Integridad y Sabiduria
Sermones

Sequía espiritual

Jairo Namnún 23 agosto, 2020

La vida cristiana atraviesa ciclos de cercanía y lejanía con Dios. Nacemos en la conversión, crecemos en la santificación, nos reproducimos mediante la Gran Comisión y partimos en la glorificación. Pero entre esas etapas hay valles secos donde las corrientes de agua parecen haberse agotado. El Salmo 42 presenta a un adorador profesional —un hijo de Coré— que busca a Dios donde siempre lo encontraba y no halla nada. Como un ciervo que llega al río y solo encuentra arena, este hombre tiene sed del Dios viviente y no sabe cómo saciarla.

¿Cómo se llega a ese desierto? A veces por pecado evidente que no queremos confesar. Otras veces por perder la comunidad de fe: el salmista recuerda con nostalgia cómo guiaba multitudes al templo en Jerusalén, pero ahora está lejos, en el norte, solo y deprimido. También llegan las expectativas incorrectas sobre la vida cristiana —creer que seguir a Cristo significa cero sufrimiento— y cuando los problemas aparecen, la pregunta de los enemigos se vuelve nuestra: "¿Dónde está tu Dios?" Incluso la debilidad física nos hace vulnerables: quien se alimenta de lágrimas de día y de noche difícilmente sentirá fortaleza espiritual.

Pero el salmo también ofrece curas. Derramar el alma ante Dios sin pretender que nada pasa. Analizar dónde hemos puesto nuestra esperanza. Recordar la misericordia de Dios a lo largo de nuestra historia. Y sobre todo, predicarnos verdad a nosotros mismos: dejar de escucharnos y empezar a hablarnos. "¿Por qué te deprimes, alma mía? Espera en Dios." En medio de cualquier sequía, el evangelio sigue siendo la respuesta: Cristo pasó por el momento más oscuro para que nosotros podamos caminar en su luz.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Seguro tú, de conciencia, es las etapas de la vida, los ciclos de la vida. El ser vivo nace, crece, se reproduce y muere. Esas son las etapas de la vida, por lo menos así eran cuando yo estuve en el colegio. En un sentido también es real para los cristianos. Los cristianos nacemos de nuevo en un momento que escuchamos la palabra predicada, escuchamos el Evangelio y nacemos de nuevo, lo que llamamos la conversión, ¿cierto? El cristiano también crece en la medida que escucha la palabra, que aplica la palabra, que predica la palabra. El cristiano va creciendo, y ¿cómo le llamamos eso los cristianos? La santificación. El cristiano también se reproduce, ¿cómo lo hace? A través de la gran comisión, la predicación del Evangelio. El cristiano va, anuncia la palabra y reproduce en un sentido lo que él mismo es, y otros cristianos más van naciendo entonces. Y con el favor de Dios y en el tiempo de Dios, siempre bajo la mano de Dios, los cristianos partimos de esta tierra al morir, pero es diferente porque esto es la glorificación, es la entrada a la eternidad con Dios.

Los cristianos nacemos en la conversión, crecemos en la santificación, y a través de la gran comisión nos reproducimos, y al morir somos glorificados. Así de simple, así debería ser, amén. Crecemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Listo.

Pero en realidad, algunos de los que están aquí o de los que están viendo esto no saben bien cuándo fue que nacieron de nuevo. Como que estaban seguros el año pasado que eran cristianos, y entonces se convirtieron en un servicio domingo, y ahora es que creen que son cristianos. Pero en tres años como que más o menos están dudando todavía. No todo cristiano está totalmente seguro de cuándo fue el día que nació de nuevo. No me digan a mí, pero tú sabes que es verdad.

Quizás de mayor peso, algunos de nosotros tenemos meses, sino años, sin hacer un nuevo discípulo. Nos da un poquito de vergüenza predicar el Evangelio en el trabajo. Tú sabes, nos da un poco de apuro hacerlo con los amigos. La familia ya está cansada, ya sabe que somos evangélicos. "Ahora yo los impacto con mi testimonio", decimos. Sí, no estamos tratando de cumplir la gran comisión muchas veces.

Y de hecho, a veces pareciera como que nuestro nivel de santificación es como una escalera eléctrica, pero como que se dañó. Como que uno se subió cuando se convirtió y empezó a subir, y como que iba bien, pero de pronto tú tienes como tres o cuatro meses que tú no te aprendes un versículo, que tú no has visto como cambio real en tu vida de crecimiento en la fe. Y tú estás como en la escalera eléctrica esperando, mirando para atrás, mirando para adelante. A veces alguien la arregla, a ver qué es lo que pasa. O sea, ¿por qué es que no crezco?

Es por eso que hace un par de semanas el pastor Joel estuvo compartiendo con nosotros acerca de esos momentos donde estamos como medio fríos, que la presencia de Dios se siente lejos. Y en su mensaje él hizo un excelente trabajo de mostrarnos que cuando sentimos a Dios lejos no estamos solos. En un sentido muy real, muchos de los grandes hombres y mujeres de la historia, más importante, muchos de los grandes hombres y mujeres de la Biblia pasaron por momentos donde sentían a Dios lejos.

Y es por eso que en la mañana de hoy —lo habíamos planificado así de hecho—, en la mañana de hoy, sin saber que venía una tormenta, queríamos volver con el deseo de tocar el tema de la sequía espiritual, la lejanía de Dios, desde esta otra perspectiva y desde este otro salmo. Y yo creo que vale la pena volver a tratar este tema porque el tema de la sequía espiritual es uno que no lo hablamos lo suficiente.

El sentirse seco espiritualmente, el sentir a Dios lejos, el estar fríos con Dios, es una condición demasiado común. Si somos honestos con Dios, nosotros pasamos una gran parte de nuestra vida espiritual o saliendo de un tiempo de sequía o de camino a un tiempo de sequía. De hecho, yo mismo escuché de alguien que luego del sermón de Joel se sentía como súper animado con el Señor, y dos semanas después estaba otra vez echando hacia atrás. Dos semanas después. Volvemos a sentirnos fríos con Dios.

Si tú sientes que tú estás en tu momento espiritual de apogeo, gloria a Dios, este sermón es para ti para guardarte, para tomar en cuenta qué cosas debes tener muy, muy en cuenta para no volver a caer en sequía. Si tú sientes como que te estás enfriando con las cosas de Dios, este sermón es para ti para advertirte, para ayudarte a no caer en ese lugar de sequía espiritual. Y si tú sientes que estás seco y cansado, este sermón es para ti para animarte, para que el Señor a través de su Espíritu logre sacarte de allí y llevarte a una mayor cercanía con Él.

Dicho todo eso, entonces por favor acompáñame al Salmo 42. El Salmo 42. Y vamos a estar viendo la condición de la sequía espiritual, las causas de la sequía espiritual y las curas de la sequía espiritual. El Salmo 42, estoy leyendo de la Nueva Biblia de las Américas, en la página 556. Esta es la Palabra de Dios:

"Como el ciervo anhela las corrientes de aguas, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Mi lágrima ha sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí, de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta. ¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de su presencia. Dios mío, mi alma está en mí deprimida; por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán y desde las cumbres del Hermón, desde el monte Mizar. Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo. Elevaré una oración al Dios de mi vida. A Dios mi roca diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo? Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez. Él es la salvación de mi ser, mi Dios."

Señor, Tú eres la salvación de nuestro ser y de nuestro Dios. Por favor, Dios, que en esta mañana, empezando por mí, yo pueda derramar mi alma delante de ti y decirte: "Espera en Dios." Que cada uno de nosotros, Señor, en esta mañana, pueda acercarse a ti y decirse a sí mismo: "¿Por qué te abates? Espera en Dios." Porque Tú eres nuestra salvación y nada ni nadie más nos puede quitar esta sed eterna, más que Tú, Jesús, fuente de la vida eterna. Sé con tu pueblo hoy.

Yo amo cuándo esta es la Biblia. Yo amo lo brutalmente honesta que es la Biblia en ese sentido. Como nos decía Joel, los libros de los Salmos son especiales porque no nos están solo contando una historia en prosa y en narrativa. Son canciones donde los autores derraman su corazón en la presencia de Dios. Los salmistas argumentan con Dios, le ruegan, se rinden delante de Él, alaban, celebran, se entristecen, luchan. Todo lo que es ser humano tú lo encuentras en los Salmos. Y la Biblia te da palabras para decirle a Dios qué hacer cuando te sientes alegre y cuando te sientes seco.

Y eso es justamente lo que encontramos en el Salmo 42. El salmista, uno de los hijos de Coré, dice la palabra. Los hijos de Coré eran salmistas profesionales, eran adoradores profesionales. Su trabajo era escribir canciones de adoración para llevar al pueblo a la adoración. Pues el salmista aquí, este hijo de Coré, se encuentra en un lugar seco, árido, cansado, en dolor y en depresión. Parece que el salmista hijo de Coré nació para el dos mil veinte, porque este es el año de la sequía, de la aridez, del cansancio, del dolor y de la depresión.

El Salmo 42 es el salmo de uno que se encuentra en un proceso de sequía espiritual. Y eso es evidente en todo el texto. Y como es canción y le estamos leyendo una traducción, a veces uno se pierde. Pero el versículo 1, creo que todos lo sabemos hasta de memoria. Dice la Palabra de Dios: "Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por Dios el alma mía."

En la soberanía de Dios, nosotros no vivimos en un país que tiene ciervos, ¿cierto? Bueno, se supone que en Samaná hay como dos o tres, pero en general nosotros no andamos viendo ciervos en sequía. Pero esa es una imagen muy común para el área donde se escribió este salmo, para el área del Medio Oriente, de Israel. La imagen del salmista, lo que él está invocando, es un animal que está yendo a las corrientes de las aguas, es decir, a un lugar donde él siempre iba a buscar agua, y de pronto se encuentra con sequía. No es que el ciervo es tonto y se va al desierto a buscar agua; es que en medio de la aridez él sabe que hay un río donde él va día tras día a buscar agua, y cuando llega no encuentra nada. Imagínate cómo va a sentirse. Está suspirando, está anhelando, está bramando, dice Reina Valera, por agua. Este ciervo que va al lugar de siempre a buscar agua, ahora lo que encuentra es arena.

Y la imagen que a mí me sirve mucho, por lo menos a nuestro contexto, es un perro viralata. Un perro viralata muriéndose de la sed que encontró una casa donde, cuando él va, le dan agua y le dan comida. Y ustedes han pasado por ahí. No es el tope, los cristianos sufrimos de hacerle bien a los que están en necesidad, yo espero. Y de pronto, cuando tú le das alimento, el perro viralata pasa, y viene todo el tiempo, y vuelve y vuelve. Y de eso se multiplican y vienen más y vienen más. Pues esta es la imagen que a mí me ayuda: encontrarme con este perro viralata que va a la casa donde siempre encontraba comida, rasga y no hay nada. Y va a la segunda casa donde encontraba comida y donde encontraba agua, ladra y no hay nada.

Y entonces este ciervo, ya seco y totalmente desvalido, va a una cuneta a buscar agua en el piso, se guía, no hay nada. Este animal ya no encuentra dónde saciar su sed. Esa es la imagen que el salmista nos está dando: es un ciervo que quiere agua y no encuentra, está totalmente seco, flaco, pellejudo, con arena encima.

¿Y qué tipo de sed tenía el salmista? Dice el versículo 2: "Mi alma tiene sed de Dios." ¿Tú sabes lo que es ir y volver y volver a donde suponías que encontrarías agua, y encontrarte sediento, y que lo que tú estabas anhelando es la presencia de Dios? Dice este versículo 2: "Mi alma tiene sed de Dios," y dice: "¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?" Literalmente lo que dice es: ¿cuándo voy a volver a ver el rostro de Dios?, ¿cuándo voy a verle la cara a Dios?

Uno en los dos versículos entiende el clamor del salmista. Él está acostumbrado, hay ciertos lugares donde encuentra a Dios, pero no lo encuentra. Por posibles razones que vamos a ver en un momento, este hombre de Dios no puede encontrar el rostro de Dios en los lugares donde antes lo encontraba. Él busca a Dios y no lo encuentra, y se está muriendo de sed. Porque una cosa es desesperación por tener un problema; otra mucho peor es tener un problema y no tener idea de cómo va a ser satisfecho.

Es como en mi casa. A mi esposa y a mí nos pasa todo el tiempo. Nuestra casa tiene varios niveles, y cuando estamos en el tercer nivel y uno de los dos tiene sed, empieza una lucha de amor: "Mi amor, ¿tú no tienes sed? ¿Tú tienes sed? ¿Tú quieres que yo baje?" Y entonces: "No, yo bajo. No, no, yo bajo." Y uno empieza esa discusión, pero lo único que hay que hacer es bajar un par de pisos a buscar agua. Eso no es lo que está pasando aquí. Es que ya el salmista bajó al primer nivel, abrió la nevera y no encontró nada, llamó al colmado y no había agua, abrió la llave y no había agua. El salmista no sabe dónde encontrar agua, no sabe dónde encontrar el rostro de Dios, y se está muriendo de sed por la presencia de Dios.

Entonces la pregunta es: ¿cómo llegó el salmista ahí? ¿Cómo llegamos nosotros a la sequía espiritual? Porque cuando uno está ahí uno lo sabe, pero uno no sabe bien cómo fue que llegó aquí. Pasamos entonces a ver cuáles son las causas de la sequía espiritual, y debo decir que me estoy ayudando de algunas ideas del doctor Tim Keller aquí.

Veamos cuatro causas. Y la causa base, la causa número cero, la que siempre podemos más o menos encontrar, cuál es: el pecado. Esa es la razón obvia; es la única razón por la que hay sequía en el mundo. En muchas ocasiones, la sequía espiritual es el resultado directo de algún pecado. Es discernible, lo podemos ver, nos damos cuenta, hay un patrón de pecados en nuestra vida y no nos hemos arrepentido de ello. Tú y yo sabemos, para nuestra vergüenza, que aún después de ser cristianos es posible que tengamos pecados favoritos que no queremos dejar.

Puede ser un resentimiento hacia una persona que te ha herido y está constantemente en tu mente, y tú no quieres perdonar, tú no quieres dejar ir, tú lo único que quieres es quedarte con ese dolor por eso que esa persona te hizo. Puede ser una adicción a la pornografía o alguna otra cosa que no le has confesado a nadie, que lo tienes ahí oculto, que nadie se entera, y no estás tomando ningún paso para dejarlo de lado. Puede ser una relación sentimental con un inconverso, que no es yugo desigual, y por eso tú dices internamente: "No, no es pecado, solo somos amigos," pero en tu corazón estás ocultando ese deseo de poder entrar en una relación que no te está permitida. O pudiera ser algún otro deseo, un deseo indebido hacia alguien o hacia algo, que lo estás alimentando poco a poco y no lo dejas ir, y cada día que tú vas dándole paso a la carne, tu espíritu se va secando.

Todos hemos pasado por algunas de esas situaciones, por la realidad de que todos somos pecadores. Y si es tu caso, este sermón es bastante corto para ti. El primer paso, el paso absolutamente necesario para salir de tu condición de sequía espiritual, es la confesión y el arrepentimiento. Es ir delante de Dios, y en algunos casos ir delante de algún hermano, y confesar lo que está pasando, pedirle su ayuda y rogarle su perdón. Es dejar de ignorar el pecado que nos está matando y empezar el tratamiento que nos limpia.

Y esa es una buena meta para ti en esta semana, si te encontraste que en esta lista o alguna otra lista hay algunos pecados favoritos ahí que tú estás dejando sin ningún tipo de lucha contra ellos. Haz un compromiso con Dios hoy mismo, y por qué no, haz un compromiso con alguien más de alejarte de ese pecado. Amén. Que el Señor nos ayude, porque en muchos casos la sequía espiritual viene por un pecado evidente que no queremos dejar.

Pero ese no es el caso del salmista. El pecado es la razón base, pero no es la única razón o causa de la sequía espiritual. Este salmo no es el Salmo 51. Y la verdad, para muchos de nosotros no es tan simple como encontrar: "Me siento seco, me siento frío con Dios porque hice esto." Muchos de nosotros no es que no tenemos pecado, pero estamos luchando con nuestro pecado, estamos creciendo en santidad, estamos tratando, no hay una situación excepcional de pecado. Dicho de otra manera, no es que no estamos yendo a las corrientes de las aguas, no es que le hemos dado la espalda a Dios. Es que cuando voy a donde siempre iba, no encuentro a Dios como le encontraba antes. Yo sigo haciendo las cosas de antes, yo sigo yendo a la iglesia, escuchando el sermón, sigo orando, yo sigo escuchando música cristiana, yo sigo compartiendo con otros hermanos, yo sigo leyendo la Biblia, pero como que no siento a Dios donde lo sentía antes.

Y esto es lo que hace este tema algo tan complicado: que no solo los cristianos que han pecado espectacularmente pierden la presencia de Dios, todos nosotros podemos estar ahí. Y la sequía espiritual no es una nueva normalidad; no hay nada normal en el cristiano de vivir alejado del gozo de Dios. Así que si tú no encuentras que hay un pecado en tu vida específico del cual trabajar, ¿cuáles pueden ser otras causas de esa sequía espiritual? Te doy un par más de este salmo.

Una sería la pérdida de la comunidad. Una causa constante de sequía espiritual es la pérdida de la comunidad, y la Palabra de Dios a propósito lo pone en el centro de este salmo. Acompáñame al versículo 4 y el versículo 6, mira lo que dicen: "Me acuerdo de estas cosas," dice el 4, "y derramo mi alma dentro de mí." ¿De qué me acuerdo? "De cómo yo iba con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría, con voz de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta." Y dice luego el versículo 6: "Dios mío, mi alma está en mí deprimida; por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, desde las cumbres del Hermón, desde el monte Mizar."

¿Tú observas lo que está pasando aquí? Como no estamos tan familiarizados con la geografía de Israel, como que uno no cae de una vez. Pero en el versículo 4 tú lees que el escritor, el adorador, estaba adorando y compartiendo con la multitud, guiándoles, ¿a dónde? A la casa de Dios. ¿Dónde se encuentra la casa de Dios? En Jerusalén, cierto, en el sur de Israel. El salmista estaba contento llevando a gente al templo en la parte sur de Israel, en Jerusalén. Este templo era el lugar de comunión de los israelitas, y él narra este lugar, esta presencia de Dios allí, como un tiempo de alegría, de gozo, de disfrute: multitudes, muchedumbres acercándose hacia el templo. De hecho, pareciera como que este salmista es un líder del templo, porque dice que guía a las multitudes en su adoración.

Eso no es lo que se lee en el versículo 6. ¿Dónde está él en el versículo 6? En el Jordán, en el monte Mizar; ahora deprimido, ahora él está en el norte de Israel, lejos del templo, lejos de la muchedumbre de adoradores. Ya no está en donde se concentraba la adoración. Recuerden que en ese momento Dios estaba activamente involucrado, su presencia en el tabernáculo, en el lugar santísimo, mejor dicho, estaba allí en el templo. Ese era el lugar que Dios había puesto. Hoy en día no es así, no hay un lugar, pero sí había un lugar en ese momento, el cual era el único lugar permitido por Dios para que su pueblo fuera y le adorara. Y por alguna razón este salmista ahora está lejísimos de allá, y no sabemos la razón.

Pudiera ser que el salmista fue obligado a irse; tal vez él fue capturado, tal vez él fue esclavizado, y por eso tuvo que dejar Jerusalén. Pudiera ser las condiciones económicas, ciertas dificultades económicas que lo hayan llevado a trasladarse o alejarse del sur de Israel. Tal vez una decisión personal, tuvo alguna situación y decidió de manera personal que quería mudarse y alejarse de allí. Sea cual sea el caso, el salmista perdió la comunidad de creyentes y la comunidad de adoración.

Amado hermano, escúchame: no hay tal cosa como un cristiano solo. El cristiano no crece a solas. El cristiano separado de otro cristiano ni siquiera puede cumplir con la Biblia. ¿Tú sabes por qué? Porque todos los mandamientos de la Biblia son plurales, son "unos a otros." ¿A quién vas a amar? ¿A quién vas a cuidar? ¿Cómo vas a escuchar la Palabra en adoración? ¿Cómo vas a someterte unos a otros en adoración? La vida cristiana no se vive a solas. Te lo voy a decir otra vez, porque a veces se nos olvida: la vida cristiana no se vive a solas.

Nuestro pastor Miguel Núñez nos llamó hace un par de semanas o meses ya a que podamos volver a asistir al templo, los que podamos hacerlo. Cierto, no es que queremos tener mucha gente junta en un lugar. Es que pregúntale a cualquiera de tus pastores: caso tras caso tras caso tras caso, los primeros pasos de alejarnos del Señor es alejarnos de la iglesia. Tú empiezas a alejarte del pueblo de Dios, que tienes un trabajo los domingos, que tienes otras cosas que hacer los miércoles, que ya los sábados estás ocupado, y tú de inmediato empiezas a enfriarte espiritualmente.

Luisito, chacho, no es cierto. Consejería tras consejería tras consejería, el hermano empieza a enfriarse. Preguntas y el hermano se va alejando de la casa de Dios, del pueblo de Dios, porque por alguna razón nosotros pensamos que podemos vivir la vida cristiana solos, que podemos crecer solos. Y a veces sí seguimos yendo a la iglesia, viendo el servicio online, pero solos, recibiendo solos sin compartir con otros, sin hablar con otros, sin poder hablar de nuestras vidas, sin koinonía, sin comunión.

Cuando alguien se me acerca —y Patricia, que es mi esposa, está aquí y puede dar testimonio— y me comenta que quiere mudarse a Estados Unidos a trabajar o estudiar, o a cualquier otro país ahora que se quiere ir, mi primera pregunta sin falta, luego de darle "mira qué bueno, que el Señor te dé sabiduría", yo le pregunto: "¿Ya buscaste tu iglesia? ¿Encontraste una buena iglesia allá para donde vas?" Y cuando me dice que no, yo digo… A menos que se vaya de misionero, casi cada consejería que yo tengo con un joven, mi primera pregunta es: "¿Tú estás asistiendo a tu grupo de jóvenes?" Y mi amado, al sol de hoy, cada pareja con la que hemos tenido consejería que ha tenido problemas serios ha dejado su grupo de parejas, o va esporádicamente.

Yo no estoy diciendo que es el edificio. Es el pueblo, es la comunión de los santos, es el estar adorando, cantando, escuchando, obedeciendo, sometiéndonos juntos a Dios. Es tener a alguien al lado tuyo que te empuje cuando estás yendo para la derecha o para la izquierda. A ti yo te digo: oblígate a hacer parte de la comunidad. No es asistir, es ser. No es participar, es ser parte. Esfuérzate a tener la comunidad. Como sea, que en estos tiempos están extraños, mucho de eso va a ser mensajitos y WhatsApp y Zoom calls y todo eso, lo que sea que sea, pero no te despegues de la comunidad.

El Salmista reconoce la alegría que él sentía estando en la comunidad de la fe y la sequía que siente al alejarse del lugar de adoración. Alejarte de la comunidad te lleva a alejarte de la presencia de Dios, lo que te lleva al enfriamiento espiritual.

Una segunda causa de la sequía espiritual son las expectativas incorrectas. Expectativas incorrectas de la vida nos presentan una panorámica de sequía espiritual. Este Salmo es interesante porque si tú lees el Salmo anterior, o casi cualquiera de los otros Salmos, los enemigos del Salmista, ¿qué es lo que usualmente quieren hacerle? Matarlo. En el Salmo 41, David habla de cómo están cayendo las trampas para matarlo, persiguiéndolo para matarlo. Así, constantemente los enemigos del Salmista lo que quieren hacer es matarlo. Pero en el Salmo 42, los enemigos del Salmista le hacen bullying.

Miren el versículo 3 y luego el versículo 10. Versículo 3: "Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche". Oye esto: "Mientras me dicen todo el día, mientras me dicen todo el día: ¿dónde está tu Dios?" ¿Quién aguanta eso? Miren el versículo 10: "Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿dónde está tu Dios?" Todo el día el Salmista está escuchando a sus compañeros decirle: "¿Y tu Dios? Ese en que tú creías, de quien tanto hablabas, ¿por qué no está aquí contigo ahora?" Esta no es una persecución física, pero es una persecución espiritual.

Ahora, ¿por qué alguien le preguntaría dónde está tu Dios? ¿Está esa pregunta, por qué alguien le preguntaría al Salmista dónde está tu Dios? ¿Cuándo se hace esa pregunta? Yo te doy un ejemplo: una persona que tiene un plan de cómo hacerse rico y millonario y te lo está vendiendo, pero vino a pie. Tú le preguntarías: "¿Dónde está el éxito de tu plan?" Este Salmista está escuchando vituperios porque se supone —y sus amigos lo saben, o sus compañeros lo saben— que es parte del pueblo de Dios. Él es un hijo de Dios que debería estar bendecido, en victoria, en poder, en fuerza, en alegría y en gozo, y lo ven tirado en el piso y le dicen: "¿Dónde está tu Dios?"

Sus enemigos, que son sus compañeros —porque se lo dicen de día y de noche, tal vez son sus compañeros de trabajo, su compañero de casa—, le están diciendo en versión siglo XXI: "Tú eres cristiano, ¿por qué te va tan mal?" Este pobre Salmista pasó de andar con creyentes que lo llevaban a la adoración, a andar con gente que ponía en duda la bondad de Dios. Y él los escuchó, él les hizo caso.

¿Sabes cómo yo sé eso? Miren el versículo 9: "A Dios, mi roca, diré: ¿por qué me has olvidado?" Eso no son sus enemigos que se lo dicen. Él, él llegó a creérselo. "Dios, Tú me abandonaste. ¿Dónde está mi Dios?" Él no entiende por qué le está yendo tan mal, él no sabe por qué se siente mal con su vida. Si Dios es real, ¿por qué le está yendo tan mal? ¿Por qué él se siente tan deprimido? ¿Por qué se siente tan solo? Está pensando el Salmista: "¿Dónde está mi Dios?"

Y este es un factor que comúnmente, amados hermanos, lleva a la sequía: es que tenemos malas expectativas sobre la vida. Tenemos un muy mal entendimiento de lo que significa seguir a Dios. Por alguna razón nos hemos creído que seguir a Cristo implica cero sufrimiento, cero problemas. Es más, aun los cristianos ortodoxos fieles que no creen ni un granito del evangelio de la prosperidad, cuando ven a una gente sufriendo, dirán: "Bueno, ¿qué es eso? Seguro fue que pecó. Algo malo habrá hecho." Y aun el cristiano más ortodoxo fiel, cuando le pasa algo de sufrimiento, le llega la pregunta: "A ver, ¿qué fue lo que hice, Dios?"

Pero si le das rienda suelta a ese pensamiento y empiezan a pasar cositas malas, tú empiezas a decir: "No, es que Dios, ¿dónde está Dios? Es que Dios, es que Dios." Y al final terminas diciéndole adiós.

Otra vez, la Biblia es brutalmente honesta. Hay esta promesa maravillosa que nos hace la Palabra de Dios en 2 Timoteo, capítulo 3, versículo 12. No lo busques. Una promesa maravillosa de Dios para tu vida. Escúchala hoy: "En verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos." Amén. Todo el que quiere vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido.

Si nos engañamos pensando que estar con Cristo todo nos va a salir bien de este lado de la gloria, tan pronto lleguen las tormentas que van a llegar, tan pronto lleguen los problemas que van a llegar, tan pronto llegue la enfermedad, vamos a poner en duda la bondad de Dios. Y con el tiempo no vamos a poder sentir la presencia de Dios, y con el tiempo vamos a sentir una total sequía.

Pero si entendemos que las aflicciones del tiempo presente no son dignas de ser comparadas con la gloria que en nosotros ha de manifestarse, ¿tú sabes lo que brota dentro? Gratitud. Gratitud. Que esta aflicción no se compara con lo que viene, que esta aflicción está formando algo en mí mejor, que este desierto es necesario para yo poder parecerme más a Cristo.

¿Sabes cuál es la expectativa correcta de la vida cristiana? Dios nunca nos prometió una vida sin dolor. Dios sí nos prometió que nos acompañaría hasta lo más profundo del sufrimiento, que nunca nos dejaría solos en medio del dolor. Y Dios lo demostró cuando Dios subió a un madero. Y por esa realidad, me pueden decir: "¿Dónde está tu Dios?" Yo digo: "En la cruz estuvo allí, y sigue hoy conmigo al lado mío, y delante de mí hasta que lo vea cara a cara." Y cuando mi alma me diga: "¿Y dónde está tu Dios?", yo digo: "En la cruz estuvo allí, y sigue ahí al lado mío, y sigue delante de mí hasta que lo vea cara a cara."

Y una tercera causa de sequía espiritual es la debilidad física. Eso está tan claro en el Salmo, y tan claro en la Palabra, y tan claro en la vida, y muchas veces lo olvidamos.

Leo el versículo 3, por favor. Dice el versículo 3 del Salmo 42: "Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche." Oye, mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche. O sea que lo que el Salmista está comiendo es su miseria. El Salmista se está alimentando de su dolor, el Salmista de lo que se nutre es de su sequía. Y él dice "de día y de noche", o sea que este Salmista ni siquiera está pudiendo dormir bien. En el día y en la noche el Salmista solo está alimentándose de su dolor. En buen dominicano, el hombre tiene una bachata interna desde la mañana hasta la mañana.

Y amados hermanos, esos son síntomas de una depresión severa, ¿ok? Este versículo es tan pequeñito, pero es el síntoma de una depresión severa: una persona que está todo el día alimentándose de su angustia. Y ya sea endógena o sea exógena, ya sea algo interno pasando o sea algo foráneo, ya sea por motivos físicos en el cerebro y en el cuerpo o no, sea cual sea el caso, su cuerpo está sufriendo, ¿ok? Su cuerpo está sufriendo.

Nosotros somos seres físicos y todo lo que pasa fuera afecta adentro. Un hombre que no tiene comunidad, que no siente a Dios, y que todo el tiempo está escuchando a gente diciéndole "¿dónde está tu Dios?", y que lo único que come es lágrimas, ¿cómo va a sentirse bien? La debilidad física, oye, te lo digo hermano, la debilidad física nos hace propensos a la debilidad espiritual.

"Jairo, tú sí eres simplista, ¿cómo que lo físico afecta lo espiritual?" Mi hermano, es todo lo contrario. ¿O tú no crees que Satanás no fue Satanás? ¿Cuándo lo tentó a Jesús? Cuarenta días de ayuno, tuvo hambre, lo tienta. ¿O tú crees que Dios no es Dios? Que cuando Elías está deprimido, siendo perseguido por Jezabel, lo lleva al desierto, lo alimenta, le da descanso, vuelve, lo alimenta, vuelve, le da descanso, y entonces: "Vamos a tratar contigo."

¿Estamos durmiendo bien? ¿Estamos demasiado cansados? ¿Estamos haciendo demasiado? ¿Estamos comiendo bien? ¿Estamos haciendo algún tipo de ejercicio? ¿Estamos cuidando nuestro cuerpo? Debemos huir de los extremos de pensar que lo físico no importa, a la misma velocidad que huimos de los extremos de pensar que lo único que importa es lo físico, que tomándote un par de pastillas y ropa bonita te va a resolver el problema.

Si te sientes frío espiritualmente, en lo que vas trabajando tu corazón, procura comer bien y dormir mejor. No te alimentes de tu dolor de día y de noche; aliméntate de buen alimento en la medida que te alimentas de la Palabra de día y de noche. Porque podemos entrar en la sequía espiritual por pecado, por falta de comunidad, por expectativas incorrectas o por debilidad física.

Ahora, ¿cuáles son las curas de la sequía espiritual? ¿Qué curas ofrece este salmo para salir de esa sequía espiritual? ¿Cómo yo puedo encontrar agua si las corrientes se sienten secas? Pues el salmista nos muestra cuatro cosas que debemos hacer, por lo menos cuatro cosas que debemos hacer, como curas de la sequedad espiritual. Nosotros debemos derramar nuestra alma, debemos analizar nuestra condición, debemos recordar la bondad del Señor y debemos predicarnos a nosotros mismos.

Y el salmista hace exactamente eso. En primer lugar, el salmista derrama su alma, y eso es de hecho el salmo completo. El salmista se sienta a meditar en lo que está ocurriendo y derrama su alma delante de Dios y delante de otros. El salmista no lo ignora, no se hace el loco, no dice "no te preocupes, que eso va a pasar", él no pretende que nada está pasando. No, no, mira el versículo 4, el salmista hasta lo dice: "Yo me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí".

El salmista no siente a Dios ni en la adoración, ni en la oración, ni en su devocional, ni en nada. No tiene ganas de hacer nada de las cosas espirituales. Y cuando las hace no siente nada, pero él las sigue haciendo. Él sigue hablando con Dios, él sigue buscando a Dios, él sigue adorando a Dios, él sigue buscando las corrientes de las aguas porque él sigue teniendo sed de Dios. Y él se lo dice a Dios, él no lo oculta, él lo confiesa en adoración y le dice: "Dios, tengo sed".

Así que si te sientes espiritualmente seco o sientes que vas en este camino hacia la sequía, díselo a Dios, díselo a Dios, no lo ignores. Ya lo sabe, dile: "Dios, Dios, yo quiero sentir tu presencia. Dios, yo quiero sentirte cerca. Dios, yo no te oigo, pero yo quiero oírte. Dios, yo no te veo, pero yo quiero verte. Dios, yo no te siento, pero yo quiero sentirte. No me dejes solo". Y si tú no encuentras a Dios donde él siempre estaba, no dejes de buscarlo porque él no se ha ido. A nadie que venga delante de él, él lo va a rechazar. No dejes de buscarlo, derrama tu alma delante de Dios, él sigue allí.

En segundo lugar, el salmista analiza su condición, y eso es algo demasiado necesario en nuestro tiempo. Por lo menos en dos versículos él lo hace aquí en el Salmo 42. Mira el versículo 5 y lo valora: "¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de su presencia". Y luego el 11: "¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez, él es la salvación de mi ser y mi Dios".

El salmista reconoce cómo él está, él está tratando de entender qué le está pasando. Él se hace las preguntas correctas, él se está analizando. Pregunta: ¿Por qué? ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Por qué estoy así? ¿Qué es lo que no estoy entendiendo bien? ¿Qué está pasando dentro de mi corazón? ¿Qué me tiene en este lugar tan seco y árido?

La sequía espiritual es el momento ideal para hacerle preguntas a nuestro corazón: ¿Qué me está pasando? ¿Qué está pasando en mi vida? ¿Dónde está mi cabeza? ¿Dónde está mi corazón? De hecho, la sequía espiritual es el momento diseñado por Dios para que nos preguntemos: ¿Dónde está nuestra esperanza? ¿Dónde está nuestra esperanza?

¿Tú lo puedes ver en el salmo? Míralo: "¿Por qué estás deprimida, alma mía? Espera en Dios, espera en Dios". Es como que el salmista se está diciendo: ¿Dónde es que yo estaba esperando? ¿Qué es lo que yo pensaba que iba a pasar? ¿Dónde estaba mi esperanza? ¿Volver al templo? ¿Volver a estar con mi pueblo? ¿Sentirme saciado? ¿Bienestar económico? ¿Tranquilidad? ¿Paz?

El salmista analiza su condición, observa dónde están sus esperanzas, y él lleva a su alma a esperar verdaderamente, completamente, solamente en Dios y en nada más. Él dice: "Yo no voy a esperar en otra cosa". Él se dice a sí mismo: "Yo no voy a esperar en otra cosa, yo voy a esperar en Dios". Y no sé si te diste cuenta, pero pareciera como que lo logra al final del salmo.

El versículo 5 ahí en el centro dice: "Espera en Dios. ¿Por qué te abates? ¿Por qué te desesperas? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de su presencia". Pero luego en el versículo 11, observa el mismo intro: "¿Por qué te abates? ¿Por qué te deprimes? Espera en Dios, lo he de alabar otra vez, él es la salvación de mi ser y mi Dios". ¿Viste el crecimiento ahí? Versículo 5: "La salvación de su presencia", yo sé que él salva. Versículo 11: No es que Dios salve, ¡que Dios me salva a mí! Él es mi salvación, él es mi Dios. No de mi iglesia, no de mi familia, no de mi comunidad, no de mi pueblo. Es mi salvación, él es mi Dios, y en él esperaré.

Amado hermano, analiza tu condición, revisa dónde estás poniendo tu esperanza y vuelve a poner esa esperanza en Dios, solamente en Dios, el único socorro verdadero de nuestra alma.

Y eso nos lleva a una tercera cura de la sequía espiritual. Mira el versículo 6 y luego el 8. "Dios mío, mi alma está en mí deprimida". Él no está negando nada, todo eso está pasando dentro de mí. Pero mira lo que dice luego: "Por eso me acuerdo de ti, por eso me acuerdo de ti". "De día", dice el 8, "mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo. Elevaré una oración al Dios de mi vida".

Esto es una joya en el centro del salmo. El salmista dice: "Dios, yo estoy seco, yo no te siento, como con nuestros momentos de intimidad que quedaron en el pasado, pero yo te recuerdo, yo recuerdo tus misericordias y yo oro a ti".

Esta palabra del versículo 8, de que yo recuerdo tu misericordia —que el pastor Luis nos dirigía en oración y nos hablaba de ella— es una de las palabras más hermosas de la Biblia que lamentablemente no hemos podido capturar en español. Es una palabra muy única que seguro has escuchado: la palabra "jésed". En inglés le dicen "loving kindness", es el amor longánimo y magnánimo de Dios que se prolonga, persevera, permea toda nuestra vida. Es el jésed de Dios.

El salmista dice: "Yo recuerdo tu jésed, yo recuerdo tu misericordia, yo recuerdo tu amor longánime". Es como que el salmista se está diciendo: "Señor, yo me acuerdo de ti, de quién tú eres. Tú eres el Dios bueno que ha sido fiel a lo largo de mi vida. Tú eres el Dios que nunca me ha fallado. Tú eres el Dios de mi perdón. Tú eres el Dios de mi salvación. Y en medio de mi sequía yo me voy a recordar eso, yo me voy a recordar eso, yo voy a recordar quién tú eres, yo no voy a olvidar quién tú eres".

Y ojo, él lo hace en canción, cierto. Este salmo, recuerden, es toda una canción, es una canción para cantarse. El salmista se canta a sí mismo el cántico de Dios. Y eso es totalmente práctico, pero creo que no es pragmático. El momento de sequía espiritual no es momento para escuchar "Poblero" que es el "buqué", que es el "paquitalá" del barrio, que es el "citelo suifto", que es "iri perri". El momento de sequía espiritual es para buscar las mejores canciones de alabanza que puedan existir y darle "repeat", para recordarte la bondad de Dios, para recordarte la misericordia de Dios, para llevar a tu alma a recordar la bondad de Dios y salirte de este mundo seco y árido. El salmista se recuerda, no es su dolor. Al final él está cambiando, él no está recordando sus faltas, él no está pensando en sus memorias pasadas, él está recordando la misericordia de Dios.

Y una última cura, la más importante, que lo hace a lo largo del salmo, es que el salmista se predica la verdad a sí mismo. Amado, el cristiano tiene que aprender a dejar de escucharse y empezar a hablarse más. Él lo hace en todo el salmo y lo hace de manera peculiar en el versículo 5 y 11, que son las bisagras del texto. Él dice: "¿Por qué te deprimes? Espera en Dios. ¿Por qué te turbas? Espera en Dios".

En algún momento de nuestro dolor y sequía tenemos que ponernos los cinturones y decirnos a nosotros mismos: Dios es mejor. Yo no voy a seguir en esto, Dios es mejor. Yo tengo mis dudas, Dios es mejor. Tengo enemigos, Dios es mejor. El pasado era tan bueno, Dios es mejor. Alma mía, recuerda: Dios, no importa lo que tengas detrás, al lado o adelante, recuérdate: Dios es mejor.

En medio del dolor, de la sequía, de la tristeza —y amado hermano, el 2020 es un año de dolor, aquí hay tristeza, cuánto dolor, cuánto sufrimiento— Dios es mejor, más grande, más bondadoso. Yo tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son dignas de ser comparadas con la gloria que en nosotros ha de manifestarse. Porque aquel que no escatimó a su Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará junto con él todas las cosas? Y tenemos la certeza de que a aquellos que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien. Dios es mejor.

En medio de los momentos de sequía, cuando salgas de aquí y empieces a sentir que Dios quizás no está tan cerca, recuérdate que Dios es mejor para su pueblo, para aquellos que le aman. Dios es mejor.

Así que derrama tu alma delante de Dios, analiza tu condición, recuérdate la bondad de Dios y predícate verdad a ti mismo. ¿Y qué es lo que te vas a predicar? Mi oración es que cuando tú salgas de aquí tú te prediques el evangelio, el carácter de Dios revelado en el evangelio. En el momento de tu sequía, predícale a tu alma el evangelio. Háblate a ti mismo de las bondades de Dios. Cuéntate de la misericordia que él tuvo contigo. Cuéntate de la increíble gracia de aquel que, siendo Dios perfecto y tú pecador horrendo, sufrió el castigo que tú merecías. Las olas del abismo fueron sobre él, todo el pecado del mundo cayó sobre él, aquel que murió de sed y le dieron hiel y vinagre, aquel que escuchó a todo el mundo decirle: "¿Dónde está tu Dios?"

Aquel que fue separado eternamente de la presencia de Dios, pero por su sacrificio nunca Dios está lejos de ti. Por lo que Cristo hizo, Dios nunca está lejos de nosotros, siempre por nosotros, siempre para nosotros. Él pasó por el momento más oscuro para que tú puedas caminar en su luz. Predícate eso todos los días. En el desierto y cuando todo te está saliendo bien, predícate el evangelio de Cristo Jesús para la gloria de Dios Padre en el poder del Espíritu.

¿Por qué te deprimes, oh alma mía? ¿Por qué te turbas dentro de mí? Espera en Jesucristo, pues lo has de alabar otra vez. Él y solo Él es la salvación de mi ser y mi Dios.

Jesús, Tú eres la salvación de nuestro ser y nuestro Dios. En Ti confiamos y de Ti dependemos. Oh Señor y Dios, por favor no nos apartes de Ti y no nos permitas alejarnos de Ti, mi Dios. En medio de este tiempo tan turbio, tan complejo, tan violento, tan horrendo, estamos en tus manos y no queremos salir de ahí. Estamos en total necesidad y dependencia de que Tú sigas con nosotros.

Hoy tenemos sed de Ti y te queremos a Ti nada más, nadie más nos va a satisfacer. Te necesitamos a Ti, Jesús. Por favor, sé con nosotros. Acompáñanos, muévenos, despiértanos, avívanos. Guárdanos para tu gloria y nuestro bien, porque no queremos a nada más en la tierra que no seas Tú. Nuestra alma tiene sed de Ti. Sácianos, Señor, para tu gloria. Amén y amén.

Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.