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Nuestro siguiente servicio será realizado sin público presente. Damos gracias al Señor por la oportunidad que nos da de estar unidos como iglesia en oración y adoración, aún desde nuestros hogares, en la intimidad familiar. Recordemos que la iglesia no es un edificio; somos cada uno de nosotros, en quienes mora la presencia del Espíritu Santo. Es nuestra oración que el Señor siga obrando en nuestras vidas en medio de estos tiempos como los que estamos viviendo.
Bueno, saludamos a aquellos que nos están viendo desde sus hogares, desde diferentes naciones. Es realmente un gozo pensar que el pueblo de Dios se extiende hoy en día a lo largo de cinco continentes. Bueno, algunos hablan de seis continentes, el número que sea, pero el pueblo de Dios está esparcido. Aquello que comenzó apenas, quizás con unos doce hombres, hoy forma un ejército de cientos de miles y millones de personas, gracias a la obra de nuestro Señor Jesucristo.
En el día de hoy nosotros continuamos esa ministración que iniciamos en el momento en que la pandemia fue anunciada al mundo, y le titulamos "Volveos a mí". Al principio de ese movimiento que hemos llamado pandemia, que ha afectado prácticamente a todo el mundo y que ha acaparado la atención no solamente de los sistemas de salud, sino también de los medios de comunicación. Es una serie que nos ha permitido reflexionar acerca de pasajes que, en su gran mayoría, no son los preferidos de la enorme cantidad o mayoría de las personas, ni siquiera de los predicadores. Son pasajes que han estado en el Antiguo Testamento. Y sin embargo, como decía R.C. Sproul, en ningún otro lugar tú encuentras el carácter de Dios tan ampliamente desplegado como en esa porción de la Escritura. Y por eso yo pienso que cuando nosotros dejamos esa parte de la Escritura afuera, nos estamos perdiendo de historias registradas, dejadas allí por nuestro Dios, que como bien dijo el apóstol Pablo, han quedado ahí para nuestro ejemplo y para nuestra enseñanza.
Y por eso yo he querido que pasáramos un tiempo revisando: en momentos de calamidad, ¿qué dijo Dios? ¿Qué dijo Dios en momentos de dificultad? ¿Qué hizo el pueblo? En momentos de dificultad, ¿qué señaló Dios? ¿Cómo respondió el pueblo? ¿Qué trajo el profeta de parte de Dios? Y eso es precisamente lo que hemos estado haciendo.
De manera particular, en las últimas tres semanas hemos estado caminando por el libro de Malaquías. Y es un libro que tiene un flujo muy particular, porque he dicho que es un libro donde Dios trae una afirmación al pueblo acerca de algo que no está bien, y el pueblo responde con una refutación contra Dios. Y no solamente refuta a Dios, sino que acusa a Dios. Algo insólito, algo impensable.
A manera de resumen, en la medida en que nos estamos acercando al final de este libro, yo quiero recordar: en el capítulo uno, Dios le dice al pueblo "yo te he amado", y el pueblo responde que no entiende de qué manera Dios puede decir eso, porque ellos no han podido ver de qué forma Dios le ha amado. Luego Dios le dice "no has honrado mi nombre", y ellos responden hacia atrás diciendo: "Bueno, muéstranos de qué manera tú entiendes que hemos menospreciado tu nombre. Nosotros nunca hemos hecho tal cosa". Y Dios les muestra a través de sus sacrificios deficientes y pecaminosos.
En tercer lugar, el Señor en un momento dado decidió no recibir sus ofrendas ni escuchar sus oraciones. Y el pueblo venía y lloraba y llenaba el altar de lágrimas diciendo: "No entendemos por qué tú has cerrado tus manos para no recibir lo que te ofrendamos. Tú has cerrado tus oídos para no escuchar lo que te oramos." Y Dios dice: "¿Tú quieres saber por qué? Porque tú has sido desleal contra la mujer de tu juventud. Tú has sido desleal contra la mujer de tu pacto. Tú has cometido adulterio contra ella, te has divorciado de ella, y no solamente eso, sino que has ido y te has casado con mujeres paganas, violando mi pacto de varias maneras al mismo tiempo." El pueblo se había vuelto insensible a prácticas de pecado y se había revelado contra Dios, llegando a discutir con él como si Dios fuera uno como ellos, como si Dios fuera su igual.
El texto de hoy se encuentra en Malaquías 3. Todo eso era como introducción y resumen al mismo tiempo. En Malaquías 3, sin embargo, yo necesito comenzar a leer desde Malaquías 2:17, porque ese versículo primero no lo cubrimos en el mensaje anterior. Ese versículo es el conector directamente entre el mensaje anterior y el que continúa. De hecho, 2:17 debió haber estado en el capítulo 3, y es por esto que yo voy a comenzar a leer allí.
Escucha cómo Malaquías, actuando como el interlocutor entre Dios y el pueblo, dice lo siguiente: 2:17 "Habéis cansado al Señor con vuestras palabras." Y decís —aquí viene la refutación del pueblo—: "¿En qué le hemos cansado?" Malaquías responde por Dios: "Cuando decís: 'Todo el que hace mal es bueno a los ojos del Señor, y en ellos él se complace', o cuando decís: '¿Dónde está el Dios de la justicia?'"
3:1 "He aquí, yo envío a mi mensajero." Dios comienza a responder: "¿Tú quieres saber dónde está el Dios de la justicia? Yo voy a comenzar a responderte. He aquí, yo envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí. Y vendrá de repente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero del pacto en quien vosotros os complacéis. He aquí, viene", dice el Señor de los ejércitos.
Escucha esta pregunta tremenda: "¿Pero quién podrá soportar el día de su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando él aparezca?" Cuando el llamado final se dé, ¿quién podrá quedarse de pie? Esa es la pregunta. "Porque él es como fuego de fundidor y como jabón de lavanderos. Y él se sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor."
Versículo 4: "Entonces será grata al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño y como en los años pasados. Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso, y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen", dice el Señor de los ejércitos.
Aquí viene el versículo que actúa como bisagra, yo diría, entre todo lo anterior de las semanas anteriores y todo lo que pudiera venir en las semanas subsiguientes: "Porque yo, el Señor, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos."
Malaquías una vez más es el interlocutor entre Dios y el pueblo. Malaquías le dice al pueblo: "Ustedes tienen cansado a Dios. Ustedes han cansado al Señor." La palabra traducida como "cansado" solamente aparece cuatro veces en todo el Antiguo Testamento: dos en el texto de hoy y dos en Isaías capítulo 43, versículos 23 y 24. Y en esencia es aplicado aquí a Dios de manera metafórica. Esto lo que implica es estar exhausto después de una labor intensa. En pocas palabras, lo que Malaquías está diciendo: "Ustedes han hastiado a Dios. Ustedes han cansado a Dios con sus sacrificios vacíos."
Es como si Dios, dice David Baker en su comentario de este libro, es como si Dios estuviera casi en un estado de debilidad debido al tedio o al fastidio provocado por su adoración artificial en palabras pero no en acciones. ¡Wow! Dios estaba tan cansado, metafóricamente hablando otra vez, que él dice en Malaquías 1:10: "¡Ojalá alguien me cerrara las puertas del templo!" Hablamos de eso ya. Es precisamente por la condición espiritual del pueblo, que ni siquiera podía ver lo mal que estaba aún después que yo había tomado el espejo y lo había colocado delante de ellos. Dios no quería ver un sacrificio más ni oír una palabra más de parte de un pueblo que iba al templo a adorarle, pero con un estilo de vida que solamente tú hubieses podido encontrar en medio de paganos. Y es la razón por la que Dios dice: "Para sacrificarme e ir al templo a adorarme de esa manera, mejor ciérralas, que no vayan." Dios se cansa de eso.
Dios estaba fastidiado de sus palabras vacías y de oír al pueblo refutar y acusarle en retorno. Y cuando Malaquías trae eso al pueblo, el pueblo hace dos acusaciones contra Dios. La primera es: Dios no tiene estándar de lo que es bueno o malo; de hecho, Dios llama malo a lo que es bueno. Y número dos: Dios ni siquiera hace justicia. Tú me dirías: "¿Dónde está eso?" Lo leímos con otras palabras, pero lo leímos; exactamente ese es el contenido.
Escucha lo que dice. Cuando Malaquías le responde al pueblo, el pueblo pregunta: "¿En qué le hemos cansado?" Y Malaquías dice: "Cuando decís, cuando ustedes dicen, cuando ustedes afirman: 'Todo el que hace mal es bueno a los ojos del Señor.'" Te estaba diciendo lo que el pueblo estaba diciendo, que el pueblo ha llegado a considerar que Dios considera al que hace lo mal hecho como bueno. "Y en ellos", dice el pueblo, "Dios se complace." O sea, Dios está contento con el malvado. La Nueva Traducción Viviente dice: "Lo cansaron diciendo que todos los que hacen el mal son buenos a los ojos del Señor y que él se agrada de ellos."
Eso es una acusación extremadamente grave contra el Dios santo y justo del cielo y la tierra. De hecho, esa es la acusación de Dios a través del profeta Isaías en 5:20 contra el pueblo, cuando Dios dice: "¡Ay de aquellos que llaman al bien mal y al mal bien!" Ahora el pueblo toma las palabras de Dios en la boca, en los labios de Isaías, y se las trae a Dios y lo acusa, e incluso pregunta: "¿Dónde está el Dios de justicia? No sé dónde siquiera lo vemos."
Ahora, sabes que en ocasiones, yo he estado en múltiples ocasiones a lo largo de los años, me ha tocado la obligación de tener que confrontar el pecado en alguien. Y con cierta regularidad yo he oído frases similares, algunas como esta: "No veo de qué tú me estás hablando, porque yo veo a mucha gente que ha hecho lo mismo de lo que tú me estás diciendo, que ha violado la ley de Dios, y le está yendo muy bien." Gente me está diciendo: "Yo no sé qué es lo gravoso de lo que tú me estás señalando, porque yo voy alrededor y yo veo gente que ha hecho exactamente la misma cosa, violado la ley de Dios, y entonces es que bien le está yendo; Dios le está bendiciendo."
Eso es muy parecido, con palabras distintas, a lo que el pueblo le ha dicho a Dios a través de Malaquías. Y de hecho, como para reafirmar y que quede claro lo que están tratando de decir, el pueblo dice que Dios se complace en los que hacen el mal. No solamente Dios llama al bien mal y al mal bien, sino que cuando los malos hacen lo que hacen, Dios se complace en ellos. ¿Tú te imaginas lo mal que puede estar la conciencia de un pueblo y el juicio de un pueblo, o de un aparente creyente, cuando llegue a creer que Dios no tiene marco de referencia moral, o que el marco de referencia moral que Dios tiene está tan pervertido que Dios llama mal a lo que está bien y bien a lo que está mal, y se complace en aquellos que hacen la maldad?
Hermanos, yo no sé si tú has podido apreciar lo terrible que es el pecado, pero el pecado lleva al ser humano, incluyendo al creyente, a juzgar a todo el mundo, incluyendo a Dios, y a justificarse al mismo tiempo de lo que ha hecho. Eso es similar a lo que Salomón hizo en un momento dado cuando él se desvió, donde él decía que dada la condición de los malvados, lo mejor que se podía hacer era comer, beber y vivir la buena vida, porque él veía a los malvados prosperando, él veía a los que no creían en Dios cómo estaban caminando, les estaba yendo bien.
Pero pensar que Dios tiene un marco de referencia moral tan distorsionado, que tú has llegado a la conclusión cuando tú ves el mundo, que Dios está llamando a lo malo bueno. En otras palabras, yo soy el estándar: a lo bueno malo, a lo malo bueno, y que Dios se regocija en ver la maldad. Ahí estaba el pueblo desafiando abiertamente. Lo que el pueblo responde a través de Malaquías: "Ustedes me dijisteis algo."
Si hubo alguna vez donde lo bueno fue considerado malo y lo malo bueno, fue el día del juicio de Cristo, en más de una manera. Porque ese día Barrabás, el criminal, el malo, es deseado por el pueblo y dejado libre y tratado como el bueno, y Cristo, el inocente, el bueno, es sentenciado a la cruz. El bueno es llamado malo. Y luego en la cruz misma, si hubo alguna vez donde lo bueno fue visto y tratado como malo, y lo malo fue visto y tratado como bueno, fue en la cruz.
Déjame leértelo de esta manera: allí aquel que no conoció pecado, eso es lo bueno, aquel que no conoció pecado fue hecho pecado, y por tanto tratado como malo, para que nosotros los malos pudiéramos ser vistos como buenos y ser tratados como buenos. Y lo malo fue visto y tratado como bueno fue en la cruz de Cristo, y ocurrió para beneficio mío a expensas de su sangre. ¡Wow!
Pasemos a una segunda acusación del pueblo, y es que "yo no veo al Dios de justicia". "¿Dónde está el Dios de justicia?" Se parece como al sentimiento de Habacuc, cuando Habacuc le dice: "Yo no entiendo, yo no sé hasta cuándo tú me vas a permitir seguir viendo tanta iniquidad, y yo no sé cómo tú, con ojos tan puros que no pueden ver el mal, lo toleras. ¿Dónde tú estás? ¿Dónde tú estás metido, por así decirlo? ¿Por qué tú no estás viendo lo que yo veo?"
Lo que ya lo dice: ustedes han cansado a Dios, y lo han cansado dos veces. Cuando dicen que él trata lo malo como bueno y lo bueno como malo, y lo hacen también, o lo han hecho, cuando preguntan: "¿Dónde está el Dios de la justicia?" Y Dios no es como empieza a responder. Malaquías 3:1, esa pregunta, la pregunta es: ¿dónde está ese Dios?
Escucha Malaquías 3:1, porque en el texto de Malaquías 3:1 al 3 hay tres verdades contundentes. La primera aparece en el versículo 1: "He aquí, yo envío a mi mensajero y él preparará el camino delante de mí, y vendrá de repente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis." Únicamente a quien ellos no buscaban, pero aquí en ellos, desde toda la antigüedad, estaban como esperando al Mesías prometido. Y el mensajero del pacto, el mensajero del pacto no es otro que Cristo mismo. "A quien vosotros os complacéis." Eso es como irónico, eso es como sarcástico, por así decirlo, porque ellos no estaban complacidos en ese Señor, y no lo estuvieron cuando él vino, pero estaban todo el tiempo añorando supuestamente a este Mesías esperado. "He aquí viene", dice el Señor de los ejércitos.
Verdad número uno de Malaquías 3:1 al 3 es que Dios va a enviar un mensajero a preparar el camino. Los académicos están de acuerdo que ese mensajero no es otro que Juan, el que llegó en un momento dado de forma como inesperada, se presentó, salió al desierto y comenzó a hablar preparando el camino del Señor. Era lo acostumbrado que los reyes, antes de llegar a un lugar, pues enviaran un mensajero. Es como una persona de avanzada que fuera delante limpiando el camino, allanando el terreno donde el coche del rey iba a pasar, o preparando la gente para que no hubiera oposición ni ruido ni nada que pudiera perturbar al rey.
Y aquí aparece Juan el Bautista en Mateo 3, versículos 2 y 3: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado, porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto, preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas." Isaías en el capítulo 40 había hablado de este Señor y había hablado de este mensajero. Incluso que vino repitiendo básicamente lo que Isaías había dicho, que ahora Malaquías comienza también a mencionar: hay un mensajero que va a venir y que va a preparar el camino. Ese mensajero que iba a venir ya vino, y ese mensajero volverá. De eso es de lo que está hablando el texto.
Y sabemos que esa persona, aquel mensajero, va a introducir no a otro que a Cristo, porque es llamado en el mismo versículo 1 "el Señor de los ejércitos", el Señor de los ejércitos celestiales. Ha llegado del Mesías, el Mesías va a venir al templo, dice el texto del versículo 1. Y esta llegada del Mesías al templo ha sido vista de dos maneras. La primera es que el Mesías en un momento dado se apareció en el templo en los días finales de su tiempo aquí en la tierra, la última semana, hizo una limpieza de ese templo y echó a los cambistas del templo, tumbó sus mesas. Y eso era como simbólico del juicio que habría de venir y la necesidad que había de limpiar el verdadero templo, que en ese caso no era otro que él mismo. En el caso nuestro, somos nosotros el templo del Espíritu. Es una manera de ver el mensajero que iba a preparar el camino y cómo es enviado del Señor vendría de repente al templo.
La otra forma como ha sido visto también, para aquellos de nosotros que creemos en el milenio, es que en aquella ocasión habrá un templo y el Señor vendrá a ese templo. Y de hecho, los judíos que todavía esperan por el Señor Jesucristo, que se mantienen en las maneras antiguas, esperan por el Mesías. Entienden que conforme a lo que el profeta Ezequiel anuncia, dicho Mesías entrará por la puerta este del templo.
Es como si Malaquías estuviera diciendo: la pregunta que ustedes tienen en 2:17, "¿dónde está el Dios de justicia?", yo he comenzado a contestártela en el versículo 3, el capítulo 3. El capítulo 2 se enviará primero a su mensajero a preparar el camino. Ese mensajero no es otro que Juan el Bautista, y él estaba introduciendo a alguien que vino pero que ha de volver.
Es la segunda verdad que los versículos del 1 al 3 contienen: que ese Mesías vino, pero habrá de volver. Ahora escucha lo que dice: "¿Quién podrá soportar? ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando él aparezca?" Cuando el Señor vuelva y juzgue a todo el mundo conforme a su estándar de perfección, y comience a juzgar no solamente las acciones, las motivaciones de los hombres, sino las intenciones y las motivaciones de los corazones, no hay nadie que pudiera soportar su juicio.
El problema con Dios como juez es que él no solamente juzga los pecados públicos como nosotros usamos, sino que Dios juzga los pecados privados. Ya me dijiste algo más: el problema de Dios como juez no es solamente que él juzga los pecados privados, como aquellos que quizás se cometen en una habitación en un día donde nadie vio. El problema con Dios es que él juzga los pecados que son tan privados que son exclusivos de la mente, de los pensamientos que violan su ley, de los deseos del corazón que solamente tú conoces, pero que él discierne perfectamente bien. Bajo ese criterio, no hay nadie que pueda soportar el juicio de Dios. No hay nadie que pudiera pararse en esa corte celestial sin quedar convicto de pecado. Absolutamente nadie.
Por eso es que Malaquías hace la pregunta, porque ustedes están cuestionando al Dios que va a juzgarlos. Y cuando ese Dios comienza a pasar juicio, no solamente va a juzgar el sacrificio externo que ustedes han estado ofreciendo casi dualmente defectuoso, como ya hablamos en las semanas anteriores, sino que él va a juzgar las razones, motivaciones, intenciones por las cuales ustedes se atrevieron a ofrecer sacrificio de tal naturaleza, pensando todo el tiempo que Dios se lo recibiría.
Hermanos, tú puedes pensar en los diez mandamientos. Si la realidad es conocida, tú y yo hemos violado el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y el sexto y el séptimo y el octavo y el noveno y el décimo mandamiento de la ley de Dios. Somos culpables de haber violado toda la ley de Dios si la verdad de nuestros corazones y de nuestras mentes fuera conocida a los hombres. Si pudiéramos ver cuán violadores hemos sido de la ley de Dios.
Más aún, si todavía no te convence lo que estoy diciendo, lo puedes revisar en los diez mandamientos. Nosotros no hemos llegado a amar a Dios con toda nuestra mente, toda nuestra alma, toda nuestra fuerza. Nosotros hemos creado ídolos, mandamiento número uno, mandamiento número dos. Nosotros no tenemos imágenes talladas quizás en nuestros hogares, no. Nosotros las hemos tallado en nuestra mente y las tenemos talladas en nuestros corazones. Nosotros hemos deshonrado el nombre de Dios. Nosotros hemos hablado mentira. Nosotros hemos robado de diferentes maneras. Hasta hemos robado su honor. Nosotros hemos violado todos los mandamientos.
Además, Santiago 2:10 nos dice que si nosotros violamos uno solo de los mandamientos de la ley de Dios, somos culpables de haber violado toda la ley. Y la razón es que Dios no tiene diez leyes o cien leyes. Dios tiene una ley. Y cuando la violas en una porción de ella, has violado toda su ley.
En el texto de Malaquías 3:1 al 3 dijimos que había tres verdades claras. Número uno: Dios enviará su mensajero a preparar el camino. Número dos: el Señor fue introducido por ese Juan el Bautista, y explicamos que ese Señor vino y ha de volver. La tercera verdad es que el Señor vendrá a juzgar y a purificar. El Señor no purifica al incrédulo en ese momento. Él va a juzgar y a purificar. Y para eso Malaquías usa dos imágenes. Escucha el final del versículo 2 y luego el versículo 3.
Él es como fuego de fundidor y como jabón de lavanderos. El fuego, yo creo que es una imagen que la tenemos clara del fundidor: el fuego separa las impurezas del oro, de la plata, va purificando aquellos que necesitan purificación. En este caso los metales; en nuestro caso, en nuestras vidas. Y el jabón, por otro lado, actúa como un agente que sirve para remover el sucio de la ropa. Pero si tú piensas en la antigüedad, donde no había tantos detergentes y tantas cosas, a ver, como diría en inglés, fancy para remover manchas y sucio, había que estregar la ropa con cierta dificultad. Incluso yo, que estaba en el campo como pequeño, oí gente en los ríos lavando la ropa y golpear incluso la ropa contra la piedra en un momento dado, tratando de sacar ciertos sucios de la ropa. No sé cómo se lo harían, pero en definitiva hasta ahí llegaron. De manera que esas dos imágenes nos dan una idea de cómo este Dios, en su venida o en preparación para su venida, Él pretende limpiar, purificar, y también en juicio.
Eso nos da una idea de que, si bien es cierto que los hijos de Dios no sufren juicio porque ya su ira cayó sobre los hombros de Cristo, no es menos cierto a la luz de la Palabra que Dios disciplina a sus hijos, y en ocasiones su disciplina puede ser muy severa. Hasta el punto que el autor del libro de Hebreos dice que a quien Dios ama, Dios no simplemente disciplina, sino que usa la palabra "azota". Y eso te da una idea de la severidad, de cuán severa pudiera ser en un momento dado la disciplina de ese Dios en su intento por purificar a aquellos que somos suyos. Tiene ese fuego, tiene ese jabón.
De manera, hermano, que el proceso de purificación de los hijos de Dios, déjame decirlo de esta manera para no repetir la palabra proceso: la purificación de los hijos de Dios es un proceso de la vida, por lo menos. Estoy hablando de la santificación ahora, no estoy hablando de la salvación. El proceso de la santificación no es un simple borrón y cuenta nueva; es un proceso que comienza un día, el día de tu salvación, y termina el día de tu entrada al reino de los cielos, o cuando Él venga y te lleve junto a Él.
Quizás a eso se refiere Pedro en 1 Pedro 4:17, que ya hemos aludido durante esta serie, cuando dice: "Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios". Hay algo que yo he aprendido de la Biblia y de ver la historia de la Iglesia y la historia nuestra: es que Dios no le va a pedir nunca al incrédulo algo que no le haya pedido al creyente primero. Y por eso Pedro dice: "Es tiempo de que el juicio comience primero por la casa de Dios". Claro que tiene todo el sentido del mundo.
Y el texto dice que a su venida Dios purificará a los hijos de Leví, los sacerdotes, aquellos que ofrecen sacrificios, aquellos que habían corrompido. Los sacerdotes en aquel momento eran los encargados de sacrificar corderos y otros animales para la purificación del pecado del pueblo, y ellos se habían corrompido tanto, se habían contaminado tanto, que ellos habían quedado descalificados para ofrecer el sacrificio. Porque antes de ellos ofrecer sacrificio para purificar al pueblo, necesitarían ofrecer sacrificio para su propio pecado. Es como si nosotros los pastores de hoy nos hubiésemos contaminado tanto que hubiésemos quedado descalificados no solamente para predicar la Palabra, sino que hubiésemos quedado descalificados para incluso orar e interceder por el pueblo, para que Dios tenga misericordia, compasión y gracia para con su pueblo.
Y ahí la pregunta de Malaquías 3:2: "¿Pero quién podrá soportar el día de su venida y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca?" Nadie puede resistir la justicia de Dios. Cuando Él regrese, cuando Él venga, nosotros quedaremos en pie, es cierto. Pero es por una sola razón, y es porque el peso de la justicia de Dios y el fuego de su ira ya pasó por la persona de Cristo. Y cuando pasó por la persona de Cristo, el Hijo de Dios casi fue consumido.
Cuando Él dice en un momento: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", el Hijo está agonizando, por así decirlo, emocionalmente y espiritualmente hablando. Él no puede entender cómo es que el Padre, con quien Él ha estado por toda la eternidad, de repente le ha permitido sentir este vacío, este aislamiento, esta soledad. Que casi no pudo resistir el paso de su ira. ¡Imagínate nosotros! Cristo, gracias por beber de una copa que yo no podía beber.
Jesús le preguntó a Pedro: "¿Acaso puedes tú ser bautizado o beber de la copa?" Cristo habló de un bautismo que Él tenía que atravesar, refiriéndose a la muerte. Lucas 12, el versículo 50, sabes lo que Él dijo. Déjame decirte, es una frase básicamente. Cuando Cristo pensaba, antes de, no la última noche, no la última semana, durante su ministerio, cuando Él pensaba en ese bautismo que Él tenía que atravesar, escucha lo que Él dice en Lucas 12:50: "Y cómo me angustio hasta que se cumpla". Cuando yo pienso que va a llegar el momento donde yo tendré que colgarme en una cruz y soportar el paso del fuego de la ira de Dios, yo no he llegado ahí, eso me causa angustia.
Por eso es que Malaquías está haciendo la pregunta en el dos, en tres dos: ¿Quién podrá soportar cuando llegue dicho día? Ni el Hijo de Dios se escapó del juicio de Dios cuando el Unigénito decidió tomar mi lugar; ni Él escapó. Y la realidad, hermano, es que tú y yo necesitamos algo, alguien, que ese día pueda representarnos si nosotros hemos de permanecer de pie.
En el interín, Dios purifica su Iglesia. En el interín, Dios purifica nuestras vidas. En el interín, Dios sabe que nosotros somos esclavos y prisioneros de aquello que nos domina, que no es otra cosa que el pecado. Dios conoce las consecuencias del pecado. Totalmente tiene que mirar a la cruz, lo horrendo, lo cruel de la cruz, y tú puedes ver cómo eso representa las consecuencias terribles del pecado. Y por eso Dios está comprometido con quitar de tu vida y de la mía todo aquello, no solamente que Él luce horrible, sino que trae consecuencias horribles y de esclavitud para cada uno de nosotros.
Por eso hemos hablado de que muchas veces lo que nosotros llamamos pruebas o dificultades no es más que parte del proceso de refinamiento de este Dios que en su fidelidad ha decidido azotarte, de acuerdo a Hebreos, para usar ese vocabulario, de una forma que a ti te traiga libertad, gozo, deleite, y puedas entonces comenzar a disfrutar la verdadera vida abundante que Él compró para ti en la cruz. Todo lo que Él sufrió en la cruz es para que tú puedas tener una vida de mayor libertad. Y cuando Él ve esa vida de mayor libertad comprada por Él que está siendo sofocada por hábitos de pecado que yo he cultivado, Él dice: "Es tiempo de refinar aquello que yo compré en el mercado de esclavos".
Estas dificultades vienen a nosotros en diferentes tamaños, formas, colores, duración, peso, intensidad. Y como hemos mencionado en ocasiones, a veces vienen con tu nombre escrito, para Miguel Núñez, pero otras veces son tan generales que en vez de mi nombre dice "a quien pueda interesar".
Esta pandemia ha tenido múltiples beneficios en medio de enormes dolores y sacrificios y llantos y lágrimas. No queremos, no debemos, no podemos ser insensibles al dolor de los demás. No hay lugar para eso, no hay espacio para eso. Pero al mismo tiempo no podemos dejar de reconocer que frecuentemente las más grandes bendiciones de Dios han venido a través del más grande dolor. Y el mejor ejemplo en la historia de la humanidad entera es la cruz. La mayor de las bendiciones que el hombre haya podido tener, disfrutar, que pudiera incluso imaginar, vino a través del mayor dolor que tú pudieras también imaginar en un momento dado: la crucifixión, la muerte cruel, vergonzosa, desnuda del Hijo de Dios.
Ahora escucha a Dios hablando a través de su interlocutor, versículo 5 de Malaquías 3: "Y me acercaré a vosotros para el juicio". Él va a volver. La primera vez Él vino para salvación, pero va a regresar. La verdad es que ese mensajero, Juan el Bautista, que vino una vez a introducir al Mesías, ese Mesías va a regresar. Y muchos de nosotros creemos que también tendrá un mensajero, una especie de Elías, del cual hablaremos en el próximo mensaje.
Y entonces dice que se acercará a vosotros para el juicio: "Y seré un testigo veloz". ¿Contra quién? ¿Contra quién va a testificar? Contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso, y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen, dice el Señor de los ejércitos.
Hay un juicio anunciado contra todo tipo de pecado y contra todo tipo de persona. Contra los hechiceros, y tú podrías decir: "Bueno, yo en mi vida he sido un hechicero". Pero cuando Dios dice que la rebelión es como el pecado de hechicería, entonces tú puedes comenzar a pensar: "Sabes qué, yo no soy tan diferente a los hechiceros, porque ciertamente en mí ha habido rebelión, y en ese caso yo pudiera ser culpable de lo mismo que los hechiceros son culpables, y pudiera recibir lo mismo que a ellos les tocaría recibir".
Segundo pecado, creo que hay siete pecados anunciados: contra los adúlteros. Tú podrías decir: "Bueno, yo no soy culpable de ese pecado". ¿O no? Piensa por un momento. A mí me gusta comenzar del mayor al menor. ¿No has pensado, no has estado en una habitación con alguien que no te era lícito? "No, pastor, yo nunca he estado ahí". ¿OK? ¿No has estado en tu mente con alguien que no te era lícito? ¿No has estado en tu computadora con alguien que nunca te era lícito haber visto, o en una televisión, o en FaceTime, o a través de los medios de comunicación tan usados hoy en día? ¿Nunca has estado? ¿Nunca te ha tocado? ¿Nunca ha sido la ocasión?
Yo te decía que el problema con Dios como juez es que no solamente juzga las acciones públicas, sino que también juzga las acciones privadas. Y no solamente las acciones privadas que ocurren en una habitación, en mi estudio, frente a una computadora quizás, o con alguien más, sino también los pecados privados de mi mente, de mi corazón, aquellos que solo yo conozco y que a veces ni yo mismo los conozco en su totalidad.
Contra los que juran en falso. Tú pudieras decir: "Bueno, yo nunca he hecho un juramento". Puede ser. Pero el problema aquí no es el juramento, es la falsedad. ¿Nunca has hablado mentira? ¿Nunca tú has hablado mentira para ocultar tu pecado? Pecas y luego hablas mentira para ocultar la primera transgresión de la ley de Dios.
Contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano. "Pastor, nunca he oprimido a una viuda, nunca he oprimido a un huérfano". ¿Nunca has tratado de oprimir al jornalero? ¿Nunca has tratado de conseguir algo mucho más barato de alguien que tiene mucho menos que tú? ¿Nunca has tratado de comprar una fruta, un algo de lo que te venden en la calle, pidiendo diez pesos, veinte pesos de rebaja a alguien que quizás ni siquiera desayunó en la mañana? ¿Nunca has tratado de hacer eso? Porque el espíritu detrás de esas acciones es exactamente el espíritu detrás de la opresión del jornalero, porque te has quedado con parte de su salario.
Contra los que niegan el derecho al extranjero. Bueno, en esa ocasión, al igual que en nuestra ocasión, hay extranjeros alrededor de nosotros. Dios había dispuesto que el año en que no iban a cultivar la tierra, la tierra iba a quedar ahí dispuesta para todo el mundo, para que el extranjero pudiera, y el que no tenía medios, pudiera favorecerse de ella. Pero más aún, que aquella planta que estaba como a orilla de la verja de tu finca, que no recogieras las frutas de ahí, para que el que estaba fuera, el extranjero y el que no tenía, pudiera pasar y favorecerse de ella, que tú pudieras bendecirlo de esa manera.
Hoy en día, ¿cuál sería la aplicación? Cuando tenemos extranjeros alrededor de nosotros, cuando tenemos a los haitianos, cuando tenemos a los venezolanos, cuando tenemos a los colombianos, a los de Perú, a los de Ecuador, a los norteamericanos, cualquiera que está alrededor de nosotros, debiéramos tener una sensibilidad especial hacia ellos que están lejos de su tierra y de su parentela, y ser nosotros como su familia.
Finalmente, el texto dice que Dios va a juzgar a aquellos que no temen al Señor de los ejércitos. Entonces, "bueno, pero claro, yo le tengo temor a la disciplina de Dios". Pero déjame decirte algo, o decirnos algo para incluirme. Cuando tú y yo hemos pecado con conocimiento de causa, durante ese tiempo no hemos tenido temor del Señor. En la Palabra de Dios, el temor del Señor no se limita a esa reverencia que debiéramos tener a Él, que definitivamente está incluida, pero también está incluido el hecho de que yo debo tener cierto temor justamente a la disciplina, a la ira de Dios, o a una disciplina de Dios que puede ser severa. Por eso es que Pablo dice, cuando escribe a los corintios en su segunda carta en el capítulo cinco: "Conociendo el temor del Señor, ¿qué cosa? Persuadimos a los hombres". Conociendo el peso de la justicia, el fuego de su ira, persuadimos a los hombres de su necesidad de salvación, de la necesidad que tú tienes de tener tus pecados perdonados en Cristo Jesús. Porque de lo contrario, ¿quién podrá pararse el día de su juicio y quedarse en pie el día que el Señor venga a terminar de purificar y de enjuiciar las acciones de los hombres?
El juicio del Señor es contra todo tipo de pecados. Ve esa lista ahí de Malaquías 3:5, que simplemente se presenta como ilustraciones. Pero también es contra todo tipo de personas: contra el rico y contra el pobre, contra el nacional y el extranjero, contra el judío y el gentil, contra hombres y mujeres, contra jóvenes y personas avanzadas de edad, contra hombres reconocidos y personas sin ninguna influencia, contra gente de poder y gente completamente desconocidos para los demás. Nadie escapa a su escrutinio, como tampoco escapa ninguna violación de su ley.
¡Wow! Malas noticias. Pero, ¿no hay algo de buenas noticias en todo esto? "Pastor, tenemos varios sermones donde hemos estado hablando de cosas que declaró Jeremías y fueron malas noticias, y otras que Oseas dijo y fueron malas noticias, y otras que Habacuc dijo y fueron malas noticias. Y otras ahora que Malaquías dice y son malas noticias. Usted tiene varios sermones diciendo, dando malas noticias".
Escucha cuál es la bisagra que comienza a darle vuelta a estas malas noticias. El versículo 6: "Porque yo, el Señor, no cambio". Entonces, ¿nos va a destruir a todos? "Por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos". Versículo 6. Versículo 7: "Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis estatutos y no los habéis guardado".
Aquí hay dos sujetos: el Señor y ustedes. De esos dos sujetos, ninguno de los dos ha cambiado. "Yo, el Señor, no cambio" —hablaremos de eso— y ustedes tampoco han cambiado, porque desde los días de vuestros padres ustedes se han apartado de mis estatutos y no los habéis guardado.
Si tú piensas ahora no en el pueblo de Israel sino en nosotros los seres humanos —es más, si tú piensas en nosotros los hijos de Dios— aquí hay dos grupos, dos sujetos que tampoco cambian: Dios, que no cambia, el Dios de misericordia, el Dios de toda compasión, el Dios fiel; y el resto, las criaturas, seres humanos, que tampoco cambian porque continúan comportándose conforme a lo pecaminoso de su corazón. El Señor permanece fiel a pesar de nuestras infidelidades y a pesar de nuestras formas de cuestionarlo. Adán no guardó la ley ni ninguno de sus descendientes; nada cambia con nosotros. Dios ha sido fiel a su pacto, fiel a la obra de su Hijo, y Él tampoco cambia. Y Él anuncia: esa es la razón por la que vosotros, hijos de Jacob, esa es la razón por la que ustedes que forman parte de la iglesia, la novia de Cristo hoy, tampoco han sido consumidos.
En Malaquías 2:17, el pueblo pregunta: "¿Dónde está el Dios de justicia?". Y Él dice: "Voy a hacer justicia, y va a comenzar. Va a comenzar primero: yo enviando a mi Hijo a traer salvación". Y va a terminar: "Yo voy a hacer justicia". Porque la primera parte de este proceso de justicia yo la voy a ejecutar sobre los hombros de mi Hijo, para que tú entiendas dónde está el Dios de justicia. El Dios de justicia estuvo en la cruz, en el Calvario. En esa ocasión hizo cargar a mi propio Hijo el fuego de mi ira, que casi lo consume. De manera que si tú reconoces el lugar que Él tomó allí en tu lugar, en sustitución, tú ya puedes entonces recibir perdón de pecados, para que cuando yo regrese a traer entonces el juicio final, tú puedas permanecer de pie. Y vas a permanecer de pie solamente por fe, porque el justo por la fe vivirá.
Es una frase que está en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Está en Habacuc 2:4 y está en Romanos 1:17, que deja claro que siempre ha sido por la fe que el justo ha podido sobrevivir.
Pero hay un día, hay un día en que Dios hará justicia. Es llamado de diferentes formas en el Antiguo Testamento, pero una de las frases que más recordamos es "el día del Señor". ¿Puedes creer que la primera vez que esa frase aparece está en Éxodo 32:34? Tan temprano como eso. Y luego en Amós 5:20, y luego en Joel 2:11, en Sofonías 1:15, y luego en el próximo capítulo de Malaquías, en 4:5. En Sofonías y en Malaquías, el día del Señor es llamado grande y terrible.
Como es grande y terrible, Malaquías hace la pregunta —Dios hace la pregunta, o Malaquías como interlocutor de Dios— en el versículo 2 que ya vimos: "¿Quién podrá soportar el día grande y terrible de su venida?", para unir ambas ideas, "¿y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca?". El justo por la fe vivirá.
Ese día el juicio será conforme a su carácter santo. Tú y yo hemos cometido todo tipo de transgresión, y tú y yo pudimos haber sido consumidos una y otra vez. Pero como el Señor es inmutable y no cambia, y en la eternidad pasada Él hizo una elección de aquellos que serían suyos, en primer lugar comenzó a poner en ejecución su plan de elección cuando eligió a Abraham y luego a una nación como parte de los que serían redimidos por Él. Y luego, en la progresión de ese plan, Él comenzó a incluir entonces a todo un pueblo gentil inmenso. Después de haberlos elegido para salvación, después que su Hijo pagó, después que ellos incluso entraron al reino de los cielos, todavía ese pueblo de hoy, al igual que el pueblo de ayer, ha sido infiel a Dios. Y por su gran misericordia no habéis sido consumidos, porque yo, el Señor, no cambio.
Hay una sola razón por la que la humanidad entera hoy todavía permanece y no se ha ido a la condenación: es por la gran misericordia y fidelidad de nuestro Dios. No es por mi buen comportamiento, sino por el enorme, santo y extraordinario comportamiento del Hijo, que fue hasta la cruz sin nunca haber cometido pecado.
Escucha cómo Dios, hablando a través de Jeremías en el libro de Lamentaciones, después de la destrucción de Jerusalén, después que el juicio había venido sobre la ciudad. En Lamentaciones 3:21-23, cómo Dios habla. Dice: "Esto traigo a mi corazón". Dice Jeremías, pero le está hablando porque Dios ha inspirado estas palabras: "Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza". La ciudad de Jerusalén estaba destruida, lo único que hay es ruinas, lo único que hay es el paso, el resultado del paso de la ira de Dios. Sin embargo, dice Jeremías: "¿Sabes qué? Yo todavía tengo esperanza". Y tú pudieras decir: "Pero, ¿cómo tú puedes tener esperanza, Jeremías, que has llorado tanto por lo que este pueblo ha hecho?". Y esta es la esperanza de Jeremías: que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades. Son nuevas cada mañana; grande es tu fidelidad.
Las malas nuevas de Jeremías, de Oseas, de Habacuc, de Malaquías y de muchos de los otros profetas, ahora en las palabras del mismo Jeremías comienzan a reconocer otro aspecto de nuestro Dios. Y dice: "Grande es la misericordia de Dios y tu fidelidad nunca falla." La fidelidad de ese mensajero que Malaquías anunció, la fidelidad de un mensajero a la ley de Dios cumpliéndola completamente, la fidelidad de ese mensajero a los propósitos de Dios, la fidelidad de Dios el Hijo a su propia palabra.
Eso es lo que hizo en un momento dado en la cruz: aquello que era bueno fuera visto como malo y tratado como tal, para que aquello que es malo, que soy yo, fuera visto como bueno y tratado como tal. De tal forma que en algún momento de mi vida, de mi historia, cuando yo depositara mi fe en Cristo Jesús como Señor y Salvador, yo pudiera ser considerado coheredero, llegar a ser coheredero con Cristo y llegar a ser entonces justicia de Dios en Él.
¡Wow! Pensar que Dios salva a los suyos a pesar de que los suyos hemos sido infieles, orgullosos, arrogantes, combativos, rebeldes, injustos, adúlteros, opresores, insensibles. La razón por la que tú y yo en el día del juicio podremos mantenernos parados no tiene nada que ver con lo que nosotros somos; tiene todo que ver con lo que Dios es.
Por eso es que Pablo le escribe a Timoteo, y en su segunda carta, capítulo dos, versículo trece, le dice: "Si somos infieles..." —yo pudiera, con permiso santo, por así decirlo, decir "cuando somos infieles"— "Él permanece fiel." Pablo, pero ¿por qué? ¿Por qué Dios hace eso? ¿Por qué? Él pudiera permanecer fiel a su propia justicia y juzgarnos. Sí. Lo que pasa es que Dios se ha prometido a sí mismo y le ha prometido a su Hijo una humanidad redimida que le pueda adorar y honrar por el resto de la eternidad, y Él permanece fiel a su plan. Y Él no puede —termina el texto de 2 Timoteo 2:13 diciendo— Él no puede negarse a sí mismo. Él no puede hacer una promesa a su Hijo de una ofrenda de amor, de una humanidad redimida, y luego echarse para atrás cuando esa humanidad redimida ha sido infiel a Él.
Hermanos, esa realidad debiera ayudarnos a ti y a mí a aquilatar no solamente la cruz, sino lo que Dios nos ha entregado en Cristo Jesús. La cruz debiera servir para varias cosas, pero la primera cosa que la cruz necesita es reflejar lo repugnante de tu pecado y el mío. ¿Tú quieres saber cuán repugnante fue o es tu pecado y el mío? El texto de Isaías 53, describiendo el sacrificio de Cristo, dice que Él ahí colgado, la gente pasaba —lo dicen otras palabras, pero prácticamente lo mismo— y volteaba su rostro de Él. Estaba tan desfigurado, estaba tan horriblemente colgado allí, que la gente tenía que voltear el rostro para no verlo.
¿Tú quieres saber algo? Si la verdad de tu corazón y de tu mente y tus pensamientos y los míos fueran conocidos, mucha gente voltearía el rostro de nosotros para no vernos. Sobre todo cuando nos ven con brazos levantados adorando a Dios, mientras han podido ver en el interior de esa mente la noche anterior, momentos anteriores, o durante, cosas de nuestro interior que pudieran ser tan repugnantes. Y eso es lo que el Cristo desfigurado en la cruz representa: el horror de tu pecado y el mío.
Entonces, la cruz no solamente debiera comenzar a ayudarnos a ver las malas nuevas de lo horrible de mi pecado; luego debiera terminar ayudándome a ver la misericordia, el amor y la gracia infinita de ese Dios que, a pesar de lo horrendo de ese pecado como yo te lo acabo de describir, Él ha tenido la compasión y la bondad para hacer pasar el peso de su ira, el fuego de su ira, el peso de su justicia por su Hijo, de tal manera que yo pudiera recibir salvación y ahora llegar a ser como Él es.
Cristo sufrió lo indecible para que yo disfrutara de lo inimaginable. Nota el intercambio: Él sufrió lo indecible para que yo pudiera disfrutar de lo inimaginable. Cuando Cristo descendió, Él descendió a lo que pudiera ser descrito como el infierno, para que yo pudiera ascender hasta la gloria. Él cambió mi pecado por su santidad. El Unigénito de Dios intercambió su juicio por mi libertad. El Juez fue y sufrió el juicio para que el acusado fuera dejado ir. "Barrabás, puedo hacerte... Yo soy Barrabás, yo me crucifico por ti." El Hijo de Dios tomó mi vergüenza, me dio su honra.
¿Puedes creer que en la cruz el más hermoso de los hijos de los hombres fue convertido en el más odioso de entre nosotros? Cristo, el único que ha recibido la aprobación del Padre —el único; ni Adán la recibió— fue tratado allí como un desechado, para que yo, que soy un desechado y un desaprobado, pudiera ser recibido por Dios.
Ante la pregunta del pueblo a Malaquías: "¿Dónde está el Dios de la justicia?", Dios comienza a responder en el capítulo tres, versículo uno, y dice: "¿Tú quieres saber dónde está el Dios de la justicia? Yo te voy a comenzar a enseñar dónde está. Lo primero que vas a saber es: mi mensajero, Juan el Bautista —como acuerdan los académicos de manera general— él va a preparar el camino."
Cuando Él venga, Él se va a presentar de repente. La palabra traducida "de repente" es una palabra que aparece veinticinco veces en el Antiguo Testamento, y veinticuatro de las veinticinco veces tiene que ver con juicio. Y Él va a aparecer de repente en alguna ocasión en ese templo. ¿Cuándo será eso? Bueno, ya apareció una vez de repente y tumbó y echó a los cambistas de su lugar, como si fuera un preámbulo al juicio final que vendría, y tumbó sus mesas. Pero Él volverá, y cuando Él vuelva, Él traerá juicio. Y cuando Él lo haga, no habrá quién pueda —versículo dos— no habrá quién pueda quedar en pie.
Entonces, el día en que el Juez decida hacer justicia... ¿Te quieres saber dónde está el Dios de la justicia? ¿Te quieres saber cuándo será el día grande del Señor? El día que tú estás esperando, el día del Señor, el día del Señor, el día del Señor, es un día grande y terrible. Tienes una sola forma de poder esperar ese día, y es en Cristo el Amado. Porque Él sufrió el fuego de la ira, Él bebió de la copa que tú no podías, y Él fue bautizado con un bautismo que tú no podías recibir.
Yo fui bautizado por agua como representación simbólica de la limpieza que ya Dios había hecho en mi vida. Pero mi Redentor fue bautizado no con agua. Él fue bautizado con agua para que no me malentiendan, pero simplemente para representar a mí que necesitaba la limpieza que simbolizaba ese día en el Jordán. Pero cuando Él habló del bautismo que lo angustiaba, cuando pensaba en él en Lucas 12:50, estaba hablando del bautismo de la cruz, donde fue más bien un bautismo de fuego, de la ira de Dios.
Él es el final de las malas nuevas. Y ese es el mensaje del próximo domingo.
Gracias por participar en este servicio de adoración desde tu hogar, en medio de circunstancias que nos impiden congregarnos todos juntos en un mismo lugar. Oramos para que pronto podamos volver a hacerlo. Y mientras, recordemos que dondequiera que estemos, seguimos siendo la satisfactoria de Jesucristo. Mantengámonos vigilantes en oración, confiando y esperando en nuestro soberano Dios, quien controla todas las cosas y cuida de su pueblo.
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