Integridad y Sabiduria
Sermones

El valor de nuestra reconciliación

Miguel Núñez 1 mayo, 2016

La reconciliación que Cristo logró en la cruz no es un regalo para guardar en un cajón, sino una gracia que debe transformar la vida y extenderse a otros. Cuando Pablo escribe a los corintios y les ruega que no reciban la gracia de Dios en vano, está señalando un peligro real: es posible haber sido reconciliado con Dios y vivir como si esa reconciliación careciera de valor. La prueba está en los frutos que produce o deja de producir.

El creyente que ha recibido salvación se convierte en colaborador de Cristo, en embajador que lleva la palabra de reconciliación a quienes aún no la conocen. Pablo mismo fusionó su vida con el evangelio de tal manera que llegó a llamarlo "mi evangelio", no porque se lo apropiara, sino porque ya no podía verse separado del mensaje. Su ambición santa era predicar donde Cristo aún no era conocido. Esa misma responsabilidad recae sobre todo aquel que ha sido reconciliado.

¿Cómo se vuelve vana la gracia? Cuando se ignora el llamado a la santificación, cuando se pierde el tiempo en agendas propias en lugar de los propósitos del reino, cuando se tolera falsa enseñanza, o cuando se permanece en enemistad con hermanos habiendo recibido reconciliación de Dios. Los corintios acusaban a Pablo y rechazaban su ministerio mientras decían haber recibido la gracia divina.

El llamado cierra con urgencia: ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. Como en los días de Noé, Dios abre ventanas de oportunidad que eventualmente se cierran. La paciencia divina no debe confundirse con indiferencia; es bondad que guía al arrepentimiento mientras hay tiempo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Voy a seguir abriendo la satisfacción Palabra de Dios, la segunda epístola del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 6, apenas dos versículos en el día de hoy. Estos dos versículos completan realmente el mensaje de la semana anterior. Perfectamente hubiésemos podido continuar el mensaje de la semana anterior y haber cubierto esos dos versículos, pero el tiempo no nos daba. Hoy estamos haciendo solamente los primeros dos versículos, ya que el versículo 3 en adelante entra en un tema completamente diferente, que quizás estaremos tratando en otra mañana, aunque algunos piensan que el versículo 3 y los primeros dos están conectados también.

En todo modo, yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo el versículo 1 y 2 del capítulo 6 de la segunda carta de Pablo a los Corintios: "Y como colaboradores con Él también os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano, a no recibir la gracia de Dios en vano. Pues Él dice: En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación."

En el mensaje anterior nosotros vimos cómo el apóstol Pablo hablaba de que Dios le había entregado un mensaje, le había entregado la palabra de la reconciliación, y dijimos de manera aplicativa que eso aplica a todos nosotros, que también hemos recibido la misma palabra de la reconciliación. ¿Y qué es el mensaje que nosotros ahora tenemos que llevar? Nosotros ahora hemos sido hechos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: reconciliaos con Dios. Esas son las palabras últimas del capítulo anterior con las cuales nosotros terminamos el mensaje anterior.

Cuando tú piensas en Pablo como embajador de Cristo y escudriñas su vida, es impresionante ver de qué manera Pablo fusionó su vida con el mensaje del Evangelio, de tal manera que él siempre se vio en Cristo y nunca separado ni de Cristo ni de su Evangelio. De tal forma que en ocasiones Pablo llegó a hablar del Evangelio de Cristo y en otras ocasiones escribió y le llamó "mi Evangelio". Escribió a los Romanos en 2:16 y le dice "mi Evangelio"; Romanos 16:25 le llama de la misma manera; 2 Timoteo 2:8, Pablo escribió otra vez "mi Evangelio". Y con eso él no estaba tratando de usurpar el mensaje que verdaderamente le pertenece a Cristo, porque Pablo estaba consciente de que Cristo mismo es el Evangelio. Pero él no podía verse ya divorciado del mensaje.

Cuando él escribe a los Romanos en 15:20, él les dice algo que refleja lo que este mensaje del Evangelio había hecho en él cuando se fusionara. Es que Pablo habla de que su ambición era predicar el Evangelio no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre un fundamento de otro. La Biblia de las Américas lo traduce como "me esforcé en anunciar el Evangelio", me esforcé. La Nueva Traducción Viviente lo traduce como "mi gran aspiración siempre ha sido predicar la buena noticia donde nunca antes se ha oído el nombre de Cristo". La Nueva Versión Internacional lo traduce como "mi propósito ha sido predicar el Evangelio donde Cristo no sea conocido". Pero la palabra en el original es ambición: mi ambición santa es llevar el Evangelio de Cristo como embajador de Cristo, entendiendo la responsabilidad que tengo con ser embajador y la responsabilidad de llevar a otros la palabra de la reconciliación.

En la enorme responsabilidad asumida por este hombre, yo hago todo este preámbulo porque la manera como el texto de hoy comienza tiene una frase que a algunos le pudiera llamar la atención y que vamos a ver en un momento. Pero para desempacar el texto yo quisiera que pudiéramos ver tres puntos por separado. Número uno: el cristiano como colaborador de Cristo. Número dos: la exhortación de este embajador de Cristo a no menospreciar la gracia de Dios recibida en la salvación. Y número tres: el llamado al incrédulo a prestar atención a la voz de Dios mientras hay una ventana de oportunidad.

Voy a comenzar entonces con el primero de esos tres: el cristiano como colaborador de Cristo. Cuando tú lees este texto que leímos al principio, la primera frase del versículo uno pudiera llamar la atención, porque Pablo habla y dice "como colaboradores con Él". Pablo se veía a él y a sus compañeros de ministerio como colaborando con Cristo. Este es un hombre que entendió lo que implica ser un embajador de ese Cristo. Él estaba consciente de que el poder y la sabiduría provenían de Dios; sin embargo, también estaba consciente de que Dios proveería la sabiduría y el poder para predicar una palabra que tenía que ser predicada a través de seres humanos: los redimidos, reconciliados, nacidos de nuevo.

Dios creó el universo. Dios habló, creó el universo. A Adán lo tomó, lo formó, lo puso en el huerto y lo nombró su regente. Pero a partir de ahí Dios determinó que lo que iba a continuar haciendo lo iba a hacer a través de hombres y mujeres portadores de su imagen. Hasta tal punto que, una vez hecha la creación, Dios determina que Adán y sus descendientes dominarían la creación; estaban llamados a subyugarla, a desarrollarla, a crecer y a multiplicarse, porque de ahí en adelante todo lo haría a través de ellos. Esta primera pareja cae. Dios idea un plan de redención que es iniciado a partir de Génesis 3, pero ese plan de redención también sería anunciado a través de los hombres e incluso llevado a cabo a través de un hombre: Dios hecho hombre, clavado en la cruz para redención de los perdidos.

Y ahora Pablo, entendiendo lo último que vimos en el capítulo anterior —que somos embajadores de Cristo—, inicia este texto diciendo "como colaboradores con Él", como colaboradores con Dios. Esa no es la primera vez que Pablo se refiere a sí mismo y a sus compañeros como colaboradores de Dios. Cuando le escribió la primera carta a los Corintios en 3:9, escucha cómo él se define: "Nosotros somos colaboradores de Dios. Vosotros sois labranza de Dios y edificio de Dios." Dios es el autor de la salvación, la salvación es del Señor, pero Dios se ha complacido en elegirnos como embajadores para hacer su obra, y por tanto nosotros somos colaboradores de Dios.

Si nosotros pensamos en otros autores de las cartas del Nuevo Testamento, también hemos leído algo similar de otra manera. El apóstol Pedro en su primera carta en 2:9 escribe y dice: "Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios." Y aquí viene la razón de la adquisición: "a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable", de que anunciéis las virtudes de Dios, sus excelencias, sus atributos. Dios ha anunciado sus atributos a través de la creación. Dios ha anunciado sus atributos en la cruz y resurrección de Cristo. Pero ahora Él ha inspirado una palabra inerrante, infalible, poderosa, a través de la cual Él ha determinado que llamará a los hombres cuando estos salgan a anunciar las virtudes de ese Dios, cuando aquellos llamados embajadores de Cristo hagan su rol.

¿Qué se hace de manera aplicación? Y antes de continuar, nosotros pudiéramos pausar un par de segundos y preguntarnos de qué manera nosotros estamos siendo buenos embajadores de Cristo o no. ¿De qué manera estamos colaborando con la expansión de la obra del Evangelio? Hay diferentes maneras de cómo podemos hacer eso. Aquellos de nosotros que tenemos hijos pudiéramos pensar que eso comienza tratando de pasar a la próxima generación el mensaje que ustedes han recibido a la hora de la salvación. Pero no es ahí donde termina, porque eso convertiría la salvación en un proceso o en un programa o en una obra familiar. Pero la proclamación de la salvación tiene que llegar hasta los confines de la tierra, de manera que comience en la familia, traspase sus fronteras, continúe en la iglesia, traspase sus fronteras hasta los confines de la tierra.

Cuando Pablo habla de que ha recibido la palabra de la reconciliación, él se tomó muy en serio esa responsabilidad. Él estaba consciente de que nosotros como embajadores de Cristo estamos llamados a propulsar, a propagar la causa de Cristo, pero que a la vez con nuestras faltas, pecados, iniquidades e irresponsabilidades nosotros pudiéramos entorpecer la causa de Cristo. Pero no es que nos quedamos obstaculizando la causa de Cristo; pudiéramos detener momentáneamente la causa de Cristo, lo que no podemos hacer es pararla permanentemente, porque la Palabra de Dios cuando es soltada corre y hace su trabajo.

Yo he titulado este mensaje "El valor de nuestra reconciliación" por una razón, o más de una razón, pero en esencia resumida en una. Y es que el apóstol Pablo está ayudando a los corintios a entender qué grande es el valor, cuán grande es el valor de la salvación recibida. De tal forma que nuestro estilo de vida debiera corresponderse con el valor que nosotros hemos otorgado a la salvación, y uno de los resultados de valorar apropiadamente la salvación recibida es que nosotros contribuimos como embajadores de Cristo a propagar el mensaje a aquellos que aún no han oído. Sería ingrato y quizás hasta egoísta haber recibido salvación y no tener un interés genuino en que otros también reciban la salvación que tú has recibido. De manera que el primer punto tiene que ver justamente con eso: con la habilidad de nosotros vernos como colaboradores de Cristo en el plan de redención, que es la frase con la que inicia este capítulo 6.

Luego, yo quiero que veamos la exhortación, como punto número dos: a no menospreciar la gracia de Dios recibida en la salvación.

A no menospreciar la gracia de Dios recibida en la salvación. Pablo se ha definido como un colaborador de Cristo. Habiéndose definido como tal, él pasa a ayudarnos a entender de qué manera la proclamación de esa salvación que él ha recibido es parte de la responsabilidad, y el vivir dicha salvación es parte de lo que muestra la importancia que le hemos dado a lo que se nos ha entregado. Escucha cómo él trata de decirlo en estas palabras, versículo 1 de este capítulo 6: "Como colaboradores de Dios —ya lo vimos— les suplicamos que no reciban ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no le den importancia." Esa es la Nueva Traducción Viviente. Esto es como la Biblia de las Américas lo dice: "Como colaboradores con él, también os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano." A no recibir su gracia en vano. La Nueva Traducción Viviente dice: "A no recibir ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no darle importancia."

Os rogamos, imploramos vehementemente a que puedan pensar de otra manera, a que no ignoren el valor de la gracia de Dios en la salvación. Porque siempre ha habido una tendencia en el incrédulo y en el creyente cuando del mensaje de Dios se trata. Y es que el incrédulo con frecuencia ha pensado: "Después yo tendré otra oportunidad." Y por otro lado, el creyente con frecuencia ha adoptado una conducta pasiva después de haber sido reconciliado con Dios, a pesar de conocer que hay millones de personas no reconciliadas con el mismo Dios.

Te imaginas eso: recibes una salvación especial pero no desarrollas un interés por aquellos que aún no la conocen. O recibes una salvación especial, una gracia especial, pero descuidas la salvación que se te ha entregado. Esta no es la única epístola que parece preocupada con esa realidad. Cuando tú lees la epístola a los Hebreos, en el capítulo 2, escucha cómo este autor está hablando de algo similar pero con otras palabras: "Por tanto, debemos prestar mucha atención a lo que hemos oído, a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable —refiriéndose a la ley de Moisés— y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, pregunta: ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?"

Es posible descuidar la salvación. El descuido de la salvación llevará consecuencias. Y si aquellos sufrieron consecuencias, nosotros que hemos recibido todavía algo mucho mejor y mucha más gracia, ¿cómo escaparemos a dichas consecuencias? Ahí está el autor de Hebreos mostrando su preocupación por el descuido de la salvación, hasta el punto que nos desviemos y hasta el punto que suframos consecuencias como fruto de tal descuido.

El apóstol Pablo ahora entonces le dice a los corintios: "Os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano," a no convertir la gracia de Dios en algo infructífero. La gracia que has recibido está supuesta a producir frutos en ustedes, frutos de vida. Pero ¿sabes qué, corintios? Yo no lo estoy viendo. Es algo como vacío en ustedes.

Entonces, de manera aplicativa, nosotros pudiéramos pensar a través de lo revelado acerca de la congregación de los corintios: ¿de qué manera ellos convirtieron la gracia en algo vano, en algo vacío, en algo infructífero? Porque de esa misma manera nosotros podemos hacer la misma cosa.

La primera forma como nosotros pudiéramos despreciar la salvación es ignorando nuestro llamado a la santificación. Nosotros hemos sido salvos por gracia, y la misma gracia nos santifica. Pero nosotros tenemos un llamado a hacer el mejor esfuerzo posible para ser santificados por Dios, que es el agente de la santificación. Escucha cómo Lucas escribe acerca de Pablo en Hechos 24:16, porque Pablo está hablando ahora ante el gobernador y dice que él se esforzaba por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres. "Yo me esfuerzo por vivir una vida de santificación hasta el punto que yo quiero que mi conciencia sea irreprensible, mis motivaciones, mis pensamientos sean irreprensibles, no solamente delante de los hombres sino también delante de Dios, o no solamente delante de Dios sino también delante de los hombres."

Él se ve como un embajador de Cristo y un colaborador con Dios, y como tal él necesita hacer un esfuerzo por dicha santificación. Y Dios lleva a cabo esa santificación a través de los medios de gracia. Y algunos de esos medios de gracia corresponden a la oración, a la confesión, al estudio de la Palabra, a la vida de comunidad en la iglesia, el bautismo que nos ayuda en la vida de obediencia y en la vida de testificación, la cena del Señor que nos recuerda continuamente lo que fue pagado por nosotros. Pero es posible ser haraganes espirituales en el uso de los medios de gracia. Y la haraganería espiritual resultará entonces en una vida de poca santificación, y una vida de poca santificación habla de poco aprecio por la salvación que hemos recibido, por la gracia que nos ha sido otorgada.

Cuando Pablo les escribe a los filipenses, entonces, en 2:12 les dice: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor." Ese es el llamado al esfuerzo que nos toca hacer una vez nosotros hemos recibido salvación, una salvación que es eterna. Pero el hecho de que sea eterna y no perdible no dice que yo no necesito cuidarla. Justamente para que la salvación entregada pueda producir en nosotros los frutos esperados. De lo contrario, nosotros adoptamos una actitud de cierta apatía, de cierto descuido, que resulta en una de dos cosas o en ambas cosas: falta de preocupación para que otros escuchen el mensaje, otros reciban salvación, y/o falta de preocupación por una vida de santificación.

De hecho, Pablo les escribe a los mismos corintios en el capítulo próximo, solamente un capítulo después, versículo 1. Le dice —por tanto, amados, teniendo estas promesas—: "Limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios." Limpiémonos, en el imperativo. ¿Y quiénes lo hacen? Nosotros. Limpiémonos. ¿Cómo lo hacemos? En el poder de Dios, en la gracia de Dios, por medio de su Palabra, por medio de su Espíritu. Pero limpiémonos. Ahí está el llamado a esa santificación.

Pablo está escribiendo a los corintios porque ellos están haciendo vana, infructífera, la gracia que han recibido. Y más adelante tú ves en la misma palabra del apóstol Pablo la misma preocupación, en 12:21 de esta carta, cuando le dice: "Yo temo que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros, y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado." Yo temo que cuando yo regrese me encuentre con ustedes otra vez. Resulta en llanto de parte mía, lo cual delante de ustedes es como una humillación, al encontrar, al darme cuenta que muchos de ustedes no se han arrepentido de su inmoralidad, de su impureza y de la sensualidad que habían practicado. Es por eso que Pablo está escribiendo en esta porción de la carta y les dice: "Os exhorto a no recibir la gracia de Dios en vano," a recibirla y luego vivir una vida como de poca importancia con relación a dicha gracia.

Una segunda manera como nosotros despreciamos la reconciliación que hemos recibido es cuando, habiendo sido reconciliados con Dios, no tenemos gran deseo de ir donde otros para que aquellos puedan escuchar la palabra de la reconciliación que se nos ha entregado a nosotros. O cuando, habiendo sido reconciliados con Dios, no le damos importancia a cuando nosotros permanecemos en un estado de irreconciliación con otros.

En parte, muchos piensan que esta introducción del capítulo 6 es a esto que se está refiriendo, a esto que voy a mencionar ahora: los corintios están irreconciliados con Pablo porque han vivido acusando a Pablo, no han aceptado la legitimidad de su apostolado y de su enseñanza. Pablo está diciendo que la irreconciliación de ellos con él es un reflejo de que ellos no han valorado la gracia que han recibido en Cristo Jesús o de parte de Cristo Jesús. En cierto modo lo creo así, porque el versículo 3 que es lo que le da continuación a esta introducción es justamente Pablo otra vez defendiendo su ministerio ante las acusaciones de los corintios.

Pablo luchó por ganarse el corazón de esta gente, hasta el punto que otra vez en el próximo capítulo, versículo 2, leemos el 1, el 2: "Acéptennos," les dice Pablo a los corintios, "en vuestro corazón." Acéptenme. Es que no me aceptan, no me reciben, no me creen, no me tienen por hermano, no me tienen por ministro del satisfactoriolio, no me tienen por apóstol. "Acéptennos en vuestro corazón. A nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos tomado ventaja." Y si eso es lo que Pablo está haciendo, conectando estas palabras con la defensa de su ministerio que sigue en el versículo 3, entonces tiene sentido que mucho de esto estaba relacionado a esta irreconciliación que ellos mantenían con el apóstol. Y él está diciendo: "Corintios, ustedes están haciendo vana la gracia de Dios con esta irreconciliación."

Una tercera manera como los corintios, y por tanto nosotros, despreciaron ellos y nosotros pudiéramos despreciar el mensaje que habían recibido, era permitiendo la existencia de falsos maestros entre ellos, como en efecto ocurrió. En esta misma carta, en 11:4, Pablo dice: "Porque si alguien viene y predica a otro Jesús, a quien no hemos predicado, o recibís un espíritu diferente que no habéis recibido, o aceptáis un evangelio distinto que no habéis aceptado, bien lo toleráis." Corintios, me llama la atención, me tiene pasmado el hecho de que ustedes tienen tan poco valor por el satisfactoriolio, por la pureza de la palabra no adulterada, hasta el punto que ustedes tienen entre ustedes falsos maestros que les predican otro Cristo, otro mensaje, otro evangelio, y ustedes lo toleran, y a mí no me reciben. No han apreciado el verdadero evangelio, o lo han menospreciado.

Los habitantes de Berea no fueron de esa manera. Esta gente valoró tanto lo que habían recibido en la Palabra que cuando Pablo comenzó a hablarles, ellos comenzaron a escudriñar las Escrituras para ver si lo que Pablo decía era cierto o no. Así valoraron ellos el mensaje recibido. Los habitantes, o mejor dicho, los creyentes de la iglesia de Salónica escucharon la palabra de Dios, el mensaje del Evangelio, y la recibieron como lo que verdaderamente es: la Palabra de Dios, y no como la palabra de los hombres. Esta otra gente valoró el mensaje recibido. Congregaciones de ese tipo no toleran falsos maestros ni herejes. Los gálatas sí, y con eso menospreciaron la gracia que habían recibido y la estaban volviendo vana.

Una cuarta manera de cómo nosotros pudiéramos despreciar, no valorar, la gracia recibida o la salvación recibida, es cuando después de ser salvos nosotros continuamos perdiendo el tiempo que Dios nos ha puesto en las manos. En vez de usarlo de manera sabia conforme a sus propósitos, no viendo a nadie según la carne, como Pablo dice en 2 Corintios 5:16. Escucha cómo el apóstol Pablo escribe a los efesios y les dice: "Por tanto, tened cuidado" —Efesios 5:15 en adelante— "cómo andáis, no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor."

El no ser diligente con el uso del tiempo que Dios ha puesto en nuestras manos se convierte en una forma de menosprecio de la salvación que se nos ha entregado, porque sería una manera de nosotros continuar viviendo para nuestras propias agendas, nuestros propios propósitos, nuestros propios intereses. En vez de de ahí en adelante comenzar a vivir conforme a la agenda, intereses, propósitos, metas, deseos, programas del reino de los cielos. Sería una manera de menospreciar el trabajo de Cristo en la cruz a favor nuestro.

Mira cómo ahora el apóstol Pablo avanza en su texto. Primero les habló de cómo ellos son y nosotros somos colaboradores con Cristo, o debemos ser. Luego les habló del peligro de volver vana la gracia recibida o volverla infructífera. Y en tercer lugar yo quiero que veamos ahora el llamado al incrédulo a prestar atención a la voz de Dios mientras todavía hay una ventana de oportunidad. Hay una exhortación para el creyente por ahí, un llamado para el incrédulo. Y nosotros vimos la preocupación de Pablo hacia los corintios acerca de que la gracia recibida en la salvación no produjera los resultados necesarios.

Pero ahora también en el versículo 2 nosotros encontramos un llamado a la reflexión, quizás para aquellos que estaban entre ellos todavía como incrédulos, por entre la congregación, para que prestaran atención a la salvación que se les estaba ofreciendo mientras había tiempo. Y escucha cómo Pablo lo hace en el versículo 2. Es interesante que cuando Pablo va a llamar esa atención lo hace a través de una cita del profeta Isaías en el capítulo 49, versículo 8. Y antes de leerte la cita, déjame decirte que si tú lees todo el capítulo 49 de Isaías descubrirás que tiene que ver completamente con Cristo y la obra de redención. Eso es una cita profética escrita 750 años quizás antes que Cristo viniera, pero dicha de una manera en tiempo pasado como si ya hubiese ocurrido.

Y en un momento dado entonces, en el texto de Isaías 49:8, leemos lo que Pablo trae ahora a colación en el versículo 2. Pues él dice: "En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación."

La cita de Isaías es mucho más larga. Si tú la lees completa, descubrirás que antes de ese verso, Isaías 49:8, hay un versículo donde aparece algo que si lees parecería como que Cristo estaba reflexionando acerca de la labor infructífera entre los judíos. Recuerda que a lo suyo vino y los suyos no lo recibieron. Pues en Isaías 49:4 aparecen estas palabras: "Y yo dije: En vano he trabajado, en vanidad y en nada he gastado mis fuerzas." Y es como que el Padre lo interrumpe y le hace la promesa al Hijo: "No, no, no, no. Habrá un día propicio y habrá un día de salvación." Y entonces estas son las palabras del Padre para con Cristo: "En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación."

El texto mismo habla de cómo Dios Padre dio a Cristo como pacto, como pacto en su sangre, símbolo del nuevo pacto en su sangre. Y ahora entonces el apóstol Pablo toma ese versículo de Isaías 49, lo aplica a los corintios, y les dice a los corintios: el día propicio es ahora que Cristo ha llegado, el tiempo de salvación es ahora que Cristo se ha encarnado, que ha muerto y ha resucitado. En otras palabras: corintios, no desprecien esta ventana de oportunidad que Dios ha abierto ahora a través de la encarnación, muerte y resurrección del Señor Jesucristo.

Nosotros no conocemos cómo Dios trabaja, pero es evidente cuando tú examinas las Escrituras que hay tiempos de abundante gracia derramada sobre localidades específicas en tiempos específicos. Y ahora que Cristo ha llegado, la gracia se ha derramado en él hasta el punto que Juan habla de que él nos dio gracia sobre gracia. Y Pablo está diciéndoles a los corintios: ahora hay una ventana de oportunidad de arrepentimiento, aprovéchenla. El tiempo propicio, el tiempo apropiado, el tiempo necesario, el tiempo que es.

Cuando tú revisas las Escrituras de principio a fin, tú encuentras que Dios abre ventanas de oportunidades y las cierra. En Génesis 6 descubrimos que la maldad de los hombres había crecido mucho. En el versículo 3, Dios dice: "No contenderá mi espíritu para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán por esos días ciento veinte años." Yo había estado contendiendo con el hombre, con su maldad, con su iniquidad. No más, ciento veinte años. Noé comienza a construir el arca. Por ciento veinte años Noé de alguna manera predicó el mensaje y la gente hizo caso omiso. Y llegó el día en que comenzó a llover y la gente quería entrar al arca, pero la puerta ya se había cerrado. La ventana que Dios había abierto había sido cerrada. Por eso leemos en Génesis 6:7: "Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado." No había marcha atrás, el tiempo había terminado, la puerta había sido cerrada.

Tú avanzas unos libros más, llegas al primer libro de Samuel en el capítulo 2:25, y te encuentras una lectura acerca de los hijos de Elí que habían pecado contra Dios, que habían tenido tiempo de arrepentirse. En 1 Samuel 2:25 se nos dice: "Ellos no escucharon la voz de su padre, la voz de Elí, porque el Señor quería que murieran." En otras palabras, Dios había decretado la muerte de los hijos de Elí porque la ventana de oportunidad que ellos tuvieron ya había concluido.

Es a principios como estos que Pablo está apelando cuando dice: este es el tiempo propicio, este es el día de salvación. A través de los profetas, Dios llamó a su pueblo continuamente al arrepentimiento, y cuando su pueblo no respondió, Dios volvió y cerró la ventana que él mismo había abierto. Escucha cómo él lo dice a través de Oseas en 5:6: "Irán con sus rebaños y sus ganados en busca del Señor, pero no le encontrarán. Se ha retirado de ellos." En tiempos atrás el pueblo vino con sus rebaños, con sus ganados. El Señor los protegió, el Señor les dio alimento, el Señor les dio agua. Y ahora vendrán en medio de las dificultades en busca del Señor, pero el Señor no será encontrado, no se dejará encontrar, porque ya se ha retirado de ellos. Hay un llamado a buscar al Señor mientras él puede ser encontrado.

Este llamado a oír entre los corintios para el incrédulo que estaba sentado entre ellos es un recordatorio de que cientos de años atrás se había hablado de que llegaría un día propicio, un día de salvación, en un capítulo entero donde habla del siervo del Señor, que no era otro que Cristo mismo. Y ahora Pablo ha predicado a Cristo y a este crucificado en medio de ellos. Ellos están rechazando a ese Cristo, están rechazando el mensaje de ese Cristo, y Pablo les recuerda en qué tipo de tiempos ellos están viviendo.

Nosotros también estamos viviendo un tiempo donde el Evangelio está siendo predicado, pero muchos no están escuchando. Y como Dios en su misericordia ha estado retardando su juicio, muchos concluyen que dicho juicio nunca vendrá. Y cuando Pablo escriba a los romanos en 2:4, él les recuerda, para los judíos justamente, que es la bondad de Dios la que está retardando el juicio esperando por su arrepentimiento. Escucha cómo Pablo dice en Romanos 2:4: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?" ¿Le das tan poca importancia tú a la bondad, a la misericordia, a la tolerancia y paciencia de Dios? Tú que todavía no te has arrepentido, ¿es que no has asimilado la paciencia de tu Dios? Eso es lo que Pablo está diciendo a los romanos.

Y ahora en Corintios, a los corintios, cuando él escribe la segunda carta en 6:2, él dice primero: les exhorto a no recibir la gracia de Dios en vano. Pues ahí está la conexión. Él dice, o él dijo: "En el tiempo propicio te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación."

Una y otra vez, otra oportunidad, otro chance, otro alargamiento de la espera, mayor paciencia. Como Dios hizo con el reino del norte en Israel: le proclamó, le proclamó, le proclamó el mensaje. No se arrepintieron y fueron dispersos a los cuatro vientos. Bueno, en el reino del sur, posteriormente, 150 años después, también llevados cautivos a Babilonia después de un largo periodo de espera.

Y ahora Pablo les recuerda a los corintios: este es un tiempo distinto, un tiempo propicio, apropiado para el arrepentimiento, para que no tengamos que oír las palabras de Isaías en el capítulo 55, versículo 6, cuando dice: "Buscad al Señor mientras puede ser hallado y amadlo en tanto que está cerca." La implicación es: habrá un tiempo en que el Señor no estará cerca y habrá un tiempo cuando el Señor no podrá ser hallado. Hay tiempos de gracia, hay ventanas de oportunidades, y hay cierre de dichas ventanas.

Cuando Pablo recorría las regiones predicándoles el evangelio, a pesar de que él fue llamado como apóstol a los gentiles, su llamado primario comenzó con los judíos. Y cuando estos no quisieron escuchar, se cerró la ventana. Escucha como Lucas lo registra en Hechos 13:46: "Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: Era necesario que la satisfacción de Dios les fuera predicada primero a vosotros, más ya que la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí nos volvemos a los gentiles." Era necesario comenzar con vosotros judíos la predicación del evangelio, pero ya que la rechazan, ya que no le dan importancia, ya que no se juzgan a ustedes mismos como dignos de vida eterna, entonces nos vamos para los gentiles.

Con toda esa idea detrás del plan de Dios y cómo Dios ha operado, entonces escucha otra vez lo que Pablo le dice: "Ahora es el tiempo propicio, he aquí ahora es el día de la salvación." Hay un sentido de urgencia en estas palabras. En una frase corta, el adverbio "ahora" aparece dos veces: ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. Tratando de enfatizar, de subrayar, de insinuar la importancia que tiene este tiempo, especialmente a la luz, por lo menos para nosotros que conocemos toda la Biblia, ahora a la luz del resto que la Palabra tiene que decirnos.

Porque déjame usar enseñanzas del apóstol Pedro para atraer un poco de luz. ¿Por qué Pablo está diciendo: "Corintios, este es un tiempo especial, este es un tiempo propicio, he aquí ahora el día de la salvación"? No aquilata, valora cuán importante este tiempo es. Entonces escucha a Pedro hablando acerca de este tiempo que nos incluye a nosotros, de la importancia que este tiempo tiene.

Pedro, en su primera carta, capítulo 1, versículos 10 al 12, dice que los profetas de la antigüedad profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, corintios y efesios y demás. Ellos profetizaron de la gracia que vendría en Cristo Jesús, y ellos diligentemente inquirieron e indagaron. Estos profetas, un Isaías, un Oseas, un Jeremías, ellos indagaron. Y los profetas que escudriñaron e indagaron a las personas que escudriñaron, que ellos no vieron, que era futura para ellos, pero corintios, a ustedes ha llegado ya. Primera manera de comenzar a ver el valor de este tiempo.

Estos profetas, dice Pedro, profetizaron los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. Ustedes corintios vieron los sufrimientos de Cristo y ustedes han comenzado a ver la gloria que seguiría, justamente por la salvación como ha llegado por gracia a vosotros, no por medio de la ley. Además, estos profetas, cuando hicieron eso, entendieron, dice Pedro, no se servían a sí mismos sino a vosotros, gente que vino cientos de años después. Al profetizar una cosa que en cierta medida ellos mismos no les iba a traer el beneficio, verdad, que los corintios sí estaban recibiendo. Dice: ellos entendieron que tenían que hacer esto por el beneficio de generaciones futuras. Ustedes corintios son parte de estas generaciones futuras.

Y Pedro agrega en el versículo 12 de esa primera carta, en 1:12, que los ángeles anhelaban mirar lo que los corintios estaban ya viendo. ¿Se imaginan eso? ¿Se imaginan, corintios? ¿Se imaginan? Nosotros, ¿nos imaginamos qué cosa que los ángeles estaban como en el borde anhelando ver? Ahora los corintios y nosotros no le demos importancia, que la gracia visitada en Cristo, qué gran paradoja aquella es. Cosas que los ángeles y arcángeles de Dios anhelaban ver, los hombres y los corintios realmente le habían dado poca importancia, hasta el punto de convertir en vana la gracia que habían recibido.

"Ahora es el tiempo propicio, he aquí" —idou es la palabra en griego— "ahora es el día de salvación." Este "he aquí" enfatiza el ahora. Aquí ahora otra vez, aquí ahora: tiempo propicio, día de salvación. ¿Por qué es propicio? Porque Cristo se ha encarnado, la ley ha quedado atrás. No solamente se ha encarnado, ha completado la ley, ha muerto en beneficio del perdón de los pecados, ha resucitado, ha garantizado las promesas y ha extendido al hombre, a través de la palabra de la reconciliación y embajadores de Cristo, una invitación a la salvación. Y algunos de ustedes corintios todavía la rechazan, y otros, habiéndola recibido, permanecen irreconciliados conmigo, como veremos en el versículo 3 que sigue.

La reconciliación Cristo la lleva a cabo en la cruz, pero la proclama en el tiempo a través de aquellos que Él llama "embajadores míos." Una invitación a toda la humanidad, porque Dios estaba en Cristo reconciliando al hombre consigo mismo, no contando sus transgresiones contra ellos, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: reconciliaos con Dios. Porque a Aquel que no conoció pecado, fue hecho pecado para que nosotros pudiéramos llegar a ser justicia de Dios en Él. Eso es como él concluye el capítulo anterior, y esto es como le sigue el capítulo siguiente.

En otras palabras, todo esto que procede de Dios, como vimos, ahora ustedes lo han menospreciado, no le han dado el peso, la importancia que realmente tiene. Y la manera como lo sabemos, corintios, es porque su vida no lo refleja. Su vida de santificación es carente. Versículo 7:1: permanece todavía la inmundicia entre ustedes. Temo que cuando vaya los encuentre sin arrepentir. Su vida no refleja el valor de la gracia que han recibido, no refleja el valor de la reconciliación. Y la reconciliación que mantienen conmigo no refleja que ustedes han entendido la reconciliación que Cristo llevó a cabo con ustedes.

Corintios, pensemos por un momento, porque esto tiene ese contexto: se escribió para esa congregación y en ese tiempo, pero tiene una aplicación. Toda palabra tiene un contexto para el cual o en el medio del cual fue dada, pero tiene una aplicación para todos los tiempos. Y es posible entonces que entre nosotros tengamos esos dos grupos también. Un grupo que ha tomado la gracia, recibido salvación, pero la ha convertido en algo vano, en algo vacío, en algo sin importancia, porque no está produciendo los frutos que se esperan, porque no ha aquilatado lo que ha recibido al ser salvo, porque no ha aquilatado cómo fuimos llamados de las tinieblas a su luz admirable.

Pero quizás hay otro grupo que ha escuchado el mensaje de salvación una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, y todavía no responde al mensaje. Porque tampoco entiende que este es el tiempo propicio, que este es el día de la salvación, y que llegará un momento en que esa ventana se cerrará, ya sea con Su venida o sea con mi partida, pero no quedará abierta. Y Pablo está argumentando con ellos la necesidad de la respuesta.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.