Integridad y Sabiduria
Sermones

Traición y perdón

Miguel Núñez 10 agosto, 2014

En la última cena, traición y perdón se sentaron a la misma mesa. Jesús, a menos de veinticuatro horas de ser crucificado, comparte el pan con doce hombres, sabiendo que uno lo venderá, otro lo negará tres veces, y todos lo abandonarán antes del amanecer. Sin embargo, es precisamente en ese contexto donde anuncia el nuevo pacto en su sangre, el perdón de pecados por gracia.

Cuando Jesús declara que uno de los presentes lo entregará, los discípulos responden con humildad inesperada: ninguno se excluye, ninguno señala a Judas. Cada uno pregunta "¿acaso soy yo?", reconociendo en ese momento que quizás son capaces de cosas que jamás imaginaron. La historia bíblica lo confirma: Abraham entregó a su esposa por miedo, David cometió adulterio y asesinato, Pedro juró lealtad absoluta y esa misma noche negó conocer a su maestro. Nuestro orgullo y autosuficiencia nos ciegan a nuestra propia capacidad de caer.

Judas tenía los pies recién lavados por el maestro cuando lo vendió por treinta piezas de plata. Había visto multiplicar los panes, había expulsado demonios, había caminado años junto a Cristo. Quizás se unió al movimiento con motivaciones equivocadas, calculando beneficios en lugar de contar el costo. La diferencia entre un seguidor y un creyente es que el seguidor calcula hasta dónde le conviene llegar; el creyente va hasta el final.

Lo extraordinario de esa noche es que el pacto de gracia fue anunciado frente a traidores, negadores, ambiciosos e incrédulos. No hay pecado que la sangre de Cristo no pueda cubrir. La misma sangre que Judas vendió para condenación eterna, Jesús la derramó para vida eterna.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Marcos 14. Ahí donde estamos, vamos a estar leyendo desde el versículo 12 al 26. Creo que el boletín dice 17-25, que fue mi anuncio inicial, pero vamos a terminar en el 26. Y desde ya yo quisiera ponerlo en el ánimo del texto, de lo que ocurrió aquella noche que vamos a estar leyendo. Y eso es importante, porque dependiendo de cómo yo lea la Palabra, a veces de esa misma manera la Palabra me afecta o no me afecta. La Palabra tiene un poder en sí misma, no hay duda de eso, pero muchas veces nosotros no tenemos la disposición para que el poder que es propio de ella haga aquello que Dios quiere hacer en mí.

Y por eso yo quisiera invitarlos a que desde ya usted pueda tener un espíritu reflexivo acerca de lo que vamos a leer y acerca de lo que vamos a predicar. Porque Jesús estaba a 24 horas de ser crucificado, y aunque los discípulos realmente no conocían esa realidad, lo cierto es que la atmósfera, por cosas que venían pasando —confrontaciones durante las semanas de Jesús con las autoridades, la limpieza del templo—, la atmósfera está cargada. Y esta noche debió haber sido una también un tanto cargada para los discípulos. Y en la medida en que la noche avanza y ellos escuchan cosas que Jesús anunció, yo creo que su corazón debió haberse cargado aún más.

Y por eso entonces yo quisiera invitarlo a que desde ya usted pueda decir: "Voy a cambiar, voy a poner en modo reflexivo, yo le voy a pedir a Dios que me ayude a meditar y rumiar con él las verdades que vamos a leer y vamos a exponer." Y con eso entonces nos vamos a Marcos 14:12.

"El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero de la satisfactorios, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la satisfactorios? Y envió a dos de sus discípulos y les dijo: Id a la ciudad, y allí os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y donde él entre, decid al dueño de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está mi habitación en la que pueda comer la satisfactorios con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto, amueblado y preparado. Haced los preparativos para nosotros allí. Salieron pues los discípulos y llegaron a la ciudad, y encontraron todo tal como él les había dicho, y prepararon la satisfactorios. A la tarde llegó él con los doce, y estando sentados a la mesa comiendo, Jesús dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo. Ellos comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo? Y él les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del Hombre se va, tal y como está escrito de él, pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido. Mientras comían, tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió y se lo dio a ellos, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando una copa, después de dar gracias, se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios. Después de cantar un himno, salieron para el Monte de los Olivos."

Imagina aquella noche, alrededor de aquella mesa, con estas palabras que acaban de ser pronunciadas. Imagina lo tenso del ambiente, lo confuso, lo perplejo. Un traidor está aquí, está en la mesa. ¿Quién es?

Marcos comienza una vez más colocándonos en el tiempo y nos dice que esto ocurrió el primer día de la fiesta de los panes sin levadura. Y ha habido una controversia aquí; no voy a entrar porque me desviaría un poco al dar los detalles de si este primer día de los panes sin levadura era jueves o era viernes, y era el 14 de Nisán o el 15 de Nisán. Te acuerdas, la cronología que venimos siguiendo en Marcos: esto debe haber sido jueves 14 de Nisán, un día de abril. Ellos están ahí en el aposento alto y ellos están a punto de celebrar una cena que sería actuada, por así decirlo, al día siguiente. Los judíos contaban los días desde la caída del sol hasta la próxima caída del sol, de manera que estamos hablando de jueves a la tarde, sería prima noche como le decimos nosotros.

Y quizás los discípulos están un poco preocupados porque llegaron a jueves, ellos no han preparado nada, ellos no saben de los planes del Mesías. Y entonces se acercan y le dicen a Jesús: "Maestro, ¿dónde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la pascua?" La cena de la pascua tenía preparativos especiales, tenía alimentos especiales, tenía disposición del salón, del comedor, de manera especial. De manera que alguien tenía que encargarse de hacer esto, y ya es jueves, y en la noche vamos a estar comiendo. Y ellos no sabían que en realidad Cristo había de alguna manera prearreglado o prehecho los preparativos para esta noche.

Y entonces él da las instrucciones, y dice el texto que envió a dos de sus discípulos y les dijo: "Id a la ciudad, y allí os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y donde él entre, decid al dueño de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está mi habitación en la que pueda comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto" —no pequeño, un gran aposento alto— "amueblado y preparado. Haced los preparativos para nosotros allí."

Jesús instruye a dos de sus discípulos, y Lucas nos dice en el pasaje paralelo que eran Pedro y Juan, a que vayan a la ciudad. Tenían que ir a la ciudad porque presumiblemente ellos se habían estado quedando en Betania toda la semana, viajando a Jerusalén todos los días, regresando a Betania a pasar la noche, a dos millas más o menos de distancia. La cena de la pascua tenía que ser comida en Jerusalén por disposición de la ley, de manera que Betania no es un buen lugar.

"Vayan a la ciudad, y cuando lleguen a la ciudad ustedes van a encontrar en primer lugar a un hombre con un cántaro de agua." Usted pudiera preguntarse: "Bueno, ¿por cuánta gente tendría un cántaro de agua?" Bueno, la realidad es que solamente las mujeres cargaban agua en esa época, de tal forma que un hombre con cántaro de agua sería fácilmente de identificar. Y eso le dice: cuando lo vean, lo siguen; él va a llegar a una casa. Con llegar a esa casa, pregunten por el dueño, y cuando le muestren el dueño, le van a dar su password, su contraseña. Esto es lo que le van a decir al dueño: "¿Dónde está mi habitación en la que pueda comer la pascua con mis discípulos?"

El dueño inmediatamente iba a saber de qué se trataba. En Jerusalén muchas de las casas, algunas de las casas, tenían habitaciones extras, y estas habitaciones extras se suponía que pudieran ser o debieran ser dispuestas para los visitantes en fiestas especiales, y la pascua es una de ellas. De tal forma que parece ser que este era alguien de buena posición que tenía no solamente un aposento extra, sino que dice que era un gran aposento, de buen tamaño. Y ese iba a ser el lugar donde Jesús había prearreglado, preacordado con alguien, que la última cena se llevaría a cabo.

Es un lugar para huéspedes, y ellos eran los huéspedes de esa noche. El aposento iba a estar amueblado y preparado, porque aquella cena, si iba a ser como yo acostumbraba a serlo, en el piso recostado, se necesitaba una alfombra, cojines, en algunos casos incluso cierto tipo de sofá bajito donde ellos se recostaban para comer. Y la cena, evidentemente, o la habitación, estaba completamente arreglada. Esto requirió una conversación previa de Jesús con alguien que no he identificado en los evangelios.

Lo importante de esto, que Jesús le revela que va a encontrar a este hombre cargando agua y el aposento listo, es porque cuando yo mire hacia atrás y descubra entonces que realmente lo que iba a pasar el día siguiente, notamos a Jesús por sorpresa, esto no tomó a Jesús desprevenido. Esto es algo arreglado por Dios providencialmente. Cada detalle de cada cosa había sido ya previsto, que así sería, y ocurriría, y mostraría el hecho de que Jesús permaneció en control de los hechos todo el tiempo. Aquí no hay sorpresas, aquí no hay nada que estuviera surgiendo de manera imprevista. Providencialmente arreglado.

Y ahora ellos están listos para ir a Jerusalén. Salieron pues los discípulos y llegaron a la ciudad, y encontraron todo tal como les había dicho, y prepararon la Pascua. La semana pasada estuvimos hablando un poco acerca de cuándo se instituye la Pascua, pero ahora que la Pascua está siendo celebrada cada año, para que puedan situarse en el ánimo de la noche, la Pascua, la cena de la Pascua, iba a consistir en algunos elementos. Habría pan sin levadura, habría vino y agua, habría hierbas amargas, habría la carne del cordero propiamente dicha, y cada una de esas cosas tenía un simbolismo.

El pan sin levadura refrescaría la memoria de aquella noche cuando ellos salieron de Egipto, donde comieron la primera Pascua a la carrera, porque tendrían que salir rápidamente para el desierto. Y como el pan con levadura hay que esperar que suba, y ellos no tenían tiempo para esperar, esa noche se comió pan sin levadura, y ellos continuarían haciendo eso por el resto de sus celebraciones cada año para el tiempo de la Pascua. El vino era usado para bendecir y dar gracias a Dios por las diferentes bondades de las estaciones. Las hierbas amargas recordarían el trabajo, el sacrificio que ellos pasaron como esclavos en Egipto. Y la sangre del cordero, básicamente les recordaba la sangre, o la carne les recordaría aquel día cuando ellos sacrificaron un cordero y tomaron la sangre y la pusieron sobre los dinteles, para que el ángel de la muerte reconociera la casa que estaba siendo protegida por Dios, y que el primogénito de esa casa no sufriera la misma suerte que los primogénitos de los egipcios.

De manera que la cena tenía todo un simbolismo. Y de hecho, en algún momento, el miembro más joven de la casa haría una pregunta a la cabeza de la casa y le diría: "¿Por qué estamos celebrando nosotros esta cena?" Y el padre, cabeza de familia, respondería entonces conforme a lo que fue la primera Pascua, celebrando la liberación del pueblo de Egipto y todo lo demás. Y así sucesivamente, había varias preguntas a lo largo de la cena. En este caso no había niños en la casa, fue una cena especial, y quizás estas preguntas no se dieron, pero otras oraciones y demás con toda probabilidad sí ocurrieron. Y por eso yo me estoy tomando el tiempo, antes de llegar a la parte que queremos ver con más detalle, de describir esa noche: qué más pasó probablemente que no está aquí descrito.

La cabeza de la casa, en este caso el Maestro, comenzaría la noche. Y él comenzaría la noche diciendo algo como esto: tendría pan en la mano, cortaría un pedazo de pan y diría: "Bendito seas Tú, Soberano del mundo, que nos das el pan de la tierra." Los presentes entonces estaban supuestos a decir "amén." Él partía un pedazo de pan y lo pasaba a cada uno hasta que todos los que estaban sentados a la mesa recibieran pan. Esa cena estaba dividida en cuatro partes, y cada parte terminaba con una copa de vino mezclada con agua. Era la tradición.

Y luego entonces, de comer la carne del cordero, que era el plato principal, la cabeza de familia decía lo siguiente: "Dad gracias a nuestro Dios, a quien le pertenece lo que hemos comido." Y los presentes respondían: "Alabado sea Dios por la comida que hemos recibido." En ese momento, ya habiendo tomado y comido el principal plato de la mesa, entonces la cabeza de familia tomaba la tercera copa de vino con su mano derecha para dar gracias a Dios por todo lo que Dios representaba. Y mirando hacia el futuro, pronunciaba esta oración: "Que el Todo Misericordioso nos haga dignos de los días del Mesías..." Excepto que ahora es el Mesías que está hablando. "...y de la vida en el mundo venidero. Él trae la salvación de su Rey, Él muestra fidelidad al pacto asumido a David y a sus descendientes para siempre. Él hace la paz en los lugares celestiales. Que Él garantice la paz para nosotros y para Israel, y digan ustedes amén."

Y así terminaba esa oración. Pero en esta ocasión es el Mesías que está hablando de Él mismo. Él hace la paz. Que Dios nos haga dignos de los días del Mesías, de mis días. Y es el mismo Jesús que está haciendo esto. Y en ese momento se cantaba la primera parte de lo que se conocía como el Hallel, o los Salmos 113 al 115. Y eso era una tradición año tras año que se repetía.

Eso es lo que ellos llegan a hacer. El versículo 17: para celebrar justamente eso. Y Él llega con los doce. Versículo 18: y estando sentados a la mesa comiendo, todo esto que yo he estado describiendo, Jesús dijo: "En verdad os digo que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo."

Imagina lo que esas palabras debieron de haber hecho ese día. Jesús llega con los doce a la tarde ser. La cena se prolongaba hasta medianoche. En algún momento comenzó la cena, y en medio de la cena Jesús se detiene. Tú tienes que imaginarte su rostro. No puedo leer estas palabras, es decir, así. Yo sé que esa fue la tradición. Juan nos dice que Jesús estaba angustiado en espíritu, de manera que tú tienes que imaginarte a un Mesías que tiene angustia en su rostro. Y angustiado en espíritu dice: "En verdad os digo..." Imaginémonos su mirada recorriendo el rostro de cada uno de ellos: "...que uno de vosotros me entregará." Y de repente Él reduce el círculo de posibilidad, es decir: "El que come conmigo." Está aquí. Él está oyendo estas palabras. "Uno de vosotros me entregará."

Imagina lo que eso debe haber producido en la mente de los discípulos, en el corazón de ellos. Juan dice en el capítulo 13 que ellos estaban perplejos, y nos dice también que Jesús estaba angustiado. Imagínate esos rostros ahora: unos perplejos y Jesús angustiado, con un anuncio que ellos no saben qué hacer con él. Marcos nos dice que ellos comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: "¿Acaso soy yo?"

No sabemos qué hizo que ellos se embargaran de tristeza. Pero por un lado, si bien es cierto que ellos no amaron a Jesús perfectamente, después de dos o tres años caminando con Él, ellos amaban a su Maestro. Y oír a su Maestro amado decir que uno le iba a traicionar, yo creo que eso debió haberlos llenado de tristeza. O quizás fue el hecho de que, como ellos realmente en el fondo no se veían como un traicionero, quizás los llenó de tristeza el hecho de que el Maestro pensara que ellos fueran capaces de algo como eso. O quizás los llenó de tristeza el hecho de que esta es una noche especial, esta es una noche de celebración, de algarabía, de gozo, de celebrar la liberación de Dios del pueblo judío que salía de Egipto. ¿Por qué el Maestro no puede esperar hasta mañana, o hasta que pasara la fiesta de la Pascua y de los panes sin levadura, para dar una noticia como esta? ¿Por qué ahora?

Pero en medio de su perplejidad, de su confusión, de su tristeza, su respuesta inicial fue una de humildad: nadie se excluyó.

¿Acaso soy yo? No te puedes imaginar esto como que cada cual dijo "soy yo, soy yo, soy yo". Yo creo que hay pausas entre uno y otro: "Maestro, ¿acaso soy yo? Maestro, ¿yo?" Nadie se excluye. En este momento cada cual se ve como un potencial traicionero. Nadie está pensando y diciendo: "Es Judas, seguro, porque le gusta el dinero. Él es el tesorero, el que pedía su posición". Entre ellos y Judas no ha habido diferencia. "Judas y yo nos hemos comportado igual, ¿cómo voy a hacer la diferencia? Quizás se está hablando de mí".

Y cuando el Maestro hace ese anuncio, ese anuncio era importante, sobre todo cuando ellos miraron, o mirarían hacia atrás, porque una vez más el Maestro está dejando ver: "Esto no es nuevo. Yo no me enteré de esto antes de ayer. Yo no me enteré de esto hace un año. Esto está profetizado por cientos de años". Uno de los Salmos nos dice, en el 41:9: "Aun mi íntimo amigo en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, contra mí ha levantado su calcañar". Antes de que ocurra, yo quiero que ustedes sepan: yo sé lo que va a ocurrir. Esto ha sido providencialmente orquestado de parte de mi Padre y yo solamente estoy a punto de hacer una buena obra que Él ha preparado de antemano para que yo camine en ella. Aquí no hay sorpresas. Nada me está tomando desprevenido. No hay imprevistos, ni con relación al hombre que cargaba el agua, ni con relación al dueño de la casa que tenía el aposento alto preparado, ni con relación al traidor. De hecho, cuando yo lo escogí, yo sabía quién era.

Eso es lo que Juan 6:70 nos revela. Jesús les respondió: "¿No os escogí yo a vosotros los doce, y sin embargo uno de vosotros es un diablo?" La traición ocurre con pleno conocimiento del Mesías de quién este Judas era. Cada movimiento de los apóstoles, cada movimiento de un Pilato, de un Herodes, cada movimiento de cada ser humano ha sido providencialmente orquestado por nuestro Dios para conseguir sus propósitos.

Y si hay un pasaje, de sello del mensaje anterior, si hay un pasaje que claramente muestra la interrelación entre lo que es la soberanía de Dios y la responsabilidad humana, es este. Judas es un traidor. Judas es un traidor desde que Cristo lo eligió, pero Dios no hizo a Judas un traidor. Judas hace su elección de vender al Mesías. Judas es culpable. Judas es el culpable de la sangre de Cristo. Judas ha pensado y ha tomado una decisión propia, pero todo el tiempo bajo la orquestación providencial de nuestro Dios. Pero Judas responsable, no Dios. Y ahí tú puedes ver cómo esas dos cosas interactúan de una manera que solamente Dios puede entender, pero lo cierto es que no hay ningún movimiento en la creación de Dios imprevisto para Dios. Dos pajarillos no caen al suelo sin su consentimiento; mucho menos un Mesías se cuelga en un madero sin el consentimiento de Dios. Cristo fue al madero con previo conocimiento de algo que había sido arreglado entre Él y su Padre: la providencia de Dios.

"¿Acaso soy yo?" Es su respuesta. Dice en el versículo 23: "El que moja conmigo en el plato". Cuando tú lees el pasaje paralelo en Juan, la tradición era que tú sentabas a tu mano derecha y a tu mano izquierda a quien tú querías honrar, pero sobre todo a la mano izquierda. Juan está a la mano derecha. Cuando tú comparas los evangelios, Judas está a la mano izquierda. Y Cristo moja el pan y se lo pasa a Judas, y en ese momento Satanás entró en él.

Pero escucha, en el versículo 17 del texto de hoy, el texto nos dice que a la tarde se llegó Él con sus discípulos. El próximo versículo dice que ya estaban sentados a la mesa. Entre el 17 y el 18, cuando tú lees a Juan, han ocurrido cosas. Ha habido un lavado de pies entre el versículo 17 y el 18 de Marcos que Marcos no revela. Cristo ha estado frente a Judas, presumiblemente, porque no creo que excluyó a Judas del lavado de los pies. Imagínate a Judas, taquicárdico, sudoroso, con Cristo a sus pies, a quien él va a vender, a quien él va a traicionar esa misma noche, y ahí Cristo lavándole los pies. Imagínate cuando Cristo vio a sus ojos y estos dos pares de ojos se cruzaron. Y ahora, sentado a la mesa, está Judas con sus pies lavados, el Maestro angustiado, los apóstoles perplejos. ¿Seré yo?

Yo creo que pronto los discípulos iban a aprender que ellos eran capaces de hacer cosas que jamás pensaron. Yo creo que este es un buen momento para nosotros detenernos y pensar. Si tú revisas la historia bíblica, tú te vas a encontrar con que en un momento dado Abraham le dice a su esposa que se haga pasar por su hermana, temiendo que él perdiera la vida, y le entrega a su esposa al rey Abimelec. Y el rey Abimelec va a tener relaciones sexuales con la esposa de Abraham, entregada por Abraham a través de una mentira, hasta que Dios le revela a este rey en su sueño y se lo impide. Yo creo que cuando Abraham miró hacia atrás y se dio cuenta de lo que él fue capaz de hacer, al mentir y al entregar a su esposa para que otro hombre tuviese relaciones con ella, yo creo que él se quedó con la boca abierta y descubrió de qué cosas él era capaz de hacer.

Yo creo que Moisés jamás pensó que él sería capaz, en un arranque de ira, de tomar las dos tablas donde Dios había escrito los diez mandamientos con su propio dedo y en ese arranque de ira romper ambas tablas. Yo no creo que él se pensó capaz, ni siquiera tampoco, de hacer aquello que hizo que le impidió entrar a la tierra prometida: de hablarle al pueblo como lo hizo, y de darle a esa roca, y de hablar de que "nosotros te daremos agua", y de no poder entrar entonces, después de esa conversación, a la tierra prometida. Yo creo que cuando él miró para atrás y descubrió que él hizo lo que hizo, él se quedó pasmado.

Yo no creo que el hombre conforme al corazón de Dios jamás pensó que, teniendo un corazón de ese tipo, él sería capaz de cometer adulterio con Betsabé y luego mandar a matar al marido de Betsabé, llevarse la mujer a su casa para ocultarlo. Y que cuando Natán llegara a confrontarlo, él no tuviera la menor idea de quién Natán estaba hablando cuando le dijo que en el pueblo había un hombre que tenía muchas ovejas, y le llegó un visitante, y entonces había otro hombre en el pueblo que tenía una sola oveja. Y había que darle de comer al visitante, y entonces este hombre con tantas ovejas, en vez de tomar una de sus ovejas, mandó a matar la única oveja que este hombre tenía. Y cuando David se aíra, se enciende en ira, Natán le dice: "David, ese eres tú". Yo creo que cuando él miró hacia atrás y descubrió las cosas que él fue capaz de hacer, yo creo que él se quedó mudo.

Ciertamente Pedro no pensó jamás que él podría negar al Maestro. De hecho, después de esta primera pregunta humilde, "¿acaso soy yo?", Pedro tiene una respuesta no tan humilde que Lucas nos revela en 22:33, y dice: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel como hasta la muerte. Aunque todos estos te nieguen, yo jamás te negaré, Señor". Y al otro día, frente a una criada, Pedro dice: "Yo no conozco a ese hombre. Yo no conozco a ese hombre. ¡Maldita sea, yo no conozco a ese hombre!"

¿Cuándo fue la última vez que tú fuiste sorprendido por ti mismo haciendo algo que no te creías capaz de hacer? Nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia, nuestra autojusticia frecuente nos lleva a pensar que nosotros no somos capaces de hacer cosas que somos capaces de hacer. De ahí la advertencia de Pablo en 1 Corintios 10:12: "Aquel que se crea firme, cuídese de que no caiga". Nosotros minimizamos nuestras debilidades, nosotros amplificamos nuestras fortalezas, nosotros nos volvemos ciegos a nuestros pecados. Y en ese juego y en esa interacción de cosas, entre mi orgullo, mi autojusticia, mi autojustificación, la magnificación de mis fortalezas, la minimización de mis debilidades, a veces terminamos haciendo cosas que no nos creíamos capaces de hacer.

Y Dios lo permite. A veces Dios permite esas caídas que tenemos, como permitió la de Pedro, por ejemplo, porque hay propósitos en ellas. Y uno de ellos es justamente el humillarnos, antes de que nosotros nos crezcamos más allá de lo crecidos que ya pudiéramos haber estado. Dios le dice al pueblo judío por eso: "Te saqué al desierto para humillarte, para probarte y para saber lo que había en tu corazón". Y muchos de nuestros desiertos tienen exactamente los mismos propósitos. Yo estoy ahí para humillarme, para probarme y para saber lo que hay en mi corazón. Dios no disfruta ayudándome a ver mi pecado, pero Dios disfruta creando su imagen en mí. Y esa imagen no se puede formar hasta que yo no vea lo que hay en mi corazón.

Otras veces Dios permite estas caídas para que yo deje de acusar al otro, a quienes considero capaces de hacer cosas que yo no sería jamás capaz de hacer. Otras veces Dios lo hace precisamente porque en la caída yo resulto roto, en pedazos, y entonces Dios puede comenzar a trabajar conmigo de nuevo, como el ejemplo que le dio a Jeremías cuando lo manda a ir a la casa del alfarero. Y el alfarero está haciendo esta vasija de barro y luego la aplasta y comienza a fabricar otra de nuevo. A veces eso es exactamente lo que Dios necesita hacer contigo y conmigo.

Otras veces Dios permite estas cosas porque hay un espíritu de legalismo en nosotros, y ese espíritu de legalismo se considera mejor que otros, se considera superior espiritualmente que otros, se considera más avanzado que otros, y en eso condena al otro con frecuencia. Y Dios tiene que ayudarme a ver, a través de la caída, que yo soy capaz de hacer eso y más muchas veces. Y en la medida en que tú creces en gracia, puedo decir por mi propia experiencia, por mi propio estudio de la Palabra, nosotros vamos a entender cada vez mejor de lo que somos capaces de hacer.

Los discípulos, en el fondo, en el fondo, no creían, no se creían capaces de traicionar a Jesús de la manera como Judas lo hizo y de la manera como ellos lo hicieron al abandonarlo, porque todos lo abandonarían. Judas está a punto de cometer una traición grave, pero yo no puedo olvidar que Judas ha estado en la barca con Jesús múltiples veces. Judas ha visto multiplicar los panes.

Judas salió en una ocasión, por lo menos en una ocasión registrada, en un equipo de dos en dos, y estaba haciendo milagros y expulsando demonios con esos equipos. Judas acaba de tener sus pies lavados por el Maestro, y esa es la persona con pies lavados que traiciona al Maestro. ¿Cómo puede decir una canción de Michael Card? ¿Por qué tenía que ser un amigo que traiciona a un amigo? Ciertamente el enemigo no te puede traicionar; la traición implica un grado de amistad y de intimidad. ¿Por qué tenía que ser un amigo de los más cercanos? ¿Y por qué tenían que ser los otros once más cercanos los que le abandonarían al día siguiente?

La misma noche, un poco más tarde, avanzadas las horas en el huerto de Getsemaní, cuando aprenden al Maestro, los otros once desaparecían corriendo. Cuando el espíritu de Pedro incluso había dicho: "Señor, yo estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel como hasta la muerte". ¿Qué ves ahí?

El Señor me dijo "todo eso continúe". Dice: "Porque el Hijo del Hombre se va tal y como está escrito de él". Otra vez, no hay sorpresas aquí. El Hijo del Hombre va a continuar un curso de aquí a mañana en la noche, pero él va a ir exactamente como ha sido dispuesto, como ha sido escrito, como ha sido declarado. Lean ahí Isaías 53; está todo descrito de qué manera yo sufriría. Esto no es un accidente; esto es la providencia de Dios que ha orquestado aquello que ha sido profetizado cientos de años atrás.

De aquí hay un hombre que es responsable de sus hechos. Él no es un robot. Yo no he puesto pecado en su corazón; mi Padre no ha puesto mala intención en su corazón. Pero él es el seleccionado, aun cuando yo hice la elección de los doce; él es el seleccionado para esta acción.

Y si las palabras anteriores fueron pesadas cuando Jesús hace el anuncio de que uno de los que estaba sentado alrededor de él lo traicionaría, las que siguen son más pesadas todavía, sobre todo después que cada uno de ellos preguntó: "¿Acaso soy yo?". Escucha estas palabras de Jesús: "Pero ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado; mejor le fuera a ese hombre no haber nacido".

Cuando Dios dice eso de ti, eso es pesado. Quizás yo pueda decirlo de mí en un momento dado de desesperación, de dolor, como lo dijo Jeremías. Jeremías pronunció algo similar. Pero una cosa es que tú lo digas de ti mismo, y otra cosa es que Dios anuncie que para ti hubiese sido mejor no haber nacido. Es serio.

Y yo creo que cuando Judas entonces, al otro día, va a ir a ahorcarse y se cuelga de una rama para ahorcarse, y la rama se rompe, y su cuerpo cae al suelo como revela uno de los evangelios, y su cuerpo se explota, yo creo que todo eso estaba apuntando a cuál sería la suerte de Judas de aquel lado de la eternidad. Mejor le hubiese sido que él jamás hubiese nacido.

¿Qué hace que Judas traicionara a Jesús? No sabemos, pero quizás Judas se unió a este movimiento con las motivaciones equivocadas. Quizás Judas pensó que esto sería una manera de ascender al poder. No sabemos, pero quizás Judas pensó que unirse a un movimiento podía darle fama, nombre, prestigio, significado, propósito. No sabemos. Quizás Judas pensó que este movimiento podía garantizarle ciertos ingresos. El texto no nos dice, pero todo eso es posible.

Y quizás hay un momento en la vida del ministerio de Jesús en que Judas comienza a percatarse: "Estas cosas no son las que yo pensaba. Esto no va en la dirección que yo creía". Y él comienza a desilusionarse quizás con la misión. Es posible que eso haya pasado.

Pero lo increíble de Judas es que Judas no simplemente se desilusiona con la misión y abandona al Maestro, lo cual otros ya habían hecho. En Juan 6:66 se nos da a hablar de ese grupo de discípulos que en un momento dado se desilusionaron y abandonaron al Maestro. Esto no es lo que él hace. Una cosa es abandonar al Maestro y otra cosa es traicionar al Maestro. Venderlo.

De tal forma que yo no creo que Judas está simplemente decepcionado; yo creo que Judas está airado, porque esto es como vengativo. "No me has dado lo que yo quiero, yo te voy a vender, vamos a terminar con esto". Eso es como pudiera parecer, por lo menos en la superficie.

O quizás Judas ha calculado el precio y determinó que él pagaría hasta una raya, hasta una línea, pero ya se ha llegado a la línea y "yo no voy a cruzar esa línea". En ese momento lo abandona a Jesús.

Yo creo que a lo largo de la historia de la iglesia eso ha pasado muchas veces. Yo creo que hay gente que ha ingresado a las filas de la familia de Dios, del cristianismo, con motivaciones erradas. Y al ingresar tienen un cálculo en su mente, en su corazón, que ha sido hecho más subconsciente que consciente, de hasta dónde ellos llegarían en su compromiso con la causa de Cristo. Y si se llega a esa línea donde ellos han trazado en la arena, ellos más allá no van a llegar, y en ese momento entonces deciden más bien alejarse.

Pero es algo que yo he observado muchas veces: con cierta frecuencia, como esas personas han sido expuestas a las bondades de Cristo muchas veces, al alejarse de Cristo no terminan hablando mal de Cristo, porque ellos han experimentado sus bondades, pero terminan hablando mal de la iglesia de Cristo, de la novia de Cristo, porque eso justificaría mi alejamiento de la novia, cuando en realidad es un alejamiento del novio.

Judas quizás era un seguidor de Cristo, pero no un creyente en Cristo. El seguidor calcula sus beneficios; el creyente está dispuesto a pagar su precio. El seguidor sigue hasta que le convenga; el creyente sigue hasta el final. El seguidor tiene un compromiso y paga un precio hasta donde él entiende que debe pagar; el creyente va hasta el final. Quizás descubre que hay un precio más alto del que él había calculado, pero como es un verdadero creyente, él termina pagando el precio que no calculó en primer lugar. Quizás eso es lo que tenemos en Judas, en el traidor.

Y en esta noche nosotros tenemos a la traición y el perdón sentados a la misma mesa. Sí, es el título de mi mensaje: traición y perdón en una misma mesa, sentados en un mismo lugar. Y es en medio de esta traición que Jesús anuncia el pacto de gracia que traería el perdón.

Escuchen el versículo 22: "Y mientras comían, tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: 'Tomad, esto es mi cuerpo'. Y tomando una copa, después de dar gracias, se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. Y les dijo: 'Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos'".

James Edwards, en su comentario al Evangelio de Marcos, dice que cuando Cristo estaba hablando esa noche, con toda probabilidad estaba hablando en arameo, y que cuando él dijo "esto es mi cuerpo", lo más probable es que él estaba queriendo decir: "Esto es mi persona, todo mi ser, todo lo que yo represento, yo mismo". Esta noche yo me estoy dando incondicionalmente y sin reserva a ustedes, y eventualmente a todos nosotros. Esta es mi persona, esto es todo mi ser, esto es lo que representa mi cuerpo.

Y luego entonces toma una copa, como vemos en el versículo 23, que todo el mundo, casi todo el mundo, concuerda que debía haber sido la tercera copa de la noche, porque en el 22 se dice que ya ellos estaban comiendo, y la tercera copa se tomaba después de haber comido. De manera que si en el 22 están comiendo y en el 23 se tiene una copa, esta debía haber sido la tercera copa de la noche, que era una copa que usualmente se usaba para dar gracias a Dios, tomada en la mano derecha y levantada en representación del grupo. Y es con esa tercera copa que Jesús hace anuncio del nuevo pacto en su sangre.

A partir de ese momento ya no habría necesidad de la sangre de machos cabríos, de la sangre de corderos y de carneros, sangre que fue sacrificada y ofrecida por cientos de años pero que jamás pudo calmar la conciencia del pecador, hasta que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo fue y se colgó en un madero en el Gólgota. Y entonces, a través de su sangre, yo puedo tener descargada mi conciencia y limpia mi culpa. Eso es lo que Cristo está a punto de hacer. Y la copa, el pan y la copa anticipan el perdón de pecados por su gracia en la cruz, que él iría a efectuar el próximo día. Esa noche Jesús la anuncia.

Pero tú no puedes perder de vista a quién él tiene en la mesa, a quién él tiene en la mesa como testigos oculares de un pacto de perdón y de gracia. Porque en esa mesa está Judas, el traidor. Está Pedro, el negador, el que lo negó tres veces. Ahí está Juan y Jacobo, los hijos del trueno con ansias de poder, que esa misma noche le pidieron que los dejara sentar a mano derecha y a mano izquierda cuando viniera en su reino. Yo no sé qué tan sano sea eso. Ahí está Natanael, un prejuiciado al principio; no sabemos si cambió a lo largo del camino. Ahí está Felipe, que después de tener mucho tiempo caminando con el Mesías, le dice que realmente a quien él quiere ver es al Padre. Jesús le dice: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre". Ahí está Simón el zelote, un guerrillero, un revolucionario. Está Tomás, el incrédulo.

Si realmente hay una escena que muestra que es un pacto de gracia, esta es la escena. Esto es un pacto de gracia que está siendo anunciado e inaugurado en frente de los individuos que yo acabo de mencionarte, y de un recaudador de impuestos que nadie quería saber de ellos, hombres verdaderamente pecadores para la comunidad, a quienes Jesús amó hasta el fin. Hasta el fin de sus incapacidades, hasta el fin de su pecaminosidad, hasta el fin de su tiempo. Hasta el final, donde Jesús mostró que el abandono de los discípulos para con el Mesías no produjo el abandono del Maestro para con sus discípulos. Una cosa no negó la otra.

Y es al final de la noche entonces que Jesús dice: "En verdad os digo, ya no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios".

William Lane, realmente, en su comentario dice que es poca especulación pero tiene cierto sentido. Dice que él cree que Jesús hace el anuncio con la tercera copa y se abstiene de la cuarta copa, y que al abstenerse de la cuarta copa, lo que él estaba haciendo era dejando abierta esta última cena para celebrarla finalmente y cerrarla en la consumación de los tiempos en la gran cena del Cordero. Con cada una de las copas había frases que se pronunciaban, que venían del libro de Éxodo, de los capítulos 6, del versículo 6 y 7, y la frase que iría con la cuarta copa sería: "Y os tomaré por pueblo mío y yo seré vuestro Dios." Buena cosa para ser dicha en la consumación de los tiempos, si realmente va a ser de esa manera.

"En verdad yo digo, ya no beberé." Esta es la última vez, este es el anuncio de que yo no voy a tener más cena de paz con ustedes. Eso debió haberlos también entristecido de sobremanera porque él les está anunciando, dice, ya esto terminó aquí, no hay más cena de paz. Y con eso cantan un himno y se van al Monte de los Olivos. Posiblemente lo que cantaron era la segunda parte del Hallel, que implicaba los Salmos 115 al 118.

Es una noche de traición y perdón sentados en la misma mesa. Pero es una noche que nos deja enseñanzas. Hemos hablado de varias, pero yo quisiera, al concluir, poder resumir algunas de estas cosas que esta noche nos deja claramente.

La primera es que no hay pecado, no hay pecado que la sangre de Cristo no pueda limpiar o cubrir. La negación de Pedro cubierta, la incredulidad de Tomás cubierta, el espíritu rebelde de Simón el Zelote cubierto, las ansias de poder de Juan y Jacobo cubiertas. No hay pecado que la sangre de Cristo no pueda cubrir.

Número dos, que cada uno de nosotros somos capaces de hacer cosas que nosotros hoy pensamos que no seríamos capaces de hacer. Hoy en nuestro orgullo pensamos en nuestra autosuficiencia, y de no cambiar, un día Dios tendrá que permitir que ocurra para ver lo que hay en mi corazón.

Número tres, que ciertamente es la gracia de Jesús que nos mantiene en el camino. No es tanto que yo persevero, es que yo soy preservado por su gracia. Es lo que nos mantiene en el camino. Esta noche es una evidencia de eso. Los once abandonaron a Jesús y por su gracia los hizo regresar. Si su gracia no va atrás de ellos, se quedan lejos de Jesús, desilusionados también.

Número cuatro, que Dios conoce de antemano de qué manera yo le he negado o le negaré en el futuro. Cuando pecamos le negamos a nuestra manera, y a pesar de nuestra negación él nos ama hasta el fin. Cuando yo puedo aquilatar el valor de esa fidelidad hasta el final, entonces yo puedo volver a cantar esa última canción que cantamos y decir que es un gozo honrarte. ¿Cómo me diría? Es un gozo obedecerte, porque yo he podido ver hasta dónde me has amado.

Esa noche, Judas está vendiendo la sangre de Cristo por treinta piezas de plata. Jesús está derramando su sangre. Judas la está vendiendo para condenación eterna. Jesús la está derramando para vida eterna. Una gran paradoja sentados ahí en la misma mesa. Uno vende la sangre para condenación eterna y la misma sangre vendida por Judas es la sangre que trae vida eterna a otros. La paradoja de los hechos.

Yo tengo que preguntar ahora. Quedamos al principio que vamos a tener un espíritu de reflexión. Yo quiero cerrar reflexionando, cada uno de nosotros reflexionando: ¿dónde estás tú alrededor de esta mesa? Quizás estás con perdón de pecados dentro del reino, siendo muy bien un hijo habiendo sido un enemigo. Y si es así, pídele a Dios al final de este servicio que Dios te pueda dar un sentido de agradecimiento mucho mayor que el que hasta ahora has tenido por justamente lo que esta noche anunció y que ya son realidad en tu vida.

Pero quizás a través de la misma oración que estábamos haciendo, donde le pedíamos a Dios que levantara el velo, que abriera el corazón como abrió el corazón de Lidia, de aquellos que todavía no habían creído, quizás a lo largo de la exposición Dios en su misericordia hizo eso. Y por su gracia, a algunos les iluminó el entendimiento y pudieron ver su condición fuera del reino, de no conversión, de no regeneración, y al final ahora entonces han recibido por parte del mismo Espíritu que abre el corazón convicción de pecado. Han podido ver su interior y a la vez han podido ver y aquilatar la gracia de Dios que es mayor que su pecado, y quisieran tener el pecado perdonado por la sangre de Cristo derramada y la gracia de Dios sobre su vida.

Quizás es algo que Dios está haciendo en este momento en la vida de algunos, y si es el caso, tú tendrías convicción de pecado, deseo de verte perdonado por la sangre de Cristo, convicción de que es lo único que te puede perdonar y limpiar de tu iniquidad, y a la vez un gran gozo de poder entregar tu vida finalmente a Cristo y recibir la suya para vida eterna. Reconociendo que Cristo fue y se colgó a un madero para darte vida, y te la ofrece hoy. Si Dios ha hecho eso en tu vida en esta mañana y tú tienes esa convicción de pecado y a la vez deseo de ser perdonado de tu pecado.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de Internet: www.integridad y sabiduría.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de Internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.