Integridad y Sabiduria
Sermones

Soli deo gloria

Miguel Núñez 15 octubre, 2017

Fuimos creados para volar alto, pero la altura a la que Dios nos llama no son nuestros logros, sino su gloria. Esta es la idea que atraviesa la reflexión sobre el "Soli Deo Gloria", una de las cinco solas de la Reforma protestante. Isaías 43:7 lo declara con claridad: Dios nos creó, nos formó y nos hizo para su gloria. No se trata de un concepto teológico abstracto, sino del propósito mismo de nuestra existencia, tan práctico que determina si vivimos satisfechos o insatisfechos en cada área de la vida.

Adán y Eva fueron creados perfectamente, colocados en un jardín perfecto, bajo el gobierno de un Dios perfecto, y aun así arruinaron sus vidas. ¿Cuándo ocurrió? No cuando mordieron la fruta, sino antes, cuando creyeron que podían dejar de vivir como criaturas y llegar a ser como el Creador. Perdieron el sentido de lo trascendente y con él su propósito, su pertenencia, su identidad. Como el hombre de la leyenda que se mudaba buscando gente diferente, solo para descubrir que la fiebre no está en la sábana. Salomón intentó encontrar satisfacción en finanzas, placer, construcciones, y su conclusión fue "vanidad de vanidades". En quince versículos de Eclesiastés aparece obsesivamente: mis obras, mi plata, mi corazón, mis manos.

La gloria de Dios no es algo que podamos poseer, pero sí contemplar. Y al contemplarla en su Palabra, somos transformados de gloria en gloria. Cristo vino de la gloria a la vergüenza para llevarnos de la vergüenza a la gloria. Meditar en su poder, su santidad, su amor generoso que nos hizo coherederos con Cristo, esto produce confianza, santidad y gratitud. A él sea la gloria por los siglos de los siglos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Podemos ser siervos de Él y vivir para su gloria.

Como hemos mencionado a lo largo del año, este es el año 500 de la Reforma, y el 31 de este mes estaremos conmemorando el día, no el año, pero el día de los 500 años de esa reforma protestante. Esta es la razón por la que hemos estado haciendo pausas aquí y allá para traer temas relativos a la Reforma, como ustedes todos conocen. De hecho, el proyecto de las 95 tesis acabará en apenas unos dos domingos, y las últimas cinco tesis están dedicadas a las cinco solas de la Reforma.

Yo quisiera tomar una de esas cinco frases: sola Escritura, sola fide, sola gratia, solo en Cristo y solo a Dios la gloria. Yo quiero tomar una de ellas, en particular la última de esas frases, para poder reflexionar juntos hoy como iglesia. No solamente acerca de la gloria de Dios, sino acerca de qué es lo que implica vivir para su gloria. Yo creo que muchas veces nosotros vemos estas verdades como conceptos teológicos que suenan interesantes, quizás emocionantes en ocasiones, pero como que al final, al salir de este lugar, tienen poca aplicación, es poco práctico el llevar eso a la vida diaria. Yo quisiera mostrar a través de este mensaje que es todo lo contrario, que la teología no puede ser buena si no tiene aplicación a la vida diaria. ¿De qué me sirve conocer algo que yo no puedo aplicar, que no me va a transformar, que no me va a cambiar?

De manera que, en esta mañana, yo quisiera que tú puedas escuchar toda la reflexión pensando y pidiéndole a Dios a la vez que te permita aquilatar cuán práctico esto es para tu vida diaria. Yo decía en el mensaje anterior, o en el servicio anterior, que el movimiento protestante de la Reforma nos ayudó a recobrar el Evangelio que se había perdido. Al mismo tiempo, nos ayudaron a ver dónde radicaba la máxima autoridad, y que al mismo tiempo nos ayudó a levantar la imagen de Dios de tal forma que Dios verdaderamente estuviera sentado en su trono y no el hombre.

Nosotros hemos dicho esas cosas una y otra vez, de diferentes maneras, a través incluso de diferentes predicadores en este año, con la intención expresa de que este año no termine sin que usted pueda recordar para siempre el legado que nos fue entregado y lo hermoso de dicho legado. Si alguien le preguntara que le resumiera en dos, tres o cuatro ideas la doctrina de la Reforma, o lo que la Reforma nos llevó a ser o nos llegó a descubrir, yo creo que usted pudiera decir sin temor a equivocarse que número uno: la Reforma nos dio la recuperación del Evangelio; la Reforma declaró la Biblia como la máxima autoridad en materia de fe y práctica; y que finalmente la Reforma nos dio una idea o una visión teocéntrica de la vida. De ahí la última sola: soli Deo gloria, o solo a Dios la gloria.

Yo quisiera tomar para iniciar mi reflexión en el día de hoy un solo versículo y luego apoyarlo con otros versículos o pasajes de la Palabra. Pero yo quisiera que en la medida en que tú escuchas la Palabra hoy —debiéramos hacerlo cada vez, pero yo te invito de manera especial— que tú puedas como rumiar y a la vez pedirle a Dios iluminación de la mente para entender la grandeza de sus verdades y al mismo tiempo lo práctico de estas verdades en tu vida.

Escucha al profeta Isaías hablando a nombre de Dios, o Dios hablando a través de él: "Traed a todo el que he llamado por mi nombre, y a quien he creado para mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho" (Isaías 43:7). Dios muestra un interés especial en que, a través del profeta, cierta gente sea traída a Él, y Él dice: "Tráeme a todo aquel a quien yo he creado para mi gloria, a todo aquel que ha sido llamado, formado para mi gloria."

Eso solo nos da a nosotros una idea encumbrada de nuestra creación: que yo tengo un propósito exclusivo en toda mi vida, y es poder proclamar, poder vivir, poder reflejar el propósito para el cual Dios me hizo, que no es otro que su propia gloria. Dios me creó para su gloria, y con frecuencia los hijos de Dios viven todavía insatisfechos en el reino de los cielos en esta tierra.

La pregunta que tú y yo tenemos que hacer es: ¿cuál es la razón? Porque hay diferentes grados de insatisfacción con los cuales la gente vive: en sus trabajos, en sus relaciones, en sus estudios, en sus matrimonios, en sus noviazgos, en cada una de las áreas de la vida. Algunos experimentan un grado de insatisfacción ligero, otro moderado, otro completo. Y la tendencia, la inclinación natural, tanto en ti como en mí, es encontrar un culpable. Esa sería la inclinación natural, o encontrar circunstancias sobre las cuales yo pueda echar mi culpa como responsable de lo que ha ocurrido.

El día de ayer yo leía un artículo secular y me llamó la atención que estas cosas que esta persona secular había observado en el mundo, en cuanto al grado de insatisfacción con el cual vive la gente, es muy similar a conclusiones que nosotros pudiéramos llegar en consejería bíblica. Siempre me llama la atención ver muchas veces cuán acertado el mundo secular puede ser en lo que ocurre, con frecuencia lo que no tienen es el tratamiento o el remedio o la cura para las cosas que ellos mismos observan.

Esta persona escribiendo decía que la gente que vive con grados de insatisfacción tiene ciertos hábitos, y aquí mencionaba en el artículo algunos de ellos. Número uno: usted cree que no se puede confiar en la mayoría de las personas, y vivir así no produce satisfacción. Número dos: usted se concentra en las cosas que no están bien en vez de enfocarse en las cosas que sí lo están. Número tres: usted se compara con otros y experimenta celos. Número cuatro: usted se esfuerza por controlar su vida, y yo agregaría el de los demás también. Cinco: usted mira hacia el futuro con temor y preocupaciones. Y seis: usted llena sus conversaciones con chismes y quejas. Rara vez realmente el ser humano piensa que la razón de esas cosas está en su interior.

Creo que les mencioné en algún momento, el hombre, es una historia, que sea una leyenda, pero el hombre, es un señor que se mudaba de un lugar a otro. No sé si la conté aquí, porque muchas veces ya no sé qué conté dónde, cuándo y dónde, pero él se va mudando, y camino a donde iba él se para y le pregunta a una persona con la que se encuentra. Él venía en un tráiler de esos grandes. Él dice: "Señor, mire, ¿usted sabe dónde está tal poblado?" Y él le dice, le explica. Él dice: "Bueno, ¿qué distancia está?" Él le explica. Él dice: "Bueno, ¿y cómo es la gente allá?" Él dice: "Bueno, ¿de dónde usted viene?" Él le dice, entonces le explicó, le preguntó: "¿Y cómo era la gente allá de donde usted viene?" Él le dice: "No, la gente vivía insatisfecha, quejándose, inconforme." Él dice: "Bueno, pues ese mismo tipo de gente va a vivir en el próximo poblado."

La cultura popular ha desarrollado ciertas frases, refranes les llamamos. Yo no sé si usted presta atención a las frases y refranes. A mí me gusta observar tanto lo que la gente habla como lo que la gente hace, porque yo aprendo de la observación. Pero la cultura popular tiene uno de esos refranes que dice que la fiebre no está en la sábana. Y sin embargo, cada vez que nos da fiebre emocional por los problemas, le ponemos el termómetro a la sábana. La fiebre no está en la sábana, no está en la sábana con la que yo me arropo.

Yo tengo ejemplo de eso en la Palabra de Dios. Yo tengo un Jesucristo, bueno, que era Dios, ¿no? Yo tengo un Pablo entonces para demostrar que ciertamente es así. Cada iglesia, cada domingo, dependiendo del tamaño de la iglesia, hay personas que entran y salen satisfechas y otras insatisfechas. Hoy en la misma canción, si cantan la misma canción, hoy en el mismo sermón, dicen lo mismo: amén, gloria a Dios, aleluya, y sin embargo tienen diferentes experiencias.

Yo quiero proponer que la solución a esa problemática de la vida está directamente relacionada con cómo yo veo y vivo la vida. Cómo yo veo y vivo la vida. Piensa por un momento: Adán y Eva fueron creados perfectamente, de manera que Adán no podía quejarse de Eva, no tenía de qué, ni Eva podía quejarse de Adán. Era un hombre perfecto y era la mujer perfecta, y los colocaron en el jardín perfecto para vivir bajo la custodia y el gobierno del Dios perfecto. Pero llega un momento en que ellos fallan, y ellos arruinan sus vidas y arruinan su mundo. La pregunta sería: ¿cuál fue la razón?

Yo no quiero dar la respuesta aún. Yo la voy a reservar para un poco más adelante, para dar una razón que está directamente relacionada con mi mensaje en el día de hoy. Pero usted va a ir descubriendo la respuesta en la medida que nosotros desarrollemos el mensaje o la exposición de la Palabra.

Aquellos de ustedes que estuvieron en la conferencia de jóvenes "Por Su Causa" este año, probablemente algunas de estas cosas que menciono les puedan sonar familiar, porque ciertamente algunas de ellas fueron tomadas de allí. Pero yo les decía a los jóvenes que si tú tomas a un león que vivió ya varios años en la jungla, a la intemperie, y lo colocas en una jaula, no hay manera de que ese león pudiera estar satisfecho, tranquilo, conforme, porque él no fue creado para vivir tras barrotes.

Si tú tomas un águila creada para vivir en las alturas, y volar, y disfrutar, y desplegar la gloria de Dios en las alturas —un águila que cuando presiente la tormenta acercarse ella abre sus alas en grande y permite que los vientos de la tormenta la eleven para ella sobrevolar la tormenta—, si tú piensas en ella y le cortas las alas y la fuerzas a vivir caminando en la tierra, no hay forma de cómo ella pueda vivir satisfecha, de forma satisfactoria, porque ella no fue creada para caminar sino para volar y desplegar la gloria de nuestro Dios.

Dios nos creó para volar alto, pero la altura a la que Dios nos ha llamado a vivir no son mis logros, es su gloria. No hay nada que me pueda levantar más alto en mi existencia que vivir para la gloria de Dios. Entonces, a menos que yo viva para la gloria de Dios, volando a dichas alturas, no hay forma de que pueda encontrar satisfacción en mi vida de este lado de la gloria.

Dios dijo: "Mis caminos no son tus caminos, ni mi gloria es tu gloria." Dios dijo: "Mis pensamientos no son tus pensamientos, ni mis ideas son las tuyas." De manera que nosotros necesitamos entender, por un lado, cómo vivo para la gloria de Dios, y por otro lado, cuán práctico y cuánta satisfacción trae al hombre el vivir para aquello para lo cual Dios nos ha creado.

Pero lo primero que necesito es no confundir propósito. El propósito para el cual Dios me creó, no confundir propósito con actividad. Eso es como confundir ruido con poder. Un carro viejo puede hacer mucho ruido, pero no llega muy lejos. De esa misma manera, muchos creen que muchas actividades en sus vidas equivalen a vivir con propósito. Al final de mis días, Dios va a medir mi productividad no por cuánto yo haya hecho, sino por cuánto de aquello para lo cual Él me creó yo logré hacer.

Este es mi estándar: "Yo te creé con un propósito, una idea en mente. Me revelé a tu vida, te guié, te guardé, te preservé. Tu medida es contra aquello para lo cual yo te creé en primer lugar."

Mucha gente piensa que tu propósito en la vida es ser ingeniero, o médico, o pastor incluso, o abogado, y nada de eso es el propósito. Esos son los instrumentos a través de los cuales Dios está permitiéndote y ayudándote a vivir su propósito.

Hermanos, necesitamos entender —y Adán y Eva lo experimentaron— que no fuimos creados para vivir de espaldas a Dios. No fuimos creados para vivir divorciados de Dios. No fuimos creados ni siquiera para vivir alejados de Dios. En la medida en que nosotros pecamos, nosotros tampoco fuimos creados para el disfrute de la carne. Hay cosas que no son en sí mismas malas o pecaminosas, pero representan al fin del camino disfrute de la carne. Al final de la historia, yo tampoco fui creado para eso. Yo fui creado para conocer y amar a Dios con toda mi mente, todo mi corazón, toda mi fuerza, toda mi alma. Es la razón primaria de mi creación.

Yo no fui creado para vivir para mí mismo. El hombre no fue creado para vivir aislado de los demás. No es posible vivir en aislamiento —y creyentes y no creyentes lo hacen— y estar satisfechos de la vida. Nosotros no fuimos creados para vivir comunicados vía Facebook, sino para vivir comunicados entre nosotros en relaciones humanas que contribuyen a formar la imagen de Cristo en mí. Y hoy en día mucha gente vive confundida pensando que están conectados porque viven en las redes sociales. El hombre no fue creado para encontrar satisfacción primordialmente en lo que hace, sino en su relación con Dios. El hombre fue creado para vivir un propósito, y el propósito es Su gloria.

La pregunta es: ¿qué es propósito? Bueno, el propósito es la intención original para la cual algo es creado. Estos lentes fueron creados con una intención. El creador pensó que con estos lentes alguien podría ver mejor. Ese es el propósito. El propósito es la razón de tu existencia. El propósito es el objetivo que inspiró al Creador. Entonces, cuando Dios pensó en ti, lo que a Él lo movió a darte los dones, talentos, oportunidades, esposa o esposo, el lugar de residencia, el lugar de trabajo, lo que a Él lo movió a entregarte todas y cada una de esas cosas es el propósito para el cual Él te creó.

Y Él dice a través de Isaías 43:7: "Tráeme a todo aquel que yo he creado para mi gloria, y todo aquel que he formado, y a quien he hecho." En otras palabras, la razón de tu existencia es una sola: es la gloria de Dios. La razón de tus relaciones es una sola: es la gloria de Dios. La razón de tu trabajo, la razón de tu matrimonio, la razón de tu noviazgo, la razón de por qué tú compras y vendes, la razón de por qué tú exhibes, la razón por la que tú te diviertes, debe ser para la gloria de Dios. Eso dijo Pablo cuando le habló a los corintios: "Ya sea que comas o bebas" —1 Corintios 10:31— "o cualquier otra cosa, hacerlo para la gloria de Dios."

En ese solo versículo de Isaías 43:7 y en ese solo versículo del Nuevo Testamento, 1 Corintios 10:31, Dios revela el propósito primario para el cual yo fui creado: revelar Su gloria. Y eso es un privilegio extraordinario. La gloria de Dios es el conjunto de atributos que Dios tiene, pero eso no es suficiente. Y cuando Él los hace emanar de sí mismo, cuando eso es irradiado hacia afuera, esa es la expresión de Su gloria. Eso es un privilegio extraordinario: que Dios me haya creado para que cuando Él haga reflejar todos y cada uno de Sus atributos hacia afuera, yo pueda ser un reflector que continúa reflejándolo hacia adelante para el resto de la eternidad.

Es como si Dios quisiera brillar a través de mí. Imagínate esa idea. Por eso te decía: yo quiero que le pidas al Espíritu de Dios que te pueda elevar a la altura de estas verdades. Es como si Dios quisiera brillar por completo a través de mí. Esa es la razón por la que Él me está haciendo conforme a Su imagen. Mientras más me parezco a la imagen de Cristo, mejor reflejo Su gloria. Mientras más me parezco al hombre viejo, más reflejo la imagen del Adán caído. Para parecerme a Él yo tengo que tener más de Su imagen y vivir para Su gloria. Si vivo para mí mismo, yo reflejaré lo que yo soy, lo que soy en mi interior. Cristo dijo: "De la abundancia del corazón habla la boca." Eso yo reflejo. Lo que sale de mí es lo que soy en el interior.

Por tanto, mientras más conformado a la imagen de Cristo soy, más imagen de Cristo sale de mí, mejor reflejo Su gloria. Mientras viva para mí mismo, lo único que puedo revelar, como ya dije, es lo que yo soy, lo que yo pienso, lo que yo siento, lo que yo experimento, lo que yo deseo. Pero ese yo es el que vive precisamente insatisfecho. Eso sería parte de la razón por la cual Dios quiere que yo viva para Su gloria.

Pero piensa: Dios, en la eternidad pasada, pensó en ti cuando no hubiera ni siquiera remotamente posibilidad de que fueras a existir. Dios pensó en ti, te amó —dice la Palabra— en esa eternidad pasada, te eligió en la eternidad pasada, porque todos los eventos de la historia de manera que en un día Cristo Jesús pudiera venir y redimirte en la cruz. Te dio a Su Hijo, te dio las bendiciones de Su Hijo. Tiene todo el sentido el que yo viva entonces para la gloria de Aquel que hizo todo eso.

Escúchame: cuando tú vives para la gloria de Dios, o cuando Dios me pide que viva para Su gloria, Él no es el beneficiado en lo más mínimo. Dios está completo en sí mismo. Dios no es más gozoso cuando yo le glorifico. Dios tiene un carácter que es inmutable; Él no cambia. De tal forma que cuando yo vivo para Su gloria, Dios no crece, yo crezco. Cuando yo vivo para Su gloria, Dios no cambia, yo cambio. Cuando yo vivo para Su gloria, Dios no está más gozoso, yo estoy más gozoso. Y como dice John Piper, la gloria de Dios y el gozo del hombre no son excluyentes una de la otra. De hecho, son complementarias, pero una es el resultado de la otra. Mi gozo es el resultado de vivir para Su gloria. Y cuando vives para Su gloria, reflejas más de Dios y menos de ti.

De este mensaje en adelante, esa es la pregunta: ¿ahora voy a vivir mejor para la gloria de Dios, con más conciencia? Recuerda que Adán y Eva fueron creados perfectamente. Dejamos una pregunta en el aire: Adán y Eva fueron creados perfectamente, fueron colocados en un mundo perfecto para vivir bajo un Dios perfecto, y de repente se encontraron insatisfechos, en un mundo de temor, en un mundo de vergüenza. Y la pregunta es: ¿cuándo ocurrió eso? Superficialmente luce que eso ocurrió cuando ellos mordieron la fruta. No, eso comenzó a ocurrir antes de la mordida.

Adán arruina quién él es, y arruina el mundo en que él vive, cuando de repente alguien le vendió la idea de que él podía dejar de vivir como criatura y llegar a ser como el Creador. Y entonces la fruta era simplemente el medio a través del cual él cambiaría de propósito. Cuando Adán piensa que él no tiene que seguir viviendo para el propósito por el cual Dios le creó como regente de toda la creación, sino que él puede ser igual al Creador, Adán no solamente trata de cambiar el propósito, sino que, tratando de hacerlo, cambió la gloria con la cual él fue creado por la vergüenza que le heredó.

Y ahí nosotros, ahí donde Cristo nos encuentra: con la vergüenza de Adán, con un corazón endurecido, una mente entenebrecida, que es incapaz de entender incluso el Evangelio. Y Cristo entonces viene para llevarnos de la vergüenza de Adán a la gloria de Dios. Pero para que eso ocurriera, Él tenía que venir de la gloria de Dios a la vergüenza del hombre. Eso debería ser razón suficiente para vivir para Su gloria. Dios crea a Adán, y ahora nos salva y nos llama hijos para que nosotros podamos ser como un espejo reflector de la gloria de Dios.

Piensen en el universo. Piensen en lo que el salmista escribe en el Salmo 19:1 y en adelante, que dice que el universo, los cielos, el firmamento, proclaman la gloria de Dios. Cuando Dios refleja Su poder, Su sabiduría, Su omnisciencia, Su majestad en la inmensidad del universo, el universo refleja de regreso a Dios todo lo que Él es. Si el universo puede hacer eso y no tiene la imagen de Dios, ¿cuánto más debería ser el hombre capaz de reflejar dicha imagen, que sí porta, que sí es portador de la imagen de Dios?

El salmista dice que el universo hace eso todos los días, desde que se levanta el sol hasta que se acuesta, sin pronunciar palabras. Cada vez que el sol se levanta en la mañana y luce hermoso en el horizonte, sin hablar está diciendo: "Gloria a Dios." Cada vez que una ballena con miles de libras de peso se levanta y tú la puedes ver en el aire, aquel animal hermoso, extraordinariamente grande, en el aire como si no pesara absolutamente nada, está declarando sin palabras: "Gloria a mi Creador." El hombre con la imagen de Dios es el que ha rehusado vivir para Su gloria.

Pero cuando tú haces eso, esto es lo que ocurre. Cuando Adán pecó, Adán perdió el sentido de lo trascendente. Algunos entendemos esta palabra, otros no. Escúchame, es sencillo: cuando tú pierdes el sentido de lo trascendente, tú te encuentras en una situación donde lo que tú haces, el trabajo que haces, la labor que haces, tú piensas que no tiene ningún valor más allá de la tumba. No trasciende esta vida, no trasciende este tiempo, no trasciende tu vida misma. Por tanto, esa labor que haces es tediosa, es cansona. ¿Para qué la vas a hacer? Esa es la conclusión de Salomón.

Adán perdió el sentido de lo trascendente, y cuando tú pierdes el sentido de lo trascendente, tú pierdes propósito, significado, deseo de seguir viviendo. ¿Tú puedes creer que la causa número uno de muerte en Estados Unidos de jóvenes de 15 a 24 años es el suicidio? El país más rico del mundo, el país más dotado de cosas del mundo, tiene como primera causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años el suicidio. Ellos no tienen sentido de trascendencia en su vida. Y en Estados Unidos, la ciudad con el mayor índice de insatisfacción, ¿cuál tú piensas que es? La gran manzana: Nueva York. De todas las ciudades, la que tiene como símbolo la manzana que todo el mundo quiere morder tiene el mayor índice de insatisfacción.

Adán perdió su propósito. Adán perdió su sentido de pertenencia. Nosotros fuimos creados para sentirnos que pertenecemos a nuestro Creador, a nuestro Dios. Una y otra vez nos dice el Antiguo Testamento: "Yo soy vuestro Dios." Pero Adán perdió ese sentido. Ya no le pertenecía a Dios; fue echado del huerto. Y esa es la razón por la que tú tienes jóvenes que se unen a pandillas, porque las pandillas les dan un sentido de que pertenecen a algo que es más grande que ellos.

La razón por la que jóvenes y no jóvenes muchas veces se conforman a las corrientes de este mundo, a los patrones, a las modas, a las nuevas frases, a todo lo que entra a nuestras vidas, es porque eso nos da un sentido de que pertenecemos. Estamos en el "in", como dicen en inglés, en el "club", en la muchedumbre. Pertenecemos a la muchedumbre. De lo contrario nos sentimos extraños, raros y afuerados, si pudiéramos decir. Solamente cuando tú vives para la gloria de Dios, vives con propósito y significado. Eso es lo que Salomón no podía encontrar en su trabajo. El trabajo del hombre sin el sentido de lo eterno pierde su propósito y se vuelve tedioso.

Escucha a Salomón, la conclusión a la que él llegó cuando él se aleja de Dios, en Eclesiastés 1:13: "Tarea dolorosa dada por Dios a los hijos de los hombres para ser afligidos con ella." Esa es la conclusión de Salomón. ¿Tú escuchaste lo que Salomón dijo? Que la vida y el trabajo es una tarea tediosa que Dios nos dio, y que nos la dio para afligirnos. ¿Este hombre es creyente o es ateo? Pero eso es como la vida luce, la vida luce así sin Dios.

Por eso es que cuando tú lees a Salomón en Eclesiastés, la palabra "trabajo" de Eclesiastés 1:12 a 2:20 aparece quince veces. Trabajo, trabajo, trabajo. Y la razón por la que él vio el trabajo de esa manera es porque él vio el trabajo de esta forma: bajo el sol, bajo el cielo. Concluyó: vanidad de vanidades. Concluyó: esto es un correr tras el viento. ¿Quién de vosotros ha podido agarrar el viento? De esa misma manera, ¿quién de nosotros puede agarrar el propósito para el cual trabaja? ¿Quién puede concebirlo? No. Despegado de Dios no puede, pierde el sentido de lo trascendente.

Pero lo que me devuelve el sentido de la trascendencia a mi vida es justamente vivir para la gloria de Dios, lo cual ya Dios declaró. El hombre que pierde lo que es la gloria de Dios como meta de su vida, él se vuelve egocéntrico. El hombre que vive para la gloria de Dios, él se vuelve teocéntrico. Pero tú tienes que ver cuán egocéntrico se vuelve el hombre cuando él pierde el sentido de la trascendencia y la unión con su Creador.

Escucha a Salomón otra vez en Eclesiastés 2:1-11, once versículos. Escucha, te voy a leer algunas frases: "Me dije", "mi mente", "mi cuerpo", "mi mente" otra vez, "me guiaba", "mis obras", "me edifiqué", "me planté", "me hice", "me hice", "me precedieron", "mi plata y mi oro", "me proveí", "me engrandecí", "mis ojos", "mi corazón", "mi corazón", "mi labor", "mis manos", "me había empeñado". Mis, mis, mis, mis, yo, yo, yo. Así que esa persona no vive para la gloria de Dios, vive para su propia gloria. El hijo de Dios alejado de Dios vive para su propia gloria.

Mas Salomón lo intentó vía las finanzas. Para qué, vanidad de vanidades. Lo intentó vía el placer, lo intentó vía el vino, lo intentó a través de obras de construcción. Y hoy en día el hombre lo está tratando de hacer, sobre todo aquellos que no tienen el dinero ni el poder ni las riquezas de Salomón, vía las redes sociales. Millones de personas que viven conectados a múltiples personas a quien ellos nunca han visto, pero que sienten que pertenecen a una comunidad. No lo puedes hacer. Jamás encontrarás satisfacción ni conexión, porque parte del propósito de Dios es que vivas en una comunidad de personas que portan su imagen y que tienen el propósito mutuo de contribuir a la formación de dicha imagen, el uno en el otro.

Tú y yo jamás podremos estar satisfechos hasta que no vivamos su propósito. Recuerda: sus caminos no son mis caminos, sus propósitos no son mis propósitos. El manto del universo puede contar la gloria de Dios, es cierto. Nosotros debemos contar la gloria de Dios, nosotros debíamos proclamar la gloria de Dios, nosotros debiéramos vivir la gloria de Dios. Lo que nosotros no podemos hacer es poseer la gloria de Dios.

Thomas Watson lo decía de esta manera, aquel puritano de años atrás: Dios puede darnos lluvia, sol, alimento, salud, y puede darnos todas las cosas. Incluso nos dio a su Hijo. Pero hay algo que Él no puede darnos, y es su gloria. No, Él no puede darme su santidad, su poder, su omnisciencia, su infinidad o infinitud. Él no puede darme esas cosas. Por eso Dios revela a través del mismo profeta Isaías, en Isaías 48:11: "Mi gloria no la daré a otro." Nadie la merece ni nadie la puede tener. Nadie es como Él. Él es inigualable, Él no tiene rival, Él es incomparable. Por eso el universo, el cielo, el firmamento ruge con la gloria de Dios, todo lo que es, desde que se levanta el sol hasta que se acuesta.

El hombre fue creado para vivir para los propósitos de Dios, pero él quiere vivir para sus propios propósitos. Pero los propósitos de los hombres son tan bajos, son tan pequeños, tan temporales, que no les satisfacen. Tú fuiste creado, bueno, y ahí lo mencioné, para conocer y amar a Dios con toda tu mente, con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu fuerza. Esta es la única cosa que te puede dar satisfacción en la vida: conocer a Dios para amarlo de esa manera.

Hermano, eso es un privilegio. Eso es un privilegio que los demonios no tienen. Eso es un privilegio que el inconverso no tiene: vivir en relación con el Creador, reflejando lo que el Creador es, reflejando su gloria.

Si vamos a reflejar su gloria, tenemos que entender algo, en buen dominicano, al guito por lo menos de su gloria, porque eso es algo que hasta escapa a una definición que nosotros podamos dar. Pero si tú piensas en el hebreo, la palabra era "kabod", y kabod era algo pesado. En otras palabras, yo no fui creado para vivir una vida de trivialidades y superficialidades. Yo no fui creado para ser entretenido por la superficialidad de este mundo terrenal. No, no, porque yo fui creado para algo que es pesado: la relación con el Dios Creador. Y la palabra en el griego, en el Nuevo Testamento, es "doxa", de donde viene la palabra doxología. Y doxa, en el lenguaje griego antiguo, en el griego clásico, tenía mucho que ver con dar una buena opinión acerca de otro, de forma que cuando vives para la gloria de Dios, el otro debe vivir de esa manera y quedarse con una buena opinión de quién Dios es.

Nabucodonosor no era creyente, no hay indicio de que él llegara a ser creyente. Sin embargo, él comenzó a observar a Daniel de una manera tal que nosotros podemos hacer dos comentarios. Uno, el día que Daniel es lanzado en el foso de los leones, él va a la orilla del foso y dice: "Daniel, ¿el Dios a quien tú sirves ha podido salvarte de la boca de los leones?" Y luego el rey, en observación a cómo Daniel confió hasta llegar hasta ahí, proclamó un edicto declarando que toda la tierra adorara al Dios de Daniel. Ni siquiera al Dios de él, al de Daniel. En otras palabras, Daniel dio al rey una buena opinión del Dios a quien él le servía. Eso es vivir para gloria de Dios. Este es tu propósito, este es mi propósito en la vida.

Ahora, eso no es fácil. No es fácil, y ahora es más difícil, porque nosotros vivimos en medio de una generación narcisista. De hecho, un par de autores, Twenge y Campbell, publicaron un libro que se llama "La epidemia narcisista". De manera que, si no estás familiarizado con esto, una epidemia es algo que viene pero que se va, no es algo que ha estado siempre. Cuando una enfermedad está siempre en un lugar, se dice que la enfermedad es endémica, ya le pertenece a ese lugar. La epidemia es algo que surge. De manera que estos autores nos están ayudando a entender: esto no era así.

Entonces, en ese libro ellos hacen múltiples revelaciones. Quiero darte dos. Habla primero de lo que un narcisista es. Dice: un narcisista es alguien que está lleno de sí mismo, que tiene una cabeza grande, es alguien que es un fanfarrón, que ama el sonido de su propia voz, es una leyenda en su propia mente. El narcisista no es simplemente confiado, sino que es sobreconfiado. En esencia, los narcisistas se admiran a sí mismos demasiado. Los autores dicen que esta epidemia comenzó en 1970, la década que siguió a la década de los 60, de los hippies, de las drogas, de la rebelión, del "no me importa la autoridad" y todo eso.

Pero ellos dicen que esa epidemia tuvo un pico. Ellos están usando lenguaje médico. Dentro de la epidemia hubo un pico de la epidemia. A veces nosotros decimos: "Ya pasó el pico de la pandemia", "cuándo llegó el pico de la pandemia". Y dicen que el pico ocurrió entre 2005 y 2006. ¿Qué ocurrió en 2005 y 2006? La entrada de Facebook y YouTube. Ahora todo el mundo vive diciendo: mira lo que yo soy, mira lo que yo tengo, mira lo que yo he visto, mira lo que me comí anoche, mira con quién yo andaba, mira dónde estaba, mira por dónde voy, mira de dónde vengo. Mí, mí, mí, mí, mí, mí, mí, mí.

Si amas las redes sociales más que amas a Dios, no puedes vivir para su gloria. Si consultas las redes sociales más de lo que consultas a Dios, más de lo que consultas su Palabra; si amas el YouTube más de lo que amas a Dios, no puedes vivir para su gloria. Si amas la sensualidad, amas la pornografía más de lo que amas a Dios, no puedes vivir para su gloria. Si amas, escúchame, si amas la imagen de Adán en ti más que la imagen de Cristo en ti, no puedes vivir para su gloria.

Tú me dirías, ¿cuál es la diferencia entre uno y otro? La imagen de Adán es la imagen caída del primer Adán; la imagen de Cristo es la del segundo Adán, no caída. La imagen de Cristo, a la cual me están formando, conforme a la cual me están formando, es la que Adán tenía y la perdió. Pensar que Satanás estuvo en el camino de la verdad y se cayó, y Adán también.

Algunos piensan que Dios es egoísta porque nos pide vivir para su gloria. ¿Egoísta? El Dios que me salió a buscar, el Dios que me encontró como un enemigo de él, el Dios que cuando me encontró no quería nada saber de él, con ningún interés en él, el Dios que me dio al Hijo para traerme a la vida eterna, el Dios que tomó su máxima manifestación de ira, de justicia, y la colocó sobre los hombros de su Hijo para evitar que yo cayera allí, el Dios que dio a su Hijo de la forma que lo vimos en una cruz, ¿es el Dios egoísta? No. Solamente alguien narcisista puede llegar a una conclusión como esa.

Por eso el salmista, con menos revelación, en el Salmo 115 dice: "No a nosotros, oh Dios, no a nosotros, que a tu nombre sea dada la gloria, oh Dios". Todo es tuyo, todo es tuyo, Dios. Y eso es justamente lo que el apóstol Pablo proclama al final del capítulo 11 del libro de Romanos, cuando dice que de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria para siempre, amén. Todo es de él. Claro que todo es de él, él es el Creador, y el Creador tiene la patente sobre lo que crea. Él tiene el derecho, él tiene la autoridad. Todo es de él. El Creador puede hacer con lo que creó lo que él quiera.

Pero escucha, Dios no es un creador como el hombre es un creador. Este aparato que yo estoy usando aquí fue creado por alguien, pero está funcionando ahora independientemente del creador. Nuestro Dios no es así ni la creación es así. Dios nos creó y creó su creación de tal forma que es totalmente y completamente dependiente de su poder. Él es quien tiene el poder de la existencia. Él no puede dejar de existir porque si dejara de existir, todo deja de existir. De manera que yo le debo a Dios mi vida por completo. En él nosotros vivimos, en él nosotros nos movemos y en él existimos, dice el apóstol, dice el libro de Hechos escrito por Lucas.

Él está entendiendo perfectamente bien la idea de Pablo cuando dice que todo es de él. En el Salmo 24:1 dice: "Del Señor es la tierra y todo lo que en ella hay, el mundo y los que en él habitan". No solamente la tierra, el universo entero es del Señor. Pablo lo afirma de una manera muy directa cuando les escribe a los corintios en su primera carta en 4:7 y hace la pregunta: ¿Qué tienes que no hayas recibido? De lo que tienes, ¿de dónde ha venido? La inteligencia, la vida, relaciones, la casa, el trabajo, ropa, comida, alegría si la tienes, gozo si lo tienes. ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si te glorías de eso, ¿por qué te glorías como si no lo hubieses recibido?

De manera que Dios no solamente es el dueño de todo lo que existe, es también el dador de todo lo que hay. Por eso Pablo no encuentra de qué manera glorificar a nuestro Dios y ayudarnos a ver que tenemos que vivir para su gloria. Nos creó para su gloria, pero no solamente eso, es que todo lo que creó tiene un diseño que claramente requiere, demanda, que le devolvamos a Dios la gloria con la cual él creó.

Todo es de él, todo es por él. En otras palabras, no existe nada de lo que tú ves que no haya sido creado por él. Juan 1:3, ¿no dice eso? En el principio era el Verbo, el Verbo era con Dios, el Verbo era Dios. Nada de lo que fue hecho fue hecho sin él. Pero escucha, la Palabra de Dios no solamente me dice que todo es de él y todo fue hecho por él, sino que todo fue hecho para él. En otras palabras, Dios Padre en la eternidad pasada, a él le plació concebir todo un universo que fuera para su Hijo. Por eso es que nosotros representamos una ofrenda de amor del Padre para el Hijo. "Tuyos eran", dice Cristo en Juan 17, "y me los diste". Claro, porque todo fue concebido por el Padre de una manera que pueda representar ahora una ofrenda para el Hijo.

Por eso es que escuchamos como el texto de Colosenses 1:16 dice: "Porque en él fueron creadas todas las cosas", okay, él es el agente de la creación, "las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades. Todo fue creado por medio de él y para él". ¡Wow! Si todo es de él y todo fue hecho por él y todo es para él, la lógica dice que la gloria debe ser de él.

Ahora escuchen. Si todavía después de hablar de todo esto, todo esto te parece teológico y poco práctico, yo te lo voy a bajar todavía más a la práctica del día a día. La gloria de Dios es tu agente de transformación. Y eso está en la Palabra. Yo te lo voy a leer, yo no me atrevería a hacer una declaración como esa si no está en la Palabra. La gloria de Dios es tu agente de transformación. La gloria de Dios es tu agente de transformación.

"Pero todos nosotros, con el rostro descubierto", ya nos quitaron el velo, "contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu". Todos nosotros estamos siendo transformados por el Espíritu de un grado de gloria a otro, como Pablo, cuando estamos contemplando como en un espejo la gloria del Señor. Este es el espejo de la gloria de Dios. Aquí está la máxima revelación de la gloria de nuestro Dios. En la medida en que yo la contemplo, en esa misma medida yo soy transformado.

"Pastor, pero yo he leído la Palabra por mucho tiempo y no me ha santificado". Claro, porque has leído las letras, pero no has visto la gloria detrás de las letras. No has visto la gloria de Dios en lo que las letras están revelando. Necesitas rumiarla, reflexionarla. Necesitas pedirle a Dios iluminación para que él te encumbre a la altura de lo que revela y tú puedas ver su gloria. Y cuando la veas, es otra etapa de gloria en gloria. Como por el Espíritu, claro, es él que da la iluminación. Claro que por el Espíritu. La falta de santificación en el cristiano es falta de contemplación. La falta de santificación es falta de contemplación. Necesitamos leer la Palabra, rumiar la Palabra, reflexionar la Palabra, deleitarnos en la Palabra una y otra vez.

Piensa por un momento. Vamos a hacer un ejercicio en unos minutos que me quedan. Por un momento, si tú pudieras reflexionar cuando manejas, cuando estás plantando, cuando estás cocinando, cuando estás haciendo algo, en el poder de Dios, el poder de un Dios que él abre su boca y galaxias en billones se forman. ¿Tú no crees que cuando tú reflexionas sobre eso y piensas que ese Dios ha puesto el mismo poder a tu disposición, como que eso debería traducirse en mayor confianza en el poder de este Dios para hacer en tu vida lo que tú crees que es imposible? ¿No crees?

Medita por un momento en la santidad de Dios y en su gloria. De un Dios que a unos serafines, que son seres angelicales creados para administrar en su presencia, tienen la sensibilidad de cubrirse el rostro porque ellos no pueden ver la luz refulgente que sale, que mana, que irradia de la presencia de Dios. Escucha lo que Pablo le escribe a Timoteo en su primera carta en 6:16: "Es el único que tiene inmortalidad", y escucha, "y habita en luz inaccesible", aun para los serafines, "a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él sea la honra y el dominio eterno. Amén". Solo reflexionando en la gloria y la santidad de este Dios termina con una doxología. Si piensas en esa gloria y en esa santidad, ¿tú no crees que la puedes rumiar y meditar una y otra vez? Eso solo debiera llevarte a ti a vivir con un mayor grado de santidad y evitar el pecado.

Medita por un momento en su amor que lo movió a extender. Imagínatelo de esta forma: el amor de Dios es el motivador de todo lo que ha hecho, de manera que ahora cuando él extiende en misericordia, eso es como un brazo de su amor. Este es el amor, este es el brazo, y a través de ese brazo en misericordia, yo merecía el infierno, y él me dijo: "No, pero para allá no vas". Y que luego, movido por el mismo amor, Dios extiende el otro brazo de gracia y me dice: "Pero tampoco te voy a dejar aquí. Tú vas para mi gloria por el resto de la eternidad, conmigo, para que puedas disfrutar por siempre de mi presencia". ¿Tú no crees que esto nos llevaría a una vida de mayor agradecimiento? Si meditas en el amor que llevó a Cristo a la cruz, el amor que nos dio a Cristo, si meditas en la generosidad de nuestro Dios que tomó a su Hijo y lo entregó en esa cruz.

Pero luego, siendo su Hijo, siendo la creación entera de él, por él y para él, Dios en combinación con el Hijo determinaron que nosotros íbamos a ser coherederos de todo lo que el Hijo va a heredar. Eso es inconcebible. Todo es de él, pero resulta que el Hijo dice que el Padre está de acuerdo: también va a ser de ellos, porque ellos serán coherederos conmigo. ¿Cómo piensas que viviríamos si tuviéramos más conciencia de esa generosidad?

Cristo nos está llevando de la vergüenza a su gloria, pero él tuvo que venir de la gloria a la vergüenza para poder hacer eso. Piensa por un momento en el cuerpo de Jesús, traspasado, ensangrentado, debilitado, desfigurado, desnudo ante el mundo. Esa es la mayor vergüenza que una persona pudiera sufrir, y sobre todo si este es Dios. Pero sabes que Dios nos dio a su Hijo en esas condiciones para que nunca más yo tuviera que decir: "Tengo vergüenza de confesar mi pecado". ¿Cuál vergüenza? La vergüenza está en la cruz. Eso es una vergüenza extraordinaria y él la llevó por ti. El resto lo vas a hacer para la gloria de aquel que dio a su propio Hijo para remover precisamente la vergüenza de tu pecado.

Hemos sido creados para vivir para su gloria.

Yo creo que la mejor manera de cerrar este mensaje es citar la palabra de Dios. Yo no puedo encumbrar más alto que la Palabra, de manera que eso es lo que yo voy a hacer para ayudarnos a cerrar y finalmente dejar unas dos ideas de meditación que vienen directamente de la Palabra.

Escucha cómo Pedro, el apóstol, en 1 Pedro 4:11 nos habla y nos dice: "El que habla" —piensen en la conversación de esta tarde— "el que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; ya sea que coma o beba o que hable, el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da". Ok Pedro, ¿tú quieres que yo hable conforme a las palabras de Dios? Sí. ¿Tú quieres que cuando yo sirva, yo sirva conforme a la fortaleza que Dios me da? Sí. ¿Por qué? Escucha: "Para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén". Cuando hable, cuando trabaje, que lo haga para que Dios sea glorificado en Cristo Jesús.

Efesios 3:20-21: "Y aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros" —ese es el Espíritu— "a él sea la gloria en la iglesia, en Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén". Ese es el apóstol Pablo otra vez irrumpiendo en doxología. Él no sabe cómo más glorificar a Dios. Dice: "Es que no puedo, porque es que él es capaz de hacer mucho más allá de lo que pienso, de lo que imagino. Que a él sea la gloria en la iglesia, en Cristo Jesús, por todas las generaciones".

Y Dios quiere cerrar su revelación, y cuando llega el libro de Apocalipsis, en Apocalipsis 7:10-12, él describe —y con esto cierro—: "Y clamaban a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios, a él la gloria, que está sentado en el trono, y al Cordero. A él sea la gloria". Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo: "Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén".

Amén. Gracias, Señor.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.