Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Y si Cristo no hubiese venido?

Miguel Núñez 22 diciembre, 2013

¿Dónde estaríamos si Cristo no hubiera venido? La pregunta invita a considerar no solo el rumbo de las naciones, sino el de cada vida individual: ¿tendríamos los mismos hijos, los mismos amigos, la misma paz interior? ¿Seguiríamos casados o habríamos deshecho varias veces el matrimonio? ¿Seríamos esclavos de algún vicio, o incluso habríamos perdido la vida? Reflexionar sobre esto despierta un sentido profundo de gratitud por lo que Cristo ha representado para quienes le conocen.

El profeta Isaías, escribiendo unos 700 años antes del nacimiento de Jesús, describió un pueblo sumido en tinieblas, tribulación y angustia. La tierra de Zabulón y Neftalí —luego llamada Galilea— fue la primera en recibir el impacto devastador de la invasión asiria. Pero esa misma región desolada sería visitada de forma gloriosa: allí comenzaría Cristo su ministerio, allí predicaría por primera vez en la sinagoga de Nazaret, allí haría sus primeros milagros. El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz.

Isaías anuncia que un niño nacería, un hijo sería dado, y sobre sus hombros descansaría la soberanía. Sus nombres revelan quién es: Admirable Consejero, cuya sabiduría asombraba a los sabios del templo cuando tenía apenas doce años; Dios Poderoso, para quien nada es imposible; Padre Eterno, que cuida de los suyos como un padre; Príncipe de Paz, no solo ausencia de conflicto, sino plenitud de bienestar y armonía. Su reino, fundado en justicia, no tendrá fin. El celo del Señor de los ejércitos garantiza que así será.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Primos amados para mi vida en su balada! Yo decía que es bueno en esta época preguntarnos, o hablar, o reflexionar, mejor dicho, acerca de la venida de Cristo. Pensando en eso, yo titulé mi mensaje: "Si Cristo no hubiese venido". Es un título prestado de un libro de James Kennedy, que murió hace dos o tres años atrás. Y realmente el tema de su libro es más bien aplicado a las naciones; el texto del día de hoy se ha aplicado a personas y naciones, tiene una aplicación particular y una general.

Pero yo me he preguntado si usted se ha hecho la pregunta alguna vez: si Cristo no hubiese venido, ¿dónde estaría yo hoy? ¿En qué dirección iría mi vida? ¿Cuál propósito estaría yo persiguiendo? ¿Tendría los hijos que tengo? ¿Tendría los amigos que tengo? ¿Estaría yo casado todavía, o hubiese yo deshecho varias veces mi unión matrimonial? ¿Tendría yo la libertad y la paz que tengo hoy en día, o estaría yo en tribulación? ¿Tendría propósito? ¿Sería yo esclavo de algún vicio, de alguna sustancia, de algún pecado en particular en el día de hoy, si Cristo no hubiese venido y, por tanto, no hubiese venido a mi vida en particular? ¿Estaría yo con vida, o la hubiera perdido, o me la hubiera quitado? ¿Quién sabe? ¿Quién sabe dónde tú y yo estaríamos de no haber Cristo venido cuando vino a revelar el camino, la verdad y la vida?

Y podemos hacer una serie de preguntas como esas y descubrir cuán perdidos estaríamos, cuán desorientados estaríamos, y descubrir a la luz de la Palabra —si hiciésemos la pregunta— que hubiésemos estado camino a una eternidad de perdición, de oscuridad, sin esperanza de salir de allá. ¿Te das cuenta de la importancia de la pregunta? La pregunta es importante para aquellos que aún no le conocen, porque es una realidad en su vida; pero es importante también para aquellos que le conocemos, porque en la medida en que respondemos esas preguntas, de esa misma manera yo pudiera tener un mayor sentido de agradecimiento por lo que Él ha representado para mí.

De manera que esta época en la que tendemos a recordar su venida no pase como otra más, sino que haya un deseo creciente en mi vida de agradecer cada año cada cosa que Él ha hecho por todos estos años, y la que no hubiese tenido de no haber Él venido a mi vida.

Padre, gracias porque Tu Hijo sí vino, y no solamente vino al mundo, sino que vino a mi vida y cambió mi mundo. Yo quiero pedirte, Dios, que Tú nos permitas entrar en este texto; dame la claridad de ideas y expresión, y da la claridad de entendimiento a aquellos que escuchan, para poder apreciar mejor lo que Tú dices de Tu Hijo en este momento, de una manera futurista, pero que hoy nosotros podemos mirar hacia atrás y ver muchas de esas cosas cumplidas. Gracias por la revelación de Tu Palabra dejada a nosotros. Ilumina la hora por medio de Tu Espíritu. En Cristo Jesús te lo pedimos. Amén, amén.

El texto que yo elegí esta mañana es un texto de un profeta muy conocido, y es un pasaje muy conocido, y viene de Isaías 9. Si usted quiere localizarlo: Isaías 9. Voy a estar leyendo una porción de este texto. Isaías ha sido conocido por muchos como el profeta mesiánico, aquel que dejó claras profecías antes de que Él viniera, de que un día Dios completaría su anuncio. Se piensa con bastante certidumbre que quizás Isaías escribió unos 700 a 750 años antes de Cristo.

Pero antes de leer el texto yo quisiera ayudarles a entender algo. Yo no sé cuántos de nosotros nos percatamos de algo que la mayoría de los estudiosos, quizás todos, están convencidos: cuando los profetas recibieron revelación de Dios y hablaron de eventos futuros, ellos realmente no tenían tan claro muchos de esos eventos. Ellos los pronunciaban con certidumbre, sabiendo que Jehová inspiraba, pero muchas veces estaban viendo una serie de acontecimientos uno detrás del otro sin entender bien la cronología o la secuencia de los mismos.

Es como si nosotros, con el poco conocimiento de astronomía que tenemos, tomáramos un telescopio y nos pusiéramos a ver hacia el firmamento, y que de repente nosotros viéramos la luna, el sol y estrellas, y quizás nos quedáramos con la impresión de que un astro estaba más lejos que el otro, y otro detrás del otro, y así sucesivamente. Pero no tendríamos la menor idea de cuán lejano estaría este astro de este otro astro que estamos viendo a través del telescopio. De esa misma manera, cuando los profetas vieron hacia el futuro, a través del "futuroscopio", ellos vieron una serie de eventos, pero no tenían claro si cada uno de esos eventos ocurrirían los próximos seis meses, dos meses, o si habría eventos que ocurrirían en un mes y otros cien años después, y otros siglos después.

De manera que cuando ellos narran sus eventos, muchas veces pasan de un evento que ha de ocurrir en apenas años, a otro evento que ha de ocurrir cientos de años después, y algunos incluso que todavía nosotros ni siquiera hemos visto; todo en un mismo párrafo, a veces separado por un solo punto o por una sola línea del uno al otro. Yo menciono eso porque cuando nosotros leemos a Isaías 9:1 al 7, hay eventos que están separados por pocos años, por siglos, y algunos que están por verse todavía, y están todos en un texto de apenas seis o siete versículos. Quizás eso nos ayuda a entender un poco lo que voy a estar compartiendo.

Si usted miraba su boletín, probablemente dice que el texto de esta mañana es Isaías 9:1 al 7; sin embargo, yo voy a comenzar leyendo desde Isaías 8:22, el último versículo del capítulo anterior. Y la razón es que realmente Isaías 9:1 debiera estar en Isaías 8 al final. De hecho, la Biblia hebrea así lo tiene: Isaías 9:1 para nosotros, en la Biblia hebrea llamada Tanaj, es el 8:23 de Isaías para ellos. Esos dos versículos realmente están en un mejor contexto, y los vamos a leer entonces juntos, uno detrás del otro. Eso es lo que me propongo hacer en este momento, comenzando en Isaías 8:22.

"Después mirarán hacia la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, lobreguez y angustia, y serán lanzados a la oscuridad. Pero no habrá más lobreguez para los que estaban en angustia. Como en tiempos pasados Él trató con desprecio la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero después la hará gloriosa por el camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los Gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos. Multiplicaste la nación, aumentaste su alegría; se alegran en Tu presencia como con la alegría de la cosecha, como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín. Porque Tú quebraste el yugo de su carga, el báculo de sus hombros y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián. Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla, y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego. ¿Cuál será la razón? Escúchenla: porque un Niño nos ha sido dado, un Hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros, y se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrá fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto."

Con todo lo que sabemos hoy, queda claro que el punto focal, la parte más importante de este texto que yo acabo de leer, es el Niño. Es el Niño que nos ha sido dado; es el Hijo que ha sido puesto en medio nuestro. Eso no estaba tan claro en aquel momento, pero es claro hoy en día. Sin embargo, Dios ha querido traer el anuncio de ese Hijo después de anunciar una serie de circunstancias que suenan a lobreguez y a tribulación, angustia y dolor, para que nosotros podamos entender mejor el trasfondo de esta nación hebrea que lo iba a recibir en un futuro.

Y para que se entienda: se suponía que el Mesías vendría en medio de qué circunstancias, qué se suponía que Él estaría llamado a hacer por ellos y por nosotros como extensión a las naciones. Antes de presentarnos al Niño, Isaías nos habla de algunos acontecimientos que ocurrieron apenas veinte o treinta años después de que él anunciara esto. De manera que hay cosas que pasaron muy pronto, otras que pasaron setecientos años más tarde, y otras que están por venir.

Escucha las primeras que ocurrieron, y luego te las explico. Isaías 8:22: "Después mirarán hacia la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, lobreguez y angustia, y serán lanzados a la oscuridad. Pero no habrá más lobreguez para los que estaban en angustia; como en tiempos pasados Él trató con desprecio a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, pero después la hará gloriosa por el camino del mar, al otro lado del Jordán, y a Galilea de los Gentiles."

Isaías está describiendo, antes de hacer la presentación del Mesías, la condición en la que quedó la tierra de la tribu de Neftalí y la tierra de la tribu de Zabulón, dos de las doce tribus de Israel que ocupaban la parte norte del territorio de Israel. Era la tierra que recibió el primer impacto de la invasión de los asirios en el año 722 antes de Cristo, la tierra que quedó desolada, destruida, quemada, la primera tierra que recibió a los invasores que se llevaron a una gran parte del pueblo judío. Diez de las doce tribus fueron llevadas cautivas a Asiria, y en su lugar esa población hebrea fue reemplazada por gentiles, asirios que se quedaron allí en la parte norte, y que eventualmente al juntarse con los judíos crearon la raza samaritana.

La destrucción de aquella zona fue total, fue despiadada, y ahora Isaías nos está describiendo —viendo él todavía a través del túnel del tiempo, viendo el futuro— la condición en que esta tierra iba a quedar cuando los invasores llegaran, como una forma de Dios hacer justicia sobre un pueblo que no le había dado caso, que había sido infiel por tanto tiempo. Y por eso Isaías habla de oscuridad, de angustia, de cómo Dios trató con desprecio a la tierra de Zabulón y de Neftalí.

Pero luego se nos dice que Dios haría gloriosa a Galilea de los gentiles. Y uno pudiera preguntarse por qué Galilea de los gentiles y no la tierra de Zabulón y de Neftalí, que es la que se le está profetizando ahora. Lo que ocurrió fue que con el tiempo la provincia de Galilea estaba compuesta mayormente por esas dos tierras, la tierra de Neftalí y la tierra de Zabulón, de tal manera que ahora Dios nos está revelando por medio del profeta Isaías que esas tierras asoladas cambiarían de nombre y en su momento esa nueva tierra llamada Galilea sería visitada de forma gloriosa por Dios.

Nota cómo le llama Galilea de los gentiles, porque en ese momento, 700 años después, ya los asirios iban a estar allí, habiéndose mezclado y creando los samaritanos, y realmente había una gran población de gentiles en aquel lugar. Es interesante que la primera zona que recibe el impacto de la invasión, ahora llamada Galilea, es la misma zona donde Cristo comienza su ministerio. En Nazaret, que estaba en la tierra de Zabulón, es donde Cristo por primera vez predica en una sinagoga. La gloria de Dios le está visitando ahora, tal como Isaías había profetizado; Dios en su plenitud está en medio de ellos, en la Galilea de los gentiles.

En Galilea fue donde Cristo hizo sus primeros milagros, y Capernaúm, donde Él estableció su centro de operaciones, estaba justamente en la frontera entre Zabulón y Neftalí. Allí estaba Cristo estableciendo su centro de operaciones, de manera que ciertamente aquella tierra que fue dejada con angustia y tribulación, con tinieblas y oscuridad, es la tierra que ahora ha sido llamada gloriosa Galilea de los gentiles, porque la gloria de Dios estaba en medio de ellos.

De manera que la primera visitación de Jesús comienza a cumplir parte de esa profecía. Escucha lo que el versículo 2 nos dice: "El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos." En el sentido bíblico, frecuentemente el pecado es simbolizado por oscuridad, por tinieblas. El pueblo que anduvo en tinieblas, en oscuridad, en pecado, que fue invadido, ahora ha visto una gran luz, pero en sus inicios la angustia externa expresada en sus rostros no era más que la evidencia interna de la condición de su corazón.

Ciertamente nuestras condiciones externas frecuentemente no son más que un reflejo de nuestras condiciones internas, y de ahí que los índices de criminalidad, de robo, de asaltos y demás son simplemente una expresión de aquello que habita en el corazón del hombre. Y ahora tú comienzas a ver: si Cristo no hubiese venido, ¿cuál pudiera ser el estado interno de cada individuo que hoy le conoce, y el estado externo del mundo que él habita? Sigue pensando por un momento cómo la Palabra de Dios se refiere al pecado como tinieblas. El mundo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz cuando Cristo viene; Él se llamó a sí mismo la luz del mundo.

Desde entonces la luz del mundo ha ido replegando las tinieblas, aunque a nosotros no nos parezca de esa manera cuando leemos los periódicos. La realidad es que la Palabra de Dios da testimonio de que desde que la luz del mundo entró a este lugar, a este planeta, Él ha ido replegando el reino de las tinieblas. La pregunta sería: ¿por qué la Palabra de Dios hace tanta referencia a las tinieblas cuando se refiere al pecado? Porque es el pueblo que andaba en tinieblas el que ha visto una gran luz.

En primer lugar, el pecado representa todo lo opuesto a lo que Dios es, y Dios es luz y habita en luz inaccesible. Por qué es luz inaccesible no lo sé, porque es inaccesible; pero el pecado representa todo lo que es opuesto a lo que Dios es, y por tanto no hay mejor símbolo en nuestro lenguaje que las tinieblas para representar dicho pecado. En segundo lugar, si piensas en Dios como la fuente de luz, en la medida en que te alejas de esa fuente de luz tú comienzas a estar en penumbras, eventualmente en tinieblas o en una densa oscuridad, y eso es exactamente lo que ocurre en el mundo interior y el mundo exterior del hombre que ha comenzado a alejarse de Dios. En tercer lugar, cuando hay ausencia de luz se hace difícil o imposible caminar.

No sé si alguna vez usted ha estado en un lugar donde no entra ninguna luz exterior; en medio de la noche usted apaga la luz y comienza la oscuridad. Cuando tratamos de caminar en medio de esa oscuridad frecuentemente tropezamos, a veces nos caemos, y algunos se han herido; otros han muerto. Incluso yo conozco un par de personas que se accidentaron de esa manera y murieron porque su cuello fue roto en la caída. Y de esa misma manera, el mundo del hombre cuando trata de caminar lejos de Dios es un mundo oscuro, de tropiezos, de caídas, en algunos casos fatales; caídas no simplemente físicas, sino también emocionales y espirituales.

El pecado representado por la oscuridad creo que es una buena metáfora, porque cuando tienes ausencia de luz o poca luz, incluso la realidad que tú percibes muchas veces es completamente distinta a lo que verdaderamente es. Y de esa misma manera, el hombre que no ha tenido un encuentro con la gran luz que ha visitado el planeta —Cristo— muchas veces percibe su realidad, su mundo, sus circunstancias, de una forma tan distorsionada respecto a como realmente son, y la única razón es que le falta luz. Y cuando tú has recibido la luz y ves al otro, ves el mundo y las circunstancias como tú las ves, no entiendes cómo él puede verlas de otra manera, y lo juzgas de todas las maneras posibles; pero solo hay que entender que en medio de la oscuridad él no lo puede ver de otra manera.

Eso es parte de lo que habría ocurrido si Cristo no hubiese venido: tuviéramos una idea del mundo en general y de nuestra realidad en particular completamente distorsionada respecto a lo que realmente es. Pero Cristo vino, y por dos mil años ha estado reemplazando las tinieblas. Y aunque no nos parezca así, cuando la luz vino, años después el infanticidio común del Imperio Romano —donde los padres simplemente tomaban a un hijo recién nacido y lo abandonaban en la calle— fue prohibido. La poligamia en muchos lugares fue prohibida. El analfabetismo global de las regiones que fueron impactadas por la fe cristiana desapareció, y la iglesia fundó las primeras universidades.

Cuando tú lees leyes que dicen "no matarás", "no robarás", la única razón por la que tenemos leyes que se aproximan al código moral de Dios es porque un día ese Dios descendió en el monte Sinaí y luego Él mismo decidió visitarnos en la persona de Jesús y encarnarse. De lo contrario, nosotros tendríamos leyes completamente distintas, como lo vimos en la Alemania de Hitler. La razón por la que en China todavía en el día de hoy el infanticidio y el abandono de niños en las calles es permitido, es porque esas regiones no han recibido la visitación de Cristo. La razón por la que el aborto ha comenzado a ganar terreno en las regiones que sí fueron visitadas por la gran luz es porque, después de esa visitación, esas mismas regiones han querido sacar la luz de su lugar, y la oscuridad ha comenzado a imperar de nuevo; y en medio de esa oscuridad el aborto ha comenzado a reinar, y con él múltiples consecuencias similares. Eso es lo que el mundo está siendo y está haciendo cuando no reconoce que Cristo ha venido.

Pero Dios prometió a la nación de Israel que la tierra de Neftalí y la tierra de Zabulón, posteriormente llamada Galilea de los gentiles, recibiría una visitación gloriosa, y la recibió en la primera venida de Cristo. Y de esa área y de ese momento dice la Escritura que la tierra que habitaba en sombra de muerte recibió la luz. Yo creo que es una buena frase, medio poética si tú quieres, para expresar nuestra realidad interior. Escúchala otra vez: "El pueblo que habitaba en tierra de sombra de muerte." ¿Qué es eso? Bueno, vemos a la humanidad caminando y visiblemente está viva, pero internamente está muerta, está espiritualmente muerta. De manera que cuando esa persona que visiblemente está viva camina con una muerte espiritual interna, ella es más representativa de una sombra ambulante de muerte que de la vida. El pueblo que estaba de esa manera ha visto una gran luz.

Y el profeta que está viendo a través del telescopio del futuro, como yo decía, está describiendo estas cosas, pero no tiene idea de cuándo ellas van a ocurrir. Él acaba de mencionar —yo acabo de mencionar— algunas que ya ocurrieron, como la invasión de aquella región. Y Dios comienza entonces a hablarle todavía al profeta sobre esa región y le dice: "Multiplicaste la nación, aumentaste su alegría; se alegran en tu presencia con la alegría de la cosecha, como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín." La nación que recibió la invasión en su momento quedó simplemente con un remanente; ese remanente sería aumentado, sería multiplicado, y en un momento dado, cuando Israel reciba otra visitación de parte de Dios, su gozo se acrecentaría nuevamente, y ellos podrán gozarse como cuando llega el fin de la cosecha.

Para aquellos que no creen que Dios visitará a Israel una segunda vez, ven esto más como un cumplimiento general a las naciones, y algunos hablan de la iglesia; pero yo creo que el contexto favorece, de una forma para muchos —y para mí también— clara, que está hablando de esta nación hebrea, a la que Él aún piensa visitar una vez más, y de la que Él dijo a Abraham que en él serían benditas todas las naciones. Pero de manera particular dice: "Multiplicaré en gran manera tu descendencia, como las estrellas del cielo y como la arena a la orilla del mar." Está hablando de una paz que todavía es futura para la nación de Israel, una paz que el Mesías vendría a traer, que finalmente la libraría del yugo de la esclavitud al cual el pueblo hebreo ha estado sometido por tantos años: en la época de los jueces, 350 años de esclavitud intermitente.

En la época del Imperio Asirio, la invasión del Reino del Norte, luego la invasión del Reino del Sur por parte de Babilonia, luego el Imperio de Grecia, luego el Imperio Romano en los tiempos de Cristo, todo ese tiempo bajo esclavitud, finalmente expulsado, esparcido a los cuatro vientos. Allí fueron perseguidos, fueron buscados, y el Holocausto de Hitler es una evidencia de cómo ese pueblo no ha tenido paz, no ha tenido tranquilidad, no ha tenido sosiego.

Pero Dios dice en su Palabra que Él los traería, y le diría al norte que los entregue, y los traería de todas las partes y los reuniría. Y entendemos que lo estaba haciendo, y de esa tierra entonces está Dios profetizando que aumentaría el número de ellos, aumentaría su voz. En un momento dado, escucha el porqué: el versículo 4, "porque tú quebrarás el yugo de su carga" —¿cuál yugo? El que yo te acabo de describir a través de los años—, "el báculo de sus hombros y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián."

La batalla de Madián fue aquella gran batalla en que Gedeón tenía 30.000 hombres, y Dios le dice: "Esos son demasiados soldados para ir a la batalla." Y Él lo redujo a 3.000; todavía eran demasiados. Cuando lo redujo a 300, Él mismo escoge el número exacto, de tal manera que tú puedas estar en la minoría y ganar la batalla, para que cuando todo se haya dicho y hecho, se declare de quién fue la victoria.

Y como en la batalla de Madián, Dios dice que una vez más llegará el momento en que Él volverá a defender esta tierra, y entonces habrá victoria para ellos. "Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla, y el manto revolcado en sangre, será para quemar, combustible para el fuego." De lo que está hablando es esto: cuando esto ocurra, la paz traída por el Mesías será tal que todo guerrero podrá quitarse su bota y quemarla, porque ya no habrá más conflicto. El manto de guerra lo podrá tirar al fuego porque ya no habrá más conflicto. Sería la institución, la creación de un gobierno de paz permanente que no solamente le traería paz a la nación hebrea, sino que le traería paz permanente al resto de la humanidad al mismo tiempo.

Pero todo eso —la multiplicación de la nación de la cual acabo de hablar, de remanente a Israel, el gozo de la nación, el gozo de las naciones, el cese de la esclavitud sobre los hebreos y el cese de la hostilidad mundial— presupone la llegada de alguien que traería esas condiciones. Y esa es la razón por la que el profeta Isaías, con Dios hablando por medio de él, antes de anunciar la llegada del niño, describe la obra de cerca de todo el mundo. Y anuncia todas estas condiciones para que nosotros podamos entender mejor el rol, el papel, la importancia y la meta de este Mesías que habría de venir.

Y ahora entonces yo puedo ver por qué habrá una paz interminable, por qué cambiarán las condiciones, por qué la lobreguez y la angustia y la tribulación de que se habló al principio de esa porción desaparecerían. ¿Por qué? "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros, y se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz." En el momento en que su soberanía y de su paz no tendrá fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia, desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Así lo anunció el profeta.

En tiempo pasado: "Un niño nos ha nacido." ¿Cómo que nos ha nacido, si faltan 700 años todavía? Porque cuando Dios anuncia algo, Dios no comunica una posibilidad; Dios comunica una certidumbre. Y tan cierta es, que Dios nos anuncia muchas de sus profecías en tiempo pasado. Por eso dice de nosotros que ya estamos sentados en los lugares celestiales, pero a la vez usted está sentado aquí en este lugar en el día de hoy. Pero si usted está en Cristo, usted está a la vez aquí y en los lugares celestiales, y esa realidad es tan cierta como que usted está aquí esta mañana. El Señor lo afirma de esa forma.

El profeta lo anunció 700 años antes: "Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado." Y usted pudiera preguntar: ¿un niño y un hijo? ¿Pero acaso todo niño no es también un hijo? Sí, pero hay una diferencia. Es que cuando Jesús se encarna, es cierto que Él viene como un niño y nace en un pesebre, pero su condición de niño iba a desaparecer; sin embargo, después que desapareciera, Él iba a continuar siendo Hijo. Él sigue siendo el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, el Hijo de Dios Padre, que ha sido anunciado desde siempre.

De manera que ahora nosotros tenemos un anuncio de que Él vendría como un niño, nacido obviamente de padres humanos, porque todo niño viene de padres humanos. No sería angelical; es un ser humano con la capacidad de representarme, de cumplir la ley a mi favor, de ir a pagar por mi pecado y morir en mi lugar. De ahí la importancia de que sea un niño y no un ángel, que no me puede representar, que no puede ir a la cruz por mí.

Y es importante que yo reconozca y recuerde que el niño Jesús ya no es un niño. Tenemos que dejar de celebrarle el cumpleaños al niño Jesús como con un pastel todos los diciembres, como algunos hacen, porque Él no es un niño. Él es el Rey de reyes, el Señor de señores, el Juez del universo, el que venció la muerte, venció el pecado, abrió la tumba, ascendió a los cielos y se sentó a la diestra del Padre, desde donde gobierna toda vida, toda nación, todo ser humano y todo acontecimiento. Vaya "niño": es el Señor y Rey del universo.

Escucha qué más dice: su soberanía reposará sobre sus hombros. "Y se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. La soberanía estará sobre sus hombros." Yo no sé si todos nosotros entendemos bien lo que la Palabra quiere decirnos cuando habla de la soberanía de Dios. Déjame leerte cómo alguien lo escribió de manera sencilla pero completa: "La soberanía de Dios es la enseñanza bíblica de que todas las cosas están bajo el dominio y el control de Dios, y que nada ocurre sin su dirección o permiso. Dios trabaja no solo en algunas cosas, sino en todas las cosas, según el designio de su voluntad. Sus propósitos son todo-inclusivos y nunca son frustrados. Nada lo toma por sorpresa. La soberanía de Dios no es simplemente que Dios tiene el poder y el derecho de gobernar todas las cosas, sino que lo hace siempre y sin excepción. En otras palabras, Dios no es meramente soberano de derecho o en principio, sino soberano de facto, en la práctica."

La soberanía, el control absoluto, el poder, el derecho de gobernar el universo, estaría sobre sus hombros. Este no es un niño cualquiera. Esto ni siquiera es un niño especial; esto es un niño singular, único, que crecería hasta convertirse en todo esto, pero seguiría siendo el Hijo, el Hijo, el unigénito. Un niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado.

Ahora escucha cómo la Palabra de Dios describe a tu Redentor, a mi Redentor: Admirable Consejero. Si hay algo que un rey necesita, es un espíritu de consejo para saber cómo gobernar. Y resulta que de este Rey se nos dice que su consejo es tan extraordinario que sea admirable, fuera de serie. Cuando el hombre decidió no seguir el consejo de Dios y siguió el consejo de Satanás en el jardín del Edén, entonces se desvió y creó el mundo que nosotros cosechamos. Y nosotros seguimos haciendo lo mismo.

Pero en este Hijo que nos ha sido dado, Dios nos promete un espíritu de consejo extraordinario, porque es alguien que nunca ha cometido un error, es alguien que nunca ha engañado a nadie, es alguien que nunca ha hecho tropezar a nadie. Es el consejo de este Rey el que tú y yo y las naciones deben seguir, porque su consejo está fundado en una sabiduría infinita, una sabiduría inescrutables, con juicios insondables. Alguien que nunca ha recibido el consejo de nadie, alguien que aconseja pero no necesita que le aconsejen. Él no ha consultado con nadie; toda consulta sería vana. Él sobrepasa toda sabiduría humana.

Tan extraordinaria es la sabiduría de este Consejero Admirable, que cuando se encarna, a la edad de 12 años, decide irse al templo a conversar con los sabios del templo, y el texto de Lucas nos dice que todos los que le oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. ¿Escuchaste? Se maravillaban. Él no solamente es un Consejero maravilloso; Él es una maravilla en sí mismo. La traducción al inglés le llama "Wonderful Counselor."

Y el comentario quizás más conocido del libro de Isaías, de tres volúmenes, de Edward Young, dice que Él no solamente es un Consejero maravilloso, "Wonderful Counselor", sino que Él es una maravilla en sí. Es una maravilla su poder, es una maravilla su ser, su esencia, su santidad. Cuando se encarnó, fue una maravilla su humildad, su servicio, su mansedumbre, su sencillez. Antes, durante y después de su encarnación, su compasión, su misericordia para con el pecador han sido también admirables. Admirable su consejo.

¿Necesitas consejo? Ve donde Él. ¿Estás perdido? Ve donde Él. ¿Estás confundido? Vuelve a Él. ¿Perdiste el camino? Él tiene la sapiencia para decirte cómo debes salir y por dónde debes continuar. Él es admirable en su persona y es admirable en su consejo.

De hecho, en el libro de Jueces, capítulo 13, cuando el Ángel del Señor se le aparece a Manoa y Manoa decide hacer un sacrificio y adorarle, el Ángel del Señor representaba nada más y nada menos que una presencia preencarnada de la persona de Jesús. Manoa le dice: "¿Cuál es tu nombre?" Y le dice: "¿Por qué preguntas mi nombre, si es admirable?" Y si ahí ya viene más tarde que dice que se llamará Admirable Consejero, es la misma persona.

Y no solamente es Admirable Consejero, sino que es Dios Poderoso, el Gibbor. En hebreo sería literalmente "el Dios que es un guerrero, el Dios que es un héroe", pero los lingüistas han preferido traducirlo como "el Dios Poderoso."

Pero es el Dios guerrero, a favor de su pueblo. No podemos olvidar que cuando el pueblo cruzó el mar, al otro lado, Miriam estaba liderando junto con Aarón esta danza de alabanza a nuestro Dios. Y qué dice el cántico en Éxodo 15:3, que Jehová es varón de guerra, a favor de su pueblo.

Algo que Jeremías confirma cuando Isaías le llama Dios poderoso. Jeremías dice así, en 32:17: "¡Ah, Señor Dios! He aquí que tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; nada es imposible para ti." Absolutamente nada. Su sabiduría lo puede entender todo y su poder lo puede causar todo, de manera que nada le es imposible, nada le es ni siquiera difícil. Nosotros estamos muy dados a creer que Dios hace cosas pequeñas: se le quitó la fiebre, gracias a Dios, pero si es un cáncer... Bueno, ¿qué no es fácil un cáncer? Como si Dios tuviera cosas difíciles para realizar. No, Él es el Dios poderoso, el Gibor.

Y no solamente es un Consejero Admirable, no solamente es el Dios Poderoso; Él es el Padre Eterno. Y alguien pudiera decir: "Pero un momento, ¿no era el Hijo y ahora es el Padre? ¿Cómo es eso?" La Palabra de Dios no nos está diciendo que el Padre y el Hijo son la misma persona, como dicen algunas herejías que andan por ahí, el modalismo. No habla de eso. No, no, no, no. Hay una Trinidad claramente revelada en la Palabra. El modalismo habla de que Dios es una sola persona, y que en la cruz Él era el Hijo, y que asimismo era el Espíritu Santo, que Él era el mismo Padre pero que se manifestó como Espíritu Santo, y así sucesivamente. No, de eso no es que está hablando aquí.

Lo que nos está diciendo en esencia es: ustedes han sido engendrados ahora por mi Espíritu, y el trato que el Consejero Admirable les va a dar es el trato de un padre. De la misma manera que un padre aconseja, Él aconsejará; de la misma manera que un padre alimenta, Él alimentará. Le cuidará, le guiará, le perdonará, proveerá, protegerá, preverá, sanará, velará por ustedes, igual que un padre. En esencia, el Hijo y el Padre son uno en la esencia; por tanto, el cuidado del Padre es el cuidado del Hijo para con nosotros.

Padre Eterno: en el original pudiera traducirse también como "Padre de la eternidad." Él es el padre de todo, incluyendo la eternidad. Él está sobre la eternidad, Él trasciende la eternidad porque ha existido desde siempre. De ese niño es que hay que ir entendiendo quién es mi Redentor, cómo es caracterizado, qué tiene, cómo luce. Y finalmente, después de llamarle Padre Eterno, Dios Poderoso y Admirable Consejero, le llama Príncipe de Paz.

Ahora, cuando nosotros leemos la frase "Príncipe de Paz," nuestra reacción inmediata es: "Bueno, llegará el fin de las guerras," porque para nosotros "paz" es simplemente ausencia de conflictos. Pero en el hebreo la palabra es Shalom, y la palabra Shalom es mucho más completa, mucho más rica que la palabra "paz" en nuestro idioma. Cuando el pueblo judío habla de Shalom, o cuando Dios le habla de Shalom al pueblo hebreo, le está hablando de seguridad, de bienestar, de felicidad, de salud, prosperidad, ausencia de conflictos, el estar completo, el vivir en armonía y el vivir satisfecho.

Y de eso es que Él es Príncipe: el Príncipe de todas y cada una de esas condiciones, de mi felicidad, de mi prosperidad, de mi salud, de mi bienestar, de todo lo que nosotros pudiéramos anhelar. Él es el Príncipe de Shalom. Pastor, pero todavía no estamos viendo eso. No, porque aquí se está viendo la primera venida y la segunda venida en un mismo momento. El versículo 7 me deja ver la segunda venida. Por eso mi explicación inicial: yo tenía que entender que cuando los profetas veían hacia el futuro, veían una serie de eventos separados por el tiempo, pero no tenían idea de cuánto tiempo pasaría entre una cosa y la otra. Y entonces, cuando se habla del Mesías, se habla de Él en estos términos, pero yo tengo que entender, a la luz del resto de todo lo que la Palabra habla, que hay cosas que ese Mesías representa como el Príncipe de Shalom que todavía nos eluden en términos de su realización final.

Escucha cómo el versículo 7 me deja ver eso: "El aumento de su soberanía y de la paz no tendrá fin, sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre." Cuando llegue ese momento, habrá un aumento de esa soberanía, habrá un aumento de esa paz, y por tanto el reino que Él instaure será un reino eterno que no tendrá fin. Finalmente, el pueblo de Dios, el pueblo que había caminado en oscuridad, en tinieblas, en angustia, en tribulación, ese pueblo podrá reposar eternamente y para siempre bajo el gobierno mesiánico del Mesías, del Redentor, el prometido, el niño que nos había sido dado, el hijo que nos fue dado para siempre.

Y la garantía de que eso ocurrirá es la última frase: "el celo del Señor de los ejércitos." Hay un celo santo en el interior de nuestro Dios por su pueblo, que hace que Él mueva cielo y tierra para garantizar el cumplimiento de sus promesas, de tal forma que sea todo hombre mentiroso, pero Dios continúe siendo veraz al cumplir aquello que ha anunciado. Lo hace por amor a sí mismo, lo hace por amor a su propia gloria, pero lo hace también por amor a su pueblo. "Mío eres," leíamos al principio, "para mí te formé, para mí te llamé, con amor eterno te he amado," dijo Dios a través del profeta.

Eso es lo que celebramos en este tiempo: la entrada, la llegada de un Hijo que ha venido para reemplazar, de tu interior y de mi interior, las condiciones de angustia, tribulación y oscuridad características del hombre caído. Y para reemplazar finalmente las mismas condiciones de oscuridad, tribulación y angustia de las naciones, cuando finalmente su reino sea instaurado de una vez y para siempre.

En esta época es bueno recordar que aquello que celebramos es la causa de los cambios en la dirección de Dios que hoy yo puedo ver en mi vida. Que es la razón por la cual yo todavía tengo aliento, que es la razón por la cual yo todavía tengo propósito, y la razón por la cual todavía mi familia quizás está unida. Que es la razón por la cual yo todavía puedo vivir con demasia delante, con esperanza, en medio de las noticias que nos rodean todos los días. Esperanzado en que el Príncipe de Paz que cumplió su primera venida cumplirá su segunda venida también.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. ¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.