Integridad y Sabiduria
Sermones

El sufrimiento es parte de nuestro llamado (parte 2)

Miguel Núñez 1 febrero, 2015

El sufrimiento no es un accidente en la vida cristiana: es parte del llamado. Pablo lo dice con claridad a los tesalonicenses: "para esto hemos sido destinados". La aflicción viene incluida en el paquete del evangelio, no como castigo, sino porque Dios conoce el efecto que tiene sobre nosotros. Nos profundiza, nos hace echar raíces más hondas en Él, nos obliga a buscar el agua viva que está más abajo de la superficie.

Pablo escribe desde la angustia. No podía soportar más la incertidumbre sobre la fe de aquellos creyentes jóvenes que había dejado en Tesalónica bajo persecución. Aunque conocía la soberanía de Dios, no se quedó de brazos cruzados: envió a Timoteo, quedándose solo en Atenas, porque el evangelio exige sacrificio. Su preocupación era concreta: que el tentador aprovechara la debilidad del momento para desviarlos, desestabilizarlos, hacerlos dudar de si Dios realmente estaba con ellos.

Pero Timoteo regresó con buenas noticias. La fe de los tesalonicenses estaba firme. Y Pablo respiró: "Ahora sí que vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor". El pastor Núñez ilustra este poder transformador de la aflicción con la historia de un paciente terminal que, en sus últimos días, entregó su vida a Cristo. Humanamente hablando, fue el cáncer lo que abrió la puerta. La aflicción, dice, es el megáfono de Dios para despertarnos a realidades que no estamos viendo. No hay que rechazar el desierto: es nuestra bendición.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Ánimos animados para mí en su llegada. Si usted ha estado aquí anteriormente, ya sabe que estamos en la primera carta a los tesalonicenses y que estamos comenzando hoy el capítulo 3 de esa carta, habiendo concluido el capítulo anterior la semana pasada. Ahí vamos a estar leyendo del versículo 1 al versículo 8.

Como quizás usted pudo haber visto en las redes sociales o en sus boletines, el tema de hoy es básicamente la segunda parte de aquello que comenzamos a decir y a exponer la semana anterior, y este es el sufrimiento como parte de nuestro llamado, como segunda parte pudiéramos decir.

Lo que el apóstol Pablo comenzó a decir en el capítulo anterior continúa en este capítulo 3, y de hecho la manera como él comienza el capítulo 3 nos da una idea de que es una continuación, porque hay un "por lo cual", de tal forma que nosotros sabemos que lo que él dijo anteriormente, que tiene que ver justamente con esto, continúa ahora en el siguiente capítulo, que es el capítulo 3. Yo quiero que tú puedas tener el título en mente: "El sufrimiento como parte de nuestro llamado", mientras leemos el texto, a ver si te hace sentido que el texto de hoy también tenga que ver con este mismo tema.

Capítulo 3, Primera de Tesalonicenses: "Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones, porque vosotros mismos sabéis que para esto hemos sido destinados." El sufrimiento es parte de nuestro llamado. "Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros, os predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis. Por eso también yo, cuando ya no pude soportar más, envié para informarme de vuestra fe, por temor de que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo resultara en vano. Pero ahora Timoteo ha regresado de vosotros a nosotros, y nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y amor, y de que siempre tenéis buen recuerdo de nosotros, añorando vernos, como también nosotros a vosotros. Por eso, hermanos, en toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados respecto a vosotros por medio de vuestra fe, porque ahora sí que vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor."

Ciertamente el texto nos presenta uno de los grandes temas de la Biblia. Yo no sé si usted ha leído la Biblia en alguna ocasión de esa manera, pero la Biblia tiene grandes temas y pequeños temas, y los grandes temas tienen mucho que ver con la recurrencia con la cual Dios habla de ellos y la cantidad de espacio, o si usted quiere, de tinta que Dios le ha dedicado a esos temas. Y uno de esos grandes temas de la Biblia es el tema del dolor y el sufrimiento.

Escucha este texto que voy a citar, y luego te digo de dónde viene: "El libro del Génesis comienza con una explicación de cómo el mal y la muerte entraron en el mundo. El libro del Éxodo relata 40 años de Israel en el desierto, un tiempo de intensas pruebas y de juicio. La literatura de sabiduría del Antiguo Testamento es en gran parte dedicada al problema del sufrimiento. El libro de los Salmos ofrece una oración para todas las situaciones posibles en la vida, y es sorprendente cuán lleno está con gritos de dolor y con preguntas contundentes a Dios acerca de lo que aparentemente es aleatorio e injusto con relación al sufrimiento. El Salmo 44," agrega este autor, "el escritor ve la devastación de su país y pide: 'Despierta, ¿por qué duermes, Señor? Levántate, ¿por qué nos desechas? ¿Y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresión?' Los libros de Job y de Eclesiastés están casi totalmente dedicados a una profunda reflexión sobre el sufrimiento injusto y sobre la inutilidad frustrante que caracteriza a gran parte de la vida. Los profetas Jeremías y Habacuc dan abrasadora expresión a la queja humana de que el mal parece gobernar la historia. Los libros del Nuevo Testamento como Hebreos y Primera de Pedro están casi enteramente dedicados a ayudar a las personas que enfrentan las implacables penas y problemas. Y por encima de todos sobresale la figura central de toda la Escritura, Jesucristo, que es un varón de dolores. La Biblia es tanto acerca del sufrimiento como lo es acerca de cualquier otra cosa," dice Tim Keller en uno de sus últimos libros, "Caminando con Dios a través del dolor y el sufrimiento".

Y ciertamente ese es el mundo en el que nosotros vivimos. Cada cinco a diez segundos, dependiendo de la fuente consultada, hay un niño en el mundo que muere de hambre o malnutrición. Las Naciones Unidas hablan de 18 mil niños al día, cada 24 horas, que mueren de hambre. En la duración que tenga mi sermón, cerca de una hora, sin contar, un niño habrá muerto de violencia en el mundo. Nosotros vivimos en un mundo de dolor y de sufrimiento.

Ahora, el apóstol Pablo en esta carta, en esta porción de la carta que yo leí, no nos está hablando de ese tipo de aflicción, pero sí nos ayuda a ver que ciertamente nosotros vivimos en un planeta que todavía yace bajo la condenación de aquella maldición que nosotros leemos en Génesis 3. Y parte de esa aflicción viene simplemente por vivir en ese planeta que llamamos caído. Hay una parte de la aflicción que nosotros la sufrimos como consecuencia del pecado de Adán y Eva, y una parte de la aflicción que vivimos como consecuencia de nuestro propio pecado, para citar o mencionar alguna de las causas de ese dolor y dificultad en medio de la cual nos encontramos con cierta frecuencia.

Pero hay un sufrimiento, hay una aflicción, hay una tribulación que viene como parte del llamado cristiano y de abrazar el evangelio, y de la cual el apóstol Pablo quiere dejarnos ver algo en esta carta a los tesalonicenses, y aún en esta porción de las Escrituras que yo acabo de leer. En 1:6 de esta epístola, Pablo les dice que ellos recibieron el evangelio en medio de mucha aflicción. Cuando tú lees un poco más, te das cuenta de que la aflicción tenía que ver justamente por haber abrazado el evangelio. En 2:14 al 16, Pablo habla de que ellos estaban pasando por las mismas dificultades y aflicciones que las iglesias de Judea estaban pasando. Y luego, en los próximos versículos, del 17 al 20 del capítulo 2, Pablo habla de que él estaba ansioso de irlos a visitar y de que el enemigo Satanás se lo había impedido. Y parte de nuestras dificultades tienen que ver justamente con esa oposición que el enemigo nos hace continuamente, sobre todo una vez tú has abrazado el evangelio y quieres disponerte a expandirlo, como debiéramos todos hacer.

Y lo primero entonces que yo quiero hacer, después de haber traído esa introducción general acerca del mundo en el que nosotros nos encontramos, es llamarte la atención para que puedas notar la necesidad del sacrificio en aras del evangelio de Cristo. La necesidad del sacrificio en aras del evangelio de Cristo. Versículo 1 y versículo 2: "Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo."

Cuando Pablo tuvo que salir de Tesalónica por la persecución, Pablo lo hizo en compañía de Silas y Timoteo, y bajaron a Berea. Pero en Berea él fue perseguido otra vez, opuesto otra vez, y él tuvo que ser despachado, por así decirlo, a escondidas. Pero Silas y Timoteo se quedaron en Berea, y Pablo se va a Atenas. Pero eventualmente sus dos compañeros de misión bajaron a Atenas, se juntaron con Pablo, y estando ellos allí, Pablo tenía una preocupación por saber la condición espiritual, acerca de la fe de los tesalonicenses que él había visitado hacía muy poco tiempo atrás. Lamentablemente Satanás lo había impedido, bajo el permiso de Dios, pero lo había logrado. Y Pablo dice en esta carta: "No pudiendo soportarlo más..." Ya estaba ansioso. Él usa esa palabra en el texto del capítulo dos: estaba ansioso por verlos. Y luego dice: "Ya no lo soportaba más." ¿Qué? No soportaba más el no saber de ustedes, no saber en qué condición estaban, y ya no me podía quedar tranquilo. ¿Y qué hice? "Enviamos entonces a Timoteo."

Pero presta atención a los sacrificios que tenemos que hacer en aras del evangelio, porque enviar a Timoteo implicó, como Pablo dice en esta carta, que él se quedó solo en Atenas. Ya no tiene a Silas, ya no tiene a Timoteo, sus dos compañeros de misión que podían soportar sus brazos en medio de la dificultad, en una ciudad que se burló de Pablo, que se rió de Pablo. Ahí está Pablo sufriendo la soledad. Y la soledad es una característica común de aquellos que han abrazado la expansión del evangelio. Y si no me crees, tú le puedes preguntar a cada esposa de cada pastor que ha tomado su trabajo seriamente, si no ha tenido largas horas y días de soledad. Cada sábado, por el día entero y toda la noche, mi esposa está en la casa, yo estoy en la casa, pero en cierta medida está sola. Hay un tiempo largo de preparación, de reflexión, todavía de estudio anterior al domingo, sin contar los viajes y demás.

Ahí está Pablo. Nosotros creemos en la inspiración verbal; cada palabra de la Escritura es importante. Y si Dios ha decidido dejarnos ver que Pablo se quedó solo en Atenas, esa soledad tiene una importancia para nosotros. Y enviar a Timoteo, un joven de veintitantos años solamente, como se calcula, quizá no llegaba a 25 todavía, a hacer una travesía sin la experiencia del apóstol con quien él contaba, de 350 kilómetros de regreso a Tesalónica, donde ellos habían experimentado la oposición, solamente para ir a saber cómo estaba la fe y la confianza en el evangelio que había sido predicado entre ellos... Tú tienes que entender que había riesgos suficientes para enfrentar tal travesía, y ahí estaba Timoteo dispuesto a hacerlo, porque hay un sacrificio que es necesario hacer en aras del evangelio.

Ahora, nota que el apóstol Pablo es un hombre que entiende la soberanía de Dios. Él habló de esto, él predicó de esto, él creyó esto. Pero aun así Pablo envió a Timoteo. Él no se quedó de brazos cruzados y dijo: "Bueno, como Dios nos está impidiendo ir, me imagino que eso es lo que quiere, ya no hay nada que podamos hacer." No. Pablo pensó: "Hay algo todavía que podamos hacer. Yo no puedo, pero quizás otro puede." Y ahí entonces va Timoteo a los tesalonicenses, aunque él se quede solo, porque él tenía algo que necesitaba conocer de ellos, como vamos a ver un poco más adelante. No tenía una simple curiosidad; era más que eso.

Si hay algo que hemos hecho resaltar muchas veces, es la intensidad con la que el apóstol Pablo vivió, la intensidad con la que predicó, la intensidad con la que trabajó. Eso es obvio en este personaje. Yo creo, decía en el sermón anterior, que Pablo tipifica muy bien aquella frase que...

Nosotros debiéramos orar como si todo dependiera de Dios, como en efecto así es, pero debiéramos trabajar como si todo dependiera de nosotros. Y eso es lo que vemos exactamente en el caso del apóstol Pablo. Él sabe que Dios está en control, él sabe que Dios ha permitido esta oposición que no le permitió ir a Tesalónica, pero no se va a quedar tranquilo. Él piensa en una posibilidad y le envía a Timoteo porque le estaba preocupado por algo que él revela en ese texto.

Hay una intensidad en la vida de Pablo, hay una intensidad que hubo en todos aquellos que han entendido la magnitud de la causa. Hay una intensidad en esos personajes de este libro, hay una intensidad en los personajes de la historia de la iglesia en los últimos dos mil años. Y no solamente hay una intensidad, ahí también hay una preocupación por el otro. Es una de las características de aquellos que han muerto a sí mismos y entienden que es necesario enfocarme en ese otro que Dios está trabajando, que Dios está tratando de alcanzar, y que por ese otro yo voy a hacer un sacrificio en aras de su causa. Todo por su causa.

Y el sacrificio, la disposición interna de aquellos discípulos de Jesús que entienden que un siervo no es mayor que su señor. Y si su Señor fue capaz de hacer un sacrificio que le costó toda su vida y toda su dignidad, clavado en un madero, entonces nosotros podemos ofrecer nuestro cuerpo como sacrificio vivo y santo y aceptable a nuestro Dios. Intensidad de vida, preocupación por el otro, y sacrificio como disposición interna que tiene una manifestación externa.

Generaciones anteriores estaban más dispuestas a hacer esto que la nuestra. Charles Taylor escribió un libro masivo con el nombre de "A Secular Age", una era secular, y él dice que la meta principal de nuestra generación parece ser evitar el sacrificio y el dolor a todo costo. Es una gran realidad para una reflexión. No creo que sea mío, hay nada nuevo debajo del sol, pero hay una reflexión que yo he hecho como médico y como pastor: y es que la gente que no sabe sufrir vive vidas muy superficiales. La gente que no sabe sufrir vive vidas muy superficiales. La aflicción tiene la habilidad de hacernos profundizar en nuestro concepto de la vida, nos vuelve mucho más reflexivos. Y quizás esa es una de las razones por la que Dios permite justamente que nosotros atravesemos estas circunstancias de la vida, y de manera especial su propia iglesia, sus propios hijos.

Yo quiero que veas entonces también la importancia, en segundo lugar, de mantener la actitud o el enfoque correcto en medio de la aflicción. La importancia de mantener la actitud o el enfoque correcto en medio de la aflicción. Versículos 2 y 3: "Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio". Escucha, ¿para qué? "Para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe". Escucha ahora: "A fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones".

Pablo estaba interesado en regresar, lo había intentado varias veces, Satanás lo había impedido varias veces. Cuando no pudo, envió a Timoteo. Pero él tenía una intención expresa en este pasaje y una preocupación: él no quería que nadie se inquietara por las aflicciones que estaban llegando hasta ellos. No quería que estos creyentes, que tenían poco tiempo realmente en la vida cristiana, fueran desestabilizados, que fueran desenfocados, que fueran entretenidos, desviada su atención. Y entonces les envía a Timoteo justamente queriendo que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones.

Yo no sé si tú estás en medio de una aflicción o has estado en medio de una aflicción. Y si eso no ha ocurrido, es raro, y lo estarás. Y luego podrás ver lo que ya otros han visto, y es que ciertamente las aflicciones ejercen una influencia sobre nosotros de diferentes tipos o maneras en diferentes momentos. Y una de esas influencias es que nos roban el gozo de nuestra salvación, algo que no pudo ocurrir en la vida del apóstol Pablo, un hombre que expresa ese gozo desde el interior de las prisiones.

Pero nuestro amigo Job pasó por esa experiencia y tiene que oír las acusaciones injustas de sus tres amigos. Porque aunque Job ciertamente pecó en medio de la defensa de su integridad y de las preguntas que eleva a Dios, no porque fueran preguntas sino quizás por el modo en que fueron hechas, y ciertamente eso ocurrió, no es menos cierto que su experiencia no comenzó por ningún pecado que él hubiese cometido, como sus amigos insinuaban, porque Dios mismo lo llamó justo e intachable y recto de corazón. Y escuchar a una esposa que no le apoyó cuando le dice: "Maldice a Dios y muérete". La aflicción, la pérdida de esos hijos que hace que Job se postre y diga: "Jehová dio y Jehová quitó", es lo que hace airar a la esposa.

Y la aflicción tiene una de esas cualidades o potencialidades: nos hace culpar a otros, incluyendo a Dios mismo. En el mensaje anterior yo dije esto con otras palabras, pero yo he aprendido que la repetición es la clave del aprendizaje. Y por otro lado, la repetición de las mismas verdades con diferentes palabras y de diferentes ángulos nos ayudan a tener una mejor visión de aquello que estamos tratando de examinar.

Y esto entonces es lo que yo quiero decir: yo estoy donde Dios me tiene y no donde el otro me ha llevado. Quizás yo me he llevado a mí mismo en toma de malas decisiones o decisiones pecaminosas, pero al final del camino no es el otro. Yo estoy donde Dios me tiene y no donde el otro me ha llevado. La temperatura del horno está bajo el control de Dios. El tiempo de cocción, de cocerme adentro del horno, está bajo el control de Dios. Y el calor purifica mis impurezas, y el tiempo bajo el calor va cociendo, formando el carácter y la imagen de Cristo en mí.

Hasta tal punto que Pablo sabe que estos tesalonicenses están bajo aflicción, él entonces les envía a Timoteo, y dice: ¿para qué lo envía? "Para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe". Él está completamente consciente de que la aflicción puede debilitarte en la fe. Él está consciente de que la aflicción puede entristecerte grandemente. Y Pablo quiere que su pupilo Timoteo pueda ir y fortalecerlos y alentarlos.

La palabra traducida ahí como "fortalecer" implica establecer un edificio o una ciudad; en el caso que estamos tratando, de manera simbólica, hacer fuerte algo. De tal forma que Timoteo está siendo enviado allá para que él pueda hacer fuerte la fe que fue plantada por medio de la predicación del evangelio. Y ya que Pablo no puede ir, por lo menos mi discípulo Timoteo quizás pueda ayudarlos en eso.

Y la otra palabra, "consolarlos", es una palabra muy paulina: aparece 54 veces en las cartas de Pablo, 8 veces en esta epístola a los tesalonicenses. Y la idea es justamente poder aliviar el dolor, calmar, anestesiar hasta cierto punto el dolor. Y el dolor es una cosa muy difícil. "La dificultad en medio de la cual tú te encuentras, Timoteo, yo quiero... yo estoy preocupado, ya no lo soporto más". Tú tienes que escuchar la intensidad de las palabras de Pablo: a pesar de que hay un Dios soberano, hay una intensidad en sus emociones. Y ya cuando no lo soportaba más, yo les envié a Timoteo.

Estaba preocupado de que la aflicción pudiera desviar a estos hermanos o los pudiera distraer, que es una de las cosas que muchas veces ocurren. Y la aflicción a veces es tan poderosa en distraernos que nos puede llegar a hacer creer que Dios se olvidó de nosotros. Y tú pudieras pensar que no, yo a mí nunca me ha pasado eso, jamás me pasaría, porque yo sé que Dios en su omnisciencia jamás podría olvidarse de nosotros. Yo quiero decirte que autores de este libro llegaron a esa conclusión en momentos difíciles, simplemente porque fueron distraídos.

¿No recuerdas las palabras del salmista en esa cita de Tim Keller que te leía al principio a manera de introducción? Él citaba al salmista en el Salmo 44:23-24. Un autor humano de este libro inspirado por Dios escribe estas palabras: "Despierta, ¿por qué duermes, Señor? Levántate, oh Dios, ¿por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresión?" Tú puedes llegar ahí.

Afortunadamente esa no fue la suerte de los tesalonicenses, como nosotros vemos en el versículo 6 y versículo 8 más adelante. Vamos a hablar un poco más sobre eso, porque cuando Timoteo regresa donde Pablo, ya Pablo se había mudado de Atenas a Corinto. Y entonces Timoteo se junta en algún lugar, se reúnen en algún lugar con Silas, llegan juntos a Corinto, dice Hechos 18:5. Y ahí entonces él escucha el reporte, y afortunadamente el reporte que Timoteo trae es distinto a la preocupación que Pablo tenía.

De la misma manera que las dificultades pueden desviar nuestra atención, de esa misma forma ellas pueden también cimentar, fortalecer nuestra fe, que es lo que Dios anda buscando en primer lugar cuando las permite en nuestras vidas. ¿Dónde estás? ¿Dónde tú estás hoy? ¿Estás en medio de una aflicción o estás en medio de buenos tiempos? E independientemente de donde estés, si piensas que estás en una aflicción o próximo a una, pregunta: ¿dónde está tu corazón en medio de esa aflicción? ¿Dónde está tu enfoque?

Porque la diferencia en mi reacción ante una tribulación, dificultad o aflicción está directamente relacionada con el enfoque que yo estoy teniendo en ese momento. Y el enfoque sobre Dios nos estabiliza, nos cimenta, nos fortalece. Pero el enfoque sobre nosotros mismos nos entristece más, produce diferentes reacciones. Nos hunde la tristeza, nos hunde la queja, nos hunde la culpabilidad del otro, nos hunde la racionalización, nos hunde el pecado. En fin, nos hunde en nosotros mismos.

Una de las cosas buenas de la historia de la Biblia, aparte de ser la revelación de Dios para nosotros, es la habilidad que tiene Dios por medio de su Palabra y a través del Espíritu que mora en mí de levantarme la mirada cuando yo estoy viendo a mí mismo, y tomarme, si pudiera, por la barbilla, y hacerme esto, y hacerme mirar hacia el cielo, hacia su trono, y decirme: la manera de ver el mundo y tu vida no es ni hacia abajo ni...

Para esto hemos sido destinados.

Hacia adentro, sino mirando hacia los cielos, y desde arriba te damos la perspectiva adecuada de dónde tú estás. Nota, como tercer punto de enseñanza, cuán cierto es el título de este mensaje: el sufrimiento es parte de nuestro llamado.

Versículo tres, segunda parte. Escucha cuán cierto es el sufrimiento como parte de nuestro llamado: "A fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones." Escucha ahora la segunda parte del versículo tres: "Porque vosotros mismos sabéis que para esto hemos sido destinados." Las aflicciones no simplemente nos encuentran accidentalmente a nosotros; las encontramos a ellas. Nosotros hemos sido destinados para ellas. Es parte de mi llamado, es parte de mi todo incluido. En el momento en que Dios me llama al reino de los cielos, y la razón por la que es parte de ese paquete donde viene todo incluido, es justamente por el efecto que Dios entiende que las aflicciones tienen sobre nosotros.

Hace dos semanas y unos días, un médico amigo me llamó y me dijo: "Miguel, ¿tú podrías acompañarme a una casa a ver un paciente mío?" Me dice él. Realmente no es algo que yo tenía ese tiempo hoy para hacer, pero yo entendí de alguna manera, por el Espíritu de Dios, que Dios estaba detrás de esto, y entonces le acompañé. El señor tenía un cáncer muy avanzado que requirió el internamiento inmediato. Y al día siguiente, él ya sabía que yo era pastor, y él me dice en la mañana cuando yo fui a verlo: "Yo quiero que usted me hable en algún momento de cosas espirituales, porque yo sé que usted es un hombre espiritual," dijo él en sus palabras, para usar sus propias palabras. Yo en ese momento no tenía el tiempo, y el ambiente adentro no era propicio, y yo le dije: "Yo me alegro de esa petición. Yo le prometo que yo regreso esta noche."

Y fui esa noche, y le dije: "Lo prometido es deuda, y aquí yo estoy cumpliendo mi deuda de que usted quisiera que habláramos de cosas espirituales." Comenzamos a hablar. Entonces pensé que mi punto de contacto mejor era su dolor y su aflicción y su cáncer terminal. Y comencé a hablar de otras personas y pacientes que yo he conocido, a hablar de la vida. Aquí yo he podido decirle: "Don Fulano, usted tiene casi noventa años, tiene un nombre, tiene recursos, tiene una buena familia. ¿Cómo usted se siente?" Y escuchar a la persona decirme: "Esto oye vacío." Y ese fue mi punto de contacto, reconociendo que esta persona tenía muchas de esas cosas también.

Hablamos del pecado, hablamos de este mundo caído a causa del pecado, hablamos de la necesidad del arrepentimiento, hablamos de la cruz, de la sangre derramada por Cristo. Y al final él me dice que quiere que yo lo ayude a arrepentirse y encontrarse con Cristo. Ahora hemos entregado su vida al Señor, y teníamos las cabezas bajas los dos, los ojos cerrados. Y cuando yo levanté mi cabeza y abrí mis ojos, yo vi uno de los rostros más gozosos que jamás yo haya visto, con una sonrisa de aquí hasta aquí, como si la luz pudiera resplandecer desde su interior.

Un día después su enfermedad avanzó, y él estaba en el umbral de la muerte. Cuando él está teniendo esta experiencia, había que llevarlo a cirugía una noche, justo en esa noche. Y al otro día, a las cuatro de la mañana, yo tenía que salir para el aeropuerto. Y yo estaba hasta cierto punto triste porque tenía que decirle, porque ahora yo era su pastor de compañía, por así decirlo, en sus últimos días. Y fui a hablar con él. Hablé con los familiares, y los familiares me dijeron: "Así, pero pase solo usted." Yo dije: "Sí, aquí yo estoy para eso."

Hablé con él y le dije: "Mire, don Fulano." Hablamos un poco de lo que se iba a hacer. Él sabía que estaba en su etapa terminal. Y yo le dije: "Yo lamento profundamente que mañana en la madrugada yo tengo que salir." Él estaba con la cabeza baja, y yo le dije: "Pero hoy usted tiene a una persona mucho más importante que yo, y es Cristo." Y él levantó la cabeza, me miró a los ojos y me dijo: "Yo sé, doctor. Vaya tranquilo." Y ya me fui tranquilo.

Y dos días después, estando fuera, recibí la información de que él había muerto. Pero yo tenía un gozo extraordinario, porque tengo la certidumbre en mi corazón de dónde él está en el día de hoy.

La razón de la historia es simplemente poder comunicar una vez más que, humanamente hablando, la aflicción es la causa de donde él está hoy en día. Fue el instrumento que Dios usó para atraerlo, para llamarlo, para penetrar su mente, su corazón. Y la realidad es que la aflicción, si bien es cierto que ha alejado a algunos o a muchos de Dios, no es menos cierto que ha acercado a muchos más a nuestro Dios.

Tim Keller dice en su libro que sería una exageración decir que nadie se ha encontrado con Dios sin sufrir. Dice: "Eso sería una exageración", y luego agrega: "Pero la exageración no sería muy grande". Yo creo que es cierto, hermano. Nosotros fuimos creados para la comunión íntima con Dios, y cuando esa comunión íntima existía en las mejores condiciones posibles de un huerto perfecto, con completa provisión de todo lo que Adán y Eva pudieran pensar, en ese momento ellos, sin una naturaleza pecadora, rompieron la comunión con Dios. Y Dios entonces diseñó un camino de regreso, no predominantemente como parte del castigo, sino reconociendo que la abundancia y la plenitud de la provisión no hizo lo que Él ahora se proponía hacer a través de la aflicción, incluyendo la cruz.

Y ahora, en el dolor y en la dificultad, nosotros tenemos que profundizar nuestras raíces. Somos como los árboles en cierta medida. Cuando tú los siembras y ellos echan sus raíces hacia abajo, en la medida en que el terreno inmediato se seca, algunos de esos árboles tienden a profundizar sus raíces en búsqueda de un agua que está más profundamente enterrada. Y de esa misma manera, yo creo que Dios nos enseña a ver que en la superficialidad de la vida esa agua se seca muy rápidamente, y que a menos que Él permita la aflicción, yo nunca tiraré mis raíces en Él lo suficientemente profundas como para yo tener su agua viva de manera constante y permanente.

No rechaces el desierto; es tu bendición. Sería ingratitud hacia Dios cuando Él orquesta un desierto tratando de acercarte, tratando de acercar tu corazón. Porque muchas veces físicamente yo creo estar cerca porque estoy cerca del púlpito y soy pastor, y creo que entonces, como estoy cerca del púlpito, estoy cerca de Dios. Pero Dios dice: "No, estás cerca de algo que pudiera representarme o me representa, pero yo quiero que tu corazón esté cerca del mío".

Y por lo dicho, nosotros fuimos destinados para la aflicción. Y esa aflicción en medio de la cual ellos se encontraban, Pablo les recuerda en el versículo 4: no es un accidente. Escúchalo: "Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros, os predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis". Habíamos predicho a ustedes que íbamos... Pablo se incluye en la experiencia: que íbamos a padecer aflicción. Y de esa misma manera, hoy yo quisiera incluirme y decir: yo puedo predecir, a través de lo que Dios dice en su Palabra —no a través de una nueva revelación, pero a través de lo que Dios dice en su Palabra— que vamos a sufrir. Y Pablo dice: "Y así ha acontecido". Si eres hijo de Adán y Eva, si eres descendiente de ellos, tú sabes que hay aflicciones que vienen de camino. Y algunas de esas se deben a nuestro propio pecado. Si eres cristiano, hay algunas de esas aflicciones que vienen de camino. Y como yo he dicho en otras ocasiones, algunas vienen con mi nombre en el sobre, y otras dicen "a quien pueda interesar", porque tienen algo general para muchos.

Déjame leer de lo del apóstol Pablo una vez más, dirigido a otra iglesia, en 1 Corintios capítulo 4, comenzando en el versículo 9: "Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles en último lugar, como sentenciados a muerte, porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres". Los ángeles nos están observando. Dios, en su infinita sabiduría, se ha propuesto continuar enseñando a los ángeles vía la iglesia. Efesios 3 nos habla de eso. Y los ángeles nos están observando; somos espectáculo para los ángeles y para los hombres.

Versículo 11: "Hasta el momento presente pasamos hambre y sed" —Pablo, que estuvo en el tercer cielo— "andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos donde vivir. Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando nos difaman, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser hasta ahora la escoria del mundo, el desecho de todo, la basura de todo".

Pablo, ¿por qué? ¿Por qué lo haces? ¿Por qué lo toleras? ¿Por qué lo soportas? Por causa del Evangelio. Porque esa actitud de Pablo hace brillar el Evangelio mejor que cualquier otra cosa. Hace brillar el poder sostenedor, como dijimos el domingo pasado, del Señor mejor que cualquier otra cosa. No hay que ser cristiano para estar gozoso en medio de la prosperidad. No hay que ser cristiano para eso. Cristo no tenía que morir para yo estar gozoso en medio de la prosperidad, por lo menos carnalmente gozoso.

Escucha lo que Keller vuelve a decir en su libro. Yo les recomiendo que ustedes lo lean: "Nada más importante que aprender cómo mantener una vida de propósito en medio del dolor y la adversidad". Nada más importante que eso. Porque hay personas que han sabido sufrir, como los estoicos de la Grecia antigua. Ellos toleraban el dolor y el sufrimiento, pero no con propósito, que es lo que Keller está tratando de ayudarnos a ver. Tú requieres ser cristiano para sufrir con propósito. Los estoicos decían que, como esta vida no tenía ningún propósito, el dolor de esta vida tampoco tenía ningún propósito. Lo único que te tocaba era simplemente aceptarlo, resignarte a él. La Palabra de Dios no nos dice eso. Al contrario, nos presenta un cuadro de un dolor, un sufrimiento, una tribulación o una aflicción que Dios llena de propósito. Pero para eso hay que ser cristiano.

Aquí, habiendo venido de nuevo, Pablo nos deja ver entonces su preocupación, pero nos deja ver la razón de su preocupación. A mí me encanta ver la humanidad de Jesús cuando nos la deja ver, pero me encanta ver la humanidad de aquellos grandes hombres de Dios que conocieron la soberanía de Dios, que saben que Dios estaba en control, porque me ayudan y me enseñan cómo se supone que yo debo pensar y vivir.

Escucha el versículo 5, porque aquí Pablo nos va a dejar ver cuál es la razón de su preocupación. Versículo 5: "Por eso también yo, cuando ya no pude soportar más..." Pablo está... suena como desesperado. Esta es la segunda vez que él usa la palabra "soportar más". "Cuando ya no pude soportar más, envié para informarme de vuestra fe", de la fe de los tesalonicenses. Escucha ahora por qué, qué era lo que lo tenía en zozobra: "Por temor a que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo resultara en vano". Yo temía que esta iglesia joven, de pocos años en la fe, pudiera ser tentada por Satanás de una manera que pudiera ser distraída, desviada, desenfocada, desestabilizada, sacudida. Yo temía eso, y por eso envié a Timoteo a fortaleceros y a consolaros.

"El tentador los hubiese tentado". ¿Qué es la enseñanza? Pablo me está ayudando a entender: el tentador aprovecha los tiempos de aflicción y de debilidad, donde la fe se ha ido agrietando en cierta manera, donde a veces estamos airados, donde a veces dudamos si Dios está conmigo, para entonces hacer sus peores ataques. ¿No lo encuentras tú? Al enemigo tentando a Jesús en el desierto, a los cuarenta días de haber ayunado, cuando Jesús tuvo hambre. En el momento de la debilidad y de la aflicción tentará a Jesús con convertir las piedras en pan. Cuando Jesús no tenía hambre, no hubiese sido ninguna tentación. Es cuando Él está con hambre, en la prueba, en la dificultad.

¿No les dijo Cristo en las horas anteriores a su crucifixión, y a la aflicción que los apóstoles iban a sufrir en apenas horas, no les dijo Cristo: "Velad y orad para que no entréis en tentación"? Esa tentación viene por el tentador, y de ese tentador es que Pablo les está hablando, o nos está hablando nosotros vía la carta a los tesalonicenses. "Entonces yo envié a saber de vuestra fe, por temor a que el tentador os hubiese tentado y que nuestro trabajo hubiese sido en vano", que las raíces hubiesen estado ahí.

Y ciertamente, la tentación en medio de la aflicción nos hace desviar la atención y ponerla en otra cosa, en la necesidad. Una de las cosas que Satán hace es que nos vuelve egocéntricos, y entonces nosotros actuamos con un sentido de autopreservación, como pasó con los once discípulos la noche en que apresaron a Jesús. En su autopreservación, todos huyeron. Y en su autopreservación, Pedro le negó tres veces, tratando de salvar, en buen dominicano, su pellejo.

Pablo está consciente de que la aflicción, el dolor, es un terreno exquisitamente bueno, por así decirlo, para Satanás traernos la tentación, y donde podemos fallar. De esa misma manera, en la prueba Satanás nos tienta con hacer uso de un medio ilegítimo para llenar una necesidad legítima. "Jesús, tú tienes hambre. Tú eres el Hijo de Dios. Tú tienes poder. Tú tienes privilegios. Tú tienes derecho. ¿Por qué no conviertes las piedras en pan? Tú tienes una necesidad legítima: el hambre. Tienes el poder. ¿Por qué no lo haces?" Porque la necesidad era legítima, pero no el medio. El medio sugerido no era legítimo.

La aflicción nos debilita, nos cansa, y cuando viene la tentación, para mí es mucho más fácil tomar un atajo. Un atajo es esa forma rápida de yo llegar donde yo quería llegar. En el caso de Jesús, Satanás sabía —él se educó en los cielos, se educó en el mejor seminario que puede haber— él sabía que todos estos reinos terminarían en las manos de Jesús. "Pero yo te los puedo ofrecer, porque a mí me han sido dados, por medio de un atajo. Te economizo tres años de ministerio. Te economizo la cruz. Te economizo los clavos. Te economizo la sangre. ¿Por qué no te postras a mis pies?" Un atajo. Yo lo defino como una forma rápida de encontrar una solución a través de una práctica que es contraria a lo que Dios ordena en su Palabra. Un atajo es una forma rápida de...

Rápida de encontrar una solución a través de una práctica que es contraria a lo que Dios ordena en su palabra. "Abraham, vas a tener un hijo, esa es mi palabra, yo te lo prometo. A tu descendencia le voy a dar toda esta tierra", y demás. Pero hay un atajo. "Abraham, yo tengo una sierva, se llama Agar. Han pasado doce años, trece años, el Señor no ha respondido. Toma ese atajo, una forma rápida". Y llegó a él a través de un atajo, pero ese no era el camino de Dios.

La dificultad nos puede llenar de temor, y en el temor racionalizamos nuestras acciones. Yo decía esta mañana que si hay algo que a mí me encanta de la Biblia, hay muchas cosas que a mí me gustan de la Biblia, pero una de ellas es que si tú piensas en cualquier emoción o reacción humana, tú la encuentras en uno de los personajes de la Biblia. Es el mejor libro de ilustraciones. Entonces, yo acabo de decir que en medio de la dificultad y de la aflicción nosotros nos llenamos de temor, y el temor nos lleva a racionalizar nuestras acciones. Tú puedes encontrar personajes así. Sí, claro, más de uno, pero mi favorito es Saúl. Tenía que ir a la batalla, Samuel no llega, ofrece un sacrificio. Samuel llega inmediatamente después del sacrificio. Dios estaba probando a Saúl. "¿Qué has hecho, Saúl? ¿Cómo te atreves a ofrecer un sacrificio?" "El pueblo estaba disperso, tú no llegabas". La racionalización de mi acción, de algo prohibido por Dios. ¿Qué causó eso? El temor, porque tengo que ir a la batalla y el profeta no está conmigo.

El dolor, decía C.S. Lewis, lo hemos dicho desde aquí más de una vez, pero quiero hacerlo notar: por eso es el megáfono de Dios. Yo quiero entonces agregar: es el megáfono de Dios tratando, tratando de despertarnos a una realidad que yo no estoy viendo. Y entonces trae una serie larga de preguntas contra Dios, como en su momento supongo pasé. Y ahí entonces, que Pablo decía: "Por eso también yo, cuando ya no pude soportar más, envié para informarme de vuestra fe". Yo quiero saber qué estaba pasando, por temor a que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo resultara en vano.

Sin embargo, para sorpresa grata de Pablo, la realidad fue otra. Pero ahora, versículo 6: "Timoteo ha regresado de vosotros a nosotros y nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y amor, y de que siempre tenéis buen recuerdo de nosotros, añorando vernos, como también nosotros a vosotros". Timoteo nos ha traído buenas noticias. Mi preocupación ha sido calmada porque Timoteo me ha informado que, contrario a lo que yo estaba quizás pensando, que la tribulación podía haberlos distraído y alejado del camino, a pesar de su corta edad en el Evangelio, Timoteo me ha dicho que vuestra fe está bien, está bien cimentada.

Yo no conozco a nadie, quizás usted conoce, pero yo no, cuya fe haya sido fortalecida y crecida en los mejores tiempos. Quizás usted conoce algunas personas, yo no conozco a nadie cuya fe haya sido fortalecida y crecida en su mejor manera. Me refiero: ¿por qué crecemos siempre en los tiempos buenos? Somos como la mariposa. Usted ha oído esa ilustración o la ha leído. Pero aquella está como ese caparazón, que allí luce como un gusano, y luego ya tiene que salir. Y para salir ya tiene que moverse y romper su caparazón. Y entonces, en ocasiones, si alguien trata de romper el caparazón para ayudar la salida, resulta que ya no puede volar, porque el ejercicio dentro del caparazón para romperlo es lo que mueve la estructura que le va a permitir volar.

De esa misma manera, Dios permite la aflicción para que yo mueva en mi interior, en el interior de mi ser, las estructuras que me dan comunión con Él, y yo pueda ser fortalecido para poder volar. Y a veces entonces ayudamos a otros y le quitamos las dificultades de en medio, y lo que estamos haciendo es que los estamos paralizando. O a veces nos ayudamos nosotros mismos y nos estamos paralizando.

Este no fue el caso con los tesalonicenses. Ellos pasaron por la aflicción. Timoteo llega: "Vengo de Pablo, vengo de parte de Pablo, preocupado. ¿Cómo están?" "Timoteo, estamos bien". Pero déjame hacer esta observación, porque pudiéramos recordar que esto es solo una epístola que pudo haberse leído de una sola vez en un momento dado a la congregación, y nosotros pasar por alto en el seccionamiento de la epístola algunas cosas dichas. La razón, en mi opinión, por la que esa gente, por la que Timoteo encuentra esta gente bien, es por lo que se nos dijo ya en 2:13. En 2:13 Pablo nos dijo que cuando la palabra de Dios llegó a ellos, ellos recibieron la palabra por lo que realmente es: la palabra de Dios. Ellos no tuvieron cuestionamiento acerca de si esto era una idea de Pablo, si esto era infalible e inerrante, si era inspirada. Nada de eso. "Esto es palabra de Dios". Y eso los sostuvo en medio de la dificultad. Por eso, cuando Timoteo llega, los encuentra bien.

Y ahí Timoteo entonces desciende, se reúne con Silas en algún lugar, llegan hasta Corinto de acuerdo al libro de los Hechos 18, versículo 11, y le trae a Pablo dos buenas noticias. Una: la fe de los tesalonicenses. Pablo, tranquilo, está bien, está fortalecida. Y sabes qué, Pablo, me dio gusto oír que ellos añoran verte de la misma manera que tú añoras verlos.

¿En qué manera añoras tú ver a tus hermanos en la fe, o te es indiferente? Cuando te quedas en la casa, ¿te quedas porque te es indiferente ver a tus hermanos? Cuando no participas de un culto de oración con tus hermanos los miércoles, no eres parte de la koinonía, no eres parte de la enseñanza, no eres parte de la oración, ¿cómo? ¿Te es indiferente realmente no solamente tu comunión con Dios, pero aún la comunión con tus hermanos, o añoras tú verlos? Yo testificaba, y Dios es mi testigo, aunque entiendo que Dios me ha llamado, verán, el último tiempo a salir con cierta frecuencia, cuando estoy fuera yo añoro verlos y abrazarlos otra vez. Y esa buena noticia refrescó el corazón de Pablo.

Lo dice literalmente. Timoteo vino y también testificó de su amor, de que ellos añoran verme. Mira lo que Pablo dice en los versículos 7 y 8: "Por eso, hermanos, en toda nuestra necesidad y aflicción, fuimos consolados respecto a vosotros por medio de vuestra fe". En medio de la aflicción a la que yo estaba en Atenas y luego en Corinto, en medio de esa aflicción, tú no sabes lo que te estoy diciendo, el refrigerio que fue para mi alma escuchar que vosotros, tesalonicenses, estaban bien cimentados, arraigados.

Todos nosotros, hermanos, somos seres humanos con necesidades de afirmación, de consuelo, de fortalecimiento. Y la manera como nosotros nos fortalecemos unos a otros varía. En ocasiones es por medio de la consolación, en ocasiones por medio de la afirmación, en ocasiones por medio de una buena noticia que tus pastores o líderes escuchan acerca de cuán bien tú estás, cuán bien está tu familia, cuán bien está tu matrimonio, cuán bien van tus hijos. Y en otras ocasiones es el dolor de saber que no estás bien, de que, como Pablo decía, nuestra labor parece haber sido en vano desde el punto de vista humano.

Y Pablo está tan gozoso y quiere expresar esto también. Mira cómo cierra esta porción de la Escritura. La cierra de una manera hiperbólica, porque ahora, ahora que me has traído esta noticia, porque ahora sí que vivimos si vosotros estáis firmes en el Señor. Es como si Pablo estuviese diciendo: "Me muero por saber cómo están". Y luego, cuando la noticia llega, dice: "Ahora sí que yo vivo si vosotros estáis bien".

¿Te alegras de la fe del hermano que va caminando bien? De esa manera, ¿te entristeces de la fe del hermano que no está bien, del caminar del hermano que no está bien, hasta el punto de verlo en palabras como esta: "Me muero por saber cómo estás"? Ya cuando no lo soportó más, envió a Timoteo. Cuando no lo soportabas más, ¿le pedías a alguien que te llamara o fuera y te visitara? Yo quería saber de ti, de cómo iban, de que habías guardado la fe, de que estabas caminando bien.

La razón por la que yo quería hacer esta serie es porque yo creo que tiene enseñanzas extraordinarias acerca de múltiples cosas vitales para la vida de la iglesia. Y esta es una de ellas: aprender a vivir a través del dolor y el sufrimiento para la gloria de Dios. Y número dos: aún el poder desarrollar corazones tan a la manera de Cristo que podamos añorar no solamente nuestro tiempo de comunión con Dios, pero añorar nuestro tiempo de comunión con el hermano, y saber por el hermano, y sufrir y dolernos por el hermano. Una iglesia de Cristo madura requiere esa condición. La aflicción, como he venido diciendo, es una de las maneras como Dios profundiza nuestra fe, y para eso nosotros fuimos destinados.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.