Integridad y Sabiduria
Sermones

Todo está bajo control

Héctor Salcedo 12 abril, 2015

La vida es complicada y muchas veces parece estar fuera de control. Vemos el sufrimiento, la injusticia, las aflicciones, y nos preguntamos si acaso el mundo camina por su cuenta, sin dirección. Sin embargo, la Biblia afirma categóricamente que Dios permanece en absoluto control de todo cuanto ocurre en su creación. Esta es la doctrina de la providencia: Dios no solo gobierna, sino que gobierna con propósito.

Romanos 8:28-29 contiene una promesa extraordinaria, pero sus beneficiarios están claramente definidos: los que aman a Dios. Y amar a Dios no es simplemente respetarlo o temerle —hasta los demonios tiemblan ante él— sino obedecerle, rendirse a su palabra, seguir sus pisadas. Los hijos de Dios aman a Dios como padre, se someten a él como rey y lo atesoran como su principal posesión. Para ellos, absolutamente todas las cosas cooperan para bien.

¿Pero qué significa "para bien"? No es el bienestar material ni la ausencia de dificultades. El bien que Dios busca es conformarnos a la imagen de su Hijo. Dios está tallando en nosotros el carácter de Cristo, y ese proceso no siempre es cómodo. El pastor Héctor Salcedo ilustra esta providencia minuciosa con una experiencia personal: unos documentos robados aparecieron inexplicablemente en manos de su padre, justo cuando su familia enfrentaba una crisis de salud. Si Dios controla hasta unos papeles sin valor eterno, cuánto más nuestras vidas.

Cuando no podamos discernir la mano de Dios, podemos confiar en su corazón. Aquel que entregó a su Hijo por nosotros, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Santa Fernández. Y nuevamente muy buenos días, porque saludé al grupo que estaba al inicio y quería tomar unos breves minutos para darle las gracias a muchos que en estos días, bueno, por un lado se me acercan y me dicen: "Usted está perdido, tú estás perdido". Pero por otro lado también me dicen que han estado orando por nosotros. Sin entrar en detalles, pero la familia de mi esposa ha estado enfrentando una situación de salud que ha conllevado mucha demanda de tiempo de parte de mi esposa, y cuando ella tiene que dedicar tiempo a otra cosa, yo tengo que dedicar tiempo a lo que ella debe dedicar tiempo. Entonces, como saben, tenemos dos niños pequeños y eso ha implicado que nos reorganicemos.

A veces me quedo allá atrás incluso, también con intención de saludar a los que están atrás y poder compartir un poco con ellos. Pero vengo, entro con mis hijos, los busco, porque mi esposa ha estado viajando en estos días, estos meses, y ha implicado esa demanda. También he estado predicando en otras iglesias y he salido un par de domingos, pero yo estoy aquí, gracias al Señor. Así que gracias por la oración de muchos y porque yo sé que han estado pendientes de nosotros de manera genuina. Estamos orando porque el Señor sea con nosotros, que su voluntad sea con nosotros, que sea cual sea su voluntad, Él nos dé la sabiduría y la fortaleza para acogerla, aplaudirla, y que al final, cuando veamos hacia atrás, volvamos a ver su mano claramente en nuestras vidas.

Yo quisiera que fuéramos abriendo la Palabra de Dios en Romanos 8. En unos minutos les digo el contexto del texto que vamos a compartir en el día de hoy, pero es un texto significativo, muy significativo para la mayoría de los que decimos amar a Dios. Y obviamente es un texto, como vamos a ver, muy conocido entre casi todos nosotros. Yo diría, aun aquellos que no tienen la Biblia como su norma de vida, como su manual de vida, ven este texto como uno de los textos que inspira más confianza en el corazón cuando uno lo lee.

Así que yo quisiera, antes de leerlo, orar primeramente por esta predicación, por la predicación de su Palabra, y entonces introducir un poco de qué vamos a estar hablando y la forma como vamos a estar abordando este pasaje.

Señor, en tu presencia hemos estado y seguimos en ella porque no podemos salir de ella. Tú eres Dios que lo llena todo. Y ahora, Señor, nos acercamos a tu Palabra con reverencia, con atención. Yo te quiero pedir, Señor, que Tú abras los oídos de nuestro corazón, de nuestro entendimiento, que podamos, Señor, más que escuchar la voz del predicador, que podamos escuchar tu voz, tu mensaje para nuestras vidas. Tu Palabra, Señor, es veraz, tu Palabra transforma, tu Palabra es un instrumento cortante que quita lo que no debe estar, pero también cauteriza lo que debe cerrar. Y yo te quiero pedir, Señor, que Tú la uses en nuestras vidas en este día para llevarnos desde donde estamos a un lugar donde Tú nos quieras llevar, a un lugar de más confianza, lugar de paz, un lugar de plenitud en ti, Señor. En el nombre de tu Hijo pedimos esto, Padre. Amén.

Amén. Hermanos, yo creo que todos nosotros a veces nos hemos percatado, y yo diría más que a veces, con frecuencia nos percatamos, que la vida es complicada, el mundo es complicado. Hay gente que ve a los niños jugando y los ves jugando con tanta despreocupación que hasta dice: "¡Wow! Qué lindo es que los niños no tienen ningún tipo de preocupación". Y a veces bromeamos con nuestros amigos, decimos: "Su preocupación es dormir, comer y jugar". Esa es la preocupación del niño. Esa es una etapa cándida de la vida donde todavía nosotros no estamos al tanto de lo complejo de la vida, de las dificultades de la vida, de las aflicciones de la vida.

Hay cosas que ocurren en la vida, y una de las formas como nosotros, cuando hablamos con personas que están pasando dificultades, es que les decimos: "La vida no es justa". Algunos de nosotros esperamos justicia en este mundo, pero realmente no se nos ha dicho en ningún lugar que la vida y el mundo va a ser justa o justo con nosotros. Algunos cristianos a veces exclamamos: "Señor, ven pronto, ven pronto", cuando nos enteramos de cosas, cuando experimentamos cosas en nuestras vidas que son aflictivas, que son dolorosas.

Y la razón de muchas de estas afirmaciones es que algunos piensan que el mundo está como fuera de control, el mundo está como por su cuenta. Hay como una especie de anarquía en las cosas que ocurren, tanto a nivel de los países y las naciones como a nivel individual. Y obviamente la razón de ese aparente desorden es el pecado, que una vez entró en la creación y distorsionó y dañó la creación de Dios y generó todo tipo de problemas.

No obstante, a pesar de ese aparente desorden que nosotros vemos en la vida, en nuestras vidas, en nuestro entorno, la Biblia categóricamente afirma una y otra vez que Dios permanece en absoluto control de todo cuanto ocurre en su creación. A Dios no se le han ido las cosas de las manos, Dios no está improvisando. Alguien ha dicho: "Dios no juega a los dados".

La Biblia afirma que Dios forma el embrión de cada ser humano, Salmo 139:16. La Biblia afirma que Dios determina, en ese mismo pasaje, los días que cada ser humano va a vivir. La Biblia afirma que Dios alimenta a los animales, que viste la hierba, que pone y quita reyes, Daniel 2:21. La Biblia afirma que Dios tiene el control de los corazones, Proverbios 21:1. Se afirma que Dios hace nacer a una nueva vida a aquellos que ponen su fe y su confianza en el Señor Jesucristo, Juan 3. Se afirma que Cristo es la cabeza operativa de la iglesia, que Cristo está ordenando las cosas en su iglesia de tal manera que la iglesia haga y cumpla los propósitos para los cuales Dios y Cristo la creó. Y se afirma también que el Espíritu de Dios dirige, enseña, amonesta, trae convicción de pecado.

Todos estos pasajes, una pequeña muestra, afirman categóricamente que Dios permanece en control de cuanto ocurre, de todo cuanto ocurre en su creación. Pero muchas veces nosotros como que no estamos muy al tanto de eso, o no lo creemos completamente. No sé si es difícil conciliar que un Dios todopoderoso y todo benevolente sea capaz de permitir las cosas que ocurren en este mundo. No entendemos cómo es que un Dios benevolente, como Él dice ser, permite el dolor prolongado y profundo de muchos, incluyéndonos a nosotros.

Es por esa razón, no solo por esa razón, pero esa es una de las razones por la que la Biblia nos exhorta a nosotros a vivir por fe y no por vista. Porque si es por lo que vemos, nos desanimamos, nos llenamos de ansiedad, nos llenaremos de temor, nos irritaremos incluso con las cosas que Dios permite que ocurran. Si es por lo que vemos. Pero si sabemos que detrás de lo que vemos hay un accionar de Dios, tendremos una actitud totalmente diferente.

Dios gobierna su creación, hermanos. Dios gobierna la iglesia. Dios gobierna nuestras vidas. Eso es lo que los teólogos han llamado la providencia de Dios. Esa doctrina que enseña que Dios gobierna con propósito. No solo que Dios gobierna, porque pudiera ser un gobernante arbitrario, dictatorial, un gobernante tiránico que hace las cosas simplemente porque le parece. La providencia es la doctrina que enseña que Dios gobierna así, pero lo hace con propósito. Toda la creación y todo lo que ocurre se dirige a un fin último que Dios sabe cuál va a ser.

Y hay un pasaje clave entonces que nos habla de la providencia de Dios. Y cuando nosotros asimilamos esta enseñanza de la Palabra en nuestras vidas, cuando entendemos el control providente de Dios en el mundo y en nuestras vidas, podemos descansar. No es que vamos a dejar de hacer lo que tenemos que hacer, no es que vamos a echarnos, como dicen, y esperar que Dios haga. Es que actuaremos con otra actitud, es que entenderemos que las cosas que no entendemos, que no asimilamos, y no asimilamos las razones por las que ocurren, tendremos otra actitud hacia ellas porque habremos entendido que Dios gobierna providencialmente su creación.

El pasaje entonces que yo quisiera leer para luego exponer es Romanos 8, versículo 28 y versículo 29. ¿Qué nos dice Pablo hablando a la iglesia de los romanos? Dice: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos".

Ese es un texto muy conocido, como les dije al principio. Muchos conocen esta idea de que todo obra para bien. Algunos no le ponen la primera frase delante: "Para los que aman a Dios todo obra para bien". Pero la gente quiere pensar, y la gente encuentra reposo en el hecho de que piensan que todo obra para bien para todo el mundo.

No obstante, yo quisiera que viéramos en este pasaje al menos tres aspectos que el pasaje nos dice claramente y nos enseña claramente. Obviamente aquí lo que vemos es Dios actuando providencialmente, Dios dirigiendo nuestras vidas con un propósito último. Nos dice que todas las cosas cooperan para bien para los que aman a Dios. Dios nos está informando ahí de su acción providencial, de su acción poderosa y minuciosa sobre nuestras vidas en una dirección.

Y yo quisiera entonces que viéramos, primero, quiénes son los beneficiarios de esta providencia, de este accionar de Dios. Luego, que viéramos cuál es el alcance de su providencia, qué incluye esta providencia, cuáles son las cosas que Dios hace que cooperen para bien en nuestras vidas. Y en tercer lugar, cuál es el propósito, qué es lo que Dios busca con todo lo que Él hace y permite en nuestras vidas. Esto, hermanos, es vital para nosotros vivir nuestra vida cristiana, fundamental que nosotros entendamos esto.

Si nosotros no pensamos que Dios está actuando, primero nos llenaremos de ansiedad y de temor, de preocupación, pero segundo, ignoraremos muchas de las acciones de Dios en nuestras vidas, porque no estamos pendientes de lo que Él está haciendo, no estamos al tanto de que Él está actuando a través de cada detalle de nuestras vidas. Y por lo tanto, ignoraremos su accionar, no le daremos gracias cuando hay que darle gracias, porque no veremos las bondades de la vida como parte de su voluntad para nosotros, no aprenderemos las lecciones cuando Él nos está disciplinando y transformando, estaremos como decimos por aquí, en Babia, perdidos, porque no estamos al tanto de que Dios está actuando de manera providente en cada circunstancia de la vida.

Entonces, primero yo quiero que veamos quiénes son los beneficiarios de este accionar de Dios, de esta providencia, quiénes son su objeto. Y claramente, cuando leemos el versículo 28, comienza diciendo: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." Esta extraordinaria promesa, increíble promesa, abarcadora promesa, de que Dios va a actuar para el bien de los que le aman. Ese es el objetivo, ese es el objeto de su providencia.

Muchos piensan que no es así, muchos piensan que esta es una propuesta, una promesa abierta a todo el mundo. Yo lo he oído constantemente en las radios, lo leí en el periódico, lo he escuchado de gente que lleva su vida como le parece, pero al final ellos creen que todo obra para bien. Ellos no responden a Dios en ningún sentido, no consideran a Dios en ningún sentido en su vida, pero cuando algo ocurre en su vida y en su día a día que ellos no pueden explicar, ellos salen con esto de que: "No, yo sé que todo pasa con un propósito." La promesa es tan poderosa y tan hermosa, la anhelamos tanto, quisiéramos que fuese así, que aún aquellos que caminamos de espaldas a Dios pensamos que esto es una verdad para todos. Pero esto no es lo que el texto dice.

Claramente, el texto lo dice de dos maneras distintas. Yo voy a hablar primero de la primera forma en que lo dice: "Para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." ¿Quién es o qué es esa gente? Los hijos de Dios. Aquellos que hemos pasado de muerte a vida, aquellos que hemos puesto nuestra confianza en el Señor Jesucristo, que hemos confiado en su Palabra, que hemos puesto nuestra fe en que su cruz nos limpia de nuestro pecado, que hemos aceptado el diagnóstico bíblico sobre nuestra condición y Dios nos ha aceptado entonces como parte de su familia.

En otros pasajes se indica que este es el grupo al cual Pablo se está refiriendo, los hijos de Dios. Miren cómo lo dice 1 Corintios 2:9: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman." Estas cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, ¿cuáles son esas cosas? La gloria eterna, hermano. ¿Y para quién es la gloria eterna? Para aquellos que hemos entrado por la puerta que es Cristo.

1 Corintios 8:3: "Pero si alguno ama a Dios, ese es conocido por Dios." Efesios 6:24: "La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible." Los que amamos al Señor Jesucristo, que le damos gracias por lo que hizo por nosotros en la cruz, apreciamos su sacrificio, valoramos su entrega, nos rendimos ante Él. Santiago 1:12: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez ha sido aprobado, recibirá la corona de vida que el Señor ha prometido a los que le aman."

Si hay algo que distingue, hermanos, al hijo de Dios, el hijo de Dios ama a Dios. Nosotros amamos a Dios, es algo que nos distingue. Y ese amor de Dios en nuestras vidas, la principal manifestación de su amor en nuestras vidas, es nuestra obediencia a su Palabra. Es la principal manifestación, no es un sentimiento solamente, un sentimentalismo, no es una emoción que yo entiendo que tengo, es un accionar, es una sujeción a su voluntad manifestada en su Palabra.

Miren cómo Juan 14, Jesús hablando, dice, habla sobre esto. Jesús respondió y le dijo: "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que oís no es mía, sino del Padre que me envió."

Todas las cosas cooperan para bien para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien para aquellos que obedecen a Dios, porque son los que aman a Dios. La obediencia es la marca distintiva del discípulo. El hijo de Dios en diferentes lugares se ha llamado hijo, pero se ha llamado también discípulo, seguidor de Jesús. Caminamos tras sus pisadas, vivimos nuestra vida a la luz de su voluntad, queremos agradarle y queremos incluso comer o beber para la gloria de Dios. 1 Corintios 10:31, que Pablo le dice a los corintios: "Cualquier cosa que hagan, sea que coman o beban, hacerlo todo para la gloria de Dios."

Hermano, sería un error, un craso error, confundir mi respeto a Dios con amor a Dios, mi temor a Dios con amor a Dios, mi reverencia a Dios con amor a Dios. Satanás y sus demonios, créanme, temen a Dios. Incluso reverencian a Dios, hasta cierto punto. En un momento dado Jesús llega a la región de Gadara, se nos dice, donde está el famoso gadareno, individuo que estaba lleno de demonios, y este individuo, o los demonios hablando a través de él, le dicen: "Jesús, Hijo de Dios," y se postran ante Él: "¿Por qué nos atormentas?" Obviamente hay una reverencia, hay temor, hay un respeto, pero no le aman, ellos no aman a Dios, ellos no le obedecen.

La obediencia es la marca de mi amor. Los hijos de Dios aman a Dios como Padre, se someten a Él como su Rey y lo atesoran como su principal posesión. Esos son los hijos de Dios, es para estos que está dada la promesa. ¿Dónde estoy yo? Es la pregunta. "Yo tengo un gran respeto por Dios, yo siempre he sido creyente." ¿Creyente de qué? Los demonios creen. La pregunta es: ¿tú amas a Dios? ¿Tú amas a Dios? ¿Es tu deseo rendir tu vida a su Palabra?

Si ese no es tu deseo, pídele a Dios, pídele al Señor que te dé un corazón de arrepentimiento, que yo pueda verme a mí como Él me ve a mí, y yo pueda pedirle perdón y decirle: "Señor, yo quiero vivir mi vida bajo tu señorío, bajo tu Palabra, yo quiero amarte." Pero no confundamos temor, reverencia, creencia en Dios con amor a Dios. Dios ha prometido que todo su poder providencial está dispuesto para hacer que las cosas cooperen para bien para aquellos que le aman.

¡Qué gloriosa promesa! ¿No? Pero si nos quedáramos ahí, si el pasaje se quedara ahí, yo pudiera hasta cierto punto enorgullecerme porque Dios coopera, hace que todo coopere para bien, porque yo le amo. Pero él agrega al final: esto es para los que son llamados conforme a su propósito. Yo le amo porque él me llamó. No nos confundamos, esto es una gracia, esto es un regalo que yo he recibido de parte de Dios, que aun el venir en arrepentimiento por él me llama. Y este es un llamado; ahora mismo hay un llamado de Dios sobre cada corazón aquí presente a venir a él. Yo respondo si quiero, pero Dios trabaja en el corazón del que quiere, y Dios actúa de manera soberana sobre nosotros.

Si esa descripción se quedara en "los que aman a Dios", entonces nos pudiéramos enorgullecer, pero el orden bíblico no es que el hombre ama a Dios y Dios lo bendice. No, es que Dios entonces amó al hombre y el hombre ama de vuelta. Primera de Juan 4:19: "Nosotros amamos porque él nos amó primero". Es decir, que los que aman a Dios no son los más santos ni los más sensibles espiritualmente.

Ustedes saben que hay una expresión ahora que anda por ahí: "Yo soy un individuo espiritualmente sensible, yo estoy abierto a las influencias espirituales, yo soy un individuo que estoy consciente de que hay cosas espirituales, yo estoy abierto". El Salmo 19 dice que la palabra de Dios hace sabio al sencillo, ¿no? Y en el lenguaje original esa palabra significa al que es abierto, de mente abierta. Para la palabra de Dios, el sencillo, el simple, es el que está abierto a todo. Pero hoy en día es una virtud: "No, yo soy un hombre de mente abierta, una mujer de mente abierta, yo estoy abierto". Como dijo el pastor John MacArthur recientemente: "Tú me harías un favor, cierra un poco tu mente". No seas un sencillo de asimilar todo lo que el otro dice y lo que la gente habla. Discierne y filtra lo que entra a través de su Palabra.

Entonces, él nos amó primero. El hombre de manera natural no ama a Dios, no es algo que se le ocurre a él, no es una buena idea que "yo voy a seguir a Cristo". Es algo que Dios hace de manera soberana. Romanos 3, este mismo libro, habla claramente que ninguno busca a Dios de manera voluntaria. "Ninguno puede venir a mí si no le trae el Padre que me envió", dijo Jesús en Juan 6. Ninguno puede venir a mí si no le trae el Padre que me envió. Por eso los que amamos a Dios le estamos profundamente agradecidos. Y si tú no sientes que estás ahí, pídele al Señor que te dé arrepentimiento, que te traiga hacia sí de tal manera que tú puedas amarle y tener una relación de afecto y de amor con él. Entonces, los que amamos a Dios somos los que hemos sido llamados por él, amados por él, y entonces él hace que todas las cosas cooperen para bien para aquellos que aman a Dios.

¿Cuáles cosas? Esa es la segunda pregunta que yo quiero responder. ¿Cuáles son las cosas que Dios hace que cooperen para bien? ¿Cuál es la amplitud de su providencia? ¿Qué incluye? Alguna gente entiende que este pasaje básicamente se concentra en los aspectos más importantes de la vida. Bueno, matrimonio: yo sé que Dios tiene algo que decir en el matrimonio, con quién me voy a casar, cuándo me voy a casar. Correcto. Yo sé que Dios tiene algo que ver con mi trabajo; de ahí dependo económicamente. Dios tiene algo que decir en mi profesión, mi iglesia. Esas son cosas grandes, pero para todo lo demás decimos algo, ¿no? ¿Verdad? Existe MasterCard. Para todo lo demás.

Yo he oído diciendo a gente: "No, Dios no tiene que ver con eso, Dios no se mete en eso, eso es algo que cae fuera de su control providencial". Eso tenemos que esperar suerte, tenemos que esperar que nos vaya lo mejor posible, ayudarla. Y pensamos que hay muchas cosas en nuestra vida que están sueltas al viento del destino, que permanecen sin control, y que entonces yo tengo que hacer algo para resolverlas y hacer que ellas resulten como yo quiero que resulten. Pero el pasaje nos dice: todas las cosas cooperan para bien. Todas.

Las pequeñas cosas, las pequeñas cosas de la vida. Sí, todas. Las nimiedades de la vida, las cosas pequeñitas de la vida. Las grandes cosas de la vida también; si las pequeñas están incluidas, las grandes no hay que decirlo. Las grandes decisiones de la vida, sí, también están incluidas. Las que consideramos como bonanza, sí. Dios envía bonanza y bondades a nosotros de muchas maneras, aun en medio de las aflicciones de la vida que están incluidas en esta promesa. Dios también envía señales de gracia y de bonanza y de benevolencia y de fortaleza y de paz al corazón atribulado. Su providencia incluye todo, absolutamente todo. El control providencial de Dios es total y minucioso. Nada se escapa, hermanos, nada se escapa en tu vida al control providencial de Dios.

"¿No se venden dos pajarillos por un cuarto?", dijo Jesús. "Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestras cabezas están todos contados. Así que no temáis, vosotros valéis más que muchos pajarillos".

Hay dos cosas en ese texto que me hablan de la providencia, del control providencial de Dios. Primero, los pajarillos. Yo no sé de qué pajarillo estaba hablando Jesús. Supongo que es un canario, un pajarillo. Un canario pesa entre 10 y 20 gramos. O sea, que si usted se los come es como un bocado: 10 o 20 gramos, eso es lo que pesa. Para los que no tienen idea de lo que es un gramo, una libra son 453 gramos. Un canario pesa 10 gramos. Es absolutamente insignificante. Siete a diez centímetros tiene un canario, un pajarillo. Ninguno de ellos cae a tierra sin que lo permita vuestro Padre celestial.

Pero no se queda ahí este texto. Jesús dice: "Hasta los cabellos de vuestras cabezas están todos contados". Ese Dios que tiene control del pajarillo que cae te conoce, te tiene los cabellos contados. Y es un problema contar los cabellos. ¿Saben por qué? Yo estuve buscando de cuánto cabello estamos hablando. Más o menos una persona tiene, según lo que dicen los expertos, entre cien mil y ciento cincuenta mil hebras de cabello. Pero qué pasa: a los 16 años está el pico de densidad de cabellos; a partir de ahí comenzamos a perder, unos más rápido. A perder cabellos se estima que se pierden entre 50 y 100 cabellos diarios.

Dios tiene... Parece esto, nos parecería anacrónico, parecería una exageración de Cristo, pero el contexto en el que se encuentra esta enseñanza —los pajarillos no caen sin que Dios lo permita, tus cabellos están todos contados, dice Jesús— en el original indica una literalidad de la enseñanza. El que se ocupa del pajarillo te conoce a ti al punto que conoce cuántos cabellos tú tienes en cada momento de tu vida. Habiendo tenido a los 16 años la mayor cantidad de cabello, luego habiendo perdido casi 100 cabellos diarios a lo largo de la historia, y ahora tú tienes 42 años, tú debes tener más o menos —no sé cuánto cabello— quizás 87,475 y varios por mitad. Y Dios te conoce a ese nivel de detalle. Jesús concluye: "Así que no teman, no teman. Vosotros valéis mucho más que muchos pajarillos".

El control providencial de Dios es absoluto, total, completo, minucioso. Nada ocurre en tu vida por casualidad. Y esto es una promesa para aquellos que aman a Dios. Dios está dirigiendo todo su control providencial en una dirección específica que tiene un propósito de cada cosa buena, mala, grande o pequeña que ocurre en nuestra vida.

Y recientemente, en las diferentes cosas que estamos —como les dije hace unos minutos— nuestra familia y la familia de mi esposa, hemos estado enfrentando una situación de salud muy delicada, debido a muerte. Y había ansiedad y había preocupación en nosotros, en ella sobre todo, mi esposa, en su familia. Y pasó algo que para mí, obviamente a la luz de este pasaje, no es una mera casualidad.

Pero para hacer una breve historia: hace dos meses aproximadamente, yo que tengo una pequeña firma de temas financieros que no manejo yo porque estoy en el pastorado a tiempo completo, pero tengo personas que manejan eso, teníamos que entregar una auditoría. Y yo me involucro hasta cierto punto en eso por teléfono, a veces voy a un par de reuniones. Sucedió que cuando concluimos la auditoría, la concluimos completamente. Eso fue un viernes. Me llama la persona que trabaja conmigo, que es Ernesto Molina que estaba cantando aquí, me dice: "Chacho, ya terminamos, nos estamos yendo". Él me puso un WhatsApp: "Ya terminamos, nos estamos yendo", a la una y pico de la noche, un viernes. Yo le dije: "Excelente, perfecto, hablamos después".

Al otro día, Charbela venía. Estaba fuera con su madre, tenía casi 20 días fuera, un poco más de 20 días. Al otro día sábado ya venía de vuelta. Y pasa eso. Yo me voy a buscar a Charbela que llegó por Punta Cana, nos quedamos el fin de semana con nuestros hijos en Punta Cana y regresamos el domingo en la tarde.

El lunes en la mañana me llama mi padre, me llaman los padres, como a eso de las nueve y media. Charbela, casualmente, casualmente está conmigo en mi oficina porque dejamos el niño juntos en el colegio y se quedó un rato conmigo en la oficina. Me llama mi padre, que trabaja aquí —algunos lo ven en el parqueo y haciendo ese cargo de todo lo que pasa en el parqueo— y me dice: "Chacho, yo estoy aquí en la Sterling, aquí hay papeles con tu nombre que están firmados todos por ti, qué...". Yo no estaba conectando cosas, yo no estaba entendiendo, no estaba qué era lo que me estaba diciendo: que ahí hay papeles con mi nombre firmados todos por mí aquí en la Sterling.

La Sterling es el solar que está al lado de la iglesia, ese es el galpón que está ahí. Eso se llamaba antes Sterling, una farmacéutica, y los que tenemos un poquito más de edad sabían lo que se llamaba Sterling.

Entonces, si se ha quedado muchísimo papel, yo es por el que yo no entiendo. ¿Cómo que esos papeles están ahí? No entiendo. Se atreven a meterlos... Porque quizás es un material gastable que botamos porque ya era viejo y alguien lo tiró ahí. Cuando mi papá me los lleva a la oficina a las nueve y media de la mañana, yo me doy cuenta de que son todos los papeles de la auditoría que acabó el viernes, todos los papeles, dos carpetas blancas, han sido dos binders blancos llenos de documentos de mi compañía, con todos los documentos financieros, con toda la información. Yo esperé... O sea, ahí sí fue que yo me desconcerté completamente. ¿Y qué haces tú aquí?

En ese momento, en ese momento, no pasen por alto el momento, ya yo estaba aquí con Charles. La Charles está frente a mí, me llega la llamada, me llama la gerente de la auditoría y me dice: "Héctor, te estoy llamando. No te pude llamar el fin de semana porque estábamos hablando con nuestra casa matriz a ver qué íbamos a hacer con este caso. Pero lamentablemente, nuestra auditora fue... No es asaltada, pero le robaron todos los documentos de auditoría el viernes." Y yo estoy así. Todos los documentos de auditoría se los robaron el viernes. "Yo sé que eso tiene implicaciones legales, Héctor, yo te pido por favor que hablemos." Y yo así, me digo: "Mira, Fulana, antes de que tú me sigas diciendo, porque yo sé que tú me vas a decir, yo tengo los papeles aquí conmigo." Yo me imagino que ya pensé, pero este hombre se robó sus propios papeles. O sea, yo tengo los papeles aquí conmigo. "¿Cómo que tú tienes los papeles? ¿Cuáles papeles?" "Los papeles de auditoría que tú me estás diciendo que se robaron el viernes, yo los tengo aquí." Ella, que es de Uruguay, me dice: "¿Qué es, suerte?" Digo: "Yo, ¿suerte? Fulana, eso es Dios. Dios es Dios, Dios es Dios. Dios hizo que eso fuese así."

Pero ¿qué pasa? Que en ese momento pasa eso, y le voy a dar algunos detalles porque esto es muy importante para el punto que quiero mostrar. En ese momento Charles está frente a mí, ella está viendo la llamada de mi papá, los papeles que estoy recibiendo, la llamada de la gerente. Digo: "Yo estuve... Dios..." Y ahí yo creo que fue el Espíritu. Yo le dije a Charles: "El Dios que controla estos papeles tiene la vida de tu madre en sus manos." Y es exactamente lo de los pajarillos. Si Dios tiene en cuenta los pajarillos, si Dios tiene en cuenta unos papeles de auditoría que no tienen ningún valor eterno, ¿cómo va a ser que alguien con valor eterno Dios no tenga en cuenta esa situación?

Yo no me enteré de eso, hermanos, el viernes. Eso me hubiese llenado toda la semana, todo el fin de semana de ansiedad. Yo hubiese ido a buscar a Charles a Punta Cana, le hubiese dicho: "No podemos quedarnos, porque se perdieron los papeles, yo no sé qué voy a hacer." El lunes, la llamada de la gerente no me entró antes de que mi padre me llamara y me dijera: "Yo tengo los papeles." O sea que en ningún momento yo estuve ansioso. Dios se ocupó, Dios se ocupó.

El mensaje no es que Dios encuentra papeles que se roban. Ok, esa no es el mensaje. Yo entendí que el mensaje es: Dios tiene control de la vida de la madre de mi esposa. Y Dios tiene cuidado. Descansa en mí, reposa en mí.

¿Y qué pasó entonces con el tema de los papeles? Miren cómo yo lo procesé. O sea, esta señora sale, la auditora sale de mi oficina, se sienta en un lugar a comer, ahí le rompen el vehículo y le sacan los papeles. Entonces, Dios le dice a los ladrones, o sea, vamos a simularlo así, Dios le dice a los ladrones: "Esos papeles no se queden con ellos, no son de ustedes." Ok, entonces los ladrones dicen: "No, no, no, no podemos quedarnos con estos papeles." Todo parecería que fue y llegó a los ladrones: "No, no podemos quedarnos con estos papeles. ¿Qué vamos a hacer con estos papeles nosotros? ¿No sirven para nada? Vamos, vamos a votarlos." Y Dios les dijo: "Sí, sí, sí, pero espérate. Tú los vas a votar en el Sterling, en el Sterling."

Ok, lo votan en el Sterling. Lo tiraron ahí en un basurero, literalmente. El guachimán que está ahí ve esa carpeta en la basura, literalmente en la basura, y Dios le dice: "Chequéate a ver qué dicen esos papeles." Y él va, coge los papeles, los abre, los lee, y ve el nombre de Héctor Salcedo. Y entonces sucede, porque su casualidad que ese guachimán es uno de los guachimanes que conoce a mi papá. "Oh, pero yo conozco a Don Héctor. Déjame llamarlo. Don Héctor, yo tengo aquí unos papeles que encontré en la basura, que unos ladrones tiraron anoche." "¿Cómo?" Y papá coge de una vez.

¿Se están dando cuenta de la providencia minuciosa de Dios para que esos papeles yo los tenga en la mano? Bueno, si Dios controla así eso, ¿cómo no ha de controlar nuestras vidas en todas, en todas sus manifestaciones y en todas sus realidades?

Nuestras vidas, dice William MacDonald en su comentario, no están controladas por fuerzas impersonales como la casualidad, la suerte o el destino, sino por nuestro maravilloso Señor personal, que es demasiado amante como para no ser bondadoso, y demasiado sabio como para equivocarse. Si Dios perdiera el control de una molécula de su universo, dejaría de ser Dios, dice R.C. Sproul.

Dios tiene control absoluto de todas las cosas en mi vida. Y lo que la gracia es que todas las cosas, grandes y pequeñas, buenas o malas, de cualquier tipo, cooperan, cooperan, trabajan juntas. Sinergia es la palabra en el original, de donde viene sinergia, donde todo trabaja junto para producir un propósito específico. La sinergia se produce cuando uno une un elemento con otro elemento, y el efecto de los dos elementos combinados es mayor que si yo aplico los dos elementos de manera individual.

Me explico. Es como en la química, en la farmacéutica. Tú tomas un componente, por ejemplo, el alcohol, y tienes otro componente, no sé, otro componente. Si aplicas a alguien que está enfermo y necesita un medicamento que contiene alcohol y contiene otra cosa, pero tú no le puedes aplicar: "Déjame ponerte alcohol y después ponerte lo otro, a ver si te sana." No. Es la combinación de elementos que trabaja sinérgicamente para producir el efecto que se quiere. Entonces Dios dice, y así lo inspiró: esto trabaja en toda tu vida. Todas las cosas en tu vida trabajan sinérgicamente combinadas simultáneamente para producir un efecto.

Por esa razón, aquí a veces nosotros nos confundimos, porque Dios está haciendo muchas cosas a la vez. Simultáneamente él está trabajando y nosotros como que nos perdemos, nos da un vértigo existencial porque no sabemos qué es lo que Dios está haciendo. ¿Por qué Dios está permitiendo esto? "Ah, bueno, por de un malo todo se le pega", decimos, ¿verdad? O sea, además, además, Señor, esto, además de aquello, y de aquello, y de aquello.

Si todas las cosas sinergizan combinadas para bien, hermanos, a Dios el trabajar simultáneamente no le resta precisión. Eso es a nosotros. Nosotros, si estamos haciendo varias cosas a la vez... Yo soy uno que grave: si yo me llaman por el celular, yo me tengo que parar a hablar en la orilla, porque yo comienzo a hablar y llego a otro sitio, literalmente, literalmente. Yo he llegado varias veces a un apartamento que yo vivía hace como cuatro años, porque a veces la gente me llama y yo sigo para allá, y digo: "Pero ven acá, ¿qué estoy yo en el apartamento anterior?" Porque si yo trabajo simultáneamente, me pierdo.

Dios no. Él trabaja simultáneamente en mi vida, simultáneamente en las múltiples vidas que tenemos, al punto de que no cae un pajarillo sin que lo consienta, y él sigue siendo preciso en su accionar.

"Tened por sumo gozo", Santiago 1, "hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas." Diferentes situaciones que Dios permita en tu vida, diferentes dificultades de diferentes tipos: económicas, de salud, relacionales. "Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado." Dios es preciso aún en la diversidad y simultaneidad de nuestras pruebas. Muchas cosas a la vez no confunden a Dios.

Pero lamentablemente, yo sí me pierdo. Y yo comienzo a dudar de la capacidad de Dios, o dudo de la intención de Dios en medio de tantas situaciones distintas. Pienso o que Dios no se ha enterado, o que Dios no puede ayudarme, o que Dios no quiere ayudarme. Pero aun yo piense así, Dios hace que esta promesa se aplique a mi vida: todas las cosas ayudan a bien, cooperan para bien, a aquellos que han sido llamados conforme a su propósito.

¿Qué es lo que Dios está haciendo entonces? Si sabemos que los beneficiarios somos los que amamos a Dios, Dios hace que todo coopere para bien, todo sinérgicamente va en dirección a un propósito. ¿Cuál es ese propósito? ¿Qué es lo que Dios está haciendo? Es la tercera pregunta que yo quiero que nos respondamos: ¿Cuál es el propósito de su providencia? ¿Qué es lo que él busca? Porque "para bien" parece algo muy general. ¿Lo que tú entiendes como bien lo entiendo yo como bien?

Leamos el versículo 28 y 29, quizás ahí podemos capturar algo de lo que él dice: "Y sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien", algo general. "Esto es para los que son llamados conforme a su propósito, porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos." Todo coopera para bien, sí, pero el bien es la imagen del Hijo.

No nos confundamos. No pensemos como las iglesias donde se predica el evangelio de la prosperidad, del positivismo, la declaración y confesión positiva, donde yo declaro cosas buenas y materiales para mí y esas cosas se me dan. Ese no es el bien descrito aquí. No es el bien, no es lo que Dios considera bien en el sentido último. Dios es bondadoso con nosotros en muchas ocasiones materialmente, pero el bien último a los ojos de Dios no es eso. El bien para Dios y el bien para mí muchas veces no son la misma cosa.

Y eso no nos parece que es extraño, hermanos. El niño que está enfermo de gripe, a él no le parece bien que le den una medicina que lo va a sanar.

La mamá entiende que le hace bien, él no entiende que le hace bien. El niño que es muy melindroso o complicado para comer, la mamá quiere que él pruebe algo que no tiene muy buen sabor o que no le gusta mucho en apariencia. Él no lo ve como bueno, pero la mamá dice: "Esto es por tu bien, comer eso." Tenemos esas luchas constantemente. Dentro del ambiente laboral es así: lo que los empleados entienden como bien para ellos, no necesariamente... Imagínense que se declare que todos los lunes es un día feriado. ¿Ustedes creen que eso produciría aplausos en la clase trabajadora? Pero en esta esquina están los empresarios, que van a decir: "Pero ven acá." Entonces el conflicto de qué consideramos bien y qué otros consideran bien es algo natural y normal.

En la relación con Dios, muchas veces, con frecuencia, lo que Dios considera muy bien no es el bien para mí. Yo casi siempre asocio el bien con lo que me hace sentir bien, lo que me acomoda, lo que me hace sentir y acomodarme bien. Es el bien en lo inmediato, es como el niño que procura divertirse lo más posible. Nosotros queremos tener una vida, un camino por aquí, lo más libre de problemas posible, ¿o no? Pero ese camino no es necesariamente el más fructífero espiritualmente, lamentablemente. Porque si vamos a ser conformados a la imagen del Hijo, ¿creeremos nosotros que eso va a ser un proceso indoloro? ¿Que eso va a ser un proceso libre de obstáculos, que Dios esté tallando la imagen y el carácter de Su Hijo Jesús en nosotros? No.

Pero muchos piensan que el bien en lo inmediato, que el bien ahora, que lo que me hace sentir bien, es el bien aquí descrito en este verso. "Para bien, no te preocupes. Cuando pasa algo mal, no te preocupes que todo va para bien." Lo que eso implica, muchos entienden: todo va a salir bien según nuestra idea. La enfermedad se va a ir, la muerte no va a llegar, el choque no se va a producir, la operación va a salir bien, porque todo va a salir bien según este texto, todo coopera para bien. Pero eso no es lo que el texto dice. El texto dice es: todo coopera para bien, el bien definido como la imagen de Cristo en nosotros. Para Dios el bien no es lo que me hace sentir bien, es lo que me hace mejor delante de Él. No es lo que me acomoda, es lo que me transforma a la imagen de Su Hijo Jesús.

Y entonces tenemos esta disparidad entre el bien humano y el bien de Dios, que si no la conciliamos, vamos a estar constantemente confundidos en nuestra vida, hermanos. Si yo no abrazo el bien bíblico, el bien de Dios, si no lo entiendo y no me gozo en el bien que Dios está produciendo en mí, yo voy a vivir airado, quejándome y desconcertado de qué es lo que tú estás haciendo, Señor. Pero si yo abro mis ojos y entiendo que Dios puede estar formando en ti una mujer, un hombre más paciente, una mujer, un hombre más amoroso, más perdonador, una mujer, un hombre más disciplinado y decidido, una mujer, un hombre de más fe; si yo valoro esos bienes —fe, amor, paciencia— en mi carácter, y yo veo las dificultades construyendo eso en mí, yo digo: "Gracias, Señor."

Pero si no lo veo como un bien, voy a estar confundido constantemente. Te voy a estar diciendo: "Señor, ¿y qué es lo que tú estás haciendo? Yo no entiendo, porque se supone que tú me vas a producir bien." Pero ajustemos nuestra idea de bien. Él quiere producir un bien y es la imagen de Su Hijo. Hermanos, tenemos que decidir si queremos confort o santidad, si queremos progreso material o carácter. Algunos dirán: "Yo quiero las dos cosas, las dos: carácter y progreso material." Te tengo que decir que a veces esas dos cosas no van juntas; con frecuencia esas dos cosas no van juntas. No podemos, como el niño, inmaduramente querer la mejoría sin la medicina. Entonces, esta es la realidad de este bien que Dios está produciendo en nosotros.

Si pudiera llevar a la idea de este sermón —y no quiero que sea así— a uno en que Dios lo que siempre está con nosotros es tallando, cincelando mi carácter, y eso es doloroso y eso es complicado. No siempre ese es el único trabajo que Él hace. Él nos llena, como yo les dije en su momento, de bondades también y de gracia en nuestra vida. Su Palabra es luz para nuestro camino. Su Palabra dice que ante la tentación Él nos da vías de escape. Ante el afán y la ansiedad, Él dice: "Por nada estéis afanosos, antes bien sean presentadas a mí sus peticiones, sus súplicas, con acción de gracias." Así la paz que trasciende el entendimiento será enviada, dice Dios. Él provee, Él me protege del enemigo. Sus bondades son innumerables. Así como viene la aflicción, así viene una avenida de bondades y de gracias inmerecidas sobre nuestra vida. Todo eso combinado es para mi bien. Y entonces, hermanos, entendemos cómo funciona la vida espiritual cuando entendemos esto de esta manera.

Con esto termino, y es algo que no quiero dejar pasar del mismo texto, que es algo que el Espíritu puso ahí. Si se fijan, el versículo 28, Pablo comienza diciendo: "Y sabemos." "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." La certidumbre de esta providencia de Dios es algo importante. Qué bueno que el Espíritu no inspiró a Pablo ahí a poner: "Mira, a mí me parece," o "mi experiencia ha sido," porque como que si tu experiencia ha sido esa, quizá la mía no es esa. Pablo dice: "Y sabemos," como llamando a otros testigos, como la verdad judía siempre tenía que confirmarse por dos o tres testigos. "Y sabemos," no solamente yo; otros pueden dar testimonio de esto. "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." Con confianza, Pablo enseña esto como una doctrina y lo presenta como una promesa.

Y yo diría que si le preguntamos a José, el hijo de Jacob, que fue vendido por sus hermanos como esclavo, él diría lo mismo. Y de hecho, en Génesis 50:20, José les dice a sus hermanos que lo vendieron a él como esclavo: "Lo que ustedes pensaron para mal, Dios lo pensó para bien, y para salvación de muchos." Moisés puede decir: "Lo que Faraón pensó para mal, Dios lo usó para bien." Daniel puede decir: "Lo que Nabucodonosor pensó que iba a ser mal para mí, para el pueblo de Israel, Dios lo hizo cooperar para bien." Job puede decir: "Lo que Satanás pensó que iba a ser para mi destrucción, Dios lo usó para mi bien." En el capítulo 42 de Job, vemos a un Job totalmente diferente, transformado, que dice: "Señor, yo de oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven, Señor." Luego de esta aflicción intensa y duradera: "Mis ojos te ven. Te he entendido de una manera que no te entendía antes. Te he conocido de una manera que no te conocía antes." Ester puede decir —la reina Ester del libro de Ester puede decir— lo que Amán, su enemigo, pensó para mal, Dios lo dirigió para bien.

Y hermanos, Cristo en la cruz. Veamos la cruz. ¿Qué tú crees que la cruz es? ¿Tú crees que la cruz fue difícil para Cristo? ¿Que fue una dificultad para Cristo? La cruz fue tan dura y tan difícil que los discípulos se confundieron. Ellos dijeron: "No puede ser que el Mesías muera en una cruz. Esto no cuadra con el bien que yo entiendo que debe ocurrir en el plan de Dios." Y la cruz, entonces, cometida con ensañamiento, con malicia, con traición, crucificaron al inocente, mataron al inocente. Esa cruz es hoy en día el instrumento de salvación para todos aquellos que venimos a ella en arrepentimiento y en búsqueda de perdón. Un instrumento malo, horrendo, horripilante, es hoy un instrumento de bendición, hermanos.

Qué tremenda promesa tenemos en Romanos 8:28: que para los que aman a Dios, absolutamente todo cuanto pasa en sus vidas tiene el propósito de afinar su carácter a la imagen de Cristo, hasta que la obra de Dios en nosotros esté completa en gloria. Esa es una forma de refrasear este pasaje.

Y concluyo con esto. Charles Spurgeon, el famoso predicador que citamos mucho aquí, inglés del siglo XIX, decía: "Mira, cuando tú no sepas discernir la mano de Dios en todo su accionar en tu vida, cuando tú estés confundido y tú no puedas determinar qué Él está haciendo, confía en Su corazón. Porque aquel que entregó a Su Hijo por nosotros, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?"

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.