Integridad y Sabiduria
Sermones

Como sobrevivir al contender por la fe

Miguel Núñez 9 febrero, 2020

Contender por la fe cristiana es un llamado urgente, pero quienes lo asumen enfrentan un peligro real: sucumbir en medio de la batalla. La carta de Judas gira sobre el versículo 3, donde se nos exhorta a defender ardientemente la fe entregada de una vez para siempre. Esa fe no son opiniones secundarias, sino las verdades centrales —la encarnación, la crucifixión, la resurrección, el señorío de Cristo— que si se remueven, ya no queda cristianismo.

Judas escribe con urgencia porque falsos maestros se habían infiltrado en la iglesia, participando incluso de la cena del Señor mientras arrastraban a las ovejas hacia la inmoralidad y las divisiones. El pastor Núñez observa que Judas exhibe la misma tensión del profeta del Antiguo Testamento: severidad para llamar a estos impostores "animales irracionales" y ternura para dirigirse cuatro veces a los creyentes como "amados". Esa aparente contradicción refleja el corazón de Dios mismo, que combina juicio y misericordia.

Para sobrevivir mientras contendemos, Judas ofrece instrucciones concretas. El imperativo central es permanecer en el amor de Dios, lo cual significa obedecer sus mandamientos. De ahí cuelgan las demás prácticas: edificarnos mutuamente en la sana doctrina, orar en el Espíritu con rendición y no como un pulso con Dios, y esperar con expectativa la venida de Cristo. Finalmente, debemos tener misericordia de quienes dudan, arrebatar con urgencia a los que están a punto de quemarse, y acercarnos con cuidado a los ya contaminados por el pecado, aborreciendo ese pecado para no quedar atrapados en él nosotros mismos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Ley de Braga de hoy, pero cuando tú llegas al final, la manera como Judas cierra lo hace imposible cerrarla hoy. De manera que el intento se quedó a mitad, pero sí es un texto que va concluyendo lo que Judas tenía que decir. A manera de recordatorio quiero mencionar que, creo que en la primera exposición de esta carta, yo dije que el versículo clave, el versículo central sobre el cual toda la carta gira, es el versículo 3. Menciono eso por algo que quiero comentar en un momento.

Por esto es lo que dice el versículo 3: "Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos." Noten eso, porque cualquier cosa que se tenga que decir, que yo haya dicho, mencionado anteriormente, o que vaya a decir en el día de hoy, cuelga de este versículo. Este es un versículo central, esta es una viga sobre la cual descansa todo el peso de la carta.

Eso por lo cual Judas nos llama a contender, la fe entregada de una vez y para siempre, es el cúmulo de verdades que Dios nos ha dejado en su Palabra, todo el consejo de Dios. Yo diría que de manera especial aquellas verdades centrales que forman la columna vertebral, como mencioné, que si tú las remueves ya deja de ser la fe cristiana. Yo puedo tener una posición distinta en cuanto a los eventos del futuro con relación a otro pastor y la fe cristiana no sufrir necesariamente, pero si le remueves la crucifixión, la encarnación, la resurrección, la ascensión de Cristo, el señorío de Cristo o la divinidad de Cristo, ya no es la fe cristiana. De manera que nosotros tenemos que saber cómo vamos a contender y con qué o por qué cosa vamos a contender.

Judas quería escribir, dice el versículo 3, acerca de la común salvación que tenemos, con lo cual va a concluir ya en el versículo 24-25. Es como que al final él dice: "¿Sabes qué? De esto era que quería hablarles." Pero no vamos a llegar a ello hoy, aunque vamos a leerlo. Pero él decidió dedicar el tiempo, el esfuerzo y la tinta, si pudiéramos decir, para llamarlos a contender por la fe debido a una situación que él explica en el versículo 4, y es la presencia de falsos maestros que se habían introducido, infiltrado entre la iglesia, que estaban banqueteando con ellos, que estaban participando de la cena del Señor y que habían comenzado a sacudir, a debilitar la fe de muchos. Incluso habían comenzado a arrastrar a algunos hacia una vida de inmoralidad.

Al final de la epístola, que es ahora, Judas todavía tiene en mente a esos falsos maestros. Él comenzó con ellos en la mente, él termina con ellos en la mente. Y entonces Judas nos va a enseñar cómo contender por la fe y no sucumbir mientras lo hacemos. Llevamos acá varias cosas. De manera que ese es el título de mi mensaje: cómo sobrevivir al contender por la fe.

La razón por la que lo escogí de esa manera es porque muchos han comenzado a contender por la fe, defender la fe, y han caído a mitad de camino para nunca levantarse. Otros han caído, y aunque se levantaron, sus ministerios quedaron arruinados. Hoy existen por ahí, pero tú como que no vuelves a oír de ellos, y pasan como que se ignoran, pasan al anonimato pudiéramos decir, para el resto del tiempo. Y otros abrazaron el libertinaje que estos falsos maestros estaban promoviendo, y luego de abrazarlo, tuvieron la oportunidad de desabrazarlo, pero sabes qué, ya quizás están en Babilonia, en el exilio, sufriendo las consecuencias.

Judas, cuando tú lees esta carta en detalle, exhibe la misma actitud típica del profeta del Antiguo Testamento, del profeta que ardía por la Palabra de Dios y al mismo tiempo vivía preocupado y cargado por el derrotero de las ovejas de Dios. En este pasaje, Judas arde por la Palabra llamándonos a contender, pero no hay dudas de que Judas está preocupado. Él, cuando tú lo lees, suena cargado por la situación de estas ovejas, hasta el punto que él interrumpió el tema del cual él quería escribir para hablar de esto. Él está preocupado, esa es la palabra, él no se puede quitar estas ovejas de la mente y lo que puede estar ocurriéndoles ya.

Obviamente, aquellos que habían comenzado a flaquear les faltó discernimiento, les faltó discernimiento, conocimiento para diferenciar la verdad del error. Pero sabes algo, si les faltó discernimiento para hacer eso, debieron haber tenido suficiente discernimiento para ver la diferencia del estilo de vida del falso profeta y del verdadero profeta, del verdadero maestro y del falso maestro. En el Antiguo Testamento tú podías hacer eso, tú podías ver la forma como vivía un verdadero profeta de Dios, tú podías ver cómo vivía un falso profeta e inmediatamente concluir en qué bando estaba cada uno de ellos.

El profeta del Antiguo Testamento, porque estoy comparando a Judas con ese personaje, era un personaje que fue frecuentemente incomprendido porque él parecía tener dos personalidades. Aquellos que cursaron en el instituto la materia de Introducción al Antiguo Testamento recordarán que yo dediqué una clase entera a ver la personalidad del profeta del Antiguo Testamento. Y él parecía tener dos personalidades: una fuerte y severa, y una sensible y tierna al mismo tiempo. Muy como Dios, cuando tiene su juicio y cuando tiene su gracia y misericordia infinita. De esa misma forma tú puedes ver a Judas. ¡Cuán severo él es cuando él llama a estos maestros! Los compara con animales irracionales y les llama impíos, y que se van detrás de sus pasiones. Y luego tú ves este otro lado misericordioso donde Judas muestra otra parte de su corazón, hasta el punto que al final, como lo vamos a ver hoy, él nos llama a tener misericordia aun con aquellas ovejas que están ya inmersas en el pecado.

El profeta del Antiguo Testamento odiaba la injusticia, y Judas también. De ahí el llamado a contender fervientemente. Eso no está ahí por accidente, tú puedes casi sentir lo que Judas estaba sintiendo en su interior. Y ese enviado de Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, tenía una personalidad altamente sensible hacia el pecado, aun en medio de su propia pecaminosidad. Isaías se ve como un hombre de labios impuros, pero él tiene una sensibilidad extrema hacia el pecado que está alrededor. Y en esa paradoja, él nunca dejó de confrontar el pecado del pueblo, llamándolos continuamente a regresar al camino y a vivir un estándar de vida mucho más alto, como Judas está haciendo aquí.

Judas está cargado, yo mencioné, está cargado con algunas ovejas que han sido afectadas por la mala enseñanza. Han sido afectadas, recuerda, estos son maestros, son falsos pero son maestros. Han sido afectadas por la mala enseñanza de maestros que ellos mismos se han involucrado en prácticas inmorales de sexualidad con las ovejas del Señor. Eso no es algo pequeño.

Las palabras de Judas fueron chocantes, animales irracionales, y siguen siendo chocantes hoy a la hora de tolerar sus denuncias. El profeta del Antiguo Testamento no lo hizo diferente. Cuando tú abres el libro de Amós, capítulo 1, versículo 1, Amós comienza llamando a las mujeres pudientes de su época "vacas de Basán." Eso no es un lenguaje diplomático, es mucho menos para ustedes, damas. Y sin embargo, Amós tenía un corazón tierno para los menos poseídos, los más desprovistos, y un corazón severo para aquellos que abusaban de ellos. Esa aparente dicotomía del profeta del Antiguo Testamento tuvo algo de eso en las palabras de Judas.

Yo quiero, con esa introducción, leer del versículo 17 al 25, aunque el 24 y el 25 no los vamos a exponer. "Pero vosotros, amados, acordaos de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, quienes os decían: En los últimos tiempos habrá burladores que irán tras sus propias pasiones impías. Estos son los que causan divisiones, individuos mundanos que no tienen el Espíritu." Escuchen la severidad.

"Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu, conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna." Escuchen ahora la ternura de Judas: "Y tened misericordia de algunos que dudan. A otros salvad arrebatándolos del fuego. Y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne."

Y aquí su final: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén." Imagínate por ahí, ¡qué cierre! Pero vamos a concentrarnos en la parte que nos toca hoy.

Versículo 17. Este es el primer versículo, y Judas comienza hablando de "amados." Es una manera de él mostrar su lado blando, beloved, el lado tierno de su persona. Es una frase que él repite, una palabra que repite más de una vez. En el versículo 1 él dice que su carta iba dirigida a que ellos son amados en el Padre. En el versículo 3 él los llama a contender, los llama como amados, amados, y luego los llama a contender. En el versículo 20 él vuelve a dirigirse a ellos como amados para que se edifiquen mutuamente. En el versículo 17 es el que yo acabo de leer.

Cuatro veces en una carta corta, de un solo capítulo, Judas se refiere a aquellos que son sus seguidores como amados. Es un lenguaje muy diferente al que él usó cuando se estaba refiriendo a aquellos falsos maestros que le estaban haciendo daño a las ovejas del Señor. Versículo 19, él llama a estos falsos maestros y dice que ellos son seguidores de pasiones impías, severo. Versículo 20, amados, tierno.

Y yo creo que en estos breves versículos Judas tiene grandes lecciones, algunas llanas, algunas de cierta profundidad, para cada uno de nosotros. Lo primero que Judas hace, que nos enseña, que nos llama a recordar otra vez. Segunda de Pedro hace lo mismo, Judas hace lo mismo en un par de ocasiones.

Y esto es lo que él dice: recordar que las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, quienes os decían que en los últimos tiempos habrá burladores que irán tras sus propias pasiones impías. Pedro dice exactamente lo mismo en su segunda carta.

En esta parte de la epístola, Judas vuelve a hablarnos de la realidad o la necesidad de recordar lo aprendido. Judas sabe, Dios sabe que inspiró esta carta, de la inclinación natural del ser humano a olvidar lo que una vez él supo. Aquellas cosas que nosotros aprendimos en nuestros inicios y que fueron suficientemente poderosas para mantenernos en el camino y para frenar nuestras pasiones, con el tiempo van perdiendo vigencia, van perdiendo brillo, van perdiendo fuerza, y como que los frenos se van haciendo más débiles. Y Judas nos está llamando a acordarnos de aquellas cosas que una vez sirvieron para nosotros para marcar el camino donde yo debía permanecer, y sin embargo hoy son las cosas que yo olvidó.

Cuando Judas habla de que recordemos las cosas que escribieron los apóstoles, obviamente no se está incluyendo en ellos, en ese grupo, porque no fue uno de ellos. Pero él sabe que Pablo, que Pedro, que Juan, ellos escribieron y escribieron acerca del espíritu de la apostasía y escribieron acerca de estos burladores que vendrían en los últimos tiempos, en los últimos días, negando al Señor, negando su venida. Y por eso es que él está llamando a ese recordatorio.

O sea, es la razón para llamarlos a recordar. Ya es la que acabo de mencionar: la inclinación, la tendencia continua del ser humano a olvidar lo que ya se le ha dicho. Ustedes lo han vivido eso con sus propios hijos. Hay que arreglar la cama todos los días. Sí, mami. Y mañana no está arreglada. ¿Por qué no la arreglaste? Se me olvidó. Aunque es una inclinación humana, es inexcusable. Solo tenemos la tendencia, como hijos de Dios, a llamar aquellas cosas que son como tendencias en nosotros, pero a llamarlas de una manera como que excusa mi conducta. Yo tengo que reconocerla, tengo que incluso aceptarla en cierta medida, pero no como buena, sino como parte de mi caída, pero no es excusable.

Tú puedes ver a lo largo de toda la historia bíblica lo rápido que el pueblo de Dios es capaz de olvidar, no solamente los mandatos de Dios, sino los juicios que Dios ha traído sobre una población. Se olvida el juicio y vuelve exactamente a lo mismo. Cuando tú estás en el Antiguo Testamento, por 350 años tú tienes siete ciclos repetitivos de parte del pueblo de Dios haciendo la misma cosa. El pueblo peca, Dios le trae consecuencias. Entonces, pecado de parte del pueblo, consecuencia de parte de Dios, el pueblo clama a Dios, pide a Dios, se arrepiente, y ahora entonces perdón y liberación de parte de Dios. Ciclo número uno. Años después, otra vez el pueblo peca, Dios le trae consecuencias, el pueblo clama, Dios le trae liberación. Otra vez. ¡Cuántos años! Siete ciclos y medio haciendo la misma cosa. ¿Tú piensas que nosotros somos diferentes? No. Olvidamos los mandatos y, peor aún, olvidamos las consecuencias que la violación de los mandatos nos trajo.

Los gálatas recibieron el evangelio de parte de Pablo claramente, y Pablo dice: "Pero yo no entiendo, yo estoy atónito, yo estoy como fuera de mí, de mis cabales, porque no entiendo cómo en tan poco tiempo habéis abandonado el evangelio, habéis abandonado aquel que os llamó por la gracia, para comenzar otra vez por las obras de la ley". Oh gálatas insensatos, en buen dominicano literalmente podría traducirse, no, en buen español: estúpidos, en vez de insensatos.

Por eso Judas nos está llamando a recordar lo que los apóstoles habían enseñado, y en particular a recordar que los burladores vendrían. Los burladores de la fe, los burladores de la segunda venida del Señor, los burladores incluso del Señor Dios Jesucristo, los burladores acerca del juicio venidero.

Ahora vamos a detenernos un momento, como cuando usted está subiendo una escalera y hay como un descanso. Vamos a descansar aquí un momento. Déjenme hacerles una pregunta de aplicación. ¿Cuáles mandatos de Dios tú has olvidado últimamente, los has violado y te han traído consecuencias? Una pregunta derivada de esa: ¿Cuáles mandatos tú guardaste en el pasado, que te protegieron de consecuencias, que hoy violaste o estás violando, y que hoy no te sirven como te sirvieron en el día de ayer? Porque esos son los que tú has olvidado.

Pastor, pero sí, entonces yo estoy ahí, ¿qué hago? Yo tengo una recomendación que viene de la Biblia: Hebreos 4:16, acércate con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia y hallemos gracia para la ayuda oportuna. En otras palabras, tú te detienes, tú vas al trono de la gracia, tú reconoces tu pecado, eres brutalmente honesto con Dios, pides que te dé arrepentimiento, le pides perdón, recibes el perdón, y te vas y no peques más.

Una segunda pregunta de aplicación. ¿Qué otros falsos maestros pueden engañarnos además de los que Judas menciona? Falsos maestros que vienen y se introducen en la iglesia y comienzan a esparcir doctrina extraña. ¿Qué otras cosas pueden engañarnos? ¿Qué otros maestros tenemos nosotros?

Bueno, el mundo es uno de nuestros maestros. Las corrientes del mundo, que nos convencen de la necesidad que nosotros tenemos de lucir mucho mejor por fuera que lo que realmente lucimos por dentro. Gastamos sumas de dinero y gastamos esfuerzo y de todo tipo de empeño en embellecer la parte externa, ya sea de mi persona o de mi casa o de mi oficina o lo que tú quieras, pero la parte interna no recibe el mismo cuidado y el mismo esmero. El mundo es uno de nuestros maestros.

Pero sabes que hay espíritus engañadores. Pablo habló de esto en su primera carta a Timoteo, en 4:1, dice: "El Espíritu dice claramente", el Espíritu con E mayúscula, "que en los últimos tiempos" —últimos tiempos son los tiempos desde la resurrección de Cristo hasta que Él regrese— "que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios".

Si esos espíritus engañadores lo hacen a través de personas que se convierten en maestros, en maestros de filosofías, de filosofías ateas, de posmodernismo, de una serie de cosas que estamos viviendo hoy, pero que otros vivieron en otro momento —del hedonismo, del pragmatismo—, esa es una manera como espíritus engañadores lo hacen. Pero es posible que espíritus engañadores tengan la capacidad de poner ideas en nuestras mentes también y nos engañan. Son seres inteligentes, muy superiores a nosotros en inteligencia. Y Pablo está diciendo que vendrán espíritus engañadores. De hecho, en la segunda carta a los Tesalonicenses, en los tiempos finales dice que Dios mismo les enviará un espíritu engañador para que crean la mentira, porque no amaron la verdad. ¿Cómo se va a manifestar ese espíritu de engaño? No sabemos, pero probablemente a través del mismo anticristo y otros que tengan la misma tendencia por igual. Y a doctrinas de demonios: demonios revelando doctrinas extrañas. Y si Pablo lo dice en la última carta a Timoteo, si él lo dice, yo lo creo.

Realmente, yo diría que el maestro número uno y más peligroso que nosotros tenemos es nuestro propio corazón. Lo hemos dicho en otras ocasiones: el corazón es engañoso. Pero el corazón no solamente es engañoso, es engañador. El corazón me engaña a mí mismo, pero mi corazón engaña al otro. Lo engaña con actitudes, lo engaña con mentiras. Me engaña a mí creyéndome mentiras, me engaña a mí pensando que las cosas no son tan grandes o tan graves como yo pensaba. Es algo terrible y es algo con lo que tengo que luchar. Y ese es el primer maestro con el que yo tengo que enfrentarme, porque es continuo y está conmigo y permanecerá hasta el fin.

Hablamos un poco, en un mensaje anterior, que nuestro corazón siente, y al sentir nos lleva a creer que lo que sentimos define la realidad. Y la realidad es la vida como Dios la ve y no como nosotros la sentimos. Los sentimientos son reales porque yo los siento, pero no definen la realidad. Nunca jamás. Imposible. La realidad es como Dios ve la vida por encima del sol.

Entonces, esos falsos maestros, en el caso de la carta de Judas, ahora regresando a mi texto, tenían que ver con enseñanzas extrañas que habían producido prácticas inmorales entre ellos. Pero también, versículo 19, estos son los que causan divisiones. De manera que esa es otra de las consecuencias de las falsas enseñanzas: dividen la iglesia. ¿Cómo causan divisiones? Porque son doctrinas tergiversadas, y entonces algunos estarían aquí quizás diciendo: "Ah, ¿ve usted? Por eso es que yo digo que no se puede hablar de doctrina, porque la doctrina divide". No, la doctrina no divide. La doctrina falsa divide. La doctrina de Dios une al pueblo de Dios, porque mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Entonces el problema no es la doctrina. Tenemos que enseñar doctrina obligatoriamente.

Judas había mencionado, y ahora está mencionando divisiones, pero había mencionado estilo de vida inmoral, había mencionado también cómo estas ovejas habían abrazado falsas enseñanzas y estaban apostatando de la fe. Todos esos son consecuencias de la mala doctrina y la mala enseñanza.

El versículo 19, Judas deja ver la parte severa de su personalidad y llama a esta gente mundanos, que carecen del Espíritu del Señor, que se burlan de nuestra fe. Como dijimos, se burlan de la venida de Cristo, se burlan del señorío de Cristo, se burlan de los mandatos de Dios, piensan que nunca serán juzgados. Y para completarlo dice: esa gente no tiene el Espíritu. Yo puedo hablar en el nombre del Señor, pero no tienen el Espíritu. Y Pablo ya le había hablado a los corintios y le había dicho algo como esto en su primera carta, capítulo 2, versículo 13.

Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espíritu de Dios dice: "Jesús es anatema". Nadie dice ni "Jesús es anatema", ni "Jesús no es Dios", ni "Jesús es el Hijo de Dios", ni "Jesús no va a venir", ni "Jesús va a tener un juicio". Nadie que posee el Espíritu va a contradecir las Escrituras que el Espíritu inspiró, y nadie puede decir con sinceridad, por lo menos, "Jesús es el Señor" excepto por el Espíritu Santo.

Esta gente estaba bajo persecución, y estaba bajo una persecución que los hacía negar la fe con frecuencia. Hay una carta que sobrevivió de un gobernador de nombre Plinio, que estaba bajo el emperador Trajano, primer siglo, segundo siglo, y él hablaba de cómo él perseguía a los cristianos y les hacía una pregunta de si Cristo era Señor o no. Y si respondían que sí, volvía y se la preguntaba, y si respondían que sí se le hacía una tercera vez, y si la tercera vez confesaba, pues él lo mandaba a ejecutar.

Es bajo estas condiciones que esta gente está viviendo, y Judas está diciendo: si bajo esa presión también recibes la presión de falsos maestros, el apostatar de la fe sería sumamente fácil. Pero es que el autor de Hebreos, cuando reflexionábamos con ustedes el miércoles para los que estuvieron aquí, les dice: "Pero saben una cosa, ustedes no han luchado, ustedes no han tenido lucha contra el pecado hasta el punto de tener que derramar sangre". Ustedes no están en esta categoría de esta gente, de manera que no me digas que luchar contra el pecado es tan difícil cuando esta gente lo ha tenido difícil. Pero eso es donde ellos, aquellos de Hebreos, los lectores de Hebreos, no estaban ahí.

Entonces esos falsos maestros mostraban que no tenían el Espíritu de varias maneras. Primero, no enseñaban conforme o de manera congruente con lo que el Espíritu había revelado. Número dos, no tenían dominio propio. Número tres, tenían un estilo de vida inmoral. Número cuatro, rechazaban el señorío de Cristo. Todo es consistente con alguien que no tiene el Espíritu.

Lo peor es que, al infiltrarse dentro de la iglesia, al promover la inmoralidad dentro de la iglesia, ellos mismos llegaron a arrastrar personas dentro de la iglesia a su propia inmoralidad. Y para esos Cristo pronunció palabras también sumamente severas. En Mateo 18:6-7 dice el texto que él estaba hablando a sus discípulos: "Aquellos de ustedes que van a pastorear, que hay ustedes que van a enseñar". Y les dice: "Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí" —no está hablando de niños, se está hablando de sus ovejas, como Juan cuando llama a sus seguidores hijitos— "pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y que se ahogara en lo profundo del mar. ¡Ay de los que son piedras de tropiezo! ¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!". Mayormente hablándole a sus discípulos.

Entonces, esa fue la primera parte del texto de Judas, la primera observación. Pero ahora Judas pasa de los versículos 20 al 23 y nos enseña cómo contender por la fe, porque la manera como yo voy a contender por la fe me va a proteger de que yo no sucumba en la contienda.

Y lo primero que él dice en el versículo 20 es: "Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe". Edificándoos unos a otros, dice la Nueva Traducción Viviente. Vuestra santísima fe no está hablando del compromiso que yo hice con Cristo una vez, sino de la fe cristiana, del llamado para el cristiano. En medio de la contienda, que esto es una lucha que tiene que pelearse como un ejército, nosotros no podemos estar como un llanero solitario allá afuera, sino que yo tengo que edificarme. Ustedes tienen que edificarme a mí y yo a ustedes, porque somos un ejército. Y cómo lo vamos a hacer, lo vamos a hacer juntos.

Pero como dicen en inglés, "and how does that happen?", ¿y cómo resulta eso?, ¿cómo es que resulta?, ¿cómo? Pues dice la frase que resulta y viene a ser que Dios le ha dado a la iglesia apóstoles, pastores, evangelistas y maestros, Efesios 4:14, para capacitar a los santos y para ayudarlos a desarrollarse hasta la plenitud de la estatura de Cristo. Por eso es que la comunidad cristiana es el lugar donde se supone que el cristiano sea edificado mientras él lucha, mientras él contiende por estas verdades, y al mismo tiempo mientras él aprende de otros que han recibido el don de enseñanza, la sabiduría, el entendimiento para poder enseñar cosas quizás de una forma más clara o más profunda.

Pero tengo que entender esto. El pastor ya retirado Kent Hughes escribió y dice: nadie puede ser profundamente influenciado por algo que tú no conozcas, nadie puede ser profundamente cambiado por algo que tú no conozcas. La falta de madurez espiritual en muchos hijos de Dios es falta de conocimiento. Pero eso no es lo único, porque el conocimiento muchas veces envanece también. Aparte del conocimiento yo necesito llenura del Espíritu, de manera que yo pueda poner en práctica lo que he aprendido, lo que he conocido, porque es por la práctica que yo soy transformado. Y eso es una gran necesidad, y de ahí que tenemos que edificarnos mutuamente. Yo necesito llenura de ese Espíritu, y eso me conecta entonces con la próxima recomendación de Judas para fines de cómo voy a contender.

La primera es que nos vamos a edificar unos a otros en la santísima fe, en el cuerpo de enseñanza que nos ha sido dejado. Lo segundo es orando en el Espíritu Santo; ese es su segunda recomendación. La Palabra no es clara de cómo es que nosotros oramos en el Espíritu Santo. Si nos limitamos al contexto de 1 Corintios 12, ahí es la glosolalia o el fenómeno de hablar en lenguas. Pero obviamente, como el mismo texto dice que no todos hablamos en lenguas, es obvio que orar en el Espíritu, a lo cual estamos siendo llamados todos, no puede ser el orar en lenguas.

Entonces, ¿qué es? Bueno, la Palabra no es clara, pero yo creo que para comenzar pudiéramos decir que orar en el Espíritu, por lo menos, debe ser poder orar las cosas que son consistentes con la Palabra que el mismo Espíritu ha inspirado; eso sería lo número uno. Yo creo que pudiéramos decir que orar en el Espíritu también debe implicar —ya me debo el primero para que me puedan entender— si la llenura del Espíritu implica una sumisión para que el Espíritu me dirija, una rendición, esa es mi palabra. Si para la llenura del Espíritu yo necesito una rendición de toda mi voluntad y toda mi persona para que él dirija mi vida, entonces yo creo que orar en el Espíritu implica que cuando yo voy a orar, yo no voy a orar a echar un pulso con Dios ni a explicarle a Dios dónde están mis luchas, a menos que sea para decirle: "A pesar de eso, yo me voy a rendir para que tú hagas como tú quieras".

Yo creo que cuando Cristo fue a Getsemaní y tiene su lucha y termina diciendo "pero que se haga tu voluntad y no la mía", él estaba orando en el Espíritu. Este puede ser mi deseo, esto puede ser lo que yo no quiero, pero tú sabes que yo estoy aquí para rendirme: que se haga tu voluntad y no la mía. Nosotros no oramos para que se haga la voluntad de nosotros en los cielos; nosotros oramos para que la voluntad del cielo se haga en la tierra. Es lo que Cristo enseñó en el Padre Nuestro.

Y en la medida entonces en que tú oras en el Espíritu, lo que Pablo enseñó a los filipenses, que Dios pone en nosotros tanto el querer como el hacer, esto es lo que ocurre. En la medida en que tú te rindes y le dices a Dios "lo que tú quieras", en esa medida entonces el Espíritu de Dios comienza a crear en ti el deseo para hacer la voluntad de Dios. Y cuando tú estás orando y estás rendido y tú le dices a Dios: "Sabes qué, yo comienzo como a sentir ese deseo, pero yo sé que en mi debilidad yo no puedo", el mismo Espíritu, simbólicamente hablando, te va a decir: "No te preocupes, yo te voy a dar el poder para hacerlo", porque Dios pone en nosotros el querer y el hacer. Pablo dice: "El querer hacer el bien está en mí, pero no el hacerlo". Entonces, ¿en qué está el Espíritu? El Espíritu es quien te da el poder. Pues yo necesito la oración que viene a apoyar lo que estoy aprendiendo en la Palabra.

Número tres, este es importante, que es la recomendación de Judas para cómo contender: conservaos, versículo 21, conservaos en el amor de Dios. En esas tres o cuatro recomendaciones que yo le estoy dando, este es el único verbo imperativo. Y cómo funciona en el lenguaje original es que yo debía haber comenzado con esto: conservaos en el amor de Dios, porque el imperativo tiene, lleva la voz cantante. Los otros verbos cuelgan del imperativo, que es uno solo aquí, y por tanto ellos son participios, y es lo que se llama, esto es algo más técnico, esos participios adquieren fuerza imperativa, adquieren fuerza de imperativo, pero no son el imperativo; el imperativo es este.

Entonces nosotros necesitamos, para poder llevar a cabo los otros que yo acabo de mencionar y uno más que me falta, yo necesito, lo primero que tengo que hacer es conservarme en el amor de Dios. ¿Y cómo hago eso? Yo necesito permanecer en su amor. Y alguien pudiera decir: "Bueno, pastor, pero Dios me amó primero, y por eso es que yo le puedo amar después, y su amor es eterno, y él no me va a abandonar, y por su mismo amor él no se separa de mí. ¿Cómo es eso de que yo tengo que permanecer en el amor de Dios?".

Bueno, yo te lo voy a leer de la Palabra misma, cómo es que Dios entiende que se permanece. Y este es un concepto que yo más te quedo durante la semana, porque mañana yo salgo para Boca Ratón a dar una conferencia para el Ministerio de Compasión, varias conferencias, y en una de ellas está esta idea. Escucha lo que Juan dice. Cuando Juan escuchó estas palabras de parte de Cristo en el Aposento Alto, y que están descritas en Juan 15, cuando las escuchó él tenía que tener como treinta años. Lo digo porque luego yo te voy a decir lo que él dice como con noventa. Guarden eso.

En Juan 15, Cristo dijo —lo registra—: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor." Se habla de una permanencia en su amor. Así como... entonces ahora Cristo lo que hace es decir: "Yo te voy a dar el ejemplo de cómo yo lo hice para que tú lo hagas." Escucha: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor." ¿Cómo es que yo permanezco en el amor de Dios? Guardando sus mandamientos. Pero eso se llama con una palabra: obediencia.

Eso es Juan escuchando una enseñanza cuando él tenía como treinta años. Juan envejece y ahora está escribiendo en los años noventa; tenía quizás no sé cuántos años, pero estaba viejito. Y él escribió su primera carta, y en 1 Juan 2:24 él describe algo todavía más claro. Fíjense: "El que guarda sus mandamientos permanece en él, y Dios en él." Tan pronto yo entro en una vida de desobediencia, yo no estoy permaneciendo en su amor. Tan pronto yo comienzo a obedecer sus mandamientos, yo permanezco en su amor.

Y Dios dice —oye, Judas dice, oye, dice a través de Judas—: una de las cosas que tú tienes que hacer para contender por la fe y no sucumbir es que tú no te puedes despegar del amor de Dios, no te puedes despegar de la vid. Tú eres el pámpano, tienes que permanecer ahí porque ahí es donde está tu protección, ahí es donde te va a funcionar la armadura, la armadura del Espíritu. Cuando tú permaneces... cuando tú comienzas a alejarte, aunque tú no has perdido tu salvación, tu armadura no está funcionando correctamente.

D. A. Carson, comentando acerca de esto, dice: "Nosotros permanecemos en él al obedecer sus mandamientos, y entonces como no permanecemos en él al desobedecer sus mandamientos."

Judas ha hecho tres cosas hasta ahora —no, falta una—, tres recomendaciones. Número uno: edifíquense en lo que han aprendido mutuamente. Número dos: oren en el Espíritu —él le llama "en vuestra santísima fe"—. Número tres, que es el primero porque es el imperativo: permanecer en el amor de Dios. Y número cuatro: esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.

En otras palabras, no pierdo de vista que Cristo vuelve, no pierdo de vista su segunda venida. Anímate esperando, cobra ánimo, está esperando con ansiedad, con expectativa. Y que eso —saber que tú entrarás a la vida venidera relativamente pronto— te anime para que tú puedas contender y no sucumbir, pensando en él, aquí en el amor.

Entonces ahora tenemos los fieles que están haciendo cuatro cosas, o deben hacer cuatro cosas: se edifican mutuamente, oran en el Espíritu, permanecen en el amor de Dios y esperan con cierto sentido de expectación la venida de Cristo. Pero hay otro grupo que no anda así.

En el camino, esos fieles... y esta es la parte que tiene que ver de aquí en adelante más con nosotros los pastores, que quiero dedicarnos a nosotros, comenzando conmigo. Hay unos que no van a estar así. Entonces, ¿qué hacemos con ellos? Y aquí tú ves el lado tierno de Judas. El lado severo lo encontramos con los falsos maestros, pero del lado tierno de Judas, él dice en el versículo 22: "Y tened misericordia de algunos que dudan."

Hay algunos que van a dudar, quizás porque estas falsas enseñanzas que los falsos maestros trajeron los confundieron, están dudando. Hay otros que van a dudar, como recuerdo esta semana el viernes que estaba hablando a un grupo de secundaria. Y al final era de otro tema: era el tema de reproducción sexual y el diseño de Dios en la reproducción o en las relaciones sexuales y sus distorsiones. Y al final vinieron dos jóvenes separados, de dos sexos diferentes, y me dijeron: "Pastor, ¿cómo yo sé si yo soy salvo?" Y ellos lucían turbados, ellos lucían como preocupados. Y el miércoles pasado, después del tiempo de comunión y del tiempo de confesión y arrepentimiento que tuvimos aquí, otro joven —pero ya adulto— se me acercó y me dijo: "Pastor, ¿cómo yo sé si soy salvo? Porque yo me bauticé en el 2016 en esta iglesia, pero yo no creo que era salvo."

Judas dice: ten misericordia con esos que están dudando. Ten un espíritu misericordioso. Bueno, eso es bueno para misericordia, pero ¿qué pasa con unos que en el contexto de Judas estaban dudando por las falsas enseñanzas que se habían infiltrado en su mente?

El versículo 23 habla de un segundo grupo. Recuerden que a Judas le encantan los triples, entonces aquí hay tres grupos ahora. Entonces hay un tercer grupo. Dice: "A otros, salvad arrebatándolos del fuego." Eso es un grupo que aparentemente ya cayó presa de las malas enseñanzas y está como al punto —o muy cerca— de apostatar, de salirse de las filas. En el lenguaje original esto que he traducido aquí como "arrebatar" implica una acción forzosa. En otras palabras, si tú lo ves que se está a punto de quemar, no andes con paños tibios.

Yo escuché en una ocasión a R. C. Sproul —es probable, antes de morir— decir: "Cuando tú llegues al cielo, si tú pudieras ir al infierno, todo el que te va a decir, todo el que te conocía, va a preguntar: '¿Por qué tú no fuiste más forzoso, más insistente? ¿Por qué no trataste de arrastrarme? ¿Por qué tú no usaste toda tu forma y mecanismos y fuerza para evitar que yo entrara aquí?'" Sabemos que hay otra dimensión de eso, pero es una forma buena de ilustrarlo. De hecho, la palabra pudiera traducirse como: haz algo brusco para arrebatarlo del fuego del infierno.

Con el grupo que duda, Judas dice: ten misericordia de ellos. De este otro grupo, tú también vas a tener misericordia, pero sabes que tiene que ser más agresivo cuando tú los persigues, les caigas atrás.

Entonces, ¿cómo... pero cómo yo hago eso? No entiendo. ¿Cómo soy tierno y cómo soy severo al mismo tiempo? Yo te lo voy a ilustrar entonces de la Palabra, cómo Pablo lo hizo. Pablo estuvo en Éfeso, fue pastor como por tres años, y luego él, en uno de sus viajes misioneros, quería instruir a los pastores, a los ancianos de la iglesia de Éfeso. Y Lucas registra en el capítulo 20 que él se reunió con ellos a la orilla de Mileto y les dio algunas extraordinarias instrucciones.

Miren lo que él dice en el versículo 31 del capítulo 20. Pablo les está hablando a los ancianos: "Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas." ¿Cómo tú lo haces? ¿Cuál es el sentido de urgencia? ¿Cuál es la intensidad? ¿Cuál es la forma forzosa? Pues no, yo estuve tres años entre ustedes, y sabes que yo de noche y de día los amonesté, y mientras los amonestaba lloraba por sus pecados.

Eso es como cuando Pablo describe a los corintios; les dice que su carta les produjo tristeza, pero al final no lo lamenta, porque hay dos tipos de tristeza: una que es como la del mundo y la otra que es conforme a Dios. Y mi carta les produjo tristeza, y lo lamenta, pero fue una tristeza que los trajo al arrepentimiento. Yo no lo lamento entonces.

Eso es lo que Pablo está diciendo. Pablo tenía un sentido de urgencia. Fue intenso tres años, de día y de noche. No cesé. Él pudo haber dicho: "Yo los confrontaba de vez en cuando, no cesé, no paré." A Pablo le dolían las ovejas. A Pablo le dolían las ovejas que conocían la verdad y habían comprometido la verdad y que no estaban cuidando su salvación con amor y temblor, porque sabían las consecuencias. A Pablo le preocupaban y le dolían las personas que vivían el evangelio, que oyeron el evangelio de sus labios y no le hacían caso al evangelio. Les dice: "Yo me sacaría los ojos por ustedes."

A Pablo le dolían personas que escucharon el evangelio, que estuvieron contigo, que sirvieron contigo, como un Demas —en el caso de nuestras personas que fueron hasta hoy a conocer aquí— y hoy están en el mundo. Yo no sé si cuando tú piensas en ellos te duelen. Yo pienso en ellos intermitentemente, como ahora, y me duelen. Es sumamente doloroso saber que personas que sirvieron a tu lado, te sirvieron a ti, tú los contabas como lavados por la sangre de Cristo, y hoy están sucios por el mundo.

El puritano George Swinnock decía que no confrontar el pecado en el corazón de la oveja es permitirle que cometa suicidio contra su alma. No confrontar el pecado en la vida de las ovejas es permitir que ellas cometan suicidio contra su alma.

Pablo fue un pastor de una piel muy gruesa y un corazón muy grande, pero el grosor de su piel no le impidió llorar. Y él aprendió eso de Jesucristo. Escucha lo que el autor de Hebreos dice en 5:7: "Cristo, en los días de su vida terrenal, ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas." Pero no pienses que le estaba llorando por él. No, él les dice a las mujeres que estaban llorando por él: "Mujer, no lloren por mí; lloren por sus hijos." Cristo oró, Cristo clamó, Cristo suplicó, Cristo rogó, suplicó, clamó con lágrimas. ¿Por quién? Por sus ovejas. Las ovejas que él sabía que su Padre le había dado.

Y Judas nos está diciendo que tienes que tener misericordia de ellas, pero sabes que si están a punto de quemarse, la misericordia la uses un poquito diferente. Es misericordia, ellos no lo van a sentir como misericordia. Tienes que ser brusco, tienes que lanzarte detrás de ellas. Haz lo que tú puedas. La manera es: estas ovejas están dentro del redil, pero las uses como si se fueran a ir, como si se fueran a salir.

Y ahora hay un tercer grupo, tengo uno un poco más peligroso, pero son ovejas. Versículo 23: "Y de otros, tened misericordia con temor." Te voy a leer la Nueva Traducción Viviente para que entiendas mejor: "Aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne." Esta es la NTV ahora: "A otros muéstrenles compasión, pero háganlo con mucho cuidado, aborreciendo los pecados que contaminan la vida de ellos."

¿Qué es lo que está diciendo Judas? Que lo vuelves a ver con la historia también. Hay ovejas que ya están inmersas en el pecado. Entonces sabes que tienes que lanzarte detrás de ellas, pero cuando te vayas a lanzar, ten mucho cuidado. Y habla con temor, temor reverente.

¿Por qué? No vaya a ser que tú quedes atrapado en el mismo pecado que ellas estaban practicando mientras tú fuiste a salvarlas. Por eso es que dice que hagamos eso con mucho cuidado, aborreciendo los pecados que contaminan la vida de ellos, pero el llamado es hacerlo misericordiosamente. Entonces es un llamado serio, es un llamado alto.

Leía en la madrugada la historia —se me fue su nombre porque nunca había conocido la historia de este señor— en el pasado, que creó un ministerio para prostitutas con la intención genuina de ayudarlas a salir. Y al final de su vida él daba testimonio, por escritos que forman parte de la historia, que él terminó teniendo relaciones con ochenta o noventa de ellas, y que él recuerda que quizá logró salvar a una sola. Dios lo hizo. A eso es que Judas está refiriendo: es que el trabajo del pastor es como el trabajo del bombero, que con cierta frecuencia perece en el ejercicio de su función. Y Judas dice que te cuides.

Son diferentes, lo que Pablo les dice a los ancianos de Éfeso en Hechos 20:28 cuando dice: "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey." Pero a ver, antes de cuidar la grey, cuídate. "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre." Miguel, cuídate, y luego cuida de la grey.

Y las razones son estas. Número uno: tú no eres inmune a ningún pecado al que una oveja pueda ser susceptible. Número dos: la iglesia no te hizo pastor, el Espíritu de Dios te hizo pastor. Número tres: las ovejas que se te han dado para que las cuides, Cristo las compró a precio de sangre, para que tú contribuyas a formar su imagen en ellas. Ten cuidado de que mientras vayas a cuidar de ellas, no estés descuidando de ti. Y en tu descuido de ti, en vez de formar la imagen de Cristo en ella o en él, tú descuides o deformes la imagen de Cristo, porque eso Dios no lo tendrá por poca cosa.

Tanto Judas nos exhorta a ser cuidadosos al salir detrás de este tercer grupo, y nos dice: al mismo tiempo, aborreciendo el pecado que están practicando para que no caigas al salir. "Así que el que se cree firme, cuide que no caiga." ¿Cómo lo hago? Tengo que confiar en el autor y consumador de nuestra fe.

Para resumir, Judas nos recuerda, Judas nos enseña la necesidad que tenemos de recordar las palabras de los apóstoles, las cosas que hemos aprendido, en el versículo 17. Judas nos dice que debemos edificarnos mutuamente, el versículo 20, en la fe, lo que nos ha sido confiado en la Palabra de Dios, que nos fue dada de una vez y para siempre. Judas nos dice que debemos orar en el Espíritu, el versículo 20 otra vez, que debemos permanecer en el amor de Dios, el versículo 21, que debemos esperar por la misericordia de Cristo en su segunda venida, y que debiéramos tener ese sentido de expectación. Y que tenemos que tener misericordia de aquellas ovejas que dudan, de aquellas ovejas que ya están al punto de quemarse, y de aquellas ovejas que ya están contaminadas por el pecado. Y que al cuidar de estas últimas tenemos que hacerlo con cuidado, no vaya a ser que yo sucumba al mismo pecado en el cual ellas ya están inmersas.

Y luego que Judas enseña todo eso, Judas cierra de una manera extraordinaria. Y entonces él dice lo siguiente: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén."

Tú no piensas que yo voy a cerrar esta carta con esa doxología simplemente leyéndola y diciendo "ese es el fin", ¿verdad? O me dan otra hora o me dan otro mensaje. Y yo pienso que no quieren darme otra hora por la hora, entonces tendremos otro mensaje simplemente para mirar a esa doxología con la que Judas cierra.

Pero lo que debe quedar claro de este mensaje es que tienes que saber lo que conoces. No puedes ser influenciado profundamente por algo que no conoces bien. Y con eso que conoces tienes que llevarlo a la práctica para ser transformado. Y tienes que discernir la verdad del error, y el falso profeta del verdadero profeta. Y tienes entonces que contender por la fe. Y la manera de contender, ya te lo dijimos en primer lugar, es el imperativo primero: tú permaneces en el amor de Dios, y ese permanecer implica que tú obedezcas su mandamiento. Las otras cosas dependen de ahí. ¿Cuáles fueron las otras cosas? Edificándonos mutuamente, orando en el Espíritu, esperando la segunda venida del Señor. Pero sobre todo, permanecer en Él, en la vid, y Él permanecerá en nosotros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.