Cuando los fariseos confrontaron a Jesús preguntándole por qué sus discípulos no ayunaban como los de Juan el Bautista y los suyos, la respuesta reveló algo mucho más profundo que una discusión sobre prácticas religiosas. Jesús respondió con la imagen de una boda: mientras el novio está presente, los invitados celebran, no ayunan. Al identificarse como el novio, Cristo estaba declarando su identidad divina, pues en el Antiguo Testamento era Dios Padre quien se presentaba como esposo de Israel. La presencia del Mesías no era ocasión de aflicción sino de gozo, y quienes insistían en ayunar mientras él estaba entre ellos simplemente no habían comprendido quién tenían delante.
Las ilustraciones que siguieron —el remiendo nuevo en tela vieja y el vino nuevo en odres viejos— apuntaban a una verdad incómoda: Cristo no vino a reparar el sistema religioso existente, sino a reemplazarlo. El segundo pacto no era un parche sobre el primero; era algo completamente nuevo, con mejores promesas y un mejor mediador. Cuando más tarde los fariseos acusaron a sus discípulos de violar el sábado por arrancar espigas, Jesús les recordó cómo David comió el pan consagrado por necesidad, sin condenación. El día de reposo fue hecho para el hombre, no el hombre para el día de reposo. Y entonces vino la declaración que debió estremecerlos: el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. Quien habla no solo interpreta la ley; la gobierna.
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Marcos 2:18-28
Estaremos leyendo una porción más extensa de lo usual, significativamente más extensa de lo usual: unos diez versículos. Pero entendemos que estos dos eventos están relacionados y que deben ser tratados juntos, de manera que vamos a estar leyendo del versículo 18 al 28, Marcos 2:18-28.
Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, y vinieron y le dijeron: "¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?" Y Jesús les dijo: "¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos no pueden ayunar. Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo, al encogerse, tirará de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre y se pierde el vino y también los odres, sino que se echa vino nuevo en odres nuevos."
Y aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le decían: "Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?" Y él les dijo: "¿Nunca habéis leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros? ¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempo de Abiatar el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él?" Y él les decía: "El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo."
Bueno, yo creo que todos ustedes o leyeron el texto conmigo, o lo siguieron, lo escucharon. Cuando uno hace eso por primera vez, sobre todo en este contexto, raramente uno está tratando de identificar la estructura del texto. Pero si usted se detuviera y tratara de ver qué es lo que tenemos delante, en esencia aquí hay dos preguntas, dos respuestas y una conclusión. Hay dos preguntas que traen a Cristo tratando de confrontar sus creencias, la creencia de sus discípulos. Él da dos respuestas a esas preguntas y luego concluye. La primera pregunta él trata de responderla con tres ilustraciones. ¿Cuál de las tres es más viva, más real, más atractiva? Y la segunda pregunta él responde con una historia que se dio en el Antiguo Testamento y que aparece en 1 Samuel 21. Y luego entonces él concluye.
Sería bueno desde el principio, para que usted vaya organizando su pensamiento, ver cuáles son las preguntas. La primera es esta: "¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?" Una pregunta relacionada a la práctica del ayuno. La segunda pregunta es esta otra: "¿Por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?", refiriéndose a las espigas que sus discípulos arrancaron en la medida en que pasaban por este campo o este sembradío.
Ambas preguntas están relacionadas a las tradiciones seguidas por los fariseos y la gran mayoría del pueblo hebreo en Palestina del primer siglo. Ambas preguntas pudieran dar la impresión en la superficie de que están motivadas por un celo por el carácter de Dios, por la ley de Dios, por la santidad de Dios. Pero cuando haces tu análisis más detenido de toda la revelación del Nuevo Testamento, y sobre todo de los evangelios y la interacción de Cristo con los fariseos, te das cuenta de que realmente no es un celo santo lo que hay detrás de las preguntas, sino que lo que existe es un celo por tradiciones de los hombres, por creencias que ya habían formulado, creído y practicado, pero no necesariamente por creencias arraigadas, fundamentadas en la ley.
Y con eso yo quiero que tomemos entonces la primera pregunta y la volvamos a leer para comenzar a analizarla y analizar la respuesta que Cristo da a ellos. Versículo 18: "Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, y vinieron y le dijeron: '¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?'"
Noten que el grupo de personas que está siendo contrastado con Cristo y sus discípulos no son solamente fariseos. Son discípulos de Juan el Bautista y discípulos de los fariseos. Por alguna razón, los discípulos de Juan, o ese grupo de los discípulos de Juan, no ha hecho la transición. Juan está en la cárcel ya. Sus discípulos debieron haber hecho el paso, debieron haber pasado a ser discípulos de Cristo. Pero por alguna razón, porque ellos no entendían bien la misión del Maestro, esto aún no se había dado, de tal manera que ellos continuaban con prácticas similares a las de Juan el Bautista.
Realmente Juan el Bautista existió en el tiempo del Nuevo Testamento, pero la mayoría de los teólogos, sino prácticamente todo el mundo, está de acuerdo que Juan es el último profeta del Antiguo Testamento. Él tiene un pie más en el Antiguo que en el Nuevo. Y de ahí sus prácticas ascéticas, su dieta de langostas —que no eran nuestras langostas, eran grillos básicamente— y miel, y su forma de vestir, su forma ascética de vivir, era más compatible con lo que muchos creyeron en el Antiguo Testamento que realmente lo que el Nuevo nos trae. Y representó entonces esa figura de transición que en un momento dado pasa a la cárcel y eventualmente es decapitado, pero sus discípulos continuaron creyendo muchas de estas cosas.
Entonces ese grupo estaba ayunando junto con discípulos de los fariseos, o fariseos, seguidores de los fariseos. Este último era el grupo más influyente en Israel en ese momento. José Flavio decía que probablemente existían unos seis mil de esos fariseos, lo cual representaba el diez por ciento de la población más o menos, de la población estimada. Y era muy influyente porque era la gente que era escuchada en cuanto a la enseñanza de la ley.
Era un grupo que probablemente surgió unos doscientos años antes de Cristo, o un poco menos, alrededor del tiempo de la revolución de los macabeos. Los macabeos se rebelan contra el imperio en el año 163 antes de Cristo debido a que Antíoco IV había tratado de helenizar o de secularizar toda el área, incluyendo la población de Israel. Y alrededor de este tiempo los fariseos se levantaron como un grupo bien intencionado, llamado fariseos, que implicaría "los santos" o "los separados", tratando de preservar lo bueno del judaísmo. Su intención era correcta, su celo era correcto, pero como todo lo que ocurre con la raza humana, a lo que nosotros le ponemos la mano, a eso arruinamos. Y eso incluyó el jardín de Edén.
De manera que ahora, para el primer siglo, los fariseos habían tomado el judaísmo, lo habían distorsionado significativamente y lo habían convertido en esencia en una religión de tradiciones de hombres. Este era el grupo que se sentaba en la silla o la cátedra de Moisés, como nos dice uno de los evangelios, y desde ahí entonces juzgaban a la población.
Junto con ellos existían otros grupos, pero no tan influyentes. Estaban los saduceos, una élite aristocrática, gente de negocios que controlaban los negocios del templo, que no creían mucha de las cosas que los fariseos creían. Los saduceos no creían en la resurrección de los muertos, no creían en los ángeles, no creían en la vida después de la muerte. Pero estaban ahí, tenían cierto poder político.
Estaban los herodianos, que era un grupo político que apoyaba la dinastía de Herodes, que en un momento dado se une a los fariseos. Lo veremos en Marcos 3, próximo capítulo, para hacerle la oposición a Cristo. Y lo vemos otra vez en la última semana de la vida de Cristo uniéndose a los fariseos también para oponerse a las enseñanzas de Cristo.
Estaban los zelotes, que era un grupo de revolucionarios opuestos al imperio romano porque no querían pagar los impuestos del imperio. Y estaban los esenios, que probablemente salieron de los fariseos y que se retiraron a lo que hoy es conocido como las cuevas del mar Muerto, y que dejaron ahí sus documentos.
Pero de todos esos grupos, los fariseos representaban el más influyente, el más importante. Es el grupo con el que Cristo está continuamente debatiendo. Hay menciones de la mayoría de ellos a lo largo de los evangelios, aunque no se menciona a los esenios, por ejemplo, de forma coyuntural. Pero en cuanto a los fariseos, continuamente están confrontando a Cristo, sus creencias, las cosas nuevas que les está trayendo. Y por eso lo vemos aquí una vez más en confrontación con el Mesías, en este caso acerca de la práctica del ayuno.
Los fariseos habían aprendido y enseñaban y practicaban el ayuno dos veces a la semana: lunes y jueves. A pesar de que cuando tú revisas la ley, hay una prescripción para el ayuno de un solo día al año: el día de la expiación, el día en que el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio para el perdón de los pecados. Y ese día entonces, la ley prescribía un ayuno nacional para afligir el alma, como señal de humillación, como señal de arrepentimiento. Esa era la única prescripción que existía del ayuno de manera oficial y nacional.
Tú ves ayuno en el libro de Daniel, tú lo ves en el libro de Nehemías, y hay otros pasajes donde tú encuentras el pueblo ayunando. Pero en realidad, de forma prescriptiva, era una sola vez al año. Y sin embargo los discípulos de los fariseos prescribían para la piedad el hecho de que tú pudieras y debieras ayunar dos veces a la semana: lunes y jueves.
Este evento de la confrontación con Cristo acerca del ayuno tiene lugar inmediatamente después que Cristo come en la casa de Leví con recaudadores de impuestos.
Marcos, Mateo, Lucas, los tres tienen el evento inmediatamente después de esta cena de recaudadores de impuestos, y es muy probable que la confrontación se diera durante la cena, al otro día de la cena, o un tiempo muy cercano a la cena. Una de las claves para pensar de esa manera es lo que Lucas relata, o cómo lo relata, de esta confrontación. Escucha Lucas 5:33: "Y ellos le dijeron: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, los de los fariseos también hacen lo mismo, pero los tuyos comen y beben." Es la misma fraseología del evento en la casa de Leví que es usada cuando se habla de que Cristo estaba comiendo y bebiendo con los recaudadores de impuestos.
Y ahora está la pregunta: "Nosotros no entendemos y queremos preguntarte, danos una explicación. ¿Cómo es posible que Juan el Bautista fue tu introductor y él tiene discípulos que ha dejado, ellos ayunan, y nosotros como fariseos ayunamos?" Y de hecho, posiblemente esto ocurre un día lunes o jueves cuando estaban ayunando, porque el texto comienza diciendo que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos estaban ayunando, de manera en tiempo presente en el lenguaje original. De esta forma, lo más probable es que este es un día de ayuno, donde entonces ellos vienen y le dicen: "No entendemos. Tus discípulos y tú mismo comen y beben, y nosotros estamos ayunando. Y se supone que tú seas parte de nuestro pueblo, parte del pueblo judío. Se supone que tú seas el Mesías, que tú seas la persona que estábamos esperando."
Y entonces Cristo comienza con su primera ilustración relacionada a una boda para que ellos pudieran entenderlo, y les dice que cuando el novio está presente no tiene sentido que sus amigos, o sus seguidores, sus compañeros, estén ayunando. De esta manera Cristo comienza a identificarse como el Mesías, y más que con él como el Mesías, comienza a identificarse con Dios mismo. Porque en el Antiguo Testamento el Mesías no es identificado como el novio del pueblo de Dios o el novio de la novia. No, en el Antiguo Testamento Dios Padre es identificado como el esposo de la nación judía, y tú encuentras esto en el libro de Isaías capítulo 5 versículo 1, Isaías 54, 56, 62 versículos 4 y 5, y en Oseas 2:19 y otros pasajes también.
Y ahora aparece el Mesías diciendo que es el novio, pero ya se nos había dicho que el Padre era el esposo de la nación. De tal forma que ahora tú ves a Cristo poco a poco revelando la relación que él guarda con el Padre a través de esta ilustración. Eso debió haber molestado a los fariseos, como se molestaron cuando Cristo perdonó los pecados del paralítico, y ahora ellos están delante de alguien que dice ser el novio.
Ahora, la razón por la que Cristo usa esta ilustración es porque ellos debieron haber entendido algo que nosotros no entendemos también. Una boda en Israel era un tiempo de mucha celebración. La boda de una virgen duraba siete días de celebración. La boda de una viuda duraba tres días de celebración. Y durante ese tiempo se comía y se bebía y se danzaba. De manera que Cristo está diciendo: "Entiéndeme esto, cuando el novio está presente durante una boda se come y se bebe, no se ayuna, porque la boda es motivo de gozo, es motivo de celebración." Y ahora tú tienes al novio delante de ti, y eso es motivo de gozo, de celebración, no de ayuno.
El ayuno había sido prescrito para tiempo de arrepentimiento, de aflicción del alma. No vamos a afligir el alma mientras el novio está presente. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo está entre vosotros. La persona que puede cumplir la ley a cabalidad está entre vosotros. La persona que si no viene hubiese enviado a toda la humanidad a la condenación está entre vosotros. ¿Y me van a decir que esto es tiempo de aflicción, esto es tiempo de tristeza? No, esto es tiempo de celebración.
Me acordaba esta mañana en el primer servicio, mientras adorábamos, vino a mi mente la visión de Juan en la isla de Patmos. Cuando él, en la primera parte de la visión, se da cuenta que no había en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra nadie que fuera digno de abrir el libro y sus siete sellos. Y Juan, dice el texto, estaba llorando mucho, se llenó de tristeza porque no había nadie capaz de hacer eso, hasta que uno de los ancianos alrededor del trono se levanta y le dice: "Juan, para de llorar. Estas lágrimas no tienen sentido, porque el León de la tribu de Judá ha sido encontrado digno de abrir el rollo y sus siete sellos. Deja de llorar, no es razón para las lágrimas, Juan."
Yo creo que muchas veces la iglesia de hoy en día necesita oír lo mismo, sobre todo en Latinoamérica. Tenemos un pueblo todavía muy melancólico, y muchas veces vemos la vida cristiana vivida como si estuviéramos en Viernes Santo en la noche en vez de domingo de resurrección. Y a veces el tono de nuestras composiciones musicales refleja incluso esa melancolía. Yo decía de una forma jocosa y seria esta mañana, y a veces hablo con el grupo de adoración acerca de lo mismo, les digo: "Ya esa melancolía de esas composiciones de Latinoamérica, eso tiene que terminar." Que si decidiera negar mi fe no tengo a dónde ir... ¡No! Tú tienes a dónde ir. Yo tengo el trono de la gracia donde yo puedo ir. Yo tengo un abogado defensor que está a la diestra del Padre. Él es mi Redentor. Dejemos la melancolía. Nosotros vivimos en domingo de resurrección. Proclamemos la victoria, vivamos la victoria.
Pues esta gente quería seguir ayunando, y Cristo les dice: "¿Ayunando? Yo estoy aquí. Ahora es motivo de gozo, de celebración. ¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio mientras el novio está con ellos?" Escúchame, nosotros ni siquiera somos los acompañantes del novio. Después de la resurrección, aquellos que hemos tenido la oportunidad de vivir post-resurrección, nosotros no somos acompañantes del novio, nosotros somos la novia misma. De manera que si ahora sí es verdad que tenemos motivo de poder estar regocijados. "Mientras tienen el novio con ellos no pueden ayunar." No es que no deben, es que no pueden. El novio es el gozo. "Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán en aquel día."
Es la primera ilustración que Cristo está tratando de usar. Cristo no tiene nada en contra del ayuno. Él ayunó en el desierto cuarenta días. Lo que está argumentando es la ocasión del ayuno. No tiene problema con que los fariseos, si quieren ayunar lunes y jueves, lo hagan. Es que la insistencia en la necesidad de hacerlo mientras el novio está presente habla de su incapacidad para entender la misión del novio. Si hubiesen entendido la misión del novio, la presencia del novio los hubiese llenado de gozo y de regocijo. Pero estaban ignorando todavía su misión, al igual que los discípulos de Juan. Primera ilustración: el novio en medio de la boda.
Segunda ilustración: "Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo al encogerse tira de lo nuevo de lo viejo y se produce una rotura peor." Esta es la idea: tú tienes una tela vieja, ya usada, ya lavada, sobre todo tela en esa época que no tenía la calidad de algunas de nuestras telas hoy. Esa tela vieja, siendo que ha sido lavada, ya se ha encogido. Ahora tiene una rotura. Tú tratas de ponerle un parche de tela nueva que no ha sido lavada, que no ha sido usada. Cuando tú la laves, la tela nueva no usada se va a encoger, y cuando se encoja va a halar de la tela vieja que no tiene la elasticidad porque ya la perdió, y entonces la rotura que existía a donde tú pusiste el parche, esa rotura se va a hacer más grande. Esa es la idea. Quédate con esa idea.
Pasemos a la tercera ilustración y luego hablo un poco de qué es lo que Cristo está tratando de comunicar. Tercera ilustración: "Y nadie echa vino nuevo en odres viejos," versículo 22, "porque entonces el vino romperá el odre y se pierde el vino y también los odres, sino que se echa vino nuevo en odres nuevos." La idea es esta: el vino se colocaba en odres, se dejaba fermentar. En la medida en que el tiempo va pasando, el vino va fermentando. Cuando el vino fermenta eso expande el odre. Pero si ese odre ha sido usado más de una vez, entonces ahora el odre ha sido expandido a su máxima capacidad, perdió su elasticidad. Y si ahora tú pones en ese odre vino nuevo, cuando el vino nuevo comienza a fermentar va a tratar de expandir el odre, pero el odre no tiene la elasticidad, ya la había perdido con su uso, se va a romper el odre y se va a esparcir el vino. Esa es la ilustración.
Cristo está tratando de comunicarles: yo no he venido a poner un parche sobre lo que ya existía, yo he venido a introducir algo completamente nuevo. Si tú tratas de montar lo nuevo sobre lo viejo, se va a romper. Y eso es exactamente lo que la iglesia de Galacia quiso hacer. Trató de abrazar la gracia, y después de abrazarla comenzó a irse de nuevo hacia atrás a abrazar las obras de la ley. Pablo les dice: "¿Qué es lo que ustedes están haciendo? ¡Gálatas insensatos! Después de haber comenzado por el Espíritu, ¿ahora van a retroceder a las obras de la ley?" Ellos trataron de hacer exactamente lo que Cristo dijo que no se podía hacer. Tú no puedes tomar lo nuevo y ponérselo como parche a lo viejo, porque lo viejo va a romperse. Y lo mismo dice con la ilustración del vino.
De manera que ellos necesitaban entender: Cristo no vino a reparar algo, él vino a cambiar algo, él vino a sustituir algo, él vino a traer un nuevo pacto con nuevas promesas, nuevas bendiciones, completamente distinto a lo que existía. De hecho, el autor de Hebreos así lo describe en 8:13: "Cuando él dijo un nuevo pacto, hizo anticuado al primero, y lo que se hace anticuado y envejece está próximo a desaparecer." En el primer siglo estaba desapareciendo ese primer pacto, se había vuelto anticuado.
En cierta medida, necesitas esperar mi explicación antes que pienses que estoy diciendo o haciendo una herejía. En cierta medida, el primer pacto tenía un agujero, pero Cristo no vino a repararlo. Él vino, sí, porque tenía un agujero, pero Cristo vino a reemplazarlo. Ahora, algunos de ustedes estarán pensando: ¿cómo es que tenía un agujero si fue Dios que lo dio? Bueno, yo voy a tratar de usar la Palabra para explicarlo.
Que interpreten la palabra, y así quedar libre de acusación.
Hebreos 8:7: "Pues si aquel primer pacto hubiese sido sin defecto..." Ahí está el agujero. Si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo. La razón del segundo pacto es el defecto del primero. Ahora la pregunta es: ¿cuál es el defecto y dónde estaba el defecto? Pero que había un defecto, había un defecto de acuerdo a lo que Dios revela en Hebreos 8:7.
Una vez más, vamos a hablar del defecto del primer pacto. Tenemos que hacerlo con la Palabra para que la Palabra interprete la Palabra, y yo quede otra vez libre de acusación. La persona que me identifica mejor dónde estaba el defecto del primer pacto es el apóstol Pablo, y uno esperaría que fuera él. Romanos 8 versículo 3: "Pues lo que la ley no pudo hacer..." Ahí está la debilidad de la ley. "Lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil..." Yo tengo el defecto del primer pacto. La ley no lo pudo hacer; había una incapacidad en el primer pacto porque era débil.
Ahora, ¿dónde estaba su debilidad? Por causa de la carne. Dios entonces lo hizo enviando a su propio Hijo —ahí está el segundo pacto— en semejanza de carne de pecado, y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne. Básicamente Pablo nos está explicando que el primer pacto tenía una deficiencia para llevar al hombre a la salvación. Tenía un defecto, y luego nos explica dónde estaba el defecto: el hombre no podía cumplir con el primer pacto, y por tanto Dios tuvo que introducir entonces un segundo pacto por medio de su Hijo que murió por nosotros.
Pero Cristo no vino a poner un parche sobre el primero, como los gálatas quisieron hacer, y los hebreos —las personas que recibieron la epístola a los Hebreos— también trataron de hacer la misma cosa: los judaizantes. Abrazar la gracia y permanecer en la ley. Hoy en día los judíos mesiánicos continúan la misma forma de ver esos dos pactos. Ellos quieren la gracia, pero sin dejar el primer pacto, hasta el punto que para tú ser cristiano tú tienes que primero convertirte en judío y luego pasar a ser cristiano. Eso es como yo lo entiendo. De manera que esa parte aún no ha cambiado. Entonces ahí está el defecto.
Pero la otra manera como pudiéramos hablar de que había un defecto con el primer pacto, ya desde otro ángulo claro, es que el sistema del judaísmo había sido tan corrompido por los fariseos en el primer siglo que en realidad el sistema entero necesitaba un reemplazo. Porque estaba basado en tradición de los hombres que esclavizaban a los hombres, que no les daban gozo en su relación con Dios, que empeoraban la relación con Dios y los alejaban incluso de Dios. De esta manera se hacía necesario traer un nuevo pacto y no simplemente un remiendo.
Y este nuevo pacto era un mejor pacto. Aunque lo había dado Dios el primero, y lo estaba dando Dios el segundo, Dios declara en el libro de Hebreos también, en 8:6, que el segundo es mejor que el primero: "Pero ahora él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto también es el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas." El segundo pacto tiene un mejor mediador, es Cristo. ¿No me oyes? Tiene mejores promesas, tiene mejores condiciones, tiene bases mejores, y es el pacto que Cristo ha venido a inaugurar, no a imponerle uno sobre el otro.
Para llegar ahí vale la pena preguntarnos: si el segundo pacto es mejor que el primero, y lo es, ¿cuál sería la razón de que personas como los gálatas y aquellos a quienes se les envió la epístola a los Hebreos quisieran abrazar lo nuevo sin desabrazar lo viejo? ¿Por qué no abrazar lo nuevo, que es mejor, con mejores promesas, y olvidarnos de lo viejo, en vez de tratar de mantener uno y abrazar el otro?
Déjenme hacer la pregunta un poco más cercana a nosotros: ¿cuál sería la razón por la que todavía en nuestros corazones y en nuestras mentes permanecen actitudes galacianas, como las de los gálatas? Actitudes que cuando las analizas son más consistentes con la forma de vivir el primer pacto que con la forma de vivir el segundo pacto a la luz del Nuevo Testamento. Personas que han recibido el nuevo nacimiento, ¿cuál es la razón de tener esa inclinación intermitente o continua hacia formas de vivir más consistentes con la ley que con la gracia?
Yo quisiera que me permitieran hacer varias observaciones acerca de la naturaleza humana, porque yo creo que ahí es donde radica esa tendencia, y ver dónde nosotros estamos.
En primer lugar, desde un punto de vista superficial, el primer pacto, el de la ley, era más fácil. Era un pacto de "haz esto, no hagas aquello". No había lugar a interpretación. No eran principios de vivencia, eran reglas a seguir no cuestionables. Y al ser humano, a una gran cantidad del ser humano, no le gusta pensar. Una gran cantidad de la raza humana prefiere que le digan: "Dime lo que hago." De hecho, yo he estado en presencia múltiples veces de personas que dicen: "No, no, no, dime lo que hago. Dígame lo que tengo que hacer para esto. A mí no me gusta pensar mucho, eso es mucho trabajo." Hay un cierto atractivo cuando yo no tengo que pensar y simplemente seguir lo que se me dice. Y a veces iglesias se levantan de esa manera y son seguidas de esa manera. Hay cierto atractivo acerca de eso.
Pero nos vamos al segundo lugar. A nosotros nos gusta, lo admitamos o no, nos gusta controlar, porque creemos que en el control tenemos seguridad. Y tendemos a hacer así, aunque usualmente a nosotros nos gusta, en nuestra rebelión, que nadie nos controle. Pero luego sí queremos controlar a otros. No nos gusta que nadie nos controle, para yo poder hacer lo que yo quiero hacer, y luego controlar a otros para que ellos hagan lo que yo quiero hacer también. Y la ley se presta más al control que la gracia, ¿sí o no? Mucho más. Entonces hay esa gravitación continua en esa dirección.
Hermanos, si somos honestos, la realidad es, no importa si se trata de ti o de mí, la realidad es que muchas prácticas ministeriales que adoptamos, o teológicas, están relacionadas a nuestra personalidad. Yo no tengo que usar a nadie de ilustración, yo puedo usarme a mí mismo. Supongamos que yo no fuera pastor, yo fuera una oveja. Lo más probable es que usted no me encuentre en una iglesia donde las emociones se desbordan, aun si su teología es buena, porque yo no me siento cómodo en ese ambiente. Y eso no es teología, eso es personalidad, hermanos. Y nosotros tendemos a abrazar y a desabrazar prácticas muchas veces que las justificamos teológicamente, pero son conformes a nuestra personalidad. Y eso tiene que ver contigo y conmigo.
Y entonces, en cuanto a la ley, hay prácticas que son más conformes a mi personalidad, y entonces más conformes a ese control del que hablamos, que unos abrazan y otros desabrazan, unos se acercan y otros se alejan. Pero eso es una realidad. Y yo creo que eso también explica por qué a veces, aun estando bajo el segundo pacto, hay esa tendencia en nuestros corazones a girar en la dirección del primero.
Y finalmente, el primer pacto, como fue practicado, se prestaba más para el alarde externo de la piedad que el segundo pacto. Porque en el segundo pacto, la condición por la que soy juzgado —en el primero también, pero me refiero en la práctica— es la condición del corazón. Pero la distorsión del primer pacto llevó al hecho de que el fariseo podía ayunar el lunes y el jueves, poner una cara triste, y todo el mundo pensaba que era un hombre muy piadoso, porque "mira, está ayunando, como está su cara, lo dice todo".
Y lamentablemente, lo que ocurre es un desbalance en una dirección o en la otra. Cuando el desbalance es a expensas de la gracia y a favor de la ley, nosotros tenemos legalismo. Cuando el desbalance es a favor de la gracia, sin verdad ni el peso de la ley, tenemos liberalismo. En el primer siglo, la característica número uno del movimiento farisaico era legalismo. En el día de hoy, muchas de las iglesias, su tendencia es hacia el liberalismo, debido precisamente a ese sobre énfasis en una dirección y no en la otra. Eso es lo que motiva el libro reciente de Kevin DeYoung, "The Hole in Our Holiness" —el agujero en nuestra santidad— para hablar de la santidad de la iglesia de hoy en día, como que tiene un agujero en un área precisamente por su falta de balance en lo que tiene que ver con la aplicación de la ley de Dios y sus mandatos. Hasta ahí la primera pregunta.
Segunda pregunta: ¿Por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo? Esto es en referencia una vez más a las espigas que los discípulos de Jesús habían arrancado y habían comenzado a comer en un día de reposo. ¿Cuál fue la dificultad con las espigas? Bueno, que la ley prohibía usar la hoz, recoger la cosecha en día de reposo. Y los fariseos decían que arrancar espigas y comerlas era equivalente a recoger la cosecha, y que estaban violando la ley.
Bueno, arrancar las espigas estaba permitido por la ley. Deuteronomio 23:25: "Cuando entres en la mies de tu prójimo, entonces podrás arrancar espigas con tu mano, pero no meterás la hoz a la mies de tu prójimo." En otras palabras, si coges la espiga con tu mano para comerla porque estás en necesidad y tienes hambre, no es problema. Lo que no puedes hacer es meter la hoz, tratar de segar el campo en día de reposo, porque entonces estarás violando la ley.
Los fariseos tomaron la ley, la distorsionaron, y la Mishná, que recoge la tradición oral de los fariseos, tiene una lista de 39 tareas diferentes que tú no puedes hacer en día de reposo. Déjenme leerles tres o cuatro de ellas. Tú no podías hacer o deshacer un nudo, porque eso era trabajo. Si ibas a coser, solamente podías dar un punto; dos puntos ya era trabajo. Si ibas a escribir, una letra, porque dos letras ya era trabajo. Y si ibas a caminar, no más de 1999 pasos, porque ya eso era un viaje, y eso era trabajo.
Nada de eso pertenecía a la ley, pero eran distorsiones de la ley aceptadas como tradiciones buenas y válidas. La de las espigas estaba permitido, pero ellos habían equiparado el arrancar las espigas a la siega, y la siega sí estaba prohibida. Y le están diciendo a Jesús que violaron el sábado. Jesús comienza a responder haciendo uso de una ilustración o de una historia en el Antiguo Testamento, a partir del versículo 25.
El texto de hoy dice: "¿Nunca habéis leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros? Cómo entró en la casa de Dios en tiempo de Abiatar el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él."
Lo que Jesús hace es que, en vez de entrar en el debate, primero Él se va al Antiguo Testamento y trata de ayudarles a ver algo que ellos conocían, a ver si entendían el principio. Cuando David estaba siendo perseguido por Saúl, en un momento dado él y sus compañeros tuvieron hambre y fueron entonces a la casa de Dios, al tabernáculo. En el tabernáculo, en el lugar santo, había una mesa con los panes que representaban a la nación de Israel: doce porciones de panes que representaban a cada tribu de Israel. Ese pan se cambiaba una vez a la semana, era consagrado a Dios, cambiado una vez a la semana, y a la hora de cambiarlo los sacerdotes tenían el permiso de consumirlo.
David llega al tabernáculo y le dice al sacerdote: "Tenemos hambre, estamos en necesidad yo y mis compañeros, danos de comer." Y el sacerdote le dice: "El único pan que tengo es el pan ya consagrado, el pan dedicado, pero toma, aquí está." Y David se lo come, sus compañeros también, y no hay reproche para David, no hay condenación para David, no hay consecuencias para David. ¿Bajo qué principio? Misericordia quiero y no sacrificio.
Ahora Cristo está diciendo a ellos: "En este caso no era David el que estaba en el sembradío, era yo, alguien mayor que David. Y no eran sus compañeros, eran mis discípulos. Y mis discípulos tuvieron hambre, al igual que David y al igual que los compañeros de David, e hicimos uso de las espigas por necesidad. Tú tienes que entender que la razón del día de reposo es precisamente descansar al hombre. El día de reposo se creó para que el hombre pudiera recuperar sus fuerzas, y si el hombre el día de reposo está hambriento y no tiene qué comer, esto no es forma de descansarlo, esto no es forma de hacerle recuperar sus fuerzas. Tú tienes que alimentarlo."
El sacerdote hizo correctamente, y mis discípulos hicieron correctamente cuando tomaron las espigas, porque necesitas entender que las leyes se dieron al pueblo de Dios no para debilitar al pueblo, sino precisamente para ayudar al pueblo a caminar correctamente. Y en este caso era correcto alimentar el cuerpo en día de reposo.
El texto dice que esto ocurrió en tiempo de Abiatar el sumo sacerdote. Hay una controversia con varias posibles explicaciones, pero la realidad es que 1 Samuel 21 establece que esto ocurrió durante el sacerdocio de Ahimelec, que era el padre de Abiatar. Lo que algunos piensan es que, como Abiatar fue mucho más conocido que su padre y Abiatar sirvió bajo David, quizás Marcos quiso hablar de Abiatar como el tiempo general cuando esto ocurrió y no de Ahimelec. No voy a entrar en esta controversia, pero en esencia el foco de Cristo no es el sacerdocio de quién, sino el hecho de que la necesidad en el día de reposo podía ser perfectamente llenada con el pan de los sacerdotes o con las espigas. Esa es la idea. Y ahora que hay alguien superior a David, eso explica la pregunta o da la respuesta.
Cristo concluye en el versículo 27: "Y Él es decía: El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo."
En otras palabras, tú no vas a violar el día de reposo antojadizamente, no, esa no es la idea. Pero si el día de reposo es para descanso del hombre y tienes hambre, tú tienes la posibilidad de comer de la manera que David comió o de la manera que los discípulos de Cristo comieron, precisamente porque el día de reposo, su prohibición no era absoluta hasta el punto de debilitar al hombre, sino que era una prescripción de fortalecer al hombre en su descanso. Y en este caso la comida lo iba a fortalecer. Estaba perfectamente lícito violar el día de reposo de esa manera.
Pero después que Cristo explica ese principio, Él les ayuda a entender lo siguiente. Primero les dice: el día de reposo fue hecho para el hombre. El día de reposo no puede ahogar al hombre, no puede esclavizar al hombre, no puede debilitar al hombre, porque fue hecho para fortalecer al hombre. El hombre no fue hecho para el día de reposo; fue hecho para el hombre, no al revés.
Pero luego Él establece un principio que Él quiere que ellos entiendan y que está relacionado al nuevo vino y al nuevo pedazo de tela de que Él hablaba, y al novio de que Él estaba hablando. Y es que el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. En otras palabras: yo di el día de reposo, yo regulo el día de reposo. El día de reposo se dio para el hombre, no para Dios. La ley de Dios se dio para regular las actividades de los hombres, no para regular las actividades de Dios.
Y eso es un principio vital, porque de lo contrario yo voy a preguntarme: ¿cómo es que Dios le dice a Moisés "no matarás" y luego le dice a Josué "entra en Jericó y no dejes nadie vivo"? Porque la ley fue dada para regular las actividades de los hombres, porque somos pecaminosos, pero no para regular las actividades de Dios. Dios es Señor de la ley.
Y por eso Cristo dice, por tanto, esa es su conclusión: "El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo." Él está por encima de él, es el dador. Y el que supuestamente violó el día de reposo con sus discípulos fue Cristo. Él estaba revelando su señorío sobre la creación, estaba revelando su señorío sobre la ley, estaba revelando su señorío sobre todo el universo, incluyendo el día de reposo.
Eso debió haber irritado a los fariseos, porque escucha: aun el día de hoy hay dos ordenanzas que separan a Israel de todas las naciones, aun el día de hoy: circuncisión y sábado o reposo. Ninguna nación tiene esas dos disposiciones como disposición, y mucho menos de parte de Dios. Aun el día de hoy, cuando estás en Israel —nosotros hemos estado hoy un par de veces— pero cuando estás en Israel, a las cuatro, cuatro y media de la tarde, ves todos los carros regresando a sus casas como hormigas, con cierta premura, porque nadie quiere llegar después que el sol se ponga. Hasta el otro día, cuando el sol se ponga otra vez, el día sábado, aún hoy. Y ahora hay uno aquí que dice que es Señor del día de reposo. ¡Guau! Imagínate la reacción que eso debió haber producido.
Pero al mismo tiempo, al hablar de que Él es Señor del día de reposo, Él se está revelando, su identidad como Dios, o Dios hecho hombre. Imagínate en la mente de los fariseos cuál debió haber sido la reacción acerca de alguien que se pronuncia Señor del día de reposo.
Lamentablemente, los fariseos habían hecho de las obras de la ley la religión que les iba a dar salvación: las obras de la ley. Y estaban descansando no en la gracia de Dios, sino en la piedad producida por las obras de la ley. Y muchas veces todavía hoy nosotros pudiéramos estar descansando en la piedad que produce un ayuno, o un devocional, o venir a la iglesia, o cantar. Todas las cosas, todas, que son necesarias, pero que en sí mismas no son las causantes de mi piedad. Es la gracia de Dios obrando vía su Palabra, a través de su Espíritu, obrando en nosotros, que va produciendo y nos va transformando de gloria en gloria, como al Señor, como la misma Palabra revela.
Y sin embargo, si nosotros conociéramos la realidad, o admitiéramos la realidad, hermanos, ninguno de nosotros es lo que piensa que es. Yo no sé qué usted piensa que es, pero lo que usted piensa que es, es peor de lo que usted piensa. Y eso no importa si soy yo o es usted. Y por mucho. Porque la única manera que yo puedo tener una idea más o menos apropiada de lo que yo soy es si Dios me permite como salir de mi cuerpo, darme aquí arriba la santidad absoluta que Él tiene, y desde aquí verme a mí en mi pecaminosidad. Ahí voy a saber lo que yo soy. Porque mientras tanto, yo voy a estarme viendo en mi pecado, a través de mi pecado, de una mejor forma de lo que yo realmente soy.
Y es ahí entonces donde yo comienzo a entender que ciertamente yo necesito de su gracia, y la necesito todos los días, la necesito continuamente. Porque de no ser así, nosotros no vamos a llegar, nosotros vamos a ser descalificados mucho antes de llegar, como les pasó a los fariseos. De no ser así, nosotros vamos a estar usando un estándar para los demás que no nos aplicamos nosotros mismos. Y es solamente la gracia de Dios que me permite balancear un poco la idea que tengo de mí mismo y a la vez el estándar a través del cual quiero medir a los demás.
Que Dios nos dé sus ojos para ver. Que Dios nos dé su corazón, su mente para entender. Que Dios elimine de nosotros el espíritu farisaico que muchas veces nos domina.