En la iglesia primitiva de Roma había dos grupos de predicadores proclamando a Cristo. Ambos compartían el mismo mensaje y la misma fe, pero sus motivaciones eran radicalmente distintas. Unos predicaban por amor, reconociendo que Pablo había sido designado para la defensa del evangelio. Los otros lo hacían por envidia y ambición personal, con la intención expresa de causarle angustia mientras estaba preso. La rivalidad no era nueva: existía también en Filipos, donde Pablo tuvo que exhortar a no hacer nada por vanagloria, y en Corinto, donde unos decían ser de Pablo, otros de Cefas, otros de Apolos. La iglesia, desde el capítulo cinco de Hechos, siempre ha estado en problemas.
Lo sorprendente es la reacción de Pablo: "¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado, y en esto me regocijo". Para él, la causa de Cristo era lo único que importaba. Si entendemos el valor del evangelio —una historia escrita con sangre divina, derramada por personas que no lo merecían y que volverían a fallar— entonces dejamos de centrarnos en nosotros mismos. Como un telescopio que agranda la imagen de los astros, nuestra vida puede agrandar la percepción que otros tienen de Cristo, o puede empequeñecerla si la vivimos al revés.
El pastor Núñez pregunta: ¿estamos dispuestos a exaltar a Cristo en nuestro cuerpo, ya sea por vida o por muerte? Jacobo fue decapitado y Pedro liberado; ambos glorificaron a Dios. La pregunta no es si vamos a sufrir, sino cómo reaccionaremos cuando nos toque.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Vamos a estar leyendo desde el versículo 14 hasta el 20, aunque mi texto es desde el 15 al 20, porque ya el 14 lo habíamos cubierto en una ocasión anterior. El domingo pasado habíamos cubierto del 8 al 11, pero el domingo anterior al anterior, si pudiera decir, habíamos estado viendo el versículo 7 junto con el 12, 13 y 14. De manera que el 14 quedó cubierto. El 15 hasta el 20 es mi texto, pero el 14 me provee trasfondo para todo lo que yo tengo que decir, de manera que lo vamos a estar leyendo desde ahí hasta el versículo 20.
"Y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tiene mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio. Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causar mi angustia en mis prisiones. Entonces, ¿qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado, y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré. Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante vuestras oraciones y la suministración del Espíritu de Jesucristo. Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, por vida o por muerte."
Bueno, lo que leímos al principio, el versículo 14, provee trasfondo y entendimiento en parte para todo lo que tenemos que decir, en una gran parte de lo que tenemos que decir en el mensaje de esta mañana. Nosotros sabemos que Pablo está en prisión. Él ha llegado a Roma desde Jerusalén, ha llegado hasta allí porque estando prisionero en Jerusalén por la predicación del Evangelio, entendió en un momento dado que él no podía tener allá un juicio justo, lo cual lo llevó a apelar al César. Llega a Roma, aquí sigue en prisión a causa de la misma predicación del Evangelio, y la prisión en la cual él se encontraba, lejos de detener el avance o el progreso del Evangelio, lejos de intimidar a los hermanos de Roma, lo que ha hecho es todo lo opuesto, como vimos en el versículo 14. De tal forma que la mayoría de esos hermanos estaba ahora predicando la palabra con mucho más valor que lo que lo habían hecho antes, precisamente animados por el hecho de la actitud de Pablo ante la prisión a causa de lo que era la revelación de nuestro Señor Jesucristo.
Ese es el contexto, pero ahora cuando tú lees desde el 15 hasta el 20, tú te das cuenta, tú puedes apreciar que hay dos grupos de predicadores o proclamadores del Evangelio que están proclamando la verdad de Cristo. Y hay un grupo que lo está haciendo a favor de Pablo, si pudiéramos decir, que se ha identificado con Pablo, y hay un grupo que está siendo rival para Pablo.
Vimos cómo Dios proveyó para que el Evangelio se fortaleciera, para que la predicación del mismo se fortaleciera con la prisión de Pablo. Dios estaba probando la veracidad de Romanos 8:28, cuando dice que todas las cosas cooperan para bien para aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito. La prisión, lejos de detener el Evangelio, lejos de desanimar a los hermanos, ha causado este efecto opuesto del que hemos hablado. Sin embargo, esa reacción no ocurrió en todos los que estaban proclamando la verdad. Satanás logró producir en un grupo de ellos otro sentimiento contrario a lo que eran los sentimientos del apóstol Pablo.
Yo creo que Satanás, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha usado diferentes estrategias. En ocasiones lo que ha hecho es detener, o por lo menos intentar detener, el avance o el progreso del Evangelio, pero en otras ocasiones él se ha conformado con simplemente dividir a los hijos de Cristo, a aquellos incluso que están proclamando la verdad del Evangelio. Y eso es exactamente lo que nosotros estamos viendo en esta ocasión.
Había rivalidad en Roma entre estos dos grupos, entre un grupo y Pablo. Había rivalidad en Filipos, donde Pablo estaba enviando esta carta y donde les estaba llamando la atención precisamente para que no hicieran las cosas por vanagloria. Había rivalidad en Corinto, donde uno pensaba que era de Pablo, otro de Cefas, otro de Apolos. Y así sucesivamente. La realidad es que la Iglesia primitiva, lejos de ser una iglesia prístina como algunos han pensado, eso es más un sueño que una realidad. Tan pronto tú pasas el capítulo 4 del libro de los Hechos, tú te percatas que la Iglesia de Dios en el desarrollo de la historia siempre ha estado en problemas. En el capítulo 5, Ananías y Safira pierden la vida precisamente por mentir. Capítulo 6, las viudas están quejándose. Ahora hay problema en Roma, pero había problema en Filipos, había problema en Corinto, había problema en Galacia, había problema en la mayoría de las iglesias. El día que Dios remueva las dificultades de inmediato de la vida de su Iglesia, lamentablemente cesarán las oraciones y con ellas cesará de ser la Iglesia. Es una enorme realidad.
Por tanto, lo que Pablo está escribiendo aquí a los filipenses nos deja ver cómo, a pesar de que hay hermanos que están predicando el Evangelio, no todo el mundo lo ha abrazado de la misma manera. Yo quiero entonces que veamos en el texto de hoy dos puntos de enseñanza en esencia. En primer lugar, estos dos grupos de proclamadores de la verdad que lo están haciendo por motivaciones diferentes, y en segundo lugar, la reacción de Pablo ante la proclamación del Evangelio de acuerdo a esas motivaciones.
Este es un pasaje interesante, es un pasaje aleccionador, porque nos va a hablar de personas que tienen algo en común, tienen algunas cosas, alguna característica en común, pero a la vez tienen cosas distintas, o por lo menos una en particular, en una en particular difieren. Estos hombres están predicando el mismo mensaje. Pablo dice que ellos están proclamando a Cristo. Aparentemente no están proclamando un Cristo más, como en Galacia, donde Pablo tuvo que llamarles la atención fuertemente por haber dado paso o haber dado cabida a los judaizantes. Ellos no están predicando tampoco, parece ser, un Cristo menos su divinidad, porque Pablo los habría llamado herejes. De hecho, más abajo él habla de los judaizantes a quienes él llama perros.
Y por otro lado, la mayoría de los académicos, la mayoría de los estudiosos, la enorme mayoría, está de acuerdo de que estos dos grupos que proclaman la verdad pertenecen a aquellos a quienes Pablo se refiere en el versículo 14 y les llama hermanos. Estos son hermanos, unos contra Pablo y otros a favor de Pablo. De manera que ellos tienen en común el mensaje, ambos predican a Cristo, ellos tienen en común la misma fe, la misma profesión de fe, pertenecen a la misma familia, pero tienen algo en lo que ellos difieren, y es en la motivación por la cual ellos están predicando la palabra.
El texto que nosotros leímos dice claramente que, de acuerdo a Pablo, había un grupo que estaba predicando el Evangelio por envidia o rivalidad. Yo creo que nosotros sabemos lo que es la rivalidad. Son contrarios a este grupo, es contrario a lo que es el ministerio de Pablo. Son sus rivales. La pregunta es: ¿qué los convirtió en rivales? La envidia. Pablo lo dice con toda claridad.
Yo creo que nosotros tenemos mejor idea de lo que es la rivalidad que de aquello que es la envidia. Escucha lo que el historiador griego Jenofonte nos dice acerca de lo que la envidia es. Él decía: los envidiosos son aquellos que se sienten molestos ante el éxito de sus amigos. Y el éxito de Pablo era impresionante. Este es el hombre, el único hombre que ha estado en el tercer cielo. Este es el hombre que Dios ha llamado apóstol y lo ha designado para la defensa del Evangelio, de acuerdo al versículo 16 del texto de hoy. Pablo es el misionero que ha logrado evangelizar una amplia zona, un amplio territorio desde Jerusalén, pasando por Asia Menor, pasando por Grecia, llegando hasta Roma incluso. De tal manera que Pablo tiene un currículo bastante conocido: es judío por nacimiento, ciudadano romano por ciudadanía, ampliamente familiarizado con la cultura griega. Nadie sabía soportar una paliza como Pablo sabía hacerlo.
De manera que con estas características él llega a Roma, pero aparentemente su llegada produjo prurito e irritación en algunos que quizás comenzaron a ver su liderazgo o su apostolado amenazante para su posición. El texto no nos dice, la historia tampoco, pero se ha podido especular un poco acerca de qué pudo haber sido en la vida de Pablo que haya causado rivalidad en personas que son hermanos de la fe y que están proclamando a Cristo.
Decía alguien que cuando nosotros experimentamos envidia, el problema no es que queremos lo que el otro tiene, porque eso sería codicia, ese no es el problema, dice este autor. Lo que la envidia hace es que nos lleva a desear que el otro no tenga lo que tiene, y con eso quisiéramos despojarlo de lo alcanzado. Lo que queremos es que el otro no tenga lo que él tiene, y en este caso quizás la autoridad que Pablo tenía, quizás la influencia que Pablo tenía, quizás el liderazgo que Pablo ejercía. Nosotros no sabemos, pero eso es lo que ellos están experimentando y por tanto han creado un frente en contra del apóstol. Eran competencia, a pesar de que Pablo no estaba compitiendo con ellos.
Qué diferente es la actitud del Señor Jesucristo cuando le estaban ministrando. Recuerda que el texto del Evangelio de Juan, capítulo 4, donde Cristo ha venido al Jordán porque había mucha agua allí para bautizar, al principio del Evangelio de Juan.
Se nos dice que cuando el Señor supo que los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan, aunque Jesús mismo no bautizaba sino sus discípulos, salió de Judea y partió otra vez para Galilea. Cuando Jesús se enteró que los fariseos habían comenzado a comparar el ministerio de Juan el Bautista con el suyo, cuando Él se enteró de que no solamente lo comparaban sino que estaban pasando la información, el chisme quizás, de que ahora este que ha sido introducido por aquel, mira cómo ya ha comenzado a bautizar más que su introductor.
Cuando Cristo comenzó a huir acerca de ese espíritu de competencia, en vez de ir donde Juan y decirle: "Oye Juan, tú dentro de Cristo, ahora tú necesitas partir y yo me quedo", no, Cristo va donde sus discípulos y les dice: "Vámonos para Galilea y dejemos a Juan donde él está". Porque Cristo no tenía nunca la intención de competir, y si había alguien que encarnaba lo que era ministrar en equipo para la causa de Dios, si había alguien que encarnaba lo que era la entrega por la causa de nuestro Señor, de nuestro Dios, era Cristo.
Sin embargo, en la iglesia en Roma, en Filipo, en Corinto, donde había uno que decía que era de Pedro y otro de Pablo y otro de Apolos, ese no era el espíritu. ¿Te das cuenta que la iglesia desde sus inicios ha tenido los mismos problemas que la iglesia de la cual he hablado hoy?
Hermano, a manera de aplicación, el día que tú veas a Dios usando a tu hermano de una manera mucho más efectiva que a ti, alégrate. El día que tú veas a Dios usando una iglesia más que la tuya, regocíjate con ellos. El día que tú veas al Señor usando a un pastor más que el tuyo, regocíjate. Ellos no son nuestros enemigos, ellos no son nuestros contrincantes. Nosotros tenemos un solo Señor a quien servir, tenemos un solo mensaje que predicar, tenemos un solo reino que proclamar y una sola gloria que reflejar. Ellos no son nuestros enemigos, hermanos. Somos un solo pueblo con una sola misión. Pero estos hermanos no entendían eso, estos hermanos no podían ver eso.
Los hermanos en Filipo tampoco. Escucha lo que Pablo tiene que decirles en Filipenses 2:3. Esta es la carta que le está escribiendo desde Roma, donde él está experimentando problemas. Y a los filipenses él tiene que decirles: "Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo". ¿Es eso lo que tú y yo hacemos? ¿Es esa nuestra actitud, nuestra disposición? ¿O más bien tenemos nosotros una disposición de que mi idea, mi preferencia, mi gusto es superior al del otro?
Esto era lo que estos hermanos pensaban. Esto era exactamente lo que estos hermanos entendían. No es como Pablo entiende, es como nosotros entendemos. Estos hermanos eran rivales de Pablo porque ellos no habían llegado a entender la esencia del Evangelio. Ellos estaban haciendo esto por egoísmo, precisamente porque estaban predicando por ambición personal; esta es la palabra que Pablo usa en el texto. Estos hermanos estaban predicando el Evangelio por vanagloria porque ellos querían el crédito para sí mismos. Estos hermanos estaban predicando el Evangelio por orgullo, porque es el orgullo que desaprueba que Dios pueda usar a otros. Estos hermanos no estaban considerando al otro como superior a sí mismo y por eso se habían convertido, se habían constituido en rivales de Pablo.
Sin embargo, estos no son lobos vestidos de ovejas. Pablo no temía, Pablo no carecía de valor para llamar a los hermanos lobos rapaces, lobos vestidos de ovejas, o para llamarles perros como hace en el segundo capítulo de Filipenses. Estos hermanos son eso: hermanos en la fe que proclaman el mismo mensaje, excepto que su motivación es egoísta y pecaminosa.
Escucha cuál es la motivación de este grupo de cristianos predicadores en el versículo 17: "Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones". Esta gente era egoísta, no era sincera, pero ellos estaban proclamando a Cristo de una manera, con un propósito en particular, y es que Pablo está detrás de los barrotes y nosotros queremos causarle angustia. Nosotros queremos que él sufra detrás de esos barrotes en la prisión donde él se encuentra. Y es por eso que Pablo dice que ellos no están predicando con sinceridad; están predicando la verdad, pero no con sinceridad.
William Barclay, comentando acerca de la palabra que es traducida aquí como "ambición personal", en el griego es "eritheia", y él dice que esa palabra inicialmente fue usada para referirse a alguien que trabajaba por la paga, y al trabajar por la paga esa es su motivación principal, y por tanto no son sinceros al trabajar. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con este grupo de hermanos: ellos están proclamando la verdad, están trabajando con la verdad, están trabajando, pero su motivación primera es la paga, ambición personal, y su meta es que cuando ellos terminan de predicar, de alguna forma lo que ellos consiguieron o lograron cause mayor angustia en Pablo.
El texto literalmente pudiera traducirse: "Suponiendo que ellos agregarían presión a mis cadenas". Nadie sabe exactamente qué es lo que ellos entendían que su predicación y ministración podía alcanzar o lograr para producirle dolor a Pablo, nadie sabe, se ha especulado pero nadie sabe. Se ha pensado que quizás, al Pablo llegar con la autoridad apostólica, con la influencia que él tenía, el liderazgo que ejercía, que esta gente quizás se vio amenazada. Y al sentirse amenazada, lo que ellos estaban ideando era que ellos pudieran ampliar su ministerio, quizás plantar más iglesias, quizás como decimos hoy abrir nuevas células, nuevos grupos, de tal forma que su liderazgo pudiera ser sentido de una mejor forma.
De tal manera, si Pablo salía de la prisión, Pablo no tuviera la misma influencia, el mismo liderazgo, el mismo impacto que él había tenido hasta ahora. De tal forma que quizás su idea era debilitar el liderazgo de Pablo con la idea de minimizar su influencia ministerial en el área, quizás. No lo podemos afirmar categóricamente, pero es una de las posibilidades que se ha considerado: que ellos vieron la necesidad en su mente de que ellos pudieran compartir el liderazgo con Pablo, que tenía autoridad apostólica, y de esa forma lograr debilitar su influencia.
De todos modos, independientemente de cuál fuera la razón, como ellos entendían que esto iba a ocurrir, lo que sí está claro de acuerdo a la Palabra de Dios es que el propósito de ellos era que la angustia que Pablo sufría en las prisiones pudiera aumentar como fruto de su ministración. ¿Tú crees que es posible que hermanos en la fe que comparten una misma región, comparten un mismo Señor, comparten un mismo mensaje, sean rivales hasta el punto de trabajar con la intención expresa de que mi trabajo te cause dolor? Es posible, porque eso ocurrió en esa ocasión.
Esa era la mala noticia, pero había una buena noticia. Por un lado, Pablo ya nos dejó saber que al mismo tiempo que esto está ocurriendo y que esos predicadores están predicando de esa manera, al mismo tiempo hay dos cosas que están ocurriendo. Por un lado, él está proclamando el Evangelio y su Evangelio y la causa de Cristo se ha hecho famosa, muy conocida entre toda la guardia pretoriana, como hablamos anteriormente, y hay conversos que están ocurriendo dentro de la guardia pretoriana. Pero hay otra cosa que también es buena noticia: es que hay otro grupo de predicadores que está predicando de otra manera, con otra intencionalidad, con otro propósito, y que cuenta con el respeto y que está apoyando a Pablo.
Escucha lo que Pablo dice de ese otro grupo en el versículo 15: "Otros lo hacen de buena voluntad". Ahora escucha qué es lo que produce la buena voluntad: porque lo hacían por amor. Escucha la intención, o mejor dicho, escucha por qué ellos se han adherido a la causa de Pablo: "Sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio". Eso nos da una idea de qué era lo que los otros no aceptaban. Este grupo ha aceptado la autoridad apostólica y el liderazgo de Pablo. Este grupo ha entendido que este es el designado por Dios para defender el Evangelio, y por tanto se ha adherido a él. Pablo lo dice: "Sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio".
Por eso están predicando de buena voluntad y por amor. Este grupo amaba a Dios, este grupo amaba el Evangelio, este grupo amaba al defensor del Evangelio que era Pablo en ese momento, este grupo amaba entonces el progreso del Evangelio y lo está predicando de buena voluntad. Eso no siempre ocurre. Mientras un grupo rechazaba a Pablo y su liderazgo, el otro grupo afirmaba a Pablo y su liderazgo. Y aquí la iglesia está dividida; estaba dividida en Filipo también.
Por eso es que Pablo en esta carta tiene que decirles a los filipenses entonces: "Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones". ¿Es eso como tú y yo vivimos y trabajamos? Pablo le está escribiendo a los filipenses, les está diciendo: "Hermanas Evodia, ¿qué es esto? Síntique, ¿qué es esto que yo oigo? ¿Que ustedes viven criticándose y dividiéndose una contra la otra? ¿Qué es esto? Esto no es de cristiano, esto no es de Dios. ¿Qué son estas murmuraciones y estas divisiones? Por el amor de Dios, dejen eso. Haced todas las cosas sin murmuraciones, sin discusiones".
Ahora, lo que nos va a permitir hacer todas las cosas de esa manera, tácitamente está dicho en el versículo 16: "Estos hacen la predicación de buena voluntad porque lo hacían por amor". Si tú amas a Dios, tú no vas a querer herir el corazón de Dios. Si tú amas a tu hermano, tú no vas a querer herir el corazón de tu hermano. Si tú amas la causa de Cristo, el Evangelio y su propagación, tú no vas a querer hacer nada que pudiera ser un obstáculo para la propagación del Evangelio.
Te das cuenta que lo que tú y yo necesitamos es amor por Dios, amor por el hermano, amor por su causa, amor por el mensaje, de tal manera que no sea imposible hacer las cosas sin murmuraciones, sin discusiones, y que terminemos divididos y como rivales. ¿Y dónde volvemos entonces? Volvemos al punto cero. Nos amamos demasiado a nosotros mismos y nuestras ideas, y eso nos divide. Este es el grupo rival de Pablo. No Pablo como rival de ellos, ellos como rivales de Pablo. Ahí lo tenemos.
Próxima pregunta y segundo punto de enseñanza: ¿cuál es la actitud de Pablo? Ya Pablo está consciente de que hay dos grupos. Un grupo me apoya, uno se me opone. Un grupo quiere identificarse conmigo y reconoce que ha sido designado para la defensa del satisfechos que no se lo merecían, y que después de perdonados iban a volver a cometer las mismas faltas, las mismas violaciones que lo clavaron en el primer lugar. Y sabiéndolo, estando dispuesto a hacerlo. ¿Tú entiendes el valor del satisfechos, escrito a precio de sangre? Sangre del satisfechos, sangre de Dios mismo, sangre divina fue dada por tu vida, hermano, por la mía, hermano. "En la cruz él tomó mi lugar" cantábamos, "y él perdonó mi maldad". ¿Tú sabes cuán grande es tu maldad? Y que él, que no tenía ninguna, fuera quien la pagara, para que el día que él me dijera: "Sabes qué, Miguel, morí por ti, ahora que entiendes, solamente quiero pedirte que vivas por mí", que todavía yo insista que parte de mi vida tiene que ser dedicada a mis proyectos, a mis anhelos, a mis sueños. Es porque yo no entiendo el valor del satisfechos. Si soy hijo, yo entendí el satisfechos, yo entendí la historia, yo entendí su contenido, yo entendí su verdad. Lo que yo no acabo de entender es su valor.
Pablo lo entendió. Pablo decía: "¿Están predicando a Cristo? ¿Lo están predicando en contra tuya, Pablo?" "¿Y cuál es la intención, que el dolor que tú tienes aquí en las prisiones sea peor?" "Pero me dijiste que están predicando a Cristo. ¿Tú estás seguro que están predicando a Cristo? Pues me regocijo." "¿Cómo que tú te vas a regocijar?" "No, no, me regocijo ahora y me voy a regocijar otra vez, porque yo soy un accidente en esta vida. No se trata de mí." Un accidente divino, porque tampoco es un accidente humano, es algo que Dios lo ha hecho acontecer.
Pero Pablo está, como dice Kent Hughes, intoxicado con el satisfechos. Yo creo que esa será la mejor palabra que yo he podido leer para saber qué fue lo que le pasó a Pablo. ¿Tú alguna vez has estado intoxicado con alguna comida? ¿Tú sabes cómo los efectos de la intoxicación te tienen todas las horas siguientes y te consume todo tu ser? Te sientes mal, tienes dolor de cabeza, tienes sudoración, tienes otras cosas que no quiero hablar aquí en el púlpito. Tú tienes todo eso, pero todo tu cuerpo está consumido con esos efectos. Pablo está tan intoxicado con el satisfechos que toda su vida tiene los efectos de la intoxicación. Y esa no se quita, porque la otra sí se quita.
Pablo está contento en el presente, contento en el futuro con saber: Cristo está siendo predicado, hermanos. Yo sé el efecto que esa verdad predicada va a tener, aunque sea fingidamente, como es la palabra que él usó. Este es parte del gozo de Pablo. Parte del gozo de Pablo también deriva del hecho, como lo dijimos ya, de que él tiene una certidumbre en su corazón de que va a ser liberado.
Algunos piensan que cuando Pablo habla de ser liberado se está refiriendo a que esto lo va a llevar a la muerte y eventualmente encontrarse con Dios, pero muchos creen que no, que Pablo está hablando de su liberación física de esta cárcel, y la tradición va más en esa dirección. Porque la tradición entiende ampliamente que Pablo fue liberado de esta cárcel, predicó de nuevo el satisfechos. En una segunda persecución bajo Nerón fue apresado otra vez y entonces decapitado. De manera que la tradición, que es bastante fuerte, nos dice que Pablo fue liberado, y ahí estaba su esperanza. Y él nos dice: "Esto resultará en mi liberación."
Ahora escucha, porque en las próximas palabras hay enseñanzas prácticas y vitales para la vida del creyente. Nota cuál es la actitud de Pablo frente a la prisión y su liberación, de qué manera él está esperando la liberación, cuáles son los instrumentos que él entiende van a producir su liberación. "Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante" —aquí vienen los instrumentos— "vuestras oraciones y la satisfechos del Espíritu de Jesucristo." Dos cosas han de producir mi liberación: vuestras oraciones y la respuesta de Dios a vuestras oraciones, que ha de suplir su Espíritu.
¿Tú entiendes la interacción? No tienes que entenderla, porque yo no creo que podamos entenderla. Tú ves la interacción entre la responsabilidad humana y lo que es la responsabilidad divina desde el libro del Génesis hasta el libro de Apocalipsis. Continuamente tú ves la interacción entre lo que es la responsabilidad humana y luego lo que es la intervención divina.
A lo largo de la historia de la Iglesia han habido dos polos que los reformadores trataron de evitar como la plaga. Un polo es: el hombre es el productor de todo, y por tanto tú oras y manipulas y haces y mueves. Y el otro polo es que solamente Dios hace todo y por tanto liberamos al hombre de toda responsabilidad. Ambos polos, desde la Reforma, son conocidos como antibíblicos, y ambos polos no aparecen en la Palabra de Dios. Lo que tú ves continuamente, y dónde se juntan esas dos responsabilidades, ningún teólogo en la historia de la Iglesia ha podido definirlo. Pero hay una responsabilidad humana que Pablo entiende, muestra e ilustra: "Yo espero ser liberado mediante vuestras oraciones y la satisfechos del Espíritu de Dios." Solamente Dios puede sacarte, pero tú tienes que orar. Y cómo esas dos cosas interactúan, no lo sé.
Porque a Pedro no le pasó de otra manera tampoco. Pedro estaba en la cárcel y los creyentes estaban en una habitación orando para la liberación de Pedro, y mientras ellos oraban, Dios envió un ángel y sacó a Pedro de la cárcel, lo llevó hasta la puerta. Y Pedro fue a la habitación donde ellos estaban orando y tocó, y la muchacha, parece que servía en la casa, fue, lo vio, regresó: "¡Es Pedro!" "Tú estás loca." Literalmente le dijeron que ya estaba loca. Ellos no creían tampoco en el poder de la oración. Ellos estaban orando para que lo liberara, pero cuando estaba libre no lo creían.
Dios siempre ha actuado de esa manera. Yo no entiendo cómo la oración funciona, pero yo sé que funciona porque Dios así lo ha orquestado. Cristo oraba toda la noche en más de una ocasión.
Pablo esperaba que las oraciones produjeran dos cosas: su liberación, y que aumentara y afirmara su confianza que él había disfrutado hasta ese día en la defensa del satisfechos. Por eso dice: "Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte."
Oye lo que Pablo está diciendo. El pueblo está orando. "Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante vuestras oraciones y la satisfechos del Espíritu de Cristo, conforme a mi anhelo." ¿Mi anhelo cuál es? "Mi anhelo es este", ahora Pablo lo va a decir: "De que en nada yo sea avergonzado." Y tengo la esperanza —que en la Palabra de Dios, en el Nuevo Testamento, implica certidumbre—, tengo la certidumbre de que no voy a ser avergonzado, de que no voy a ser avergonzado en nada.
En otras palabras, esto no será un fracaso. Yo no me voy a quedar a mitad de camino, esto no será inefectivo. No, no, no, yo no seré avergonzado en lo más mínimo. Yo estoy pidiendo que mis hermanos sigan orando para que yo conserve la confianza que tengo hasta ahora, como siempre, la confianza que hasta ahora me ha acompañado, de que yo pueda estar tranquilo sabiendo que Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
Wow, ahora, ¿qué es lo que Pablo quiere que ocurra en su cuerpo, ya sea que sea liberado o que pierda la vida? ¿Qué es lo que Pablo quiere? Que Cristo sea exaltado. ¿Qué significa eso? Exaltar a Cristo implica que con tu vida tú agigantas, tú agrandas la imagen que el otro tiene de Cristo. Y tú pudieras decir, o alguien pudiera decir: "Eso es imposible porque ya Él tiene todo el tamaño que Él tiene." No, no, no, no solamente no es imposible, es tu misión de vida.
Y mira cómo ocurre. Tú sales una noche estrellada, oscura, cuando no está nublada, y tú miraste el cielo y viste los astros, y viste las estrellas pequeñitas. Te dan un telescopio potente, tú sales y ves los astros y de repente se ven enormes. Ellos no han cambiado de tamaño; lo que el telescopio ha hecho es que ha mejorado la percepción que tú tenías del tamaño del astro. Y de esa manera, cuando tú vives tu vida de una forma que glorifica a Dios, lo que tú estás haciendo es que tú estás mejorando el tamaño de la percepción, de la imagen de Cristo que el otro tenía.
De manera que Cristo luce gigante por la manera en que tú abrazas la prisión como Pablo lo hizo, la enfermedad como otros lo han hecho, el martirio como otros lo hicieron. Y la manera como tú abrazas eso actúa como un telescopio para la vida de los demás. Pero lamentablemente lo que muchas veces ha ocurrido es que la forma como hemos decidido vivir la vida, como nos hemos dividido, como hemos creado las murmuraciones de que habla Pablo, como hemos creado la rivalidad, eso ha hecho que ha disminuido la imagen, la percepción del tamaño, verdad, la imagen de Cristo que el otro tenía.
Entonces alguien me decía después, por el primer culto, para mejorar mi ilustración, que lo que ocurre es que si tú tienes un telescopio y lo usas correctamente, la imagen de los astros se ve agrandada, pero que si tú lo volteas y lo pones al revés, empequeñece el tamaño. Yo creo que muchas de nuestras vidas están vividas al revés. Vidas al revés que empequeñecen la imagen de nuestro Dios ante los demás. "Esa es la esposa cristiana, pero ese no es el esposo que va todos los domingos a la iglesia y los miércoles a la oración." "Es el empleado cristiano, es el jefe, esos son sus empleados, pero no es el jefe que es cristiano, pero sus empleados como que se portan mejor que él." Tenemos vidas al revés.
Tú necesitas abrazar el satisfactoryo, la causa de Cristo como tu única causa, de tal manera que cuando tú vas a trabajar tú entiendes que en tu trabajo hay una manera como tú vives esa causa. De una forma que cuando tú crías hijos, tú entiendes que en la forma en que tú los crías es parte de la causa de Cristo. Cuando te casas, cómo te casas, con quién te casas, y cómo vives después de casarte, es parte de la causa de Cristo. Hay un modelo que vivir, que reflejar, que representar. La causa de Cristo no está dentro de estas cuatro paredes. La causa de Cristo involucra el mundo, y en ese mundo yo tengo una vida profesional, yo tengo hijos, yo tengo amigos, yo tengo familiares, y la causa de Cristo tiene que ver precisamente con la redención de ese mundo. Y si voy a la cárcel, la manera como yo vivo en la cárcel es parte de la causa de Cristo.
Pablo tenía esa confianza: que Cristo fuera exaltado en su cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Cuando Pedro está en la cárcel y la iglesia cristiana, la iglesia primitiva, está orando, y él es liberado, y los hermanos ven la liberación, respuesta a las oraciones, ¡wow, gloria a Dios, aleluya!, ¿no sería eso motivo de exaltar a Cristo? ¿Verdad que sí? Pero saben qué ocurrió más o menos al mismo tiempo, poco antes: que había otro apóstol preso. Su nombre era Jacobo, y no bajó un ángel a liberarlo, y lo decapitaron. ¿Tú crees que la muerte de Jacobo como mártir, la manera como él abrazó la fe y no la negó hasta llegar al martirio, tú no crees que exalta la imagen de Cristo de la misma manera que la liberación de Pedro lo hace? ¡Amén!
¿Y qué si tú eres Jacobo? ¿Y qué si yo soy Jacobo? ¿Estás dispuesto? ¿Estás tú en la disposición de decir "a mí también"? ¿Estás tú al decir "yo conozco esas dos historias y yo estoy dispuesto a exaltar a Cristo en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte"? No importa. ¿Era lo mismo? ¿Sabes por qué me da lo mismo? Porque yo entregué mi vida hace mucho tiempo. Yo no estoy viviendo mi vida, yo estoy viviendo la suya. Por tanto, entregarla ahora, lo que estoy entregando es mi cuerpo físico, pero mi vida yo la había entregado hace mucho tiempo. Yo soy, como diría en inglés, "inconsequential", yo no tengo consecuencias, implicaciones. Lo que importa aquí es básicamente el satisfactoryo de Cristo. No se trata de mí.
¿Y Pablo estaba listo para hacer eso? ¿Y su vida y cómo terminó mostró que ciertamente él estaba listo para esa misión? Sí, es C.S. Lewis. Amén, el man. Así es, Lewis le respondía a alguien que decía o preguntaba: "¿Por qué sufren los justos?" Y Lewis decía: "¿Por qué no? Ellos son los únicos que pueden soportarlo. Ellos son los únicos que tienen poder sobrenatural en su interior para vivir a través de esa experiencia. Ellos son los únicos que pueden vivir esa experiencia y al vivirla magnificar a Cristo. Ellos son los únicos que pueden responder al dolor y al sufrimiento de una manera distinta, de tal forma que el mundo sepa que hay un Dios. Ellos son los únicos que pueden reflejar la imagen de Dios y la sumisión hasta el martirio, porque el resto del mundo no tiene esa capacidad." ¿Por qué sufren los justos? ¿Por qué no? Ellos son los únicos que pueden soportarlo.
Lo podemos responder como Oswald Chambers. Escucha sus palabras: "El sufrimiento es el legado del malo, del que se arrepiente y del Hijo de Dios. Cada uno termina en su cruz. El ladrón malo fue crucificado, el ladrón arrepentido fue crucificado y el Hijo de Dios fue crucificado. Por medio de estas señales conocemos la amplia distribución del sufrimiento." El ladrón malo es crucificado, el ladrón que se arrepiente no lo bajan de la cruz, y el Hijo justo tampoco lo bajan de la cruz.
La pregunta no es, hermano, si voy a sufrir. Es cómo yo voy a reaccionar cuando sufra. La pregunta no es si voy a sufrir. La pregunta es: cuando me toca sufrir, ¿si tendré poder sobrenatural en mi interior para sufrir a través de esa experiencia, o si estaré solo en medio del desierto y del dolor, sin poder de arriba? El ladrón malo, el ladrón arrepentido y el Hijo fueron crucificados.
Agustín decía: "Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero no ha tenido ninguno sin sufrimiento." Dios no ha tenido un solo hijo sin sufrimiento. ¿Por qué a mí? Miras la cruz, ¿te miras a ti? Miras la cruz, ¿te miras a ti? Miras la cruz, y luego dices: "¿Por qué no a mí?" Porque si a Él le pasó sin causa, a mí me puede pasar, y probablemente con causa. Yo participo de la raza caída que sufre de enfermedades, deterioros y consecuencias del pecado. Él no. ¿Por qué no a mí? Dios no ha tenido un hijo sin sufrimiento.
Esa es la pregunta, una vez más. No es si quieres sufrir. Es si cuando sufras vas a exaltar a Cristo en tu cuerpo o te vas a quejar. Hay dos opciones: quejar o exaltar. ¿Cuál de ellas? ¿Cuál de ellas más gloriosa? ¿Cuál de ellas la única gloriosa? ¿Cuál de ellas el propósito de mi vida? ¿La queja o la exaltación? ¿De qué manera es Cristo más glorificado, en la queja o en la exaltación de su poder? ¿De qué forma es Cristo mejor visto, mejor revelado? ¿De qué forma puede el inconverso ver el poder, el poder en acción? ¿En medio de la debilidad de la queja, o en medio del poder de la exaltación de su poder, o de la exaltación de su gloria, o de la exaltación de su nombre, o de su causa?
Pastor, todo eso, pero no es fácil. ¿Has pensado por qué para Pablo no solamente era fácil, sino que era natural? A Pablo no lo bajaron del cielo. Pablo era un hombre tan pecaminoso como tú y como yo, y que luchaba en contra de las influencias del pecado en su vida. Pero cuando tú lees sus cartas, cuando tú lees las respuestas que leímos hoy: "Cristo está siendo predicado, pues ya no me importa. Ya sea que lo hagan fingidamente o con sinceridad, si Cristo es predicado, yo me regocijo en eso." ¿Por qué para Pablo es la respuesta natural y para nosotros no?
Bueno, la realidad es que no hacemos, no vivimos, no reaccionamos como Pablo porque nosotros todavía estamos muy centrados en nosotros mismos. Dios nos saca del mundo a la comunidad cristiana, pero una vez yo estoy en la nueva comunidad, yo quiero todavía una parte de esa vida anterior. Y continuamente sigo cuestionando lo que tiene que ver con este lado del reino: "¿Por qué tiene que ser todo esto, todo así y toda esta manera?" Porque yo todavía deseo ser una parte de aquel reino. Estamos demasiado centrados en nosotros.
Nosotros no reaccionamos como Pablo porque nosotros ignoramos, hermanos. Y lo decimos hoy, lo predicamos hoy, y para la próxima semana yo vuelvo y lo olvido, lo que implica que lo seguimos ignorando. ¿Cuánta sangre, cuánto dolor le ha costado a la iglesia de Cristo para llegar hasta este momento en el que tú y yo vivimos cómodamente profesando libremente la fe? A nosotros se nos olvida que la iglesia ha transitado por un camino que ha sido pavimentado con la sangre de los mártires. A nosotros se nos olvida que al día de hoy todavía la iglesia sigue transitando por un camino donde cada tres minutos hay sangre de mártires siendo derramada por la fe cristiana. Imagínate el número que ya murió en el tiempo que yo tengo predicando. Al día de hoy la iglesia sigue montada sobre un camino que sigue siendo pavimentado por la sangre de los mártires, y no va a parar hasta el último día.
En el tiempo de la tribulación hay más sangre derramada por ellos. Y en tercer lugar, nosotros reaccionamos naturalmente como Pablo porque a nosotros nos falta entender el valor del satisfacción con la que vivimos implica que yo no vivo por la causa del Evangelio. Es imposible abrazar su causa, vivir su causa, vivir su propósito y sentirse todavía insatisfecho. Eso no existe en el reino de los cielos.
Por un día, por una semana que estaba insatisfecho, sí, se me olvidó el propósito entonces. Perdí la visión, perdí el centro. Pero di la razón por una semana, por tres días, por tres horas. Así somos. Pero cuando tú vives lo que el apóstol Pablo vivió, la causa del Evangelio, y cuando tú hablas de Cristo, de su cruz, de su historia, de su gloria, de su imagen, de su causa, de su satisfacción con la que vivimos implica que yo no vivo por la causa del Evangelio. Es imposible abrazar su causa, vivir su causa, vivir su propósito y sentirse todavía insatisfecho. Eso no existe en el reino de los cielos.
Por un día, por una semana que estaba insatisfecho, sí, se me olvidó el propósito entonces. Perdí la visión, perdí el centro. Pero di la razón por una semana, por tres días, por tres horas. Así somos. Pero cuando tú vives lo que el apóstol Pablo vivió, la causa del Evangelio, y cuando tú hablas de Cristo, de su cruz, de su historia, de su gloria, de su imagen, de su causa, de su iglesia, por Dios, de sus redimidos, ¡cuánto más los redimidos de Dios!
Amigo, tú realmente amas al hermano con deseo, como lo decíamos el domingo pasado, que tú le echas de menos, tú lo anhelas. Bueno, ¿qué hay en el hermano que no es anhelable? ¿Anhelable es el pastor? No, Cristo murió por ellos. Y tú lo anhelas por el valor que ellos tienen, por la sangre que pagó por ellos. Tú los puedes ver cubiertos de su sangre y decir, hermano, en tu interior, quizá no quiero decirlo, pero decir, hermano, sabes qué, en tu exterior me da trabajo amarte, pero en mi interior yo reconozco la sangre de Cristo sobre ti. Yo te amo. Me abruma tu pecado, hermano. Me abruma cuando haces lo que haces. Me entristece tener que hacer lo que tengo que hacer contigo, hermano. Me entristece disciplinarte. Pero quiero que sepas que a veces, sin que nadie lo sepa, pienso en ti, en tus consecuencias, y lloro por lo que te veo pasar. Tú puedes decir eso, hermano.