Si alguien tuviera que señalar el centro de gravedad de toda la Biblia, probablemente sería Romanos 3:20-31. Este pasaje responde a la pregunta que dividió al cristianismo en el siglo XVI: ¿cómo es salvo el ser humano? Martín Lutero descubrió aquí que la salvación viene únicamente por la fe en Cristo, no por obras ni penitencias. Roma enseñaba —y enseña— que la fe es necesaria pero que las obras contribuyen al proceso de salvación. Para Lutero, una iglesia que niega la salvación por fe solamente niega la fe cristiana entera.
La ley de Dios es buena, justa y santa, pero tiene una limitación devastadora: ningún ser humano puede cumplirla perfectamente. El problema no está en la ley sino en nuestra carne. Si Dios nos diera un papel en blanco para escribir nuestras propias diez reglas morales por las cuales quisiéramos ser juzgados, quedaríamos condenados igual, porque ni siquiera cumplimos lo que nosotros mismos nos proponemos. La ley funciona entonces como un tutor que nos conduce a Cristo al mostrarnos nuestro pecado.
Lo que la ley no pudo hacer, Dios lo hizo en su Hijo. Cristo cumplió la ley que nosotros no podíamos cumplir, derramó su sangre como propiciación y nos compró del mercado de esclavitud del pecado. Cuando dijo "consumado es", no había más sacrificio que ofrecer. Los sacerdotes del templo nunca podían sentarse porque su trabajo jamás terminaba; Cristo se sentó a la diestra del Padre porque su obra quedó completa. Ahora la salvación está disponible —gratuitamente, por gracia— para todo aquel que deposite su fe en él.
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Bueno, hermanos, no sé cuántos de ustedes o cómo cada uno se respondería la pregunta. No tienen que hacerlo porque iríamos a múltiples voces, pero ¿cuándo ustedes responderían o cómo responderían a la pregunta: ¿Cuál es el centro de la Biblia? Si usted hubiera de escoger un pasaje como el centro de gravedad de la Biblia entera, ¿cuál usted escogería? Piensa por un momento.
¿Salmo 136? No, porque el Salmo 136 deja muchas cosas afuera. De acuerdo, de acuerdo, las opiniones pueden variar, pero probablemente la gran mayoría de los académicos ortodoxos dirían que el corazón o el centro de gravedad, si tuvieran que escoger uno, es Romanos 3 del 20 al 26, del 20 al 31. Lo menciono porque es nuestro pasaje, de manera que si usted piensa que conoce ese pasaje, que se lo sabe, que ya es repetido, puede ser, pero con toda probabilidad no creo que lo entienda completamente, y no creo que nadie lo haya entendido completamente. Nosotros tendemos muchas veces a leer palabras donde la humanidad nos lo permite, pero el significado detrás no necesariamente. Nosotros tenemos hoy el privilegio de poder leer lo que una gran cantidad de académicos considera el centro de gravedad de la Biblia entera.
Y ese pasaje está íntimamente relacionado a toda la controversia de la Reforma protestante. Recuerden que dijimos que de vez en cuando vamos a estar haciendo paréntesis aquí o allí durante este año en nuestra serie de los Hechos, justamente para seguir aprendiendo, creciendo el entendimiento de qué fue lo que trató este movimiento conocido como la Reforma protestante. Y no sé cuántos están familiarizados con lo que ocurrió en el siglo XVI, la controversia entre Lutero y la Iglesia Católica de Roma. Hay muchas cosas que decir, pero no tengo ese tiempo.
Simplemente quería mencionar que toda la controversia giró en torno a una sola cosa que luego tuvo múltiples implicaciones, pero la controversia giró sobre de qué manera el individuo es salvo. Si la persona es salva solamente por fe o si las obras contribuyen a nuestra salvación. Lutero insistía en que la salvación, o que Dios justifica o declara justo, declara salvo a un hombre única y exclusivamente por la fe, la confianza que él deposita en la obra salvífica de Jesús. Roma insistía e insiste en el día de hoy que la fe en Cristo juega un papel prioritario en la salvación, no puede ser salvo sin eso, pero insiste en que las obras buenas de los hombres contribuyen al proceso de salvación.
Para Roma la justificación es una declaración que Dios hace cuando al final de tu vida Él examina toda tu obra, las buenas y las malas. No sé cuáles son las buenas, pero las buenas y las malas. Porque Romanos 3 dice que no hay nadie bueno, no hay ni siquiera uno, no hay quien haga lo bueno, ni aun uno. Pero Él examina las obras, pone en balanza por así decirlo, y si tú hiciste más obras buenas que malas, Dios entonces te declara justo porque tú, a través de un proceso a lo largo de tu vida, ganaste tu justificación, ganaste tu estado de ser justo.
Lutero creía, nosotros también, que la persona no es justa en sí misma nunca, que su justicia o estado de rectitud no es intrínseco sino extrínseco. Es algo que Dios le confiere al pecador, que Dios le otorga, es algo externo a él. Dios declara al pecador justo sin él serlo en sí mismo, por la confianza que él deposita en la obra que tiene que ver con la vida, la muerte, la resurrección del Señor Jesús. Roma declaraba y declara que Dios te declara justo cuando tú lo eres en ti mismo. Y el texto que nosotros vamos a exponer entonces tiene que ver con eso.
En la boca de Lutero, los pecados eran perdonados, lo pudiéramos poner en dos categorías, a través del bautismo. Y entonces el bautismo infundía una gracia especial que perdona todos los pecados. Cualquier pecado que tú hayas cometido anterior al momento del bautismo, si lo hiciste como adulto por ejemplo, son perdonados en ese instante por una infusión especial de gracia que Dios te da. Pero después del bautismo entonces tú necesitas otra cosa para que esos pecados pudieran ser perdonados, y Roma enseñaba y enseña que esos pecados pueden ser perdonados a través del sacramento de la penitencia. De manera que tú vas donde el sacerdote, tú confiesas, tú le hablas de tus pecados y él te asigna una serie de cosas que tienes que hacer, incluyendo quizás algunas oraciones.
Roma en aquel momento también perdonaba pecados a través de la venta de las indulgencias. Tú pagabas una suma de dinero y esa suma de dinero te otorgaba un perdón que podía extenderse hasta más de dos millones de años. Lo pudieras ser perdonado por haber participado en una de las cruzadas, que en realidad solamente duraron hasta el siglo XIII, pero esa participación aún allá atrás pudo haber sido considerada como suficiente para perdonar pecados. Y Roma continuó enseñando en ese entonces, en el Concilio de Trento en 1546 declaró que tú pudieras ser perdonado visitando unos lugares sagrados y ver ciertas reliquias sagradas y quizás adorar allí en lugares que Roma declara de tiempo en tiempo.
De todas esas, la que más irritó a Lutero fue la venta de las indulgencias, el hecho de que el Papa podía firmar y sellar un papel, un certificado, y se te entregaba con tu nombre donde un número de días, de meses, de años te era perdonado por una donación que tú hicieras a la iglesia. Lutero había creído todo eso en una etapa temprana, hasta que él descubrió que realmente el justo por la fe vivirá. Lutero practicó el sacramento de la penitencia, pero cada vez que él oraba, se confesaba, dormía a la intemperie, se flagelaba, él seguía cargado en su alma acerca de su pecado. Pero finalmente él llegó a entender que nada de eso le traía salvación al hombre, y él era la mejor evidencia: nada de eso calmó mi conciencia de los pecados que yo entendía que había cometido.
Y por tanto, cuando él descubre la doctrina de la justificación por la fe solamente, él llegó entonces a decir que ese es el principio sobre el cual la iglesia se levanta o se cae. Las obras no contribuyen en nada, las obras muestran que tú eres salvo, pero las obras no contribuyen a tu salvación.
En un número de ocasiones, anterior a bautizar a alguien, hemos hecho las entrevistas, y personas que han estado tiempo en la iglesia evangélica, que han estado incluso aquí, que han escuchado la enseñanza, muchas veces en la entrevista siguen confiando en que las obras y el cumplimiento de los mandamientos es lo que les va a dar salvación. La salvación es por fe. Ahora recuerda, Roma nunca ha enseñado que la salvación es por obras. Roma ha enseñado que la salvación es por fe más las obras. El "más" es lo que crea problema en la doctrina de la iglesia romana en cuanto a la salvación se refiere. Hay un Cristo más; nosotros enseñamos que hay un Cristo, punto, no hay puntos suspensivos.
Ahora, uno pensaría que hay pasajes en la Biblia que son tan claros como que terminaría la controversia para siempre. Si llegas al libro de Efesios 2, el 8 al 9 dice: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe." Y uno dice: ¿para qué seguir discutiendo y leyendo? Ya más claramente ahí no se puede decir. La salvación es un don de Dios, un regalo de Dios, no es algo que me puedo ganar. La salvación es por gracia mediante la fe, no hay nada más que puedo hacer. Sin embargo, parece ser que de alguna manera algunos no entienden la claridad de ese pasaje.
Por eso es que sola fide, o salvación por fe, que es la sola que vamos a estar predicando en esta mañana, más sola Scriptura, que las Escrituras tienen la máxima autoridad en materia de fe y práctica, se constituyeron en los dos gritos de batalla del tiempo de la Reforma. Decía Lutero: si una iglesia niega la salvación por fe solamente, esa iglesia niega la fe cristiana entera. Niega la fe cristiana entera porque niega la obra salvífica de Cristo. Lutero estaba tan convencido de que esto era así, que Lutero entendía que si una iglesia niega la salvación por fe solamente, no importa cuán grande sea esa iglesia, cuántos miembros tenga esa iglesia, esa es apóstata. Para buen entendedor, pocas palabras bastan. Si una iglesia niega la doctrina de la salvación por la fe, esa iglesia es una iglesia apóstata.
Este es el centro de gravedad de la Biblia, Romanos 3 del 20 hasta el 31. Es un pasaje largo pero es la Palabra de Dios:
"Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas. Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen, porque no hay distinción. Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús. A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús. ¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles. Porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos."
¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? No, de ningún modo. Al contrario, confirmamos la ley. Suena como un texto un tanto confuso, pero si usted camina conmigo paso a paso lo va a ver tan claro como el agua. Cuatro principios se desprenden de este texto.
En primer lugar, veamos la limitación de la ley, versículo 20. La ley tiene una limitación, porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él. De acuerdo a ese texto, la ley es incapaz de justificarnos. El hombre no puede obedecer la ley de Dios tan perfectamente como para que Dios lo examine y lo declare justo.
De hecho, no sé si en otras ocasiones lo he dicho aquí, sé que lo dicen en otros lugares, pero cuando tú viajas, ¿no sabes lo que dicen cuando uno va a donde sea? Si Dios te diera un papel en blanco y te pidiera que escribieras tus diez reglas por las cuales tú quisieras que Él te juzgara al final de tus días, de manera que tú vivas tu vida de acuerdo a estas diez leyes que vas a escribir, y Él te dice: "Cuando tú termines tu vida, yo te voy a juzgar por estas diez leyes morales", obviamente, cuando tú termines tu vida, tú quedas condenado, porque ni siquiera cumples lo que tú mismo te propones. ¿Qué quieres hacer? Por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado.
El apóstol Pablo escribe a los romanos en esta misma carta, un poco más adelante en el capítulo 7, versículo 12, y dice que la ley es buena, que es justa, que es santa. De manera que Pablo claramente nos dice dos cosas: la ley no te puede justificar, pero el problema no está en la ley, porque la ley es buena, es justa, es santa. Es justa incluso cuando te condena. La ley está haciendo justicia al condenarte, porque el problema no está en la ley.
Los gálatas recibieron el evangelio, entendieron esto que estamos hablando de la salvación por fe solamente, pero en algún momento alguien llegó y comenzó a predicarles otro evangelio que no es ningún evangelio, porque realmente hay un solo evangelio, les dice Pablo. Y en un solo versículo que él escribe a los gálatas, en esa carta llamada Epístola a los Gálatas, en un solo versículo tres veces Pablo les dice que tú no puedes ser justificado o salvado por las obras de la ley.
Escucha Gálatas 2:16: "Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley" —número uno, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley— "sino mediante la fe en Cristo Jesús", eso es como es justificado. "También nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo Jesús y no por las obras de la ley" —número dos, y no por las obras de la ley— "puesto que por las obras de la ley nadie será justificado" —número tres. En un solo versículo, Pablo les dice a los gálatas tres veces: por las obras de la ley nadie puede ser salvado, nadie puede ser justificado. Y dos veces les dice: la salvación es por fe en Cristo Jesús solamente.
Si la ley fue buena, si la ley fue justa, si la ley fue santa, ¿cuál es el problema entonces? ¿Cuál es el problema con la ley? ¿Por qué es que no me puede justificar? ¿Por qué es que no me puede ayudar para llegar a la salvación? Romanos 8:3 dice: "Lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne".
Vamos paso a paso: la ley no pudo hacer, no pudo darme la salvación, porque era débil. ¿Qué hizo la ley débil? A causa de la carne. No es que la ley en sí era débil para llevarme a la salvación, es que mi carne no podía cumplirla, y por tanto, al no poder cumplirla, la ley no podía llevarme a la salvación. ¿Me entienden? ¿Está claro? Entonces lo que la ley no pudo hacer, Dios lo hizo en Cristo Jesús. ¿Cómo lo hizo? Envió a su Hijo a cumplir la ley, a cumplir lo que yo no podía cumplir.
Por eso es que Cristo dice: "Yo no vine a abolir la ley". Claro que no vino a abolir la ley. Si Él hubiese abolido la ley, me deja condenado. "Yo no vine a abolir la ley, yo vine a cumplir la ley para que cuando yo muriera en tu lugar, tú pudieras ser salvo por lo que yo hice". ¿Estamos quedando más claros en cuanto a nuestra salvación?
En manos del mejor de nosotros es un vaso de barro agrietado, sumamente frágil, que solamente hay que subir la temperatura para ver cómo se quiebra. Adán, nuestro mejor representante, sin una naturaleza pecadora, se quebró y no pudo cumplir la obra de la ley. Dios hizo un pacto con Adán, hizo un pacto de obras. ¿Tú sabías eso? El pacto con Adán y Eva fue de obras, no fue de gracia, fue de obras: tú cumples eso, tú no pecas, tú haces, tú haces, tú haces, no hay problema, tú tienes vida eterna. ¿Qué pasó? No lo hizo, y murió espiritualmente.
Entonces, a partir de ahí, Dios hace un pacto de gracia. Ese pacto de gracia tuvo diferentes manifestaciones, no tengo el tiempo, pero la gracia no comienza cuando Cristo vino. El pacto de gracia comienza cuando Dios no le quita la vida a Adán y Eva como debió haberlo hecho, de acuerdo a lo que el pacto había dicho.
El mejor de nosotros es un vaso frágil. El sumo sacerdote de Israel, Aarón, acuérdate que fue el hombre que confeccionó con sus propias manos un becerro de oro, dios pagano, ajeno, que no era Dios. Moisés, el gran profeta que apuntaba a Cristo —"les levantaré un profeta como él", dice Dios, refiriéndose a que sería Cristo— Moisés no pudo entrar a la tierra prometida porque desobedeció a Dios, porque no trató su santidad adecuadamente delante de los hombres en un momento dado. Pedro el apóstol, que en un momento dado, cuando Cristo dice: "¿Quién dicen los hombres que yo soy?", Pedro dice de una manera iluminada, algo que el cielo lo iluminó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".
"Oh Pedro, bienaventurado tú eres porque eso no te lo reveló carne ni sangre. No pienses que fuiste tú que llegaste a esa conclusión, Pedro, sino que eso te lo reveló quién: mi Padre que está en el cielo." Ese es el Pedro que tiempo después, delante de Cristo, lo niega tres veces: "Yo no lo conozco, yo no lo conozco, maldita sea, yo no lo conozco." ¿Tú no conocías al Cristo, el Hijo del Dios viviente? El mejor de nosotros no es más que un vaso frágil, agrietado. La ley hemos dicho que es buena, justa y santa, pero no la podíamos cumplir.
Vimos la limitación de la ley. En segundo lugar, el rol de la ley. Todavía en el versículo 20, no hemos salido del versículo 20. El rol de la ley: "Pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado." ¿Qué entendiste? ¿Para qué fue que se nos dio la ley? La ley era y es —no podemos anularla— lo único es que tenemos que entender su función. La ley es una reflexión del carácter santo, justo, bueno de Dios. ¿Tú quieres saber cómo Dios es? Lees los diez mandamientos y todas las leyes de Dios; es como Dios es. "No amarás a ningún otro Dios, no tendrás dioses ajenos delante de mí, no te harás figuras de dioses." No quiere, no acepta que tú adores a ningún otro Dios porque no hay ningún otro Dios, solo Él. Y tú puedes seguir leyendo: no adulterarás, no mentirás, no levantarás falso testimonio. Ese es el carácter de Dios expresado.
La ley es buena, me dice lo que Dios es. La ley es buena porque no solamente me dice lo que Dios es, me dice lo que Dios quiere que yo haga, me dice lo que complace a Dios. Pero como no la puedo cumplir, lo que la ley hace —todavía en Romanos 3:20— por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. El pecado. La ley me muestra mi pecado. Eso es como Dios es, es el espejo. Eso es lo que Dios quiere que yo haga para complacerlo, por así decirlo. Y cuando lo veo me siento condenado, y entonces la ley, al hacerme sentir condenado, me manda corriendo para donde Cristo, porque Él es quien ha cumplido la ley por mí. Es el rol de la ley.
Pero mira cómo Pablo solo explica a los gálatas en 3:24: "De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo" —ahora te explico lo de ayo— "para conducirnos a Cristo." La ley te conduce a Cristo y tienes que salir corriendo para donde Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. La Nueva Traducción Viviente dice "la ley fue nuestra tutora." Un ayo era eso. En la antigüedad, a los hijos de gente pudiente les asignaban un esclavo. El esclavo era un tutor. El esclavo muchas veces era —muchos de los esclavos eran gente educada— y los esclavos les enseñaban a leer y a escribir a los hijos de la gente pudiente. Entonces el esclavo era asignado para que guiara a ese niño hasta que alcanzara una edad adulta y él pudiera seguir por sí solo.
Entonces la Palabra de Dios nos dice que la ley fue como ese tutor que nos guio hasta Cristo. Cuando Cristo vino, para que cuando yo me diera cuenta que yo no puedo cumplir la ley, yo pudiera salir corriendo donde Cristo a decir: "Señor, no puedo, hazlo tú." Y Él te dirá: "Ya yo lo hice. Lo único es que tú tienes que depositar la fe en lo que ya yo hice." Entonces la ley tuvo un rol vital que jugar, y tiene un rol vital que jugar todavía en el día de hoy para mostrarnos nuestro pecado.
Entonces vimos la limitación de la ley, vimos cuál es el rol de la ley. Esas dos cosas son vitales para yo poder tener toda mi teología en orden y poder saber cómo es que me toca vivir. Ahora yo quiero que vayamos a mi tercer punto: el cambio introducido por Cristo. Porque sin lugar a duda, hasta la venida de Cristo lo que se conocía era la ley, pero la ley condenaba a los hombres. Gente como Abraham no fue salva por la ley. La Palabra de Dios dice en Génesis que Abraham creyó y le fue contado por justicia. De manera que la forma como la gente experimentó salvación en el Antiguo Testamento fue poniendo la fe en un Cristo que vendría a morir por los hombres, y nosotros somos salvos por un Cristo que ya vino. Pero sea como sea, el mismo Cristo, no por el cumplimiento de la ley.
Entonces lo que estamos viendo ahora es el cambio introducido por Cristo. Versículo 21. Hasta ahora solamente hemos cubierto un versículo. Nos faltan días para que lo terminemos. Pero ahora fíjate que hay un cambio. Hay un "pero" y hay un "ahora." Los "peros" me introducen un contraste entre lo anterior y lo que sigue. Yo lo hemos dicho otra vez, pero no todo el mundo ha estado aquí cuando lo hemos dicho: los "peros" de la Biblia son vitales.
"Pero ahora." ¿Cómo que pero? ¿Cómo que ahora? ¿Ahora cuándo? Bueno, vete al texto: "Aparte de la ley, ahora, en otra época, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas." Aquello que los profetas anunciaron ahora ha sido atestiguado, ha sido puesto en relieve, se ha venido a hacer vital. Pero esa parte de la ley tiene que ver con la ley. Es decir: "La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen, porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios."
La justicia de Dios es un término que se nos hace difícil entender a nosotros. Pero en esencia, cuando se habla de la justicia de Dios en este contexto, está hablando de un estatus legal delante de Dios por medio del cual yo soy declarado justo sin serlo. Pudiera referirse también a lo que en inglés se conoce como "righteousness." Pudiera referirse también a la rectitud moral de Dios, el carácter moral, santo, perfecto de Dios. Yo puedo tenerlo, pero no en mí mismo. Es algo extrínseco, es algo que Dios me imputa, que Dios me otorga cuando me declara justo sin realmente yo serlo.
Eso dice Pablo: está disponible ahora y aparte de la ley, y es por medio de la fe en Jesucristo. Todo esto está en el texto que leímos. Y esa justicia o carácter moral, santo, perfecto es necesaria para entrar al reino de los cielos. No estaba disponible antes, es disponible en Cristo Jesús. De hecho, en un momento vamos a leer cómo claramente Pablo dice que antes no estaba disponible, porque Dios mismo había hecho algo que no había permitido que estuviera disponible. Por eso es que este es el centro de gravedad de toda la Biblia: ahora el hombre podía alcanzar la justicia de Dios, pero no a través de su propio esfuerzo.
Por eso es que el Evangelio me brinda esperanza, y me brinda una esperanza que no depende de mí ni de mi obra. Y eso es buena noticia. La mala noticia es que yo no puedo cumplir la ley. ¡Oh, wow! Entonces mala noticia. La buena noticia es que ahora en Cristo yo tengo una salvación que no depende de mí ni depende de mi obra. Eso es buena noticia. ¿Y de qué depende? De la obra del mismo Dios en la persona de su Hijo para beneficio tuyo. Eso es la mejor noticia del universo: que mi salvación cuelga de la misericordia de Dios, mi Creador y Redentor, y no de Miguel Núñez.
Y el texto me dice que el Evangelio es necesario para todos los hombres. Versículo 23: "Todos pecaron y no alcanzaron la gloria de Dios." No ha habido, no habrá un solo hombre que haya merecido la gloria de Dios. No es como Roma enseñaba y enseña en sus documentos: que hay obras que el hombre puede hacer que te hacen meritoria la salvación, pero que hay otras obras que son tan extraordinarias que incluso tú no solamente te mereces la salvación tuya, sino que sobrepasan eso, y entonces te las guardan en algún tesoro de los méritos —que no sé dónde es eso declarado ni hecho— y que de ahí se pueden sacar obras para pasárselo a otro que está en el purgatorio para sacarlo del purgatorio. Esto está en los documentos todavía tal día de hoy: el principio del tesoro de los méritos. Lo puede buscar en internet si usted quiere.
El pecado afectó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron y no alcanzaron la gloria de Dios. Pero de esa misma manera, la justicia de Dios —la posibilidad de ser declarado justo delante de Dios, el carácter santo de Dios otorgado al pecador— también está disponible potencialmente para todos los hombres. Versículo 22: "No hay distinción para todos los que creen." Gente en África, en Asia, en Oceanía, en el continente americano, en Europa, en cualquier lugar que haya depositado su fe en Cristo Jesús pudiera llegar a tener salvación, porque versículo 22: "No hay distinción para todos los que creen."
El versículo 22 nos dice que no hay distinción porque todos pecaron. Sí, es verdad, mala noticia: todos pecaron y nadie alcanzó la gloria de Dios. ¿Pero no tengo esperanza? Sí, sí, sí. El versículo 22 me da la esperanza antes que la mala noticia, me da la buena antes que la mala, y me dice que la justificación en Cristo Jesús es posible porque no hay distinción para todos los que creen. Estamos bajo condenación, pero ahora yo puedo tener justificación.
Ahora, la próxima pregunta es: me diste la buena noticia, pero no entiendo claramente cómo es que esa buena noticia yo puedo personalizarla, cómo es que llega a mí. Porque me lo dijiste de manera general, está disponible para todos los que creen, para todos, pero no me explica bien a mí como el que llega. Escúchelo, versículo 24, porque ahora estamos hablando de qué cosa: estamos hablando de lo que Cristo ha hecho. "Siendo justificados", mira cómo, "gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús."
Ahí tengo varias palabras claves. Primero, somos justificados. La palabra ahí en el original es dikaióo, que implica básicamente entrar a una palabra usada en las cortes legales. Tú entrabas siendo acusado, siendo culpable y acusado, y salías siendo culpable pero no acusado. Tú eres descargado de tu culpabilidad. Violaste la ley, es verdad, pero el juez con la autoridad que tiene te declaró ya no más culpable. Bueno, Pablo nos dice que el pecador es acusado delante de la corte universal de Dios de culpable, cierto, pero que él ha sido declarado justo.
Como próxima palabra: gratuitamente, a ningún costo a él, por ninguna obra. Pero cómo es posible, sí, sí, sí, sí, pero cómo va a ser posible. Escucha por qué: por su gracia. Su gracia me ofrece la salvación gratuita. O sea, ¿que Dios da algo sin costo? No exactamente. Sin costo para ti, a todo el costo para Él y para su Hijo. A Él le costó el Hijo y al Hijo le costó la vida. Es gratuita para ti. Te imaginas la gracia de Dios, que Dios dice: "Yo voy a pagar lo que tú no puedes pagar. La deuda tuya es contra mí, pero al mismo tiempo yo estoy consciente de que la única persona en todo el universo que puede pagar soy yo." Y tú sabes que me va a costar tanto, me va a costar a mi Mejor. Y el Hijo mira al Padre y le dice: "Padre, yo te amo tanto que estoy dispuesto aunque me cueste la vida." Y el Padre le dice: "Ve."
Entonces soy justificado gratuitamente por su gracia, pero cómo todavía. Por medio de la redención que es en Cristo Jesús. Ya necesito entender esa redención, porque es así que llegas también, o ha llegado, por medio de la redención que es en Cristo Jesús. Si usted va a una compraventa aquí y deja un artículo, ¿has hecho alguna vez eso? Yo espero que no, pero no lo haga. Deja un artículo, verdad, que usted le prestan un dinero, y luego usted va a regresar a devolver el dinero y le van a devolver su artículo. Cuando usted trae el dinero y paga y le devuelven su artículo, se dice apropiadamente que usted redimió su pulso, su reloj, lo que sea, cierto.
Nosotros fuimos redimidos pues alguien pagó. Cristo en la cruz pagó con sangre y te compró de regreso del mercado de esclavitud de pecado en el que tú te encontrabas. Tú fuiste justificado gratuitamente por su gracia mediante la redención, mediante un pago que Cristo hizo cuando fue a la cruz. Por eso es que es importante que yo vayan entendiendo palabra por palabra. Por eso es que Lutero decía que la justificación, la declaración de salvo, es forense. Es un término legal, es algo que un juez hizo, te declaró, usado en las cortes.
Y eso fue lo que causó la controversia. Roma insistía: "No, no, no, no, tus obras son las que van creando en ti un carácter justo." De manera que para Roma la justificación es un proceso. Para nosotros la justificación no es un proceso, es un acto de declaración. El proceso es la santificación, eso es otra cosa, es otro sermón. Pero la justificación no es un proceso, es un acto de declaración de parte de Dios. Nuestras obras finitas todas están manchadas de pecado. Si Dios examina este sermón a la luz de esta, las mismas motivaciones, intención, todo lo que tiene que hablar con él, no va a llenar la justicia de Dios de ninguna manera. Nada es perfecto, todo está teñido por nuestro pecado.
Y entonces esa redención es en Cristo Jesús. La palabra redención responde, traduce múltiples palabras en el original. Una de ellas es agorázo, y ágora era el mercado. ¿Cómo se llama el centro comercial de aquí? Ese era el mercado, el mercado. Tú ibas y comprabas algo, y el mercado donde se compraban esclavos era un ágora. Y entonces la palabra traducida como redención es agorázo. Si me encontraron en el mercado de esclavo, pagaron por mí, me sacaron de ahí a precio de sangre. Yo fui agorazado, me han comprado, me libertaron, me sacaron de donde yo estaba.
Y eso es lo que pone fin a mi enemistad con Dios. Romanos 5 dice: "Cuando éramos sus enemigos, Cristo Jesús murió por nosotros." Dios dio a su Hijo. Esa es la palabra katallássō en el original, implica el fin de una enemistad entre dos donde el mayor dio el primer paso. Y eso fue lo que Dios hizo en Cristo Jesús. De manera que en la cruz Cristo fue mi sustituto. Allí me compró a precio de sangre; al comprarme me sacó del mercado y me ha dejado en libertad.
Entonces escucha ahora, aquí Dios, refiriendo a ese Cristo, "exhibió públicamente como propiciación por su sangre, a través de la fe, a través de la fe, como demostración de su justicia." Porque esta es la razón por lo que la ley anteriormente no había podido hacer nada por los hombres, y la manera como Dios lidió con los hombres hasta que Cristo viniera fue de esta manera: "Porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia." ¿En cuál tiempo? En el tiempo de Cristo. "A fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús, al que tiene fe en Jesús."
Dios, hablamos de este sermón reciente, no voy a pasar mucho tiempo, Dios exhibió a Cristo Jesús. No lo hizo Roma, no lo hicieron los judíos, no lo hizo Herodes ni Pilatos. No, Dios clavó a su Hijo y lo hizo como propiciación. Propiciación implica aplacar la ira, la ira de un Dios. En este caso, Cristo al morir aplacó la ira que Dios tenía contra el pecador. En nuestros días la frase es muy famosa de que Dios odia el pecado pero no al pecador. Sí, pero el infierno no está lleno de pecados, sino de pecadores.
Romanos 1:18: "La ira de Dios se manifiesta todos los días contra toda injusticia e impiedad de los hombres que suprimen la verdad, porque lo que de Dios es conocido ha sido claramente entendido por medio de lo creado." Dios claramente revela, pues Dios se lo hizo evidente dentro de ellos. El hombre no tiene excusa.
Entonces Cristo murió para aplacar la ira de Dios contra el pecador y lo hizo derramando sangre. Si Dios ha revelado eso, para el texto dice que como Cristo no había venido, Dios pasó por alto los pecados anteriormente. ¿Cómo que Dios pasó por alto los pecados anteriormente? Sí, lo hizo a través de un sistema de sacrificios temporales donde los hombres tenían que ir al templo y ofrecer sacrificios, corderos que apuntaban al verdadero Cordero de Dios que venía a quitar el pecado del mundo. Pero el autor de Hebreos dice que la sangre de los toros y los machos cabríos nunca pudo calmar la conciencia del pecador.
De manera que el pecador iba al templo, al tabernáculo, ofrecía un sacrificio, Dios en su tolerancia pasaba por alto su pecado momentáneamente, pero él salía del tabernáculo y seguía cargado, su conciencia seguía cargada. Y entonces qué pasaba, que al otro día, la próxima semana, al tabernáculo regresó con otro cordero. Entonces, ¿para qué sirvió eso? Para ir nos apuntando a Cristo, el verdadero Cordero que vendría a quitar el pecado del mundo.
Yo les mencioné hace años atrás esta ilustración, lo voy a volver a hacer ahora. Si tú tomas un préstamo en uno de nuestros bancos y llega un momento en que tú no puedes pagarle, si tú has tenido un récord muy bueno con ellos y tienes años con ellos, en ocasiones el banco decide que tú podrías pagar los intereses sin pagar el capital. ¿Has estado familiarizado con eso? Entonces tú pagas los intereses, no pagas el capital, eso reduce tu mensualidad, y con eso por un tiempo, hasta que tú consigas trabajo, puedas reponerte, y con eso el banco no te persigue legalmente. Pero sabes que eventualmente tú tienes que pagar el capital. De manera que tú pagas los intereses pero el capital sigue intacto.
Los sacrificios en el tabernáculo y en el templo pagaban los intereses de tu pecado para que Dios los pasara por alto, pero la deuda seguía igualita. Por eso no calmaba la conciencia del pecador. Y entonces, ¿cuándo finalmente se me iba a calmar la conciencia? Cuando el capital fuera pagado, cuando la verdadera deuda fuera pagada. Y esto es lo que Cristo hace en la cruz: que Él fue y pagó de una vez y para siempre, por un solo sacrificio, el pecado de todos los hijos para el resto de la eternidad.
Dios exhibió a Cristo públicamente como propiciación por su sangre, a través de la fe, como demostración de su justicia, a fin de demostrar en este tiempo su justicia. A fin de que él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús. En otras palabras, el hombre violó mi justicia, yo no voy a dejarlo así porque un Dios justo no puede dejar la justicia violada sin reivindicarla. Tú no quieres un presidente de la Suprema Corte que viole la justicia de la nación y no haga nada. Bueno, en nuestro país se ven cosas así, pero eso no es lo que tú quieres. Entonces Dios no lo va a hacer, él tiene que hacer que su justicia sea cumplida, y esto es lo que Dios hace.
Mi justicia tiene que ser cumplida, alguien tiene que pagar por la violación. Yo tengo dos maneras de hacerlo. No se está diciendo que hay dos maneras de salvación, no, no, dos maneras de cumplir la justicia. Yo tomo toda la humanidad y la mando al infierno y mi justicia es reivindicada, ¿entendió? Pero Dios en su amor decidió que él no quería hacer eso. Él podía, al tener el derecho, y nadie le iba a cuestionar, pero él no quería hacer eso. Y entonces, ¿quién podrá defendernos? Cristo Jesús.
Entonces él envió a su Hijo a cumplir la ley, a derramar su sangre para que ahí él pudiera comprar a aquellos que le había elegido de toda la eternidad. Y en vez de enviar a la gente a la cruz, dejó que su Hijo pasara una especie de infierno en la cruz por nosotros, para que luego entonces él pudiera justificarnos a nosotros por medio de la fe en Jesús. Cuando Dios hizo eso, él elevó su ley. A fin de que, el texto dice, a fin de que él sea justo, él reivindicó su ley y entonces fue justo, y al mismo tiempo es el que justifica al que tiene fe en Jesús. Hizo ambas cosas al mismo tiempo: reivindicó su ley, y cuando la reivindicó entonces podía justificar al pecador en Cristo Jesús. Increíble la sabiduría de nuestro Dios.
Fue la santidad de Dios que demandó que él satisfaciera su justicia. Dios pudo habernos enviado al infierno y haber satisfecho su justicia de esa manera, pero mientras la santidad requería la reivindicación de su justicia, su misericordia y gracia requirieron que él lo hiciera en Cristo Jesús. Hermano, eso debiera llenarte de gozo permanentemente. La justicia de Dios ha sido llenada perfectamente, cabalmente y eternamente en la persona de Jesús, de una vez y para siempre.
Por eso el apóstol Pablo dice en el versículo 27, conociendo cómo el hombre se estaría jactando si sus obras pudieran contribuir: "¿Dónde pues está la jactancia?" ¿De qué te vas a jactar? ¿Yo elegí a Dios, yo hice esta obra buena? No, queda excluida, él dice. ¿Y por qué queda excluida? Porque tú no has contribuido en nada a tu salvación. ¿Dónde pues está la jactancia? Queda excluida. Ok Pablo, ¿cómo es excluida cumpliendo la ley? ¿Por cuál ley, la de las obras? No. Yo estoy leyendo a Pablo: sino por la ley de la fe. Queda excluida la jactancia, no porque yo cumplí la ley, no por la obra de la ley, sino por la ley de la fe. ¿Cuál ley de la fe? Mi depósito de confianza en Cristo Jesús como Salvador.
Versículo 28, Pablo está concluyendo, yo también. ¿Por qué? Concluimos que el hombre es justificado por la fe, escucha, aparte de la ley. En buen dominicano, más claro de ahí no canta un gallo: el hombre es justificado por la fe, aparte de la ley.
Un cuarto punto: la extensión de la obra de Cristo. Se ha estado viendo dónde llega. ¿Abarca los judíos solamente? Eso creían ellos. ¿Abarca los gentiles solamente porque los judíos rechazaron a Dios? No. Escucha el versículo 29: "¿O es Dios el Dios del judío solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles." Pablo estaba diciéndoles a los judíos: ustedes tienen años pensando que yo solamente venía para aquellos que eran descendientes de Abraham de acuerdo a la carne. No, Dios es el Dios de los judíos y el Dios de los gentiles.
Porque en verdad, versículo 30, Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos, esos son los judíos, y por medio de la fe a los incircuncisos. Claramente Pablo explica que nadie se ha salvado si no es a través de la fe en Cristo Jesús. Versículo 30: "En verdad, Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos." Judíos y no judíos tienen una sola puerta de salvación: la fe en Cristo Jesús. No hay otra, no hay otro camino, no hay otra religión, no hay otra forma, no hay otra ley.
Versículo 31: "¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe?" En otras palabras, si ya yo he llegado a creer en Cristo Jesús por la fe y ya llegué a entender que la ley no me salva, entonces ¿la anulamos? De ningún modo. Esa es una de las expresiones más paulinas que tú puedas encontrar. Y demás énfasis en buen dominicano y lenguaje coloquial: ¡tú estás loco!
Porque la ley representa lo que Dios es, su carácter. La ley incluso te enseña cómo tú puedes complacer a Dios. Si yo soy fiel a mi esposa, eso complace a Dios. Si yo no hablo mentira, eso complace a Dios. Si no levanto falso testimonio, eso complace a Dios. Si no tengo dioses ajenos, eso complace a Dios. Si santifico el día de reposo, eso complace a Dios. Si honro padre y madre, eso complace a Dios. Si no mato a nadie, eso complace a Dios. Ahí están los mandamientos.
Pablo dice entonces: de ningún modo, al contrario, confirmamos la ley. En otras palabras, afirmamos lo que la ley es: la reflexión del carácter de Dios, la explicación de las cosas que complacen a Dios, y un ayo, o digamos un tutor, a través del cual yo llego a entender que no puedo ser salvo cumpliéndola, y por tanto eso me manda corriendo a Cristo Jesús.
Y el día que entonces Cristo fue a la cruz y se cuelga allí y derrama sangre, su penúltima frase, ¿cuál fue? Tetelestai. Consumado es. Y en tus manos entrego mi espíritu. Hasta que yo no consumara hasta la última tilde de la ley, incluyendo el que alguien tuviera que morir por el pecado, verdad, que por la ley que había sido transgredida, yo no podía entregar mi espíritu. Porque para eso yo vine, yo vine a rescatar a pecadores, yo vine a redimir pecadores para poderlos llevar a la libertad. Consumado es. Tetelestai. Terminó. La ley ha sido cumplida. Ahora hay una manera de entrada al Padre por medio de mí, aparte de la ley.
Ahora, en este tiempo, la ira de Dios propiciada, el pecado pagado, los esclavos libertados y los poderes de las tinieblas desarmados. En el momento más débil de Cristo, deshidratado, desangrado, clavado, sin poder moverse, sin querer hablar excepto aquellas frases que él quiso pronunciar, en el momento de su máxima debilidad cuando le entrega su espíritu, él acababa de desarmar todos los poderes de las tinieblas. ¿Te imaginas el poder de Dios? La debilidad de Dios es más fuerte, y no solamente que los hombres, es más fuerte que todos los poderes de las tinieblas al mismo tiempo.
Y la Palabra dice que cuando Cristo terminó su sacrificio, cuando ofreció su ofrenda, dice el autor de Hebreos algo que dice que él se sentó a la diestra del Padre. ¿Por qué eso es importante? Porque hasta ese momento todos los sacerdotes que entraban al tabernáculo, eventualmente al templo, cuando entraban a ofrecer sacrificio durante el día, nadie podía sentarse en el día entero. Un sacrificio y no había silla. No te puedes sentar, no te puedes sentar en el suelo, hubiese violado la ley. ¿Por qué no te puedes sentar? Porque la sangre de los machos cabríos y de los toros no remueve la culpa del pecador. Por tanto, anotación, te hay que seguirlo. Esto hay que seguirlo, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
Pero cuando Cristo vino y se ofreció, él fue la ofrenda perfecta, sin mancha, sin arruga, sin nada que pudiera evitar que él muriera y perdonara los pecados. Por tanto, por un solo sacrificio él hizo perfectos para siempre a aquellos que son salvos, y se sentó. No hay más sacrificio que ofrecer, no hay más nada que hacer, simplemente creer en Cristo Jesús. Él terminó la obra y se sentó. Ahora tú puedes creer depositando tu fe en Cristo Jesús.
¡Aleluya! ¡Gloria a Dios! Hay salvación garantizada por la eternidad. No tengo que preocuparme. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Y entonces, ¿qué hago ahora? Santificación. ¿Y cómo lo hago? Obedeciendo. Pero, ¿cómo lo hago? Por medio del poder que mora en ti, el poder del Espíritu. El mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos, Dios lo puso en ti para que puedas vivir en obediencia. Eso es gloria, eso es gracia, eso es misericordia, eso es poder. Eso es Estudio de los Miércoles.
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