Sufrir por la causa de Cristo no es una anomalía ni una señal de que algo anda mal: es parte integral del llamado cristiano. Filipenses 1:29 lo expresa con claridad desconcertante: a los creyentes se les ha concedido no solo creer en Cristo, sino también padecer por él. Ambas cosas vienen juntas, como un paquete que no admite devoluciones parciales.
El libro de los Hechos muestra a los apóstoles saliendo del concilio después de haber sido azotados, pero no amargados ni derrotados, sino regocijándose de haber sido tenidos por dignos de sufrir por el nombre de Jesús. Esta reacción revela una cosmovisión radicalmente distinta a la de nuestra generación, que hace todo lo posible por evitar el dolor. El pastor Núñez ilustra este contraste con el caso de dos gemelos belgas que, siendo sordos y al enterarse de que perderían también la vista, eligieron la eutanasia antes que enfrentar esa dificultad. Nuestra cultura considera el sufrimiento una maldición y la comodidad una bendición, pero la Escritura invierte esa lógica.
A la luz de Génesis 1 y 2 el sufrimiento es anormal; a la luz de Génesis 3 en adelante es completamente esperado. Pedro lo dice sin rodeos: no os sorprendáis del fuego de la prueba como si algo extraño os aconteciera. Los apóstoles, después de ser amenazados y golpeados, volvieron al templo y a las casas a predicar el mismo mensaje que los había llevado a la cárcel. Si el movimiento de reforma en América Latina ha de perdurar, necesita creyentes con esa misma disposición: hombres y mujeres que abracen su llamado completo, no solo a creer, sino también a sufrir.
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¡Fuimos sanados para vivir en su voluntad!
Para aquellos que quizás no recuerden exactamente dónde nos habíamos quedado, habíamos visto cómo los apóstoles estaban predicando el evangelio y cómo, fruto de eso, fueron encarcelados, y cómo Dios intervino a favor de ellos enviando un ángel, abriendo la puerta de la cárcel. Y cómo al día siguiente las autoridades estaban atónitas porque, por un lado, cuando enviaron a la cárcel a buscarlos pensando que ellos estaban todavía allí, la encontraron vacía. Por otro lado, las puertas de las celdas estaban cerradas, los guardias estaban en pie, y no había explicación aparente para tal escape.
Y lo próximo que los tuvo como desconcertados fue el hecho de que al día siguiente, temprano en la mañana, desde el amanecer, allí estaban ellos otra vez en el templo predicando el mismo evangelio, el mismo mensaje que los había llevado a la cárcel en primer lugar. Como nosotros vimos, discípulos que habían abandonado al Señor en un momento dado, completamente intimidados, ahora parecían como no intimidables, si pudiera construir esa palabra. Miren que las autoridades les hicieron saber que, a pesar de ellos haber recibido órdenes de no volver a hablar en el nombre de Cristo, ahora ellos habían hecho todo lo opuesto y se habían extralimitado hasta el punto de haber llenado Jerusalén con sus enseñanzas.
Pedro, entonces, al escuchar esto, responde por parte del grupo y dice: "Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres", versículo 29. "El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis matado colgándole en una cruz. A este, Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador para dar arrepentimiento a Israel y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen". Todo eso lo cubrimos la vez anterior. Pedro, en pocas palabras, muy pocas palabras, les presentó el evangelio. Les habló de la cruz de Cristo, les habló de la resurrección de Cristo, les habló de cómo ellos habían sido los responsables de haber crucificado al Señor.
Y entonces ahora lo que vamos a leer es el texto que sigue, el texto para el día de hoy, para que podamos ver la reacción tanto del Sanedrín, de las autoridades judías, ante esta presentación del evangelio, esta forma osada de Pedro ayudarles a entender que realmente ellos fueron los culpables. Y al mismo tiempo podamos ver la reacción de los apóstoles ante la respuesta del Sanedrín. Y con eso entonces quiero que me acompañen a partir del versículo 33.
"Cuando ellos oyeron esto" —la predicación del evangelio y la acusación que Pedro hace— "se sintieron profundamente ofendidos y querían matarlos". Esta gente no estaba jugando. "Pero cierto fariseo llamado Gamaliel, maestro de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el concilio y ordenó que sacaran fuera a los hombres por un momento. Y les dijo: Varones de Israel, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres. Porque hace algún tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguien, y un grupo como de cuatrocientos hombres se unió a él, y fue muerto, y todos los que lo seguían fueron dispersados, reducidos a nada. Después de él se levantó Judas de Galilea en los días del censo y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y todos los que le seguían se dispersaron. Por tanto, en este caso os digo: no tengáis nada que ver con estos hombres y dejadlos en paz, porque si este plan o acción es de los hombres, perecerá. Pero si es de Dios, no podréis destruirlos, no sea que os halléis luchando contra Dios".
"Ellos aceptaron su consejo, y después llamaron a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre. Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo".
Al leer el texto yo no sé exactamente qué cosas te pudieron haber llamado la atención, pero yo creo que hay cuatro cosas o cuatro observaciones que pudiéramos hacer que yo creo que son dignas de subrayar. La primera es la ira del Sanedrín. La segunda es el consejo de Gamaliel, que fue aceptado. La tercera es la cosmovisión que estos apóstoles habían adquirido con relación al sufrimiento; yo creo que es vital. Y cuatro, su desobediencia a las autoridades otra vez a la hora de enseñar y predicar la Palabra.
Yo creo que de esas cuatro observaciones que yo acabo de hacer, la que más llama la atención, por lo menos a mí, es la nueva cosmovisión que ellos tienen del sufrimiento con relación a la causa de Cristo. Y por eso yo he titulado este mensaje: "El sufrir por su causa es parte de mi llamado".
Padre, te damos gracias. Pausamos una segunda vez para que tú nos ayudes a digerir esto que el título del mensaje sugiere, y es que cuando nos llamaste, también nos llamaste a sufrir por tu causa. Abre nuestro entendimiento, rinde nuestra voluntad, y ayúdanos a vivir de una forma que sea compatible o digna de lo que tu Palabra nos llama a hacer. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén, amén.
Yo creo que para nadie es un secreto que nosotros estamos viviendo días difíciles. Creo al mismo tiempo que algunos están más apercibidos que otros de las dificultades en medio de las cuales nosotros nos encontramos. No hay duda que leer noticias y escuchar noticias en otros casos nos ayuda a tener una cierta idea de la situación a nuestro alrededor, pero yo no creo que es el factor que más ayuda, valga la redundancia, a que podamos tener el pulso de la sociedad.
Yo digo eso porque a lo largo de los años, y aun en la Palabra de Dios, ha sido notado que mucha gente en nuestro medio no se percata, no está apercibida, aun leyendo las noticias, de la manera como la temperatura de la inmoralidad ha ido subiendo y de la descomposición social. Hay como una tendencia en el ser humano a no percatarse, a no prestar mucha atención a la adversidad o a las vicisitudes hasta que esta llega a la puerta de su casa. Nunca pensamos que las cosas están tan mal como dicen o como parecen, hasta que a nosotros nos toca vivir la tragedia que ya otros han vivido.
Notemos esta paradoja. Por un lado, la Palabra de Dios nos informa. Pablo escribe a Timoteo, y en su segunda carta, en 3:13, dice: "Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados". Ok, eso es una realidad: los tiempos irán de mal en peor. Eso es una información que yo tengo. Y por otro lado, a pesar del empeoramiento de las condiciones, a pesar de la sociedad ir de mal en peor, Cristo nos informa que a la hora de su venida las cosas ocurrirán de tal manera que la sociedad estará como completamente desconectada del mal en medio del cual estaba viviendo.
Escucha las palabras de Lucas 17:26-28: "Tal como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio y los destruyó a todos. Fue lo mismo que ocurrió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían". En otras palabras, a pesar de que las cosas habían ido empeorando en los días de Lot, en los días de Sodoma y Gomorra, la gente seguía construyendo, bailando, vendiendo, comprando, como que la gente no tenía idea de que las cosas estaban tan mal como realmente estaban.
La razón para que yo mencione todo esto, a manera de introducción, es porque yo quisiera, a la luz de lo que leímos y a la luz de uno o dos versículos en particular del texto que leímos, yo quisiera reflexionar con toda la iglesia acerca de ese tema de que el sufrir por la causa de Cristo es parte de tu llamado. Y eso es algo que la iglesia de nuestra generación... No quiero ir hasta el punto de haber construido esa famosa y pecaminosa doctrina y enseñanza de "cualquier cosa negativa, no la recibo". Yo decía la semana pasada, el domingo, o el sábado en Guatemala: ¿Qué diría Cristo en Getsemaní frente a la cruz? ¿"No la recibo"?
Nosotros vivimos en medio de una generación donde el escapar de la realidad cotidiana es su forma de lidiar con su mundo; sería una manera de ver nuestra generación. La gente de hoy está dispuesta a pagar cualquier precio para evitar el dolor, ya sea físico o emocional. De hecho, en el año 2002, en diciembre del año 2002, según la noticia, una pareja de gemelos en Bélgica, de 45 años de edad, que eran sordos, habían sido sordos, aparentemente descubrieron por el diagnóstico médico que ambos sufrían una condición donde habían comenzado a perder la vista. Y por tanto ahora ellos pensaron: "Bueno, somos sordos y encima de eso nos vamos a quedar ciegos". Pero estaban sanos de cualquier otra enfermedad, y ellos decidieron practicarse una eutanasia ambos al mismo tiempo. La idea de que ellos pudieran estar vivos, sanos, vivos, pero sordos y ciegos, era algo que ellos no podían como digerir. Y por tanto, un día le pagaron a un médico, llegaron a la facilidad donde se iba a hacer, se tomaron una taza de café literalmente, dijeron adiós a un familiar, y se sentaron en la habitación; ahí fueron inyectados y ahí murieron.
Nuestra generación no valora los beneficios del dolor y del quebrantamiento. Nuestra generación no piensa como el salmista: "Fue bueno para mí ser afligido". No, no pensamos así. Vivimos en una sociedad que considera el sufrir como una maldición y el vivir bien como una bendición. Y todo esto tiene que ver justamente con la manera de ver la vida. Nuestra manera de ver la vida determina cómo vivimos y cómo reaccionamos ante las circunstancias.
Y de alguna manera nosotros leemos la Biblia y, como cristianos que somos, como que no acabamos de aceptar lo que la Biblia dice. No es que estas cosas que vamos a hablar hoy no están claras; están tan claras como el agua. Es que sencillamente como que no las podemos aceptar. A la luz de Génesis 1 y 2, el sufrimiento es totalmente anormal. No debiera ser. Pero la Biblia no cierra en Génesis 2.
A la luz de Génesis 3 en adelante, el sufrimiento es totalmente normal y la expectativa de la vida. Está completamente declarado y claramente declarado en el capítulo 3 del Génesis y luego registrado a lo largo de toda la Biblia. Pero para el cristiano hay un elemento más que él necesita entender, y es que si verdaderamente ha abrazado la causa de Cristo, ahora él tiene por encima del no cristiano un llamado a sufrir por su causa. Y cuando menciono eso no me estoy refiriendo al sufrimiento que experimentamos como fruto de nuestras desobediencias, eso es otra cosa, eso es disciplina. No, no, yo estoy hablando del sufrimiento que experimentamos como consecuencia o como fruto de obedecer. Obedecemos al Padre y terminamos en una cruz clavados, como fue el caso de Cristo. Es a eso a lo que me estoy refiriendo: sufrir que es el fruto de una buena obediencia.
Y en el pasaje de hoy yo creo que nosotros podemos apreciar la cosmovisión de los creyentes del primer siglo, de estos primeros seguidores de Cristo, que después de haber recibido los azotes que se mencionan, dice que salieron de la presencia del concilio regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre. Esta es una cosmovisión completamente distinta a la de la iglesia de hoy, y es una cosmovisión que ellos tampoco tenían; ellos adquirieron esa cosmovisión.
Veamos ahora el contexto en que esto se dará. Pedro predica el evangelio de una manera corta y acusa al Sanedrín de que ellos eran responsables de que Cristo había sido crucificado, y habla de la resurrección de Cristo. Y el texto nos dice que cuando ellos oyeron eso se sintieron profundamente ofendidos y querían matarlos. Esa es nuestra primera observación: la ira del Sanedrín.
La realidad es que el hecho de que el Sanedrín era el culpable de la muerte del Cristo, ellos sabían eso. Ellos lo llevaron, ellos lo juzgaron, ellos lo condenaron de blasfemia, dijeron que era reo de muerte, y luego procedieron a la autoridad romana buscando el permiso para crucificarlo. Pedro no les estaba diciendo nada que ellos no supieran o que no hubieran hecho. Cuando Pedro les habla de la resurrección de Cristo, bueno, la tumba estaba ahí vacía y nadie había podido probar que habían encontrado el cadáver de Cristo, de manera que sería otro hecho que no era negable. Entonces, ¿de dónde la ira hasta tal punto de querer matarlos? Increíble esto.
El ser humano tiene que hacer desaparecer a aquellos que estorban sus propósitos, y lo puede hacer de diferentes maneras, o tiende a desaparecer a aquellos que ellos piensan que con su desaparición pudieran encubrir su pecado. Y nuestra nación acaba de ver eso en esta semana con el caso de Emily, una joven adolescente embarazada que, hasta donde sabemos las investigaciones continúan, quería el novio —y la madre del novio quería— que ella abortara. Ella no quería, y ella termina siendo asesinada y su criatura desmembrada. El ser humano tiene una tendencia a creer que la muerte pone fin a su pecado o a su dolor o sufrimiento, y ahí la eutanasia.
En este caso el Sanedrín pensó: si matamos a estos apóstoles acabamos con el movimiento. Pero se les había olvidado que meses atrás habían matado a la cabeza del movimiento, y ahora que el movimiento estaba tomando fuerza, eso no terminó con el movimiento ni lo iba a hacer. Este es el mismo Sanedrín, las mismas autoridades, que cuando vieron a Lázaro vivo después de cuatro días en la tumba, ¿qué fue lo próximo? Dijeron: a Lázaro hay que matarlo. Lo acaba de resucitar y lo quieren matar otra vez. Vamos a desaparecer la evidencia. ¿Te das cuenta cómo el hombre procede?
Lamentablemente, cuando el apóstol Pablo dice que el que se crea firme cuídese de que no caiga, él conoce el registro bíblico, porque David, un hombre conforme al corazón de Dios, no obró de manera diferente. Él embarazó a Betsabé, quiere ocultar lo que hizo, y da órdenes para que se haga un plan donde el esposo de Betsabé, Urías, sea muerto en batalla, y él entonces traerla con él y hacer creer que el hijo que iba a nacer fue el fruto de la relación de él con ella, pero después de la muerte de su esposo.
El texto que leímos nos habla de los fariseos y los saduceos, que eran parte del Sanedrín, y que se ofendieron al escuchar a Pedro, se airaron. Y esa es la ira humana cuando alguien interfiere con tus planes, con lo que tú quieres hacer, con lo que tú estás maquinando. Y a veces quieres hacer desaparecer a la persona. La ira se vuelve irracional hasta querer desaparecer al otro. El hombre actúa de una manera irracional, y en casi todos los casos nuestra ira es egocéntrica. Esto es lo que estamos viendo en el Sanedrín.
Pero yo creo que nada levanta la ira del hombre más alta que el sentimiento anticristiano. G. K. Chesterton fue una gran personalidad muy conocida, un periodista intelectual de Inglaterra del siglo pasado, siglo XX, y ya hace varias observaciones. Él dice: es increíble pensar cómo el ser humano, el incrédulo, no cree que el hombre nace con pecado, sino que todo el mundo nace sin pecado. De manera que el incrédulo ha preferido creer en la inmaculada concepción de toda la humanidad antes que creer que el pecado del hombre es evidente desde que nace. ¿Qué es lo que la Iglesia de Roma postula acerca de María? Que nació sin pecado. Eso postulan los incrédulos: que el ser humano nace sin pecado, la inmaculada concepción de la humanidad. Pero cuando tiene que ver con María, el incrédulo niega su inmaculada concepción. ¿Me van siguiendo?
El incrédulo niega que Dios... "¿Cómo es que me va a hablar de un Dios", dice Chesterton, "que habla a la nada y de la nada todo surge?" "¿O qué? Entonces, ¿cuál es tu idea?" "No, que no había nada y en una ocasión la nada explotó y lo produjo todo." ¿Es más lógico pensar que la nada explotó, el Big Bang, la teoría del Big Bang, y lo produjo todo, a que había algo, y ese algo no era algo sino Alguien que lo produjo?
Y finalmente Chesterton dice: los milagros. La gente que defiende los milagros cree en los milagros porque tiene cierta evidencia. Hay testimonio, gente que habla, gente que dice que tuvo una experiencia milagrosa. Pero los que no creen en los milagros la rechazan no porque tienen evidencia en su contra, sino porque tienen una doctrina en su contra, y es que los milagros no ocurren. Ese es el prejuicio religioso y la capacidad que tiene de encender el ánimo.
Y el movimiento cristiano ha sufrido eso por dos mil años. El Sanedrín y las autoridades romanas estuvieron airados contra los cristianos del primer momento. En contra de Juan el Bautista, y lo decapitaron. En contra de Cristo, y lo crucificaron. En contra de Lázaro, y querían matarlo. En contra de Esteban, y lo apedrearon hasta matarlo. En contra de Jacobo, y lo decapitaron. En contra de los apóstoles, y ahora están casi al punto de lincharlos. El problema era que mientras más gente quitaban del medio, más aparecían en el medio. La ira del hombre es incapaz de debilitar el poder de la Palabra de Dios.
Y eso es lo que tú ves en el libro de los Hechos: una iglesia creciendo en contra de viento y marea. Es lo que ha visto en China, que tiene una represión contra los cristianos donde la iglesia todavía no es oficialmente aprobada, y sin embargo hoy se piensa que quizás sea la iglesia más numerosa del globo terráqueo, subterránea, escondida. Para esta, algunos calculan 135 millones de creyentes chinos.
La primera observación es la ira del Sanedrín contra cosas que ellos hicieron y contra cosas que ellos conocían: la tumba vacía. La segunda observación es el consejo de Gamaliel. Nota, en medio de esta convicción: "No tengáis nada que ver con estos hombres y dejadlos en paz." Gamaliel era un fariseo. "Porque si este plan o acción es de los hombres, perecerá." Escucha a Gamaliel. Gamaliel está viendo cómo cae algo aquí de forma natural y dice: "Pero si es de Dios..." En la mente del resto del Sanedrín, esto no es de Dios. Pero ese "pero" es importante ahí. "Pero si es de Dios, no podréis destruirlos." Bueno, hasta ahí va bien. "No sea que os halléis luchando contra Dios."
Ante la posible muerte de estos hombres, Gamaliel se levanta con un poco más de frescura que los demás y ofrece un consejo aparentemente salomónico, y cita dos individuos que se levantaron en revolución en el tiempo de atrás. Y no entro en la controversia de que aparentemente los datos que Lucas ofrece en términos de fecha no coinciden exactamente con los datos de Josefo, el historiador judío. Ese no es el punto. El punto es que Gamaliel ofrece un consejo que dice: "Mira, esto pasó en el pasado y eso se murió. Pero si es de Dios, esto no se va a morir, y ustedes van a estar luchando contra Dios."
Eso es lo increíble: que aún dentro del movimiento cristiano gente que ha luchado supuestamente a favor de Dios estaba luchando en contra de Dios. Que es lo que ocurre con la Iglesia de Roma en la época de la Reforma protestante, persiguiendo a los cristianos, a los que creían en la Biblia, evitando que la Biblia se leyera, pensando todo el tiempo que estaban trabajando a favor de Dios.
Entonces, ¿quién era este Gamaliel? Bueno, él era un hombre muy respetado. Era no solamente un hombre respetado, era un maestro de los judíos. Se piensa que era o hijo o nieto de Hilel. Hilel era uno de los grandes maestros del judaísmo. En la época en que Jesús viene a enseñar del divorcio, había dos escuelas de pensamiento: una era de Hilel y otra era de Shamai. Shamai decía que no podías divorciar a una mujer por ninguna razón, y Hilel decía que tú podías divorciar a la mujer por cualquier razón, hasta que te quemara el pan en el fuego. Este era el hijo o el nieto de Hilel.
Escucha cuán reverenciado era Gamaliel. El Mishná, que recoge las tradiciones judías, expresiones y creencias judías orales, dice: "Desde que murió Rabán Gamaliel el anciano, no ha habido más reverencia por la ley, y la pureza y la abstinencia murieron al mismo tiempo."
Gamaliel fue quien entrenó a Pablo. Pablo tenía eso como parte de su currículum y menciona eso en el libro de los Hechos, capítulos 22 o 23, donde él dice que era hijo de fariseo, fariseo de fariseos, de la tribu de Benjamín, entrenado bajo Gamaliel. De manera que decir eso era como: "¡Wow! Este no es un hombre cualquiera". Entonces, este es el hombre que ofrece el consejo de dejar esto tranquilo, porque si es de Dios van a luchar contra Dios. El consejo pareció sabio y lo aceptaron, pero no es del todo sabio ni es del todo cierto.
¿En qué sentido? En que Gamaliel dice: "Si esto es de los hombres, va a perecer". Bueno, el Islam es de los hombres y comenzó a ver el horror en el año 600, y lo único que ha hecho es fortalecerse. Parecerá en su momento, pero las generaciones han ido y han venido, han ido y han venido, y no parece como detenerse. Y por otro lado, hay ocasiones en que cosas que parecen ser de Dios parecen ser detenidas, como cuando Juan Calvino envió 14 misioneros en el año 1556 al Brasil y pronto tuvieron que regresarse. La misión se cerró y no llegó la Reforma protestante a América Latina plenamente hasta ahora, que quizás está comenzando. De manera que lo que Gamaliel refleja tiene una cierta sabiduría, pero no es todo así todo el tiempo.
El texto dice que ellos aceptaron su consejo y después llamaron a los apóstoles, los azotaron —no fue que los dejaron tranquilos— y les ordenaron otra vez que no hablaran en el nombre de Jesús, y los azotaron. Esa es mi tercera observación.
Yo quiero que veamos la cosmovisión de los apóstoles después, ante el azote que han recibido, las respuestas que ellos dieron. Los apóstoles fueron azotados. No nos dicen qué tan severamente, pero la costumbre era que eran azotados 39 veces con un látigo pequeño llamado flagelum, que tenía piedras y huesos y demás, con lo cual se azotaba al individuo para que la piel fuera cortada. Algunos de esos casos fueron tan severos que las arterias, las venas, los huesos eran expuestos. En algunos casos los intestinos llegaron a salir fuera.
Este tipo de azote al que están sometidos es algo que no ha necesariamente cambiado. Hay culturas donde esto se practica todavía, sobre todo donde el Islam es muy prevalente. Pero de nuevo, para que no pensemos que el hombre es muy diferente allá que aquí: hasta hace poco, aun Estados Unidos, una nación altamente democrática, aprobó torturas para prisioneros con la intención de obtener información de parte de ellos. Nuestro país tuvo la famosa 40 donde se torturaban las personas de diferentes maneras. El corazón del hombre es el mismo; cambian los tiempos y los actores.
El apóstol Pablo describió en sus vicisitudes a los corintios, en su segunda carta, en 11:24, dice: "Cinco veces he recibido de los judíos 39 azotes". De manera que esa parte de los azotes, al leerla alguien con nosotros de la Biblia, no le extrañaría tanto porque el mismo Jesús fue azotado antes de la crucifixión. Esa era la práctica.
Lo que llama poderosamente la atención es el versículo 41 del texto de hoy: "Ellos, pues, después de haber sido azotados, salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre". Se regocijaron en medio del dolor por haber sufrido por causa del nombre. Eso es nuevo. Esa es una nueva idea: dignos de padecer por causa del nombre. ¿Cuál nombre? Nosotros no habíamos escuchado eso antes.
Sin embargo, yo sí creo que después de la crucifixión, de la resurrección y después de la venida del Espíritu Santo y la llenura del Espíritu Santo, ellos comenzaron a entender cosas que ya Cristo les había enseñado. Cristo dijo que cuando el Espíritu viniera, los guiaría a toda verdad, pero mucha de la verdad a la que ellos iban a ser guiados eran verdades que ya ellos habían escuchado, pero ahora las iban a entender.
Entonces, escucha esto que Cristo les dijo antes de partir. En Juan 15, versículos 18 al 20: "Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os dije: un siervo no es mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros. Si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra".
Cristo, de una manera muy clara, horas antes de su crucifixión en el aposento alto —esto es Juan 15, esto se está dando—, les dice: "Ustedes saben que me han perseguido, ¿verdad? Un siervo no es mayor que su señor; yo soy el Señor. Si persiguieron al Señor, tú puedes tener por garantía que os perseguirán a vosotros". Yo no creo que ellos entendieron eso en el aposento alto, pero yo creo que ahora ya sí lo están entendiendo. Yo creo que requirió una vez más la muerte, la resurrección, la venida del Espíritu, la llenura del Espíritu para ellos comenzar a entender verdades a las cuales el Espíritu, que ya moraba en ellos, les estaba guiando para que pudieran comprender qué era lo que Jesús les había dicho. Esa era una de las funciones, perdón, y es una de las funciones del Espíritu: guiarme a la verdad.
La otra función del Espíritu es capacitarme para pasar por toda experiencia que Dios haya ordenado en mi día. Cuando nosotros hablamos y decimos que la gracia de Dios es suficiente, ese es un concepto que muchos no entienden de lo que es la gracia, porque vemos siempre la gracia en función de la salvación: tu salvación es por gracia, no tiene mérito, no hay nada bueno en ti, Dios te perdonó a pesar de que no hay nada bueno en nosotros. Pero se nos olvida, o no habíamos entendido bien, la otra idea de la gracia: la gracia de Dios es la capacidad que Dios tiene de capacitarte, o déjame decirlo de esta manera, la habilidad que Dios tiene de capacitarte para que tú puedas atravesar por cualquier experiencia que la vida te dispara. Por eso es que Dios le dice a Pablo: "Bástate mi gracia, bástate mi capacidad, bástate mi fortaleza".
Y Jesús nunca nos ha engañado. Si hay algo bueno acerca de la Palabra de Dios es cuán clara, honesta y transparente es de dejarnos saber las peores circunstancias. Y en uno de sus sermones más famosos, de hecho el más famoso de todos, el Sermón del Monte, Cristo hizo alusión a cosas a las que nosotros debiéramos ir preparándonos.
Y en Mateo 5:43 hasta el 45 les dice: "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos" —eso es nuevo— "y orad por los que os persiguen" —eso es nuevo—. Ahora escucha por qué él dice que debiéramos hacer eso: "para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos".
Él nos llama a amar al enemigo y orar por el que me persigue, y luego me dice por qué: es la manera como tú haces demostrar que tú eres hijo de Dios. Cuando no haces eso, te comportas como el pagano. Cuando devuelves al enemigo con la misma moneda que él te ha pagado, tú pareces que no eres hijo de Dios. El verdadero hijo de Dios se distingue porque reacciona distinto a la adversidad, hasta el punto que cuando le persiguen, ora por los perseguidores. Hasta el punto de que cuando lo maldicen, hace lo mismo: lo perdona e incluso llega a amar a sus enemigos. Eso es lo que ves en Cristo desde la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Todas esas son oportunidades para nosotros testificar de la diferencia que hace ser morada del Espíritu de Dios. Nosotros no solamente testificamos hablando; nosotros testificamos viviendo, pero viviendo de una manera que el mundo no puede comprender. Por eso es que Cristo dice: "Mi paz os dejo, mi paz os doy, pero no la doy como el mundo la da", y habla de que la paz de él trasciende el entendimiento. Claro, el mundo te ve en medio de la tribulación y te ve en paz, y no entiende. No entiende porque no puede mentalmente entender cómo en medio de un mar turbulento tú puedes estar en paz.
De hecho, lo que convierte a John Wesley es justamente eso. John Wesley era ya un predicador, pero no se había convertido. ¿Supo usted que era un predicador que no estaba convertido? Y entonces él va a una campaña, creo que a Carolina del Norte, viene de Inglaterra. Cuando se regresa, el barco en el que regresaba se encuentra en medio de una tormenta, y él estaba lleno de miedo. Pero él dice que vio en un rincón a un grupo de cristianos que estaban orando y estaban tranquilos, y que no parecían estar en medio de ninguna tormenta mientras él se estaba muriendo. Y fue esa reacción que lo llevó a descubrir el evangelio: qué era lo que esta gente tenía que él no tenía.
Ahora, yo decía verdad que el título de mi mensaje es "El sufrir es parte de tu llamado". Si no me crees todavía, déjame leerte un versículo más, y si ese versículo no te convence, entonces cerramos la Biblia y ya no tengo más que decirte.
Filipenses 1:29: "Porque a vosotros se os ha concedido, por amor a Cristo, no solo creer en él, sino también sufrir por él".
Está claro. "A vosotros se os ha concedido". La palabra traducida como "concedido" es charitzomai en el griego, que implica: se te ha dado un regalo. Espérate, para, para, para. ¿Se me han dado dos regalos? Sí, dos regalos. El primero es creer en él, y el otro regalo es sufrir por él. "No lo recibo, Pablo, dame el primero". No, es que el primero viene con el segundo. Es un paquete. ¿Te ha ido algún visor que todo es un paquete, no hay forma de salir de pedir cosas fuera de ahí? No. Entonces ese es el orden: tú primero crees en él y después tú sufres por él. El mismo Espíritu que produce nuestra salvación es el Espíritu que te da la gracia para ayudarte a resistir en medio de la oposición. Primero tú crees, y luego tú sufres.
Nosotros miramos la vida de los grandes mártires y como que hay algo glorioso. No sé cuánto usted ha leído de biografías de mártires, o pedazos de biografías, porciones acerca de cómo murieron.
Cuando tú lees alguna de esas cosas, tú no crees como que hay algo glorioso en la manera como murieron. Es algo como, "¡Wow! Eso es Dios en su gracia sosteniendo al mártir en medio de las peores circunstancias." Muriendo, siendo quemados en la hoguera cantando himnos, perdonando a los que les estaban quemando. Si hay algo que prueba nuestra fe genuina es cuando Dios nos deja caer bajo una gran presión en la cual mis creencias son puestas a prueba.
A la mayoría de nosotros no nos ha tocado vivir de esa manera, pero es más o menos como esto: Juan el Bautista cae preso, el introductor del Mesías. Y como él no tiene esta cosmovisión que el Nuevo Testamento desarrolla mejor posterior a Juan el Bautista, por así decirlo, él tenía más la cosmovisión del Antiguo Testamento acerca del dolor y del sufrimiento. Él como que se ve en la cárcel y dice: "Yo como que no entiendo, porque yo introduje al Mesías, yo bauticé al Mesías, y mírame, yo todavía en la cárcel." Entonces él manda a sus discípulos y les dice: "Vayan donde está Cristo y pregúntenle si Él era el que venía, ¿u otro? Porque yo no lo entiendo."
Y Cristo le dice: "Bueno, vayan donde Juan y díganle que los ciegos ven, los cojos andan y que por doquiera se predica el Evangelio." En otras palabras, dile a Juan que las profecías que él conoce del Antiguo Testamento de Isaías se están cumpliendo. Él no le mandó a decir a Juan: "Dile a Juan que sí, que yo soy." No, no. Que recuerde las promesas y este es el cumplimiento. Y entonces nosotros tenemos que tener esa perspectiva de la vida, número uno, y de la vida cristiana, número dos.
Escuchen lo que Pablo dice cuando les escribía a los tesalonicenses acerca de su sufrimiento en la ciudad anterior, que fue Filipos. En 1 Tesalonicenses 2:2: "Sino que después de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos el valor, confiados en nuestro Dios, de hablaros del Evangelio de Dios en medio de mucha oposición."
Esto es lo que ocurre cuando tienes el libro de Hechos. Pablo está viajando y llega a Filipos. Allá lo maltratan literalmente, lo persiguen, lo hacen salir de la ciudad corriendo. Y Pablo entonces sale para Tesalónica, y cuando llega a Tesalónica, ¿saben lo que hizo? Volvió a predicar el mismo Evangelio por el cual él fue maltratado en la ciudad anterior. En Tesalónica ahí fueron otra vez perseguidos, arrastrados, acusados de alborotar el orden, los azotaron con varas. Es como que Pablo no salía de una golpiza, y luego entonces fueron encarcelados. Esas experiencias hubiesen hecho que cualquier maestro falso hubiese abandonado el camino, pero el maestro verdadero permanece cuidando las ovejas independientemente de lo que tenga que sufrir.
Entonces Pablo dice, cuando les escribía a los tesalonicenses: "Tuvimos el valor, confiados en nuestro Dios." Eso es: confiados en nuestro Dios. El valor es el fruto de la confianza. Confiados en nuestro Dios, de hablar el Evangelio de Dios en medio de mucha oposición. Nosotros no hemos tenido esa experiencia. Es muy fácil venir a la IBI, con una iglesia cómoda, y predicar el Evangelio sin tener una amenaza potencial de alguien que está afuera esperando para llevarte a la cárcel. Pero esta gente vivió así. Los falsos maestros, bajo esas condiciones, inmediatamente cambian su mensaje, inmediatamente se repliegan, no enfrentan la oposición.
La postura de Pablo: sufrió oposición en Filipos, siguió para Tesalónica, volvió a predicar el mismo Evangelio, a propagar el mismo Evangelio. Eso es lo que ha pasado con pastores en Cuba, con pastores en China, y la iglesia no ha podido ser diezmada. La iglesia de hecho ha crecido enormemente en las peores circunstancias.
Yo creo que Dios permite eso por varias razones. En los momentos de presión, cuando nosotros estamos viviendo bien cómodos, nosotros vivimos quejándonos de cualquier nimiedad: que si hace calor, que si el aire está muy frío, que si la mantequilla no era la marca que me gusta. Todas esas cosas desaparecen cuando tú estás bajo presión, porque esas son tonterías que en un momento dado de facilidad y de comodidad tienen importancia, pero no en medio de la dificultad. De repente, ya en medio de la dificultad, se nos olvida cuál es la marca de lo que sea que a mí me gusta. Cuando tú vas a Cuba y te piden que les lleves jabón, ellos no te preguntan si es Palmolive o si es Dove, o si es con olor o sin olor. Es que quite el sucio.
La persecución revela quiénes son los verdaderos creyentes. En la comodidad todo el mundo es creyente. "¿Tú eres cristiano?" "Sí." "¿Tú eres evangélico?" "Sí." "Pero tú no vives como uno." "Ah, no, que no se puede ser tan fanático." En la persecución experimentamos la comunión cercana del Señor. En algunos momentos difíciles de mi vida, la cercanía de Dios ha sido más dulce que la miel. Literalmente, hermanos, ha habido ocasiones de mi vida que pareciera para afuera, pero Dios es mi testigo, donde yo le he dicho: "Mira, tu cercanía es tan dulce que déjame aquí en medio de la dificultad." Porque ciertamente su gracia es suficiente.
A. W. Tozer decía: "Nosotros queremos tener la experiencia del domingo —el domingo es resurrección— sin tener que pasar por la experiencia del viernes. Queremos la tumba vacía, pero no la muerte del viernes. Nos gusta experimentar el triunfo, pero preferimos que otros lo ganen por nosotros." Me gusta el triunfo, pero ve y pelea tú lo tuyo. El hombre aprende a depender de Dios en la dificultad.
Cuando tú lees el libro de Hebreos, capítulo 11, uno de mis capítulos preferidos, el salón de la fama de la fe, entonces sabes que hay un salón de la fama de peloteros, de jugadores de pelota. La Biblia tiene un salón de la fama: es el capítulo 11 del libro de Hebreos. Lo único que lo que lleva a los peloteros al salón de la fama lo hace muy distinto a lo que lleva a estos hombres al salón de la fama de Dios. Porque estos que están en el salón de la fama del capítulo 11 de Hebreos, fíjense lo que se dice de ellos: ellos fueron apedreados, aserrados en dos, tentados, muertos a espada, destituidos, afligidos y maltratados. ¿Cuántos estarían dispuestos a entrar al salón de la fama bajo esas condiciones? No. ¿Con jonrones? Sí. ¿Carreras anotadas? Sí. ¿Número de hits en una vida? Sí.
Pero nosotros necesitamos, hermanos —por eso decía que yo quería que el tono de mi mensaje fuera como reflexivo— nosotros necesitamos adoptar una nueva cosmovisión. El apóstol Pedro escribe a sus seguidores en 1 Pedro 4:12 y dice: "Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo." Amados, es verdad que estás bajo prueba, pero ¿por qué te extraña? No es extraño. No os extrañéis como si algo extraño o algo raro estuviera ocurriendo.
Miren cómo Pedro le llama a la dificultad: le llama fuego. Entonces saben lo que quema el fuego. Pedro está siendo realista. Pedro no dice: "No te sorprendas de la dificultad, que ya no son tan difíciles." No les dijo eso. Son fuego, le llama fuego. Incluso le llama el fuego de la prueba. ¿Por qué la prueba? Porque prueba mi fe. Y es el fuego de la prueba, dice Pedro, que no es algo extraño; debe ser algo esperado. Eso requiere una cosmovisión.
Porque justamente el tema de mi predicación en el último mensaje de la conferencia Por Su Causa es este: "Y ahora, ¿qué?" Entonces te voy dando un aperitivo, porque de aquí en adelante se requiere una nueva cosmovisión de los cristianos. Y este movimiento de reforma va a continuar en Latinoamérica, no con la cosmovisión que veníamos. Se requiere otra cosa.
Muchas veces, cuando el cristiano está en medio de una dificultad y dice "no entiendo," realmente lo que está tratando de decir es "no acepto." A veces decimos "no es justo," pero lo que está detrás de eso es "yo me estoy portando bien, entonces no es justo." Oye, nadie se portó mejor que Jesucristo y terminó clavado. Tenemos que olvidarnos de esa idea de que eso no es justo. Este no es un mundo justo. Nada es justo en este mundo. Ni las riquezas que tú tienes ni las que yo pueda tener son justas. Alguien en el camino, en la ecuación, está siendo mal pagado. Esa es la realidad de este mundo, lamentablemente, pero es así.
Finalmente, alguien dice: "Yo sé que Dios no va a permitir..." Usualmente lo que estamos reflejando con eso es que eso es lo que yo no quiero. Porque si Dios permitió que su Hijo fuera a la cruz, y un siervo no es mayor que su Señor, yo no sé lo que pueda permitir en mi vida. Cuando Dios llama a Pablo y luego habla con Ananías para que vaya a orar por Pablo —porque Pablo quedó ciego fruto del encuentro— Dios le dice a Ananías en Hechos 9:16: "Yo le mostraré a Pablo cuánto debe padecer por mi nombre." Antes del momento de su llamado, Pablo oye: "Escúchame, tienes un llamado, pero yo te voy a mostrar cuánto tú tienes que padecer por mi nombre." ¿Cuántos de nosotros diríamos: "Gracias, Señor, por tu gran revelación"? ¿O cuántos de nosotros diríamos: "No, no tienes que contarme lo que no quiero saber"?
El autor de Hebreos, en el salón de la fama de la fe en el capítulo 11, hablando de Moisés, dice que prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres momentáneos del pecado. Moisés podía quedarse en Egipto, podía quedarse como el príncipe de Egipto y futuro heredero de la corona. "Yo prefiero el desierto con el pueblo de Dios a la comodidad con esta gente." Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo —ya mirando hacia el futuro— que poseer los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la gran recompensa que recibiría.
¿Notan lo que hace que Moisés tome la decisión correcta? Fue una orientación de su vida. Él prefirió los tesoros eternos. Prefirió sufrir antes que los tesoros de acá. ¿Cuál es la razón? Tenía la mirada puesta en la recompensa que recibiría. La orientación vertical de su vida produjo un estilo de vida horizontal distinto al resto que estaba a su alrededor. Y eso es lo que el cristiano todavía no acaba de adquirir.
Él tiene una salvación que vino de arriba, pero sigue viviendo con una cosmovisión horizontal. Él necesita orientar su vida hacia arriba, y entonces muchas de las cosas que vive hoy le harán mucho más sentido. No solamente le harán mucho más sentido, sino que podrá tener mucha mejor disposición y fortaleza para pasar por algo que es temporal y pasajero.
El apóstol Pablo, ¿han leído acerca de las veces que sufrió? Cuántas veces naufragó, cuántas veces lo latigaron, otras veces lo apalearon, una vez lo apedrearon y lo dejaron por muerto, y él dice: "Esta leve aflicción y pasajera". Leve y pasajera, Pablo. Y ahí está esta iglesia, después de haber sido, esto es de los apóstoles, después de haber sido azotados, ellos salen de la presencia del concilio. Si fuera hoy en día, yo saliera para un hospital a que me curen. Ellos salen regocijándose de haber sido contados por dignos de haber sufrido. ¡Wow! Dignos de haber sufrido por la causa.
Y esa cosmovisión de la vida entonces los llevó a desobedecer la orden de que no podían seguir hablando en nombre de Cristo. Y esa es mi cuarta observación: la desobediencia civil, el desacato a la orden gubernamental, no es algo que al cristiano le está permitido, a menos que lo que el gobierno ordena sea contrario a la Palabra de Dios. Y es por eso que en China la iglesia ha seguido creciendo, por eso es que en Cuba la iglesia ha seguido creciendo, porque no podemos obedecer a los hombres antes que a Dios.
Escucha lo que el versículo 42 y último enseña: "Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo". ¿Dónde enseñaban? Después de haberlo prohibido otra vez y de haberlos azotado, ¿dónde predicaban? En el templo, en público. ¿Y dónde más? En privado, de casa en casa. Cuando dice el texto "todos los días", ¿con qué frecuencia? No cesaban de enseñar y predicar. No cesaban. Continuaron como si no hubiesen estado en la cárcel, como si no hubiesen sido castigados. ¿Y a quién enseñaban y predicaban? A Jesús como el Cristo. Todo eso está en el versículo 42: "Y no cesaban de predicar a Jesús como el Cristo, en el templo y de casa en casa". ¡Wow!
Si el movimiento de reforma protestante que parece estar comenzando en nuestro continente va a perdurar, a crecer y a conquistar, requiere hombres y mujeres distintos, cristianos con una cosmovisión distinta, con una decisión a pagar un precio que no mida primero la comodidad y la seguridad, sino que tome en cuenta primero el llamado que Dios le ha hecho: no solamente a creer en Él, sino también a sufrir por Él. Y si nosotros logramos hacer eso, entonces grandes cosas están de camino para la iglesia evangélica en nuestra región.
Hermano, esa es mi reflexión, ese es mi desafío, esa es mi invitación de parte del Señor Jesucristo: que abraces tu llamado, no solamente de creer en Él, sino también de sufrir por Él.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.