Los corintios habían llegado a una conclusión dolorosa sobre el apóstol Pablo: lo consideraban vacilante, inconstante, alguien que decía sí y luego no según le convenía. La razón de este juicio fue que Pablo no los visitó cuando había prometido hacerlo. Pero la realidad era exactamente opuesta a lo que pensaban. Pablo se enteró de la condición espiritual de la iglesia —las divisiones, la inmoralidad, los excesos— y decidió enviarles primero una carta confrontadora en lugar de presentarse personalmente. Su intención era darles tiempo para reflexionar y arrepentirse, evitándoles así una visita dolorosa. Lo que ellos interpretaron como doblez de ánimo era en realidad amor genuino.
Frente a esta acusación, Pablo apela al testimonio del Dios fiel que lo llamó. Tan cierto como que Dios es fiel, dice, su palabra no oscila entre el sí y el no. Cristo mismo es el sí definitivo de Dios, en quien todas las promesas se cumplen. Y ese mismo Dios que estableció a Pablo en el reino, lo ungió, lo selló y le dio su Espíritu, hizo lo mismo con los corintios. Si negaban la genuinidad del ministerio de Pablo, estarían negando su propia salvación.
El corazón pastoral de Pablo queda expuesto con ternura: escribió aquella carta con angustia, corazón afligido y cortinas de lágrimas. No quería causarles tristeza, sino que supieran cuánto los amaba. Su gozo dependía del gozo de ellos. Esta es la marca de un verdadero pastor: se entristece cuando las ovejas sufren y se alegra cuando ellas experimentan el gozo del arrepentimiento.
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¡Fuimos hechos para vivir en su verdad! Quiero invitarte a que abras la segunda carta a los Corintios, capítulo uno, donde nos vamos hoy con la serie. Recordemos que el nombre de esta serie es "Poder en la debilidad", pero cada mensaje tiene su título particular bajo esa sombrilla de poder en la debilidad.
Para aquellos que no estuvieron, aquellos que quizás nos están sintonizando vía Internet por primera vez, y aquellos que quizás estuvieron pero que no recuerdan los detalles de lo que compartimos, yo quiero emplear tres o cuatro minutos en introducir esto, recordando algunas de las cosas que dijimos en la semana anterior.
Recuerden que el apóstol Pablo había sido mal juzgado por los corintios en sus intenciones al no ir hasta la iglesia de Corinto, al no ir hasta la ciudad y, por tanto, hasta la iglesia, como él había pensado que haría en un primer momento. Los planes iniciales eran llegar a Corinto, de Corinto llegar a Macedonia, de Macedonia devolverse a Corinto, de manera que él pudiera bendecirlos dos veces con esas dos visitas, según él mismo menciona en los versículos 15 y 16 de este capítulo primero que nosotros estamos todavía revisando. Al final de la historia, Pablo no pudo hacer eso, y no lo pudo hacer por razones que explicamos y que brevemente vamos a tocar, pero en cambio pudo pagarles, por así decirlo, yendo hasta allá y pasando 18 meses con ellos.
Lo que ocurrió fue que Pablo se entera de cuán mal estaba la iglesia. La iglesia estaba dividida, en la iglesia había pecado de inmoralidad, algunos pensaban que solamente seguían a Cefas o Pedro, otros eran de Pablo, otros de Apolos. Otros estaban emborrachándose, a veces incluso en la Cena del Señor, haciendo mal uso del vino. Y Pablo pensó que era preferible en un principio enviarles una carta confrontadora con cierta severidad que los hiciera responder, de tal manera que no tuviera que llegar hasta allá y hacer una confrontación personal que hubiese sido mucho más dolorosa. De manera que la idea era enviar la carta, ver cómo reaccionaban, ver si realmente se arrepentían, y si eso ocurría entonces, cuando Pablo fuera, como en efecto hizo, los encontraría en un mejor estado espiritual para poderse gozar junto con ellos, evitando así la visita dolorosa como él va a dejarnos ver en este texto que vamos a estar leyendo hoy.
Sin embargo, el hecho de que Pablo no fuera cuando dijo que iba a ir en un principio los llevó a concluir que Pablo era una persona vacilante, quizás con doblez de ánimo, que quizás cambiaba sus planes caprichosamente y que no era una persona consistente. Para Pablo debía haber sido doloroso enterarse de las divisiones y las contiendas y los pecados distintos en la iglesia. Debía haber sido doblemente doloroso poder conocer que los corintios habían llegado a una conclusión completamente opuesta a lo que realmente eran sus motivaciones, que no supieron ellos interpretar su amor genuino por ellos, y que llegaran entonces a pensar que era una persona de doble cara o hipócrita, o alguien que quería estar bien con todo el mundo, a unos diciéndoles sí, a otros diciéndoles no, según la circunstancia o según el momento.
Ante esa situación, Pablo escribe esta segunda carta que estamos analizando y donde nosotros podemos ver algunas de estas cosas. Mencionábamos también que lo primero que Pablo hace es apelar al testimonio de su conciencia, entendiendo que él tenía su conciencia limpia delante de Dios. Pero luego, conociendo que el testimonio de la conciencia no es suficiente, Pablo apela a Dios mismo, que es lo que él va a hacer ahora en el texto que tenemos delante hoy, donde Pablo está apelando a Dios, al carácter de Dios, como testigo de su andar, de su caminar y de su ministerio delante de ellos.
Y con eso, entonces, yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo desde el versículo 18 del capítulo 1, y vamos a continuar hasta el versículo 4 del capítulo 2, aunque su boletín dice que vamos a hacerlo solamente hasta el versículo 24. Las razones son que cuando leí el texto una y otra vez me percaté de que realmente esto es toda una unidad hasta el versículo 4 del capítulo 2. Yo voy a leer, por hoy, la Nueva Traducción Viviente, y las razones son que hay un par de versículos un tanto confusos que esta traducción les va a permitir de primera instancia entender con claridad, y luego interactuaremos con la Biblia de las Américas otra vez en la medida en que avanzamos en la exposición del texto.
Entonces, escucha, versículo 18, capítulo 1 y siguientes: "Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el sí y el no. Pues Jesucristo, el Hijo de Dios, no titubea entre el sí y el no. Él es aquel de quien Silas, Timoteo y yo les predicamos, y siendo él el sí definitivo de Dios, él siempre hace lo que dice. Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante sí, y por medio de Cristo nuestro amén, que significa sí, se eleva a Dios para su gloria. Es Dios quien nos capacita junto con ustedes para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió. Ahora, pongo a Dios por testigo —escucha— pongo a Dios por testigo de que les digo la verdad: la razón por la cual no regresé a Corinto fue para ahorrarles una severa reprimenda. Pero esto no significa que queramos dominarlos al decirles cómo poner en práctica su fe. Queremos trabajar junto con ustedes para que estén llenos de alegría, porque es por medio de su propia fe que se mantienen firmes."
Capítulo 2, versículo 1: "Así que decidí que no les causaría tristeza con otra visita dolorosa. Pues si yo les causo tristeza, ¿quién me alegrará a mí? Por cierto, no será alguien a quien yo he entristecido. Por eso les escribí como lo hice, para que cuando llegue no me causen tristeza los mismos que deberían darme las más grandes alegrías. Seguramente todos ustedes saben que mi alegría proviene de que ustedes estén alegres. Escribí aquella carta con gran angustia y un corazón afligido y muchas lágrimas. No quise causarles tristeza, más bien quería que supieran —escucha— cuánto amor tengo por ustedes."
Padre, nosotros oramos y te bendecimos porque tú tomas cartas de ayer para iglesias de hoy, y tú las aplicas a nuestras mentes y a nuestros corazones. Padre, aquí hay una cantidad enorme de enseñanzas. Pero una de ellas, una de las prácticas, es ver cómo toda una congregación supo mal interpretar al apóstol, cuando en realidad él les amaba, y motivado por el amor que todavía estaba depositado en él para con ellos, evitó reunirse con estos hermanos, enviándoles una carta que los hiciera reflexionar primero. Nosotros reconocemos, Dios, que muchas veces hemos también mal juzgado a otros. Y de antemano te pedimos perdón, pero te pedimos también que tú nos abras el entendimiento para que nosotros podamos ver en este texto lo que tú tengas que enseñarnos, no solamente en términos de la exposición de la historia sino también de la aplicación de la misma. Te lo pedimos en Cristo Jesús.
En esta sección el apóstol Pablo apela, como dijimos, al testimonio del Dios que lo ha llamado. Y lo ha hecho de una manera muy particular y una manera muy enfática. Escucha cómo él comienza: "Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el sí y el no." Esa expresión "tan cierto como que Dios es fiel" se parece mucho a nuestra expresión cuando le decimos a alguien: "Dios es testigo de lo que te estoy diciendo. Que Dios es testigo de esto que te estoy comunicando." Pablo lo dice como dándole una entonación o dándole una fuerza que lo aproxima a lo que pudiera ser como un juramento. Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el sí y el no.
Pablo no solamente apela al carácter de Dios, apela a la fidelidad del carácter de Dios, de tal forma que de la misma manera que Dios es fiel, de esa misma forma él como apóstol de ese Dios fiel ha hablado una palabra fiel, una palabra no vacilante, una palabra no cambiante, una palabra no digna de cuestionamiento. Es interesante ver cómo Pablo primero presenta la defensa de su conciencia y dice tener una conciencia tranquila, para luego presentar una defensa basada, arraigada, anclada en el carácter de Dios, conociendo, como mencioné, que el testimonio de la conciencia no es suficiente.
En gran manera lo que el apóstol Pablo está diciendo es que como él sirve a un Dios fiel, él ha venido caminando en integridad de corazón delante de ese Dios, y que la fidelidad del Dios a quien él sirve es quien puede defenderle ante los hombres. Él está apelando entonces a ese Dios para que defienda su caminar, o como testigo de su caminar. Y a manera de aplicación entonces, ¿cuántos de nosotros podríamos apelar al carácter justo y fiel de Dios como testigo de nuestro caminar entre los hombres?
Pablo está apelando a Dios porque él sabe que no hay un mejor testigo que él, no hay una corte superior, no hay un organismo judicial superior por encima de Dios al cual él pudiera apelar. Dios es el testigo universal de las acciones de los hombres, y no solamente es el testigo universal de las acciones de los hombres, Dios es el testigo universal de las motivaciones y las intenciones del corazón. Nosotros pudiéramos juzgar las acciones de los hombres, y frecuentemente lo hacemos, y frecuentemente nos equivocamos al hacerlo. Pero Dios no solamente es capaz de juzgar las acciones mías y tuyas y de cada ser humano sobre la faz de la tierra, pasado, presente o futuro, sino que él tiene la capacidad, y lo hace, de juzgar las intenciones y las motivaciones de cada ser humano en su corazón.
Por lo tanto, él es el mejor testigo universal de lo que ocurre sobre la faz de la tierra. A ese testigo Pablo apela, él es el que me puede justificar, él es el que me puede defender. Y en cierta forma Pablo está haciendo algo que Cristo hizo, lo único que Cristo lo hizo en silencio la mayor parte del tiempo, sino todo el tiempo. Y es que en vez de defenderse ante los hombres, Cristo prefirió guardar silencio sabiendo que al final de la historia solamente su Padre conocía la intencionalidad de su corazón y solamente su Padre tenía la justicia necesaria para pesar su corazón.
Pero Pablo ha decidido, inspirado por Dios, presentar una defensa que apela a su conciencia primero y luego apela al testimonio con relación a su estilo de vida, que él entiende ha sido consistente con la Palabra y el carácter fiel de Dios. Es lo increíble de esta presentación de su defensa, que él la está anclando en el carácter fiel de su Dios. No habría ningún otro lugar donde anclarla.
En el versículo 19 entonces Pablo presenta ahora, ya presentó al Padre, ahora él presenta a Cristo. Y presenta a Cristo como la máxima expresión de la fidelidad de Dios para con los suyos. Presentó el testimonio de su conciencia, presentó ahora la defensa apelando al testimonio de Dios mismo, para luego entonces él presentar a Cristo como la persona en quien se cumple y en quien se ve en su mejor expresión la fidelidad de Dios. El Hijo es tan fiel como el Padre, y esa es la razón por la que Pablo está considerando justamente también el testimonio del Hijo.
Y de ese Hijo Pablo dice: ese Hijo de Dios es a quien yo y Silvano y Timoteo hemos estado predicando, ese Hijo es el centro de nuestro mensaje, ese Hijo es el centro de nuestro estilo de vida. Y en nuestra predicación no ha habido dobleces, de la misma manera que no hubo dobleces en Cristo Jesús. En el versículo 19 Pablo dice cómo en Cristo no hay dobleces, él hace siempre lo que dice. Escucha cómo el texto lo expresa: "Pues Jesucristo, el Hijo de Dios, no titubea entre el sí y el no. Él es aquel de quien Silas, Timoteo y yo les predicamos, y siendo el sí definitivo de Dios, él siempre hace lo que dice."
Este autor, Paul Barnett, lo dice de esta manera: Cristo es el sí de Dios, pero es el amén de la iglesia. En otras palabras, Dios dice sí a las promesas que nos ha hecho a nosotros, pero lo dice en Cristo. Él es quien nos las otorga, y cuando la iglesia lo recibe, recibe sus promesas, entonces la iglesia dice amén a lo que ha recibido en Cristo. Por eso es que Cristo es el sí de Dios y el amén de la iglesia. Él es el centro del mensaje de Pablo, por eso es el centro del estilo de vida de Pablo.
En el próximo versículo entonces Pablo hace referencia a cada una de las promesas anteriores. Las promesas hechas en el Antiguo Testamento, las promesas hechas a Abraham en Génesis 12:3, en Génesis 18:18, promesas que fueron luego confirmadas y otras nuevas hechas a David. Tú puedes leer eso en el segundo libro de Samuel, capítulo 7, del versículo 2 en adelante. Tú puedes leer en el primer libro de Crónicas, capítulo 17, del 11 al 14. Y luego Dios hace nuevas promesas a través de Jeremías en el capítulo 31, donde promete un nuevo pacto en su sangre, un nuevo pacto que vendría a tener la ley escrita en nuestros corazones. Y en Cristo se cumplen las promesas. Las promesas hechas a Abraham, las promesas hechas a David, las promesas hechas a Jeremías, el amén de Dios a cada promesa.
Escucha cómo Pablo lo dice en el versículo 20: "Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante sí. Y por medio de Cristo nuestro amén, el amén de la iglesia, se eleva a Dios para su gloria." Las promesas de salvación, las promesas de bendición, las promesas de perdón, las promesas de paz, las promesas de regocijo, las promesas de plenitud de vida, las promesas de vida eterna, todas han sido hechas ciertas y todas son sí en Cristo Jesús, de quien Pablo, Silas y Timoteo han estado predicando.
Entonces, a manera de aplicación, si el Padre, Dios, y Jesucristo son tan fieles, y el centro de la predicación de Pablo es la vida de Cristo, ¿por qué los corintios no podían ver la consistencia entre la centralidad de Cristo en el mensaje de Pablo y la centralidad de Cristo en la vida de Pablo? Déjame repetir eso de otra manera: si el mensaje de Pablo era Cristo y solamente Cristo, y Pablo estaba siendo fiel a Cristo, ¿cómo es que los hermanos de Corinto, en quienes moraba el Espíritu Santo según Pablo mismo nos dice, por qué no podían ver la congruencia en el estilo de vida de Pablo con la Palabra que el mismo Pablo predicaba? ¿Me entendieron? ¿Seguro? ¿Ok?
Y yo creo que la respuesta está en algo que yo leí esta semana para un próximo libro que estoy escribiendo, pero escúchame con detenimiento, porque yo creo que ahí está la respuesta de por qué los corintios no vieron lo que pudo haber sido obvio. El carácter determina lo que somos, lo que somos determina lo que vemos, y lo que vemos determina lo que hacemos. ¿Qué fue lo que usted dijo, pastor? Déjame ilustrarlo para luego entonces regresar.
El carácter determina lo que somos, lo que somos determina lo que vemos, lo que vemos determina lo que hacemos. Cristo en la cruz, cuando mira hacia abajo, él ve pecadores en necesidad de perdón y no enemigos en necesidad de destrucción. ¿Cierto? Porque lo que somos determina lo que vemos.
La congregación de Corinto, nosotros sabemos que fue una congregación a la que Pablo aludió o definió o caracterizó como carnal, como inmadura, una congregación dividida, una congregación donde había chismes y divisiones, una congregación donde había inmoralidad, una congregación donde había excesos a la hora de la cena del Señor. Esa congregación era algo, y eso que ellos eran fue lo que ellos vieron en el apóstol Pablo. Y Pablo está dolido con esto. Pablo no está molesto, está dolido. Y Pablo entonces apela a Dios, que es el único que puede hacer algo en ellos para poder ellos entonces ver la intencionalidad del corazón de Pablo.
Ahora, cuando Pablo apela a Dios, él no está haciendo esto de una manera orgullosa. Pablo no se está gloriando y pensando que él ha caminado tan bien en su propia fuerza, que él ha sido capaz de mantener un caminar intachable de tal manera que Dios mismo tendría que justificarlo y afirmar que así es. Eso no es lo que está diciendo. Él nos deja ver con claridad que sí es cierto que él está apelando a Dios, pero que la única razón por la que él está haciendo eso es porque ese Dios es quien lo ha capacitado a él, y es quien nos capacita a nosotros para poder caminar de esa manera, de forma tal que el crédito finalmente regresa a Dios.
¿Y dónde Pablo dice eso? Bueno, el versículo 21. Escucha: "Ahora bien..." Es como si él estuviera diciendo espera, no vayan muy rápido, no me juzguen otra vez. "Ahora bien, el que nos confirma con vosotros en Cristo y el que nos ungió es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestros corazones como garantía."
Dios hizo en Pablo, y hace en nosotros, la obra que nos permite entonces caminar en congruencia con la Palabra de Dios. En primer lugar, Dios confirmó a Pablo o lo estableció, dependiendo de la traducción. En segundo lugar, Dios lo ungió. En tercer lugar, Dios lo selló. Y en cuarto lugar, Dios le dio su Espíritu. Sin esa acción de parte de Dios es imposible caminar como el apóstol Pablo caminó. Sin esa acción hecha no solamente una vez, sino una acción que continúa en el tiempo por la morada del Espíritu, de parte de Dios sería imposible que Pablo pudiera apelar a Dios como su testigo.
Y todo eso Dios nos permite o nos bendice con todo eso en Cristo, quien vivió y cumplió la ley a cabalidad, quien fue a la cruz y murió por nuestros pecados, quien resucitó para garantizar todas sus promesas. Todo ese trabajo es de Dios, pero luego yo tengo que ir y vivir eso para lo cual Dios me ha capacitado. Lo que Cristo hizo, la congruencia entre lo que Cristo hizo, el mensaje de Cristo que Pablo proclamaba y su vida misma, es lo que Pablo está apelando en defensa de su ministerio.
Cristo estableció a Pablo en el Reino de los Cielos, y después que lo estableció lo ungió. La palabra ungir tiene que ver con consagrar, y consagrar tiene que ver con separar para un uso especial. Lo separó del mundo para un uso especial. Esto es una obra de Dios: estableció, le dio salvación, luego lo separó y lo consagró para un uso especial, luego lo selló y le dio el Espíritu, de tal manera que ahora el sello de Dios sobre Pablo lo proclama como posesión suya. Y la permanencia del Espíritu continúa en Pablo haciendo este trabajo continuamente para él poder servir a las ovejas compradas por Cristo a precio de sangre y a precio del Espíritu de Dios, de la manera como lo hizo.
Y Pablo está diciendo: hermanos, si Cristo hizo todo eso en mí, si me dio salvación, si me dio la unción, si me selló y me dio su Espíritu, y ustedes tienen el mismo Espíritu en su interior, ¿cómo es que ustedes no lo pueden ver? ¿Cómo es que ustedes no pueden ver la obra de Dios en mí? ¿Cómo es posible que viviendo nosotros juntos en un momento dado, ustedes no puedan ver que Dios está obrando en mí como está obrando en ustedes?
De tal forma que si Pablo es un falso maestro como algunos lo estaban acusando, entonces Pablo predicó un falso mensaje. Y si Pablo predicó un falso mensaje, ellos tienen una falsa salvación. Y si ellos tienen una falsa salvación, pues entonces ellos tampoco están establecidos en el Reino de los Cielos, de tal manera que negar lo genuino del ministerio de Pablo terminaría negando lo genuino de la salvación de los corintios. ¿Me entendieron? Ellos estarían cortando la rama sobre la cual estaban sentados. Estaban cortando la rama sobre la cual descansaba su propia salvación. ¿Cuál es esa rama? Lo que Pablo les predicó. De manera que negar la genuinidad del ministerio de Pablo era negar la genuinidad de su salvación.
El mismo Dios que consagró a Pablo es el mismo Dios que los consagró a ellos, el mismo Dios que selló a Pablo es el mismo Dios que los selló a ellos, el mismo Dios que le dio el Espíritu a Pablo y a ellos. Eso es lo que Pablo dice. Ahora bien, el que nos confirma con vosotros, ves que es una forma en que Pablo estaba apelando al hecho de que lo que ha pasado en mí ha pasado en ustedes. El que nos confirma con vosotros es en Cristo, y el que nos unió a ambos, a vosotros y a mí, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía.
Entonces, no reconocer a Pablo como apóstol del Evangelio sería negar la obra del Espíritu Santo cuando hizo esas cuatro cosas en Pablo y en ellos. Es posible ser creyente y no poder ver la obra de Dios con los ojos, y no poder aquilatar con el corazón y con el espíritu la importancia y el valor de la obra de Dios que mis ojos están viendo. El creyente puede observarla y alabar a Dios por la obra, o puede observarla e ignorar el trabajo de Dios que él está viendo. Como Pablo se está percatando de lo que está ocurriendo, como Pablo se está percatando de que, oye, es que Dios ha hecho todo esto en mí y junto con ellos, que es lo que le está diciendo, y ellos no lo están viendo.
Entonces, tengo que hacer lo siguiente. Escucha la obra: "Yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma." Lo que le está diciendo esta frase pudiera traducirse también como: "Yo invoco a Dios como testigo de mi vida." Yo tendré que apelar a la corte celestial más alta que existe para ver si esa corte me escucha y hace algo en ellos para que puedan ver que realmente esto es de Dios. Escucha cómo lo dice la Nueva Traducción Viviente: "Ahora pongo a Dios por testigo de que les digo la verdad. La razón por la que no regresé a Corinto fue para ahorrarles una severa reprimenda." La Biblia de las Américas dice: "Yo no regresé a Corinto por consideración a vosotros." Es totalmente lo opuesto de lo que han pensado, es totalmente lo opuesto de lo que han concluido.
Si Pablo hubiese vuelto a Corinto en el momento en que la carta llegó, él hubiese hecho la confrontación de manera personal. Y la confrontación personal le hubiese resultado mucho más dolorosa a ellos que haberla hecho vía una carta que le daba a ellos la oportunidad de leerla, reaccionar, pensar, quizás arrepentirse, y que luego Pablo llegara con el trabajo de Dios pre-hecho y ahora poderse gozar junto con ellos. Ya había una persona en particular, que vamos a ver el próximo domingo, que estaban en inmoralidad, con las que ya ellos habían lidiado. Y entonces Pablo quisiera que al llegar, la solución que debieron haber buscado y que no habían buscado entre la persona inmoral que habían expulsado, que ya había regresado, este conflicto que no lo habían resuelto, Pablo estaba interesado en que lo resolvieran antes de su llegada, de tal forma que él pudiera disfrutar una mejor visita.
En el versículo 24, Pablo explica que la razón por la que él está enviando, o envió esa carta ciertamente confrontadora, que no era para ejercer señorío sobre sus vidas, que no era para controlarlos. Escucha cómo lo dice la versión de las Américas, versículo 24: "No es que queramos tener control de vuestra fe, sino que somos colaboradores con vosotros para vuestro gozo, porque en la fe permanecéis firmes." No es que queramos tener control, no es que queramos dictarles cómo vivir la vida cristiana. No es que nosotros quisiéramos controlar o manipular o dominar sus vidas. Nada de eso es compatible con el amor incondicional, no se trata de eso, corintios. Se trata de guiarlos y colaborar juntos para llevarlos a una situación de mucho mejor sanidad espiritual. De eso es que estamos hablando, amados hermanos.
Por el contrario, los corintios habían entendido totalmente lo opuesto. Ahora Pablo pasa a describir con lujo de detalles sus intenciones y motivaciones a la hora de enviar esa otra carta que no tenemos hoy, a la cual él alude. Y él dice en el versículo 1 del capítulo 2: "Así que decidí que no les causaría tristeza." Escucha: "Con otra visita dolorosa." Esa era mi intención. "Pues si yo les causo tristeza, ¿quién me alegrará a mí? Por cierto, no será alguien a quien yo haya entristecido. Por eso les escribí como lo hice, para que cuando llegue no me causen tristeza los mismos que deberían darme la más grande alegría. Seguramente todos ustedes saben que mi alegría proviene de que estén alegres." ¿Escucharon? Yo me imagino que ustedes saben que mi alegría proviene no de la confrontación, no de la tristeza que sufren. Mi alegría proviene de que ustedes estén alegres.
Versículo 4, capítulo 2: "Escribí aquella carta con gran angustia, un corazón afligido y muchas lágrimas. No quise causarles tristeza, más bien quería que supieran cuánto amor tengo por ustedes, corintios." ¿Cómo es que llegan a esta conclusión? Les escribió una carta. Mientras la escribía, mi corazón estaba compungido, mis ojos estaban llenos de lágrimas, y mi intención era: con esto ellos sabrán cuánto les amo. Y ahora ustedes me dicen que yo soy un inconstante, un vacilante, yo digo sí y digo no conforme a la circunstancia para quedar bien.
La realidad es que nada llena más de gozo el corazón de un verdadero pastor de ovejas que ver las ovejas llenas de gozo. Cristo dijo que Él vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Un verdadero pastor de ovejas se toma muy en serio las palabras de Cristo, de manera que una de las funciones que él entiende como una responsabilidad es poder pastorear, aconsejar, guiar, enseñar las ovejas compradas a precio de sangre, de tal forma que la abundancia de vida de la que Cristo habla y por la cual Él pagó pueda hacerse posible en las ovejas que son de su prado. Es parte de la meta del ministerio de un buen pastor ministrar a las ovejas que son de Cristo hasta el punto de verlas llenas de gozo, del cual nosotros estamos hablando. La tristeza de las ovejas de Dios llena de tristeza al pastor de dichas ovejas.
Por eso es que Pablo les dice en el versículo 1 del capítulo 2: "No les causaría tristeza con otra visita dolorosa." Esa era mi intención. Solo pasó por mi mente; de hecho, por eso no fui. Si ustedes hubiesen estado sentados conmigo y hubiesen conocido la condición de mi corazón cuando yo escribí esa carta, ustedes hubiesen entendido que la intención de la carta era evitar una visita dolorosa para ustedes, por amor de Dios.
Y entonces les dice que no les quiso causar esa tristeza. La palabra traducida como tristeza es una palabra que implica angustia que puede estar asociada a diferentes experiencias de dolor. De hecho, es una palabra que cuando el Antiguo Testamento fue traducido al griego, fue usada para referirse a los dolores de parto de Génesis 3:16, cuando la mujer ahora iba a tener sus hijos con dolores de parto como parte de la maldición del planeta. Es la misma palabra, de tal forma que Pablo está diciendo: ese dolor intenso yo no se lo quería causar, corintios. Es un dolor tan intenso que puede resultar en resentimientos y gemidos que externamente pueden manifestarse en lágrimas.
Esa experiencia, dice este autor George Guthrie, puede llenar y es la que llena con frecuencia la mente del pastor con preocupaciones. Es ese tipo de tristeza que no solamente, ampliando lo que este autor dice, puede llenar la mente con preocupaciones, sino que puede secar los huesos del pastor hasta el punto que dicho pastor, estoy usando las palabras de este autor, puede terminar diciendo: "Estoy emocionalmente gastado, drenado, consumido." Y él agrega, este autor agrega: "Pocas experiencias en la vida de la iglesia son tan difíciles o tan drenantes del alma del pastor como la tristeza que producen los conflictos y las tensiones relacionales."
Eso es lo que había en Corinto. En Corinto había entre ellos tensiones relacionales. Estas tensiones relacionales ahora estaban resultando en tensiones entre las ovejas de la iglesia y el apóstol Pablo. El apóstol Pablo está cargado con esta situación, quiere confrontar la situación, tiene temor, o no sé si es la palabra, tiene sensibilidad hacia las ovejas y no quiere ir a hacer una visita que va a ser difícil, que va a ser dolorosa, porque va a haber que poner todas las cartas sobre la mesa. Y él decide: yo voy a mandar una carta y esperar en Dios que en el tiempo y a través de la carta Dios quiera trabajar. Yo no le quiero causar tristeza. Pero como él va a aludir en el capítulo 7 de esta carta, la carta les produjo tristeza, pero la carta les produjo tristeza que los llevó al arrepentimiento. Entonces Pablo dice: yo no les quise causar tristeza, pero les causé tristeza, y aunque no me alegro de que estuvieran tristes, me alegro de que los llevó al arrepentimiento. ¿Entendieron?
Y él habla entonces en este capítulo 7 que hay dos tipos de tristezas: una tristeza que viene del mundo y una tristeza que viene de Dios. Y él habla de que la tristeza que viene de Dios justamente tiene la intención y tiene el fruto final de traer al individuo al arrepentimiento. La pregunta es, en términos prácticos y aplicativos: ¿cómo es que la tristeza que viene de Dios nos trae al arrepentimiento? Bueno, aparte de que sobre esto se ha escrito mucho, yo puedo hablar sobre esto en términos personales y prácticos porque yo he estado ahí. Y yo creo que algunos de ustedes o muchos de ustedes han estado ahí, y otros que están pensando: "Pastor, a mí eso me ha cambiado, ya no es necesario." No te preocupes, que va a llegar.
La tristeza que viene de Dios, una de las cosas que hace es que destruye todas nuestras barreras y todos nuestros soportes y toda nuestra fortaleza y todos nuestros muros protectores. Y todo lo que tenía un color o un baño de pintura de orgullo comienza a debilitarnos hasta el punto que quedamos vulnerables, expuestos a la acción del Espíritu de Dios y de Su Palabra.
De tal forma que ahora, una vez que todo mi mecanismo de auto sustentación se ha ido, todo mecanismo de racionalización y todo mecanismo de justificación es llevado por Dios en medio de la experiencia, y ahora yo puedo regresar a Dios en arrepentimiento.
Si Pablo dice en Corintios: "Si yo les entristezco, ¿quién me alegrará a mí?" En otras palabras, si mi intención es entristecerlos, yo ya guayaría con una iglesia triste, entonces ¿quién me alegraría? Ustedes tienen que entender que mi alegría es la alegría de ustedes. Mi gozo es el gozo que ustedes puedan tener. Si ustedes no están gozosos, yo no estoy gozoso. Si ustedes están tristes, yo voy a estar triste. Este es literalmente el verdadero corazón de un pastor: cuando ve la oveja triste, su corazón se siente triste. Cuando él ve la oveja experimentar gozo como fruto del arrepentimiento, su corazón se goza con la oveja.
Y escucha cómo el apóstol Pablo continúa en el versículo 3. Le dice: "Por eso les escribí como lo hice, les escribí esta carta de confrontación por eso." ¿Para qué? Para que cuando llegue, no me causen tristeza los mismos que deberían darme la más grande alegría. Seguramente ustedes saben que mi alegría proviene de que estén alegres, por eso les escribí la carta. Para que la carta trabajara en ustedes, Dios trabajara a través de la carta, y que cuando llegue, yo no tuviera que emprender esta confrontación de tal forma que ahora, al confrontarlos, ustedes estuvieran tristes. Y al ustedes estar tristes, yo también estar triste. No, yo quisiera enviarles esto para que ustedes se arrepintieran y entonces, al arrepentirse, recibieran gozo y cuando llegue, los encuentre gozosos. Si la carta los llevaba a un arrepentimiento santo, gloria a Dios, ese será el punto. Ustedes saben, dice Pablo, que mi alegría proviene de que estén alegres.
Yo decía esta mañana que en ocasiones, hablando de los años, por lo menos quizás una vez al año, quizá varias veces al año, yo le he confesado a mi esposa y le digo: "Tengo los ojos a punto de llanto todo el día." Yo ya no entendía eso hasta que leí a Pablo. Pablo dice: "Yo escribí aquella carta, esa carta que los confrontó, con gran angustia, con corazón afligido y muchas lágrimas. No quise causarles tristeza, más bien quería que supieran cuánto amor tengo por ustedes."
La palabra traducida como "muchas lágrimas" pudiera significar algo así en el original como cortinas de lágrimas. Yo no sé si ustedes han tenido esa experiencia donde en ocasiones sus ojos se llenan de lágrimas, pero como que no se acaban de desbordar y como que parece una cortina delante de ustedes. ¿Has tenido esa experiencia? Es como eso: mis ojos estaban con esta cortina de lágrimas enfrente al escribir eso. Mi corazón estaba compungido. Tú puedes pesar el corazón de Pablo en el momento en que él dice que estaba escribiendo esta carta, donde él estaba angustiado a la distancia de lo que tenía que decir, de pensar quizá la reacción de tristeza que él iba a producir a sus ovejas. Pablo nos deja ver aquí con toda claridad que eso no fue lo que él quiso.
A veces es difícil para un pastor poner en palabras toda la tristeza que su corazón siente, porque en ocasiones él mismo como que no acaba de entender por qué tanta tristeza, hasta que Dios le recuerda: de cierta manera es mi tristeza por la falta de vida abundante en mis hijos. A veces el pastor tampoco puede como poner en palabras, por las razones que sea, la limitación de su humanidad o de su temperamento. Por eso, algunos de ustedes me han escuchado decir en consejería: "Yo te amo, les amo mucho. Tú no sabes cuánto, pero Dios lo sabe." Y como apelara a Dios como testigo de lo que acabo de decir.
El amor por alguien se puede experimentar en más de una manera. Tú puedes experimentar o mostrar ese amor experimentando una profunda tristeza cuando esa oveja está triste. Eso es parte de tu amor que te identifica con su dolor. Y de esa misma manera, el amor por la oveja puede manifestarse con un profundo gozo cuando esa misma oveja está en gozo. De tal forma que tú puedes experimentar el gozo y la tristeza como fruto del amor, y tú puedes experimentar también la misma cosa, hacer tristeza o gozo, cuando la relación oveja-pastor ha sido alterada, ha sido quebrantada. Y puedes experimentar el gozo cuando la relación oveja-pastor ha sido rectificada. Y todo eso yo entiendo que lo hace Dios.
Quizás las personas que mejor pudieran identificarse con esa experiencia son los padres, los padres que han tenido hijos con quienes han tenido dificultades relacionales, la profunda tristeza que eso les produce, como muchos o alguno de ustedes me han confesado en consejería. Y el profundo gozo que produce cuando esa relación alterada con un hijo o con una hija ha sido rectificada, y luego ustedes pueden venir al salón de consejería a decir: "Pastor, todo ha sido restaurado." Quizás esa sería la mejor ilustración de cómo pasa muchas veces entre el corazón pastoral y el corazón del rebaño.
El final de la ecuación, cuando todo es dicho y hecho, es la fidelidad del Dios que llama, que permite que el pastor de ovejas se mantenga fiel a las ovejas que Cristo compró a precio de sangre. Al final del camino, la tristeza de las ovejas por quien Cristo murió entristece a Cristo, y la tristeza de Cristo entristece al pastor de Cristo. El gozo de las ovejas de Cristo trae gozo a su Redentor, y el gozo de su Redentor trae gozo al corazón del pastor local.
Si puedes ver, entonces, al final del camino es la fidelidad de Dios la responsable del ministerio de Pablo. Al mismo tiempo es la responsable de nuestro buen caminar, porque Él nos motiva, Él nos corrige, Él nos trae al camino, Él nos regresa, Él nos confronta, Él nos da el arrepentimiento, Él nos da la gracia para arrepentirnos. De tal forma que, al final, cuando todo es hecho y dicho como acabo de decir, Pablo tiene que decir: "Gloria a Dios, que fue quien nos estableció en el reino, que fue quien nos ungió, que fue quien nos selló y que fue quien nos dio el Espíritu de Dios."
Fiel es nuestro Dios a su obra. Fiel es nuestro Dios a su iglesia. Fiel es nuestro Dios a sus ovejas. Fiel es nuestro Dios a aquellos que Él llama a pastorear sus ovejas. Y de esa misma manera nosotros debemos responder en fidelidad, en la manera en que tratamos de honrarle en nuestro caminar.
El apóstol Pablo va a continuar, para cerrar todo esto, porque él tiene que hablarles de alguien que estaba ya en Corinto, que estaba en pecado, que se arrepintió, y ahora los corintios no le estaban perdonando. Y Pablo dice: "¡Ya, por Dios!" ¿Te imaginas? Primero esta persona como que no sé, yo no quería hacer nada con él. Finalmente Pablo le tiene que disciplinar a este individuo. Bueno, lo disciplina, el hombre ya se arrepiente, ahora él quiere volver, ahora él quiere regresar, y ahora no lo quieren perdonar. Y Pablo dice: "¡El Señor!" Pablo estaba cargado con eso también. ¿Te quieres enterar un poco de eso? ¡Ven el próximo domingo al próximo capítulo!