solamente ves dos huellas, pero no son las mías y Cristo arriba, porque es un ser sobrenatural que no deja huellas. Son las huellas de Él que me lleva cargado durante los peores tiempos de mi vida. Eso es como Él es, porque es el buen pastor. Él es el que ha prometido que no te dejaré, nunca te fallaré, yo estaré contigo, nada me faltará. Él me acompaña cuando yo pase por el valle de sombra de muerte. Él es el que me lleva a aguas de reposo, Él es el que me lleva a pastos verdes, Él es el que me hace descansar, Él es el que tiene el interés en mi vida, Él es el que tiene el interés en el descanso de mi alma, Él es el que orquesta mis desiertos, Él es el que me satisface y me da agua abundante para mi alma.

Cuando mi lengua está seca, Él refresca mi alma, Él levanta mi sentido, levanta mis emociones y Él me dice: ten ánimo. Mira hacia adelante, la gloria que ha de venir no se compara con estar en uno de tus desiertos ni estás a quedar. Tú tienes una fuente de agua viva que no termina, que no disminuye en abundancia cuando millones de años han pasado, estará tan abundante como al principio. Camina conmigo, o más bien, yo camino contigo, y cuando te desvías te salgo a buscar. Es más, estoy contigo en el desvío, y yo mismo soy el que te digo: regresa a casa.

¿Puedes creer en la bondad de tu Dios? ¿Puedes creer en la bondad del Dios de Pablo? ¡Descansa, está quieto y sabe que Él es Dios! Gloria no puede comprar. En vano se sublevan las naciones, todo el planeta se puede sublevar y sería en vano. Porque contra tu Dios es sagrado, nadie puede.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de Internet, www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en Su satisfactoria. ¡Descansa, está quieto y sabe que Él es Dios!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.