Cuando Adán pecó, perdió tres cosas: el camino de regreso a Dios, la capacidad de distinguir la verdad del error, y la vida misma. Cristo vino a restaurar exactamente lo que se había perdido. En el contexto del quinientos aniversario de la Reforma protestante, el sermón examina una de las cinco solas que los reformadores proclamaron: solo Cristo. La afirmación de Jesús en Juan 14:6 —"Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí"— constituye la declaración más exclusivista que maestro alguno haya pronunciado en la historia de la humanidad.
A diferencia de los rabinos que basaban su autoridad en la Torah, Jesús hablaba de sí mismo. No dijo "yo te señalo el camino", sino "yo soy el camino". No dijo "yo te digo la verdad", sino "yo soy la verdad". No dijo "yo puedo darte vida", sino "yo soy la vida". En cada funeral donde Cristo se presentó, el muerto resucitó. La muerte salía corriendo cuando él se hacía presente. Buddha confesó ser alguien en búsqueda de la verdad; Mahoma dijo que sin la misericordia de Dios no tendría esperanza; Confucio admitió no ser santo. Cristo, en cambio, preguntó: "¿Quién me acusa de pecado?"
El único que puede llevarte a un lugar es alguien que haya estado en ese lugar. Cristo bajó del cielo; por tanto, es el único que sabe cómo se llega allá. Él no vino simplemente a revelarnos su identidad, sino a tomarnos de la mano y garantizar que llegaremos.
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Cómo están, terminó mi sabático. Aquí estoy. Gracias a Dios por él. Fue muy bueno retirarme, escribir y escribir, y leer y leer. Quizá en otra reunión de otro tipo les damos un resumen, por insinuación de alguien en la oficina, o más bien invitación de que debiera dar a conocer a la iglesia todo lo que pudimos hacer en el sabático, pero fue muy bueno y Dios así lo sabe.
El texto que vamos a estar predicando está en el libro de Juan, capítulo 14. Quiero que usted lo abra y lo deje ahí porque no lo vamos a leer todavía. Pero como muchos saben, nosotros estamos en el año número 500, el quinto centenario de la Reforma protestante. Y por tanto, digo, a lo largo de todo este año nosotros hemos querido, queremos no dejar pasar por alto las enseñanzas que fueron abrazadas por los reformadores, que ellos proclamaron, que ellos esparcieron, y por las cuales muchos de ellos llegaron a dar su vida incluso.
Y la razón por la que queremos hacer eso no es simplemente porque este es el quinto centenario y eso es como un año importante, sino porque justamente ahora Latinoamérica está comenzando a ver la luz del amanecer de la reforma latinoamericana. Es cuando las doctrinas de la gracia, que es como se le conoce de manera resumida lo que estos hombres creyeron, han comenzado a ser proclamadas a los cuatro vientos. Y nosotros que viajamos tenemos la oportunidad y el gozo de ver que ciertamente Dios está haciendo algo nuevo, tipo reforma, en nuestras naciones.
La Reforma que Martín Lutero comenzó sacó a la iglesia de un error grave acerca de la doctrina de la salvación y nos dio toda una nueva cosmovisión donde Dios era el centro de la historia, Cristo el centro de la predicación, o el Evangelio el centro de la predicación, y donde la Palabra de Dios se constituyó en el centro de la vida de la iglesia. Y eso hizo que muchas de las enseñanzas que hasta ese momento se tenían como buenas y válidas fueran cuestionadas.
Hasta ese entonces la iglesia de Roma enseñaba, y enseña, que la salvación es a través de Cristo más obras meritorias, obras buenas que el hombre hace, que Dios examina al final de su vida, que las considera de tanto mérito que es congruente que Dios le salve. En cuanto a la intercesión, Roma también enseñaba, y enseña, que es Cristo más otros intermediarios, donde están los santos y la virgen y seres queridos que han muerto y han pasado a la presencia de Dios y que interceden por nosotros. Esa era la iglesia, o la creencia de la iglesia hasta ese momento, de tal manera que ciertamente se creía que de alguna forma el hombre podía contribuir, el hombre y la iglesia podían contribuir a tu propia salvación con estas obras meritorias y los sacramentos de la misma iglesia.
Y los reformadores, al enfrentar toda esa enseñanza no bíblica, insistían de manera categórica y dogmática que la Palabra de Dios enseña que la salvación es un don de Dios, que es por gracia por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe, Efesios 2:8-9.
Todo ese nuevo entendimiento que surgió alrededor de esa época entonces fue resumido en cinco frases, y cada una de estas frases comienza con una palabra que es la palabra "sola", que es una palabra en latín para significar "solamente". Y estas fueron las cinco frases: Sola Scriptura, o la Escritura como la máxima autoridad en materia de fe y práctica; Sola Gratia, o salvación solo por gracia; Sola Fide, o salvación solo por medio de la fe en Cristo; Solus Christus, solo en la persona de Cristo y sin ningún otro intermediario; y Soli Deo Gloria, o salvación solo para la gloria de Dios.
El primer domingo de este año nosotros invitamos al pastor José Michelén que viniera y nos predicara acerca de la primera sola, Sola Scriptura, y él hizo una exposición excelente y nos conectó con la historia de la Reforma brevemente. De tal manera que ahora yo no voy a usar parte de mi tiempo para hacer tal cosa, yo creo que ya eso fue hecho, pero sí quería hacer esa muy breve introducción para decirles que en el día de hoy, por motivo de la celebración de los 500 años de la Reforma, estaremos abordando otra de las solas de la Reforma, y esa otra es Solus Christus, solo Cristo.
Y para exponer dicha enseñanza, yo quiero usar un solo versículo de la Palabra de Dios que está en el Evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 6: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí."
Estas palabras formaron parte de una larga conversación que Cristo estaba teniendo en el aposento alto con los discípulos, apenas horas antes de su crucifixión. Y como Cristo era un maestro verdadero de las enseñanzas, imagínate, Él enseñaba acerca de sí mismo, Él era el objeto y Él era el sujeto de la enseñanza. Cristo tenía la habilidad de comenzar a hablar de cosas que obligaran al otro a hacerle preguntas, que entonces Él tuviera que contestar, para que ellos pudieran saber lo que Él quería que realmente supieran. ¿Entendieron?
Esto es como Cristo lo lleva. Juan 13, versículo 33: "Hijitos, estaré con vosotros un poco más de tiempo." Eso es como la conversación va, para llegar a la revelación de que yo soy el camino, la verdad y la vida. "Me buscaréis, y como dije a los judíos, ahora también os digo a vosotros: a donde yo voy, vosotros no podéis ir." Yo voy a un lugar, no pueden ir. Pero Pedro inmediatamente, por los discípulos, comienzan a preguntarse cosas. Y usted sabe quién fue la primera persona que preguntó, ¿quién usted piensa? Pedro, ¿quién más?
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?" Cristo comenzó a crear las preguntas que Él quiere contestar. Él respondió: "A donde yo voy tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después."
Yo me imagino esa noche, el ambiente pesado. Cristo está hablando de cosas muy serias, está anunciando su muerte, dice que se va, pero que nosotros no podemos ir, que después quizás. Entonces, ¿cuándo nosotros iremos donde Él va? De manera que estas palabras para ellos son indescifrables.
Cristo sigue su conversación, la conversación avanza en este aposento alto, esta misma noche. Y en otro momento Cristo dice lo siguiente. Lo vamos a leer ahora en Juan 14:4: "Y conocéis el camino a donde voy." Yo me voy, ustedes no pueden ir, ustedes no saben para dónde voy, pero ya conocen el camino. Tomás le dijo: "Señor, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?" Eso es lógico. Señor, nosotros estamos completamente confundidos. Ahora Tomás está haciendo la pregunta que Cristo quiere contestar. ¿Cómo vamos a conocer el camino? La confusión se reflejaba en la pregunta.
Y esto es lo que Cristo dice. Ya hay tres preguntas. Pregunta número uno: ¿a dónde vas? La hizo Pedro. Pregunta número dos: ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¿Quién tú piensas que esto está preguntando? Pedro también. Tercera pregunta, ahora Pedro le da un chance a Tomás: si no sabemos a dónde vas, ¿cómo tú dices que conocemos el camino? Felipe va a hacer una cuarta pregunta que yo no voy a entrar ahora.
Jesús responde: "Yo soy, Tomás, el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí."
Si hay algo que impresiona acerca de las enseñanzas de Jesús es cómo Él, con frecuencia, habló de algo que Él era. Muchas veces más de lo que Él hace, sino algo de lo que Él era, porque en realidad Él vino a revelar al Padre y vino a revelar la esencia de lo que Él era, vino a revelar la identidad de lo que Él era. Y para hablar de la identidad de quién Él era, tenía que hablarles de justamente quién Él es. Y por eso es que en el Evangelio de Juan, más que en cualquier otro Evangelio, tú encuentras la autorrevelación o la autoidentificación de Cristo.
Los fariseos tenían opiniones erradas acerca de Cristo. Los discípulos tenían opiniones o creencias también erradas acerca de Cristo. Pero en el Evangelio de Juan, más que en todo el resto del Nuevo Testamento, tú encuentras a Cristo autoidentificándose. Es como la autorrevelación de quién yo soy, y Él comienza diciendo en Juan 6:35: "Yo soy el pan de vida." Tú quieres y tú necesitas conocer quién yo soy, y yo te voy a ir diciendo poco a poco quién yo soy para que me conozcas. En primer lugar, yo soy el pan de vida. Pero yo soy también la luz del mundo, 8:12. Pero también yo soy la puerta, 10:9. Yo soy el buen pastor, 10:11. Yo soy la resurrección y la vida.
Imagínate, primer siglo, tú conoces todo acerca del Antiguo Testamento, conoces acerca de la Torá, tú has oído rabinos hablar de la Torá, tú has oído rabinos hablar de ese Dios Padre que está ahí arriba en los cielos. Y de repente aquí hay un individuo, otro también rabino, que no está hablando de cosas externas, sino que está hablando de Él. "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida," 14:6. Y en 15:1: "Yo soy la vid verdadera." Siete "yo soy" de Cristo, y el de hoy que estamos revisando es el número seis.
Esos "yo soy" de Cristo forman parte, como ya yo mencioné, de la autorrevelación, esa es otra manera de decirlo. La autorrevelación que Cristo hace de sí mismo, no lo que otros pensaban que Él era, sino lo que Él dice que Él era. Y esa autorrevelación de Cristo acerca de Cristo aparece mejor en el Evangelio de Juan que en el resto del Nuevo Testamento todo junto.
Los rabinos basaban sus argumentos, debatían poniendo su autoridad sobre la Torá, que para ellos era la máxima autoridad, de manera que mientras más el rabino dominaba la Torá, pues más autoridad tenía. Pero ahora hay otro rabino entre ellos que resulta que no se refiere a la Torá cuando habla, se refiere a sí mismo. Y no solamente eso, sino que cuando Él habla, incluso por encima de la Torá, porque Él viene y se para delante de nosotros y dice: "Oísteis que se dijo, pero yo os digo." Y Él es el que habla de tal manera, de tal forma que ejerce una autoridad y que enseña con una autoridad no como la de los escribas y de los fariseos. Los rabinos hablaban de la excelencia de la Torá, pero Cristo habla de la excelencia de Él.
Hasta el punto que recuerda la historia del joven rico que viene donde Cristo y le dice: "Maestro, ¿qué debo hacer para ganarme la vida eterna?" Y él comienza a decir que cumplió con la Torá, que cumplió todos los mandamientos, y Cristo ni siquiera cuestiona la mentira que acaba de pronunciar. Lo deja tranquilo, hace como un bypass de la Torá a la que él se estaba refiriendo y le dice: "Pues si es así, te voy a encontrar donde tú estás. Si es así, ve y vende todo lo que tú tienes y ve y sigue la Torá." No, "ven y sígueme."
¿Y qué hombre es este? ¿Y qué maestro es este? Jesús no te dice "yo te digo la verdad," Él te dice "yo soy la verdad." Yo te puedo decir la verdad hoy y decirte la mentira mañana, pero cuando tú eres la verdad, donde tú estás, está la verdad. Jesús no le dice "yo te señalo el camino." No, no, no. Él te dice "yo soy el camino." Y Él no te dice "yo soy capaz de darte vida." No, "yo soy la vida." De hecho, "yo te he demostrado que yo soy la vida." En cada funeral en el que yo me aparecí, el muerto resucitó. Las funerarias no lo querían ver, que le estaba quitando el negocio.
Y es la realidad. De la misma manera que la luz penetra la oscuridad y la disipa, la vida penetra la mortalidad y la disipa también. Lázaro se levantó, y cada uno de los demás que Cristo visitó se levantaron también, porque yo soy la vida. Esta es una declaración completamente distinta a todos los que anteriormente se habían oído y todo lo que se había oído en todas las religiones que posteriormente han venido.
Nunca ha habido alguien que haya hablado de esa forma tan exclusiva y tan categórica. Los académicos están de acuerdo con eso que yo acabo de decir. Pueden estar en desacuerdo con Cristo, pero los académicos judíos están de acuerdo que nunca hubo un rabino que hablara de la manera como Cristo habló, con autoridad independiente. Claro, porque nunca hubo un rabino que era Dios encarnado.
Cuando tú revisas las demás religiones, cada cual tiene como un mantra. No es exactamente eso, lo digo de manera ilustrativa: una frase con la cual tratan de resumir como la parte más importante de su enseñanza. Y el judaísmo no era diferente. Para ellos era el Shemá de Deuteronomio 6:4: "Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es." Eso tenían ellos que repetirlo todos los días. El islam tiene su propio eslogan: "Solo Alá es Dios y Mahoma su profeta." Los budistas tienen su propia frase: las cuatro verdades nobles. El sistema comunista ruso tenía su propio eslogan de resumen: "A cada cual según su habilidad," para ver dónde iban a poner al obrero, "y a cada cual según su necesidad," de manera que nadie estuviera en necesidad.
Tú no puedes definir a Cristo en una frase. Tú no puedes definir toda la fe cristiana en una frase. Pero yo estoy completamente convencido que si le hubiésemos preguntado a Cristo acerca de su identidad en relación a su misión y la perdición del hombre, yo creo que Él pudo haber dicho algo como esto: "Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre si no es por mí." Yo creo que eso resume perfectamente bien su misión, su identidad, a qué vino y lo que Él procuraba.
Ahora nota que Jesús, cuando habla de esta manera, Él no usa el artículo indefinido. No dice "yo soy un camino, una verdad, una vida." Él usa el artículo definido: el camino, la verdad y la vida. El artículo definido deja fuera, excluye todas las demás posibilidades. De hecho, esta es la afirmación más exclusivista, no solamente que Jesús haya hecho; esta es la afirmación más exclusivista que maestro alguno en la historia de la humanidad haya hecho, porque no queda nada dentro de esa afirmación. Todo queda fuera.
Eso ha sido irritante para mucha gente. Nosotros vivimos en una sociedad pluralista y confusa. La sociedad pluralista, para aquellos que no están tan familiarizados con el término, básicamente lo que implica es que tú tienes una sociedad como la nuestra donde diferentes creencias pueden coexistir pacíficamente con derecho legal. Nosotros aplaudimos eso, debe ser así. Pero nuestra generación se ha confundido y cree que una sociedad pluralista es un lugar donde existen diferentes creencias que todas son igualmente válidas. Y Jesús dice: "No, no, no, no, no. Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino es a través de mí." No confundan los términos. Eso es lo que Jesús está diciendo.
Se supone que una de las virtudes de la sociedad pluralista es la tolerancia, ¿cierto? Excepto cuando Jesús se para en medio de esa sociedad y dice "yo soy el camino, la verdad y la vida," la sociedad se vuelve altamente intolerante contra Él y sus representantes.
Ahora, Jesús tomó esos tres conceptos importantes en la cultura hebrea y en la sabiduría hebrea del Antiguo Testamento —el concepto del camino, de la verdad y la vida— y los unió e hizo un paquete, por así decir. Antes hay que recordar que Adán y Eva vivían en la presencia de Dios y no tenían que llegar a Dios; Dios estaba ahí con ellos todo el tiempo de manera ininterrumpida. Pero cuando Adán pecó, Adán se perdió. Adán perdió el camino de regreso a Dios. Y a partir de ahí sus descendientes quisieron regresar a Dios, pero cada cual quiso hacerlo de manera autónoma y comenzó a buscar su propio camino.
En el interín, Satanás vino, yo creo, y construyó diferentes caminos y les puso un letrero, como se le pone el letrero a las calles y a las avenidas, y puso cosas como "extra moralidad" y puso "hacia Dios." Y usted, como estaba manejando en la carretera y dice, en nuestro país, "Moca hacia la derecha," bueno, yo creo que había algo que decía "hacia Dios" y entonces nombre de la carretera: moralidad, moralismo, filosofía, tu mejor esfuerzo. Y el hombre perdido, en oscuridad y ciego, fue tomando cualquiera de esos caminos.
Pero ninguno llevaba a Dios, porque la única persona que te puede llevar a un lugar es alguien que haya estado en ese lugar. Y eso es justamente lo que el pasaje de Juan revela, lo que Cristo revela en Juan 3:13. Dice: "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo." Es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo es el único que ha venido de allá, y por tanto es el único que sabe cómo se llega allá. Las demás religiones te ofrecen ceremonias, rituales, formalidades, formalismos, y te dicen: "Sigue estas reglas." Cristo te dice: "No, yo estaba allá, yo vine de allá. Si tú quieres ir para allá, sígueme."
El salmista sabía. Lo increíble de estos autores del Antiguo Testamento es que con menos revelación que nosotros entendían mucho más que nosotros muchas veces. El salmista escribe en el Salmo 27:11: "Señor, enséñame tu camino." Yo no lo conozco, él está diciendo. No solamente que no lo conozco, yo no lo veo, yo no lo puedo ver. "Enséñame tu camino." Si Dios no nos enseña el camino, yo no lo puedo ver. Y si no se me enseñara el camino, ¿sabes qué pasa? Me pierdo. Adán se perdió, porque para ver el camino yo necesito una luz, pero yo estoy en oscuridad. Y la única manera que yo puedo ver el camino es con la luz de la Palabra. Y por eso es que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. "Lámpara es a mis pies tu Palabra," dice el salmista. Dios sabe que el hombre se puede perder. Dios sabe que Adán se perdió.
Y es la razón por la que en Juan 14:3 Cristo dice: "Vendré otra vez y os tomaré conmigo." En otras palabras: yo no simplemente vine a revelarte mi identidad, yo vine a llevarte. Y te voy a tomar de la mano y tú me sigues, de tal forma que una vez tú pones tu confianza en mí como Salvador, como Señor, no hay manera que te puedas perder en el camino. Porque a todo lo largo del camino yo voy a estar a tu lado hasta el fin del mundo. "No te dejaré ni te desampararé" y "yo estaré con vosotros hasta el fin." Yo soy la garantía de que vas a llegar. Eso es lo que Cristo ha venido a ser.
Piensa en un camino. Un camino es un trecho que une dos puntos. Bueno, Cristo es la persona que une a Dios con el hombre. Él es la persona que me saca de la oscuridad y me lleva a la luz. Él es la persona que me saca de la esclavitud y me lleva a la libertad. Él es la persona que me saca de ser un huérfano a ser un hijo adoptado. Él es la persona que me saca de la muerte y me da vida. Él es el camino.
Ahora, ¿tú piensas que la iglesia primitiva entendió bien ese concepto del camino? Y como dirían en inglés, you bet, tú puedes apostar a eso. Escucha en el libro de los Hechos cómo de manera reiterativa eran identificados los cristianos. Te voy a decir los pasajes brevemente y luego te voy a decir cómo eran identificados: Hechos 9:2, 19:9, 19:23, 22:4, 24:14, 24:22. Seis veces. ¿Sabes cómo los llamaban? El Camino. ¿Tú piensas que la iglesia entendió el concepto? Absolutamente. Los judíos pensaban que eran una secta y que se llamaban el Camino.
La gente rechaza que Cristo sea el camino porque la criatura quiere ser autónoma y quiere construir su propia carretera. Y Cristo no tiene problemas, siempre y cuando tú quieras pagar por construir y sufrir las consecuencias de donde te lleva la carretera que tú construiste.
James Montgomery Boice, una de las grandes voces del siglo pasado —creo que murió en el año 2000—, de hecho una gran voz para Norteamérica en favor de la verdad bíblica, hasta el punto que cuando él murió, R.C. Sproul dijo (yo lo escuché) que será el juicio de Dios sobre América, sobre Norteamérica, o parte del juicio de Dios, llevarse a Montgomery Boice. Él dice, con relación a este pasaje, que el hombre ha querido construir su propio camino para llegar a Dios, y él identifica tres caminos. Identifica tres. El primero es el camino de la naturaleza: la gente que cree hallar a Dios en la naturaleza. "Yo salgo a las playas, las montañas, y eso me hace pensar en el Creador."
Yo no digo que tú no puedas ir a la montaña y a la playa y disfrutar el paisaje. Lo que yo sí te puedo decir es que esta no es la manera de adorar al Dios que está en la Biblia, ni el Dios en el que tú estás pensando. Porque la gente que habla de esa cosa es para decir que yo no voy a la iglesia, porque a mí, pastor, cuando yo estoy en la montaña, por ejemplo, esa es mi iglesia. ¿Really? ¿Realmente? Sí, es mi iglesia. Bueno, el Dios en el que tú estás pensando no es el Dios creador de eso que tú estás viendo, es el Dios de tu imaginación.
Otros usan el camino de la moralidad. Si mueres hoy y te presentas ante Cristo y Él dice: "¿Por qué razón te debo dejar entrar al reino de los cielos?" Estoy hablando de cosas reales. Bueno, usted me la puso difícil, pastor, no es una pregunta sencilla, dile a Cristo. Bueno, ¿quién cumple todos los mandamientos? No, yo sé que nadie cumple todos los mandamientos, pero yo pienso entrar. Yo quiero saber cómo tú piensas entrar. Y yo no los cumplo. Bueno, se sabe, yo nunca hago esas cosas especialmente malas como matar gente, sexualidad, drogas. No, yo tampoco, pero dime tu intención. Bueno, que Dios sopese mis obras buenas y mis obras malas. Uy, te quedaste afuera.
Porque tenemos que recordar lo que Dios enseña en Romanos 3: "No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios." Nadie anda buscando a Dios; Dios anda buscando a los hombres. Dios te anda buscando. "Todos se han desviado." Tú ves que nos perdimos, que perdimos el camino, no sabemos cómo retornar. "Todos se han desviado a una, se hicieron inútiles." Nos perdimos tanto que llegamos a ser inútiles. "No hay quien haga lo bueno." Desiste de las obras buenas para salvación. Tú las haces después que eres salvo, y esa es tu evidencia de que eres salvo. "No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno."
Bueno, hubo uno, y era tan bueno que lo crucificaron, y es por esas obras que nosotros llegamos. ¿Te puedes imaginar? Alguien moralista que trata de llevar una vida bastante moral, y la vida era tan buena que lo hizo perder. De hecho, el moralista está más lejos de Dios que el no moralista, porque el moralista piensa que va a llegar con sus obras buenas, y el otro sabe que como no tiene obras buenas no puede llegar, y quizás se encuentre primero con Jesús.
El tercer camino es el camino de la religión, y ahí tú puedes tener dos colores distintos. Está el religioso que va a la iglesia, que diezma, que está aquí los domingos, que está los miércoles, que está en un grupo de parejas, que está en un grupo bíblico, y realmente lo que tiene es una religión. Él no tiene una relación, él no ha nacido de nuevo, Cristo no mora en él, pero él cumple con marcar tarjetas en cada una de esas actividades como un fariseo. O puede haber otro que realmente se fue por otra dirección e ingresó en el budismo, el hinduismo, en el islam. Ese es el camino de la religión, pero cada uno de esos caminos hace perder al hombre.
Cristo vino y dice: "Yo soy el camino." Yo soy el camino que está siempre delante de los hombres. El problema es que los hombres no tienen luz, y la luz que tienen en su interior es oscuridad. Y si la luz que tienes en tu interior es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad! La solución entonces a la oscuridad es Su Palabra. "Lámpara es a mis pies Tu Palabra, y luz para mi camino." La Palabra que ilumina mi camino, ahora lo puedo ver. Salmo 119:105 es la idea del camino. Él vino a tomarnos de la mano y nosotros tenemos que seguirle.
Segunda idea importante en la cultura hebrea y en la Escritura es la verdad. Si tú te preguntas por qué Adán cayó, pudiéramos culpar a la serpiente, pudiéramos decir con Adán: "La mujer que Tú me diste." Pudiéramos decir bueno, la fruta, que lo único que querían era ser como Dios. Todo eso puede ser cierto, y lo es, pero al final del camino Adán cae por una sola razón: Adán cae cuando él cambió la verdad de Dios por la mentira. Y cuando Adán hizo ese cambalache, Adán y sus descendientes perdimos la habilidad de diferenciar la verdad del error.
Y por eso entonces no es suficiente con conocer la verdad. Hay algo más que tiene que ocurrir, porque Satanás y sus secuaces conocen la verdad y ellos no pueden obtener salvación. De manera que yo necesito algo más que conocer la verdad, y es entender las implicaciones de la verdad y poner la verdad entonces como aquello en lo que yo voy a depositar mi confianza. Y como Cristo es la verdad, entonces estamos hablando de posible salvación.
Por otro lado, para que tú veas lo importante que es este concepto de que Cristo es la verdad, que la verdad no es una cosa, no es un concepto filosófico, es una persona. Es tan importante que Romanos 1:25 nos dice cuál es el origen de la idolatría. La razón por la que el hombre se postra delante de una estatua, o la razón por la que nosotros creamos ídolos en nuestros corazones, que muchas veces les damos más tiempo, más importancia, tenemos más pasión por esas cosas que por Dios, es una sola razón de acuerdo a Romanos 1:25: el hombre cambió la verdad de Dios por la mentira y adoraron a la criatura en vez del Creador.
Calvino decía que el corazón humano es una máquina fabricante de ídolos. El corazón tuyo y el mío. Cada vez que has elegido un ídolo en tu corazón, tú has cambiado la verdad de Dios por la mentira. El salmista entendía eso en el Salmo 116:11 cuando decía: "Todo hombre es mentiroso." En la caída, Adán llega a una condición ahora donde él no puede discernir la verdad del error.
Entonces Cristo vino, no solamente a decir la verdad. Cristo vino a interpretarnos la verdad y la vino a personificar. La encarnó. Todos los profetas que vinieron antes de Cristo dijeron la verdad, y los creyentes del Antiguo Testamento abrazaron verdad. Pero sabes que esas verdades estaban como fuera de foco; no las entendían perfectamente bien. Cristo es la verdad que cuando viene y la personifica y vive entre ellos, y luego deja Su legado para nosotros, es la verdad que enfoca todas las verdades anteriormente reveladas en la Biblia. Y todas las verdades existentes en el mundo pueden ser vistas en su foco correcto solamente a través de Cristo. Él es la verdad.
Este concepto es vital, el de la verdad como persona. Escucha esta cita, presta atención, porque esta cita está en términos sencillos pero es teológicamente y filosóficamente profunda: "Si toda verdad en el sentido final está arraigada en la persona de Dios, entonces cada pregunta que hacemos es una pregunta que tiene que ver con Él de una u otra manera, y cada respuesta verdadera es una respuesta que de alguna forma viene de Él."
Sigue la cita: "Cada pregunta acerca de la ciencia es una pregunta que tiene que ver con la idea de cómo Dios ha hecho y sostiene el universo de la manera que lo hace." Cada hombre de ciencia que está investigando cómo ocurre algo, él en esencia está haciendo una pregunta que tiene que ver con Dios y el diseño de Él, de Su naturaleza y de Su creación, para ver cómo funciona. Cada pregunta acerca de moralidad es una pregunta acerca del carácter de Dios. Cada pregunta acerca de política y economía es una pregunta acerca de lo que significa estar hecho a imagen de Dios y haber recibido la responsabilidad de dominar la tierra. Cada pregunta de política es una pregunta que tiene que ver con la imagen de Dios que el hombre porta y haber recibido la responsabilidad de dominar la tierra.
Ya ves cómo este es un concepto vital. Con esto cierro la cita: "Cada verdad, no importa en qué disciplina, dice algo acerca de Dios y acerca de lo que Él ha hecho." Y cada mentira que el hombre dice, dice algo acerca de Satanás y de la esencia de su corazón. Y cada verdad dice algo acerca de Dios.
El salmista une el concepto del camino y la verdad. Escuchen Salmo 86:11: "Enséñame, oh Señor, Tu camino; andaré en Tu verdad." Si me enseñas Tu camino, andaré en Tu verdad, porque Tu camino es un camino de verdad. Los demás caminos hacen perder al hombre, le mienten y le engañan. Cuando Adán cayó, dejó de creer la verdad de Dios y creyó una mentira, y se perdió.
Ahora, decir la verdad no iba a ser suficiente para nosotros, ¿sabes por qué? Porque yo no sabría cómo diferenciar la verdad del error. Por eso es que el hombre natural no puede discernir las cosas espirituales, porque se disciernen por medio del Espíritu. Decir la verdad no iba a ser suficiente. Alguien iba a tener que venir, encarnar la verdad, tomarme de la mano, abrirme los ojos, iluminarme la mente, hacerme nacer de nuevo. Y yo voy a decir entonces: "¡Eureka! ¡Eureka! Ya lo he encontrado. Ahora lo puedo ver."
Pero aun así me puedo perder, y por eso Cristo viene y me dice: "No, Yo os tomaré conmigo. Yo soy tu garantía y estaré con vosotros hasta el fin del mundo, hasta el fin de los tiempos, para que no te pierdas." La luz disipa la oscuridad. La verdad disipa el error. La vida disipa la muerte. La muerte salía corriendo cuando Cristo se hacía presente.
Ahora, el problema de Adán fue aún más grave, porque cuando él cambió la verdad de Dios no solamente se perdió: se murió. Y por eso Cristo viene y dice: "Yo soy la vida." Yo soy el camino que Adán perdió. Yo soy la verdad que Adán cambió. Y yo soy la vida que Adán destruyó. Él la tenía y la destruyó.
Cristo nos dice simplemente que todos los otros caminos son un engaño, y no lo dijo muy diplomáticamente: "Todos los que vinieron antes de Mí son ladrones y salteadores." Yo pensaba que era un poco manso. Sí, yo soy manso, pero cuando vienen ladrones y salteadores de la verdad, no lo puedo tolerar.
El concepto de la verdad del que venimos hablando es tan vital que cada pregunta de moralidad está relacionada directamente con la verdad. Cuando no conoces la verdad, no puedes vivir moralmente ni puedes hacer juicios morales. Quizás esta ilustración te pueda ayudar. En mayo de 1996, doce alpinistas salieron hacia el Monte Everest y trataron de subir el monte. Al final, doce terminaron muertos.
Tres de ellos en un momento dado habían quedado como trabados y estaban perdiendo vida, si pudiéramos decir, por falta de agua, falta de alimento y por el frío. En el momento en que ellos estaban en esas condiciones, hay dos alpinistas japoneses que les pasan por el lado, en ascenso. Conocieron de su condición y siguieron. Y cuando les preguntaron por qué no se pararon a ayudarlos, porque las investigaciones determinaron que tenían suficiente agua y alimento para ayudarlos y haber prevenido la muerte, esta fue su respuesta: "A 26,000 pies de altura no es un lugar donde la gente puede discutir moralidad." Porque cuando tú no conoces la verdad, tú no sabes lo que moralidad es.
De forma tal que esta afirmación de Cristo de que yo soy el camino, la verdad y la vida tiene implicaciones monumentales, no solamente para la salvación del hombre, sino para la vivencia del hombre. Adán cambió la verdad de Dios por la mentira y se murió. La vida que Adán perdió, el segundo Adán la vino a dar. Eso es la vida. Si no me conoces, sigues muerto espiritualmente.
¿Los recuerdas? En el jardín del Edén había dos árboles. ¿Recuerdas los nombres de los dos? Uno se llamaba el árbol de la vida y el otro el árbol del bien y del mal. Dios le dice: "Adán, Adán, de ese árbol ahí no comas. Del árbol de la vida no lo toques. El día que comas vas a morir." Adán cambia la verdad de Dios por la mentira y se muere. El segundo Adán viene conociendo esta realidad, conociendo nuestra mortalidad, y dice: "Yo soy el pan de vida. Ven, cómeme y vive." Y el hombre no come. Cuando Dios le dice a Adán "no comas", él come. Cuando Dios le dice al hombre "come del pan de vida", entonces no come.
La criatura tiene una necesidad rebelde en su interior de ser autónoma, no tolera limitaciones. Yo tengo varios meses ayudándole a entender a mi sobrino de once años de edad la autonomía de la criatura rebelde, la autonomía rebelde, por qué la criatura hace lo que hace: porque es un grito de autonomía. Y eso es lo que está ocurriendo. Cristo vino como pan de vida. Se dice: "Tú puedes comer de mi pan y vivir." El hombre no come. "No toques el árbol de la vida." "Voy a comer."
Ahora, lo increíble es que, ¿tú sabes cómo Cristo le da vida al hombre? Muriendo. Es la única muerte que da vida. ¿Te imaginas? Tú tienes que volver a vivir, pero para tú vivir, tengo que morir. Y cuando yo muera, tú vives. Y tres días después yo recobro mi vida, o mi cuerpo más que nada, porque él siguió con vida. Yo no puedo volver a nacer espiritualmente sin su muerte. Cristo es el camino que hay que seguir, Cristo es la verdad que hay que creer, y Cristo es la vida que hay que vivir. No es de otra forma.
Ahora sí, la primera mitad de lo que él dijo en ese versículo era exclusivista y pudiera ser irritante. La segunda mitad es peor, porque Cristo le pone un punto y coma, no sé si él se lo puso, pero la Biblia lo tiene. Y dice: "Nadie va al Padre si no es por mí." Estas son las palabras más ofensivas que pudieran predicarse o pronunciarse en medio de una sociedad inclusivista como la nuestra. Porque estas palabras dejan fuera a todo líder religioso, fundador de religión, maestro, gurú, rabino que jamás haya pisado la tierra. Cristo anula a cualquiera de ellos. Nadie va al Padre si no es por mí.
En ocasiones, hablando con algunas personas, me han dicho: "Pero eso es como arrogante pensar de esa manera." Yo siempre he dicho: "Yo pienso que no, que hay algo más arrogante." "No, no, eso es arrogante." "Porque yo pienso..." "Ok, mira cuál es el problema. Si yo pensara así o hubiese dicho eso, eso es arrogante. Pero cuando tu Creador dice eso, yo creo que es más arrogante pensar que tú tienes una mejor opinión que él."
Yo soy la vida. El cristianismo es exclusivo, claro que es exclusivo. ¿Sabe por qué? Porque es la verdad. Es exclusiva. Ve al Banco Central con billete falso y dile: "Yo soy miembro de una sociedad inclusivista, incluye mi billete falso en mi cuenta." A ver si te lo van a aceptar. ¿Sabes por qué no? Porque es fake, es falso. La verdad no tiene espacio para el error. Pero si tú tienes un banco de billete falso y le llevas uno verdadero, ellos te lo van a incluir, porque el error siempre tiene que darle cabida a la verdad. Por eso el hinduismo puede incluir a Cristo como uno de sus dioses, mas el cristianismo no puede incluir a nadie más, simplemente porque es la verdad. Hay un solo camino y es Cristo, hay una sola verdad y él la proclamó, hay una sola vida y es el que la tiene. No hay nada más, ni lo habrá, ni lo hubo en todo el universo.
Mira lo que Buda dijo: "Yo soy alguien en búsqueda de la verdad, estaba perdido." Buda no encontraba el camino. Cristo vino y dijo algo así, Cristo dijo a Buda: "Yo soy la verdad. Tú la andas buscando. Yo soy a quien tú buscas y yo soy a quien buscan todos los hombres por diferentes caminos. Y yo soy el camino y la verdad que todos necesitan encontrar."
Confucio, su nombre quizás se deriva de su confusión. Dijo: "Yo nunca dije que era santo." Jesús, estando en esta tierra, dice: "¿Quién me acusa de pecado? ¿Quién me acusa?" Mahoma dijo que si Dios no tiene misericordia de él, no tendría esperanza. Cristo dice: "Yo soy la misericordia. Yo no estoy pidiendo misericordia, yo la doy, yo la entrego, yo trato al hombre con misericordia. Lo que tú necesitas más, soy yo."
Cristo dice: "El que en mí cree tiene vida eterna." Confucio enseñó veintidós años de confusión. Mahoma un tiempo más o menos igual. Buda enseñó por veinticinco años. Tú los sumas, dan como setenta años. Cristo enseñó por tres años y no ha habido ni habrá alguien que haya afectado más el curso de la humanidad entera que tres años de enseñanza. Él es el camino. Él es la verdad. Él es la vida.
Confucio murió divorciado. Mahoma tuvo once esposas y muchas concubinas, aunque el Corán le permite cuatro. Y Buda abandonó a su esposa y a su hijo para buscar la verdad. Cristo vino y dijo: "Yo nunca te dejaré ni te desampararé. Ni a ti, esposa, ni a ti hijo, ni a ti que me sigue, nunca lo haré." Fue a la cruz y murió sin pecado.
Pilato: "No pude encontrar falta en él." "¿Quién me acusa de pecado?" Pilato no encontró falta conmigo. Herodes: "Él me manda donde Herodes y Herodes me devuelve porque no encontró falta conmigo." La esposa de Pilato, la señora de Pilato, tuvo un sueño. Le dice a Pilato: "No tengas nada que ver con ese justo." Eso no te lo reveló carne ni sangre. ¿En qué? La señora de Pilato sabe que es un hombre justo. Qué bueno que fuiste diferente a Eva y le dijiste la verdad. No tengas nada que ver con el justo.
Uno de los dos ladrones en la cruz le dice al otro, lo reprende y le dice: "Este nada malo ha hecho." Eso no te lo reveló carne ni sangre. Y el centurión, al pie de la cruz, lo mira, lo contempla, la manera como estaba muriendo, y dice: "Verdaderamente..." Eso tiene que ver con la verdad: verdaderamente. "Es que era un hombre inocente, justo." Eso no te lo reveló carne ni sangre. "¿Quién me acusa de pecado?"
Cristo fue enterrado el viernes, resucitado el domingo, cumplió cada una de las profecías que ya habían hecho acerca de él. Y hay otras profecías que él pretende cumplir. Y Jesús entonces no solamente dijo, sino que probó que ciertamente él es el camino, la verdad y la vida que tú has recibido por medio de su muerte y su resurrección.
¿Te imaginas el privilegio que es estar aquí escuchando todo esto y poder decir: "Wow, a mí me sacaron de la oscuridad, me sacaron de la muerte, me dieron vida. Yo estaba perdido, no encontraba el camino. Yo creía un montón de mentiras. Y ahora yo he encontrado la verdad"? Ciertamente, gracias Jesús por enseñarme el camino, por ser el camino. Gracias por decirme la verdad, explicarme la verdad y venir a ser la verdad, morir por mí, y gracias por darme la vida.
¿Te imaginas el privilegio de estar aquí si no le conoces de esa manera? Si el Espíritu de Dios, obrando por medio de la Palabra esta mañana, te ha estado hablando y te enseñó que todavía no le conoces como Salvador, que todavía no tienes salvación. El privilegio de estar aquí escuchando a Cristo hablándote por medio de su Palabra y revelándote lo que él reveló a sus discípulos en el aposento alto, horas antes de morir. Aquello que Cristo consideró vital para sus discípulos, que tú tengas el privilegio de escucharlo dos mil años después, por medio de su Palabra, con la misma oportunidad de encontrar el camino, de creer la verdad y de venir a la vida.
Si el Espíritu de Dios vino y te dio ese entendimiento hoy, y te dio convicción, tienes deseo de arrepentirte de tus pecados, tienes deseos de ser perdonado, entiendes que la sangre derramada en la cruz por Cristo es lo que te puede limpiar de pecado, entiendes que él resucitó justamente para garantizar la promesa y darte vida, y tienes el deseo producido por la convicción que está en ti esta mañana de entregar esa vida a Cristo, de reconocerlo como Señor y Salvador, yo quiero orar contigo. Yo quiero que tú ores ahí. Escúchame, no importa cuántos años tengas en la iglesia, no importa cuántos títulos o posiciones hayas ocupado. Si el Espíritu de Dios abrió tu entendimiento y te enseñó que no eres salvo y tienes el deseo de salvación, hoy, al escuchar su voz, no endurezcas el corazón. No te avergüences.
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