La iglesia de los tesalonicenses representa el modelo más extraordinario de comunidad cristiana que se puede encontrar en el Nuevo Testamento. Pablo, escribiendo desde Corinto junto con Silvano y Timoteo, expresa una gratitud continua por estos creyentes que conoció apenas durante unas pocas semanas. Lo que distingue a esta iglesia no son programas ni estructuras, sino tres características cardinales que definen al verdadero creyente: una obra de fe, un trabajo de amor y una firmeza de esperanza. Estas cualidades aparecen repetidamente en las cartas paulinas como marcas inseparables del nuevo nacimiento.
La fe genuina nunca está sola; produce obras que Dios preparó de antemano. Santiago lo dice claramente: una fe sin obras está muerta, no puede salvar. Pero lo que particularmente conmovía a Pablo era el amor de los tesalonicenses, descrito con la palabra griega que implica una labor intensa donde se han gastado todas las energías. Este amor no era de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. En su segunda carta, Pablo testifica que ese amor aumentaba cada día más. El amor verdadero es paciente, soporta el calor con buena actitud; es bondadoso, no espera que le pregunten sino que inicia la acción; no busca lo suyo porque está concentrado en la necesidad del otro.
El pastor Núñez confronta directamente: ¿podemos dar gracias a Dios por cada hermano en nuestra iglesia, incluso aquellos con quienes no tenemos afinidad? Rechazar o condenar a quien Cristo compró con su sangre no es poca cosa. La razón última de la gratitud de Pablo era saber que estos creyentes habían sido elegidos por Dios desde la eternidad, y esa elección se hacía visible en su carácter transformado.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Los agitados. Y con eso yo quiero pedirle que pueda abrir la primera carta a los tesalonicenses, una epístola que comenzamos hace un par de domingos atrás y que se vio en necesidad de ser interrumpida por diferentes razones, pero una de ellas, como saben, es la visita de un predicador invitado, el Dr.
Don Whitney, que estuvo con nosotros, y hoy regresamos para continuar y realmente para comenzar la epístola, porque lo que hicimos en la primera ocasión fue simplemente ver la fundación de la iglesia. La vimos a partir del libro de los Hechos capítulo 17, donde se nos describe de qué manera esta iglesia comenzó. Pero a partir de hoy vamos a estar entrando en materia, como dicen, y lo único que vamos a poder leer y exponer son los primeros tres o cuatro, o tres versículos y medio, pudiéramos decirlo de esa forma, de tal forma que nosotros podamos ver por qué entendemos que esta es una carta vital para la vida de la iglesia, y sobre todo si queremos ser una iglesia que pueda reflejar el carácter de nuestro Dios.
Con eso entonces lo refiero a la primera carta o epístola a los tesalonicenses, capítulo 1, comenzando en el versículo 1 hasta el 4: "Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia a vosotros y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones, teniendo presentes sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo, sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros."
Padre, gracias porque ciertamente es tu elección de nosotros lo que nos tiene aquí. Te pedimos que tú puedas ayudarnos a ver, como individuos y como iglesia, ambas cosas a la vez, dónde yo estoy con relación a este texto que sirve de espejo para personas individuales y para iglesias en sentido general. Ayúdanos a ver dónde tú nos tienes, a mover lo que necesita pasar u ocurrir en mí para que eso ocurra, para que eso pueda acontecer, lo que necesita pasar en tu iglesia. No nos dejes ser oidores pasivos, sino hacedores y amantes de tu Palabra. Glorifícate en la predicación de tu verdad, glorifica a tu Hijo, glorifica tu nombre, que cuando todo se ha dicho y hecho, Dios, como ya tenemos pedido, tu gloria sea vista, tu nombre exaltado, tu voluntad obedecida. En tu nombre, Jesús. Amén.
Mencionamos que habíamos comenzado la exposición de esta carta viendo primariamente la fundación de la iglesia, y hicimos eso hace un par de semanas como ya mencionamos. Esta iglesia fue fundada, vamos a revisar algunas cosas que nos sirven de conexión, durante el segundo viaje misionero del apóstol Pablo. Pablo fundó en primer lugar la iglesia de Filipos, la primera iglesia en el continente europeo, y desde allí entonces se dirigió a Tesalónica, una ciudad de Grecia donde él pudo fundar esta iglesia junto con sus compañeros de viaje: Silas, que es el Silvano de esta carta, y Timoteo.
Pero él tuvo que salir corriendo. Apenas pudo predicar o enseñar la Palabra por tres sábados consecutivos, y eso hace a muchos pensar que ciertamente el tiempo de Pablo en esta iglesia fue sumamente corto. Si solamente pudo estar durante tres días de reposo, tres semanas, entonces debió haber sido un tiempo muy efímero. Y sin embargo, otros piensan que quizá no fue tan corto, sino que posiblemente Pablo pasó cinco o seis meses allí, porque el fruto de esta iglesia es tan rico, tan extraordinario, que se hace difícil concebir que en tres semanas apenas algo tan fructífero como esto pudo haber salido. Y sin embargo, este es el testimonio que tenemos en la epístola.
De manera que Pablo sale de allí debido a la persecución, llega hasta Berea, y en Berea tuvo una mejor recepción. Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron que había llegado a Berea y que muchos estaban convirtiéndose a la fe cristiana, pues llegaron hasta allí para acusarle también, y Pablo tiene que volver a correr. Llegan entonces hasta Atenas, dejando a Silvano y a Timoteo en Berea temporalmente, y desde Atenas entonces Pablo se dirigió a Corinto. La razón para haceros este recorrido hasta Corinto es que es justamente desde la ciudad de Corinto donde se supone que Pablo escribió esta carta que hoy estamos comenzando a ver.
Es una carta especial, y yo mencioné en el primer sermón, el primer mensaje, y la considero especial porque ciertamente he venido diciendo por un tiempo que para mí la iglesia de los tesalonicenses es la mejor iglesia que yo puedo ver descrita en el Nuevo Testamento. La manera como el pastor John MacArthur lo ve es de esta forma: él dice que en Efesios 4 se nos describe la iglesia ideal, pero que la primera carta a los tesalonicenses nos deja ver cómo vive la iglesia ideal. En una vemos la teoría, en la otra vemos la práctica. Yo creo que esa es una buena forma de nosotros poderlo ver. Con eso entonces vemos más o menos la introducción de lo que esta carta contiene.
Yo quiero ver cinco, seis cosas rápidamente en estos pocos versículos que leemos. En primer lugar, yo quiero ver la autoría, el autor o los autores de la carta, así como su destinatario. En segundo lugar, el saludo inicial. La gratitud del corazón de Pablo por la iglesia en tercer lugar. En cuarto lugar, la intercesión continua de este siervo y apóstol de Dios por esta iglesia y todas las demás iglesias con las cuales estuvo relacionado. El buen testimonio, en quinto lugar, de estos creyentes de una forma extraordinaria. Y finalmente, número seis, la razón por la que Pablo está dando gracias a Dios. Ahí está ese texto resumido en esos cinco, seis puntos principales.
Yo quisiera obviamente comenzar por el primero, y es la autoría. El texto comienza diciendo: "Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses." Esa sola frase nos deja ver quién fue o quiénes fueron los autores y quiénes fueron los receptores de la epístola. Como ahí está dicho, nosotros conocemos algunas cosas de estos hombres, y yo quisiera revisar algunas de esas ideas acerca de ellos porque nos refresca o nos enseña algunas cosas que debo tener presente a la hora de yo ver estos nombres en una carta.
De Pablo, por ejemplo, nosotros sabemos que fue el gran apóstol del Nuevo Testamento, el autor de la inmensa mayoría de las cartas, el más grande misionero de todos los tiempos, el más grande teólogo, y posiblemente el mejor pastor que nosotros pudiéramos encontrar en el Nuevo Testamento y probablemente en la historia de la iglesia. Decimos eso porque Dios dio a Pablo una serie de dones, talentos y oportunidades inigualables desde el día número uno. Ciertamente las cosas que Pablo posee, y todas dadas de Dios, fueron extraordinarias.
Dios dio a Pablo gozo, fe y esperanza en las peores circunstancias. No importa si él estaba en alta mar a punto de naufragar, o si ya estaba en el mar después de haber naufragado, o si estaba en las peores prisiones del imperio romano, nada podía robarle a este hombre ni su fe, ni su gozo, ni su esperanza. Amor y gracia por los peores pecadores caracterizaron a este hombre. Aquellos que le persiguieron, aquellos compatriotas judíos, por ellos Pablo hubiese estado dispuesto a dar sus ojos, como dice él, con tal de que llegaran a alcanzar salvación. Así los amó con esa gracia, perseveró orando por ellos.
Dios le dio a Pablo una perseverancia en las peores persecuciones, cárceles, situaciones, rechazo, que es realmente digno de admirar. Y cuando tú miras cómo escribe Pablo a las iglesias que él fundó, en una ocasión a hermanos que conoció por poco tiempo, tú puedes sentir el latir pastoral de su corazón una y otra vez. Como le decía a mi esposa anoche, yo me siento tan pequeño al lado de lo que Dios hizo en este hombre, que es algo que yo quisiera poder emular de él. Ese es Pablo.
Pero también sabemos algunas cosas de Silvano. Silvano es el Silas del libro de los Hechos. Silas no acompañó a Pablo en su primer viaje misionero. Alguien, ustedes recordarán, que Pablo hizo un primer viaje misionero acompañado de Bernabé y Juan Marcos. Pero cuando llegaron a Panfilia, Marcos decidió abandonar a Bernabé y a Pablo. El texto no nos dice por qué, y los dejó y se regresó a Jerusalén. Pablo y Bernabé regresan a Antioquía, rinden un reporte, y más adelante comienzan a preparar el segundo viaje misionero.
Bernabé, que era primo de Juan Marcos, quería que llevaran a Juan Marcos otra vez en el segundo viaje misionero, y Pablo dice: "A Marcos no." Pablo no explica en el texto el porqué no, pero asumimos que no fue simplemente su deserción, sino que quizá Marcos estaba todavía inmaduro, le faltaba crecer un poco en la fe, en madurez cristiana, para ir a regiones tan peligrosas como las que ellos tendrían que visitar. Entonces, en ese momento surge un desacuerdo tan significativo que Bernabé se va con Juan Marcos en una dirección, y Pablo toma a Silas, que es el Silvano de esta epístola, y entonces va en otra dirección. Ahí comienza el segundo viaje misionero.
Prontamente, después de iniciar este segundo viaje, llegan a una ciudad de nombre Listra, y en Listra Pablo encuentra a Timoteo, un joven cuya madre tenía el nombre de Eunice y su abuela Loida, ambas creyentes. Eunice era una mujer judía, pero el padre de Timoteo era un hombre griego. Aparentemente Timoteo recibe la fe de su abuela y de su madre, según leemos en 2 Timoteo 1:5.
Timoteo también permaneció fiel a Pablo, le acompañó durante la gran mayoría de sus viajes o de sus lugares durante el segundo viaje misionero, y le acompañó hasta el final del tercer viaje misionero también. Permaneció aparentemente cerca de Pablo cuando Pablo llega a Roma y está en prisión por primera vez, porque desde esa prisión es que Pablo escribe las epístolas conocidas como las epístolas de la prisión, donde está Filemón, Colosenses y Filipenses. En esas tres cartas Timoteo es mencionado junto a Pablo, de manera que este fue un hijo que Dios le concedió a Pablo en la fe, que le acompañó y le fue fiel hasta el final.
Ese es el Timoteo que fue pastor de la iglesia de Éfeso, como nosotros podemos ver en la primera carta a Timoteo en 1:3. Y ese es el Timoteo que en un momento dado terminó en una prisión, porque el libro de Hebreos nos dice en 13:23 que él fue liberado en ese momento. De manera que este es un compañero fiel que ha compartido prisiones con Pablo.
Compartir dos ciudades y que aparentemente Dios le proveyó al apóstol para que pudiera ser apoyado. La carta entonces es enviada a nombre de Pablo, de Silvano y de Timoteo, pero la evidencia, tanto por el vocabulario como en el estilo literario, es que realmente esta es una carta de Pablo y que Silvano y Timoteo le estaban acompañando, a pesar de que algunos piensan que ellos también contribuyeron a lo que en esta carta se pudiera decir.
La carta es enviada de parte de ellos a los tesalonicenses. Sabemos eso en el versículo número uno, y esa era la forma acostumbrada de escribir las cartas en aquella ocasión. En cada época de la historia ha habido un formato de cartas. Hoy en día nosotros comenzamos la mayoría de las cartas diciendo "Apreciado Miguel", "Estimado fulano", y nos identificamos al final con la firma. Pero en esa época tú identificabas el autor y el destinatario al principio, y eso es exactamente como Pablo lo está haciendo en esta ocasión: "A la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo".
Esta es la primera vez que Pablo usa la expresión "iglesia de los tesalonicenses", porque cuando le escribe a la iglesia de los corintios dice "a la iglesia que está en Corinto", una iglesia que está en la ciudad X. En este caso no lo hace así, sino que identifica a la iglesia como la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. La frase "en Cristo" es muy paulina. Esta es una frase similar, pero Pablo nos está dejando ver que el verdadero creyente y la iglesia o están en Cristo o no están. Y de aquí entonces que nos identifica la iglesia, le da identidad a la iglesia a partir de esa posición que la iglesia encuentra en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. Jesús es el nombre humano de nuestro Redentor, y Cristo es la función que Él vino a ejercer: el Mesías, el Ungido. Y ahí está Pablo identificándolo de ambas formas.
Este es el inicio de la carta: la autoría y los destinatarios. Pero en segundo lugar, yo quiero que veamos el saludo: "Gracia a vosotros y paz". En aquella época había un saludo inicial, similar a como nosotros a veces ponemos "hola", "cómo estás", "saludos", "buen día", "buenas noches", dependiendo de lo formal o informal que la carta pudiera ser. En este caso, los griegos tenían una forma de dirigirse a aquellos que van a recibir la carta, que Pablo aparentemente cambia por la palabra "gracia". Y luego los hebreos tenían su forma de hacerlo usando la palabra shalom, paz. Pablo combina estas dos palabras: gracia y paz a vosotros, que son dos palabras excelentes para el vocabulario cristiano, porque es a través de la gracia de Cristo que mis pecados son perdonados, y a través de esa gracia y el perdón de pecados yo obtengo paz para con Dios. Cuando esa gracia se aplica a mi vida, mi enemistad con Dios termina, y ahora yo puedo volver a tener paz con Dios. Y de esa misma forma Pablo comienza esta carta diciendo: "Gracia y paz a vosotros". Shalom.
Ahora, la palabra shalom en el hebreo no tiene la misma connotación que tiene para nosotros. En esencia, paz para nosotros es ausencia de guerras, de conflictos, de problemas. Ese no era el concepto para el hebreo, sino que shalom tiene un concepto mucho más amplio, mucho más integral, y en esencia significa prosperidad en todo el sentido de la palabra: prosperidad material, emocional, espiritual. De tal forma que cuando un judío le decía a otro shalom, estaba deseándole lo mejor que pudiera desearle en su vida. Y esto es como Pablo comienza la carta, diciendo gracia y shalom y paz a vosotros: la forma regular del saludo de Pablo para sus seguidores.
En tercer lugar, ya vimos los autores, los destinatarios, vimos el saludo para que podamos ir entendiendo y poder ver cuál es el entusiasmo que el pastor de esta iglesia tiene acerca de esta carta. Pero vamos a llegar, no vaya muy rápido todavía. Yo quiero que notes ahora la gratitud del corazón de Pablo por la iglesia. La gratitud del corazón de Pablo por la iglesia: "Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros". Si hay algo, o había algo impresionante en las cartas de Pablo, era la forma como él expresa la gratitud por los creyentes en cada una de las iglesias con las cuales él tuvo relaciones. Pablo sentía un sentido de gratitud por la vida de los creyentes en cada una de las iglesias, y daba gracias o da gracias en cada una de sus cartas, con una sola excepción: en la carta a los gálatas, a quienes él comienza reprendiendo justamente porque, habiendo comenzado por el Espíritu, querían volver a las obras de la ley. Y Pablo dice: "¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién los ha engañado? Porque si aun nosotros, o un ángel del cielo, viniera y predicara otro evangelio contrario al evangelio que os he predicado, que sea anatema". Y es a esa iglesia a la que Pablo no expresa en sus comienzos la gratitud hacia Dios que les expresa en todas las demás.
Y es de aquí en adelante donde yo quiero invitarte a hacer introspección, de verdad, dónde tú estás con relación a lo que el texto sigue diciendo de aquí en adelante. Porque si hay algo que necesitamos hacer como parte de esta introspección es comenzar a poner o anotar el contraste entre el corazón de Pablo, lleno de gratitud por los hermanos de la iglesia, versus la actitud frecuente de condenación y juicio de hijos de Dios hacia otros hijos de Dios que habitan en una misma iglesia local. Ese no es el corazón de Pablo. A mí no me cabe duda de que si Pablo escribiera una carta a la IBI en el día de hoy, él comenzaría diciendo: "Doy gracias a Dios por cada uno de vosotros, los ibicianos", porque Pablo hace eso en todas sus cartas, incluyendo cuando se dirige a la iglesia de Corinto.
Donde había pleitos, divisiones, gente que decía que era de Pedro, gente que decía que era de Pablo, otro que decía que no era de nadie, otro que decía que era de Apolos. Una iglesia donde había rencillas, donde un hermano estaba llevando a otro hermano a la corte, y Pablo tiene que reprender. Una iglesia donde había gente que iba a la Cena del Señor y se emborrachaba, y algunos incluso murieron precisamente por el juicio de Dios, y otros enfermaron. Una iglesia donde había inmoralidad. Y cuando Pablo le escribe a la iglesia de los corintios, escucha una vez más las palabras de Pablo y siente el corazón pastoral de Pablo. Primera de Corintios 1:4: "Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús". Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros. ¿Por qué, Pablo? Por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús.
Si tú y yo no podemos dar gracias a Dios por cada hermano nacido de nuevo colocado en la IBI, tú y yo tenemos un problema, y no pequeño. Porque escucha qué es lo que Pablo está diciendo: "Por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús". Porque ese hermano ha sido comprado por precio de sangre, y es un hermano que Cristo está santificando para eventualmente glorificarlo. Está trabajando con él, le está amando. Y cuando tú y yo no podemos dar gracias por ese hermano, nos estamos colocando en una posición de superioridad, nos estamos sintiendo mejores que ellos, estamos condenando aquello que Dios compró, aquello que Dios está santificando, aquello que Dios ama, y aquellos con quien Dios tiene comunión todos los días, todo el tiempo, porque el Espíritu mora en él. Y rechazar y condenar a aquellos que Dios ama y compró no es poca cosa.
Nota la selección de palabras de parte de Pablo. Él no dice simplemente "doy gracias a Dios". Escucha: "Siempre damos gracias a Dios". No por los líderes, no por aquellos con quienes me llevo bien, no por aquellos con quienes yo tengo afinidad, no por aquellos con quienes yo comparto algo, no por aquellos que me han ayudado: por todos vosotros. La palabra "siempre" nos recuerda la frecuencia, o nos enseña la frecuencia con la que Pablo practicaba esta disciplina. Y el "todos vosotros" nos dice que Pablo no tenía grupitos particulares por los que él oraba, sino que él oraba por cada hermano nacido de nuevo en la iglesia de Tesalónica.
Mira a tu hermano a la derecha. Ya lo he visto. Mira a tu hermano a la izquierda. Mira a tu hermano hacia atrás. Mira a tu hermano hacia adelante, el que está sentado en la segunda fila hacia allá. Obviamente hay gente que yo no conozco, justamente. Yo quiero saber si tú le amas por la gracia concedida a él en Cristo Jesús, y quiero saber si tú oras por él por la gracia que le fue conferida en Cristo Jesús. Porque somos dados a orar por aquellos que se nos aman, pero Cristo dice: "¿Qué mérito tenéis cuando amáis a los que os aman?". No, es por aquellos que simplemente están en la misma iglesia donde Dios me ha colocado. Porque yo reconozco que si él ha nacido de nuevo, ha habido un precio y una gracia especial dada por Dios, y Dios lo tiene ahí conmigo porque Dios entiende que él tiene algo que hacer en mi vida y yo algo que hacer en la suya.
Número cuatro: mira la intercesión continua del apóstol Pablo por esta iglesia y todas las demás iglesias. Final del versículo dos y comienzo del tres: "Haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones, teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre". Pablo no simplemente está orando, él está orando sin cesar. Pablo está orando siempre, Pablo está teniéndolos presentes en su mente. Pero no está tratando de congraciarse con nadie, no está tratando de ganarse el favor de nadie, porque cuando él los trae a su mente, él entonces se los lleva a Dios en oración. Básicamente lo que Pablo está diciendo es: "La memoria de ustedes es mi recordatorio de llevarlos a ustedes a la presencia de Dios en oración, y pedir por ustedes, y dar gracias a Dios por todos vosotros".
Lo increíble es que Pablo estuvo allí tres semanas, o quizás seis meses. En tres semanas o en seis meses él adquiere una identificación con este grupo de creyentes extraordinaria. Pero la identificación se da de esa manera primordialmente porque ha reconocido la gracia que les ha sido conferida a ellos en Cristo Jesús cuando Cristo los compró. Pregúntate tú ahora: ¿oras con frecuencia por los ibicianos? "Sí, pastor, yo oro por usted siempre". No, no, no, por los ibicianos. Se puede orar por mí, yo lo necesito todo el tiempo.
Pablo nos está diciendo aquí, eso es lo que nos está dejando ver. Podemos orar cuando alguien está en necesidad, pero en este caso Pablo no me está dejando ver que le está orando por ellos por las necesidades que tienen, sino que le está orando por ellos por lo que Dios está haciendo en ellos y con ellos. Y él nos deja ver ahora, aunque un poco más adelante sí nos va a mostrar algo de eso, porque él estaba orando y dando gracias.
En ocasiones, como fue el caso de los efesios, Pablo oró para que Dios les ayudara a comprender cuál era la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo. Imagina, imagina que esa fuera una de nuestras oraciones continuas por hermanos en la IBI y hermanos en otras iglesias de nuestra nación y aún de nuestro continente. En otros casos, como fue el de los colosenses, Pablo oró porque Dios les ayudara a ser llenos del conocimiento de su voluntad. Pablo no está orando por necesidades específicas en esos casos, sino por una obra mayor de conocimiento, de crecimiento, de santificación en aquellos hermanos. A veces oró por perseverancia o por la santificación de ellos. Podemos orar por el avance del satisfaciónevangelio, podemos orar para que Dios movilice su ejército, podemos orar por la iglesia donde Dios te ha colocado, pero no por las cuatro paredes dentro de las cuales nosotros nos reunimos, sino por los hermanos que componen la iglesia, cuyos nombres quizás tú no conoces, pero que han sido visitados con la gracia de Dios.
Imagina el efecto. Escucha, Pablo otra vez haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones. No le está contando a alguien, le está contando a Dios de ellos. A pesar de la distancia, a pesar del corto tiempo de intimidad con ellos, quizás ellos tienen un lugar especial en el corazón de Pablo.
Número cinco: mira el buen testimonio de estos creyentes, porque es justamente este buen testimonio lo que está motivando el corazón de Pablo a dar gracias. Escucha lo que dice el versículo tres: "Teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre..." Es lo que Pablo tiene presente sin cesar delante de Dios y delante de nuestro Padre. Escucha: "Teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo." Ese es su testimonio.
¿Cuál es el testimonio de estos creyentes? Para que puedas entenderme, porque yo creo que esta es una carta que debe impactar nuestras vidas, que debe cambiar la dirección de muchas de las vidas que estarían escuchando, y que esta es una iglesia digna de emular, porque Pablo está dando gracias por vuestra obra de fe, por vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza.
Hay tres cualidades cardinales del carácter cristiano que son mencionadas en múltiples ocasiones a lo largo del Nuevo Testamento. Ellas aparecen en Romanos 5:1-3, y aparecen en 1 Corintios 13:13. Ellas aparecen en Gálatas 5:5-6, aparecen en Colosenses 1:4-5 y en varios otros pasajes más, como algo que debe caracterizar al hijo de Dios: una obra de fe, un trabajo de amor y una firmeza de esperanza.
Vuestra obra de fe nos recuerda que nuestra fe, o nuestra salvación, es por fe solamente, como hablamos el miércoles, pero no es una fe que está sola. Es una fe que va acompañada de obras, es una fe que se caracteriza justamente por obrar motivado por la fe que hemos depositado en Dios. Pablo escribe a Timoteo después que Timoteo ha regresado de visitar a los tesalonicenses y le ha traído noticias a Pablo, y él nos dice entonces en 3:6 que Timoteo le reportó a Pablo acerca de su fe y de su amor. Esta gente que tuvo a Pablo por poco tiempo ha dado frutos de conversión y exhibieron características de verdaderos creyentes.
Y ciertamente eso es como debe ser. Si la fe depositada en Dios es genuina, esa fe va a ser caracterizada por frutos que el mismo Espíritu comienza a producir. Pero si no hay frutos después de supuestamente haber depositado la fe en Cristo, entonces esa fe está muerta, no es genuina, no me salva, permanezco en condenación. Es exactamente lo que Santiago dice en su libro en el capítulo dos cuando habla de que una fe sin obras es una fe muerta. Santiago no puede concebir que una persona donde vive la tercera persona de la Trinidad, que el Espíritu Santo pueda morar en alguien y que esa persona permanezca en una inactividad espiritual sin frutos discernibles. Para Santiago eso es imposible, inconcebible. La salvación es por fe, puede ser por fe solamente, pero no es una fe que está sola.
Y entonces abundar, para aquellos que estuvieron en el miércoles, de serle de recordatorio, y dice en el capítulo dos a partir del versículo 14: "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe pero no tiene obras? ¿Puede esa fe salvarlo?" Una fe muerta, ¿puede haberte salvado? ¿Y cuál es la evidencia de una fe viva? Las obras que la fe misma depositada en Dios produce. "Si un hermano o una hermana no tiene ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: 'Id en paz, calentaos y saciaos', pero no les da lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?" No les sirve nada. Así que hambriento y así que con frío. "Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras."
Mis obras no me salvan, pero la evidencia de una fe real, genuina, depositada en Dios es que la fe misma brota, resulta en obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Y Efesios 2:10, ya más buenas obras, es la consecuencia natural del nuevo nacimiento. Y eso es lo que ellos están exhibiendo, es una obra de fe. Pablo está dando gracias por vuestra obra de fe. El lenguaje original está un poco más enfático y más claro; básicamente está hablando de obras que resultan de una fe, obras que son el resultado de una fe verdadera, no una fe plantada en el aire. Ellos sabían a quién le habían creído, y al igual que Pablo, estaban confiados en el Señor y esperando las promesas, al igual que aquellos que son registrados en el libro de Hebreos.
Pero escucha algo más que los caracterizó, algo más que formó parte de su carácter cristiano: vuestro trabajo de amor. No es solamente vuestra obra de fe, sino vuestro trabajo de amor. La palabra traducida como "trabajo" es kopos, que implica una labor intensa, significa un trabajo arduo donde hemos gastado todas nuestras energías en la labor. Entonces escuchas de eso, que esta gente tiene una evidencia de amor que refleja una labor intensa donde ellos se han gastado todas sus energías. De hecho, Pablo, cuando les escribe su segunda carta, habla de la manera de cómo ellos se aman unos a otros. Dice algo que aumenta cada día más y más. Ya se están amando unos a otros, pero resulta que la evidencia es lo que se dice afuera: es que cada día ustedes se aman más y más. Es un amor que va más allá del esfuerzo ordinario, es un amor que va a la extra milla, es un amor que va otra vez a la extra milla, es un tipo de amor incondicional que no viene de la carne sino que viene de Dios.
Y una de las características del cristiano verdadero nacido de nuevo es su capacidad para amar, hasta tal punto que cuando Juan está terminando su vida en los noventa y tantos años, cuando ya tenía noventa y tantos años, y él escribe su primera carta con toda la experiencia acumulada, con todo el caminar con Dios que ya tenía, él afirma categóricamente que el que no ama no ha nacido de Dios. Primera de Juan 4:7-8: "Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor."
Dos cualidades, dos condiciones: para yo amar, yo tengo que nacer de Dios y yo tengo que conocer a Dios. La dificultad entonces para amar a otros milita en la dirección de o no nuevo nacimiento, o no conozco a Dios lo suficiente. Poco conocimiento de Dios, poco amor, porque el amor es de Dios y Dios es amor. Y el que no ama, dice Juan, escucha una vez más: "Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor."
Hermanos, yo creo que en los círculos cristianos aún nosotros hablamos mucho de amor y amamos poco. Hablamos más de amor de lo que realmente amamos. Y Juan dice en esa misma carta, en 3:18, Primera de Juan: "Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad." En pocas palabras nos está diciendo: dejen de hablar de amor y amemos, dejemos de mover los labios para conversar acerca de cómo debemos amar y la necesidad de amar y el amor incondicional y el amor ágape, y vayamos y hagámoslo. No es de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
Y la razón por la que estoy recalcando y enfatizando este concepto es porque Pablo dice acerca de los tesalonicenses que ellos han mostrado en su carácter cristiano una obra de fe y un trabajo de amor. Pero resulta que la palabra implica una labor ardua, intensa de amor, en la que ellos se han gastado todas sus energías, y que la segunda carta escrita a ellos de parte de Pablo testifica que aumentaba cada día más y más. ¿Te imaginas que ese fuera el testimonio de la IBI, de cada iglesia en la ciudad de Santo Domingo? ¿Te imaginas el impacto de eso, de ese testimonio, de esa forma de vivir?
Creo que tenemos una idea muy superficial de lo que amar realmente es. Cuando Pablo lo describe a los corintios, no tengo el tiempo de exponer todo ese texto porque ese no es el texto para hoy, pero por algunos pincelazos por lo menos, o algunas pinceladas, Pablo habla de que ese amor es paciente. Makrothymeo es una palabra compuesta que implica permanecer debajo del calor por mucho tiempo, soportar el calor y soportarlo con buena actitud.
Yo puedo permanecer bajo el calor por mucho tiempo, con buena actitud y con mala actitud. Cuando yo lo hago con mala actitud, eso no es amor, eso no es paciencia, eso es ingratitud, porque no estoy pasando al otro la paciencia que Dios ha tenido para conmigo. Y la paciencia sabe esperar, y el amor es paciente.
Y como la Palabra interpreta la Palabra, si Jacob estuviera leyendo esto, él pudiera decir: "Así es, Pablo, porque yo esperé por Raquel, y el catorce años me pareció poco tiempo." ¡Catorce años poco tiempo! Se está relajando Jacob. La impaciencia no es una forma temperamental, es un acto pecaminoso de un corazón caído que no conoce el amor de Dios como Dios quiere que él o ella lo conozca. Nadie ama más que nuestro Padre celestial, y nadie es más paciente que nuestro Padre celestial.
La muerte es paciente, pero no solamente es paciente, dice Pablo, es bondadoso. La bondad busca la oportunidad para servir. La bondad no espera que le pregunten; la bondad pregunta: "¿En qué puedo ayudarte? ¿En qué puedo servirte? ¿En qué puedo molestarme para descargar tu trabajo?" La razón por la que esperamos que se nos pregunte es porque la bondad no forma parte de nuestro carácter cristiano. La bondad inicia la acción en favor del otro, da antes de que la necesidad aparezca porque comienza preguntando, y lo hace de manera voluntaria.
Pablo dice: es paciente, el amor es bondadoso. El amor no es arrogante, no es jactancioso, no celebra sus logros, no menciona sus logros y sus triunfos porque no está concentrado en él. Esa es la clave. El amor no se porta indecorosamente, dice Pablo, ni en privado ni en público. No es hiriente, no usa palabras groseras, no sube el tono de la voz, no es cruel, no es áspero. De hecho, el amor es manso; el amor ágape es manso. No busca lo suyo porque no es egoísta. Pablo habla de que el ADN del pecado es el egoísmo, pues el amor ágape no busca lo suyo porque no tiene que ver con él, sino con la necesidad que está en el otro. Ese amor es capaz de tomar decisiones que a él lo perjudican pero que al otro lo favorecen. El amor ágape es capaz de tomar decisiones que a él lo perjudican pero que al otro lo favorecen.
Yo decía en una ocasión, creo que fue una boda que celebraba, que el amor es ineficiente, altamente ineficiente, porque ama más a las personas que a las tareas. Y entonces el amor me complica la vida, interrumpe mi horario, interrumpe mi agenda, interrumpe mis esquemas, mis propósitos, mis metas. El amor vive complicando la vida del que ama y descomplica la vida del amado. Si no, preguntémosle a Jesús: cuando Él amó, vino, se hizo hombre y tuvo que ir hasta la cruz. Le complicó la vida, humanamente hablando, pero nos descomplicó la vida a nosotros. Esta es la naturaleza del amor.
Y Pablo dice: los tesalonicenses muestran en su carácter cristiano una obra o un trabajo de amor. Y la palabra para trabajo es "kopos", una labor intensa en la que ellos han gastado sus energías. Y entonces, cuando él sigue escribiéndoles a ellos más adelante, ya lo veremos semanas o meses después porque no está ahora en el texto, pero en el capítulo cinco, versículo once, Pablo les dice: "Por tanto, alentaos los unos a los otros, edificaos el uno al otro, tal como lo estáis haciendo." Esa frase es extraordinaria. Es una de las razones por las que entiendo que esta iglesia exhibió un carácter cristiano fuera de serie, porque con frecuencia Pablo tenía que amonestar a las otras iglesias para que hicieran lo que se supone era correspondiente con el testimonio cristiano. En este caso, Pablo les dice: "Alentaos los unos a los otros, edificaos el uno al otro." ¿Por qué, Pablo? Porque no lo estamos haciendo. No, tal como lo estáis haciendo; continúen haciendo lo mismo. Ustedes se aman unos a otros, y porque se aman, se alientan y se edifican. Los ánimo a alentarse, pero sigan haciéndolo porque ya lo vienen haciendo. ¿Te das cuenta que esta gente realmente exhibió lo que se supone que el nuevo nacimiento produzca en nosotros?
Capítulo cinco, versículo catorce: "Os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos." Pablo sabe que en una congregación en ocasiones van a haber personas indisciplinadas, y él dice: "Sabes qué, a esos amonéstalos." La amonestación es parte de tu amor. No lo dejes solo, no lo dejes sin ser amonestado porque no le estás haciendo un bien; ámalo de esa manera. Pero hay otro que lo que está es desalentado; no lo amonestes. ¿Eso qué va a hacer con ellos? Anímalos, anímalos; necesitan que alguien les levante el espíritu. Y otros son débiles: tienen un año en la fe, tienen seis meses, tienen tres años, están siendo juzgados por otro que tiene veinte, veinticinco y treinta años, como si el Espíritu de Dios hubiese trabajado en ellos por el mismo tiempo que ha trabajado en ti. Y esos que son débiles, Pablo dice: sostenlos. Y al final, sé paciente con todos. ¿Por qué? Porque el amor es paciente. Y ustedes exhiben como parte de su carácter cristiano una obra de amor, o un trabajo de amor, que yo traigo delante de Dios y doy gracias a Dios por ese trabajo, por lo que Dios ha hecho en ustedes.
Anímalo a que persista en la carrera. Aquellos que se están desviando, antes de condenarlos, a los que se están alejando, anímalos a regresar, anímalos a perseverar. No los rechaces, no los empujes; tráelos, búscalos. Os exhorto, líderes, no a todos: es un trabajo de todos, no es un trabajo de algunos, no es un trabajo del pastor o del cuerpo pastoral. Algunos de ustedes están más cerca de otros y saben más cosas de otros que lo que nosotros a veces sabemos. Tú ve por tu hermano, tú ve a tu hermano, vela por él, vela por su bienestar físico, vela por su bienestar emocional, vela por su bienestar espiritual, vela por cada uno de tus hermanos.
Escucha cómo Pablo les anima en el versículo quince del capítulo cinco de Primera de Tesalonicenses: "Mirad que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino procurad siempre lo bueno los unos para con los otros y para con todos." Es una manera de ayudarnos a ver de qué forma necesitamos amar para que este trabajo de amor forme parte de nuestro testimonio. Leon Morris, en su comentario acerca de ese versículo, explica que en este texto la recomendación de no devolver a nadie mal por mal, o de hacer obras de amor, es en el contexto de situaciones hostiles. Y entonces, cuando seamos provocados a la ira, nosotros debemos responder con mansedumbre y con amor.
"Mirad que ninguno devuelva mal por mal." Procurad, en otra traducción dice "procurad" en vez de "mirad", y esa palabra traducida como "procurad" o "mirad" es "dioko" en el griego, que significa perseguir algo con determinación y entusiasmo. Hasta ahora ustedes no confundieron muchas cosas al mismo tiempo; se las voy a decir de otra manera, más de paso, y todas juntas para que tengan sentido. En otras palabras, la exhortación cuando dice "mirad que no paguemos mal por mal", esa exhortación a la luz de lo que implica el lenguaje original pudiera decirse de esta manera: "Mirad que ninguno pague mal por mal, sino perseguid con determinación y entusiasmo el hacer lo bueno todo el tiempo, aun en medio de la dificultad y en medio de la hostilidad contra vosotros, y que eso se constituya en vuestro estilo de vida." Que mi estilo de vida sea uno que yo procuro de manera continua y con entusiasmo: hacer siempre el bien aun en medio de la hostilidad contra nosotros. Eso no forma parte de la sociedad secular, pero mucho menos, pero peor, cuando no forma parte del carácter cristiano.
Vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor. Son tres cosas, las tres características cardinales del cristiano, y aquí viene la tercera: y la firmeza de vuestra esperanza. La firmeza de vuestra esperanza. El cristiano, permítanme decirlo en buen dominicano, al cristiano no le luce cuando hay una crisis económica, cuando hay un anuncio de ébola, vivir o hablar de una forma que no muestra esperanza. Él niega su fe. Justamente cuando comenzaron los artículos a salir acerca de ébola, una de las publicaciones que hicimos en la Coalición por el Evangelio decía al final: "Seamos nosotros la voz de la calma en medio del desenfreno", porque justamente nosotros tenemos nuestra esperanza anclada en las promesas de Dios. Nosotros estamos anclados en este mundo mientras esperamos por el mundo venidero. Nosotros confiamos y creemos que Dios es más real, y sus promesas que Él nos dio son más reales que aquello que yo veo en el alrededor, que nuestra confianza está en Cristo, en aquello que ha revelado.
En medio de las dificultades, en medio del dolor, de la pérdida, de la persecución, de las decepciones, el cristiano tiene una esperanza viva, real, que lo ancla cuando todo el mundo parece estar desestabilizado. Y eso formó parte del carácter cristiano y del testimonio de los tesalonicenses. Y cada vez que Pablo iba a donde Dios le daba la gracia, él daba gracias a Dios por el carácter exhibido en ellos, que estaba representado por una obra de fe, un trabajo de amor y una firmeza de la esperanza que ellos habían desarrollado. Imagina que así sea cómo luzcan todas nuestras vidas, una por una.
El autor del libro de Hebreos nos habla en términos similares y nos llama a asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme que penetra hasta detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho según el orden de Melquisedec, sacerdote para siempre. ¿Escuchaste la selección de palabras de ese texto? Déjame leerte un par de ellas otra vez. Es una esperanza puesta delante de nosotros; nosotros no la pusimos, nosotros no la creamos. Es una esperanza que Dios ha traído, la ha bajado del cielo y la ha puesto delante de nosotros. Y esa esperanza se llama Jesús. La cual tenemos como ancla del alma. ¿Dónde mi alma puede sentirse garantizada? Una esperanza segura y firme que penetra detrás del velo. ¿De quién está hablando? De Jesús. Donde Jesús entró por nosotros.
Esa ancla, esa esperanza firme, formó parte del carácter de los tesalonicenses. Ellos tenían la marca de un verdadero creyente. Si tú mirabas su fe, estaba acompañada de obras: su obra de fe. Si tú mirabas su amor, era extravagante, era un trabajo de amor, como Pablo le llamó. Y si mirabas su esperanza, había una firmeza en ella.
Pero finalmente, en el versículo cuatro, el cual lo vamos a dejar ahí colgando, si pudiéramos decir, para unir este mensaje con el próximo. En el versículo cuatro, Pablo trae a colación qué es lo que verdaderamente está produciendo en él este mover de emociones en su corazón, porque este texto continúa todo como un solo. Donde él, después de hablar de esa firmeza de vuestra esperanza, coma, "sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros." Lo que a Pablo lo tiene en ese éxtasis emocional, pero santo, de acción de gracias, es ver que ese grupo de tesalonicenses, de hombres y mujeres que nació de nuevo, representa un grupo de personas que Dios ha elegido desde la eternidad pasada.
Los ha entregado a su Hijo y que Dios está trabajando en ellos hasta el punto que ahora Dios, en la formación de la imagen de Cristo, ha llegado a formar en ellos una obra de fe, un trabajo de amor y una esperanza firme. Y por eso lo dice: "Wow, gracias a mi Dios continuamente por eso que está pasando, por la elección."
Sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros. Estando consciente de esa elección que Dios ha hecho, es por eso que doy gracias a Dios. Y puedo dar gracias aun si no conozco a todos los miembros de la iglesia en Tesalónica, si no recuerdo sus nombres. Pero el hecho de saber que fueron parte de la elección de Dios y de que este es el carácter que exhiben, era son suficiente para que mi corazón lata compasión por ellos y que yo los presente delante del trono todo el tiempo.