Cuando repetimos "venga tu reino", ¿sabemos realmente qué estamos pidiendo? Esta segunda petición del Padre Nuestro encierra mucho más de lo que solemos percibir. El reino de Dios no es solo una realidad futura ni puramente espiritual: ya ha sido inaugurado y está presente hoy en el corazón de los creyentes. Donde antes reinaba el pecado, Cristo ha tomado el trono. El poder del pecado ha sido quebrado, aunque no eliminado por completo, y ahora vivimos en territorio ocupado por el enemigo, como trigo creciendo entre cizaña, en medio de un reino de tinieblas que va siendo replegado por la luz.
Este nuevo reino opera con valores completamente contrarios a los del mundo. Si quieres ser primero, debes ponerte de último. Si quieres ganar tu vida, debes perderla. Las maldiciones por causa del nombre del Rey se convierten en bendiciones, y el sufrimiento pasa a ser privilegio. Somos hijos de la luz, ciudadanos de un reino extraño que funciona con lo que parecen contravalores, pero que revelan la nueva cosmovisión de quienes han nacido de nuevo.
Pedir "venga tu reino" tiene entonces una triple dimensión: que el señorío de Cristo crezca en mi propia vida, desplazando todo rastro del ciudadano viejo; que ese reino sea inaugurado en corazones donde todavía no reina; y que llegue la consumación final, cuando Satanás deje de ser el dios de este mundo y toda rodilla confiese que Jesucristo es Señor. La pregunta que queda es: ¿cuánto deseo tenemos realmente de que eso ocurra?
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Mateo 6. Si continuamos con nuestra serie sobre el Sermón del Monte y, en particular, sobre la oración del Padre Nuestro, yo voy a leer nuestra frase para el día de hoy y nuevamente voy a volver a leer toda la oración, como lo hemos venido haciendo. El versículo 10 tiene una primera frase que es la segunda petición de esta oración, que dice: "Venga tu reino." Yo quiero usar esa frase y hablar acerca de lo que implica esa petición, pero leamos a partir del versículo 9.
"Orad, pues, de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día, y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal, porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén."
Padre, gracias por una oración tan guiada, de tanta enseñanza, de tanta guianza para nosotros en el día de hoy. Aquellos de nosotros que tenemos años repitiendo esa oración y que no hemos entendido su significado completo, ayúdanos a poco a poco ir aquilatando y reconociendo todo lo que existe encerrado detrás de ella, de tal forma que al pedir conforme a lo que tú plasmaste en esta oración, entendamos qué estamos pidiendo, cuál debe ser nuestra disposición, qué debiéramos estar buscando, qué debiéramos estar esperando, para tener las expectativas que tú tenías al enseñar de esta forma a tus discípulos. En tu nombre, Jesús, amén.
Bueno, comenzamos la semana anterior a exponer las peticiones de esta oración, y dijimos que son seis las que están encerradas en el Padre Nuestro. Las tres primeras tienen que ver con Dios directamente; las últimas tres tienen que ver conmigo en mi relación con los demás. El domingo anterior vimos la primera: "Santificado sea tu nombre." Hoy estamos viendo, o estaremos viendo, la segunda: "Venga tu reino."
Yo no sé cuántas veces tú has pronunciado esta oración, no sé cuántas veces quizás la has oído o la has leído. Pero quizás ya es un buen tiempo para preguntarnos: de todas esas veces que yo la dije, la oí, la leí, ¿cuánto me percaté al orarla de lo que estaba pidiendo, de lo que estaba en la mente de Cristo cuando Él pasó estas palabras a sus discípulos? Por todas las veces que mis labios han pronunciado esas palabras, ¿cuántas veces mi mente se percató de lo que mis labios estaban diciendo?
Esta es la petición: "Venga tu reino." ¿A dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿En qué consiste? ¿Cuáles son sus ciudadanos? ¿Esto es una petición para el presente o es para el futuro? ¿Cómo luce? ¿Cómo yo entro a ese reino? Yo quiero responder esas preguntas, no necesariamente en el orden que las acabo de pronunciar, sino en el orden en que yo mejor pueda hilvanar las respuestas. Pero yo creo que antes de nosotros pedir, es necesario que entendamos en qué consiste la petición, y en este caso, en qué consiste ese reino, cómo luce, dónde se da, cómo se da.
La palabra "reino" es una abreviatura de la frase "el reino de los cielos" o "el reino de Dios." Algunos han entendido que el reino de los cielos y el reino de Dios son dos realidades distintas. Algunos han creído que el reino de los cielos o el reino de Dios es una realidad solamente espiritual, y que es una realidad presente en el día de hoy, en la que aquellos cristianos que murieron ya están en ese reino gobernando con Cristo, pero que esa realidad es solamente espiritual. Hay otros que piensan que el reino de los cielos es algo futurista, y no solamente que es futurista, sino que es solamente físico aquí en la tierra.
Usualmente aquellos que tienen la posición amileniana entienden que este reino es espiritual, que es presente y que es algo que está ocurriendo ya con Cristo y los creyentes que ya han llegado hasta Él y con los demás de nosotros que llegaremos en algún momento. Pero ellos no creen que el reino milenial del que habla Apocalipsis 20 sea una realidad física ni una realidad futura, y piensan que tampoco corresponde a un período de mil años, sino a un período largo de tiempo, y es en ese sentido espiritual. Aquellos que son puramente dispensacionalistas piensan que el reino es puramente físico y puramente futurista. Y luego estamos un grupo de nosotros que estamos en el medio.
Pero la pregunta es, y eso es lo que queremos explorar, qué dice la Biblia. Porque al igual que los bereanos, nosotros necesitamos escudriñar lo que la Palabra de Dios dice, porque aun en el caso de Pablo, ellos supieron hacerlo para ver si lo que Pablo decía era cierto. El estudio cuidadoso y minucioso de estas frases —el reino de los cielos, el reino de Dios, el reino de Cristo— revela que no son formas o realidades diferentes; son formas diferentes de referirse a una misma cosa.
La frase "el reino de Dios" aparece cuatro veces en Mateo, catorce veces en Marcos, treinta y dos veces en Lucas, dos veces en Juan, a lo largo del libro de los Hechos, ocho veces en Pablo y una vez en Apocalipsis. Mateo solamente menciona esa frase cuatro veces; sin embargo, la otra frase, "el reino de los cielos," la menciona treinta y tres veces. Y la razón es obvia: Mateo era judío y escribió su Evangelio con una audiencia judía en mente, y los judíos hacían lo indecible para evitar pronunciar el nombre de Dios en vano, no fuera a ser que lo blasfemaran, y por tanto Mateo prefiere el término "el reino de los cielos." Los otros evangelistas —Marcos, que escribió predominantemente para la audiencia romana; Lucas, probablemente para los gentiles en general o los griegos; y Juan, para una audiencia universal— usan la frase "el reino de Dios." De manera que ahora nosotros vamos entendiendo que ellos están hablando de la misma realidad, simplemente haciendo uso de frases distintas. De hecho, en una de las cartas este reino es referido como el reino de Cristo.
Ahora la pregunta es: cuando Cristo hizo esta petición, cuando nos enseñó que nosotros debiéramos estar haciendo esta petición —"venga tu reino"—, ¿a qué se estaba refiriendo? ¿A algo puramente futurista? En la superficie parecería de esa manera: "venga tu reino," como que no ha llegado. Y sin embargo, nosotros sabemos por el mismo Cristo, a la luz de los Evangelios, y de una forma clara, que ese reino ya llegó, ya está entre nosotros y que está incluso creciendo.
Mira este texto. En un momento dado, cuando Cristo está siendo acusado de expulsar los demonios por el poder de Belcebú, Cristo entonces les dice en Mateo 12:28: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de los cielos ha llegado a vosotros." Si este poder está siendo manifestado, si yo estoy ya expulsando demonios por el poder del Espíritu, yo quiero que ustedes entiendan que el reino de los cielos ya ha llegado a vosotros, está caminando, ha sido inaugurado. Y claramente ese pasaje nos deja ver que ciertamente el reino de los cielos es una realidad presente.
La pregunta entonces es: si es una realidad presente, ¿dónde está?, ¿cómo luce?, ¿dónde reina?, ¿dónde está su trono?, ¿en qué consiste? A lo largo de la Palabra nosotros vemos que Cristo está reinando en el corazón de los creyentes. Mira cómo Lucas 17:21 dice: "Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está." No "estará," ya está. Y está en el corazón de los creyentes. En ese corazón donde reinaba el pecado, en ese corazón donde el pecado se enseñoreaba sobre nosotros, en ese corazón donde ya no reina el pecado cuando eres creyente, donde ya Cristo se ha sentado, es de donde Cristo gobierna; desde ahí Cristo está ejerciendo su soberanía.
Pablo nos habla múltiples veces de que antes éramos esclavos, pero ahora somos libres en el Señor. El Hijo de Dios nos ha libertado, y en ese reino, sobre ese trono donde antes se sentaba el pecado y reinaba sobre nosotros, ahora reina Cristo. Por eso es que Pablo dice que ya no reine el pecado sobre vuestros cuerpos mortales, porque el pecado no es libre; nosotros somos los que le damos autoridad y espacio al pecado para que siga reinando sobre nosotros. Pero tenemos nuevo Rey y estamos bajo un nuevo manejo. El reino se inauguró.
Mira cómo Mateo lo dice en 11:12: "Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia." ¿Cómo es que sufre violencia? Claro, porque el reino de la luz vive en conflicto continuo con el reino de las tinieblas. Y por tanto, cada vez que esos dos reinos se chocan, hay violencia. El reino de los cielos, desde que Juan comenzó a anunciarlo, sufre violencia. Juan el Bautista incluso sufrió parte de esa violencia cuando fue decapitado por hijos de ese otro reino. Son dos reinos en conflicto.
Estamos en guerra. Muchas veces mi esposa me ha oído decir por los años: "Recuerda que estamos en guerra." Y literalmente así es como el reino de los cielos viene avanzando: ha sido inaugurado en medio de un reino de tinieblas y tiene que ir desplazando esas tinieblas, como la misma Palabra nos revela.
De manera que este es un reino que ha sido inaugurado, que es presente, que corresponde a una realidad espiritual por un lado. Pero por otro lado, la Palabra también revela que este reino es futurista y que al mismo tiempo corresponde a una realidad física. La inauguración se ha dado y el avance ha comenzado hacia una consumación de ese reino. Y es ahí donde nosotros leemos en Marcos 14:25 a Cristo decir: "En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba de nuevo en el reino de Dios," como algo futuro. Claro, porque está hablando de la consumación de un reino que viene avanzando, que va arrinconando al otro reino, el reino de las tinieblas, y del cual nosotros ahora somos parte en ese avance.
De manera que el reino de Dios, en esencia, como dice este diccionario teológico, representa primordialmente el gobierno de Dios, la autoridad monárquica divina, la soberanía de Dios ejercida. Ahora, en los cielos, allá arriba, de manera con una sola voluntad donde nadie la opone; pero aquí debajo, el reino de los cielos está continuamente siendo opuesto por el reino de las tinieblas, por nuestras voluntades pecaminosas, y tiene que abrirse paso en medio de todo esto. Hoy por hoy, la Palabra de Dios reconoce a Satanás como el dios de este mundo. Y mientras Satanás es reconocido como el dios de este mundo y el príncipe del imperio del aire, no hay manera de que nosotros podamos hablar de la consumación completa del reino de Cristo.
Eso no ha ocurrido, y la evidencia es que Satanás sigue siendo llamado de esa manera. De hecho, Primera de Juan habla de que todo el mundo yace en el poder del maligno. Eso no va a continuar para siempre, se va a cambiar; pero en el ínterin, el reino de los cielos se abre paso en medio del reino de las tinieblas. Son dos reinos en conflicto, en choque, con valores, con metas, con características totalmente diferentes. Uno es llamado por Dios el reino de las tinieblas, y el otro es llamado por Dios el reino de la luz. Y si son reinos, deben tener ciudadanos, y los tienen, de acuerdo a la Palabra.
La Palabra los llama hijos: hijos de un reino e hijos del otro reino. Lucen diferente, caminan diferente, piensan diferente: los hijos del reino y los hijos de las tinieblas. En la parábola del sembrador, en Mateo 13 —que he dicho, sea de paso— si usted quiere conocer abundantemente acerca de este reino, Mateo 13 es su capítulo ideal. Tiene siete parábolas, todas del reino. En cada una de ellas, Cristo comienza diciendo: "El reino de los cielos es como...", siete veces, lo que nos da una amplia ilustración de en qué consiste este reino.
De manera que yo le animo y le estimulo a que esta tarde o mañana usted pueda visitar ese capítulo y pueda ver cada una de esas parábolas, quizás con una biblia de estudio, quizás con un comentario; pero entre allí y comience a edificarse acerca de cómo es este reino de los cielos. Una de esas parábolas —de este grupo de siete, como se le conoce— es la parábola del sembrador. De este sembrador salió a tirar semillas en el campo, y las semillas fueron cayendo en diferentes tipos de terreno: unas cayeron en un terreno pedregoso, un terreno duro; otras cayeron en un terreno fértil, etcétera, etcétera. Usted conoce los detalles; no puedo entrar ahí porque no tengo ese tiempo.
Pero en la explicación de la parábola, Cristo dice lo siguiente, en el versículo 38 de Mateo 13: "Y el campo, donde salió a sembrar el sembrador, es el mundo; y las buenas semillas son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno." Entonces tenemos hijos del reino e hijos del maligno. En esa misma sección de Mateo 13 se nos dice que hasta la siega, los hijos del reino —que son el trigo— y los hijos del maligno —que representan la cizaña en otra parábola— crecerán juntos, y que deben permanecer así porque eso es parte del diseño. Llegará el tiempo cuando los ángeles de Dios, en el tiempo de la siega, comenzarán a separar el trigo de la cizaña, la buena semilla de la mala semilla, los hijos del reino de los hijos de las tinieblas. Por ahí están claramente identificados estos dos grupos de ciudadanos.
Y Pablo, entonces, hablando de nuestro estado actual, donde ya estamos como ciudadanos del reino, nos dice en 1 Tesalonicenses 5:5: "Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas." Antes, dice Pablo a los efesios, en Efesios 5:8, "erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor." Antes ustedes eran de los hijos de este otro reino; ya no lo son. Antes eran ciudadanos de un reino; ahora son ciudadanos del otro reino.
De tal forma que yo necesito ahora, al pasar de este reino a este reino, comenzar a ver de qué forma se comporta, piensa, vive y actúa en los hijos de la luz. Déjame darte algunas ideas a partir de la Palabra de Dios. Yo necesito toda una nueva forma de pensar, de vivir, una nueva cosmovisión. Usted conoce estas cosas, pero se las voy a mencionar. Ahora, en el nuevo reino, si yo quiero ser primero, tengo que ponerme de último en la fila. En el nuevo reino, si por casualidad Dios, por su gracia, me promueve y me hace el mayor, yo necesito ser el siervo de todos. ¿Se da cuenta de que estos reinos funcionan con valores totalmente contrarios?
En el nuevo reino, en mi nueva ciudadanía, si yo quiero ganar mi vida, yo tengo que perderla. Este es un reino extraño; este es un reino que funciona con lo que pudiéramos llamar contravalores en relación al reino anterior. Porque resulta que ahora las aflicciones por causa del nombre del Rey, en este nuevo reino, no son maldiciones sino bendiciones. Y el dolor y el sufrimiento, en vez de ser algo que yo quiero evitar, la Palabra me dice que es un privilegio el ser juntamente con Él: "A vosotros se os ha concedido el privilegio, no solamente de creer en Él, sino de sufrir con Él." Este es un reino extraño. Si usted no está bien y no piensa bien, lo pensará dos veces antes de querer entrar allí, porque los valores de este reino son totalmente contrarios.
Ahora, Dios quiere que una vez yo entre a su reino, yo luzca como uno de los hijos del reino. Y lo que me permite a mí tener esa nueva cosmovisión son las ocho bienaventuranzas que nosotros dejamos atrás. Esas características de las bienaventuranzas se han convertido en mi nuevo traje con el cual yo me visto. Ese nuevo traje, esa nueva forma de ser y de pensar, producen estos nuevos valores, y esas son las formas como yo he comenzado a vivir y las cuales yo persigo ahora.
El reino de Cristo ha sido inaugurado, pero las tinieblas no han sido completamente replegadas. Escuche cómo Juan lo dice en su primera carta: "Las tinieblas van pasando." Están aquí presentes, ya no son exactamente como antes; "las tinieblas van pasando y la luz verdadera ya está alumbrando." Las tinieblas van pasando, la luz se va haciendo paso; pero en el ínterin, nosotros tenemos que saber que estamos viviendo en territorio ocupado por el enemigo. Si somos trigo, alrededor hay mucha cizaña. Este es un campo minado; tengo que tener cuidado porque en cualquier lugar puedo encontrar algo que me explote, porque era parte de las minas del enemigo en este campo, son parte de sus trampas para hacerme caer.
Pero el reino está inaugurado: el reino de la luz en medio del reino de las tinieblas, que lo va replegando. El reino está avanzando en este mundo, pero este mundo, hoy por hoy, sigue siendo el mundo de Satanás. Este es el reino que Satanás le ofrece a Cristo cuando lo tentaban en el desierto. Satanás va a donde Cristo y le dice: "Mira este mundo, mira los reinos de este mundo; a mí me han sido dados. Yo te los ofrezco, yo te los ofrezco por una cosita, un solo acto. Esto no va a ser difícil, esto no va a tener cruz, esto no va a tener dolor, no va a tener clavos. Tú solamente necesitas doblar tus rodillas ante mí en este momento y yo te los entrego, porque a mí me han sido dados. De hecho, Dios dice que yo soy el dios de este mundo, después de todo, y que todo el mundo yace en mi poder."
Esa es la misma oferta de los reinos de este mundo que Dios Padre le hace al Hijo, excepto que no en ese momento y no de esa forma. Pero llegaría el momento en que el reino de las tinieblas dejaría de ser, en que Satanás dejaría de ser el dios de este mundo, y Cristo pasaría a ser el representante del reino de la luz, y donde él estaba sentado, estaría sentado el Cristo de Dios. Y mira cómo la Palabra lo dice al final de la historia. Apocalipsis 11:15: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo que decían: El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo." El reino del mundo que le había sido entregado a Satanás por un momento, por un tiempo, el que él le ofreció a Cristo en el desierto, ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo, "y Él reinará por los siglos de los siglos."
Pero en el ínterin, mientras tanto, tú y yo vivimos en medio de ese reino de las tinieblas. Ahora, cuando Cristo regrese al final de esta historia, Él vendrá a establecer su reino físico de mil años, como Apocalipsis 20 describe seis veces, hablando de esos mil años; y entonces será la consumación de ese reino. Ese era el reino que Israel pensaba que Cristo venía a establecer en aquellos días. Porque se estaban esperando un reino completamente diferente; ellos estaban pensando en un reino que conquistaría los demás reinos por las armas del mundo, por las armas que ellos conocían.
Y al final de los días, todavía le estaban pidiendo sentarse a la mano derecha y a la mano izquierda, y no podían sacarse el reino de la mente. Cuando Cristo muere, ellos perdieron toda esperanza. Cuando Cristo resucita, la esperanza del reino volvió a resucitar en ellos. "¡Ahora sí!" Y el día que Cristo va a ascender a los cielos, es como que uno hubiese levantado la mano: "Señor, una última pregunta antes de que tú subas: ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?" Y no podían sacarse este reino de la mente. Cristo les dice: "Eso no es para ustedes conocer el tiempo." Pero definitivamente, cuando ellos hicieron esa pregunta y cuando Cristo enseña esta petición —"Venga a nosotros tu reino"— ellos no estaban hablando de la misma cosa ni pensando en la misma cosa.
¿Qué es, entonces? Hemos visto lo que es el reino, dónde opera, dónde está presente hoy, cómo va a ser en el futuro. Pero hay cosas que nosotros no hemos visto todavía, porque todavía no hemos examinado bien cuáles son las implicaciones de esta petición. Antes de hacer una petición, yo tengo que saber qué es lo que voy a pedir. Yo tengo que conocer la realidad de la petición para ver cómo la voy a hacer, y luego para ver qué voy a esperar.
Si ciertamente el reino de Cristo tiene una dimensión presente en el día de hoy y tiene una dimensión futura, entonces esta petición debe tener algo que ver con ese reinado hoy y donde opera, y debe tener algo que ver con ese reinado en el futuro y donde operará. De manera que eso es lo que tenemos que ver: en el presente, ¿dónde reina Cristo? Dijimos: en el corazón, en el interior de los creyentes. Donde reinaba el pecado, el poder del pecado ha sido quebrado y ahora Cristo puede reinar en mi vida.
De manera que en el presente, cuando yo hago esta petición —todavía no estoy hablando del futuro—, "venga a nosotros tu reino", lo que estoy pidiendo es que el reino que ha sido inaugurado en mi corazón pueda ir creciendo y alcanzando su máxima expresión en mí, porque esa es la realidad presente, y que de ahí ese reino pueda continuar avanzando hasta encontrar la máxima consumación en el resto del mundo. Esa es la petición.
Y cada vez que yo le pido a Dios "santificado sea tu nombre", y su nombre es santificado en mi vida de esa forma, su señorío va creciendo en mí. Las formas del hombre viejo, del ciudadano viejo, van quedando atrás y yo voy siendo cambiado: mi forma de pensar, de hablar, de exigir, de cuestionar, de juzgar, de demandar, de esperar, de actuar, de valorar, de desear. Todo eso que correspondía al ciudadano viejo, al ciudadano anterior, todo eso que son evidencias del hombre viejo va quedando atrás, y va apareciendo en mí la evidencia del nuevo ciudadano, del nuevo hijo, del hijo del reino de la luz.
Y esa es la pregunta que yo tengo que hacer: ¿cuánta evidencia queda en mí, en mi interior, del ciudadano viejo, versus cuánta evidencia nueva tengo en mi mente, en mi corazón, del nuevo reino, del nuevo reinado? Se ha visto en inglés, a veces, cuando un negocio es vendido o cuando pasa de una administración a otra, le ponen un letrero que dice: *Under New Management*, bajo nueva administración. Bueno, mi vida, cuando Cristo viene a mí, pasa a estar bajo una nueva administración. Es un nuevo reinado, es un nuevo señorío.
Y una de las maneras —no la única manera, pero sí una de las maneras— como eso se va a manifestar, la evidencia del nuevo reinado, es en mi forma de hablar. Porque si de la abundancia del corazón habla la boca, mi forma de hablar va revelando cuánto de la vida vieja se ha quedado atrás y cuánto de la vida nueva ha comenzado a reinar. Y cuando yo le pido a Dios "venga a nosotros tu reino" en el presente —porque todavía no he llegado a la parte futura—, le estoy pidiendo que ese señorío y ese reino ya inaugurado en mi corazón pueda ir creciendo en mi vida, de tal forma que su nuevo reinado pueda hacerse más claramente visible a los demás.
Pero hay otra dimensión todavía en el presente, antes de llegar al futuro, y es que, si bien es cierto que ese reinado ha sido inaugurado en mi corazón y Él reina desde allí, hay personas hoy en el mundo, en esta ciudad, en esta iglesia, en este culto, que nosotros no conocemos, pero donde todavía Cristo no está reinando. Donde todavía el pecado se enseñorea sobre esa vida, donde ese trono no está ocupado por el Señor sino por el pecado, que le dirige, que le gobierna, que le domina. Y de ser así, esa persona es todavía ciudadana del reino de las tinieblas, y no ciudadana del reino de la luz.
Y en parte, cuando estamos pidiendo "venga tu reino", si ya ese reino está en mí y le estoy pidiendo que crezca en mí, al mismo tiempo la petición "venga tu reino" tiene que ver con que ese reino pueda ser inaugurado en el corazón de aquellos donde todavía Él no reina, de manera que Él pueda desplazar el pecado de su vida, de su trono, de su corazón, de su mente, y comenzar a reinar en ellos. Ese es un deseo detrás de esta petición.
Tiene que haber alguna relación —lo vamos a seguir viendo en un momento— entre esta petición "venga tu reino" y lo que es el nuevo nacimiento, lo que es la vida de conversión, lo que es el nuevo reinado en aquellos que estaban muertos, y la existencia de nuevos ciudadanos del reino de la luz cuando pasan de un lugar a otro. En otras palabras, el Padre Nuestro tiene una conexión con la Gran Comisión. Sería incongruente pensar que la última responsabilidad que Cristo le dio a los discípulos fue la Gran Comisión, y que cuando Él les enseñó a orar no les diera nada que tuviera algo que ver con esa última responsabilidad que Él les entregó.
Lo vamos a ver un poquito mejor en los próximos minutos, pero hay una relación entre esta petición "venga tu reino", el proyecto misionero, el nuevo nacimiento y la Gran Comisión. Porque el evangelio de Cristo, por medio del cual la gente cree, nace de nuevo y pasa de un reino a otro, es llamado el evangelio del reino. Escuchen: Mateo 4:23, "Y Jesús iba por toda Galilea enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo."
Tenemos que preguntarnos ya: ¿qué pasa cuando yo recibo el evangelio del reino? Cuando yo lo recibo verdaderamente, cuando tiene su efecto en mí, ¿qué va a pasar en mi vida? Mateo 9:35: "Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia." Este es todavía mejor: Mateo 24:14, "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo." A esto se refiere la Gran Comisión.
"Este evangelio del reino se predicará en todo el mundo, como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin." Y la petición es "venga tu reino". Pero ese reino viene vía el evangelio del reino, que se ha de predicar en todo el mundo. Entonces, mi petición es: Dios, que ese evangelio se propague, se esparza, que pueda llegar a todos los rincones de la tierra, para que la consumación de tu reino pueda darse. Esta es una petición relacionada al proyecto evangelístico de la Gran Comisión.
Este es el evangelio del reino que yo necesito escuchar, el evangelio también llamado de Jesucristo. Él es el mensajero que trae el mensaje, Él es quien trae las buenas nuevas, pero resulta que Él es las buenas nuevas. Este es el único lugar donde el mensaje y el mensajero son una misma cosa. Es como si un cartero fuera a su casa, tocara la puerta y le dijera: "Señor, yo tengo una carta para usted." "Bueno, entre y dámela." "No, yo soy la carta." La carta y el cartero son la misma cosa. Bueno, Jesús es esa persona. El mensaje, el mensajero del reino son la misma persona, y el reino es esa misma persona.
De manera que ahora nosotros tenemos una mejor idea de qué es lo que estamos pidiendo cuando decimos "venga tu reino". Ahora bien, el reino también es futuro. "Ya no beberé más de este fruto de la vid hasta que lo tome de nuevo en el reino de Dios." De manera que esta petición "venga a nosotros tu reino" tiene que ver también con la consumación de los tiempos, el fin del período del programa de redención, la instauración completa de su reino, la abolición del poder de las tinieblas, la eliminación de Satanás como dios de este mundo y príncipe de la potestad del aire, y la instauración completa de la soberanía de Cristo sobre este mundo.
La pregunta, hermanos, es: cuando yo pido "venga tu reino", con eso en mente, ¿cuánto deseo, cuánta pasión tienes tú porque eso ocurra así? ¿Con cuánto deseo te levantas tú todos los días pensando —quizás no lo piensas a diario, pero cuando llega a tu mente—: "Maranata, ojalá hoy fuera el día del Señor"? Porque pocos son los que dicen amén. No necesariamente ahora, sino pocos son los que viven cada día anhelando: "Amén, Señor, ven; maranata, ven pronto."
¿Cómo es posible que hijos de un reino de la luz no tengan deseo de que la luz acabe de entrar y llene toda esta tierra? ¿Cómo es posible que hijos que ahora tienen un nuevo Rey no quisieran ver al Rey llegar? ¿Cómo es posible que gente que antes era esclava y ha sido hecha libre, y tiene una forma totalmente distinta de pensar a lo que son las corrientes de este mundo, no desee la instauración del reino final de su Rey? Yo creo que hay dos posibilidades. Vamos a pensar un poquito, porque yo creo que un sermón tiene múltiples ideas, pero una de ellas es motivar la reflexión. Vamos a reflexionar un poquito aquí mismo.
¿Cuál sería, cuáles serían las condiciones posibles de una persona que no desea ver a Cristo retornar? De manera que: "No, después yo quiero ver mis nietos, yo quiero ver mis hijos." Son cosas que yo he oído. "Yo quisiera casarme después, después yo quisiera..." ¿Cuáles son las posibilidades? Bueno, yo le voy a dar algunas; quizás hay más. Voy a dar dos o tres.
Una es que yo no soy ciudadano del reino y no puedo querer el reino de la luz. Si yo todavía estoy en el reino de las tinieblas, sería todo lo opuesto de lo que yo soy; la luz, de hecho, me molestaría. Eso es una posibilidad, no la única, pero es una. O quizás yo estoy demasiado enamorado de este mundo y de las cosas de este mundo, lo cual, de acuerdo al diccionario de la Real Academia, me convierte en mundano. Oye lo que dice el diccionario de la Real Academia: "Mundano: alguien que atiende demasiado a las cosas de este mundo." De manera que aun los lingüistas de la Real Academia saben lo que esto significa.
Su mirada está aquí abajo, sus prioridades son las de este mundo, sus deseos son todavía de aquí. Es la razón por la que Cristo dice: "Hermanos, hijos, bueno, en este caso hermanos, no os preocupéis por el día de mañana, qué ha de comer, qué ha de vestir. Buscad el reino de Dios primero y su justicia, y todas estas cosas secundarias yo se las voy a dar por añadidura." De manera que en el ciudadano del reino su búsqueda primera es el reino, su prioridad, su meta, su deseo, su pasión. Estas cosas, bueno, sí son necesarias porque hay que vivir aquí abajo, pero se las confío a mi Padre; Él me las dará por añadidura. Pero mi pasión, mi prioridad, es que el reino venga. "Tu reino, Dios. Maranata, ven pronto, Jesús." Eso es parte de la oración: "Venga tu reino."
Lo que debe estar detrás, hermanos, pensando sobre esto, posibilidades de mi reflexión, hay que entender lo siguiente. Si el reino es algo presente, es algo futuro, y ahora en este momento lo que hemos estado hablando de mi deseo por ese reino futuro, la venida de Cristo, y las razones por las que quizás yo no tengo tanto deseo por eso, pensando en eso, pensé que la primera aplicación de esta petición "venga tu reino" es el incremento de su señorío sobre mi vida, en el reino que ya está aquí adentro, en mi ser, que ha sido inaugurado. Y si yo no tengo ni siquiera ese deseo, mucho menos voy a tener el deseo del futuro. ¿Me seguiste?
Yo creo que hay que comenzar. Es que para yo tener el deseo de que este reino se instaure en el futuro y tener esa pasión, yo debo tener una pasión en el presente para que donde ese reino esté, que es en mi interior, comience a crecer, y eso es el incremento de su señorío sobre mí. Y la tercera posibilidad: quizás conozco a Dios, pero conociéndolo no lo conozco suficiente, y yo vivo atemorizando de mi Padre, como el niño que le tiene miedo a su papá y cuando ve al padre llegar a la casa tiene miedo y prefiere que no llegara de la oficina. Quizás algunos de nosotros hemos conocido a ese Dios, pero no le hemos tenido como Padre, y por tanto la idea de que Él pueda llegar me amedrenta, me asusta.
En cuyo caso mi ánimo, mi estímulo, mi deseo, mi oración es que Dios pueda traerte, que tú puedas dejarte llevar por Dios para que le conozcas como tu verdadero Padre, para que puedas tener confianza en su venida, en la persona de Jesús, y desear su venida.
Ahora, ya vimos lo que es el reino, cómo se da, cómo opera, su realidad presente, su realidad futura, cuáles son sus ciudadanos, cómo lucen. Próxima pregunta: ¿cómo entro? Porque quizás estoy afuera y estoy aquí, estoy dentro de la iglesia, pero estoy afuera del reino. Quizás yo me estoy preguntando ahora, sobre todo si el Espíritu de Dios ha estado obrando en ti durante estos minutos que hemos estado hablando, quizás esta pregunta está ahí de alguna manera: ¿Cómo hago? ¿Qué hago? ¿Cómo entro? Y si Dios se está obrando en ti, Él va poniendo el deseo por esta última cosa que quisiéramos compartir.
Bueno, yo entro por medio de la fe, pero la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios. Esa Palabra de Dios que es la que entra y crea la fe, ese evangelio, ese evangelio del reino. De manera que de la misma forma que Cristo iba proclamando el reino, el evangelio del reino, sanando a las personas, ese evangelio está siendo proclamado hoy desde múltiples púlpitos. Y yo necesito obligatoriamente pasar de la muerte a la vida para poder entrar a ese reino, porque Cristo dijo que ya ellos habían oído cómo el Padre había dicho: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob." Y Cristo dice: "Nuestro Dios no es Dios de muertos sino de vivos." De manera que si estoy en el reino de las tinieblas, yo estoy muerto en delitos y pecado, y para yo pasar de aquí allá yo tengo que pasar de la muerte a la vida, y lo que me da vida es el evangelio del reino, y eso viene por el oír y por la Palabra de Dios; eso crea la fe, y la fe entonces me trae la vida en Cristo.
Pero eso requiere que cuando yo escucho el evangelio yo necesito hacer unas aceptaciones para poder pasar de la muerte a la vida. Cristo hablando con Nicodemo, a pesar de ser un maestro de la ley, Cristo se dio cuenta de que Nicodemo en cuanto a esta cosa era un ignorante. Le dice: "Nicodemo, tú siendo maestro de la ley, ¿no sabes esto? Escucha: en verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios." Esta es nuestra palabra. ¿Te das cuenta? Es una realidad espiritual, pero es una realidad física futura. Si yo no nazco de nuevo no puedo ver el reino de Dios.
Y la manera de nacer de nuevo es vía el evangelio y la aceptación del evangelio, lo que implica que yo necesito arrepentirme de mis pecados en base al sacrificio que Cristo, en la cruz, derramó su sangre para el perdón de mis pecados. Fue allí como mi sustituto, murió en la cruz conforme a las Escrituras, resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Su resurrección garantiza la mía, y una vez yo pido perdón en base a ese sacrificio, teniendo como seguridad su resurrección, ahora yo puedo tener mis pecados perdonados. Y cuando mis pecados son perdonados, las tinieblas dejan de reinar en mi corazón y la luz pasa a su lugar, representada por Cristo, y ahora su reinado es inaugurado en mi interior.
En ese momento yo nazco de nuevo. Al nacer de nuevo tengo un nuevo Padre. Ahora yo puedo decir por primera vez "Padre nuestro"; no podía antes. Y puedo decir por primera vez "venga tu reino", porque ya está en mí. Ahora quiero que crezca, y ahora quiero que llegue a otros también: "Venga tu reino."
Ahora, ¿qué ocurre? Que en ocasiones, después de que su reino ha venido a mi vida, después de que el pecado ha sido quitado de su trono, después de que el poder del pecado ha sido quebrado, después de que Cristo se ha sentado en mi trono, en mi corazón, nosotros permitimos que el pecado comience a querer introducirse nuevamente en ese trono, y nosotros desafortunadamente comenzamos a darle espacio, y su poder, que ha sido quebrantado, ahora comienza a levantarse otra vez. Pero como Cristo es Rey soberano y no puede permitir esa sublevación, porque es sublevación: cuando Jonás pecó, el pecado se sublevó en la vida de Jonás y fue metido a la fuerza; cuando el pecado se sublevó en el corazón de David, fue metido; cuando el pecado se levantó en el corazón de Ezequías, fue metido; cuando Lucifer en el reino de los cielos se sublevó contra Dios, fue expulsado fuera; cuando Adán se sublevó en el reino del Edén, fue expulsado fuera.
Dios no puede permitir que donde el reino se subleve el pecado contra Él. Por tanto, en el reino de los cielos Lucifer es expulsado, en el reino del Edén Adán y Eva fueron expulsados. Ahora, en la vida del hombre, cuando el pecado se subleva otra vez, el vaso meter a ese ciudadano del reino, y Él sabe cómo hacerlo. De manera que nosotros necesitamos conciencia para saber quién reina y cómo debiéramos complacer día a día a nuestro Rey, y pedirle con sinceridad y con mejor entendimiento: "Venga tu reino. Que crezca tu señorío en mi vida, Dios. Que tu reino venga al corazón de aquellos donde todavía no está, y que la consumación de los tiempos llegue para que tu reino físico llegue hasta nosotros y ver finalmente las tinieblas sometidas y tu señorío reinando, donde toda rodilla doble y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para la gloria del Padre."
La gloria de su nombre, la exaltación de su Rey, por los siglos de los siglos.
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