Integridad y Sabiduria
Sermones

Tan cerca pero tan lejos de la verdad

Miguel Núñez 7 septiembre, 2014

Pilato tuvo la verdad de frente, conversó con ella, la escuchó, y aun así no pudo reconocerla. Este encuentro entre el gobernador romano y Jesús ilustra una realidad que atraviesa toda la historia humana: es posible estar tan cerca de la verdad y, al mismo tiempo, permanecer tan lejos de ella. Lucifer conoció la verdad y la abandonó por arrogancia. Adán y Eva caminaron con la verdad y creyeron una mentira. Judas acompañó a la verdad durante años y terminó traicionándola. En cada caso, el egocentrismo hizo que buscaran dentro de sí lo que solo podía encontrarse fuera de ellos.

Cuando Jesús declara ante Pilato que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, está revelando algo profundo: la verdad no existía aquí, hubo que importarla. Desde Génesis 3, cuando Adán y Eva creyeron la mentira de la serpiente, la humanidad quedó sumergida en un mundo construido sobre falsedad. La batalla espiritual no es principalmente una lucha de poder, sino una lucha por la verdad en la mente de los hombres. Pilato percibió algo de esa verdad —reconoció que Jesús era inocente, que los líderes religiosos actuaban por envidia— pero la mentira que dominaba su corazón lo llevó a negociar con la multitud en lugar de actuar conforme a lo que sabía.

El intercambio final entre Jesús y Barrabás tipifica perfectamente lo que ocurre en la salvación: el culpable es liberado y el inocente es condenado. Barrabás representa a cada creyente que, habiendo nacido bajo condenación, es dejado en libertad porque otro ocupó su lugar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Les invito a abrir la palabra de Dios en el Evangelio de Marcos, capítulo 15, para continuación de nuestra serie en el día de hoy. Habíamos terminado el capítulo 14 la semana pasada, el capítulo más largo en Marcos, y terminamos con la negación de Pedro. Jesús había estado siendo entrevistado, cuestionado por las autoridades judías. El Sanedrín ha dado su veredicto: es digno de muerte, reo de muerte. La acusación era por blasfemia, porque se hacía pasar por Dios, y ahora ellos necesitaban proseguir hacia las autoridades romanas en vista de que ellos no tenían la autoridad para ejercer la pena de muerte, de manera que a partir de ahora eso es lo que nosotros vamos a estar leyendo.

Pero en el interior, Pedro había estado siendo entrevistado, cuestionado en el patio, mientras Cristo estaba siendo entrevistado en la parte superior de lo que presumimos fue la residencia de Herodes, como veremos un poco más adelante. Y entonces en eso Cristo niega lo que él conocía: que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, que había estado con él, que era del grupo del galileo, que era del grupo del Maestro. Y en medio de todo eso, entonces ya la noche ha ido avanzando; ahora son las primeras horas de la mañana. Ahí es donde lo encontramos en el día de hoy, en esas primeras horas, y este es el relato de esa mañana temprano.

Capítulo 15 de Marcos, versículo 1: "Muy de mañana los principales sacerdotes prepararon enseguida una reunión con los ancianos, los escribas y todo el concilio, y atando a Jesús lo llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban de muchas cosas. De nuevo, Pilato le preguntó diciendo: ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan. Pero Jesús no respondió nada más, de modo que Pilato estaba asombrado. Ahora bien, en cada fiesta él acostumbraba soltarles un preso, el que ellos pidieran. Y uno llamado Barrabás había sido encarcelado con los sediciosos que habían cometido homicidio en la insurrección. Y subiendo la multitud, comenzó a pedirle que hiciera como siempre les había hecho. Entonces Pilato les contestó diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque sabía que los principales sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les pidiera que, en vez de Jesús, les soltara a Barrabás. Y Pilato, tomando de nuevo la palabra, les decía: ¿Qué haré entonces con el que llamáis el Rey de los judíos? Ellos le respondieron a gritos: ¡Crucifícale! Y Pilato les decía: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Ellos gritaban aún más: ¡Crucifícale! Pilato, queriendo complacer a la multitud, les soltó a Barrabás. Y después de hacer azotar a Jesús, le entregó para que fuera crucificado."

Este es el relato, relato extraordinario, un relato que lo hemos oído, lo hemos leído, pero quizás no le hemos meditado lo suficiente. Yo he titulado mi mensaje "Tan cerca, pero tan lejos de la verdad." Yo comenzaba en el culto anterior diciendo que eso no es una simple frase, como que es catchy, como dicen en inglés, como contagiosa o pegajosa. Es una enorme realidad, relato de toda la historia de la creación. Mucha gente ha estado tan cerca de la verdad y a la vez tan lejos, o ha comenzado tan cerca y ha terminado tan lejos.

Y la primera persona, o la primera criatura que me viene a la mente es Lucifer mismo: creado en verdad, conoció la verdad, instruido en la verdad, y en un momento dado la arrogancia en su interior lo hizo concebir cosas en su mente, que él podía llegar a ser tal cual como el Altísimo. Y él terminó abrazando una mentira concebida en el interior de su ser, en vez de continuar confiando en la revelación de Dios.

Los próximos, Adán y Eva, concebidos en verdad, habitaron con la verdad, caminaron con la verdad, y en un momento dado ellos escuchan una propuesta de parte de alguien que les trae la mentira. Y habiendo estado tan cerca de la verdad, Adán y Eva terminaron tan lejos de la verdad.

Judas caminó con la verdad, vio a la verdad hablar, escuchó la verdad enseñada, la vio actuar, y al final él traicionó a la verdad. Todo el tiempo estuvo tan cerca y sin embargo todo el tiempo estuvo tan lejos. Nunca estuvo interiormente cerca de la verdad, aunque geográficamente caminó con ella.

Y ahora Pilato. Pilato está conversando con la verdad, la tiene de frente, y sin embargo al mismo tiempo estaba tan lejos de la verdad. Cuando tú analizas cada uno de esos casos, tú descubres que es el egocentrismo en el interior nuestro que hace que nos enfoquemos en algo que está dentro de nosotros, cuando en realidad la verdad está fuera de nosotros. La verdad no es algo que yo descubro en mí, es algo que yo descubro fuera de mí, y por eso Cristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."

Ahora está Pilato hablando con la verdad, la verdad personificada, y sin embargo su corazón estaba tan lejos de aquello con lo cual él conversaba. Padre, una vez más, que tu Espíritu de verdad ilumine la verdad inspirada en corazones que todavía hoy albergan mentiras. En tu nombre.

De los cuatro evangelistas, Marcos tiene la descripción más breve de qué pasó con Jesús en las últimas horas. De manera que nosotros nos vamos a ayudar de la descripción de los otros evangelios para enriquecer el entendimiento de lo que aquí está pasando.

Nosotros tenemos a un Jesús en silencio. En silencio ante las acusaciones falsas que le han hecho, alguien que rehúsa a defenderse. Y en cierta manera hemos estado hablando los últimos dos mensajes que el silencio de Jesús explica porque la verdad usualmente no necesita defensa. La verdad tiene un peso por sí mismo que llega muchas veces a convencer al otro aun sin una autodefensa. Es frecuentemente la mentira en nosotros que necesita la explicación y la justificación.

Pero Jesús está en silencio cuando las mentiras vienen en su contra, pero él responde y conversa con Pilato. De acuerdo a lo que los evangelios nos dicen, Juan, una afirmación de verdad es hecha en la conversación, y quizás es bueno recordar que toda pregunta, en este caso toda afirmación honesta, necesita, requiere una respuesta o comentario honesto. Y Juan el evangelista es quien se toma más cuidado en reportarnos la conversación entre Pilato y Jesús.

Yo menciono todo esto como parte de mi introducción porque en la medida en que nosotros podamos meditar y yo puedo avanzar en la exposición del mensaje y revisar de nuevo los versículos que ya leímos hace un momento atrás, quizás podamos entender mejor qué está pasando y por qué está pasando. Y con eso yo quiero que veamos en primer lugar la entrega de Jesús a Pilato.

Eso es lo primero que Marcos describe en el versículo uno, hecho muy de mañana. Nosotros sabemos por la historia que realmente así era como ocurría, que los juicios eran llevados a cabo entre las autoridades romanas en las primeras horas de la mañana, porque era la costumbre de los gobernadores y autoridades comenzar su tiempo de recreo y de entretenimiento de media mañana en adelante. De manera que no trabajaban mucho estos gobernantes.

Pilato es el gobernador de Judea, no es el quinto de los gobernadores de Judea, es el gobernador que más tiempo estuvo en una posición como esa. Y entonces él recibe a los principales sacerdotes, a los escribas y a los ancianos, que le entregan a Jesús tal como había sido predicho por el mismo Jesús: que él sería entregado en mano de las autoridades para ser castigado, para ser sentenciado. Y todo va avanzando conforme al cronograma de Dios, como ocurren todas las cosas. No hay nada fuera de lugar, no hay nada fuera de tiempo, no hay nada avanzado, no hay nada retrasado. Todo está en su justo tiempo y en su justa medida frente a Pilato.

Pilato no vivía en Jerusalén. Él a diario vivía en Cesarea Marítima, para diferenciarla de Cesarea de Filipo. Cesarea de Filipo fue aquel lugar donde Pedro hace la confesión de Cristo como: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Pero esta es otra Cesarea, a orillas del mar, erigida en honor al César. Y ese era donde él vivía, pero era la costumbre de los gobernadores trasladarse a Jerusalén durante las fiestas religiosas, precisamente por si ocurría algún disturbio, algún problema, permanecer en control todo el tiempo estando en el lugar de los hechos. Y se cree, conforme a la tradición y datos históricos, que lo más probable es que Pilato se haya alojado u hospedado en la casa de Herodes, gobernador de Galilea, y que fuera allí donde Jesús fuera enjuiciado. Juan nos dice que ocurrió en el pretorio, pero hay mucha evidencia de que con toda probabilidad el pretorio estaba en el Antonia o en el área donde también se encontraba la residencia de Herodes.

Ahora, la realidad es que Pilato no tenía interés en enjuiciar a Jesús, ni siquiera de escucharlo. Cuando se lo traen, en Juan nos dice que Pilato les dice a las autoridades judías: "Llévenselo y júzguenlo ustedes conforme a su propia ley." A lo cual ellos respondieron en Juan 18:31: "A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie," con lo cual revelaban cuál era su intención.

Pilato necesita entender: "Nosotros no te hemos traído a Jesús para que le pases un juicio y determines si es digno de muerte o no. Nosotros determinamos por el Sanedrín que es digno de muerte, y por tanto tú lo que necesitas es legitimizar para nosotros su condena. Por eso aquí está. Por eso no lo podemos llevar y juzgarlo a través de la ley nuestra y condenarlo. A nosotros no es lícito, no lo era, dar muerte a nadie. De manera que condénalo tú y llévalo a la muerte tú, y tú estarás dándonos o endosando el juicio que nosotros ya pasamos sobre él."

Esa es la entrega, esa es la razón, esa es la intención, esa es la ocasión: temprano en la mañana.

En segundo lugar, yo creo que veamos ahora el interrogatorio después de la entrega. Marcos comienza diciendo que Pilato le preguntó: "¿Eres tú el Rey de los judíos?" Y que Jesús respondió: "Tú lo dices." Los relatos paralelos nos revelan algunas otras cosas.

Antes de esa pregunta —"¿Eres tú el Rey de los judíos?"— vinieron acusaciones. Lucas 23:2 nos dice que comenzaron a acusarle diciendo: "Hemos hallado que este pervierte a nuestra nación, prohibiendo pagar impuesto al César y diciendo que él mismo es Cristo, un rey."

¿Te das cuenta de lo que han hecho? El Sanedrín lo ha condenado por hacerse pasar por Dios; es un juicio y un veredicto religioso. Ahora le presentan a Pilato una acusación cambiada, de índole política. Número uno: él es un pervertidor de la nación, un revolucionario. Número dos: él ni siquiera quiere que se pague impuesto al César, lo cual era una falsedad tan grande conforme a lo que Cristo había respondido: "Dad al César lo que es del César." Y en tercer lugar: él dice ser el Cristo, un rey. "Pilato, cuidado con lo que te pueda pasar. Del César es la corona, y ahora está este diciendo que él es rey. Con el César, quizás piensa en lo que te pueda pasar a ti como gobernador por debajo del rey."

Un juicio político, una acusación política que Pilato nunca compró. Y entonces, ante la acusación de que él era el Cristo, un rey, Pilato pregunta: "¿Eres tú el Rey de los judíos?" Y Cristo responde: "Tú lo dices", como dirían en inglés: "You said it". Él se lo acaba de decir: "Como tú dices".

Inmediatamente después, Marcos agrega entonces lo principal. En el versículo 12, lo acusaban de muchas cosas, consistente con lo que Lucas también revela. De nuevo Pilato le preguntó diciendo: "¿No respondes nada?" Ese "de nuevo" y ese "no respondes nada" implica que ya una vez anterior Pilato había hablado con el Cristo y este se había quedado callado. Y de nuevo Pilato le dice: "¿No vas a responder? ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Pero Jesús no respondió nada más, de modo que Pilato estaba asombrado.

A Pilato le pasó lo mismo que le pasó al sumo sacerdote cuando comenzó a entrevistar a Jesús y Jesús está en silencio. Vimos la semana pasada, o la antepasada, que el sumo sacerdote quedó asombrado de su silencio. Nosotros nos asombramos usualmente de lo que la gente dice. Oye, lo que dijo. Tú te puedes imaginar lo que ese individuo me dijo. Nos decimos: "¿Tú puedes creer lo que dijo? ¿Tú puedes pensar qué le estaba pensando?" De esa manera, pero Pilato y el sumo sacerdote se asombran de lo que Cristo no dijo, sin defensa de sus acusaciones.

Yo no me voy a repetir otra vez, pero hablamos de que para permanecer en silencio ante las acusaciones de otros se requiere de mucho más carácter cristiano. Se requiere de fortaleza de carácter, se requiere de un caminar con Dios, una seguridad de que estás en el camino donde Dios te ha puesto, que solo viene con millas caminadas con Dios. Y yo me imagino que Cristo debe haber tenido una personalidad impresionante. Y cuando hablo de esa manera, no me refiero a su físico, no me refiero a su hermosura física, que quizás no la tuvo de acuerdo a Isaías 53, pero me refiero a algo que probablemente emanaba de este hombre que no emanaba de nadie más. Y cuando tú tienes a una inocencia encarnada, personificada, y la verdad personificada frente a ti en silencio, eso tiene que ser asombroso. Yo creo que a eso es que está respondiendo Pilato, y a eso fue que respondió el sumo sacerdote.

¿Alguna vez te has visto en esa posición y has sentido la necesidad de explicarte? Yo he estado en ocasión en esa condición y he sentido la necesidad de explicarme. Y otras veces, en la medida en que he ido creciendo, siento cada vez menos la necesidad de defenderme o explicar, porque la verdad tiene un peso por sí misma que lo vamos a ver en el texto. "¿Eres tú el Rey de los judíos?" Jesús no responde a las acusaciones falsas, pero él responde a las afirmaciones de verdad. "¿Eres tú el Rey de los judíos?" "Tú lo dices".

Y Juan entonces trae mayor revelación acerca de lo que ocurrió, que nos permite ver cómo Jesús está dispuesto a interactuar con la verdad. Él no está dispuesto a interactuar con la mentira. Entonces Juan agrega en 18:37-38: "Tú dices que soy rey", lo mismo que Marcos extrae. "Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz". Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?"

Yo no sé si esas palabras tienen para ti el peso que tienen para mí, por escuchar a Cristo decir: "Esta es la razón de mi venida al mundo. Para esto yo he nacido, para dar testimonio de la verdad". Si Cristo vino para dar testimonio de la verdad, eso implica que la verdad no está en este mundo. Hubo que importarla desde el exterior. Alguien tuvo que traerla. Y tenemos que hacer una pregunta: ¿Por qué Cristo dijo en una ocasión que él vino para revelar al Padre? En otra ocasión él dijo que él vino para dar su vida en rescate por muchos. En otra ocasión él dijo que él vino para cumplir la ley. Pero al final de sus días, a apenas horas de su muerte, cuando él quiso resumir toda su misión, él dijo: "Yo vine para esto. Yo vine a este mundo para dar testimonio de la verdad". Aquí no está, aquí no existe.

Y eso comenzó, tiene su explicación en Génesis 3. Cuando ellos cayeron, la verdad desapareció de este mundo, y ahora alguien tendría que traerla de nuevo, hacerla presente. Nosotros vivimos en medio de una batalla por la verdad. Satanás nos puede hacer creer que la batalla es, o la lucha es, una lucha de poder, y ahí pudiéramos comenzar a pensar en las posesiones demoníacas y otras cosas de esa naturaleza. Pero al final del camino, la batalla no es una lucha de poder. Satanás no tiene el poder para irse a un cuerpo a cuerpo en poder con Dios. Es una lucha por la verdad en la mente de los hombres.

En medio de la revolución moral en la que nosotros nos encontramos, la lucha y la revolución es por la verdad. ¿Quién tiene la razón, Dios o el hombre? Eso es donde estamos, y esa es la lucha, y eso es lo que la Palabra defiende, lo que nos toca defender. Dios dice en su Palabra, en Romanos 1:18, que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de aquellos que suprimen la verdad. La conocen, que la saben, pero cada vez que la ven, la suprimen, la esconden, la ocultan. Más adelante dice que el hombre cambió la verdad de Dios por la mentira, y a la serie se adoró la criatura en vez del Creador. Es donde estamos, es la lucha.

Y eso comenzó en Génesis 3 con: "¿Con que Dios ha dicho que no puedes comer de ningún árbol del huerto?" No, no, Dios no dijo eso. Eva sale en defensa de la verdad de Dios: "Dijo que podemos comer de todos los árboles del huerto. Es del árbol del bien y del mal que no podemos comer". "¿Y tú le creíste a Dios? Claro que no, Eva, claro que no. La realidad es que Dios sabe que el día que comas de la fruta se abrirán tus ojos y tú entonces serás como él". ¿A quién le vas a creer?

Aquí está la nación, está Eva. Ellos han escuchado la verdad de Dios, han escuchado la revelación de Dios: "Si comes, tú mueres". Y ahora alguien le trae una mentira, pero la mentira le ofrece una panacea que ellos creen, y le dicen: "Sabes que si comes se te abrirán los ojos, y cuando ellos sean abiertos tú llegarás a ser como Dios y podrás conocer la diferencia entre el bien y el mal". Y de repente hubo una especie de egocentrismo que se apodera de Adán y Eva, porque esto en su interior le suena tan extraordinariamente maravilloso que ellos van a terminar creyendo la mentira que rasca su oído y no la verdad de Dios que lo mantendría en libertad.

Y esa mentira inundó a nuestros progenitores, y desde ese tiempo en adelante cada uno de nosotros nace sumergido de mentira. Y el juicio que se está llevando a cabo a Jesús es como una buena ilustración de cómo es el mundo. Toda una farsa, pudiéramos decir, toda una farsa, una novela de falsedad construida precisamente sobre la mentira de los hombres. El día que comas de la fruta tus ojos no se van a abrir, tus ojos se van a cerrar. Y cuando ellos comieron se cerraron sus ojos, y desde entonces nosotros hemos tenido una lucha por diferenciar la verdad de la mentira. Y hemos estado comprando todo lo que el mundo nos vende en diferentes lugares, creyendo que eso que el mundo nos ofrece nos traerá la satisfacción del alma. No importa si es dinero, si es poder, si es influencia, si es figura, si es imagen, si es un hombre.

Y precisamente Pilato está donde está porque la ha comprado, la mentira del mundo: la importancia del nombre, el poder, la posición, la fama. Él está ahí, él está embuido de todo eso, como el hombre ha estado embuido a lo largo de la historia, continuando con permanente insatisfacción. Y esa es la historia de Pilato. Y tú lees su historia: Pilato fue un hombre miserable, cruel, sangriento, impaciente, iracundo, impositivo, impulsivo, pensando que la posición le daría lo que él quería. Es la mentira que trae miseria espiritual al hombre. Es la verdad que le trae libertad.

Pero Cristo en una sola, una sola respuesta, nos dice cosas tan extraordinarias. Número uno: "Para eso yo he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad". El mundo está construido sobre la mentira. Yo he venido a presentar la verdad que este mundo no conoce. Número dos: "Todo el que es de la verdad escucha mi voz". Pilato no le escucha, el Sanedrín no le escuchó, Judas no le escuchó. La respuesta de Jesús: no es de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

Pilato no aprovecha esta oportunidad para cuestionar, interrogar y llegar a un mejor entendimiento. No, él no es de la verdad. Y si todo el que escucha la voz de Cristo es de la verdad, eso implica que si no la escucho, yo no estoy en la verdad, no estoy viviendo por la verdad, yo estoy viviendo una mentira. Yo no sé lo que Pilato pensó cuando le escuchó estas afirmaciones, pero algo le hizo a Pilato preguntar: "¿Qué es la verdad?" En el original es así como lo dice. No dice "qué es verdad", dice "qué es la verdad". La verdad es una, es única. En este caso es una persona. Pilato la tiene de frente, está conversando con ella, le está viendo, la está oyendo, y no la puede reconocer, porque las cosas espirituales se disciernen con el espíritu.

De tal manera que no es suficiente que yo oiga la verdad, no es suficiente que yo vea la verdad, no es suficiente que la tenga de frente. Yo puedo tener todo eso en mi vida y no poder discernirla. Y es que nosotros tenemos un problema con la verdad. Filosóficamente, la verdad se define como aquello que corresponde a la realidad. Pero no necesariamente lo que yo oigo es la realidad, no necesariamente lo que yo veo es la realidad, no necesariamente lo que yo concluyo es la realidad.

Tú tomas un lápiz, lo introduces —y creo que hemos hablado de esto en otras ocasiones— en un recipiente de vidrio con agua, y lo ves del lado, y resulta que el lápiz se ve torcido. Y para ti, si no conocieras nada del mundo de la física, tú concluirías que ese lápiz está torcido, pero no lo está. Parece ser tu percepción, y tú a veces que tienes una percepción, tú piensas que esa percepción de los hechos es la verdad, pero no necesariamente lo es. Nosotros somos personas cambiables, y con nuestros cambios muchas veces presentamos distorsión de la realidad que nos lleva a una percepción inadecuada.

Yo pudiera anestesiar un dedo. De hecho, la última vez que estuve en el dentista, la dentista me dijo: "Cuando llegues a tu casa, trata de no tomar líquidos muy..."

caliente, porque como está anestesiado te puede quemar. En otras palabras, lo que tu lengua determina que está caliente no es la temperatura del líquido que te estás tomando. Con una simple inyección ella cambió la percepción de la realidad.

Nosotros tenemos un problema con la percepción de la verdad desde el nacimiento. Para nosotros la verdad es lo que yo oigo, pero aún ahora mismo es muy posible que haya personas aquí oyendo diferentes cosas de lo que yo estoy diciendo. En ocasiones yo he tenido que sentarme con alguien porque la persona vino a mí y me dijo: "Pastor, ¿por qué usted dijo en su sermón tal y tal cosa?" Y yo he tenido que decir: "No, yo no dije eso." "Bueno, sí, sí, usted lo dijo, ahí está la grabación." Hemos tenido que sentarnos con la grabación y luego: "Pastor, pero eso no fue lo que yo oí." Claro, porque eso no fue lo que yo dije. De manera que aún lo que yo oigo no es necesariamente una correspondencia con la realidad.

A veces lo que yo siento, a veces lo que yo concluyo, a veces la verdad es lo que mi esposo me dijo. "Y mi esposo es un hombre serio, pastor." Él puede ser muy serio, puede ser más serio que yo, pero él tiene una mente caída, emociones caídas, oídos caídos, ojos caídos. A veces la verdad es lo que mis hijos me dicen. "Y mis hijos no mienten, yo le enseñé a mis hijos a decir la verdad." Dios le enseñó a Adán y a Eva a decir y a vivir por la verdad, y no lo hicieron. Y de la misma manera que tú le has enseñado a tu hijo a decir la verdad y no siempre la ha dicho, de esa misma manera ellos no siempre la van a decir.

Nosotros vivimos continuamente viendo cosas que no están ahí. Las vemos en nuestras mentes, nuestras mentes, porque nosotros nacemos indispuestos hacia la verdad. La desobediencia no es nada más y nada menos que rebelión contra la verdad. La rebelión no es nada más y nada menos que rechazo de la verdad. La imposición de mi criterio sobre el criterio de Dios.

Pilato conversa con la verdad. Tiene la verdad de frente, la ve, la escucha. Él no la puede discernir, pero no espero que Cristo continúe explicando cuando le dice qué es la verdad. Porque no le preguntó a Cristo: "¿Qué tú quieres decir con que tú viniste para dar testimonio de la verdad? Entonces, ¿antes de tú venir no había verdad en el mundo?" No le preguntó a Cristo tampoco: "¿Qué es eso de que todo el que es de la verdad escucha mi voz? ¿Tú quieres decir que yo no soy de la verdad, que yo no estoy escuchando tu voz, o dónde yo estoy?"

Yo creo que Pilato tuvo más una conversación filosófica de esas que los filósofos tienen muchas veces solamente para sonar inteligentes, pero que no llegan a ningún sitio. Como decía Chuck Swindoll, creo que le mencioné en una ocasión, que la mejor definición de un filósofo es alguien que habla de una manera que tú no entiendes pero que te hace sentir que es tu culpa. Y yo creo que eso es verdad. En dominicano dirían muchas veces: "Hablando mucha plepla." Pilato no reconoce la verdad.

Escucha lo que Lucas dice en 23:4, que Pilato le dice al pueblo. Él tiene una entrevista con Jesús, él ha percibido algo. Él no ha percibido la verdad, pero él ha percibido algo de la verdad. Y le dice al grupo, a los principales, a todos y a la multitud, Lucas 23:4: "No encuentro delito en este hombre." Y entonces comienza a negociar con ellos. Interesante que Pilato no puede discernir la verdad en su totalidad, pero hay algo de la verdad que él ha discernido: aquí no hay delito, aquí no hay culpabilidad, este hombre no es un revolucionario, no es un revoltoso.

Veamos el desenlace entonces, porque Pilato comienza a negociar. De manera que el desenlace es la tercera parte que yo quisiera ver de mi mensaje, porque esta negociación en que Pilato entra es parte de la revelación o de la evidencia de lo que la mentira es capaz de hacer. Nosotros por sí que lo sabemos.

Ahora bien, en cada fiesta se acostumbraba soltar un preso, el que ellos pidieran. Y uno llamado Barrabás había sido encarcelado con los sediciosos que habían cometido homicidio en la insurrección. Y subiendo la multitud, comenzó a pedirle que hiciera como siempre les había hecho. Entonces Pilato les contestó diciendo: "¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?" Pilato quería soltarlo. Pilato sabía que Jesús no era lo que ellos decían que Él era, pero no se atreve. En vez de responder a la verdad, en vez de actuar conforme a la verdad, la parte de la verdad que él podía entender, la mentira que había en él lo estaba arropando y dominando. Y esta negociación es una mentira. Él sabe que no hay nada que negociar con Barrabás, pero no puede siquiera expresar la verdad y vivir la verdad porque él está lleno de mentira, como muchas veces nuestros corazones están llenos también de la misma mentira.

Escucha por qué Pilato comienza, de acuerdo a lo que Marcos relata, por qué Pilato quería entregar a Jesús como libre, dejarlo libre, soltarlo. Escucha: porque sabía, versículo 10, que los principales sacerdotes le habían entregado por envidia. Pilato conoce una parte de la verdad: "Lo que he encontrado aquí es mucha envidia de parte de ustedes, y en este hombre lo he encontrado sin culpa." Y no obstante, Pilato, si conoces eso como una verdad, ¿por qué no actúas conforme a la verdad? Porque la mentira que mora en mí domina.

Cuando Pilato le hace la oferta de soltarle a Barrabás, porque es la costumbre del pueblo todos los años, el gobernador lo hacía, como ocurre hoy a veces con los presidentes que en diciembre indultan algunos presos. Todos los años, fiesta religiosa, como una manera de mantenerse contento con el pueblo, Pilato le soltaba un prisionero. Y le está ofreciendo soltarle a Jesús. Esa es su negociación. Y como él sabe que Barrabás es un homicida, convicto de homicidio, él como que está seguro que el pueblo no va a preferir a Barrabás sobre Jesús. "¿Te suelto a Barrabás?" "No, no, no." "¿Te condeno a Barrabás?" "No, no, no, no, suelta a Barrabás." "Entonces, ¿qué hago con Jesús?"

Escucha lo que los principales sacerdotes comenzaron a hacer: incitar a la multitud para que le pidieran que les soltara a Barrabás. Y Pilato, tomando de nuevo la palabra, les decía otra vez: "¿Qué haré entonces con el que llamáis Rey de los judíos? Si te suelto a Barrabás, y ahora yo no quiero condenar a este, entonces, ¿qué hago con este, con el que ustedes llaman Rey de los judíos?" Ellos le respondieron a gritos: "¡Crucifícale!" Y Pilato les decía: "¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?"

Pilato está negociando con la verdad y la mentira, y sus palabras revelan que la verdad... Cristo no ha hablado en defensa, Cristo ha sido acusado falsamente, y en ausencia de defensa Pilato queda convencido de que este hombre es inocente. Como te decía al principio, la verdad tiene un peso por sí sola que muchas veces, aún en silencio, convence a los otros. Y Pilato dice: "¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?" La respuesta a la pregunta: "¡Crucifícale!" Gritaban aún más. No hay respuesta para Pilato. "Nosotros queremos sangre, lo queremos en el madero maldito por Dios." Como bien dice la ley: "Maldito es todo el que muere en un madero." Los judíos no ofrecieron ninguna respuesta.

Pilato no entendía, no entendió lo que Jesús era, pero él conoció lo que no era. Él no es culpable, Él no ha sido acusado, Él no puede ser acusado de no querer pagar impuesto al César, no es verdad que es un revolucionario. Aquí hay un convicto, se llama Barrabás. E interesante, porque Barrabás significa "hijo de abba", y abba es padre. De manera que Cristo está diciendo: "¿A cuál de los dos hijos del Padre tú quieres que te suelte? ¿Al verdadero Jesús, o a Barrabás, el hijo de abba? ¿Dejo en libertad a la verdad o dejo en libertad a la mentira?" "¡Crucifícale! Eso es lo que queremos."

¿Qué hace Pilato? Queriendo complacer a la multitud, soltó a Barrabás. Para, hay un momento. "Queriendo complacer a la multitud." La mentira que ha arropado nuestros corazones con frecuencia nos convence que la prioridad es querer complacer al hombre, a la multitud por popularidad, al esposo para que no se ponga bravo, a la esposa para que nos sirva como queremos, a los hijos para que no se rebelen, al jefe para que me pague mi sueldo. Esa es la mentira, es parte del sistema de valores sobre los cuales está el mundo completamente construido y sumergido. En eso, de esa manera vive.

Y es lo que hace Pilato. Acaba de ver la verdad, la inocencia de la verdad, y no se atreve. Aún con un parcial conocimiento de la verdad no se atreve a caminar en esa dirección, porque él vive dominado por la mentira. Y queriendo complacer a la multitud, él va a proceder para liberar a Barrabás, y lo hace. Ahora es cómplice. Los judíos no podían hacer esto sin la aprobación de Roma.

Pilato probablemente lo hizo porque había tenido problemas ya con los judíos anteriormente. En una ocasión, cuando trajo unas estatuas a Jerusalén, el pueblo se revolvió y fue a su residencia en Cesarea de Filipo, caminó millas de distancia para protestar. Y tuvo una segunda ocasión cuando tomó dinero del templo para construir el acueducto, y hubo otra revuelta similar. Y quizás Pilato no quería que hubiera una tercera potencial revuelta y que el César lo removiera de su posición, producto de su ineptitud como gobernador. Quizás. Pero él quiere la complacencia de la gente, él está cuidando su cargo. Y el cuidado que él quiere o tiene sobre su cargo es parte del mundo de mentira que lo ha comprado: "Esto es lo importante, mi posición, mi nombre."

Y lo entrega. Y después de azotar a Jesús, dice el texto, lo entregó para que fuera crucificado. En ocasiones había azotes dados sin crucifixión, pero era frecuente que antes de crucificar a un individuo lo azotaran. Y la ley romana no tenía límites. La ley judía hablaba de 39 latigazos; la ley romana no tenía límite para el número de latigazos que un reo recibiría. De manera que no sabemos cuántos latigazos Jesús recibió, pero nosotros tenemos evidencias históricas de que en ocasiones personas fueron latigadas hasta que sus vísceras fueron expuestas. Josefo mismo dice que en una ocasión él hizo latigar a un hombre, que lo cargaran de latigazos hasta que sus huesos fueron expuestos. Esto era hecho con un látigo romano conocido...

Como el flagelum de varias trenzas con piedras amarradas en las trenzas y objetos de metal, de manera que las piedras pudieran cortar la piel y los objetos de metal producir contusión en la piel. Y mientras Cristo recibe el primer latigazo y el segundo, él permanece en silencio. Cuando al fin abre su boca, finalmente termina diciendo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." La cruz todavía permanece sin defenderse. La cruz es la verdad. La razón por la que yo estoy aquí, ella hablará por sí sola. No tengo que explicarla, no tengo que justificarla. Ahí está Jesús en la cruz.

Pero lo que ocurre, este intercambio que ocurre entre Jesús y Barrabás, es exactamente, tipifica perfectamente, casi al dedillo, al dedillo, lo que ha ocurrido contigo y conmigo. Porque Barrabás el culpable es liberado y Jesús el inocente es condenado. Yo me imagino a Barrabás el día que llegó a su casa en la noche, debió verse a sí mismo: "Yo no puedo creer, esta mañana yo amanecí preso, a un hombre que Pilato no quería condenarlo lo condenan, y yo que ya estaba condenado me dejan libre."

Eso es exactamente lo que ha ocurrido con mi vida y con la vida de Jesús. Yo puedo verme a mí mismo y decir: "Yo no puedo creer, yo nací condenado, yo crecí condenado, y Jesús, un hombre inocente, fue condenado a la cruz para que yo, que nací condenado, fuera dejado en libertad." ¿Te imaginas? ¿Te imaginas el trueque, el canje? ¿La verdad de lo que ha ocurrido? ¿Te imaginas el sentido de agradecimiento que debiera inundar mi ser? ¿Te imaginas cómo debiera vivir el sentido de gozo por lo que ha ocurrido a mi favor? Él azotado y yo liberado. Crucificado y yo disfrutando de todas las bendiciones que el Padre pudiera dar.

Pilato entregó a Jesús para complacerse con el pueblo. El Padre entregó a Jesús también, pero con otra motivación: para complacer su justicia, para que yo no tuviera que pasar la eternidad en condenación y en sufrimiento. De tal manera que aquel que no conoció pecado fue hecho pecado por mí, para que yo pudiera llegar a ser justicia de Dios en él. Es exactamente lo que ocurrió el día en que Barrabás es dejado libre y Cristo es condenado. No pudo haber, no puede haber una metáfora vivida mejor que esta, una ilustración. Barrabás me representa a mí.

Y sabes qué, Pilato y Pedro no están muy lejos. Pedro, su corazón, su mente está tan moldeado por la mentira que había invadido a Pilato, que cuando a Pedro le preguntan: "¿Tú no eres uno de ellos?", le dice: "No, yo no, no lo conozco ni sé de qué hablas, no sé por qué me preguntas eso." "¿Tú no eres...?" "No, no, no, no lo conozco." "Sí, sí, sí, tú eres uno de ellos, te hemos visto." "¡Maldita sea, no conozco a ese hombre!" Tú crees que estabas lejos de Pilato, pero Pedro te representa a ti y a mí, y Barrabás también.

Nosotros tenemos un problema con la percepción de la verdad que es significativamente mejorado pero no eliminado cuando yo nazco de nuevo. Pero después de nacer de nuevo, la influencia de la naturaleza pecadora que invade, inunda, moldea el mundo, me ha moldeado a mí también. Y esa es la razón por la que tú y yo necesitamos continuamente regresar a su Palabra, regresar a Dios en oración y decirle a Dios: "¿Cuál es la verdad? Porque no está en mí ni necesariamente en el otro, está en tu Palabra y en ti. Revélala, muéstrala, ilumínala, guía nuestros pasos."

Todos nuestros tropiezos, todos, se deben a una mentira que hemos creído. Nadie tropieza en la verdad, tropezamos en la mentira. Tropezamos cuando tomamos un atajo y dejamos el camino real. Tropezamos. Y luego, o mejor dicho, creemos la mentira y luego tropezamos. Cuando bien he escuchado la verdad de Dios, Satanás viene y nos susurra al oído una mentira, y nosotros le prestamos atención, meditamos, reflexionamos sobre la mentira ofrecida, y en eso se nos olvida la verdad revelada.

Y como la mentira frecuentemente viene con tantos colores del mundo y nos es atractiva, tiene el poder de seducirnos por un tiempo, de encantarnos por un tiempo, de tal forma que yo pueda seguirla por un tiempo y olvidarme del camino de la verdad. Mientras tanto voy tropezando y cosechando las consecuencias. Y Dios diciendo: "Yo dije a tu padre Adán: el día que comieras de la fruta morirías." Y desde entonces, la verdad rechazada, la mentira creída, ha continuado afectando a todos sus descendientes, aun después de darnos cuenta de nuestra necesidad de caminar en dependencia de Él.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.