Integridad y Sabiduria
Sermones

Sola gratia

Miguel Núñez 22 octubre, 2017

La salvación por gracia es la bisagra sobre la cual gira todo lo demás en la fe cristiana. A diferencia de cualquier otra religión, donde el hombre debe hacer algo para alcanzar la salvación, en el cristianismo la palabra clave no es "hacer" sino "hecho": hace dos mil años todo fue consumado en la cruz. C.S. Lewis lo expresó con claridad cuando, entrando a un debate sobre qué distinguía al cristianismo de otras religiones, respondió sin pestañear: la gracia. En el budismo se necesitan ocho pasos, en el hinduismo hay que purificar el karma mediante el sufrimiento, en el islam las obras determinan el destino eterno. Solo en el evangelio la salvación se recibe como un don gratuito.

El contraste que Pablo establece en Efesios 2 resulta devastador: el hombre sin Dios está muerto en delitos y pecados, camina según las corrientes del mundo, vive como hijo de desobediencia e hijo de ira. Un muerto no ve, no oye, no entiende, no respira. Así estábamos nosotros ante el evangelio. Pero Dios, rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, nos dio vida juntamente con Cristo. El amor de Dios no encuentra algo placentero para amarlo; más bien crea y forma lo que después resulta hermoso, trabajando la imagen de su Hijo en nosotros.

Esta gracia fue extendida desde la eternidad pasada y manifestada en el tiempo mediante Cristo. Por eso Pablo insiste: ni la gracia, ni la fe, ni la salvación son nuestras. Todo es don de Dios, para que nadie se gloríe. Como decía Spurgeon, si pensáramos qué masa de pecado somos, deberíamos estar asombrados de que el sol de la gracia divina continúe brillando perpetuamente sobre nosotros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La semana pasada cubrimos una de las cinco solas y, a lo largo del camino, se habrán percatado, hemos cubierto cuatro de esas solas y solo nos queda una por cubrir. Siendo este el mes en que celebramos, no solamente el año, pero ahora es el mes en que celebramos el 500 aniversario de la Reforma Protestante, yo creo que vale la pena poder cubrir la última de esas solas. Dejamos de cubrir la semana pasada Soli Deo Gloria, solamente a Dios la gloria, y la única sola que este año no hemos cubierto es Sola Gratia, o salvación solamente por gracia.

Martín Lutero escribió en su libro "The Bondage of the Will", o "La esclavitud de la voluntad", que la salvación solo por gracia es la bisagra sobre la cual gira todo lo demás. Como acabamos de cantar, Lutero decía eso porque, habiendo llegado a conocer la condición miserable en la que el hombre pecador se encuentra, solamente la gracia de Dios lo puede sacar de donde él ha caído.

Lutero había sido grandemente influenciado por Agustín, al igual que todos los grandes teólogos de la iglesia cristiana han tenido una dosis fuerte de influencia de Agustín, quizás de acuerdo a algunos el teólogo más grande que la iglesia haya dado, y por lo menos de los primeros mil años eso es cierto. Agustín escribió en su libro "Amonestación y Gracia" que la gracia de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor necesita ser entendida como aquella cosa única que permite que el hombre sea liberado del pecado, y sin la cual el hombre no puede hacer ninguna cosa buena, ya sea de pensamiento, de voluntad, de afectos o de obras. La gracia es aquella cosa, aquella cosa única exclusiva que permite que el hombre pueda ser liberado del pecado, y que es también esa cosa única sin la cual el hombre no puede hacer absolutamente nada bueno, ya sea de afectos, de voluntad, de pensamiento o de obras.

La marca distintiva de la fe cristiana es la gracia. La justicia es parte del carácter de Dios, pero otros sistemas religiosos tienen dioses falsos pero tienen dioses justicieros también. Pero la fe cristiana es la única que se distingue por su gracia. Es la razón por la que en una ocasión les contaba que C.S. Lewis entró a un salón donde se estaba discutiendo, en Inglaterra había una convención de religiones comparativas y la idea era comparar una religión con otra. Los expertos estaban debatiendo por un tiempo si había algo distintivo en la religión cristiana. Algunos llegaron a mencionar la encarnación de Cristo, y otros dijeron no, hay otras religiones que tienen una idea similar de la encarnación de dioses. Otros dijeron bueno, la resurrección, y pues otros optaron y dijeron no, pues sabes qué, hay otras religiones donde también hay su propia versión de la resurrección de alguien que ha muerto, de un dios que ha muerto.

En eso entró entonces C.S. Lewis a la habitación y estaban ahí enfrascados en un debate. Lewis preguntó de qué se trataba la controversia y ellos le explicaron. C.S. Lewis sin pestañear dijo: "Pues eso es sumamente fácil de contestar, es el concepto de la gracia." Y después de pensarlo por un rato, los expertos concluyeron que Lewis tenía razón. En todas las religiones excepto el cristianismo, el hombre tiene que hacer algo para ganarse su salvación. Solo en el cristianismo la salvación se recibe por gracia aparte de las obras de la ley, o aparte de obras de cualquier tipo. En el budismo tú necesitas ocho pasos para liberarte de tus deseos egoístas. En el hinduismo tú necesitas sufrir para purificar tu karma. En el islam tú necesitas hacer las obras que Alá demanda que se hagan, y al final tú todavía no sabes si vas a la salvación o la condenación, porque todo dependerá de cuando Alá y tú se encuentren y Alá pese tus obras buenas y las malas y decida para dónde tú vas.

De manera que en todas las religiones la palabra clave es "hacer". Solo en el cristianismo la palabra clave es "hecho". Hace dos mil años todo fue hecho y concluido. ¡Consumado es! Nosotros somos salvos, nosotros no somos salvos por lo que hacemos, sino por lo que Cristo ha hecho.

Y escúchalo ahora de parte del apóstol Pablo en Efesios 2 a partir del versículo 4: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia habéis sido salvados. Y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de..." Escucha la razón por la que Dios ha hecho esto: "...a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es un don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."

El texto que yo acabo de leer comienza con un "pero", y con esa palabra el apóstol Pablo introduce un contraste entre lo que yo acabo de decir, el texto que sigue al "pero", y el texto que antecede al "pero" que nosotros no leímos. Lo que Pablo hace es que en los primeros tres versículos de Efesios 2, que son los versos anteriores, él describe la condición de pobreza espiritual del hombre, la condición en la que tú y yo nos encontramos cuando no hemos recibido al Señor Cristo Jesús. Y esto es lo que Pablo, esta es la manera como Pablo nos describe, en realidad la manera como Dios nos describe a través de Pablo, que fue inspirado por el Espíritu de Dios.

El texto dice que estamos muertos en delitos y pecados, que éramos personas que vivíamos según las corrientes de este mundo, que caminábamos conforme al príncipe de la potestad del aire, que teníamos un espíritu de desobediencia, que lo único que hacíamos era satisfacer las pasiones de la carne, y finalmente nos describe como hijos de ira. Yo no sé si tú has pensado de ti en esos términos anterior a tu salvación. Pero eso es como Dios, que ve realmente la realidad de las cosas, nos vio, y como fue que nos encontró.

Pablo contrasta la bancarrota espiritual del hombre que no conoce a Dios con la riqueza del carácter de nuestro Dios: la pobreza del hombre versus la riqueza de Dios. Y por eso ahora el "pero" con el que comienza el versículo 4 es más enfático. Ahora que yo entiendo la mortandad, la bancarrota, la miseria espiritual del hombre sin Dios, ese "pero" con el que sigue es mucho más enfático: "Pero Dios, que es rico en misericordia..." En otras palabras, a pesar de la condición de extrema pobreza espiritual, la condición horrible en la que el hombre se encontraba, Dios al lado de ese hombre luce infinitamente rico en misericordia. Dios no solamente tiene misericordia, Dios es infinitamente rico en misericordia, porque nuestro Dios es infinito y por tanto todos sus atributos son infinitos también.

Martín Lutero no conocía nada de esto. De hecho, cuando Martín Lutero clavaba las 95 tesis todavía no conocía esto. Martín Lutero ni siquiera era creyente cuando clavó las 95 tesis. Él estaba despertando a una realidad que lo tenía condenado bajo el juicio de Dios, y estaba estudiando la Palabra, enseñando la Palabra incluso, y de repente Dios comienza a abrirle los ojos a Martín Lutero para que descubra lo que posteriormente él pudo proclamar y defender.

Escucha lo que la tesis 62 de las 95 tesis de Lutero dice: "El verdadero tesoro de la iglesia es el evangelio santísimo de la gloria y de la gracia de Dios." Él estaba despertando a una gracia, pero él no sabe cómo opera, no sabe bien qué es lo que esa gracia es capaz de hacer, pero él sabe que es gloriosa, él sabe que es santa, él sabe que no es algo que nosotros pudiéramos ganar. Martín había estado leyendo a Agustín, Martín había estado entendiendo lo que Agustín había entendido en el siglo 4 y 5 de nuestra era.

Eso que él dice en esa frase coincide con lo que otro de los grandes predicadores y evangelistas de tiempo atrás ha dicho cuando exclamó: "El corazón de la teología reformada no fue la predestinación." La mayoría de la gente piensa en reformados, inmediatamente Calvino, inmediatamente predestinación. Benjamin Warfield...

Sinclair Ferguson, un hombre eminentemente reformado, decía que ese no es el corazón de la teología reformada. El corazón de la teología reformada es la gracia. Y el texto que nosotros leímos deja abundantemente claro que nuestra salvación es el resultado de la gracia de Dios y no de nuestras obras, que nuestras obras no cuentan en lo más mínimo para la posibilidad de yo entrar al reino de los cielos.

Por eso el versículo 4 con el que comienza, nota cómo nuestro Redentor es descrito: Dios es rico en misericordia, posee un gran amor por nosotros, es un Dios lleno de gracia. Rico en misericordia, posee un gran amor por nosotros y está lleno de gracia. Compara eso otra vez con la manera como el pecador es descrito: muerto, carnal, desobediente y airado contra Dios. Pablo está tratando de resaltar la misericordia de Dios frente a la perdición del hombre, para que yo pueda entender mucho mejor cuán extraordinaria es la misericordia de nuestro Dios.

La palabra traducida como misericordia en el Antiguo Testamento es "hesed", y "hesed" hace alusión al amor fiel de nuestro Dios en medio de nuestras infidelidades. "Hesed" hace alusión al amor que permanece contigo, al amor que no cambia, al amor que no tiene sombra por ningún lado, el amor de Dios que es bondadoso. Ese es el "hesed" del Antiguo Testamento, y Dios extendió ese amor fiel, ese amor no cambiante, a pecadores inmerecido.

Nuestra muerte no era física, pero era tan real como la muerte física. Era una muerte espiritual. Ahora piensa por un momento en las condiciones en las que yace un muerto. Un muerto no es capaz de ver, no ve, no oye, no entiende, no siente, no respira, su corazón no late. Bueno, de esa misma manera es la condición del hombre que no conoce a Dios. Él oye del evangelio, él oye un sermón, él oye una prédica, y ese sermón no le hace ningún bien. En buen dominicano: tilín, no le hace tilín. Él no oye, no entiende, él no abre los ojos, él no respira, él no siente, él no reacciona ante el sermón. En esa condición de mortandad, de incapacidad espiritual, Dios mostró su misericordia.

Es la misericordia de Dios que hace que Dios quiera perdonar mis pecados. Dios no me perdona mis pecados simplemente porque Él me ve y me dice: "¿Y qué voy a hacer con esta gente? No me queda de otra, tengo que perdonarlo, porque si no lo envío todos para el infierno." No, Dios desea perdonar al pecador. Su misericordia lo mueve con pasión a perdonar al pecador.

La misericordia, creo que decía esto en el mensaje anterior, es como un brazo de Dios, y la gracia es otro brazo de Dios, y como que el tronco o el tórax de donde los brazos salen es el amor de Dios. Escucha cómo Pablo lo dice: "Por causa del gran amor con que nos amó." Es el amor de Dios que lo mueve a extender su gracia, es el amor de Dios que lo mueve a extender su misericordia hacia pecadores, estando nosotros en las condiciones que antes describimos. Así es como nuestro Dios es.

Ese amor de Dios que yo acabo de mencionar tiene características especiales. Sin el amor de Dios no hubiera salvación. "Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en Él no se pierda, mas tenga vida eterna." Eso lo hizo por misericordia y por gracia. El amor de Dios motiva ambas cosas. Por eso, para hablar de la gracia de Dios yo tengo que hablar obligatoriamente del amor de Dios, porque el mismo texto me dice: "Por causa del gran amor con que nos amó" Él ha hecho lo que ha hecho.

Y ese amor de Dios es incondicional. No había, y no hay, hermano, en ti y en mí, pero sobre todo antes de la salvación, no había absolutamente ninguna razón por medio de la cual Dios pudiera experimentar amor por tu vida. Ninguna. Porque estabas muerto, porque vivías desobedientemente, porque eras hijo de ira, porque odiabas a Dios, eras enemigo de Dios. De manera que el amor que Dios experimenta por el otro es puramente debido a lo que Él es, a lo que Él piensa, a lo que Él siente.

Piensa por un momento cuando te enamoraste de tu esposo, de tu esposa, o de cualquier persona que quizás ya no está en tu vida. Lo primero que hubo fue una atracción física, eso fue lo primero. Y luego, en la medida en que conoces a la persona, en esa misma forma entonces hay otras cosas que te van atrayendo hacia esa persona. Son cualidades atractivas para ti o para mí. Pero cuando Dios nos encuentra, nos encuentra muertos, y un muerto no atrae a nadie.

Yo estaba muerto en delitos y pecados. Usted ha estado en una funeraria, ¿no? Usted ha notado lo pálido que el muerto luce, la falta de emoción que el muerto tiene. No late su corazón, no respira. Nadie que yo sepa, que esté en sus sanos juicios, se ha enamorado de un muerto. Excepto Dios, lo pongo en comillas, porque no me estoy refiriendo al enamoramiento que nosotros experimentamos.

Martín Lutero decía que el amor de Dios no encuentra, escucha con detenimiento, el amor de Dios no encuentra aquello que es placentero para amarlo, sino que el amor de Dios crea o forma lo que sí lo es. ¿Y qué es lo que Lutero está diciendo? Que cuando el amor de Dios me encuentra y me alcanza, no es porque yo era placentero para Dios ni atractivo, pero Dios comienza a trabajar en mí y me vuelve placentero y me vuelve atractivo, porque Él forma la imagen de Cristo en mí. ¿Entiendes cómo opera el amor de Dios? Es muy distinto a cómo opera el amor del hombre.

El amor de Dios una vez más nos encuentra en una condición de mortandad, de moralidad, de falsedad, y en esa condición nada es hermoso en nosotros. Y poco a poco Dios comienza a crear en mí la imagen del Hijo. Es su propósito desde la eternidad pasada: el que de cosa me conoció y entonces me predestinó, y como me predestinó me llamó, y como me llamó me justificó, y como me justificó me glorificó. ¿Para qué cosa? Para hacerme conforme a la imagen del Hijo.

De manera que lo odioso en mí, en la medida en que Dios comienza a trabajar, comienza a lucir placentero. Lo feo en nosotros comienza a parecer agradable. Lo despreciable en mí de repente comienza a lucir como atractivo. Lo que el otro no está percibiendo es que lo atractivo de mí es la imagen de Cristo en mí. Yo no fui encontrado hermoso, Dios forma lo que es hermoso.

Dios me encontró como rebelde. Un rebelde no puede ser atractivo para la persona contra quien yo me rebelé. Si me rebelo contra mi padre, yo no puedo ser tan atractivo para mi padre si yo soy un rebelde, y sobre todo en mi casa, un rebelde sin causa. Y Romanos 5 días me dice que cuando éramos enemigos de Dios, Dios me dio a su Hijo. Cuando era su enemigo. De manera que claramente la Palabra muestra, Dios muestra, que su amor es incondicional. No había condiciones en mí que me volvieran atractivo para Dios. Yo vivía según las corrientes de este mundo, un mundo que Dios planifica juzgar y destruir, y yo vivo conforme a las corrientes de ese mundo. Eso no puede ser atractivo para Dios.

Pero Dios me dice también que su amor es eterno. En Jeremías 31:3: "Con amor eterno te he amado, por tanto te he atraído con mi gracia." ¿Escuchaste lo que Jeremías, lo que Dios está diciendo? En la eternidad pasada, cuando no había ni siquiera creación, no había hombres sobre la tierra, no había ni siquiera tierra, Dios me consiguió en su mente y me amó en su mente. Y como me amó, entonces fue y me creó. Y después que me creó, yo me perdí. Y después que me perdí, Dios con su gracia me atrajo. ¿Entonces estás entendiendo lo que es el amor eterno de nuestro Dios? Dios me creó porque me consiguió y me amó en la eternidad pasada. Antes de yo ser, ya Él me amaba, y porque me amaba me creó.

Dios me consiguió en su mente, Dios me crea, me trae al mundo, me deja caminar, me deja que me desvíe si quiero, y luego me atrae. Escucha Jeremías otra vez, 31:3: "Con amor eterno te he amado, por tanto te he atraído con mi gracia." Si el amor de Dios es eterno, y lo es, y me ha amado de toda la eternidad, y Él lo ha hecho, entonces su gracia debió haber sido extendida hacia mí desde la eternidad.

Voy a decir eso otra vez para luego probarlo por el texto bíblico, algo que ya se leyó en el principio de la mañana. Carlos leyó un texto de la Palabra que dice exactamente lo que estoy tratando de explicar. Si Dios me amó en la eternidad pasada, entonces Él debió haberme extendido su gracia en la eternidad pasada.

Escucha cómo la segunda carta a Timoteo lo dice, versículo 1 del 9 al 10, que Carlos leyó y que ya yo voy a leer: "Quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad." Según la gracia que me fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad. Me amó en la eternidad, por tanto me extendió su gracia en la eternidad. ¿Y entonces cómo se da eso en el tiempo? "Y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio."

¿Escuchaste? Dios me extendió esa gracia, y esa gracia entonces fue y me alcanzó. ¿Cuándo? Cuando Dios trajo a Cristo Jesús, a su Hijo, lo encarnó, y su Hijo entonces fue esa gracia expresada en tiempo y espacio para algo que Dios concibió fuera del tiempo y fuera del espacio. ¿Entendiste? Dios me creó por gracia, me sostiene por gracia, me atrae por gracia, y me hace nacer de nuevo. Y cuando me hace nacer de nuevo, me da la fe para creer en Él.

Nosotros no entendemos el amor de Dios. Si entendiéramos el amor de Dios, obedeceríamos a Dios de manera natural. Cristo lo dijo: "Si me aman, guarden mis mandamientos."

Nosotros frecuentemente pensamos en el amor de Dios como yo amo. El hombre dice: "Te amo porque te necesito." No creo que eso sea mucho amor, eso es más utilitarismo. "Te amo porque no puedo vivir sin ti." ¿No es un poco utilitarista también? "Te amo porque tú me haces sentir bien." ¿No es un poco egocéntrico? "Te amo porque me siento solo." También. "Te amo porque me das seguridad." Otra vez: mi, mi, mi, mi, mi, me, me, me, me. ¿Les se acuerdan? Todas esas cosas expresan el amor egoísta del hombre. Amamos porque necesitamos a esa otra persona. Dios me ama sin necesitarme.

Me amas sin sentirse solo. Dios me ama sin que yo pueda suplir o satisfacer una necesidad en él, pues Dios no tiene necesidad. Hay una sola razón por la que Dios me ama. En inglés pudieran decir "because" y dejarlo ahí. En el hablar dominicano pudieran decir "porque sí", pero es más que porque sí. Dios me ama porque él sabe que él tiene algo que nadie puede encontrar en ningún otro lugar del universo, y como el amor verdadero es un amor que da, Dios quiere darme lo que él tiene que yo no puedo encontrar, pero que yo necesito y que me va a satisfacer y va a proveerme gozo eterno por siempre. Y él quiere compartir entonces eso que él es conmigo. Por eso me ama.

Es como la historia de C.S. Lewis. Ya se las he contado, pero cuando una historia es buena, vale la pena repetirla otra vez. Lewis dice que más que una historia es una explicación: que si tu esposa o tu esposo te dejan, a ti te duele, y te duele por una razón válida, y es que tú has perdido algo. Pero si tú te alejas de Dios y tú te distancias de Dios, a Dios le duele. Te preguntarás por qué a Dios le duele. Porque tú has perdido algo. ¿Entendiste? Si mi esposa se va, a mí me duele, o tu esposo, porque él o ella al irse hicieron que tú perdieras algo. Cuando tú te alejas de Dios, a Dios le duele, pero porque tú has perdido algo.

El amor humano piensa en lo que el otro me puede dar. Dios piensa en lo que yo puedo darle al otro. El amor humano piensa cómo el otro puede servir a mis propósitos. Dios quiere que tú sirvas a sus propósitos porque en sus propósitos se encuentra plenitud de gozo. El amor humano ama hasta que me convenga. Cuando ya no me conviene, la gente comienza a distanciarse del otro: ya no me provee ningún beneficio, ya no me sirve, ya no tengo cómo usarte. El amor de Dios es fiel, de manera que cuando tú te alejas, él permanece en el mismo lugar, abre sus brazos y te dice: "Todavía te estoy esperando." Es un Dios que te da renovación de vida, créeme. Es un Dios que te mantiene en el camino, te habla cuando te estás alejando del camino. Dios nos ama no porque tiene ningún provecho que sacar. El amor de Dios es totalmente desinteresado y transformador.

Transformador. Así como Dios lo dice en su Palabra: el perfecto amor echa fuera todo temor. El amor de Dios es transformador. El temor que tienes a perder la vida es eliminado por medio del amor de Dios. El temor que tienes a los hombres es eliminado cuando experimentas el amor de Dios. El temor que tienes acerca de las enfermedades es eliminado cuando experimentas el amor del Dios que controla las enfermedades. El temor que tienes a los aviones cuando te montas en uno es eliminado cuando sabes que el Dios todopoderoso, que te amó desde la eternidad pasada, está en control de ese avión.

Es un amor transformador, es un amor incomprensible. No hay manera de tú y yo poder comprender cómo es que se ama como Dios ama, porque no somos como él. Cuando tú comienzas a amar a una gente y comienzas a encontrarle, en buen dominicano otra vez, cadillos, comienzas a encontrarle problemas, comienzas a decir "esa gente es complicada." Complicada, yo sé, pero antes es difícil, nosotros nos alejamos. Dios me encontró cuando yo era rebelde, enemigo, muerto, sin deseo por sus cosas, hijo de desobediencia, hijo de ira, y Dios me amó. Y una vez que yo soy su hijo, ciertamente en ocasiones Dios me disciplina, y me disciplina severamente, pero Dios me recuerda: "Hijo, una de las mejores evidencias de que tú eres mi hijo es que yo te disciplino, porque al bastardo, al hijo ilegítimo," dice Hebreos 12, "yo lo dejo. Este se disciplina a sí mismo. La vida lo juzga al final del camino," por así decirlo. Pero no tengas en menos la disciplina de Dios.

El amor de Dios es la motivación de su gracia y su misericordia hacia nosotros. Y escucha entonces lo que Pablo nos dice en ese texto: que el amor, la gracia y la misericordia hicieron que Dios nos diera vida juntamente con Jesús, versículo 2:5, lo leímos. Dios nos resucitó juntamente con él, versículo 2:6, primera parte. Dios me sentó en los lugares celestiales, versículo 2:6, segunda parte.

A nosotros nos dificulta concebir una salvación por gracia porque nosotros estamos acostumbrados, y nos gusta que sea de esta manera: trabajamos y me dan un salario, hacemos un gran esfuerzo y logramos una medalla, un logro, nos esforzamos por estudiar para que luego la universidad, una buena universidad, me pueda recibir. De manera que el orgullo humano hasta cierta forma dificulta el que el humano pueda recibir de otro, e incluso de Dios. Cuando Dios nos ofrece su salvación libre de costo por gracia, no entendemos, y en cierta medida el hombre ni siquiera quiere recibir. Queremos pagar algo: "Déjame pagar algo."

Y yo tengo que confesar, a manera de testimonio, que cuando yo comencé a descubrir la salvación puramente por gracia y que las obras no tenían ninguna participación, nadie me lo estaba enseñando excepto el Espíritu de Dios y la Palabra de Dios. Mi esposa es testigo: yo comencé, yo entré en una tribulación, porque yo no podía concebir que el hombre no tuviera aunque sea un por ciento de participación.

Escucha cómo Oswald Chambers lo explica: "Hay en los seres humanos cierto orgullo que los lleva a dar y a dar, pero venir y aceptar un don o un regalo es algo muy distinto. Yo daré mi vida al martirio, yo dedicaré mi vida al servicio, yo haré lo que sea, pero no me humilles al nivel del pecador que merece el infierno, ni me digas que lo único que tengo que hacer es aceptar el don o regalo de la salvación por medio de Jesucristo." Escucha lo que Chambers está diciendo: al hombre le gusta poder hacer, dar, lograr, conseguir, "yo hice," "yo pude." Pero eso de simplemente recibir, dice Chambers, "no, no, no me humilles a esa condición."

Nosotros quisiéramos una participación, quisiéramos un por ciento pequeño de las acciones del reino de los cielos. Pero David escribe en el Salmo 3:8: "La salvación es del Señor," de la A a la Z. Y Pablo lo dice claramente, y de hecho Dios nos explica, entre otras cosas, por qué ha decidido que sea así. Escucha, versículo 7: ¿A fin de qué? ¿Por qué es de esa manera? "Por gracia sois salvos," versículo 6. Versículo 7, ahora: "A fin de mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús."

Mira, que uno humanamente hubiese podido pensar que Dios iba a decir: "Y he dicho, lo voy a salvar por gracia. Para aquellos que iban al infierno, como no me eligieron, como no me desearon, yo voy a dejar que ardan ahí por el resto de la eternidad para que eternamente haya un testimonio de mi juicio y la rebeldía de ellos y la necesidad de ellos. Y ahí está el infierno para probar, testimonio eterno de la maldad de ellos." Y eso no es lo que yo estoy haciendo. "Yo he salvado un grupo de hombres por amor, por gracia, por misericordia, a fin de mostrar en los siglos venideros, en la eternidad completa, las sobreabundantes riquezas de Cristo Jesús, o en Cristo Jesús, por su gran bondad." ¿Te imaginas? Ese es el carácter de Dios desplegado en la redención mía y tuya.

Ahora, nosotros estaremos viendo, cuando entremos al cielo, tú y yo podremos ver la multiforme gracia y bondad y misericordia de Dios en formas y maneras jamás pensadas. Yo creo que pasaremos la eternidad diciendo: "¡Wow! ¿Y eso también? ¿Y esto también? ¿Y esto? ¿Qué más? ¿No has visto esto? Yo no he visto aquello." Ese es nuestro Dios: las sobreabundantes riquezas de su gracia en la multiforme gracia de Dios.

Y Pablo continúa entonces en el versículo 8 y 9, dice: "Por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe." Por segunda vez en un texto corto, Pablo nos dice "por gracia habéis sido salvados." Esa gracia que Dios me otorga es la que hace posible que yo crea. Yo necesito entender eso.

El hombre pecador tiene una mente entenebrida. Esto es complicado en términos de cómo es que mi salvación se va a producir. Yo tengo una mente entenebrida. La mente entenebrida no puede entender el satisfacer Evangelio y las cosas de Dios porque tienen que discernirse espiritualmente. Hasta ahí vamos bien, ¿verdad? Pero el hombre incrédulo no tiene el Espíritu. Entonces, ¿ahora qué va a pasar? Escucha cómo Pablo explica esto en Romanos 8:7: "La mente puesta en la carne," es la mente del hombre incrédulo, "es enemiga de Dios, no se sujeta a la ley de Dios, ni siquiera puede hacerlo." Esa mente no puede pensar apropiadamente. De hecho, Pablo le explica eso claramente a los corintios en su primera carta, en 2:14, cuando dice que las cosas de Dios el hombre natural no las percibe porque tienen que ser discernidas espiritualmente. Entonces el hombre inconverso oye el Evangelio y no lo entiende, porque tiene que ser entendido por el Espíritu, pero no tiene el Espíritu. Ya hay un problema.

Entonces, ¿quién va a resolver ese problema? Dios. Dios tiene que hacer algo. ¿Qué tiene que hacer Dios? Dios tiene que abrir sus ojos, abrir su entendimiento, abrir su corazón como abrió el corazón de Lidia en el libro de los Hechos. Eso es una obra de gracia. El hecho de que Dios te dé entendimiento para que entiendas el Evangelio. El hombre tiene que creer las verdades que lo van a llevar a creer. El hombre tiene que entender las verdades que lo van a llevar a creer, pero él no las entiende. Entonces, ¿qué pasa? Dios tiene que darte el entendimiento para que puedas comprender la verdad que te va a llevar a la salvación, y eso es gracia.

El hombre caído tiene un corazón de piedra. Ese corazón de piedra, cuando escucha el Evangelio, no late por esa verdad. Le tiene sin cuidado. Él no puede deleitarse en Dios. Pero resulta que, a menos que él tenga deseo por las cosas de Dios, él no va a poder llegar a creer. Nuestra batalla es difícil. En lo absoluto tiene una batalla contra la carne, tiene una batalla contra el mundo, tenemos una batalla contra las huestes espirituales de maldad, y ahora tenemos un corazón que Dios tiene que tocar y transformar y volverlo de un corazón de piedra a un corazón de carne.

Y si eso no fuera suficiente, resulta que la Palabra de Dios me dice que si bien es cierto que la salvación es por gracia, y si bien es cierto que todo es de Dios y todo es un don de Dios, no es menos cierto que yo tengo que creer. Pero no puedo creer porque mi voluntad está esclavizada al pecado. Literalmente, yo no puedo moverme en la dirección de Dios. La forma como Satanás esclaviza mi voluntad es a través de las ofertas del mundo y por medio de los deseos y temores de la carne.

Ese hombre caído tiene deseos, tiene deseos en su carne que lo derrumban. Ese hombre, esa carne tiene temores, y esos temores lo llevan a actuar pecaminosamente una y otra vez. Como llevaron a Pedro a negar a nuestro Señor Jesucristo, de esa misma manera esos temores llevan al hombre a lo largo de la vida, aún después de creer, muchas veces a hacer cosas que deshonran a Dios. Por eso es que nuestra salvación tiene que ser un don de Dios. Cristo tiene que venir a libertar la voluntad. Y ahora, la voluntad libertada —que el Hijo os haga libres, verdaderamente libres— libertada la voluntad, yo puedo ir y creer. Iluminada la mente, yo puedo entender. Ablandado el corazón, yo puedo sentir y deleitarme por las cosas de Dios.

Por eso es que Pablo escribía a los filipenses en el 1:29 y dice: "Que a vosotros os es concedido no solamente creer en Cristo, sino también sufrir por Él." Se os ha concedido creer en Cristo. Si no se me da, no lo creo. Para yo entender el Evangelio, Dios tiene que hacer algo y resolver el problema. Una vez se entiende el Evangelio, él puede ejercer su voluntad.

Escuche a Pablo: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios." ¿Qué es lo que no es de nosotros? Ni la gracia, ni la fe, ni la salvación. Entonces, ¿qué es lo que es mío en la salvación? Nada. Ni la gracia, ni la fe que ejerzo, ni la salvación que tengo es de vosotros.

Escuche a Martín Lutero una vez más en su grandiosa obra "The Bondage of the Will." Lutero decía que de todo lo que les escribió, y escribió mucho, que solamente había tres obras que valían la pena guardar, que las otras podían quemar. Una de esas tres era "De Servo Arbitrio," la esclavitud de la voluntad. Él compara en ese libro a Cristo con el novio, como la Palabra dice, la iglesia como la novia, y nosotros formamos parte de la iglesia.

Entonces escucha cómo Lutero entiende esto. Dice: "Cristo, que es el novio, está lleno de gracia, vida y salvación. El alma nuestra está llena de pecados, muerte y condenación. Ahora, por medio de la fe se construye un puente, de manera que mis pecados, mi muerte, mi condenación pasan a ser posesión de Cristo. Mis pecados, mi muerte y mi condenación pasan a ser posesión de Cristo en la cruz, mientras que la gracia, la vida y la salvación pasan a ser posesión de mi alma. Porque si Cristo es el novio, Él debe tomar para sí todas las cosas que fueran parte de la novia y otorgar a la novia las cosas que son suyas, de Cristo. Si ella le da el cuerpo y todo su ser, ¿cómo es que Él no le daría a ella todo lo que es suyo? Y si Él toma el cuerpo de la novia, ¿cómo no va a tomar todo lo que le pertenece a ella?"

¿Entendiste? Todo lo que le pertenece a la novia, que es la iglesia, es pecado, muerte y condenación. Todo lo que le pertenece a Cristo, que es el novio, es vida, gracia y salvación. Ahí está el intercambio.

Pablo concluye entonces: "No por obras, para que nadie se gloríe." Pablo me está diciendo algo para que yo no incurra en el pecado de pensar que remotamente yo he contribuido en algo a mi salvación. Es imposible. Aun si tú quieres pagar con tus obras, es imposible que lo puedas hacer.

Hay dos razones. Número uno: cuando Cristo se colgó en la cruz y dijo "Consumado es," "It is finished," "Tetelestai," todo quedó terminado. Ya no había más nada que hacer, nada que agregar. Su obra era suficiente. Por tanto, no puedes decirle al banco que vas a pagar una deuda que el banco no tiene registrada, ¿entiendes? Y en segundo lugar, no podemos pagar con nuestras obras porque todas nuestras obras están teñidas de pecado.

Lutero presentó, cuando fue a su primera discusión acerca de sus nuevos descubrimientos de la fe en Heidelberg, en abril de 1518, unas primeras tesis. Y estas tesis eran solamente para los frailes agustinianos como él. En la tesis número 16 él dice: "El hombre que crea tener la voluntad de alcanzar la gracia haciendo aquello que él es en sí mismo, agrega pecado sobre pecado, de modo tal que permanece doblemente culpable."

Para aquellos de nosotros que somos más lentos entendiendo las cosas, lo que Lutero está diciendo es que aquel que piensa que él puede alcanzar la gracia por algo que él tiene, por algo que él hace, él es culpable dos veces. En primer lugar es culpable por el pecado que ya ha cometido, y en segundo lugar es culpable de la arrogancia de pensar que él es capaz de alcanzar gracia por su propio esfuerzo. No creo que ninguno de nosotros quisiera ser doblemente culpable, pero a veces hemos pensado de esa manera.

Nosotros pensamos que si obedecemos a Dios hoy, pues mañana Dios debe bendecirme. Y si desobedecemos a Dios hoy, mañana si me va mal es por lo que yo hice ayer. Y Dios dice: "¿De dónde tú aprendiste esas matemáticas?" Porque el día que me porto bien, Él no tiene necesidad de bendecirme porque me porté bien, porque Dios me bendijo en la eternidad pasada por gracia cuando yo ni siquiera existía. Y cuando me porto mal, ¿sabes lo que Dios hace? Cuando me porto verdaderamente mal, me disciplina. Dios me dice: "¿De dónde tú dices que te está yendo mal? Si te disciplino es un acto de amor. Date cuenta de la gracia: te estoy disciplinando y te estoy llamando y te estoy atrayendo a mí con lazos de amor. No te estoy dejando."

Muchos piensan que si hacemos nuestro mejor esfuerzo, Dios entonces al final va a recompensarte: "Te esforzaste mucho, muy buenas obras, has sido fiel, entra al reino de los cielos." El problema es que mis mejores esfuerzos son mis peores esfuerzos, porque son mis esfuerzos tratando de ganarme una salvación que yo no puedo ganar, pero tengo la arrogancia de pensar que sí puedo hacerlo.

Hermanos, mientras más entiendes la bancarrota espiritual del hombre, más gloriosa luce su gracia. Si no entendemos cuál es nuestro problema y lo perdidos que nosotros estábamos, realmente yo no voy a vivir una vida de mucha obediencia. Porque yo no considero que he hecho la gran cosa, yo no considero que me he portado tan mal, yo no considero que he pecado tan gravemente. Y por tanto, si no he pecado tan gravemente, lo que Dios me ha dado tampoco es tan grande, porque yo no era tan malo al final del camino.

Nosotros tenemos que entender el problema. Si nosotros entendiéramos verdaderamente el problema, la disyuntiva, la bifurcación donde nosotros nos encontrábamos de perdición, nosotros viviríamos vidas mucho más agradecidas y mucho más obedientes.

Francis Schaeffer lo decía muy bien, con desprecio, y dice lo siguiente: "Si yo tuviera diez minutos para explicar la salvación..." Yo creo que es una excelente cita. Alguien que tiene diez minutos, pastor, pastor Miguel tiene una persona en conversa, tiene diez minutos para que le explique la salvación. Dice Schaeffer: "Esto es cómo yo dividiría mis minutos: ocho minutos para explicarle el problema del hombre perdido, caído, mente entenebrecida, corazón duro, voluntad esclavizada, enemigo de Dios; y dos minutos para explicarle la solución, porque la solución no va a tener mucho sentido si él no entiende su problema."

Ahí es donde nosotros estamos. Por eso, al hablar de la clase, gracias a Dios, yo he querido hablar primero del problema del hombre. Si no veo cuán grande es el problema, no veré cuán grande es su gracia. Y para no terminar sin revisarla, lo grande de mi problema, escucha cómo Dios lo dice en Romanos 3, versículos 10 al 18. Pero voy a leer solamente del 10 al 12 y luego el versículo 18. Es un texto muy conocido: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno." Versículo 18: "No hay temor de Dios delante de sus ojos."

¿Tú notaste todos los absolutos en esos versículos? Tres versículos, 10 al 12 y el 18. No hay justo, ni aun uno, es un absoluto. No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se han desviado. A una se hicieron inútiles. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Todas mis facultades quedaron teñidas por el pecado: mi mente, mi corazón, mis emociones, mis pensamientos, mis motivaciones, mi voluntad. Mente oscurecida, según 2 Corintios 4; corazón de piedra, Ezequiel 36:26; voluntad esclavizada, 2 Timoteo 2:25-26. Ese es mi problema.

El profeta mesiánico del Antiguo Testamento, usted conoce el texto, tuvo un encuentro con Dios descrito en Isaías 6. El hombre más recto que Israel pudo haber tenido durante ese tiempo, y él, cuando se encuentra con Dios, dice: "¡Ay de mí! ¡Pobre de mí! Pues estoy arruinado, estoy muerto", dependiendo de su traducción. En el hebreo dice: "Estoy deshecho, undone, me han abierto en dos. Yo soy un hombre de labios inmundos." Ese es el hombre más recto en Israel. "Yo habito en medio de un pueblo de labios inmundos." Mi problema cuál es: que mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos. El profeta justo dice: "No, no, yo soy un inmundo."

Y el incomparable Daniel, el intachable Daniel. Tú puedes leer los doce capítulos del libro de Daniel y déjame buscar con una lupa: ¿dónde fue que Daniel falló? Y no hay nada donde Daniel haya fallado. Cuando él decide orar, escucha cómo Daniel oró. Oró en Daniel 9:5: "Dios, hemos pecado, hemos nosotros, hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas." Daniel se coloca junto con el pueblo, al igual que Isaías: "Yo soy un hombre de labios inmundos y habito en medio de un pueblo de labios inmundos." Él sabía que su inmundicia era parte de la inmundicia del pueblo.

Por eso es que Pablo dice en Efesios 2:8: "Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no de vosotros, sino que es don de Dios." Mano, la salvación no es una demanda, es una donación. ¿Se da demanda? No demanda, es una donación que Dios hace.

La Iglesia Católica de Roma ha enseñado, continúa enseñando lamentablemente, que la salvación es por gracia más las obras. Nunca diga que la Iglesia Católica no enseña salvación por gracia. Nunca diga que la Iglesia Católica no enseña salvación por fe. Roma ha insistido siempre que es por gracia, que es por fe. El problema está en el "más", en la matemática que sigue: más las obras. Y la Palabra de Dios claramente enseña que cuando la salvación es por gracia, como es, las obras quedan excluidas; y que si fuera por las obras, entonces la gracia quedaría excluida.

Escucha a Pablo en Romanos 11:6: "Pero si es por gracia, ya no es a base de obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. ¿Quién lo entiende? Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra." Como que se cae de la mata, ¿no? Por gracia, las obras no tienen nada que ver; pero si es por obras, entonces la gracia no tiene nada que ver. Pablo no lo podía explicar más sencillamente.

Hermano, algunos de nosotros quizás estamos necesitando salvación en este momento, y Pablo te ha explicado cómo se obtiene: por medio de la gracia. Pero hay otros de nosotros que ya estamos en el camino, que tenemos años caminando bien, y como que de repente comenzamos a sentir: "Uno, tengo diez años de... mira mi pedigrí detrás, mira lo bien, mira lo recto que caminamos."

Yo quiero leerte, con eso yo voy a cerrar, yo quiero leerte una cita de Charles Spurgeon. Este es un hombre que caminó por la línea, que caminó recto, pero él entendía el corazón del hombre, y él está hablando como creyente. Yo quiero que a medida que yo lo leo, voy a leerlo despacio, tú le pidas a Dios que te ayude a ver de qué manera tu corazón, tu mente, tu caminar a veces se porta así, o se ha portado, para que tú vuelvas a aclamar a Dios por gracia y decirle: "Señor, por tu gracia sostenme, por tu gracia hasta aquí he llegado, pero si no es por tu gracia me voy a perder, me voy a zafar." Que tú puedas entender que la permanencia en el camino todavía es una obra de gracia de parte de Dios.

Escucha lo que Spurgeon dice: "Yo no conozco otra palabra con la cual expresar la sorpresa y el asombro que en nuestros espíritus deben sentir con relación a la benevolencia de Dios." No sé cuándo fue la última vez que tú te asombraste de la benevolencia de Dios para contigo. No porque un día te faltaba dinero y alguien te dio mil pesos, sino porque pecaste y en su gracia Dios renovó tu vida.

Dice Spurgeon: "Yo no conozco otra palabra con la cual yo puedo expresar la sorpresa y el asombro que en nuestros espíritus deben sentir con relación a la benevolencia de Dios." Escucha con detenimiento y piensa de qué manera tu corazón ha jugado de esta manera, o tu mente, o tu fe. "Nuestros corazones juegan como la prostituta." Palabras fuertes. "Nuestras vidas están muy lejos de ser perfectas. Nuestra fe parece casi extinguida. Nuestra incredulidad frecuentemente prevalece. Nuestro orgullo levanta la cabeza. Nuestra paciencia luce como una planta enferma, casi muerta por el frío de la noche. Nuestro coraje o valentía solo luce un poco mejor que nuestra cobardía. Nuestro amor es tibio y nuestro fervor es como el hielo."

"Oh, mis amados hermanos, si pensáramos qué masa de pecado somos nosotros y qué pila de estiércol ambulante somos todos, deberíamos estar sorprendidos de que el sol de la gracia divina continúe tan perpetuamente brillando sobre nosotros y que la abundancia de la misericordia de Dios sea revelada en nosotros."

Escucha otra vez: "Oh, mis amados hermanos, si pensáramos qué masa de pecado somos todos nosotros y qué pila de estiércol ambulante somos todos, deberíamos estar sorprendidos de que el sol de la gracia divina continúe tan perpetuamente brillando sobre nosotros y que la abundancia de la misericordia de Dios sea revelada en nosotros."

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.